Ocho mentiras sobre Venezuela

Sobre Venezuela se cuentan muchas mentiras. A continuación, me voy a referir a algunas de ellas:

Primero: Chávez era bueno. Maduro no lo es. Esto es como aquella historia: el marxismo es bueno; pero fue mal aplicado. O el nacional socialismo es bueno; pero se les ocurrió matar a los judíos y ahí quedó la crema. No, entre Chávez y Maduro no hay solución de continuidad.

El debacle fue iniciado ya en vida de Chávez. La única diferencia es que a Chávez le tocó un alto precio del petróleo y a Maduro, no. Cuando Chávez inició el camino hacia el socialismo del siglo 21, contaba aún con un país que no había sido destruido y cuya población todavía no huía hacia otros países. A Maduro le tocó continuar la des-obra de Chávez y del chavismo. En esto, siguió el mismo camino trazado por su inspirador. (Ese que se la apareció en forma de pajarito).

Segundo: La crisis económica no es consecuencia de la revolución socialista, sino que sería consecuencia de las medidas de castigo norteamericanas. No, la crisis de Venezuela no se debe a una intervención extranjera, ni a una guerra económica, sino que es de origen casero. Es hecha en casa, made in Venezuela[1].

Es evidente que la crisis económica es también consecuencia de la baja del precio del petróleo y esto es algo que escapa al control del gobierno chavista o de gobierno alguno. Sin embargo, hay que preguntarse: ¿por qué los “líderes” socialistas no aprovecharon el alto precio del petróleo para diversificar su economía? Y así, ¿no depender del precio del crudo? (Entre paréntesis, es el mismo problema de Rusia. No es el discípulo más que el maestro).

Y, a propósito de crudo, es una vergüenza que el petróleo crudo venezolano tenga que ser enviado a Estados Unidos y Venezuela, deba comprarlo de ese país ya refinado, porque ellos son incapaces de refinarlo. ¿No querían no seguir dependiendo del país del Norte?

Los chavistas desaprovecharon la bonanza que les deparaba el alto precio del petróleo, para diversificar la economía venezolana: se dejó de producir en el país, que comenzó a depender absolutamente de las importaciones de los bienes más elementales. Emblemática es la falta del papel confort en Venezuela, que llevó al presidente Maduro a sostener que los venezolanos deberían ir menos al baño[2].

Esta es una crisis -no sólo económica- sino que social, política, humanitaria y de abastecimiento… de desabastecimiento, no provocada desde afuera, sino muy “desde adentro”. No sólo por la incapacidad de los gobiernantes, sino que por un proyecto de sociedad que únicamente puede llevar al fracaso[3].

Tercero: los países de la Región apoyan a Maduro. No es cierto, la mayoría de los países latinoamericanos NO apoyan a Maduro. Es más, la mayoría de ellos, reconoció a Guaidó como presidente de Venezuela.

El Grupo de Lima[4] y la Organización de Estados Americanos no sólo no apoyan a Maduro, sino que apoyan abiertamente a su sucesor Juan Guaidó[5]. Con excepción de México[6], gracias a su nuevo presidente, que no es que apoya a Maduro; pero tampoco apoya a Guaidó.

México es un poco como la extrema derecha europea, que no apoya directamente a Maduro; pero sí lo hace indirectamente, al sostener que no hay que “interferir”. No tomar partido por Guaidó y bloquear en consecuencia, igual como bloquea Italia, las decisiones de la Unión Europea sobre Venezuela. La extrema derecha europea hace en esto el juego a sus financistas rusos, tan interesados en conservar a Maduro en el poder. Y se parece mucho al actual gobierno de izquierda mexicano.

Los países de la Región que apoyan a Maduro son Bolivia y Nicaragua (bajo el dominio del matrimonio Ortega). Y en el mundo, son Rusia, China y Corea del Norte. Saquen ustedes mism@s las consecuencias.

Cabe hacer notar que, all regresar a su país, el lunes pasado, Guaidó no pudo ser arrestado por las autoridades gubernamentales, entre otras razones, porque los embajadores o encargados de negocios de la mayoría de los países de la Región y de la Unión Europea[7], estaban en el aeropuerto, para garantizar o asegurar su ingreso libre al país. (Los que sí fueron arrestados, fueron los funcionarios del aeropuerto que no sólo no lo arrestaron, sino que lo recibieron con un “Señor Presidente”). Después de todo, Guaidó es un parlamentario y la inmunidad parlamentaria es un principio esencial de la democracia representativa. ¿Será esto no tener apoyo de la Región Latinoamericana y de los países democráticos de Europa?

