La polarización es el semillero del extremismo

Sin duda, las manifestaciones y disturbios que han tenido lugar en noviembre de 2019 van a ser objeto de análisis, de controversia y de diferentes interpretaciones durante mucho tiempo. Me gustaría abordar en esta ocasión un aspecto que me parece ser omnipresente, tanto en la protesta como en la contraprotesta: la polarización y el consiguiente populismo.

Sostengo la tesis que la violencia reiterada, persistente y exhaustante puede fácilmente pavimentar el camino a la elección de un presidente de extrema derecha. Patricio Navia se refiere acertadamente al caso de Brasil en que “ después de las protestas del 2014, una mayoría terminó votando a Bolsonaro”[1]. En este misma línea y no con menos razón, Marcelo Ruiz comenta: “El movimiento estudiantil del 2014 termino liquidado por el vandalismo y la violencia desatada. Lo mismo ocurrirá con las demandas sociales, que quedarán sumergidas por los saqueos y las destrucción urbana. Además, es la pavimentación a Kast”[2].

No se puede negar que en Chile, tendríamos potenciales candidatos de extrema derecha o bien, de candidatos que serían apoyados por la extrema derecha. A ello y no a otra parte, puede llevar la extrema polarización actual. Con ello, Chile se enfilaría entre los países que han sucumbido a la tentación del populismo de extrema derecha, tales como Filipinas, Brasil, Hungría y algún otro… Sí, malos ejemplos a seguir hay hoy en día, muchos en el mundo. Se puede decir que un fantasma recurre hoy el mundo: el fantasma del populismo[3].

Sí, esa creencia cuasi religiosa -o religiosa- en que “yo y la gente que piensa como yo somos los únicos buenos y tenemos siempre la razón; los demás son malos y están equivocados”. En consecuencia, los puedo descalificar sin más. Parece que, en el propio sector y sólo en él, existe la imposibilidad ontológica de hacer el mal, de equivocarse. Tal es la arrogancia, la presución y la soberbia de quienes “protestan” y al mismo tiempo, realizan actos de vandalismo o simplemente cometen crímenes.

La suya es una mirada en blanco y negro, que no distingue matices y que desconoce la existencia del gris. Su lógica consecuencia es el sectarismo. Son semejantes a los maniqueos de la Antigüedad, que “creían que había una eterna lucha entre dos principios opuestos e irreductibles, el Bien y el Mal”[4]. Los que protestan son todos buenos y los que defendemos la institucionalidad, somos totalmente malos. No sé por qué me recuerdan al llamado a la guerra total de Goebbels.

Esta dicotomía maniquea conduce a justificar incluso de la destrucción del “enemigo”[5], que no es considerado un rival, un contendor, sino que pasa a ser un “elemento” al que no reconozco como persona, al que niego su calidad humana.

En un sistema democrático liberal, como el que existe en Chile[6]– el rival político no es nunca mi enemigo, sino sólo una persona que piensa distinto que yo en muchos temas -en otros, pensamos lo mismo- y con el que concurro en las urnas y en la tribuna política para debatir cuál es la mejor solución. La tribuna política por excelencia es el parlamento, el Congreso y no la calle. Las “armas” de la política son la palabra, las estadísticas, las cifras y no los adoquines, ni las molotovs, ni tampoco las barricadas, los sprays o la quema de estaciones del Metro.

Cuando lees en una red social tan inofensiva como Instragram, que chilenos que antes parecían cuerdos y hasta amables y que sólo publicaban fotos de comida, ahora escriben frases tales como “la insurrección es el más sagrado de los derechos y el más indispensabe de los deberes”. Y alguien contesta: “cuando la tiranía es ley, la revolución es orden”. Parece que creen que son actores de alguna serie épica de Netflix.

Ante consignas tan altisonantes, no sé si reírme o llorar. Me temo que los tiempos no están para reírse. Me consuela comprobar que los autores de las frases tienen pocos followers; pero ya se ha visto que no es necesario tener una gran representación, ni muchos seguidores para organizar acciones de vandalismo, ni para lograr hashtags trendys en Twitter. Sólo basta que un sinnúmero de personas reales -las menos-, de trolls y de social bots publiquen un cierto #hashtag a la misma hora. (En Chile, me he dado cuenta que esto ocurre en horas de la madrugada. Probablemente, cuando hay menos gente online y es más fácil conseguir una priorización de un determinado hashtag).

El Partido Comunista chileno tuvo apenas cerca de un 1,2% (elecciones de senadores) ó un 4,5% (elecciones de diputados) de apoyo en las urnas[7]. En realidad, es una vergüenza reconocer, que en Chile aún hay comunistas, dado que el comunismo es, en el mundo civilizado, es una ideología pasada de moda y que más bien se asocia a crueles policías secretas, al Muro de Berlín, a Tschernobyl y a Norcorea. Por otra parte, ninguno de los partidos del Frente Amplio pasa más allá del 3,73% (senado) o 5,7% (diputados)[8]. La primera cifra correponde a los humanistas que creo que no están ni ahí con las manifestaciones violentas. Del resto de los partidos no sé.

A mi modo de ver, en Chile hay demasiados partidos políticos, circunstancia que es un catalizador de inestabilidad y de ingobernabilidad. Sería interesante incorporar a la Constitución una cláusula de barrera de al menos un 5% para establecer un sistema de acuerdo al cual, “únicamente los partidos políticos que hayan obtenido al menos el 5% de los votos válidamente emitidos pueden obtener representación parlamentaria”[9]. Alguien me decía hace poco que él apoyaba las marchas y protestas porque quería una democracia como la alemana para Chile. Ya, por aquí podemos empezar. (Entre paréntesis el artículo 8° que fue derogado era también una copia de la Constitución de Alemania[10]).

Cuando un amigo me cuenta que, como su oficina está “en pleno Paseo Bulnes, como a tres cuadras de la Alameda” y agrega que, manifestantes “casi incendiaron mi auto, le pedí a unos anarquistas que me dejaran irme, y lo hicieron”. ¡Mi amigo tuvo mucha suerte! Otros no la han tenido[11][12]. Pero, ¿puede ser una cuestión de suerte quedar al capricho de gente que decide si quema tu auto o no? ¿Tal vez la próxima vez no será tu auto lo que quemen? Mi amigo quedó sometido a la decisión de un grupo de personas cuya única autoridad es que tienen la fuerza y el poder.

En un estado de derecho no rige la ley del más fuerte, sino que impera la fuerza de la ley. Esta es una de las más valiosas conquistas de la sociedad democrática, donde el estado tiene y ejerce el monopolio de la fuerza y los ciudadanos no necesitan recurrir a la autodefensa porque es el estado quien los protege y defiende sus derechos. Este es un “gran logro civilizatorio de la modernidad, así se logró suprimir la barbarie”[13]. Por esto mismo, los acontecimientos de Reñaca esta semana, en que un grupo de vecinos debió defenderse a sí mismos de los manifestantes, en medio de conjuras contra “los políticos”, es especialmente grave[14].

Me parece que esto es precisamente lo que desean los manifestantes -y es lo que están logrando- debilitar al estado de Chile, socavar las bases del estado en Chile, de su institucionalidad, dejarlo mal parado. Es sintomático que, frente a la casa de una amiga en la comuna de Providencia, manifestantes quemaran una bandera chilena en la calle[15]. Nada que ver con las banderas chilenas de los participantes de la Marcha del Millón, que más bien desfilaban por la paz. Algunos desfilaban por la paz, porque observé que, en esa marcha, cada uno desfilaba por lo que quería y todos por cosas distintas. En ella, cada grupo y cada persona proyectaban sus deseos.

Paradojalmente, las ideas de quienes protestan son estatistas, ya que anhelan la actuación del famoso “papá-estado”; pero al mismo tiempo quieren destruirlo. O tal vez, ¿pretenden destruir el actual estado para reemplazarlo por uno a su pinta? En el estado-substituto sueñan que ellos serán los únicos que decidan y den las órdenes a los demás. De democracia, nada. Puro sectarismo.

Hay gente que vive en pos de una utopía, tras la cual corre descontroladamente, arrasando a su paso y sin piedad todo lo que se les pone por delante: gente, cosas, derechos de los demás, instituciones, personas. Ellos, una minoría escogida o más propiamente autodesignada. Ellos saben más que los demás y, como fuente de la sabiduría, se arrogan el derecho a asumir y a ejercer todos los poderes y a representar la voluntad popular. Más populismo, imposible.

En su extraordinario video, Felipe Berríos nos advertía a comienzos de semana: “en los saltos sin las instituciones ganan los prepotentes, gana la extrema derecha o la extrema izquierda”[16]. Esto es precisamente lo que está pasando en Chile. Existe una creciente polarización que va en aumento y que conduce al extremismo, a que se prefiera un extremo político, ya que se cree que es la única forma de acabar con el caos o con el sistema, dependiendo de si son manifestantes o ciudadanos cansados de tanta violencia. La baja aprobación de la mesurada gestión del gobierno del Presidente Piñera -que habla en todos sus últimos discursos de la humildad y de haber escuchado a la gente- apoya mi tesis.

En suma, en medio de una creciente polarización, la protesta chilena muestra claramente elementos propios del populismo. Lo que puede conducir a la elección de un gobierno de extrema derecha, que una mayoría considere la única respuesta clara al extremismo anarquista de izquierda, que se ha convertido en un verdadero vandalismo. La polarización es el semillero del extremismo y ambos se retroalimentan.

Pienso, sin embargo, que para enfrentar a la extrema izquierda, no se necesita ser de extrema derecha, sino ser un demócrata o una demócrata.


[1] Su tweet de 5 de noviembre: “No se olviden que en Brasil, después de las protestas del 2014, una mayoría terminó votando a Bolsonaro. Nada como  el miedo a que el país se hunda en el caos para hacer subir como la espuma la popularidad de candidatos de extrema derecha”.

[2] @RuizFernandezDJ, el 5 de noviembre.

[3] El Manifiesto Comunista advertía: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”. El Manifiesto fue publicado en 1848 en Londres, financiado por el millonario empresario textil alemán, Friedrich Engels.

[5] Sobre la dicomtomía amigo-enemigo en Carl Schmitt (tan presenta en la extrema izquierda latinoamericana, como en la extrema derecha europea) me referí tangencialmente en El nuevo orden según Carl Schmitt

[6] Chile no es ni una democracia iliberal (extremismo de derecha), ni una democracia popular (extremismo de izquierda). Ver mi columna Teillier: “puede que se pierda en el Parlamento, pero no en las calles”

[10] Ver un antiguo artículo de Teodoro Ribera, en Estudio Públicos: ALCANCES Y FINALIDAD DEL ART. 89 DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DEL 80, donde explica el concepto de democracia militante o protegida y, sobre todo fójense en el Orden fundamental de libertad y democracia.

[11] Recuerdo que a mi amigo Ricardo Pössel le quemaron el auto en una protesta estudiantil, claro que eso fue bajo un gobierno anterior y en una protesta anterior.

[12] El hermano de la señora que trabaja en la casa de una amiga, no lo tuvo… Ver la primera frase de mi columna La protesta originariamente social y el estado de excepción en Chile

[13] Carlos Peña: En la crisis, fortalecer al Estado, 24 de octubre de 2019.

[15] Por whatsapp, mi amiga me cuenta que, frente a su casa, están “quemando la bandera, después de arrancar el semáforo y robarse los adoquines de la casa del lado para tirárselos a carabineros”. Pueden ver aquí la parte del video en que se ve mejor lo que mi amiga describe.

“…en los saltos sin las instituciones ganan los prepotentes, gana la extrema derecha o la extrema izquierda”

Escribo este artículo impactada por las imágenes de las dos carabineras quemándose debido de una bomba lanzada por un manifestante. Y lo peor son las “opiniones” en redes sociales, sarcásticas y carentes absolutamente de empatía que dicen que todo es un montaje… O que los carabineros se lo merecen o frases por el estilo.

Sin duda, para algunos personas, Carabineros representa al estado, al estado de derecho y a las instituciones. Todo eso que ellos detestan y que ha servido para que -no sin razón- sean calificados como anarquistas. “Para el anarquismo toda institución resulta insoportable, opresiva, de modo que la libertad sólo se alcanza en la lucha contra las instituciones”. Y es una lucha de suma cero, en que si yo gano, el otro pierde y viceversa; no es posible la cooperación. “Para el anarquismo toda institución resulta insoportable, opresiva, de modo que la libertad sólo se alcanza en la lucha contra las instituciones”[1].

