Ernst Leitz el otro Schindler

Hoy me gustaría copiar aquí otro de los artículos que publiqué hace una eternidad, en La Segunda:

“Con riesgo considerable y en oposición a la política nazi, Ernst Leitz adoptó valientes medidas para trasladar a sus empleados judíos y a otras” personas fuera de Alemania. Son palabras de Abraham Foxman, de la Liga Antidifamación, al entregar a la nieta de Leitz la distinción Courage to Care Award a comienzos de mes.

Entre 1933 y 1943, Ernst Leitz hijo envío a aproximadamente 41 judíos alemanes (con sus familias, llegan a más de cien) a “trabajar” las dependencias de la firma Leica en Francia, Gran Bretaña, Hong Kong y los Estados Unidos.

Hasta ahora, nada se conocía públicamente acerca de la actuación de Ernst Leitz, durante el período nacional socialista. De acuerdo al lema de la familia Leitz, “haz el bien, pero no cuentes nada”, ni Ernst, ni sus hijos, quisieron hablar de ello, actitud muy de acuerdo con la mentalidad alemana de la época.

Gracias a la tenacidad, fundamentalmente de Frank Abraham Smith, rabino norteamericano en Inglaterra, y a la información que recogió el periodista y fotógrafo Norman Lipton, hoy conocemos algo de la valiente actuación de este empresario alemán, propietario de una de las firmas más prestigiosas del mundo en el campo de la óptica.

Hijo de Ernst Leitz padre, fundador de la Leica en la ciudad alemana de Wetzlar en 1869. La preocupación por sus trabajadores fue una constante durante la administración Leitz padre, quien era un brillante empresario con un gran sentido social. En 1885, estableció en la empresa un seguro médico. En 1899, una jubilación para sus trabajadores y un fondo que permitía a sus empleados, construir viviendas. Ya en aquel entonces, la Leica había introducido la jornada de ocho horas.

Leitz hijo asumió la dirección de la empresa en 1920. Miembro del Deutsche Demokratische Partei, partido de orientación liberal, bastante importante durante la República de Weimar. Si hay una colectividad alemana que se enfrentó a los nacional socialistas, fue ésta.

En el directorio del partido, conoció al comerciante Nathan Rosenthal. Pocos días después de la llamada Machtergreifung (1933), Rosenthal relató a Leitz las penurias de su hijo Paul en el colegio, como blanco de la persecusión antisemita… Sin pensarlo dos veces, Ernst Leitz lo contrató como aprendiz en su firma. En 1936, posibilitó que emigrara a los Estados Unidos, como empleado de la dependencia de Leica en Nueva York.

Asimismo, las autoridades nacional socialistas prohibieron a Nathan Rosenthal ejercer su profesión. Leitz arrendó las dependencias de la firma de Rosenthal, para que él y su familia tivieran algunos ingresos, y más tarde, los ayudó a emigrar.

Dieter Türk, uno de los directores de la Leica, escribió una carta de recomendación en beneficio de un comerciante judío pronto a abandonar el país. Ésta cayó en manos de la Gestapo (Geheime Staatspolizei, la policía estatal secreta) y las autoridades quitaron a Türk el permiso de trabajo, lo que significaría la pobreza para él y su familia. Leitz, sin embargo, dispuso que se continuara pagando su sueldo, lo que ocurrió durante el resto del periodo nazi.

En aquel entonces, la Leica, como otras empresas alemanas, recibió trabajadores forzados, que procedían generalmente de países eslavos, a quienes los nazis consideraban como infrahumanos. Los Leitz recibieron ucranianos. La hija de Ernst, Elsie se preocupó de ellos y de que no les faltara nada material, en la medida de lo posible en un país en guerra.

Esta circunstancia, unida a sus intentos (sin éxito) de ayudar a una amiga de origen judío a emigrar a Suiza, le costó cuatro meses de cárcel y probablemente, habría seguido en prisión durante el resto de la guerra, si no hubiese sido porque Ernst hizo lo imposible para que la dejaran en libertad.

