La inestabilidad y el cambio en Chile

En su último libro “Road to unfreedom”[1], Timothy Snyder -el historiador norteamericano del momento- señala acertadamente que sólo en un estado estable y que funciona, sus ciudadanos pueden llevar a cabo un cambio. O muchos cambios. Es precisamente la estabilidad la que hace posible cambiar el cambio.

Este es mi problema frente al caso chileno: frente a la Asamblea Constituyente y a la eventual nueva nueva constitución. Creo que Chile se ha vuelto un país más que inestable, sumamente lábil e inseguro en todo sentido. Del legalismo del que nos gloriábamos o por el que éramos criticados, parece que pasamos raudamente al ilegalismo, al desgobierno. Del estado de derecho pasamos a la anarquía o, en el mejor de los casos, a un segundo período de “ensayos constitucionales”, como el del siglo 19; pero más de un siglo y medio después[2].

De las alabanzas del historiador alemán Heinrich August Winkler[3], quien calificaba a Chile como el único país occidental de Latinoamérica, de eso, poco y nada va quedando. Una de las características esenciales y conditio sine que non de la pertenencia a Occidente es la capacidad de resolver las diferencias políticas -tanto teóricas, como prácticas- en forma pacífica, sin violencia[4]. Después de la irrupción de la llamada “primera línea” y de sus “ayudistas” -verdaderos autores intelectuales del estallido de violencia- de occidental, poco y nada le va quedando al país.

Tengo que reconocer que, en un comienzo, yo era levemente proclive a una nueva constitución. Incluso me atreví a proponer una medida muy concreta para el eventual nuevo texto (el establecimiento de una barrera del 5% para que los partidos políticos puedan tener representación parlamentaria[5]) y creí que, con ello, contribuía a una proceso constitucional que, como me dijo un amigo nos identificaría a todos los chilenos con una nueva carta fundamental. Asimismo, pensaba que un gobierno serio y estable como el actual, conduciría el proceso constitucional por un buen camino y hacia buen puerto.

Sin embargo, me temo que, de a poco, estoy cambiando de parecer. Y no soy la única. Si una revisa las cifras de las encuestas de opinión[6], puede observar que la alternativa hacia el rechazo (el llamado #votorechazo) si bien es cierto no es aún mayoritaria, tiende a aumentar. Siempre he sostenido que las encuestas no se pueden ver como una simple foto de un instante, sino más bien hay que observarlas como una película, ya que la tendencia es lo decisivo.

Hace algunos días, recibí un mensaje de una compañera de Universidad de Javier Edwards[7], que contenía un escrito suyo acerca del tema rechazo o aprobación en el próximo plebiscito. Me pareció significativo que una persona como mi querido amigo Javier se pronunciara tan claramente en favor del rechazo. Entre otras cosas, porque él es una persona de ideas de izquierda. Me parece interesante comentar sus planteamientos.

Javier explica que “la estabilidad de la constitución es la estabilidad del país y sus ajustes deben recoger mayorías adecuadas para no convertirla en la herramienta de mayorías de turno o manipulaciones para perpetuar en el poder a algún gobernante inescrupuloso”. Así es. Las mayorías de turno son más bien un tool del populismo que una herramienta real de la democracia. Pienso que la estabilidad no es inmovilidad. Por el contrario, la inestabilidad es el verdadero origen de la inmovilidad. Me parece que la estabilidad de Chile actualmente deja mucho que desear.

En este sentido, el párrafo que Javier dedica a la Plaza Baquedano es muy significativo: “me parece absurdo y populista, innecesario, ponerle Plaza de la Dignidad al peladero en que se convirtió la inocente Plaza Baquedano, sino trabajamos de verdad en un plan de gobierno y legislativo que construya esa dignidad. Así, cada dictadura construye monumentos a la libertad, y la politiquería y la demagogia hablan de palabras como dignidad, justicia, equidad y quieren monumentos no políticas, leyes, normas y su aplicación”. Pienso que la Plaza Baquedano ha sido convertida más en una verdadera plaza de la indignidad.

Cuando un país es inestable, nadie -o poca gente- quiere cambiar algo, porque teme que será peor el cambio que el presente[8]. Y eso es lo que bien puede pasar en Chile si continúan las “protestas” y las acciones de la llamada “primera línea”: incendios, destrucciones, rayados, funas, saqueos, coacción y amenazas, además de otras barbaridades. Hasta ahora hablamos del estallido social; pero creo que estamos a punto de caer en un estallido terrorista.

En un clima inestable no se puede hacer reforma alguna, ni las necesarias ni las innecesarias. Ni sociales, ni políticas, ni económicas, ni institucionales, ni menos constitucionales. En un clima de inestabilidad, sólo se retrocede, en el peor de los casos -cuando se desquicia el estado de derecho- hasta la edad de las cavernas, donde prima la ley de la fuerza por sobre la fuerza de la ley.

Todas las reformas que se han hecho a la constitución actual en estos 30 años de vigencia en democracia, han sido hechos precisamente en un marco de estabilidad institucional y no de ruptura. No creo que sea necesario, ni conveniente, lanzar por la borda las reformas realizadas. Javier habla de “una mentira política”. Y señala que “su propósito, en algunos con ambiciones refundacionales, es un acto revolucionario para convertir a Chile en un proyecto viciado”. Fundar de nuevo el país es una utopía o más bien una distopía, un proyecto populista[9].

“El esfuerzo de una nueva constitución, innecesaria, el tiempo que llevará materializarla, la incertidumbre que generará, el impacto económico que ello tendrá, el debate oportunista de los políticos, todo pondrá en segundo lugar lo que realmente es necesario…”. Sí, Javier tiene razón: la incertidumbre es lo contrario de la inestabilidad y ésta durará al menos dos años, en los que la presión de la primera línea puede tornarse intolerable: más incendios, más barricadas, más saqueos, más actos de fuerza, más violaciones a la libertad individual[10]

Javier concluye: “Escribir una constitución no es un ejercicio de improvisación, ni podrá recoger todas las ideas de las cabezas más imaginativas (puedo anticipar un colorido circo de propuestas). En conciencia, y por el bien del país y de todos, para poner las prioridades en las verdaderas urgencias: votaré NO al cambio de constitución”. Yo no estoy decidida aún; pero no puedo negar que mi colega y amigo tiene bastante razón.

Puedo agregar que en un clima de agresión, de desgobierno, de crispación y de inestabilidad no conviene cambiar la Constitución. Nada bueno puede salir de ello. Ahora durante el verano, las cosas parecen más calmadas, tal vez porque “los jóvenes idealistas” se fueron de vacaciones au$piciada$ por papá y mamá; pero no creo que marzo vaya a ser un mes muy tranquilo, ni tampoco abril. Ojalá me equivoque, ojalá.


[1] “The Road to Unfreedom: Russia, Europe, America”, 2018. Leo que fue publicado en castellano bajo el título de “El camino hacia la no libertad”.

[3] Durante una charla-homenaje organizada por la embajada polaca en Berlín, hace algunos años.

[4] Esa gente que dice que todo cambio debe ser violento, creo que adolece de seguera histórica y está afectada por el pensamiento al que me referí en mi columna De la violenta revolución que conduce a la dictadura del proletariado, que invito a leer.

[5] “Sería interesante incorporar a la Constitución una cláusula de barrera de al menos un 5% para establecer un sistema de acuerdo al cual, “únicamente los partidos políticos que hayan obtenido al menos el 5% de los votos válidamente emitidos pueden obtener representación parlamentaria”, en mi columna La polarización es el semillero del extremismo

[8] O, como diría Shakespeare: “Rather bear the ills we have than fly to others that we not know of”.

[9] Aquí viene un enlace a mi artículo próximo acerca del populismo en el “estallido social” en Chile.

[10] Ver el testimonio de una amiga: Ayer sentí miedo

La prostitución en Suecia – Y si copiamos su ejemplo…

Ayer, 25 de noviembre, conmemoramos el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Establecito como tal el 17 de diciembre de 1999 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Por esta razón, voy a hacer algo que nunca hago en este blog[1]: copiar un texto que no es mío. Al final del texto, se advierte que “Se autoriza copiar y distribuir esta información siempre y cuando el crédito y el texto se mantengan intactos”.

El artículo es norteamericano. Sus autoras proponen copiar la ley sueca en los Estados Unidos. Yo propongo “copiarla” en todos los países. Hasta donde sé, Francia ya la copió. En el mismo texto, de habla de otros países que han adoptado legislaciones similares. Curiosamente, dirán algunos, todos países con democracia liberal representativa y economía libre. 

Copio el texto, con mis agradecimientos, de La solución de Suecia para la prostitución: ¿Por qué nadie intentó esto antes? El original en inglés: Sweden’s Prostitution Solution: Why Hasn’t Anyone Tried This Before? El artículo es antiguo, no sé si de 2010 ó de 2012; pero creo que no ha perdido actualidad.

En un mar de siglos de clichés desesperados porque ‘siempre habrá prostitución’, el éxito de un país sobresale como un faro solitario que ilumina el camino. En apenas cinco años, Suecia ha disminuido drásticamente la cifra de mujeres dedicadas a las prostitución. En las calles de la ciudad capital, Estocolmo, la cantidad de prostitutas ha sido reducida en dos tercios y la de clientes en un 80 por ciento. En otras grandes ciudades suecas, el comercio sexual en las calles casi ha desaparecido. Y en buena medida también ha ocurrido esto con los famosos burdeles y salas de masaje que proliferaron en el país en las últimas tres décadas del siglo 20, cuando la prostitución era legal.

Adicionalmente, es nula la cantidad de mujeres extranjeras que ahora están siendo traficadas a Suecia para comercio sexual. El gobierno sueco estima que en los últimos años sólo entre 200 y 400 mujeres y niñas han sido traficadas cada año hacia este país, cifras que no son tan significativas en comparación con las 15,000 a 17,000 mujeres traficadas anualmente hacia la vecina Finlandia. Ningún otro país y ningún otro experimento social siquiera se acercan a los prometedores resultados que están siendo observados en Suecia.

¿Cuál compleja fórmula ha utilizado Suecia para lograr esta proeza? Sorprendentemente, su estrategia no es en absoluto compleja. De hecho, los principios de ésta parecen tan simples y anclados con tal firmeza en el sentido común que de inmediato nos llevan a preguntar: “¿Por qué nadie intentó esto antes?”

La trascendental legislación sueca de 1999

En 1999, luego de años de investigación y estudios, Suecia aprobó una ley que: a) penaliza la compra de servicios sexuales y b) despenaliza la venta de dichos servicios. La novedosa lógica detrás de esta legislación se estipula claramente en la literatura del gobierno sobre la ley:

“En Suecia la prostitución es considerada como un aspecto de la violencia masculina contra mujeres, niñas y niños. Es reconocida oficialmente como una forma de explotación de mujeres, niñas y niños, y constituye un problema social significativo… la igualdad de género continuará siendo inalcanzable mientras los hombres compren, vendan y exploten a mujeres, niñas y niños prostituyéndoles”.

Además de la estrategia legal de dos vías, un tercer y esencial elemento de la ley sueca sobre la prostitución provee que amplios fondos para servicios sociales integrales sean dirigidos a cualquier prostituta que desee dejar esa ocupación; también provee fondos adicionales para educar al público. Siendo así, la estrategia única de Suecia trata la prostitución como una forma de violencia contra las mujeres, en la cual se penaliza a los hombres que las explotan comprando servicios sexuales, se trata a las prostitutas, en su mayoría, como víctimas que requieren ayuda y se educa al público para contrarrestar el histórico sesgo masculino que por tanto tiempo ha embrutecido el pensamiento acerca de la prostitución. A fin de anclar sólidamente su visión en terreno legal firme, la ley sueca referida a la prostitución fue aprobada como parte de la legislación general de 1999 sobre la violencia contra las mujeres.

Un primer obstáculo en el camino

Es interesante observar que, a pesar de la extensa planificación que tuvo lugar en Suecia previo a la aprobación de la ley, durante los primeros dos años de vigencia de este novedoso proyecto casi no ocurrió nada. La policía efectuó muy pocos arrestos de clientes y la prostitución, que antes había sido legalizada en el país, continuó casi como si nada. Los pesimistas del mundo reaccionaron a la muy publicitada falla con un estridente recordatorio: “¿Ven? La prostitución siempre ha existido y siempre existirá”.

