¿Dónde estaba Dios en Auschwitz?

Muchas veces la gente pregunta “¿dónde estaba Dios en Auschwitz?” Es una pregunta retórica y que intenta provocar. De alguna manera, es un reto a Dios, equivale a recriminarlo porque permitió Auschwitz. “¿Dónde estabas tú, Dios, en Auschwitz?” O tal vez no existes o no te importa lo que le pase a la gente. Aunque también puede ser que sea un grito similar a aquel de Jesús antes de morir: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?”[1]

Cuando me han hecho la pregunta a mí, he contestado con otra pregunta retórica: “¿dónde estaba el hombre en Auschwitz?”

Auschwitz representa toda la barbarie nacional socialista o más bien toda la barbarie demoníaca intrínseca all nacional socialismo. Un amigo judío que no sólo ha estado en Auschwitz, sino que en los otros campos de concentración de más al Este, me dice que en Majadanek o en Treblinka se siente aún más la extrema maldad de los campos de exterminio. Auschwitz los representa a todos, porque es el más conocido.

Si mi interlocutor o interlocutora es alemán o alemana (la pregunta es hecha generalmente por hombres; nunca he escuchado, ni leído que una mujer la formule), les respondo con una pregunta: “¿dónde estuvo tu abuelo o tu bisabuelo en la época de los nazis?” La mía no es una pregunta retórica. ¿Dónde estaban tus abuelos cuando construyeron el complejo de Auschwitz, con sus fábricas de armamento y con sus cámaras de gas, sus crematorios y sus rampas de selección? ¿Dónde estabas tú?

Entre 1940 y 1945, en Auschwitz, “trabajaron” 10 mil personas para la SS, como guardia o como capataz[2]. Hago ver que los campos de concentración del III Reich fueron entre siete mil (la cifra conservadora tradicional) y 42 mil quinientos, la cifra que se maneja hoy[3]. De manera que podemos imaginarnos a cuánto llegaba el total de personas que “trabajaba” en labores relacionadas con los campos de concentración y exterminio. De partida, me parece raro que algún alemán o alemana de la época no haya visto nunca un campo de concentración o de trabajo cerca de su casa, ya que había tantos repartidos por todo el Reino[4].

Es que claro que resulta mucho más fácil culpar a otra persona -en este caso, nada menos que al mismo Dios- antes que asumir responsabilidad, la propia o la de su propio pueblo. Es mucho más fácil decir que Dios no estaba antes de preguntarse por qué un pueblo culto, erudito, musical, ilustrado y, en general, educado, nada hizo para evitar el genocidio nacional socialista.

Hoy mismo, en Alemania, han resurgido con fuerza movimientos extremos, xenófobos y antidemocráticos y mucha gente prefiere mirar hacia otro lado en vez de hacerles frente. Es justo a esas personas a quienes yo les preguntaría  “¿dónde habrías estado tú cuando se construyó Auschwitz?”

Y me permito hacer una pregunta similar a los lectores de mi columna de todo el mundo, en momentos como el actual, en que el populismo y el extremismo se expanden por demasiadas regiones del orbe[5]. Y una enfermiza polarización pretende presentarnos sólo los extremos como las únicas alternativas posibles.


[1] Marcos 15, 34

[4] Sobre el concepto de Reino en el III Reich, ver mi columna El nuevo orden en el derecho internacional, según Carl Schmitt

[5] Invito a leer mi columna Y si pasa algo…

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Havi Dreifuss y otros historiadores sobre el Holocausto en Polonia

Una de las voces más mesuradas en el debate acerca de la Ley sobre el Holocausto -debate que algunos ven como una verdadera guerra[1]– es la voz de Havi Dreifuss, profesora de la Universidad de Tel Aviv, quién “desde noviembre de 2010 dirige el Centro de Investigación sobre el Holocausto en Polonia, del Instituto Internacional para la Investigación del Holocausto Yad Vashem”[2]. En otras palabras, es una de las expertas, a nivel mundial, de lo que ocurrió en Polonia durante la ocupación alemana, en lo relativo al genocidio del pueblo judío.