Pareciera que las normas más fundamentales de convivencia humana se destruyeran poco a poco en Chile. Sé que es una minoría; pero es una minoría que se hace sentir. Que se apropia de las redes sociales y que toma la calle. Esta minoría, pareciera tener más tiempo que los demás, o más entusiasmo y estar más comprometida, comprometida en la lucha. En otras palabras, pareciera ser un sector más fanático. O simplemente ser un sector minoritario, pero fanático.

Pienso que “la lucha callejera no es, de ninguna manera, el lugar donde se elige a quien representa al pueblo. Quienes salen a las calles a destruir, a quemar, a golpear a otras personas, nunca pueden ser representantes del pueblo”[2], escribía la semana pasada. Hoy tengo que agregar, quienes salen a quemar a otras personas… Me pregunto si el joven que lanzo la Molotov siente hoy algún tipo de remordimiento, si está un poco arrepentido. O si su acción es celebrada, glorificada por sus compañeros en la lucha contra las instituciones.

En medio de este tumulto, emerge la voz ecuánime y pacificadora del jesuita Felipe Berrios que, en su mensaje No destruyamos nuestras instituciones, cuidemos nuestra democracia[3], señala que “las instituciones, por más débiles que sean, son la protección al más débil y el freno al prepotente”.

Si alguien quiere cambiar algo[4], “hay que hacerlo a través del sistema político que tenemos”. Aclara: “a través de los alcaldes que tenemos”, “de los senadores y diputados. “Yo he escuchado voces: que renuncie el presidente de la república. Te guste o no te guste, es el presidente que escogimos los chilenos y a través de él tenemos que ver el cambio. Pero no nos engañemos, que en los saltos sin las instituciones ganan los prepotentes, gana la extrema derecha o la extrema izquierda”.

“A mi modo de ver, arrogarse la facultad de representar al pueblo al tiempo que se la niega a quienes realmente han sido elegidos tiene un nombre muy simple: populismo”[5]. La protesta chilena, tanto la violenta como la pacífica, tienen fuertes elementos populistas. Lo que veo hoy en Chile me hace pensar en Europa de los años 1930, cuando grupos fascistas comenzaron a dominar la calle. Eran pocos, pero fueron muy eficientes. Los países cayeron uno a uno bajo la dominación totalitaria.


[3] En El Mostrador, con subtítulos.

[4] Muchos de nosotros queremos cambiar mucho, ver mi columna La protesta originariamente social y el estado de excepción en Chile

Teillier: “puede que se pierda en el Parlamento, pero no en las calles”

Esta semana, alguien escribía en Twitter “pensamos que el voto es la manera democrática de elegir a nuestros líderes que manejan al país”[1]. Exacto, este es el quid, es la esencia de la democracia liberal representativa, como la conocemos en el mundo civilizado y la vivimos en los países democráticos.

Últimamente, alguien ha hablado de una “democracia iliberal”, término que me recuerda a la llamada “democracia popular” de antaño, a la que, sin duda, se parece demasiado.

El voto, las elecciones periódicas, libres e informadas son la única manera de elegir a los representantes del pueblo. Antiguamente, se llamaba sediciosos a quienes se arrogaran la representación popular sin haber sido elegidos democráticamente.

Da lo mismo que “el pueblo se equivoque”, yo estoy obligada a respetar la decisión mayoritaria. Eso sí, siempre respetando la opinión de la minoría. Se puede decir que, en la democracia, a la minoría la tratamos con cariño y empatía.

En prácticamente todos los sistemas democráticos, existen mecanismos para que las minorías sean plenamente respetadas y tengan representación parlamentaria. El conocido “The winner takes it all” es un procedimiento muy antiguo, de los primeros tiempos del parlamentarismo y está en retroceso.

En algunas elecciones ganan los unos, en las otras, ganan los otros. En Chile, por ej., durante los últimos treinta años, 25 de ellos han gobernado sectores de izquierda y sólo cinco, lo han hecho los de la derecha[2]. Quiénes se quejan tanto de que las cosas andan mal, deberían recordar esta circunstancia antes de culpar de todo el gobierno que asumió hace un año. En el país, ha habido alternancla en el poder que es condición sine qua non de la democracia[3].

Gobernantes que se eternizan en el poder, de los que vemos algunos ejemplos en la Región (Bolivia, Venezuela) son cualquier cosa, menos gobiernos democráticos. Familias que se eternizan en el poder (como en Argentina) se hallan al borde de la demagogia, que es lo contrario de la democracia.

La Constitución señala acertadamente en sus artículos 4 y 5 inciso 1°:

Artículo 4°. Chile es una república democrática.

Artículo 5°. La soberanía reside esencialmente en la Nación. Su ejercicio se realiza por el pueblo a través del plebiscito y de elecciones periódicas y, también, por las autoridades que esta Constitución establece. Ningún sector del pueblo ni individuo alguno puede atribuirse su ejercicio.

Sí, “el voto es la manera democrática de elegir”, tanto en elecciones, como en plebiscitos. Los representantes del pueblo se eligen en elecciones libres, pacíficas e informadas, como ocurre en Chile. Me puede gustar o no el candidato o la candidata ganadora; pero independientemente de ello, tengo que aceptar su triunfo, reconocerlo y felicitarlo/a.

Cuando el presidente del Partido Comunista chileno Guillermo Teillier[4] asegura que ante el eventual fracaso de una por él planeada acusación constitucional contra Piñera, “puede que se pierda en el Parlamento, pero no en las calles”, se coloca claramente fuera del estado de derecho y con ello, fuera del sistema democrático de gobierno.

Asimismo, el pueblo que enfrenta al parlamento es un tópico propio del populismo actual, de extrema derecha y de extrema izquierda. El populismo es una lacra que acaba por destruir la democracia si no se lo para a tiempo.

La lucha callejera no es, de ninguna manera, el lugar donde se elige quien representa al pueblo. Es más, quienes salen a las calles a destruir, a quemar, a golpear a otras personas, nunca pueden ser representantes del pueblo.

Es en las elecciones donde se determina hacia donde va el país, hacia donde se dirige la sociedad. Las elecciones y nunca la violencia, sea violencia callejera o de otro tipo. Saqueos, quemas, barricadas, etc. Pero parece que hay gente que cree que vivimos en 1917 y en Rusia.

En estos días, un usuario de Twitter me decía que algo así como que los grandes cambios sociales se produjeron en la historia mediante la violencia, las barricadas, el terror. Es cierto que en las revoluciones de los siglos 18 y 19 hubo gran violencia; pero también es cierto que los cambios se produjeron más bien a través, del pensamiento, de los libros, de los diarios, de los afiches, en otras palabras, del pensamiento, de la Ilustración. 

Las revoluciones de fines del siglo 20, contra los regímenes comunistas fueron pacíficas, como corresponde al nivel de desarrollo intelectual de la sociedad de hoy.

Sólo el estado tiene el monopolio de la fuerza y lo ejerce de acuerdo a derecho. A este punto me referí explícitamente en mi columna de la semana pasada[5]. Este es el quid, la esencia del estado de derecho que, a su vez, pertenece a la esencia o el quid de la democracia.

No queremos volver a la época de las cavernas donde no se conocía el imperio de la ley, sino la ley del más fuerte, del que peleaba mejor. Podemos decir sin temor a equivocarnos que una supuesta democracia sin estado de derecho no es democracia.

Pero en la sistemática del partido comunista, Teillier tiene razón: la lucha debe seguir hasta que el proletariado conquiste el poder. Conquista que se efectúa por cualquier medio: a través de la vía electoral (que curiosamente se conoce como “la vía chilena”) o de la vía armada, de la revolución. En este punto, Stalin es un buen ejemplo.

Finalmente, sólo puedo decir que, cuando algunos se consideran a sí mismos, como los únicos representantes del pueblo, pese a que su partido apenas llegó al 5%[6] en las últimas elecciones parlamentarias, hay algo que no me cuadra.

A mi modo de ver, arrogarse la facultad de representar al pueblo al tiempo que se la niega a quienes realmente han sido elegidos tiene un nombre muy simple: populismo.

Llamar a luchar en las calles, aunque se haya perdido en el Parlamento tiene otro nombre muy simple: extremismo.


[1] M. Soledad Brito @choibrito Su tweet

[4] Bien atrasado está Chile todavía con un partido comunista… El comunismo pasó hace mucho tiempo de moda. Está totalmente passé. Tengo que confesar que, me causa bastante vergüenza reconocer, frente a mis amigos extranjeros, que en Chile aún hay un partido comunista, algo totalmente arcaico, anticuado, pasado de moda, sobrepasado por la historia.

La protesta originariamente social y el estado de excepción en Chile

Dedico este artículo a un joven de San Bernardo que perdió su vida -fue asesinado- por personas que saqueaban su almacén. Y que es cercano a la familia de una querida amiga.

La revista alemana Spiegel comentaba esta semana que nos sorprende lo que pasa actualmente en Chile, hasta ahora el mejor alumno o el primero de la clase en Hispanoamérica[1]. Me gustaría expresar algunas ideas acerca de cómo veo yo el problema de la protesta en Chile 2019.

Hay que considerar que “Chile posee la renta per cápita más elevada de América Latina​ y pertenece a la categoría de países de ingresos altos según el Banco Mundial”[2]. El problema chileno no es de falta de crecimiento, sino de distribución o más bien de redistribución de la riqueza. A mi modo de ver, un conflicto típico en países que van creciendo.

Estamos frente a una protesta social o inicialmente social. Este fue su detonante y nadie la veía venir tan pronto, al menos, no con esta intensidad y violencia. La desigualdad económica es en Chile un tema preocupante. Cada país con gran desigualdad es un país que camina al borde del abismo, esto, independientemente de otros indicadores socioeconómicos positivos.

De este problema chileno advierte la OECD desde hace años. Un país con gran desigualdad no sólo presenta estadísticas de criminalidad más altas, sino que también es caldo de cultivo de disturbios sociales.

Chile es un país cuya economía ha crecido muy rápidamente. Donde el éxito ha coronado muchas cabezas. Lo que es encomiable, meritorio y hay que celebrarlo. Sin embargo, esto ha llevado a aumentar la desigualdad, ya que algunos han visto coronados sus esfuerzos por el éxito y otros no.

Muchos han quedado en el camino: los ancianos, los poco calificados y quienes han tenido mala suerte o no han podido o no han sabido aprovechar las oportunidades. O tal vez han tenido otras prioridades muy legítimas y han escogido otras alternativas que no conducen necesariamente al éxito económico. Pienso que personas que cuidan a familiares enfermos, a mamás o papás que cuidan a sus hijos, en artistas, en científicos, en deportistas, en religiosos y religiosas…

El éxito no es sólo económico, hay muchas personas económicamente pobres; pero muy exitosas. Hace pocas semanas inauguraron en La Reina -mi comuna- una estatua homenaje a Violeta Parra, pienso en una persona exitosa como ella. Pienso en los científicos chilenos, algunos de ellos co-autores de descubrimientos tan trascendentales como la expansión acelerada del universo; pero de ninguna manera multimillonarios.

Pero desde el punto de vista únicamente económico, el problema no es que muchos hayan logrado el éxito material y que ganen mucho dinero. El problema es que muchos ganan muy poco. Y en la sociedad chilena -como en muchas otras- el éxito ha empezado a medirse únicamente por la cantidad de plata de que dispones. Para mí, eso es un espejismo.

También yo iría a protestar pacíficamente en contra de la desigualdad económica. Como muchas otras personas, soy partidaria de un estado social, lo que, de ninguna manera contradice la economía social de mercado, que no sólo es el sistema más eficiente, sino también el más justo. Pero la economía no es sólo economía de mercado, sino que es economía social de mercado[3].

Las acciones de protesta, las manifestaciones comenzaron siendo una protesta netamente social, que muy pronto se desbordó y se descontroló. La consecuencia fueron saqueos e incendios, robos, agresiones, heridos y hasta muertos. De pacífica, no le quedó nada, ni siquiera el nombre.

Fue un poco como lo que ocurrió en Francia con las chaquetas amarillas que empezaron reclamando por el alza del precio del diesel -en Chile, del alza los boletos del Metro- y acabaron en un movimiento en que se unieron extremistas de derecha y extremistas de izquierda, en una alianza insana y deletérea que se hace cada vez más común en el mundo occidental. Entre paréntesis, el elemento de emulación no se puede dejar de lado en Chile, donde amplios sectores de la población viven mirando en internet lo que pasa en el sur de Europa. La rabia y la indignación no son buenas consejeras, ni en Sudeuropa, ni en Chile.

El derecho a a manifestarse en forma pacífica es un derecho importantísimo e irrenunciable en una democracia liberal representativa. Como me comenta una amiga con respecto a las protestas: “el problema es que parten bien; pero luego llegan los encapuchados”[4].