Después de la II Guerra, Ernst Leitz supo que los nacional socialistas no se habían atrevido a estatizar su empresa, debido a que sus exportaciones significaban importantes divisas para el país y también a que temían que los trabajadores de la firma defenderían a Leitz por todos los medios. No obstante, habían planeado su expropiación luego de la “victoria final”.

Curiosamente, el acta de las autoridades de la postguerra, en que se comprueba que Leitz no había sido un nazi (en el año 42 tuvo que ingresar al Partido obrero nacional socialista), se perdió. En ella, se documentaban algunas de sus actuaciones que calificaría de heroicas.

Sin embargo, se supone fundadamente que muchos de quienes lo conocieron estaban al tanto de todo lo ocurrido, como insinúa otro liberal, el entonces presidente federal Theodor Heuss, en 1951, en el discurso que pronunció con motivo del cumpleaños número 80 de Ernst Leitz. Heuss hace ver que Leitz “había tomado sobre sí las cargas que se colocaron sobre otros”.

Su vida nos demuestra que, dentro de la sociedad más injusta y en las condiciones más adversas, se prueban los hombres y mujeres libres.

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Apple, Irlanda, Vestager y la libre competencia…

La Comisión Europea, más bien su comisaria para la (libre) competencia, la danesa Margrethe Vestager, acaba de “condenar” a Apple a pagar 13 mil millones de euros, por concepto de impuestos no pagados, a Irlanda. Si me preguntan a mí, tiene razón la comisaria y es correcto que ella actúe de esta manera ya que precisamente esta funcionaria tiene la misión de velar por la libre competencia. Y es lo que hace con esta medida.

En primer año de universidad, aprendí que una de las características fundamentales de la ley, es su generalidad: la ley es general. La ley particular no es ley no es ley (y cuando ha existido formalmente, es una ley injusta). Distinto es el caso de una ley especial o incluso excepcional, que exceptúe a alguien o a algunos de su cumplimiento por razones que se aplican a todos quienes se hallan en una determinada situación.

Es precisamente la generalidad de la ley lo que se socava con el acuerdo entre el estado de Irlanda y la empresa Apple, por el cual Irlanda aplica a Apple -y sólo a Apple- una tasa tributaria que es muy inferior a la que paga el resto de las empresas en Irlanda. Si no me equivoco, de menos del 0,005%[1], en circunstancias que el resto de las empresas paga, en Irlanda algo así como un 12,5%[2].

No se trata de “castigar” a Irlanda por tener una baja tasa tributaria. Nada de eso. Se trata de que todas las empresas (por mí, de un rubro determinado, lo que daría lugar a una ley especial) paguen lo mismo.  No la mayoría 12% y una tan sólo 0,005%. ¡No al favoritismo!

Si un país tiene una tasa tributaria X%, todas las empresas tienen que pagar esa tasa y no puede el estado beneficiar a una de ellas, acordando que pague menos. No debería poder pagar ni un poco menos, ni tampoco mucho menos. Eso no es compatible con la libre competencia, ni con la economía libre, ni con las normas más elementales de justicia, ni con el estado de derecho, ni con la igualdad ante la ley… y un gran etcécera.

Si un país X beneficia -en un acuerdo entre él y una empresa- para que, por ejemplo, una cadena de cafeterías pague menos impuestos, ese país está beneficiando injustamente a una empresa en desmedro de todas las demás. De todas las demás cadenas que venden café y de todas las personas que no tienen cadenas para vender café, sino que tienen una pequeña cafetería en una ciudada cualquiera. Y de todos quienes tomamos café y queremos un sistema de economía libre, donde podamos elegir donde tomar café sin tergiversación  del mercado.

No, el estado (nacional) no puede, no debe actuar así en economía. Esta es una intromisión indebida. Beneficiar a alguno en desmedro de los demás, nada puede haber más reñido con la libre competencia. ¿Por qué tendría una empresa que pagar 12% de impuestos y otra 0,005%?[3] ¿Por qué tendría que regalarle el contribuyente 11,995% o 13 mil millones de euros a Apple? Realmente, no veo razón para ello. Apple no es un start up que necesita subsidios, ni mucho menos.