Antes que nada, hace ver que “aquellos que intentan retratar lo que sucedió en términos de blanco y negro muchas veces cometen errores”[3]. Esa es su premisa fundamental y me parece que es un buen comienzo. Pienso que la mayoría de las cosas, no son ni blancas, ni negras, sino que más bien son grises, frase que escuché muchas veces a Jutta Burggraf. Es más, Dreifuss advierte que “las percepciones judías de sus vecinos polacos cambiaron drásticamente incluso en el transcurso de la guerra. ‘Si nos fijamos en lo que los judíos escribieron sobre su entorno polaco durante los años del Holocausto, se ve que hasta 1942 solían describir a los polacos de manera muy positiva, e incluso cuando había polacos que los perjudicaban, solían verlo como un fenómeno marginal. Desde mediados de 1942 en adelante, sin embargo, comienzan a referirse a los polacos en términos muy duros’”[4]. Me pregunto qué cambió en 1942. Tal vez que, el verano de 1942 comenzó la Acción Reinhardt[5], nombre clave para designar el asesinato sistemático de todos los judíos y “gitanos” del llamado Generalgouvernement, esto es, de los territorios de Polonia y de Ucrania ocupados por Alemania.

Haaretz explica que, de acuerdo a la historiadora, “los campos de exterminio fueron establecidos donde estaban, no porque los alemanes vieran a los polacos como verdugos voluntarios, sino más bien, por razones logísticas, específicamente por la gran cantidad de judíos en el país”[6]. No sé si saben que la mayoría de los campos de exterminio nazi estaban en Polonia[7] [8]. (Sobre la ubicación del campo de concentración de Auschwitz, que ha sido motivo de gran controversia, Wikipedia nos explica que fue escogido este lugar porque su localización era favorable desde el punto de vista de las posibilidades de tráfico. Auschwitz había pertenecido al Imperio austro-húngaro en el siglo XIX y, desde ese tiempo, existía una línea ferroviaria entre Viena y Cracovia. Esta conexión ferroviaria simplificó la rápida deportación de judíos de muchas regiones de Europa hacia Auschwitz. Asismismo, el entorno escasamente poblado, con sus ríos como obstáculo natural para evitar los escapes. Además, los mismos ríos y otros obstáculos naturales ocultaban el acceso al lugar, lo que dificultaba la mirada pública al campo de Auschwitz”[9]).

“’Tenían razones prácticas para establecerlos en las partes orientales de lo que veían como territorio alemán’. Pero aunque los campos de exterminio no fueron una invención o iniciativa polaca, señala Dreifuss, eso no exime a los polacos de su responsabilidad por las atrocidades cometidas contra los judíos en su territorio. Aunque Polonia ha tratado de desempeñar el papel de rescatadora de judíos, durante los últimos años del Holocausto, ‘los rescatadores (rescuers) fueron la excepción y no la norma’”[10]. Duras palabras… ¿quién podrá escucharlas?[11] De partida, no lo harán los partidarios del partido político Derecho y Justicia, más conocido por su sigla PiS, en Polonia. Concluyo que muchos polacos fueron actores, perpetradores, perpetrators[12] y no sólo rescatadores, como se nos quiere hacer creer por parte del gobierno polaco y su ejército de trolls. Por algo, la entrevista a Dreifuss se titula en Haaretz “Los campos de la muerte no eran polacos, pero los polacos eran lo suficientemente malos con los judíos, aún sin los campos” de concentración y exterminio.

El diario israelí Haaretz resume las explicaciones de la profesora de la Universidad de Tel Aviv: “A lo largo de los años, Yad Vashem ha reconocido a más de 6.700 polacos como Justos entre las Naciones”, asi se llama a personas que no eran judías y que arriesgaron su vidas para rescatar judíos sin recibir compensación alguna. “Este es un número impresionante”, reconoce Dreifuss; “pero es importante recordar que en la mayoría de los casos, los judíos en Polonia y sus rescatadores escondían a judíos, no solamente de los nazis, sino también de sus vecinos polacos[13]. Muchos judíos en Polonia fueron asesinados no en los campos de exterminio, sino en manos de los mismos polacos”[14].

“Esto es algo que Polonia no quiere aceptar y es lo que aparentemente esta nueva ley trata de encubrir”. En efecto -prosigue la experta- “durante el Holocausto, en bastantes comunidades pequeñas en la región de Lomza en Polonia, los lugareños[15] asesinaron a sus vecinos judíos. Y Kielce no fue el único sitio [donde esto ocurrió], algunos judíos, los únicos sobrevivientes de sus familias, fueron asesinados por los polacos después de que terminó la guerra”[16] [17].

