¿Fue Carl Schmitt un nazi?

Se discute acerca de si Carl Schmitt fue o no nazi. Para contestar a esta interrogante, creo que es conveniente, leer y estudiar sus obras de esa época,cuando Schmitt era considerado el “jurista de la corona del régimen nacional socialista”[1]. Comienzo el análisis del opúsculo “Staat, Bewegung, Volk” (“Estado, Movimiento, Pueblo”), cuya primera edición apareció en diciembre de 1933[2], en la editorial Hanseatische Verlagsanstalt, proclive al nuevo régimen. En esta columna, me refiero al primer capítulo, titulado “La actual situación constitucional”.

El autor afirma que la totalidad del nuevo derecho público posterior a la revolución nacional socialista es un nuevo derecho que está parado sobre suelo propio. No basa pues su legitimidad en las “normas pre-revolucionarias” de la Constitución de Weimar. Disposiciones aisladas de la Constitución de Weimar están sólo vigentes en cuanto la Ley habilitante (Ermächtigunsgesetz, de 24 de marzo de 1933) así lo permita o bien, en cuanto el nuevo orden del derecho público recurra a ellas expresamente o en forma implícita (recepción silenciosa o stille Übernahme). No obstante, antes de la mencionada Ley habilitante -que le entregó todo el poder estatal a Hitler[3]– el Presidente del Reino, Paul von Hindenburg, mediante decreto de 12 de marzo de 1933, habría terminado[4] definitivamente con “el espíritu y los fundamentos” del sistema de Weimar, escribe Schmitt.

Con sus escasas 41 páginas, “Staat, Bewegung, Volk” es el primer opúsculo de la serie organiza titulada “El estado alemán de la actualidad”[5], algo así como el nuevo estado alemán o el “nuevo orden estatal”[6] post-revolucionario. Sí, el autor consideraba que la toma del poder por parte de los nacional socialistas era una verdadera revolución, habla de la “Revolución alemana”, que habría cortado todo vínculo con el “sistema” inmediatamente anterior, el de Weimar. “Para él, la catástrofe es el fin del estado de Bismarck, no la guerra. De ello sería culpable la democracia liberal, que fue incapaz de defender el estado haciendo uso de los artículos de excepción o de guerra”[7].

Schmitt afirma que el todo el antiguo mundo del pensamiento liberal democrático ha caído. Se acabó con la neutralidad y con la igualdad, que permitía la creación de nuevos partidos políticos y garantizaba la libertad de opinión, de acción, de hacer publicidad o de tener una opinión favorable a alguno de ellos. Explica que, en un sistema pluralista, todos los partidos políticos se combaten entre ellos y no existe voluntad política única, sino que los partidos se encuentran, en el mejor de los casos, en un “punto cero”. Por el contrario, el estado nacional socialista, basado en el principio de la dirección de un solo líder (el llamado Führerprinzip) supera el pluripartidismo de Weimar.

Critica las elecciones realizadas en la época de Weimar que habrían perdido todo su sentido. Eran sólo la opción plebisicitaria de cinco o seis partidos políticos incompatibles entre sí. Ahora, en el estado nacional socialista, con un solo partido político[8], el peligro de una ruptura de Alemania en muchos partidos, ha sido superada. Según Reinhard Mehring (experto en el pensamiento de Schmitt), el autor concibe al dictatorial partido único del nacional socialismo como una fuerza homogenizadora[9].

Schmitt se alegra, pues finalmente se distingue entre amigo y enemigo del estado. Entre el compañero que forma parte del mismo pueblo alemán y quienes pertenecen a “otra especie” (Artfremden)[10]. Es evidente a quienes se refería con este úlitmo calificativo. A sus colegas judíos frente a los cuales, fue tan zalamero décadas, mientras lo podían ayudar a obtener puestos como docente en universidades y escuelas profesionales. Cabe hacer notar que, pese a que los nazis tampoco consideraban a los eslavos como sus iguales, Schmitt debe excluir de entre las personas “de otra especie” a su segunda mujer, la serbia Duška Todorović. De su primera mujer, la croata Pawla Dorotić, Schmitt se había separado hacía ya tiempo.

“El nuevo mundo del derecho nacional socialista”, dice Schmitt, no puede ser entendido desde el sistema anterior, como tampoco puede ser justificado o fundado[11] sobre Weimar. Como se ve, el quiebre es total, se trata de una nueva fundación, de una nueva sociedad y del nuevo derecho de un nuevo estado. Para el nacional socialismo -continúa Schmitt- el intento de justificar o de refutar el nuevo derecho desde el punto de vista de la Constitución de Weimar, es o un “juego sin sentido” o un intento de volver al derecho anterior o de neutralizarlo o al menos, de relativizarlo.

Algunos juristas -critica- “no se pueden acostumbrar a la realidad del estado nacional socialista”[12] y califican las disposiciones del nuevo estado como aceptables o no aceptables según el derecho constitucional de Weimar. Cita un artículo de Medicus, en “Deutsches Recht”[13] de 1933 que sostendría esta tesis. Como si la Constitución de 1919 subsistiera en “el nuevo estado y bajo la nueva constitución del estado nacional socialista”[14]. Como si el nuevo derecho nacional socialista fuera una regulación temporal y transitoria, que se puede derogar mediante una ley del Parlamento (Reichstag). Tengo que recordar a los lectores que que la ley habilitante de 1933 tenía una vigencia de sólo cuatro años. No, el nuevo derecho constitucional nacional socialista no puede ser derogado. No es posible su derogación mediante una simple ley parlamentaria que pueda volver todo al estado anterior, a la vigencia de la Constitución de Weimar. No, la detestata Constitucion de Weimar no rige más. Es un “acto de sabotaje” sostener que la forma de pensar ya superada de la época de Weimar subsiste de alguna manera en la letra o en el espíritu en el nuevo estado. Sí, en los años que vendrán, los nazis, consideraron como enemigos del estado a quienes pensaban diferente de ellos o defendían un orden estatal liberal democrático.

Schmitt critica a sus colegas “positivistas” porque llaman a la ley de 24 de marzo Ley habilitante de acuerdo al art. 76 de la Constitución de Weimar. Explica que esa ley es más bien, una L e y  c o n s t i t u c i o n a l  t e m p o r a l  d e  l a  n u e v a  A l e m a n i a”[15]. (Supongo que Uds. conocen la forma que se usaba en esa época para poner algo de relieve separando las letras, la usa Schmitt en su folleto).

La ley habilitante sería la consecuencia de la elección de Parlamento o Reichstag de 5 de marzo de 1933. Esa elección habría sido en realidad, un plebiscito, por el que Hiltler- el Führer del movimiento nacional socialista- fue reconocido como Führer político del pueblo alemán. La mecionada ley que los positivistas denominan “ley habilitante”, debería ser llamada por su nombre oficial: “Ley para remediar la necesidad del pueblo y del Reino”. Esta ley -prosigue- habría sido un puente entre el viejo y el nuevo estado. Fue de gran “importancia práctica” para que la transición entre uno y otro estado, se llevara a cabo de acuerdo a la legalidad, lo que tuvo lugar “gracias al sentido de orden y disciplina alemanes”. Así, la “Revolución alemana” fue “legal”, esto es formalmente correcta. La relevancia práctica de la ley habilitante deriva de que la legalidad es necesaria para el funcionamiento del aparato estatal y de sus funcionarios.

