Nos guste o no, la burka no se puede prohibir

A mí no me gusta la burka; pero me gusta más que no se pueda prohibir.

Cito al ministro del Interior de Alemania Thomas de Maziere, “No se puede prohibir todo lo que reprobamos”[1]. O, para hablar con el vicepresidente de la social democracia, Ralf Stegner, “A mi tampoco me gusta la burka; pero no podemos prohibir todo lo que no nos gusta”[2].

A mí tampoco me gusta, creo que se puede decir mucho en contra de la burka y de cualquier pañuelito que tape la cara en verano (los pasamontañas son sólo para el invierno) y cuando no hay tormenta de arena… Sin embargo, no es el estado (ni la comuna, ni la ciudad, ni casi nadie) quien pueda prohibir una prenda de vestir. Si no estamos de acuerdo, podemos convencer; pero no prohibir. Sensibilizar y educar; pero no sancionar, me parece que es lo correcto..

Cito nuevamente al Papa Benedicto (idealizado hoy en día, por algunos de quienes son partidarios de la prohibición del burka… o de la burka, como deseen llamarla/o). “En lo tocante al burka, no veo razón alguna para una prohibición general. Se afirma que algunas mujeres no llevan el burka de forma libre y voluntaria, y que se trata propiamente de una violacion de la mujer. Por supuesto, con eso no se puede estar de acuerdo. Pero si libre y voluntariamente quieren llevarlo, no sé por qué hay que prohibírselo”[3].

O en mi traducción del aleman: “Los cristianos son/somos tolerantes y, por ende, permitimos a los otros lo que a ellos les parece que es totalmente normal (…). En lo relativo a la burka, no veo ningún motivo para una prohibición general. Se dice que algunas mujeres no la usan en forma voluntaria y esto es, realmente una violación de la mujer. Naturalmente, no podemos estar de acuerdo con ello. Sin embargo, si llevan la burka de manera voluntaria, no sé por qué se la debería prohibir.”[4]

Okay, hay que relativizar esta afirmación. Sí hay un código de vestirse que puede ser sancionado jurídicamente en algunas ocasiones. Por ej., ante un tribunal no se puede usar nada que tape la cara. En manifestaciones, en protestas, en marchas o, en general, en acciones políticas públicas, tampoco. Las leyes anti-máscaras o la prohibición de “enmascararse” son antiguas y han sido -hasta ahora- correctas. Entre paréntesis, una de las leyes anti-máscaras más antigua es norteamericana que se dictó para prohibir que los miembros del ku klux klan se taparan la cara[5].

Pienso que tampoco se debería usar en colegios, ni en universidades, ni en general, en establecimientos educacionales. Creo que los bancos y otras insituciones financieras tiene el perfecto derecho a prohibirlo en sus inmuebles y cajeros automáticos, tal como prohíben que los conductores de motocicletas ingresen con casco a sus edificios. Pero esta prohibición de uso de la burka o de otra forma de taparse la cara, es aceptable, e incluso recomendable por razones de seguridad pública, en determinados inmuebles o en situaciones, en aeropuertos, estaciones de tren, estadios, eventos deportivos (salvo que sean de ski, por el frío), en cuarteles militaresn (salvo que pertenezcas a un comando de fuerzas especiales). También, si manejas auto, es preferible no taparse la cara, por una infinidad de razones.

Algo muy distinto ocurre en parques, plazas, calles, etc. La Corte Europea de derechos humanos sentenció[6] que la prohibición francesa, de 2011, de taparse la cara por parte de mujeres musulmanas, es de acuerdo a derecho, puesto que el no mostrar la cara puede mermar la convivencia, ya que ver la cara de la otra persona juega un papel importante en la interacción social[7]. Esto es sin duda una -por decirlo suavemente- un invento bastante innovador de la Corte, ya que define un objetivo social impreciso que tendría la ley prohibitiva francesa como algo claramente definido[8].

