A doce años de la muerte de Lennart Meri

Hace doce años que murió Lennart Meri. Y hace once, que publiqué esta columna en el diario chileno La Segunda. Guardé copia de ella (después que La Segunda sacó la página con nuestras columnas: Zona de Opinión de La Segunda) en un blog que titulé Columnas en La Segunda

Lennart Meri : El comunismo ha muerto, pero nadie ha visto su cadáver

La frase es de Lennart Meri, fallecido hace un año, el 14 de marzo de 2006, en Tallin. Presidente de Estonia entre 1992 al 2001. Fue pronunciada en una conferencia de prensa, en Alemania, en 1990.

Como muchos otros estonios, letonios y lituanos, Meri fue deportado a Siberia, en 1941, en trenes- cárcel (vagones con barrotes, como esos en que se traslada a los animales) con su mamá y su hermano.

En una de sus célebres conferencias, que tuvo lugar en Suecia en 1999, hacía ver que “el comunismo es difícil de definir, pero fácil de describir”.

En esa ocasión, Meri explicaba que en aquellos vagones que trasladaban a los deportados del Báltico a los campos de concentración de Siberia y Asia Central, estaba prohibido cantar. Ello se debía -continúa- a que los militares polacos asesinados en Katyn, entonaban cantos cristianos en los vagones que los conducían a la muerte, lo que desmoralizaba a los soldados soviéticos que estuvieron cerca de no cumplir su misión… y atemorizaba a los comunistas. Para que no volviera a ocurrir lo que los católicos polacos habían estado a punto de lograr, las autoridades ateas prohibieron el canto a los luteranos estonios…

Al partir, su papá Georg Meri -diplomático estonio y traductor de Shakespeare- le dijo “cuida a tu mamá y tu hermano, ahora eres el hombre de la casa”, tenía doce años. Fue la última vez que lo vió.

Sí, él y su familia fueron víctima de una de dos ideologías más deletéreas del s. XX. En efecto, Meri explica que los dos estados totalitarios tenían diferentes uniformes, pero sus soldados eran gemelos. No hay mayor diferencia entre el “ser infrahumano” del nacional socialismo y la “nación hostil” (vrazhdebnaya natsiya) del comunismo, entre una represión y la otra. Entre el Führer y el Vozhd, continúa.

Al igual que tantos intelectuales del “otro lado de la cortina de hierro”, Meri comprendió que si su nación quería sobrevivir al totalitarismo, su única oportunidad estaba en la cultura, la palabra escrita y hablada. Así, Meri se convirió en un gran estudioso de la lengua fino-úgrica (también llamada fino-húngara). Él, como otros, no recurrió a las armas; pero en el fondo “la palabra” fue un arma infinitamente más eficaz y más temida que las kalashnikov soviéticas.

Meri fue un patriota estonio, pero no un nacionalista. Además de su propio idioma, hablaba fluidamente otros cinco. Uno de sus alumnos -o debería decir discípulos- el joven politólogo norteamericano Ross Mayfield cuenta que él conoció Chichén Itzá (en la península de Yucatán) gracias a Meri.

Meri -continúa Mayfield- fue uno de los pocos políticos europeos que han sido capaces de mirar más allá de sus propias fronteras nacionales… al margen -digo yo- de toda la locuacidad que exhibe la Unión Europea.

En uno de los períodos más crítico de la historia reciente, cuando estuvimos a punto de presenciar un enfrentamiento armado al Norte de Europa, en 1991, en la antesala de la autodisolución del imperio soviético, Lennart Meri era ministro de relaciones exteriores de la Rep. Socialista soviética de Estonia, país que se había atrevido a declarar su independencia. Se temía que Moscú reaccionara como en 1956 en Hungría y en 1963 en Praga, esto es, con la fuerza de las armas… y de los tanques.

No deja de ser significativo -a la luz de la prohibición de cantar en los vagones-cárcel- que el movimiento que condujo a la independencia estonia se conozca como la revolución cantando (Singing Revolution), precisamente porque el arma estonia era la palabra, la palabra cantada.

Gorbachov advirtió que no se puede detener el curso de la historia (sobre todo si está basada en un acuerdo internacional como el espúreo pacto Hitler-Stalin) y, en contra de la opinión de muchos de sus correligionarios, reconoció la independencia de Estonia y con ello, inició el proceso de desmembración de la URSS, del cual muchos aún no han podido recuperarse, como lo puso de manifiesto el reciente discurso de Wladimir Putin en la 43 Conferencia de Seguridad en München.

Inmediatamente después de la independencia, Lennart Meri, escritor, productor de películas y dramaturgo -al que no le fue permitido dedicarse al estudio de la historia, pues se le consideraba peligroso para la estabilidad política- fue elegido presidente de su país.

La frase de Meri, que sirve de título a esta columna, tiene un significado especial para nosotros en el mundo occidental. Karol Wojtyla (otro sobreviviente de los dos grandes totalitarismos del siglo pasado) escribe en su libro “Memoria e Identidad”, citando a un político occidental: “sabemos que el comunismo cayó al fin a causa de la insuficiencia socioeconómica de su sistema. Pero esto no significa que haya sido desechado realmente como ideología y como filosofía. En ciertos círculos de Occidente se continúa considerando su ocaso como un perjuicio y se lamenta su pérdida”. considerando su ocaso como un perjuicio y se lamenta su pérdida”.

 

 

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La pedofilia en la Iglesia católica – Mi opinión

Esta semana, vi la película “El Club” (2015), de Pablo Larraín. En parte, me decidí a verla, porque se habla de ella en Alemania, sobre todo porque se la compara con la más conocida “Klerus” (2018), del polaco Wojciech Smarzowski.

En “El Club”, la música de Arvo Pärt suena aún más triste y melancólica. No, no es la intención del director Pablo Larraín, que sea una película triste, al menos no siempre. Al menos, eso creo. Pärt es uno de mis músicos contemporáneos favoritos; pero tengo que reconocer que los trozos escogidos para la cinta, en sintonía con el clima del pueblo o caleta de pescadores de La Boca es… es harto deprimente, como me comenta una amiga experta en cine.

El tema es igualmente deprimente. Pero que lo sea, no quiere decir que podamos o que debamos ignorarlo. Ignorar una realidad porque es deprimente es un “lujo sibarita” que no nos podemos permitir. Muy por el contrario, también -o sobre todo- los temas deprimentes tienen que ser objeto de nuestra atención. Más aún si es un tema tan doloroso pero sumamente importante como el abuso sexual de niños, cometido por quienes deberían haberlos protegido con más fuerza, con más dedicación, con más amor.

Con más amor y no con el abstruso egoísmo que busca el propio placer a costa de la vida, de la integridad y de la personalidad de menores de edad; niños, jóvenes, adolescentes. Esto es sibarismo máximo, Epicúreo manda saludos. Todo lo que la Iglesia católica -y el cristianismo en general- enseñó que no era bueno, que era muy malo; todo esto sale a relucir de su peor forma en el caso de abusos sexuales por parte de sacerdotes o, en general, de personeros de la Iglesia.

La personalidad de Sandokan (en “El Club”) es representativa de tantos niños y jóvenes, cuya vida ha sido destruida[1]. Víctimas de abusos, víctimas de pedofilia, Víctimas de inescrupulosos egómanos que sólo se centran en su placer, incluso a costa de la ruina de menores de edad, indefensos, ante el máximo poder de sacerdotes o profesores. Si creemos que las víctimas están antes que los victimarios, Sandokan debería ser el personaje más importante de la película.

Desde tiempos inmemoriales, la Iglesia ha protegido a los niños. Los padres les han confiado a sus hijos, a sus hijas y la Iglesia, como institución, los ha acogido y custodiado. La Iglesia ha enseñado a respetar la dignidad de los niños[2]. A respetarlos como seres humanos, frente, por ej., al derecho romano o a las costumbres medievales (costumbres tales como casar a los niños apenas nacían con otros niños que ellos ni conocían[3]).

Asimismo, los personeros de la Iglesia (sacerdotes, laicos, hombres y mujeres) que han abusado sexualmente de niños cometen pecados siempre graves -tradicionalmente, se llamaban “pecados mortales”, lo que nos da una idea de su gravedad-. Pecados, en contra por lo menos de dos de los diez mandamientos que Dios entregó a Moisés. Contra el sexto y también contra el noveno mandamiento. De manera que lo que hacen estas personas no es menor, sino algo gravísimo.

Pero no es solamente un pecado, sino que es también un delito. Esto es, una “acción u omisión voluntaria penada por la ley”, como se dice escuetamente el Código Penal chileno[4]. Sí, si una persona -sacerdote, profesor o profesora, entrenador o entrenadora, pastor o pastora- abusa sexualmente de un menor de edad, aparte de cometer un pecado grave, comete un delito. No estamos pues sólo ante un tema de moral, de ética o puramente religioso o espiritual como puede ser odiar al prójimo, mentir a los padres o comer una casata entera de helado de pura gula… No, estamos frente a algo que es inmensamente más grave. Y que causa más daño a la víctima. Estamos frente a un delito.