El estado tiene que garantizar la seguridad de quienes participan en manifestaciones, las que siempre deben atenerse a la ley y respetar el orden público. Las manifestaciones violentas son -sin excepción- absolutamente inadmisibles y contrarias a derecho. El estado debe impedir y castigar la violencia en las manifestaciones y garantizar que éstas se realicen en paz. Esta es una exigencia irrenunciable del estado de derecho.Dedico este artículo a un joven de San Bernardo que perdió su vida -fue asesinado- por personas que saqueaban su almacén

Sin duda, protestas violentas, con “lanzapiedras”[5] y saqueos no sólo no ayudan en nada a la población, sino que la perjudican. Especialmente a la gente más pobre de la que dicen representar. La gente pobre, los ancianos quedan desprotegidos y al amparo de bandas de maleantes. No dudo que haya gente realmente solidaria y bien intencionada entre quienes protestan. Me gustaría que no se dejaran utilizar. Así no se ayuda efectivamente a los más pobres. Así no se supera la desigualdad. Más bien, parece que, con la violencia, la desigualdad aumentara.

Especialmente grave me parece el incendio del edificio de El Mercurio de Valparaíso, el diario más antiguo de habla hispana que aún existe, lo que es un orgullo para Chile. La libertad de prensa es uno de los valores más importantes y emblemáticos de toda sociedad libre y democrática. El hecho de que, precisamente un medio de comunicación antiguo, prestigioso y como tal, emblemático, haya sido incendiado por los manifestantes es gravísmo. Y nos dice mucho acerca del rumbo que ha tomado la protesta en Chile que de social, poco y nada le va quedando.

En este escenario, lo más sensato que puede hacer un gobierno es decretar el estado de excepción. En Santiago[6] y luego en otras ciudades. La Constitución política establece que, en caso de una grave alteración del orden público o de grave daño para la seguridad nacional, el presidente de la República podrá declarar el estado de emergencia, para las zonas afectadas. Zonas que empezaron con Santiago y se han extendido a otras ciudades. La emergencia se extiende por un periodo de tiempo, en principio de 15 días, prorrogable bajo ciertas condiciones.

De acuerdo al art. 42 de la Constitución, “declarado el estado de emergencia, las zonas respectivas quedarán bajo la dependencia inmediata del Jefe de la Defensa Nacional que designe el Presidente de la República. Este asumirá la dirección y supervigilancia de su jurisdicción con las atribuciones y deberes que la ley señale”. Esta es la razón por la cual, “los militares salieron a la calle”: para velar por el orden público.

Lo normal es que las fuerzas de orden, esto es, Carabineros, sean los garantes, los guardianes del orden público, que protejan a los ciudadanos, la paz en las ciudades, el resguardo de la convivencia pacífica. Pero, cuando la situación se descontrola -lo que no es lo normal, por eso el estado de excepción constitucional es, como lo dice su nombre, una excepción[7]– se recurre a las fuerzas armadas para que contribuyan a mantener el orden público, esencial para una convivencia pacífica y libre de violencia.

No es lo normal, es la excepción. La finalidad del estado de excepción -que siempre es temporal- es el retorno a la normalidad. Incluso, dentro de la excepción, el estado tiene el deber de respetar los derechos fundamentales, entre ellos el derecho a manifestarse. De esto son una buena muestra las manifestaciones realizadas en sectores acomodados de Santiago (como las de Vitacura y de Plaza Ñuñoa). Sus hashtags #noestamos en guerra y #elamoresmásfuerte son representativos de un público pacífico. O bien cuecazos en diferentes esquinas de ciudades chilenas, de día y con protección policial.

El estado de derecho tiene el deber de defenderse. Tiene que defenderse. La sociedad se defiende a través del derecho. El imperio de la ley prevalece sobre la violación masiva del orden jurídico. Evidentemente, las fuerzas armadas están igualmente sujetas a la ley durante sus patrullajes y sus actuaciones, en resguardo del orden público y quedan sujetas al eventual dictamen de los tribunales de justicia. Todo abuso de poder tiene que ser castigado. Asimismo, los delitos cometidos por encapuchados, saqueadores o ladrones, que se aprovechan de la situación, no pueden quedar impune.

Las fuerzas armadas no realizan normalmente labores de policía. Por eso, no es lo normal que salgan a la calle y es siempre algo arriesgado. Se puede decir que las fuerzas armadas “ayudan” a Carabineros en una situación excepcional. Esto existe en todos los ordenamientos jurídicos de los países civilizados e incluso, en algunos se habla de una “asistencia administrativa” de las fuerzas armadas en beneficio de las policiales. Aunque no es exactamente el caso en el derecho chileno.

Me parece que es una falsedad -y un gran sarcasmo- sostener que los saqueos se produjeron debido a la presencia de los militares en las calles. Asegurar que, si ciertos manifestantes ven a militares, automáticamente empiezan saquear negocios… no sé si es sarcasmo o simple estupidez.

Es precisamente al revés, si no hubiera habido saqueos, incendios y si no se hubiera cometido delitos graves contra la integridad de las personas, no habría sido necesario decretar el estado de excepción, con todas sus consecuencias. Durante el terremoto de 2010 también lo comprobamos: la presencia de militares impidió que los saqueadores continuaran con sus acciones en alguna ciudad del Sur. La violencia es la causa del estado de excepción y no su consecuencia.

El lenguaje de la democracia no es la violencia, menos los robos, saqueos y asesinatos. El lenguaje de la democracia es el argumento, es la palabra. La palabra es lo contrario a lanzar piedras o a incendiar diarios, autos, buses o el Metro de Santiago. El populismo de izquierda y de derecha, la descalificación del adversario político -que no es enemigo[8]-, el odio, la mentira, las fake news[9] carcome y finalmente destruye el sistema democrático de gobierno y lleva al totalitarismo. Muchos ejemplos nos da la historia del siglo 20.

Las personas más perjudicadas con los actos de violencia son precisamente aquellas que los manifestantes pretenden defender: los menos favorecidos, los más pobres, quienes quedan más desprotegidos frente a la violencia. Pienso en el joven que defendía su negocio en San Bernardo y que fue asesinado por saqueadores.


[1] Gewalt in Chile Es brennt im Musterland = Violencia en Chile. Arde en el país modelo.

[3] El llamado estado social no es de ninguna manera la caricatura del welfare state o estado benefactor que pintan algunos extremistas cuyas ideas proceden de alguna literata frustrada procedente originalmente de Rusia. Cuya ideología es frecuente en países hispanoparlantes.

[4] La prohibición del encapuchamiento es una norma generalizada en todas las democracias desarrolladas. Me pregunto si no existe en Chile o no se hace cumplir. O simplemente a los violentistas no les importa.

[5] Miren al hombre de la polera roja… le lanza una piedra o un ladrillo al radiopatrulla en medio de un taco, con eso pone en peligro no sólo a los carabineros sino también a los conductores de los otros vehículos: https://twitter.com/MartaSalazar/status/1186267761430978562/video/1

[7] Ver mis columnas “Soberano es quien decide sobre el estado de excepción” y Schmitt y el estado de excepción – Peligrosamente actual No se puede hacer de la excepción la normalidad, como hace Schmitt, considerado un “fanático del estado de excpeción”.

[8] … a diferencia de lo que plantea Carl Schmitt, lamentablenente muy popular entre la izquierda latinoamericana.

[9] Como aquella imagen que circulaba en las redes sociales que mostraba un supuesto screenshot de la televisión alemana que habría calificado al Presidente Piñera como un dictador (Dikator). Nada más falso, los medios alemanes han sido bastante ecuánimes para informar sobre la protesta en Chile.

Voto chileno en el extranjero – Mi experiencia en las primarias del 2017

Dos intensas horas de viaje de ida -lloviendo a cántaros- y otras dos de vuelta -muy tarde y con sueño-. Una noche en “cama ajena”… y menos mal que tengo amigos en esa ciudad que me ofrecieron una cama fue agradable, en un sector tranquilo de la ciudad[1], sino, habría tenido que irme a un hotel ($$$). Sin embargo, todo el esfuerzo valió la pena.  

Sí, valió la pena pasar más dos horas del día sábado en el Consulado de Chile y 12 horas y media (hubo gente que se tuvo que quedar más tiempo) del domingo sin poder abandonar la oficina. Incluso, sin poder salir de la sala donde estaba instalada la mesa número uno -mesa única- sin que quedaran en ella, dos de mis compañeros vocales[2].

Sí, reitero que valió la pena. Sin duda, hicimos historia. ¿Qué significa “hacer historia”? En este caso, significa simplemente que, por primera vez en la historia de Chile, se aplicó la Ley de reforma Constitucional N° 20.748[3], que “reguló el ejercicio del sufragio de los ciudadanos chilenos que residan en el extranjero”[4]. Por lo tanto, casa vez que se escriba acerca del sufragio en Chile, van a mencionar este hecho.

Somos medio millón de ciudadanos y ciudadanas en el extranjero. No estamos en Chile, por diversas razones y generalmente, no porque queramos, sino por estudio, trabajo o razones familiares. Pienso que, a estas alturas, ponerse a debatir sobre si es bueno o no que votemos los ciudadanos que vivimos en el extranjero, no tiene mucho sentido. Sin embargo, el hecho de que no todos se hayan inscrito es una especie de “selección natural”, en el sentido que: quienes nos interesamos por los temas que afectan a la sociedad chilena, nos inscribimos, nos informamos y vamos a votar. Por su parte, a quienes esto ya les es muy difícil, porque están muy desvinculados de Chile, simplemente no se inscribieron o no van a ir a votar. Después de todo, el voto es voluntario.

Fue muy grato ver a jóvenes, muchos de ellos, estudiantes en Alemania, ir a votar. No tengo una estadística; pero puedo decir que la mayoría de quienes votaron en el Consulado donde me tocó ser vocal, eran jóvenes, algó así como el 75 ó el 80%. Un grupo grande de genete joven llegó “en patota” desde una ciudad. Nos contaron que se habían puesto de acuerdo en las redes sociales y compraron un pasaje de grupo, que es más barato. Verdaderamente ejemplar.

Por otro lado, es igualmente elogiable, que algunas abuelitas y abuelitos acudieran a la urna (era una sola, por eso, no escribo “a las urnas”, como de dice generalmente). Familias enteras, donde uno o dos de sus miembros eran chilenos. Mamás con hijos en edad de votar y también, papás de otros niños mucho más chicos, incluso guaguas. Y una compatriota embarazada que nos contó que se había quedado a dormir en la casa de una amiga de otro país de Sudamérica, para poder acudir a votar. Si esto no es ejemplar 🙂

Evidentemente, mucha gente no fue a votar a las primarias, simplemente porque no pudo. De ninguna manera por ser floja o estar desinteresada, como he leído en algunas críticas que se hacen, como para desprestigiar el voto en el extrerior o el mecanismo de las primarias del que, creo que podemos estar orgullosos, ya que significa una sola cosa: más democracia.

Algunos no fueron a votar porque no pudieron. Tú no tienes ni plata, ni tiempo sin límite y algunos amigos prefieren guardar la plata y la energía para la elección presidencial y, eventualmente, para la segunda vuelta. La vida en Alemania no es fácil y mandarte cambiar todo un fin de semana, significa dejar muchas cosas sin hacer. Si tienes niños chicos, es casi imposible hacerlo. Los trenes son muy caros, los buses son muy incómodos. Y está el factor tiempo: viajar cuantro, cinco o seis horas de ida y otras tanteas de vuelta no es algo que tú hagas así no más. Si no tienes una familia que te apoye, es imposible viajar o arriesgas una pelea grande.

Ser vocal, tampoco es fácil. Aunque vivas dentro de la misma ciudad. Los domingos en Alemania, andan pocos buses y pocos trenes. Además, desde hace años, el país está surcado por diversas “obras en el camino” y se cierran calles y rutas. De hecho, uno de los vocales de mi mesa, tuvo que pedalear 20 kilómetros de ida y otros 20 de vuelta en bicicleta, porque no quería arriesgarse a llegar tarde o a no poder llegar por un problema que había de buses y trenes. Ese vocal es mi héroe del año 2017. 

Como me escribe un amigo fueron “momentos inolvidables, grata la convivencia con compatriotas cumpliendo un derecho civico”. Sí, así fue no más. Las empanadas que donó alguien para la hora de almuerzo fueron un momento top del día (no podíamos salir del edificio y aunque hubiéramos podido, estaba todo cerrado). Pero lo mejor fue la buena onda de todos, especialmente grata fue la amabilidad del secretario de la mesa que saludó prácticamente a todos los votantes, dándoles la mano. Asimismo, en forma espontánea y sin que nadie lo dijera, aplaudimos a todas y cada una de las personas que acudió a votar. Hacerlo fue una reacción irresistible, algo que hiciemos al unísono, que nos salió del alma y sin afectación alguna[5].

