Lenin y el estado opresor, represivo y explotador

En estos días de vacaciones de Pascua y año nuevo, me entretuve leyendo el primer capítulo de una obra que, de acuerdo al testimonio de chilenos que vivieron en la República democrática alemana (que de democrática no tenía nada), constituía el libro más importante para aprender acerca del devenir de la historia, me refiero a “Estado y Revolución”, de Lenin[1].

El subtítulo del libro, aparecido originalmente en ruso, es “la doctrina del marxismo y los deberes del proletariado en la revolución”. Lenin se basa, sobre todo, en los escritos de Friedrich Engels. Se queja de que sus escritos estén mal traducidos al ruso y advierte que, debido a ello, él mismo traducirá del alemán[2].

El estado democrático es el objeto de sus divagaciones. Esto es, el estado que surge después o durante la lucha de clases, entre la clase trabajadora y la burguesía. Esto es, nuestro estado, en el cual vivimos actualmente.

Para Lenin, este estado reconcilia las dos clases que, de otra forma, estarían permanentemente en lucha, hasta que una de ellas, la clase trabajadora, ganara la pelea a la otra. Lo que, en la teoría marxista, ocurrirá indiscutida e inexorablemente y sin vuelta atrás.La reconciliación entre las clases que se encuentran naturalmente en permamente lucha, es una reconciliación artificial y dañina para la clase trabajadora y para el proceso histórico y, en consecuencia, Lenin la condena.

Para el jerarca ruso -intérprete autorizado de Marx y de Engels[3]– este estado es un estado opresor. Es más: todo estado es un estado opresor. Ya sea de los esclavistas, de los señores feudales o de la burguesía, contra los esclavos, contra los siervos de la gleba o bien, contra los trabajadores o proletariado[4].

Titula el número 3 del primer capítulo: “El estado – una herramienta de la explotación y de la opresión”[5]. En otras palabras, el estado, como lo conocemos, el estado democrático liberal representativo, tanto en su vertiente parlamentaria, como en la presidencialista, es siempre un estado explotador y opresor, lo es por definición, da lo mismo lo que haga.

Así es, para el marxismo, tanto el estado nazi como el europeo actual y el de los pocos países que fuera del mundo occidental tienen un sistema democrático de gobierno -Chile, por ejemplo- es un estado igualmente explotador, opresor y represivo por antonomasia.

Los llamados estados benefactores o welfare state[6] son igualmente opresores y explotadores, nada se saca con decirnos que en ellos, nadie se muere de hambre, que hay una política de redistribución de los ingresos o que el estado se preocupa de la salud y de la educación de sus habitantes. Eso no importa, el estado burgués, por muy social que sea, es siempre explotador, opresor y represivo.  

Los partidarios de este estado no són -como podría pensarse- sólo burgueses reaccionarios o ricachones[7], explotadores y opresores represivos de la clase trabajadora. No, Lenin critica como sostenedores de este estado, en primera línea a los revolucionarios sociales, a los mencheviques[8] y a la socialdemocracia. A veces, me da la impresión que los principales enemigos de los bolcheviques[9] eran los socialdemócratas. Creo que ello obedece a la lógica según la cual, todo movimiento que se radicaliza tiende a destruir por todos los medios, a sus compañeros de lucha moderados. O a sus ex-compañeros, como en este caso.

Lenin continúa: el estado, este estado es una envoltura del capitalismo[10], esto es un estado detrás del cual se esconde el capitalismo. Explica que el estado sirve a los intereses del capital y de los bancos y que usa la fuerza (Lenin se refiere a los grupos armados, hoy deberíamos hablar de la policía[11]) para perpetuar el capitalismo, negar la lucha de clases y ahogarla, agrega.

Asimismo, se refiere al sufragio universal que también critica. El sufragio universal -asegura- no sirve para nada, ya que se opone a la ley de la historia según la cual, en el marco de la lucha de las clases, el proletariado tiene que vencer a la burguesía, de acuerdo a las leyes “científicas” de la historia. En otras palabras, de lo mismo cual sea el resultado de las urnas. Una elección no es importante, lo único importante es que la lucha continúe y la clase trabajadora llegue al poder, da lo mismo lo que vote la gente. A mi modo de ver, ve el sufragio como una especie de calmante o un somnífero para la pobación. Un opio para el pueblo.

Lenin habla despectivamente de los “filisteos”[12], nombre reservado a las personas que Marx denominaba pequeño burguesas, esto es, gente inculta y de mirada estrecha. Da lo mismo lo que ellos prefieran y por lo que ellos voten, siempre van a estar equivocados.

En suma, para Lenin, siguiendo a Marx y especialmente a Engels, el estado en su forma actual, democrática, pluralista, liberal y representativa… Nuestro estado, debe ser superado, abolido, sobrepasado, ya que es, por definición, un estado opresor, represivo y explotador cuyo único fin es reconciliar a la clase burguesa con la trabajadora -aunque sabemos que una reconciliación real no existe-.

