El juez que promocionó la ley que prohíbe la religión

Algunos conocen la ley europea que prohíbe la religión[1] como la Ley Bell, ya que fue el juez del Tribunal alemán, Edmund Bell su principal impulsor y redactor del texto. Un brillante abogado más bien apolítico y tecnócrata, procedente de una familia cristiana y que recibió la mejor de las educaciones que los sectores con más cultura de la sociedad alemana puede dar a sus hijos. Pero que tempranamente se convirtió en militante ateo. Nadie sabe bien por qué.

Cosmopolita, viajó y estudió en varios países. Habla varios idiomas. Fotogénico y carismático pasó de ser un juez sólo conocido en el ambiente jurídico, en uno de los personajes más populares de Europa. Viajó por todo el continente dando charlas para promocionar la ley. Los últimos días, sus charlas fueron verdaderas manifestaciones multitudinarias de propaganda a favor de la misma, en las grandes plazas y avenidas de Europa. Bell habla varios idiomas. Fue propuesto como juez constitucional por la democracia cristiana alemana y por el partido liberal. Esto es, por grupos que defendían la libertad religiosa y que nunca se imaginaron cómo evolucionaría su candidato.

Mientras Bell era la “cara del proyecto”, sus detractores carecían de una sola persona que los representara. Ellos sostenían que eran mayoría y que nunca perderían un plebiscito tan absurdo como el propuesto. Se supone que esta circunstancia -la seguridad de que ganarían- llevó a muchos partidarios del “no a la nueva ley” a no votar. Su abstención contrasta con la intensa movilización de los partidarías del “sí a la nueva ley”.

La sección alemana del partido liberal europeo pidió disculpas públicas por haber propuesto e impulsado la candidatura de Bell como juez del tribunal constitucional, ya que con su apoyo a la Ley de prohibición de creencias religiosas socava una de las libertades individuales más importantes, cuya existencia no era cuestionada desde antes de la época de la Ilustración. Igualmente hizo la democracia cristiana.

Edmund Bell estudió en un colegio católico y nadie pensó que se convertiría en el más acérrimo propulsor de una ley antirreligiosa. Si bien es cierto, él nunca dijo que fuera cristiano, parece que mucha gente “se lo imaginó”. Se lo critica por no ser sincero, ocultar información y, con ello, aprovecharse de las circunstancias.

Sus hermanos fueron entrevistados por medios de comunicación de esos que algunos denostan como medios propios del “mainstream” y criticaron la promotoción de la ley. Es más, es probable que muchos de ellos abandonen Europa debido precisamente a la ley. Su mamá murió poco después de que Bell iniciara su campaña. Algunos sostienen que se suicidó -aunque esto nunca ha quedado claro- por el tema de la ley. Mutatis mutandi, el caso nos recuerda al de Paul Gosar[2] en los Estados Unidos, partidario de Donald Trump, cuyos hermanos, el 2018 llamaron a votar en su contra.

Bell no está casado y lleva una vida personal muy solitaria. La poca gente que lo conoce cuenta que no tiene grandes amigos, sino conocidos, colegas y ahora muchos admiradores y admiradoras…. Sin embargo, puede ser muy divertido y entretenido si está de ánimo, lo que no  ocurre a menudo. El juez Bell tomó vacaciones impagas y se ha hiperfocalizado hacia la campaña en favor de la ley que prohíbe la religión.

Marta Salazar, corresponsal en Europa, Berlín 2030. Seguiremos informando sobre el tema.


[1] También lo pueden leer en alemán en: Religionsverbotgesetz Eine europäische Dystopie

[2] Paul Gosar en Wikipedia. Sobre el tema ver: 6 siblings of Arizona congressman urge voters to boot him from office y abundantes artículos de prensa.

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El antisemitismo en el nuevo ateísmo en Alemania

Todavía estamos a tiempo de hacer un recuento de lo ocurrido el año 2018. Una de las experiencias más extrañas del año pasado fue mi participación en grupos ateos alemanes en Facebook. Grupos cerrados, donde te tienen que aceptar para entrar. Ingresé a ellos, gracias a sendas invitaciones de una amiga atea. Uno de los grupos era el grupo ateo  más importante de Facebook en Alemania. El otro, uno algo menos relevante. En el segundo de los grupos, en el que había muchos árabes, me parece que la mayoría de ellos estaba desilucionado del Islam o de la caricatura de la religión que existe en la actualidad en sus países. No los culpo.

