¿Es Chile un failed state?

Quinta normal

 

¿O lo será pronto? Hace pocos días, un amigo me mandó la foto de un afiche pegado en Quinta Normal, al parecer frente a la municipalidad. El panfleto llama a la “abolición de la policía”, que cataloga como “siervos de la burguesía”. Precisamente lo que he leído en el viejo libro de Wladimir Lenin titulado “Estado y Revolución”[1], una de los tres o cuatro obras más influyentes del antiguo marxismo-leninismo, una ideología del siglo 19 y que hizo estragos durante la primera mitad del siglo 20.

Policía y ejército (fuerzas armadas les llamamos hoy; pero no hay que olvidar que los escritos de Marx y de Lenin tienen más de 160 años y usan un lenguaje muy anticuado) son efectivamente siervos de la burguesía. La burguesía sería el estado actual de la historia, que sucedió al feudalismo y éste al esclavismo. Son los denominados “saltos de la historia” a los que se refiere Lenin y que conducirán finalmente al comunismo, pasando primero por el estado socialista que antecede al paraíso comunista. Esto, que debe ocurrir ahora, es el último “salto” de la humanidad en su camino hacia el comunismo.

En la Postguerra europea, cien años después de surgidas las ideas marxistas, Karl Popper[2] hacía ver que vivimos por fin, en una sociedad en paz, donde el estado ejerce el monopolio de la fuerza, de acuerdo a la ley. Es el llamado estado de derecho. En él no pululan bandas armadas que atemorizan a los ciudadanos que son ciudadanos y no súbditos o protegidos de algún señor feudal o de alguna banda de mafiosos. Popper señala que eso que, durante siglos, pareció una quimera, ahora ya es realidad. Por fin, existe un modelo de estado donde podemos vivir en paz. Lo que no significa que esta paz sea perfecta, ni que todos se comporten correctamente, para eso precisamente existen la policía y los tribunales de justicia.

Agregaría que también existe la prensa y los medios de comunicación, tan importantes hoy en día. De ahí la necesidad imperiosa de defender los medios de prensa que los totalitarios chilenos han empezado a denominar “medios hegemónicos”[3].

El “modelo” o el “sistema” propio de la burguesía es llamado por Marx capitalismo. Por eso, el afiche llama a “Acabar con el monopolio de violencia del Estado/capital, hacer frente a sus máquinas de guerra: la policía y destruir a estos espectros del imperio de la muerte; será el único camino hacia la liberación del género humano”. Esto que nos puede parecer propio de personas en estado de drogadicción es algo que creen algunos con una fe quasi religiosa.

Tal vez no sean muchos; pero se hacen notar. Su mentalidad de elegidos y de “evangelizadores” del materialismo histórico, los convierte en fanáticos de esta verdadera conspiranoia basada en viejas ideas que ya nadie cree en el mundo, salvo en su periferia latinoamericana o en Corea del Norte. El adoctrinamiento o la concientización del pueblo forma parte de los más importantes “deberes del proletariado en la revolución”, frase con la que Lenin subtituló el libro mencionado. Sí, todo lo demás se puede descuidar: la familia, el trabajo, el estudio. Incluso la propia salud se puede dejar de lado, todo sea por la revolución.  

Para Lenin, Marx y Engels, el estado burgués tiene que ser destruido y sustituido por un estado proletario. Esto es, para ellos y para todos quienes creen en esta religión secular -o más bien, en esta superstición- una verdad inalterable e irrefutable, inamovible e irreversible.

“La vida en la sociedad capitalista es un permanente estado de excepción para los Proletarios”, continúa el panfleto de Quinta Normal. Evidentemente, el discurso del “estado de excepción” nos demuestra una vez más la incorporación del pensamiento del facista Carl Schmitt[4], el más grande jurista de los nazis, al pensamiento marxista de la ultraizquierda latinoamericana. De esta incorporación me habían hablado ya amigos míos estudiosos del tema y además, he leído algunos ensayos de horrorizados izquierdistas europeos sobre el mismo.

Que la vida en nuestra sociedad que estos aprendices de ideólogos califican como el “modelo capitalista” y que ellos pretenden abolir, sea un “permanente estado de excepción” significa que la vida social no está regida por el derecho, sino por la excepción y que el proletariado no está sujeto a la ley, sino que está sobre la ley, pues el proletariado es el soberano que rige en la excepción. En un estado de excepción como ellos lo conciben, no impera de la ley, sino la fuerza, la voluntad del proletariado que es exactamente igual a mi voluntad si yo me declaro proletaria. En el mejor de los casos, la nueva ley del proletariado será la voluntad de algún comandante o autodenominado líder máxismo, en un sistema jerárquico y vertical de mando, en que no hay derecho a pataleo. Si eso no es totalitarimo, no sé qué podría ser.

Nada de estado de derecho, de imperio de la ley, de legalismo. Luego empezarán las peleas entre ellos, debido a las múltiples divergencias doctrinarias o a los juegos de poder, a las riquezas que hay que reparir entre ellos o incluso a mujeres, como es tan propio de estas facciones. La Nóbel de Literatura, la alemana Herta Müller, que vivió el socialismo en carne propia escribe, “muchas veces hablamos del estado socialista; pero olvidamos que eran personas mediocres y malvadas quienes estaban al frente del estado y lo comandaban a su antojo y a su capricho”[5].

Da lo mismo quien se haga con el poder, sin duda, se impondrá la ley del más fuerte, la voluntad de quienes están armados. Como siempre, los más débiles serán quienes pierdan: las mujeres, los ancianos, los niños… No sé si se han dado cuenta, pero en las revoluciones, las mujeres siempre perdemos. Salvo que seamos “pareja” de alguno de sus jefes, como Jiang Qing, la última mujer de Mao, que fue condenada a muerte conmutada en cadena perpetua, pero recién después del fallecimiento del dictador chino. Me parece paradójico y muy “sumiso” que algunas mujeres insistan en que sin revolución, no se puede poner fin al machismo. Muy por el contrario: “donde más avances se ve en el tema igualdad de la mujer es precisamente en sociedades de economía de mercado y democracia liberal”[6].

Carl Popper hace ver que, “cuando una sociedad avanza, surgen movimientos contrarios a la sociedad abierta, fuerzas anticivilizatorias de los más diversos colores y procedencias. El autor austriaco los llama totalitarismos y expone que son tan antiguos y tan nuevos como la misma civilización. El totalitarismo ha acompañado a la civilización desde su nacimiento”[7]. Creo que hoy Chile está frente a movimientos totalitarios.

En efecto, según esta vieja conspiranoia marxista, en nuestra sociedad “burguesa” y democrática, existe una lucha permanente entre la clase trabajadora y la burguesía. La sociedad actual trataría de ahogar esa lucha de clases en una reconciliación artificial y dañina para la clase trabajadora, que debe iniciar la revolución planetaria y suprimir al estado defendido por la policía: en Chile, por los carabineros. Carabineros sería la institución de un estado injusto y opresor del proletariado.  

Según el segundo postulado de Lenin, el estado es, por definición, opresor, represivo y explotador[8]. Lo llama “un poder especial de represión”[9]. Así, “la represión anterior, ejercida por la clase burguesa contra la clase trabajadora se invierte ahora en el nuevo estado que ejerce una nueva represión, esta vez de los trabajadores contra la burguesía”[10]. No sé por qué me viene a la cabeza el antiguo grito de guerra de la época de Allende: “los momios al paredón y las momias al colchón”, una muestra más de sexismo revolucionario.

Está demás decir que nada de esto puede ser pacífico, puesto que, como decía Marx, la violencia es “la partera de la historia” y se halla omnipresente en toda revolución. La violencia es el instrumento revolucionario por excelencia, asegura Lenin y agrega que el Manifiesto comunista se refiere a la violencia revolucionaria como fatal, inevitable e indefectible. Dice que enseñar otra cosa, por ej. la no-violencia, es “traicionar” su doctrina[11].

Finalmente, el afiche de Quinta Normal concluye con un llamado: “Que nada ni nadie nos detenga, el momento es AHORA”. No sé por qué lo de que el momento este texto me recuerda una antigua canción de la época del rock argentino. Es curioso que el panfleto se refiera a “la policía” y no a los carabineros que ni siquiera les llaman “pacos”. No quiero ser conspiranoica; pero tal vez sea cierto que estos panfletos son importados. En su momento, me llamó igualmente la atención que los rayados en la Casa Centra de la Universidad Católica, hablaban de la “yuta” que es como se llama despectivamente a la policía argentina. ¿Será este el internacionalismo del mal?

Así, a la usanza del marxismo leninismo de fines del siglo 19 y primeras década del siglo 20, la ultraizquierda llama en Chile a la guerra permanente contra el estado, representado por la institución de Carabineros[12], que se ha convertido en “el gran enemigo” de estos aprendices de revolucionarios. Tal como Pablo Escobar -el narcoterrorista colombiano- declaró la guerra a los “tombas” que es como llamaba a los policías de ese país.

El objetivo de este nuevo y a la vez viejo fanatismo es destruir el estado (en esto se igualan a los libertarios de extrema derecha), en la ingenua creencia que, al hacerlo, se activará una gran revolución planetaria, al cabo de la cual, advenirá el paraíso terrrenal.

Esto que sólo causa risotadas en Europa, se encuentra aún escrito en los genes de los movimientos de ultraizquierda latinoamericanos en una mezcla increíble de ignorancia y de superstición. En otras latitudes, el marxismo se identifica hoy con Chernobyl, con los gulags y con la caída del muro, es sinónimo de fracaso, de opresión y de crímenes…[13] En Latinoamérica, en la periferia del mundo civilizado parece que falta dar la vuelta a muchas hojas del calendario, más bien a décadas… La ultraizquierda se ha quedado muy, pero muy, muy atrasada.

Imagínate qué pasaría si estos grupos que han declarado la guerra a los Carabineros, ganaran y efectivamente destruyeran a toda fuerza policial. En tal caso, Chile se convertirá en un failed state. Ponte tú que, estos grupos de la llamada “primera línea” lograran expulsar de vastos sectores de las ciudades a las fuerzas de orden. A esto apuntan con sus ataques a retenes y comisarías en sectores periféricos ¿Quién tomaría el poder?

En su teoría el proletariado, se iniciaría la revolución planetaria con la que tanto soñaban Marx, Engels, Lenin, Trotzky y Stalin. Pero en la práctica ¿quién tomaría el poder? Porque el proletariado es una entelequia, un ente ideal, pero inexistente. ¿Lo tomarían los narcos? ¿O alguna otra mafia? ¿O grupos de bandidos? ¿Algún comandante de alguna guerrilla? ¿Un aprendiz de Felix Dzerzhinski, el fundador de la policía secreta soviética? ¿Algún cartel de la droga del norte de Sudamérica? ¿Circuitos de hampones?¿O todos los anteriores?


[1] W. I. Lenin, “Staat Und Revolution”, Dietz Verlag Berlin Este, 1967. 9a edición (la primera edición es de 1948), Biblioteca del marxismo-leninismo, Rep. democrática alemana.

[2] En “La sociedad abierta y sus enemigos”.

[3] “Especialmente grave me parece el incendio del edificio de El Mercurio de Valparaíso, el diario más antiguo de habla hispana que aún existe, lo que es un orgullo para Chile. La libertad de prensa es uno de los valores más importantes y emblemáticos de toda sociedad libre y democrática. El hecho de que, precisamente un medio de comunicación antiguo, prestigioso y como tal, emblemático, haya sido incendiado por los manifestantes es gravísmo. Y nos dice mucho acerca del rumbo que ha tomado la protesta en Chile que de social, poco y nada le va quedando”, en La protesta originariamente social y el estado de excepción en Chile

[5] La abolicion del estado según Marx, Lenin y Engels La traducción es mía y no es textual.

[9] Lenin se felicita por habérsele ocurrido esta definición que, en su egomanía, califica de “grandiosa”, ver De la violenta revolución que conduce a la dictadura del proletariado

[12] Sobre el tema, invito a leer mi columna Los carabineros ya no son santos

[13] “El socialismo real sucumbió medio siglo, después de sembrar muerte, hambre y destrucción en todos los lugares por donde pasó”, Hitler, Stalin y el inicio de la II Guerra

¿Pamela Jiles, de qué estaba disfrazada?

Les prometo que al ver las fotos de la diputada Pamela Jiles creí que estaba vestida de conejita del Playboy y que era un llamado de atención feminista contra la cosificación de la mujer o algo así. Después supe que se trataba de su homenaje a la llamada “primera línea”. Claro que su disfraz de color amarillo con orejitas lila no es nada parecido a las capuchas que se ven en la llamada “primera línea” de las manifestaciones, marchas, protestas y otras acciones. No es parecido ni en su forma, ni en su color. Me atrevo a pensar que se trata de un intendo de “dulcificar” la capucha, ya que los pasamontañas reales que usa la “primera línea” no son tan sweet como el de Pamela, que más parece una jovencita que va a una fiesta en el colegio.