Dos juezas de la Corte (la alemana Angelika Nußberger y la sueca Helena Jäderblom, lo que no deja de ser significativo) expresan en un voto de minoría[9], que la prohibición es iliberal. Recuerdo lo que nos dice Barbara John, en el sentido que, si estamos convencidos de la atractividad de nuestra sociedad, no le daremos tanta importancia a cada costumbre de otras personas, por absurda o sin sentido que nos parezca[10].

Como Uds. pueden suponer es también lo que pienso yo, como expresé ya en mi columna ¡Sácate la burka! Si hubiese una obligación o mandato de convivir permanentemente con los demás, en calles, plazas y parques, llegaríamos al absurdo de prohibir el uso de audífonos mientras caminas por la calle, mientras corres o haces deporte. Por ej. O se prohibiría leer un libro, el diario, una revista, el IPad, hablar por teléfono o hablar con la persona que está a tu lado y no con todas las demás.

Las dos juezas dicen que la democracia implica aceptar la pluralidad, también en la forma de vestirse. Yo diría que la pluralidad dentro de la sociedad “prohíbe” imponer a nadie un dress code determinado, válido para una sociedad determinada. Hacen ver que no hay ninguna razón para suponer que las mujeres que se tapan la cara, sienten desprecio por quienes se encuentran por la calle o pretenden ofenderlos de alguna forma[11].

No hay obligación de comunicarse con nadie, de entablar conversación con desconocidos (como se le inculca tan insistentemente a los niños) por la calle. Es cierto que la comunicación es esencial en nuestra sociedad; pero también es elemental el derecho a no comunicarte, a la vida privada, a ser un outsider[12]. El llamando right to be an outsider 🙂 Nadie tiene el deber de entrar en comunicación, en lugares públicos, en contra de sus deseos, aclara el voto de minoría.

Nuestra sociedad liberal no es un ámbito de sociabilidad[13] ilimitado, sino que es también un lugar donde tienes el derecho a no entablar comunicación con todos. En el fondo, advierten las dos juezas, con la prohibición, se sacrifica un derecho fundamental individual, en aras de un principio abstracto hacen ver Nußberger y Jäderblom.

Si bien es cierto que la convivencia, este “vivir juntos”, requiere la posibilidad de intercambio interpersonal, en que mostrar la cara tiene un papel importante en la interacción humana, no se puede sostener que, a la inversa, la interacción humana sea imposible si no se muestra la cara o toda la cara. Pensemos en casos, perfectamente arraigados en la cultura europea como las actividades de ski y el motociclismo con cascos o el uso de trajes durante el carnaval. Como demuestran estos casos, la gente puede relacionarse sin mirar necesariamente en sí los ojos. Expresa el citado voto de minoría. Como amante de los deportes acuáticos, pienso también en los buzos.

Paradojalmente, en algunos países como Francia y Bélgica, se prohíbe y, en otros, se prentende prohibir el uso de la burka o del Niqab -que usan mujeres provenientes de algunos países musulmanes, no de todos- en calles, plazas y parques, justo en una época en que se generaliza el no cortarse la barba, con lo que también se oculta la cara[14]. Asimismo, los mismos que insisten en prohibir la burka son quienes más critican a GogleEarth y quienes pixean sus casas y edificios y los rostros de los paseantes (lo que no está mal). Y ¿qué me dicen del scanner corporal que te deja virtualmente desnuda al pasar frente a la pantalla en el aeropuerto? De alguna manera, su argumentaicón es inconsistente.

Nußberger y Jäderblom señalan, en su voto de minoría que se coloca así a la mujer -que es la afectada por la medida, lo que es para mí, aún peor- en un gran dilema: o romper con su fe religiosa, con su cultura y su convicción personal o ser fiel a su tradición y quedarse en la casa sin salir. O salir y enfrentar una sanción penal. Las dos juezas sostienen que es preferible la sensibilización y la educación (de paciencia y de comprensión, hablaría yo) y no tantas sanciones, amenazas y prohibiciones.