Recordemos que los países del Grupo de Lima retiraron o llamaron a consultas (que en la práctica es lo mismo) a sus embajadores en Venezuela, ya que “las elecciones en Venezuela no cumplieron los estándares internaciones de un proceso democrático y libre”[8]. Se refieren nada menos que a las elecciones de 2018, en que supuestamente ganó Maduro.

Asimismo, una de las posibles consecuencias de no poner fin a la crisis de Venezuela es que sí puede desestabilizar a toda la región[9]. Y no sólo por los tres millones de personas que han abandonado Venezuela huyendo[10] de la pobreza, de la violencia y del desabastecimiento. Suma que puede llegar a cinco millones en el curso de este año[11].

Cuarto: Los Estados Unidos quieren apoderarse del petróleo venezolano. Yo creo que no, porque los EEUU ya compran el petróleo venezolano. Quienes realmente han invertido grandes sumas de dinero en las empresas de petróleo venezolano son China y Rusia. De ahí su gran interés en mantener el status quo y a Maduro en el poder.

Ambos países temen perder los préstamos entregados a Venezuela. Préstamos no sólo en el ámbito del petróleo, sino también en el del armamento. El tema armamento es especialmente importante para Rusia -otra economía que sufre por la falta de diversificación y por la caída del precio del petróleo[12]– que ha concedido ingentes créditos a Venezuela para comprar armamento.

Quinto: La ayuda humanitaria está envenenada y los Estados Unidos quieren invadir el país junto con la ayuda humanitaria. Tengo que confesar que -en este punto- no soy imparcial, ya que, desde hace años, he colaborado en el envío de ayuda humanitaria a Venezuela. No sé cómo alguien podría envenenar a la población o invadir un país a través de la ayuda humanitaria. Invadirlo, ¿tal vez mediante un proceso de empequeñecimiento de soldados con las pastillas de Chiquitolina del Chapulín Colorado? ¿O quizás recurran a David Lynch? eek

No dejar ingresar la ayuda humanitaria es un acto de orgullo y de arrogancia extremas por parte de quienes no quieren aceptar donaciones de alimentos y medicinas provenientes del exterior sólo porque vienen “de afuera” y prefieren dejar morir a su propio pueblo que reconocer que se equivocaron y que su equivoación tiene consecuencias nefastas, más que nefastas, deletéreas para su propio pueblo.

Lo peor es que actualmente Venezuela cerró la frontera con Colombia, de manera que no se puede importart nada desde el país vecino; pero tampoco Venezuela puede exportar nada a través de Colombia, lo que significa que deja de recibir las tan necesarias divisas.

Sexto: Juan Guaidó carece de legitimidad. ¡Pero cómo va a carecer de legitimidad, si es el Presidente del Parlamento venezolano! ¿Puede haber más legitimidad?

“La Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela es el órgano unicameral que ejerce el poder legislativo en dicho país de manera constitucional, sin embargo el gobierno de Nicolás Maduro en 2017 asignó dicho poder a la Asamblea Nacional Constituyente mediante decreto oficial, ésto de manera temporal, acción que fue desconocida por el parlamento y parte de la comunidad internacional.​ Está conformada por 167 diputados. Nace después de la aprobación de la Constitución de 1999, reemplazando al anterior Congreso de la República, que era un órgano bicameral”[13].

Si mal no recuerdo, cuando el pueblo venezolano votó a favor de los opositores al chavismo y el parlamento de Venezuela quedó en manos de la oposición -cosa que ocurre frecuentemente en los países democráticos-, entonces Maduro “le quitó” a la Asamblea Nacional todos sus poderes, entregándoselos a una supuesta Asamblea Nacional Constituyente, con “facultades plenipotenciarias”, cuyos miembros fueron designados por el mismo Maduro[14].

Todo esto, lo hizo Maduro mediante un decreto presidencial[15]. En otras palabras: pasó a llevar la Constitución mediante un decreto presidencial…! Me da dolor de estómago sólo al pensar en una barbaridad así. De la pirámide kelseniana de jerarquía normativa[16] parece que nunca escucharon…! No sólo no saben nada de economía, sino tampoco de derecho.

