¿Cuál es la finalidad de la nueva ley sobre la historia del Holocausto en Polonia?

Reconocemos el proyecto de ley como una herramienta para la manipulación ideológica, la imposición de una política histórica oficial y un intento sin precedentes de intervenir en el debate público sobre la historia polaca en un estado democrático. La verdad histórica no se puede decretar de antemano, porque surge de una investigación confiable basada en el material de origen. La ley adoptada en esta forma es un instrumento que puede usarse para comparar la popularización y la discusión de los resultados de la investigación científica independiente, mostrando la compleja verdad sobre el Holocausto. Su difusión no puede estar sujeta a control y presión política. (Texto de la declaración del Centro de investigación sobre el Holocausto de los judíos, acerca la modificación de la Ley del Instituto de Memoria Nacional, en Polonia[1] [2]).

La directora del Centro de Investigación sobre el Holocausto en Polonia, del Instituto Internacional para la Investigación del Holocausto Yad Vashem, Havi Dreifuss afirma que, en países normales, la investigación histórica no tiene que ser aceptada o rechazada por el estado[3], como parece ser el caso de hoy en Polonia. La pregunta que nos hacemos es ¿ha dejado Polonia de ser un país normal?

Lo que pasó esta semana, me ha dado bastante qué pensar. Me refiero a la decisión de la justicia  irlandesa que rechazó la extradición de un ciudadano polaco (Artur Celmer, acusado de narcotráfico), debido a que “los recientes cambios legislativos en el sistema judicial polaco han sido tan inmensos (so immense) que el tribunal superior de Irlanda se ve obligado a concluir que el estado de derecho en Polonia ha sido sistemáticamente dañado (systematically damaged), socavando la confianza mutua (mutual trust) que se halla en la base del proceso de la orden de detención europea”[4], la vía por la cual Polonia solicitó la extradición. Duras palabras de la sonriente jueza irlandesa Aileen Donnelly.

Ahora corresponderá resolver al Tribunal europeo de Justicia (en Luxemburgo) a quien Irlanda envió el caso, en consulta. Es probable que los otros 50 casos de extradición solicitada por Polonia a Irlanda se suspendan. Más aún, Gary FitzGerald, director del Centro Irlandés para el Derecho Europeo en el Trinity College de Dublín, advierte que no sería sorprendente si otros países otros países de la Unión Europea decidieran no extraditar a Polonia en espera de la resolución del Tribunal europeo[5].

Laurent Pech, profesor de Derecho europeo en la Universidad de Middlesex se refiere al desmantelamiento de la independencia del poder judicial, independencia que es uno de los componentes clave del estado de derecho[6] . En primer año de derecho, aprendimos que la división de poderes y la consiguiente independencia de los tribunales de justicia es uno de los pilares básicos del estado de derecho. Del estado de derecho como lo conocemos en los países de tradición liberal democrática representativa, lo que ciertos países del Grupo de Visegrad, hoy rechazan y prefieren hablar de una cierta “democracia iliberal”. No sé por qué recuerdo a las “democracias populares” del socialismo real.

Cabe preguntarse ¿qué repercusiones puede tener esta circunstancia, este virtual secuestro de la justicia polaca[7], que se traduce en este daño tan inmenso a los tribunales polacos, si consideramos que son esos mismos tribunales los encargados de juzgar, de acuerdo a la mencionada ley que comentamos, la Ley del Instituto de Memoria Nacional, llamada en inglés, simplemente Holocaust Law.

No sin razón, la historiadora Havi Dreifuss quien, debido a sus investigaciones[8], viaja frecuentemente a Polonia, teme hacerlo ahora, bajo la vigencia de la nueva legislación, aunque ésta, supuestamente, exime a los académicos y a los artistas de responsabilidad penal. “Para mí, lo más problemático en esta ley es crear una atmósfera de miedo en Polonia al hablar de estos temas”[9].

Dreifuss elogia a sus colegas polacos, ahora más en peligro que ella y que todos quienes estamos fuera del alcance de los tribunales polacos polaca, salvo que también nos quieran extraditar. “Polonia tiene estudiosos maravillosos que realmente cambiaron nuestra comprensión de muchos aspectos del Holocausto. El hecho que ellos y sus estudiantes  -especialmente los estudiantes- no son parte de la exención, entonces tendrán que pensar dos veces antes de trabajar en estos temas, lo que es algo muy problemático”[10] [11].

El caso del diario argentino Página 12[12] es, no sé si llamarlo ridículo o grotesco, aunque creo que estos calificativos son muy suaves para describir la realidad[13] . Menos mal que la jurisdicción de los tribunales polacos no llega a Argentina, no va más allá de sus fronteras, ya que, de otra forma, estaríamos frente a un intento de establecer una “censura global”[14], con muchas víctimas inocentes. Me refiero a víctimas reales y no fictivas, del intento de acabar con la libertad de prensa e imponer una única verdad oficial.

El historiador polaco-norteamericano Jan Tomasz Gross[15] -expulsado de la Universidad de Varsovia en 1968, encarcelado durante varios meses y que debío abandonar el país debido a la campaña antisemita de ese año[16]– nos explica que su patria “choca actualmente con la Unión Europea, debido a la destrucción de la independencia judicial en Polonia (…) Y ahora la nueva ley ha desatado una disputa diplomática con Israel por la falsificación de la historia del Holocausto”.

Con Renan Berger, nos preguntamos ¿Cuál es el propósito de esta ley? ¿Cuál es el mensaje que el gobierno polaco trata de transmitir al mundo?[17] ¿Realmente se trata de “defender el honor polaco”?[18] ¿De quién? Con el mismo Berger, nos respondemos: en realidad, lo que verdaderamente están haciendo es “crear la reacción opuesta y sólo están llamando la atención sobre todas estas atrocidades”[19]. Sí, toda esta discusión nos lleva a investigar más sobre el tema y a no dejarnos amedrentar por amenazas en redes sociales. Parece que es verdad que de lo malo, siempre se puede sacar algo bueno. Esta ley más parece combatir el honor polaco que defenderlo. Honor que -por lo demás- nadie en el mundo ha ofendido, como quiere hacer creer el gobierno polaco.

¿Cuál es el verdadero objetivo de esta ley? Historiadores polacos explican que esta es “una herramienta para la manipulación ideológica, para la imposición de una política histórica oficial y es un intento sin precedentes de intervenir en el debate público sobre la historia polaca en un estado democrático”[20].

Por su parte, Dreifuss señala: “Muchos judíos en Polonia, agrega, fueron asesinados no en los campos de exterminio, sino en manos de los polacos. ‘Esto es algo que Polonia no quiere aceptar y aparentemente lo que esta nueva ley trata de encubrir’”[21]. Podemos decir que el encubrimiento es uno de los propósitos de la ley.

Siempre me ha llamado la atención la forma en que algunos polacos reaccionan cuando se ven enfrentados a las atrocidades o a la crueldad que otros polacos cometieron contra los judíos y contra otras minorías en Polonia durante la II Guerra o, en general, en el pasado. Las niegan. Para mí, dice mucho que, durante la II Guerra se denominaba szmalcownik, a polacos que denunciaban o entregaban judíos a los nazis o extorsionaban a quienes los protegían[22]. Si hasta la lengua polaca ha acuñado una palabra para designar esta acción, concluyo que sí existió y no fue una gran excepción como nos quieren hacer creer los apologetas de una Polonia inmaculada o “Cristo entre las naciones”, como se autodenominan en un arranque increíble de soberbia que los hace compararse con el Salvador.

Gross hace ver que la ley no pretende proteger la reputación de Polonia, sino que su “objetivo final es falsificar la historia[23]. Creo que tiene toda la razón. “Las autoridades polacas quieren amordazar cualquier debate sobre la complicidad de los polacos en la persecución de ciudadanos judíos, por lo que es ilegal discutir el asunto”[24]. Hay que considerar lo absurdo sostener la ilegalidad de un debate, de una investigación histórica, del estudio académico. “Las autoridades polacas quieren bloquear cualquier debate sobre la complicidad de los polacos en la persecución de ciudadanos judíos, por lo que es ilegal discutir el tema públicamente y contra los hechos”[25].

Por su parte, el periodista polaco Maciek Wisniewski (quién, entre otros medios, escribe para Le Monde Diplomatique), dice que lo que, “en realidad pretende es sanitizar la historia al gusto de los ultranacionalistas en el poder”[26]. Sanitizar, me explican consiste en “Dejar algo muy limpio, libre de microbios. Es un anglicismo, viene de sanitize, que significa limpieza o pureza extrema”[27]. Para mí, esta es, una forma de tergiversar la historia, para “quedar bien”, un poco lo que hacían muchos alemanes en la década de 1950. Los países del socialismo real, no tuvieron la posibilidad de discutir sobre la historia, ya que toda discusión que se escapara del marco de la intepretación única, oficial y estatal de la historia, estaba prohibida. En el fondo, el gobierno actual de Polonia, vuelve a lo mismo que el país vivió durante el comunismo.

Barbora Černušáková escribe en Time: “lo que está en juego no son los hechos ocurridos en torno a la Segunda Guerra Mundial, sino la libertad de expresión y la aplicación desmedida de la ley para reprimir las opiniones disidentes. Al ilegalizar todo pronunciamiento, declaración escrita o imagen que parezcan dañar ‘la reputación de la República de Polonia y la Nación polaca’ o que sugieran que hubo responsabilidad o complicidad polacas en los ‘crímenes nazis’, restringe aún más el derecho a la libertad de expresión y tendrá un efecto negativo más general”[28].

Y lo que es peor, Gross advierte que “se cierne un desastre mayor”, pues, con el pretexto de defender los derechos soberanos de Polonia, las autoridades aceptan los prejuicios xenófobos y antisemitas de algunos sectores de la población y, al mismo tiempo, exacerban tales sentimientos[29]. Esto se aprecia en las manisfestaciones públicas de lo que nosotros llamamos extrema derecha (aunque la izquierda europea es también profundamente antisemita) y en la quema de muñecos que representan a judíos-cliché, como vimos hace pocos meses en Polonia. “Los medios controlados por PiS han despertado aún más las emociones, al sugerir que fuerzas externas -en particular, los judíos- quieren evitar que Polonia diga la verdad sobre su propia historia”[30]. En las últimas semanas, incluso popularizaron el hashtag #StopJewishLies

Maciek Wisniewski escribe en Página 12, que la sola mención de la Masacre de Jedwabne, “impide seguir calificando el antisemitismo polaco –parte integral de la anatomía del nacionalismo local, étnico e inherentemente excluyente– como algo marginal o inofensivo. Contradice la visión dominante que sólo fuimos víctimas (del nazismo, del comunismo, de la historia en general)[31]”. Para algunos, Polonia no seria nada más que una víctima. Me pregunto cuántos crímenes se han cometido en la historia en virtud de la victimización.