De acuerdo a su propia legalidad, el sistema de Weimar puso su propio sello bajo la declaración de que había llegado a su fin. Fue la declaración de muerte del viejo sistema; pero no la de la de la fundación del nuevo. El nuevo estado no tiene ninguna imposición derivada del derecho anterior, ningún límite o regla hermenéutica procedente de Weimar. El justo derecho que nace de la “Revolución alemana” no depende de que un grupo de parlamentarios weimarianos haya decidido colaborar a que se lograra la mayoría de dos tercios en el Reichstag. Sería un sinsentido legitimar a posteriori un sistema sin fuerza y sin poder, como fue el anterior. El fundamento del derecho del estado nacional socialista no es un fundamento extranjero o extraño, ajeno al ser alemán, ni tampoco nos es “esencialmente hostil”… Como habría sido el derecho de Weimar, insinúa Schmitt, en su acérrimo anti-liberalismo democrático. El fundamento del derecho nacional socialista es uno propio. Alemán, no extranjero. Schmitt y otros juristas nacional socialistas sostenían que los juristas judíos habrían introducido doctrinas extranjeras en el derecho alemán.

Schmitt asevera que el representante del Führer, Rudolf Heß,  tiene razón cuando, en la convención del partido en Nürmberg, anuncia que esa convención de los nacional socialistas es, en realidad, el nuevo Reichstag (nombre del parlamento alemán). Cuando Heß pronucia la misma fórmula de la Constitución de Weimar “todo poder emana del pueblo”, no dice lo mismo que decía la constitución liberal democrática anterior, sino algo muy diferente. Algo que Schmitt celebra y no critica. Las únicas críticas están reservadas a Weimar y a la supuesta influencia extranjera en Alemania.

Estamos en un nuevo estado post-revolucionario y antiliberal. Iliberal, diríamos hoy con los nuevos populistas entre quienes Schmitt es tan admirado[16]. Conocido es el verdadero odio que profesaba Schmitt hacia el liberalismo. Curioso es que supuesto liberales en países latinos profesen admiración hacia Schmitt. Lo atribuyo a desconocimiento, a ignorancia culpable o simplemente a estupidez.

El Führer de todo el pueblo alemán es el canciller del Reino, Adolf Hitler. Su liderazgo (mala traducción de Führung, no se me ocurre otra) ejerce una supremacía política que no está sujeta a ninguna condición. Esta última es una ley fundamental del nuevo derecho del nuevo estado nacional socialista[17]. El Führer es también legislador y en este punto no caben “interpretaciones sofistas”[18] como las de Weimar (!). El Führer está por encima del presidente del Reich, cuya preminencia durante la última época de Weimar, Schmitt critica duramente. El liderazgo hitleriano (en la página diez del librito menciona dos veces a Adolf Hitler, con nombre y apellido, lo que nunca debería ocurrir en un artículo jurídico) va más allá de una simple competencia para dar directrices a sus funcionarios, como señalaba el art. 56 de Weimar[19] cuando mencionaba las funciones del canciller. Hitler no es sólo de facto, sino también de iure y de manera totalmente natural el Führer político del Reino y no es comparable con ningún otro canciller anterior, concluye.

Considera la división entre los poderes Ejecutivo y Legislativo como algo típicamente “liberal” y sostiene que ha sido definitivamente suprimida en el nuevo estado. En consecuencia, el gobierno ejerce un derecho verdadero y primigenio a dictar leyes, como asimismo establece el art. 1[20] del la “constitución temporal” de 24 de marzo de 1933. Esto es, lo que todos llamamos Ley habilitante. En suma, toda iniciativa legal corresponde, en primer lugar, al gobierno del Reich, al gobierno de Adolf Hitler. Contra la voluntad del canciller -transformado en Führer- los parlamentarios no pueden presentar ninguna iniciativa, ningún “proyecto de ley”, como garantizaba la Constitución de Weimar. Schmitt defiende la prerrogativa legislativa absoluta del Führer, según el nuevo derecho del nuevo estado.

De acuerdo a los principios nacional socialistas -que parece que Schmitt ha interiorizado raudamente- el gobierno del Reino reconoce la voluntad del pueblo expresada en una consulta popular; pero sólo si ha sido convocada por el mismo gobierno. Advierte que si el resultado “se ha vuelto equivocado”[21], se puede llamar a una nueva consulta. Hoy los plebiscitos están muy de moda entre los populistas de extrema derecha europeos. “La democracia directa que hoy, algunos grupos de extrema derecha propugnan no es sino expresión de esta ‘democracia’ encabezada por un Führer que dirige al pueblo y que a la vez y en una especie de proceso de retroalimentación, debe corrobarar o ratificar las deciciones de su líder”[22].

Después de leer el primer capítulo de “Estado, Movimiento, Pueblo” (“Staat, Bewegung, Volk”) no me cabe duda que el tono zalamero y de alabanza hacia el Führer y su “movimiento” (así llamaban los nacional socialistas al partido), expresa claramente la posición política que Schmitt abrazó luego de la llegada de los nazis al poder. El odio enconado frente al liberalismo y a la democracia representativa de Weimar encuentra por fin un medio ambiente apropiado donde desarrollarse. En 1933, Schmitt está decidido a participar activamente en la construcción de un nuevo estado, de una nueva sociedad, de un nuevo orden nacional socialista.


[2] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[3] El ejecutivo podía dictar leyes que pasaran a llevar la Constitución y no necesitaba del Legislativo para gobernar. Ver texto en Ermächtigungsgesetz

[4] “beseitigen” escribe Schmitt, usando un vocabulario propio de los nacional socialistas.

[5] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[6] El Nuevo Orden según Carl Schmitt en la página alemana Die Kolumnisten.

[8] Escribe Einparteistaat… Así era como se llamó también a los partidos únicos del mundo del socialismo real. Del comunismo.

[9] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[10] Invito a leer mi columna sobre el racismo Nos guste o no, en realidad todos somos africanos

[11] Carl Schmitt, “Staat, Bewegung, Volk. Drei Gliederung der politischen Einheit”, segunda edición, pág. 6.En adelante, citaré sólo la página.

[12] pág. 6.

[13] Deutsches Recht era una revista de los juristas nacional socialistas.

[14] pág. 6.

[15] pág. 7.

[18] pág. 10.

[19] “El canciller del Reino determina las pautas de la política y es responsable ante el Parlamento. Dentro de tales pautas, cada Ministro del Reino dirige la rama de negocios que se le ha confiado de manera independiente y bajo su propia responsabilidad frente al Parlamento”.

[20] Las leyes pueden ser aprobadas o mediante el mecanismo que contempla la Constitución del Reino o por el gobierno del Reino (…).

Reichsgesetze können außer in dem in der Reichsverfassung vorgesehenen Verfahren auch durch die Reichsregierung beschlossen werden (…).

[21] pág. 11.

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El nuevo orden según Carl Schmitt

Para leerlo en alemán: Carl Schmitt und seine neue Ordnung

Un amigo me propone que veamos la serie “The man in the high castle”. Me cuenta mi amigo que se ambienta en un mundo en que los nazis ganaron la guerra. Es una historia distópica, basada en una novela de los años ‘60. En realidad, yo sé cómo sería un mundo en que los nacional socialistas hubiesen ganado la guerra. Sería un Führerstaat, eso es, un estado dirigido por un Führer. No habría división de poderes, ni check and balances. Se renegaría de todo lo que oliera a sociedad liberal o a individualismo. Sería el primado del colectivismo.