Nuestro trabajo como vocales tuvo muchas luces; pero donde hay luz hay también sombras. Triste fue comprobar que personas que habían viajado, desde lejos, a votar, no aparecían en el padrón de electores, esto es, en la lista que se había confeccionado con el nombre de todas aquellas personas inscritas voluntariamente antes del 3 de mayo. La razón de ello es que no leyeron -debo reconocer que yo tampoco lo leí- un mail de Servel en que se aclaraba: “¿Quiénes pueden votar en Primarias? Si actualizaste tu domicilio hacia el extranjero o solicitaste tu inscripción en el Registro Electoral antes del 3 de mayo y te encuentras en los padrones de Mesa, ¡puedes votar en estas Primarias!”. Tal vez, habría sido necesario explicar que “si te inscribiste después del 3 de mayo, entonces no puedes participar en las primarias”. Sólo en las presidenciales de noviembre próximo y en la eventual segunda vuelta. Sí, triste era comprobarlo y más triste era decírselo. La expresión de sorpresa negativa -por llamarlo de alguna manera- del afectado era innegable y nos entristecía a todos.

Más sombrío aún es el caso en que una persona quería votar por un candidato de la cédula única; pero sólo podía hacerlo por uno de la lista B, ya que se hallaba registrada como militante de un partido político del llamado “Frente Amplio”. El problema es que esa persona no estaba afiliada -nos aseguró y le creo- a ninguna colectividad política de ese sector; pero aparecía como su militante. Esto es muy, pero muy grave, ya que significa que algunos partidos nuevos, en su desesperación por constituirse, al parecer, recurrieron a la suplantación de personas, al uso indebido de la firma y los datos de alguien, para hacerlo aparecer como fundador/a de su partido y así poder participar en el concurso electoral. Todo vale, piensan algunos… Todo vale, incluso el juego sucio, la mentira y el engaño. Dependiendo del número de firmas falsificadas, tal vez, estas agrupaciones ni siquiera podrían haber participado en las primarias. Recurriendo a este verdadero fraude y quitaron el derecho a voto a un compatriota, a una compatriota. Realmente, este hecho empañó todo el proceso. Demostró que parece que hay gente que aún no capta las reglas básicas y más elementales de la democracia. Que en en fondo, las rechaza…

Reprobables fueron también los llamados de algunos a votar por el candidato Ossandón para impedir que ganara Sebastían Piñera, al que parece que le tienen más miedo o consideran menos susceptible de ser vencido. Incluso, circulaba en las redes sociales una poesía super irrespetuosa e intolerante en que se impelía a votar por Ossandón y no “por el ladrón”. El llamado anti-voto. Otra gente que no capta las reglas más básicas de la democracia. Conversando, a posteriori sobre el tema, algunas personas me decían que ellos no veían “nada de malo en esto”. No sé qué decirles… El voto de una persona de izquierda por un candidato de derecha sólo para impedir que gane otro, se basa en una mentira. Se trató de tergiversar la decisión popular de manera artificiosa y mediante un engaño. Si alguien no lo entiende y ve el proceso democrático sólo como un mecanismo que se puede manipular al antojo, entonces, no ha captado nada de lo que significa la democracia. Ni tampoco lo que es el estado de derecho. O, tal vez, deseen estas personas una “democracia iliberal” como hace el mandatario húgaro Viktor Orbán, de extema derecha.

También reprobable fue la campaña de la extrema derecha en contra de Felipe Kast. Tan baja como el poema de la extrema izquierda contra Piñera. Una vez más, podemos decir que los extremos se parecen mucho y que existe una personalidad extremista, da lo mismo si es de extrema izquierda o de extrema derecha, sectores -por lo demás- entre los que existe una gran cantidad de vasos comunicantes.

Al final de la jornada, luego de contar los votos y dar los resultados, ceremonia republicana a la que asistió público, los vocales de mesa, los miembros de la junta electoral y un vocal que nos había acompañado durante todo el día, tuvimos que quedarnos trabajando cerca de dos horas o más después de haber cerrado la mesa. Lo que era grave, ya que Chile y Alemania jugaban la final de la Copa de Confederaciones en el estadio Krestovskyi. Quedarnos a contar los lápices, a echar a los sobres los respectivos votos, firmar cajas que había que enviar a Chile por valija diplomática, significaba quedarse sin ver el partido. Gracias a Dios, alguien sacrificó heroicamente su volumen de internet y pude ver -de reojo- el primer tiempo y el lamentable único gol del partido.

Nos fuimos a la casa -o a algún public viewing a ver el partido, cansados, pero felices. Como escribe mi amigo, fue algo “muy emocionante y al mismo tiempo me siento orgulloso haberlo logrado”. También yo lo veo así 🙂


[1] Circunstancia muy importante para una persona de sueño ligero, como yo. Problamente en mi vida anterior fui animal preferido por algún carnívoro depredador.

[2] Los minutos en el baño -indispensables para toda persona humana- y en la cocina para tomar agua o un café o un rico kuchen que alguien había llevado, estaban contados.

[4] “El 3 de mayo de 2014 se publicó la Ley de reforma Constitucional N° 20.748, la cual reguló el ejercicio del sufragio de los ciudadanos chilenos que residan en el extranjero. Esta reforma tuvo su origen en la moción presentada por las entonces senadoras Isabel Allende Bussi y Soledad Alvear, y los senadores Alberto Espina, Hernán Larraín Fernández y Patricio Walker Prieto. Se agregó un nuevo inciso al artículo 13 de la Constitución”, Voto de chilenos en el extranjero, en Wikipedia.

[5] Demás está decir que, en nuestra función, fuimos total y absolutamente imparciales. Obvio y lógico. Ninguno de nosotros expresó ni una sola palabra en cuanto a preferencia política.

Liberales y autoritarios en vez de izquierda y derecha

Ideólogos de las más diversas tendencias no se han dado aún cuenta de que la diferencia ya no es más entre derecha e izquierda, sino entre liberalismo y autoritarismo[1], Sabine Adler.

No es que la diferencia entre derecha e izquierda haya perdido todo su sentido. No. Pero, a nivel mundial, tiene ahora otro. No se puede comparar lo que llamamos derecha, por ej., en Chile, con lo que se llama derecha en el Norte de Europa.

Después del término de la Guerra fría, la derecha tiene que ser conceptualizada de otra forma, al menos en el primer mundo y en Rusia. Lo que antes llamábamos derecha -la alianza entre conservadores y liberales que hacían frente al mundo totalitario del comunismo- ya no existe.

Para nosotros en Latinoamérica, la “derecha” sigue siendo una alianza entre liberales y conservadores. En Europa, esa unión dejó de existir o se encuentra reducida a su mínima expresión[2]. En Europa, Merkel es la mejor encarnación del mundo conservador. O si prefieren, liberal-conservador del estilo que líderes como Reagan y Thatcher representaron alguna vez.

Pero Merkel -la líder del mundo libre según Politico[3]– es duramente criticada por los conservadores de la antigua escuela, anteriores a la caída del Muro de Berlín, como izquierdista, partidaria del multiculturalismo -que ella misma ha criticado-, socialista y un gran etcétera de calificaciones, todas negativas.

Un sector conservador, pequeño pero influyente -debido a su prestigio social, a sus recursos económicos o a su tradición cristiana, se ha aliado a grupos extremos que ya no podrían calificarse de conservadores, sino más bien como de populistas de derecha o de extrema derecha nacionalista. Tal grupo anatemiza a todos los demás, como izquierdistas, como hombres buenos (para ellos es una ofensa), como liberales de izquierda o simplemente como liberales.

Los parámetros han cambiado y lo han hecho en forma radical. Es por ello que muchos de nosotros, aún cuando mantenemos los mismos principios que hace veinte años, se nos tilda en Europa y otras latitudes, de izquiedistas, incluso de comunistas (esto último, especialmente de parte de españoles que consideran que ser “de derechas” es poco menos o poco más, que ser fascista y postear fotos de Mussolini en Facebook, su medio de expresión preferido).

Hace poco, critiqué la desigualdad del acceso a la educación en Chile, por lo que fui -a mi vez- criticada, como si una especie de darwinismo social fuera lo propio del pensamiento liberal conservador. Lo propio del pensamiento liberal-conservador que yo conocí, es precisamente la igualdad de oportunidades. El que el talento y las virtudes te permitan surgir, triunfar. Las virtudes, el esfuerzo y la constancia y no la cuenta bancaria de tus papás. Es lo que se llama la meritocracia.

Volviendo al tema inicial, izquierda y derecha, esos términos que poco dicen a nivel mundial, sí nos pueden aclarar mucho, a nivel local, ya que son una apropiada orientación dentro de la política local, nacional o regional. Pero es sumamente difícil aplicarlos sin más, a la hora de comparar países o continentes.

Asistimos hoy a espectáculos tan curiosos -por llamarlos de alguna forma suave- como que un ex-comunista soviético y ex-oficial de (des)información de la KGB -encargado de la represión de disidentes- sea el mejor padrino del movimiento de extrema derecha en Europa Oriental. Su patrocinio se implementa en tres niveles: dinero, medios y plataforma cultural pseudo religiosa.

A nivel europeo, encontramos a partidos como Syriza, el Partido socialista de Grecia, populista de izquierda, e integrado por grupúsculos comunistas, ecosocialistas, maoístas e incluso trotzkistas que, en cabezado por Alexis Tsipras, se halla en el gobierno en una extraña alianza con la extrema derecha nacional denominada ANEL, cuyo líder -y ministro de defensa griego- es su vez, aprendiz del ideólogo del Kremlin, Alexander Dugin.

Navid Kermani comenta que el slogan “Primero España” se ha convertido en una consigna de la izquierdista Podemos[4]. Kermani nos dice con razón que la izquierda, que siempre había sido pro-Europea y trans-nacional, parece haber dejado de serlo y que muchos izquierdistas pretenden refugiarse tras las fronteras nacionales, en el nacionalismo. A mi modo de ver, la unión entre socialismo y nacionalismo ha sido siempre deletérea.

Sin ir más lejos, en Alemania, la AfD se nutre de electorado de izquierda y de extrema izquierda. Y una de las líderes del Partido de izquierda -la más importante- sostiene posiciones de extrema derecha frente a los refugiados y a la inmigración, e incluso ha alabado a Trump en el Bundestag… Esto ha llevado a que el líder de la AfD, Alexander Gauland, la invite a dejar el Partido de Izquierda y a pasar a integrar su partido de extrema derecha.

En Alemania, en las Protestas de los días lunes (Montagsdemo) se unen tanto la extrema derecha populista como la extrema izquierda. E igualmente, grupos populistas de ambos extremos, que hacen de diferentes teorías conspiranoicas, una verdadera religión. Es una alianza demencial.

En su discurso ante la Cámara de los Comunes, frente a los atentados terroristas[5] de la semana pasada, la conservadora Theresa May sostiene con admirable firmeza we are not afraid y explica cuáles son los valores democráticos: libertad, libertad de expresión, derechos humanos y estado de derecho[6]. Sí, esos son los valores fundamentales de una sociedad democrática.

Cuando Trump fue elegido Presidente (pese a tener dos millones de votos menos que Clinton), la conservadora Merkel, en una declaración pública, habló de los valores comunes a Occidente, estos son: 1) democracia 2) libertad 3) respeto al derecho (estado de derecho, rule of law, primacía de la ley) 4) respeto a la dignidad de la persona, independiente de su origen, del color de la piel, de su religión, sexo, orientación sexual o lo que piense en política.

Sobre la base, y sólo sobre la base de estos valores, Merkel ofrece al nuevo presidente norteamerciano su colaboración para hacer frente a los grandes desafíos de nuestra época y enumera: 1) la aspiración al bienestar económico y social 2) la política climática, esto es, de protección del clima, están contra el cambio climático 3) la lucha contra el terrorismo, pobreza, hambre y enfermedad 4) el empeño por la paz y la libertad en todo el mundo[7].

Las de May y las de Merkel son las coordenadas en que nos movemos hoy los partidarios de la democracia y de la libertad en el mundo. Quienes defendemos el sistema político y social libre y pluralista, con respeto a los derechos fundamentales y a la dignidad humana. Habría que agregar la alternancia en el poder, piedra fundamental, cimiento del sistema democrático de gobierno.