Y ante uno que tiene que ser denunciado ante la justicia estatal y ser perseguido por ella. La medida reciente del Vaticano en el sentido de que toda denuncia acerca de un acto de pedofilia debe ser comunicado a la justicia ordinaria del respectivo país es, sin duda correcta. Lo malo es que llega muy tarde. Después de décadas de silencio, de complicidad, de mal entendido esprit de corp, de cobardía. El callar, el ocultar los actos pedófilos de sacerdotes y otros, dentro de la Iglesia fue absolutamente injusto y causó muchísimo dolor y sufrimiento extremo. Encubrir a un delincuente hace cómplice al encubridor del delito y por tanto, lo convierte en delincuente.

Hace años pregunté a un sacerdote español[5] de quien yo tenía una buena impresión qué habría hecho él si hubiera de un sacerdote pedófilo. Me respondió que habría que enviarlo a otro lugar, para que cambiara de ciudad. Su respuesta me convenció aún más de que generaciones enteras de sacerdotes católicos, poco y nada han entendido. No saben que un hombre pedófilo no va a cambiar su tendencia de un día para otro sólo porque lo mandan a otra ciudad o a otro país. Por el contrario: va a llegar a un sitio nuevo donde encontrará nuevas víctimas, ya que nadie sabe de su tendencia pedófila. Es como a un pez que cambian de pecera luego de que se ha comido todo el alimento de la primera. Ahora va a ingerir todo el de la segunda pecera.

No, no es amor a la Iglesia callar sobre la pedofilia. Eso no es defender a la Iglesia. En realidad, eso es odiarla, detestarla y hacerle daño. No se trata de ir inmediatamente a “contarle a los periodistas”, como pregunta el padre Silva al Padre García en “El Club”. A lo que él responde que no lo hará porque él ama a la Iglesia y “no le quiere hacer daño”. Pienso que este es un craso error. Callando, ocultando lo ocurrido y encubriendo a los abusadores, es como más daño han hecho ellos a la Iglesia. De manera que, si alguien la quiere de verdad, va a tener que ponerse las pilas y oponerse a muchos hombres oscuros y denunciar los hechos. Y, sobre todo, ayudar a las víctimas y creerles. Sé por experiencia[6], que lo que más duele a las víctimas de pedofilia dentro de la Iglesia es que no les crean. Hay que darles credibilidad, por ahí se empieza.

Hay que confiar en el derecho del país en el que se vive y denunciar prontamente a la justicia ordinaria los delitos cometidos bajo el alero eclesiástico. Hago ver que no estamos frente a delitos cometidos por personas que trabajan para la Iglesia; pero que los han cometido en su vida privada. No se trata ni de un robo de dulces en el supermercado, ni de hacerse pasar por otra persona para entrar a la zona VIP de un aeropuerto. Se trata de delitos graves cometidos en su calidad de pastores o profesores, sacerdotes, etc. De delitos que ho hubiera podido cometer si no hubiera abusado de la supuesta “calidad moral” de su profesión u ocupación. Es gente que se aprovecha de la Iglesia para cometer sus fechorías. Y sus encubridores no son mejores. O como dijo alguien, sería mejor colgarse una piedra al cuello y tirarse a un río[7].

Sí, dada la confianza de que goza la Iglesia como protectora, educadora, custodia de niños, sus padres le confiaron a sus hijos. No fueron “confiados” a esas personas por ser el Padre Lazcano, ni el Padre Vidal, ni menos el Padre Gatica. No, los niños les fueron confiados por ser miembros, representantes de la Iglesia, sacerdotes, profesores, educadores. Porque -repito- la Iglesia, desde tiempos inmemoriales ha protegido a los niños bajo su alero. Con ello se ha ganado la confianza y ha adquirido competencia en el ámbito de la educación y el cuidado de los niños. Con su pedofilia, estas personas se han aprovechado de la confianza y la han pisoteado con los dos pies y con sus dos manos.

Es más, se cree que muchos de quienes abusaron de menores en la Iglesia, entraron a ella, precisamente porque sabían que ahí había niños y que esos niños estaban más o menos desprotegidos dentro de la institución, ya que todos pensábamos que la Iglesia los custodiaba y protegía amorosamente. Y que eso era protección suficiente. Craso error, como se ha visto. A veces, hay que ser como los zorros y no como las ovejas.

Entre paréntesis, si haces algo muy bueno, eso no te da licencia para hacer algo muy malo. En psicología, psiquiatría o neurociencia, esto se llama licencia moral o moral licensing. Consiste en pensar que he hecho tanto bien, que“tengo tanto a mi favor, tanto a mi haber, que ahora puedo desquitarme y hacer algo malo”. Es como las hojas de un balance: a un lado el haber, al otro el débito. Nadie me puede decir que los “sacerdotes pedófilos” no sabían que estaban haciendo algo muy pero muy malo.

Es cierto que muchas personas se convierten en entrenadores de deporte, porque saben que así tienen también acceso a niños. Esto cierto y creo que no tiene mucho sentido el debate acerca de dónde se cometen más abusos, si dentro o fuera de la Iglesia. Puede ser que la mayoría de los delitos de pedofilia se cometa en el ámbito familiar y no en la Iglesia. Al parecer, es esta una triste realidad. Pero no es esto lo que estamos analizando y no tiene sentido contraponer la familia o el club de natación a la Iglesia y sus colegios.

La pedofilia es, en la Iglesia aún más grave -si cabe hablar así- ya que los niños fueron entregados a la Iglesia por la protección especial que ésta ha dado a los menores a lo largo de los siglos, lo que significa que se ha “ganado” una especial confianza. Y también, porque es la misma Iglesia la que enseña sin pausa que los delitos del tipo abuso sexual son una ofensa super grande, un pecado muy pero muy grave. Quien no entienda esto y use el argumento de que “todos lo hacen” o que “en otra parte es peor” adolece de una horrible doble moral y de una gran insensibilidad y falta absoluta de empatía.

Entre paréntesis, muchos sectores católicos conservadores (incluyendo a muchos laicos y laicas) han sido tradicionalmente los primeros en criticar los pecados y también los delitos de tipo sexual. Ahora son ellos los primeros en taparse los ojos y los oídos cuando se da a conocer este tipo de delitos cometidos por sacerdotes. Si esto no es el máximo de los fariseísmos, no sé cómo llamarlo.

Flaco favor le hacen a la Iglesia quienes ocultan la pedofilia, tratan de descalificar a la víctima y con ello, justifican lo injustificable. Hace algunos años, una amiga mexicana, me mostró una caricatura en que Jesucristo bajaba de la cruz para perseguir a los curas pedófilos con un látigo (como hizo con los mercaderes del templo). La caricatura es lo más claro y verdadero que he visto sobre el tema.

En suma, creo que tenemos que dejar de lado la doble moral. Lo que está mal, está mal. Hay que llamarlo por su nombre y denunciarlo[8]. Denunciarlo a la Iglesia, al estado y darlo a conocer a la opinión pública. Aquí juegan un papel relevante los periodistas serios y responsables, aquellos que no buscan el sensacionalismo y no les da lo mismo el sufrimiento de las víctimas. No hay que olvidar que la premisa fundamental es: las víctimas son más importantes y no pueden esperar. Hay que concentrarse en ellas, en acogerlas, en creerles, en ayudarlas y en apoyarlas, para que se haga justicia.


[1] El artículo de Wikipedia sobre la película, ni siquiera menciona a Sandokan. Sólo en el elenco.

[3] Por eso se habla de “consumación del matrimonio”, porque ya estaban casados por sus padres y con el acto sexual, durante la adolescencia, sólo “consumaban” el matrimonio.

[6] Por mi contacto con víctimas con las que he tratado y he intentado ayudar.

[7] Cfr. Lucas 17,2. El Evangelio habla de lanzarse al mar; pero el cardenal Meisner hablaba del río Rhin. Y no lo dijo una sola vez.

Maersk en San Antonio

Sin duda no hay una sola causa para que Maersk haya cerrado su fábrica de contenedores refrigerados en San Antonio. Bien puede haber sido “la sobreproducción de contenedores en el mundo” o bien “la falta de materias primas a nivel regional”. O ambas. U otras causas.

Luego del anuncio de la naviera danesa, el Presidente de Asimet[1] se preguntó, no sé si romántica, poética o patéticamente “¿en qué fallamos como país”[2]. (Pienso en Enrique MacIver y su famoso discurso del año 1900[3]). Califica el impacto del cierre de la fábrica como un balde de agua fría. Prosigue en el mismo tono: “¿estarán dispuestos otros inversionistas extranjeros a arriesgar su capital en Chile?”.

¿Quieren saber cómo contestan los daneses a tales preguntas? Søren Leth Johannsen, director comercial de Maersk Container Industry, explica: “hay que recordar que los chilenos no son industriales como lo son los chinos. Son campesinos y mineros que han aprendido a soldar”[4]. Pero en el mundo de hoy, parece que soldar no es suficiente.

Una amiga mía que vive y trabaja en Alemania, comenta que los profesionales universitarios chilenos tienen muy buen nivel. Pero no así los obreros y el personal no-universitario. Esto es una pena y una injusticia frente a los miembros más pobres de la sociedad chilena. Capacitación y perfeccionamiento son las palabras claves. La educación dual sería la escalera para llegar a ser un país industrializado.