Si alguien recurre al argumento de los puestos de trabajo, con ese argumento, estaríamos todavía financiando a los hombres que tiraban, con largas cuerdas, los barcos por los ríos navegables europeos, para que no se queden sin trabajo y que no tengan que vender sus caballos. El argumento de “salvar” puestos de trabajo es generalmente un argumento aparente, falso o una simple argucia.

Margrethe Vestager tiene razón cuando dice que las concesiones a  Apple son una ayuda estatal indebida. En el fondo, un subisidio estatal a una empresa que -desde ningún punto de vista- lo necesita. Los productos de Apple son lo suficientemente buenos para no necesitar auxilio estatal de un país que, para colmo, viene recién saliendo del paraguas protector de la Unión Europea. Sí, Irlanda es un país en quiebra, que recibió la ayuda de los demás países europeos, y que, con esto, en realidad, los perjudica terriblemente. Nos prejudica a todos nosotros, contribuyentes europeos.

Asismismo, la “central” de Apple en Cork, Irlanda existe sólo en el papel. No tiene ni empleados, ni siquiera un edificio[2]. Pero es allí, en Cork, donde Apple paga los impuestos como empresa por lo que gana en Europa. El principio del derecho tributario, según el cual, los impuestos se pagan en país en que se ganan, no se respeta. En consecuencia, los países europeos que ayudan a Irlanda se quedan sin miles de millones de euros en impuestos que Apple debería pagarles, gracias a un truco de Irlanda, país al que ellos mismos deben financiar.

En suma, el acuerdo -estos contratos son generalmente secretos, lo que los hace más reprobables aún- entre un estado y una empresa, destinada a que ella pague menos impuestos que las demás empresas, es abiertamente contraria a la economía social de mercado y viola, especialmente, uno de sus pilares más importantes: la libre competencia.

Menos mal que tenemos Comisión Europea y una comisaria social-liberal que se da cuenta de estas cosas. Y es lo suficientemente valiente como para hacerles frente y cumplir bien su trabajo de defender la libre competencia en Europa. Algo de lo que los estados nacionales, como tales, no están en condiciones. En este sentido, creo que tenemos que podemos y debemos elogiar y defender a la Unión Europea que -contrariamente a lo que dicen los extremistas de uno y otro lado- también hace cosas muy buenas 🙂


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[3] “‘Hauptzentrale’ innerhalb der Firmen weiterzuverschieben. Die existierte jedoch nur auf dem Papier. Sie hatte weder Büro noch Mitarbeiter.” Hannes Vogel, Steuernachzahlung von 13 Milliarden So tricksten Apple und Irland die EU aus

La lucha contra la corrupción es responsabilidad de todos

Esta semana, hemos conversado con amigos y amigas acerca del tema corrupción. Formulé la tesis -que en realidad no es mía- según la cual… Creo que tengo que comenzar esta columna semanal de otra manera: todo empezó cuando el primo de una amiga se quejaba de la corrupción de los políticos de su país, mientras él bajaba películas pirateadas de internet.

Es evidente que esto es , por lo menos, un caso de doble moral. Yo pensé en la famosa frase, según la cual, “cada país tiene los políticos que se merece”. En otras palabras, si una sociedad se comporta de esta manera, en la vida privada -por así decirlo- entonces, tampoco puede esperar que la “clase política”, que sale de esa misma sociedad, sea mejor, se comporte de otra manera.

De ninguma manera podemos caer en el “todos lo hacen”. Primero: no todos lo hacen. Segundo: aunque fuera así, no justifica nada; lo que está mal, está mal y es independiente del número de personas que lo hagan. Y tercero, de ninguna manera puede servir de excusa para no hacer nada y claudicar ante la lucha contra la corrupción.

Por otra parte, no desesperemos: hay que tener presente que una reducción de la corrupción eleva la sensibilidad acerca de su existencia. Sin embargo, siempre se puede más, diría yo; siempre se puede ser mejor.

En realidad, no me gusta hablar de corrupción, preferiría hablar de probidad , que es el antónimo de corrupción. Es significativo que el término probidad sea menos conocido que el de corrupción y que casi no lo usemos[1]. La probidad es la honradez, la honestidad, la integridad y rectitud de comportamiento[2]. Algo que debería estar presente tanto en la vida privada, como en la pública. ¿Dónde creen Uds. que los políticos aprenden las normas de comportamiento?