Eso me lleva a pensar que la última vez que vi a la Pamela fue en nuestro colegio, ella ya había egresado. Yo estaba con mi amigo Javier Edwards y llegó la Pamela, que inmediatamente comenzó a hablar en voz muy alta de política con Javier y sólo con él y en forma que hoy denominaría como exaltada. Yo era amiga de su hermana menor; pero a mí no me dió ni la hora. Me parecía que para ella, sólo existía mi amigo. Esta actitud la he vivido sólo con hombres y con mujeres que parecen ver sólo a hombres e ignoran a las mujeres en la vida práctica. Pero no quiero juzgar a nadie, tal vez fue simple casualidad o después de tantos años, Pamela ha cambiado su actitud frente a las mujeres.

Mario Waissbluth[1] describe a la llamada “primera línea” como integrada por “jóvenes violentistas [que], por su parte, se sienten por primera vez en su vida formando parte de un grupo con un propósito, aplaudidos además por muchos de los 1-2 millones de incontables ‘ayudistas’ de las marchas pacíficas, que pasaron de rechazarlos inicialmente a ayudarlos en tan solo un par de semanas, a aplaudirlos, llevarles víveres y medicamentos. Ahora son su ‘primera línea’ en las marchas”. A su vez, Waissbluth describe a los “ayudistas”, como “los inocentes marchantes indignados, que sienten que la ‘primera línea’ los protege. Otros son izquierdistas (como yo), desde moderados a extremos”. De manera que, parece haber una simbiosis entre los dos: ayudistas y “primera línea”.

Pero volvamos al tema feminista. A comienzos de mes, me encontré con un tweet que interpretó plenamente, ya que yo, en ese momento sufría: un ataque despiadado[2] en Twitter desde una cuenta que pertenece a un español machista[3] y deslenguado radicado en Chile, o es un troll o un social bot, esto es, un robot pagado por alguien. El tweet que me interpretó decía: “Igual me pone mal el doble discurso femenino, por un lado el apoyo al #ElVioladorEresTu y a la vez ‘Puta, maraca pero nunca Paca’. La sub-división de género y la discriminación va ganando”, El tweet de 2 de diciembre es de María Loreto @lorecuadra. Desde mi insumisión, se lo agradezco.

Sí, la descalificación “sumisa” abunda en redes sociales frente a cada mujer que no está de acuerdo con la “primera línea” o con los ayudistas exaltados. Cuentas de activistas que intentan presentar a todas las mujeres que no estamos de acuerdo con ellos como mujeres que se someten al sistema patriarcal neoliberal o alguna fantasmagoría de esta calaña. Me recuerda esa estupidez acerca de que todas las rubias votaron por Piñera[4]. Nada más absurdo; pero parece que es la extrema izquierda -anticuada y pechoña- la que está a favor del prejuicio y de la discriminación absurda y sin sentido. Tal es su fanatismo y exaltación, tal es su ensañamiento ideológico.

Hay un discurso de la ultraizquierda -o de extrema izquierda, como le llamamos en ciencia política- de acuerdo al cual, el machismo y la sociedad patriarcal serían superadas en el sistema socialista. Por ello, quienes protestan, ya sean de la “primera línea” o “ayudistas”, tendrían que seguir protestando y deconstruyendo el sistema para construir uno nuevo. Como dice una activista en Instagram, se trata de substituir el patriarcado actual por un matriarcado. ¿Sustituir un sistema opresivo por otro? Lo pueden hacer sin mí, yo no quiero oprimir a nadie en nombre de ninguna “superstición ideológica”[5].

Me pregunto si el socialismo era un matriarcado… Basta con ver las fotos de la plana mayor de los países socialistas, desde Stalin hasta Tito, pasando por Honecker y Ceaușescu, para darse cuenta que el socialismo era un patriarcado. Los führer del Bloque Oriental, de ninguna manera, eran feministas. Muy por el contrario, las fotos de los líderes socialistas -hombres de terno y negro, corbata café, sombrero estilo Al Capone y camisa blanca- nos muestran quiénes eran realmente los que mandaban en el socialismo: hombres de sombrero gris.

Pero hubo otro socialismo, es el llamado socialismo verde oliva. En él, no había hombres de sombrero gris y expresión huraña, sino machos de guayaberas, de uniforme verde y de rostros barbudos. Si, allí no tenían cabida quienes no mostraran una barba exuberante muy testosterónica. En Cuba, el “pensamiento nacional dominante siempre ha  [sido] sexuado masculino”[6]. Como explica Roberto Ampuero, “ser un hombre revolucionario en la isla era ser en primer lugar heterosexual, cojonudo, intransigente, valeroso, macho y recio, lo que debía demostrarse con la voz gruesa, el vocabulario soez, gestos viriles y la conquista incesante de hembras”[7].

Esta semana, celebramos los cien años de la fundación de la Asociación para el bienestar de los trabajadores (Awo), una de las tres organizaciones de beneficencia más importantes de Alemania[8], constituída en 1919 por la luchadora feminista Marie Juchacz. La organización tuvo su origen en la época de la República de Weimar, un sistema o modelo que hoy sería calificado como neoliberal, que colapsó precisamente por los ataques de los dos extremos del espectro político de la época, que poco se diferencian de los extremos actuales. Durante el período del nacional socialismo, Juchacz no se refugió en la URSS, sino que huyó a los EEUU. Después de la guerra, regresó a Alemania occidental y retomó la labor iniciada por la institución que había fundado.

Regresó al Occidente de su país y no a la República democrática alemana. ¿Por qué? Porque a este lado del mundo y sólo en este lado, Juchacz podía continuar su labor en favor de la mujer y con ello, de toda la sociedad. Era la época en que, en la República federal, Ludwig Erhardt implementaba la economía social de mercado que condujo al llamado “milagro alemán” y permitió el bienestar a la población, inimaginable en países socialistas o, en general, estatistas[9].

Al “otro lado” de Alemania, existía una gran desigualdad, pero que era negada permanente y sistemáticamente. Pienso que, donde se niega la realidad, no se puede mejorar nada y no hay espacio para la iniciativa individual o colectiva, ni siquiera en el ámbito del amor al prójimo. El trabajo de la feminista socialdemócrata[10] Marie Juchacz habría sido imposible en el mundo socialista. Sin embargo, los seguidores del totalitarismo lo que hacen es “negar los hechos cuando contradicen o ponen en aprietos o en tela de juicio su propia ideología”[11].

El modelo de la democracia liberal representativa y su par, la economía social de mercado no es perfecto; pero es el único sistema esencialmente perfectible que conocemos. El único en el que se otorga un premio a quienes hacen ver los errores existentes y a quienes tratan de corregirlos. El único que fue capaz de transitar desde una sociedad patriarcal a una en que existe cada vez más igualdad entre hombres y mujeres. En que el feminismo pudo desarrollarse y se continúa desarrollando libremente. Y te dan un premio por ello.

Por el contrario, un sistema socialista (de uno u otro lado de la herradura del espectro político) se considera a sí mismo como perfecto y en él se llama traidores a quienes hacen ver sus errores. El socialismo es un modelo estático y, por definición, imposible de ser mejorado o perfeccionado. En él, el feminismo no tenía cabida, sencillamente porque se consideraba un sistema perfecto, en que la mujer ya había alcanzado lo que tenía que alcanzar. Con ello, perpetuó el patriarcado.

Prefiero reconocer las desigualdades y que me den un premio por denunciarlas en vez de enviarme a algún gulag o a algún campo de trabajo, algo así como fueron las siniestras Unidades Militares de Ayuda a la Producción creadas en Cuba bajo la égida de Raúl Castro. Esto lo sostengo y me gustaría gritarlo, ya que soy feminista y no soy en lo más mínimo, ni sumisa, ni tampoco ingenua “donde más avances se ve en el tema igualdad de la mujer es precisamente en sociedades de economía de mercado y democracia liberal”[12]. Les confiero que prefiero a Marie Juchacz que a Pamela Jiles.


[2] Aquí uno de sus tweets, que guardé; pero había más.

[3] Iñaki, a quien habría que denunciar.

[5] De “supersticiones ideológica” habla Montaner -que no es santo de mi devoción- en este artículo La destrucción en Chile, que aparecido en Cubanet.

[7] Roberto Ampuero, “Detrás del muro”, 2015, pág. 203.

[8] Las otras son Caritas, de la Iglesia católica y la Diaconía, de la Iglesia evangelíca (luteranos y calvinistas).

[9] Se cuenta que Fidel Castro, en algún viaje a Alemania oriental, sostuvo que el milagro alemán era el de la RDA. Con Condorito, sólo puedo decir: PLOP!

[10] La socialdemocracia alemana fue muy combatida por los comunistas, ya desde la época de Weimar. En 1959, la SPD renegó de cualquier resto de marxismo y señaló que la base de sus ideales eran la ética cristiana, el humanismo y la filosofía clásica.

[11] Roberto Ampuero, “Detrás del muro”, 2015, pág. 18.

¿Primavera de Chile o el frío invierno?

Fuera de Chile, se ha empezado a hablar de una supuesta primavera de Chile. En analogía con la llamada primavera árabe que tuvo lugar entre 2010 y 2013. Lamentablemente, la primavera árabe no condujo a la ansiada democracia en la mayoría de los países donde surgió. Salvo en Túnez, el único país que, afortunadamente, ha logrado establecer un sistema democrático relativamente estable.

La guerra en Siria -que comenzó el 2011- ha destruído al país, provocado miles de muertos y millones de refugiados que ha tenido que huir de un país en guerra civil es otro conflicto que comenzó con su primavera árabe. Pese al poco éxito, creo que no se puede impedir a una sociedad la búsqueda de la libertad y de la democracia, de la tolerancia y del pluralismo.

La supuesta primavera de Chile más parece un frío invierno que una floreciente primavera. Y esto, desde un comienzo, cuando el vandalismo aún era una protesta social. El próximo verano tampoco se ve mejor en el país. Sobre todo considerando los tres meses de vacaciones que se nos vienen encima. Diciembre, enero y febrero no se vislumbran como meses de descanso, sino más  bien de crispación.

En todo sentido, falla en Chile la analogía con la primavera árabe. Nuestro país es una democracia, que funciona -o debería escribir, funcionaba- relativamente bien. Y esto, desde hace por lo menos tres décadas[1]. Con un estado de derecho, donde el imperio de la ley prevalece sobre la violación masiva del orden jurídico[2]. Al menos, hasta ahora. En otras palabras, donde regía el imperio de la ley y no la ley del más fuerte[3].

Chile tiene una economía estable -o debería decir, tenía- y en crecimiento permanente, tal vez no exponencial, pero crecimiento, como corresponde a un país que -según me dice una amiga venezolana que no vive en Venezuela- ya es un país desarrollado. Sí, en el mundo, somos considerados un país desarrollado. Tal vez lo éramos… dudo que seguiremos siéndolo.

El colombiano Andrés Mejía describe a Chile como “un país que tiene una economía de mercado bastante exitosa, no solamente en indicadores fríos como crecimiento e inflación, sino en aquellos más humanos como reducción de la pobreza y movilidad social”[4]. Son los llamados indicadores socio-económicos que, en Chile, han sido, hasta ahora, bastante buenos. Agrega: El crecimiento ha permitido reducir tanto la pobreza como la extrema pobreza persistente y considerablemente desde el 2006 al 2017[5].

Continúa: “Chile muestra muy buenos indicadores en movilidad social. De hecho, es un líder en la OECD en este aspecto, y es por supuesto el líder en América Latina: Chile lidera la OECD en el porcentaje de personas que, viniendo de familias de bajos ingresos, están dentro del 25% de población de mayores ingresos”[6]. Esto es un gran logro. Es el sueño americano del self made man, de la self made woman.

En otras palabras, “Chile es uno de los pocos países de la organización, donde es más probable que los hijos de familias de altos ingresos sean económicamente menos exitosos que sus propios padres[7]”. Por ello, Simon Kuestenmacher twittea: “If you are a poor kid trying to live the American dream (from rags to riches) may I suggest moving to Chile or Denmark?”[8] No creo que el experto alemán sostenga hoy lo mismo…

Sin embargo, es claro que, sin respeto a la propiedad privada -también a la propiedad intelectual- no puede haber desarrollo económico, ni prosperidad, ni superación de la pobreza y elevación del bienestar, como lo han demostrado las innumerables economías planificadas que se expandieron por el mundo durante el siglo XX. Tanto las fascistas, como las comunistas.

Sin respeto a la propiedad, tampoco podemos hablar de estado de derecho. Sin posibilidades de resguardarla, decae el estado de derecho y termina por desaparecer. Es lo que pasa hoy en Chile: los saqueos, la destrucción de inmuebles, los incendios de fábricas, supermercados, iglesias, de hospitales, de casas centrales de universidades y del Metro, la destrucción de hoteles y de colegios socavan el estado de derecho, ya que son un ataque directo al derecho de propiedad, individual, social y colectivo.