De partida, especialmente en el grupo únicamente alemán (en adelante, primer grupo), se respiraba un ambiente que yo podría calificar como de extrema derecha. O, al menos, demasiado cercano a la AfD y a Pegida. En ambos grupos -pero, especialmente en el segundo- había algunas voces contrarias al ambiente de derecha radical imperante. Pero eran acalladas de mala manera, sobre todo en el primer grupo. O simplemente, expulsad@s.

En general, el ambiente en los grupos ateos me pareció bastante desagradable, nada de amistad, de buen trato, de respeto a los demás ateos, sus propios correligionarios. Muy por el contrario, parecía que todos estuvieran peleados entre ellos. De diálogo fructífero, de intercambio y confrontación de opiniones, vi poco y nada. Creo que una persona que dedique mucho tiempo a estos grupos, se va a convertir en una persona depresiva y amargada.

En esta columna, me quiero centrar tan sólo en un aspecto que observé en ambos grupos: en algo que, para mí, es esencial y para Alemania, aún más: en el antisemitismo. (Dejo su misoginia -en que se parecen mucho a los grupos religiosos fundamentalistas- para otra ocasión). Especialmente, ahora que el domingo pasado, rememoramos una vez más el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto[1]. Un año más en que el antisemitismo parece avanzar en Europa. Casi se puede decir que un fantasma recorre Europa: el fantasma del antisemitismo…

Los nuevos ateos[2] que conocí en los grupos de ateos en Facebook aseguran que ellos no son antisemitas. Antes que nada, prometen que ellos no son racistas, porque el racismo -explican- se refiere a la raza. A la etnia, diríamos hoy. No a la religión. Después, aclaran que no están en contra de ninguna raza o etnia, sino que están en contra de la religión. De todas las religiones. En consecuencia, en tanto los judíos no sean religiosos, ellos no están en su contra. Este es un argumento central que repiten una y otra vez, no es una aparición al margen.

Concluyo que, a contrario sensu, están en contra de cualquier judío que crea en Dios, que denominan “judíos religiosos”. Y que sólo están a favor de sus correligionarios, los judíos ateos. Frente a un pseudoargumento como este, sinceramente, no sé si reírme o llorar.

Una de las pocas mujeres del grupo manifiesta una opinión más diferenciadas y explica que el antisemitismo tiene varios aspectos: la religión, una supuesta “raza judía” y el estado de Israel. La religión es sólo parte del antisemitismo, aclara. Esta mujer ya no forma parte del grupo. ¿Por qué será…? Supongo que ella quiere decir que el antisemitismo también puede ser de índole antirreligiosa. Aunque, tengo que reconocer que sus opiniones posteriores me hacen dudar de que esto sea lo que ella haya querido expresar. En general, me pareció que los usuarios repetían consignas tomadas de algún meme; y que su capacidad de reflexión pocas veces llegaba más allá.

Otro usuario afirma que el antisemitismo se dirige únicamente contra la religión y contra todo “lo religioso”. Esta última es la opinión generalizada en el grupo. Y da para variadas interpretaciones de esta que parece ser la consigna fundamental de los nuevos ateos alemanes.

Un miembro del grupo -uno que fue incluso candidato al Bundestag, pero obviamente no fue elegido- me asegura que, como los ateos serían más inteligentes, hay entre ellos menos antisemitas. Ello, debido a que las personas religiosas sufren una alucinación producto de una psicosis y eso las hace… “más tontas”. ¿En serio?[3].

Incluso, algunos de los nuevos ateos de Facebook reconocieron ser contrarios al estado de Israel, puesto que éste sería un estado religioso y por tanto, para ellos -que se dicen laicistas, seculares, etc.- es un estado inadmisible por ser religioso o basado en una religión.