Mientras muchos exigen “educación universitaria gratuita”, capacitar y perfeccionar a los obreros, a los campesinos, a los trabajadores más sencillos no es tema en Chile. Y son estas las claves para “no fallar como país”.

Se plantea que otra de las razones para que Maersk se haya ido de San Antonio es la huelga de más de dos semanas que tuvo lugar en octubre pasado en la fábrica. En ella, los trabajadores exigían las mismas condiciones de trabajo de que gozan sus colegas de Maersk en Dinamarca (!). Parece que quisieron correr antes de aprender a caminar y la caída fue tremenda.

¿No habría sido más apropiado compararse no con los daneses, sino con los chinos? Porque los contenedores refrigerados de Maersk serán producidos ahora en Qingdao, China[5], en la planta originaria de esa empresa y que funciona desde 1998, la que, “pese a las cambiantes condiciones del mercado, ha demostrado su capacidad para producir productos de alta calidad”. Allí Maersk consolidará su producción.

“Con el cierre en Chile, Maersk Container Industry tendrá su sede central con investigación y desarrollo en Dinamarca y dos plantas de producción en China para refrigeración y transporte”[6]. Tal vez, algún día, Chile pueda albergar la central de investigación y desarrollo de una gran empresa. Para eso, necesitaríamos menos abogados y más químicos, físicos y biólogos y buenos técnicos de todas las especialidades[7].

Apropósito de China, paralela a la noticia del cierre de San Antonio, trascendió que la competencia china de Maersk, Cosco Shipping, se instalaría en Perú[8]. Tal vez, incluso, habría sido más apropiado que los sindicatos chilenos se comparara no con los daneses sino con los peruanos.

Otra amiga mía, opina que los peruanos pueden hacer el mismo trabajo que los trabajadores chilenos; pero más barato. De ahí la importancia de agregar un valor al trabajo de los chilenos. Lo que sólo puede ser posible mediante el aprendizaje, la capacitación y el perfeccionamiento permanente. Un perfeccionamiento que dura toda la vida, como decimos en alemán[9].

Los ejecutivos daneses de Maersk insisten en que la decisión no la tomaron debido a la huelga de octubre pasado. Les creo. Dicen que ellos nunca estarían en contra de una huelga, ni de la formación de sindicatos. También les creo. Sobre todo de cara a la opinión pública danesa y noreuropea en general. Hacen bien, una huelga es una cosa buena cuando las exigencias de los huelguistan no son desmesuradas.

El director ejecutivo de Maersk dice, con mucha empatía: “Lamentablemente, esta decisión afecta a nuestros 1.209 colegas calificados en San Antonio y estamos comprometidos a apoyarlos y cumplir nuestras obligaciones”[10].

La instalación de Maersk en Chile fue, en su momento, una sensación[11]. Fue un gran salto que acabó en un inmenso costalazo. Desde Chile, la naviera planeaba suministrar “contenedores refrigerados directamente a lo que se llamó el centro de exportación en la costa oeste de América Latina”. La idea era “colocar la fábrica justo donde está la demanda”[12]. San Antonio debería convertirse en un centro de exportaciones de la Costa Oeste sudamericana, hacia el otro lado del Pacífico.

La idea era llevar los contenedores refrigerados de fundo en fundo, recogiendo los productos agrícolas, transportarlos a los barcos que hacían la ruta a Asia y otros destinos. Así evitaban que los contenedores refrigerados que construían en China, viajaran vacíos a Sudamérica. Ello suponía el desarrollo de una cadena de suministros a nivel local, desde el mismo territorio chileno o desde los países vecinos (en este caso, especialmente Colombia, Ecuador y Perú).

Maersk habla de “la dificultad permanente para obtener, a nivel regional, los proveedores de insumos esenciales para la fabricación de contenedores”[13]. Esto también falló, aumentando más aún el costo de aprovisionamiento de las necesarias materias primas[14]. ¿Fue un problema de infraestructura? ¿De proveedores? ¿Realizará alguien alguna investigación sobre el tema? ¿Alguna universidad?

“Como consecuencia del exceso de capacidad en el mercado de contenedores Maersk ha reconocido que la fábrica en Chile no es competitiva”, explica su comunicado de prensa[15]. Los chilenos estamos acostumbrados a ser los primeros de la Región; pero eso no basta, la competividad es hoy global. No basta estar en la OECD. El esfuerzo tiene que ser diario por mejorar y corregir los errores.

Nadie se puede dormir en los laureles. Un ingeniero comercial con un postgrado en una buena universidad norteamericana, nada puede hacer sin buenos trabajadores que co-laboren con él. Creo que hay que re-pensar el trabajo en Chile. Necesitamos más capacitación, más perfeccionamiento permanente y más respeto por la dignidad del trabajo. A los obreros que ven en una huelga el “santo remedio” para todo, les diría: si queremos que nos paguen más, seamos mejores.


[1] Asociación de Industriales Metalúrgicos y Metalmecánicos.

[3] En su famoso Discurso sobre la Crisis de la República -más conocido aún desde que Gonzalo Vial lo citó en su “Historia de Chile“, MacIver quien el año 1900, se preguntaba: “¿Qué ataja el poderoso vuelo que había tomado la República y que había conducido a la más atrasada de las colonias españolas a la altura de la primera de las naciones hispanoamericanas?”

[4] Mærsk-investering i Chile lider nu samme skæbne som Tinglev-fabrik (JydskeVestkysten es el diario más grande de Dinamarca).

[6] Cfr. Mærsks containerforretning skal fyre 1200 ansatte i Chile “Con el cierre en Chile, Maersk Container Industry tendrá su sede central con investigación y desarrollo en Dinamarca y dos plantas de producción en China para refrigeración y transporte”. Tal vez, algún día, Chile pueda albergar la central de investigación y desarrollo de una gran empresa.

[9] Lebenslanges lernen.

[13] Maersk cierra su fábrica en Chile El “90% de los insumos para esta industria deben importarse a Chile”, se queja la empresa.

Franzani, Kast y los nazis

A mí me da lo mismo que el papá de José Antonio Kast haya sido nazi o no lo haya sido. A mí lo que me interesa es cómo es José Antonio Kast. Como es él como político, de eso depende si lo apoyo con mi voto, con mi opinión, con mis columnas o no.

Mi papá fue trotzkysta, hizo trabajos para Corea del Norte y lamentablemente contribuyó a difundir la doctrina norcoerana en Latinoamérica[1]. La familia de mi mamá era del Norte, gente radical, bombera y masónica. Pero yo no soy ni radical, ni bombera (aunque me gustaría serlo), ni masónica. Ni tampoco trotzyksta. Mi abuelo paterno era político del partido conservador (o sea, lo contrario de mi abuelo materno), incluso alcalde conservador de su pueblo; pero yo no soy conservadora. Mi mamá era prima en no sé qué grado de Luciano Cruz[2] (el fundador del MIR), pero yo no soy terrorista.

De ninguna manera podemos ser juzgados o alguien se puede formar una opinión sobre nosotros basándonos en cómo fueron nuestros papás, nuestras mamás o nuestros abuelos o antepasados. No nos pueden castigar, ni siquiera medialmente por ello. Hacerlo sería paradojalmente volver a la época de los nazis. Sí, fueron los nacional socialistas quienes, basándose en un supuesto antiguo derecho germánico, crearon el espúreo concepto de la responsabilidad del clan, de la familia, de los antepasados[3]. Es un poco lo que hace la mafia, en que cada uno de los miembros de una familia responde por lo que hacen los demás. Totalmente absurdo. En una sociedad civilizada, la responsabilidad es personal.

La responsabilidad es personal y las opiniones, también. Yo respondo de mis acciones y no de las de mis papás o de mis abuelos. De mis opiniones y no de la de otros. Lo mismo con planteamientos, creencias, dichos y hechos. Tampoco responderé de la de mis hijos ni de la de mis nietos, bisnietos o tataranietos. Uno de mis ancestros -dicen- mató a muchos “moros” en el siglo 15 en España: pero yo defiendo a los musulmanes y combato la islamofobia. No somos responsables de las actuaciones de nuestros antepasados. No heredamos su forma de pensar o actuar.

Si un periodista pregunta a Kast si su papá fue un nazi y Kast sólo le dice que no fue un nazi y que está orgulloso de él, en vez de explicarle lo que explica después en un video que parece que filmó en su casa[4], entonces, tampoco puede quejarse. La labor de un periodista es ser inquisitivo y hacer “preguntas pesadas”. Si no, no sería un buen periodista. Un político no puede reaccionar con desagrado o mal humor o decirle que vaya a “estudiar historia”. Esa es una actitud sobrada con la que no se llega a ninguna parte. En este punto, podrían aprender la humildad de la canciller Merkel, una de las claves de su éxito.

