La vieja y la nueva derecha en Alemania ¿Qué nos diría Sebastian Haffner?

Para entender el presente, hay que conocer el pasado. Para pensar el futuro, es indispensable comprender el presente.

Mi primer libro de Sebastian Haffner fue un regalo de Jutta Burggraf: Germany. Jekyll and Hyde, en que Haffner/Pretzel hace un sociograma de la sociedad alemana de la época del nacional socialismo y explica -para el público británico- cómo y por qué el pueblo alemán cayó en las redes del totalitarismo nazi.

Desde ese, mi primer libro, he leído muchos otras obras del pensador alemán. Una de ellas es Anmerkungen zu Hitler[1], traducido al inglés como The Meaning of Hitler, desconozco si hay traducción al castellano[2].

Nuestro autor explica que “la República de Weimar no fue destruida por una crisis económica, ni por el desempleo”. Estos factores contribuyeron a su ruina. Sin embargo, un estado no se desmorona debido a una crisis económica, ni siquiera a un desempleo masivo. Como no ocurrió con los Estados Unidos durante la Gran Depresión entre 1930 y 1933, con sus trece millones de personas sin trabajo.

“La República de Weimar fue destruida por la decidida determinación de la derecha de Weimar de abolir el estado parlamentario en favor de uno estado autoritario cuya concepción no tenían clara”. Sí, la República de Weimar no fue destruida por los nacional socialistas, que la encontraron ya destruida cuando Hitler se convirtió en canciller federal. Hitler y sus nazis se limitaron a sacae del poder a quienes la habían destruido.

Hay que tener presente que el libro en comento es de 1978, esto es, apareció durante la República de Bonn. Su autor explica: “La diferencia más grande entre Bonn y Weimar es que la fuerza -de la derecha alemana que rechazaba el estado- y que destruyó la República de Weimar, no existe más”. Se refieren al estado liberal, parlamentario, democrático, occidental de Weimar.

En otras palabras, la derecha alemana que rechazaba el orden estatal de Weimar -se encuentra, en la República de Bonn- incorporada a las fuerzas políticas constitucionales y que apoyan la existencia de la República que surgió después de la II Guerra.

Haffner explica que la derecha alemana que, en su competencia con Hitler -competencia que finalmente perdió- finalmente se “convirtió” y aceptó el régimen parlamentario de Bonn y la democracia parlamentaria, pluralista y liberal. La misma que había rechazado en Weimar, con terribles consecuencias, ya que algunos de los representantes de la llamada Revolución Conservadora, en su intento de ser oposición, fueron asesinados por los nazis que -por así decirlo- los sobrepararon. Otros se incorporaron al estado nacional socialista sin más.

Haffner habla de una conversión. En otras palabras, la derecha alemana aprendió que era mejor medirse, en el juego de interacción y de cambio entre gobierno y oposición, incluso con partidos de izquierda incorporados todos al juego parlamentario, que intentar competir con un líder populista de un estado autoritario y demagógico. Así, vemos a las fuerzas políticas destructoras de Weimar -antiliberales, antidemocráticas y antiparlamentarias- incorporadas al juego democrático de Bonn.

La derecha alemana pasó pues de ser la competencia del nacional socialismo, a aceptar ser gobierno o ser oposición, en un fair play democrático, cuyas reglas se hallaban establecidas en la Constitución de 1949. ¿Cómo se operó este cambio de los partidarios de la Revolución conservadora, de ser un grupúsculo antiliberal, antidemocrático y antiparlamentario, a incluirse dentro del juego democrático de la Post guerra en Alemania?

Haffner explica: “La fundación de la Unión demócrata cristiana alemana, como una fusión del Zentrum católico y de los antiguos partidos de la derecha, marcan este cambio”. Explica que estamos frente a un verdadero Sinneswandel, que lleva consigo un rechazo o distanciamiento de todo lo anterior. Compara este suceso de importancia secular con la transformación de la Social democracia, desde ser un partido revolucionario a convertirse en uno parlamentario, que acepta el juego democrático.

La República federal tuvo algo de lo que Weimar carecía: una derecha democrática. La República de Bonn no era sólo sostenida por una coalición de centro-izquierda, sino por todo el espectro político. Salvo grupúsculos radicales.

En consecuencia, el camino que -en la década de los 30- abrió paso a Hitler, quedó, cerrado. en Bonn. Y esto, desde su esctructura interna. De manera que Bonn fue un estado democrático mucho más fuerte que Weimar.

Me pregunto cómo analizaría Haffner la situación actual en Alemania, en que, en la República de Berlín, existe une nueva derecha alemana[3], antidemocrática, antiliberal, antiemancipación, antifeminista, autoritaria, anti-americana, anti-internacionalista, anti-OTAN, anti-occidental y pro-Putin. Que, aunque tenga sólo el 10 o 15% del electorado, es muy peligrosa. Ya por la llamada dinámica del extremismo de derecha, que empieza siendo relativamente moderado, para radicalizarse cada día más. A ella me referí en mi artículo de la semana pasada: El surgimiento de una nueva derecha en Alemania


[1] El texto on line, en PDF en Anmerkungen zu HItler

[2] Al parecer, fue traducido al castellano el 2003, bajo el título Anotaciones sobre Hitler.

[3] AfD, Pegida, Sezession y otros.

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