El estado nacional socialista sería más o menos como lo que describe Carl Schmitt en su artículo “El Führer defiende el derecho”[1]. Publicado en 1934, en la que era, en ese entonces, la revista más prestigiosa del derecho alemán, fundada por el judío Otto Liebmann[2], quien tuvo que vender su editorial -y con ella, la revista- en 1933 a la Editorial Beck[3].

Schmitt elogia en su artículo en sobremedida al entonces canciller Adolf Hitler, cuyo discurso de 13 de julio de 1934 en el Parlamento (Reichstag) cita explícitamente. El autor justifica, desde el punto de vista del derecho, la toma del poder por parte de los nacional socialistas en enero de 1933 (la llamada Machtergreifung). Por este y por otros artículos sobre la misma materia, Carl Schmitt es considerado como el jurista de la corona (Kronjurist) de los nazis[4].

Durante la década de 1920 y principios de los años 30, Schmitt fue un representante de la llamada Revolución conservadora, que hoy en día, la autodenominada Nueva derecha pretende hacer revivir. De ahí su importancia actual, ya que, en nuestros días, asistimos a un renacimiento de schmittiano[5] de la mano de los movimientos de extrema derecha en Europa (especialmente en Francia y Alemania)[6].

El nuevo régimen propuesto por Schmitt -que debía ser realizado plenamente por el nacional socialismo- superaría el sistema anterior, esto es, la democracia parlamentaria y representativa. Habla de un nuevo régimen que venciera al ídolo del liberalismo[7], ídolo frente a quien Alemania se habría puesto de rodillas en 1918[8]. Se inciaría una nueva era, un nuevo Zeitalter, un tiempo nuevo.

Este nuevo orden social que habría emergido o que emergió -no sé cómo sería mejor describirlo- en esta “nueva época” iniciada en 1933, se componía de tres elementos: estado, pueblo y movimiento nacional socialista. Esto es, del Partido obrero nacional socialista, como se llamaba oficialmente “el movimiento”. Los tres están ordenados en torno a la fidelidad jurada al Führer. El Guía o Führer sería algo así como el jefe de gobierno, aunque Schmitt no usa este término, le debe haber parecido “demasiado liberal”.

De que el partido realice bien su misión depende la suerte de la unidad política del pueblo alemán, asegura. El estado puede por fin, distinguir entre amigo y enemigo, y debe hacerlo[9]. Me parece que esta mentalidad del amigo-enemigo, que se extiende en toda la obra del autor, ha sido deletérea y ha traído y sigue trayendo, grandes males a las relaciones internacionales, a la política interna de un país o de una región del mundo.

El Führer no sólo es el guía y está a la cabeza de los tres elementos, que le han jurado fidelidad, esto es, obediencia. Sino que además es el juez máximo o supremo. Gerichtsherr lo llama Schmitt, esto es, el señor de los tribunales[10]. Es un nombre, en realidad, muy ridículo, que se entiende dentro de la búsqueda de nombres rimbombantes, que hicieran pensar en supuesto pasado glorioso germánico.

Que el Führer encarne el poder ejecutivo y, que al mismo tiempo, sea el juez máximo, sin límites, ni materiales, ni formales a su jurisdicción, significa que no hay división de poderes[11]. De un poder legislativo en manos de un parlamento, no es necesario ni hablar, porque simplemente no estaba considerado dentro del nuevo régimen. Para ellos, existe sólo el pueblo y el Führer. Adiós check and balances o frenos y contrapesos.

Entre paréntesis, la democracia directa que hoy, algunos grupos de extrema derecha propugnan no es sino expresión de esta “democracia” encabezada por un Führer que dirige al pueblo que, a la vez y en una especie de proceso de retroalimentación, debe corrobarar, ratificar las deciciones de su Guía. Nada tiene que ver esta nueva democracia directa con la llamada democracia de base.

El Führer crea el derecho en el mismo momento: lo que él dice es derecho y se aplica de inmediato[12]. Derecho instantáneo, podríamos llamarlo 😛 Lo crea ad hoc para la ocasión. No lo anuncia antes, nadie lo conoce de antemano, tampoco el derecho penal. Del principio nulla poena sine lege nunca se ha escuchado. El derecho es creado por “nuestro  Guía”[13]quien ha interiorizado la enseñanza de la historia y su fuente de derecho es el pueblo[14].

Aquí hay un fenómeno místico de unión entre el pueblo y el Führer que nadie en su sano juicio puede entender, por más que Schmitt se esfuerce en explicarlo y justificar lo injustificable. El Führer del pueblo es una especie de mesías. Mucho de religioso hay en todo esto. O más que religión, me parece que se trata de superstición.

Todo el derecho -también el que crea el Führer- emana, en último término del derecho a la vida del pueblo, que él llama Lebensrecht… Evidentemente, Schmitt no usa términos como soberanía popular o nacional.

Critica fuertemente el derecho anterior que califica como una la malla formada por el derecho positivo opresor[15]. Ojo que este es el derecho positivo, las leyes, las ordenanzas, la constitución. De ahí su animosidad frente al positivismo jurídico de Kelsen y otros, que presentaban la ley escrita, la ley positiva, como la norma que debería regir a todos. Y que no dejaban cabida a creaciones libres de un supuesto Guía popular que dictaría derecho para cada ocasión, basándose en quién sabe qué profundidades de la mentalidad del pueblo.

Schmitt desprecia profundamente el derecho positivo, la ley. Critica su neutralidad. Sostiene que la neutralidad legalista de Weimar destruyó ese sistema. El estado liberal habría estado paralizado y, en consecuencia, no habría tenido la fuerza para hacer uso de sus artículos de excepción[16]Es una especie de darwinismo social, en el que quien no es fuerte, simplemente sucumbe.

Esto va muy de la mano con la mentalidad suicida del Guía del pueblo, Adolf Hitler, según la cual, si el pueblo alemán no es lo suficientemente fuerte como para ganar la guerra, no merece seguir viviendo. Pienso en la Orden de Nerón (Nerobefehl) que, al final de la guerra, ordenaba destruir y quemarlo todo y luchar hasta la muerte, porque si el pueblo es incapaz de vencer, sólo merece morir.

Así, el estado nacional socialista -segun Schmitt, considerado el jurista estrella de los nazis- estaba guiado por un Führer que era una especie de ejecutivo y de judicativo al mismo tiempo. El Führer tenía una suerte de derecho absoluto a crear y a aplicar el derecho. Sin límite ni material ni en cuando a la extensión de su jurisdicción. No podría haber habido ni ultra petita, ni extra petita, ni nada por el estilo.

Schmitt no ve separación alguna entre política y Justicia y postula el primado de la política sobre los jueces[17]. La separación habría llevado al colapso del Reino alemán[18]. El derecho, las decisiones del juez deben ser siempre políticas. Porque no lo fueron, se produjo la catástrofe de 1918. Pero el Führer -continúa- toma en serio las enseñanzas de la historia y es esto lo que le da la “fuerza y el derecho para fundar un nuevo estado y un nuevo orden”[19]. Con un nuevo derecho, claro.

Mala mezcla entre mística barata, superstición, racismo, ignorancia y maldad. Mucha maldad.