Algunos de mis interlocutores -no pocos- van más allá y sostienen que, sin el estado de Israel, habría paz en el Medio Oriente. Porque el estado de Israel es religioso y la religión sería la causa de todas las guerras, en esa región y también en el mundo.

En este mismo sentido, otro usuario señala que la religión se posa como el rocío[4] sobre nuestro cerebro y reduce nuestra capacidad de pensar. “Sin religión habría menos antisemitismo” y “menos judíos jasídicos idiotas y la paz en el Medio Oriente tendría mejores posibilidades”. Palabras llenas de odio y desprecio… Le pregunto más y me explica que los judíos no religiosos son mayoría; pero insiste en que quienes son responsables de que no haya paz son los judíos religiosos.

Se explayan sobre este tema, que parece que les interesa bastante. Sin religión -insisten- no habría antisemitismo y habría paz en el Medio oriente. A mi modo de ver, es esto una expresión más de aquello de acuerdo a lo cual, las víctimas son culpables. Los mismos judíos serían responsables del antisemitismo[5], ya que la religión es siempre la culpable de la guerra.

Les pregunto abiertamente si los judíos son culpables del antisemitismo. Un usuario me contesta que sí lo son, salvo que sean ateos, entonces, no son culpables, me explica. Es increíble: si los judíos creen en su religión serían culpables del antisemitismo y de la guerra.

Otro integrande del grupo escribe que él no ve razón para no ser antisemita, puesto que a él le da lo mismo que creyentes de religiones “se rompan la cabeza”, entre ellos. Afortunadamente, una posición tan cínica no quedó sin respuesta de parte de otro usuario que lo llamó mentecato[6]. Sí, ya les advertí que en estos grupos impera un ambiente bastante rudo.

La retórica agresiva que descalifica y ridiculiza al interlocutor es una de las características de la extrema derecha[7] y se halla muy presente en los dos grupos. Sus miembros dirigen su oratoria belicosa no sólo contra sus “enemigos”, los creyentes, sino también, contra sus propios correligionarios ateos y miembros del grupo. No aceptan ninguna opinión contraria…Me hace pensar en esa gente de la que se dice quese quiere clonar a sí misma.

Otro usuario confiesa que él es satanista[8] (o satánico) y que, si creyentes de una religión ejercen violencia sobre los de otra, él sólo puede mover la cabeza ante tanta tontería. Sobre el satanismo, la mujer que hizo el comentario más o menos inteligente al que me referí más arriba, explica que el satanismo moderno no está muy lejos del ateísmo y que, en todo caso, sus mandamientos son mejores que los mandamientos cristianos. Me pregunto cuáles serán los mandamientos del satanismo…

A estas alturas, me aseguran que todo esto que están diciendo no es antisemitismo, ya que el antisemitismo sólo se dirige contra los judíos y ellos sólo están contra Israel, no contra los judíos. Sobre este mismo tema, otro usuario agrega que todo estado religioso es inhumano ya que se forma una clase de personas definidas por su religión. Y esta identificación o conexión la que sería responsable del antisemitismo en la región del Medio Oriente.

Un egregio miembro del grupo afirma que el capitalismo también es una religión y que el estado de Israel es capitalista… Las consecuencias para estos ateos militantes es clara… Me da la impresión que se trata de “demonizar” a Israel por todos los medios posibles. Incluso los más ridículos.

Otro hombre trata de salvar la situación y escribe que puesto que los judíos han contribuído tanto al desarrollo de la ciencia, y el ateísmo es pro-ciencia, es imposible ser ateo y ser antisemita, ya que no se puede estar contra los judíos porque son muy buenos científicos. Me pregunto si se justifica estar en contra de “pueblos” que aún no han tenido tan grandes e importantes científicos como los judíos europeos. Pienso en africanos, latinoamericanos, e incluso en judíos sefarditas, etc.

Por último, otro usuario sostiene que el antisemitismo no tiene que ver únicamente con la religión; pero que, si se trata de solucionar el “problema de las formas de ver el mundo de manera irracional” (esto es, religiosas), podemos plantear una “gran solución”. No sé si su “gran solución” consiste en acabar con todas las religiones, con los judíos, elestado de Israel o con todas las anteriores. No le pude preguntar, porque, debido a mi post sobre a favor del gender[9], me echaron del grupo en ese momento.

