El servidor del pueblo, el nuevo presidente de Ucrania

Volodymyr Zelensky o Wolodymyr Selenskyj (depende de la transliteración desde el alfabeto cirílico[1]) es el nuevo presidente de Ucrania. De profesión, comediante…

Un comediante y ex-cabaretista o cabaretero, conocido no por sus dotes de estadista, su integridad o por su carisma o ideario político, sino por su programa de televisión titulado “El Servidor del Pueblo”[2], una especie de House of Cards uncraniana; pero con rasgos humorísticos que Netflix acaba de comprar. En la serie, Zelensky -o Selenskyj- actúa como un profesor de colegio que, por circunstancias excepcionales llega a la presidencia del país.

¿Qué se puede decir cuando un país elige a un comediante como a su presidente? Y a uno sin la más mínima experiencia política, salvo su actuación en una comedia político-humorística. Para mí es claro: Ucrania se halla en la etapa de los ensayos políticos, en que la democracia liberal, representativa y parlamentaria (régimen que el país se dió a sí mismo hace algunos años) se encuentra en un período de estabilización. Ucrania es como un niño que balbucea, pero que aún no puede caminar.

A Ucrania, la democracia liberal representativa le queda aún grande. Su traje democrático no es un traje a la medida, sino uno en que Ucrania todavía tiene que crecer. Mientras crece, se puede permitir elegir con abrumadora mayoría de 73% a un comediante ídolo del pueblo, que aparece en una serie de televisión, donde actúa como un presidente que lucha contra la corrupción y anda en bicicleta.

No se puede negar que el voto en favor de Zelensky fue, en gran parte, un voto de protesta. No sólo contra el presidente Poroschenko, que logró sólo 24% en la segunda vuelta, sino contra “los políticos” ucranianos. En esto, Ucrania se parece a los electores de otras latitudes que gritan a voz en cuello “que se vayan todos” o slogans parecidos. En circunstancias que las personas que ellos quieren que se vayan vienen de sus mismas familias, de sus mismas ciudades, de sus mismos colegios, egresan es sus mismas universidades o institutos profesionales y viven en sus mismos barrios. En otras palabras, quieren irse ellos mismos. Sólo puedo decir: cada pueblo tiene los políticos que se merece, los que salen de su mismo seno, y no otros.

En la serie de televisión, el nuevo presidente, encarna a un hombre sencillo, al profesor de colegio Wassyl Holoborodko, que, en una de sus clases, lanza una fuerte diatriba en contra de “los políticos”. Sus alumnos la filman y la suben a youtube. El video se vuelve viral y el sencillo profesor es elegido Presidente y se ve confrontado a la oligarquía y a la corrupción de los empleados del Fondo Monetario internaciona, FMl. ¿Les parece conocido?

Luego, es desplazado por un oligarca que logra llegar a la presidencia y lo encierra en la cárcel. A su vez, este oligarca es reemplazado por una política nacionalista (¿será esta una alusión a Julia Tymoschenko). Holoborodko sale de la cárcel, logra salvar a Ucrania de la catástrofe económica y financiera y une al país. ¿Cómo lo hace? No se sabe. Bueno, al menos, “El Servidor del Pueblo” tiene final feliz, no como House of Cards.

Detrás de todo esto, está el ansia de un salvador, de un mesías político que redima a Ucrania. Un nuevo rey, un nuevo gran duque, un zar reloaded. Nunca en la historia, Ucrania había tenido democracia. Como muchos otros países del Este de Europa, Ucrania tuvo monarquía, monarquía absoluta, caos, caos absoluto, sufrió desmembramientos, lo partieron los grandes imperios de la época (Austria-Hungría, el de los Zares, Prusia) y antes estuvo por completo o en parte bajo la dominación de los jazaros, del Gran Ducado de Lituania y hasta de los Mongoles de la Horda Dorada.

Los últimos regímenes que dominaron su territorio y marcaron su historia durante el siglo 20 fueron el nacional socialista y el comunista. Para los nacional socialistas, los rutenos y otros pueblos que vivían en Ucrania eran infrahumanos, esclavos eslavos, carne de cañón, travnickis y trabajadores esclavos[3]. Un pueblo sin derecho a nada, evidentemente, tampoco a elegir a sus gobernantes. Poco después, los soviets proclamaron igualdad, pero no la ejercieron. De elecciones libres, secretas e informadas, en la URSS, no se sabía nada.

En suma, los ucranianos votaron a Zelensky porque ven en él, al líder, al Vozhd[4] -para usar la palabra eslava- que los puede liberar de la corrupción y terminar la guerra con Rusia en el Este del país. Zelensky prometió acabar con estos males y con muchos más. Sin embargo, como no tiene programa, no sabemos cómo lo hará. Sí, Zelensky es un anti-político o, al menos, un político apolítico, que no sólo prescindió de grandes manifestaciones, de debates televisados, sino también de un programa de gobierno. En otras palabras, la gente lo votó a ciegas. Poniendo en él su confianza absoluta, le dió un cheque en blanco.