No sé qué opinen Uds.; pero pienso que la prohibición francesa no ayuda en nada ni a la integración, ni tampoco a la convivencia, a ese vivir juntos que el legislador francés pretende defender. Creo -y lo he visto en muchas amigas mías procedentes de países musulmanes- que nuestra forma de vivir abierta, liberal, tolerante, pluralista, multicultural tiene una fuerza de atracción muy grande, inmensamente más grande que las prohibiciones y las exigencias de asimilación forzada.


[1] “Man kann nicht alles verbieten, was man ablehnt”. No coloco link, porque la cita es super conocida y ha sido ampliamente citada por los medios.

[2] “Mir gefällt das mit der Vollverschleierung auch nicht (…) Aber man kann nun wirklich nicht alles, was einem nicht gefällt, verbieten”. En entrevista con ARD SPD-Vize Stegner: Burka-Verbot nicht grundgesetzkonform

[3] Citado en Benedicto 16 sobre la burka. Agradezco nuevamente a Ljudmila Hribar, por facilitarme el texto del libro en castellano. Ljudmila es la autora del blog JUAN PABLO II, maestro, padre, pastor, amigo….beato, santo! que recomiendo.

[4] En ¡Sácate la burka! Texto original en alemán: “Christen sind tolerant, und insofern lassen sie auch den anderen ihr Selbstverständnis. (…) Was die Burka angeht, sehe ich keinen Grund für ein generelles Verbot. Man sagt, manche Frauen würden die Burka gar nicht freiwillig tragen und sie sei eigentlich eine Vergewaltigung der Frau. Damit kann man natürlich nicht einverstanden sein. Wenn sie sie aber freiwillig tragen wollen, weiss ich nicht, warum man sie ihnen verbieten muss”.

[5] Ver artículo en Wikipedia en castellano

[7] Citado en Die Burka verleiht die Freiheit, Außenseiter zu sein: “Der Gesichtsschleier könne das Zusammenleben beeinträchtigen, weil das offene Gesicht eine wichtige Rolle für die soziale Interaktion spiele”.

[8] Critica Wolfgang Janisch, autor del artículo de la Süddeutsche recién citado: Die Burka verleiht die Freiheit, Außenseiter zu sein

[11] Citado por Maximilian Steinbeis en su artículo del blog de derecho constitucional Burkaverbot: Grundrechtsschutz auf Proportionalitäts-Fläschchen gezogen

[12] “It can hardly be argued that an individual has a right to enter into contact with other people, in public places, against their will. Otherwise such a right would have to be accompanied by a corresponding obligation. This would be incompatible with the spirit of the Convention. While communication is admittedly essential for life in society, the right to respect for private life also comprises the right not to communicate and not to enter into contact with others in public places – the right to be an outsider”. Texto citado por Maximilian Steinbeis en su artículo del blog de derecho constitucional Burkaverbot: Grundrechtsschutz auf Proportionalitäts-Fläschchen gezogen

[13] Raum der Geselligkeit lo denomina Anna von Notz en el Verfassungsblog: Der unendliche Raum der Geselligkeit

[14] Cfr. Jost Müller-Neuhof en Tagesspiegel: Rechts-Kolumne “EinSPRUCH” Kein Recht für Außenseiter

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Femonacionalismo, hombres extranjeros y un poco de publicidad

Hay gente que está convencida que la sociedad alemana -o Europea, según el caso- es una especie de Olimpo, donde se respeta a la mujer. A ella, habrían llegado hombres de las cavernas a violarlas y a acosarlas. Sin embargo, cuando se denuncian diez violaciones por día en el Oktoberfest de München[1]: , cuando las cifras de violaciones no denunciadas que tienen lugar durante ese evento, llega diariamiento a 200[2]. Entonces, ¿de qué Olimpo me están hablando…[3]

Pero claro cuando los culpables del acoso masivo de la Noche de Año nuevo en Colonia[4] son mayoritariamente extranjeros, surge una serie de defensores autóctonos de la mujer, en las filas de la llamada nueva derecha[5] y de los conservadores tradicionales. Ellos salen a defender a la mujer, lo que en realidad, nunca antes habían hecho.