La verdad es que me duele que el ateísmo esté tomando estos giros en Alemania[10]. Yo vengo de familia atea. Supongo -es lo que dicen quienes han estudiado el tema- que es consecuencia de la expansión del llamado “nuevo ateísmo”[11] [12] en Alemania[13]. Supongo también que esto nos llega a través de la cultura popular (y de alguno que otro libro); pero más que nada, nos llega a través de artículos cortos y de memes en internet. Esta expansión va de la mano de una inclinación de la balanza atea hacia la extrema derecha[14]. Lamentable.


[2] Sobre el nuevo ateísmo en Alemania, recomiendo el excelente artículo de Thomas Zenk ‘Neuer Atheismus’‘New Atheism’ in Germany

[3] Leyendo sus opiniones, me parece que una de las cosas con la que más sufren es que Einstein no haya sido ateo (tal vez sólo temporalmente en su juventud, en Suiza). Aunque ellos tratan de explicar que era ateo en el sentido que habría creído sólo en “el Universo” o algo así.

[4] “mehltau” escribe. Mehltau es una figura con la que el dirigente de la AfD Höcke explica muchas de las cosas que él critica. La imagen del rocío (un rocío malo) que se posa sobre algo bueno, pertenece al vocabulario más usado por la extrema derecha alemana.

[5] Hitler les manda saludos desde el más allá…

[6] Schwachkopf.

[7] En Extrema derecha y liberalismo, mencioné la retórica agresiva como uno de los elementos del extremismo o populismo de derecha.

[8] Agrega que es “nazi, alemán del Este y sajón” (klar bin ich Nazi, bin ja Ostdeutscher und Sachse). Con “alemán del Este”, se refiere a la República democrática alemana o “Alemania comunista”, como la llamaba mi tía abuela. Por todo esto que dice, comienza una pelea campal con otro ateo del mismo grupo… Como ya les contaba, en estos grupos, el ambiente es sumamente agresivo.

[9] Soy pro-gender.

[10] Sobre el tema antisemitismo en el ateísmo alemán, ver: Vehementer Säkularismus als Antisemitismus? de Vanessa Rau.

[11] Ver el ya citado estudio de Thomas Zenk sobre el tema: ‘Neuer Atheismus’‘New Atheism’ in Germany

[12] Hannes Stein, en una editorial de Die Welt, se pregunta si tal vez Dawkins tiene razón, cuando sostiene que la religión es una fuerza maligna, ideada por personas mentalmente enfermas. Religiöser Wahn

[13] No sin razón, el FAZ escribía en 2006 que este nuevo ateísmo puede ser más peligroso que la religión, en Für viele

[14] Ver la correlación entre Ateísmo y AfD en Alemania

Ateísmo y antisemitismo

Este artículo es el segundo de la serie de distopías que inicié con La ley que prohíbe la religión Está basado en opiniones que recibí en un foro ateo en el que pregunté inocentemente acerca de los argumentos que puede dar el ateísmo frente al antisemitismo. Mi gran y negativa sorpresa fue que la mayoría de los ateos miembros del grupo era más bien antisemita y recurría a las más peregrinas teorías para justificarlo. Las opiniones que doy aquí son las que escribieron en el foro. Escalofriante el potencial antisemita. Háganse Uds. mism@s una idea.

El comienzo 

Uno de los factores que más influyó en la promulgación de la ley europea que prohíbe la religión[1], fue la actitud de la creciente mayoría atea o ateísta en el continente. Me refiero al movimiento autodenominado “ateísta” o del nuevo ateísmo o neo-ateísta. Escogieron este nombre para distinguirse de los antiguos ateos a quienes consideraban muy “tibios”, liberales y “europeos”.

El movimiento llegó de los Estados Unidos, principalmente a través de dos autores (de sus libros y conferencias en youtube), y su auge tuvo lugar, en gran parte gracias a los grupos “ateístas” creados en las redes sociales. El movimiento ateísta surgió con fuerza a comienzos de la década del 2020 y fue uno de los pilares que condujo, una década más tarde, a la prohibición de todas las religiones en Europa. Su lema principal fue “la religión es una fuerza maligna, ideada por personas mentalmente enfermas”[2].