“Dreifuss señala que, de alrededor de 250.000 judíos polacos que intentaron escapar de la muerte y buscar refugio en el campo [se refiere a zonas rurales, donde era más fácil esconderse], sobrevivió menos del 10%. ‘La gran mayoría de ellos perecieron no por los esfuerzos alemanes, sino porque los mataron los lugareños o porque fueron entregados a los alemanes o la policía polaca, que luego los mató’”[18]. Sí, son duras estas palabras; pero sólo personas muy duras de corazón[19] serían capaces de no escucharlas o de sostener que todo es mentira o que los judíos se lo merecían por las sinrazones que sean… (por ej., por ser supuestamente comunistas).

Llegados a este punto, pienso que es interesante lo que escribe Times of Israel acerca de Szymon Datner, sobreviviente del Holocausto y quien fue, durante su vida, director del Instituto Histórico Judío de Varsovia y trabajó como historiador para el precursor del Instituto Nacional de Recuerdo de Polonia. El diario nos explica que “Datner calculó que 200.000 judíos murieron a manos de los polacos durante la Segunda Guerra Mundial. Al intentar huir de los transportes y campamentos alemanes, hallaron la muerte luego de ser entregados a las autoridades, a las que informaron donde estaban escondidos o, en otros casos, asesinados por sus vecinos polacos. De 1942 a 1945, de acuerdo con los cálculos de Datner, de los 250.000 judíos que intentaron escapar de los alemanes en la Polonia ocupada, solo sobrevivió entre el 10 y el 16%”[20]. Sus investigaciones fueron publicadas en la década de los ‘60 y ‘70 en la misma Polonia. Times of Israel advierte que hoy Datner podría ser encarcelado por escribir algo así.

Asimismo, Jan Grabowski, profesor de historia en la Universidad de Ottawa (hijo de un polaco de fe judía y de una polaca de la nobleza[21]) décadas después de los cálculos de Datner, señala que el equipo de investigación liderado por él y por la historiadora polaca Barbara Engelking y que ha trabajado durante los últimos cinco años en Polonia, puede confirmar que los cálculos de Datner son correctos[22]. Efectivamente, “en los últimos años, los investigadores han descubierto la creciente evidencia de un lado oscuro de las interacciones de judíos y polacos durante la Segunda Guerra Mundial. Y su trabajo ha sido recibido con críticas crecientes y rechazo total por parte de muchos polacos que tienen la impresión de que sus antepasados ​​actuaron de forma completamente honorable durante la guerra”[23]. No entiendo por qué los seres humanos tenemos esa tendencia a glorificar el pasado y a quienes vivieron en el pasado. Creo que hay que reconocer los errores del pasado para no repetirlos.

Por otra parte, de acuerdo al United States Holocaust Memorial Museum, “tanto polacos uniformados como también individuos, fueron cómplices de la condena a la muerte de sus vecinos judíos”[24]. Efectivamente: “Cuando las fuerzas alemanas llevaron a cabo los asesinatos, recurrieron a algunas agencias polacas, como las fuerzas policiales polacas y el personal ferroviario, para proteger guetos y deportar judíos a los centros de exterminio. Individuos polacos a menudo colaboraron en la identificación, en la denuncia y la persecución de judíos escondidos, con frecuencia aprovechando el chantaje que ello llevaba consigo, y participaron activamente en el saqueo/robo de propiedades judías”[25]. Como es obvio, de los “polacos uniformados” no se puede decir que actuaban como meros ciudadanos individuales.

Dreifuss habla -esta vez en Times of Israel- de una “participación profunda de los polacos de todos los sectores de la sociedad”. Explica que “algunas veces los judíos fueron capturados y entregados a los alemanes, o fueron atrapados y entregados a la Policía Azul (la policía polaca en la Polonia ocupada alemana). Y otras veces fueron asesinados por los mismos polacos”[26].

Como para que no quede duda de esto, Haaretz publica una foto que describe como “German and Polish police, Poland, 1943. Credit: Yulia Krasnodembsky, from ‘Hunt for the Jews'”

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¿Por qué? Preguntan a la historiadora de Yad Vaschem… Responde: “Las motivaciones de los polacos para asesinar o entregar a sus vecinos judíos fueron variadas…. No siempre fue antisemitismo. En muchas ocasiones fue avaricia, miedo, peleas, venganza. Hubo muchas razones diferentes. No se puede limitar o resumir los actos de las comunidades en las estadísticas. Hubo muchas razones para ayudar, y para dañar, a los judíos”[27]. (Un amigo mío cuyo papá era el único sobreviviente de su familia, al regresar a su casa, en Polonia, fue rechazado por sus vecinos polacos, que le dijeron que no lo conocían, ni a él, ni a su familia, que esa casa, nunca había sido suya, sino que pertenecía a una familia polaca, que ya se había aduñeado de la misma. Esto, pese a que él había vivido años allí con su se señora y sus hijos asesinados. El papá de mi amigo murió como displaced person en Alemania esperando poder emigrar a América. Ningún polaco me puede decir que estas cosas no ocurrieron).