“No es sorprendente que uno pueda ver el aumento del antisemitismo en las redes sociales, en la televisión y en la prensa que apoya al gobierno. Una sociedad movilizada en torno a una propaganda tan mentirosa se volverá cada vez más xenófoba, hasta que los polacos más abiertos de mente encuentren en su hogar un lugar inhóspito para vivir”[32], dice Gross y creo que habla por experiencia propia. ¿Le podrá extrañar a alguien si pronto empezáramos a recibir a los primeros asilados o refugiados polacos? Al igual que recibimos ya a los primeros turcos. El historiador de Princeton habla sobre la “fuerza destructiva de un gobierno dispuesto a aprovechar los peores instintos de una población para mantenerse en el poder”[33].

“Una Polonia monoétnica, podría ser el turno de la élite educada para emigrar, con un impacto incalculable en el capital social del país”[34]. Todos quienes pertenecemos a la generación Juan Pablo II y leímos “Cruzando el Umbral de la Esperanza”, sabemos que Polonia nunca fue ni mono-étnica, ni mono-religiosa, ni menos mono-cultural. Sobre Polonia, él nos explica: “A lo largo de los siglos de su milenaria historia, Polonia ha vivido la experiencia de ser un estado de muchas nacionalidades y de muchas confesiones cristianas, y no sólo cristianas. Tales tradiciones hicieron y hacen que un aspecto positivo de la mentalidad de los polacos sea la tolerancia y la apertura hacia la gente que piensa de modo distinto, que habla otras lenguas, que cree, reza o celebra los mismos misterios de la fe de modo diferente”[35]. ¡Qué diría Karol Wojtyla si supiera hoy de la ley sobre la historia del Holocausto!


[6] Cfr. Laurent Pech (@ProfPech), profesor de Derecho europeo en la Universidad de Middlesex. En Ireland refuses extradition over concern at Polish justice reforms

[7] Mi columna anterior: “Hoy, Polonia está secuestrada por oscuros fantasmas del pasado. Por un lado, el fantasma del antisemitismo ancestral, del antisemitismo de los pogromos centro-europeos. Y por otro, el fantasma de la época del socialismo real, con su intento de establecer una verdad histórica oficial y única, que no puede, que no debe ser contradecida, so pena de sufrir un castigo penal, algo tan propio de la tradición comunista. Estos dos fantasmas se expresan pues claramente en la llamada Ley sobre el Holocausto”, en Havi Dreifuss y otros historiadores sobre el Holocausto en Polonia 

[8] Desde noviembre de 2010 dirige el Centro de Investigación sobre el Holocausto en Polonia, del Instituto Internacional para la Investigación del Holocausto Yad Vashem, Havi Dreifuss y otros historiadores sobre el Holocausto en Polonia

[11] Sí, dentro de Polonia y entre los sectores con más cultura de la sociedad polaca, hay una gran resistencia a las medidas autoritarias del gobierno del PiS, dirigido tras bambalinas por Jarosław Kaczyński. Gross hace ver acertadamente que “Jaroslaw Kaczynski, líder del PiS. Su partido busca una mayoría constitucional en el parlamento que le permita establecer un régimen legalmente autoritario y asegurar su poder por un largo tiempo”.

[12] Ver, entre otros artículos sobre el tema: Por el buen nombre de Polonia y Revisionismo con fuerza de ley

[13] La declaración de una supuesta “liga de antidifamación de Polonia” es realmente de un cinismo que da vergüenza ajena. El “sueño del pibe” de algunos grupos conservadores siepre ha sido tener una liga antidifamación de ellos mismos, para contrarrestar la famosa Liga antidifamación judía.  

[15] Los innumerables usuarios polacos de Twitter denigran a Gross de la peor manera. Entre otras cosas, sostienen que no es historiador (tal vez porque tiene un doctorado en sociología en Yale), en circunstancias que es profesor de historia en la prestigiosa Universidad de Princeton y profesor invitado en las universidades de Harvard, Stanford, California en Berkeley, Columbia, Paris, Viena, Cracovia y Tel-Aviv.

[16] El mismo Gross nos explica que “La última vez que un gobierno polaco usó el antisemitismo en su propaganda oficial, hace 50 años, cuando el Partido Comunista estaba en el poder, la limpieza étnica resultante llevó a miles de sobrevivientes del Holocausto y sus hijos a emigrar de Polonia”. Poland’s death camp law is designed to falsify history

[18] Todo por el honor de Polonia nota 3 que cita Ustawa chroniąca dobre imię Polski uchwalona o La ley que protege el buen nombre de Polonia pasó.

[25] Poland’s death camp law is designed to falsify history (La ley del campo de exterminio de Polonia está diseñada para falsificar la historia)

[27] Agradezco a @federicoalves su tweet explicándome el significado de esta palabra..

[35] Juan Pablo II, “Cruzando en Umbra de la esperanza”, capítulo 22 “A la búsqueda de la unidad perdida” (Una mejor traducción habría sido: En busca de la unidad perdida).

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Havi Dreifuss y otros historiadores sobre el Holocausto en Polonia

Una de las voces más mesuradas en el debate acerca de la Ley sobre el Holocausto -debate que algunos ven como una verdadera guerra[1]– es la voz de Havi Dreifuss, profesora de la Universidad de Tel Aviv, quién “desde noviembre de 2010 dirige el Centro de Investigación sobre el Holocausto en Polonia, del Instituto Internacional para la Investigación del Holocausto Yad Vashem”[2]. En otras palabras, es una de las expertas, a nivel mundial, de lo que ocurrió en Polonia durante la ocupación alemana, en lo relativo al genocidio del pueblo judío.

Antes que nada, hace ver que “aquellos que intentan retratar lo que sucedió en términos de blanco y negro muchas veces cometen errores”[3]. Esa es su premisa fundamental y me parece que es un buen comienzo. Pienso que la mayoría de las cosas, no son ni blancas, ni negras, sino que más bien son grises, frase que escuché muchas veces a Jutta Burggraf. Es más, Dreifuss advierte que “las percepciones judías de sus vecinos polacos cambiaron drásticamente incluso en el transcurso de la guerra. ‘Si nos fijamos en lo que los judíos escribieron sobre su entorno polaco durante los años del Holocausto, se ve que hasta 1942 solían describir a los polacos de manera muy positiva, e incluso cuando había polacos que los perjudicaban, solían verlo como un fenómeno marginal. Desde mediados de 1942 en adelante, sin embargo, comienzan a referirse a los polacos en términos muy duros’”[4]. Me pregunto qué cambió en 1942. Tal vez que, el verano de 1942 comenzó la Acción Reinhardt[5], nombre clave para designar el asesinato sistemático de todos los judíos y “gitanos” del llamado Generalgouvernement, esto es, de los territorios de Polonia y de Ucrania ocupados por Alemania.

Haaretz explica que, de acuerdo a la historiadora, “los campos de exterminio fueron establecidos donde estaban, no porque los alemanes vieran a los polacos como verdugos voluntarios, sino más bien, por razones logísticas, específicamente por la gran cantidad de judíos en el país”[6]. No sé si saben que la mayoría de los campos de exterminio nazi estaban en Polonia[7] [8]. (Sobre la ubicación del campo de concentración de Auschwitz, que ha sido motivo de gran controversia, Wikipedia nos explica que fue escogido este lugar porque su localización era favorable desde el punto de vista de las posibilidades de tráfico. Auschwitz había pertenecido al Imperio austro-húngaro en el siglo XIX y, desde ese tiempo, existía una línea ferroviaria entre Viena y Cracovia. Esta conexión ferroviaria simplificó la rápida deportación de judíos de muchas regiones de Europa hacia Auschwitz. Asismismo, el entorno escasamente poblado, con sus ríos como obstáculo natural para evitar los escapes. Además, los mismos ríos y otros obstáculos naturales ocultaban el acceso al lugar, lo que dificultaba la mirada pública al campo de Auschwitz”[9]).

“’Tenían razones prácticas para establecerlos en las partes orientales de lo que veían como territorio alemán’. Pero aunque los campos de exterminio no fueron una invención o iniciativa polaca, señala Dreifuss, eso no exime a los polacos de su responsabilidad por las atrocidades cometidas contra los judíos en su territorio. Aunque Polonia ha tratado de desempeñar el papel de rescatadora de judíos, durante los últimos años del Holocausto, ‘los rescatadores (rescuers) fueron la excepción y no la norma’”[10]. Duras palabras… ¿quién podrá escucharlas?[11] De partida, no lo harán los partidarios del partido político Derecho y Justicia, más conocido por su sigla PiS, en Polonia. Concluyo que muchos polacos fueron actores, perpetradores, perpetrators[12] y no sólo rescatadores, como se nos quiere hacer creer por parte del gobierno polaco y su ejército de trolls. Por algo, la entrevista a Dreifuss se titula en Haaretz “Los campos de la muerte no eran polacos, pero los polacos eran lo suficientemente malos con los judíos, aún sin los campos” de concentración y exterminio.

El diario israelí Haaretz resume las explicaciones de la profesora de la Universidad de Tel Aviv: “A lo largo de los años, Yad Vashem ha reconocido a más de 6.700 polacos como Justos entre las Naciones”, asi se llama a personas que no eran judías y que arriesgaron su vidas para rescatar judíos sin recibir compensación alguna. “Este es un número impresionante”, reconoce Dreifuss; “pero es importante recordar que en la mayoría de los casos, los judíos en Polonia y sus rescatadores escondían a judíos, no solamente de los nazis, sino también de sus vecinos polacos[13]. Muchos judíos en Polonia fueron asesinados no en los campos de exterminio, sino en manos de los mismos polacos”[14].