Es evidente que Guaidó es presidente “encargado” -esto es interino o temporal- de Venezuela como representante de la Asamblea, del Parlamento venezolano, elegido por el propio pueblo. De allí proviene su legitimidad. Legitimidad que, de todas maneras, es mayor que la de Maduro[17]. Sobre la supuesta legitimidad de Maduro, recordemos que “Los 14 países del Grupo de Lima desconocieron los resultados en Venezuela y llamaron a consultas a sus embajadores en Caracas”[18].

Séptimo: Maduro es el presidente legítimo y fue elegido democráticamente. Esto es muy relativo. Maduro fue elegido en una elección donde los principales candidatos de la oposición fueron “inhabilitados”. Había miles de presos políticos y la prensa estaba amordazada. “El Gobierno canadiense insistió que no pueden existir una democracia y elecciones libres en un contexto en el que hay prisioneros políticos, limitaciones a la libertad de prensa y arresto domiciliario para dirigentes de la oposición”[19].

“Los principales candidatos de la oposición no pudieron postularse por procesos administrativos y penales en su contra, incluyendo a Henrique Capriles, aspirante en las elecciones de 2012 y 2013, Leopoldo López, condenado a una pena de casi 14 años por las protestas de 2014, así como otros como María Corina Machado y el mayor general Miguel Rodríguez Torres, chavista disidente, hoy también encarcelado”[20].

Con respecto a la elección de Maduro, es importante conocer lo que dijo el Grupo de Lima. Un buen resumen en Wikipedia: “The Lima Group has overtly condemned the presidential elections called for by the Bolivarian government, describing them as unobserved, unjust and undemocratic. Days before the planned election date, the Lima Group – alongside the United States and the European Union – called for the cancellation of the election and prepared for responses should the election be held. Following the election which strengthened President Maduro’s position, the fourteen member nations of the Lima Group recalled their ambassadors from Venezuela”[21].

Como bien dijo el “canciller paraguayo, Eladio Loizaga indicó que las elecciones presidenciales en Venezuela no son “sinónimo de democracia” mientras haya «partidos opositores inhabilitados y presos políticos»”[22]Es cierto, las elecciones democráticas tienen que ser libres e informadas y de libres e informadas, poco y nada hubo en la elección de Maduro como presidente el 2018.

Octava mentira: apoyar a Guaidó llevará a una guerra civil. O al consabido “un millón de muertos”. Sí, este es uno de los más recurridos pseudo-argumentos para sostener que es mejor apoyar a Maduro, porque, de otra forma, habrá derramamiento de sangre y sobrevendrá la inestabilidad.

Entre paréntesis, es la típica argumentación de los ultraconservadores europeos para oponerse a todo cambio en otros países, porque “habrá inestabilidad”. En el fondo, es una manera de perpetuar la injusticia y negarse a aceptar cualquier cambio. Prefieren la tiranía a un intento de cambiar el sistema. En esto se unen la ultra izquierda y la ultra derecha. Con esta forma de pensar, todavía viviríamos en un régimen de monarquía absoluta en Europa. Hitler y Stalin continuarían en el poder. Y Muammar al-Gaddafi seguiría cantando bajo la lluvia[23].

Reitero que es la permanencia de Maduro en el poder es la causa de la inestabilidad, de la violencia y lo que realmente puede llevar a una guerra civil. Si Maduro amara a los pobres, renunciaría[24]. Si Maduro amara a su país, renunciaría y evitaría así, no sólo más muertos, sino la pobreza… Sin el chavismo, Venezuela podría recuperarse económica, social y moralmente.

Tengo que advertir, eso sí, que no se trata de que se vaya Maduro, sino de que se vaya al chavismo. Flaco favor sería que Maduro renunciara; pero que otro chavista ocupara su lugar. Venezuela tiene que volver a la normalidad democrática y dejar ya de experimentar con ideologías políticas pretéritas, pasadas de moda y fracasadas. Para eso, es indispensable el cambio. Un cambio que sí se puede.


[4] Sobre el Grupo de Lima, en Wikipedia.

[5] “During the 2019 Venezuelan presidential crisis, the Representative of Peru in the United Nations Security Council condemned what was described as an “illegitimate socialist regime”, stating “We have received 700,000 Venezuelan refugees and migrants due to the crisis that is the responsibility of Maduro”, 2019 Venezuelan presidential crisis, en Wikipedia.

[6] Me gustaría citar aqui diarios mexicanos; pero técnicamente no se puede hacer. Lo que es absurdo, ya que poner un link no es copiar contenidos.