Aproximadamente, en esa misma época, tuvo lugar el resurgimiento del antisemitismo en Europa, que -sostienen algunos- sólo estaba “dormido”, después del gran antisemitismo eliminatorio de mediados del siglo XX en Europa que culminó en el Holocausto, siendo esta una de las causas, por las que consideramos al siglo pasado como uno de los más sombríos, sangrientos y crueles de toda la historia humana[3].

Los comienzos del movimiento “ateísta” fueron suaves, casi blandos. Tibios… Su auge fue paulatino y la mayoría de la población pareció no darse cuenta de su avance social, como una ideología guía del “movimiento prohibitivo” de las religiones en Europa. Su evolución fue de la mano del resurgimiento del antisemitismo, al que primero rechazó tímidamente y luego abrazó sin intentar siquiera ocultar esta especie de simbiosis que se desarrolló entre ambos.

En una primera etapa, el “ateísmo” señalaba que “la solución al conflicto religioso europeo consistiría en superar visiones de mundo irracionales y conceptos conceptuales”[4], con ello, se refería a todas las religiones; pero especialmente al llamado “judaísmo europeo” que pronto se convirtió en blanco de sus embestidas antirreligiosas. La prohibición de todas las religiones traería consigo -soñaban- la ansiada edad de la paz, de la fraternidad y la harmonía entre los seres humanos.

La conspiración

A fines de la década del 2010, los judíos en Europa eran numéricamente muy pocos; pero se les atribuían poderes casi sobrenaturales. Ridículamente sobrenaturales: las teorías sobre su poder rayaban casi en la superstición. Especialmente, en lo relativo al poder econonómico y al control financiero del mundo por parte de los “hebreos”, “israelitas” o “mosaicos”, como les llamaban.

En aquel entonces, la cultura popular -que se hacía cada día más atea militante- comenzó a identificar al demonio pre-islámico Jinn (en inglés) o djinn (en castellano) con el pueblo judío. La creencia en los jinn o djinn se expandió por la sociedad de la mano de los inmigrantes procedentes del mundo árabe y de películas estadounidenses cuyos productores vieron en esta creencia una forma de hacer dinero sobre la base de las supersticiones que pululaban entre jóvenes desarraigados, especialmente en canciones y películas.

Debido al parecido entre ambas voces: djin, jinn y jew, jud o juif (en inglés, alemán y francés) en las canciones que escuchaban los jóvenes, era difícil distinguir si se hablaba de judíos o de demonios. Es más, en los videos de rap y otras corrientes musicales similares, se presentaba al demonio con una estrella de David en la frente o con un anillo con una estrella. El protagonista -generalmente masculino y musculoso- era capaz de matar al demonio jinn o djin o más bien, a dos demonios: uno de ellos vivía en Jerusalén y el otro, en Londres. Este último controlaba las finanzas mundiales. El primero, la política mundial. La relación entre músicos populares y ateístas era una relación de retroalimentación o de acción y reacción recíproca y permamente.

Asimismo, el libro sobre los Sabios de Sión (una falsificación rusa de fines del siglo XIX) se convirtió en un best seller: la mayoría de la gente -e incluso parte de la prensa- aseguraba que el libro era verdadero y que recopilaba un plan judío para dominar al mundo, enriquecerse, sojuzgar y esclavizar a todos los hombres y mujeres. Se trata de 24 protocolos que se atribuyen a los judíos sionistas, encabezados por Theodor Herzl (periodista y escritor que vivió en Viena a fines del siglo XIX), elaborados en un Congreso sionista en Basilea (Suiza) en 1897. En él, el “sionismo internacional” habría trazado las directrices para conquistar el mundo[5]. Este plan es, en realidad, una farsa. Pero a principios de la década de 2020, se lo veía como una confabulación real, una conspiración, según la cual, los judíos planearon conquistar Europa y luego toda la galaxia.