Pero los suecos, muy seguros del pensamiento detrás de su plan, no prestaron atención a las críticas. Rápidamente identificaron el problema y luego lo resolvieron. El punto de falla, donde los mejores esfuerzos se habían estancado, era que las fuerzas de seguridad no estaban haciendo su trabajo. Se determinó que los agentes de policía necesitaban capacitación a profundidad y orientación en lo que el público y la legislatura del país ya comprendían perfectamente. La prostitución es una forma de violencia masculina contra las mujeres. Los explotadores/compradores deben ser castigados y las víctimas/prostitutas necesitan recibir ayuda. El gobierno sueco invirtió cuantiosos fondos, de modo que policías y fiscales, desde los más altos niveles hasta los agentes que trabajaban en las calles, recibieron una intensa capacitación y el mensaje de que el país hablaba en serio. Fue entonces que Suecia empezó a ver resultados sin precedentes.

Hoy día no sólo el pueblo sueco continúa apoyando firmemente el enfoque del país a la prostitución (el 80 por ciento de la gente lo respalda, según los sondeos de opinión), sino también policía y fiscales se encuentran ahora entre sus más fuertes apoyos. Las fuerzas de seguridad de Suecia han descubierto que la ley sobre prostitución les beneficia en el manejo de todos los crímenes sexuales, en particular porque les habilita para virtualmente erradicar el elemento del crimen organizado, que es una plaga en otros países donde la prostitución ha sido legalizada o regulada.

La falla de las estrategias de legalización y/o regulación

El experimento de Suecia es un ejemplo único y solitario, en una población de tamaño significativo, de una política sobre prostitución que sí funciona. En el 2003, el gobierno de Escocia, con miras a reformar su propio enfoque a la prostitución, le encargó a la Universidad de Londres la elaboración de un análisis integral de resultados de políticas sobre prostitución en otros países. Además de revisar el programa sueco, el equipo de investigación seleccionó a Australia, Irlanda y los Países Bajos a fin de representar varias estrategias orientadas a legalizar y/o regular la prostitución. No revisó la situación en aquellos países donde la prostitución está totalmente penalizada, como es el caso en los Estados Unidos, pues el resultado de dicho enfoque es muy conocido. El mundo ya está bien familiarizado con las fallas y la futilidad del mecanismo de arrestar prostitutas y dejarlas en libertad para luego volver a arrestarlas.

Tal como lo reveló el estudio encargado a la Universidad de Londres, los resultados en los estados bajo revisión que habían legalizado o regulado la prostitución fueron tan desalentadores como la penalización tradicional, o tal vez aún más. En cada caso los resultados eran drásticamente negativos.

Según el estudio, la legalización y/o regulación de la prostitución condujeron a:

  • un drástico aumento en todas las facetas de la industria del sexo,
  • un marcado incremento en el involucramiento del crimen organizado en la industria del sexo,
  • un dramático aumento en la prostitución infantil,
  • una explosión en la cantidad de mujeres y niñas extranjeras traficadas hacia la región, así como
  • indicaciones de un incremento en la violencia contra las mujeres.

En el estado de Victoria, Australia, donde fue creado un sistema de prostíbulos legalizados y regulados, hubo tal explosión en la cantidad de éstos que la capacidad del sistema para regularlos fue de inmediato abrumada, y con igual rapidez esos establecimientos se convirtieron en un nido de crimen organizado, corrupción y crímenes relacionados. Además, las encuestas de las prostitutas que trabajan bajo sistemas de legalización y regulación revelan que ellas mismas continúan sintiéndose coaccionadas, forzadas e inseguras en este negocio.

Una encuesta de prostitutas legales bajo la política de legalización en los Países Bajos muestra que el 79 por ciento de ellas dice querer salir de la industria del sexo. Y aunque cada uno de los programas de legalización/regulación prometieron ayuda para aquéllas que deseaban abandonar la prostitución, esa ayuda jamás se concretó en ningún grado significativo. En contraste, el gobierno sueco sí cumplió con proveer amplios fondos para servicios sociales destinados a ayudar a prostitutas que querían salir de la industria. El 60 por ciento de las trabajadoras sexuales en Suecia aprovechó los bien financiados programas y tuvo éxito en abandonar el comercio sexual.*

* El informe íntegro del gobierno de Escocia acerca de políticas sobre prostitución puede ser leído en www.scottish.parliament.uk

Entonces, ¿por qué nadie intentó esto antes?

Con el éxito de Suecia alumbrando el camino con tal claridad, ¿por qué otros países no están adoptando rápidamente ese plan? En realidad, algunos sí lo están haciendo. Tanto Finlandia como Noruega están a punto de seguir esos pasos. Y si Escocia escucha los consejos de su propio estudio, también irá en esa dirección. Pero la respuesta a la pregunta de por qué otros países no están apurándose a adoptar el plan de Suecia probablemente sea la misma que respondería por qué los gobiernos no han probado antes la solución sueca.

Considerar a las prostitutas como víctimas de coerción y violencia por parte de hombres requiere que un gobierno primero pase de ver la prostitución desde la óptica masculina a verla desde los ojos de las mujeres. Y los países, en su mayoría si no es que prácticamente todos, continúan viendo la prostitución y cualquier otro asunto desde una óptica predominantemente masculina.

Suecia, en contraste, ha sido líder en promover la igualdad de las mujeres durante mucho tiempo. En 1965, por ejemplo, penalizó la violación dentro del matrimonio. En los Estados Unidos, hasta en la década de 1980 había estados que aún no habían hecho ese reconocimiento fundamental del derecho de las mujeres a controlar su propio cuerpo. Suecia también destaca por tener la más elevada proporción de mujeres en todos los niveles del gobierno. En 1999, cuando aprobó la trascendental ley sobre prostitución, el Parlamento sueco estaba conformado casi en un 50 por ciento por mujeres.

La política sobre prostitución de Suecia fue originalmente diseñada y cabildeada por las organizaciones de albergues para mujeres. Luego la promovieron y lucharon por ella, en un esfuerzo bipartidario, las singularmente poderosas y numerosas parlamentarias suecas. Y el país no se ha detenido ahí. En el 2002 aprobó legislación adicional que complementaba la ley original sobre prostitución. Ese año, la Ley de Prohibición del Tráfico Humano para el Propósito de Explotación Sexual llenó algunos de los vacíos que había en la legislación previa y fortaleció aún más las facultades del gobierno para perseguir a la red que rodea y apoya la prostitución, como reclutadores, transportadores y anfitriones.

¿Por qué no copiamos aquí el éxito de Suecia?

Aunque quizás sea cierto que los Estados Unidos y otros países aún están mucho más inmersos que Suecia en la oscuridad patriarcal, no hay razón por la que no puedan impulsar ahora cambios de políticas como los que esa nación ha realizado. La belleza del asunto es que una vez que se ha abierto el terreno y la prueba del éxito ha sido establecida, tendría que ser mucho más fácil convencer a otros de ir por ese mismo camino.


Teillier: “puede que se pierda en el Parlamento, pero no en las calles”

Esta semana, alguien escribía en Twitter “pensamos que el voto es la manera democrática de elegir a nuestros líderes que manejan al país”[1]. Exacto, este es el quid, es la esencia de la democracia liberal representativa, como la conocemos en el mundo civilizado y la vivimos en los países democráticos.

Últimamente, alguien ha hablado de una “democracia iliberal”, término que me recuerda a la llamada “democracia popular” de antaño, a la que, sin duda, se parece demasiado.

El voto, las elecciones periódicas, libres e informadas son la única manera de elegir a los representantes del pueblo. Antiguamente, se llamaba sediciosos a quienes se arrogaran la representación popular sin haber sido elegidos democráticamente.

Da lo mismo que “el pueblo se equivoque”, yo estoy obligada a respetar la decisión mayoritaria. Eso sí, siempre respetando la opinión de la minoría. Se puede decir que, en la democracia, a la minoría la tratamos con cariño y empatía.

En prácticamente todos los sistemas democráticos, existen mecanismos para que las minorías sean plenamente respetadas y tengan representación parlamentaria. El conocido “The winner takes it all” es un procedimiento muy antiguo, de los primeros tiempos del parlamentarismo y está en retroceso.

En algunas elecciones ganan los unos, en las otras, ganan los otros. En Chile, por ej., durante los últimos treinta años, 25 de ellos han gobernado sectores de izquierda y sólo cinco, lo han hecho los de la derecha[2]. Quiénes se quejan tanto de que las cosas andan mal, deberían recordar esta circunstancia antes de culpar de todo el gobierno que asumió hace un año. En el país, ha habido alternancla en el poder que es condición sine qua non de la democracia[3].

Gobernantes que se eternizan en el poder, de los que vemos algunos ejemplos en la Región (Bolivia, Venezuela) son cualquier cosa, menos gobiernos democráticos. Familias que se eternizan en el poder (como en Argentina) se hallan al borde de la demagogia, que es lo contrario de la democracia.

La Constitución señala acertadamente en sus artículos 4 y 5 inciso 1°:

Artículo 4°. Chile es una república democrática.

Artículo 5°. La soberanía reside esencialmente en la Nación. Su ejercicio se realiza por el pueblo a través del plebiscito y de elecciones periódicas y, también, por las autoridades que esta Constitución establece. Ningún sector del pueblo ni individuo alguno puede atribuirse su ejercicio.

Sí, “el voto es la manera democrática de elegir”, tanto en elecciones, como en plebiscitos. Los representantes del pueblo se eligen en elecciones libres, pacíficas e informadas, como ocurre en Chile. Me puede gustar o no el candidato o la candidata ganadora; pero independientemente de ello, tengo que aceptar su triunfo, reconocerlo y felicitarlo/a.

Cuando el presidente del Partido Comunista chileno Guillermo Teillier[4] asegura que ante el eventual fracaso de una por él planeada acusación constitucional contra Piñera, “puede que se pierda en el Parlamento, pero no en las calles”, se coloca claramente fuera del estado de derecho y con ello, fuera del sistema democrático de gobierno.

Asimismo, el pueblo que enfrenta al parlamento es un tópico propio del populismo actual, de extrema derecha y de extrema izquierda. El populismo es una lacra que acaba por destruir la democracia si no se lo para a tiempo.

La lucha callejera no es, de ninguna manera, el lugar donde se elige quien representa al pueblo. Es más, quienes salen a las calles a destruir, a quemar, a golpear a otras personas, nunca pueden ser representantes del pueblo.

Es en las elecciones donde se determina hacia donde va el país, hacia donde se dirige la sociedad. Las elecciones y nunca la violencia, sea violencia callejera o de otro tipo. Saqueos, quemas, barricadas, etc. Pero parece que hay gente que cree que vivimos en 1917 y en Rusia.

En estos días, un usuario de Twitter me decía que algo así como que los grandes cambios sociales se produjeron en la historia mediante la violencia, las barricadas, el terror. Es cierto que en las revoluciones de los siglos 18 y 19 hubo gran violencia; pero también es cierto que los cambios se produjeron más bien a través, del pensamiento, de los libros, de los diarios, de los afiches, en otras palabras, del pensamiento, de la Ilustración. 

Las revoluciones de fines del siglo 20, contra los regímenes comunistas fueron pacíficas, como corresponde al nivel de desarrollo intelectual de la sociedad de hoy.

Sólo el estado tiene el monopolio de la fuerza y lo ejerce de acuerdo a derecho. A este punto me referí explícitamente en mi columna de la semana pasada[5]. Este es el quid, la esencia del estado de derecho que, a su vez, pertenece a la esencia o el quid de la democracia.

No queremos volver a la época de las cavernas donde no se conocía el imperio de la ley, sino la ley del más fuerte, del que peleaba mejor. Podemos decir sin temor a equivocarnos que una supuesta democracia sin estado de derecho no es democracia.

Pero en la sistemática del partido comunista, Teillier tiene razón: la lucha debe seguir hasta que el proletariado conquiste el poder. Conquista que se efectúa por cualquier medio: a través de la vía electoral (que curiosamente se conoce como “la vía chilena”) o de la vía armada, de la revolución. En este punto, Stalin es un buen ejemplo.

Finalmente, sólo puedo decir que, cuando algunos se consideran a sí mismos, como los únicos representantes del pueblo, pese a que su partido apenas llegó al 5%[6] en las últimas elecciones parlamentarias, hay algo que no me cuadra.

A mi modo de ver, arrogarse la facultad de representar al pueblo al tiempo que se la niega a quienes realmente han sido elegidos tiene un nombre muy simple: populismo.