Hoy, Polonia está secuestrada por oscuros fantasmas del pasado. Por un lado, el fantasma del antisemitismo ancestral, del antisemitismo de los pogromos centro-europeos. Y por otro, el fantasma de la época del socialismo real, con su intento de establecer una verdad histórica oficial y única, que no puede, que no debe ser contradecida, so pena de sufrir un castigo penal, algo tan propio de la tradición comunista. Estos dos fantasmas se expresan pues claramente en la llamada Ley sobre el Holocausto. Como señalan historiadores polacos a fines de enero, esta norma legal es “una herramienta para la manipulación ideológica, para la imposición de una política histórica oficial y es un intento sin precedentes de intervenir en el debate público sobre la historia polaca en un estado democrático”[28].

Jan Tomasz Gross escribe esta semana en el Financial Times “El aislamiento de mi patria entre las democracias occidentales se está volviendo claro. Temo por mi patria. Y no puedo imaginar el impacto en la gente de Polonia de otros doce años de gobierno PiS”[29]. Sí, todos tememos por Polonia…[30].  


[1] Desde comienzos de febrero, me veo expuesta a un permanente shitstorm por parte de usuarios de Twitter polacos; la mayoría de ellos no tiene nombre, ni apellido, ni foto de perfil y algunos, ni siquiera tienen seguidores, por lo que me atrevo a expresar la sospecha de que son simples trolls.

[3] Death Camps Weren’t ‘Polish’ – but Poles Were Bad Enough to Jews Without Them, Holocaust Historian Says (Los campos de la muerte no eran “polacos”, pero los polacos eran lo suficientemente malos para los judíos sin aún sin los campos, dice historiadora del Holocausto).

[5] En agunas partes, los alemanes escribían Reinhard y en otras, Reinhart. Hoy en día, los extremistas de derecha alemanes, tambien tienen grandes dificultades para escribir en alemán.

[8] Esto lo tematizó hace poco Menachen Levin en el artículo del Washington Times, Why Poland’s new Holocaust law is a mockery (Por qué la nueva ley del Holocausto de Polonia es una burla), al que me referí en una de mis columnas de febrero ¿Por qué los campos de exterminio estaban en el Este de Europa?

[9] “Die Lage war verkehrstechnisch günstig gewählt worden. Auschwitz hatte im 19. Jahrhundert zu Österreich-Ungarn gehört und in dieser Zeit die Bahnlinie Wien – Krakau erhalten. Dieser Bahnanschluss vereinfachte die rasche Deportation von Juden aus vielen Gebieten Europas nach Auschwitz. Die dünn besiedelte Umgebung mit ihren Flussläufen als natürlichen Näherungs- und Fluchthindernissen schotteten die Anlage ab, so dass öffentliche Einblicke erschwert wurden”. Wikipedia en alemán.

[11] Juan 6,60

[13] Aunque sea “sólo una película”, recuerdo que en la galardoneada, incluso con un Oscar, cinta polaca “Ida”, es el hijo de quien oculta a los judíos en el bosque quien mata a toda la familia, menos a la hija menor -Ida- que, por sus rasgos no judíos, él pensaba que podía salvarse más fácilmente, por lo que la entregó a un convento.

[15] “locals” en inglés, no se me ocurre una mejor traducción; acepto sugerencias.

[17] Antes de leer ningún libro o artículo sobre el tema y mucho antes de que comenzara esta polémica, escuché relatos de descendientes de sobrevivientes del Holocausto que regresaron a Polonia, que avalan completamente lo que explica Dreifuss.

[19] Higinio Paterna (de Aceprensa) escribe en Twitter (8 de agosto de 2017 a las 11,25): “1945: judíos son el 1% de la población d Polonia – 18,7% de funcionarios del sistema de represión son judíos – Incluyendo 50% de altos funcionarios”.

En una carta al director en un diario de LanzarotePaterna escribe recriminando a los judíos “¿dónde estaban los rabinos cuando medio millón de polacos fueron deportados, enviados a campos de concentración o asesinados con un tiro en la nuca?”. Incomprensibles sus palabras.  

