La abolición del estado, según Marx y Lenin… y Engels

Wladimir Lenin fue uno de los muchos revolucionarios del siglo 19 y comienzos del 20 que no pertenecían a la clase trabajadora; pero que se colocaron al frente del movimiento que denominaron revolución proletaria. El número final del primer capítulo de su libro “Estado y revolución”[1] nos da las claves para entender su teoría revolucionaria, propia de la primera mitad del siglo 20, considerado como una de las épocas más violentas[2] de toda la historia. También nos da claves para captar porqué hubo tanta violencia en aquel entonces. Y, tal vez, para entender ese extraño movimiento que ha surgido hoy en día en las periferias del mundo, y que pretende revivir las ideas de la primera época de la teoría marxista[3].

El movimiento socialista se debatía entonces -como ahora- entre innumerables peleas debido a divergencias doctrinarias o de interpretación de textos que los mismos revolucionarios consideraban como “científicas” y en calidad de tales, como demostradas e inamovibles. Como si la ciencia fuera inamovible… Sostenían que sus propias ideas eran científicas, demostradas e invariable y a quienes se atrevían a contradecirlos, denostaban como a verdaderos herejes. La demostración supuestamente científica consistía en analizar un proceso histórico, como la comuna de París, y extrapolar sus presuntos resultados a todos los procesos político-históricos de la historia y del mundo.

Lenin divide el capítulo I del libro que comentamos[4] en: primero, “El estado – un producto de la irreconciabilidad de las oposiciones de clase”. Segundo: “Formaciones especiales de hombres armados, cárceles, etc.” El tercero se refiere al “estado, instrumento de la explotación de la clase oprimida”. Analicé estos tres primeros números en mi artículo anterior Lenin y el estado opresor, represivo y explotador, del que esta columna es su continuación inexorable. El número 4 está dedicado a “La ‘muerte’ del estado y la revolución violenta”. Al primer postulado de este último número, que trata “de la abolición del estado, pero no de su muerte”, deseo dedicar esta columna.

El revolucionario ruso explica que hay una gran diferencia entre la muerte del estado, o más bien, entre el proceso de la muerte del estado (aussterben) y su supresión, abolición o anulación (Aufhebung o Abschaffung). La muerte y la abolición corresponden a dos momentos diferentes de la historia que anarquistas y otros oportunistas confunden. Contra ellos van dirigidas las duras diatribas leninistas que llenan páginas enteras de su libro. De diálogo frente a la diversidad de opiniones, nada. De tolerancia, cero.

La obra contiene una larga cita tomada de un escrito de Friedrich Engels contra su antiguo compañero revolucionario Eugen Dühring, otro socialista alemán. Entre paréntesis, Düring es considerado como el fundador del antisemitismo racista y uno de los precursores del nacional socialismo. El escrito, conocido como “el anti-Dühring” se titula en realidad: “La subversión de la ciencia del Sr. Dühring”[5][6]. Es curioso como muchos marxistas de la primera hora estaban tan fascinados con el término ciencia, que insistían en que sus teorías eran “científicas”, dándoles con ello, un valor del que carecían. En este caso, Engels resta toda calidad de ciencia a los planteamientos de Dühring.

Pero no nos alejemos del tema principal: la muerte o la abolición del estado, acerca de la cual, Lenin formula cinco postulados[7]. De acuerdo al primer postulado, cuando el proletariado asume el poder estatal, suprime al estado. En efecto, como consecuencia de la revolución, la clase proletaria toma el poder del estado: los trabajadores asumen el poder estatal y el estado deja de existir. Es abolido, suprimido o anulado.

Sin embargo, no deja de existir instantáneamente. Para explicarlo, Lenin cita a Engels, quien describe cómo el proletariado se apodera del poder estatal y transforma los medios de producción en estatales. El nuevo estado que ha surgido como consecuencia de la revolución, “estatiza” todos los medios de producción existentes. Es claro, en la lógica leninista, en un mundo sin clases, la propiedad privada ya no tiene sentido. Todo le pertenece al pueblo, a los trabajadores, a los proletarios. Al estado proletario…

Exacto, el estado burgués se anula a sí mismo y con ello, revoca todas las contradicciones y diferencias de clase pre-existentes. De esta manera, se acaba el estado -como lo conocemos- que era la expresión de la reconciliación de la lucha de clases, la que, de cualquier manera, era un engaño, ya que la reconcilicación no es posible, ni tampoco seria deseable ya que retrasaría el curso de la historia.

No hay que olvidar que, para Lenin, el estado burgués -nuestro estado- reconcilia artificialmente las dos clases que, de otra forma, se hallan en lucha permanente, hasta que una de ellas, la clase trabajadora, gane la pelea. Lo que, en la teoría marxista, ocurrirá indiscutida e inexorablemente y sin vuelta atrás.