Llamar a luchar en las calles, aunque se haya perdido en el Parlamento tiene otro nombre muy simple: extremismo.


[1] M. Soledad Brito @choibrito Su tweet

[4] Bien atrasado está Chile todavía con un partido comunista… El comunismo pasó hace mucho tiempo de moda. Está totalmente passé. Tengo que confesar que, me causa bastante vergüenza reconocer, frente a mis amigos extranjeros, que en Chile aún hay un partido comunista, algo totalmente arcaico, anticuado, pasado de moda, sobrepasado por la historia.

“Soberano es quien decide sobre el estado de excepción”

Uno de los aforismos de Carl Schmitt más citados es aquel con el que comienza su librito “Teología Política”[1] (la primera edición es de 1922, en plena República de Weimar): “Soberano es quien decide sobre el estado de excepción” o en el original alemán: “Souverän ist, wer über den Ausnahmezustand entscheidet”.

Es una de las frases más conocidas y también una de las más enigmáticas. Si la leyera aislada, sacada del contexto en que fue escrita, podría decir que no significa otra cosa, sino la simple comprobación que, para evitar el caos provocado por una situación excepcional y de acuerdo a la Constitución vigente, el Legislador, el Ejecutivo o alguien que el mismo texto constitucional determine, puede decretar el estado de excepción (de catástrofe, de emergencia, de sitio o del tipo que sea) para evitar que la situación se vuelva insostenible y para “salvar” el estado de derecho. En un contexto constitucional como lo conocemos, el estado de excepción significa que se pueden restringir algunos derechos fundamentales; pero no todos, generalmente es limitado en el tiempo, y tiene un sinnúmero de restricciones que evitan que se quien ejerce el poder actúe en forma arbitraria. En el capítulo primero de su librito, el mismo Schmitt aclara que no se refiere a esto.  

La famosa frase de Schmitt expresa una idea mucho simple. El poder soberano, en todos y cada uno de sus actos, no se encuentra sometido a ninguna ley. Ni en el tiempo, ni en el espacio. Ninguno de sus actos estaría restringido por nada anterior, ni superior, ya que, si así fuera, el soberano no sería soberano. Se entiende por soberano el poder que no tiene ningún poder por sobre el suyo -explica-. Esto es, un poder ilimitado. Para aclarar este concepto, cita a Jean Bodin, el teórico del absolutismo, del siglo XVI.

Schmitt, un hombre que se las da de católico, de conservador, de anti-ilustrado, de anti-liberal, parece que no conoce en absoluto la tradicional doctrina católica. En 1er año de derecho, aprendí lo que decía Isidoro de Sevilla, el gran filósofo-jurista-sabio del siglo VII. Isidoro explica que el príncipe no está por sobre la ley, sino que está siempre sujeto a ella. “Los príncipes deben someterse a sus propias leyes y no podrán dejar de cumplir las leyes promulgadas para sus súbditos. Y es justa la queja de los que no toleran que se les permita algo que le esté prohibido al pueblo”[2]. Isidoro llega más lejos y dice que no es príncipe quien no se someta a las leyes[3] [4]. Exactamente lo contrario de lo que sostiene Schmitt.

De acuerdo a Schmitt, el “soberano no está sujeto a leyes, ni a constituciones, sino que está por sobre ellas y puede tomar las decisiones sin sujetarse a ellas”[5]. En uno de sus artículos más conocidos y por el que recibió la denominación de “jurista de la corona” del nacional socialismo[6], señala que “el Führer crea el derecho en el mismo momento: lo que él dice es derecho y se aplica de inmediato. Lo crea ad hoc, para la ocasión”[7]. No sé por qué pero me parece que el soberano y el Führer se parecen tanto que casi se identifican…

Debido a esta forma de concebir el derecho, se entiende la animosidad de Schmitt frente al positivismo jurídico de Kelsen y de otros, que presentaban la ley escrita, la ley positiva, como la norma que debería regir a todos y no dejaban cabida a creaciones jurídicas “libres” por parte de un supuesto Führer que podría dictar derecho para cada ocasión, basándose en quién sabe qué profundidades de la mentalidad del pueblo[8]. Para los positivistas de la República de Weimar, lo único que debía regir el sistema jurídico, era la norma escrita clara y positivamente y no interpretaciones más o menos esotéricas que iban más allá de lo que decía la ley.

El estado de excepción schmittiano es un estado inherente al soberano, que siempre se halla en estado de excepción cuando legisla o cuando decreta, cuando toma una decisión, cualesquiera que ésta sea. Incluyendo la de ordenar el asesinato de sus opositores, como lo que ocurrió durante la llamada “noche de los cuchillos largos”[9], decisión de Hitler que Schmitt defendió en el citado artículo “El Führer defiende el derecho”[10]. En mis oídos suenan las palabras con que Waldmar Gurian sintetiza el pensamiento de Schmitt acerca del Führer: “Da lo mismo lo que él haga, siempre será derecho”[11].

En cada norma jurídica o acto judicial, Schmitt ve el poder del soberano. Ese poder primigenio en el tiempo y en el espacio sobre el cual nada existe. La norma jurídica viene al mundo por una decisión del soberano y es derogada igualmente por este poder máximo. Si el soberano quiere romper con el derecho anterior, contradecirlo, nada obsta para que lo haga. Después de todo, él decide. El soberano está por sobre el derecho, o más bien: es el derecho. A su antojo, lo erige y lo deroga. Resumiría así lo que Schmitt entiende por decisionismo.

El decisionismo me recuerda al criticado voluntarismo: lo que es la voluntad profunda del pueblo, eso es ley. Pero aquí el pueblo es reemplazado por el Führer, el líder máximo, el guía rector del pueblo y del estado. Generalmente, en círculos conservadores entre los que Schmitt sigue siendo muy popular, se critica el pensamiento liberal e ilustrado como simple voluntarismo. Bueno, esto es lo mismo, pero al revés.

Durante la época de Weimar, hubo una disputa entre los decisionistas y los integracionistas. Estos últimos, encabezados por el profesor de la Universidad de Berlín, Rudolf Smend, sostenían que el derecho no es algo aislado de la sociedad, sino que se integra en ella y recibe impulsos y contribuciones de sus miembros, por ej. de los expertos en la materia a legislar. El decisionismo de Schmitt prefiere confiar en una persona, en un Führer, que “decida” él solo, en vez de integrar a la sociedad en la toma de decisiones.

Volviendo a la idea inicial, el famoso aforismo de Carl Schmitt que comentamos y que da nombre a este artículo, significa que por encima del soberano no hay nada ni nadie que limite su decisión, ni al dictar, ni al deorgar la norma jurídica. Ni ley positiva, ni la ley natural, ni Dios, ni la Constitución, ni los derechos fundamentales. Nada. El soberano decide sobre la excepción no tiene límite, ni está sujeto a ley alguna, ya que, como dice en el primer capítulo de la misma “Teología política”, “para crear derecho, no necesita tener derecho”[12]. No sin razón, explica Steinbeis que “Schmitt veía en la política la guerra civil y el estado de excepción por todas partes”[13]. Por algo se llama a Schmitt el “teórico del estado de excepción”.

Nada más alejado a la idea que tenemos acerca del estado de derecho en nuestras sociedades civilizadas, en que el orden jurídico nos rige a todos, no sólo a los gobernados, sino sobre todo a los gobernantes, lo que garantiza que el capricho y la arbitrariedad de quien sustenta el poder no aterrorice a la sociedad, sino que sea el mismo derecho, claramente establecido, público y conocido por todos quien guíe la acción del estado. Es bueno vivir en una sociedad así, en que cada uno, cada una sepa a qué atenerse, conozca sus derechos y sus obligaciones y los de las autoridades. Y pueda recurrir a los tribunales libres e independientes para que estos diriman los conflictos conforme a derecho. Nada de ello existe en el mundo de Carl Schmitt, quien sostenía incluso que el Führer era el juez supremo[14].


[1] De 1922. Tengo a la vista la novena edición, editada el 2009.

[3] Ver mi artículo La doctrina del derecho de resistencia en la filosofía política hispana tradicional, en la Revista de Derecho Público de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

[4] Me sorprende aún más que importantes estudiosos “católicos” conservadores, especialmente en el mundo latino, sientan una extraña atracción por Carl Schmitt. No sólo porque sus ideas poco y nada tienen que ver con las enseñanzas de la Iglesia católica, sino porque le son contrarias. Opuestas. Además, Schmitt fue un hombre que atacó y renegó de la Iglesia por el tema de su matrimonio.

[6] Invito a leer: ¿Fue Carl Schmitt un nazi?

[9] La serie de asesinatos por encargo de Hitler entre el 30 de junio y el 1° de julio de 1934. Se conoce el nombre de 90 personas; pero los investigadores hacen ver que los asesinados fueron 150 a 200.

[10] Ver mi artículo El Nuevo Orden según Carl Schmitt, en Die Kolumnisten.

[12] “die Autorität beweist, dass sie, um Recht zu schaffen, nicht Recht zu haben braucht”, Politische Theologie, pág. 19.

[13] “Schmitt sah in der Politik überall Bürgerkrieg und Ausnahmezustand”, en Dezision oder Integration: Carl Schmitt vs. Rudolf Smend, de Maximilian Steinbeis

[14] “El Führer no sólo es el guía y está a la cabeza de los tres elementos del nuevo estado, que le han jurado fidelidad y obediencia, sino que además es el juez máximo o supremo. Gerichtsherr lo llama Schmitt, esto es, el señor de los tribunales del pueblo”, cita de El Nuevo Orden según Carl Schmitt, en Die Kolumnisten.

El caso Collini y las represalias o diez italianos por un alemán

El Caso Collini[1] es tal vez la mejor película que ha producido Alemania en los últimos años. A mi modo de ver, debería ganar el siguiente Oscar a la mejor “película extranjera”[2]. La cinta ha suscitado una polémica entre mis amigos, conocidos y familiares en torno al tema de las ejecuciones masivas de civiles durante la II Guerra Mundial. En concreto, se trata de saber si las ejecuciones de civiles italianos durante la II Guerra por parte de alemanes y como medida de represalia, eran actos que estaban o no de acuerdo al derecho de la época.  

Muchos repiten una y otra vez que la ejecución de civiles, en regiones ocupadas por Alemania, como medida de castigo frente a los actos de partisanos, en que morían soldados o policías alemanes (o miembros de la SS, cuyo status jurídico no me queda claro) eran “represalias”. Represalias conformes con el derecho de la época y por tanto, irrelevantes para el derecho penal. En consecuencia, los alemanes que ordenaron la muerte de civiles como medida de expiación, no pueden ser castigados penalmente, ya que habrían actuado de acuerdo a las normas jurídicas entonces imperantes en derecho internacional.

El supuesto derecho de ese entonces, habría admitido las ejecuciones de civiles como medida de castigo o “represalia”. Los fusilamientos de adultos varones; mujeres y niños[3] quedaban excluídos y eran contrarias a derecho. Las supuestas “represalias” debían, eso sí, ser guiadas por el principio de la proporcionalidad, de manera que tenían que guardar relación o proporción con la “causa” por la que habían sido ordenadas. En consecuencia, se dice que la fórmula “diez italianos por un alemán” habría respetado la proporcionalidad. En otras palabras, la ejecución de diez civiles italianos por cada alemán asesinado por partisanos, habría sido ajustada a derecho.

Aún sin tener especiales conocimientos de derecho humanitario (el que rige durante una guerra), creo que es de sentido común considerar la ejecución de civiles del país enemigo, como algo contrario al derecho, al sentido común, a la justicia, a la razón y a la humanidad. Me parece que es de perogrullo que, bajo ninguna circunstancia se puede asesinar a la población civil como “venganza” por los connacionales caídos en manos de partisanos.

Durante décadas, las ejecuciones de civiles italianos, serbios, griegos y de otras nacionalidades, fueron disfrazadas como medidas de expiación o represalias permitidas[4] por el derecho internacional. En el caso de ciudadanos yugoslavos, la “proporción” no era diez a uno, sino cien o cincuenta a uno. En Yugoslavia, las represalias contra civiles se enfocaron especialmente hacia la población judía, de manera que las supuestas represalias se confunden con el Holocausto.

Es cierto que hubo ejecuciones por parte de tropas aliadas en el sur de Alemania; pero éstas permanecen como excepciones, no como práctica habitual. Contrariamente a lo que ocurría con los fusilamientos de civiles por parte de alemanes, que fueron verdaderas masacres o genocidios. Los aliados occidentales tal vez cometieron errores e incluso crímenes de guerra; pero no estaban guiados por una ideología racista y en sí inhumana como la nacional socialista.

