El ateísmo actual y las conspiranoias de extrema derecha

Esta semana, me encontré con la frase de una joven mujer alemana que explica, en los pocos caracteres en que se puede escribir en Twitter, lo que yo he visto en los grupos de ateos en Alemania durante los últimos años. En efecto, Josephine B. o @JozeyStarchild escribe en la red del pajarito:

“Cosas que me molestan del ateísmo: muchos ateos no dejan de hablar sobre el valor de la ciencia y de la racionalidad; pero cierran los dos ojos cuando se habla de la ‘ciencia de las razas’ y de las teorías de la conspiración en nuestras comunidades de las redes sociales e incluso presentan a ambas comos ciencias”[1].

(Cuando habla de las razas, podría haberlo traducido como racismo; pero preferí ser fiel al original Rassenkunde o “ciencia de las razas”).

Evidentemente lo que dice Josephine no vale para todos los lugares, ni para todos los tiempos, ni para todos los ateos; pero sí vale plenamente para un sector significativo de ellos en el primer mundo, a comienzos del siglo 21. No sé bien a partir de cuánd el ateísmo de los países ricos comenzó a moverse en este sentido. O siempre fue así. Lo desconozco, ya que, aunque crecí en un ambiente ateo, no soy “experta” en el tema.

Desconozco si fue con Dawkins -un zoólogo británico que de militante ateo, se ha convertido en agnóstico que anuncia o anunciaba que la religión es una “fuerza maligna, ideada por personas mentalmente enfermas”[2]– fue antes o después. O no fue con él y él es inocente. Lo único que puedo ver es que gran parte de sus seguidores, o al menos quienes se llenan la boca con su nombre, se han ido por esta corriente política, cultural o cómo quieran llamarla. Y los grupos o comunidades virtuales de que habla Josephine, han sido raptados por gente de esta laya.

Hoy en día, se puede decir que los grupos ateos de Facebook (que se ha convertido en un lugar verdaderamente muy desagradable) u otras redes sociales se hallan no sé si infiltrados; pero sí llenos, de personas que dudosamente podría calificar de liberales o de democráticas. Gente que de open society, de sociedad abierta, poco y nada entienden o muchas veces, son más bien sus más abiertos enemigos. Diría que muchos de ellos (muchos ya que son generalmente hombres y generalmente supremacistas) son sus abiertos o sus encubiertos detractores.

Desde hace algún tiempo, asistimos al desenmascaramiento de grupos cristianos fundamentalistas como contrarios a la democracia liberal. Sin embargo, creo que ahora, alguien, en lo posible “desde dentro”, debería dedicarse a la noble tarea de mostrar cuánto de antidemocrático, de anti-liberal, de anti-científico, cuanto de conspiranoico y de enemigo de la sociedad abierta, hay hoy en el ateísmo, en los grupos ateístas y en el ateísmo popular europeo y tal vez también estadounidense (podríamos empezar con el movimiento libertario).

Facilitaría el análisis, saber que, tanto entre cristianos de extrema derecha, como entre ateos de la misma tendencia política, un importante denominador común en su lucha contra la democracia liberal y contra la sociedad abierta, pluralista y multicultural es el hecho de que ambos son grupos conspiranoicos. Esto es, para ellos, más que el convencimiento sobre la realidad, prima la creencia en una o en más de una teoría de la conspiración.

Para los “ateístas” de esta nueva generación, que denostan de la fe, las teorías de la conspiración parecen haberse convertido en un nuevo conjunto de creencias religiosas o pseudo-religiosas. Muchos de ellos vienen de familias o de sociedades creyentes y al rechazar la fe heredada, parecen rebelarse contra sus padres, en una nueva edición de la guerra generacional que ya creíamos superada, por no decir pasada de moda. Al dejar de lado las creencias que aprendieron en su niñez, abrazan una nueva fe y en ella, no pocas veces, sino que, en la mayoría de ellas, se encuentran elementos conspiranoicos, e incluso una completa teoría de la conspiración como su fundamento.

Asimismo, muchas veces, las teorías de la conspiración se refieren abiertamente a creencias religiosas. Como aquella sobre los protocolos de los sabios de Sión u otras conspiranoias antisemitas[3]. En el pasado, las teorías acerca de los planes secretos del Vaticano eran grito y plata entre los ateos. Hoy, el Vaticano ya no importa tanto; más de moda están aquellas teorías acerca de los demonios pre-islámicos como la tan popular teoría actúal del demonio Jinn, que se identifica con el pueblo judío.

Las teorías sobre “los de arriba”, sobre las supuestas elites que viven en las capitales del primer mundo (no sé por qué pienso en la película “Los juegos del hambre”), desde donde dominan todo, campean también en estos grupos de las redes sociales y forman la base del populismo de extrema derecha que se hiergue como una ingente amenaza para nuestra sociedad democrática[4]. Una amenaza que podría destruirla… En tal caso, en nombre del pueblo, se sometería al mismo pueblo a una nueva tiranía tanto o más cruel que aquellas horribles del siglo 20.

En la mayoría de los países del primer mundo, los grupos ateos no son tan importantes, ni tan significativos, ni se hallan tan organizados ni conectados como aquellos de los sectores cristianos fundamentalistas con quienes -es lo que postulo aquí- comparten sus negativos ideales anti-democracia liberal, anti-sociedad abierta y anti-sociedad multicultural. Pese a ello, invitaría a mis amigos y amigas ateos y democráticos a que se preocuparan del tema. Urge hacerlo.


[1] #Atheismus-Dinge die mich nerven: Viele Atheisten hören nicht auf über den Wert von Wissenschaft und Rationalität zu reden, aber drücken beide Augen zu, wenn Rassenkunde und Verschwörungstheorien in unseren Communities ALS Wissenschaft zelebriert werden. Das gilt vor allem in > https://twitter.com/JozeyStarchild/status/995935382863843328

[3] Sobre ella, escribí un relato Ateísmo y antisemitismo, que invito a leer. Está escrito en forma de distopía; pero las ideas conspiraoicas, las tomé de una comunidad actual de ateísmo en Facebook

[4] A su surgimiento, se refierió el embajador norteamericano en Alemania, esta semana. Ver El caso Grenell, el embajador de Trump en Alemania

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