Por ello, nuestro estado democrático sólo impide el desarrollo “científico” de la historia cuya etapa posterior -que se nos viene irremediablemente encima- es la dictadura del proletariado, a la que dedicaré una columna próximamente, lo que, en mi propia planificación, es una realidad inexorable[13].


[1] W. I. Lenin, “Staat Und Revolution”, Dietz Verlag Berlin Este, 1967. 9a edición (la primera edición es de 1948), Biblioteca del marxismo-leninismo, Rep. democrática alemana. El primer capítulo va de la pág. 7 a la 24. El prólogo, de la 5 a la 6.

[2] Cfr. pág. 8.

[3] …que no era un ángel, sino el vástago de una familia de industriales que se habían enriquecido gracias a la industria textil. Su papá era venía de una familia religiosa pietista, más o menos, lo que en Chile, llamaríamos “canutos”. Su revolución me parece más bien una rebelión, un quiebre con su propia familia.

[5] Pág. 14.

[6] Curiosamente o no, tanto los marxistas como los libertarios -esto es, tanto la extrema izquierda como la extrema derecha- critican por igual a los estados de beneficencia.

[7] Como la familia de Friedrich Engels.

[8] Simplificando: los social demócratas rusos de la época.

[9] Simplificando nuevamente: el grupo radicalizado, al cual pertenecía Lenin y que terminó por imponerse por la fuerza.

[10] Hülle des Kapitalismus, pág. 26.

[11] “La policía representa en todos los países del mundo occidental el triunfo del estado de derecho sobre la anarquía y el caos, sobre la arbitrariedad y la injusticia”, en mi artículo acerca del triste caso de Chile Los carabineros ya no son santos

[13] Aquí reservo un espacio para un link a mi inexorable columna: La abolición del estado, según Marx y Lenin… y Engels

Navidad chilena en la RDA, al otro lado del Muro – Una historia del exilio

En 2013, me contaron públicamente esta historia en Twitter. La historia de una niñita chilena que vivía tras el “muro de Berlín”. Es una historia realmente conmovedora y los invito a leerla. Doy gracias a su autora (no menciono su nombre, salvo que ella me autorice a hacerlo y aunque sus tweets son públicos). Uní dos tweets, cuando van juntos y ella los separó sólo porque no cabía todo la idea en 140 caracteres, que eran standard en Twitter de ese año. No he quitado ni agregado nada, creo que así es muy vivo y muy auténtico su relato. Sólo he cambiado al orden de algunos tweets para que se entienda mejor. Le agradezco enormemente su sinceridad y que nos haya contado de su vida. El tema Navidad o Pascua, como le decimos en Chile y sólo en Chile, pega mucho para este mes de diciembre.

Si les contara que alguna vez fui una niñita que vivía trás el muro de Berlín, en el difunto socialismo, Vivíamos en Cottbus, no me acuerdo còmo se escribe. El exilio y otras yerbas extrañas de aquellos tiempos

…y porfiadamente trataba de convencer a sus maestros de que en la navidad se celebra en nacimiento de Jesús

Imagínate que terminé acusada de “fascista” a los 8 años, por niños chil, porque no quise participar en los pioneros; una lata

Peor cuando intenté convencerlos de que la navidad es el nacimiento de Jesús. Allá la celebraban como “fiesta de la familia”.

Guardamos algunas fotos de ese tiempo. Recuerdo el teatro, el parque y el difunto socialismo real, que en paz descanse.

En el tiempo que yo recuerdo nunca vi asiáticos ni menos negritos. Los raros éramos chilenos, húngaros, rusos, polacos…

Era un mundo raro aquel, el del difunto socialismo. Entonces aún había tropas rusas acuerteladas, porsia. Había solidaridad.

Lo que no significa que nos quisieran, creo yo. La escuela era a todo trapo. Como no hay escuelas públicas en América.
pero también profundo resentimiento de los alemanes hacia los refugiados, por los privilegios que teníamos: nos daban de todo.

La convivencia con los niños alemanes no era sencilla. Chilenos formábamos un suerte de ghetto. Había integración oficial.

Lo que yo recuerdo es que cada uno vivía en su submundito, en gran parte, separados por las barreras idiomáticas y culturales.
En realidad los húngaros, si bien eran más aceptados, también tenían su propio submundo. Los soldados rusos eran caso aparte.

La verdad no sé dónde estudiaban los niños de familias rusas, pero sí había uno que otro polaco en mi escuela; nada queridos.

Las familias rusas no eran muchas, que yo recuerde. Incluso tenían sus propios supermercados donde sacaban cuentas con abacos.