Son los mismos que se ríen a carcajadas en las charlas de Akip Pirincci, cuando este autor, uno de los predilectos de los sectores ultraconservadores (y de Pegida y AfD), llama a las mujeres alemanas como “material de masturbación”[6]. Parece que los señores no se dieran cuenta que Pirincci está hablando de sus propias hijas, sus nietas y eventualmente incluso sus cónyuges.

No sé si llamarlo incoherencia, doble moral o de otra forma. Algo así como maldad o estupidez. Para estos sectores, la suerte o la desgracia de la mujer nunca ha sido un tema importante[7]. Pero claro, si se puede atacar a los extranjeros, a los refugiados, a los musulmanes, ahí están siempre listos para hacerlo. Para eso, todo vale.

Anke Domscheit-Berg tiene razón: hemos estado ocupados con los agresores de la Noche de Año nuevo en Colonia y hemos dejado totalmente de lado a las víctimas[8]. No se trata, en primer término, de los derechos de la mujer y de su protección, sino sólo de los agresores.

Pese a ello y con todo lo repelente que me resulta que los partidarios del llamado femonacionalismo se hayan lanzado sobre los extranjeros para “proteger a sus mujeres” en ese arcaico gesto propio de pueblos de la Antigüedad. Puede ser que la instrumentalización del asoso sexual masivo que tuvo lugar la noche de año nuevo en Colonia sirva al menos, para que las cosas cambien y las nuevas generaciones crezcan más sanamente que las anteriores.

El femonacionalismo es la ultilización o aprovechamiento del feminismo -de la defesa feminista de la mujer- con fines nacionalistas, xenófobos o racistas. Son femonacionalistas quienes sostienen que la propia etnia es la única que trata correctamente a la mujer. Y los extranjeros, no.

Algunos femonacionalistas se basan en un cierto fundamentalismo cristiano y hablan de la dignidad de la mujer[9], como si ésta consistiera solamente en que nos vistiéramos con faldas largas y anchas y que no habláramos con hombres. Perdón, pero, en este punto, son iguales a los fundamentalistas islámicos. Les diría que la dignidad de la mujer parte de la base de que la mujer se haga respetar y que, de niguna manera, el respeto hacia ella, depende de la ropa que lleva puesta o no lleva puesta[10]. En este mismo sentido, la mujer nunca es culpable, ni de que la acosen sexualmente. La dignidad de la mujer y el respeto hacia ella no depende ni de su ropa, ni de su maquillaje, ni del trabajo que realice[11], ni de su actitud, ni de la hora a la que salga de su casa o regrese a ella.

Nadie puede obligar a una mujer a vestirse de tal o cual forma, a ponerse o no ponerse tan o cual prenda. La mujer es absolutamente libre en este sentido. Puede ser una expresión de autodeterminación participar en una manifestación de las desnudas femmes ucranianas, como ponerse un chador. La antigua generación de las feministas intentó darnos instrucciones de cómo vestirnos; pero la nueva generación reconoce la gran riqueza de la pluralidad  y diversidad de la vestimenta. Con el Papa emérito Benedicto, pienso que ni siquiera se puede prohibir la burka[12] ni el birkini.

Por último, la publicidad de mujeres con piernas abiertas en Alemania y otros países de Europa (no todos, en Malta, nunca he visto este tipo de propaganda) es lo menos respetuoso de la mujer que una se pueda imaginar. La mujer no es un adorno masculino, ni un objeto de utilidad social.

No se puede dejar de lado que, a este modelo de mujer corresponde un modelo de hombre. La imagen machista del hombre, la contrapartida de la imagen sexualizada de la mujer, tampoco es buena para él. Esto lo dijo claramente el Papa Juan Pablo II (a ver si alguien puede buscar la cita).