“Esto es algo que Polonia no quiere aceptar y es lo que aparentemente esta nueva ley trata de encubrir”. En efecto -prosigue la experta- “durante el Holocausto, en bastantes comunidades pequeñas en la región de Lomza en Polonia, los lugareños[15] asesinaron a sus vecinos judíos. Y Kielce no fue el único sitio [donde esto ocurrió], algunos judíos, los únicos sobrevivientes de sus familias, fueron asesinados por los polacos después de que terminó la guerra”[16] [17].

“Dreifuss señala que, de alrededor de 250.000 judíos polacos que intentaron escapar de la muerte y buscar refugio en el campo [se refiere a zonas rurales, donde era más fácil esconderse], sobrevivió menos del 10%. ‘La gran mayoría de ellos perecieron no por los esfuerzos alemanes, sino porque los mataron los lugareños o porque fueron entregados a los alemanes o la policía polaca, que luego los mató’”[18]. Sí, son duras estas palabras; pero sólo personas muy duras de corazón[19] serían capaces de no escucharlas o de sostener que todo es mentira o que los judíos se lo merecían por las sinrazones que sean… (por ej., por ser supuestamente comunistas).

Llegados a este punto, pienso que es interesante lo que escribe Times of Israel acerca de Szymon Datner, sobreviviente del Holocausto y quien fue, durante su vida, director del Instituto Histórico Judío de Varsovia y trabajó como historiador para el precursor del Instituto Nacional de Recuerdo de Polonia. El diario nos explica que “Datner calculó que 200.000 judíos murieron a manos de los polacos durante la Segunda Guerra Mundial. Al intentar huir de los transportes y campamentos alemanes, hallaron la muerte luego de ser entregados a las autoridades, a las que informaron donde estaban escondidos o, en otros casos, asesinados por sus vecinos polacos. De 1942 a 1945, de acuerdo con los cálculos de Datner, de los 250.000 judíos que intentaron escapar de los alemanes en la Polonia ocupada, solo sobrevivió entre el 10 y el 16%”[20]. Sus investigaciones fueron publicadas en la década de los ‘60 y ‘70 en la misma Polonia. Times of Israel advierte que hoy Datner podría ser encarcelado por escribir algo así.

Asimismo, Jan Grabowski, profesor de historia en la Universidad de Ottawa (hijo de un polaco de fe judía y de una polaca de la nobleza[21]) décadas después de los cálculos de Datner, señala que el equipo de investigación liderado por él y por la historiadora polaca Barbara Engelking y que ha trabajado durante los últimos cinco años en Polonia, puede confirmar que los cálculos de Datner son correctos[22]. Efectivamente, “en los últimos años, los investigadores han descubierto la creciente evidencia de un lado oscuro de las interacciones de judíos y polacos durante la Segunda Guerra Mundial. Y su trabajo ha sido recibido con críticas crecientes y rechazo total por parte de muchos polacos que tienen la impresión de que sus antepasados ​​actuaron de forma completamente honorable durante la guerra”[23]. No entiendo por qué los seres humanos tenemos esa tendencia a glorificar el pasado y a quienes vivieron en el pasado. Creo que hay que reconocer los errores del pasado para no repetirlos.

Por otra parte, de acuerdo al United States Holocaust Memorial Museum, “tanto polacos uniformados como también individuos, fueron cómplices de la condena a la muerte de sus vecinos judíos”[24]. Efectivamente: “Cuando las fuerzas alemanas llevaron a cabo los asesinatos, recurrieron a algunas agencias polacas, como las fuerzas policiales polacas y el personal ferroviario, para proteger guetos y deportar judíos a los centros de exterminio. Individuos polacos a menudo colaboraron en la identificación, en la denuncia y la persecución de judíos escondidos, con frecuencia aprovechando el chantaje que ello llevaba consigo, y participaron activamente en el saqueo/robo de propiedades judías”[25]. Como es obvio, de los “polacos uniformados” no se puede decir que actuaban como meros ciudadanos individuales.

Dreifuss habla -esta vez en Times of Israel- de una “participación profunda de los polacos de todos los sectores de la sociedad”. Explica que “algunas veces los judíos fueron capturados y entregados a los alemanes, o fueron atrapados y entregados a la Policía Azul (la policía polaca en la Polonia ocupada alemana). Y otras veces fueron asesinados por los mismos polacos”[26].

Como para que no quede duda de esto, Haaretz publica una foto que describe como “German and Polish police, Poland, 1943. Credit: Yulia Krasnodembsky, from ‘Hunt for the Jews'”

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¿Por qué? Preguntan a la historiadora de Yad Vaschem… Responde: “Las motivaciones de los polacos para asesinar o entregar a sus vecinos judíos fueron variadas…. No siempre fue antisemitismo. En muchas ocasiones fue avaricia, miedo, peleas, venganza. Hubo muchas razones diferentes. No se puede limitar o resumir los actos de las comunidades en las estadísticas. Hubo muchas razones para ayudar, y para dañar, a los judíos”[27]. (Un amigo mío cuyo papá era el único sobreviviente de su familia, al regresar a su casa, en Polonia, fue rechazado por sus vecinos polacos, que le dijeron que no lo conocían, ni a él, ni a su familia, que esa casa, nunca había sido suya, sino que pertenecía a una familia polaca, que ya se había aduñeado de la misma. Esto, pese a que él había vivido años allí con su se señora y sus hijos asesinados. El papá de mi amigo murió como displaced person en Alemania esperando poder emigrar a América. Ningún polaco me puede decir que estas cosas no ocurrieron).

Hoy, Polonia está secuestrada por oscuros fantasmas del pasado. Por un lado, el fantasma del antisemitismo ancestral, del antisemitismo de los pogromos centro-europeos. Y por otro, el fantasma de la época del socialismo real, con su intento de establecer una verdad histórica oficial y única, que no puede, que no debe ser contradecida, so pena de sufrir un castigo penal, algo tan propio de la tradición comunista. Estos dos fantasmas se expresan pues claramente en la llamada Ley sobre el Holocausto. Como señalan historiadores polacos a fines de enero, esta norma legal es “una herramienta para la manipulación ideológica, para la imposición de una política histórica oficial y es un intento sin precedentes de intervenir en el debate público sobre la historia polaca en un estado democrático”[28].

Jan Tomasz Gross escribe esta semana en el Financial Times “El aislamiento de mi patria entre las democracias occidentales se está volviendo claro. Temo por mi patria. Y no puedo imaginar el impacto en la gente de Polonia de otros doce años de gobierno PiS”[29]. Sí, todos tememos por Polonia…[30].  


[1] Desde comienzos de febrero, me veo expuesta a un permanente shitstorm por parte de usuarios de Twitter polacos; la mayoría de ellos no tiene nombre, ni apellido, ni foto de perfil y algunos, ni siquiera tienen seguidores, por lo que me atrevo a expresar la sospecha de que son simples trolls.

[3] Death Camps Weren’t ‘Polish’ – but Poles Were Bad Enough to Jews Without Them, Holocaust Historian Says (Los campos de la muerte no eran “polacos”, pero los polacos eran lo suficientemente malos para los judíos sin aún sin los campos, dice historiadora del Holocausto).

[5] En agunas partes, los alemanes escribían Reinhard y en otras, Reinhart. Hoy en día, los extremistas de derecha alemanes, tambien tienen grandes dificultades para escribir en alemán.

[8] Esto lo tematizó hace poco Menachen Levin en el artículo del Washington Times, Why Poland’s new Holocaust law is a mockery (Por qué la nueva ley del Holocausto de Polonia es una burla), al que me referí en una de mis columnas de febrero ¿Por qué los campos de exterminio estaban en el Este de Europa?

[9] “Die Lage war verkehrstechnisch günstig gewählt worden. Auschwitz hatte im 19. Jahrhundert zu Österreich-Ungarn gehört und in dieser Zeit die Bahnlinie Wien – Krakau erhalten. Dieser Bahnanschluss vereinfachte die rasche Deportation von Juden aus vielen Gebieten Europas nach Auschwitz. Die dünn besiedelte Umgebung mit ihren Flussläufen als natürlichen Näherungs- und Fluchthindernissen schotteten die Anlage ab, so dass öffentliche Einblicke erschwert wurden”. Wikipedia en alemán.

[11] Juan 6,60

[13] Aunque sea “sólo una película”, recuerdo que en la galardoneada, incluso con un Oscar, cinta polaca “Ida”, es el hijo de quien oculta a los judíos en el bosque quien mata a toda la familia, menos a la hija menor -Ida- que, por sus rasgos no judíos, él pensaba que podía salvarse más fácilmente, por lo que la entregó a un convento.

[15] “locals” en inglés, no se me ocurre una mejor traducción; acepto sugerencias.

[17] Antes de leer ningún libro o artículo sobre el tema y mucho antes de que comenzara esta polémica, escuché relatos de descendientes de sobrevivientes del Holocausto que regresaron a Polonia, que avalan completamente lo que explica Dreifuss.

[19] Higinio Paterna (de Aceprensa) escribe en Twitter (8 de agosto de 2017 a las 11,25): “1945: judíos son el 1% de la población d Polonia – 18,7% de funcionarios del sistema de represión son judíos – Incluyendo 50% de altos funcionarios”.

En una carta al director en un diario de LanzarotePaterna escribe recriminando a los judíos “¿dónde estaban los rabinos cuando medio millón de polacos fueron deportados, enviados a campos de concentración o asesinados con un tiro en la nuca?”. Incomprensibles sus palabras.  

[20] Complicity of Poles in the deaths of Jews is highly underestimated, scholars say (La complicidad de los polacos en la muerte de los judíos está muy subestimada, dicen los estudiosos).

[21] En su libro “Hunt for the Jews”, Grabowski describe episodios escalofriantes que se hallan documentados, que retratan a un residente polaco de Bagienica llamado Przędział, que descubrió a un par de judíos escondidos en el bosque cerca de su casa. Después de traicionarlos, Przędział exigió su recompensa a los ocupantes alemanes: 2 kg de azúcar. La recompensa variaba, en algunos lugares era 500 złoty por cada judío. En otros lugares consistían en dos abrigos, antes usados ​​por los judíos, por cada judío entraggado”. Complicity of Poles in the deaths of Jews is highly underestimated, scholars say (La complicidad de los polacos en la muerte de los judíos está muy subestimada, dicen los estudiosos).

[22] Cfr. Complicity of Poles in the deaths of Jews is highly underestimated, scholars say (La complicidad de los polacos en la muerte de los judíos está muy subestimada, dicen los estudiosos).