Hay otro video que muestra una mejor respuesta de Kast a una pregunta sobre el tema que le hizo la periodista Patricia Politzer[5]. Le explica que su papá fue reclutado a los 18 años y que su abuelita que lo crió, vivía en una familia judía donde la mamá y los dos hijos fueron asesinados[6]. Kast prosigue que pertenece a un movimiento cuyo fundador estuvo en un campo de concentración[7]. Me pregunto ¿por qué Kast no le contestó así al periodista Franzani? En vez de alterarse tanto.

Hasta donde puedo indagar, el papá de José Antonio fue Michael Martin Kast Schindele y nació el 2 de abril de 1914[8], de manera, debe haber sido reclutado en 1941 ó en 42. Entonces, el político chileno tiene razón cuando explica (lamentablemente no frente al periodista Franzani, sino en privado) que “un joven de 17 ó 18 anos no tiene opción de decir que no va a la guerra, cuando hay un enrolamiento obligatorio, ya que lo fusilan al día siguiente”[9]. Efectivamente, un joven de 17 ó 18 años no tenía ninguna responsabilidad en la guerra de agresión[10] que el gobierno de su país había iniciado.

Es lamentable que no se lo haya explicado al periodista frente a las cámaras y que ahora todo el mundo se lance en contra de Ignacio Franzani que sólo cumplía con su deber profesional haciendo preguntas incisivas. La única explicación es que la mención de un posible pasado “nazi” de su familia sea un trigger, esto es un desencadenante o gatillo psicológico que provoca una reacción de parálisis y/o de defensa en José Antonio. Un mecanismo psicológoco que hace estallar en alguien una reacción que no es la mejor. Sé que a veces es difícil controlarse; pero un político profesional debería saber hacerlo o aprenderlo. Y no quedar virtualmente paralizado o bloqueado.

En suma, me da lo mismo que el papá de José Antonio Kast haya sido nazi o no. A mí lo que me interesa es cómo es José Antonio Kast. O sea, como es él como político, de eso depende si lo apoyo con mi voto, con mis tweets, con mi opinión, con mis columnas o no lo hago.


[2] Mi tatarabuelo Luciano Cruz Ocaranza es nuestro antepasado común.

[3] Ver el artículo sobre la Sippenhaft en Wikipedia.

[4] El video en el tweet de José Antonio Kast, de 25 de junio de 2018.

[6] ¿Habrá sido la empleada de la familia?

[7] Indudablemente se refiere a Schönstatt y a Josef Kentenich.

[9] Ver el video en el tweet de José Antonio Kast, de 25 de junio de 2018.

[10] Sobre la Wehrmacht y los nazis, ver mi artículo El “ejército alemán” y los nazis

El “ejército alemán” y los nazis…

Nuevamente se plantea en Chile el tema de si el “ejército alemán” era lo mismo que los nazis. Sí, así más o menos en esos términos algo infantiles. En primer lugar, el “ejército alemán” es un término equívoco, porque a lo largo de la historia, ha habido muchos “ejércitos alemanes”, de manera que tenemos que delimitar de qué hablamos.

Se trata de la Wehrmacht, contemporánea de los nazis o más bien, creación de los mismos. La Wehrmacht o el poder de defenderse[1] o de atacar, fue creada por el régimen nacional socialista en 1935. Ese año, el ex-cabo del Ejército de Baviera, el austriaco Adolfo Hitler había concentrado totalmente el poder político sus manos.; totalmente o totalitariamente que viene a ser más o menos lo mismo. La famosa ley habilitante de 1933[2] lo había hecho posible. La ley que creó la Wehrmacht fue dictada el 16 de marzo de 1935[3].

Antes de la Wehrmacht -entre 1921 y 1935- existió el Reichswehr, el ejército para la defensa del Reino de la República de Weimar. Estaba organizado de acuerdo a las disposiciones y a las limitaciones impuestas en el Tratado de Versalles. Violadas secretamente, en concomitancia con la Unión Soviética, entonces de reciente creación. A partir de 1923, el Reichswehr apoyó la formación del Ejército Rojo y de sus soldados. A la vez que los soviets proporcionaban al ejército alemán armas (incluso químicas), munición y adiestramiento para militares alemanes. Era un do ut des -doy para que des- entre alemanes y rusos.

Años más tarde, la misma Wehrmacht ocuparía Polonia conjuntamente con el Ejército Rojo. Paradas militares y encuentros de todo tipo tuvieron lugar entre los soldados de ambos ejércitos de tan dispar o más bien de tan similar ideología. Los nobles alemanes que encabezaban el “ejército alemán” no tenían ningún problema en confraternizar con sus aliados militares, los proletarios bolcheviques. Por si alguien adolece de incredulidad y no sabe leer alemán, hay abundantes videos históricos en youtube sobre esta alianza.

Cuando Hitler y Stalin rompieron su pacto[4] y cuando Alemania empezó a perder la guerra, la Werhmacht tuvo que retirarse de algunos territorios. Practicó entonces la estrategia de la “tierra quemada”, destruyendo todo lo que quedaba a su paso, sin respetar vidas humanas, ni ciudades, ni monumentos históricos, ni iglesias, ni castillos, ni nada.  

No, el “ejército alemán”, la Wehrmacht no es lo mismo que “los nazis”. Los nacional socialistas eran un partido único que encabezaba un régimen totalitario. La Wehrmacht -con sus tres ramas: tierra, mar y aire- era otra cosa. La Wehrmarcht era la fuerza armada al servicio del Partido Obrero Nacional Socialista y de su deletérea ideología.

Los militares de la Wehrmacht tenían que jurar obediencia absoluta y hasta la muerte al Führer. ¿Se imaginan no jurar lealtad al país, a la Patria, sino a una persona? ¿A un líder máximo? Obediencia de cadáver se denomina en alemán, porque -dicen- que es como la obediencia de una persona muerta, que no piensa por sí misma, sino que recibe órdenes y hace lo que le dicen. Autómatas que cumplían órdenes sin pensar y sin sentir, ese era el ideal de soldado de la Wehrmacht.

En clases de derecho penal militar, yo aprendí en Chile[5] que la obediencia militar es una obediencia reflexiva, en que el soldado piensa por sí mismo y puede representar órdenes. E incluso negarse a cumplirlas cuando éstas son un delito. La pseudo obediencia impuesta por los nazis a los soldados alemanes no era reflexiva, sino cadavérica.

No, la Wehrmacht no es lo mismo que los nazis; pero en la Wehrmacht había muchos nazis. Y otros que no lo eran. Algunos no eran nacional socialistas; pero apoyaban esa ideología. Otros pocos no estaban de acuerdo con ella. De estos últimos, algunos desertaron, a ellos los esperaba el pelotón de fusilamiento. O, como altenativa, las brigadas de castigo, compuestas de soldados cuya muerte era irrelevante, daba lo mismo que murieran o no, recibían misiones suicidas. Así trataba la Wehrmacht a sus miembros.

La Wehrmacht fue el brazo armado que los nazis usaron en su guerra de agresión. Invadió un sinnúmero de países y los sometió a un régimen de terror. Sí, la Wehrmacht fue la organización armada empleada para ocupar territorios, para explusar a sus habitantes o simplemente para matarlos sin piedad (judíos, gitanos) o para esclavizarlos, como ocurrió con los pueblos eslavos.

La Wehrmacht fue creada por los nacional socialistas y organizada por ellos, de acuerdo a sus intereses. Incluso de acuerdo a los intereses privados de algunos de sus miembros. Sin ir más lejos, el uniforme de la Wehrmacht fue confeccionado en la fábrica de un miembro del partido nazi, que se llenó los bolsillos de dinero vendiendo sus productos, primero a la SA, a la SS y a las Juventudes de Hitler y luego a la Wehrmacht[6]. Quienes creen que los nazis era “jóvenes idealistas” o algo por el estilo, se equivocan. Intereses económicos y el ánimo de ganar dinero usando influencias y métodos de corrupción marcan la economía de esa época y de los miembros del “movimiento”[7]. Unos se enriquecían mientras a los otros exigían grandes sacrificios.

La Wehrmacht cometió crímenes de guerra e infringió todas las normas de derecho humanitario que nos podamos imaginar[8]. Aparte de ello, demostró una crueldad inusitada frente a seres humanos. Consideraban que los “pueblos” estaban en una especie de competición por quién vence al otro[9]. Y la competición era a muerte… Todo el que no fuera de mi etnia (Volk) era considerado mi enemigo. La barbarie parecía haberse apoderado de Alemania, de Austria y de otros países de la zona. Quienes competían en estas olimpiadas de la muerte eran los soldados de la Wehrmacht.

Comprendo que a algunos chileno-alemanes esto les cueste aceptarlo. Sus abuelos, sus bisabuelos, sus papás fueron tal vez soldados alemanes (generalmente de grados bajos, pese a los fantasías megalómanas de algunos de ellos). Ellos o no hablaban de lo que habían vivido o idealizaban la guerra, la glorificaban, como si hubiera sido una guerra heroica y ellos, los héroes vencidos a la espera de la venganza. Y si los abuelos no glorificaron la guerra, lo hicieron sus hijos o lo hacen sus nietos o bisnietos.