En el Caso Collini, un jefe de batallón[5] de la SS (las fuerzas paramilitares del partido nacional socialista) ordenó ejecutar a diez civiles italianos por cada uno de los “soldados” alemanes muertos, en la explosión de una bomba colocada por partisanos en un local de fiesta muy concurrido por alemanes. Aplicó la mencionada regla “diez italianos por un alemán”, de manera que debían ser fucilados veinte civiles italianos, escogidos al azar.

Como ya mencioné, la única limitación consistía en que no fueran niños. En la película, el jefe de batallón pregunta a uno de los niños quién es su papá y ordena su ejecución obligando al niño a verla. Muchos años más tarde, ambos hombres se vuelven a encontrar. Esta es la trama de la película basada en un libro del abogado y escritor alemán Ferdinand von Schirach, nieto de Baldur von Schirach[6][7], quien fuera jefe de la Juventud nacional socialista[8].

Uno de los rumores que ha circulado durante décadas, es que los tribunales italianos habrían reconocido la supuesta regla matemática de acuerdo a la cual, sólo se podía ejecutar a diez italianos por cada alemán, como ajustada a derecho. Algunos han llegado a sostener que las condenas de militares o funcionarios alemanes tuvieron lugar sólo cuando la normal del 10 x 1 se pasó a llevar. Nada más absurdo. Las condenas tuvieron lugar por el asesinato de civiles, no por haber matado uno o dos civiles italianos “más de la cuenta”. Sostener algo así sólo puede causar repulsión.

Las represalias en el derecho internacional existen, por lo menos, desde la Edad Media. Son medidas más bien de tipo económico, patrimonial y afectan a los bienes del estado enemigo. Las medidas de represalia son actos normalmente contrarios al derecho; pero que deben ser adoptados cuando no hay otra manera de contrarrestar la injusticia que inflinge la contraparte[9]. Por ejemplo, la ocupación francesa de la rica cuenca alemana del río Ruhr en 1923, es considerada como represalia admitida por el derecho internacional. Las represalias tienen lugar entre estados, no afectan directamente a particulares. Menos que nada, los privan de la propia vida.

Pienso que la ejecución de los civiles italianos, griegos o yugoslavos como castigo durante la II Guerra Mundial fue lisa y llanamente un acto de venganza[10] y no una represalia. Wikipedia define las represalias como “todas las medidas coercitivas que un gobierno aplica contra otro estado, sus súbditos y sus bienes, a fin de obligarle a que reconozca el derecho a un litigio, o para conseguir una satisfacción o, en casos extremos, poner en práctica sus pretensiones”[11]. La ejecución de civiles no se ajusta ni siquiera remotamente a la definición.

Asimismo, como señalé, la proporcionalidad es una característica esencial a la represalia, que tiene que ser guiada por el principio de proporcionalidad y, en consecuencia, no puede ser ni extrema, ni excesiva. Sólo puedo constatar que el asesinato de la población del país ocupado no piede ser nunca proporcional a nada. Ni tampoco tiene por finalidad reestablecer el derecho. Ni es una medida económica.

A quienes sostienen que no existía norma escrita que prohibiera matar civiles como represalia por la muerte de soldados, les recuerdo que ya la Convención de Ginebra sobre el trato de los prisioneros de guerra de, 1929, prohibía expresa y textualmente adoptar represalia alguna contra los prisioneros de guerra. Lo que fue codificado luego de la horrible experiencia de la I Guerra Mundial. Yo preguntaría a los defensores de los nazis si a ellos no se les pasa por la mente que, si estaba prohibido adoptar medida alguna contra los soldados enemigos, prisioneros de guerra ¿no creen que más prohibidas aún estaba toda medida contra la población civil?

Es cierto que la protección de la población civil se hallaba establecida en forma rudimentaria en el Tratado de la Haya en sus versiones primero de 1899 y luego de 1907. No parecía necesario establecer la protección de los civiles de manera más estricta, ya que era impensable llegar a un grado de barbarie como al que llegaron las hordas alemanas durante la II Guerra.

La Convención de 1907 contiene un párrafo entero dedicado a regular la ocupación. Su normativa prohíbe el saqueo[12] y la imposición de cualquier multa o pena, en dinero o de otra clase, a la población civil, como sanción frente a las acciones de individuos de quienes la población no puede considerarse en conjunto responsable[13]. Es el caso de las acciones de los partisanos, de las que no se puede responsabilizar a todos los nacionalies del país ocupado. Pero claro, los nazis tenían la idea de la guerra total, una especie de confrontación totalitaria, que no excluía a los civiles.

Es evidente que en 1899 y en 1907, ni siquiera se mencionaba la eventual prohibición de ejecutar a civiles, ya que esta posibilidad no se consideraba en absoluto. En 1899 y en 1907, nadie se imaginaba a lo que llegaría el salvajismo nazi pocas décadas más tarde. Después de la Guerra, en 1949, se firmó, en Ginebra, un nuevo Tratado[14] cuyo objetivo fue que no quedara ninguna duda acerca de la necesidad de la protección incondicional de los civiles durante un conflicto armado.

En suma, aunque algunos sostienen erróneamente -y me atrevería a decir que hoy en día no pueden hacerlo de buena fe- que los fusilamientos de civiles por parte de soldados, policías o SS alemanes durante la II Guerra habrían estado ajustadas al derecho imperante en ese entonces, puedo decir con certeza que eso no fue así. No cabe la menor duda que el Derecho internacional lo prohibía ya en ese entonces, tanto como lo hace hoy. Las ejecuciones no fueron represalias, sino actos de venganza. De barbarie, de salvajismo y de inhumanidad y no tienen perdón.


[2] Aunque muchos alemanes de extrema dereha no lo quieran reconocer, ellos son extranjeros casi en todo el mundo.

[3] Menores de 14 años.

[4] “Sie wurden in der Regel als kriegsvölkerrechtlich angeblich zulässige „Repressalien“ oder „Sühnemaßnahmen“ kaschiert”, Sven Felix Kellerhoff: Geiselerschießungen – ein Freibrief für Morde (Aseinato de rehenes – una licencia para asesinar)

[5] Sturmbannführer

[6] Y bisnieto tanto del fotógrafo de Hitler, Heinrich Hoffmann como del político nazi Fritz Kiehn.

[7] Quienes vieron la serie “The man in the high castle”, recordarán que es uno de los posibles sucesores de Hitler en la cancillería del reino. Invito a leer mi columna El nuevo orden según Carl Schmitt

[8] Reichsjugendführer

[9] “Repressalien sind selbst völkerrechtswidrige Maßnahmen, die nur dann zulässig sind, wenn keine andere Möglichkeit mehr besteht, dem Unrecht eines anderen entgegenzutreten”, Represalie Wikipedia.

[10] Vergeltungsmassnahme, Retaliation.

[12] “Art. 47. El pillaje es formalmente prohibido”.

[13] “Art. 50. Ninguna pena colectiva, pecuniaria o de otra clase podrá imponerse a los habitantes por causa de hechos individuales de que no puedan ser considerados como solidariamente responsables”, Reglamento relativo a las leyes y costumbres de la guerra terrestre (H.IV.R) 18-10-1907 Tratado

[14] IV Convenio de Ginebra relativo a la protección debida a las personas civiles en tiempo de guerra.

El último ataque de Rusia a los ucranianos es una advertencia para Occidente

“El sábado por la noche, tres pequeñas embarcaciones navales ucranianas abandonaron el puerto ucraniano de Odessa y se dirigieron al puerto ucraniano de Mariupol. En el camino, tuvieron que pasar por el estrecho de Kerch, una franja de agua que se encuentra entre la península de Crimea ocupada por los rusos y el continente ruso. Los barcos ucranianos todo el derecho de estar allí: un grupo similar de barcos atravesó el estrecho hace apenas un mes, y un tratado de 2003[1] garantiza los derechos de ambas naciones a usar esas aguas[2]. Pero esta vez, en una provocación cuidadosamente organizada, los barcos rusos dispararon contra los barcos ucranianos, y luego los capturaron, junto con 23 miembros de la tripulación”[3].

Sí, la guerra entre Rusia y Ucrania continúa. La pregunta es ¿por qué ahora una aceleración del conflicto? Pregunta Appelbaum y responde: “esta pequeña aventura militar se produce tras las amplias protestas contra los cambios en las leyes rusas sobre pensiones, y está acompañada de una gran frustración debido al lento crecimiento de la economía” en Rusia. Sí, no olvidemos que el país más grande del mundo tiene una economía tan fuerte como la de Italia. Aunar al país frente a un “enemigo externo” y ofrecerle un patriótico “pan y circo” siempre ayuda a los gobiernos fracasados. La población se distrae una vez más, al menos, durante un tiempo.

El momento tampoco es bueno para Ucrania. El incidente puede haber sido provocado, pensando influir en la elección presidencial de marzo próximo, donde el Presidente actual no tiene muy buenas expectativas. “Quizás los rusos quieran inyectar un elemento polarizador en una sociedad ya dividida”. Después de observar lo que los medios rusos del estilo de Russia Today hacen en Europa occidental, nada más me puede extrañar.

O tal vez, “esta sea una respuesta a la decisión de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana de separarse de Rusia”. No hay que dejar de lado la importancia política (para bien o para mal) que la Iglesia Ortodoxa tiene en los países del Este de Europa (incluyendo a Polonia, pero este es otro tema). Appelbaum comenta que, tal vez Rusia intente “provocar un aplazamiento de la elección por completo”.

“En un sentido estricto, es posible que ya hayan logrado cambiar la atmósfera política. En una reunión nocturna el domingo, el presidente Poroschenko (…) pidió aplicar la ley marcial en una parte del país y el parlamento votó el lunes para imponerlo”. En efecto, la lo que llamaríamos más bien el estado de guerra, fue establecido en las regiones de Ucrania que están en peligro de ser afectadas por un conflicto armado o incluso por una eventual invasión rusa. Que nadie se asombre de que hable de invasión, ya hemos visto la invasión de los “hombrecitos verdes” en Crimea.

Hay que dejar claro que muchos ucranianos critican el establecimiento del estado de guerra o ley marcial y creo que están en su perfecto derecho de hacerlo y de temer que un poder gubernamental muy grande pueda afectar la transparencia y la limpieza de las elecciones. Pero a nadie se le pasa por la mente que Poroschenko haya querido provocar esta situación bélica frente a Rusia para sacar provecho electoral de ella. Sólo alguién que piense y actúe tan maquiavélicamente puede supones que otras personas también actúan así.

Poroshenko había solicitado al Congreso una ley marcial de dos meses de duración. El congreso sólo autorizó sólo 30 días (a partir de hoy y hasta el 27 de diciembre). Es la ventaja de la democracia representativa en que el presidente no puede hacer lo que quiera. sino que siempre está limitado por el Parlamento, por los parlamentarios con quienes tiene que llegar a acuerdos y a compromisos, incluso en casos extremos como el de peligro de guerra.

Una de las críticas más grandes hechas al presidente es establecer ahora, justo antes de las elecciones presidenciales el estado de guerra, en circunstancias que la guerra con Rusia tiene ya bastante tiempo. Se teme que el gobierno de Poroschenko influya en la campaña electoral. Sin embargo, “al parecer, la ley marcial sólo incluye la movilización militar y (…) no habrá restricciones en los medios de comunicación o en reuniones públicas, y que tampoco se aplazará la elección” de marzo del 2019.

Desde el punto de vista internacional, el momento no puede ser mejor para Rusia, puesto que los grandes países se hallan preocupados o abrumados por otros problemas. Es el caso de “Gran Bretaña, uno de los países que más se ha mostrado inflexible en cuanto a las sanciones a Rusia”, se encuentra en medio de una batalla política en torno al Brexit. Hoy, en Londres nadie se preocupará por Ucrania. Por su parte, “la administración del presidente Trump está dividida, distraída y se prepara para enfrentarse a la mayoría demócrata en la próxima de la Cámara de Representantes que, entre otras cosas, investigará sus vínculos ​​con Rusia”.

Por otra parte, me parece que no hay que dejar de lado la influencia de los nuevos partidos y grupos de extrema derecha y de extrema izquierda que siguen a pie juntillas las directrices de Moscú, de partida por la dependencia no sólo intelectual, sino también económica de muchos de ellos.