[30] Mi posición muy personal sobre el tema en Todo por el honor de Polonia

¿Por qué los campos de exterminio estaban en el Este de Europa?

Parece que Ronen Bergman tenía razón al advertir al premier polaco Morawiecki que la ley Holocausto creará la reacción opuesta y sólo atraerá más atención sobre estas atrocidades[1] y sobre las circunstancias que las acompañaron y las decisiones adoptadas en ese entonces. Una de ellas dice relación con la determinación nacional socialista de establecer los campos de exterminio en el Este, especialmente en Polonia.

En el marco del debate histórico serio y fundado, esta semana, apareció en el conservador Washington Times (Varsovia no lo puede acusar de izquierdista, ni de liberal y por tanto, contrario a la elite gobernante en Polonia) un equilibrado y mesurado artículo del rabino Menachem Levine, nieto de cuatro sobrevivientes del Holocausto en Polonia[2].

Antes que nada, Levine explica que “llamar a los campos de concentración ‘campos polacos’… es una tergiversación”, ya que “es un hecho histórico que los alemanes iniciaron, planearon y construyeron los campos de trabajo esclavo y de exterminio en Polonia”. Yo diría que esto es obvio que fueron campos organizados por Alemania nazi en territorio polaco[3]. Esto lo sabe todo el mundo y en todo el mundo. Y nadie lo pone en duda.

Polskie Radio (radio polaca) publicó un video que contradice al gobierno polaco… Por lo demás, como corresponde a una buena prensa libre en un país democrático. El video se titula Co Amerykanie wiedzą o obozach śmierci? Esto es: ¿Qué saben los estadounidenses sobre los campos de exterminio? En inglés y con subtítulos el polaco.

En él, los periodistas polacos entrevistan a ciudadanos norteamericanos de todos los tipos y de todas las edades y sin excepción, ellos sostienen que los campos de concentración, eran campos alemanes, organizados por alemanes y que fueron los nazis quienes planearon y llevaron a cabo el Holocausto. Absolutamente obvio. Es una mentira muy grande que, fuera de Polonia, se acuse a los polacos de ello. En realidad, esto es más que absurdo y no ocurre en ninguna parte. No parece más que una burda manera de hacerse la víctima.

Sí, la fijación del PiS de sostener que se culpa a Polonia del Holocausto lo veo más como un intento de auto-victimizarse, para crear un enemigo externo y así autopresentarse como la única fuerza defensora de Polonia y descalificar a la oposición dentro de Polonia, como antipatriota y vendida al extranjero. Recurso muy conocido de gobiernos populistas y temerosos de perder el apoyo popular. Mientras exista el enemigo externo, el pueblo se debe unir junto a su gobierno y apoyarlo, es la consigna. 

Menachem Levine explica, citando a Yad Vashem[4]: “No hay duda de que el término ‘campos de exterminio polacos’ es una tergiversación histórica. Yad Vashem continuará apoyando la investigación destinada a exponer la compleja verdad sobre la actitud de la población polaca hacia los judíos durante el Holocausto”.

Continúa: “También es cierto que Polonia y el pueblo polaco sufrieron bajo la Alemania nazi. En la ocupación que siguió a la invasión alemana de Polonia en septiembre de 1939, polacos murieron de hambre y fueron esclavizados con brutal ferocidad. Decenas de miles de polacos fueron expulsados ​​de sus tierras para dejar sitio a los alemanes, que acorralaron a los intelectuales y las élites políticas, prohibieron hablar en polaco en algunas áreas, y cerraron o destruyeron las instituciones culturales y educativas polacas. Además de los más de tres millones de judíos polacos asesinados en el Holocausto, se estima que los alemanes mataron al menos a 1,9 millones de civiles polacos no judíos durante la Segunda Guerra Mundial”.

Goldhagen explica que los campos de exterminio fueron construidos para exterminar a los judíos. Que en ellos hayan muerto también no judíos es algo secundario, marginal. Los campos de la muerte no hubieran existido si no hubiese sido por la intención principal del nacional socialismo de eliminar a todos los judíos y no a otros pueblos[5] que eran mirados más bien como fuerza de trabajo (como los eslavos).

“Además, cerca de 6.700 polacos fueron reconocidos por el Memorial del Holocausto Yad Vashem por rescatar judíos, que es el número más grande de un país. Ciertamente hubo polacos indescriptiblemente valientes y amables. Arriesgaron sus vidas y las vidas de sus seres queridos, al albergar a los judíos perseguidos en sus casas y graneros, bajo tierra y en bunker, y lo hicieron durante años.

“Sin embargo, Yad Vashem deja en claro que fueron los polacos quienes hicieron posible el Holocausto Nazi en Polonia”. ¿Cómo? Esto es realmente nuevo para mí… Levine continúa: “Sin la cooperación de la ciudadanía local, a veces observando pasivamente y muchas veces apoyando con entusiasmo, un programa de asesinato masivo habría sido imposible. ‘Las restricciones a las declaraciones de académicos y otros sobre la complicidad directa o indirecta del pueblo polaco con los crímenes cometidos en sus tierras durante el Holocausto son una distorsión grave’, dice Yad Vashem”.

Una cosa es que un número muy grande de polacos haya sido realmente heroico al defender a sus conciudadanos judíos y otra bien distinta es prohibir bajo una pena establecida en el derecho penal, que se investigue -en universidades e institutos de estudios históricos, sociológicos, económicos, en medios de prensa, etc.- la complicidad directa o indirecta del pueblo polaco o de una parte de él, en crímenes de guerra y/o en el Holocausto o en crímenes de lesa humanidad.

Levine hace ver que “Casi todos los campos de exterminio en la Europa ocupada fueron construidos en Polonia”. Es cierto, en mi articulo anterior mencioné dos ubicados en Bielorrusia[6]; pero es verdad, los nacional socialistas construyeron sus horribles campos de muerte fundamentalmente en territorio polaco. Me atrevo a decir que, si la guerra hubiera continuado, también habrían construido estas puertas que conectaban directamente con el infierno, también en territorio soviético.

Se me ocurren dos causas para ello: 1) los nacional socialistas no estaban seguros de la reacción de la población alemana -aunque profundamente antisemita- frente a campos de exterminio; además, querían alejar estos horribles mataderos de las bellas ciudades del Reich. 2) La mayoría de los judíos vivía en el Este de Europa, especialmente en Polonia y en ciudades del Occidente de la Unión Soviética, de manera que era más fácil “eliminarlos”, en su propio territorio, evitando el transporte. Los judíos alemanes (mucho menos en número) fueron transportados primero a guetos en el Este y luego, directamente a los campos de exterminio. 3) Polonia y el Este, en general, no estaba tan poblaco, de manera que había espacio para grandes campos de internación.

Levine nos da otra causa para la decisión nazi… “No hubo crematorios o cámaras de gas en la ocupada Francia, Bélgica, los Países Bajos, Grecia, Bulgaria, Luxemburgo, Noruega, Dinamarca, Checoslovaquia o cualquier otra nación invadida por las tropas nazis. Auschwitz, Birkenau, Chelmno, Majdanek, Sobibor, Treblinka y otros fueron construidos en Polonia. ¿Por qué?

“La respuesta es que los nazis sabían que Polonia había sido antisemita durante siglos y que los alemanes estaban convencidos de que los polacos no protestarían contra los campos de exterminio de judíos en su territorio. Como muestra la historia, estaban en lo cierto”. Sinceramente, esta “razón” realmente no me la esperaba. No puedo asegurar que esto haya sido así; habría que estudiar archivos alemanes para saberlo con certeza. Pero es una tesis interesante y Levine desarrolla el tema, da sus argumentos y la convierte en una explicación triste, pero plausible.

“Incluso antes de la invasión alemana en 1939, la hostilidad hacia los judíos era un pilar del régimen polaco y de la Iglesia católica polaca[7]. En la década de 1930, el boicot nacional a las empresas judías y la defensa de su confiscación fue promovido por el partido Endecja[8] en Polonia, que introdujo el término ’tienda cristiana’. La tienda de mi abuela sufrió a finales de 1930 del boicot, que la empobreció a ella y a ella familia, entre muchos otros en la comunidad judía. Los polacos ciertamente no necesitaban a los alemanes para enseñarles a odiar a los judíos”.

Ese partido Endecja -llamado oficialmente nacional democrático- existió entre mediados del siglo 19 y 1939. Wikipedia habla de “la postura antisemita del partido, que defendía la eliminación forzosa o la emigración en masa de la población judía de los territorios que consideraba polacos”[9]. Explica que -durante la década de 1930- el partido organizó acciones antisemitas, tales como boicot, manifestaciones e incluso ataques. “Las acciones más notorias fueron realizadas por un grupo disidente de radicales jóvenes nacional democráticos que formaban el llamado Campamento Radical Nacional, de inspiración fascista”[10].

“Conociendo los puntos de vista antisemitas polacos, los comandantes alemanes reclutaron policías polacos para proteger los guetos y los ferroviarios polacos para deportar a los judíos a los centros de exterminio. Individuos polacos traicionaron o persiguieron a judíos ocultos y participaron activamente en el saqueo de propiedades judías. Mi difunta abuela se disfrazó de católica polaca para salvar su vida y la de su hija pequeña. Durante ese tiempo, escuchó a muchos polacos discutir cómo cazaban judíos en los bosques para matarlos o entregarlos a los nazis”. Duras palabras… He escuchado testimonios directos de descendientes de judíos polacos que me han contado historias similares.

“Un ejemplo posterior al Holocausto, que presenta el caso del antisemitismo polaco sin participación nazi, es la trágica historia de los 200 judíos sobrevivientes que regresaron a sus hogares en Kielce después de la guerra. De vuelta en Kielce, comenzaron a reconstruir sus vidas. Establecieron una sinagoga, un centro comunitario y un orfanato. Todo esto se detuvo el 4 de julio de 1946, cuando una difamación (de sangre) se extendió por la ciudad, acusando falsamente a los judíos de secuestrar a un niño cristiano[11]. Para su venganza, los residentes polacos de Kielce descendieron al sector judío” de la ciudad.  “La policía y los soldados observaban mientras la turba atacaba a los judíos, asesinando a 42 sobrevivientes del Holocausto e hiriendo a muchos más. Los judíos restantes se dieron cuenta de que no tenían otra opción que huir del lugar en el que creían poder encontrar algo de paz y libertad: Polonia libre de los nazis. Claramente, estaban equivocados. Esos polacos eran antisemitas asesinos tanto si los nazis estaban allí como si no”. De la veracidad de estos relatos, tampoco me cabe la menor duda, también los he escuchado de descendientes de sobrevivientes.