O, como escribe una amiga parece “que un grupo quiere gobernar sin ganar las elecciones…”[9]. Me explica que, ”tienen un objetivo claro, apoderarse del gobierno, sin ganar las elecciones democráticas y mantener presente el miedo”. Lo que describe mi amiga es la esencia de todo sistema antidemocrático.

No hay que olvidar que, detrás de cada incendio, de cada destrucción, de cada saqueo, hay personas -familias enteras- que se quedan sin fuente de trabajo y sin ingresos. No sé cómo tienen ropa para hablar de los pobres… A los “revolucionarios sociales” nada les importan los pobres… Ni tampoco las mujeres[10]. Parece que su único objetivo fuera la desestabilización, el poner fin al estado de derecho y a la democracia.

Sin estado de derecho no existe la democracia. Tal vez, sólo las antiguamente llamadas “democracias populares” que de democracia, sólo tenían el nombre; pero no una democracia liberal representativa, sea en su versión presidencialista (Francia, Estados Unidos) o en su versión parlamentaria, como en la mayoría de los países de Europa.

Sin derecho a mi libre autodeterminación,no puede haber estado de derecho, como tampoco sin respeto a mi integridad física y psíquica. Llegados a este punto, recuerdo lo que una amiga mía escribió en Facebook a comienzos de noviembre:

“Ayer -pasando por el centro de Santiago- un grupo de manifestantes detuvo el tránsito, comenzaron a golpear el auto en el que viajaba y a cantar ‘El que baila pasa’. Fue imperativo. No había otra opción más que bajarse a bailar!! Lejos de ser un momento de diversión como muchos lo exponen en redes sociales, lo viví como un momento de mucha tensión. A muchos les puede parecer que no es para tanto, que mi temor no se condice con el temor que viven otras personas… Probablemente!! Absolutamente!! Pero en lo que si podemos convenir es que es infinitamente desolador estar en minoría ante un grupo de personas cuyas motivaciones, razones y estados de ánimo desconoces y que te obligan a bailar para su diversión”.

¿Puede ser esta la primavera de Chile? ¿Puede ser que nos conformemos con quedar sometidos al capricho de una turba que se dice representar al pueblo? ¿A los pobres? ¿Sometidos a gente que, en su ensañamiento ideológico, los defiende y justifica? Me temo que no. Me temo que está comenzando un invierno y uno muy duro, con nieve, hielo, frío y oscuridad.

La alternancia en el poder es un elemento esencial de toda democracia[11]; pero parece que para la extrema izquierda, la alternancia en el poder es sólo un estorbo. Un obstáculo que hay que remover en su viaje al totalitarismo. Hay que tener en cuenta que “la alternancia del poder en Chile se ha dado desde el regreso de la democracia en 1990, siendo la izquierda la que ha gobernado la mayoría del tiempo. Durante ese período, la Constitución ha sido cambiada numerosas veces y legitimada por los partidos de izquierda”[12].

“A mi modo de ver, arrogarse la facultad de representar al pueblo al tiempo que se la niega a quienes realmente han sido elegidos tiene un nombre muy simple: populismo”[13]. El populismo es una lacra que acaba por destruir la democracia si no se lo para a tiempo. A su vez, pasarse el estado de derecho por cualquier parte y llamar a luchar en las calles, aunque se haya perdido en las elecciones puede recibir dos nombres: extremismo o terrorismo. O ambos.

Hay primavera sólo cuando sales de un régimen absolutista, totalitario o dictatorial y te diriges hacia uno democrático y libre y no al revés. Y este “revés” totalitario y dictaorial es lo que yo veo que anhelan los grupos revolucionarios en Chile. Sembrar el caos, el odio y la violencia, destruir la economía, y el estado de derecho. Acabar con el imperio de la ley y sustituirlo por la fuerza. Y esto, después de haber quemado Chile, de haber destruido su economía, que ya está por el suelo, sobre todo las pymes que son la columna vertebral del país. Sólo puedo decir: de primavera de Chile, nada. Pleno invierno, en el mejor de los casos.


[1] Un amigo mío tiene otra postura. Según él me dice: “Y acaso los 30 años de post dictadura en que se destruye la tierra, se roban las aguas, talan los bosques, se olvidan culturas no es vandalismo???? Las zonas de sacrificio, costos de salud y educación no son saqueo??” Su comentario en: https://www.instagram.com/p/B5TaICpoagV/ 

[2] Invito a leer mi ingenua columna de fines de octubre La protesta originariamente social y el estado de excepción en Chile Desde entonces, cuánta agua ha pasado bajo el puente…

[8] Su tweet

[11] “la alternancia en el poder es, pues, condición sine qua non de la democracia”, en: Enrique Suárez-Íñiguez, Teoría de la democracia. Una propuesta integradora

¿Será el capitalismo el culpable del patriarcado? ¿O será al verrés?

El lunes pasado, conmemoramos el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. No creo que muchas mujeres puedan asegurar que nunca fueron víctima de violencia. Algunas más, otras menos, todas hemos sufrido alguna vez, violencia física o psíquica por el hecho de ser mujer. El hashtag #metoo es uno que creo que todas podemos suscribir.

En estos aciagos días -ya vamos en la quinta semana- de protestas, marchas, paros, saqueos, incendios y otros actos de vandalismo en Chile, al cabo de los cuales, parece que el país está al borde del precipicio y los violentistas, también. Al menos si le creemos Mario Waissbluth, en su columna de esta semana[1].

Sí, en el convulsionado Chile de hoy, hay quienes sostienen que tienen que seguir con las protestas, ya que su movimiento tiene que continuar presionando, porque sin presión no habría cambio favorable a la mujer, ya que, en un “sistema capitalista”, el patriarcado pervive, ya que el capitalismo “protege” al patriarcado.

De entrada, descalifican a toda mujer que los contradiga, al menos, como “sumisa”. La sumisión es definida “como un cúmulo de comportamientos, costumbres y prácticas sexuales donde una persona accede que otro individuo pueda ejercer poder y dominio sobre este, dentro de un contexto sexual o más genérico, limitado o indefinido en el tiempo”[2]. Sí, es como para no creerlo: si no estás de acuerdo con la revolución molecular permanente y con la presión social callejera, eres una sumisa y tal vez algo más…[3]

Si se lograra la liberación femenina “acabando con el sistema”, hasta yo estaría quemando edificios, ya que yo también soy feminista y estoy a favor y anhelo sin pausa la emancipación de la mujer. Si el triunfo del feminismo, el fin de la pedofilia, de la ebofilia y de todo tipo de abusos sexuales, el fin de la cosificación de la mujer, del maltrato en cu contra, de su discriminación laboral y de todo tipo de aberraciones, dependiera de un cambio del “modelo neoliberal”. ¿Pero será esto así? O ¿será otra quimera de quienes se encuentran en una especie de ensañamiento ideológico permanente?

¿Será el patriarcado un mal protegido por nuestro sistema occidental, establecido en la época de la guerra fría, en el llamado “mundo libre”? ¿Será nuestro modelo “capitalista” y democrático liberal representativo el que propugna y propicia la opresión de la mujer? ¿Será nuestra sociedad democrática liberal la culpable de toda la violencia en contra nuestra? ¿Habrá que acabar con el capitalismo en Chile e instaurar una economía planificada para superar el machismo?

Una tesis es una proposición, un punto de vista que se puede poner en duda, ya que no es una verdad comprobada. Podemos probar una tesis o reprobarla, demostrarla o refutarla. Cuando confrontamos una tesis con la realidad, buscamos evidencia empírica que la afirme o la desvirtúe. Asimismo, ante a cada tesis, se puede formular una antitesis[4]. Ello, de acuerdo al principio de falsabilidad o racionalismo crítico, a cuya formulación Popper contribuyó esencialmente[5].

Como toda tesis, la aseveración de ciertos grupos en Chile de hoy, en el sentido que “el sistema capitalista y liberal-democrático protege el patriarcado” es una tesis que tiene que ser sometida a pruebas que la contradigan. Es lo que denominamos falsabilidad o refutabilidad.

Antes que nada, veamos qué pasa con las sociedades no capitalistas, no liberales y no democráticas. En ellas, debería no existir opresión alguna, cero patriarcado, nada de machismo. Por el contrario, debería reinar la igualdad entre hombre y mujer, y entre transexuales, bisexuale, homosexuales. Sin embargo, ¿existe tal igualdad en países no-capitalistas?

Resulta que el capitalismo surgió en la Edad moderna, por allá por el siglo 18 y llegó a su cúspide a mediados del siglo XX, después del triunfo de los aliados sobre el fascismo y el nacional socialismo en Europa. No creo que nadie pueda sostener que la sociedad anterior a la Edad moderna no eran patriarcados.

Cabe preguntarse si los países europeos anteriores a 1945 eran estados con una sociedad abierta e igualitaria, en los que se había eliminado el patriarcado. Mi respuesta es clara: en Europa occidental, la sociedad anterior a 1945 era una  sociedad mucho más patriarcal, más machista y e inconmensurablemente más cerrada que la actual.

Por el contrario, ha sido precisamente el sistema capitalista y democrático el que, al menos, en Europa y Estados Unidos y Canadá, Australia y Nueva Zelanda, ha dado un gran impulso a la liberación de la mujer. Tal vez porque este es un sistema capaz de corregirse a sí mismo y de perfeccionarse. Un sistema que te premia si lo criticas. Te premia y no te castiga, como ocurre en el caso de estados totalitarios. Te premia, porque hemos aprendido que en la crítica se haya el comienzo de toda mejora. En la crítica que no destruye violentamente, sino que edifica. Esta es mi antítesis.

Volvamos atrás en el tiempo y preguntémonos, si “al otro lado”, al Este de Europa, el reino del socialismo real, existente hasta comienzos de los años 1990, acabó con el sistema patriarcal. Hay que mirar a Rusia y a los demás países soviéticos después de 1919 y a los estados de Europa oriental luego de 1945. La verdad es que en ninguno de ellos se logró una igualdad de género ni nada semejante. Ni entre 1919-1991, ni tampoco entre 1945-1991. Es más, en ellos, cual más cual menos, imperaba el machismo más absoluto.

En el mundo del socialismo real, sólo los varones -aquellos de uniforme militar, con el pecho lleno de condecoraciones de los más diversos colores y tamaños, o vestidos con ternos oscuros, corbata gris y sombrero negro, estilo Al Capone- se adueñaron del espacio político, del poder económico y de la intelectualidad que pusieron a su servicio. Ellos, los varones y sólo ellos, pues ningún espacio dejaron a las mujeres, salvo los jardines infantiles, alguna organización o juvenil, la salud (las enfermeras eran muy importantes en el Este, ya que muchos médicos no había) y las grandes cocinas de las empresas estatales.

Tal vez, la República democrática alemana fue el país del bloque oriental más “liberado”; pero aún en él, esta liberación era de la boca para afuera. Tengo la suerte de ser muy amiga de una profesora emérita que fue llamada a una Universidad muy importante de la ex-RDA luego de la Caída del Muro. En el marco de la Unidad alemana, a ella le tocó reorganizar la facultad en la que trabajaba[6]. Mi amiga es una de las más importantes expertas en gender en Alemania y que, por ello, estudió empíricamente la desigualdad hombre-mujer en la Alemania comunista y su veredicto es sumamente negativo para el sistema socialista. En ese modelo altamente no-capitalista, la igualdad hombre-mujer era una quimera. Y eso, en el país socialista más desarrollado en términos de igualdad de sexos. ¿Te imaginas cómo era en los otros?

La primera mujer que llegó a la cima del poder en un país europeo importante fue Thatcher, primera ministra de un país liberal, democrático y cuna del capitalismo, a la que ella misma inyectó aún más libertad económica y política. La segunda, fue la conservadora Merkel, en un país que algunos critican abiertamente por representar uno de los peores capitalismos: el capitalismo alemán. El francés Felix Guatteri, autor del Manual sobre la Revolución molecular escribe: “hoy es necesario distanciarse del mito de la primacía absoluta del capitalismo alemán y americano”[7].

Hoy, la laborista Jacinda Ardern, encabeza el gobierno neozelandés, es la segunda mujer al frente de un estado que da a luz durante su mandato. Precedida sólo por Benazir Bhutto, de Paquistán. La social demócrata Helle Thorning-Schmidt fue entre 2011 y 2015, primera ministra de Dinamarca. Todos, salvo Paquistán, países claramente “capitalistas” o “neoliberales”, como les llaman en términos despectivos. Yo prefiero llamarlos economía social de mercado o economía libre.