Anne Appelbaum concluye que “Cualesquiera sean los otros motivos para este ataque por etapas, este tipo de pasividad bien puede ser con lo que cuentan los rusos. Este es el modus operandi que han seguido en el pasado: dar unos pasos adelante, esperar la reacción. Si no hay una ninguna, moverse hacia adelante. Si hay reacción, esperar que las emociones se apaguen y luego seguir avanzando”. Esta táctica es aún más arriesgada y efectiva de la que tenían los soviéticos durante la Guerra fría, la estrategia marxista expresada a nivel vulgar en el slogan que tantas veces escuché en mi infancia: “Un paso adelante, dos pasos atrás”[4].

“Este incidente puede o no terminar aquí, pero considéremoslo una advertencia: si no tenemos una estrategia más amplia para poner fin a esta guerra, ese será el patrón en los próximos años”. Sí, Putin parece poner a prueba a Occidente, quiere ver hasta donde puede llegar, tal como un niño pequeño que quiere poner a prueba a sus papás. Tiene toda la razón la autora polaca-norteamericana, por algo el título de su artículo del lunes en el Washington Post es El último ataque de Rusia a los ucranianos es una advertencia para Occidente.


[2] El artículo 1° establece; “El mar de Azov y el estrecho de Kerch son históricamente las aguas interiores de la Federación de Rusia y Ucrania”. Asimismo, el Artículo 2 N° 1 establece: “Los buques mercantes y buques de guerra, así como otros buques estatales que enarbolaban el pabellón de la Federación de Rusia o Ucrania, operados con fines no comerciales, disfrutan de libertad de navegación en el Mar de Azov y el Estrecho de Kerch”. Traduje el texto del Acuerdo: Tratado entre la Federación de Rusia y Ucrania sobre cooperación en el uso del mar de Azov y el estrecho de Kerch

[3] Russia’s latest attack on the Ukrainians is a warning to the West A continuación, siempre que cite entre comillas, será una cita a este artículo.

[4] Un paso adelante, dos pasos atrás es una obra de Lenin, de 1904.

La pedofilia en la Iglesia católica – Mi opinión

Esta semana, vi la película “El Club” (2015), de Pablo Larraín. En parte, me decidí a verla, porque se habla de ella en Alemania, sobre todo porque se la compara con la más conocida “Klerus” (2018), del polaco Wojciech Smarzowski.

En “El Club”, la música de Arvo Pärt suena aún más triste y melancólica. No, no es la intención del director Pablo Larraín, que sea una película triste, al menos no siempre. Al menos, eso creo. Pärt es uno de mis músicos contemporáneos favoritos; pero tengo que reconocer que los trozos escogidos para la cinta, en sintonía con el clima del pueblo o caleta de pescadores de La Boca es… es harto deprimente, como me comenta una amiga experta en cine.

El tema es igualmente deprimente. Pero que lo sea, no quiere decir que podamos o que debamos ignorarlo. Ignorar una realidad porque es deprimente es un “lujo sibarita” que no nos podemos permitir. Muy por el contrario, también -o sobre todo- los temas deprimentes tienen que ser objeto de nuestra atención. Más aún si es un tema tan doloroso pero sumamente importante como el abuso sexual de niños, cometido por quienes deberían haberlos protegido con más fuerza, con más dedicación, con más amor.

Con más amor y no con el abstruso egoísmo que busca el propio placer a costa de la vida, de la integridad y de la personalidad de menores de edad; niños, jóvenes, adolescentes. Esto es sibarismo máximo, Epicúreo manda saludos. Todo lo que la Iglesia católica -y el cristianismo en general- enseñó que no era bueno, que era muy malo; todo esto sale a relucir de su peor forma en el caso de abusos sexuales por parte de sacerdotes o, en general, de personeros de la Iglesia.

La personalidad de Sandokan (en “El Club”) es representativa de tantos niños y jóvenes, cuya vida ha sido destruida[1]. Víctimas de abusos, víctimas de pedofilia, Víctimas de inescrupulosos egómanos que sólo se centran en su placer, incluso a costa de la ruina de menores de edad, indefensos, ante el máximo poder de sacerdotes o profesores. Si creemos que las víctimas están antes que los victimarios, Sandokan debería ser el personaje más importante de la película.

Desde tiempos inmemoriales, la Iglesia ha protegido a los niños. Los padres les han confiado a sus hijos, a sus hijas y la Iglesia, como institución, los ha acogido y custodiado. La Iglesia ha enseñado a respetar la dignidad de los niños[2]. A respetarlos como seres humanos, frente, por ej., al derecho romano o a las costumbres medievales (costumbres tales como casar a los niños apenas nacían con otros niños que ellos ni conocían[3]).

Asimismo, los personeros de la Iglesia (sacerdotes, laicos, hombres y mujeres) que han abusado sexualmente de niños cometen pecados siempre graves -tradicionalmente, se llamaban “pecados mortales”, lo que nos da una idea de su gravedad-. Pecados, en contra por lo menos de dos de los diez mandamientos que Dios entregó a Moisés. Contra el sexto y también contra el noveno mandamiento. De manera que lo que hacen estas personas no es menor, sino algo gravísimo.

Pero no es solamente un pecado, sino que es también un delito. Esto es, una “acción u omisión voluntaria penada por la ley”, como se dice escuetamente el Código Penal chileno[4]. Sí, si una persona -sacerdote, profesor o profesora, entrenador o entrenadora, pastor o pastora- abusa sexualmente de un menor de edad, aparte de cometer un pecado grave, comete un delito. No estamos pues sólo ante un tema de moral, de ética o puramente religioso o espiritual como puede ser odiar al prójimo, mentir a los padres o comer una casata entera de helado de pura gula… No, estamos frente a algo que es inmensamente más grave. Y que causa más daño a la víctima. Estamos frente a un delito.

Y ante uno que tiene que ser denunciado ante la justicia estatal y ser perseguido por ella. La medida reciente del Vaticano en el sentido de que toda denuncia acerca de un acto de pedofilia debe ser comunicado a la justicia ordinaria del respectivo país es, sin duda correcta. Lo malo es que llega muy tarde. Después de décadas de silencio, de complicidad, de mal entendido esprit de corp, de cobardía. El callar, el ocultar los actos pedófilos de sacerdotes y otros, dentro de la Iglesia fue absolutamente injusto y causó muchísimo dolor y sufrimiento extremo. Encubrir a un delincuente hace cómplice al encubridor del delito y por tanto, lo convierte en delincuente.

Hace años pregunté a un sacerdote español[5] de quien yo tenía una buena impresión qué habría hecho él si hubiera de un sacerdote pedófilo. Me respondió que habría que enviarlo a otro lugar, para que cambiara de ciudad. Su respuesta me convenció aún más de que generaciones enteras de sacerdotes católicos, poco y nada han entendido. No saben que un hombre pedófilo no va a cambiar su tendencia de un día para otro sólo porque lo mandan a otra ciudad o a otro país. Por el contrario: va a llegar a un sitio nuevo donde encontrará nuevas víctimas, ya que nadie sabe de su tendencia pedófila. Es como a un pez que cambian de pecera luego de que se ha comido todo el alimento de la primera. Ahora va a ingerir todo el de la segunda pecera.

No, no es amor a la Iglesia callar sobre la pedofilia. Eso no es defender a la Iglesia. En realidad, eso es odiarla, detestarla y hacerle daño. No se trata de ir inmediatamente a “contarle a los periodistas”, como pregunta el padre Silva al Padre García en “El Club”. A lo que él responde que no lo hará porque él ama a la Iglesia y “no le quiere hacer daño”. Pienso que este es un craso error. Callando, ocultando lo ocurrido y encubriendo a los abusadores, es como más daño han hecho ellos a la Iglesia. De manera que, si alguien la quiere de verdad, va a tener que ponerse las pilas y oponerse a muchos hombres oscuros y denunciar los hechos. Y, sobre todo, ayudar a las víctimas y creerles. Sé por experiencia[6], que lo que más duele a las víctimas de pedofilia dentro de la Iglesia es que no les crean. Hay que darles credibilidad, por ahí se empieza.

Hay que confiar en el derecho del país en el que se vive y denunciar prontamente a la justicia ordinaria los delitos cometidos bajo el alero eclesiástico. Hago ver que no estamos frente a delitos cometidos por personas que trabajan para la Iglesia; pero que los han cometido en su vida privada. No se trata ni de un robo de dulces en el supermercado, ni de hacerse pasar por otra persona para entrar a la zona VIP de un aeropuerto. Se trata de delitos graves cometidos en su calidad de pastores o profesores, sacerdotes, etc. De delitos que ho hubiera podido cometer si no hubiera abusado de la supuesta “calidad moral” de su profesión u ocupación. Es gente que se aprovecha de la Iglesia para cometer sus fechorías. Y sus encubridores no son mejores. O como dijo alguien, sería mejor colgarse una piedra al cuello y tirarse a un río[7].

Sí, dada la confianza de que goza la Iglesia como protectora, educadora, custodia de niños, sus padres le confiaron a sus hijos. No fueron “confiados” a esas personas por ser el Padre Lazcano, ni el Padre Vidal, ni menos el Padre Gatica. No, los niños les fueron confiados por ser miembros, representantes de la Iglesia, sacerdotes, profesores, educadores. Porque -repito- la Iglesia, desde tiempos inmemoriales ha protegido a los niños bajo su alero. Con ello se ha ganado la confianza y ha adquirido competencia en el ámbito de la educación y el cuidado de los niños. Con su pedofilia, estas personas se han aprovechado de la confianza y la han pisoteado con los dos pies y con sus dos manos.

Es más, se cree que muchos de quienes abusaron de menores en la Iglesia, entraron a ella, precisamente porque sabían que ahí había niños y que esos niños estaban más o menos desprotegidos dentro de la institución, ya que todos pensábamos que la Iglesia los custodiaba y protegía amorosamente. Y que eso era protección suficiente. Craso error, como se ha visto. A veces, hay que ser como los zorros y no como las ovejas.

Entre paréntesis, si haces algo muy bueno, eso no te da licencia para hacer algo muy malo. En psicología, psiquiatría o neurociencia, esto se llama licencia moral o moral licensing. Consiste en pensar que he hecho tanto bien, que“tengo tanto a mi favor, tanto a mi haber, que ahora puedo desquitarme y hacer algo malo”. Es como las hojas de un balance: a un lado el haber, al otro el débito. Nadie me puede decir que los “sacerdotes pedófilos” no sabían que estaban haciendo algo muy pero muy malo.

Es cierto que muchas personas se convierten en entrenadores de deporte, porque saben que así tienen también acceso a niños. Esto cierto y creo que no tiene mucho sentido el debate acerca de dónde se cometen más abusos, si dentro o fuera de la Iglesia. Puede ser que la mayoría de los delitos de pedofilia se cometa en el ámbito familiar y no en la Iglesia. Al parecer, es esta una triste realidad. Pero no es esto lo que estamos analizando y no tiene sentido contraponer la familia o el club de natación a la Iglesia y sus colegios.

La pedofilia es, en la Iglesia aún más grave -si cabe hablar así- ya que los niños fueron entregados a la Iglesia por la protección especial que ésta ha dado a los menores a lo largo de los siglos, lo que significa que se ha “ganado” una especial confianza. Y también, porque es la misma Iglesia la que enseña sin pausa que los delitos del tipo abuso sexual son una ofensa super grande, un pecado muy pero muy grave. Quien no entienda esto y use el argumento de que “todos lo hacen” o que “en otra parte es peor” adolece de una horrible doble moral y de una gran insensibilidad y falta absoluta de empatía.

Entre paréntesis, muchos sectores católicos conservadores (incluyendo a muchos laicos y laicas) han sido tradicionalmente los primeros en criticar los pecados y también los delitos de tipo sexual. Ahora son ellos los primeros en taparse los ojos y los oídos cuando se da a conocer este tipo de delitos cometidos por sacerdotes. Si esto no es el máximo de los fariseísmos, no sé cómo llamarlo.

Flaco favor le hacen a la Iglesia quienes ocultan la pedofilia, tratan de descalificar a la víctima y con ello, justifican lo injustificable. Hace algunos años, una amiga mexicana, me mostró una caricatura en que Jesucristo bajaba de la cruz para perseguir a los curas pedófilos con un látigo (como hizo con los mercaderes del templo). La caricatura es lo más claro y verdadero que he visto sobre el tema.