Levine culmina su corto pero contundende relato: “Cuando era adolescente, viajé a Polonia para visitar los antiguos sitios judíos y ver los campos de exterminio. En ese momento, mis abuelos me preguntaron por qué querría regresar a un lugar empapado en sangre judía. Se referían no solo a las atrocidades nazis que tuvieron lugar en suelo polaco, sino también al país Polonia, que permitió y ayudó en el Holocausto”. Si bien, era difícil para la mayoría de los polacos -para el polaco común- oponerse al régimen de ocupación nazi, sobre todo en las ciudades, donde existía más control.

Por eso, puedo concluir que “la nueva ley que hace que sea ilegal acusar a Polonia de ser cómplice de los crímenes nazis en el Holocausto” no sólo una burla como la llama Levine, sino que es un intento de silenciar a historiadores, a la opinión pública, a los interesados en el quehacer europeo y mundial, sino que además, es una barbaridad y una gran injusticia, especialmente frente a hijos, nietos y a bisnietos de sobrevivientes del Holocausto. Creo que -a eso nos insta  Yad Vashem- tenemos que “continuar apoyando la investigación destinada a exponer la compleja verdad sobre la actitud de la población polaca hacia los judíos durante el Holocausto”[12]. Una ley mordaza, como en la época del comunismo, no sirve para nada.


[1] “¿Cuál es el propósito? ¿Cuál es el mensaje que están tratando de transmitir al mundo? Están creando la reacción opuesta y solo estás atrayendo más atención sobre estas atrocidades”, en La Ley Holocausto, Ronen Bergman y la fría respuesta de Morawiecki

[2] Why Poland’s new Holocaust law is a mockery En castellano: Por qué la nueva ley del Holocausto de Polonia es una burla.

[5] Daniel Jonah Goldhagen, “Hitlers willige Vollstrecker”, pág. 239. Editorial Bertelsmann 1996.

[7] Católicos occidentales, especialmente franceses -entre Francia y Polonia siempre hubo muy buenas relaciones- que viajaron a Polonia, dejaron constancia del antisemitismo de sus correligionarios polacos, no sin horror y una fuerte crítica.

[8] Narodowa Demokracja o democracia nacional o nacionalista.

[10] Antisemitic actions and incidents – boycotts, demonstrations, even attacks – organized or inspired by National Democrats occurred during the 1930s. The most notorious actions were taken by a splinter group of radical young former NDs who formed the fascist-inspired National Radical Camp (Obóz Narodowo-Radykalny), en Wikipedia en inglés

[11] La llamada muerte ritual de un niño cristiano, cuya sangre sería usada para ritos propios de los judíos, según una leyenda cristiana proveniente de la Edad Media y que seguía presente en el pueblo polaco de mediados del siglo 20.

Todas las rubias votaron / votamos por Piñera – El voto rubio en Chile

Una diputada comunista (sí, Chile es tan anticuado que aún existe el Partido Comunista) dijo algo así como “Vi en Recoleta una cantidad de personas que no había visto nunca, de pelo muy rubio”[1], con lo que ella explicaría el triunfo del candidato que no era el suyo -ya que ella era jefa de campaña de Alejandro Guillier- por el “voto rubio”. “Güerito” le llamarían en México.

De partida y antes que nada, tengo que confesar que yo no soy rubia y que voté por Piñera (aunque no soy su incondicional: en la primera vuelta, había votado por Felipe Kast, me gusta Evopoli, sobre todo por su compromiso social). Por eso, decidi cambiar mi foto de perfil en Facebook, por una foto mía con peluca rubia. (Esta foto con peluca rubia, la tomé para mis viajes al Este de Alemania[2], por si acaso me veo enfrentada a gente de extrema derecha).

Yo no sé si puede haber algo más absurdo y más bajo que sostener que la gente que no es rubia -así como yo, que tengo el pelo negro- vota o tiene que votar por el candidato contrario a Piñera… Más aún si Sebastián Piñera -que ahora tiene el pelo blanco- si mal no recuerdo, también tenía el pelo negro[3].

Todo esto es aún más ridículo, si se considera que la misma señora del candidato Alejandro Guillier, de la que Cariola era su jefa de campaña, tiene el pelo castaño bien claro… Tanto que, en Chile, pasar por rubia. Vean su foto para convencerse. Y eso qué importa! Nada! Esto es del “voto rubio” es más que simplemente un “estereotipo tonto”[4], es una estupidez.

Yo creo que da exactamente lo mismo el color de pelo, de ojos, de piel, de… de no sé qué que tenga una persona… En el siglo 21 somos libres de votar por quién queramos y nadie tiene derecho -ni a priori, ni a posteriori- por desprestigiarnos, discriminarnos, a hablar mal de nosotros por el tema de nuestra apariencia física.

En Europa, la no discriminación, el no al racismo son banderas de la izquierda. En Chile -el mundo al revés- parece que es la izquierda -anticuada y pechoña- la que está a favor del prejuicio y de la discriminación absurda y sin sentido. 

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[2] Al territorio de la antigua República “democrática” alemana.

A 105 años del nacimiento de Kim Il Sung

A 105 años del nacimiento de Kim Il Sung, las fuerzas armadas participan hoy, en Pjöngjang, una gigantesca parada militar en honor del abuelo del actual jefe de la República democrática de Corea o, como generalmente se le denomina, de Corea del Norte.

En tiempos inmemoriales, durante mi niñez, en mi casa, Kim Il Sung era un personaje más en mi familia. En aquel entonces, mi papá editó sus libros en castellano. Eran libros de hojas muy delgadas, llamadas paradojalmente “hoja de biblia”. Así como los libros de Mao Tse Tung que hoy se siguen editando en China. Hace poco, un amigo mío, me trajo uno de regalo y siguen siendo como aquellos de Kim Il Sung, de tapa gruesa o de tapa “plástica” y hojas finísimas.

Sus letras eran igualmente finas y contrastaban con el papel un poco amarillo y delgadísimo de los libros. Parecía que, a fuerza de usar hojas finas, quiesieran escribir más en menos espacio.

Todos los libros de Kim -escritos teóricamente por él- tenían, al inicio, una foto del líder coreano. El presidente eterno tenía una cara redonda y gordita, anteojos y generalmente, una expresión seria; pero no se veía enojado. En las revistas, salía sonriendo, muchas veces, rodeado de niños o avanzando al frente de una multitud, generalmente los niños con una especie de traje de boy scout y los mayores, con uniforme estilo Mao. Todos sonreían. Avanzaban hacia el sol, hacia la luz, comandados por su führer.

El triunfo del socialismo, la felicidad, el paraíso en la tierra.

Su nieto y heredero del trono es Kim Jong Ul. Kim Jong-Un, a quien se atribuyen las mayores atrocidades, incluso frente a los miembros de su familia. De Kim Il Sung, nunca escuché nada malo, todo lo que hacía era bueno, era infalible. Sí, Kim era incapaz de hacer algo incorrecto y sólo quería el bien de su país y para toda la humanidad, por eso quería llevar sus enseñanazas a Chile y desde ahí y a través de sus libros, a todos los países de habla hispana. Kim se enfrentaba al imperialismo norteamericano y se alineaba dentro de los países comunistas, donde todo era mejor y más justo. No, no era más justo, era justo sin mezcla alguna de injusticia.

A comienzos de los 70, la empresa para la que mi papá trabajaba -o más bien, dirigía- editó en Chile, los libros de Kim Il Sung en castellano. Mi papá era -en ese entonces- gerente general y director de la imprenta y editorial Prensa Latinoamericana, o simplemente PLA.

Leo en un documento de 1953: “En la actualidad PLA se encuentra a cargo de Carlos Salazar Umaña, y ha dado comienzo a la circulación de una valiosa serie de producciones sobre los problemas de los países latinoamericanos”[1]. Yo no sabía que mi papá había comenzado tan temprano a cargo de la empresa editorial. Yo todavía no había nacido 😉

El investigador de la Universidad de Chile, Bernardo Subercaseaux escribe: “A comienzos de la década del 50, el partido socialista creo la Editorial Prensa Latinoamericana (PLA)”[2]. O sea que desde entonces, mi papá estaba a cargo de la editorial e imprenta socialista. Hay que pensar que una imprenta era, en esos años sin internet, mucho más importante de lo que puede ser hoy.

Mi papá venía de una familia conservadora, esto es, del Partido Conservador, del sur de Chile. Gente del campo, descendiente de encomenderos. Sencillos y trabajadores. Muy piadosos. Me consta que todos buenos para las matemáticas. Mi abuelo, su papá, había entrado incluso a la política, siendo alcalde de su pueblo. Un ex-intendente de Concepción (en la década de los 80, era demócrata cristiano) me contó que lo había conocido en su cargo político.

Mi papá fue el único -que yo sepa- que se atrevió a irse a estudiar a Santiago, con todo el desarraigo que para un joven de provincia significaba en ese entonces, sin los medios de comunicación de que disponemos hoy. Y tal vez, sin la seguridad y la personalidad de los jóvenes de hoy. Demasiado influenciables por personas y por ideas. Sin el saludable espíritu crítico de los jóvenes de hoy.

En Santiago, dejó la fe cristiana y abrazó los ideales socialistas, de igualdad y de justicia social, de revolución y de amistad sincera con algunos compañeros que igualmente, se decidieron por seguir el camino del socialismo. Cuando hablo de socialismo, no hablo de social democracia, sino de socialismo marxista de entonces.

Gracias a los libros editados en PLA, mi familia tomó contacto con los norcoreamos. Incluso yo salí en la televisión de Corea del Norte. Sí, un sábado en la tarde, un equipo de la televisión coreana llegó a mi casa (en una parcela de La Reina, muy cerca de la cordillera o a los pies de la misma). Yo había visto programas de televisión ingleses en que se mostraba cómo vivía una familia inglesa y pensaba que los coreanos harían un reportaje así de nosotros: cómo vivía una familia chilena.

La verdad es que todo fue muy diferente. De partida, yo traje a mi perro (un ovejero alemán de nombre Barón) y se los mostré a los coreanos, yo pensaba que ellos me filmarían con mi perro. Que lo encontrarían una excelente idea y que quedarían fascinados con él. Después de todo, era un miembro más de la familia… En esa época no tenía idea que los coreanos tienen una relación bastante distinta con los perros.

