Los conservadores de hoy, enemigos de la sociedad abierta

En alguna oportunidad… Han pasado ya varios años de ello, mi amigo, el abogado argentino -reconocidamente liberal- Diego Goldman, me hizo ver que hay demasiados conservadores disfrazados de liberales. Generalmente, no me acuerdo de todas las cosas que le dicen los amigos; pero esta… Esta es una frase que no he podido olvidar, ya que la he visto confirmada una y otra vez. Primero en el mundo de habla latina y en el norteamericano y últimamente, también en el alemán.

Al comienzo de la edad moderna, nos dice Karen Horn („Ich halte derlei Flirts für einen üblen Fehler“), liberales y socialistas estaban juntos, unidos frente a los conservadores. Ambos, hijos de la Ilustración, se oponían a los privilegios, se levantaban contra el orden pre-existente y el estado estamentario, defendido por los conservadores.

En el transcurso del siglo 20, los parámetros políticos cambiaron y liberales y conservadores se unieron frente al totalitarismo socialista -tanto de la Unión Soviética, como de los países del Este de Europa, de China y de otros países-. En ese marco histórico, las diferencias entre liberales y conservadores fueron -por así decirlo- minimizadas. De ahí que se hable tanto de los liberal-conservadores, cuyos representantes por excelencia, durante la segunda mitad del siglo 20, serían Reagan y Thatcher.

Liberal-conservadores serían o, mejor, habrían sido aquellos que, en el espectro político de los países occidentales, se hayaban, más a la derecha o más bien, entre los partidarios de lo que en el Norte de Europa, llamamos “ideas burguesas” (en el Norte de Europa, preferimos evitar hablar de derecha en política, ya que este término tiene una connotación totalitaria).

Horn nos explica que el mismo Hayek advirtió del riesgo existente en esta unión entre conservadores y liberales frente a la amenaza común del totalitarismo. El punto de vista liberal -expone Hayek- se basa en el ánimo (Mut) y en la confianza que nos lleva a dejar que las cosas cambien, aunque no sepamos muy bien a dónde nos llevará este cambio1. Algo muy distinto a la posición de los conservadores, que es diametralmente opuesta2.

Clemens Schneider escribe, en Der Liberale ist ein Hoffender (donde habla de la esperanza del liberal): quien siente miedo frente al cambio -que actualmente se expresa, sobre todo, en el pluralismo y en la apertura de nuestra sociedad- se encuentra en peligro permanente de ser paralizado por ese miedo. Sí, necesitamos siempre algo positivo hacia donde podamos enfocar nuestras expectativas.

En el caso de los conservadores, este ideal positivo se encuentra en el pasado, al menos en el pasado como ellos se lo imaginan. Con su mirada nostálgica y melancólica, dirigida hacia una supuesta edad de oro es lo que reemplaza la esperanza de un mejoramiento de la sociedad.

El pesimismo cultural -tan propio de los conservadores, al menos, actualmente en Europa- los lleva a convertirse en un personaje del tipo Norman Bates quien, en la película Psicosis, de Hitchcock, lleva consigo el cadáver momificado de su mamá a la que, incluso da su voz para poder conservar así el pasado. La mamá de Bates no tiene una chispa de vida, tampoco es un ser con existencia propia. El pasado, del cual hablan y escriben los temerosos conservadores no es otra cosa que una momia sin vida y sin existencia, a la que el conservador da su voz, concluye Schneider. Yo me pregunto: si el pasado hablara, ¿hablaría realmente con esa voz? Me parece que la respuesta es negativa.

Schneider sostiene que el Bates de hoy en Europa, se atemoriza ante la extranjerización (Überfremdung) de la sociedad debido a la migración, siente gran temor frente a la destrucción de la familia provocada por la “locura del gender” (Genderwahn) y al lobby homosexual (Homolobby) y tiene la preocupación que el “political correctness” limite su libertad de opinión (Meinungsfreiheit). Qué razón tiene Schneider…! Es una acertada descripción de la realidad.

Nuestro autor concluye con mucha razón que estos conservadores de hoy en Europa (los de la época de Hayek pueden haber sido diferentes; pero les aseguro que los de ahora son así) se encuentran entre los enemigos de la sociedad abierta. En esto, yo diferenciaría un poco: hay un grupo de conservadores que no metería dentro de este grupo, como Liane Bednarz; pero es un grupo reducido.

Después de caracterizar a los conservadores, este autor se refiere al modelo de Frankenstein. Explica que, tal como los conservadores quieren mantener con vida a un hombre muerto (o a una mujer, como la mamá de Bates), hay otros que pretenden, a partir de la materia muerta, crear un hombre nuevo. Estos son quienes pretenden educar a sus conciudadanos con prohibiciones y a codazos. Quienes desconfían tanto del mercado, como de los individuos y prefieren el control a la espontaneidad. Quienes permiten sólo el futuro que ellos mismos han planificado. En otras palabras, los socialistas.

