Madre desnaturalizada

En días pasados, me llevé una sorpresa al abrir el diario y leer en su primera página y como titular principal: “Cambio en la tendencia histórica en la natalidad”. Y como subtítulo: “Mujeres tienen más niños. Una de las razones es la creación y expansión de centros preescolares”[1]. Sin duda, fue una sorpresa positiva.

Contrasta esta noticia -respaldada por datos estadísiticos oficiales y por análisis de especialistas en demografía- con lo que escucho desde hace años -décadas- en los ambientes conservadores alemanes. En ellos, se demoniza a lo que en Chile llamaríamos guarderías infantiles[2], como la máxima causa de la decandencia de la familia. Las guarderías infantiles -o centros de educación preescolar- serían inaceptables, ya que es la mamá la que tiene que ocuparse única y exclusivamente de sus hijos y si no lo hace, se convierte en lo que en Alemania se tilda de “madre cuervo” (Rabenmutter), esto es de “madre desnaturalizada”. Como si los cuervos fueran malos padres o, al menos, las cuervas, malas madres.

¿De dónde procede el termino? Hay varias explicaciones; pero tal vez la que lo ha hecho más popular en Alemania, es la traducción que hizo Lutero de un versículo de Job: A saber, “¿Quién prepara para el cuervo su alimento, cuando sus crías claman a Dios, y vagan sin comida?”[3] La traducción católica sería más o menos así: ¿Quién prepara al cuervo su alimento cuando sus polluelos claman a Dios y se agitan hambrientos?[4]. Los conocimientos zoológicos de los autores inspirados que vivieron entre el siglo 5° y 3° antes de Cristo, eran sin duda, escasos, ya que los cuervos, en realidad, son muy buenos padres y alimentan y defienden y cuidan a sus pollitos, como es natural en el “reino animal”.

Una madre cuervo o madre desnaturalizada sería pues “una madre que no cuida de sus crias ni cumple con su papel como madre”[5]. El término se utiliza -en Alemania- especialmente para designar a las mujeres que trabajan y que, en consecuencia, no ponen suficiente atención en el cuidado sus hijos[6]. Según muchas de mis amigas y conocidas, una mamá que lleva a sus niños menores de tres años a una guardería infantil, sería una madre de esta categoría.

Las guarderías o centros preescolares serían un nefasto producto del femimismo que pretende destruir a la familia, quitándole los niños a la mamá. La mujer debería cuidar a sus hijos y al marido. Sería su destino natural, o una especie de “genio de la mujer”, en una extraña intepretación del término de Juan Pablo II. La mujer debe cuidar personalmente -nada de niñeras- y en su casa, a sus pequeños. Este último tiempo, se dice que esto debe ocurrir, al menos, hasta que cumplan los tres años. Ello sería una exigencia de ley natural. Tal cual: de ley natural, es algo que me dijeron en un círculo al que asistí hace pocos años, como una gran verdad de fe que no hay que cuestionar[7].

Pienso que si alguien quiere hacerlo, es libre de ello; pero no puede obligar a las demás, ni puede criticar a quien no lo hace, ni menos aún puede sostener que se trata de una exigencia de la ley natural. Quien lo sostenga, no tiene pero la menor idea del concepto de ley natural. Pienso que sosteniendo este tipo de absurdos es que la llamada ley natural cae en aún mayor descrédito, ya que se la utiliza para ponerle la etiqueta de tal a opiniones personales de gente bien intencionada; pero que, en realidad, adolece de ingente ignorancia.

Hoy en día, las estadísticas de que habla el artículo citado al comienzo, nos dicen que es exactamente al revés: que mientras más se extienden las guarderias o centros preescolares,, más niños nacen. Que hay una causalidad en ello, no única, claro; pero causalidad… Entre paréntesis, pienso que la monocausalidad es algo propio de las mentes limitadas o, al menos, simplonas.

En efecto, por primera vez, después de 35 años en descenso, la generación de mujeres alemanas nacida en 1973, tiene más hijos que sus mamás y que sus abuelas: La tasa de fertilidad (número de niños por mujer) subió a 1,56 niños por mujer. La tendencia va en aumento, hacia los 1,6 niños[8]. Evidentemente que no alcanza a la tasa de reposición generacional que se calcula en 2,1 a 2,4 niños por mujer; pero es un avance.

La demografía es una ciencia absolutamente fascinante. Nos permite estudiar tanto el pasado, como proyectar el futuro. Es una ciencia prospectiva; pero también, histórica. Una de sus más sorprendentes investigaciones es cómo aumentó la población europea luego de la Guerra de los Treinta años, o de la peste que asoló a Europa, por ejemplo. La demografía nos permite vislumbrar cómo será la composición de la población europea el año 2050, tanto desde el punto de vista étnico, como de la edad de los segmentos poblacionales. Y cómo influirá esta circunstancia en nuestras jubilaciones o en el mercado inmobiliario o qué debemos hacer para preparar una nueva política de salud y de educación. Por sólo mencionar algunos ejemplos.

