¿Cuántas personas murieron en el bombardeo de Dresden?

En un día como hoy[1], un martes de carnaval pero hace 75 años, aviones británicos[2] bombardearon no sólo Dresden[3], sino otras ciudades alemanas. Pero como la publicidad nacional socialista se centró únicamente en el bombardeo de la ciudad barroca a orillas del río Elba, los otros bombardeos quedaron en el olvido. O bien se los recuerda bajo otra luz y no la del victimismo.

Es una barbaridad bombardear ciudades, de ello estoy convencida. La finalidad del bombardeo era destruir la infraestructura para evitar el envío de tropas alemanas y de suministros hacia el frente oriental, para ayudar así al Ejército Rojo que atacaba por el Este y que tenía grandes dificultades. Pocas semanas antes[4], en el marco de la conferencia de Yalta[5], generales soviéticos exigieron a los aliados occidentales bombardear ciudades consideradas importantes para el transporte de tropas y de suministros hacia el frente oriental. Décadas más tarde, un historiador de la RDA[6] sostuvo que el objetivo principal habría sido demostrar a los soviéticos el poderío occidental.

Objetivos del bombardeo eran la red de ferrocarriles que cruzaba Dresden y la destrucción de la industria de armamentos radicada en la ciudad. Asimismo, se trataba de desmoralizar a la población, sobre todo a los obreros industriales[7], que continuaban imparables trabajando en la industria bélica[8]. Para ello contaban con “esclavos”: judíos y trabajadores forzados procecentes de los países ocupados. No olvidemos que, en ese entonces, el nacional socialismo había ocupado casi la totalidad de Europa occidental y central. Gran Bretaña era el único país europeo importante que no había sucumbido, debido principalmente a su condición de isla.

No se puede ver el bombardeo como si hubiera sido una acción aislada de destrucción de una bella ciudad alemana, de Florencia del Elba. No hay que olvidar que la guerra fue iniciada por Alemania y que el año 1945 no se puede entender sin tener presente 1939, en que Alemania invadió Polonia[9]. El final de la guerra, no se puede entender sin su comienzo. No se puede dejar de lado los bombardeos sin sentido de ciudades británicas, incluyendo a la misma capital inglesa. Bombardeos que -desde el punto de vista militar- no tenían ningún sentido salvo aterrorizar a la población y preparar la invasión a la isla (el invierno 1940-1941). Como tampoco olvidar los bombardeos de Varsovia, Rotterdam, Belgrado o Coventry[10].

La cifra de 250 mil muertos fue una noticia falsa lanzada por el ministerio de propaganda a cuya cabeza se hallaba Goebbels. En aquel entonces, la policía alemana había cifrado el número de víctimas en 25 mil, a la que la desinformación nacional socialista simplemente agregó un cero. Como los nacional socialistas daban instrucciones a la prensa de los países ocupados, un diario sueco agregó a los 25.000 un cero más, llegando a los 250.000. En 1948, un delegado de la Cruz Roja, luego de entrevistar a prisioneros de guerra alemanes, fijó el número de muertos en 275 mil. Incluso he visto la demencial cifra de dos 2.500.000 muertos. La Comisión de historiadores que estudió acuciosamente el tema y entregó su fundado informe el 2010, concluyó que el número de muertos era de por lo menos 18 mil y de un máximo de 25 mil.

No olvidemos además que Dresden estaba super poblada, pues en ella se refugiaron cerca de 200 mil personas que huían de los soviéticos y que pensaban haber encontrado en esa ciudad, un refugio seguro. No todos los que murieron eran nazis y no todos los que murieron eran siquiera alemanes. Las bombas cayeron por igual sobre nacional socialistas, refugiados, judíos, trabajadores forzados y prisioneros de guerra.

El gobierno nazi no creía posible un ataque aéreo a Dresden, razón por la cual, la ciudad carecía de refugios para la población civil, que se vió obligada a refugiarse en sótanos o subterráneos de casas particulares lo que, muchas veces, se convirtieron en una verdadera trampa para los civiles. En efecto, la casa se desmoronaba, en medio de un mar de llamas, y la gente no podía salir de los subterráneos o simplemente el inmueble se les caía encima.

Para algunos de ellos, como Victor Klemperer[11], el bombardeo fue una tragedia; pero, al mismo tiempo, significó su salvación. Se sacó su estrella amarilla y huyó a Baviera con su señora. Pocos días después, el viernes debería ser deportado lo que significaba en realidad, ser ejecutado en la misma estación del ferrocarril de Dresden. Alemania estaba a punto de perder la guerra; pero a los nacional socialistas, lo único que parecía importarles era continuar con el genocidio.

Dresden es junto con Leipzig, una de las dos ciudades más importantes de Sajonia. Después de la guerra, ambas ciudadas quedaron en la llamada Zona de ocupación soviética. De acuerdo a la ideología imperante en el Bloque Oriental, Alemania del Este hizo suyas las cifras de muertos propagadas por los nacional socialistas… o fascistas, en su dicción. Al mismo tiempo divulgó su versión de la historia, de acuerdo a la cual, el bombardeo de Dresden habría sido pura devastación capitalista e imperialista. Los socialistas reales hablaban de la “ciudad inocente y del sinsentido de su destrucción”[12]. Este espúreo discurso pervive hoy en la extrema derecha alemana que ha hecho de Dresden una de sus ciudades más emblemáticas[13].

Los nacional socialistas sabían que, tarde o temprano, alguna ciudad alemana sería bombardeada y habían preparado un acucioso plan mediático para hacer aparecer el bombardeo como un ataque despiadado dirigido contra la población. Dresden era la ciudad ideal para victimizarla y presentarla como un centro de cultura que los aliados pretendían destruir, para acabar con la civilización alemana. Creo que proyectaban lo que ellos mismos habían hecho o planeaban hacer en los países enemigos.

Asimismo, la Comisión de historiadores que estudió minuciosamente fuentes de la época[14] llegó a la conclusión de que tampoco hubo ataques a tierra por parte de aviones aliados. La imagen de aviones volando a baja altura y disparando ráfagas de metralleta contra la población civil es -en el mejor de los casos- producto de la imaginación o de la confusión de algunos sobrevivientes del bombardeo. Es por lo demás, absurda, considerando que se trataba de ataques nocturnos.

Igualmente, las bombas de fósforo fueron otra invención de la propaganda nacional socialista adoptada posteriormente por la desinformación propia del Bloque socialista. Lo que algunas personas confundieron con bombas de fósforo fueron probablemente proyectiles luminosos.

Tanto los nazis, como los comunistas y en la década de los 90, los neonazis y hoy la extrema derecha han intentado e intentan presentar a Dresden como una ciudad víctima de un ataque aéroe sin sentido, ocurrido al final de la guerra. En torno al bombardeo se ha construido un mito en que Dresden aparece como una ciudad inocente, sin industria bélica, una ciudad llena de cultura que habría sido despiadadamente destruida por el imperialismo capitalista anglo-americano. Mientras más alto sea el número de víctimas, más conviene a estos grupos.


[1] El bombardeo tuvo lugar entre el 13 y el 15 de febrero de 1945. Comencé a escribir esta columna el día 12. Recién la puedo terminar hoy.

[2] …y a partir del 15 de febrero, también aviones estadounidenses.

[3] La primera vez que escuché hablar del bombardeo de Dresden fue en aquellos aciagos días en que recibía a diario la molesta visita de españoles de extrema derecha en mi blog o bien me enviaban largos y estúpidos mensajes por mail. Uno de los que más me visitaba y enviaba estiércol era un tipo zalamero que trataba de conquistarme para su causa espúrea y que además tenía blogs y páginas de pornografía.

[4] Tiene que haber sido en enero de 1945.

[5] En febrero de 1945.

[6] República democrática alemana.

[7] Quienes antes eran proletarios fervorosos partidarios del leninismo, hoy se habían convertido en fervorosos nacional socialistas. Después de 1945, abrazarían nuevamente el comunismo y hoy constituyen el caldo de cultivo de la extrema derecha en Alemania unificada.

[8] Entre ellas, piezas para tanques y grandas de mano.

[10] Recomiendo leer o ver el discurso del Presidente Steinmeier al respecto.

[11] Victor Klemperer, Tagebücher 1945, Aufbau Taschenbuch Verlag, 3a. edición, Berlín 1999, págs. 43 en adelante.

[12] “Die unschuldige Stadt und die Sinnlosigkeit der Zerstörung”.

[13] Es la ciudad de Pegida.

[14] Entre otros, los informes de la época, elaborados por la policía.

La ley anti – encapuchados en Alemania

Muchas veces, mis amigos ayudistas[1] me proponen transformar a Chile en Alemania. Para ellos, Alemania y los países nórdicos -así llaman a los escandinavos- parecen ser el modelo a seguir. Sólo les puedo decir: ¡adelante! Pero, por favor: sigan el modelo real y no el ficticio que alguna propaganda anticuada les ha presentado, o Uds. mismos se han imaginado, como si Europa fuese un paraíso estatista o un estado benefactor que existe sólo en la mente de ciertos ideólogos pseudo-intelectuales sentados en su escritorio.

En algo muy real y concreto pueden seguir el ejemplo alemán y conviene hacerlo rápido, muy rápido: en la ley de encapuchados. En Alemania existe no sólo una ley anti-máscaras, sino también una ley anti-uniformes. Los uniformes sólo corresponden a militares, policías y bomberos. La ley prohíbe a los participantes en una demostración cubrir sus rostros o llevar objetos que tengan la finalidad de cubrirlos y, de esta forma, evitar ser identificados, como los pasamontañas o incluso las bufandas.

No se trata de una prohibición generalizada. En Alemania, me puedo poner una máscara del hombre o de la mujer araña o de Pikachu[2], como parece que hizo en Chile Pamela Jiles la semana pasada. Aunque me cuentan que, en realidad, quería disfrazarse de violentista encapuchada de “primera línea” y no de Pikachu. OK, entiendo.

La prohibición de enmascarse o de “encapucharse”, como se le llama en Chile, fue establecida en 1985, por la coalición liberal conservadora (formada por el partido liberal y por la democracia cristiana) encabezada por Helmut Kohl. En ese entonces, el enmascaramiento era considerado como una perturbación o alteración del orden público, si la persona que ocultaba su rostro formaba parte de una “multitud violenta” y la policía ordena la disolución de la multitud. Sólo en estos casos, estábamos frente a un delito.

En 1989, se reformó la ley eliminando las dos condiciones anteriores, de manera que el enmascaramiento fue elevado, en general, sin la necesidad de que la multitud fuera violenta, al rango de delito castigado por el derecho penal. Asimismo, el lugar del “encapuchamiento” se extendió a las vías de acceso, eso es, al camino hacia una protesta, marcha o manifestación.