Es interesante lo que Hayek observa en el post scriptum de Los fundamentos de la libertad: “los conservadores han hecho suyas casi todas las ideas socialistas”3. Sí, no me cabe duda de ello.

Lamentablemente, en Alemania estamos presenciando un verdadero rapto de instituciones liberales por parte de ultra-conservadores, empezando por la misma Hayek-Gesellschaft (ver ¿Una pelea de familia?). Creo que es necesario -es urgente- volver a la direferenciación. Sí, diferenciarse, distanciarse, alejarse. separarse…

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1 Der liberale Standpunkt beruht auf Mut und Zuversicht, auf einer Bereitschaft, der Veränderung ihren Lauf zu lassen, auch wenn wir nicht voraussagen können, wohin sie führen wird.

2 “He aquí la primera gran diferencia que separa a los liberales y conservadores. Lo típico del conservador, según una y otra vez se ha hecho notar, es el temor a la mutación, el miedo a lo nuevo, simplemente por ser nuevo; la postura del liberal, por el contrario, es abierta y confiada, atrayéndole, en principio, todo lo que sea libre cambio y evolución, aún constándole que, a veces, se procede un poco a ciegas”. Camino de libertad: Friedrich A. Hayek, Centro de Estudios Públicos, Santiago de Chile, 1981, págs 127 y 128.

3 “Camino de libertad…” citado, p. 126.

Integración, empatía y cultura de la bienvenida

Parece que hay muchos ciudadanos preocupados en Alemania. Son demasiados los ciudadanos peligrosos.

Karen Horn, en su excelente artículo Charity must be the first response to the immigration drama (ver Nuestros hermanos los refugiados) hace una lista con las preguntas más comunes de los ciudadanos “preocupados” frente a la ola de refugiados o al tsunami, como le llaman ellos en su lenguaje alarmista:

¿Cuáles son las dimensiones de la inmigración a la que pueden hacer frente a las sociedades europeas? ¿Qué va a ser de nosotros? ¿A dónde conducirá Europa esta inmigración? ¿Y a dónde llevará esto a Occidente? ¿Qué pasará con nuestra forma de vida evolucionada, con nuestras leyes, normas e instituciones sociales? ¿no se transformarán dramáticamente con la llegada de los refugiados? ¿Cómo hacer frente a este cambio masivo? ¿Vamos a tener la fuerza para defender nuestro sistema legal frente a la sharia? ¿Qué pasa con el capital y la cohesión sociales? ¿Estamos frente al choque de civilizaciones que predijo Huntington? ¿Y si los inmigrantes son un caballo de Troya de los yihadistas?

Horn asevera que estas son “preguntas importantes”; pero que, frente a estas preguntas importantes, abundan las respuestas histéricas. Sí, lo compruebo día a día..

Me permito mencionar otro peligro: como no hay una sola minoría étnica, política o religiosa (como los musulmanes pueden ser de varios tipos: alevitas, shiitas, sunitas, etc., hay entre ellos una lucha muy grande, similar a la Guerra de los 30 años en Europa…) que no sea perseguida, es probable que traigan consigo sus luchas. Sus conflictos que no aprendieron -en sus países- a resolver mediante mecanismos pacíficos de solución de controversias. Frente a estos problemas importados, hay que estar muy atentos1. Por otra parte, los refugiados sirios vienen huyendo del genocidio islamista y del genocida secular Assad, hace ver Wolffsohn. Apuesto que su hambre de vivir en libertad y en democracia es grande2.

El fantasma de la introducción de la sharia es algo que vengo oyendo desde hace años. Ciertos amigos o ex-amigos míos alarmistas me advierten (por mail, en Facebook, en convivencias, a la hora del té etc.) que pronto tendré que usar el velo islámico. Como dice Liane Bednarz en una notable entrevista, a ella no la han obligado a usar chador, ni se aplica la sharia en la vida legal alemana. Puedo decir que en mi ciudad vive un porcentaje inmenso de musulmanes y que nadie me ha obligado a usar burka 😉

El periodista y dramaturgo alemán Richard C. Schneider, hijo de sobrevivientes del Holocausto, escribe en un excelente artículo titulado Auch wir waren Flüchtlinge, publicado en el semanario judío Tachles, que, si bien, no se puede comparar la ola de refugiados actual con la de los judíos en tiempo del nacional socialismo, no hay que olvidar que “también nosotros fuimos refugiados”.