Evidentemente, nadie puede pensar mal de sus antepasados a quienes quiere y hacia quienes siente un natural agradecimiento. El tema de la disyuntiva o de la dicotomía de los “hijos y nietos de la guerra” es hoy un importante tema para psicólogos y psiquiatras en Alemania. Esta dicotomía ha creado personalidades divididas, casi esquizofrénicas. Muchos de los soldados de la Wehrmacht eran jóvenes entonces y fueron simple carne de cañón para los nazis. Nada había de heroísmo, nada de patria, nada de ideales. Creo que aceptar esta realidad, ayudaría mucho…

 


[1] Del verbo sich wehren, esto es ofrecer resistencia, luchar, forcejear.

[4] Llamado Pacto Hitler-Stalin o Molotov-Ribbentrop, que era el nombre de los ministros de relaciones de ambos países.

[5] De acuerdo al Código de Justicia Militar, de 1944.

[6] La fábrica usó mano de obra esclava que la Wehrmacht ayudaba a traer desde el Este. De manera que esclavos confeccionaban el unforme de sus carceleros.

[7] Así llamaban los nazis al Partido: Bewegung.

[8] Los prisioneros de guerra de la Wehrmacht, sobre todo los del Este de Europa, no eran alimentados, ni atendidos y el objetivo era que murieran.

Juan de Matienzo: una exigencia de justicia social

Si yo fuera supersticiosa (no lo soy), diría que es como un saludo de ultrarumba: me refiero al libro “Gobierno del Perú”, de Juan de Matienzo de Peralta, mi abuelo hace once generaciones. Esto es, mi abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo. Leo en la genealogía de mi familia que Juan fue “Relator de la Real Chancillería, Oidor y Presidente de la Real Audiencia de Charcas y, luego, de Lima; autor de la obra Gobierno de Perú; colaborador del Virrey Toledo en sus Ordenanzas”. Al parecer, el único de sus libros que que se ha conservado completo a través de los siglos, se puede comprar ahora en Amazon[1] y a un precio relativamente razonable.

Desciendo de su hija, Agustina de Matienzo y Toro, mi abuela hace diez generaciones. De ella se sabe que se casó en 1567[2] con Hernando (Fernando) de Aguirre y Torres y Meneses[3], con el que tuvieron seis hijas: desciendo de Inés de Aguirre y Matienzo, quien “como primogénita y a falta de varón heredó las encomiendas de su padre en La Serena”. Heredó sus bienes sólo porque Agustina y Fernando no tuvieron un hijo hombre… esa sociedad patriarcal.

Sigo leyendo la historia de mi familia: Agustina se trasladó al Norte de Chile en algún momento de la historia y allí se casó con Fernando (o Hernando, los conquistadores no tenían muy claro si escribían con F o H) de Aguirre, hijo del conocido conquistador Francisco de Aguirre de la Rua de Meneses y de María de Torres y Meneses. (Los Meneses parece que abundaban en esa época). Hijo legítimo, habría que aclarar, porque los hijos ilegítimos de Francisco de Aguirre fueron incontables[4].

Un detalle pintoresco de la historia es que “Matienzo, oidor de la Audiencia de Charcas, informó que la orden que llevaba Almendras[5] era traer a Aguirre ‘preso o muerto’”[6]. En otras palabras, el oidor Matienzo ordena a uno de sus subordinados capturar y llevarle “vivo o muerto” a Francisco de Aguirre, esto es, al papá de quien luego será más tarde el suegro de su hija, con quien no parecía tener demasiada condescendencia. Otro detalle pintoresco es que a Fernando de Aguirre en su cargo de “corregidor, le correspondió formar y encabezar la tropa que rechazó al pirata Francis Drake en la bahía de Guayacán (La Herradura) el 19 de diciembre de 1578”[7]. Con lo cual, puedo decir que desciendo de una de las pocas personas que vencieron al pirata inglés.

En realidad, nunca me ha gustado la genealogía, sobre todo porque muchos la utilizan para vanagloriarse de las reales o supuestas glorias de sus antepasados (generalmente más supuestas que reales). Alcurnia, nombre, pedigree… Cosas sin la menor importancia, ni en el pasado, ni en el presente, ni menos, en el futuro.

Sin embargo, tengo que reconocer que algunos de los párrafos de Juan de Matienzo me llenan… no diría que de orgullo, porque no es mérito mío ser su nieta once generaciones después; pero sí de un cierto agradecimiento e incluso, de admiración. Antes que nada, hay que considerar que mi abuelo hace once generaciones, es considerado hoy un proto-economista, esto es, uno de los estudiosos de los fenómenos que hoy se conocen como macro-económicos. Él los vivió -por así decirlo- y los estudió antes de que la economía fuera considerada una ciencia. En Wikipedia se habla sobre su pensamiento económico Y el economista rumano-argentino Oreste Popuescu escribió un libro donde se refiere a sus ideas económicas[8].

El capítulo 11[9] contiene una fuerte crítica a la situación que vivían -o más bien sufrían- los indios en el Perú del siglo XVI.Matienzo habla de los mitayos, esto es, los indios de la mita. La mita era una forma de organización del trabajo que venía de la época de los mayas y consistía en un tributo al estado inca (a los incas) en forma de trabajo. Fue adoptado por los conquistadores europeos, que aprovecharon esta forma pre-existente de organización laboral. Es la llamada ley de hierro de la oligarquía que yo explicaría simplemente con la frase: “los que están arriba siempre lo estarán, aunque haya un cambio de sistema político”. Consecuencialmente, los que están abajo, los mitayos, seguirán abajo, aunque se cambie de sistema. No creo que sea siempre así; pero muchas veces, ha ocurrido en la historia.

Matienzo explica que los mitayos sirven “a los corregidores y a los clerigos de la doctrina y a otros españoles para que los sirvan en su casa”. Los españoles deberían pagarles entre 25 y 30 pesos. El problema es que este dinero no es pagado a los indios mismos, sino a sus caciques, lo que, para él es “grande agravio y rrobo de los caciques”. Obvio, es una especie de esclavitud. Demás está decir que sólo una persona con gran prestigio y autoridad puede criticar el sistema que imperaba en el territorio. Más aún, si era el sistema que imperaba en la minería, de tanta importancia para los europeos.

Matienzo dice que los caciques “de adrede los mudan cada semana por que no cobren nada”. Esto es, para que evitar que se establezca una relación entre el empleador y el empleado, los caciques los cambian semanalmente a los indios de la mita. Esto ocurre tanto cuando trabajan en casas (casas particulares, diríamos hoy) como cuando realizan alguna obra de construcción: “lo mismo hacen quando dan mitayos a sus encomenderos quando hazen casas o alguna iglesia, aunque esta proveydo que no se haga”. En otras palabras, en las construcciones, debería estar prohibido relevar los indios cada semana. Los caciques lo hacen para cobrar ellos el sueldo de los indios de su mita.

“Tambien suelen dar mitayos y repartirlos en algunas ciudades para servicio de los españoles que no tienen Indios”. Dice Matienzo que es muy necesario que se pague a estos mismos mitayos, “aunque se muden cada semana”. Explica que habrá “hartos indios que de su voluntad se alquilen. Sabiendo que el provecho ha de eser para ellos”. En palabras de hoy, si los indios saben que el dinero será para ellos, entonces, tendrán un incentivo para trabajar. Uno de los principios de nuestra actual economía de libre mercado, uno de cuyos principales lemas es precisamente que trabajar debe valer la pena, “ser de provecho” para quién trabaja.

El oídor y presidente de la Audiencia de Charcas propone tres leyes sobre este tema: “1. Que los mitayos (…) se les pague el tiempo que sirviesen a ellos mismos”. Sí, a ellos mismos, por el tiempo efectivamente trabajado, y no a sus caciques, como era la mala costumbre de la época.

“2. (…) que los Indios que se dieren para hazer casas e iglesias se les pague en fin de cada semana lo que fuese tasado por la Justicia a ellos mismos y si las mugeres trabajaren se les pague la mitad”. Este debe ser el origen del gender gap o desigualdad de género en el plano laboral. Interesante es que las mujeres, al parecer, también trabajaban en la construcción, lo que, un par de siglos más tarde, sería impensable. Lo de la fijación del precio “por la justicia” es también muy interesante. La teoría del valor y precio justo”[10] fue un tema que interesó especialmente a Matienzo.

“3. (…) que la Justicia de orden como se den Indios para guarda de los ganados pagandoles sus trabajos a ellos mismos y no a sus caciques”.

4. Que a los indios que sirvan en la minería y en las ciudades “pagándoles si alquiler como a los demás”. Matienzo llama alquiler al sueldo o salario, a la retribución que se debe por el trabajo realizado[11].

En suma, Matienzo propone reformar todo el sistema económico del reino, reemplazando la mita por un orden económico en que el empleador pague directamente al trabajador o a la trabajadora su sueldo (al final de cada semana). Y no que pague a un intermediario que es el cacique, ya que esto es un “gran agravio y un robo” que se hace a los indios pobres, quienes no reciben la correcta retribución por el trabajo realizado, puesto que los caciques indios recurren a un ardid (cambiar a los trabajadores cada semana) para que no les paguen directamente a ellos, sino a sus jefes indios, los caciques.