Asimismo, en ese año, la ley fue ampliada, en el sentido que el mero transporte de utensilios para ocultar el rostro y con ello la propia identidad quedó igualmente contemplado dentro de la figura penal. En estos casos, la persona puede ser castigada penalmente por la comisión del delito en comento.

De esta forma, ya en la década de los ‘80 -en el marco del estado de derecho propio de una democracia liberal- el estado se defendía ante fuerzas destructivas, en aquel entonces, más bien de ultra izquierda. Hoy, la legislación se aplica tanto a la extrema izquierda, como a la extrema derecha y a grupos neonazis, cuyas estrategias violentistas y destructivas son extremadamente similares.

Quién desobedezca a la policía puede ser condenado a una pena de hasta un año o a una multa (1.500 euros en Schleswig-Holstein). Casi puedo decir que la multa duele incluso más a los alemanes. Asimismo, quien lleva consigo elementos para taparse la cara, por el sólo hecho de transportarlos a uno de estos eventos, puede ser condenado a una multa de hasta 511 euros.

La ley dice más o menos lo siguiente[3]: en el caso de concentraciones públicas al aire libre[4], en marchas o en otras manifestaciones públicas al aire libre o en el camino a ellas, está prohibido 1° participar en tales eventos usando un atavío o presentación personal que sea apropiada para o que pretenda evitar la constatación de la identidad personal, o dirigirse a tales eventos vestido/a de esa forma. 2° en tales eventos o en el camino a ellos, llevar objetos que sean adecuados para impedir que se pueda establecer la propia identidad.

La orden de disolver la manifestación es adoptada por la policía incluso cuando sólo una parte de los manifestantes se encapuchan y el resto no. Sí o sí se disuelve toda la manifestación, protesta, marcha o acto. Ello siempre puede llevar a una “escalada” de violencia[5]; pero se considera un riesgo que hay que correr. Los organizadores tienen que ser responsables y alejar de su gente a los encapuchados, lo que, en Alemania, generalmente ocurre.

La prohibición de usar las máscaras u otros objetos para ocultar el rostro, se ha extendido, en el último tiempo, a los estadios de fútbol. En ellos, a los dueños de los estadios (evidentemente, los estadios en Alemania son de propiedad privada) corresponde establecer la prohibión de enmascararse. En general, se acepta que, si no se producen incidentes, los “fans” pueden ponerse máscaras; sin embargo, ante la menor señal de violencia, la policía puede intervenir, para lo cual -desde hace un par de meses- las autoridades pueden enviar una suculenta cuenta a los clubes de fútbol por “sus servicios”. Lo que me parece muy razonable, ya que no veo por qué el contribuyente tenga que pagar por la irracionalidad de los hinchas.

La prohibición se puede extender a procesiones religiosas, a funerales, a matrimonios y a todo tipo de fiestas populares; pero generalmente no se hace, ya que no es necesario. Evidentemente, la prohibición tampoco se extiende a policías o a personas que pasen por la calle, pero que no participan en el evento en cuestión[6]. Esto es importante, considerando el frío que hace en Alemania durante el invierno que hace necesario el uso de pasamontañas. Y la presencia de algunas burkas aisladas en algunas ciudades[7].

De acuerdo a la doctrina alemana, los siguientes objetos se pueden considerar como parte del enmascaramiento: bufandas, capuchas, sombreros, anteojos de sol, pasamontañas, cascos con visores cerrados (de esos de moto o de bicicleta), narices de payaso, pelucas, máscaras e incluso maquillaje.

La jurisprudencia ha señalado que tiene que haber una voluntad de ocultar su rostro; pero esa intención subjetiva no necesita ser demostrada, sino que se colige de las circunstancias. En otras palabras, quien se dirige a una manifestación encapuchado o se encapucha durante la misma, demuestra en los hechos, que su voluntad es ocultar su identidad.

También en Alemania, hay gente que sostiene que una prohibición de llevar máscaras durante las protestas y manifestaciones es un atentado contra los derechos humanos y una muestra de la represión estatal. Pero mientras esos grupos no alcancen un porcentaje significativo del electorado, no hay posibilidades de que cambie la ley. Como en todo país desarrollado, en Alemania, las leyes no se derogan gracias a la “presión de la calle”, sino en el parlamento y quien no llegue al Bundestag, poco y nada puede hacer. Sobre todo porque en Alemania existe la cláusula del 5%, según ella, únicamente los partidos políticos que hayan obtenido al menos el 5% de los votos válidamente emitidos pueden obtener representación parlamentaria[8].

Los partidarios de la prohibición (la inmensa mayoría de la gente, que quiere vivir en paz) sostiene que la facilidad en la aplicación del derecho penal, que implica la prohibición de “encapucharse”, tiene muchísimo más peso que el deseo de permanecer en el anonimato por parte de los manifestantes[9]. Asimismo, agregan que quien se tapa el rostro tiene una “apariencia marcial” que no da precisamente la impresión de querer manifestarse pacíficamente. Eso es cierto: las pintas de los encapuchados no dan confianza, sino más bien, crean temor. Pienso que es esta su principal intención: atemorizar a la población.

Hay una sola excepción reconocida por los tribunales: el caso de manifestantes que sean filmados por rivales políticos o a agencias de inteligencia extranjeras[10] y se oculten temporalmente la cara frente a ellos. En tales casos, ha habido varias absoluciones en derecho penal. También si temen no por ellos mismos, sino por sus familias que viven en otros países. Pero insisto, la excepción se refiere sólo a los casos en que alguien cubra su rostro frente a los manifestantes de una contramanifestación quienes los filman para iniciar contra ellos campañas o “funas” en su contra. Lo que generalmente hacen los extremistas de derecha en Alemania que no veo muy lejos de nuestros extremistas de izquierda chilenos. Ni en sus prácticas, ni en su estética del fuego, ni en sus vestimentas.

Otra excepción es la vestimenta temática, que puede ser parte de performance en ciertas manifestaciones, por ej., máscaras de animales, en apoyo de los animales o trajes que protegen de la radicación, en contra del uso de la energía atómica. Sobre todo, ahora que la serie de HBO Chernobyl se ha convertido en una de las más populares de Alemania[11]. Igualmente, supongo que un disfraz de Pikachu como el que Pamela Jiles exhibió en el Congreso la semana pasada, también estaría exento de la prohibición.

A mi modo de ver, la prohibición de enmascarse o “ley contra el encapuchamiento” protege precisamente el derecho fundamental a reunirse y manifestarse pacíficamente. Este es un derecho que tenemos que resguardar todos. Es nuestro derecho garantizado por la Constitución. Cuando el estado, a través de la fuerza pública prohíbe el encapuchamiento contribuye directamente a asegurar este derecho humano a manifestarse en forma pacífica.

Quienes participan en un evento político o social de relevancia, como una marcha, una protesta o una manifestación en general, son quienes deberían tener el mayor interés en que su evento se iniciara, continuara y terminara en paz, sin encapuchados, sin violentistas de “primera línea”, ni saqueos, ni tampoco incendios o agresiones a carabineros o a transeúntes.

En un estado de derecho, la fuerza policial protege a quienes participan en una protesta pacífica de los violentistas que atentan contra la vida, la propiedad, la integridad y la libertad de las demás personas, tanto de las que participan en la marcha, como de las personas que pasan por allí, de periodistas y de la gente que vive o trabaja en el lugar en que tiene lugar la manifestación.

Adular a los violentistas o creer que la violencia es la única forma de cambiar las cosas es una barbaridad, una aberración y una estupidez y significa retornar a la época de las cavernas. Me atrevo a decir que la escalada de violencia encapuchada que tiene lugar hoy en Chile es lo que Popper clasificó como una fuerza anticivilizatoria, una expresión más del totalitarismo que acompaña el proceso de la civilización. En el fondo, es un movimiento reaccionario.


[1] Sobre el concepto de “ayudismo”, ver mi columna ¿Pamela Jiles, de qué estaba disfrazada?

[2] Pikachu es un Pokemon y realmente, que se ve igual a la Pamela o, más bien, ella igual a él.

[3] La traducción del § 17a del Versammlungsgesetz (ley sobre marchas y concentraciones) totalmente libre es mía. El original dice: “(1) Es ist verboten, bei öffentlichen Versammlungen unter freiem Himmel, Aufzügen oder sonstigen öffentlichen Veranstaltungen unter freiem Himmel oder auf dem Weg dorthin […] (2) Es ist auch verboten, 1. an derartigen Veranstaltungen in einer Aufmachung, die geeignet und den Umständen nach darauf gerichtet ist, die Feststellung der Identität zu verhindern, teilzunehmen oder den Weg zu derartigen Veranstaltungen in einer solchen Aufmachung zurückzulegen. 2. bei derartigen Veranstaltungen oder auf dem Weg dorthin Gegenstände mit sich zu führen, die geeignet und den Umständen nach dazu bestimmt sind, die Feststellung der Identität zu verhindern. (3) Absätze 1 und 2 gelten nicht, wenn es sich um Veranstaltungen im Sinne des § 17 handelt. Die zuständige Behörde kann weitere Ausnahmen von den Verboten der Absätze 1 und 2 zulassen, wenn eine Gefährdung der öffentlichen Sicherheit oder Ordnung nicht zu besorgen ist. (4) Die zuständige Behörde kann zur Durchsetzung der Verbote der Absätze 1 und 2 Anordnungen treffen. Sie kann insbesondere Personen, die diesen Verboten zuwiderhandeln, von der Veranstaltung ausschließen”.

[4] En alemán se dice “bajo el cielo libre”. Quiere decir: las que no se realizan en locales cerrados.

[6] En este punto y en otros muchos que toco en este artículo, ver el exclente informe del Bundestag Das versammlungsrechtliche Vermummungsverbot, cuya lectura recomiendo.

[10] Pienso en Rusia y en Turquía.

[11] Lo mismo se puede decir de las máscaras de Guy-Fawkes -tan de moda durante la crisis subprime- o de las mascarillas que expresan solidaridad los enfermos de SIDA.

El “asesino de piñera” #distopia

A un año de las protestas de 2019, vemos como Chile se ha convertido en un país totalmente diferente a lo que cualquier persona se hubiese podido imaginar en marzo de 2018, cuando Sebastián Piñera asumió, por segunda vez, la presidencia de Chile. El entonces “modelo” para toda la región es hoy un país que parece ser un anti-ejemplo. Hoy, en octubre de 2020, Chile es el “hombre enfermo” del subcontinente. Y no se vislumbran posibilidades de recuperarse.

En mayo de 2020, durante su discurso anual en el Congreso, un joven de 19 años, un verdadero millennial, asesinó al Presidente Piñera. Se le acercó a él durante la lectura del discurso y lo acuchilló frente a las cámaras de televisión que transmitían en cadena para todo el país y para el mundo, a través de internet.