En suma, creo que tenemos que dejar de lado la doble moral. Lo que está mal, está mal. Hay que llamarlo por su nombre y denunciarlo[8]. Denunciarlo a la Iglesia, al estado y darlo a conocer a la opinión pública. Aquí juegan un papel relevante los periodistas serios y responsables, aquellos que no buscan el sensacionalismo y no les da lo mismo el sufrimiento de las víctimas. No hay que olvidar que la premisa fundamental es: las víctimas son más importantes y no pueden esperar. Hay que concentrarse en ellas, en acogerlas, en creerles, en ayudarlas y en apoyarlas, para que se haga justicia.


[1] El artículo de Wikipedia sobre la película, ni siquiera menciona a Sandokan. Sólo en el elenco.

[3] Por eso se habla de “consumación del matrimonio”, porque ya estaban casados por sus padres y con el acto sexual, durante la adolescencia, sólo “consumaban” el matrimonio.

[6] Por mi contacto con víctimas con las que he tratado y he intentado ayudar.

[7] Cfr. Lucas 17,2. El Evangelio habla de lanzarse al mar; pero el cardenal Meisner hablaba del río Rhin. Y no lo dijo una sola vez.

¿Fue Carl Schmitt un nazi?

Se discute acerca de si Carl Schmitt fue o no nazi. Para contestar a esta interrogante, creo que es conveniente, leer y estudiar sus obras de esa época,cuando Schmitt era considerado el “jurista de la corona del régimen nacional socialista”[1]. Comienzo el análisis del opúsculo “Staat, Bewegung, Volk” (“Estado, Movimiento, Pueblo”), cuya primera edición apareció en diciembre de 1933[2], en la editorial Hanseatische Verlagsanstalt, proclive al nuevo régimen. En esta columna, me refiero al primer capítulo, titulado “La actual situación constitucional”.

El autor afirma que la totalidad del nuevo derecho público posterior a la revolución nacional socialista es un nuevo derecho que está parado sobre suelo propio. No basa pues su legitimidad en las “normas pre-revolucionarias” de la Constitución de Weimar. Disposiciones aisladas de la Constitución de Weimar están sólo vigentes en cuanto la Ley habilitante (Ermächtigunsgesetz, de 24 de marzo de 1933) así lo permita o bien, en cuanto el nuevo orden del derecho público recurra a ellas expresamente o en forma implícita (recepción silenciosa o stille Übernahme). No obstante, antes de la mencionada Ley habilitante -que le entregó todo el poder estatal a Hitler[3]– el Presidente del Reino, Paul von Hindenburg, mediante decreto de 12 de marzo de 1933, habría terminado[4] definitivamente con “el espíritu y los fundamentos” del sistema de Weimar, escribe Schmitt.

Con sus escasas 41 páginas, “Staat, Bewegung, Volk” es el primer opúsculo de la serie organiza titulada “El estado alemán de la actualidad”[5], algo así como el nuevo estado alemán o el “nuevo orden estatal”[6] post-revolucionario. Sí, el autor consideraba que la toma del poder por parte de los nacional socialistas era una verdadera revolución, habla de la “Revolución alemana”, que habría cortado todo vínculo con el “sistema” inmediatamente anterior, el de Weimar. “Para él, la catástrofe es el fin del estado de Bismarck, no la guerra. De ello sería culpable la democracia liberal, que fue incapaz de defender el estado haciendo uso de los artículos de excepción o de guerra”[7].

Schmitt afirma que el todo el antiguo mundo del pensamiento liberal democrático ha caído. Se acabó con la neutralidad y con la igualdad, que permitía la creación de nuevos partidos políticos y garantizaba la libertad de opinión, de acción, de hacer publicidad o de tener una opinión favorable a alguno de ellos. Explica que, en un sistema pluralista, todos los partidos políticos se combaten entre ellos y no existe voluntad política única, sino que los partidos se encuentran, en el mejor de los casos, en un “punto cero”. Por el contrario, el estado nacional socialista, basado en el principio de la dirección de un solo líder (el llamado Führerprinzip) supera el pluripartidismo de Weimar.

Critica las elecciones realizadas en la época de Weimar que habrían perdido todo su sentido. Eran sólo la opción plebisicitaria de cinco o seis partidos políticos incompatibles entre sí. Ahora, en el estado nacional socialista, con un solo partido político[8], el peligro de una ruptura de Alemania en muchos partidos, ha sido superada. Según Reinhard Mehring (experto en el pensamiento de Schmitt), el autor concibe al dictatorial partido único del nacional socialismo como una fuerza homogenizadora[9].

Schmitt se alegra, pues finalmente se distingue entre amigo y enemigo del estado. Entre el compañero que forma parte del mismo pueblo alemán y quienes pertenecen a “otra especie” (Artfremden)[10]. Es evidente a quienes se refería con este úlitmo calificativo. A sus colegas judíos frente a los cuales, fue tan zalamero décadas, mientras lo podían ayudar a obtener puestos como docente en universidades y escuelas profesionales. Cabe hacer notar que, pese a que los nazis tampoco consideraban a los eslavos como sus iguales, Schmitt debe excluir de entre las personas “de otra especie” a su segunda mujer, la serbia Duška Todorović. De su primera mujer, la croata Pawla Dorotić, Schmitt se había separado hacía ya tiempo.

“El nuevo mundo del derecho nacional socialista”, dice Schmitt, no puede ser entendido desde el sistema anterior, como tampoco puede ser justificado o fundado[11] sobre Weimar. Como se ve, el quiebre es total, se trata de una nueva fundación, de una nueva sociedad y del nuevo derecho de un nuevo estado. Para el nacional socialismo -continúa Schmitt- el intento de justificar o de refutar el nuevo derecho desde el punto de vista de la Constitución de Weimar, es o un “juego sin sentido” o un intento de volver al derecho anterior o de neutralizarlo o al menos, de relativizarlo.

Algunos juristas -critica- “no se pueden acostumbrar a la realidad del estado nacional socialista”[12] y califican las disposiciones del nuevo estado como aceptables o no aceptables según el derecho constitucional de Weimar. Cita un artículo de Medicus, en “Deutsches Recht”[13] de 1933 que sostendría esta tesis. Como si la Constitución de 1919 subsistiera en “el nuevo estado y bajo la nueva constitución del estado nacional socialista”[14]. Como si el nuevo derecho nacional socialista fuera una regulación temporal y transitoria, que se puede derogar mediante una ley del Parlamento (Reichstag). Tengo que recordar a los lectores que que la ley habilitante de 1933 tenía una vigencia de sólo cuatro años. No, el nuevo derecho constitucional nacional socialista no puede ser derogado. No es posible su derogación mediante una simple ley parlamentaria que pueda volver todo al estado anterior, a la vigencia de la Constitución de Weimar. No, la detestata Constitucion de Weimar no rige más. Es un “acto de sabotaje” sostener que la forma de pensar ya superada de la época de Weimar subsiste de alguna manera en la letra o en el espíritu en el nuevo estado. Sí, en los años que vendrán, los nazis, consideraron como enemigos del estado a quienes pensaban diferente de ellos o defendían un orden estatal liberal democrático.

Schmitt critica a sus colegas “positivistas” porque llaman a la ley de 24 de marzo Ley habilitante de acuerdo al art. 76 de la Constitución de Weimar. Explica que esa ley es más bien, una L e y  c o n s t i t u c i o n a l  t e m p o r a l  d e  l a  n u e v a  A l e m a n i a”[15]. (Supongo que Uds. conocen la forma que se usaba en esa época para poner algo de relieve separando las letras, la usa Schmitt en su folleto).

La ley habilitante sería la consecuencia de la elección de Parlamento o Reichstag de 5 de marzo de 1933. Esa elección habría sido en realidad, un plebiscito, por el que Hiltler- el Führer del movimiento nacional socialista- fue reconocido como Führer político del pueblo alemán. La mecionada ley que los positivistas denominan “ley habilitante”, debería ser llamada por su nombre oficial: “Ley para remediar la necesidad del pueblo y del Reino”. Esta ley -prosigue- habría sido un puente entre el viejo y el nuevo estado. Fue de gran “importancia práctica” para que la transición entre uno y otro estado, se llevara a cabo de acuerdo a la legalidad, lo que tuvo lugar “gracias al sentido de orden y disciplina alemanes”. Así, la “Revolución alemana” fue “legal”, esto es formalmente correcta. La relevancia práctica de la ley habilitante deriva de que la legalidad es necesaria para el funcionamiento del aparato estatal y de sus funcionarios.

De acuerdo a su propia legalidad, el sistema de Weimar puso su propio sello bajo la declaración de que había llegado a su fin. Fue la declaración de muerte del viejo sistema; pero no la de la de la fundación del nuevo. El nuevo estado no tiene ninguna imposición derivada del derecho anterior, ningún límite o regla hermenéutica procedente de Weimar. El justo derecho que nace de la “Revolución alemana” no depende de que un grupo de parlamentarios weimarianos haya decidido colaborar a que se lograra la mayoría de dos tercios en el Reichstag. Sería un sinsentido legitimar a posteriori un sistema sin fuerza y sin poder, como fue el anterior. El fundamento del derecho del estado nacional socialista no es un fundamento extranjero o extraño, ajeno al ser alemán, ni tampoco nos es “esencialmente hostil”… Como habría sido el derecho de Weimar, insinúa Schmitt, en su acérrimo anti-liberalismo democrático. El fundamento del derecho nacional socialista es uno propio. Alemán, no extranjero. Schmitt y otros juristas nacional socialistas sostenían que los juristas judíos habrían introducido doctrinas extranjeras en el derecho alemán.

Schmitt asevera que el representante del Führer, Rudolf Heß,  tiene razón cuando, en la convención del partido en Nürmberg, anuncia que esa convención de los nacional socialistas es, en realidad, el nuevo Reichstag (nombre del parlamento alemán). Cuando Heß pronucia la misma fórmula de la Constitución de Weimar “todo poder emana del pueblo”, no dice lo mismo que decía la constitución liberal democrática anterior, sino algo muy diferente. Algo que Schmitt celebra y no critica. Las únicas críticas están reservadas a Weimar y a la supuesta influencia extranjera en Alemania.

Estamos en un nuevo estado post-revolucionario y antiliberal. Iliberal, diríamos hoy con los nuevos populistas entre quienes Schmitt es tan admirado[16]. Conocido es el verdadero odio que profesaba Schmitt hacia el liberalismo. Curioso es que supuesto liberales en países latinos profesen admiración hacia Schmitt. Lo atribuyo a desconocimiento, a ignorancia culpable o simplemente a estupidez.

El Führer de todo el pueblo alemán es el canciller del Reino, Adolf Hitler. Su liderazgo (mala traducción de Führung, no se me ocurre otra) ejerce una supremacía política que no está sujeta a ninguna condición. Esta última es una ley fundamental del nuevo derecho del nuevo estado nacional socialista[17]. El Führer es también legislador y en este punto no caben “interpretaciones sofistas”[18] como las de Weimar (!). El Führer está por encima del presidente del Reich, cuya preminencia durante la última época de Weimar, Schmitt critica duramente. El liderazgo hitleriano (en la página diez del librito menciona dos veces a Adolf Hitler, con nombre y apellido, lo que nunca debería ocurrir en un artículo jurídico) va más allá de una simple competencia para dar directrices a sus funcionarios, como señalaba el art. 56 de Weimar[19] cuando mencionaba las funciones del canciller. Hitler no es sólo de facto, sino también de iure y de manera totalmente natural el Führer político del Reino y no es comparable con ningún otro canciller anterior, concluye.

Considera la división entre los poderes Ejecutivo y Legislativo como algo típicamente “liberal” y sostiene que ha sido definitivamente suprimida en el nuevo estado. En consecuencia, el gobierno ejerce un derecho verdadero y primigenio a dictar leyes, como asimismo establece el art. 1[20] del la “constitución temporal” de 24 de marzo de 1933. Esto es, lo que todos llamamos Ley habilitante. En suma, toda iniciativa legal corresponde, en primer lugar, al gobierno del Reich, al gobierno de Adolf Hitler. Contra la voluntad del canciller -transformado en Führer- los parlamentarios no pueden presentar ninguna iniciativa, ningún “proyecto de ley”, como garantizaba la Constitución de Weimar. Schmitt defiende la prerrogativa legislativa absoluta del Führer, según el nuevo derecho del nuevo estado.