Si Matienzo viviera hoy, sería un partidario de la libertad económica, de la autonomía individual, de la economía social de mercado; y este corto pero contundente capítulo de su libro, podría llamarse algo así como “una exigencia de justicia”.


[2] Dos primos míos -que no se conocen entre sí- independiente el uno del otro, confeccionaron sendos árboles genealógicos: uno dice que se casaron en Perú y el otro, en La Serena. Esto se explica porque la Capitanía General de Chile era, en esa época, parte del Virreynato del Perú.

[4] Cuando fue amonestado por esta circunstancia, se cuenta que contestó: se hace “más servicio a Dios en hacer mestizos que el pecado que en ello se cometía”. Se imaginan lo desconforme que estoy mi antepasado. Menos mal que hoy vivimos en otros tiempos.

[5] Martín Almendras, un conquistador, de quien se lee en Wikipedia: “Eran más de 100 soldados que venían comandados por Martín de Almendras, pero él fue muerto por los indígenas calchaquíes en Humahuaca”, Segundo gobierno del Tucumán (1563-1567)

[8] El capítulo titulado Juan de Matienzo and Tomás de Mercado, en el libro Studies in the History of Latin American Economic Thought Popuescu escribe sobre la obra de Matienzo: “In order to carry out such a commitment, the work must have been arduous and one assumes that it would have required intense dedication, through many years of effort; much reading and deep meditation (…). But Matienzo had accumulated a great reserve of experience in scientific research carried out the decade before.” (Para llevar a cabo tal compromiso, el trabajo debe haber sido arduo y se supone que habría requerido una intensa dedicación, a través de muchos años de esfuerzo; mucha lectura y meditación profunda (…) Pero Matienzo había acumulado una gran reserva de experiencia en investigación científica llevada a cabo la década anterior.).

[9] Págs 27 y 28.

[10] Teoría del valor y precio justo en el pesamiento de Juan de Matienzo.

[11] Cfr. pág. 26.

“Corrupción a la carta”, recensión del libro de Tamara Agnic y Susana Sierra

“La lucha contra la corrupción se enfrenta a una paradoja peculiar: escándalos más visibles llevan a la gente a suponer que la situación está empeorando, cuando la realidad es que el escándalo es una muy buena señal de que la tolerancia a las malas prácticas ha disminuido”, escriben las autoras del libro “Corrupción a la carta”[1].

Sí, esta paradoja me lleva a pensar en la llamada paradoja de Tocqueville, según la cual, “la reducción de la desigualdad eleva la sensibilidad acerca de su existencia”. Haciendo una analogía, podemos decir que “la toma de conciencia del fenómeno de la corrupción aumenta la sensibilidad frente a su existencia y a la necesidad de combatirla”.

En otras palabras, no es la corrupción la que ha aumentado -no necesariamente- sino la percepción de la misma. Hoy somos más concientes de qué es corrupción y somos más diligentes a combatirla… y a denunciarla. Nos “escandalizamos” más de las malas prácticas propias de la corrupción. Aunque, a veces, debamos reflexionar un rato, o recurrir a una persona amiga y preguntarle qué opina. Vemos con más facilidad la mota de polvo, como si fuera ampliada con un vidrio de aumento[2].

Las autoras del libro citado explican que “esta paradoja es consecuencia de un error común…: la generalización… Cuando los escándalos llevan a creer que la corrupción es algo que todos hacen…”[3]. Se comienza a pensar, por ejemplo que “todos los políticos son corruptos”. Olvidando, diría yo, que “los políticos” salen de la misma sociedad[4]. O, en otras palabras: “la sociedad tiene los políticos que se merece”, como dice el adagio popular.

Esta paradoja de la corrupción tiene dos lados: el primero es el que acabamos de ver, el pensar que este mal es aún mayor, ya que, vemos la mota de polvo con el aumento de una potente lupa, por así decirlo, ya que nuestra conciencia se ha hecho más fina. Mientras menos corrupción, más la vemos.

El segundo lado es más negativo- y nos puede llevar a paralizarnos.- pues consiste en ver la corrupción como algo tan generalizado que me lleve a justificar que yo también cometa actos corruptos, si total, “todos lo hacen”. Así, “se pierde la fe en la propia capacidad de hacer algo” frente a la corrupción[5].

O tal vez, recurra al “todos lo hacen, yo también puedo”, con lo que se cae en el círculo vicioso de la corrupción, del que hay que salir y salir cuanto antes, entrando al llamado círculo virtuoso. Es significativo que en alemán -un idioma muy expresivo- se hable de Teufelskreis, esto es, círculo del demonio y de Engelkreis, esto es, de círculo de los ángeles.  

No, nadie se puede lavar las manos frente a la corrupción[6], la lucha enconada en su contra es responsabilidad de todos. Si queremos políticos y empresarios probos (la probidad[7] es, por así decirlo, lo contrario a la corrupción), tenemos que empezar por nosotros mismos. El tradicional lema “pobre pero honrado” es un himno a la probidad que ha acuñado la sabiduría popular. Pero es, además, una injusticia pensar que quien no es honrado se enriquiecerá más; cuando, en realidad, quien no es honesto, no debería tener la menor posibilidad de enriquecerse.

Una amiga me contaba que sus hermanas le comentaban qué corruptos eran los políticos que gobernaban su país; pero, inmediatamente, se alegraban de haber comprado una película pirata que vendían en la calle. Mi amiga se preguntaba si sus hermanas contribuían o no a hacer de su país, un país más probo y menos corrupto comprando copias ilegales que venden en la calle… La respuesta parece muy clara: decididamente no.

“Si como sociedad queremos enfrentar el problema de la corrupción y evitar que las malas prácticas coopten el funcionamiento de nuestras instituciones, políticas y económicas, es necesario reconocer que cada uno de nosotros contribuye, en alguna medida, a la proliferación de la corrupción”[8] y… a contrario sensu, podemos y debemos contribuir más bien a la “proliferación”, el avance, al triunfo de la probidad[9]. También podríamos hablar de integridad, voz igualmente usada como antónimo de corrupción.

Cuando en una reunión de curso, un papá ofrece sacar fotocopias para toda la clase en la oficina donde trabaja y nadie -salvo yo- le dice nada… Como me tocó presenciar en Alemania hace poco. ¿Alguien piensa que los alemanes son los seres más honestos del mundo? No, es sólo que en Alemania hay más controles, después de todo, una de las frases favoritas de los alemanes es: “la confianza es buena; el control es mejor”. Si la repiten tanto, por algo será.

Ninguno de nosotros es infalible por naturaleza; de alguna manera “todos somos corruptos”[10] o -más bien- todos somos corruptibles, esto es, somos susceptibles de ser corrompidos. Por tal razón, las autoras prefieren no hablar de “personas corruptas”. No quiero convertirme en una especie de Sancho Panza que se lleva repitiendo máximas, pero el saber popular, por algo ha acuñado el lema de acuerdo a la que “la ocasión hace al ladrón”. Mejor no dar ocasión…

“‘Corrupción’ es una palabra que hace algunos años sonaba extraña en Chile, no iba con nosotros, era un problema de otras personas, de otros países”[11]. De alguna manera, Chile se durmió probo y se despertó corrupto[12]. “El año 2015 terminamos de desencantarnos y despertamos a una realidad muy dura … Esto nos llevó hasta el otro extremo: de pensar que no éramos nada de corruptos, a pensar que todo estaba perdido; comenzamos a compararnos con los peores, a darnos por vencidos. Había mucho pesimismo en el aire… Esta reacción tan violenta tampoco ayuda a mejorar la situación…”[13].

Sin embargo, no hay que perder de vista que el mejoramiento de la sociedad es una tarea de todos[14]. Es el “granito de arena” de que habla Tamara en la mencionada entrevista de La Red[15]. La corrupción no es inevitable[16], no es un hecho de la causa, ni una marca del destino, ni nada que se le parezca. Muy por el contrario, eso nos queda muy claro -si no lo teníamos antes- después de leer el libro.

El libro de Agnic y Sierra es absolutamente y totalmente recomendable, una excelente reflexión acerca de cómo podemos contribuir todos, desde nuestro personal y limitado ámbito de acción, a combatir la corrupción o -poniéndolo en positivo- a elevar el nivel de probidad de la sociedad en que vivimos. Además, es un libro optimista, realista sí y mucho; pero muy optimista y eso es bueno 🙂


[1] Tamara Agnic, Susana Sierra, “Corrupción a la carta: las malas prácticas sobre la mesa”, Ediciones B, Chile, 2017, pág. 11.

[2] Tomo la analogía de Santa Teresa de Ávila, la leí -hace muchos años en su autobiografía. Decía que mientras más avanzáramos en la vida interior, más veíamos lo que no estaba bien, como si viéramos una mota de polvo con una lupa.

[3] Pág. 11.

[4] “…pensé en la famosa frase, según la cual, “cada país tiene los políticos que se merece”. En otras palabras, si una sociedad se comporta de esta manera, en la vida privada -por así decirlo- entonces, tampoco puede esperar que la “clase política”, que sale de esa misma sociedad, sea mejor, se comporte de otra manera.” La lucha contra la corrupción es responsabilidad de todos 

[5] Pág. 11.