Cristóbal Farías Espinoza viene de una familia de emprendedores exitosos, de verdaderos self made people. Sus padres estudiaron ambos ingeniería comercial en una prestigiosa universidad privada, ambos con beca. Educaron a sus cuatro hijos -de los cuales, Cristóbal es el menor y el único nacido en el postmilenio- en un ambiente de trabajo y de esfuerzo. Nada de flojear, todos tenían que estudiar, trabajar en la casa y hacer deporte.

Los padres, según han contado los hermanos, conversaban mucho con sus hijos; pero Cristóbal se les escapó de las manos. Según ha trascendido, sus padres y hermanos están destruidos y pensando en emigrar. No entienden cómo Cristóbal se radicalizó y ellos no pudieron hacer nada en contra. Tampoco comprenden cómo fue capaz de asesinar. Aunque suponen que es un proceso que empezó mucho antes.

El joven de rasgos finos y pelo rizado, de barba tupida, pero siempre muy cuidada, había estudiado en el Vitacura High School, un colegio donde enseñaban inglés desde pre-kinder. Era buen alumno y le gustaba el arte. Cristóbal se decidió a estudiar filosofía en una universidad tradicional. Él renegaba de las universidades privadas y decía querer conocer a la gente que vivía “de la Plaza Italia para abajo”, según escribió en redes sociales. Al parecer, su paulatina radicalización tuvo lugar en internet, en las mismas redes sociales.

Periodistas han revisado cientos de comentarios suyos en una página de Instagram llamada “asesino de piñera”, cuya foto de perfil es nada menos que la imagen de un payaso, lo que nos hace pensar en la película “El Joker”, que tanto éxito tuvo el 2019. La auto descripción de la página es: “Matando a piñera junto a sus compañeros actuales y anteriores se soluciona todo”. La página ofrecía un chat por whatsapp al cual Samuel se adhirió y comenzó a participar intensamente.

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Cristóbal había tenido ciertos problemas en el colegio, según ha trascendido. Sus compañeros revelaron a la prensa que era un niño solitario que no participaba en las actividades comunes. Igualmente, trascendió que, durante la época de colegio, tuvo una depresión adolescente. Consultada al respecto, su psiquiatra aclara que ella no puede decir nada sobre el caso, debido a su sagrado secreto profesional; pero la secretaria de su consulta vendió a la prensa fotos de su expediente, donde la psiquiatra diagnostica una personalidad altamente narcisista.

El asesinato de un Presidente chileno -algo que nunca antes había ocurrido en la historia del país- produjo una grave crisis, casi o prácticamente, una guerra civil. Se suspendió todo lo relacionado con la Asamblea Constituyente y con una eventual nueva constitución y se llamó a elecciones para septiembre de 2020. Ese invierno es conocido como el invierno del terror. En septiembre, se realizaron elecciones, en un ambiente de desorden y de acusaciones recíprocas de cohecho, fraude electoral, etc. Pero a nadie le cabe duda alguna de que el vencedor sería el candidato de la extrema derecha. Y así fue. La prensa tituló “un giro a la derecha” y lo llamó “el nuevo Bolsonaro” o el “Duterte chileno”.

 

Evo Morales vs Piñera

No sin cierta superficialidad, se compara a Evo Morales con Sebastián Piñera y se pide la renuncia del segundo, ya que el primero renunció. Con ello se compara Chile y Bolivia o más bien, la situación política muy complicada de ambos países. Pero ¿es esta una comparación válida? ¿Se puede comparar sin más ambos países, ambos presidentes, ambas situaciones?

Antes que nada, el presidente de Bolivia violó la constitución que él mismo se dió, elaborada por una asamblea constituyente designada por él mismo -por su gobierno- y aprobada en un plebiscito convocado y realizado durante su primer mandato. Si, en octubre de este año, Evo Morales ya llevaba tres mandatos e iba por el cuarto, en circunstancias que su propia constitución no acepta la reelección. Para eso, él trató de reformarla; pero no le resultó, ya que perdió en el plebiscito convocado para este efecto.

La Constitución de Evo, de 2009 -llamada pomposamente plurinacional- fue aprobada por simple mayoría y no por los dos tercios que establecía la constitución anterior. Sí, entre una y otra constitución tiene que haber continuidad y toda nueva carta fundamental debe ser elaborada y entrar en vigencia de acuerdo a las normas de la anterior. Lo que no se dió en Bolivia.

Hagamos un poco de historia: Morales fue elegido presidente por primera vez en el 2005, la asamblea constituyente fue designada el 2006 y la constitución, promulgada el 2009. El 2014, los jueces nombrados por él, decidieron “no contar” su primer período tras la antigua constitución como un periodo presidencial, para poder ser reelegido presidente. Así, Evo Morales se convirtió lentamente en un presidente vitalicio, en un rey sin corona, en un monarca sin cetro o bien, en un simple tirano hispanoamericano como otros muchos. Estamos pues ante un renacimiento del consabido caudillismo latinoamericano.

En 2016, Evo Morales intentó reformar la constitución, para permitir su reelección el 2019. Sin embargo, su proyecto de reforma constitucional fue rechazado claramente en un referéndum. El pueblo se decidió en su contra. En contra del rey sin delfín. En contra de quien se había atornillado en el poder y se consideraba imprescindible y se consideraba a sí mismo como el único que podía resolver los problemas de Bolivia: él y nadie más que él.

Como el poder corrompe[1], Evo quiso trocarle la nariz a la constitución y al pueblo y recurrió al tribunal constitucional que, por unanimidad de los jueces nombrados por él mismo, resolvió a su favor. Los jueces “sumisos” al régimen dictaminaron que Morales tenía el “derecho humano” a su reelección: sería una mera cuestión de DDHH reelegir a Morales. Así, mediante un resquicio legal, Evo hizo caso omiso de la constitución o más bien, la violó abiertamente.

Esta triquiñuela de Morales (que no hace honor a su nombre) no causa nada más que un sentimiento entre risa y repugnancia; pero en Bolivia, fue aceptada. Fue aceptada y, en octubre de 2019, se realizaron elecciones presidenciales. En ellas, parece no caber dudas a nadie de haber sido cometido un masivo fraude electoral.

La supuesta victoria del candidato del MAS, sigla detrás de la cual se esconde el partido de Morales, de su Movimiento Al Socialismo, no fue reconocida por observadores internacionales, ni tampoco por los observadores nacionales. La acusación de fraude era demasiado grande, el fraude demasiado evidente, en un estado controlado por el gobierno del Movimiento Al Socialismo.  

A continuación, comenzó una protesta de la sociedad civil que concluyó con la huída de Evo y de todos sus ministros a México y a otros países entre los cuales, al parecer, no se cuentan no Cuba, ni Venezuela, sus aliados políticos en la Región. Por favor, corríjanme si me equivoco en este punto y alguno de sus ministros ha decidido refugiarse en alguno de estos dos países posteriormenre a la publicación de esta columna.

“¡Qué diferencia con Chile!” clama Ian Vásquez, el columnista de El Comercio de Perú, en su artículo que titula “Bolivia vs. Chile”. Escribe: “La alternancia del poder en Chile se ha dado desde el regreso de la democracia en 1990, siendo la izquierda la que ha gobernado la mayoría del tiempo. Durante ese período, la Constitución ha sido cambiada numerosas veces y legitimada por los partidos de izquierda”[2]. Efectivamente, la izquierda chilena ha gobernado 25 de los últimos 30 años; pero, paradojalmente, culpa de todo lo malo a la derecha.

En realidad, la diferencia entre Bolivia y Chile es abismal. Y no me refiero a las diferencias históricas, sino a las actuales. A diferencia del boliviano, el gobierno actual de Chile respeta la Constitución. Si la Constitución no permite la reelección, simplemente, no se presenta el candidato para una reelección inmediata. Las reglas del juego están claras y hay que seguirlas. En Chile, el rayado de la cancha siempre fue sagrado.

Chile es un país con un tribunal constitucional independiente. El tribunal constitucional boliviano era sumiso y se hallaba bajo el control del presidente Morales. En Chile, el gobierno puede esperar que el TC falle a su favor, pero no lo puede obligar. En Bolivia, lo pudo obligar a fallar a su favor.

En Chile, hasta ahora, se ha buscado el acuerdo entre los diversos partidos políticos, salvo ahora, en que la extrema izquierda busca una ruptura violenta, un cambio de sistema, como le llaman en su retórica altisonante. Me pregunto ¿cuál es el sistema que nos quieren imponer? ¿Reemplazar la democracia liberal representativa por una democracia popular a la antigua usanza de los regímenes comunistas de antaño?

Algunos sostienen que su propósito es reemplazar el sistema o el modelo chileno por el de Alemania o Suecia. Lamento decirles que tanto Alemania como Suecia tienen sistemas democrático-liberal-representativos en lo político y de libre mercado en lo económico. Y que en ambos países, la policía es muy efectiva y no acepta actos de vandalismo, ni saqueos, ni tampoco delincuencia, ni crímenes comunes disfrazados de “resistencia”.

A propósito del “sistema”, una amiga argentina me dice que “Chile era el modelo para toda Latinoamérica y por eso, a la izquierda le interesa tanto destruirlo”. A lo que una amiga mexicana comenta “Eso mismo platicaba con mi familia el domingo pasado”. Y otra amiga argentina agrega: “Tal cual, Chile era el modelo”. De ahí el mayor ensañamiento ideológico en su contra.

Un tema que también se plantea y uno no muy tranquilizante es que “el vandalismo y la violencia desatada, los saqueos y la destrucción urbana” son la pavimentación hacia la extrema derecha. No sin razón Patricio Navia comentaba: “después de las protestas del 2014, una mayoría terminó votando a Bolsonaro”[3]. En este caso, “el sistema” tendría un vuelco inesperado, de acuerdo a la tradicional ley del péndulo que tanto conocemos los chilenos y el modelo sería reemplazado por otro cuyos propulsores consideren totalmente opuesto al actual. Me pregunto si para allá vamos… Sólo puedo responder que lo contrario de la extrema izquierda no es la extrema derecha. Lo contrario de la extrema izquierda es la democracia.

Que me disculpen los países productores de plátanos; pero es propio de “repúblicas bananeras” exigir la renuncia del presidente en ejercicio, que fue elegido en elecciones democráticas. Y esto lo sostengo tanto frente a quienes hoy exigen la renuncia de Piñera, como frente a quienes exigían la renuncia de Bachelet. De la misma manera, es altamente antidemocrático y no merece ni siquiera el más breve análisis, sostener “si yo no voté a Piñera, él no es mi presidente”, como he leído y escuchado en estos aciagos días.