Aunque no hay que creer que la publicidad en que se desprecia a la mujer, se burla de ella, es sólo aquella en que se muestra su popó, sus labios sensuales u otra parte… No las palabras también pueden herir. Hace algún tiempo, una conocida marca de relojes sacó afiches que que se mostraba sólo un reloj y el slogan era: Fast so schön wie eine Frau, tickt aber richtig! Casi tan bello (el reloj) como una mujer; pero hace tic (se comporta) correctamente…

“La mujer, según la publicidad, vale cuando es joven y bella, cuando es una buena ama de casa y cuando cumple su rol de ser objeto sexual”, nos explica la boliviana Lucía Guamán Gavilano[13]. Prosigue: “En gran parte de las publicidades se muestra una violencia hacia la mujer, especialmente simbólica; el hombre tiene poder sobre ella; se transmiten estereotipos basados en la inferioridad de este género; no se presenta participación en igualdad de condiciones en todos los ámbitos de la sociedad”.

La publicidad no existiría si tales imágenes o slogans no interesaran a sus destinatarios. Tanto a hombres como, lamentablemente, también a mujeres. No podemos culpar siempre a la publicidad; la publicidad está hecha para las sociedades a las que está dirigida. Si no llegara a los consumiodores, no tendría éxito y sería reemplazada por otra. No culpemos a la publicidad, los responsables somos nosotros.


[1] La abogado Christina Clemm cuenta en un artículo de Die Zeit: Cuando era una mujer joven, a fines de los 80, postuló para trabajar como camarera en la Oktoberfest de München. Nuestro futuro jefe nos instruyó: ‘agarrar el pecho o el popó es parte de la fiesta. No quiero -prosiguió- ninguna cachetada, ni una reacción histérica de parte de Uds.’. No sé si este tipo de instrucciones todavía existe, ya sea en el Oktoberfest o en alguna feria. Que este tipo de puntos de vista no existieran más, sería un progreso”.

Sind wir über Nacht zu einer feministischen Nation geworden? “Als junge Frau Ende der 1980er Jahre hatte ich mich einmal beim Münchner Oktoberfest als Bedienung beworben. Von unserem künftigen Chef wurden wir damals darauf hingewiesen, dass Anfassen an Brust und Po dazugehöre – “ich möchte dann keine Watschen oder so eine hysterische Reaktion von euch sehen!” Ich weiß, dass es solche Anweisungen noch heute gibt, sei es auf dem Oktoberfest oder auf Messen. Wenn solche Ansichten nicht mehr tragbar wären, wäre das ein Fortschritt.”

[3] La primera vez que me acosaron sexualmente fue a bordo de un avión de la Lufthansa y el (mal)hechor fue un ingeniero alemán (los ingenieros alemanes siempre han sido considerados la crème de la crème de la sociedad alemana). Yo tenía 16 años y viajaba a Alemania por intercambio escolar. El ingeniero alemßan sabía que yo era menor de edad. Yo pensaba que era como mis tíos y amigos de mis papás… Pero no, era un hombre machista y sexista incapaz de contenerse.

[6] Gefährliche Bürger: Die neue Rechte greift nach der Mitte, Liane Bednarz, Christoph Giesa, Hanser Literaturverlage 2015, págs. 19 y 20.

[7] Por eso mismo, algunas feministas tematizaron que, en la segunda mitad de la década de los 90, los demócrata cristianos (en Alemania, son los conservadores) hayan votado en contra de la ley que castigaba el delito de violación en el matrimonio. Claro, porque en la sociedad burguesa, la mujer siempre debía estar disponible para el hombre. Siempre tenía que “serle útil”. Publicaron la lista de los diputados que votaron en cotra de la reforma legal. Son los mismos que hoy se levantan como defensores de la mujer frente a los extranjeros, a los refugiados sirios, a los norafricanos… quién sabe quién más que manoseó a mujeres en Colonia.

[9] A este tema me referí en mi artículo del 2013: Mujer, piensa en tu dignidad y hazte respetar

¡Sácate la burka!