El estado burgués -el estado democrático liberal- que intenta una reconciliación entre las clases que se hallan naturalmente en permamente enfrentamiento, trata de llevar a cabo una falsa reconciliación que es dañina para la clase trabajadora y para el proceso histórico y, por tanto, Lenin lo condena[8]. Condena la reconciliación de las clases que, en realidad, deben seguir enfrentándose y luchando sin pausa, ni tregua, ni menos misericordia. Sólo así avanza la historia de acuerdo a los postulados supuestamente científicos del materialismo dialéctico.

En efecto, de acuerdo a Engels, el estado fue necesario para mantener la explotación de una clase por la otra, mediante la mantención de sus condiciones de producción. Ese estado pretendía representar a toda la sociedad; pero, en realidad, sólo representaba a la clase que, en su tiempo, decía representar a toda la sociedad, lo que, en realidad, era una falsedad. En nuestra época, el estado representaría tan sólo a la burguesía y no a la clase trabajadora. En el pasado, habría representado a los esclavistas o a los señores feudales.

Una vez que no hay más clase a la que reprimir y que se termina con la anarquía de la producción de bienes y de la existencia individual, una vez que todo se colectiviza y se acaban los excesos, ya no hay nada más que reprimir, de manera que una fuerza represiva, como es el estado, es totalmente innecesaria. En consecuencia, podemos abolir el estado.

El primer acto del nuevo estado, como representante de toda la sociedad, consiste en tomar posesión de todos los medios de producción. Este es, tanto el primer acto del nuevo estado, como también el último. Es el último acto de un nuevo estado que representa toda la sociedad y ya no a una clase opresora que se hacía pasar por “toda la sociedad” sin serlo. Ese nuevo estado es lo que hoy llamamos el estado del socialismo real, o simplemente estado socialista. Un concepto histórico propio de la Guerra Fría.

El nuevo estado ejerce el gobierno ya no más sobre las personas -como hacía el estado burgués- sino que administra las cosas y dirije los procesos de producción. Este estado no es abolido, sino que muere (stirbt ab) lentamente, debido a que, aparte de su actuación como organizador de los medios de producción, se ha vuelto superfluo en todos los otros aspectos de la vida y finalmente se hace innecesario, para acabar “durmiéndose”, esto es, muriendo poco a poco. Yo diría que es una especie de “dormición” del estado.

Engels critica duramente a los anarquistas (tan en boga a fines del siglo 19), que sostienen que el estado burgués o democrático debe ser abolido o suprimido ya. Lenin dice que este es mero oportunismo y fustiga duramente la doctrina anarquista acerca de la supresión del poder del estado. El estado posterior a la revolución va a acabar durmiéndose porque ya no será necesario. Pero el estado que surge con la revolución, cuando el proletariado toma el poder y expropia, confisca o estatiza todos los medios de producción, ese nuevo estado de los trabajadores no puede ser abolido. En este punto, los anarquistas se equivocan, como explicará más tarde[9].

En suma, el estado burgués no muere sino que es abolido. En el proceso de la revolución proletaria, es reemplazado por otro estado. Por el estado socialista. La represión anterior, ejercida por la clase burguesa contra la clase trabajadora se invierte ahora en el nuevo estado que ejerce una nueva represión, esta vez de los trabajadores contra la clase burguesa.

Demás está decir, que quiénes eran parte de la burguesía o no lo eran, fue algo que quedó al criterio, o más bien al capricho y descriterio de los autodenominados representantes del proletariado. Lo que explica por qué tanta gente fue catalogada como “enemigos del pueblo” o “traidores” y enviados a morir en el gulag. Como dice la Nóbel de Literatura Herta Müller[10], muchas veces hablamos del estado socialista; pero olvidamos que eran personas mediocres y malvadas quienes estaban al frente del estado y lo comandaban a su antojo y a su capricho[11].


[1] Obra de especial importancia en los estudios -generalmente obligatorios, por no decir forzados- de marxismo-leninismo en los países que formaban parte del llamado Bloque socialista soviético y que todos creíamos que habían pasado a la historia. Éste uno de los libros que más influyó e influye actualmente en el pensamiento neomarxista o filomarxista, pseudo-marxista o marxista popular, esto es, superficial y “facilito”.

[2] Cfr. Violence Vanquished Se refiere al cliché según el cual el siglo 20 es el más violento de la historia, olvidando la segunda mitad de la centuria.

[3] Me refiero a Sudamérica.

[4] W. I. Lenin, “Staat Und Revolution”, Dietz Verlag Berlin Oriental RDA, 1967, 9a edición (la primera edición es de 1948), Biblioteca del marxismo-leninismo. El primer capítulo va de la pág. 7 a la 24. El número 4, de la pág. 18 a la 24. Páginas bastante intensas.