[20] Complicity of Poles in the deaths of Jews is highly underestimated, scholars say (La complicidad de los polacos en la muerte de los judíos está muy subestimada, dicen los estudiosos).

[21] En su libro “Hunt for the Jews”, Grabowski describe episodios escalofriantes que se hallan documentados, que retratan a un residente polaco de Bagienica llamado Przędział, que descubrió a un par de judíos escondidos en el bosque cerca de su casa. Después de traicionarlos, Przędział exigió su recompensa a los ocupantes alemanes: 2 kg de azúcar. La recompensa variaba, en algunos lugares era 500 złoty por cada judío. En otros lugares consistían en dos abrigos, antes usados ​​por los judíos, por cada judío entraggado”. Complicity of Poles in the deaths of Jews is highly underestimated, scholars say (La complicidad de los polacos en la muerte de los judíos está muy subestimada, dicen los estudiosos).

[22] Cfr. Complicity of Poles in the deaths of Jews is highly underestimated, scholars say (La complicidad de los polacos en la muerte de los judíos está muy subestimada, dicen los estudiosos).

[30] Mi posición muy personal sobre el tema en Todo por el honor de Polonia

Dawkins, Stein y Francisco

Una amiga mía me contó que los hijos de una amiga suya, le habían contado jocosamente que estaban feliz de que su mamá no fuera musulmana, “porque de serlo, ya se habría hecho volar por los aires con un cinturón explosivo”. Como conozco a la familia, no me puedo reir.

Hannes Stein, en una editorial de Die Welt de estos días, se pregunta si tal vez Dawkins tiene razón, cuando sostiene que la religión es una fuerza maligna, ideada por personas mentalmente enfermas[1]. Aunque el zóologo y ex-militante ateo británico hoy sólo agnóstico[2] (algunos lo llaman el “gran exorcista”) habla de la religión como un virus (esto me recuerda a Carlos Marx y su opio), me parece que más que nada, está desilusionado de Dios, como indica -por otra parte- el nombre original de su libro: “The God Delusion”.  

Claro, no es raro que estemos desilusionados de Dios, por todo lo que pasa en el mundo. El grito ¡Dónde estaba Dios en Auschwitz! resuena en nuestros oídos. Yo escucho también la respuesta: ¡Dónde estaba el hombre en Auschwitz! Y hoy: dónde estamos nosotros hoy cuando cientos de personas mueren en el Mediterráneo, en Yemen, en Myanmnar… ¿Dónde está Dawkins hoy? ¿Habrá hablado ya de los muertos en el mar que huyen de la guerra y de la pobreza extrema, como ha hecho Francisco? ¿Habrá visitado ya campos de refugiados sirios, como ha hecho Francisco? ¿Será necesario o suficiente prohibir las religiones para acabar con las guerras?[3]

La amiga de mi amiga empezó bien, queriendo ser una buena cristiana; pero, con el tiempo, se radicalizó[4]. Y lo hizo de la mano de temas que no son propios de la fe, sino más bien de la cultura, de temas “opinables”. Malas influencias ¿tal vez? Pero todos nos hemos visto a “malas influencias” -también a otras buenas- y no nos hemos radicalizado. Tenemos la libertad para decir que no y tomar nuestras propias decisiones

Me sorprende la cantidad de gente otrora razonable que se ha radicalizado[5] durante los últimos años. Y no me refiero a musulmanes, sino a ateos y a cristianos (incluso a “buenos cristianos”) y a gente que antaño podría haber sido calificada simplemente de conservadora o incluso de liberal-conservadora, un término muy popular a fines de la Guerra Fría y también un poco después. ¿Cómo se ha llegado a esto que vemos en el llamado primer mundo?

Quienes tenemos alguna fe decimos que las religiones siembran la paz. Incluso que el término Islam significa paz. Pero curiosamente, algunos -no todos- de los crímenes, de los genocidios más grandes de la humanidad se han cometido o en nombre de una religión o precisamente en contra de una religión. Y esto, desde las Cruzadas o mucho antes, hasta el actual genocidio de budistas contra los musulmanes Rohinya en Myanmar, pasando por la limpieza racial de serbios cristianos ortodoxos contra musulmanes en la década de 1990, para no mencionar los seis millones de judíos asesinados por alemanes antes y durante la Segunda Guerra… La lista es muy larga.