El fin de semana, una amiga nos decía que ella estaba a favor de la prohibición del burka (en alemán es la burka, femenino; en castellano, el burka, masculino).

Mi amiga dice que la burka no es una exigencia del Islam. En consecuencia, su uso no estaría garantizado por el derecho a la libertad religiosa, ni a la libertad de culto.

Al parecer, la burka, en efecto, no sería parte del Islam. La mejor prueba de ello es que sólo mujeres de algunos países musulmanes la usa y otras, de otros países. no. Las mujeres afganas (la burka provendría de la cultura pashtuna; las pakistanas y, según observo, las mujeres que vienen del Golfo Pérsico).

Sin embargo, si un sector de la población, en un concreto grupo religioso, de una cierta tendencia o procedente de un determinado lugar geográfico, considera que la burka sí es una exigencia de su fe religiosa, me parece que va a ser difícil sostener que, en el caso de ese grupo de la población, la burka no es un elemento religioso y que no debe/puede ser respetado como tal.

Es como si se prohibiera el rezo del Santo Rosario, porque en algunos países no se usa rezar el rosario. De partida en la mitad de la Cristiandad, que es protestante y por tanto, nada tiene que ver con el rosario.

Mi amiga dice que el uso del burka no es voluntario, sino que las mujeres son obligadas a ello. Supongo que usar burka es, para ellas, tanto como -para mí y otras muchas mujeres que viven en países fríos- usar abrigo con capucha en el invierno.

Siempre he pensado que la burka es la típica vestimenta adecuada para soportar las tormentas de arena en algún desierto del mundo. ¿Por qué no se usa la burka en Chile?[1] Porque en el desierto de Atacama, no hay beduinos que deambulen por el mismo, cabalgando sobre camellos[2].

Es indudable que obligar a una  mujer -o a un hombre- a usar burka es inadmisible. El Papa Benedicto lo dejó muy en claro en el libro-entrevista concedida a Peter Seewald y que apareció el año 2010.

Hoy en día, los grupos ultra-conservadores añoran al antiguo Papa, que contraponen al nuevo con el que están muy disgustados. Pero estos grupos olvidan cómo criticaron a Benedicto, por ej., cuando habló sobre la burka. Con su mirada nostálgica y melancólica, dirigida hacia una supuesta edad de oro, idealizan al Papa anterior al que hacen hablar con su propia voz.”[3]. Ellos hablan con una voz que definitivamente no es la de Benedicto.

Al comienzo de la página 75 del libro “Licht der Welt” o Luz del mundo, Benedicto 16, en “conversación con Peter Seewald”, responde al periodista bávaro, acerca de la prohibición de usar la burka en Francia, gran tema a comienzos de esta década (pág. 74)[4].

Christen sind tolerant, und insofern lassen sie auch den anderen ihr Selbstverständnis. (…) Was die Burka angeht, sehe ich keinen Grund für ein generelles Verbot. Man sagt, manche Frauen würden die Burka gar nicht freiwillig tragen und sie sei eigentlich eine Vergewaltigung der Frau. Damit kann man natürlich nicht einverstanden sein. Wenn sie sie aber freiwillig tragen wollen, weiss ich nicht, warum man sie ihnen verbieten muss.

No sé si el libro fue traducido al castellano. Mi traducción:

Los cristianos son/somos tolerantes y, por ende, permitimos a los otros lo que a ellos les parece que es totalmente normal (…). En lo relativo a la burka, no veo ningún motivo para una prohibición general. Se dice que algunas mujeres no la usan en forma voluntaria y esto es, realmente una violación de la mujer. Naturalmente, no podemos estar de acuerdo con ello. Sin embargo, si llevan la burka de manera voluntaria, no sé por qué se la debería prohibir.

Hasta aquí el Papa Benedicto.

Yo aprendí en la universidad (primer año de derecho en la Univ. de Chile) que hay tres tipos de normas que reglan nuestro comportamiento: la norma jurídica, la norma social y la norma moral. En ese orden, desde la exterioridad hasta la interioridad.