Y explica: los estados que reciben a los refugiados deben aprender de los errores de las últimas décadas y evitarlos. Hay que integrar a estas personas y no dejarlas abandonadas a sí mismas; enseñarles los valores fundamentales que tenemos en Europa, que los refugiados se empapen de estos valores y los hagan suyos (einschwören), los hagan parte de su código ético, y no permitir que surjan sociedades paralelas. Schneider tiene dudas de que los estados europeos sean capaces de hacerlo. Si, dudas legitimas…

Me parece que el mayor peligro contra nuestro sistema social, legal, político y constitucional proviene hoy, no de los refugiados, sino de los grupos extremos. En Alemania, más de la extrema derecha o de los conservadores extremos que de la extrema izquierda (ver ¿Una pelea de familia?). Pienso que la ley tiene que ser respetada por todos: por los inmigrantes y también por los “alemanes de nacimiento” o sociedad mayoritaria. Y, evidentemente, también por ciudadanos europeos de países del sur que han llegado a Alemania en busca de una vida económicamente mejor. Sí, hay que defender el sistema occidental de gobierno; pero no sólo frente a los refugiados, quienes no tienen interés en atacarlo.

La nueva derecha y otros grupos, con su ideología antidemocrática, antifeminista, antiliberal, homofóbica, islamofóbica y conspiranoica son quienes constituyen un peligro real para nuestro sistema político. Paradojalmente, ellos mismos son quienes nos advierten una y otra vez, del peligro de los refugiados (aunque hay algunos que parecen empezar a ayudarlos y, en consecuencia, advierto un quiebre en ese grupo). Estos mismos sectores políticos, culturales y religiosos más contrarios a nuestra sociedad abierta (para hablar con Popper) y tolerante son quienes más nos exhortan a estar prevenidos frente a los refugiados que pondrían en peligro nuestro sistema político y social, el mismo que ellos desprestigian permanentemente.

No creo en la honestidad en la defensa de nuestro sistema democrático, de parte de quienes permanente niegan la democracia, la liberación de la mujer, el respeto hacia los homosexuales, la libertad de nuestra prensa y sostienen que vivimos en una dictadura y que vamos para peor. No creo que los manisfestantes de Heidenau, ni los de Pegida, Legida, Dügida, ni tampoco los Asylkritiker de la AfD o grupos similares, quienes rechazan la cultura de la bienvenida, sean los más idóneos, ni para defender nuestro sistema, ni menos para intentar mostrarnos que los refugiados lo destruirán. ¡Oh paradoja! Que los refugiados destruirán el sistema que ellos mismos atacan.

Inculcar amablemente los valores de nuestra sociedad europeo-occidental, democrática, abierta y tolerante no es sólo una misión del estado, no es sólo algo que se debe hacer “desde arriba”, sino que es una tarea de toda la sociedad, de todos nosotros (ver Alemania luminosa). El estado no solamente no puede impedirlo, sino que tiene que facilitarlo, fomentarlo, impulsarlo. En este punto, el estado no puede ser neutral. Pero la sociedad no puede desentenderse y dejar todo el trabajo a funcionarios públicos y a oficinas estatales. Pongámonos las pilas, que la labor es de todos y el tiempo apremia.

Y no por sostener esto, somos hippies -como se queja el politólogo inglés Anthony Glees-. Demos gracias a Dios que Alemania se pone del lado bueno de la fuerza y que los alemanes han aprendido a por poner buena cara y hacer un gesto amable ante una situación de necesidad, como dijo Merkel y quedó grabado en este memorable video. Hoy en día, hay algunos que propagan la idea de que “quien tiene empatía, tiene poco entendimiento”, nada más falso, ni más absurdo.

El estado no fomenta esta cultura de la bienvenida y de la integración, sino que más bien la impide cuando, por ej. envía a los refugiados a barrios geográficamente cerrados, cuando no los deja salir del hogar en que los recluyen ni menos aún cuando permite cerrar las puertas de los mejores colegios (generalmente, privados) a los hijos de extranjeros, que son nuestro futuro. Cuando la clase más burguesa organiza acciones contra hogares de refugiados en su cercanía, porque bajará el precio de sus caros departamentos, tampoco contribuye a la transmisión de los valores occidentales.

¿Cómo sabemos que los refugiados son incapaces de interiorizar nuestro sistema democrático, abierto y respetuoso? ¿Acaso podemos conocer el futuro? Una de las lecciones fundamentales de la tradición del liberalismo occidental es que el conocimiento humano no puede nunca ser sobre el estado final de algo. Como señala Friedrich v. Hayek, todo conocimiento es “local”, esto es, se halla disperso en la multitud de individuos que provocan un cambio en la sociedad. Es la interacción voluntaria de esos individuos la que hace posible el progreso social. Que no se puede prever ya que es el “resultado de la acción humana y no del diseño humano”. Sería conveniente, eso sí, que la política pública evite obstruir este proceso creativo del orden espontáneo3.