Los miembros del equipo de la televisión coreana no sólo no se interesaron por mi perro. En realidad, sólo les interesaba una cosa: llegaron y quitaron todo lo que estaba encima del escritorio de la casa y pusieron sobre la mesa un libro de Kim Il Sung. Filmaron a mi papá leyendo el libro y subrayando algo con un grueso lápiz en el texto. Eso era lo que querían mostrar: a Kim se lo lee en todo el mundo, incluso en Chile.

En mi casa, comenzaron a aparecer lapiceras y plumas norcoreanas. De color plomo y de una ínfima calidad: no escribían y se desarmaban de solo mirarlas. También había un marco redondo de metal con una foto de Kim que mi mamá sustituyó por una foto mía 😉 También raros y pintorescos licores, con raíces o serpientes adentro de la botella. Bellas revistas de colores intensos y de muchos niños sonrientes.

Tal era el culto a Kim que, en cierta oportunidad, mi papá llegó a la casa contando que habían tenido que elegir una foto de Kim para un libro (como les conté, en cada uno de sus libros aparecía una foto suya). Por diferencias de idioma -ya que los coreanos apenas hablaban castellano y mi papá no hablaba coreano- no captaban que debían decidirse por una foto. Mi papá tomó un lápiz (desconozco si uno coreano o un simple BIC que eran los que usábamos en Chile o la tradicional pluma Parker de mi papá) y tarjó una a una las fotos que a él le parecían mal, dejando una sola sin tarjar.

Esta acción perturbó terriblemente a los coreanos que escondieron todas las fotos tarjadas y, en medio de una gran alteración, le dijeron que no le contarían a nadie lo que había hecho; pero que, por favor, no lo hiciera nunca más, ni se lo contara a nadie. Lo que había hecho era muy malo y sin duda, en Corea del Norte, no hubiera llegado muy lejos después de hacer algo así.

Tiene que haber sido en 1970 o 71, cuando mi papá dejó Prensa Latinoamericana y se independizó como empresario. No supe más de los coreanos, supongo que siguieron protegidos por su inmunidad diplomática. Nosotros seguíamos vivíendo en La Reina, en un sector de gente sencilla y de gente “con más plata” pero igualmente sencilla. Había muchos extranjeros en mi sector. Todos muy outdoor. Crecí jugando baseball (tratando de entender el juego 😉 ) con norteamericanos, con sus pelotas de football y andando en bicicleta con alemanes, algunos de ellos, mitad chilenos.

Cerca de mi casa, vivía una familia de campesinos, de esos que se habían quedado allí, pese a que la gentrificación avanzaba y cada día era más la gente que construía una piscina en su casa. Muchas veces, les fuimos a comprar leche de vaca. Los conocíamos. Yo era super chica, pero hay cosas que te quedan grabadas para siempre. Era la época de las tomas. Dos jóvenes de la familia, dormían en carpa en la parcela, ya que temían que viniera algún grupo revolucionario y se las tomara. Supongo que, si llegaban, les dirían: “Nosotros somos pobres como ustedes. Somos del pueblo. Vayan a tomar los fundos de otra gente. No nuestra parcela”. O algo así.

Una noche, llegaron hombres nuevos y simplemente los mataron. “No nos pararán”, pensaban seguramente. El crimen quedó impune. Pero la Televisión Nacional -en manos del gobierno- dijo… en realidad no sé bien qué dijo exactamente; pero culparon a otras personas o hablaron de los asesinados como antirrevolucionarios culpables de su propia muerte o algo así. Mis papás no podían creer lo que decía la televisón, los periodistas del pueblo eran incapaces de defender a la gente pobre, a su propio pueblo. De decir la verdad.

Mi papá -conocido dentro del Partido Socialista- llamó a uno de los mandamases del canal, para decirle que él conocía a los chicos asesinados y que lo que la Televisión Nacional había dicho de ellos era equivocado… Su “amigo” lo cortó en seco y le dijo: “Carlitos, quédate callado, sino el próximo muerto vas a ser tú”.

Cuando te dicen algo como esto, sabiendo que te lo está diciendo en serio y que te lo dice alguien en quien tú tenías cofianza y que considerabas tu amigo o, al menos, tu conocido, tu correligionario…. Debe ser una sensación bien terrible. Mis papás pensaron -como tantos otros chilenos- en huir del país y se puede decir que, en 1973, tenían las maletas hechas.

A comienzos de los años setenta, mi papá comenzó a cambiar de ideas. Como muchos otros izquierdistas empezó a convencerse que el partido y el gobierno habían perdido la oportunidad de hacer algo bueno por los pobres. Algunos de sus amigos decían que habían traicionado la Revolución. Esto lo escuché yo también -alguna vez- en el colegio. Es un poco, lo que se dice en Europa: “la revolución se come a sus hijos”.

A propósito de colegio, mi mamá me dijo alguna vez que yo, con las habilidades que tenía, debería estar en un colegio como los de Corea del Norte, donde los niños eran apoyados y se fomentaba sus habilidades y aptitudes. Eso era lo que hacían pensar las revistas que nos regalaban los norcoreanos, los mismos que consideraban a mi mamá “una señora muy bonita”.

Pucha, si mi mamá hubiera sabido cómo realmente era la vida en Corea del Norte ya en ese entonces… Pero claro, en ese entonces nadie lo sabía muy bien. Menos mal que nunca me fui a Corea del Norte a los supuestos colegios ejemplares de ese país. Una amiga mía me dice en broma que yo sería o bien embajadora de Norcorea o estaría en un campo de trabajo forzado… Una de dos.


Liberales y autoritarios en vez de izquierda y derecha

Ideólogos de las más diversas tendencias no se han dado aún cuenta de que la diferencia ya no es más entre derecha e izquierda, sino entre liberalismo y autoritarismo[1], Sabine Adler.

No es que la diferencia entre derecha e izquierda haya perdido todo su sentido. No. Pero, a nivel mundial, tiene ahora otro. No se puede comparar lo que llamamos derecha, por ej., en Chile, con lo que se llama derecha en el Norte de Europa.

Después del término de la Guerra fría, la derecha tiene que ser conceptualizada de otra forma, al menos en el primer mundo y en Rusia. Lo que antes llamábamos derecha -la alianza entre conservadores y liberales que hacían frente al mundo totalitario del comunismo- ya no existe.

Para nosotros en Latinoamérica, la “derecha” sigue siendo una alianza entre liberales y conservadores. En Europa, esa unión dejó de existir o se encuentra reducida a su mínima expresión[2]. En Europa, Merkel es la mejor encarnación del mundo conservador. O si prefieren, liberal-conservador del estilo que líderes como Reagan y Thatcher representaron alguna vez.

Pero Merkel -la líder del mundo libre según Politico[3]– es duramente criticada por los conservadores de la antigua escuela, anteriores a la caída del Muro de Berlín, como izquierdista, partidaria del multiculturalismo -que ella misma ha criticado-, socialista y un gran etcétera de calificaciones, todas negativas.

Un sector conservador, pequeño pero influyente -debido a su prestigio social, a sus recursos económicos o a su tradición cristiana, se ha aliado a grupos extremos que ya no podrían calificarse de conservadores, sino más bien como de populistas de derecha o de extrema derecha nacionalista. Tal grupo anatemiza a todos los demás, como izquierdistas, como hombres buenos (para ellos es una ofensa), como liberales de izquierda o simplemente como liberales.

Los parámetros han cambiado y lo han hecho en forma radical. Es por ello que muchos de nosotros, aún cuando mantenemos los mismos principios que hace veinte años, se nos tilda en Europa y otras latitudes, de izquiedistas, incluso de comunistas (esto último, especialmente de parte de españoles que consideran que ser “de derechas” es poco menos o poco más, que ser fascista y postear fotos de Mussolini en Facebook, su medio de expresión preferido).

Hace poco, critiqué la desigualdad del acceso a la educación en Chile, por lo que fui -a mi vez- criticada, como si una especie de darwinismo social fuera lo propio del pensamiento liberal conservador. Lo propio del pensamiento liberal-conservador que yo conocí, es precisamente la igualdad de oportunidades. El que el talento y las virtudes te permitan surgir, triunfar. Las virtudes, el esfuerzo y la constancia y no la cuenta bancaria de tus papás. Es lo que se llama la meritocracia.

Volviendo al tema inicial, izquierda y derecha, esos términos que poco dicen a nivel mundial, sí nos pueden aclarar mucho, a nivel local, ya que son una apropiada orientación dentro de la política local, nacional o regional. Pero es sumamente difícil aplicarlos sin más, a la hora de comparar países o continentes.

Asistimos hoy a espectáculos tan curiosos -por llamarlos de alguna forma suave- como que un ex-comunista soviético y ex-oficial de (des)información de la KGB -encargado de la represión de disidentes- sea el mejor padrino del movimiento de extrema derecha en Europa Oriental. Su patrocinio se implementa en tres niveles: dinero, medios y plataforma cultural pseudo religiosa.

A nivel europeo, encontramos a partidos como Syriza, el Partido socialista de Grecia, populista de izquierda, e integrado por grupúsculos comunistas, ecosocialistas, maoístas e incluso trotzkistas que, en cabezado por Alexis Tsipras, se halla en el gobierno en una extraña alianza con la extrema derecha nacional denominada ANEL, cuyo líder -y ministro de defensa griego- es su vez, aprendiz del ideólogo del Kremlin, Alexander Dugin.

Navid Kermani comenta que el slogan “Primero España” se ha convertido en una consigna de la izquierdista Podemos[4]. Kermani nos dice con razón que la izquierda, que siempre había sido pro-Europea y trans-nacional, parece haber dejado de serlo y que muchos izquierdistas pretenden refugiarse tras las fronteras nacionales, en el nacionalismo. A mi modo de ver, la unión entre socialismo y nacionalismo ha sido siempre deletérea.

Sin ir más lejos, en Alemania, la AfD se nutre de electorado de izquierda y de extrema izquierda. Y una de las líderes del Partido de izquierda -la más importante- sostiene posiciones de extrema derecha frente a los refugiados y a la inmigración, e incluso ha alabado a Trump en el Bundestag… Esto ha llevado a que el líder de la AfD, Alexander Gauland, la invite a dejar el Partido de Izquierda y a pasar a integrar su partido de extrema derecha.