Vásquez explica que, “la izquierda extrema…denuncia además que el Gobierno ha tratado de mantener la seguridad y el orden público ante el vandalismo y violencia que algunos manifestantes han desatado”[4]. Pero ¿no es esto lo normal? Un gobierno sería super irresponsable si no lo hiciera. Lo que correponde a un gobierno es defender las instituciones, defender el estado de derecho. Los cambios se hacen sin ruptura, de acuerdo a la antigua divisa democrática: evolución y no revolución.

Al gobierno le corresponde mantener la seguridad y el orden público frente a la violencia y al vandalismo. En este punto, el comentarista peruano tiene toda la razón. En un estado de derecho no rige la ley del más fuerte, sino que impera la fuerza de la ley. Esta es una de las más valiosas conquistas de la sociedad democrática, donde el estado tiene y ejerce el monopolio de la fuerza y los ciudadanos no necesitan recurrir a la autodefensa porque es el estado quien los protege y defiende sus derechos[5].

El columnista de El Comercio de Lima explica que, “la izquierda extrema, que ahora quiere derrocar al presidente, dice que Chile ha vivido 30 años de fracaso, a pesar de los hechos que cuentan otra historia”[6]. Bueno, de los 30 años, 25 han sido de gobiernos de izquierda. Pero eso, ¡a quién le importa cuando se trata de tergiversar la historia y los hechos y de presentar un relato a mi antojo, un storytelling que me beneficie y que evite preguntas molestas! Pero, como decía Stalin, “persigue al mentiroso hasta el umbral de su mentira”.

 


[1] La sentencia es de John Emerich Edward Dalberg-Acton. Su original en inglés: “Power tends to corrupt, and absolute power corrupts absolutely”

[5] “Este es un ‘gran logro civilizatorio de la modernidad, así se logró suprimir la barbarie’” La polarización es el semillero del extremismo

“…en los saltos sin las instituciones ganan los prepotentes, gana la extrema derecha o la extrema izquierda”

Escribo este artículo impactada por las imágenes de las dos carabineras quemándose debido de una bomba lanzada por un manifestante. Y lo peor son las “opiniones” en redes sociales, sarcásticas y carentes absolutamente de empatía que dicen que todo es un montaje… O que los carabineros se lo merecen o frases por el estilo.

Sin duda, para algunos personas, Carabineros representa al estado, al estado de derecho y a las instituciones. Todo eso que ellos detestan y que ha servido para que -no sin razón- sean calificados como anarquistas. “Para el anarquismo toda institución resulta insoportable, opresiva, de modo que la libertad sólo se alcanza en la lucha contra las instituciones”. Y es una lucha de suma cero, en que si yo gano, el otro pierde y viceversa; no es posible la cooperación. “Para el anarquismo toda institución resulta insoportable, opresiva, de modo que la libertad sólo se alcanza en la lucha contra las instituciones”[1].

Pareciera que las normas más fundamentales de convivencia humana se destruyeran poco a poco en Chile. Sé que es una minoría; pero es una minoría que se hace sentir. Que se apropia de las redes sociales y que toma la calle. Esta minoría, pareciera tener más tiempo que los demás, o más entusiasmo y estar más comprometida, comprometida en la lucha. En otras palabras, pareciera ser un sector más fanático. O simplemente ser un sector minoritario, pero fanático.

Pienso que “la lucha callejera no es, de ninguna manera, el lugar donde se elige a quien representa al pueblo. Quienes salen a las calles a destruir, a quemar, a golpear a otras personas, nunca pueden ser representantes del pueblo”[2], escribía la semana pasada. Hoy tengo que agregar, quienes salen a quemar a otras personas… Me pregunto si el joven que lanzo la Molotov siente hoy algún tipo de remordimiento, si está un poco arrepentido. O si su acción es celebrada, glorificada por sus compañeros en la lucha contra las instituciones.

En medio de este tumulto, emerge la voz ecuánime y pacificadora del jesuita Felipe Berrios que, en su mensaje No destruyamos nuestras instituciones, cuidemos nuestra democracia[3], señala que “las instituciones, por más débiles que sean, son la protección al más débil y el freno al prepotente”.

Si alguien quiere cambiar algo[4], “hay que hacerlo a través del sistema político que tenemos”. Aclara: “a través de los alcaldes que tenemos”, “de los senadores y diputados. “Yo he escuchado voces: que renuncie el presidente de la república. Te guste o no te guste, es el presidente que escogimos los chilenos y a través de él tenemos que ver el cambio. Pero no nos engañemos, que en los saltos sin las instituciones ganan los prepotentes, gana la extrema derecha o la extrema izquierda”.

“A mi modo de ver, arrogarse la facultad de representar al pueblo al tiempo que se la niega a quienes realmente han sido elegidos tiene un nombre muy simple: populismo”[5]. La protesta chilena, tanto la violenta como la pacífica, tienen fuertes elementos populistas. Lo que veo hoy en Chile me hace pensar en Europa de los años 1930, cuando grupos fascistas comenzaron a dominar la calle. Eran pocos, pero fueron muy eficientes. Los países cayeron uno a uno bajo la dominación totalitaria.


[3] En El Mostrador, con subtítulos.

[4] Muchos de nosotros queremos cambiar mucho, ver mi columna La protesta originariamente social y el estado de excepción en Chile

Terrorismo de derecha y terrorismo islámico, dos caras de la misma moneda

Julia Ebner[1] es una joven austriaca de 28 años. Investigadora experta en extremismo, terrorismo e islamismo, residente en Londres.

A los 27, publicó su libro “The Rage””[2], esto es la rabia, que se convirtió en un bestseller en los países europeos en cuyos idiomas ha sido publicado[3]. Creo que porque quienes lo hemos leído, vemos en él, sintetizado y sistematizado, lo que nosotros mismos observamos a nuestro alrededor. Actualmente, Ebner es una de las más solicitadas expertas en terrorismo y extremismo.

La autora escribió las primeras líneas de su obra en una academia militar china, donde era la única mujer. En su trabajo de preparación del libro, Ebner se mezcló entre grupos de extrema derecha e islamistas. Realizando una investigación ad fontes, yendo a las fuentes. Participó en manifestaciones, en actos y entró undercover a sus chats cerrados[4].

Uno de sus artículos en The Guardian[5] le llevó a ser víctima de un inglés llamado Tommy Robinson que fue a “visitarla” a su oficina[6], filmó la visita, la subió a las páginas de su tendencia política de extrema derecha. A consecuencia de ello, la oficina donde trabajaba Ebner tuvo que mudarse, para evitar el peligro de ataques tras reiteradas amenazas.

Hoy en día, es notorio que entre los grupos de extrema derecha y los islamistas hay un parecido bastante grande. Sus miembros se comportan de manera similar, usan los mismos mecanismos de radicalización y de argumentación. E incluso, diría que, en aspectos culturales (situación de la mujer en la sociedad, familia, reproducción, negación del gender) no sólo son bastante parecidos, sino que son iguales. Las mismas barbaridades con respecto a estos temas son defendidas, con diferentes matices, por unos y por otros.

Julia Ebner nos hace ver que ambos extremismos, el de derecha y el islamista, se radicalizan recíprocamente[7]. El investigador británico Roger Eatwell[8] formuló en 2006, el término extremismo acumulativo y lo describió como “un fenómeno que se produce cuando una forma de extremismo político se moviliza contra otra forma de extremismo político”[9]. Ambas se alimentan y se aumentan o magnifican entre sí.

Mohammed Ilyas define el extremismo acumulativo como “un proceso a través del cual diferentes formas de” extremismo “interactúan y pueden potencialmente producir una espiral de violencia”[10]. Por su parte, el profesor de la Universidad de Kent, Matthew Goodwin[11] pone como ejemplo, las “organizaciones políticas de extrema derecha que se movilizan en respuesta a la amenaza percibida del extremismo islámico”[12]. Para mí, esto no es sólo una espiral de violencia, sino que una espiral de terrorismo.

Sí, ambos extremismos se condicionan recíprocamente. Más bien, se retroalimentan. No es nada el uno sin el otro. Sin el otro, el uno se queda sin enemigo, sin razón de ser, sin nadie a quien culpar de todos los males y sin nada que combatir. Para que exista un extremismo, tiene que existir el otro. Sus planteamientos y argumentos (pseudo argumentos) son iguales, sólo que relatados desde el otro lado. Donde unos dicen que los otros los quieren destruir, los otros dicen que es a ellos cuya destrucción pretenden. Los musulmanes desearían acabar con nuestra sociedad occidental; a su vez, los islamistas plantean que es a ellos a quienes desean exterminar.

Reaccionan de acuerdo a la máxima: lo que tú me haces a mí, yo te lo hago a ti[13]. Un atentado llama a otro atentado, del otro lado. A más mezquitas quemadas, más atentados en plazas, museos y discotecas. Es una grotesca inversión del imperativo “trata a los demás como quieres que te traten a tí”. Sí, tal vez, los extremistas de uno y otro lado se necesiten mutuamente para echar leña al fuego de su odio.

En ambos extremismos existe un claro paralelo entre la forma de ver el mundo y sus respectivas estrategias. Ambos se imaginan que habrá una guerra entre Occidente y el Islam, entre musulmanes y no musulmanes. Ambos tienen visiones apocalítpicas sobre el futuro: habrá una gran catástrofe, después de la cual, apretaremos en botón de reseat y surgirá una especie de mundo nuevo. Una “tierra nueva y un cielo nuevo”, dirían los milenaristas. Parece que la humanidad no aprende nunca: cuántas ilusiones sobre el paraísmo venidero han llevado a convertir una región entera en un infierno. Lo vemos actualmente en Siria o Irak y en el pasado, en la misma Europa durante el siglo 20.

Asimismo, ambos terrorismos se victimizan y niegan que sean extremistas. Se hacen pasar por víctima del otro grupo al que demonizan. Y por supuestos defensores de una supuesta cultura. Aunque la suya es más bien una incultura. Para que una relación de estas características sea ventajosa para ambos, la víctima tiene que presentar a un victimario y el victimario, a una víctima. Así, trabajan de la mano, en una ligazón de dependencia recíproca y enfermiza, de la cual, ambos obtienen ventaja.

Ambos extremismos tienen además, un enemigo en común: el establishment, tan odiado por jóvenes sin esperanza y con muchos problemas, reales o no. Los “perdedores” dentro de la sociedad siempre detestan y envidian a los que ellos consideran injustos triunfadores… A “los de arriba”. A quienes trabajan, se esfuerzan por llevar una vida de provecho, quienes no quieren más que vivir en paz en un sistema democrático liberal, estos son quienes primero reciben los ataques de los extremistas indignados de uno y de otro bando. A nosotros…

La rabia, la indignación, la ira son siempre malos consejeros y peores aliados. No conducen a ninguna parte, a lo más, a un callejón sin salida.