Schmitt critica la corruptela (Korruptheit) del sistema y de los jueces de la República de Weimar[20]. Me pregunto si dejarlo todo en las manos de un Führer no es abandonarlo todo a la arbitrariedad de un hombre. Esto que a nosotros nos parece evidente, parece que no lo era ni para el profesor de Berlín, ni para el resto de los nacional socialistas.

En el pensamiento schmittiano advierto una gran desconfianza frente al estado republicano de 1919 -que Schmitt llama despectivamente “liberal”, como si fuera un insulto- y una especie de trauma frente  a los sucesos de 1917-18 (motín, revolución, fin del Reino alemán). No enmarca estos últimos acontecimientos en el contexto del fin de la Gran Guerra, sino que los considera una consecuencia del liberalismo, de la neutralidad del estado y de la indecisión del aparato estatal.

Esta experiencia traumática frente al hundimiendo del Reino alemán fundado a comienzos de la década de 1870 y que la Revolución conservadora miraba como una era dorada, lo lleva a justificar las medidas tomadas por Hitler frente a la República de Weimar. Hitler encarnaría en su persona la enseñanza que se puede aprender de ese cataclismo de 1918. En consecuencia, el desastre de ese año sería la oportunidad y la justificación para crear un nuevo orden, un nuevo estado, una nueva sociedad [21] nacional socialista.

Es cierto que la I Guerra Mundial es considerada la catástrofe original del siglo 20: the great seminal catastrophe of this century, como la llamó el historiador y diplomático norteamericano George F. Kennan.

Sin embargo, lo que dice Schmitt es algo muy distinto. De partida, se ve la I Guerra como un acto heroico del pueblo alemán que resistió heroicamente esos cuatro años luchando frente al mundo[22]. Qué raro, yo pensaba que, en la I Guerra, Alemania luchaba junto a los grandes imperios, como el de Austria-Hungría, el Otomano y otros países (Italia, Bulgaria, etc.). Compruebo que ya en esa época, había alternative facts.

Para él, la catástrofe es el fin del estado de Bismarck, no la guerra. De ello sería culpable la democracia liberal, que fue incapaz de defender el estado haciendo uso de los artículos de excepción o de guerra, como él los llama (Kriegsartikel[23]). Recordemos su conocida frase “soberano es quien decide sobre el estado de excepción”.

Para Schmitt, tanto el Reino alemán como el estado de Weimar terminaron debido a la debilidad del estado liberal, de la burocracia -se refiere a la administración del estado y al gobierno-. Ni los parlamentarios comunistas, ni los capitalistas, ni cristianos, ni ateos, dice -fueron capaces de salvar el estado que sucumbió en 1918[24]– frente a los marineros amotinados de entonces y que se negaban a pelear y de otros enemigos del estado[25]. (Hoy se le conoce como el levantamiento de los marineros en 1917).

Sí, ese es su gran trauma. Y probablemente lo era para gran parte de la población. Por ello, el autor justifica que el Führer haya terminado con la República de Weimar y creado un nuevo estado en 1933.

Justifica así la toma del poder en enero de ese año mediante un sistema formalmente democrático. Me imagino que, para él, es una prueba más de la debilidad de la democracia liberal. Después de todo, el nuevo orden no necesita una sociedad fuerte, sino un pueblo alemán, un Guía y un partido fuerte y nada más. Ni división de poderes. ni menos un parlamento, ni derechos individuales que los antiguos tribunales intentaron inútilmente defender, en su extremo anti-individualismo. Los tribunales deben someterse a la política.

La revolución planteada por Schmitt conduce a que los enemigos de la sociedad abierta se apoderen del estado, acaben con la sociedad civil y conculquen los derechos fundamentales de sus ciudadanos. Se inicia así una nueva era, el nacional socialismo funda un nuevo orden anti-liberal, donde no hay separación de poderes y en que se hace sólo lo que ordena el Führer, cuyo poder es absoluto.

No sé qué opinen ustedes. A mí no me gusta este nuevo orden.


[1] “Der Führer schützt das Recht”. Pueden encontrar el texto completo, con una corta introducción en esta dirección, que copia el texto original de la revista Deutsche Juristen-Zeitung, cuaderno 15 de 1.08.1934. columnas 945-950.

El texto en Metapedia

Asimismo, imagen del texto original en la siguiente dirección Gracias a Wikipedia por enlazarlo.

[2] Otto Liebmann la dirigió, en conjunto con los juristas Paul Laband, Melchior Stenglein y Hermann Staub. Otto Liebmann

[4] Aproximadamente en 1935-1936, los nacional socialistas lo acusaron de ser un oportunista,interesado sólo en su carrera. ¿Por qué sería…? Dijeron que era nacional socialista sólo de los labios para afuera. Pese a las diatribas en su contra, Schmitt siguió tratando de congraciarse con el régimen, ya no a través del Derecho constitucional, sino que se dedicó al Derecho internacional, donde defendió el expansionismo alemán. Por ello, continuó siendo profesor de Drecho, en Berlín, durante todo el periodo nazi.

[5] Sus escritos son leídos y citados incluso por la nueva intelligentsia rusa, en torno a Alexander Dugin, conocido como el ideólogo del Kremlin.

[6] En España, Schmitt siempre fue muy importante. Sin embargo, el alcance intelectual de las universidades españolas era y es muy limitado.

Un amigo schmittiano, me contó que Schmitt pasaba los veranos en España, concretamente en Galicia. Camino hacia esa región, visitaba frecuentemente al profesor de Derecho romano Alvaro D’Ors, profesor de la Universidad de Navarra.

[7] Götzen des Liberalismus.

[8] “Sie werden uns das Lob und den Beifall der ganzen Welt versprechen, wenn wir wiederum, wie damals im Jahre 1919, niederfallen und unsere politische Existenz den Götzen des Liberalismus opfern”.

[9] “daß der heutige deutsche Staat die Kraft und den Willen hat, Freund und Feind zu unterscheiden”.

[10] “Der wahre Führer ist immer auch Richter. Aus dem Führertum fließt das Richtertum”.

[11] “Aus dem Führertum fließt das Richtertum. Wer beides voneinander trennen oder gar entgegensetzen will, macht den Richter entweder zum Gegenführer oder zum Werkzeug eines Gegenführers und sucht den Staat mit Hilfe der Justiz aus den Angeln zu heben. Das ist eine oft erprobte Methode nicht nur der Staats-, sondern auch der Rechtszerstörung.”.

[12] “Der Führer schützt das Recht vor dem schlimmsten Mißbrauch, wenn er im Augenblick der Gefahr kraft seines Führertums als oberster Gerichtsherr unmittelbar Recht schafft”.

[13] Cuando se dirigían a Hitler, ya sea de palabra o por escrito, los alemanes de entonces, debían decirle “Mein Führer”, esto es, “mi guía”.

[14] “Das Richtertum des Führers entspringt derselben Rechtsquelle, der alles Recht jedes Volkes entspringt. In der höchsten Not bewährt sich das höchste Recht und erscheint der höchste Grad richterlich rächender Verwirklichung dieses Rechts. Alles Recht stammt aus dem Lebensrecht des Volkes. Jedes staatliche Gesetz, jedes richterliche Urteil enthält nur soviel Recht, als ihm aus dieser Quelle zufließt”.

[15] “Das Uebrige ist kein Recht, sondern ein „positives Zwangsnormengeflecht“, dessen ein geschickter Verbrecher spottet”.

