Dieselgate

Fraude es una acción que resulta contraria a la verdad y a la rectitud. Sí, quién lo iba a pensar… que los alemanes, que son considerados en todo el mundo como personas rectas, minuciosas, meticulosas y escrupulosas pudieran hacer algo así.

Manipular un software para engañar y hacerlo con premediatación y alevosía. Mentir una y otra vez, hacerse los que no saben nada, hasta que, colocados por las autoridades norteamericanas entre la espada y la pared, tienen que confesar el engaño, la estafa, la argucia.

El label “made in Germany” era, hasta ahora -con razón o sin ella- una garantía de calidad. De eso vive Alemania, país exportador por naturaleza. Cuando yo vivía en Chile, había una propaganda que decía “si es alemán, es bueno”. No sé qué queda de esto.

La ingeniería alemana es conocida -eso se dice, al menos en Alemania- como una de las mejores del mundo. Es tan buena que, durante quién sabe cuánto tiempo (el FAZ dice desde el 2005), logró engañar a consumidores y a autoridades acerca de las emisiones de gases de los autos de la Volkswagen (el auto del pueblo).

El trabajo de ingenieros alemanes (según Die Welt, la firma Bosch es la que fabrica el sistema de escape de gases para los vehículos cuestionados) es tan bueno que costó bastante descubir el embuste. Y su descubrimiento fue, no se puede decir que una casualidad; pero los test a los autos tenían la originaria intención de demostrar que la tecnología alemana del medioambiente era estupenda y permitía autos con una bajísima emisión de óxido de nitrógeno.

La artimaña consiste en que, se programa un software con un algoritmo, de manera que reconozca cuando es sometido a un test y no se halla en un camino, carretera, autopista, en la calle. Esto es, en realidad, muy fácil: basta, por ej., con que se acelere sin que el auto se mueva del lugar, lo cual es super fácil de controlar a través del sistema de navegación.

En otras palabras, tú llevas tu Passat o tu Jetta a la prueba de gases y el auto sabe -gracias a un defeat device o dispositivo manipulador- que lo están probando y con ello, deja de emitir la misma cantidad de gases de escape. Emite menos, de manera que pasa la prueba sin mayor dificultad.

Esto es un ardid frente a las autoridades estatales del medio ambiente y también lo es, frente a los compradores de los vehículos. Y a la salud de las personas, ya que los óxidos de nitrógeno son sumamente insanos. Las demandas contra la Volkswagen vendrán pues desde todos los frentes.

Hay once millones de autos con este software manipulador en todo el mundo, según reconoce la misma empresa de Niedersachsen. Y 500 mil en los Estados Unidos, el país donde se descubrió el ardid, gracias al trabajo de una organización no gubernamental, el International Council on Clean Transportation (tanto de la sección alemana, como de la estadounidense), a la Universidad de West Virginia, a la Environmental Protection Agency de ese país y a la US Environmental Protection Agency (EPA).

Los detractores del Tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos dicen que en Europa tenemos criterios más estrictos de protección medioambiental y de protección de todo tipo y que la UE es más rigurosa, los Estados Unidos, menos. Insisten enque los criterios para todo son acá en Europa más altos y mejores. Parece que, en realidad, no es así.

La sección alemana de la ICCT inició todo este proceso, al pedir ayuda a sus colegas norteamericanos, ya que, los alemanes pretendían demostrar que era posible fabricar autos con motor diesel que emitieran menos gases que los permitidos en Europa, ya que las reglas de emisión en Estados Unidos, son más estrictas que las europeas (ver entrevista a Peter Mock, de ICCT-Alemania). A su vez, John German, de ICCT-Estados Unidos, jamás pensó que los autos de la Volkswagen pudieran estar manipulados de manera que mostraran una emisión de gases menor que la real, mediante una triqueñuela. “No teníamos ninguna razón para sospechar” (We had no cause for suspicion; we thought the vehicles would be clean), confiesa German.

Algunos patrioteros dicen que la industria automotriz alemana es de las mejores del mundo y que esto no puede ponerse en duda debido al #dieselgate. Insinúan que “otros también lo hacen”, diría que sobre quienes lo sostienen, recae el onus probandi. Por lo demás, el que todos hagan algo malo, no convierte a esa acción en buena. Alguien dice que ha habido otros escándalos como el del motor de ignición en vehículos de otro fabricante. Sí; pero esos otros errores fueron errores y no producto intencional destinado únicamente a engañar.

Codicia y nada más que codicia… Ganar y ganar vendiendo a costa de mentir y recurrir a una estafa, a una falsificación a una artimaña. Se necesita mucha energía criminal para programar una computadora para que falsifique los resultados de un test, en el que se burla una ley de protección al medio ambiente y a la salud de las personas.

Muchos alemanes se preguntan si este es un ejemplo de nuestra creatividad e innovación, o si ahora, el made in Germany debería ser reemplazado por el fake in Germany.

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