A fines de los años diez y comienzos de los veinte del siglo XXI, campeaban en Europa, todo tipo de teorías conspiranoicas. Se piensa que, probablemente, la existencia de las llamadas fake news o noticias falsas de la época de Donald Trump, fueron el fundamento de la nueva mentalidad de acuerdo a la cual “no se puede creer en nada, ni en nadie, porque todo es mentira y todos los políticos y los medios mienten: lo que dicen unos es falso y lo que dicen otros, también es un embuste”.

De dioses y de demonios

Por tanto, a quienes -como a los ateístas- no creen ni en dioses, ni en demonios, les bastaba escuchar a los conspiranoicos escribir y cantar que los judíos controlaban el mundo, sin necesidad de creer en los jinns o diablos. Hay que reconocer que algunos ateístas sí creían en demonios, eran una minoría influyente y formaban el grupo de los autodenominados ateístas satánicos. Algunos usaban la máscara de Pennywise como su distintivo, tal como otrora la máscara de fue el distintivo de Guy Fawkes fue el distintivo de Anonymous.

La intelectualidad atea no comprendía este juego de retroalimentación. La música en que se cantaba las épicas luchas de nuevos héroes con demonios no era la música que ellos escuchaban. Ellos más bien despreciaban estas corrientes musicales que consideraban propias de las clases más bajas (aunque no lo reconocían abiertamente). De manera que todo este trasvasije de creencias ocurría sin que las capas pensantes de la población se dieran siquiera cuenta de ello. El maridaje ateísmo-antisemitismo tuvo lugar inicialmente, entre los grupos sociales menos intelectuales.

Por su parte, a quienes creían sólo en los demonios y otros seres del mundo inferior, les daba lo mismo que los políticos y dirigentes ateístas no creyeran en demonios. A ellos les bastaba convencerlos de que los judíos controlaban el mundo y sojuzgaban a sus habitantes. Ellosestaban convencidos de que los demonios controlaban a los judíos y a sus “protegidos” o dhimis -usaban la terminología islámica- quienes muchas veces tampoco sabían que, ellos mismos eran dominados por los judíos e indirectamente por los demonios. Incluso había un rap muy popular titulado “Nadie sabe para quien trabaja” que tematizaba esta concomitancia.

Era un lugar común pensar simplemente que los demonios controlaban a los seres humanos. Por algo -decían- en la Biblia se denominaría al diablo el señor del mundo, en contraposición a Dios, que sería el señor del Cielo. Las jerarquías de las iglesias cristianas -especialmente el Papa Valentín[6]– no se cansaban de explicar que esta pseudo hermenéutica bíblica era totalmente incorrecta y que el Padre Celestial es “Señor del cielo y de la tierra”. Tampoco se cansaban de combatir el antisemitismo -tan extraño para el primer Papa chino-; pero pocos escuchaban sus palabras. Menos que nadie, los ateístas.

Otras justificaciones

Paradojalmente, quienes más rechazaban el llamado relativismo como filosofía de la vida y del conocimiento, eran quienes más sostenían que, en realidad, “como todos mienten y no se puede conocer la verdad”. En este panorama, a nadie le puede extrañar que hayan surgido tantos intentos de explicar la compleja realidad, basándose en teorías de la conspiración que pretendían explicar de manera simple el complicado acontecer político, económico, cultural y hasta deportivo del mundo.

El hoy nonagenario profesor checo Jan Mozart, experto en teorías de la conspiración, advirtió a fines del siglo 20, que quienes adhieren a tales teorías, ven la acción del demonio en el mundo, a través de determinados grupos que serían demoníacos e intentarían controlarlo todo[7]. Primero, controlarían ellos mismos el mundo y a través de estos grupos, lo controlaría todo el demonio a quienes, a su vez, los grupos controladores del mundo obedecían.