Es más, en el Bloque oriental, de economía planificada y no capitalista, imperaba no sólo el machismo más enconado, sino también una fuerte ñoñería. No sé si se sabe en Chile que los Honecker tuvieron que casarse, ya que su relación era un gran escándalo y habría sido una razón para poner fin a sus respectivas carreras, según les explicó el secretario general del Partido, Walter Ulbricht. Erich Honecker y Margot Feist se conocieron en la fiesta de cumpleaños de Stalin en Moscú, en 1948. Y al casarse, ya tenían una hija Sonja[8].

Okay, me pueden decir, eso es pasado… Pero ¿qué ocurre ahora en los países de economía y régimen político no capitalista? Con Venezuela, con Cuba, países cuyas sociedades son altamente sexualizadas. Iba a contar algunas historias; pero no lo haré por cariño a mis amigas venezolanas y cubanas. (Un amigo me contó que a él, llegando a Cuba, el papá de una joven, se la ofreció por 50 dólares la semana. Conozco muchas historias como esta). La persecución de los “afeminados” (que fueron internados en campos de reeducación sexual) en la época de Fidel Castro en Cuba, es sintomática. Hasta donde se sabe, su hermano Raúl fue el encargado de implementar estas medidas homofóbicas[9].

En países no-capitalistas, como China, Corea del Norte o en Rusia. ¿Creen Uds. que la sociedad es super igualitaria y hay tantos líderes mujeres como hombres? Lamento defraudarlos: no es así. ¿O Uds. han visto que en la plana mayor de la República popular china, haya alguna mujer? ¿O en Rusia, donde un grupo de oligarcas acumula todo el poder económico y político? Donde las mujeres de los oligarcas son, en el mejor de los casos, algo así como un adorno. Entre paréntesis, no sé si saben que, en Rusia, si un marido golpea a su mujer, no puede ni siquiera ser castigado penalmente (salvo que la mate); pero que los besos en la calle son objeto de una multa.

En suma, la tesis, de acuerdo a la cual, el “sistema capitalista” protegería, sería la causa o ampararía al patriarcado es falsa. Por el contrario, en países no-capitalistas, el machismo abunda y no hay forma de criticar al sistema y por lo tanto, de superarlo. Históricamente, en la era pre-capitalista, el patriarcado fue muy fuerte y se puede decir que, con el inicio del sistema liberal en la Edad Moderna, la sociedad patriarcal comenzó a ser superada. Mi tesis: donde más avances se ve en el tema igualdad de la mujer es precisamente en sociedades de economía de mercado y democracia liberal.


[3] Para muestra, un botón: este tweet que me envió alguien, de entrada, que no me conoce y en vez de dialogar.

[4] …esto lo deben saber muy bien los filomarxistas, ya que en el marxismo existe la dináminca tesis-antitesis-síntesis

[5] En su libro “Logik der Forschung” (lógica de la investigación), de 1934 y que él consideró siempre su obra más importante, más que “La sociedad abierta y sus enemigos”.

[6] …en otra ocasión, puedo contarles cómo era espiada por sus nuevos colegas.

[7] “La nueva aristocracia mundial continuará recibiendo el apoyo que le brindan las altas jerarquías de las potencias internacionales. Sin embargo, no se identificará particularmente con ninguna de ellas. Del mismo modo que ayer era necesario acabar con el mito de las doscientas familias, hoy es necesario distanciarse del mito de la primacía absoluta del capitalismo alemán y americano. El objetivo actual no está concentrado en un solo punto. Los focos más virulentos del capitalismo se encuentran tanto en el Este como en el Oeste, así como en los países del Tercer Mundo”, en: Conspirar y respirar ‘La revolución molecular’, seminal texto de Félix Guattari, se lee cuatro décadas después como un sistema universal de lucha social y emancipación

[8] Erich estuvo casado tres veces. La primera cónyuge de Erich Honecker fue una mujer guardia de una cárcel. Después de su muerte debido a un tumor cerebral, Erich se volvió a casar con, Edith Baumann, una funcionaria juvenil del partido, con la que tuvo una hija: Erika. Estando casado con ella, conoció a Margot, en Moscú. Walter Ulbricht, el padre del socialismo de la RDA y secretario general del partido, o sea, el primer hombre del estado, conminó a Honecker a divorciarse de la funcionaria juvenil y a casarse con su amante y madre de su hija, Margot.

[9] Interesante es el artículo publicado en una página de izquierda: Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana “La asociación entre los cubanos gays, el afeminamiento y Estados Unidos produjo además el argumento de que los homosexuales eran incapaces de resistir la agresión estadounidense y, por lo tanto, que eran escollos en el proceso de crear al «hombre nuevo» del Che Guevara.”

Teillier: “puede que se pierda en el Parlamento, pero no en las calles”

Esta semana, alguien escribía en Twitter “pensamos que el voto es la manera democrática de elegir a nuestros líderes que manejan al país”[1]. Exacto, este es el quid, es la esencia de la democracia liberal representativa, como la conocemos en el mundo civilizado y la vivimos en los países democráticos.

Últimamente, alguien ha hablado de una “democracia iliberal”, término que me recuerda a la llamada “democracia popular” de antaño, a la que, sin duda, se parece demasiado.

El voto, las elecciones periódicas, libres e informadas son la única manera de elegir a los representantes del pueblo. Antiguamente, se llamaba sediciosos a quienes se arrogaran la representación popular sin haber sido elegidos democráticamente.

Da lo mismo que “el pueblo se equivoque”, yo estoy obligada a respetar la decisión mayoritaria. Eso sí, siempre respetando la opinión de la minoría. Se puede decir que, en la democracia, a la minoría la tratamos con cariño y empatía.

En prácticamente todos los sistemas democráticos, existen mecanismos para que las minorías sean plenamente respetadas y tengan representación parlamentaria. El conocido “The winner takes it all” es un procedimiento muy antiguo, de los primeros tiempos del parlamentarismo y está en retroceso.

En algunas elecciones ganan los unos, en las otras, ganan los otros. En Chile, por ej., durante los últimos treinta años, 25 de ellos han gobernado sectores de izquierda y sólo cinco, lo han hecho los de la derecha[2]. Quiénes se quejan tanto de que las cosas andan mal, deberían recordar esta circunstancia antes de culpar de todo el gobierno que asumió hace un año. En el país, ha habido alternancla en el poder que es condición sine qua non de la democracia[3].

Gobernantes que se eternizan en el poder, de los que vemos algunos ejemplos en la Región (Bolivia, Venezuela) son cualquier cosa, menos gobiernos democráticos. Familias que se eternizan en el poder (como en Argentina) se hallan al borde de la demagogia, que es lo contrario de la democracia.

La Constitución señala acertadamente en sus artículos 4 y 5 inciso 1°:

Artículo 4°. Chile es una república democrática.

Artículo 5°. La soberanía reside esencialmente en la Nación. Su ejercicio se realiza por el pueblo a través del plebiscito y de elecciones periódicas y, también, por las autoridades que esta Constitución establece. Ningún sector del pueblo ni individuo alguno puede atribuirse su ejercicio.

Sí, “el voto es la manera democrática de elegir”, tanto en elecciones, como en plebiscitos. Los representantes del pueblo se eligen en elecciones libres, pacíficas e informadas, como ocurre en Chile. Me puede gustar o no el candidato o la candidata ganadora; pero independientemente de ello, tengo que aceptar su triunfo, reconocerlo y felicitarlo/a.

Cuando el presidente del Partido Comunista chileno Guillermo Teillier[4] asegura que ante el eventual fracaso de una por él planeada acusación constitucional contra Piñera, “puede que se pierda en el Parlamento, pero no en las calles”, se coloca claramente fuera del estado de derecho y con ello, fuera del sistema democrático de gobierno.

Asimismo, el pueblo que enfrenta al parlamento es un tópico propio del populismo actual, de extrema derecha y de extrema izquierda. El populismo es una lacra que acaba por destruir la democracia si no se lo para a tiempo.

La lucha callejera no es, de ninguna manera, el lugar donde se elige quien representa al pueblo. Es más, quienes salen a las calles a destruir, a quemar, a golpear a otras personas, nunca pueden ser representantes del pueblo.

Es en las elecciones donde se determina hacia donde va el país, hacia donde se dirige la sociedad. Las elecciones y nunca la violencia, sea violencia callejera o de otro tipo. Saqueos, quemas, barricadas, etc. Pero parece que hay gente que cree que vivimos en 1917 y en Rusia.

En estos días, un usuario de Twitter me decía que algo así como que los grandes cambios sociales se produjeron en la historia mediante la violencia, las barricadas, el terror. Es cierto que en las revoluciones de los siglos 18 y 19 hubo gran violencia; pero también es cierto que los cambios se produjeron más bien a través, del pensamiento, de los libros, de los diarios, de los afiches, en otras palabras, del pensamiento, de la Ilustración. 

Las revoluciones de fines del siglo 20, contra los regímenes comunistas fueron pacíficas, como corresponde al nivel de desarrollo intelectual de la sociedad de hoy.

Sólo el estado tiene el monopolio de la fuerza y lo ejerce de acuerdo a derecho. A este punto me referí explícitamente en mi columna de la semana pasada[5]. Este es el quid, la esencia del estado de derecho que, a su vez, pertenece a la esencia o el quid de la democracia.

No queremos volver a la época de las cavernas donde no se conocía el imperio de la ley, sino la ley del más fuerte, del que peleaba mejor. Podemos decir sin temor a equivocarnos que una supuesta democracia sin estado de derecho no es democracia.

Pero en la sistemática del partido comunista, Teillier tiene razón: la lucha debe seguir hasta que el proletariado conquiste el poder. Conquista que se efectúa por cualquier medio: a través de la vía electoral (que curiosamente se conoce como “la vía chilena”) o de la vía armada, de la revolución. En este punto, Stalin es un buen ejemplo.

Finalmente, sólo puedo decir que, cuando algunos se consideran a sí mismos, como los únicos representantes del pueblo, pese a que su partido apenas llegó al 5%[6] en las últimas elecciones parlamentarias, hay algo que no me cuadra.

A mi modo de ver, arrogarse la facultad de representar al pueblo al tiempo que se la niega a quienes realmente han sido elegidos tiene un nombre muy simple: populismo.

Llamar a luchar en las calles, aunque se haya perdido en el Parlamento tiene otro nombre muy simple: extremismo.


[1] M. Soledad Brito @choibrito Su tweet

[4] Bien atrasado está Chile todavía con un partido comunista… El comunismo pasó hace mucho tiempo de moda. Está totalmente passé. Tengo que confesar que, me causa bastante vergüenza reconocer, frente a mis amigos extranjeros, que en Chile aún hay un partido comunista, algo totalmente arcaico, anticuado, pasado de moda, sobrepasado por la historia.

La protesta originariamente social y el estado de excepción en Chile

Dedico este artículo a un joven de San Bernardo que perdió su vida -fue asesinado- por personas que saqueaban su almacén. Y que es cercano a la familia de una querida amiga.

La revista alemana Spiegel comentaba esta semana que nos sorprende lo que pasa actualmente en Chile, hasta ahora el mejor alumno o el primero de la clase en Hispanoamérica[1]. Me gustaría expresar algunas ideas acerca de cómo veo yo el problema de la protesta en Chile 2019.

Hay que considerar que “Chile posee la renta per cápita más elevada de América Latina​ y pertenece a la categoría de países de ingresos altos según el Banco Mundial”[2]. El problema chileno no es de falta de crecimiento, sino de distribución o más bien de redistribución de la riqueza. A mi modo de ver, un conflicto típico en países que van creciendo.

Estamos frente a una protesta social o inicialmente social. Este fue su detonante y nadie la veía venir tan pronto, al menos, no con esta intensidad y violencia. La desigualdad económica es en Chile un tema preocupante. Cada país con gran desigualdad es un país que camina al borde del abismo, esto, independientemente de otros indicadores socioeconómicos positivos.

De este problema chileno advierte la OECD desde hace años. Un país con gran desigualdad no sólo presenta estadísticas de criminalidad más altas, sino que también es caldo de cultivo de disturbios sociales.

Chile es un país cuya economía ha crecido muy rápidamente. Donde el éxito ha coronado muchas cabezas. Lo que es encomiable, meritorio y hay que celebrarlo. Sin embargo, esto ha llevado a aumentar la desigualdad, ya que algunos han visto coronados sus esfuerzos por el éxito y otros no.

Muchos han quedado en el camino: los ancianos, los poco calificados y quienes han tenido mala suerte o no han podido o no han sabido aprovechar las oportunidades. O tal vez han tenido otras prioridades muy legítimas y han escogido otras alternativas que no conducen necesariamente al éxito económico. Pienso que personas que cuidan a familiares enfermos, a mamás o papás que cuidan a sus hijos, en artistas, en científicos, en deportistas, en religiosos y religiosas…

El éxito no es sólo económico, hay muchas personas económicamente pobres; pero muy exitosas. Hace pocas semanas inauguraron en La Reina -mi comuna- una estatua homenaje a Violeta Parra, pienso en una persona exitosa como ella. Pienso en los científicos chilenos, algunos de ellos co-autores de descubrimientos tan trascendentales como la expansión acelerada del universo; pero de ninguna manera multimillonarios.