De acuerdo a los principios nacional socialistas -que parece que Schmitt ha interiorizado raudamente- el gobierno del Reino reconoce la voluntad del pueblo expresada en una consulta popular; pero sólo si ha sido convocada por el mismo gobierno. Advierte que si el resultado “se ha vuelto equivocado”[21], se puede llamar a una nueva consulta. Hoy los plebiscitos están muy de moda entre los populistas de extrema derecha europeos. “La democracia directa que hoy, algunos grupos de extrema derecha propugnan no es sino expresión de esta ‘democracia’ encabezada por un Führer que dirige al pueblo y que a la vez y en una especie de proceso de retroalimentación, debe corrobarar o ratificar las deciciones de su líder”[22].

Después de leer el primer capítulo de “Estado, Movimiento, Pueblo” (“Staat, Bewegung, Volk”) no me cabe duda que el tono zalamero y de alabanza hacia el Führer y su “movimiento” (así llamaban los nacional socialistas al partido), expresa claramente la posición política que Schmitt abrazó luego de la llegada de los nazis al poder. El odio enconado frente al liberalismo y a la democracia representativa de Weimar encuentra por fin un medio ambiente apropiado donde desarrollarse. En 1933, Schmitt está decidido a participar activamente en la construcción de un nuevo estado, de una nueva sociedad, de un nuevo orden nacional socialista.


[2] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[3] El ejecutivo podía dictar leyes que pasaran a llevar la Constitución y no necesitaba del Legislativo para gobernar. Ver texto en Ermächtigungsgesetz

[4] “beseitigen” escribe Schmitt, usando un vocabulario propio de los nacional socialistas.

[5] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[6] El Nuevo Orden según Carl Schmitt en la página alemana Die Kolumnisten.

[8] Escribe Einparteistaat… Así era como se llamó también a los partidos únicos del mundo del socialismo real. Del comunismo.

[9] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[10] Invito a leer mi columna sobre el racismo Nos guste o no, en realidad todos somos africanos

[11] Carl Schmitt, “Staat, Bewegung, Volk. Drei Gliederung der politischen Einheit”, segunda edición, pág. 6.En adelante, citaré sólo la página.

[12] pág. 6.

[13] Deutsches Recht era una revista de los juristas nacional socialistas.

[14] pág. 6.

[15] pág. 7.

[18] pág. 10.

[19] “El canciller del Reino determina las pautas de la política y es responsable ante el Parlamento. Dentro de tales pautas, cada Ministro del Reino dirige la rama de negocios que se le ha confiado de manera independiente y bajo su propia responsabilidad frente al Parlamento”.

[20] Las leyes pueden ser aprobadas o mediante el mecanismo que contempla la Constitución del Reino o por el gobierno del Reino (…).

Reichsgesetze können außer in dem in der Reichsverfassung vorgesehenen Verfahren auch durch die Reichsregierung beschlossen werden (…).

[21] pág. 11.

La invasión de las Malvinas

A 36 años de la Guerra de las Malvinas o Falklands, me gustaría referirme brevemente a este triste episodio bélico de los años 80 del siglo pasado.

El antecedente inmediato fue un negocio realizado por Constantin Davidoff, un comerciante de chatarra de nacionalidad argentina, quien había comprado una estación ballenera abandonada en la Bahía Leith, en las Georgias del Sur, no en las Malvinas. El inmueble había pertenecido a balleneros escoceses que ya no lo utilizaban, estaba abandonado y Davidoff quería convertirlo en depósito de chatarra (en aquella época, parece que nadie pensaba en la protección del medio ambiente). Para el transporte del metal, Davidoff arrendó a bajo precio una embarcación de la Armada argentina, llamada Bahía Buen Suceso. El arriendo no sólo incluía el barco, sino también su tripulación, formada obviamente, por miembros de la Marina de guerra.

Estando en la Bahía de Leith, los marinos argentinos y los trabajadores de Davidoff -un total de cincuenta- no tuvieron una idea mejor que izar la bandera argentina en las Georgias del Sur, territorio indiscutidamente británico. Los cuatro científicos que se hallaban en una estación de estudio, telegrafiaron (el 19 de marzo) a Londres informando sobre esta circunstancia. Londres reclamó a Argentina por la vía diplomática. Asimismo, los trabajadores (y los marinos) se negaron a solicitar el permiso correspondiente a las autoridades británicas de Grytviken (que se lo habrían dado sin problema) para trabajar en la Bahía de Leith. Gran Bretaña envió al patrullero Endurance (un patrullero y el único buque de la Marina británica que se encontraba en el Atlántico sur), que, el 26 de marzo, confirmó que Leith se encontraba ocupado o tomado por argentinos (40 de ellos eran infantes de marina[1]), quienes además se negaban a pedir un permiso de trabajo.

A continuación, comenzó la actuación de la diplomacia británica, que exigió el retiro de la bandera argentina de la Bahía de Leith, mediante una nota de protesta de fecha 23 de marzo. Esta nota fue considerada una “provocación” por el gobierno militar argentino quien decidió invadir las Malvinas (no las Georgias, donde se encuentra Leith) el día 2 de abril de 1982. Entre las Malvinas y las Georgias del Sur hay 1550 kms de distancia.

La invasión argentina y la guerra que le siguió dejó un saldo de 907 muertos (258 británicos -8 civiles chinos y 3 civiles británicos en Puerto Stanley- y 649 argentinos). 1845 heridos, de ellos 777 británicos y 1068 argentinos. Hace algunos años, conocí a una señora argentina que estaba de visita en München, buscando -según me contó- artefactos ortopédicos para su hijo que había perdido algunos miembros del cuerpo durante esa guerra. Sí, ese es el saldo de una invasión y posterior guerra: casi mil muertos y casi dos mil heridos. Y una mamá intentando ayudar a su hijo en un país extranjero. De más está decir que el viaje y los artefactos los pagaba ella.

Al parecer, el gobierno de Buenos Aires pensaba que Estados Unidos los apoyaría a ellos y no a Gran Bretaña. El modelo schmittiano, según el cual, “mi enemigo es también el enemigo de mi amigo” es un modelo de análisis falso, que conduce a errores garrafales como éste. Asimismo, considerar que sería posible revivir una especie de doctrina Monroe intepretada según Carl Schmitt[2], de acuerdo a la cual América debería ser para los americanos y donde los europeos deberían no entrometerse en absoluto, fue una  apreciación equivocada de la realidad.

Por mucho que, en 1965, las Naciones Unidas hayan considerado a las Malvinas como un “territorio en disputa” y hayan llamado a las dos partes a lograr a un acuerdo político que nunca suscribieron[3], es totalmente claro que Argentina intentaba cambiar un límite internacional por la fuerza de las armas y, en consecuencia, no podía contar con el apoyo de ningún país occidental. El mismo 3 de abril de 1982, el Consejo de Seguridad emitió una resolución en que se exigía a Argentina el retiro inmediato de sus tropas y a ambos países, resolver el problema por la vía diplomática[4], civilizada. 

Argentina tuvo el apoyo -al menos de palabra- de Moscú y de Cuba, pese a que el gobierno de Buenos Aires, se hallaba en las antípodas ideológicas de los gobiernos de Rusia y del de Fidel Castro. Pero claro, más grande era el odio de estos dos países a Estados Unidos, a la OTAN y a los países de Europa occidental. Venezuela también apoyó de palabra a Argentina e incluso consideró la posibilidad de enviar tropas militarse para apoyar a los argentinos. Si los militares argentinos sufrían con el frío del Atlántico Sur, es mejor no pensar en qué habría pasado con tropas venezolanas en aquellas latitudes.

Perú apoyó a Argentina con aviones militares, pilotos de los mismos, instructores y otros suministros. Lo grave es que el secretario general de las Naciones Unidas en aquel entonces, era un peruano, Pérez de Cuellar, con lo que esta institución perdió su imparcialidad y con ella, su credibilidad. Por una parte, Perú llamaba a la paz y por otro lado, enviaba armamento para proseguir la guerra. En un funesto doble juego, el gobierno de Lima, intentó sacar provecho de la situación y echó más leña al fuego de la guerra y de la muerte.

Demás está decir que el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR, la “OTAN latinoamericana”, por así decirlo) no podía ser aplicado, ya que no estábamos ante un “un ataque armado … contra un estado americano”, lo que debería ser “considerado como un ataque contra todos los estados americanos”[5]. En este caso, tenemos que reconocer que lamentablemente, el estado agresor había sido uno de los nuestros. La situación es similar a la que vivimos hoy con Turquía, país miembro de la OTAN cuyas tropas invadieron una región de Siria (Kurdistán). Gracias a Dios, Turquía no tiene cara para pedir ayuda a sus aliados.

En suma, Argentina no sólo no logró su objetivo de conquistar las Malvinas, sino que cerró sus posibilidades de lograrlo en las próximas décadas. Una vez más, vimos que el intento de alterar las fronteras por medio de la fuerza es un gravísimo error, que no conduce al resultado esperado. (Lamentablemente, hoy observamos otro intento de mudar las fronteras, concretamente en Crimea y también en el Este de Ucrania, en ambos casos, por parte del actual gobierno de Moscú).


[1] Fuentes argentinas aseguran que sólo eran 14. Me pregunto qué hacían infantes de marina “trabajando” para una empresa privada. Puede ser que se refieran a los llamados Non-Self-Governing Territories o territorios sin gobierno propio.

[5] Art. 3.

¿Cuál es la finalidad de la nueva ley sobre la historia del Holocausto en Polonia?

Reconocemos el proyecto de ley como una herramienta para la manipulación ideológica, la imposición de una política histórica oficial y un intento sin precedentes de intervenir en el debate público sobre la historia polaca en un estado democrático. La verdad histórica no se puede decretar de antemano, porque surge de una investigación confiable basada en el material de origen. La ley adoptada en esta forma es un instrumento que puede usarse para comparar la popularización y la discusión de los resultados de la investigación científica independiente, mostrando la compleja verdad sobre el Holocausto. Su difusión no puede estar sujeta a control y presión política. (Texto de la declaración del Centro de investigación sobre el Holocausto de los judíos, acerca la modificación de la Ley del Instituto de Memoria Nacional, en Polonia[1] [2]).

La directora del Centro de Investigación sobre el Holocausto en Polonia, del Instituto Internacional para la Investigación del Holocausto Yad Vashem, Havi Dreifuss afirma que, en países normales, la investigación histórica no tiene que ser aceptada o rechazada por el estado[3], como parece ser el caso de hoy en Polonia. La pregunta que nos hacemos es ¿ha dejado Polonia de ser un país normal?

Lo que pasó esta semana, me ha dado bastante qué pensar. Me refiero a la decisión de la justicia  irlandesa que rechazó la extradición de un ciudadano polaco (Artur Celmer, acusado de narcotráfico), debido a que “los recientes cambios legislativos en el sistema judicial polaco han sido tan inmensos (so immense) que el tribunal superior de Irlanda se ve obligado a concluir que el estado de derecho en Polonia ha sido sistemáticamente dañado (systematically damaged), socavando la confianza mutua (mutual trust) que se halla en la base del proceso de la orden de detención europea”[4], la vía por la cual Polonia solicitó la extradición. Duras palabras de la sonriente jueza irlandesa Aileen Donnelly.

Ahora corresponderá resolver al Tribunal europeo de Justicia (en Luxemburgo) a quien Irlanda envió el caso, en consulta. Es probable que los otros 50 casos de extradición solicitada por Polonia a Irlanda se suspendan. Más aún, Gary FitzGerald, director del Centro Irlandés para el Derecho Europeo en el Trinity College de Dublín, advierte que no sería sorprendente si otros países otros países de la Unión Europea decidieran no extraditar a Polonia en espera de la resolución del Tribunal europeo[5].

Laurent Pech, profesor de Derecho europeo en la Universidad de Middlesex se refiere al desmantelamiento de la independencia del poder judicial, independencia que es uno de los componentes clave del estado de derecho[6] . En primer año de derecho, aprendimos que la división de poderes y la consiguiente independencia de los tribunales de justicia es uno de los pilares básicos del estado de derecho. Del estado de derecho como lo conocemos en los países de tradición liberal democrática representativa, lo que ciertos países del Grupo de Visegrad, hoy rechazan y prefieren hablar de una cierta “democracia iliberal”. No sé por qué recuerdo a las “democracias populares” del socialismo real.

Cabe preguntarse ¿qué repercusiones puede tener esta circunstancia, este virtual secuestro de la justicia polaca[7], que se traduce en este daño tan inmenso a los tribunales polacos, si consideramos que son esos mismos tribunales los encargados de juzgar, de acuerdo a la mencionada ley que comentamos, la Ley del Instituto de Memoria Nacional, llamada en inglés, simplemente Holocaust Law.