[7] Emblemático es el caso del embajador alemán en Caracas, que fue declarado persona non grata, por parte del gobierno chavista, después de esta entrevista: Embajadores europeos en Venezuela asisten al aeropuerto internacional para respaldar a Guaidó

[12] Es curioso que un país tan grande como Rusia, tenga una economía que es tan pequeña como la economía de Italia.

[17] Como por lo demás, recalcó esta mañana el parlamentario europeo y ex-presidente (2012-2107) del Comité de Asuntos exteriores del Parlamento europeo, Elmar Brok: Deutscher Botschafter soll Venezuela verlassen Brok: „Guaidó hat als einziger demokratische Legitimation“

[24] Esto lo debería escuchar la señora Barrientos, del Partido de Izquierda, de Alemania, que dió una entrevista en que señaló que Guaidó no quiere volver a Venezuela porque quiera hacer algo bueno para los pobres, sino sólo porque quiere “provocar”. „Er kehrt ja nicht zurück, weil er was Gutes will, gerade für die Armen in Venezuela, sondern weil er provozieren will“, .Barrientos (Die Linke) zu Venezuela Guaidó „kehrt nicht zurück, weil er Gutes will“

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La ceguera de la izquierda europea. El caso de Venezuela… y de Cuba

Este lunes[1], el gobierno alemán reconoció a Juan Guaidó como presidente de Venezuela. El anuncio no lo hizo el vocero del gobierno, ni siquiera el ministro de relaciones exteriores. El anuncio lo hizo la misma canciller Merkel. Y ni siquiera estaba en Berlín, sino que de visita en Japón[2]. No me cabe duda que el tema tiene gran importancia para Merkel y para sus ministros.

El reconocimiento fue precedido por un “ultimatum”, en que Alemania -entre otros países de la Unión Europea- habían pedido a Maduro que llamara a elecciones presidenciales, a más tardar, el domingo pasado[3]. El hasta ahora presidente venezolano había dicho que él no se dejaba amenazar. Europa había advertido que, si no llamaba a elecciones hasta esa fecha, reconocería como legítimo presidente de Venezuela al hasta ahora, presidente del Parlamento venezolano.

Y así fue. Contra la opinión y los deseos tanto de la extrema izquierda alemana como de la extrema derecha. Sí, aunque parezca increíble, la llamada Alternativa para Alemania (que no es ninguna alternativa) apoya indirectamente a Maduro. En esto, la derecha alemana es fiel a Putin, su benefactor, aliado y mentor. Putin, que es igualmente el mentor de la extrema izquierda.

Sí, en este aspecto (y en muchos otros), ambos extremos se hallan unidos en una alianza que algunos denominan un nuevo Querfront (frente amplio o más bien frente cruzado). Aunque “más bien creo que las ideas políticas pueden ser agrupadas en forma de U, en la que los extremos de la letra herradura son precisamente la extrema derecha y la extrema izquierda”[4].

El frente cruzado o amplio (Querfront) surgió, en Alemania, durante la República de Weimar. En él, sectores ideológicos contrarios -socialistas y nacionalistas- se unieron en una alianza estratégia antidemocrática, destinada a alcanzar el poder. Desde entonces, se denomina así a los intentos de unión táctica entre grupos de ambas facciones.

A nivel europeo, recordemos que el único país cuyo gobierno se niega rotundamente a reconocer a Guaidó como Presidente de Venezuela es Italia, cuyo gobierno está encabezado precisamente por un frente amplio: de la extrema derecha Lega y la extrema izquierda Cinco Estrellas.

En esta ocasión, me referiré sólo a la posición de izquierda alemana y Europea frente al conflicto en Venezuela. O de la ultraizquierda, como me parece que sería más propio hablar.

Hace dos semanas, escribí en mi columna “Se dice que los nazis son los parientes que dan vergüenza a los conservadores europeos, por eso los tratan con más benevolencia de la que se merecen (no merecen ninguna). Lamentablemente, algo similar puedo decir acerca de la actitud de parte de la izquierda europea frente los tiranos socialistas al estilo Castro, Chávez o Maduro: los tratan con benevolencia. Intentan justificarlos, salvarlos, depurarlos, ocultar sus faltas”[5].

Si, hace dos semanas, no había leído ni escuchado ninguna opinión de la izquierda europea que no fuera favorable a Maduro. Mea culpa, porque en realidad había un artículo de 2017. Esta semana, alguien me pasó el link. Es antiguo; pero bastante profético. Del periodista del taz, Bernd Pickert[6]. Tal vez por su calidad de profeta, Pickert fue ampliamente enlazado esta semana en Twitter (al menos entre mis followers)[7].