¿Puede ser la respuesta la supresión de la religión? ¿Será necesaria una ley que prohíba la religión? Como la que plantée en mi columna La ley que prohíbe la religión en Europa. Sin duda, esta no sería la solución. Prohibir la religión sería caer en el mismo fanatismo de los fanáticos religiosos que pretenden totalizar su libertad[6], que creen que “mi libertad” tiene que ser total y a mi pinta y todos tienen que bailar con mi música. Sí, defender la libertad supone defender no sólo mi libertad, sinio también la tuya[7].

La respuesta, la solución a las guerras de religión de la temprana edad moderna es la separación entre la Iglesia y el estado, explica Hannes Stein[8]. Este es un proceso que se inició en el Norte de Europa, luego de la Guerra de los Treinta Años, es cierto que con ella no se terminaron las guerras europeas; pero al menos, desapareció una de sus causas o al menos una de sus excusas.

No obstante, la relación entre lo religioso y lo político en la sociedad va mucho más allá de la relación iglesia-estado[9]. “El elemento religioso nunca debe confundirse con el político. Confundir el poder espiritual con el poder temporal significa someterse uno al otro”[10]. Estamos ante una especie de clericalismo, en que un grupo de laicos se une ecuménicamente y se autoconstituye en mentor intelectual de un movimiento político que dice representar al cristianismo. Yo estoy a favor de respetar irrestrictamente la autonomía de lo político.

Hoy, católicos y protestantes viven puerta a puerta y no se les ocurriría matarse unos a otros por haber sido bautizados en diferentes iglesias[11]. Paulatinamente, durante los siglos XVIII y XIX, los beneficios de una convivencia pacífica se expandieron también a los judíos europeos (y americanos) y a los pocos musulmanes que vivían en estas latitudes (en Polonia y Austria-Hungría, por ej.).

Si este mismo proceso -iniciado por cristianos noreuropeos en países con diversidad confesional- se expandiera a países de África y de Asia, habríamos ganado mucho. Habríamos dado muchos pasos hacia adelante. Siempre hay gente -también en el primer mundo- que quiere volver a la época de las Cruzadas. Lo que tenemos que combatir con todas nuestras fuerzas es un retorno al pasado de divisiones religiosas. Me temo que estamos frente a un enorme peligro latente. Una gran responsabilidad recae sobre nuestros hombros.


[1] Editorial de Die Welt, 24.10.2017, página 3. Online: Religiöser Wahn

[2] Hay que decir, por otra parte que Dawkins no rechaza de plano la existencia de Dios, sólo considera  como muy baja la posibilidad de su existencia. Ver de Alan Posener: Besonders bei Katholiken bin ich skeptisch, en Die Welt de 16.09.2007.

[4] Hace años, en un encuentro con ella, me retó y gritó en público, porque me atreví a defender a la mujer que trabaja fuera de la casa, lo que ella no aceptaba. Según ella, las mujeres deben quedarse en casa cuidando a sus niños.

[6] “…una forma particular de proclamación de la defensa de la “libertad religiosa”. La erosión de la libertad religiosa es claramente una grave amenaza dentro de un secularismo en expansión. Pero debemos evitar que su defensa se presente en los términos fundamentalistas de una “religión en total libertad”, percibida como un desafío virtual directo a la laicidad del estado”. En EVANGELICAL FUNDAMENTALISM AND CATHOLIC INTEGRALISM: A SURPRISING ECUMENISM 

[7] Me temo que el proceso mental es más o menos el descrito por el periodista polaco “Das Justizwesen in Polen wird gleichgeschaltet” en entrevista con la radio alemana DLF: “Die PiS versteht Demokratie rein als ein Wahlergebnis. Sie glauben, wenn sie vom Volk gewählt werden, wenn sie eine Mehrheit haben – sie haben die Mehrheit im Parlament, trotz sie nur 37 Prozent der Stimmen bekommen haben -, aber sie verstehen das so, wenn sie eine Mehrheit haben, dann können sie alles durchsetzen im Parlament. Sie können die Spielregeln im Parlament missbrauchen. Sie können die Justizunabhängigkeit beschränken. Sie können einfach alles. Das ist wirklich ein skurriles, kurioses Verständnis der Demokratie. Und jetzt versuchen sie, die Leute davon zu überzeugen, dass das, was in den Gerichten geschah, sehr falsch war, korrupt war, und somit muss es eine Säuberung geben. Die Gerichte müssen gereinigt werden”.

[8] Editorial de Die Welt, 24.10.2017, página 3. Online: Religiöser Wahn

[9] Joaquín García-Huidobro, “Tentación del poder”, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1986, pág. 75 y otras muchas páginas.