[6] Cfr. pág. 159.

[7] “La etimología de probidad nos remite a la lengua latina, más precisamente al término probitas. La probidad es la honestidad y la rectitud: una persona honrada, por lo tanto, es aquella que tiene probidad. Puede decirse que la probidad está vinculada a la honradez y la integridad en el accionar. Quien actúa con probidad no comete ningún abuso, no miente ni incurre en un delito. Lo contrario a la probidad es la corrupción, que implica un desvío de las normas morales y de las leyes. La probidad, en definitiva, es una virtud”, en definición.de

[8] Pág. 159.

[9] Ya contaba en mi artículo anterior sobre el tema  La lucha contra la corrupción es responsabilidad de todos que “Cuando busco ‘probidad’ en Google… Google me pregunta si me equivoqué y, en realidad, quería escribir “propiedad”.

[10] Pág. 159.

[11] Pág. 165.

[12] Dice Juan José Lavín, el periodista de La Red en la entrevista que hace a Tamara Agnic en Entrevista Verdadera – Tamara Agnic – Viernes 12 de Mayo 2017. Otra entrevista muy buena en  Entrevista a Tamara Agnic Co-Autora del Libro “Corrupción a la Carta”

[13] Pág. 165.

[14] Cfr. pág. 168.

[16] Cfr. Tamara Agnic Corrupcion-entre-privados 

Fachos pobres

Al parecer, todo empezó cuando “Estando en el Estadio Nacional y, luego de los primeros cómputos, un grupo de adherentes de Guillier gritaban enardecidos ‘fachos pobres’ a un grupo de simpatizantes de Piñera”[1]. Esto es, fascistas pobres… como si los fascistas hubieran sido “ricos”. Históricamente, el fascismo o los fascismos (incluyento al nacional socialismo[2]) fue un movimiento de carácter social y apoyado por los más desposeídos de la sociedad[3].

La multitud enardecida que descalificaba como “fachos pobres” a personas partidarias de un candidato que no era el propio. Aparentemente se basaba en que, pese a que “cómo estaban vestidas” y en “su color de piel (morenos, como la mayoría de este país)”[4]. Esto es, caían en los prejuicios y en los “estereotipos tontos”[5], por no decir en el racismo o, en el mejor de los casos, en el mero clasismo. En ese juzgar a las personas por las apariencias… Parece que no saben que las apariencias engañan…

Se supone o al menos, la izquierda lo supone que la gente más pobre es de izquierda. Yo que crecí en un ambiente de izquierda, sé que no es así. Que antes no era así y hoy lo es aún menos. Las barreras entre la izquierda y la derecha, entre abajo y arriba (ya no vivimos en los tiempos de “Upstairs, Downstairs”[6]), entre adelante y atrás tienen hoy muy poca importancia tienen. O ninguna.

Hoy votamos no por un compromiso político pre-establecido, pre-concebido, heredado o impuesto… Hoy votamos libremente y de acuerdo a nuestro convencimiento frente a la actuación, al programa, a la competencia o incompetencia de los candidatos a la Presidencia y del grupo político que lo acompaña. Hoy tenemos amigos de todas las tiendas políticas, ya que vivimos afortunadamente, en una época no-ideológica o al menos, no tan ideológica como hace cincuenta o setenta años.

Volviendo al tema de los “fachos pobres”, pienso que este prejuicio viene de una antigua teoría, de cuyo autor ni siquiera quiero acordarme, según la cual, las capas más pobres, los obreros, los campesinos, los “trabajadores” (auque todos los que trabajamos seamos trabajadores y no sólo ellos) son quienes reemplazan, mediante un proceso de lucha de clases -que bien puede ser implementado a través de las urnas- a la burguesía. La izquierda sería la portadora del estandarte político que remueve a la burguesía en un proceso histórico irreversible.

De manera que las clases más pobres -los obreros, campesinos, la clases trabajadora y los intelectuales autores de la teoría, de acuerdo a la cual, “los filósófos sólo han interpretado el mundo, llega la hora de cambiarlo”[7]-… todos ellos, serían los partidarios de una política de izquierda, nunca de una de derecha. Esto es, de Guillier o de Sánchez, nunca de Piñera o de Kast. Quienes apoyen a cualquiera de estos dos últimos candidatos cometerían una especie de traición, de felonía frente a su clase, a la clases de los más pobres o de los supuestamente más pobres. Es una teoría bastante rebuscada e injusta, que quita libertad a las personas.

Ahora bien, como teóricamente, las clases “menos afortunadas” en Chile han sido tradicionalmente una mezcla entre los primeros conquistadores y los pocos indios que había en nuestro territorio, se ha identificado tradicionalmente a las clases más pobres, con los que menos se ven como noreuropeos. Los que tienen nombres españoles y no ingleses o franceses (más países europeos apenas se conocen en Chile…). Sorry, algunos apellidos alemanes han pasado trabajosamente a integrar ese círculo de la “clase más alta”, como Möller, por ej. No se me ocurre ningún otro.

Hasta aquí una explicación bondadosa, pero de ninguna manera una justificación de los prejuicios racistas y clasistas de quienes gritan a otras personas “fachos pobres”, lo que me parece una falta de respeto, de criterio, un no aceptar la libertad, la democracia, ni las libres decisiones de otras personas. Y un ejemplo de racismo y de clasismo injustificable. Es que, como hace ver un antropólogo chileno “Mucha gente de izquierda piensa que las personas con pocos recursos tienen un deber de identificarse con la izquierda, porque se declara representante de sus intereses. Luego, el pobre que no es de izquierda, desde este punto de vista, sería ignorante y, además, estaría alineado”[8].

Pienso que una de las cosas que la izquierda chilena simplemente “no cacha”… perdón, no capta, no entiende es que las transformaciones, el avance, tal vez no venga más de su lado político, sino del otro. Tal vez la derecha chilena -al menos en alguna de sus versiones- es más avanzada, más social y más progresiva que el conservadurismo de la izquierda, tan aferrada al pasado… a un pasado ideológico, por lo demás, tan poco glorioso. Claro que hay varias derechas en Chile, así como también hay varias izquierdas y supongo -espero- que alguna de ellas, rechace estos gritos de “facho pobre”.

Ya no vivimos en los años 1930, ni en los 1940, ni 1970. Hoy eres libre de ser partidario de quien quieras, de Piñera, de Guillier, de Kast o de Sánchez. Da lo mismo que provengas de una familia de tez morena (mitad “mora” y la otra mitad, mapuche) o que desciendas de algún intelectual ucraniano de piel muy blanca y ojos muy azules, pero cuya familia apoyó la revolución rusa. Da lo mismo que tu papá haya sido partidario de Kim Il Sung, como el mío[9] o de Franco, como el de algunos inmigrantes españoles. ¿Somos todos iguales y libres, o no?

En el fondo, gritar a partidarios de Piñera “fachos pobres” equivale a quitarles la libertad y la autonomía de pensar lo que quieran y actuar -en este, caso, de votar- en consecuencia.


[2] Si se lo quiere incluir dentro de los fascismo, como hacen algunas teorías. E incluso hizo Nolte. Sobre él, ver mi columna Los dos Nolte. Breve consideración sobre Ernst Nolte

[3] Con Evita Perón, podemos hablar de los “descamisados”.

[7] Mi traducción libre de la frase de Marx en sus Theses über Feuerbach, “Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert,es kommt aber darauf an sie zu verändern””.

Todas las rubias votaron / votamos por Piñera – El voto rubio en Chile

Una diputada comunista (sí, Chile es tan anticuado que aún existe el Partido Comunista) dijo algo así como “Vi en Recoleta una cantidad de personas que no había visto nunca, de pelo muy rubio”[1], con lo que ella explicaría el triunfo del candidato que no era el suyo -ya que ella era jefa de campaña de Alejandro Guillier- por el “voto rubio”. “Güerito” le llamarían en México.

De partida y antes que nada, tengo que confesar que yo no soy rubia y que voté por Piñera (aunque no soy su incondicional: en la primera vuelta, había votado por Felipe Kast, me gusta Evopoli, sobre todo por su compromiso social). Por eso, decidi cambiar mi foto de perfil en Facebook, por una foto mía con peluca rubia. (Esta foto con peluca rubia, la tomé para mis viajes al Este de Alemania[2], por si acaso me veo enfrentada a gente de extrema derecha).

Yo no sé si puede haber algo más absurdo y más bajo que sostener que la gente que no es rubia -así como yo, que tengo el pelo negro- vota o tiene que votar por el candidato contrario a Piñera… Más aún si Sebastián Piñera -que ahora tiene el pelo blanco- si mal no recuerdo, también tenía el pelo negro[3].

Todo esto es aún más ridículo, si se considera que la misma señora del candidato Alejandro Guillier, de la que Cariola era su jefa de campaña, tiene el pelo castaño bien claro… Tanto que, en Chile, pasar por rubia. Vean su foto para convencerse. Y eso qué importa! Nada! Esto es del “voto rubio” es más que simplemente un “estereotipo tonto”[4], es una estupidez.