Pero desde el punto de vista únicamente económico, el problema no es que muchos hayan logrado el éxito material y que ganen mucho dinero. El problema es que muchos ganan muy poco. Y en la sociedad chilena -como en muchas otras- el éxito ha empezado a medirse únicamente por la cantidad de plata de que dispones. Para mí, eso es un espejismo.

También yo iría a protestar pacíficamente en contra de la desigualdad económica. Como muchas otras personas, soy partidaria de un estado social, lo que, de ninguna manera contradice la economía social de mercado, que no sólo es el sistema más eficiente, sino también el más justo. Pero la economía no es sólo economía de mercado, sino que es economía social de mercado[3].

Las acciones de protesta, las manifestaciones comenzaron siendo una protesta netamente social, que muy pronto se desbordó y se descontroló. La consecuencia fueron saqueos e incendios, robos, agresiones, heridos y hasta muertos. De pacífica, no le quedó nada, ni siquiera el nombre.

Fue un poco como lo que ocurrió en Francia con las chaquetas amarillas que empezaron reclamando por el alza del precio del diesel -en Chile, del alza los boletos del Metro- y acabaron en un movimiento en que se unieron extremistas de derecha y extremistas de izquierda, en una alianza insana y deletérea que se hace cada vez más común en el mundo occidental. Entre paréntesis, el elemento de emulación no se puede dejar de lado en Chile, donde amplios sectores de la población viven mirando en internet lo que pasa en el sur de Europa. La rabia y la indignación no son buenas consejeras, ni en Sudeuropa, ni en Chile.

El derecho a a manifestarse en forma pacífica es un derecho importantísimo e irrenunciable en una democracia liberal representativa. Como me comenta una amiga con respecto a las protestas: “el problema es que parten bien; pero luego llegan los encapuchados”[4].

El estado tiene que garantizar la seguridad de quienes participan en manifestaciones, las que siempre deben atenerse a la ley y respetar el orden público. Las manifestaciones violentas son -sin excepción- absolutamente inadmisibles y contrarias a derecho. El estado debe impedir y castigar la violencia en las manifestaciones y garantizar que éstas se realicen en paz. Esta es una exigencia irrenunciable del estado de derecho.Dedico este artículo a un joven de San Bernardo que perdió su vida -fue asesinado- por personas que saqueaban su almacén

Sin duda, protestas violentas, con “lanzapiedras”[5] y saqueos no sólo no ayudan en nada a la población, sino que la perjudican. Especialmente a la gente más pobre de la que dicen representar. La gente pobre, los ancianos quedan desprotegidos y al amparo de bandas de maleantes. No dudo que haya gente realmente solidaria y bien intencionada entre quienes protestan. Me gustaría que no se dejaran utilizar. Así no se ayuda efectivamente a los más pobres. Así no se supera la desigualdad. Más bien, parece que, con la violencia, la desigualdad aumentara.

Especialmente grave me parece el incendio del edificio de El Mercurio de Valparaíso, el diario más antiguo de habla hispana que aún existe, lo que es un orgullo para Chile. La libertad de prensa es uno de los valores más importantes y emblemáticos de toda sociedad libre y democrática. El hecho de que, precisamente un medio de comunicación antiguo, prestigioso y como tal, emblemático, haya sido incendiado por los manifestantes es gravísmo. Y nos dice mucho acerca del rumbo que ha tomado la protesta en Chile que de social, poco y nada le va quedando.

En este escenario, lo más sensato que puede hacer un gobierno es decretar el estado de excepción. En Santiago[6] y luego en otras ciudades. La Constitución política establece que, en caso de una grave alteración del orden público o de grave daño para la seguridad nacional, el presidente de la República podrá declarar el estado de emergencia, para las zonas afectadas. Zonas que empezaron con Santiago y se han extendido a otras ciudades. La emergencia se extiende por un periodo de tiempo, en principio de 15 días, prorrogable bajo ciertas condiciones.

De acuerdo al art. 42 de la Constitución, “declarado el estado de emergencia, las zonas respectivas quedarán bajo la dependencia inmediata del Jefe de la Defensa Nacional que designe el Presidente de la República. Este asumirá la dirección y supervigilancia de su jurisdicción con las atribuciones y deberes que la ley señale”. Esta es la razón por la cual, “los militares salieron a la calle”: para velar por el orden público.

Lo normal es que las fuerzas de orden, esto es, Carabineros, sean los garantes, los guardianes del orden público, que protejan a los ciudadanos, la paz en las ciudades, el resguardo de la convivencia pacífica. Pero, cuando la situación se descontrola -lo que no es lo normal, por eso el estado de excepción constitucional es, como lo dice su nombre, una excepción[7]– se recurre a las fuerzas armadas para que contribuyan a mantener el orden público, esencial para una convivencia pacífica y libre de violencia.

No es lo normal, es la excepción. La finalidad del estado de excepción -que siempre es temporal- es el retorno a la normalidad. Incluso, dentro de la excepción, el estado tiene el deber de respetar los derechos fundamentales, entre ellos el derecho a manifestarse. De esto son una buena muestra las manifestaciones realizadas en sectores acomodados de Santiago (como las de Vitacura y de Plaza Ñuñoa). Sus hashtags #noestamos en guerra y #elamoresmásfuerte son representativos de un público pacífico. O bien cuecazos en diferentes esquinas de ciudades chilenas, de día y con protección policial.

El estado de derecho tiene el deber de defenderse. Tiene que defenderse. La sociedad se defiende a través del derecho. El imperio de la ley prevalece sobre la violación masiva del orden jurídico. Evidentemente, las fuerzas armadas están igualmente sujetas a la ley durante sus patrullajes y sus actuaciones, en resguardo del orden público y quedan sujetas al eventual dictamen de los tribunales de justicia. Todo abuso de poder tiene que ser castigado. Asimismo, los delitos cometidos por encapuchados, saqueadores o ladrones, que se aprovechan de la situación, no pueden quedar impune.

Las fuerzas armadas no realizan normalmente labores de policía. Por eso, no es lo normal que salgan a la calle y es siempre algo arriesgado. Se puede decir que las fuerzas armadas “ayudan” a Carabineros en una situación excepcional. Esto existe en todos los ordenamientos jurídicos de los países civilizados e incluso, en algunos se habla de una “asistencia administrativa” de las fuerzas armadas en beneficio de las policiales. Aunque no es exactamente el caso en el derecho chileno.

Me parece que es una falsedad -y un gran sarcasmo- sostener que los saqueos se produjeron debido a la presencia de los militares en las calles. Asegurar que, si ciertos manifestantes ven a militares, automáticamente empiezan saquear negocios… no sé si es sarcasmo o simple estupidez.

Es precisamente al revés, si no hubiera habido saqueos, incendios y si no se hubiera cometido delitos graves contra la integridad de las personas, no habría sido necesario decretar el estado de excepción, con todas sus consecuencias. Durante el terremoto de 2010 también lo comprobamos: la presencia de militares impidió que los saqueadores continuaran con sus acciones en alguna ciudad del Sur. La violencia es la causa del estado de excepción y no su consecuencia.

El lenguaje de la democracia no es la violencia, menos los robos, saqueos y asesinatos. El lenguaje de la democracia es el argumento, es la palabra. La palabra es lo contrario a lanzar piedras o a incendiar diarios, autos, buses o el Metro de Santiago. El populismo de izquierda y de derecha, la descalificación del adversario político -que no es enemigo[8]-, el odio, la mentira, las fake news[9] carcome y finalmente destruye el sistema democrático de gobierno y lleva al totalitarismo. Muchos ejemplos nos da la historia del siglo 20.

Las personas más perjudicadas con los actos de violencia son precisamente aquellas que los manifestantes pretenden defender: los menos favorecidos, los más pobres, quienes quedan más desprotegidos frente a la violencia. Pienso en el joven que defendía su negocio en San Bernardo y que fue asesinado por saqueadores.


[1] Gewalt in Chile Es brennt im Musterland = Violencia en Chile. Arde en el país modelo.

[3] El llamado estado social no es de ninguna manera la caricatura del welfare state o estado benefactor que pintan algunos extremistas cuyas ideas proceden de alguna literata frustrada procedente originalmente de Rusia. Cuya ideología es frecuente en países hispanoparlantes.

[4] La prohibición del encapuchamiento es una norma generalizada en todas las democracias desarrolladas. Me pregunto si no existe en Chile o no se hace cumplir. O simplemente a los violentistas no les importa.

[5] Miren al hombre de la polera roja… le lanza una piedra o un ladrillo al radiopatrulla en medio de un taco, con eso pone en peligro no sólo a los carabineros sino también a los conductores de los otros vehículos: https://twitter.com/MartaSalazar/status/1186267761430978562/video/1

[7] Ver mis columnas “Soberano es quien decide sobre el estado de excepción” y Schmitt y el estado de excepción – Peligrosamente actual No se puede hacer de la excepción la normalidad, como hace Schmitt, considerado un “fanático del estado de excpeción”.

[8] … a diferencia de lo que plantea Carl Schmitt, lamentablenente muy popular entre la izquierda latinoamericana.

[9] Como aquella imagen que circulaba en las redes sociales que mostraba un supuesto screenshot de la televisión alemana que habría calificado al Presidente Piñera como un dictador (Dikator). Nada más falso, los medios alemanes han sido bastante ecuánimes para informar sobre la protesta en Chile.

El terrorista de Christchurch, Carl Schmitt y el melting pot

¿En qué se parecen el terrorista de Christchurch[1] y Carl Schmitt? En que ambos hablan del melting pot, de lo que en castellano llamamos crisol de culturas. Y ninguno de los dos lo hacen en buenos términos…

Para el primero, el objetivo fundamental es la separación racial y poner fin definitivo al “crisol de razas”. Su finalidad es que una supuesta “raza blanca” se separe absolutamente de las demás y logre la supremacía sobre las otras supuestas “razas”. Incluyendo la “raza” de los latinos, por si hay algún lector latino que se considere miembro de la “raza blanca”[2]. El asesino de Christchurch dice que hay que “eliminar físicamente” a los “invasores”. Es el lenguaje de los nazis que revive impulsado por la ideología de la White Supremacy.

En su “Manifiesto”[3] -que yo llamaría más propiamente un panfleto- describe la masacre de la ciudad neozelandesa de Christchurch- no como “un ataque a la diversidad, sino como un ataque en nombre de la diversidad”. Asesinar personas que viven fuera de su territorio es participar en el combate en que están empeñados los extremistas partidarios del etnopluralismo, en ese verdadero apartheid a nivel mundial[4] que se ha puesto de moda en sectores de extrema derecha e incluso entre ultra conservadores del llamado primer mundo.

Sí, el terrorista australiano[5] es un partidario del etnopluralismo (él dice que es un etnonacionalista, a confesión de parte relevo de prueba), ideología que pertenece al núcleo de la llamada nueva derecha, especialmente al movimiento identitario. Se puede decir que el etnopluralismo es el antónimo, es exactamente lo contrario al crisol de nacionalidades o melting pot.

Según el etnopluralismo, cada “pueblo” tiene derecho a vivir libre de influencia extranjera[6], influencia que se considera como una amenaza para la propia identidad cultural[7]. La gente que siente de esta manera, debe estar muy insegura de su propia identidad. En consecuencia, cada “pueblo” debería residir en un determinado territorio y no salir de él -salvo para hacer turismo- ni menos mezclarse con otros pueblos. Los matrimonios interculturales estarían prohibidos. Como señalé recién, sería un verdadero apartheid a nivel planetario.

El terrorista sostiene que hay que “garantizar que los diversos pueblos sigan siendo diversos, separados, únicos, sin diluir, sin restricciones de expresión y autonomía cultural o étnica”. Más etnopluralismo, imposible. La esencia del etnopluralismo es la creencia en que “cada pueblo tiene el derecho a mantener su sociedad libre de influencias externas”[8] [9]. Los pueblos tienen que estar solos, separados de los demás, sin “mezcla” de ningún tipo. El etnopluralismo es “un racismo sin razas, ya que en él se hallan elementos esenciales del racismo clásico el que, sin embargo, renuncia a la terminología propia del mismo, como el concepto de raza”[10] que ha sido dejado de lado por la ciencia del siglo 21[11].

A continuación, el asesino múltiple, se refiere a las razas, que hace sinónimo de cultura y hasta de religión. Se queja de personas como yo o como tú que, “Ni siquiera CREEN en la raza” y que tienen la desfachatez de decir que la raza no existe y, sobre todo, a aquellos a los que esto ni siquiera les importa. Prosigue diciendo que hay que “Asegurar que los pueblos del mundo permanezcan fieles a sus tradiciones y creencias y no se debiliten y corrompan por la influencia de los extranjeros”.