[16] “Das starke, von Bismarck gegründete Deutsche Reich ist während des Weltkriegs zusammengebrochen, weil es im entscheidenden Augenblick nicht die Kraft hatte, „von seinen Kriegsartikeln Gebrauch zu machen“. Durch die Denkweise eines liberalen „Rechtsstaats“ gelähmt, fand eine politisch instinktlose Zivilbürokratie nicht den Mut, Meuterer und Staatsfeinde nach verdientem Recht zu behandeln”.

Ver Schmitt y el estado de excepción – Peligrosamente actual

[17] “der Grundsatz des Vorranges der politischen Führung”.

[18] “Immer wieder erinnert der Führer an den Zusammenbruch des Jahres 1918”.

[19] “Der Führer aber macht Ernst mit den Lehren der deutschen Geschichte. Das gibt ihm das Recht und die Kraft, einen neuen Staat und eine neue Ordnung zu begründen”.

[20] “Mancher Satz in den Entscheidungsgründen unserer Gerichte ist freilich aus einem berechtigten Widerstand gegen die Korruptheit des damaligen Systems zu verstehen”.

[21] Ver nota 19. El original dice que le da al Führer, o sea, a Hitler el derecho a fundar un nuevo estado y un nuevo orden.

[22] “In beispielloser Tapferkeit und unter furchtbaren Opfern hat das Deutsche Volk vier Jahre lang einer ganzen Welt standgehalten”.

[23] Ver nota 16.

[24] “Im Herbst 1917 haben alle in ihrem Rechtsdenken verwirrten deutschen Parlamentarier, und zwar Kapitalisten wie Kommunisten, Klerikale wie Atheisten, in merkwürdiger Einmütigkeit verlangt, daß man das politische Schicksal Deutschlands solchen prozessualen Fiktionen und Verzerrungen ausliefere, und eine geistig hilflose Bürokratie hat damals den politischen Sinn jener „juristischen“ Forderungen nicht einmal gefühlsmäßig empfunden”.

[25] “Durch die Denkweise eines liberalen „Rechtsstaats“ gelähmt, fand eine politisch instinktlose Zivilbürokratie nicht den Mut, Meuterer und Staatsfeinde nach verdientem Recht zu behandeln”.

Schmitt y el estado de excepción – Peligrosamente actual

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Gracias a Wikimedia Commons por la imagen. Licencia CC BY-SA 3.0. En Alemania, Frei gem. § 51 UrhG (Zitat).

En mi columna anterior, me referí a los temores que muchos de nosotros tenemos al pensar qué podría ocurrir si Estados Unidos sufre un atentado terrorista, o se enfrenta a una catástrofe natural o a una crisis financiera nacional o internacional. Se tema que el gobierno de Trump culpe de ello, a un grupo étnico, religioso, político, o a cualquier minoría. Que decrete [1] el estado de excepción que le permite restringir los derechos fundamentales

En su artículo publicado en 1934,  “El Führer defiende el derecho”[2], Carl Schmitt -a quien se llama el Jurista de la Corona de la época nazi- plantea la tesis que el Reino alemán, fundado por Bismarck[3] sucumbió -en 1918[4]– porque el estado liberal habría estado paralizado y, en consecuencia, no habría tenido la fuerza para hacer uso de sus artículos de excepción[5]. Esta es la tesis inicial de Schmitt, tomada de un discurso de Hitler que él mismo cita, explica y elogia[6].

Por un momento, podemos pensar que Schmitt podría estar hablando del artículo 48 de la Constitución de Weimar[7], que se refiere a lo que hoy, en derecho constitucional, llamamos “estado de excepción” constitucional. Sin embargo, el entonces profesor de la Escuela superior de comercio de Berlín  y que aspiraba a una cátedra universitaria por todos los medios, se refiere más bien a un concepto diferente.

Según una de sus máximas más conocidas, “soberano es quien decide sobre el estado de excepción”[8]. Con esto, me parece que lo que quiere decir es que quien realmente es soberano no está sujeto a leyes, ni a constituciones, sino que está por sobre ellas y puede tomar las decisiones sin sujetarse a ellas.

Schmitt escribe que, “debido a la forma de pensar de un ‘estado de derecho’[9] liberal, paralizado, la burocracia civil no encontró el valor para darle a los amotinados y a los enemigos del estado lo que ellos merecían”.

En otras palabras, el Reino alemán fundado por el canciller de hierro a fines del siglo 19, no habría sucumbido por haberse embarcado en una guerra sin sentido -en la I Guerra o Gran Gierra, como se la llamana en aquel entonces-, ni por haber arrastrado a otros países tras él.

El Reino alemán habría sucumbido porque el estado de derecho propio del liberalismo se hallaba paralizado, inmóvil, ya que el liberalismo en sí sería “indeciso” e incapaz de reaccionar frente a sus “enemigos”. Schmitt usa la denominación “enemigos del estado” (Staatsfeinde), un término peligrosamente moderno.

El ocaso del Reino alemán habría sido pues la consecuencia de no haber reaccionado con la firmeza de un estado autoritario y no de uno liberal. El pueblo alemán habría resistido durante cuatro años los ataques de sus enemigos, en una heroicidad sin paralelo. Se refiere a la I Guerra Mundial. Y una camarilla de elite liberal lo habría destruido o permitido su destrucción.

Según Schmitt, sus dirigentes -hoy les llamamos “elite” o simplemente “los de arriba”- habrían fracasado en su lucha contra el envenenamiento del pueblo y la socavación del derecho alemán y del honor del pueblo.

Es evidente que por “derecho alemán”, Schmitt no se refiere al orden jurídico vigente entonces. De manera que el fracaso en la I Guerra es interpretado como consecuencia de la parálisis, las inhibiciones y la indecisión del gobierno liberal durante la guerra. En el fondo, de de no haber restringido lo suficiente los derechos fundamentales.

El Führer, esto es Hitler, interiorizaría en su persona -prosigue el jurista- todas estas advertencias históricas hechas a los gobernantes de ese periodo liberal y que elos no escucharon[10]. Con ello, en una forma que yo llamaría pseudo-mística, el Guía del pueblo -eso significa la voz alemana Führer- posee el derecho y también la fuerza para fundar un nuevo estado y un nuevo orden. Es el guía o conductor del pueblo y además. su juez, pues crea derecho.

Y concluye: el Führer protege el derecho cuando en el momento de peligro, crea el derecho. Esta es la idea que da el nombre al artículo aparecido en una revista jurídica.  

Tres años más tarde, a Hitler y sus nacional socialistas se les presentó la oportunidad y no la desperdiciaron, no fueron “indecisos”, como Schmitt acusa de ser a los liberales. En efecto, en 1933 y con motivo del “incendio del Reichstag”, los nazis culparon a la oposición del atentado incendiario y decretaron el estado de excepción, que les permitó conculcar los derechos fundamentales con la excusa de resguardar la seguridad del pueblo. ¿Les parece conocido?

Se usó un atentado incendiario cuya autoría, hasta ahora, no está clara, para justificar la opresión de los ciudadanos que quedaban así indefensos frente al capricho de un gobierno nacionalista y socialista. Al mismo tiempo, acabaron con la oposición. Este desequilibrio del poder -como lo llama Snyder[11]– fue el inicio o el paso definitivo hacia la dictadura nacional socialista.

No, la historia no se repite; pero reconoce ciertos modelos sociales que pueden volver a presentarse.


[1] Hasta ahora, ha gobernado -como los dictadores- mediante decreto. Executive order se llaman en EEUU.