El ensayo se titula “La izquierda y Venezuela: Abandonar la solidaridad ciega”[8]. Es un llamado a dejar de lado esa defensa, ese respaldo, el apoyo incondicionado y ciego de la izquierda hacia el gobierno chavista de Caracas[9]. Su tesis principal es que la crisis social y económica de Venezuela -que él califica de dramática- es de origen interno y no es producto de una intervención extranjera. Concretamente de los Estados Unidos, como se la presenta con frecuencia en ambientes de izquierda.

Para muchos izquierdistas europeos (y latinoamericanos), el “gigante del Norte” es siempre culpable de todos los males del mundo entero. En esto se parecen demasiado a la extrema derecha europea con su visceral rechazo a los Estados Unidos. Para ambos grupos, siempre hay alguien de afuera que trata de perjudicarlos, frenarlos y que no los deja salir adelante y ese alguien, generalmente son los Estados Unidos.

El apoyo de la izquierda europea al gobierno de Maduro procede de actores tan importantes como Podemos (España) y de Mélenchon, en Francia[10]. Es cierto que, en el contexto de la política europea, estos dos agentes no son demasiado relevantes. Sin embargo, dentro de la alicaída izquierda del Viejo Continente, sí lo son. Son lumbreras, esperanzas, estrellas nacientes de la izquierda europea. Para Pickert, con este respaldo incondicional y acrítico y, en definitiva, es la misma izquierda la que sale desacreditada.

Pickert explica que, en 1999, cuando Hugo Chávez inició su primer período presidencial, luego de una elección democrática, la revolución bolivariana, basada en la figuera del libertador latinoamericano Simón Bolívar, se abocó muy pronto a propagar el llamado “socialismo del siglo 21”[11]. Leyendo a Pickert me parece aún más absurdo este giro y esta obsesión o más bien este aprovechamiento del nombre de un prócer de la independencia de América[12] que, con el socialismo no tuvo nada que ver. Que ni siquiera lo conoció, ya que en Latinoamérica, durante el siglo 18 y comienzos del 19, nadie había escuchado hablar de socialismo[13].

Chávez luchó porque el gobierno venezolano adquiriera el control absoluto de los ingresos de la empresa de petróleo de ese país. Luego de logar ese objetivo, invirtió los abundantes petrodólares (el precio del petróleo era muy alto en ese entonces) en programas sociales y en las “alianzas internacionales”[14]. Lo primero está muy bien. Lo segundo -las “alianzas internacionales”- fueron una forma de financiar otros regímenes ineptos, ineficientes y altamente corruptos de la región y de exportar la llamada “revolución bolivariana” a otros estados[15].

En vez de usar los petrodólares de una era de bonanza, en diversificar la economía de Venezuela, se dejó de producir en el país, que comenzó a depender absolutamente de las importaciones de los bienes más elementales. Emblemática es la falta del papel confort en Venezuela, que llevó al presidente Maduro a sostener que los venezolanos deberían ir menos al baño. Esto no es sátira, como tampoco lo es la supuesta aparición del entonces recientemente fallecido Chávez en forma de pajarito en el jardín de Maduro. Si es cierto que desenterraron a Bolívar para ceremonias de la creencia yoruba, es algo que no podría asegurar.

Llegó un momento en que el precio del petróleo bajó y con ello, se derrumbó la economía venezolana. Pickert asegura -y en esto tiene toda la razón- que la crisis de Venezuela no se debe a una “intervención internacional”, ni a una “guerra económica” contra su gobierno, sino que es de origen casero[16]. Es hecha en casa, made in Venezuela. Así, “un cuarto de siglo después del fin del imperio soviético, un nuevo ensayo de socialismo se halla frente al mismo resultado al que se enfrentó el socialismo soviético: se debate políticamente entre el autoritarismo y la dictadura y, se encuentra económicamente marginado”[17].

El periodista sostiene que ya Chávez comenzó con el intento de poner a todas las instituciones estatales bajo su control total. Y, en lo posible, también los medios de comunicación. Explica que es lo mismo que han hecho Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y el matrimonio de dictadores Ortega Murillo, en Nicaragua[18].

Prosigue: en el momento en que, el 2015, el chavismo perdió abrumadoramente, las elecciones parlamentarias, el parlamento -en que la oposición tenía la mayoría- fue despojado de todo poder. Más tarde, Maduro destituyó a la fiscal nacional que le era igualmente crítica[19]. Con esto, dos poderes del estado fueron “desempoderados”.