Los cristianos podemos dar testimonio de que el cristianismo es una religión universal y universalista. El universalismo cristiano se fundamenta en que el mensaje de salvación va dirigido a todos los hombres y mujeres, de todos los tiempos y de todas las etnias, sin considerar frontera alguna. De manera que estamos ante a una religión abierta a todos, independientemente de su origen étnico[12].

Pero, el terrorista no es no cristiano. Es más, sus ideas y su atentado es lo más contrario al cristianismo que pueda existir. Él mismo reconoce su posición frente al cristianismo: “Pregunta: ¿Era / es usted un cristiano? Respuesta: Eso es complicado. Cuando lo sepa, se lo diré”. Se lo puedo decir yo: claramente Ud. NO es cristiano. Usted se halla en las antípodas del mensaje de Jesús. Su panfleto y su actuación son exactamente lo contrario a la enseñanza de Cristo.

Se describe a sí mismo como un “un etnonacionalista ecofascista”. Y exige “Autonomía étnica para todos los pueblos con un enfoque en la preservación de la naturaleza y el orden natural”[13]. Rechaza lo que él llama la nueva “utopía multicultural”. A la supuesta “nueva utopía multicultural”, yo le llamaría “sociedad abierta”. Con Popper, pienso que el “tránsito de la sociedad tribal a la sociedad abierta es un shock” y en este proceso de tránsito surgen fuertes movimientos reaccionarios[14] que pretenden lograr un retroceso, echar hacia atrás los punteros del reloj o las hojas del calendario. En esta categoría se incluye el etnopluralismo o el etnonacionalismo, del cual este hombre es un representante, o más bien, una horrible marioneta.

En la supuesta entrevista que se hace a sí mismo, se pregunta “¿Qué te hace creer que hay diferencias raciales y que esas diferencias son importantes?” y se responde a sí mismo: “Investigación y datos. Haplogrupos, fenotipos y pruebas globalizadas. Con el tiempo, la verdad será revelada”. Los conspiranoicos como este asesino múltiple siempre te cuentan que ellos saben más que los demás, que conocen la verdad y nosotros no la conocemos. Insisten en que los demás no sabemos nada. Más adelante, dice que a nosotros nos lavaron el cerebro. Claro, ellos son los “iniciados”, los “iluminados”. Nosotros -pobres mortales- somos ignorantes. Pero, a la larga, “la verdad”, se conocerá o “será revelada” quién sabe por quién y todos les daremos la razón a ellos. Él asegura que él estará preso durante 27 años, luego se sabrá la verdad, él saldrá libre y le darán el Nóbel de la Paz[15].

El terrorista se refiere a Brasil. Dice que ese país “con toda su diversidad racial, está completamente fracturado como nación, donde la gente no puede llevarse bien, separarse y segregarse siempre que sea posible”. Yo diría que el problema de Brasil no es racial, ni racista. Una amiga brasilera me explica que su país, más que racista, es muy clasista (problema de la mayoría de los países de Latinoamérica, donde incluso los mismos self-made-people tienen la tendencia a volverse clasistas).

Carl Schmitt, en su librito sobre Derecho internacional se refiere explíticitamente a Brasil. Critica a Mello Franco[16], el delegado brasilero ante la Liga de las Naciones[17]. Explica que el brasilero no tiene derecho a “imponer sus ideas a Europa”, ideas que Schmitt critica duramente como “unvölkisch”, esto es, que van contra la idea de pueblo, en sentido racista y nacionalista. Sostiene que Mello Franco propugna la asimilación de los pueblos y el concepto de Schmelztiegel, melting pot o crisol de etnias[18]. Y que, con esto, Brasil quiere inmiscuirse en la política europea. Recordemos que Schmitt plantea la validez de la Doctrina Monroe[19] (América para los americanos) como asimismo, la validez de la doctrina de la hegemonía alemana en Europa[20], que considera su esfera de influencia.

Por ello, no me extraña en absoluto que, décadas más tarde, el diario alemán escrito por admiradores de Carl Schmitt, llamado Junge Freiheit[21] (“libertad joven” que, de joven y de libre, nada tiene), critique el “modelo brasilero” como “mezcla y nivelación al más bajo nivel de civilización”[22]. Parece que Brasil es, desde hace mucho, un anti-ejemplo para este tipo de gente. Me pregunto si dirán hoy lo mismo con Bolsonaro a la cabeza…

Un vistazo a Wikipedia nos otorga claridad sobre el tema. La enciclopedia explica que “Brasil ha sido el crisol de culturas por excelencia porque desde tiempos de la colonia, los criollos portugueses favorecieron la asimilación y la tolerancia de otras etnias, y los matrimonios interraciales eran más aceptables en Brasil que en las otras colonias del continente”[23]. Porque ha sido “el crisol de culturas por excelencia”, por eso, no les gusta. Aunque los expertos de escritorio de la extrema derecha primermundista y sus aliados ultraconservadores poco y nada saben de Brasil.

Schmitt cita lleno de admiración al “canciller del Reino Adolf Hitler”, quien en el Reichstag delineó “nuestro pensamiento de pueblo nacional socialista”[24] [25]. Pensamiento que garantiza el “derecho a la defensa para los pueblos alemanes” que viven fuera del Reich, para que no se asimilen[26], no sean “absorvidos” por los pueblos eslavos y, sobre todo, combate la idea del melting pot o Schmelztiegel, como se denomina en alemán[27].

Más adelante, Schmitt menciona nuevamente “los ideales del Schmelztiegel” o del melting pot[28], con los que parece obsesionado. Critica la “mezcla de pueblos” que tuvo lugar durante la decadencia del Imperio romano. Y la asimilación y melting pot actual de las grandes democracias occidentales. “Mientras los imperios occidentales se entregaban a los ideales de asimilación y del crisol”, el Reich defendía “la santidad de un orden de vida no universalista” y étnico[29], sostiene.

Volviendo al escrito del terrrorista, este confiesa que “La nación con los valores políticos y sociales más cercanos a mí es la República Popular de China”. Me pregunto si Schmitt estaría de acuerdo con esta aseveración. Y más adelante: “Como son tan fuertes, China se convertirá en la nación más dominante del mundo en este siglo, aunque carece de diversidad?” En otras palabras, le gusta China porque teóricamente no se ha mezclado con otros pueblos. Qué pena que el pobre terrorista haya nacido en Australia, que es un melting pot y no en la República popular China.  

En suma, hoy como ayer, hay gente que propugna, que anhela, que añora la soledad de los pueblos. El aislamiento de las etnias, de los grupos que tienen tales o cuales características corporales externas y poco importantes. Hay que hacerles frente.


[3] En su Manifiesto, denominación con la que emula al terrorista noruego de extrema derecha y asesino en serie, Breivik, de quien dice haber recibido una “bendición”. Cuando cite entre comillas sin referencia expresa, me estaré remitiendo a este “escrito”.

[4] El concepto es de Liane Bednarz, en: AfD und Pegida – Angriff auf die liberale Gesellschaft Ella habla de “weltweite Apartheid”.

[5] Pese a que es australiano, llama la atención que hable tanto de Europa. Llo explica así: “¿Qué es un australiano, pero un borracho europeo? Es broma, pero Australia es una colonia europea, particularmente de acciones británicas y, por lo tanto, una extensión de Europa”. De su escrito en internet, la traducción es mía. En adelante, citaré su texto sin más referencia.

[6] Qué gran impacto ha tenido esta ideología en la población me tocó vivir una vez que mis hijos tocaban en el piano de la casa, música de películas de Walt Disney y un amigo mío alemán que estaba presente, los reprendió y les dijo que deberían tocar solamente música alemana.

[9] “Para garantizar que los diversos pueblos sigan siendo diversos, separados, únicos, sin diluir, sin restricciones de expresión y autonomía cultural o étnica”.

[13] Sobre un supuesto “orden natural”, ver mi columna El Nuevo Orden según Carl Schmitt

[15] “No solo espero ser liberado, sino que también espero un premio Nobel de la Paz. Como se le otorgó al terrorista Nelson Mandela una vez que su propio pueblo logró la victoria y tomó el poder”.

[16] Se trata de Afrânio Mello-Franco, quien, entre 1924 y 1926 fue delegado de su país ante la Sociedad o Liga de las Naciones, en Ginebra. No es normal que en un texto de análisis jurídico se mencione en esta forma a una persona; honra a Mello Franco que Schmitt lo mencione y lo critique tan duramente.

[17] También llamada Sociedad de las Naciones 

[18] Todo esto en la página 46 de su obrita de tan sólo 82 páginas.

[19] Schmitt dedica todo el capítulo segundo de su librito a la Doctrina Monroe.  

[20] Cfr. El nuevo orden en el derecho internacional, según Carl Schmit “Como dice Hannes Stein: Europa sería el gran espacio del Reich alemán, el continente estaría sometido a Alemania”.

[22] “Das brasilianische Modell würde völlige ethnische-kulturelle Vermischung und Nivellierung auf den simpelsten zivilisatorischen Nenner bedeuten”. El artículo es de 1999.

[23] “….Sin embargo, esto no significa que la sociedad brasileña ha estado exenta de luchas étnicas y de explotación de las minorías raciales y que algunos grupos hayan decidido separarse de la principal tendencia social de la vida del país. Los brasileños de ascendencia europea conforman casi 50% de la población del Brasil, aunque el número de personas de origen étnico mixto se ha ido convirtiendo en un segmento cada vez más grande de la población. Aproximadamente dos quintas partes de la población son mulatos (mezcla de europeo y africano) y mestizos (mezcla de europeo e indígena)” Del artículo de Wikipedia, sobre crisol de culturas

[24] “auf der Grundlage unseres nationalsozialistisches Volksgedankens”, pág. 46. El lenguaje es muy claro.

[25] A ver si alguien se atreve a decir que Carl Schmitt no fue un nazi. Ver también ¿Fue Carl Schmitt un nazi?

[26] Schmitt menciona positivamenteuna declaración conjunta polaco-alemana de 1937.

[27] Págs. 46 y 47.

[28] Pág. 51.

[29] Während die westlichen Imperien „Assimilierungs- und Schmelztiegelidealen” frönten, verteidigte das Reich „die Heiligkeit einer nichtuniversalistischen, volkhaften, völkerachtenden Lebensordnung”, en: Dan DinnerRASSISTISCHES VÖLKERRECHT* Elemente einer nationalsozialistischen Weltordnung

Terrorismo de derecha y terrorismo islámico, dos caras de la misma moneda

Julia Ebner[1] es una joven austriaca de 28 años. Investigadora experta en extremismo, terrorismo e islamismo, residente en Londres.

A los 27, publicó su libro “The Rage””[2], esto es la rabia, que se convirtió en un bestseller en los países europeos en cuyos idiomas ha sido publicado[3]. Creo que porque quienes lo hemos leído, vemos en él, sintetizado y sistematizado, lo que nosotros mismos observamos a nuestro alrededor. Actualmente, Ebner es una de las más solicitadas expertas en terrorismo y extremismo.

La autora escribió las primeras líneas de su obra en una academia militar china, donde era la única mujer. En su trabajo de preparación del libro, Ebner se mezcló entre grupos de extrema derecha e islamistas. Realizando una investigación ad fontes, yendo a las fuentes. Participó en manifestaciones, en actos y entró undercover a sus chats cerrados[4].

Uno de sus artículos en The Guardian[5] le llevó a ser víctima de un inglés llamado Tommy Robinson que fue a “visitarla” a su oficina[6], filmó la visita, la subió a las páginas de su tendencia política de extrema derecha. A consecuencia de ello, la oficina donde trabajaba Ebner tuvo que mudarse, para evitar el peligro de ataques tras reiteradas amenazas.

Hoy en día, es notorio que entre los grupos de extrema derecha y los islamistas hay un parecido bastante grande. Sus miembros se comportan de manera similar, usan los mismos mecanismos de radicalización y de argumentación. E incluso, diría que, en aspectos culturales (situación de la mujer en la sociedad, familia, reproducción, negación del gender) no sólo son bastante parecidos, sino que son iguales. Las mismas barbaridades con respecto a estos temas son defendidas, con diferentes matices, por unos y por otros.

Julia Ebner nos hace ver que ambos extremismos, el de derecha y el islamista, se radicalizan recíprocamente[7]. El investigador británico Roger Eatwell[8] formuló en 2006, el término extremismo acumulativo y lo describió como “un fenómeno que se produce cuando una forma de extremismo político se moviliza contra otra forma de extremismo político”[9]. Ambas se alimentan y se aumentan o magnifican entre sí.

Mohammed Ilyas define el extremismo acumulativo como “un proceso a través del cual diferentes formas de” extremismo “interactúan y pueden potencialmente producir una espiral de violencia”[10]. Por su parte, el profesor de la Universidad de Kent, Matthew Goodwin[11] pone como ejemplo, las “organizaciones políticas de extrema derecha que se movilizan en respuesta a la amenaza percibida del extremismo islámico”[12]. Para mí, esto no es sólo una espiral de violencia, sino que una espiral de terrorismo.