[2] “Der Führer schützt das Recht”. Pueden encontrar el texto completo, con una corta introducción en esta dirección, que copia el texto original de la revista Deutsche Juristen-Zeitung, cuaderno 15 de 1.08.1934. columnas 945-950.

Asimismo, imagen del texto original en la siguiente dirección Gracias a Wikipedia por enlazarlo.

La revista era la más prestigiosa de la época, fundada por Otto Liebmann, judío y dirigida, además de Liebmann, por los juristas Paul Laband. Melchior Stenglein y Hermann Staub.

[3] En 1871.

[5] Schmitt los llama Kriegsartikel.

[6] Schmitt cita explícitamente el discurso de Hitler en el Parlamento de 13 de julio de 1934.

[8] “Souverän ist, wer über den Ausnahmezustand entscheidet”, en su Teología Política, pág. 3. Con esta frase, Schmitt inicia su libro.

[9] Desconozco porqué en el original Schmitt escribe estado de derecho entre comillas.

[10] Entre paréntesis, realmente, muy poco de liberal tuvieron los gobiernos alemanes entre 1914 y 1918; pero qué importa… los alternative fact ya existían en esa época.

Los derechos humanos frente al etnopluralismo

El etnopluralismo niega la validez universal de los derechos humanos fundamentales[1]. Reconocer y garantizar los derechos humanos sería algo que el estado nacional sólo puede garantizar a sus propios ciudadanos, a sus propios nacionales y no a los extranjeros. El derecho no sería  más que una creación cultural y, como tal, parte de una determinada cultura.

Los extranjeros provienen de otras culturas que tienen su propio derecho. Este “derecho propio” es algo que un extranjero lleva siempre consigo cuando -por alguna razón y por un tiempo- se traslada a vivir a otro país. En consecuencia, el derecho -incluídos los derechos fundamentales- no serían igual para todos, sino que estarían sujetos al origen de la persona que determinaría su estatuto jurídico.

En el fondo, volvemos a una suerte de derecho estatutario. De un “estatuto personal” (del que escuché hablar en otro tiempo y en otro lugar[2] y que pensaba que ya estaba superado en y por la historia. Denominaría a sus propugnadorea historiadores diletantes, que poco y nada sabían de Derecho. Planteaban la existencia de un supuesto estatuto personal que acompañaría a la persona sujeto donde quiera que ésta se encontrara.

Armin Pfahl-Traughber[3] explica que, para los etnopluralistas, el concepto de pueblo no se entiende en sentido político, sino sólo en sentido étnico[4]. Racial diría yo… organicista, colectivista y profundamente anti-individualista y anti-liberal. El hombre sólo existiría como parte de un todo organíco. Estamos pues ante un nuevo organicismo. Colectivismo le llama Pfahl-Traughber, ya que el individuo valdría algo sólo en cuanto es parte del colectivo. Por tanto, es lógico que no es el hombre -o la mujer- sujeto de derechos, sino el pueblo al que pertenecen.

O, desde un punto de vista “más metafísico”: el pueblo es el único “sujeto de la historia y que lucha por su autodeterminación”[5]. Para el etnopluralismo, el pueblo es el sujeto de derechos y no la persona individual. Para ellos, no existe el individuo, sino sólo el pueblo, el pueblo en que él nació[6]. Para mí, una persona vale no porque pertenezca a un grupo, sino que vale en sí misma.

Sí, el etnopluralismo desprecia el individualismo. Con esto, me temo que gana muchos puntos en nuestra sociedad, siempre dispuesta a criticarlo; pero, en realidad, sumamente individualista. Peor aún: la persona humana pierde su valor en sí y los hombres tienen tan sólo el mérito que les da el ser miembros del grupo étnico[7]. Como dice Schopenhauer: “la especie más barata de orgullo es el orgullo nacional: de aquel al que faltan cualidades individuales de las que podría estar orgulloso; pero que se aferra a las supuestas cualidades de su nación”[8].

No sólo desprecia el individualismo, sino también rechaza la globalización y especialmente el -por ellos odiado- concepto de humanidad. la citada revista Kontrakultur (ver nota 6) nos explica que, a la humanidad global que sería algo abstracto. La realidad humana sólo existe realmente como parte de una identidad etnocultural, organizada en un pueblo organizado y únicamente puede ser percibida como parte de un colectivo étnico-cultural.

Uno de sus más admirados autores, Carl Schmitt (no entiendo que este autor de los años 20, ha sido y es tan popular en el mundo hispanoparlante) dice claramente que: “quien habla de humanidad, quiere engañar”[9] [10]. El autor de “El Führer protege el Derecho” sostenía la existencia de un pluriverso, esto es, de pueblos cuyos integrantes son relativamente homogéneos. Es lo que yo llamo la trampa de la homogeneidad. Postulaba Schmitt que es inherente a la democracia la existencia una población homogénea y el rechazo y explusión de lo heterogéneo.

Con esto, no se opone diametralmente al pensamiento liberal. Especialmente, a Popper quien postula la sociedad abierta que es lo contrario a la Stammesgesellschaft o sociedad tribal, de clan, raza, estirpe o como quieran llamarla (la traducción es difícil)[11]. En consecuencia, se niega a los miembros de “otras culturas”[12], los mismos derechos fundamentales que tienen los integrantes del propio pueblo.

(En esta línea, se recurre muy comúnmente al pseudo-argumento: los cristianos no pueden construir iglesias en Arabia Saudita, por lo tanto, los musulmanes tampoco las podrían construir mezquitas en “territorio cristiano”. Una de las características fundamentales de la llamada nueva derecha europea es la negación de la libertad religiosa. Es esta una argumentación tan burda que no creo que sea necesario ni siquiera refutarla).

Si pensamos que Schmitt se refiere a personas, a personas humanas, individuales y distintas entre sí, me parece que su discurso cosifica a la gente. Sí, poco queda del ser humano en una sociedad que lo ve simplemente como un componente más. O, más bien -tratándose del “heterogéneo”- como un no-componente que hay que expulsar. Estamos demasiado cerca del totalitarismo del siglo 20 o más bien, entramos de lleno en él.

Para Henning Eichberg[13] -considerado el fundador de la nueva nueva derecha alemana, en los años 1970- no existen los individuos, sino sólo hay alemanes, franceses o israelíes. No hay derechos individuales sino soolamente derechos de la colectividad. El etnopluralismo niega la universalidad de los derechos de la persona, los que no serían más que una construcción artificial de cada pueblo y, por tanto, no universal. Producto cultural, nada más. Sí, como cada pueblo es diferente a todos los otros, y se ha desarrollado de forma diversa a lo largo de la historia y en su propio hábitat o Lebensraum, el derecho no puede ser universal. De acuerdo al etnopluralismo, no puede hablarse de una universalidad de los derechos humanos.