Quienes adheremos irrestrictamente al mundo libre somos además, más felices, porque podemos interactuar con todo el mundo, sin tantas “trancas” como las que obligan a los partidarios del autoritarismo a indagar primero qué piensa la otra persona para saber si puede o no acercarse a ella. Lamentablemente, el lema de Carl Schmitt sobre los amigos y los enemigos se ha colado hasta en las más elementales relaciones interpersonales[8].

Si postulamos y defendemos nuestro sistema democrático y pluralista de gobierno, con alternancia en el poder y garantía para los derechos fundamentales, sabemos que podemos criticar el sistema. Como hace ver Popper, la critica tiene que ser democrática, ya que “hay una diferencia esencial entre la crítica en una sociedad democrática y la critica totalitaria a la sociedad democrática”[9].

Continúa Popper: “Un régimen totalitario naturalmente nunca puede ver cualquier crítica como amable, ya que cualquier crítica de la autoridad coloca el principio de autoridad en tela de juicio”[10]. Ya, la autoridad… de ahí la denominación autoritarismo. (Un intento de crítica en un sistema totalitario es imposible o trae consecuencias desastrosas a quien la realice, quien no lo crea, pregunte a Navalny y a todos los rusos arrestados ayer por protestar frente al gobierno de Putin).

El filósofo liberal explica: que “la crítica de Sócrates era democrática; de hecho, era una crítica del tipo que es necesaria para la supervivencia de la democracia”[11]. No sé qué piensen ustedes; pero yo estoy convencida que la crítica es el motor del progreso. Y que, en la democracia, la oposición es imprescindible.

Quiero ir un poco más allá y poner de manifiesto que la crítica no va dirigida sólo “al sistema” como tal, sino también, a los partidarios de diversas tendencias políticas dentro de la sociedad pluralista, abierta y variopinta. En una sociedad cerrada, esto es autoritaria, ello no es posible y toda crítica es rechazada con mal humor. O simplemente, se la califica como calumna o difamación, como hacen muchos autoritarios hoy en día. Quienes adhieren al totalitarismo, ven toda crítica o incluso sólo una simple interrogante o cuestionamiento como un terrible vilipendio o una gran ofensa.

Sí, los postulados de Merkel y de May son nuestras coordenadas. Pero estamos abiert@s a más. Tal vez, una de las mayores exigencias de nuestro tiempo, sea, por ej., lograr la igualdad entre hombres y mujeres, tan desprestigiada por los partidarios del autoritarismo[12], como si no fuera una expresión de la igualdad de todos los seres humanos.

Sí, nos abrimos como un abanico, independientemente de si antes, éramos de derecha o de izquierda. La guerra fría ya pasó[13] y con ella, las cartas se han vuelto a mezclar.


[1] “Ideologen unterschiedlicher Couleur haben immer noch nicht erkannt, dass die Gräben längst nicht mehr zwischen Links und Rechts verlaufen, sondern zwischen Liberalen und Autokratie-Anhängern”, Bundestagswahl 2017 Angst vor Fake News, Lügen und Verleumdungen (Elección de Parlamento de 2017. Miedo a las fake news, a las mentiras y a la calumnia).

[2] Invito a leer el artículo de Karen Horn „Ich halte derlei Flirts für einen üblen Fehler“ (Considero que este tipo de flirts son un error muy grande), citado abundantemente en mi columna Los conservadores de hoy, enemigos de la sociedad abierta, que invito a releer.

[4] “Denken Sie an die Linkenbewegung dort, in Spanien etwa, wo Podemos mit dem Slogan auch auftritt “Spanien zuerst”, en: Navid Kermani “Europa blockiert sich selbst”

[5] El terrorismo es totalmente contrario a la sociedad libre y democrática y lo más parecido al autoritarismo.

[6] “Mr Speaker, yesterday an act of terrorism tried to silence our democracy. But today we meet as normal – as generations have done before us, and as future generations will continue to do – to deliver a simple message: we are not afraid. And our resolve will never waiver in the face of terrorism. And we meet here, in the oldest of all Parliaments, because we know that democracy – and the values it entails – will always prevail.

“Those values – free speech, liberty, human rights and the rule of law – are embodied here in this place, but they are shared by free people around the world. A terrorist came to the place where people of all nationalities and cultures gather to celebrate what it means to be free. And he took out his rage indiscriminately against innocent men, women and children”.

[7] Ver mi artículo de noviembre pasado Merkel frente a Trump: el rayado de la cancha 

[8] Sí, me parece que esta mentalidad del amigo-enemigo, que se extiende en toda la obra schmittiana , ha sido deletérea y ha traído y sigue trayendo, grandes males a las relaciones internacionales, a la política interna de un país o de una región del mundo. De más está decir que una persona adherente del mundo libre, de lo que Sabine Adler llama el liberalismo que hace frente al autoritarismo, jamás podría ser fan de Schmitt. Este para mí, es un criterio de diferenciación esencial. Invito a leer mi columna El nuevo orden según Carl Schmitt

[9] “Aber es gibt einen grundlegenden Unterschied zwischen einer demokratischen und einer totalitären Kritik an der Demokratie”, pág. 254.

[10] “Ein totalitäres Regime kann natürlich überhaupt keine Kritik als freundschaftlich ansehen, denn jede Kritik einer Autorität muß das Autoritätsprinzip selbst in Frage stellen”, pág. 254.

[11] “Die Kritik des Sokrates war demokratisch; in der Tat, sie war eine Kritik von jener Art, die notwendig ist für den Weiterbestand der Demokratie”, pág. 254.

[12] Esta semana, uno de ellos (uno más o menos importante), me mandó a la cocina, a cocinar, en vez de estar debatiendo con él en Twitter. E incluso me llamó (sin saber nada de mí, sólo por mi condición de mujer) una mamá frustrada

[13] Aunque, a algunos les gustaría revivirla: La nueva guerra fría

Schmitt y el estado de excepción – Peligrosamente actual

800px-kopf_fc3bchrer_schc3bctzt_das_recht

Gracias a Wikimedia Commons por la imagen. Licencia CC BY-SA 3.0. En Alemania, Frei gem. § 51 UrhG (Zitat).

En mi columna anterior, me referí a los temores que muchos de nosotros tenemos al pensar qué podría ocurrir si Estados Unidos sufre un atentado terrorista, o se enfrenta a una catástrofe natural o a una crisis financiera nacional o internacional. Se tema que el gobierno de Trump culpe de ello, a un grupo étnico, religioso, político, o a cualquier minoría. Que decrete [1] el estado de excepción que le permite restringir los derechos fundamentales

En su artículo publicado en 1934,  “El Führer defiende el derecho”[2], Carl Schmitt -a quien se llama el Jurista de la Corona de la época nazi- plantea la tesis que el Reino alemán, fundado por Bismarck[3] sucumbió -en 1918[4]– porque el estado liberal habría estado paralizado y, en consecuencia, no habría tenido la fuerza para hacer uso de sus artículos de excepción[5]. Esta es la tesis inicial de Schmitt, tomada de un discurso de Hitler que él mismo cita, explica y elogia[6].

Por un momento, podemos pensar que Schmitt podría estar hablando del artículo 48 de la Constitución de Weimar[7], que se refiere a lo que hoy, en derecho constitucional, llamamos “estado de excepción” constitucional. Sin embargo, el entonces profesor de la Escuela superior de comercio de Berlín  y que aspiraba a una cátedra universitaria por todos los medios, se refiere más bien a un concepto diferente.

Según una de sus máximas más conocidas, “soberano es quien decide sobre el estado de excepción”[8]. Con esto, me parece que lo que quiere decir es que quien realmente es soberano no está sujeto a leyes, ni a constituciones, sino que está por sobre ellas y puede tomar las decisiones sin sujetarse a ellas.

Schmitt escribe que, “debido a la forma de pensar de un ‘estado de derecho’[9] liberal, paralizado, la burocracia civil no encontró el valor para darle a los amotinados y a los enemigos del estado lo que ellos merecían”.

En otras palabras, el Reino alemán fundado por el canciller de hierro a fines del siglo 19, no habría sucumbido por haberse embarcado en una guerra sin sentido -en la I Guerra o Gran Gierra, como se la llamana en aquel entonces-, ni por haber arrastrado a otros países tras él.

El Reino alemán habría sucumbido porque el estado de derecho propio del liberalismo se hallaba paralizado, inmóvil, ya que el liberalismo en sí sería “indeciso” e incapaz de reaccionar frente a sus “enemigos”. Schmitt usa la denominación “enemigos del estado” (Staatsfeinde), un término peligrosamente moderno.

El ocaso del Reino alemán habría sido pues la consecuencia de no haber reaccionado con la firmeza de un estado autoritario y no de uno liberal. El pueblo alemán habría resistido durante cuatro años los ataques de sus enemigos, en una heroicidad sin paralelo. Se refiere a la I Guerra Mundial. Y una camarilla de elite liberal lo habría destruido o permitido su destrucción.

Según Schmitt, sus dirigentes -hoy les llamamos “elite” o simplemente “los de arriba”- habrían fracasado en su lucha contra el envenenamiento del pueblo y la socavación del derecho alemán y del honor del pueblo.

Es evidente que por “derecho alemán”, Schmitt no se refiere al orden jurídico vigente entonces. De manera que el fracaso en la I Guerra es interpretado como consecuencia de la parálisis, las inhibiciones y la indecisión del gobierno liberal durante la guerra. En el fondo, de de no haber restringido lo suficiente los derechos fundamentales.

El Führer, esto es Hitler, interiorizaría en su persona -prosigue el jurista- todas estas advertencias históricas hechas a los gobernantes de ese periodo liberal y que elos no escucharon[10]. Con ello, en una forma que yo llamaría pseudo-mística, el Guía del pueblo -eso significa la voz alemana Führer- posee el derecho y también la fuerza para fundar un nuevo estado y un nuevo orden. Es el guía o conductor del pueblo y además. su juez, pues crea derecho.

Y concluye: el Führer protege el derecho cuando en el momento de peligro, crea el derecho. Esta es la idea que da el nombre al artículo aparecido en una revista jurídica.  

Tres años más tarde, a Hitler y sus nacional socialistas se les presentó la oportunidad y no la desperdiciaron, no fueron “indecisos”, como Schmitt acusa de ser a los liberales. En efecto, en 1933 y con motivo del “incendio del Reichstag”, los nazis culparon a la oposición del atentado incendiario y decretaron el estado de excepción, que les permitó conculcar los derechos fundamentales con la excusa de resguardar la seguridad del pueblo. ¿Les parece conocido?

Se usó un atentado incendiario cuya autoría, hasta ahora, no está clara, para justificar la opresión de los ciudadanos que quedaban así indefensos frente al capricho de un gobierno nacionalista y socialista. Al mismo tiempo, acabaron con la oposición. Este desequilibrio del poder -como lo llama Snyder[11]– fue el inicio o el paso definitivo hacia la dictadura nacional socialista.

No, la historia no se repite; pero reconoce ciertos modelos sociales que pueden volver a presentarse.


[1] Hasta ahora, ha gobernado -como los dictadores- mediante decreto. Executive order se llaman en EEUU.

[2] “Der Führer schützt das Recht”. Pueden encontrar el texto completo, con una corta introducción en esta dirección, que copia el texto original de la revista Deutsche Juristen-Zeitung, cuaderno 15 de 1.08.1934. columnas 945-950.

Asimismo, imagen del texto original en la siguiente dirección Gracias a Wikipedia por enlazarlo.

La revista era la más prestigiosa de la época, fundada por Otto Liebmann, judío y dirigida, además de Liebmann, por los juristas Paul Laband. Melchior Stenglein y Hermann Staub.

[3] En 1871.

[5] Schmitt los llama Kriegsartikel.

[6] Schmitt cita explícitamente el discurso de Hitler en el Parlamento de 13 de julio de 1934.

[8] “Souverän ist, wer über den Ausnahmezustand entscheidet”, en su Teología Política, pág. 3. Con esta frase, Schmitt inicia su libro.

[9] Desconozco porqué en el original Schmitt escribe estado de derecho entre comillas.

[10] Entre paréntesis, realmente, muy poco de liberal tuvieron los gobiernos alemanes entre 1914 y 1918; pero qué importa… los alternative fact ya existían en esa época.

El monstruo que come galletas

Elon Musk publicó en Instagram dos fotos. En la primera, se muestra un cohete despegando, con mucho humo a un costado del mismo (al lado izquierdo, en la foto). En la segunda, se ve el mismo cohete; pero en el lugar donde en la foto original vemos humo, aparece un monstruo azul: nada menos que el monstruo que come galletas de Plaza Sésamo[1].