Es realmente fatal -acusa Pickert- que tantos izquierdistas fuera de Venezuela hayan apoyado activamente este proceso socialista tan deficitario desde un punto de vista democrático, o hayan callado sobre él[20]. Yo hablaría de un silencio culpable, que no quiere ver lo que no le conviene o no le gusta, que cierra los ojos o simplemente prefiere la más absoluta ceguera.

¿Por qué ha ocurrido esto? Nuestro autor explica que, principalmente por dos razones: por la glorificación de la revolución cubana. El gobierno de Cuba ha enviado médicos y consejeros a Venezuela. Los consejeros tienen una misión ideológica dentro del aparato de seguridad venezolano. Cuba es considerada por muchos partidarios de la izquierda europea, como el único o el último bastión que hace frente al imperialismo norteamericano[21].

El regimen cubano -continúa- fue el único gobierno de izquierda capaz de mantenerse en el poder después de la caída del socialismo en el Este de Europa. Por ello, muchos izquierdistas europeos, lo elevaron a la categoría de “modelo a seguir”. Otros muchos, incluso quienes nada quieren saber del estado socialista al estilo cubano-soviético-autoritario, simplemente permanecen en silencio[22]. Callan y su silencio es un silencio culpable.

Parte de la izquierda latinoamericana debería volver a tener una actitud positiva frente a la democracia parlamentaria. La democracia que permite la alternancia en el poder mediante elecciones. “Alternancia en el poder, que no existe en Venezuela, ya que primero Chávez y después Maduro, se han atornillado en la presidencia”[23]. Recordemos que “la alternancia en el poder es, pues, condición sine qua non de la democracia”[24].

No podemos olvidar por qué se desplomó el sistema del socialismo soviético[25], nos advertía el periodista alemán ya el 2017. Sí, yo diría que por las mismas razones que hoy colapsa el “socialismo del siglo 21” en Venezuela. Mi opinión al respecto en mi columna El socialismo del siglo 21 y su derrumbe en Venezuela

En suma, la izquierda mundial tiene que reconocer que un chavismo que carece del respaldo de la mayoría de la población, simplemente, no puede seguir en el poder, no puede continuar gobernando. ¿Solidaridad ciega en favor de Maduro, tan sólo porque se lo identifica como un gobiernante de izquierda? Persistir en respaldar su fracasado gobierno sólo porque consideran que la oposicón es peor, no es un signo de solidaridad, menos que nadie frente a los mismos venezolanos[26].

Me permito recomendar a los izquierdistas europeos que lean a Pickert.


[1] 4.02.2019

[2] Pueden ver el video en que Merkel lo anuncia en Alemania reconoce a Juan Guaidó como presidente de Venezuela

[3] 3.02.2019

[6] @BerndPickert, en Twitter.

[7] Mi dirección de Twitter es @MartaSalazar

[9] Hay que ser valiente para plantear una tesis así, para hacer un llamado en tales términos y en un diario de izquierda. Aunque, pese que el el artículo es de agosto de 2017 (10. 8. 2017), Pickert continúa en taz y hoy veo que hay otros periodistas que escriben en ese diario en esos mismo términos.

[12] Simón Bolívar nació en 1783 in Caracas, Venezuela y murió en Santa Marta, Colombia en 1830.

[13] Al parecer, el primero en emplearla fue el italiano Giacomo Giuliani, en su crítica a Rousseu; pero en un sentido muy distinto al que em término socialismo adoptaría después.

[15] El dinero venezolano destinado al gobierno de Kirchner son un secreto a voces. El mantenimiento del régimen cubano es menos secreto. Como así también, el apoyo al de Morales en Bolivia. Si Venezuela financió o no a Podemos, es algo de lo que muchos españoles están convencidos.

[17] La traducción libre es mía. El original dice: “Und so steht, ein Vierteljahrhundert nach dem Ende des sowjetischen Imperiums, nun der nächste „Sozialismus“ betitelte Versuch vor demselben Ergebnis: politisch autoritär bis diktatorisch, ökonomisch am Rand der Staatspleite.Und so steht, ein Vierteljahrhundert nach dem Ende des sowjetischen Imperiums, nun der nächste „Sozialismus“ betitelte Versuch vor demselben Ergebnis: politisch autoritär bis diktatorisch, ökonomisch am Rand der Staatspleite”, de Die Linke und Venezuela: Blinde Solidarität aufgeben