En concreto, toda esta construcción ideológica se traduce en que la AfD[14], el movimiento identitario y los Pegida, exijan que a los refugiados no se les garantice el derecho a asilo político[15]. La CSU de Baviera no va tan lejos; pero con su exigencia de un “contingente” de refugiados cae exactamente en lo mismo. A la vez, que se grita de voz en cuello que los refugiados deben acatar y cumplir el derecho alemán…

Bueno, ¿en qué quedamos…? ¿Se aplica a los refugiados -o a los extranjeros en general- el derecho alemán? ¿Se les garantiza o no sus derechos como personas? ¿Deben cumplir los refugiados el derecho alemán? ¿Los alemanes, también? La respuesta es evidente. Si nos atenemos a lo que claramanente nos dice la Ley Fundamental[16], que garantiza el derecho a asilo a todos los perseguidos, sin distinción alguna, no hay la menor duda de cuál es la respuesta correcta. Un gran SÍ 🙂


[1] Ver mi columna de julio pasado sobre El etnocidio o la muerte del pueblo

[2] A ellos me referí en mi columna ¿En qué se parecen John Boehner y yo? cuando me refiero a los grupos del nacional catolicismo espanol tradicionalista, etc.

[3] Armin Pfahl-Traughber, sociólogo y politólogo alemán, especialista en el tema del extremismo y tendencias similares.

[5] Ver Zur Ideologie des “Ethnopluralismus”: Das Volk als Subjekt “Vielmehr begreift man im kollektivistischen Sinne das ‘Volk’ als Subjekt der Geschichte. Als Triebfeder der historischen Entwicklung gilt der Kampf der ‘Völker’ um ihre “Selbstbestimmung”.

[6] Ver la página Kontrakultur, de tendencia duginista (me refiero a Alexander Dugin, el denominado “ideólogo del Kremlin) pro-Putin Ethnopluralismus und die multipolare Welt: “Anders als eine diffuse Vorstellung von der Gleichheit aller Menschen ist nach ethnopluralistischer Auffassung der Mensch eben kein Wesen welches bindungslos und atomisiert in einer Welt des individualisierten „Nichts“ hineingeworfen wird, sondern immer nur im Zusammenhang mit seinen Bindungskräften betrachtet werden kann, die es aus seiner ethnokulturellen Zugehörigkeit speist.”

[7] Por eso mismo, vemos con demasiada frecuencia, a un montón de patanes que nunca han logrado nada por sí mismos; pero que, como parte del grupo, se sienten superiores a los demás.

[8] La traducción-resumen es mía. El original: “Die wohlfeilste Art des Stolzes hingegen ist der Nationalstolz. Denn er verrät in dem damit Behafteten den Mangel an individuellen Eigenschaften, auf die er stolz sein könnte, indem er sonst nicht zu dem greifen würde, was er mit so vielen Millionen teilt. Wer bedeutende persönliche Vorzüge besitzt, wird vielmehr die Fehler seiner eigenen Nation, da er sie beständig vor Augen hat, am deutlichsten erkennen. Aber jeder erbärmliche Tropf, der nichts in der Welt hat, darauf er stolz sein könnte, ergreift das letzte Mittel, auf die Nation, der er gerade angehört, stolz zu sein. Hieran erholt er sich und ist nun dankbarlich bereit, alle Fehler und Torheiten, die ihr eigen sind, mit Händen und Füßen zu verteidigen”. Hay una traducción en Wikiquote, pero no me parece buena. Mejor es el original alemán, que aparece muchas veces en internet, aquí, por ejemplo.

[9] “Wer Menschheit sagt, will betrügen”. Wikiquote

[10] Recuerdo que el Padre Osvaldo Lira sostenía jocosamente que “nadie ha visto a una señora gorda llamada Humanidad”.

[11] Uno de mis libros favoritos: Die offene Gesellschaft und ihre Feinde (1945). Tengo la edición de 1975.

[12] Como ya no se puede hablar de “razas”, los partidarios del etnopluralismo y de movimientos similares, recurren a la denominación de cultura que reemplaza y la de raza; pero viene a ser lo mismo. Sobre el término “raza”, los invito a leer mi columna Nos guste o no, en realidad todos somos africanos

[13] Sociólogo alemán al que me referí en mi artículo Un fantasma recorre Europa, el fantasma del etnopluralismo

[15] Sobre este tema, ver El universalismo y los refugiados

[16] §16a de la Ley Fundamental.

Nos guste o no, la burka no se puede prohibir

A mí no me gusta la burka; pero me gusta más que no se pueda prohibir.

Cito al ministro del Interior de Alemania Thomas de Maziere, “No se puede prohibir todo lo que reprobamos”[1]. O, para hablar con el vicepresidente de la social democracia, Ralf Stegner, “A mi tampoco me gusta la burka; pero no podemos prohibir todo lo que no nos gusta”[2].

A mí tampoco me gusta, creo que se puede decir mucho en contra de la burka y de cualquier pañuelito que tape la cara en verano (los pasamontañas son sólo para el invierno) y cuando no hay tormenta de arena… Sin embargo, no es el estado (ni la comuna, ni la ciudad, ni casi nadie) quien pueda prohibir una prenda de vestir. Si no estamos de acuerdo, podemos convencer; pero no prohibir. Sensibilizar y educar; pero no sancionar, me parece que es lo correcto..

Cito nuevamente al Papa Benedicto (idealizado hoy en día, por algunos de quienes son partidarios de la prohibición del burka… o de la burka, como deseen llamarla/o). “En lo tocante al burka, no veo razón alguna para una prohibición general. Se afirma que algunas mujeres no llevan el burka de forma libre y voluntaria, y que se trata propiamente de una violacion de la mujer. Por supuesto, con eso no se puede estar de acuerdo. Pero si libre y voluntariamente quieren llevarlo, no sé por qué hay que prohibírselo”[3].

O en mi traducción del aleman: “Los cristianos son/somos tolerantes y, por ende, permitimos a los otros lo que a ellos les parece que es totalmente normal (…). En lo relativo a la burka, no veo ningún motivo para una prohibición general. Se dice que algunas mujeres no la usan en forma voluntaria y esto es, realmente una violación de la mujer. Naturalmente, no podemos estar de acuerdo con ello. Sin embargo, si llevan la burka de manera voluntaria, no sé por qué se la debería prohibir.”[4]

Okay, hay que relativizar esta afirmación. Sí hay un código de vestirse que puede ser sancionado jurídicamente en algunas ocasiones. Por ej., ante un tribunal no se puede usar nada que tape la cara. En manifestaciones, en protestas, en marchas o, en general, en acciones políticas públicas, tampoco. Las leyes anti-máscaras o la prohibición de “enmascararse” son antiguas y han sido -hasta ahora- correctas. Entre paréntesis, una de las leyes anti-máscaras más antigua es norteamericana que se dictó para prohibir que los miembros del ku klux klan se taparan la cara[5].

Pienso que tampoco se debería usar en colegios, ni en universidades, ni en general, en establecimientos educacionales. Creo que los bancos y otras insituciones financieras tiene el perfecto derecho a prohibirlo en sus inmuebles y cajeros automáticos, tal como prohíben que los conductores de motocicletas ingresen con casco a sus edificios. Pero esta prohibición de uso de la burka o de otra forma de taparse la cara, es aceptable, e incluso recomendable por razones de seguridad pública, en determinados inmuebles o en situaciones, en aeropuertos, estaciones de tren, estadios, eventos deportivos (salvo que sean de ski, por el frío), en cuarteles militaresn (salvo que pertenezcas a un comando de fuerzas especiales). También, si manejas auto, es preferible no taparse la cara, por una infinidad de razones.

Algo muy distinto ocurre en parques, plazas, calles, etc. La Corte Europea de derechos humanos sentenció[6] que la prohibición francesa, de 2011, de taparse la cara por parte de mujeres musulmanas, es de acuerdo a derecho, puesto que el no mostrar la cara puede mermar la convivencia, ya que ver la cara de la otra persona juega un papel importante en la interacción social[7]. Esto es sin duda una -por decirlo suavemente- un invento bastante innovador de la Corte, ya que define un objetivo social impreciso que tendría la ley prohibitiva francesa como algo claramente definido[8].