Algunos sostenían que el mundo no se había vuelto más complejo, sino sólo que a partir de la llegada de internet a nuestra vida diaria, recibíamos tanta información que los pequeños cerebros de la mayoría de la gente común, no estaban preparados para asimilarla y menos aún para entenderla y procesarla. Asimismo, el caudal de noticias negativas (se decía que una buena noticia no era noticia) había producido un síndrome de rechazo a los medios de comuniación habituales. Cada persona se hacía su propio mundo, ya que seguía sólo los canales de información (o de desinformación) que ellos preferían, creándose mundos aparte o paralelos, verdaderas burbujas. Como alguien me dijo en aquella época, luego de que yo la contradije: parece que vivimos en planetas distintos.

Otros planteaban que la sociedad de la información y de la cibernética -muchos ateístas eran informáticos- necesitaba mayor inteligencia y que la religión “se asienta como el moho sobre las bobinas del cerebro y reduce la memoria”, escribía uno de ellos en una revista muy popular de computación que aparecía en varios idiomas. De manera que, para rendir más, es necesario eliminar toda religión.

Tampoco todos los cristianos defendían a los judíos: el antisemitismo se había adueñado de gran parte de los cristianos europeos. En esto, no se diferenciaban de los ateístas, aunque el porcentaje de antisemitas cristiano era menor que entre los ateístas. Ello debido a la actuación de la jeraquía de las iglesias cristianas europeas decididamente pro-judías.

Sin embargo, partiendo del Este de Europa (Polonia, Hungría, Eslovaquia, Chequia, Austria, etc. y el sur de Alemania) se habían expandido viejas teorías originalmente cristianas que habían sobrevivido a los siglos y se ponían nuevamente de moda, según las cuales, los judíos habrían matado a Jesucristo (en quien los cristianos cada vez creían menos, pero era un símbolo de “identidad cultural”) y envenenado pozos de agua.

Asimismo, algunos ateístas más de izquierda (a diferencia de lo que ocurrió en el siglo XX, en el XXI, la mayoría de los ateístas era más bien hoy de extrema derecha) argumentaban: las religiones son la causa del nacionalismo, eliminándola, se acabaría también los movimientos nacionales e incluso se terminaría con el extremismo nacionalista. Sin religión -agregaban- se extinguiría también el antisemitismo, ya que, si no existieran judíos, los antisemitas no habría a quien atacar. Esta última era la explicación más tonta y sin sentido que he leído; pero en grupos ateístas, era muy recurrente.

Las víctimas son culpables

Sí, decían que sin religión, no habría antisemitismo. Mientras más religiosos son los judíos, más odio crean en los demás. Si no son religiosos, no tienen qué temer. Sería muy fácil -proseguían- si los judíos abandonaran su religión, su nacionalismo y su racismo intrínseco, entonces no producirán más odio en su contra. Sus críticos replicaban que esa teoría respondía a la antigua máxima según la cual “las víctimas son las culpables”.

Los ateístas planteaban que, “como muchos ateístas se interesan por las ciencias naturales, si no crees en Dios, generalmente no buscas en la religión la explicación para lo que no entiendes. Sino que sólo confías en las explicaciones científicas naturales”, como explicaba el profesor Guttemberg Tarifa, de un instituto de investigación del sur de España. Por tanto, mientras menos religión, más progreso científico, aseguraba, ya que personas no-religiosas eran más proclives a la reflexión y su cerebro podía desarrollar procesos de pensamiento más largos y complicados. Esto supone que la religión tiene por misión explicar fenómenos científicos que las personas no entienden, lo que ya entonces muchos ponían en duda, ya que ese no sería la finalidad de las creencias religiosas. Pero el profesor Tarifa insitía en que sí lo era.

De manera que, las personas religiosas buscarían en la religión explicaciones para fenónemos naturales. Pienso que esto se aplica a las antiquísimas religiones naturales, de la época prehistórica. Pero no a las grandes religiones monoteístas y trascendentes. La dicotomía fe y razón ha sido -desde hace siglos- objeto de muchas investigaciones y nadie medianamente culto o culta, podría volver a mezclarlas. Sin embargo, a estas alturas, el diálogo se había vuelto imposible.

Algunos ateístas negaban que ellos fueran antisemitas, pues consideraban que el antisemitismo era, por definición, un racismo y ellos no eran racistas. Incluso en sus filas, militaban personas de “raza judía”, explicaban usando esta terminología. Su rechazo -algunos hablaban de odio- se dirigía más bien a la religión judía, la que enmarcaban en el conjunto de “todas las religiones” y decían que no harían una excepción en el caso de la “religión mosaica”. Ésta debía ser eliminada como todas las demás.