Lo que ellos llaman “el sistema”, la sociedad abierta[14], nuestro orden constitucional, nuestro estado de derecho. eso es lo que tanto detestan e intentan destruir. Justo lo que nosotros -los demócratas de todos los tiempos- queremos defender[15]. Nuestro orden fundamental de libertad y de democracia, el rayado de la cancha. A mi modo de ver, el elemento que ambos extremismos tienen en mayor medida en común es el odio, la rabia, la agresividad, la indignación. Vivimos, como se denomina uno de los capítulos del libro de Ebner, en “la edad de la rabia”.  

Muchas veces, nosotros, permanecemos como espectadores de esta espiral de odio y de violencia. A ella se suman quienes deberían ser los sembradores de la paz y de la alegría, y no lo son. No podemos seguir siendo espectadores. Hay que ser valientes y tomar partido. Ya lo hace mucha gente. La que sale a la calle a protestar contra el odio y la violencia, contra el terrorismo y el extremismo. La que discute y hace frente a los populistas de todos los colores. La que enciende velas contra la xenofobia y ora por la paz y el entendimiento. La que habla de tolerancia y de amor, pero no de odio, ni de discriminación. La que se alegra de que los que ayer eran pobres, hoy salgan adelante y no siente envidia de quienes surgen y alcanzan un mayor bienestar social y económico.

Y la que escribe artículos, en que comenta libros sobre el tema…

 


[1] En Wikipedia: Julia Ebner

[2] “The Rage: The Vicious Circle of Islamist and Far-Right Extremism”, aparecido en Gran Bretaña el 2017.

[3] En inglés, alemán e italiano. “La Rabbia” y “Wut” son del 2018.

[4] Para escribir estas dos columnas, yo también entré a chats cerrados, esto es, sólo para miembros: El antisemitismo en el nuevo ateísmo en Alemania y mi relato distópico Ateísmo y antisemitismo

[6] Lo cuenta en las páginas finales (283 y siguientes) de su libro y en el artículo, también en The Guardian: Tommy Robinson’s cheerleaders are hypocrites, but his strategy is working Ver asimismo Extremists Storm Quilliam Office

[7] “Wut: was Islamisten und Rechtsextreme mit uns machen”, pág. 19

[8] Roger Eatwell, profesor emérito de la Universidad de Bath.

[13] Matthew Feldman, citado por Ebner, en la pág. 19 de su libro.

La ceguera de la izquierda europea. El caso de Venezuela… y de Cuba

Este lunes[1], el gobierno alemán reconoció a Juan Guaidó como presidente de Venezuela. El anuncio no lo hizo el vocero del gobierno, ni siquiera el ministro de relaciones exteriores. El anuncio lo hizo la misma canciller Merkel. Y ni siquiera estaba en Berlín, sino que de visita en Japón[2]. No me cabe duda que el tema tiene gran importancia para Merkel y para sus ministros.

El reconocimiento fue precedido por un “ultimatum”, en que Alemania -entre otros países de la Unión Europea- habían pedido a Maduro que llamara a elecciones presidenciales, a más tardar, el domingo pasado[3]. El hasta ahora presidente venezolano había dicho que él no se dejaba amenazar. Europa había advertido que, si no llamaba a elecciones hasta esa fecha, reconocería como legítimo presidente de Venezuela al hasta ahora, presidente del Parlamento venezolano.

Y así fue. Contra la opinión y los deseos tanto de la extrema izquierda alemana como de la extrema derecha. Sí, aunque parezca increíble, la llamada Alternativa para Alemania (que no es ninguna alternativa) apoya indirectamente a Maduro. En esto, la derecha alemana es fiel a Putin, su benefactor, aliado y mentor. Putin, que es igualmente el mentor de la extrema izquierda.

Sí, en este aspecto (y en muchos otros), ambos extremos se hallan unidos en una alianza que algunos denominan un nuevo Querfront (frente amplio o más bien frente cruzado). Aunque “más bien creo que las ideas políticas pueden ser agrupadas en forma de U, en la que los extremos de la letra herradura son precisamente la extrema derecha y la extrema izquierda”[4].

El frente cruzado o amplio (Querfront) surgió, en Alemania, durante la República de Weimar. En él, sectores ideológicos contrarios -socialistas y nacionalistas- se unieron en una alianza estratégia antidemocrática, destinada a alcanzar el poder. Desde entonces, se denomina así a los intentos de unión táctica entre grupos de ambas facciones.

A nivel europeo, recordemos que el único país cuyo gobierno se niega rotundamente a reconocer a Guaidó como Presidente de Venezuela es Italia, cuyo gobierno está encabezado precisamente por un frente amplio: de la extrema derecha Lega y la extrema izquierda Cinco Estrellas.

En esta ocasión, me referiré sólo a la posición de izquierda alemana y Europea frente al conflicto en Venezuela. O de la ultraizquierda, como me parece que sería más propio hablar.

Hace dos semanas, escribí en mi columna “Se dice que los nazis son los parientes que dan vergüenza a los conservadores europeos, por eso los tratan con más benevolencia de la que se merecen (no merecen ninguna). Lamentablemente, algo similar puedo decir acerca de la actitud de parte de la izquierda europea frente los tiranos socialistas al estilo Castro, Chávez o Maduro: los tratan con benevolencia. Intentan justificarlos, salvarlos, depurarlos, ocultar sus faltas”[5].

Si, hace dos semanas, no había leído ni escuchado ninguna opinión de la izquierda europea que no fuera favorable a Maduro. Mea culpa, porque en realidad había un artículo de 2017. Esta semana, alguien me pasó el link. Es antiguo; pero bastante profético. Del periodista del taz, Bernd Pickert[6]. Tal vez por su calidad de profeta, Pickert fue ampliamente enlazado esta semana en Twitter (al menos entre mis followers)[7].

El ensayo se titula “La izquierda y Venezuela: Abandonar la solidaridad ciega”[8]. Es un llamado a dejar de lado esa defensa, ese respaldo, el apoyo incondicionado y ciego de la izquierda hacia el gobierno chavista de Caracas[9]. Su tesis principal es que la crisis social y económica de Venezuela -que él califica de dramática- es de origen interno y no es producto de una intervención extranjera. Concretamente de los Estados Unidos, como se la presenta con frecuencia en ambientes de izquierda.

Para muchos izquierdistas europeos (y latinoamericanos), el “gigante del Norte” es siempre culpable de todos los males del mundo entero. En esto se parecen demasiado a la extrema derecha europea con su visceral rechazo a los Estados Unidos. Para ambos grupos, siempre hay alguien de afuera que trata de perjudicarlos, frenarlos y que no los deja salir adelante y ese alguien, generalmente son los Estados Unidos.

El apoyo de la izquierda europea al gobierno de Maduro procede de actores tan importantes como Podemos (España) y de Mélenchon, en Francia[10]. Es cierto que, en el contexto de la política europea, estos dos agentes no son demasiado relevantes. Sin embargo, dentro de la alicaída izquierda del Viejo Continente, sí lo son. Son lumbreras, esperanzas, estrellas nacientes de la izquierda europea. Para Pickert, con este respaldo incondicional y acrítico y, en definitiva, es la misma izquierda la que sale desacreditada.

Pickert explica que, en 1999, cuando Hugo Chávez inició su primer período presidencial, luego de una elección democrática, la revolución bolivariana, basada en la figuera del libertador latinoamericano Simón Bolívar, se abocó muy pronto a propagar el llamado “socialismo del siglo 21”[11]. Leyendo a Pickert me parece aún más absurdo este giro y esta obsesión o más bien este aprovechamiento del nombre de un prócer de la independencia de América[12] que, con el socialismo no tuvo nada que ver. Que ni siquiera lo conoció, ya que en Latinoamérica, durante el siglo 18 y comienzos del 19, nadie había escuchado hablar de socialismo[13].

Chávez luchó porque el gobierno venezolano adquiriera el control absoluto de los ingresos de la empresa de petróleo de ese país. Luego de logar ese objetivo, invirtió los abundantes petrodólares (el precio del petróleo era muy alto en ese entonces) en programas sociales y en las “alianzas internacionales”[14]. Lo primero está muy bien. Lo segundo -las “alianzas internacionales”- fueron una forma de financiar otros regímenes ineptos, ineficientes y altamente corruptos de la región y de exportar la llamada “revolución bolivariana” a otros estados[15].

En vez de usar los petrodólares de una era de bonanza, en diversificar la economía de Venezuela, se dejó de producir en el país, que comenzó a depender absolutamente de las importaciones de los bienes más elementales. Emblemática es la falta del papel confort en Venezuela, que llevó al presidente Maduro a sostener que los venezolanos deberían ir menos al baño. Esto no es sátira, como tampoco lo es la supuesta aparición del entonces recientemente fallecido Chávez en forma de pajarito en el jardín de Maduro. Si es cierto que desenterraron a Bolívar para ceremonias de la creencia yoruba, es algo que no podría asegurar.

Llegó un momento en que el precio del petróleo bajó y con ello, se derrumbó la economía venezolana. Pickert asegura -y en esto tiene toda la razón- que la crisis de Venezuela no se debe a una “intervención internacional”, ni a una “guerra económica” contra su gobierno, sino que es de origen casero[16]. Es hecha en casa, made in Venezuela. Así, “un cuarto de siglo después del fin del imperio soviético, un nuevo ensayo de socialismo se halla frente al mismo resultado al que se enfrentó el socialismo soviético: se debate políticamente entre el autoritarismo y la dictadura y, se encuentra económicamente marginado”[17].

El periodista sostiene que ya Chávez comenzó con el intento de poner a todas las instituciones estatales bajo su control total. Y, en lo posible, también los medios de comunicación. Explica que es lo mismo que han hecho Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y el matrimonio de dictadores Ortega Murillo, en Nicaragua[18].

Prosigue: en el momento en que, el 2015, el chavismo perdió abrumadoramente, las elecciones parlamentarias, el parlamento -en que la oposición tenía la mayoría- fue despojado de todo poder. Más tarde, Maduro destituyó a la fiscal nacional que le era igualmente crítica[19]. Con esto, dos poderes del estado fueron “desempoderados”.

Es realmente fatal -acusa Pickert- que tantos izquierdistas fuera de Venezuela hayan apoyado activamente este proceso socialista tan deficitario desde un punto de vista democrático, o hayan callado sobre él[20]. Yo hablaría de un silencio culpable, que no quiere ver lo que no le conviene o no le gusta, que cierra los ojos o simplemente prefiere la más absoluta ceguera.