Esos supermercados (tiendas antiguas, más bien), eran pintorescos; vendían coliflores en latas y cosas raras para uno, jajaja.

De eso no supe. Recuerdo a las viejas señoras rusas con su pañuelo en la cabeza e idioma imposible, comprando sus coliflores.

Los soldados rusos vivían en sus cuarteles con prohibición de hacer amistad con alemanes o extranjeros. No hablaban alemán. Los domingos se dispersaban como palomas verdes por las calles en patota. Eran simpáticos con los niños, recuerdo…Tan solos

Me acuerdo también, que de la escuela nos llevaban algunas veces al cuartel, para algunas festividades nacionales, supongo,

Mi primera poesía en alemán me la aprendí justo para recitarla en una de esa sesiones de patriotismo en homenaje a los rusos.

Eran tiernos los soldaditos rusos. Se emocionaban hasta las lágrimas con las canciones y los poemas de los niños, aunque no aunque no entendían un carajo, y yo tampoco. Solo recuerdo que era de un pajarito que repetía: “gracias por el trabajo”.

Yo no me acuerdo casi nada de alemán. sí, me acuerdo que las lolas chilenas se volvían locas por los polacos y los rusos.

Esas famosas sesiones de “acercamiento” entre soldaditos y niños pioneros, terminaban en una sesiones de matiné en ruso, con la típica película checa, traducida al ruso y con subtítulos en alemán: o sea… Nunca entendí nada.

Creo que sí. Había checos, también eran minoría y no eran como tan mal vistos como los polacos.

No eran películas para niños. Eran como de guerra, cosas así. Lo único que me quedaba claro es que cuando llegaba el noticiero había que aplaudir cuando un mapa mostraba a la mayor parte del planeta pintado de rojo…

Los chilenos tenìamos buena calefacción, sin olor, en los dptos. que nos asignaban. En antiguas casas había calefa a carbón.

No nos mandó ningún partido. Llegamos nomás por influencia de el 2do esposo de mi abuelita, que hizo de todo para refugiarnos

Era un mundo muy raro en un tiempo muy raro. Lo que significa que estoy bien antigua, si viví tras el difunto muro de Berlín.

La mayoría de los niños que llegaban allá, nunca habían tenido tanto confort, ni tantos juguetes ni escuelas como esas. Sin embargo, las niñas se volvían locas por mi colección de cuentos de princesas y los disfraces de princesa. Los regalé todos

Claro. Había un sistema de asignación de empleos y los sueldos los asignaban x uno o x dos, si uno de los dos no trabajaba.  Mi padre es iluminador teatral y le asignaron lo más parecido: electricista del teatro. Allí aprendió a iluminar ópera.

EL comité chileno dudaba de él, hasta pensaban que podía ser un espía de Pinochet. Todo porque llegamos a la DDR solos.

Eso fue antes de que nos asignaran a vivir en Cottbus. ¿Puedes creer que al principio a mi papá lo trataban con desconfianza?

Lo usual era que las mamás también trabajaran fuera de casa, pero la mía estaba embarazada y no quiso. No fue bien aceptado,

De hecho, mi madre lo pasó pésimo en su embarazo, porque allá le decían que debía abortar por riesgo posible para su 3er parto

El sistema de salud alemán se tornó completamente hostil para ella porque no quiso abortar. Tuvo que atenderse clandestinamente

Solo te puedo contar cómo se veía ese mundo visto con ojos de niño chileno pequeño, en el exilio. El clima en la comunidad chilena era tanto o más politizado que todo el entorno descabellado del mundo de la “la guerra fría”.

Cuando por fin nos aceptaron como refugiados, nos llevaron a un hotel en otra ciudad, nos compraron ropa de abrigo y eso. No. Había un comité que distribuía a la gente, los trabajos y las viviendas.

También recuerdo los escasos días de sol de un verano mezquino. Creo que era verano el tiempo que vivimos en Frankfurt Oder.

a Frankfurt, todos los días. Pero no se podía pasar libremente, que yo me acuerde, eso escuchaba: había que pasar con permiso

Solo los viejos tenían permiso de pasar al otro lado y de traer cosas del otro Berlín. Solo quedaban viejas, en todo caso.

Recuerdo cómo los asaltaban los nietos en la estación del cruce del muro, porque les encargaban ropa y cosas del otro lado.

Los alemanes no tenían libre circulación, ni los extranjeros. Los chilenos podíamos cruzar el muro solo para ir al consulado.

Bonita historia y reflexión. Me he acordado de muchas cosas más de mi vida de niña en Alemania, cuando quieras, te cuento más

Bueno, te dejo con mis historias. Gracias por leerme y por tu buena onda. Saludos.
Hasta pronto. Me alegra si te hice reír Gracias por tu compañía; no he pegado ojo en toda la noche y realmente la agradezco.