En Alemania, en las Protestas de los días lunes (Montagsdemo) se unen tanto la extrema derecha populista como la extrema izquierda. E igualmente, grupos populistas de ambos extremos, que hacen de diferentes teorías conspiranoicas, una verdadera religión. Es una alianza demencial.

En su discurso ante la Cámara de los Comunes, frente a los atentados terroristas[5] de la semana pasada, la conservadora Theresa May sostiene con admirable firmeza we are not afraid y explica cuáles son los valores democráticos: libertad, libertad de expresión, derechos humanos y estado de derecho[6]. Sí, esos son los valores fundamentales de una sociedad democrática.

Cuando Trump fue elegido Presidente (pese a tener dos millones de votos menos que Clinton), la conservadora Merkel, en una declaración pública, habló de los valores comunes a Occidente, estos son: 1) democracia 2) libertad 3) respeto al derecho (estado de derecho, rule of law, primacía de la ley) 4) respeto a la dignidad de la persona, independiente de su origen, del color de la piel, de su religión, sexo, orientación sexual o lo que piense en política.

Sobre la base, y sólo sobre la base de estos valores, Merkel ofrece al nuevo presidente norteamerciano su colaboración para hacer frente a los grandes desafíos de nuestra época y enumera: 1) la aspiración al bienestar económico y social 2) la política climática, esto es, de protección del clima, están contra el cambio climático 3) la lucha contra el terrorismo, pobreza, hambre y enfermedad 4) el empeño por la paz y la libertad en todo el mundo[7].

Las de May y las de Merkel son las coordenadas en que nos movemos hoy los partidarios de la democracia y de la libertad en el mundo. Quienes defendemos el sistema político y social libre y pluralista, con respeto a los derechos fundamentales y a la dignidad humana. Habría que agregar la alternancia en el poder, piedra fundamental, cimiento del sistema democrático de gobierno.

Quienes adheremos irrestrictamente al mundo libre somos además, más felices, porque podemos interactuar con todo el mundo, sin tantas “trancas” como las que obligan a los partidarios del autoritarismo a indagar primero qué piensa la otra persona para saber si puede o no acercarse a ella. Lamentablemente, el lema de Carl Schmitt sobre los amigos y los enemigos se ha colado hasta en las más elementales relaciones interpersonales[8].

Si postulamos y defendemos nuestro sistema democrático y pluralista de gobierno, con alternancia en el poder y garantía para los derechos fundamentales, sabemos que podemos criticar el sistema. Como hace ver Popper, la critica tiene que ser democrática, ya que “hay una diferencia esencial entre la crítica en una sociedad democrática y la critica totalitaria a la sociedad democrática”[9].

Continúa Popper: “Un régimen totalitario naturalmente nunca puede ver cualquier crítica como amable, ya que cualquier crítica de la autoridad coloca el principio de autoridad en tela de juicio”[10]. Ya, la autoridad… de ahí la denominación autoritarismo. (Un intento de crítica en un sistema totalitario es imposible o trae consecuencias desastrosas a quien la realice, quien no lo crea, pregunte a Navalny y a todos los rusos arrestados ayer por protestar frente al gobierno de Putin).

El filósofo liberal explica: que “la crítica de Sócrates era democrática; de hecho, era una crítica del tipo que es necesaria para la supervivencia de la democracia”[11]. No sé qué piensen ustedes; pero yo estoy convencida que la crítica es el motor del progreso. Y que, en la democracia, la oposición es imprescindible.

Quiero ir un poco más allá y poner de manifiesto que la crítica no va dirigida sólo “al sistema” como tal, sino también, a los partidarios de diversas tendencias políticas dentro de la sociedad pluralista, abierta y variopinta. En una sociedad cerrada, esto es autoritaria, ello no es posible y toda crítica es rechazada con mal humor. O simplemente, se la califica como calumna o difamación, como hacen muchos autoritarios hoy en día. Quienes adhieren al totalitarismo, ven toda crítica o incluso sólo una simple interrogante o cuestionamiento como un terrible vilipendio o una gran ofensa.

Sí, los postulados de Merkel y de May son nuestras coordenadas. Pero estamos abiert@s a más. Tal vez, una de las mayores exigencias de nuestro tiempo, sea, por ej., lograr la igualdad entre hombres y mujeres, tan desprestigiada por los partidarios del autoritarismo[12], como si no fuera una expresión de la igualdad de todos los seres humanos.

Sí, nos abrimos como un abanico, independientemente de si antes, éramos de derecha o de izquierda. La guerra fría ya pasó[13] y con ella, las cartas se han vuelto a mezclar.


[1] “Ideologen unterschiedlicher Couleur haben immer noch nicht erkannt, dass die Gräben längst nicht mehr zwischen Links und Rechts verlaufen, sondern zwischen Liberalen und Autokratie-Anhängern”, Bundestagswahl 2017 Angst vor Fake News, Lügen und Verleumdungen (Elección de Parlamento de 2017. Miedo a las fake news, a las mentiras y a la calumnia).

[2] Invito a leer el artículo de Karen Horn „Ich halte derlei Flirts für einen üblen Fehler“ (Considero que este tipo de flirts son un error muy grande), citado abundantemente en mi columna Los conservadores de hoy, enemigos de la sociedad abierta, que invito a releer.

[4] “Denken Sie an die Linkenbewegung dort, in Spanien etwa, wo Podemos mit dem Slogan auch auftritt “Spanien zuerst”, en: Navid Kermani “Europa blockiert sich selbst”

[5] El terrorismo es totalmente contrario a la sociedad libre y democrática y lo más parecido al autoritarismo.

[6] “Mr Speaker, yesterday an act of terrorism tried to silence our democracy. But today we meet as normal – as generations have done before us, and as future generations will continue to do – to deliver a simple message: we are not afraid. And our resolve will never waiver in the face of terrorism. And we meet here, in the oldest of all Parliaments, because we know that democracy – and the values it entails – will always prevail.

“Those values – free speech, liberty, human rights and the rule of law – are embodied here in this place, but they are shared by free people around the world. A terrorist came to the place where people of all nationalities and cultures gather to celebrate what it means to be free. And he took out his rage indiscriminately against innocent men, women and children”.

[7] Ver mi artículo de noviembre pasado Merkel frente a Trump: el rayado de la cancha 

[8] Sí, me parece que esta mentalidad del amigo-enemigo, que se extiende en toda la obra schmittiana , ha sido deletérea y ha traído y sigue trayendo, grandes males a las relaciones internacionales, a la política interna de un país o de una región del mundo. De más está decir que una persona adherente del mundo libre, de lo que Sabine Adler llama el liberalismo que hace frente al autoritarismo, jamás podría ser fan de Schmitt. Este para mí, es un criterio de diferenciación esencial. Invito a leer mi columna El nuevo orden según Carl Schmitt

[9] “Aber es gibt einen grundlegenden Unterschied zwischen einer demokratischen und einer totalitären Kritik an der Demokratie”, pág. 254.

[10] “Ein totalitäres Regime kann natürlich überhaupt keine Kritik als freundschaftlich ansehen, denn jede Kritik einer Autorität muß das Autoritätsprinzip selbst in Frage stellen”, pág. 254.

[11] “Die Kritik des Sokrates war demokratisch; in der Tat, sie war eine Kritik von jener Art, die notwendig ist für den Weiterbestand der Demokratie”, pág. 254.

[12] Esta semana, uno de ellos (uno más o menos importante), me mandó a la cocina, a cocinar, en vez de estar debatiendo con él en Twitter. E incluso me llamó (sin saber nada de mí, sólo por mi condición de mujer) una mamá frustrada

[13] Aunque, a algunos les gustaría revivirla: La nueva guerra fría

Lennart Meri, a once años de su muerte

Puliqué esta frase como columna de opinión en marzo del 2007, en el diario chileno La Segunda. En ese entonces, a sólo un año de la muerte del presidente de Estonia. La guardé en mi blog Columnas en la La Segunda Lennart Meri: El comunismo ha muerto, pero nadie ha visto su cadáver Muchas de mis apreciaciones de entonces, hoy han sido superadas por la historia. No en vano, han pasado diez años desde entonces. 

La frase es de Lennart Meri “El comunismo ha muerto, pero nadie ha visto su cadáver”, fue pronunciada en una conferencia de prensa, en Alemania, en 1990. Meri, fallecido hace un año, el 14 de marzo de 2006, en Tallin. Presidente de Estonia entre 1992 y el 2001.

Como muchos otros estonios, letonios y lituanos, Meri fue deportado a Siberia, en 1941, en trenes- cárcel (vagones con barrotes, como esos en que se traslada a los animales) con su mamá y su hermano.

En una de sus célebres conferencias, que tuvo lugar en Suecia en 1999, hacía ver que “el comunismo es difícil de definir, pero fácil de describir”.

En esa ocasión, Meri explicaba que en aquellos vagones que trasladaban a los deportados del Báltico a los campos de concentración de Siberia y Asia Central, estaba prohibido cantar. Ello se debía -continúa- a que los militares polacos asesinados en Katyn, entonaban cantos cristianos en los vagones que los conducían a la muerte, lo que desmoralizaba a los soldados soviéticos que estuvieron cerca de no cumplir su misión… y atemorizaba a los comunistas. Para que no volviera a ocurrir lo que los católicos polacos habían estado a punto de lograr, las autoridades ateas prohibieron el canto a los luteranos estonios…

Al partir, su papá Georg Meri -diplomático estonio y traductor de Shakespeare- le dijo “cuida a tu mamá y tu hermano, ahora eres el hombre de la casa”, tenía doce años. Fue la última vez que lo vió.

Sí, él y su familia fueron víctima de una de dos ideologías más deletéreas del s. XX. En efecto, Meri explica que los dos estados totalitarios tenían diferentes uniformes, pero sus soldados eran gemelos. No hay mayor diferencia entre el “ser infrahumano” del nacional socialismo y la “nación hostil” (vrazhdebnaya natsiya) del comunismo, entre una represión y la otra. Entre el Führer y el Vozhd, continúa.