[5] “Herrn Eugen Dühring’s Umwälzung der Wissenschaft”. Umwälzung es, en este sentido “dar vuelta”, invertir la ciencia.

[6] Para la elaboración de este “anti-escrito”, considerado uno de los tres más importantes de la doctrina marxista, Engels contó con la directa colaboración de Karl Marx, según cuenta el mismo Engels https://de.wikipedia.org/wiki/Anti-D%C3%BChring#Wirkung

[7] Como ya expliqué más arriba, en el último número del primer capítulo.

[9] Link a una columna que aún no he escrito.

[10] … quien vivió o sufrió ella misma el estado socialista en Rumania.

[11] Cfr. Schriftstellerin Herta Müller „Ich wusste immer, was ich nicht will“ La Nóbel de literatura habla de personas “brutales, sin educación y arrogantes”.

Los carabineros ya no son santos

¡Olvídense de Teresa de los Andes, de Laura Vicuña y del Padre Hurtado! Los santos más populares de Chile han sido tres: Arturo Prat, Gabriela Mistral y los Carabineros. No sé que quede de la santidad popular de los dos primeros; pero los carabineros parecen no ser más santos ante los ojos del pueblo. O, al menos, ante los ojos de una parte del pueblo, tal vez pequeña, pero muy ruidosa.

En cuentas de activistas de ultraizquierda en redes sociales y en los “medios alternativos” -que más que informar muestran la realidad desde su visión sesgada y propagandística- observo un ataque despiadado hacia carabineros, ataque que se extiende a toda la gente que intenta defenderlos o, al menos, trata de ser objetiva con respecto a la fuerza policial chilena. Se organizan verdaderas “funas digitales” en su contra.

Los “cargos” que la extrema izquierda -o ultraizquierda, como se la denomina generalmente en Chile- hace a carabineros son exactamente los mismos que la extrema derecha europea hace a las policías europeas: corrupción, drogadicción, represión, comisión de delitos, amenazas, manipulación, sobornos, brutalidad, etc.,etc.[1]. ¿Qué pretenden los extremistas con la difamación despiadada de las fuerzas policiales? Sin duda, el desprestigio del estado y su consiguiente desestabilización, para luego suplantarlo por un nuevo orden.

Carabineros representa el monopolio de la fuerza que ejerce el estado en nuestro sistema liberal democrático y representativo de gobierno, que rige las “naciones civilizadas” desde la Ilustración. Sí, desde el siglo XVIII, la justicia por la propia mano ha sido sustituída paulatinamente por la justicia que nos ofrece el estado nacional. Los lynchamientos, las vendettas y la ley del talión no tienen cabida en un sistema civilizado de sociedad. El orden jurídico y su cumplimiento son obligatorios para todos y es precisamente la labor policial crucial para hacerlo cumplir.

Karl Popper, en su libro “La sociedad abierta y sus enemigos” (una de las obras más influyentes del siglo 20), sostiene que mantener el orden -lo que supone el castigo de los delitos y su prevención- dentro del estado nacional es un gran logro que anteriormente se consideraba una utopía[2]. Este castigo está a cargo de la policía y de la justicia penal que obviamente no es ni privada, ni paramilitar, sino estatal.

La policía representa en todos los países del mundo occidental el triunfo del estado de derecho sobre la anarquía y el caos, sobre la arbitrariedad y la injusticia. Antes, se consideraba una utopía crear instituciones que lograran asegurarar la paz social. Su creación y la prevención del crimen eran considerados como algo irrealizable[3]. La misión de la institución de Carabineros de Chile es asegurar el imperio de la ley por sobre la ley del más fuerte; esta última más que una ley, es una aberración y significa el regreso a la época de las cavernas. Pero si las cosas siguen como hasta ahora, parece que para allá vamos.

En un país civilizado, el castigo de los delitos y su prevención no está en manos de brigadas paramilitares, ni de grupos de narcotraficantes, ni tampoco de “jóvenes idealistas” en el mejor de los casos, deslumbrados por un pseudo ideal anarquista. Tales “organizaciones” no pueden decirme qué tengo que hacer con mi vida, donde tengo que ir o si tengo que “bailar para pasar”.

El último ataque armado a una tenencia de Carabineros en La Granja[4] obedece a una estrategia muy clara y sumamente peligrosa para una sociedad moderna y supuestamente civilizada. La táctica de esta revolución permanente, en que una bulliciosa minoría está empeñada, consiste en el hostigamiento permanente a carabineros.