Es una cuestión de educación, de educación en los valores: en el valor de la justicia, del respeto a la propiedad privada y pública, material e intelectual, resperto a la persona, a la palabra empeñada. Desde los primeros años en la familia debería ser lo que aprendemos. Lo que nos enseñan. En el colegio, en la universidad[3]

Tamara Agnic publicó, a comienzos de este mes, una columna de opinión en el Diario Financiero, que me parece excelente y que expresa mi opinión sobre el tema, se titula Corrupción entre privados:

“Tampoco es posible entregar la responsabilidad de combatir la corrupción única y exclusivamente al Estado. Las malas prácticas no son un mal que únicamente atañe a las actuaciones de los agentes públicos. Se requiere, en consecuencia, acciones específicas y concretas por parte de toda la ciudadanía y, muy especialmente, por parte del sector empresarial para frenar la corrupción entre privados, la que a la larga puede ser más dañina para el funcionamiento del orden económico que aquella que se desarrolla en el ámbito del sector público. En efecto, estas atentan contra el buen funcionamiento de las reglas de mercado. Tenemos aquí un desafío como sociedad: cerrar el espacio de acción a la corrupción en todos los ámbitos”.

Sí, una economía social de mercado simplemente no funciona sin un alto nivel de probidad. Agnic continúa: “la corrupción entre privados resulta ser tremendamente dañina para la sana y correcta aplicación de las reglas del mercado (…) termina siendo un atentado a la libre competencia con resultados tan graves como la colusión, generando desconfianza en las relaciones comerciales y efectos indeseados en el sistema económico y en el funcionamiento de los mercados, acrecentando con ello la desconfianza generalizada en nuestro sistema”. Lamentablemente cierto.

Sería excelente que cada empresa tuviera una sección o departamento o, al menos un encargado de lo que hoy en día llamamos compliance[4]. Es por otra parte, lo que le sugerí a Carlos Larraín en mi carta de noviembre pasado “implementar un sistema de compliance en las empresas sería una respuesta más apropiada y con más futuro que defender lo indefendible”[5].

Les deseo a mis lectores, un buen y probo fin de semana.


[1] Cuando busco “probidad” en Google… Google me pregunta si me equivoqué y, en realidad, quería escribir “propiedad”.

[3] Un anti-ejemplo en esta carta aparecida en El Mercurio el día viernes 30 de Marzo de 2012: “El otro día, en la universidad, hacía cola en la cafetería. Como era el cambio de hora, había muchos alumnos. Tras varios minutos esperando mi turno, apareció otro profesor con un par de volúmenes de derecho procesal bajo el brazo. Dos alumnos que estaban delante mío lo saludaron afectuosamente, y el profesor respondió de igual manera. Tras conversar un rato, el profesor cogió un yogur de vainilla de la góndola del lado de la caja y un paquete de galletas. Y se los entregó a uno de esos alumnos, con un billete.

Quedé estupefacto. Llevaba 10 minutos esperando, y esta “lindura” de jurista se ahorraba la cola encomendando a sus propios “educandos” que le comprasen la merienda sin esperar turno.

Y pensé: “¿Esto es un profesor de derecho? ¿Este señor enseña de justicia y legalidad?”. Su gesto, sin duda, borraba de un plumazo cientos de sesudas horas de clase, pues enseñaba con su actuar uno de los peores males que estamos sufriendo: el abuso.

Reconozco que no me pude contener y le miré de mala forma. No le dije nada, pero creo que mis ojos bastaron. Pero él ni se inmutó. Y he ahí lo más grave, lector: ¡no se dio cuenta de lo que había hecho! Le pareció -a juzgar por su rostro- “natural y obvio”.

No nos quejemos después, cuando los alumnos salgan a la calle a pedir educación de calidad, que destrocen los bienes públicos, incendien micros y golpeen a carabineros. Ya han tenido, en las cafeterías, tremendos maestros del abuso. B. B. COOPER”.

Me faltan las palabras para comentar algo así.

[4] Es significativo que no haya artículo en Wikipedia en castellano sobre la voz compliance..