¿Por qué ha ocurrido esto? Nuestro autor explica que, principalmente por dos razones: por la glorificación de la revolución cubana. El gobierno de Cuba ha enviado médicos y consejeros a Venezuela. Los consejeros tienen una misión ideológica dentro del aparato de seguridad venezolano. Cuba es considerada por muchos partidarios de la izquierda europea, como el único o el último bastión que hace frente al imperialismo norteamericano[21].

El regimen cubano -continúa- fue el único gobierno de izquierda capaz de mantenerse en el poder después de la caída del socialismo en el Este de Europa. Por ello, muchos izquierdistas europeos, lo elevaron a la categoría de “modelo a seguir”. Otros muchos, incluso quienes nada quieren saber del estado socialista al estilo cubano-soviético-autoritario, simplemente permanecen en silencio[22]. Callan y su silencio es un silencio culpable.

Parte de la izquierda latinoamericana debería volver a tener una actitud positiva frente a la democracia parlamentaria. La democracia que permite la alternancia en el poder mediante elecciones. “Alternancia en el poder, que no existe en Venezuela, ya que primero Chávez y después Maduro, se han atornillado en la presidencia”[23]. Recordemos que “la alternancia en el poder es, pues, condición sine qua non de la democracia”[24].

No podemos olvidar por qué se desplomó el sistema del socialismo soviético[25], nos advertía el periodista alemán ya el 2017. Sí, yo diría que por las mismas razones que hoy colapsa el “socialismo del siglo 21” en Venezuela. Mi opinión al respecto en mi columna El socialismo del siglo 21 y su derrumbe en Venezuela

En suma, la izquierda mundial tiene que reconocer que un chavismo que carece del respaldo de la mayoría de la población, simplemente, no puede seguir en el poder, no puede continuar gobernando. ¿Solidaridad ciega en favor de Maduro, tan sólo porque se lo identifica como un gobiernante de izquierda? Persistir en respaldar su fracasado gobierno sólo porque consideran que la oposicón es peor, no es un signo de solidaridad, menos que nadie frente a los mismos venezolanos[26].

Me permito recomendar a los izquierdistas europeos que lean a Pickert.


[1] 4.02.2019

[2] Pueden ver el video en que Merkel lo anuncia en Alemania reconoce a Juan Guaidó como presidente de Venezuela

[3] 3.02.2019

[6] @BerndPickert, en Twitter.

[7] Mi dirección de Twitter es @MartaSalazar

[9] Hay que ser valiente para plantear una tesis así, para hacer un llamado en tales términos y en un diario de izquierda. Aunque, pese que el el artículo es de agosto de 2017 (10. 8. 2017), Pickert continúa en taz y hoy veo que hay otros periodistas que escriben en ese diario en esos mismo términos.

[12] Simón Bolívar nació en 1783 in Caracas, Venezuela y murió en Santa Marta, Colombia en 1830.

[13] Al parecer, el primero en emplearla fue el italiano Giacomo Giuliani, en su crítica a Rousseu; pero en un sentido muy distinto al que em término socialismo adoptaría después.

[15] El dinero venezolano destinado al gobierno de Kirchner son un secreto a voces. El mantenimiento del régimen cubano es menos secreto. Como así también, el apoyo al de Morales en Bolivia. Si Venezuela financió o no a Podemos, es algo de lo que muchos españoles están convencidos.

[17] La traducción libre es mía. El original dice: “Und so steht, ein Vierteljahrhundert nach dem Ende des sowjetischen Imperiums, nun der nächste „Sozialismus“ betitelte Versuch vor demselben Ergebnis: politisch autoritär bis diktatorisch, ökonomisch am Rand der Staatspleite.Und so steht, ein Vierteljahrhundert nach dem Ende des sowjetischen Imperiums, nun der nächste „Sozialismus“ betitelte Versuch vor demselben Ergebnis: politisch autoritär bis diktatorisch, ökonomisch am Rand der Staatspleite”, de Die Linke und Venezuela: Blinde Solidarität aufgeben

El antisemitismo en el nuevo ateísmo en Alemania

Todavía estamos a tiempo de hacer un recuento de lo ocurrido el año 2018. Una de las experiencias más extrañas del año pasado fue mi participación en grupos ateos alemanes en Facebook. Grupos cerrados, donde te tienen que aceptar para entrar. Ingresé a ellos, gracias a sendas invitaciones de una amiga atea. Uno de los grupos era el grupo ateo  más importante de Facebook en Alemania. El otro, uno algo menos relevante. En el segundo de los grupos, en el que había muchos árabes, me parece que la mayoría de ellos estaba desilucionado del Islam o de la caricatura de la religión que existe en la actualidad en sus países. No los culpo.

De partida, especialmente en el grupo únicamente alemán (en adelante, primer grupo), se respiraba un ambiente que yo podría calificar como de extrema derecha. O, al menos, demasiado cercano a la AfD y a Pegida. En ambos grupos -pero, especialmente en el segundo- había algunas voces contrarias al ambiente de derecha radical imperante. Pero eran acalladas de mala manera, sobre todo en el primer grupo. O simplemente, expulsad@s.

En general, el ambiente en los grupos ateos me pareció bastante desagradable, nada de amistad, de buen trato, de respeto a los demás ateos, sus propios correligionarios. Muy por el contrario, parecía que todos estuvieran peleados entre ellos. De diálogo fructífero, de intercambio y confrontación de opiniones, vi poco y nada. Creo que una persona que dedique mucho tiempo a estos grupos, se va a convertir en una persona depresiva y amargada.

En esta columna, me quiero centrar tan sólo en un aspecto que observé en ambos grupos: en algo que, para mí, es esencial y para Alemania, aún más: en el antisemitismo. (Dejo su misoginia -en que se parecen mucho a los grupos religiosos fundamentalistas- para otra ocasión). Especialmente, ahora que el domingo pasado, rememoramos una vez más el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto[1]. Un año más en que el antisemitismo parece avanzar en Europa. Casi se puede decir que un fantasma recorre Europa: el fantasma del antisemitismo…

Los nuevos ateos[2] que conocí en los grupos de ateos en Facebook aseguran que ellos no son antisemitas. Antes que nada, prometen que ellos no son racistas, porque el racismo -explican- se refiere a la raza. A la etnia, diríamos hoy. No a la religión. Después, aclaran que no están en contra de ninguna raza o etnia, sino que están en contra de la religión. De todas las religiones. En consecuencia, en tanto los judíos no sean religiosos, ellos no están en su contra. Este es un argumento central que repiten una y otra vez, no es una aparición al margen.

Concluyo que, a contrario sensu, están en contra de cualquier judío que crea en Dios, que denominan “judíos religiosos”. Y que sólo están a favor de sus correligionarios, los judíos ateos. Frente a un pseudoargumento como este, sinceramente, no sé si reírme o llorar.

Una de las pocas mujeres del grupo manifiesta una opinión más diferenciadas y explica que el antisemitismo tiene varios aspectos: la religión, una supuesta “raza judía” y el estado de Israel. La religión es sólo parte del antisemitismo, aclara. Esta mujer ya no forma parte del grupo. ¿Por qué será…? Supongo que ella quiere decir que el antisemitismo también puede ser de índole antirreligiosa. Aunque, tengo que reconocer que sus opiniones posteriores me hacen dudar de que esto sea lo que ella haya querido expresar. En general, me pareció que los usuarios repetían consignas tomadas de algún meme; y que su capacidad de reflexión pocas veces llegaba más allá.

Otro usuario afirma que el antisemitismo se dirige únicamente contra la religión y contra todo “lo religioso”. Esta última es la opinión generalizada en el grupo. Y da para variadas interpretaciones de esta que parece ser la consigna fundamental de los nuevos ateos alemanes.

Un miembro del grupo -uno que fue incluso candidato al Bundestag, pero obviamente no fue elegido- me asegura que, como los ateos serían más inteligentes, hay entre ellos menos antisemitas. Ello, debido a que las personas religiosas sufren una alucinación producto de una psicosis y eso las hace… “más tontas”. ¿En serio?[3].

Incluso, algunos de los nuevos ateos de Facebook reconocieron ser contrarios al estado de Israel, puesto que éste sería un estado religioso y por tanto, para ellos -que se dicen laicistas, seculares, etc.- es un estado inadmisible por ser religioso o basado en una religión.

Algunos de mis interlocutores -no pocos- van más allá y sostienen que, sin el estado de Israel, habría paz en el Medio Oriente. Porque el estado de Israel es religioso y la religión sería la causa de todas las guerras, en esa región y también en el mundo.

En este mismo sentido, otro usuario señala que la religión se posa como el rocío[4] sobre nuestro cerebro y reduce nuestra capacidad de pensar. “Sin religión habría menos antisemitismo” y “menos judíos jasídicos idiotas y la paz en el Medio Oriente tendría mejores posibilidades”. Palabras llenas de odio y desprecio… Le pregunto más y me explica que los judíos no religiosos son mayoría; pero insiste en que quienes son responsables de que no haya paz son los judíos religiosos.

Se explayan sobre este tema, que parece que les interesa bastante. Sin religión -insisten- no habría antisemitismo y habría paz en el Medio oriente. A mi modo de ver, es esto una expresión más de aquello de acuerdo a lo cual, las víctimas son culpables. Los mismos judíos serían responsables del antisemitismo[5], ya que la religión es siempre la culpable de la guerra.

Les pregunto abiertamente si los judíos son culpables del antisemitismo. Un usuario me contesta que sí lo son, salvo que sean ateos, entonces, no son culpables, me explica. Es increíble: si los judíos creen en su religión serían culpables del antisemitismo y de la guerra.

Otro integrande del grupo escribe que él no ve razón para no ser antisemita, puesto que a él le da lo mismo que creyentes de religiones “se rompan la cabeza”, entre ellos. Afortunadamente, una posición tan cínica no quedó sin respuesta de parte de otro usuario que lo llamó mentecato[6]. Sí, ya les advertí que en estos grupos impera un ambiente bastante rudo.

La retórica agresiva que descalifica y ridiculiza al interlocutor es una de las características de la extrema derecha[7] y se halla muy presente en los dos grupos. Sus miembros dirigen su oratoria belicosa no sólo contra sus “enemigos”, los creyentes, sino también, contra sus propios correligionarios ateos y miembros del grupo. No aceptan ninguna opinión contraria…Me hace pensar en esa gente de la que se dice quese quiere clonar a sí misma.