La original imagen me recordó los menos alegres fotomontajes que aparecieron después del atentado a las Torres Gemelas, de 11 de septiembre de 2001. Les llamo fotomontajes, aunque, me temo que demasiada gente -incluso algunos de mis amig@s- creen que se trata de fotos reales, donde se ve la cabeza de un hombre con larga barba y cara de pocos amigos. No sé si será Bin Laden u otro personaje.

Son incontables las teorías de la conspiración que circulan en torno al 9/11. Y es soprendente que tanto gente de derecha, como de izquierda crea a pie juntillas en tales especulaciones. Parece que la estupidez no hace distinción entre sectores políticos. Más encima, me aseguren que ellos están en lo cierto, que saben una verdad que nosotros -ingenuos y enceguecidos por la propaganda norteamericana- no conocemos. Por el contrario, ellos sí conocen la verdad y son tan generosos que están dispuestos a compartirla con nosotros y hacernos partícipes de los conocimientos ocultos que ellos poseen.

Cuando les decimos que aquello en lo que ellos creen no es nada más que una teoría de la conspiración, sin asidero alguno en la realidad de los hechos (por no decir que no son más que patrañas), no es raro que nos acusen de haber caído en las garras de los conjurados o de haber pasado a ser sus agentes[2]. O que sufrimos del síndrome de Estocolmo 😛

Una amiga mía me acusa de haber respirado demasiadas hormonas de la felicidad que lanzan los aviones (de pasajeros, de carga, de todos…) desde el cielo sobre las ciudades, para que nos olvidemos de los problemas de nuestra sociedad y no cuestionemos a la autoridad: ni al gobierno local, ni tampoco al “gobierno mundial”. Esta es una versión de una de llas conspiranoias más populares hoy en día: la conspiranoia del Chemtrail.

Es como esa vieja teoría de la conspiración que existe en Argentina (donde surgió) y en Chile (a donde llegó no hace mucho tiempo), conocida como el Plan Andinia. Para mi sorpresa, compruebo que incluso tiene un artículo bastante largo en Wikipedia. La teoría del Plan Andinia, se basa en la conspiranoia de los Protocolos de los Sabios de Sión[3] que, parece, que en algunos países, no saben que fue una falsificación rusa de principios del siglo 20, que se expandió previo a los nazis y junto con ellos. Mi amigo Joaquín García-Huidobro se refierió al Plan Andinia en su gran artículo de enero de 2012, en El Mercurio No se asusten, es sólo un turista[4].

O como esas historias que te cuentan acerca de la no-llegada del hombre a la luna[5] o de que la tierra es plana y “los de arriba” nos quieren convencer de que es redonda. O aquella según la cual, nuestra elite de políticos y de políticas, a nivel tanto nacional, como mundial, serían no humanos, sino reptioides (reptiles venidos del espacio exterior que habrían adoptado forma humana). Clinton y Merkel serían dos de sus principales representantes. Algunos piensan que Justin Bieber también es un reptiloide. Realmente, no sé si reírme o llorar.

En realidad, la conspiranoia supone una gran soberbía… Los que explican su vida, la vida de los demás y la vida en el mundo de acuerdo a teorías de este estilo caen en lo que yo llamaría una especie de gnosticismo, ya que sólo ellos tendrían acceso a ese conocimiento tan especial de que los demás estamos privados, por tontos o por “vendidos” o engañados.

Ellos son los “iniciados”, los “escogidos”, los “elegidos”, los que saben más, los que tendrían que ser los demiurgos de todos nosotros, de nosotros que somos idiotas que no sabemos nada. Ellos pertenecen a un grupo de personas que es mejor que los demás, ya que ha conocido la verdad, en una nueva revelación de la que ellos participan y nosotros, no. En un foro de Facebook, una señora planteaba este tipo de teorías y agregaba “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Sí, claro, nosotros somos todos ciegos… Sólo ellos pueden ver la claridad. Pucha que somos tontos al no creerles 🙂 La misma señora, asegura que el atentado del 9/11 fue una acción del “servicio secreto de E.U.”, escribe. Hoy en la mañana, escuché a un vendedor de religión zoroastriana comentar que George Michael había muerto porque era “crítico de Israel”.

Esta semana, un amigo y colega mío, me preguntó cómo es posible que, después del atentado de Berlín, haya aparecido, en el lugar de los hechos, un pasaporte. Esto sería muy raro, mi amigo dice que el 9/11 también aparecieron pasaportes en el mismo avión. Le explico a mi amigo y colega abogado (chileno), que no es raro que los terroristas suicidas[6] dejen sus documentos, para que todos sepan que murió como un mártir. Le explico, con paciencia, que el terrorista tunecino de Berlín no tenía pasaporte (por eso, no lo podían expulsar de Alemania) y que lo que la policía encontró fue un papel que le dieron las autoridades alemanas, en que dice que su estadía es sólo “tolerada” en Alemania.

Invierto tiempo y esfuerzo exponiéndole los hechos: lo que se sabe, lo que ha dicho la policía y la Fiscalía federal. En otras palabras, le explico los hechos y no meras suposiciones o raras explicaciones que suponen que alguien recibió una revelación y sabe más que todos los demás (sin siquiera saber alemán). Mi amigo contesta que él cree que el gobierno (en este caso, el gobierno alemán) nos engaña y que, en realidad, inventa la historia o da la explicación que más le conviene, esto es, la del pasaporte. Yo sigo en mi plan de tener harta paciencia con mi amigo y le sigo explicando: que los gobiernos de países con check and balances y donde hay muchas personas que intervienen en cada decisión no pueden engañarse -al menos no fácilmente- entre ellos, ni mentir a la gente. Que Alemania es un estado de derecho -perfectible claro- y no es ni Rusia, ni Cuba, ni Corea del Norte, donde los gobernantes controlan todo y rara vez se sabe la verdad.

Ahí parece que metí la pata, porque mi amigo se enfureció. De manera que hoy es más bien mi ex-amigo ya que, luego de mis intentos de analizar los hechos y explicárselos, me borró de su lista de Facebook. No sin antes aclararme que Merkel no es Obi Wan… Sólo puedo decir: Aló Moscú…?

Resulta que, en el Índice de democracia de la Intelligence Unit del Economist, Alemania está entre las 20 democracias completas (full democracy), donde ocupa el número 13. Entre paréntesis, Rusia está en el lugar 132, Cuba en el 129 y Corea del Norte, en el 167. Los tres países están, según el index, entre los regímenes autoritarios. Pero claro, el culpar a Merkel de un supuesto engaño de su policía implica que ella es una especie de sultán (o de sultana) que resuelve todo ella sola y lo sabe y controla todo. Incluso está detrás de los engaños de la fiscalía federal, que no responde de sus hechos. sino que está solo para llevar a cabo lo que Merkel les dice que tienen que hacer. Pobre Angela, no debe dormir nada decidiendo sobre cada movimiento y sobre “cada hoja que cae” en Alemania… y a lo mejor en toda Europa[7].

Contrariamente a lo que Uds. puedan pensar, mi amigo no es de izquierda, sino que muy por el contrario… Tampoco lo es la otra señora que cité más arriba. Ni mi amiga que cree en la conspiranoia del Chemtrails, ni el zoroastriano. El alemán prepare (del que cuento en la nota 7), menos que nadie… Pero en este enrarecido ambiente postfáctico -en que los hechos no cuentan para nada, sino sólo las suposiciones- parece que se cumple aquel viejo dicho “los extremos se unen”. Estos cuatro ejemplos representan todo ese entorno viciado de una sociedad postfáctica, que no cree en los hechos; pero sí en extrañas y demenciales teorías conspiranoicas con las que se intenta reemplazar la realidad.

En el mundo postfáctico o post verdadero (post-truth se llama en inglés, ) no es que primen los sentimientos sobre los hechos[8], es que se niega los hechos que no concuerdan con la conspiranoia pre-existente, desde la cual interpreto todo lo que ocurre, lo que no ocurre o lo que debería ocurrir, de acuerdo a mi lectura sesgada e ideológica. Para ello, me informo, o más bien, me desinformo a través de las llamadas fake news. Y lo hago de preferencia en medios que forman parte del mundo con el que estoy de acuerdo. Me fabrico mi propio hábitat mediático, tipo Truman show…

El hombre y la mujer postfácticos -a quienes la verdad no les interesa- son tan contradictorios que dicen defender, por ejemplo, la libertad de prensa, al mismo tiempo que se niegan a hablar con periodistas, como se quejaba la periodista alemana Nadine Lindner @ostwestkonflikt[9][10].

Estos representantes de la nueva era populista que se nos viene encima son bastante simplones, ya que interpretan todo desde la monocausalidad: habría una única causa de todos los males. Sintomática es su incapacidad de comprender fenónemos complejos. Da la casualidad que todos los fenónemos humanos son complejos y muy rara vez tienen una sola causa.

Sí, se dice que el populismo consiste en dar una solución fácil a fenómenos complejos. Esta nueva ideología populista y postfáctica es también sectaria, ya que si no están de acuerdo contigo, simplemente, te dejan hablando sola… O bien, te eliminan de su lista de amigos, para encontrarse sólo con quienes piensan (piensan…?) igual que ellos, con sus like-minded. A la vez, es totalizante, porque no admite que podamos estar de acuerdo en algunas cosas y en otras, no. Juegan al todo o nada: o estás totalmente de acuerdo con lo que ellos pregonan, o no tienes derecho a nada.

No aceptan nada que contradiga lo que ellos sostienen. Si alguien lo hace, esa persona está irremediablemente equivocada. No aceptan una opinión distinta y se “ofenden” y/o se hacen las víctimas o acusan a sus contradictores de “difamación”[11]. O sea que, si te atreves a contradecirlos, los “difamas”.

Es paradojal que estos grupúsculos se quejen tanto sobre las elites, sobre “los de arriba”, siendo generalmente, ellos mismos parte de la misma elite social, política o incluso económica. En el fondo, creo que hay un temor, un verdadero miedo a perder sus privilegios.

Pienso que es bueno invertir tiempo y esfuerzo en hablar, debatir, discutir con otras personas que tienen una opinión igual, diferente, parecida, adversa o diversa a la propia. Esto es propio de la verdadera amistad y es parte de la democracia. Por eso, Merkel dice que la democracia cuesta trabajo[12]. Tenemos que admitir que otra persona que piensa distinto, está en todo su derecho ha hacerlo. Hay que tratar de ponerse en su lugar, para saber, para entender por qué piensa, reacciona o actúa así. Esto es lo propio de la sociedad abierta. Como les conté hace algunos meses, aprendí en Chile a decir: yo pienso, yo opino y no aseverar simplemente “esto es así y no es de otra forma”[14]. Sin embargo, en estos ambientes postfácticos, de una competencia democrática de ideas, de la que habla el Pdte del Bundestag, Norbert Lammert, no hay nada[13].

Lo que hacen los populistas es precisamente lo contrario. No aceptan una opinión diferente a la que ellos consideran como la única verdadera. No sólo no dan cabida a otro parecer, sino que, llaman difamación u ofensa si expresas tu disenso. Y, en algunos casos (como en dos de los citados más arriba), te borran de su grupo de amigos, que equivale a eliminarte como interlocutor/a válido/a. Así, se van encerrando cada vez más dentro de un grupúsculo donde todos piensan igual que ellos y su propia opinión se va reforzando en un proceso de feedback, de retroalimentación interminable.

Es sintomático de un político populista no dar conferencias de prensa, no enfrentarse a las preguntas a lo mejor un poco difíciles de los periodistas que no son obsecuentes. Por ello, tal vez es que el presidente electo Trump no ha dado aún ninguna conferencia y se limite a expresar su opinión de madrugada y a través de Twitter[15].

Sólo les puedo decir que prefiero reírme con el monstruo de las galletas y encontrar muy divertido a Elon Musk, sabiendo que del humo de su cohete no emerge un personaje de Plaza Sésamo 🙂


[1] Supongo que Elon Musk lo hizo, porque en la primera foto, mdusa009 había comentado -igualmente en tono de broma- que “The left cloud looks like a nose and his mouth”. Y, sobre todo, porque lohman81 comenta: “This one looks more like Beaker!”. Musk subió ambas fotos el 18.11.2015.

Ayer, también en Instagram, pixersize publicó otra foto del mismo despegue, pero con otro monstruo. La pueden ver aquí De manera que el juego sigue 🙂

[2] El 2007, escribí un corto artículo recensión sobre un libro acerca del tema conspiranoia: Wolfgang Wippermann : el eje del mal 

Cuando leo viejos artículos míos, no puedo dejar de sorprenderme acerca de mi estilo de entonces. Prefiero como soy hoy 🙂

[3] Ver mi artículo-recensión sobre Los protocolos de los Sabios de Sión

[4] Ver mi artículo ¿Hay antisemitismo en Chile? Un tema de educación de mayo de 2012.