Dos juezas de la Corte (la alemana Angelika Nußberger y la sueca Helena Jäderblom, lo que no deja de ser significativo) expresan en un voto de minoría[9], que la prohibición es iliberal. Recuerdo lo que nos dice Barbara John, en el sentido que, si estamos convencidos de la atractividad de nuestra sociedad, no le daremos tanta importancia a cada costumbre de otras personas, por absurda o sin sentido que nos parezca[10].

Como Uds. pueden suponer es también lo que pienso yo, como expresé ya en mi columna ¡Sácate la burka! Si hubiese una obligación o mandato de convivir permanentemente con los demás, en calles, plazas y parques, llegaríamos al absurdo de prohibir el uso de audífonos mientras caminas por la calle, mientras corres o haces deporte. Por ej. O se prohibiría leer un libro, el diario, una revista, el IPad, hablar por teléfono o hablar con la persona que está a tu lado y no con todas las demás.

Las dos juezas dicen que la democracia implica aceptar la pluralidad, también en la forma de vestirse. Yo diría que la pluralidad dentro de la sociedad “prohíbe” imponer a nadie un dress code determinado, válido para una sociedad determinada. Hacen ver que no hay ninguna razón para suponer que las mujeres que se tapan la cara, sienten desprecio por quienes se encuentran por la calle o pretenden ofenderlos de alguna forma[11].

No hay obligación de comunicarse con nadie, de entablar conversación con desconocidos (como se le inculca tan insistentemente a los niños) por la calle. Es cierto que la comunicación es esencial en nuestra sociedad; pero también es elemental el derecho a no comunicarte, a la vida privada, a ser un outsider[12]. El llamando right to be an outsider 🙂 Nadie tiene el deber de entrar en comunicación, en lugares públicos, en contra de sus deseos, aclara el voto de minoría.

Nuestra sociedad liberal no es un ámbito de sociabilidad[13] ilimitado, sino que es también un lugar donde tienes el derecho a no entablar comunicación con todos. En el fondo, advierten las dos juezas, con la prohibición, se sacrifica un derecho fundamental individual, en aras de un principio abstracto hacen ver Nußberger y Jäderblom.

Si bien es cierto que la convivencia, este “vivir juntos”, requiere la posibilidad de intercambio interpersonal, en que mostrar la cara tiene un papel importante en la interacción humana, no se puede sostener que, a la inversa, la interacción humana sea imposible si no se muestra la cara o toda la cara. Pensemos en casos, perfectamente arraigados en la cultura europea como las actividades de ski y el motociclismo con cascos o el uso de trajes durante el carnaval. Como demuestran estos casos, la gente puede relacionarse sin mirar necesariamente en sí los ojos. Expresa el citado voto de minoría. Como amante de los deportes acuáticos, pienso también en los buzos.

Paradojalmente, en algunos países como Francia y Bélgica, se prohíbe y, en otros, se prentende prohibir el uso de la burka o del Niqab -que usan mujeres provenientes de algunos países musulmanes, no de todos- en calles, plazas y parques, justo en una época en que se generaliza el no cortarse la barba, con lo que también se oculta la cara[14]. Asimismo, los mismos que insisten en prohibir la burka son quienes más critican a GogleEarth y quienes pixean sus casas y edificios y los rostros de los paseantes (lo que no está mal). Y ¿qué me dicen del scanner corporal que te deja virtualmente desnuda al pasar frente a la pantalla en el aeropuerto? De alguna manera, su argumentaicón es inconsistente.

Nußberger y Jäderblom señalan, en su voto de minoría que se coloca así a la mujer -que es la afectada por la medida, lo que es para mí, aún peor- en un gran dilema: o romper con su fe religiosa, con su cultura y su convicción personal o ser fiel a su tradición y quedarse en la casa sin salir. O salir y enfrentar una sanción penal. Las dos juezas sostienen que es preferible la sensibilización y la educación (de paciencia y de comprensión, hablaría yo) y no tantas sanciones, amenazas y prohibiciones.

No sé qué opinen Uds.; pero pienso que la prohibición francesa no ayuda en nada ni a la integración, ni tampoco a la convivencia, a ese vivir juntos que el legislador francés pretende defender. Creo -y lo he visto en muchas amigas mías procedentes de países musulmanes- que nuestra forma de vivir abierta, liberal, tolerante, pluralista, multicultural tiene una fuerza de atracción muy grande, inmensamente más grande que las prohibiciones y las exigencias de asimilación forzada.


[1] “Man kann nicht alles verbieten, was man ablehnt”. No coloco link, porque la cita es super conocida y ha sido ampliamente citada por los medios.

[2] “Mir gefällt das mit der Vollverschleierung auch nicht (…) Aber man kann nun wirklich nicht alles, was einem nicht gefällt, verbieten”. En entrevista con ARD SPD-Vize Stegner: Burka-Verbot nicht grundgesetzkonform

[3] Citado en Benedicto 16 sobre la burka. Agradezco nuevamente a Ljudmila Hribar, por facilitarme el texto del libro en castellano. Ljudmila es la autora del blog JUAN PABLO II, maestro, padre, pastor, amigo….beato, santo! que recomiendo.

[4] En ¡Sácate la burka! Texto original en alemán: “Christen sind tolerant, und insofern lassen sie auch den anderen ihr Selbstverständnis. (…) Was die Burka angeht, sehe ich keinen Grund für ein generelles Verbot. Man sagt, manche Frauen würden die Burka gar nicht freiwillig tragen und sie sei eigentlich eine Vergewaltigung der Frau. Damit kann man natürlich nicht einverstanden sein. Wenn sie sie aber freiwillig tragen wollen, weiss ich nicht, warum man sie ihnen verbieten muss”.

[5] Ver artículo en Wikipedia en castellano

[7] Citado en Die Burka verleiht die Freiheit, Außenseiter zu sein: “Der Gesichtsschleier könne das Zusammenleben beeinträchtigen, weil das offene Gesicht eine wichtige Rolle für die soziale Interaktion spiele”.

[8] Critica Wolfgang Janisch, autor del artículo de la Süddeutsche recién citado: Die Burka verleiht die Freiheit, Außenseiter zu sein

[11] Citado por Maximilian Steinbeis en su artículo del blog de derecho constitucional Burkaverbot: Grundrechtsschutz auf Proportionalitäts-Fläschchen gezogen

[12] “It can hardly be argued that an individual has a right to enter into contact with other people, in public places, against their will. Otherwise such a right would have to be accompanied by a corresponding obligation. This would be incompatible with the spirit of the Convention. While communication is admittedly essential for life in society, the right to respect for private life also comprises the right not to communicate and not to enter into contact with others in public places – the right to be an outsider”. Texto citado por Maximilian Steinbeis en su artículo del blog de derecho constitucional Burkaverbot: Grundrechtsschutz auf Proportionalitäts-Fläschchen gezogen

[13] Raum der Geselligkeit lo denomina Anna von Notz en el Verfassungsblog: Der unendliche Raum der Geselligkeit

[14] Cfr. Jost Müller-Neuhof en Tagesspiegel: Rechts-Kolumne “EinSPRUCH” Kein Recht für Außenseiter