Otro usuario confiesa que él es satanista[8] (o satánico) y que, si creyentes de una religión ejercen violencia sobre los de otra, él sólo puede mover la cabeza ante tanta tontería. Sobre el satanismo, la mujer que hizo el comentario más o menos inteligente al que me referí más arriba, explica que el satanismo moderno no está muy lejos del ateísmo y que, en todo caso, sus mandamientos son mejores que los mandamientos cristianos. Me pregunto cuáles serán los mandamientos del satanismo…

A estas alturas, me aseguran que todo esto que están diciendo no es antisemitismo, ya que el antisemitismo sólo se dirige contra los judíos y ellos sólo están contra Israel, no contra los judíos. Sobre este mismo tema, otro usuario agrega que todo estado religioso es inhumano ya que se forma una clase de personas definidas por su religión. Y esta identificación o conexión la que sería responsable del antisemitismo en la región del Medio Oriente.

Un egregio miembro del grupo afirma que el capitalismo también es una religión y que el estado de Israel es capitalista… Las consecuencias para estos ateos militantes es clara… Me da la impresión que se trata de “demonizar” a Israel por todos los medios posibles. Incluso los más ridículos.

Otro hombre trata de salvar la situación y escribe que puesto que los judíos han contribuído tanto al desarrollo de la ciencia, y el ateísmo es pro-ciencia, es imposible ser ateo y ser antisemita, ya que no se puede estar contra los judíos porque son muy buenos científicos. Me pregunto si se justifica estar en contra de “pueblos” que aún no han tenido tan grandes e importantes científicos como los judíos europeos. Pienso en africanos, latinoamericanos, e incluso en judíos sefarditas, etc.

Por último, otro usuario sostiene que el antisemitismo no tiene que ver únicamente con la religión; pero que, si se trata de solucionar el “problema de las formas de ver el mundo de manera irracional” (esto es, religiosas), podemos plantear una “gran solución”. No sé si su “gran solución” consiste en acabar con todas las religiones, con los judíos, elestado de Israel o con todas las anteriores. No le pude preguntar, porque, debido a mi post sobre a favor del gender[9], me echaron del grupo en ese momento.

La verdad es que me duele que el ateísmo esté tomando estos giros en Alemania[10]. Yo vengo de familia atea. Supongo -es lo que dicen quienes han estudiado el tema- que es consecuencia de la expansión del llamado “nuevo ateísmo”[11] [12] en Alemania[13]. Supongo también que esto nos llega a través de la cultura popular (y de alguno que otro libro); pero más que nada, nos llega a través de artículos cortos y de memes en internet. Esta expansión va de la mano de una inclinación de la balanza atea hacia la extrema derecha[14]. Lamentable.


[2] Sobre el nuevo ateísmo en Alemania, recomiendo el excelente artículo de Thomas Zenk ‘Neuer Atheismus’‘New Atheism’ in Germany

[3] Leyendo sus opiniones, me parece que una de las cosas con la que más sufren es que Einstein no haya sido ateo (tal vez sólo temporalmente en su juventud, en Suiza). Aunque ellos tratan de explicar que era ateo en el sentido que habría creído sólo en “el Universo” o algo así.

[4] “mehltau” escribe. Mehltau es una figura con la que el dirigente de la AfD Höcke explica muchas de las cosas que él critica. La imagen del rocío (un rocío malo) que se posa sobre algo bueno, pertenece al vocabulario más usado por la extrema derecha alemana.

[5] Hitler les manda saludos desde el más allá…

[6] Schwachkopf.

[7] En Extrema derecha y liberalismo, mencioné la retórica agresiva como uno de los elementos del extremismo o populismo de derecha.

[8] Agrega que es “nazi, alemán del Este y sajón” (klar bin ich Nazi, bin ja Ostdeutscher und Sachse). Con “alemán del Este”, se refiere a la República democrática alemana o “Alemania comunista”, como la llamaba mi tía abuela. Por todo esto que dice, comienza una pelea campal con otro ateo del mismo grupo… Como ya les contaba, en estos grupos, el ambiente es sumamente agresivo.

[9] Soy pro-gender.

[10] Sobre el tema antisemitismo en el ateísmo alemán, ver: Vehementer Säkularismus als Antisemitismus? de Vanessa Rau.

[11] Ver el ya citado estudio de Thomas Zenk sobre el tema: ‘Neuer Atheismus’‘New Atheism’ in Germany

[12] Hannes Stein, en una editorial de Die Welt, se pregunta si tal vez Dawkins tiene razón, cuando sostiene que la religión es una fuerza maligna, ideada por personas mentalmente enfermas. Religiöser Wahn

[13] No sin razón, el FAZ escribía en 2006 que este nuevo ateísmo puede ser más peligroso que la religión, en Für viele

[14] Ver la correlación entre Ateísmo y AfD en Alemania

Extrema derecha y liberalismo

Es curioso que grupos de extrema derecha en todo el mundo, se den a sí mismos nombres que incluyen la palabra “libertad”, libertarios y hasta se hagan pasar por “liberales”. Incluso, en Alemania, existe un partido político que se autodenomina “Die Freiheit”, esto es, “la libertad”. Me parece una contradicción en los términos, ya que, al menos, a primera vista, nada hay más contrario a la libertad y al liberalismo que la extrema derecha.

Antes que nada, hay que precisar qué entendemos por extrema derecha, por derecha radical o por populismo de derecha o de extrema derecha (el populismo es siempre extremo).

En términos simples, la extrema derecha es la ideología que propicia ideas que son propias de la derecha más extrema. Tal ideario está reñido con el orden democrático, liberal y representativo que actualmente existe en la inmensa mayoría de los países del llamado “mundo libre”[1]. Sus partidarios pretenden superarlo o acabar con el sistema y aceptan hasta el uso de la fuerza para lograrlo (los populistas menos que los únicamente extremistas). Su ideal es un estado autoritario o incluso totalitario. Las bases de la sociedad que postulan están basadas en una doctrina nacionalista y/o racista. En todo caso, exluyente de quienes ellos deciden que no pertenecen “al pueblo”, término igualmente cargado de esta ideología. Una gran porción de xenofobia es parte fundamental de esta ideología en todas sus expresiones.

Algunos autores tratan de diferenciar entre extrema derecha y derecha radical; sin embargo, la única distinción que yo veo es que los segundos aún no llegan a ser tan extremistas con los primeros. Esta es, a mi modo de ver, una distinción en la intensidad, en el grado de compromiso con el credo extremista al que adhieren. Se distinguen en el cómo, más que en el qué.

En general, se dice que la derecha radical no pretende -al menos, no en un primer momento- destruir el sistema liberal democrático y representativo. A diferencia del extremismo, que desde un primer momento, plantea su sustitución. Ambos sectores se hallan, sin embargo, en la vía hacia el totalitarismo. Unos más, otros menos, es una cuestión de tiempo y de oportunidades, que ambos grupos se radicalicen. En el lenguaje corriente, estos dos términos se usan indistintamente y es lo que haré yo en esta columna. Tampoco veo que haya una gran diferencia con el populismo de extrema derecha tan en boga actualmente.

De partida, la libertad que los extremistas reclaman a viva voz es una libertad para ellos; pero no para los demás. Es una libertad para ignorar y pasar a llevar toda regla de convivencia social. Desprecian las normas que se ha dado la sociedad democrática, las normas que exigen respeto y tolerancia hacia los demás. Las desprecian como si fuera un molesto corset que no les permite hacer lo que ellos quieren. Exigen su supuesto respeto a su supuesta libertad; pero se niegan a respetar la libertad de los demás. La libertad y la dignidad de los demás.

En este punto -como en muchos otros- la derecha extrema se ha vuelto algo que la derecha tradicional nunca fue: anarquista. Se habla de grupos anarco-liberales. Aunque, a mi modo de ver, es un insulto a los liberales emplear siquiera la voz liberalismo para referirse al extremismo anarquista de extrema derecha. El anarquismo ha sido en la historia un movimiento más bien de izquierda; pero hoy en día, la extrema derecha y la extrema izquierda poco y nada se diferencian. No quiero repetir la manoseada consigna según la cual “los extremos se tocan”. No, más bien creo que las ideas políticas pueden ser agrupadas en forma de U, en la que los extremos de la letra herradura son precisamente la extrema derecha y la extrema izquierda.

Es increíble como algunos de mis amigos y conocidos izquierdistas se han pasado hoy a la extrema derecha, sin que se les mueva una pestaña. Antiguos de ellos, siguen siendo orgullosos marxistas; pero hoy abrazan ideas nacionalistas, xenófobas, antisemitas, islamófobas, conspiranoicas y racistas de todo tipo. A esto se refieren quienes, en tono de burla, hablan del nuevo socialismo nacionalista o nacionalismo socialista, aludiendo indirectamente a la ideología nacional socialista o nazi, como se la llama más frecuentemente[2].

Muy de la mano de lo anterior, observamos la tendencia antipluralista de la extrema derecha, cuyos adeptos están en contra de toda otra opinión, de toda forma de ser o color de la piel que no sea el propio. Es cierto que cada uno, cada una de nosotros, está convencido de que lo que yo pienso es lo correcto; pero a nadie se le pasaría por la mente plantear que lo que yo considero verdadero es la única verdad. La verdad es una palabra muy grande para agotarla en la vida política. Me temo que, donde estos grupos llegan al poder, intentan por todos los medios -sobre todo a través de la cultura y de la educación- imponer su visión unilateral de cómo deben ser las cosas, de cómo debe funcionar la sociedad, de lo que tenemos que creer e incluso de lo que debemos amar.

El grito de grupúsculos extremos alemanes “quien no ame Alemania, debe irse del país”[3] es ejemplar para esta circunstancia que describo. Por supuesto que ellos están convencidos que sólo ellos aman a Alemania. Si se fueran todos los demás y quedaran ellos solos, sin duda Alemania colapsaría y pasaría a ser el estado más subdesarrollado del planeta.

La ideología extremista es totalmente contraria a la sociedad abierta, de la que tanto nos habló Popper. De acuerdo a este egregio autor liberal, no tenemos por qué tolerar a los intolerantes. Es la llamada paradoja de la tolerancia[4], planteada por Popper precisamente para hacer frente al pensamiento totalitario, como es este de la de extrema derecha. Me atrevo a decir que el extremismo de derecha es hoy lo que Popper denominó fuerza anticivilizatoria, una expresión más de totalitarismo ha acompañado a la civilización desde su nacimiento[5]. Hay que evitar que “los enemigos de la sociedad abierta se apoderen del estado, acaben con la sociedad civil y conculquen los derechos fundamentales de sus ciudadanos”[6].

El liberalismo está a favor de un estado que permita el desarollo personal, individual de cada persona. Es individual y no colectivista. Es anti-colectivista; pero no individualista. No individualista en el sentido de un egoísmo y de un lavarse las manos frente a las necesidades de los más desvalidos de la sociedad: niños, ancianos, pobres. Su expresión económica, la economía social de mercado es una economía de mercado; pero también y sobre todo, es social. La libertad supone la igualdad y la libertad de las personas y esto se logra únicamente en un estado social.