Sí, aunque parezca increíble, Zelensky llegó a la presidencia con el 73% de los sufragios; pero sin programa de gobierno. Otra prueba más de la infancia institucional en que se haya Ucrania. Así, cada elector, cada electora, puede proyectar lo que quiera como “programa” del candidato. Lo que a mí me gusta, lo que yo quiero que ocurra, eso lo proyecto como lo que realizará Zelensky siendo presidente. Lo más probable es que Zelensky no tenga idea de cómo resolver los problemas de Ucrania, ni de cumplir sus vagas promesas electorales. Sólo espero que se rodee de los asesores más apropiados y menos corruptos.

Parte de la victoria en la lucha contra la corrupción que Zelensky ha anunciado consiste en poner fin al imperio de los oligarcas. Se dice que en Ucrania no impera la ley, sino los oligarcas. Como también en Rusia, Bielorrusia y otras ex-repúblicas soviéticas. Los oligarcas son multimillonarios, gente que ganó mucho dinero adquiriendo empresas que fueron privatizadas al final del periódo comunista y comienzos del capitalista (dudo que se pueda hablar de un sistema de libre mercado). Generalmente, eran personas que, de alguna manera pertenecían a la nomenclatura de la época soviética o tenían conexiones con ella.

El fin de la oligarquía es algo que me temo que los ucranianos van a tener que seguir esperando, ya que Zelensky es el “protegido” del oligarca Ihor Kolomojskyj o Kolomoyskyi[5], para quien trabaja(ba). El oligarca lo ha hecho grande en la televisión y en el mundo de los espectáculos, su abogado es el abogado de Zelensky (quien estudió derecho y hasta terminó la carrera; pero nunca ha trabajado como abogado) y hasta tienen los mismos guardaespaladas privados.

El otro tema importante para los ucranianos es el fin de la guerra híbrida con Rusia. Zelensky es un ucraniano de habla rusa (entre paréntesis, igual que Poroschenko), vivió al menos cinco años en Moscú, con su grupo de teatro o más bien, de cabaret. Y apenas balbucea el ucraniano, lo que no es problema ya que casi todos los ucranianos pueden hablar ruso. Se supone que, por ello, Zelensky tiene una antena apropiada para captar las ondas provenientes del Kremlin. Pues bien, inmediatamente después de asumir la presidencia, el presidente ruso Wladimir Putin anunció que entregaría pasaportes rusos a los habitantes del Este de Ucrania. Zelensky reaccionó anunciando que, en ese caso, él entregaría pasaportes ucranianos a todos los habitantes de Rusia. Su respuesta pone en evidencia su profesión: cómico.

Pese a todo, le deseamos a Zelensky el mayor de los éxitos, el fin de la corrupción y de la guerra. Que se acerque a Europa y que Ucrania se libere de su supuesta pertenencia a una igualmente supuesta zona de influencia rusa. Aunque las “zonas de influencia” ya no existen, hay algunos parece que aún viven en la década de 1930 en que más que estados libres y soberanos, sólo existían estados pertenecientes a “zonas de influencia”[6].

Y a Ucrania, le deseo el advenimiento de una era de probidad, de paz y de libre mercado, sin carteles, ni monopolios, ni oligarcas todopoderosos. Una época de meritocracia en que no sea necesario el padrinazgo -o madrinazgo- de un oligarca para surgir en la economía y en la política, ni tampoco en la cultura, ni en la vida de la sociedad civil, ni en el mundo de la comedia y del espectáculo. Una nueva época en que no haya que pedir prestados guardaespaldas a algún multimillonario para poder sobrevivir. El fin de los balbuceos, de los ensayos y de los comediantes. Que la sociedad civil vaya creciendo y el traje de la democracia le quede a la medida y no cinco tallas más grande.


[1] Владимир Александрович Зеленский

[2] El trailer de la serie, con subtítulos en alemán.

[3] Zwangsarbeiter

[4] Vozhd 

[5] La Radio Free Europe descubrió que Zelensky visitó al menos 14 veces al oligarca Kolomoiskys, entre los años 2017 y 2018, en si exilio en Ginebra y en Tel-Aviv. También después de anuncar su candidatura presidencial. Si esto no es dependencia, no sabría como llamarlo.

[6] No estamos en el mundo de Carl Schmitt, ni de los nazis, en que había Reinos y países a ellos somentidos… Ver El nuevo orden en el derecho internacional, según Carl Schmit

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s