Al igual que tantos intelectuales del “otro lado de la cortina de hierro”, Meri comprendió que si su nación quería sobrevivir al totalitarismo, su única oportunidad estaba en la cultura, la palabra escrita y hablada. Así, Meri se convirió en un gran estudioso de la lengua fino-úgrica (también llamada fino-húngara). Él, como otros, no recurrió a las armas; pero en el fondo “la palabra” fue un arma infinitamente más eficaz y más temida que las kalashnikov soviéticas.

Meri fue un patriota estonio, pero no un nacionalista. Además de su propio idioma, hablaba fluidamente otros cinco. Uno de sus alumnos -o debería decir discípulos- el joven politólogo norteamericano Ross Mayfield cuenta que él conoció Chichén Itzá (en la península de Yucatán) gracias a Meri.

Meri -continúa Mayfield- fue uno de los pocos políticos europeos que han sido capaces de mirar más allá de sus propias fronteras nacionales… al margen -digo yo- de toda la locuacidad que exhibe la Unión Europea.

En uno de los períodos más crítico de la historia reciente, cuando estuvimos a punto de presenciar un enfrentamiento armado al Norte de Europa, en 1991, en la antesala de la autodisolución del imperio soviético, Lennart Meri era ministro de relaciones exteriores de la Rep. Socialista soviética de Estonia, país que se había atrevido a declarar su independencia. Se temía que Moscú reaccionara como en 1956 en Hungría y en 1963 en Praga, esto es, con la fuerza de las armas… y de los tanques.

No deja de ser significativo -a la luz de la prohibición de cantar en los vagones-cárcel- que el movimiento que condujo a la independencia estonia se conozca como la revolución cantando (Singing Revolution), precisamente porque el arma estonia era la palabra, la palabra cantada.

Gorbachov advirtió que no se puede detener el curso de la historia (sobre todo si está basada en un acuerdo internacional como el espúreo pacto Hitler-Stalin) y, en contra de la opinión de muchos de sus correligionarios, reconoció la independencia de Estonia y con ello, inició el proceso de desmembración de la URSS, del cual muchos aún no han podido recuperarse, como lo puso de manifiesto el reciente discurso de Wladimir Putin en la 43 Conferencia de Seguridad en München.

Inmediatamente después de la independencia, Lennart Meri, escritor, productor de películas y dramaturgo -al que no le fue permitido dedicarse al estudio de la historia, pues se le consideraba peligroso para la estabilidad política- fue elegido presidente de su país.

La frase de Meri, que sirve de título a esta columna, tiene un significado especial para nosotros en el mundo occidental. Karol Wojtyla (otro sobreviviente de los dos grandes totalitarismos del siglo pasado) escribe en su libro “Memoria e Identidad”, citando a un político occidental: “sabemos que el comunismo cayó al fin a causa de la insuficiencia socioeconómica de su sistema. Pero esto no significa que haya sido desechado realmente como ideología y como filosofía. En ciertos círculos de Occidente se continúa considerando su ocaso como un perjuicio y se lamenta su pérdida”.

Los dos Nolte… Breve consideración sobre Ernst Nolte

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Screenschot del video Ernst Nolte – Ein deutscher Streitfall

Ernst Nolte es uno de los historiadores alemanes más controvertidos del siglo 20… y también del siglo 21. Tenía diez años cuando Hitler subió al poder. No fue reclutado durante la guerra, por faltarle tres dedos en la mano izquierda. ¡Una suerte para él…! Me imagino la estigmatización a que se debe haber visto sometido siendo joven. Su hermano menor murió en la guerra.

Durante la II guerra, cuenta él mismo, que se propuso leer al “judío Mordecai”, nombre con el que se conoció a Karl Marx durante la dictadura nacional socialista[1]. Inició su línea de investigación, trabajando precisamente en el idealismo en Marx y en Edmund Fink, un asistente de Husserl. Pero no nos adelantemos, Nolte estudió filosofía, alemán y griego y se recibió como profesor de colegio secundario (su papá era profesor primario, lo que en la escala social alemana, era un avance).

Nolte fue un filósofo que nunca estudió historia. O, un historiador que estudió filosofía. Michael Stürmer dice que era más filósofo que historiador. Pienso que Nolte fue un hombre que explicaba las ideas en la historia, las ideas más que los hechos. Su aproximación a la historia tuvo lugar a través de elucubraciones sobre temas históricos; pero -como explica Wolfgang Benz[2], uno de mis historiadores preferidos- a Nolte no le interesaban las fuentes. Pienso que eran otras épocas, hoy, un historiador sin fuentes, es algo imposible.

Benz dice que Nolte se hizo conocido y logró gran prestigio, en la década de 1960, con sus libros acerca del proceso de industrialización y sobre el fascismo. Este fue el Nolte de la primera época, que tenía un buen nombre entre los especialistas. En estos análisis, me atrevo a decir que sus conocimientos sobre las ideas de Karl Marx ayudaron mucho a entender y a explicar el proceso, tanto económico como político.

En su magistral obra “El fascismo en su época”[3] -su tesis de habilitación[4] y un libro referencial sobre el tema- Nolte compara el nacional socialismo, con el fascismo italiano y con la Acción Francesa. Son “ideologías vecinas”, afirma[5]. Con, ello, inicia un análisis comparativo, que se ha convertido en algo imprescindible. Este es uno de sus grandes aportes. No puedo dejar de mencionar que comparar supone que, lo que se compara, es distinto entre sí.

Nolte denomina al nacional socialismo como fascismo, lo que anteriormente sólo hacían los autores de izquierda, que evitaban hablar de nacional socialismo (que es el nombre correcto) para no mencionar el término socialismo en un contexto nazi. Stümer dice que la izquierda trataba de contraponer el buen socialismo al mal socialismo[6]. Por ello, el Nolte de la primera época, fue considerado, como un profesor izquierdista.

El Nolte de la segunda época “nace” el 6 de junio de 1986. Ese día, apareció en el diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), un largo artículo titulado “La historia que no quiere pasar” o “La historia que no quiere quedar atrás”[7]. Acerca de la historia del nacional socialismo y de los crímenes nazis. Con este artículo, Ernst Nolte se hizo conocido para un amplio público.

Excurso: En la búsqueda de una respuesta a las razones de la tesis de Nolte, encontré la explicación de Hajo Funke, al igual que Nolte, profesor en Berlín[8]. Funke relata que poco antes de la publicación del artículo en el FAZ y durante una comida, Nolte conminó, de manera reiterada, al historiador israelí (de familia de habla alemana, de Praga) Saul Friedländer, a que reconociera la culpa compartida (Mitschuld) de los judíos en su propio exterminio. Friedländer habría estado tan indignado que se fue de la comida. Y pronto, abandonó Berlín[9]. Esta habría sido la antesala del artículo en el FAZ que, es una versión más corta de una charla que Nolte debería haber dado y que no fue aceptada por los organizadores de la misma, luego de conocer el manuscrito… No sin razón diría yo. El texto de la charla, un poco más corto, se conviertió en el artículo del FAZ. (Fin del excurso).

En el FAZ, Nolte sostenía cosas tan sin sentido como que Auschwitz sería consecuencia lógica del gulag[10] soviético y que el Holocausto, el exterminio sistemático de los judíos europeos, habría sido originado por la lucha de clases, por la muerte del enemigo de clase en la Unión Soviética. Postula la existencia de un “nexo causal” (kausaler Nexus) entre el comunismo (el “bolcheviquismo”) y el nacional socialismo. En otras palabras, el nacional socialismo, no sería un fenómeno en sí, sino que habría sido causado por el miedo de la burguesía frente al comunismo. Sería una reacción de defensa. Ambas tesis son realmente insostenibles.

Nolte sostiene que el nacional socialismo no surge como un engendro del infierno que de repente se apoderó de Alemania. En esto, tenía razón. Hay que estudiar el nacional socialismo en su génesis histórica. Creo que hoy nadie lo pone en duda. Por otra parte, hay que estudiarlo en el contexto de los otros movimientos fascistas europeos de entonces, como él mismo plantea, en su primera época. A mi modo de ver, comparar ambos totalitarismos no significa igualarlos: creo que el nacional socialismo batió el récord absoluto de maldad en su horrible competición con otros totalitarismos.

Benz tiene razón cuando dice que Nolte es un erudito o sabio (gelehrter) típicamente alemán. Plantea una tesis y la discute consigo mismo; al final de su discurso, o bien la declara plausible o la desecha. No le interesan en lo más mínimo fuentes históricas en que basar su tesis. Stürmer confirma lo que dice Benz, en el sentido que Nolte habría planteado “una gran tesis en cada uno de sus libros”[11].

Se dice que a Nolte, el sufrimiento de Auschwitz no le interesaba para nada. Lo suyo eran elucubraciones ideales. La personalidad erudita y -a mi modo de ver- narcisista de Nolte me explica un poco lo que ocurrió después de la publicación de su artículo en el FAZ: llovieron las críticas y en vez de escuchar a los demás, el profesor Nolte se empecinó en su posición. Se alejó de los demás y de la realidad. Incluso fue más allá y radicalizó su posición. Se radicalzó a sí mismo. Mientras más atacado era, más defendía lo que era y es indefendible.


[3] “Der Faschismus in seiner Epoche”. Obra traducida a varios idiomas y de gran éxito especialmente en Francia e Italia.

[4] Explica Wikipedia en castellano, que la habilitación es “la más alta calificación académica que una persona puede alcanzar en ciertos países de Europa y Asia. Obtenida después de un doctorado…”. Les puedo decir que es la investigación que se debe realizar para poder obtener una plaza como profesor universitario o, si no tienes suerte y no te dan un puesto como catedrático, sólo para hacer claese en una universidad alemana.

[5] Siempre he pensando que el peronismo argentino es igualmente un producto llevado a ese país por los inmigrantes europeos que alcanzaron en masas las costas argentinas, en ese entonces.

[6] Michael Stümer dice que la izquierda trataba de contraponer el buen socialismo al mal socialismo. Cfr. Historiker Ernst Nolte gestorben – Interview mit dem Historiker Michael Stürmer

[9] El diario judío de Alemania se refiere también a este punto: Nolte consideraba como una declaración de guerra el que Chaim Weizmann (entonces presidente de la Organización sionista internacional) haya dicho que, si se mataba a judíos, él estaba de parte de Inglaterra (“Nolte betrachtete Hitlers Kriegserklärung an die Juden als Reaktion auf Chaim Weizmanns Bekenntnis zu England”). Ver Ins Abseits geschrieben

[10] Campos de trabajos forzados en la URSS.