La norma social puede “obligar” a la mujer a usar burka. Es cierto; pero, en ese caso, sólo un cambio social puede liberarla de esta “obligación”. Es lo mismo que ocurría antes con las minifaldas o con las faldas largas o con el traje de baño “entero” o con el bikini. Para no hablar del burkini 😉

Moralmente, podemos decir que es inadmisible que se la obligue a usar burka. Pero sería igualmente inmoral, obligarla a no usarla.

Nos queda sólo la norma jurídica, propia del poder estatal. ¿Se atrevería alguien a proponer que la policía debería preguntar a todas las mujeres que vea con burka por la calle, si la obligaron a ponérsela o lo hace volluntariamente? ¿Tendría alguna practibilidad, tendría algún sentido, una medida semejante? No sé qué opinen Uds.; pero a mí me parece que no.

La inmensa mayoría contestaría que lo hace voluntariamente. ¿Qué haríamos con quienes dicen que fueron obligadas? ¿Les pasaríamos a ellas una multa? ¿Las obligaríamos a sacarse la burka en la calle? Y si tienen un bikini debajo, lo que pasa muchas veces, según me contó un amigo musulmán.

Distinto es que se prohiba la burka no en forma general, sino por ej., al ingresar a un banco, análogamente a como ocurre con los conductores de motos, que no pueden entrar con casco al banco. Se podría prohibir ir al colegio con burka, prohibición que afectaría tanto a profesoras (salvo que sean profesoras visitantes), como a alumnas[5]. Pero esta última es una medida que tendría ser primero estudiada por los abogados a quienes corresponda probar la juridicidad de las normas relativas a colegios. (Sobre el caso, no de la burka, sino del velo, invito a leer el artículo de Joaquín García-Huidobro de 2005: El otro fundamentalismo).

Lo del banco es más o menos claro; pese a que frecuentemente veo mujeres con burka en mi banco y nadie les dice nada, lo que habla muy bien de la tolerancia en mi ciudad. Como dije en mi artículo anterior, vivo en una localidad donde hay una gran población musulmana. Un porcentaje de ella está compuesta por “turistas de la medicina” que provienen generalmente, de “países con burka”, por decirlo de alguna manera y que se vienen a hacer tratamientos médicos a Alemania. Asimismo, me atrevo a decir que es más peligroso -para el banco- un hombre que no se saca el casco al entrar, que una clienta con burka.

Un caso un poco distinto es de quienes entran a las 4 AM a un cajero automático con la cara cubierta.

Igualmente, se puede prohibir ingresar a los estadios o participar en manifestaciones con la cara tapada. En este caso, me parece que es obligación del poder estatal asegurar la paz durante un evento deportivo. Aunque es poco probable que una mujer con burka asista a un partido de fútbol. Que participe en una manifestación política es más posible. Estas legítimas medidas de seguridad ya existen en Alemania.

Opinable es también si se puede o no se debe manejar con burka. Se podría pensar en la obligación de destaparse la cara durante el manejo[6]. Se verían entonces, como las monjitas católicas hoy.

En el plano privado, es evidente que podría prohibir -más bien, impedir- que entre a mi casa, una persona con bikini, con burka o con burkini. O un hombre con traje de baño estilo tanga. O una mujer vestida como dómina (tuve una amiga que era dómina) o un hombre con un t-shirt del Che Guevara, de Donald Trump, con la svástica o con símbolos de algún grupo de camaradería neonazi[7]. Etc., etc., etc.

Les prometo que no se lo prohibiría, ni a un hombre con la camisa abierta hasta más allá del tercer botón, o uno que use guayabera o zoquetes con sandalias. Aunque ninguna de estas pintas me gustan en absoluto; pero yo no soy nadie para imponer mi gusto a los demás. Ni siquiera con la noble intención de defender la estética.

Si soy responsable de una empresa, puedo pedirle a mis empleados y empleadas que respeten el dresscode de la misma. (El dresscode bancario más conocido es tal vez, el del UBS que levantó bastante polémica igualmente por allá por el 2010). Pero no puedo obligarlos a vestirse de tal o cual manera, cuando no están en servicio. Cuando no están trabajando, que se vistan como les dé la gana.