El estado liberal es menos estado; pero es más respetuso de las preferencias individuales de sus ciudadanos, aunque sean equivocadas. A nadie se le ocurriría seguir un jucio a los actuales terraplanistas, que están tan de moda, aunque todos sabemos que la tierra no es plana. El gobierno gobierna; pero no ordena, no manda comportarse de tal o cual manera. No nos obliga, ni a ser veganos por un día (veggieday), ni a “amar” al estado.

Es un estado modesto, que no toma decisiones en nombre de sus miembros. Que no los obliga a nada en el plano moral o social. Pero que sí les exige que tengan el mismo respeto hacia las demás personas. Pide a los integrantes de la sociedad que igualmente respeten la forma de ser y las preferencias sociales o morales de los demás. No hacerlo sería convertirse en un estado muy parecido al de los ayatolas. Extremismo de derecha e islamismo se parecen mucho…[7]. Y no se parecen en nada al liberalismo.

La ideolología de la extrema derecha es guiada más por el darwinismo social que por el respeto a la libertad individual. La ley del más fuerte, dentro de la sociedad y entre los países parece ser su tenebrosa consigna. No el respeto a la libertad individual, que ha sido -desde siempre- la lumbrera del liberalismo. Sólo los más fuerte sobreviven, los más débiles merecen sucumbir. Horrorosa ideología que llevó a los más grandes genocidios del siglo 20. Para mí, la libertad supone la igualdad y la dignidad humanas.

El extremismo de derecha se aleja del postulado liberal según el cual todas las personas son iguales en dignidad y derechos (o, si no son iguales, al menos, merecen igual trato[8]). Por el contrario, la desigualdad y la discriminación son parte de este entramado social darwinista en que se niega la igualdad de las personas. La discriminación y la segregación son parte de su ADN. Incluso, muchos de los partidarios de estas tendencias, llegan hasta rechazar el antiguo postulado de la igualdad de oportunidades, que ha sido siempre un clásico del liberalismo.

La palabra libertad tiene mucho que ver con la palabra liberalidad. Liberalidad significa “ayudar o dar sin esperar nada a cambio”[9]. La conocida página de internet Wordreference nos dice que liberalidad es sinónimo de generosidad, desprendimiento, esplendidez, altruismo, dadivosidad, derroche, largueza, magnificencia[10]… etc. Por el contrario, sus antónimos son tacañería, avaricia[11]. Creo que esto nos dice mucho.

En lo económico, la extrema derecha es tacaña… Es avara y sólo desea un supuesto bien propio, sin importarle que eso pueda suponer el mal de los demás. La  tacañería me parece la virtud que acompaña al proteccionismo propio de esta ideología. Todo lo que sea aparentemente útil al propio país es bueno. Es la ideología narcisista y egómana de “mi país primero”. Los extremistas tanto de izquierda, como de derecha están a favor de un proteccionismo económico pasado de moda, del cual “my land first” es su más genuina expresión. Sí, este infantil “yo primero” es lo más propio de las ideologías de la derecha y de la izquierda populista o extremista. Los populistas de ambos extremos “de la herradura” son acérrimos enemigos del libre comercio. Esto los distingue radicalmente de la derecha clásica. Y obviamente, del liberalismo.

Hay más elementos que muestran la intrínseca contradicción entre el liberalismo y el extremismo o populismo de derecha, tales como el culto al líder, la retórica agresiva que descalifica de plano al contendor político, la crítica a las supuestas élites (en circunstancias que sus representantes provienen de esas mismas élites), la desconfianza o el abierto rechazo al sistema democrático, el propugnar una cultura y una educación estatal que “eduque” al pueblo en un cierto sentido, el verdadero odio a la prensa. Elementos que mencionamos tangencialmente en esta oportunidad; pero cuyo análisis más detenido, dejaremos para una otra columna.


[2] La cercanía entre grupos del Partido de izquierda alemán y la Alternativa para Alemania es sintomática.

[3] “Wer Deutschland nicht liebt soll Deutschland verlassen”.

[7] Sobre este tema, recomiendo el excelente libro de Julia Ebner “The Rage: The Vicious Circle of Islamist and Far-Right Extremism”, “Wut: was Islamisten und Rechtsextreme mit uns machen”, “La Rabbia: Connessioni tra estrema destra e fondamentalismo islamista”.

[8] Steven Pinker ha explicado algo parecido el último tiempo…

Lo contrario de la extrema derecha no es la extrema izquierda. Es la democracia.

Se ha puesto de moda calificar, o más bien descalificar como de ultra izquierda, a quienes no estamos de acuerdo y nos enfrentamos -en la medida de nuestras posibilidades- a la extrema derecha europea (que poco y nada tiene que ver con lo que llamamos derecha en Chile). Como si todo lo que estuviera fuera de la propia ideología de extrema derecha, fuésemos de izquierda radical, extrema o de ultra izquierda.

Quienes nos descalifican son precisamente personas cuyo discurso es decididamente de extrema derecha, radical de derecha o al menos populista.

Por otra parte, tratan de presentar una especie de lucha entre la izquierda y la derecha. Una lucha que no existe. Las antípododas no se hallan en un extremo y en otro. Más bien, entre tales extremos, hay vasos comunicantes, tanto en lo personal como en lo ideológico. Sí, conozco a personas concretas, a grupos y sectores políticos que, sin solución de continuidad, han pasado de la extrema izquierda a la extrema derecha. Del colectivismo marxista al colectivismo “fascistoide”; tal como sus abuelos otrora se pasaron del nacional socialismo al socialismo marxista, como si nada… Sin siquiera cambiar el discurso político ¿para qué? bastaba cambiar la foto del führer, del vodsch o del caudillo o líder máximo que adornaba su casa.

La verdadera confrontación política tiene lugar entre el colectivismo totalitario y racista de la extrema derecha, entre su autoritarismo y los demócratas de todos los sectores. O más bien, de los tres sectores posibles: izquierda, conservadores y centro. Todos defensores de la democracia representativa liberal y no de una democracia popular como aquella a la que adhirieron tantos colectivismos del siglo 20. Ni tampoco de una llamada “democracia iliberal”, bajo cuyo manto se oculta un nuevo colectivismo.

Lo contrario de la extrema derecha no es la extrema izquierda. Lo contrario de la ultra derecha tampoco es la ultra izquierda. Lo contrario del populismo y de la radicalización de extrema derecha no es el populismo de izquierda, ni movimientos radicales de esta tendencia.

Lo contrario de la extrema derecha es la democracia.

Quienes decimos no al nacionalismo, no al racismo, no al etnopluralismo, no al movimiento identitario, no a la conspiranoia antisemita o islamófoba… No a todo lo que caracteriza a la extrema derecha. Todos nosotros no somos de ultra izquierda. Somos demócratas.

O más bien: algunos pueden ser de izquierda (no de ultra ni de extrema izquierda). Otros -como yo- somos más bien lo que en otra época se llamó liberal-conservador. Sí, algunos de nosotros somos más liberales. Otros, son más conservadores. Pero todos somos demócratas y partidarios de una sociedad abierta, libre y pluralista. Respetuosa de los derechos de las minorías, anti totalitaria y anti-colectivista. Y defendemos estos ideales.

En lo económico, somos partidarios de la economía social de mercado. El único sistema realmente compatible con la democracia como sistema político. Algunos ponen más acento en el mercado. Otros, más en lo social. Pero nadie duda que el dirigismo y el proteccionismo basado en la defensa de intereses particulares o nacionales -el ideal de la extrema derecha- no es el camino hacia la prosperidad. Muy por el contrario, dirigismo y el proteccionismo, al igual que la economía planificada, sólo pueden conducir al debacle económico y a la pobreza.

Algo tiene que quedar muy en claro: tenemos ideales… Nuestro discurso no es un discurso negativo. Estamos sí, en contra de la ultra o de la extrema derecha o del populismo de esa tendencia. Pero tenemos ideales, tenemos esperanza, tenemos fe y tal vez en estos puntos en lo que nos distinguimos tanto de ellos: no somos un grupo de pesimistas desesperanzados, deprimentes y llenos de rabia, ira y odio como la extrema derecha.

No anhelamos el advenimiento de una gran catástrofe, de una especie de nuevo big bang del que nazca un “nuevo orden” autoritario… No queremos que nos sobrevenga un gran desastre, ni que ocurra un gran atentado terrorista islámico o que las finanzas mundiales se desmoronen, ni soñamos con una guerra civil que permita iniciar una lucha de “resistencia” (a la que ellos llaman ya) y después de ella emerja la nueva sociedad con que sueñan. Una sociedad homogénea en que el Todo cubra con sus sombra al individuo, para “protegerlo” de toda heterogeneidad. No queremos ningún Leviatán. Hobbes murió hace siglos.

Podemos conversar y aceptamos que otras personas tengan ideas diversas a las nuestras, dentro del marco del orden fundamental de libertad y democracia, que es nuestro “rayado de la cancha”. Ofrecemos diversas soluciones y debatimos acerca de cuál es la mejor. Lo que nos diferencia de populistas, extremistas, radicales es que ellos presentan los problemas y culpan a alguien, a algún chivo expiatorio… Sin dar soluciones.

O más bien, presentan una pseudo solución a todos los problemas imaginables. La solución consiste habitualmente que un grupo de personas desaparezca… Generalmente, los extranjeros en general, o un grupo de ellos en particular. O bien, una minoría dentro de la propia sociedad (gitanos, judíos, musulmanes, católicos).

Como personas, tenemos cada uno, cada una de nosotros, un valor intrínseco y no por haber nacido en un determinado “pueblo”, ni adherir a una cierta ideología.

Cuando los partidarios de la extrema derecha hablan de libertad, tenemos que dejarles en claro que: nuestra libertad es una libertad individual, de la persona, del individuo[1] -cuya dignidad es intangible- y no es una supuesta libertad de un colectivo étnico o ideológico.

Durante la época de la guerra fría, el sector “liberal-conservador” luchó denodadamente por estos ideales. Ahora que se acabó la guerra fría y que se desmoronó el Bloque oriental, no creo que sea el momento de tirar todos nuestros ideales por la borda, para irse corriendo detrás de un voladero de luces que nos quieren presentar como “la solución” a los complejos problemas que tenemos que resolver en el siglo 21.

No creo que sea el momento de abrazar una doctrina populista, extremista y racista que se parece mucho a la que combatimos, por su totalitarismo y su falta de respeto a la persona humana y a su libertad y autonomía individuales. No quiero parecer patética, pero los millones de víctimas de los gulag soviéticos nos gritan algo así como “que nuestra muerte no haya sido en vano”.


[1] De acuerdo a Boecio, la persona es “rationalis naturae individua substantia”. Esto es, sustancia individual de naturaleza racional.