Es más, tanto el racismo, como la religión eran expresión de delirio y de fantasías negativas, y por tanto, ambos deberían ser eliminados. Advertían que, si se quiere eliminar todas las otras religiones y no sólo la religión judía, no estaríamos ante un antisemitismo, sino más bien ante una necesidad racional de liberar a la humanidad de lo que ellos llamaban “delirios”.

División binaria del mundo, el estado de Israel y la expulsión

Los ateístas dividían al mundo en forma binaria entre los religiosos y los que no lo son, o sea, ellos. Dentro de los primeros -que había que eliminar- estaban los judíos, al menos los que aún creían en algo. Estamos pues ante un ateísmo eliminatorio del que se deriva como consecuencia natural, un antisemitismo eliminatorio.

En otros tiempos, habríamos hablado de “buenos y de malos”; pero oficialmente, los ateístas rechazaban estas categorías ya que bondad y maldad serían algo propio de las religiones. Los religiosos eran “los otros”, los totalmente diferentes, aquellos que no son como yo y que no puedo admitir como mi igual o un interlocutor válido. Es más, tengo que eliminarlo.

Así, junto con el nuevo ateísmo surgió un nuevo antisemitismo que algunos veían como el renacer del antiguo antisemitismo europeo; pero al que se agregaron aún más y más complejos elementos. Como dije más arriba, el nuevo antisemitismo y el nuevo ateísmo se “aparearon” en un juego de retroalimentación recíproca.

Un pequeño grupo dentro de los adherentes al ateísmo, sostenía que era mejor no condenar a nadie, ni si quiera a los judíos, porque las cosas podían cambiar y ser ellos mismos los perseguidos. Sin embargo, no lograban demasiada resonancia en el movimiento ateísta. Se los criticaba por tener una posición demasiado pragmática y orientada y en la propia conveniencia y no en el bien de la mayoría.

A mediados de la década de 2020, una ex-judía convertida al ateísmo, la profesora de una universidad privada de Budapest, de origen estonio, Helin Vitkin, sostuvo que el antisemitismo tiene tres componentes: “el odio a la religión del judaísmo, el odio a una supuesta ‘raza judía’ y el odio al estado de Israel. Por tanto, la religión es sólo una parte del antisemitismo y bien puede tener otras formas. Una crítica a las acciones del estado de Israel no es antisemitismo. Sin embargo, si la gente quiere abolir por completo el estado de Israel, entonces examinaría más de cerca la motivación”. Su postura fue ampliamente discutida sin llegar a ninguna conclusión, salvo que el estado de Israel se hallaba en peligro.

Los ateístas rechazaban el estado de Israel, por ser -decían- un estado religioso o, al menos, basado en una religión, aunque se vistiera de estado democrático, lo que no sería más que una especie de disfraz. Para ellos, no había diferencia entre el estado de Israel y el de los ayatollas, escribían.

En la política interna de los estados europeos, los ateístas sostienen que los creyentes y especialmente los judíos con su antiquísima religión no están a la altura de la sociedad moderna, son incapaces de vivir en un estado democrático y por tanto, el estado debe ser depurado de ellos. Hoy en día, a fines del 2030, los judíos europeos tienen dos alternativas: o reniegan de su fe o abandonan Europa. Estamos en los umbrales de una nueva expulsión al estilo de la de 1492 en España.  

Marta Salazar, corresponsal en Europa, Berlín 2030. Seguiremos informando sobre el tema.


[1] Informé de ella en mi artículo de 2030 La ley que prohíbe la religión

[3] Aunque algunos niegan que haya sido tan violento. Cfr. La violencia, vencida

[4] La frase y todas las siguientes frase entre comillas, la tomé de un foro de ateístas en internet. Las ideas y las frases que no están entre comillas proceden de ese mismo foro de ateos en la red.

[6] Sobre él, ver mi artículo sobre La ley que prohíbe la religión en Europa.