Sí, ambos extremismos se condicionan recíprocamente. Más bien, se retroalimentan. No es nada el uno sin el otro. Sin el otro, el uno se queda sin enemigo, sin razón de ser, sin nadie a quien culpar de todos los males y sin nada que combatir. Para que exista un extremismo, tiene que existir el otro. Sus planteamientos y argumentos (pseudo argumentos) son iguales, sólo que relatados desde el otro lado. Donde unos dicen que los otros los quieren destruir, los otros dicen que es a ellos cuya destrucción pretenden. Los musulmanes desearían acabar con nuestra sociedad occidental; a su vez, los islamistas plantean que es a ellos a quienes desean exterminar.

Reaccionan de acuerdo a la máxima: lo que tú me haces a mí, yo te lo hago a ti[13]. Un atentado llama a otro atentado, del otro lado. A más mezquitas quemadas, más atentados en plazas, museos y discotecas. Es una grotesca inversión del imperativo “trata a los demás como quieres que te traten a tí”. Sí, tal vez, los extremistas de uno y otro lado se necesiten mutuamente para echar leña al fuego de su odio.

En ambos extremismos existe un claro paralelo entre la forma de ver el mundo y sus respectivas estrategias. Ambos se imaginan que habrá una guerra entre Occidente y el Islam, entre musulmanes y no musulmanes. Ambos tienen visiones apocalítpicas sobre el futuro: habrá una gran catástrofe, después de la cual, apretaremos en botón de reseat y surgirá una especie de mundo nuevo. Una “tierra nueva y un cielo nuevo”, dirían los milenaristas. Parece que la humanidad no aprende nunca: cuántas ilusiones sobre el paraísmo venidero han llevado a convertir una región entera en un infierno. Lo vemos actualmente en Siria o Irak y en el pasado, en la misma Europa durante el siglo 20.

Asimismo, ambos terrorismos se victimizan y niegan que sean extremistas. Se hacen pasar por víctima del otro grupo al que demonizan. Y por supuestos defensores de una supuesta cultura. Aunque la suya es más bien una incultura. Para que una relación de estas características sea ventajosa para ambos, la víctima tiene que presentar a un victimario y el victimario, a una víctima. Así, trabajan de la mano, en una ligazón de dependencia recíproca y enfermiza, de la cual, ambos obtienen ventaja.

Ambos extremismos tienen además, un enemigo en común: el establishment, tan odiado por jóvenes sin esperanza y con muchos problemas, reales o no. Los “perdedores” dentro de la sociedad siempre detestan y envidian a los que ellos consideran injustos triunfadores… A “los de arriba”. A quienes trabajan, se esfuerzan por llevar una vida de provecho, quienes no quieren más que vivir en paz en un sistema democrático liberal, estos son quienes primero reciben los ataques de los extremistas indignados de uno y de otro bando. A nosotros…

La rabia, la indignación, la ira son siempre malos consejeros y peores aliados. No conducen a ninguna parte, a lo más, a un callejón sin salida.

Lo que ellos llaman “el sistema”, la sociedad abierta[14], nuestro orden constitucional, nuestro estado de derecho. eso es lo que tanto detestan e intentan destruir. Justo lo que nosotros -los demócratas de todos los tiempos- queremos defender[15]. Nuestro orden fundamental de libertad y de democracia, el rayado de la cancha. A mi modo de ver, el elemento que ambos extremismos tienen en mayor medida en común es el odio, la rabia, la agresividad, la indignación. Vivimos, como se denomina uno de los capítulos del libro de Ebner, en “la edad de la rabia”.  

Muchas veces, nosotros, permanecemos como espectadores de esta espiral de odio y de violencia. A ella se suman quienes deberían ser los sembradores de la paz y de la alegría, y no lo son. No podemos seguir siendo espectadores. Hay que ser valientes y tomar partido. Ya lo hace mucha gente. La que sale a la calle a protestar contra el odio y la violencia, contra el terrorismo y el extremismo. La que discute y hace frente a los populistas de todos los colores. La que enciende velas contra la xenofobia y ora por la paz y el entendimiento. La que habla de tolerancia y de amor, pero no de odio, ni de discriminación. La que se alegra de que los que ayer eran pobres, hoy salgan adelante y no siente envidia de quienes surgen y alcanzan un mayor bienestar social y económico.

Y la que escribe artículos, en que comenta libros sobre el tema…

 


[1] En Wikipedia: Julia Ebner

[2] “The Rage: The Vicious Circle of Islamist and Far-Right Extremism”, aparecido en Gran Bretaña el 2017.

[3] En inglés, alemán e italiano. “La Rabbia” y “Wut” son del 2018.

[4] Para escribir estas dos columnas, yo también entré a chats cerrados, esto es, sólo para miembros: El antisemitismo en el nuevo ateísmo en Alemania y mi relato distópico Ateísmo y antisemitismo

[6] Lo cuenta en las páginas finales (283 y siguientes) de su libro y en el artículo, también en The Guardian: Tommy Robinson’s cheerleaders are hypocrites, but his strategy is working Ver asimismo Extremists Storm Quilliam Office

[7] “Wut: was Islamisten und Rechtsextreme mit uns machen”, pág. 19

[8] Roger Eatwell, profesor emérito de la Universidad de Bath.

[13] Matthew Feldman, citado por Ebner, en la pág. 19 de su libro.

Lo contrario de la extrema derecha no es la extrema izquierda. Es la democracia.

Se ha puesto de moda calificar, o más bien descalificar como de ultra izquierda, a quienes no estamos de acuerdo y nos enfrentamos -en la medida de nuestras posibilidades- a la extrema derecha europea (que poco y nada tiene que ver con lo que llamamos derecha en Chile). Como si todo lo que estuviera fuera de la propia ideología de extrema derecha, fuésemos de izquierda radical, extrema o de ultra izquierda.

Quienes nos descalifican son precisamente personas cuyo discurso es decididamente de extrema derecha, radical de derecha o al menos populista.

Por otra parte, tratan de presentar una especie de lucha entre la izquierda y la derecha. Una lucha que no existe. Las antípododas no se hallan en un extremo y en otro. Más bien, entre tales extremos, hay vasos comunicantes, tanto en lo personal como en lo ideológico. Sí, conozco a personas concretas, a grupos y sectores políticos que, sin solución de continuidad, han pasado de la extrema izquierda a la extrema derecha. Del colectivismo marxista al colectivismo “fascistoide”; tal como sus abuelos otrora se pasaron del nacional socialismo al socialismo marxista, como si nada… Sin siquiera cambiar el discurso político ¿para qué? bastaba cambiar la foto del führer, del vodsch o del caudillo o líder máximo que adornaba su casa.

La verdadera confrontación política tiene lugar entre el colectivismo totalitario y racista de la extrema derecha, entre su autoritarismo y los demócratas de todos los sectores. O más bien, de los tres sectores posibles: izquierda, conservadores y centro. Todos defensores de la democracia representativa liberal y no de una democracia popular como aquella a la que adhirieron tantos colectivismos del siglo 20. Ni tampoco de una llamada “democracia iliberal”, bajo cuyo manto se oculta un nuevo colectivismo.

Lo contrario de la extrema derecha no es la extrema izquierda. Lo contrario de la ultra derecha tampoco es la ultra izquierda. Lo contrario del populismo y de la radicalización de extrema derecha no es el populismo de izquierda, ni movimientos radicales de esta tendencia.

Lo contrario de la extrema derecha es la democracia.

Quienes decimos no al nacionalismo, no al racismo, no al etnopluralismo, no al movimiento identitario, no a la conspiranoia antisemita o islamófoba… No a todo lo que caracteriza a la extrema derecha. Todos nosotros no somos de ultra izquierda. Somos demócratas.

O más bien: algunos pueden ser de izquierda (no de ultra ni de extrema izquierda). Otros -como yo- somos más bien lo que en otra época se llamó liberal-conservador. Sí, algunos de nosotros somos más liberales. Otros, son más conservadores. Pero todos somos demócratas y partidarios de una sociedad abierta, libre y pluralista. Respetuosa de los derechos de las minorías, anti totalitaria y anti-colectivista. Y defendemos estos ideales.

En lo económico, somos partidarios de la economía social de mercado. El único sistema realmente compatible con la democracia como sistema político. Algunos ponen más acento en el mercado. Otros, más en lo social. Pero nadie duda que el dirigismo y el proteccionismo basado en la defensa de intereses particulares o nacionales -el ideal de la extrema derecha- no es el camino hacia la prosperidad. Muy por el contrario, dirigismo y el proteccionismo, al igual que la economía planificada, sólo pueden conducir al debacle económico y a la pobreza.

Algo tiene que quedar muy en claro: tenemos ideales… Nuestro discurso no es un discurso negativo. Estamos sí, en contra de la ultra o de la extrema derecha o del populismo de esa tendencia. Pero tenemos ideales, tenemos esperanza, tenemos fe y tal vez en estos puntos en lo que nos distinguimos tanto de ellos: no somos un grupo de pesimistas desesperanzados, deprimentes y llenos de rabia, ira y odio como la extrema derecha.

No anhelamos el advenimiento de una gran catástrofe, de una especie de nuevo big bang del que nazca un “nuevo orden” autoritario… No queremos que nos sobrevenga un gran desastre, ni que ocurra un gran atentado terrorista islámico o que las finanzas mundiales se desmoronen, ni soñamos con una guerra civil que permita iniciar una lucha de “resistencia” (a la que ellos llaman ya) y después de ella emerja la nueva sociedad con que sueñan. Una sociedad homogénea en que el Todo cubra con sus sombra al individuo, para “protegerlo” de toda heterogeneidad. No queremos ningún Leviatán. Hobbes murió hace siglos.

Podemos conversar y aceptamos que otras personas tengan ideas diversas a las nuestras, dentro del marco del orden fundamental de libertad y democracia, que es nuestro “rayado de la cancha”. Ofrecemos diversas soluciones y debatimos acerca de cuál es la mejor. Lo que nos diferencia de populistas, extremistas, radicales es que ellos presentan los problemas y culpan a alguien, a algún chivo expiatorio… Sin dar soluciones.

O más bien, presentan una pseudo solución a todos los problemas imaginables. La solución consiste habitualmente que un grupo de personas desaparezca… Generalmente, los extranjeros en general, o un grupo de ellos en particular. O bien, una minoría dentro de la propia sociedad (gitanos, judíos, musulmanes, católicos).

Como personas, tenemos cada uno, cada una de nosotros, un valor intrínseco y no por haber nacido en un determinado “pueblo”, ni adherir a una cierta ideología.

Cuando los partidarios de la extrema derecha hablan de libertad, tenemos que dejarles en claro que: nuestra libertad es una libertad individual, de la persona, del individuo[1] -cuya dignidad es intangible- y no es una supuesta libertad de un colectivo étnico o ideológico.

Durante la época de la guerra fría, el sector “liberal-conservador” luchó denodadamente por estos ideales. Ahora que se acabó la guerra fría y que se desmoronó el Bloque oriental, no creo que sea el momento de tirar todos nuestros ideales por la borda, para irse corriendo detrás de un voladero de luces que nos quieren presentar como “la solución” a los complejos problemas que tenemos que resolver en el siglo 21.

No creo que sea el momento de abrazar una doctrina populista, extremista y racista que se parece mucho a la que combatimos, por su totalitarismo y su falta de respeto a la persona humana y a su libertad y autonomía individuales. No quiero parecer patética, pero los millones de víctimas de los gulag soviéticos nos gritan algo así como “que nuestra muerte no haya sido en vano”.


[1] De acuerdo a Boecio, la persona es “rationalis naturae individua substantia”. Esto es, sustancia individual de naturaleza racional.

¿Fue Carl Schmitt un nazi?

Se discute acerca de si Carl Schmitt fue o no nazi. Para contestar a esta interrogante, creo que es conveniente, leer y estudiar sus obras de esa época,cuando Schmitt era considerado el “jurista de la corona del régimen nacional socialista”[1]. Comienzo el análisis del opúsculo “Staat, Bewegung, Volk” (“Estado, Movimiento, Pueblo”), cuya primera edición apareció en diciembre de 1933[2], en la editorial Hanseatische Verlagsanstalt, proclive al nuevo régimen. En esta columna, me refiero al primer capítulo, titulado “La actual situación constitucional”.

El autor afirma que la totalidad del nuevo derecho público posterior a la revolución nacional socialista es un nuevo derecho que está parado sobre suelo propio. No basa pues su legitimidad en las “normas pre-revolucionarias” de la Constitución de Weimar. Disposiciones aisladas de la Constitución de Weimar están sólo vigentes en cuanto la Ley habilitante (Ermächtigunsgesetz, de 24 de marzo de 1933) así lo permita o bien, en cuanto el nuevo orden del derecho público recurra a ellas expresamente o en forma implícita (recepción silenciosa o stille Übernahme). No obstante, antes de la mencionada Ley habilitante -que le entregó todo el poder estatal a Hitler[3]– el Presidente del Reino, Paul von Hindenburg, mediante decreto de 12 de marzo de 1933, habría terminado[4] definitivamente con “el espíritu y los fundamentos” del sistema de Weimar, escribe Schmitt.

