Juan de Matienzo: una exigencia de justicia social

Si yo fuera supersticiosa (no lo soy), diría que es como un saludo de ultrarumba: me refiero al libro “Gobierno del Perú”, de Juan de Matienzo de Peralta, mi abuelo hace once generaciones. Esto es, mi abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo. Leo en la genealogía de mi familia que Juan fue “Relator de la Real Chancillería, Oidor y Presidente de la Real Audiencia de Charcas y, luego, de Lima; autor de la obra Gobierno de Perú; colaborador del Virrey Toledo en sus Ordenanzas”. Al parecer, el único de sus libros que que se ha conservado completo a través de los siglos, se puede comprar ahora en Amazon[1] y a un precio relativamente razonable.

Desciendo de su hija, Agustina de Matienzo y Toro, mi abuela hace diez generaciones. De ella se sabe que se casó en 1567[2] con Hernando (Fernando) de Aguirre y Torres y Meneses[3], con el que tuvieron seis hijas: desciendo de Inés de Aguirre y Matienzo, quien “como primogénita y a falta de varón heredó las encomiendas de su padre en La Serena”. Heredó sus bienes sólo porque Agustina y Fernando no tuvieron un hijo hombre… esa sociedad patriarcal.

Sigo leyendo la historia de mi familia: Agustina se trasladó al Norte de Chile en algún momento de la historia y allí se casó con Fernando (o Hernando, los conquistadores no tenían muy claro si escribían con F o H) de Aguirre, hijo del conocido conquistador Francisco de Aguirre de la Rua de Meneses y de María de Torres y Meneses. (Los Meneses parece que abundaban en esa época). Hijo legítimo, habría que aclarar, porque los hijos ilegítimos de Francisco de Aguirre fueron incontables[4].

Un detalle pintoresco de la historia es que “Matienzo, oidor de la Audiencia de Charcas, informó que la orden que llevaba Almendras[5] era traer a Aguirre ‘preso o muerto’”[6]. En otras palabras, el oidor Matienzo ordena a uno de sus subordinados capturar y llevarle “vivo o muerto” a Francisco de Aguirre, esto es, al papá de quien luego será más tarde el suegro de su hija, con quien no parecía tener demasiada condescendencia. Otro detalle pintoresco es que a Fernando de Aguirre en su cargo de “corregidor, le correspondió formar y encabezar la tropa que rechazó al pirata Francis Drake en la bahía de Guayacán (La Herradura) el 19 de diciembre de 1578”[7]. Con lo cual, puedo decir que desciendo de una de las pocas personas que vencieron al pirata inglés.

En realidad, nunca me ha gustado la genealogía, sobre todo porque muchos la utilizan para vanagloriarse de las reales o supuestas glorias de sus antepasados (generalmente más supuestas que reales). Alcurnia, nombre, pedigree… Cosas sin la menor importancia, ni en el pasado, ni en el presente, ni menos, en el futuro.

Sin embargo, tengo que reconocer que algunos de los párrafos de Juan de Matienzo me llenan… no diría que de orgullo, porque no es mérito mío ser su nieta once generaciones después; pero sí de un cierto agradecimiento e incluso, de admiración. Antes que nada, hay que considerar que mi abuelo hace once generaciones, es considerado hoy un proto-economista, esto es, uno de los estudiosos de los fenómenos que hoy se conocen como macro-económicos. Él los vivió -por así decirlo- y los estudió antes de que la economía fuera considerada una ciencia. En Wikipedia se habla sobre su pensamiento económico Y el economista rumano-argentino Oreste Popuescu escribió un libro donde se refiere a sus ideas económicas[8].

El capítulo 11[9] contiene una fuerte crítica a la situación que vivían -o más bien sufrían- los indios en el Perú del siglo XVI.Matienzo habla de los mitayos, esto es, los indios de la mita. La mita era una forma de organización del trabajo que venía de la época de los mayas y consistía en un tributo al estado inca (a los incas) en forma de trabajo. Fue adoptado por los conquistadores europeos, que aprovecharon esta forma pre-existente de organización laboral. Es la llamada ley de hierro de la oligarquía que yo explicaría simplemente con la frase: “los que están arriba siempre lo estarán, aunque haya un cambio de sistema político”. Consecuencialmente, los que están abajo, los mitayos, seguirán abajo, aunque se cambie de sistema. No creo que sea siempre así; pero muchas veces, ha ocurrido en la historia.

Matienzo explica que los mitayos sirven “a los corregidores y a los clerigos de la doctrina y a otros españoles para que los sirvan en su casa”. Los españoles deberían pagarles entre 25 y 30 pesos. El problema es que este dinero no es pagado a los indios mismos, sino a sus caciques, lo que, para él es “grande agravio y rrobo de los caciques”. Obvio, es una especie de esclavitud. Demás está decir que sólo una persona con gran prestigio y autoridad puede criticar el sistema que imperaba en el territorio. Más aún, si era el sistema que imperaba en la minería, de tanta importancia para los europeos.