Lo que no puedo hacer es, por ej., si tengo un negocio, es discriminar a personas o a grupos y no atender a señoras con burka. Como tampoco puedo discriminar a mamás o papás (generalmente son mamás) con niños o a personas de tez más morena o a gente de color. Gracias a Dios, el apartheid ya pasó de moda. Es dudoso que la prohibición de usar jeans en establecimientos de la gastronomía se pudiera cumplir hoy en día.

En la época de los 60, 70, los jeans eran muy mal mirados en Alemania y se impedía entrar a algunos restaurants u hoteles a jóvenes con pantalones norteamericanos que llamaban no jeans, en inglés, sino despectivamente “Nähte-Hosen”. Hoy en día, tengo amigos y amigas alemanes que no usan jeans… A mí me habrían expulsado de esos establecimientos.

A mí no me gustan las burkas. Pienso, con mi amiga, que la burka da una imagen de la mujer que no es buena. Como feminista, me gustaría que no existiera. Salvo en el caso de una tormenta de arena, proco probable en nuestras latitudes. Pero yo no soy nadie para imponer mi punto de vista a las demás personas; menos que nadie, a las demás mujeres. No quiero reemplazar una forma de opresión de la mujer, por otra. Preferiría que ellas decidieran, siempre y en todo lugar, tanto en Saudi Arabia, como en Alemania; en Afganistán y en Francia.

Menos que nada, puedo pedirle al estado que obligue a la mujer -o a un hombre- a vestirse de cierta forma que a mí me parece más o menos adecuada. Eso ocurría en la China de Mao, donde todos estaban obligados a vestirse con el famoso “traje de Mao” y ocurre hoy en algunos países donde religión y poder político están en las manos de las mismas personas. En estados fundamentalistas. En occidente queremos respetar la dignidad y la libertad de la mujer, de manera que no podemos obligarla a nada.

Pienso que cada uno, cada una, debería vestirse como quiera y que no puede, no debe haber una prohibición o un mandato de naturaleza jurídica de ninguna especie en este sentido. Distinta es la influencia de las normas moral y social mencionadas. El estado no puede/ no debe inmiscuirse en la vida privada: ni a favor de alguna prenda de vestir, ni en contra. En esto, tiene que haber plena libertad. Querer revocar esta absoluta libertad sería un grave retroceso.


[2] En algún momento de la historia, se intentó introduirlos, experimento que falló por la extrema aridez del desierto. Pero sí sobreviven sus parientes camélidos americanos, la vicuña y el guanaco..

[3] “El pasado, del cual hablan y escriben los temerosos conservadores no es otra cosa que una momia sin vida y sin existencia, a la que el conservador da su propia voz”.  Ver Los conservadores de hoy, enemigos de la sociedad abierta

[4] Tengo a la vista el libro: “Benedikt XVI. Licht der Welt. Der Papst, die Kirche und die Zeichen der Zeit. Ein Gesprächt mit Peter Seewald”, Herder, 2a. edición 2010.

[5] No creo eso sí, que sea necesario que ocurra como a Dorothea Bucca, profesora de la Universidad de Bolognia, en el siglo 14, que debía taparse la cabeza y el cuerpo y dictar su cátedra desde una especie de confesionario, para que sus alumnos no la vieran, ya que su belleza podía perturbarlos.http://3.bp.blogspot.com/-S0CLJrLV6qI/UEQPL64PAlI/AAAAAAAAAL4/4Z27pZSxZpE/s1600/universidade-de-bolonha.jpg

[6] Se verían entonces como las mujeres chilenas -de Santiago- de la clase alta saliendo de la catedral a quienes me referí en este artículo: Las drapeadas del manto negro de espumilla y también Ir a misa en 1911

[7] Neonazis alemanes. Generalmente, de la clase con menos cultura formal e informal.