[5] Recomiendo escuchar el podcast con la entrevista que le hizo el por mí muy admirado Ricardo García Soto @astrovlog a Roderick Bowen @Bowennoticias Episodio 2: Carrera Espacial. ¿Llegó el hombre a la Luna? y la disputa actual por colonizar Marte También está en tu IPad en esta dirección de ITunes.

[6] Anis Amri era un terrorista suicida, que se había ofrecido al IS en calidad de tal. La policía halló su billetera en la cabina del camión, y en ella, estaba el escrito en que se toleraba su permanencia en Alemania ya que, como dije, no se lo podía expulsar de Alemania, ya que su país, Túnez no le daba pasaporte. En el fondo, Túnez no lo quería de vuelta: Anis Amri había sido juzgado en ausencia, por el robo de un camión e iría inmediatamente a la cárcel apenas regresara a su país.

[7] Ayer en la mañana (en DLF), entrevistaban a un survival o prepared alemán que decía que él hacía un curso de supervivencia (algunos hacen negocio con el miedo de los demás), ya que Merkel habría dicho que tendríamos que prepararnos para hacer frente a una posible catástrofe que se avecina. El hombre aludía a la causa de esta catástrofe: los refugiados.

El hecho verdadero es que no fue Merkel la que habló del nuevo plan para enfrentar una catástrofe que tiene y siempre ha tenido el gobierno federal, sino que el Ministerio del Interior dió a conocer ese nuevo plan en el que se nos recomendaba tener conservas y agua en la casa. Nadie nos llamó a construir bunkers, ni a juntar alimento, agua, ni menos que nada armas, ya que el monopolio de la fuerza corresponde al estado. Pero supongo que los hechos no importan…

[8] Esta semana, la historiadora Anne Applebaum @anneapplebaum dice en una excelente entrevista con el Tagesanzeiger de Suiza, refiriéndose a la elección de Trump en EEUU “Gefühle sind in jeder Wahl wichtig, in jedem Land. Was seltsam war bei dieser Wahl, war weniger, dass Fakten nicht zählten” (Los sentimientos son importantes en todo país. Lo extraño de esta elección es que los hechos no cuentan para nada). «Ähnlich wie in den 1930er-Jahren» Ist 2016 der Anfang vom Ende der Demokratie? Wie stoppt man Le Pen? US-Historikerin Anne Applebaum sagt, wie Schlimmes verhindert werden kann (Así como en los años de 1930. Es el 2016 el comienzo del fin de la democracia? Cómo se puede parar a Le Pen? La historiadora estadounidense Anne Applebaum dice cómo se puede evitar esto).

[9] Todas las direcciones que aparecen en este artículo son de Twitter.

[11] Una ex-amiga mía de la AfD se pasaba diciendo a todos los pocos que la contradecían o a ese partido populista que la difamaban a ella o que difamaban al partido. Con el paso del tiempo, ella también me borró de su lista de amig@s.

[12] “Die Demokratie ist anstrengend“, es la frase de Merkel.

[13] Ver columna de opinión de esta semana del democrata cristiano Norbert Lammert, presidente del Parlamento alemán en el FAZ Lammert über Identität Wer sind wir?

[15] A las conferencias de prensa de Putin me referí en mi artículo anterior La Nueva guerra fría En ellas, no se hacen preguntas “incómodas”.

Algo huele mal en Sajonia

Ayer, Martin Modschiedler de la CDU de Sachsen, jefe de la Comisión de Justicia del Landtag, al ser consultado por el suicidio del terrorista sirio Jaber Albakr, respondió -en un tono agresivo- que él amaba a su país, a Sajonia[1] . Me pregunto ¿qué tiene que ver? Si realmente amas a tu país, si cometes la siutiquería de decirlo en público, entonces, tendrías que colaborar por mejorarlo, en vez de ocultar sus errores y de sostener que todo está bien, cuando en realidad, está muy mal[2]. Ningún país puede surgir y mejorar si no reconoce lo que hay que mejorar.

Para que los lectores no-alemanes sepan de qué estoy hablando, les cuento la historia de Jaber al-Bbakr[3]. Un refugiado sirio que llegó a Alemania en febrero del 2015, esto es, antes de la gran oleada de septiembre de 2015. O sea, no le podemos echar la culpa a Merkel… Los refugiados sirios huyen de la guerra y de los bombardeos de Assad, de sus armas químicas y de los aviones rusos.

Su calidad de refugiado fue reconocida por las autoridades alemanas que le dieron autorización para permanecer en Alemania durante tres años. Después de que le concedieron el permiso de estadía, Jaber hizo al menos un viaje a Turquía y -probablemente- otro viaje a Siria. Si lo acogemos como refugiado porque en Siria lo persiguen, es bien raro que justo viaje a Siria.  Y raro es también que en Sajonia, nadie se dé cuenta.

El joven refugiado vivía en la ciudad de Chemnitz (nombre tradicional de la ex-Ciudad de Carlos Marx o Karl-Marx-Stadt). Localidad de Sajonia, en la ex-Alemania oriental, que no se distingue precisamente como un ejemplo de sociedad abierta, sino más bien donde pululan los grupos de extrema derecha xenófobos.

Algún servicio secreto estadounidense (ya sabemos que hay varios) avisó a las autoridades alemanas: Dschaber estaba en contacto con alguien del Islamic State. La policía de Chemnitz envió un comando a detener al joven radicalizado. El comando elaboró un plan: le tenderían una trampa. Le pusieron un cebo para que saliera de su departamento y cuando saliera, lo atraparían. El problema es que جابر البكر‎ se dió cuenta de que lo observaban y no cayó en la trampa, sino que salió arrancando. Se le escapó al super comando policíal sajón[4]. Después de conocer lo ocurrido -porque en un país democrático, no se puede ocultar a la opinión pública los errores de las fuerzas de seguridad- todos movimos la cabeza y nos preguntamos cómo es posible que a un comando de la policía alemana se le escape un joven de 22 años. En el fondo, por no tener un plan B.

En el departamento del joven sirio, fueron encontrados explosivos en abundancia. Se presume que pretendía hacer volar una estación central de trenes o bien un aeropuerto. Después de huir de la policía, el joven sirio andaba suelto, con todo el peligro inmenso que ello significa. Sajonia puso en peligro la seguridad de toda Alemana”[5]. La policía publicó su foto en todas partes. Y la comunidad siria tradujo en seguida los avisos de “Se busca” y los publicó también en todas partes (on line, claro). La policía no atinó a traducir los avisos al árabe, sino hasta mucho después, como se queja Kipping.

A todo esto, Ǧābir había abandonado Chemnitz, en dirección a Leipzig, lo que significa tener que bajarse en por lo menos una estación entre Chemnitz y Leipzig. Si es que no lo llevó alguien en auto. Después, llegar a la estación de Leipzig, siempre llena de gente y de policías. Un camino muy largo, en que nadie lo vió. En otras palabras, viajó en varios trenes y pasó por varias estaciones; pero nadie, ni alemanes -que piensan que todos los extranjeros se ven iguales- ni policías, lo reconocieron; pese a que su cara estaba en todas parte. Para qué hablar de las cámaras de seguridad de la que están llenas las estaciones…

El fugitivo habia enviado un mensaje a una página de sirios en Alemania, pidiendo alojamiento por una noche. Escribió que le habían dado un trabajo en Leipzig. El “sueño del pibe” de los refugiados sirios es tener un trabajo. Un grupo de sirios que vió el mensaje, le dijo que podía alojar con ellos. Fueron a buscar al compatriota a la estación central y lo llevaron a un departamento, donde comieron arroz con cordero. Luego, lo invitaron a otro departamento, porque ese era muy pequeño. La famosa hospitalidad oriental.

A todo esto, los sirios se dieron cuenta que su huésped se veía como el terrorista. Le tomaron una foto y la publicaron en una página de sirios -parece que en Facebook-, donde preguntaron si podía ser el terrorista buscado por la policía. Muchos sirios dieron su opinión y llegaron a la conclusión que sebía ser él.

Al-Bakr quería que le cortaran el pelo, uno de los sirios dijo que él había sido peluquero. Probablemente aprovecharon esa oportunidad para atarlo de pies y de manos entre tres sirios. Llamaron a la policía; pero los sajones no les entendían. Por mi experiencia hay sirios que hablan muy bien inglés y otros no tan bien, pero todos hablan inglés… No sé si los policías de Sachsen hablen ese idioma.

Entonces, aguno(s) de los sirio(s) acudió(eron) personalmente a un cuartel policial, para mostrar a los funcionarios la foto de su celular. Tener un teléfono móvil es una de las cosas que más se critica a los refugiados; esa noche quedó demostrada su utilidad. Entonces, alguno de los policías se dió cuenta de lo que los sirios querían decir. Rápidamente organizaron otro comando; aunque esta vez no habría sido necesario, ya que dos o otros sirios se habían quedado con su prisionero en el departamento y se lo entregaron a la policía “en bandeja”, atado de pies y de manos. Si no hubiera sido por los tres sirios, una bomba de tiempo terrorista pulularía aún por las calles de Europa.

Javir fue conducido a la cárcel… Donde nadie hablaba árabe. Así que él captaba poco y nada. La jueza investigadora advirtió que el joven estaba en peligro de suicidarse; pero más tarde, lo entrevistó una psicóloga -quién sabe en qué idiona o habrán obtenido un traductor- y determinó que había sólo “un poco” de peligro de suicidio. Lo que no deja se ser sorprendente, ya que él planeaba hacerse volar por los aires, o sea, suicidarse.

Se nombró un abogado que lo debería defender: Alexander Hübner[6]. Su “defensor obligado” u obligatorio, ya que en un estado de derecho, hasta el peor de los terroristas tiene derecho a una defensa y el estado tiene el deber de garantizarla. Hübner dice que cuando llegó a verlo, tenía los ojos vendados y estaba muy mal. Pero tranquilo. Que no comía ni tomaba nada, estaba en huelga de hambre[7].

El abogado defensor habló con la administración del lugar de detención y les advirtió que Javir estaba en peligro de suicidio, que había roto la lámpara y un enchufe, buscando modos de suicidarse, y no quería ni beber ni comer. La policía vió, en esta “manipulación” de las fuentes de electricidad de la celda, sólo como un acto de vandalismo. Lo que no deja de ser negativamente sorprendente. La administración penal no vigilaba a Dchabir permanentemente, como creía su abogado; sino primero cada 15 minutos y después, cada media hora. Me imagino que para suicidarse, se necesita menos de 15 ó de 30 minutos.

La noche del miércoles al jueves, un amigo me avisó a medianoche del suicidio de Al-Bakr. Lo primero que pensé fue en su familia, en su mamá, papá, hermanos, en sus amigos, que probablemente no tienen idea de la eventual radicalización. Luego pensé en Oury Jalloh quien murió en una prisión alemana, donde estaba detenido, en Dessau, Sachsen-Anhalt, el 2005. Y nadie sabe todavía cómo pudo haberse suicidado él solo… Katja Kipping cuenta que al menos dos diputados de la democracia cristiana escribieron tweets en que sostenían que no era muy malo que al-Bakr se hubiera colgado, si total, igual se iba a matar en un atentado suicida[8].

Al-Bakr se ahorcó con su camiseta, atándose a los barrotes de su celda. Fue descubierto por una aprendiz que pasaba casualmente y que llamó al médico, quien no lo pudo revivir, sólo comprobar su deceso. Que un joven de 22 añosos se quite la vida es siempre una noticia demasiado mala. Da lo mismo qué planes terroristas había recibido del IS, siempre se puede rectificar. Lo vemos en distintos casos de guerrilleros del IS arrepentidos. Asimismo, hay que considerar que al-Bakr podría haber dado importante información a la policía y a las autoridades en general sobre sus contactos con el IS y sobre eventuales cómplices.

A la mañana siguiente, nos despertaron las declaraciones de los políticos alemanes de todas las tendencias. El tono era “otra vez Sajonia…” Konstantin von Notz (verde) habló de un fiasco[9]. Rico Gebhardt del Partido de Izquierda dice que estamos frente a un fracaso del estado de Sajonia[10]. El demócrata cristiano Bosbach, en una entrevista en Deutschlandfunk[11] sido sumamente comentada, vaticinó que todo sería como siempre: las autoridades de Sajonia dirán que ellos lo hicieron todo bien, que no cometieron ningún error; pero todo terminó en un drama. Yo me pregunto cómo puede terminar mal algo que se hizo absolutamente bien. La conferencia de prensa de ayer a mediados de la mañana, le dió la razón a Bosbach.