Matienzo dice que los caciques “de adrede los mudan cada semana por que no cobren nada”. Esto es, para que evitar que se establezca una relación entre el empleador y el empleado, los caciques los cambian semanalmente a los indios de la mita. Esto ocurre tanto cuando trabajan en casas (casas particulares, diríamos hoy) como cuando realizan alguna obra de construcción: “lo mismo hacen quando dan mitayos a sus encomenderos quando hazen casas o alguna iglesia, aunque esta proveydo que no se haga”. En otras palabras, en las construcciones, debería estar prohibido relevar los indios cada semana. Los caciques lo hacen para cobrar ellos el sueldo de los indios de su mita.

“Tambien suelen dar mitayos y repartirlos en algunas ciudades para servicio de los españoles que no tienen Indios”. Dice Matienzo que es muy necesario que se pague a estos mismos mitayos, “aunque se muden cada semana”. Explica que habrá “hartos indios que de su voluntad se alquilen. Sabiendo que el provecho ha de eser para ellos”. En palabras de hoy, si los indios saben que el dinero será para ellos, entonces, tendrán un incentivo para trabajar. Uno de los principios de nuestra actual economía de libre mercado, uno de cuyos principales lemas es precisamente que trabajar debe valer la pena, “ser de provecho” para quién trabaja.

El oídor y presidente de la Audiencia de Charcas propone tres leyes sobre este tema: “1. Que los mitayos (…) se les pague el tiempo que sirviesen a ellos mismos”. Sí, a ellos mismos, por el tiempo efectivamente trabajado, y no a sus caciques, como era la mala costumbre de la época.

“2. (…) que los Indios que se dieren para hazer casas e iglesias se les pague en fin de cada semana lo que fuese tasado por la Justicia a ellos mismos y si las mugeres trabajaren se les pague la mitad”. Este debe ser el origen del gender gap o desigualdad de género en el plano laboral. Interesante es que las mujeres, al parecer, también trabajaban en la construcción, lo que, un par de siglos más tarde, sería impensable. Lo de la fijación del precio “por la justicia” es también muy interesante. La teoría del valor y precio justo”[10] fue un tema que interesó especialmente a Matienzo.

“3. (…) que la Justicia de orden como se den Indios para guarda de los ganados pagandoles sus trabajos a ellos mismos y no a sus caciques”.

4. Que a los indios que sirvan en la minería y en las ciudades “pagándoles si alquiler como a los demás”. Matienzo llama alquiler al sueldo o salario, a la retribución que se debe por el trabajo realizado[11].

En suma, Matienzo propone reformar todo el sistema económico del reino, reemplazando la mita por un orden económico en que el empleador pague directamente al trabajador o a la trabajadora su sueldo (al final de cada semana). Y no que pague a un intermediario que es el cacique, ya que esto es un “gran agravio y un robo” que se hace a los indios pobres, quienes no reciben la correcta retribución por el trabajo realizado, puesto que los caciques indios recurren a un ardid (cambiar a los trabajadores cada semana) para que no les paguen directamente a ellos, sino a sus jefes indios, los caciques.

Si Matienzo viviera hoy, sería un partidario de la libertad económica, de la autonomía individual, de la economía social de mercado; y este corto pero contundente capítulo de su libro, podría llamarse algo así como “una exigencia de justicia”.


[2] Dos primos míos -que no se conocen entre sí- independiente el uno del otro, confeccionaron sendos árboles genealógicos: uno dice que se casaron en Perú y el otro, en La Serena. Esto se explica porque la Capitanía General de Chile era, en esa época, parte del Virreynato del Perú.

[4] Cuando fue amonestado por esta circunstancia, se cuenta que contestó: se hace “más servicio a Dios en hacer mestizos que el pecado que en ello se cometía”. Se imaginan lo desconforme que estoy mi antepasado. Menos mal que hoy vivimos en otros tiempos.

[5] Martín Almendras, un conquistador, de quien se lee en Wikipedia: “Eran más de 100 soldados que venían comandados por Martín de Almendras, pero él fue muerto por los indígenas calchaquíes en Humahuaca”, Segundo gobierno del Tucumán (1563-1567)

[8] El capítulo titulado Juan de Matienzo and Tomás de Mercado, en el libro Studies in the History of Latin American Economic Thought Popuescu escribe sobre la obra de Matienzo: “In order to carry out such a commitment, the work must have been arduous and one assumes that it would have required intense dedication, through many years of effort; much reading and deep meditation (…). But Matienzo had accumulated a great reserve of experience in scientific research carried out the decade before.” (Para llevar a cabo tal compromiso, el trabajo debe haber sido arduo y se supone que habría requerido una intensa dedicación, a través de muchos años de esfuerzo; mucha lectura y meditación profunda (…) Pero Matienzo había acumulado una gran reserva de experiencia en investigación científica llevada a cabo la década anterior.).

[9] Págs 27 y 28.

[10] Teoría del valor y precio justo en el pesamiento de Juan de Matienzo.

[11] Cfr. pág. 26.

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