Yo creo que da exactamente lo mismo el color de pelo, de ojos, de piel, de… de no sé qué que tenga una persona… En el siglo 21 somos libres de votar por quién queramos y nadie tiene derecho -ni a priori, ni a posteriori- por desprestigiarnos, discriminarnos, a hablar mal de nosotros por el tema de nuestra apariencia física.

En Europa, la no discriminación, el no al racismo son banderas de la izquierda. En Chile -el mundo al revés- parece que es la izquierda -anticuada y pechoña- la que está a favor del prejuicio y de la discriminación absurda y sin sentido. 

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[2] Al territorio de la antigua República “democrática” alemana.

La democracia, la elección y el poder absoluto

Cobra especial actualidad en la Europa de hoy, un antiguo pensamiento, muy popular en mis años de universidad en Chile, que yo misma, repetí algunas veces y de cuya falsedad y peligrosidad estoy convencida.

Me refiero a sostener que la democracia se agota en la votación. Esto es: si se vota, hay democracia. No se necesita nada más que una elección. Noy hay democracia => si tiene lugar una elección => hay democracia. Este es el algoritmo.

La fórmula democracia = elección conlleva una crítica de la misma democracia, según la cual, la democracia sería una mera forma vacía, un simple procedimiento, de acuerdo al cual, se puede llegar a cualquier cosa. Un proceso vacío y meramente formal.

De partida, los críticos a la democracia -que nunca han sido pocos; pero hoy están sentados en el parlamento de muchos países del primer mundo- hacen ver que esto llevaría al más completo relativismo, sino a mayor escepticismo. El escepticismo -escuché muchas veces- sería la filosofía en que se basa la democracia, ya que no habría nada en qué creer, sólo en un mecanismo formal al que se le entrega el destino del país.

En cada elección se decidiría lo que es bueno y lo que es malo, lo que se podría revertir en la siguiente elección. “La aceptación y repudio sociales serán los criterios que nos lleven a favorecer ciertas conductas y a sancionar otras”[1], nos explica García-Huidobro, quien tienen una posición crítica respecto a esta postura.  

En otras palabras, se interpela la democracia, que se identifica con las elecciones, porque en las elecciones se podría decidir libremente acerca de todo. Y quien detenta el poder, por haber sido elegido, puede decidir acerca de cualquier cosa, puede adoptar nuevas medidas, cambiar la legislación a su antojo. En otras palabras, legitimación electoral equivale a legitimación democrática, puesto que democracia y elecciones se aceptan como sinónimos.

Esta forma de entender la democracia es, por lo menos, arcaica. Puede ser la manera en que se entendía a comienzos del siglo 18, al iniciarse la Revolución Francesa. Pero sostener, en el siglo 21, que quien gana las elecciones puede hacer todo lo que quiera, es al menos infantil. Cuál no sería miy sorpresa, al constatar que hoy, sectores de extrema derecha, siguen creyéndolo.

En otras palabras, la misma crítica que ellos hacen a la democracia, es lo que ellos entienden por democracia. Así es muy fácil: construyo un edificio que se va a caer y después critico a los constructores de edificios porque no saben construir.

La ciencia jurídica, la ciencia política y los pueblos, las sociedades han avanzado bastante desde 1789 y hoy hablamos de derechos de las minorías, de cláusulas pétreas o eternas en las constituciones estatales. O de orden fundamental de libertad y democracia, como hace la constitución alemana de 1949.

Asismismo, hoy en día, existe un entramado de tratados internacionales que protegen, por ej. los derechos fundamentales, el respeto a la división de poderes, los mecanismos de protección de los derechos políticos, etc., acuerdos que todo estado firmante debe respetar aunque cambie el gobierno.

Desde después de la II Guerra Mundial hablamos en el mundo de democracia valórica (y no relativista), de democracia militante[2] y hasta de democracia combativa[3], en el sentido, que “combate” a sus enemigos, se defiende de sus ataques, no permanece inerme ante ellos. Esta concepción “implica un reconocimiento a ciertos valores fundamentales para la existencia y subsistencia de la democracia, a los cuales adhiere o milita en forma irrestricta, tomándose las medidas de seguridad para impedir su destrucción”[4].

Se trata de no dar a los enemigos de la democracia, la posibilidad “legal” de destruirla[5]. Ellos no pueden carcomerla desde dentro, aprovechándose de una cierta impotencia, desvalimiento o falta de recursos para defenderse. Insisto: la democracia no puede ser un sistema neutro de reglamentación de la génesis y distribución del poder, que carece de elementos esenciales e inmodificables que, por lo demás, permiten su subsistencia como tal[6].

Ahora bien, esta forma de ver la democracia como un procedimiento formal y vacío de contenido es lo que da pie para criticarla, precisamente a quienes no le tienen demasiado aprecio… Esta misma forma de mirarla, presa de la misma mentalidad diciochesca que profesan o más bien que critican sus críticos, es la que ha renacido hoy en día en sectores más bien anti-democráticos o que no sienten cariño alguno por lo que ellos despectivamente llaman “democracia liberal”. Incluso, ellos se han empezado a llamar a sí mismos “iliberales”.

Así, los partidarios de una democracia iliberal -que parece ser una nueva manera de llamar a la pseuso-democracia dirigida o controlada por una camarilla, sea de izquierda o de derecha- parece que ellos mismos están cautivados por el concepto de democracia como sinónimo de elección, al cabo de la cual, quienes hayan ganado pueden hacer lo que quieran.  

El periodista polaco Bartosz Wielinski explicaba -en una entrevista de la semana pasada- lo que el partido actualmente en el poder en Polonia (parte del bloque de los “iliberales”), que lleva la significativa y equívoca denominación “Derecho y Justicia”[7], entiende por democracia y qué consecuencias se derivan de ello:

“El partido entiende la democracia como el resultado electoral. Piensan que si son elegidos por el pueblo, si tienen una mayoría –ellos tienen la mayoría en el Parlamento, pese a haber obtenido sólo el 37% de los votos–. Pero ellos lo entienden así: si tienen una mayoría entonces pueden hacer cualquier cosa en el Parlamento. Pueden pasar a llevar las normas parlamentarias, abusar de ellas. Pueden limitar la independencia del Poder Judicial. Sencillamente, pueden hacer todo lo que quieran. Esta es una comprensión curiosa y extraña de la democracia”[8].

Sí, la democracia se identifica con la elección y la elección -y por tanto, la misma democracia- no es más que un mecanismo vacío de contenido. Si gano la elección -cualquiera que sea el resultado formal, el porcentaje que obtengo en el “proceso eleccionario”, puedo hacer todo lo que quiera dentro del país, dentro del estado, “remodelarlo” a mi gusto. Total, tengo la legitimidad democrática que me da haber ganado la elección.

En otras palabras, los mismos grupos que criticaban la democracia como un mecanismo formal y vacío, hoy han adoptado tan en serio la falsa definición de democracia que ellos mismos daban, que cuando llegan el poder, la utilizan como si fuera verdadera, pero para sus propios fines. Como si una elección, les diera poder absoluto…

No sólo critican a quienes construyen un falso edificio, sino que se instalan en el falso edificio a vivir dentro de él, no cuidándolo, sino que todos los días, botan una de sus murallas, empiezan por los muros interiores, de arriba a abajo, para terminar -ese es su verdadero objetivo- destruyéndolo completamente. Prefiero construir un edificio asísmico.


[1] Joaquín García-Huidobro, “Tentación del poder. Expresión política de las creencias religiosas”, Editorial Andrés Bello, 1a. edición, Santiago 1986, pág. 72. Me regalas un ❤ en Instagram?

[2] Militant democracy, según Karl Loewenstein en su obra de 1937, citado por Salzborn, pág. 192.

[3] Streitbare Demokratie.

[4] Para saber cómo es el tema en Alemania, recomiendo darse una vuelta por El Orden fundamental de libertad y democracia

[5] Samuel Salzborn, “Angriff der Antidemokraten. Die völkische Rebellion der Neuen Rechten”, Beltz Juventa, Berna 2017, pág. 192.

[6] Ver opinión de Gerhard Anschütz, en El Orden fundamental de libertad y democracia

[8] “Die PiS versteht Demokratie rein als ein Wahlergebnis. Sie glauben, wenn sie vom Volk gewählt werden, wenn sie eine Mehrheit haben – sie haben die Mehrheit im Parlament, trotz sie nur 37 Prozent der Stimmen bekommen haben -, aber sie verstehen das so, wenn sie eine Mehrheit haben, dann können sie alles durchsetzen im Parlament. Sie können die Spielregeln im Parlament missbrauchen. Sie können die Justizunabhängigkeit beschränken. Sie können einfach alles. Das ist wirklich ein skurriles, kurioses Verständnis der Demokratie. Und jetzt versuchen sie, die Leute davon zu überzeugen, dass das, was in den Gerichten geschah, sehr falsch war, korrupt war, und somit muss es eine Säuberung geben. Die Gerichte müssen gereinigt werden”. En Geplante Justizreform “Das Justizwesen in Polen wird gleichgeschaltet”, la traducción es mía.