Con sus escasas 41 páginas, “Staat, Bewegung, Volk” es el primer opúsculo de la serie organiza titulada “El estado alemán de la actualidad”[5], algo así como el nuevo estado alemán o el “nuevo orden estatal”[6] post-revolucionario. Sí, el autor consideraba que la toma del poder por parte de los nacional socialistas era una verdadera revolución, habla de la “Revolución alemana”, que habría cortado todo vínculo con el “sistema” inmediatamente anterior, el de Weimar. “Para él, la catástrofe es el fin del estado de Bismarck, no la guerra. De ello sería culpable la democracia liberal, que fue incapaz de defender el estado haciendo uso de los artículos de excepción o de guerra”[7].

Schmitt afirma que el todo el antiguo mundo del pensamiento liberal democrático ha caído. Se acabó con la neutralidad y con la igualdad, que permitía la creación de nuevos partidos políticos y garantizaba la libertad de opinión, de acción, de hacer publicidad o de tener una opinión favorable a alguno de ellos. Explica que, en un sistema pluralista, todos los partidos políticos se combaten entre ellos y no existe voluntad política única, sino que los partidos se encuentran, en el mejor de los casos, en un “punto cero”. Por el contrario, el estado nacional socialista, basado en el principio de la dirección de un solo líder (el llamado Führerprinzip) supera el pluripartidismo de Weimar.

Critica las elecciones realizadas en la época de Weimar que habrían perdido todo su sentido. Eran sólo la opción plebisicitaria de cinco o seis partidos políticos incompatibles entre sí. Ahora, en el estado nacional socialista, con un solo partido político[8], el peligro de una ruptura de Alemania en muchos partidos, ha sido superada. Según Reinhard Mehring (experto en el pensamiento de Schmitt), el autor concibe al dictatorial partido único del nacional socialismo como una fuerza homogenizadora[9].

Schmitt se alegra, pues finalmente se distingue entre amigo y enemigo del estado. Entre el compañero que forma parte del mismo pueblo alemán y quienes pertenecen a “otra especie” (Artfremden)[10]. Es evidente a quienes se refería con este úlitmo calificativo. A sus colegas judíos frente a los cuales, fue tan zalamero décadas, mientras lo podían ayudar a obtener puestos como docente en universidades y escuelas profesionales. Cabe hacer notar que, pese a que los nazis tampoco consideraban a los eslavos como sus iguales, Schmitt debe excluir de entre las personas “de otra especie” a su segunda mujer, la serbia Duška Todorović. De su primera mujer, la croata Pawla Dorotić, Schmitt se había separado hacía ya tiempo.

“El nuevo mundo del derecho nacional socialista”, dice Schmitt, no puede ser entendido desde el sistema anterior, como tampoco puede ser justificado o fundado[11] sobre Weimar. Como se ve, el quiebre es total, se trata de una nueva fundación, de una nueva sociedad y del nuevo derecho de un nuevo estado. Para el nacional socialismo -continúa Schmitt- el intento de justificar o de refutar el nuevo derecho desde el punto de vista de la Constitución de Weimar, es o un “juego sin sentido” o un intento de volver al derecho anterior o de neutralizarlo o al menos, de relativizarlo.

Algunos juristas -critica- “no se pueden acostumbrar a la realidad del estado nacional socialista”[12] y califican las disposiciones del nuevo estado como aceptables o no aceptables según el derecho constitucional de Weimar. Cita un artículo de Medicus, en “Deutsches Recht”[13] de 1933 que sostendría esta tesis. Como si la Constitución de 1919 subsistiera en “el nuevo estado y bajo la nueva constitución del estado nacional socialista”[14]. Como si el nuevo derecho nacional socialista fuera una regulación temporal y transitoria, que se puede derogar mediante una ley del Parlamento (Reichstag). Tengo que recordar a los lectores que que la ley habilitante de 1933 tenía una vigencia de sólo cuatro años. No, el nuevo derecho constitucional nacional socialista no puede ser derogado. No es posible su derogación mediante una simple ley parlamentaria que pueda volver todo al estado anterior, a la vigencia de la Constitución de Weimar. No, la detestata Constitucion de Weimar no rige más. Es un “acto de sabotaje” sostener que la forma de pensar ya superada de la época de Weimar subsiste de alguna manera en la letra o en el espíritu en el nuevo estado. Sí, en los años que vendrán, los nazis, consideraron como enemigos del estado a quienes pensaban diferente de ellos o defendían un orden estatal liberal democrático.

Schmitt critica a sus colegas “positivistas” porque llaman a la ley de 24 de marzo Ley habilitante de acuerdo al art. 76 de la Constitución de Weimar. Explica que esa ley es más bien, una L e y  c o n s t i t u c i o n a l  t e m p o r a l  d e  l a  n u e v a  A l e m a n i a”[15]. (Supongo que Uds. conocen la forma que se usaba en esa época para poner algo de relieve separando las letras, la usa Schmitt en su folleto).

La ley habilitante sería la consecuencia de la elección de Parlamento o Reichstag de 5 de marzo de 1933. Esa elección habría sido en realidad, un plebiscito, por el que Hiltler- el Führer del movimiento nacional socialista- fue reconocido como Führer político del pueblo alemán. La mecionada ley que los positivistas denominan “ley habilitante”, debería ser llamada por su nombre oficial: “Ley para remediar la necesidad del pueblo y del Reino”. Esta ley -prosigue- habría sido un puente entre el viejo y el nuevo estado. Fue de gran “importancia práctica” para que la transición entre uno y otro estado, se llevara a cabo de acuerdo a la legalidad, lo que tuvo lugar “gracias al sentido de orden y disciplina alemanes”. Así, la “Revolución alemana” fue “legal”, esto es formalmente correcta. La relevancia práctica de la ley habilitante deriva de que la legalidad es necesaria para el funcionamiento del aparato estatal y de sus funcionarios.

De acuerdo a su propia legalidad, el sistema de Weimar puso su propio sello bajo la declaración de que había llegado a su fin. Fue la declaración de muerte del viejo sistema; pero no la de la de la fundación del nuevo. El nuevo estado no tiene ninguna imposición derivada del derecho anterior, ningún límite o regla hermenéutica procedente de Weimar. El justo derecho que nace de la “Revolución alemana” no depende de que un grupo de parlamentarios weimarianos haya decidido colaborar a que se lograra la mayoría de dos tercios en el Reichstag. Sería un sinsentido legitimar a posteriori un sistema sin fuerza y sin poder, como fue el anterior. El fundamento del derecho del estado nacional socialista no es un fundamento extranjero o extraño, ajeno al ser alemán, ni tampoco nos es “esencialmente hostil”… Como habría sido el derecho de Weimar, insinúa Schmitt, en su acérrimo anti-liberalismo democrático. El fundamento del derecho nacional socialista es uno propio. Alemán, no extranjero. Schmitt y otros juristas nacional socialistas sostenían que los juristas judíos habrían introducido doctrinas extranjeras en el derecho alemán.

Schmitt asevera que el representante del Führer, Rudolf Heß,  tiene razón cuando, en la convención del partido en Nürmberg, anuncia que esa convención de los nacional socialistas es, en realidad, el nuevo Reichstag (nombre del parlamento alemán). Cuando Heß pronucia la misma fórmula de la Constitución de Weimar “todo poder emana del pueblo”, no dice lo mismo que decía la constitución liberal democrática anterior, sino algo muy diferente. Algo que Schmitt celebra y no critica. Las únicas críticas están reservadas a Weimar y a la supuesta influencia extranjera en Alemania.

Estamos en un nuevo estado post-revolucionario y antiliberal. Iliberal, diríamos hoy con los nuevos populistas entre quienes Schmitt es tan admirado[16]. Conocido es el verdadero odio que profesaba Schmitt hacia el liberalismo. Curioso es que supuesto liberales en países latinos profesen admiración hacia Schmitt. Lo atribuyo a desconocimiento, a ignorancia culpable o simplemente a estupidez.

El Führer de todo el pueblo alemán es el canciller del Reino, Adolf Hitler. Su liderazgo (mala traducción de Führung, no se me ocurre otra) ejerce una supremacía política que no está sujeta a ninguna condición. Esta última es una ley fundamental del nuevo derecho del nuevo estado nacional socialista[17]. El Führer es también legislador y en este punto no caben “interpretaciones sofistas”[18] como las de Weimar (!). El Führer está por encima del presidente del Reich, cuya preminencia durante la última época de Weimar, Schmitt critica duramente. El liderazgo hitleriano (en la página diez del librito menciona dos veces a Adolf Hitler, con nombre y apellido, lo que nunca debería ocurrir en un artículo jurídico) va más allá de una simple competencia para dar directrices a sus funcionarios, como señalaba el art. 56 de Weimar[19] cuando mencionaba las funciones del canciller. Hitler no es sólo de facto, sino también de iure y de manera totalmente natural el Führer político del Reino y no es comparable con ningún otro canciller anterior, concluye.

Considera la división entre los poderes Ejecutivo y Legislativo como algo típicamente “liberal” y sostiene que ha sido definitivamente suprimida en el nuevo estado. En consecuencia, el gobierno ejerce un derecho verdadero y primigenio a dictar leyes, como asimismo establece el art. 1[20] del la “constitución temporal” de 24 de marzo de 1933. Esto es, lo que todos llamamos Ley habilitante. En suma, toda iniciativa legal corresponde, en primer lugar, al gobierno del Reich, al gobierno de Adolf Hitler. Contra la voluntad del canciller -transformado en Führer- los parlamentarios no pueden presentar ninguna iniciativa, ningún “proyecto de ley”, como garantizaba la Constitución de Weimar. Schmitt defiende la prerrogativa legislativa absoluta del Führer, según el nuevo derecho del nuevo estado.

De acuerdo a los principios nacional socialistas -que parece que Schmitt ha interiorizado raudamente- el gobierno del Reino reconoce la voluntad del pueblo expresada en una consulta popular; pero sólo si ha sido convocada por el mismo gobierno. Advierte que si el resultado “se ha vuelto equivocado”[21], se puede llamar a una nueva consulta. Hoy los plebiscitos están muy de moda entre los populistas de extrema derecha europeos. “La democracia directa que hoy, algunos grupos de extrema derecha propugnan no es sino expresión de esta ‘democracia’ encabezada por un Führer que dirige al pueblo y que a la vez y en una especie de proceso de retroalimentación, debe corrobarar o ratificar las deciciones de su líder”[22].

Después de leer el primer capítulo de “Estado, Movimiento, Pueblo” (“Staat, Bewegung, Volk”) no me cabe duda que el tono zalamero y de alabanza hacia el Führer y su “movimiento” (así llamaban los nacional socialistas al partido), expresa claramente la posición política que Schmitt abrazó luego de la llegada de los nazis al poder. El odio enconado frente al liberalismo y a la democracia representativa de Weimar encuentra por fin un medio ambiente apropiado donde desarrollarse. En 1933, Schmitt está decidido a participar activamente en la construcción de un nuevo estado, de una nueva sociedad, de un nuevo orden nacional socialista.


[2] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[3] El ejecutivo podía dictar leyes que pasaran a llevar la Constitución y no necesitaba del Legislativo para gobernar. Ver texto en Ermächtigungsgesetz

[4] “beseitigen” escribe Schmitt, usando un vocabulario propio de los nacional socialistas.

[5] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[6] El Nuevo Orden según Carl Schmitt en la página alemana Die Kolumnisten.

[8] Escribe Einparteistaat… Así era como se llamó también a los partidos únicos del mundo del socialismo real. Del comunismo.

[9] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[10] Invito a leer mi columna sobre el racismo Nos guste o no, en realidad todos somos africanos

[11] Carl Schmitt, “Staat, Bewegung, Volk. Drei Gliederung der politischen Einheit”, segunda edición, pág. 6.En adelante, citaré sólo la página.

[12] pág. 6.

[13] Deutsches Recht era una revista de los juristas nacional socialistas.

[14] pág. 6.

[15] pág. 7.

[18] pág. 10.

[19] “El canciller del Reino determina las pautas de la política y es responsable ante el Parlamento. Dentro de tales pautas, cada Ministro del Reino dirige la rama de negocios que se le ha confiado de manera independiente y bajo su propia responsabilidad frente al Parlamento”.

[20] Las leyes pueden ser aprobadas o mediante el mecanismo que contempla la Constitución del Reino o por el gobierno del Reino (…).

Reichsgesetze können außer in dem in der Reichsverfassung vorgesehenen Verfahren auch durch die Reichsregierung beschlossen werden (…).

[21] pág. 11.