El socialismo del siglo 21 y su derrumbe en Venezuela

El socialismo, en ninguna de sus expresiones, tiene futuro[1]. Hoy ya casi todos los socialismos han fracasado: desde el socialismo utópico, que sólo vivió en algunas comunas de intelectuales europeos más o menos pudientes, hasta el socialismo del siglo 21, pasando, por el maoísmo, el socialismo marxista, el yugoslavo, y hasta el eurosocialismo. 

¿Qué es lo común a todo socialismo? Su calidad de utopía. Como sabemos, soñar con el paraíso ha conducido tantas veces al infierno. Los campos de concentración de los nacional socialistas y los gulag de los socialistas marxistas-leninistas, la Revolución cultural de Mao o el Vietnam de Pol Pot son las mejores y más tristes pruebas de ello.

Ahora se ha desplomado un sueño socialista más. El sueño del socialismo chavista, autodenominado pomposamente “socialismo del siglo 21”. Como si alguien en el resto del mundo hubiera querido seguir su ejemplo. ¿Por qué se ha derrumbado? Muchos dirán que este socialismo y los anteriores se desplomó porque la gente que los implementaba, no leyó bien las instrucciones del socialismo y se equivocó al aplicarlas. Quienes así piensan, sostienen que habría que empezar una y otra vez con esto del socialismo, hasta que resulte.

Yo tengo una explicación más sencilla de porqué la utopía socialista no va a pasar nunca de ser una utopía: porque se basa en una idea del ser humano que no es real. Que es un “construct” de algunos intelectuales quienes, sentados cómodamente, en sus escritorios y en los bullidos sillones de sus casas, se “imaginan” cómo debería, podría y tendría que ser la sociedad futura, perfecta, ligera y bella. Pero olvidan que la sociedad no se hace sin un hombre, sin una mujer concretos. Y aquí fallan por completo.

Somos imperfectos, no podremos nunca llegar a ser como el perfecto “hombre socialista”. En otra época, se hablaba del homo sovieticus. Queremos el bien, pero muchas veces, hacemos el mal. Somos corruptos, cometemos crímenes, delitos y faltas de toda especie. Hacemos todo por nuestra familia y seguimos creyendo en el más allá. Construimos aviones que se caen y trenes que chocan, nos enfermamos, comemos más de la cuenta y trabajamos menos de lo que podríamos.

Ninguno de nosotros trabajará de acuerdo a sus máximas posibilidades y consumirá únicamente de acuerdo a sus necesidades. Eso es ilusorio, eso sólo puede ocurrir en el paraíso. En el paraíso perdido de Rousseau o en el paraíso futuro del socialismo. Pero no en el presente, que es la realidad.

Por mucho que los jerarcas, los gobernantes, oligarcas, miembros de la nomenclatura o de la familia Chávez, Maduro, Ortega (Nicaragua) nos ordenen que nos comportemos de la forma recién mencionada -aunque ellos no lo hagan- no lo vamos a hacer. No podemos. Eso no va, no se compadece con nuestra condición de seres humanos imperfectos y no reprogramables de acuerdo al capricho de uno o más líderes máximos representantes de una ideología o de una casta política.

Sí, da pena que un sueño se apague y deje de brillar en el horizonte. Da pena que tantas personas estén decepcionadas, que traten de justificar lo injustificable y den vuelta los argumentos para presentar al gobierno socialista de Venezuela como todavía rescatable. La última esperanza socialista se desmorona y izquierda europea sufre y, al defender a Maduro y a su tiranía socialista del siglo 21, muestra una vez más, su intolerable doble moral.

Se dice que los nazis son los parientes que dan vergüenza a los conservadores europeos, por eso los tratan con más benevolencia de la que se merecen  (no merecen ninguna). Lamentablemente, algo similar puedo decir acerca de la actitud de parte de la izquierda europea frente los tiranos socialistas al estilo Castro, Chávez o Maduro: los tratan con benevolencia. Intentan justificarlos, salvarlos, depurarlos, ocultar sus faltas. Culpar a los demás, usando el viejo argumento de la retórica del what about[2].

Por último, muchas veces intentan justificar las bondades del socialismo, repitiendo aquello de que, “en el capitalismo se vive en libertad; pero la gente se muere de hambre”. La verdad es que esto no es así. Los sistemas económicos de libre mercado son los más prósperos y los que han conducido al mayor bienestar posible.

En la historia reciente, los sistemas económicos de mercado han ido de la mano de los sistemas políticos democráticos, liberales y representativos. Esto es, con sistemas libres, en que hay alternancia en el poder, lo que no existe en Venezuela, en que primero Chávez y después Maduro, se han atornillado en la presidencia.

En el llamado capitalismo, la gente no es sólo la más libre, sino que además, vive en los sistemas más prósperos. Por el contrario, en el socialismo, la gente no sólo no es libre, sino que además se muere de hambre, como se ocurre actualmente en Venezuela.  


[1] Ojo: no hablo de la socialdemocracia que no es socialismo.

 

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