No sin razón, la historiadora Havi Dreifuss quien, debido a sus investigaciones[8], viaja frecuentemente a Polonia, teme hacerlo ahora, bajo la vigencia de la nueva legislación, aunque ésta, supuestamente, exime a los académicos y a los artistas de responsabilidad penal. “Para mí, lo más problemático en esta ley es crear una atmósfera de miedo en Polonia al hablar de estos temas”[9].

Dreifuss elogia a sus colegas polacos, ahora más en peligro que ella y que todos quienes estamos fuera del alcance de los tribunales polacos polaca, salvo que también nos quieran extraditar. “Polonia tiene estudiosos maravillosos que realmente cambiaron nuestra comprensión de muchos aspectos del Holocausto. El hecho que ellos y sus estudiantes  -especialmente los estudiantes- no son parte de la exención, entonces tendrán que pensar dos veces antes de trabajar en estos temas, lo que es algo muy problemático”[10] [11].

El caso del diario argentino Página 12[12] es, no sé si llamarlo ridículo o grotesco, aunque creo que estos calificativos son muy suaves para describir la realidad[13] . Menos mal que la jurisdicción de los tribunales polacos no llega a Argentina, no va más allá de sus fronteras, ya que, de otra forma, estaríamos frente a un intento de establecer una “censura global”[14], con muchas víctimas inocentes. Me refiero a víctimas reales y no fictivas, del intento de acabar con la libertad de prensa e imponer una única verdad oficial.

El historiador polaco-norteamericano Jan Tomasz Gross[15] -expulsado de la Universidad de Varsovia en 1968, encarcelado durante varios meses y que debío abandonar el país debido a la campaña antisemita de ese año[16]– nos explica que su patria “choca actualmente con la Unión Europea, debido a la destrucción de la independencia judicial en Polonia (…) Y ahora la nueva ley ha desatado una disputa diplomática con Israel por la falsificación de la historia del Holocausto”.

Con Renan Berger, nos preguntamos ¿Cuál es el propósito de esta ley? ¿Cuál es el mensaje que el gobierno polaco trata de transmitir al mundo?[17] ¿Realmente se trata de “defender el honor polaco”?[18] ¿De quién? Con el mismo Berger, nos respondemos: en realidad, lo que verdaderamente están haciendo es “crear la reacción opuesta y sólo están llamando la atención sobre todas estas atrocidades”[19]. Sí, toda esta discusión nos lleva a investigar más sobre el tema y a no dejarnos amedrentar por amenazas en redes sociales. Parece que es verdad que de lo malo, siempre se puede sacar algo bueno. Esta ley más parece combatir el honor polaco que defenderlo. Honor que -por lo demás- nadie en el mundo ha ofendido, como quiere hacer creer el gobierno polaco.

¿Cuál es el verdadero objetivo de esta ley? Historiadores polacos explican que esta es “una herramienta para la manipulación ideológica, para la imposición de una política histórica oficial y es un intento sin precedentes de intervenir en el debate público sobre la historia polaca en un estado democrático”[20].

Por su parte, Dreifuss señala: “Muchos judíos en Polonia, agrega, fueron asesinados no en los campos de exterminio, sino en manos de los polacos. ‘Esto es algo que Polonia no quiere aceptar y aparentemente lo que esta nueva ley trata de encubrir’”[21]. Podemos decir que el encubrimiento es uno de los propósitos de la ley.

Siempre me ha llamado la atención la forma en que algunos polacos reaccionan cuando se ven enfrentados a las atrocidades o a la crueldad que otros polacos cometieron contra los judíos y contra otras minorías en Polonia durante la II Guerra o, en general, en el pasado. Las niegan. Para mí, dice mucho que, durante la II Guerra se denominaba szmalcownik, a polacos que denunciaban o entregaban judíos a los nazis o extorsionaban a quienes los protegían[22]. Si hasta la lengua polaca ha acuñado una palabra para designar esta acción, concluyo que sí existió y no fue una gran excepción como nos quieren hacer creer los apologetas de una Polonia inmaculada o “Cristo entre las naciones”, como se autodenominan en un arranque increíble de soberbia que los hace compararse con el Salvador.

Gross hace ver que la ley no pretende proteger la reputación de Polonia, sino que su “objetivo final es falsificar la historia[23]. Creo que tiene toda la razón. “Las autoridades polacas quieren amordazar cualquier debate sobre la complicidad de los polacos en la persecución de ciudadanos judíos, por lo que es ilegal discutir el asunto”[24]. Hay que considerar lo absurdo sostener la ilegalidad de un debate, de una investigación histórica, del estudio académico. “Las autoridades polacas quieren bloquear cualquier debate sobre la complicidad de los polacos en la persecución de ciudadanos judíos, por lo que es ilegal discutir el tema públicamente y contra los hechos”[25].

Por su parte, el periodista polaco Maciek Wisniewski (quién, entre otros medios, escribe para Le Monde Diplomatique), dice que lo que, “en realidad pretende es sanitizar la historia al gusto de los ultranacionalistas en el poder”[26]. Sanitizar, me explican consiste en “Dejar algo muy limpio, libre de microbios. Es un anglicismo, viene de sanitize, que significa limpieza o pureza extrema”[27]. Para mí, esta es, una forma de tergiversar la historia, para “quedar bien”, un poco lo que hacían muchos alemanes en la década de 1950. Los países del socialismo real, no tuvieron la posibilidad de discutir sobre la historia, ya que toda discusión que se escapara del marco de la intepretación única, oficial y estatal de la historia, estaba prohibida. En el fondo, el gobierno actual de Polonia, vuelve a lo mismo que el país vivió durante el comunismo.

Barbora Černušáková escribe en Time: “lo que está en juego no son los hechos ocurridos en torno a la Segunda Guerra Mundial, sino la libertad de expresión y la aplicación desmedida de la ley para reprimir las opiniones disidentes. Al ilegalizar todo pronunciamiento, declaración escrita o imagen que parezcan dañar ‘la reputación de la República de Polonia y la Nación polaca’ o que sugieran que hubo responsabilidad o complicidad polacas en los ‘crímenes nazis’, restringe aún más el derecho a la libertad de expresión y tendrá un efecto negativo más general”[28].

Y lo que es peor, Gross advierte que “se cierne un desastre mayor”, pues, con el pretexto de defender los derechos soberanos de Polonia, las autoridades aceptan los prejuicios xenófobos y antisemitas de algunos sectores de la población y, al mismo tiempo, exacerban tales sentimientos[29]. Esto se aprecia en las manisfestaciones públicas de lo que nosotros llamamos extrema derecha (aunque la izquierda europea es también profundamente antisemita) y en la quema de muñecos que representan a judíos-cliché, como vimos hace pocos meses en Polonia. “Los medios controlados por PiS han despertado aún más las emociones, al sugerir que fuerzas externas -en particular, los judíos- quieren evitar que Polonia diga la verdad sobre su propia historia”[30]. En las últimas semanas, incluso popularizaron el hashtag #StopJewishLies

Maciek Wisniewski escribe en Página 12, que la sola mención de la Masacre de Jedwabne, “impide seguir calificando el antisemitismo polaco –parte integral de la anatomía del nacionalismo local, étnico e inherentemente excluyente– como algo marginal o inofensivo. Contradice la visión dominante que sólo fuimos víctimas (del nazismo, del comunismo, de la historia en general)[31]”. Para algunos, Polonia no seria nada más que una víctima. Me pregunto cuántos crímenes se han cometido en la historia en virtud de la victimización.

“No es sorprendente que uno pueda ver el aumento del antisemitismo en las redes sociales, en la televisión y en la prensa que apoya al gobierno. Una sociedad movilizada en torno a una propaganda tan mentirosa se volverá cada vez más xenófoba, hasta que los polacos más abiertos de mente encuentren en su hogar un lugar inhóspito para vivir”[32], dice Gross y creo que habla por experiencia propia. ¿Le podrá extrañar a alguien si pronto empezáramos a recibir a los primeros asilados o refugiados polacos? Al igual que recibimos ya a los primeros turcos. El historiador de Princeton habla sobre la “fuerza destructiva de un gobierno dispuesto a aprovechar los peores instintos de una población para mantenerse en el poder”[33].

“Una Polonia monoétnica, podría ser el turno de la élite educada para emigrar, con un impacto incalculable en el capital social del país”[34]. Todos quienes pertenecemos a la generación Juan Pablo II y leímos “Cruzando el Umbral de la Esperanza”, sabemos que Polonia nunca fue ni mono-étnica, ni mono-religiosa, ni menos mono-cultural. Sobre Polonia, él nos explica: “A lo largo de los siglos de su milenaria historia, Polonia ha vivido la experiencia de ser un estado de muchas nacionalidades y de muchas confesiones cristianas, y no sólo cristianas. Tales tradiciones hicieron y hacen que un aspecto positivo de la mentalidad de los polacos sea la tolerancia y la apertura hacia la gente que piensa de modo distinto, que habla otras lenguas, que cree, reza o celebra los mismos misterios de la fe de modo diferente”[35]. ¡Qué diría Karol Wojtyla si supiera hoy de la ley sobre la historia del Holocausto!


[6] Cfr. Laurent Pech (@ProfPech), profesor de Derecho europeo en la Universidad de Middlesex. En Ireland refuses extradition over concern at Polish justice reforms

[7] Mi columna anterior: “Hoy, Polonia está secuestrada por oscuros fantasmas del pasado. Por un lado, el fantasma del antisemitismo ancestral, del antisemitismo de los pogromos centro-europeos. Y por otro, el fantasma de la época del socialismo real, con su intento de establecer una verdad histórica oficial y única, que no puede, que no debe ser contradecida, so pena de sufrir un castigo penal, algo tan propio de la tradición comunista. Estos dos fantasmas se expresan pues claramente en la llamada Ley sobre el Holocausto”, en Havi Dreifuss y otros historiadores sobre el Holocausto en Polonia 

[8] Desde noviembre de 2010 dirige el Centro de Investigación sobre el Holocausto en Polonia, del Instituto Internacional para la Investigación del Holocausto Yad Vashem, Havi Dreifuss y otros historiadores sobre el Holocausto en Polonia

[11] Sí, dentro de Polonia y entre los sectores con más cultura de la sociedad polaca, hay una gran resistencia a las medidas autoritarias del gobierno del PiS, dirigido tras bambalinas por Jarosław Kaczyński. Gross hace ver acertadamente que “Jaroslaw Kaczynski, líder del PiS. Su partido busca una mayoría constitucional en el parlamento que le permita establecer un régimen legalmente autoritario y asegurar su poder por un largo tiempo”.

[12] Ver, entre otros artículos sobre el tema: Por el buen nombre de Polonia y Revisionismo con fuerza de ley

[13] La declaración de una supuesta “liga de antidifamación de Polonia” es realmente de un cinismo que da vergüenza ajena. El “sueño del pibe” de algunos grupos conservadores siepre ha sido tener una liga antidifamación de ellos mismos, para contrarrestar la famosa Liga antidifamación judía.  

[15] Los innumerables usuarios polacos de Twitter denigran a Gross de la peor manera. Entre otras cosas, sostienen que no es historiador (tal vez porque tiene un doctorado en sociología en Yale), en circunstancias que es profesor de historia en la prestigiosa Universidad de Princeton y profesor invitado en las universidades de Harvard, Stanford, California en Berkeley, Columbia, Paris, Viena, Cracovia y Tel-Aviv.

[16] El mismo Gross nos explica que “La última vez que un gobierno polaco usó el antisemitismo en su propaganda oficial, hace 50 años, cuando el Partido Comunista estaba en el poder, la limpieza étnica resultante llevó a miles de sobrevivientes del Holocausto y sus hijos a emigrar de Polonia”. Poland’s death camp law is designed to falsify history

[18] Todo por el honor de Polonia nota 3 que cita Ustawa chroniąca dobre imię Polski uchwalona o La ley que protege el buen nombre de Polonia pasó.

[25] Poland’s death camp law is designed to falsify history (La ley del campo de exterminio de Polonia está diseñada para falsificar la historia)

[27] Agradezco a @federicoalves su tweet explicándome el significado de esta palabra..

[35] Juan Pablo II, “Cruzando en Umbra de la esperanza”, capítulo 22 “A la búsqueda de la unidad perdida” (Una mejor traducción habría sido: En busca de la unidad perdida).