Lo ocurrido en La Granja, me recuerda la balacera ocurrida la semana pasada en Villa Unión (nombre nada de apropiado para una ciudad dividida), en México en que paramilitares narcos atacaron con armas de fuego un local policial, dejando un saldo de 24 muertos, de ellos, 18 atacantes, dos transeúntes y cuatro policías. No sé si esta situación sea deseable para nuestro país, creo que no.

No sería bueno que Chile se convirtiera en una especie de “zona neutral”, al estilo de “The Man in the High Castle”. Pero me temo que se le parece cada vez más y, cada vez escucho más voces intelectualoides que parecen estar muy feliz con ello. Sobre todo jóvenes ayudistas, tal vez estudiantes y estudiantas que, luego de “avivar la cueca” de la Plaza Italia para abajo, regresan felices a sus casas, donde la nana les tiene lista la comida e ingieren un rico bocado, escuchando música extranjera a través de alguna plataforma de streaming. Cuando les corten la luz como consecuencia de algún atentado terrorista, vamos a ver si van a seguir tan felices.

El objetivo inmediato es que algún carabinero pierda la paciencia o se vea acorralado de tal forma que no vea otra salida y le dispare a alguien. Que ese alguien muera y sea estilizado como figura de la “resistencia” frente al estado opresor[5]. Da lo mismo si esa persona formaba o no parte del grupo de manifestantes o simplemente pasaba por la calle en esos momentos. Da lo mismo, si un carabinero le disparó directamente o fue víctima de una “bala loca”. Asimismo, si no logran provocar a un carabinero para que dispare, da lo mismo, siempre se lo pueden endosar el hecho a un uniformado.

Me parece que esto último fue lo que intentaron hacer con el Ejército durante los pocos días que duró el estado de excepción[6]. En este sentido es sintomático que la Fiscalía retirara los cargos por homicidio contra el joven militar detenido por la muerte de manifestante en Curicó, ya que probablemente el autor fue una persona que participaba en las manifestaciones[7]. Pero las cuentas de activistas y los “medios alternativos” divulgaron como un hecho que un militar habría matado a un manifestante… Es difícil imaginar una aplicación más clara de la teoría de la desinformación.

Es exactamente la misma estrategia de la extrema derecha europea, que también se llena la boca con la palabra “Resistencia”, que también es omnipresente en imágenes y en textos de las cuentas de los extremistas chilenos y de sus “ayudistas”. Los ayudistas -dice el político de izquierda Mario Waissbluth- “son los inocentes marchantes indignados, que sienten que la ‘primera línea’ los protege”. La primera línea estaría integrada por los “jóvenes violentistas”[8].

En resumen: el ataque verbal y físico a carabineros es algo que observo desde hace ya harto tiempo[9]; pero que desde octubre ha cobrado rasgos muy fuertes tiene una doble finalidad: 1) desprestigiar a Carabineros que es la fuerza del estado chileno para garantizar el estado de derecho 2) Lograr la muerte de al menos una persona, para utilizarla como palanca en la siembra del odio contra la fuerza pública.

En definitiva, de lo que se trata es de socavar, derruir y finalmente destruir el estado de derecho, del que Carabineros es un esencial garante. De debilitar, desprestigiar y desestabilizar al estado de Chile, del cual Carabineros, como institución, es su “representante”. Para finalmente derrocar al gobierno y sustituirlo por otro que se embarque en la empresa de construir o más bien de imponer otro tipo de estado, otro sistema político y otro modelo económico.

No, los carabineros no son ya más santos; en realidad, nunca lo fueron. Tal vez sea mejor así, es preferible que haya hombres y mujeres de carne y hueso trabajando por el bien común, por el “orden y patria”, garantía del estado de derecho, del imperio de la ley, que a supuestos santos que, en realidad, no existen. Sería preferible que, simplemente, volvieran a ser “un amigo en tu camino”.


[1] Como muestra, un botón: vean este meme (hay muchos como este, todos de la misma procedencia y con el mismo texto, sólo cambia la persona que “grita”), de una página que no sé si es de extrema derecha o de extrema izquierda, ya que ambos sectores son gemelos.

[3] Cfr. Karl Popper, Die offene Gesellschaft und ihre Feinde, tomo I, página 219.

[4] Ataque a Tenencia Rivera Lopez, 10ª Comisaría La Granja, dejó un saldo de tres carabineros heridos a bala.

[5] En Chemnitz, la antigua “Ciudad de Carlos Marx” (fue su nombre oficial durante casi medio siglo) a fines del verano pasado, fue asesinado, bajo circunstancias aún no aclaradas del todo, un cubano-alemán que no podía ser menos extremista de derecha. Sin embargo, la extrema derecha usó su muerte, primero ocultando su origen extranjero y luego, estilizándolo como una “víctima del pueblo alemán”. Sí, la extrema derecha europea y la extrema izquierda latinoamericana se parecen mucho.