Yo misma, he publicado dos artículos más o menos largos sobre el tema demográfico, en la revista Istmo de México: “El invierno demográfico”, en Istmo, N° 273, año 46, México, 2004. Y, antes: “Explosión demográfica, una inquietud que crece”, en Istmo N° 247, año 41, México 2000. Invito a leerlos (es segundo está on line)..

Sin embargo -como me comentaba una amiga- desde hace algún tiempo  la demografía se ha convertido en una insana obsesión para demasiadas personas en Europa, que ven a la demografía como una forma más de sembrar el odio, o al menos la desconfianza y la envidia entre las personas. Parece que sirviera para poner a un grupo humano contra otro. Para enemistar a la gente… De familia humana, nada…[9]

En esta perspectiva, se entiende el intento de sectores conservadores en el sentido de impulsar u obligar a las mujeres de su propio grupo a tener más y más niños, para ganar una especie de batalla demográfica contra el grupo o contra los grupos humanos que ellos consideran sus enemigos. Por ejemplo cuando un sacerdote católico -lo que hace las cosas aún más dolorosas- escribe sobre “el crecimiento masivo y violento de los musulmanes en desmedro de los cristianos” y de su dinámica reproductiva. Y otro autor se refiere al tipo sexual expansivo de los africanos (sic y más sic)[10] [11], en estos casos, estamos frente a personas que siembran -con sus dichos- el odio y la violencia. Esto no es demografía o, en el mejor de los casos, es su absoluta desnaturalización.

En el fondo, me parece que subyace a esta forma de ver la demografía como arma, esa mentalidad decimomónica de producir más niños para el ejército. O para la “gran nación”, para el rey, para colonizar quién sabe qué territorio. O para usarlos como fuerza de trabajo en sus entonces nacientes industrias o en la agricultura. Ahora, es lo mismo que entonces; pero el fin es el aumento de la religión cristiana o de una supuesta cultura propia y -como tal- superior. (Porque claro, en estos países, todo lo propio se ve como superior).

Volviendo a lo que es fundamental: hoy, nacen más niños en Alemania y eso ocurre, en parte, debido a la existencia de cada vez, más guarderías infantiles o centros de educación preescolar. En otras palabras, nacen más  niños, merced a que más madres y más “desnaturalizadas” envían a sus retoños a las guarderías. Podemos decir que la existencia de más cantidad de estos lugares no ha conducido, ni a la destrucción de la familia, ni ha llevado a que tengamos menos descendencia. Sino más.

Así es, en contra de todas las advertencias de todos los profetas de calamidades, hoy en día, el mayor número de guarderías infantiles, permite que más gente se decida a tener hijos. Y que tengan más niños -me atrevo a decir- de manera “más consciente” que en el pasado, lo que es bueno. A mí me parece que todas estas son razones para alegrarse.


[1] El artículo de Inga Michler, en Die Welt, Historische Trendwende bei Geburten Von Inga Michler 23.09.2016 “Frauen in Deutschland bekommen mehr Kinder. Ein Grund ist der verstärkte Ausbau von Kitas”.

[2] Qué nombre más poco apropiado, ya que supone que no se educa a los niños, sino sólo se los “guarda”, como si los chicos se pudieran “guardar”. No, no se pueden guardar, los niños no son cosas.  

[3] En la traducción luterana de la Biblia: “Wer bereitet den Raben die Speise, wenn seine Jungen zu Gott rufen und fliegen irre, weil sie nicht zu essen haben?”

[6] Wikipedia nos dice que: “Der Begriff wird insbesondere für berufstätige Frauen, die sich angeblich ungenügend um ihre Kinder kümmern, verwendet”.

[7] Cuando consulté sobre una corrección fraterna sobre este punto, me dijeron que era correcto lo que había dicho la persona que había sostenido el círculo. O sea que sería de ley natural no enviar a los niños a la guardería antes de los tres años. Cuando pienso en mis primos y en hijos de amigos chilenos, con Condorito, sólo puedo decir: PLOP! 

Esto lo conté también en ¿En qué se parecen John Boehner y yo?

[9] Ver lo que digo sobre la familia humana en mi artículo sobre el Etnocidio o la muerte del pueblo

[10] Cfr. mi artículo Das Opus Dei und die AfD (2) Notas 21 a 23, acerca de lo que escriben el sacerdote Klaus-Martin Becker (Berlin como “ciudad de turcos”) y otro autor.

Ver, en el blog que alguna vez fundé, Eine Evangelisierung mit Zukunft – Die Personalprälaturen als reale Chance

[11] Recuerdo que, cuando yo estaba en el grupo que debería organizar Hazte Oir – Alemania (se llamaba Misch Dich ein!), un amigo mío viajó a Madrid para conocer cómo funcionaba esta organización en el país ibérico y volvió contando que le habían dicho que ellos querían traer inmigrantes sudamericanos, para aumentar la población europea con católicos.

Esta misma idea -pero referida a mujeres colombianas que él encontraba muy atractivas- la expresó Carlos Andrés, autor de uno de los blogs espanoles más virulentos que ha conocido (la yihad en Eurabia), con foto de supuestas colombianas en su artículo. Carlos fue citado por el terrorista noruego Breivik en su “Manifiesto”. Hazte Oir está en buena compañía…

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