Entre tanto, musulmanes fundamentalistas y el IS amenazaron de muerte a los sirios que lograron reducir al terrorista. Pero, según información de ayer en Bild, la policía de Sachsen no les da ninguna protección. En suma, hay algo que no anda bien en Sajonia… o, como diría Hamlet, “Something is rotten in the state of Saxony”[12]. Sí, algo parece podrido en el estado de Sajonia, algo huele mal. O, como dice el político liberal, abogado y ex ministro federal del Interior, Gerhart Rudolf Baum, “Algo no está bien en Sajonia”[13].


[1] “Ich liebe mein Bundesland trotzdem”, Sachsen und der Fall al-Bakr “Der Justizminister trägt die Verantwortung” El CDU Modschiedler dice que en otros lugares de Alemania también se cometen errores… sorry, pero parece que en Sachsen más que en otros.

Tal vez la peor parte de la entrevista es aquella en que la periodista Christine Heuer le pregunta si el ministro de Justicia (su correligionario de la democracia cristiana, Sebastian Gemkow), tiene que renunciar y Modschiedler responde sarcásticamente: “eso no va a revivir al senor al-Bakr. (Original alemán: “Heuer: Einen Rücktritt des Justizministers schließen Sie zu diesem Zeitpunkt noch nicht aus? Modschiedler: Das macht den Herrn al-Bakr übrigens auch nicht wieder lebendig”).

[2] Mutatis mutandi, sus palabras me recuerdan lo que pasaba en la época en que se conocieron los abusos sexuales dentro de la Iglesia católica, en que supuestos defensores de la misma, negaban lo ocurrido. Con ello, hicieron un daño ingente a la Iglesia.

[3] También Dschaber al-Bakr o Ǧābir al-Bakr o bien Dschabir al-Bakr, dependiendo de la transcripción de جابر البكر

[4] De acuerdo a la Constitución alemana, llamada Ley fundamental, las funciones policiales son de comptencia de los países federales (Länder), salvo el caso de la policía federal o Bundespolizei. Esto, en virtud del Art. 30 de la constitución, que dice: Artículo 30 “[Competencia de los Länder] El ejercicio de las competencias estatales y el cumplimiento de las funciones estatales competen a los Länder siempre que la presente Ley Fundamental no disponga o admita una disposición en contrario”.

[5] Ver entrevista a Katja Kipping, del Partido de Izquierda: “Die sächsische Regierung hat richtig Mist gebaut”: “die sächsische Landesregierung hat hier richtig, richtig Mist gebaut und wirklich ist eine richtige Gefahr für die Sicherheit in diesem gesamten Land”. El gobierno de Sajonia cometió un error muy muy grande y con ello pone en peligro la seguridad de todo el país.

[6] De la oficina Israel und Hübner 

[7] Todo esto lo cuenta en entrevista en DLF, donde se le oía muy removido, muy triste…Terrorverdächtiger begeht Selbstmord in JVA Al-Bakrs Anwalt: “Ich bin einigermaßen fassungslos”

[8] Ver Der Fall al-Bakr “Die sächsische Regierung hat richtig Mist gebaut”: “Es gibt mindestens zwei CDU-Abgeordnete, die in Tweets zum Ausdruck gebracht haben, dass sie das gar nicht so schlimm finden, dass es jetzt zu einer Selbsttötung gekommen ist, weil es wäre ja ein Selbstmordattentäter gewesen. Das, finde ich, offenbart ein schreckliches rechtsstaatliches Verständnis und ist außerdem vollkommen blind gegenüber dem Erfordernis, man hätte diese Person gebraucht, um in der Ermittlung und in der Prävention voranzukommen”.

[11] Tod des Terrorverdächtigen al-Bakr “Wir verlieren auch eine wichtige Informationsquelle” (Muerte del sospechoso. Perdemos una importante fuente de información).

“Como será en este caso, no lo sabemos en este momento; pero me temo que será como siempre. En la conferencia de las 11, explicarán que ellos hicieron todo bien, que nadie cometió un error. Sólo el resultado de todo es un drama”. (Original alemán: “Wie es in diesem konkreten Fall war, wissen wir beide im Moment nicht, aber ich fürchte, es wird uns auch um elf Uhr in der Pressekonferenz wiederum erklärt werden, eigentlich ist alles richtig gemacht worden, niemand hat einen Fehler gemacht, nur das Ergebnis ist ein Drama”).

[12] “Something is rotten in the state of Denmark.” Traducción: “Algo está podrido en el estado de Dinamarca”. Gracias a Wikiquote

[13] “Irgendetwas stimmt da nicht in Sachsen”

Baum dice que a sus parientes en Dresden, con motivo de la última celebración de la unidad alemana a la que me referí en mi columa anterior, Alemania oscura, en Dresden, la policía no los dejó pasar a la plaza a saludar a los políticos y permitió sólo que pasara la chusma extremista que los injurió.

Hacer justicia por la propia mano, en Chile de hoy

En estas semanas, hemos asistido, en Chile, a una discusión muy poco sana. Todo empezó cuando tres delincuentes (aparentemente fueron tres) robaron, de la puerta de una casa, un auto. Al parecer, su conductor se había bajado a cerrar el portón y lo había dejado solo. Nada de malo en ello. Debería ser normal poder dejar tu vehículo de transporte unos minutos frente a tu casa sin que nadie se lo robe.

El papá y el hijo de esa familia (trabajadores, se levantan temprano para ir a trabajar) salieron, en otro auto de la familia, tras los ladrones. (O tras el ladrón, esto es algo que tendrán que aclarar ante un tribunal). Les dieron alcance, les quitaron el auto y salieron persiguiento -a pie- a uno de los delincuentes. Probablemente, al que corría más lento. Le dieron alcance, le pegaron, tiraron al suelo y… Aquí hay dos versiones: probablemente: le pegaron con un fierro o palo en el suelo y lo mataron. Sin querer, claro… No querían matarlo, no era su intención principal. Pero, al parecer, no les importó golpearlo de tal forma que el ladrón murió. Lo mataron por robar un auto.

La otra versión -es la que cuentan el padre y el hijo- es que el delincuente se cayó a una zanja y se golpeó la cabeza. Según las investigaciones periciales, es la versión menos probable. Pero, mientras no haya un veredicto final, no se puede saber si esto es verdad o no. Aunque las pruebas hablan en su contra; pero no se puede descartar.

La jueza descartó de plano el alegato de su abogado en el sentido de que se trataba de un caso de legítima defensa. Es evidente que no es legítima defensa, ya que no se dan las condiciones mínimas para ello. En realidad, se trata de un intento de hacer justicia por su propia mano, de castigar al malhechor que robó el auto.

Una amiga y colega mía comenta acertadamente, en Facebook[1]: “No se trata de delincuentes comunes. Se trata de gente como usted, como yo, que en un arrebato de ira insuperable consideraron que el robo violento de su vehículo merecía la adopción de drásticas medidas”. Sí, tal vez eso sea lo que nos tiene tan agobiados y tratando de justificar lo injustificable: se trata de GCU o gente como una/o que cometió un homicidio.

Se cree que se trataría de un homicidio simple, esto es, “el homicidio que se comete sin ninguna de las calificantes: premeditación, alevosía, ensañamiento, veneno, premio o promesa remuneratoria”. Su castigo es presidio mayor en su grado medio, esto es, entre diez años y un día a quince años de presidio[2]. Lo que no es menor. Pero veremos, tengo dudas sobre el tipo de homicidio.

Mi amiga y colega nuevamente reflexiona. “Ya liberados del incendio emocional, que iracundo, los llevó a matar, veo en sus rostros la consecuencia de su acción, se puede leer en ellos ese despertar tras el horror…”. Sí, lamentablemente, así es. Cuántas veces nos gustaría tener un reloj de esos que hacen retroceder el tiempo, para reaccionar de otra forma ante acontecimientos que luego lamentamos. Una especie de time-turner o giratiempo, como el de Hermine Granger.

Recuerdo que hace bastantes años (31 me dice mi primo), un ladrón le robó la bicicleta a mi primo. Mi tío -su papá- salió en su auto, persiguió al ladrón y le quitó la bicicleta. A mi tío no se le ocurrió matar al ladron de la bicicleta, obvio… Ni pegarle siquiera. A nadie en su sano juicio se le habría ocurrido castigar él mismo al delincuente. Pese a que le había quitado por la fuerza la bicicleta a un un niño pequeño. Mi tío, menos aún le habría pegado con tanta fuerza hasta llegar a darle muerte. ¿Por qué hoy ocurre esto?

Hace años fui a Chile y me di cuenta que la sociedad había cambiado mucho… Un auto, en Las Condes, con una mujer de esas con pinta de pertenecer al sector llamado ABC1, tenía una calcomanía en inglés pegada en el vidrio que decía: “si tocas mi auto, te rompo la cara”. ¡Y en inglés! ¿De dónde lo habrá traído? Tal vez de la estadía de su marido en una buena universidad norteamericana, donde puede haber hecho un master en economía? Hoy vivimos las consecuencias de esta mentalidad.

Hacer justicia por la propia mano es absolutamente contrario al estado de derecho. Todos esos memes, esos comentarios, las opiniones que vemos y leemos en las redes sociales y que llaman precisamente a castigar directamente al presunto delincuente, sin recurrir a la justicia, que sería desastrosa e injusta ha contribuido a este intento de conculcación del imperio de la ley. Esto, ya que los tribunales no harían bien su trabajo. Las campañas de desprestigio de la justicia han llegado, en Chile, a niveles intolerables.

Al respecto, mi amiga y colega habla acertadamente de “esa manga de hombres y mujeres que usan redes sociales y medios de comunicación para expresar, a diario, las arengas de su propia violencia. Su personal frustración y disgusto. Son los que han ido germinando en la mente de los ciudadanos que no hay justicia. Que es mejor recurrir a la fuerza propia. Que todos los infractores de ley merecen secarse en la cárcel, cualquiera sea el caso en que se vieron involucrados o su edad”.

Es cierto… La preminencia del estado de derecho, del rule of law es uno de los logros más grandes de la sociedad occidental. Es una de las características propias de la sociedad occidental. Hacer justicia por su propia mano, recurrir al lynchamiento del criminal real o presunto es volver a la época de las cavernas.

Karl Popper escribe en su magistral obra acerca de la “Sociedad abierta” (uno de los libros más importantes del siglo 20) que la prevención, que el impedir, que evitar que se cometan delitos dentro de la sociedad nacional -del estado nacional- es un gran logro que anteriormente se consideraba una utopía. Lo que, evidentemente, no quiere decir que no se siga cometiendo delitos; pero que éstos sean perseguidos y castigados ya no es una utopía técnico-social, sino una realidad en las sociedades occidentales[3]. ¡Gracias a Dios!

No contribuye al imperio del derecho, ni menos a la prevención y castigo del delito, que ciudadanos comunes y corrientes, que han sido víctima de un delito, intenten castigar ellos mismos al real o presunto delincuente. No, en un estado de derecho, el mismo estado tiene el monopolio de la fuerza y es el único que puede castigar. No con cualquier pena, sino con aquella que está fijada en la ley penal que -por otra parte- es anterior al delito. Por aquello de nulla poena sine lege, principio fundamental del derecho desde la época de los romanos[4], desarrollada, como hoy la conocemos, durante la Ilustración.

Muchas veces se alaba a Chile por ser el país más occidental[5], esto es, con el estado de derecho más desarrolado de Latinoamérica, donde impera la ley y no la arbitrariedad, ni la supuesta justicia por la propia mano. Al conocer hechos como este, y más aún, al ver la reacción de aprobación de gente con aparentemente más cultura, me pregunto hacia dónde marca Chile… Hacia adelante o hacia atrás.


[1] Copio frases de su texto, con su autorización; pero sin mencionar su nombre.

[2] Sobre la figura del homicidio en Chile, se puede ver la voz homicidio en la página de la Biblioteca del Congreso.

[3] Karl Popper, Die offene Gesellschaft und ihre Feinde, tomo I, página 219.

[4] Cfr. Digesto, Ulpiano, 15, 16, 131; Paulus 15, 16, 244, etc. También Cícero. Etc.

[5] Ver opinión del historiador alemán, especialista en el tema Occidente, Heinrich August Winkler, en el video de la conferencia que tuvo lugar en Berlín, el 2015. A partir del minuto 21.