Exacto, toda planificación en este sentido, es falible. No podemos predecir el futuro. Quién pretenda hacerlo no cuenta con el imponderable de la libertad humana. Prefiero confiar en el ser humano. Por otra parte, se equivocan quienes ven en todo refugiado sirio, iraquí, afgano o kurdo a un musulmán. Muchos de ellos son ateos, otros cristianos, algunos zoroastrianos y también yazidis.

La ministra -y posible futura canciller- von der Leyen hizo una apuesta a favor: “en veinte años, los alemanes van a estar feliz de haber acogido a los refugiados”4, y Rupert Neudeck, otra: los sirios serán los nuevos vietnamitas, debido a su hambre de cultura y a su espíritu de trabajo5,.

Contrariamente a la propaganda del NPD y de la AfD, según la cual, no somos la oficina social del mundo (wir sind nicht das Sozialamt der Welt), la mayoría de los inmigrantes quiere venir a países como Alemania, Austria o Suecia, no porque en ellos se les dé más ayuda social. Lo que los atrae es, en primer lugar, la buena situación económica y, con ella, la positbilidad de triunfar social y económicamente, y no los regalos del estado. No conozco gente más liberal en sus planteamientos económicos que los pequeños empresarios iraníes, sirios o afganos. En toda conversación con ellos, se aprende más sobre la economía de mercado que en cualquier libro sobre libre comercio. Sin embargo, como tampoco se puede surgir en un ambiente culturalmente adverso a los refugiados, como el de Dinamarca -pese a la buena situación económica- los refugiados pasan de largo hacia Suecia.

Von der Leyen dice que los refugiados son un enriquecimiento para Alemania, cuya población envejecida (vivimos en el invierno demográfico) necesita gente nueva. Como dice Michael Wolffsohn, no tenemos la cantidad suficiente de hijos, ni llegan suficientes inmigrantes a Alemania, de manera que los refugiados son un regalo del cielo6, para mejorar nuestra situación demográfica -al menos, para aliviarla- y asegurar así nuestro futuro bienestar. Aunque, obviamente no existen los refugiados ideales. Aclara que el modelo de Rusia (tan alabado por sectores de extrema derecha y del conservatismo europeo, incluso por cristianos al margen derecho de las iglesias) es un ejemplo negativo de un país que se cierra y, en vez de mirar hacia adelante, mira hacia atrás. Me pregunto: ¿qué ve la extrema izquierda en Putin? De izquierda no tiene nada.

Horn se refiere al determinismo colectivista, según el cual, los musulmanes nunca podrán ser integrados con éxito en nuestra sociedad, que su religión no será capaz de modernizarse, y que inevitablemente erosionará la civilización occidental. Explica que, “sobre la base del prejuicio y del resentimiento étnico, se calculan supuestas cuotas óptimas de absorción, que luego se anuncian bajo el sello del realismo responsable de una supuesta planificación a largo plazo”.

Sí, ese intento de planificarlo todo, es producto de la arrogancia intelectual. Es el viejo determinismo y el biologismo tan propio de grupos que hoy se llaman “críticos del asilo”, un eufemismo para designar a quienes están contra los refugiados. Tan propios de la nueva derecha, de la extrema derecha y otros. Para qué olvidar el darwinismo social de Sarrazín, el máximo representante de la popularización de tales tesis en Alemania.

Prefiero apostar por la propuesta de la bienvenida y no por la de los llamados críticos del asilo y detractores de la cultura de la bienvenida. Prefiero apostar por el hombre y no en su contra. Sabiendo que la paz es frágil y que hay que defenderla. Que habrá caídas y retrocesos… Pero prefiero esta fragilidad a una falsa seguridad de quienes cierran sus frontetas, construyen muros y se aíslan; prefiero nuestra sociedad abierta.

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1 Hay que evitar que los consejos del alemán Pierre Vogel en Facebook, acerca de cómo ganar salafistas entre los refugiados https://www.facebook.com/PierreVogelOffiziell/posts/688735087872894

2 Wolffsohn: “Migration ist ein Geschenk des Himmels” (La migración es un regalo del cielo) http://www.dw.com/de/wolffsohn-migration-ist-ein-geschenk-des-himmels/a-18724641

El profesor Wolffsohn explica que el Islam reformista se abrirá paso en la comunidad musulmana de Alemania, ya que los refugiados huyen precisamente de un Islam asesino, del Islam genocida. Ellos no huyen a Europa para implementar aquí un islam fundamentalista (Zum Einen wird sich innerhalb der muslimischen Gemeinschaft eine Entwicklung hin zu einem Reformislam anbahnen. Denn diese Menschen entfliehen ja dem real existierenden, sprich: massenmordenden Islam. Sie sind nicht nach Europa gekommen, um hier einen islamischen Fundamentalismus zu etablieren).

Es kommen in Deutschland und Westeuropa weder genügend Kinder zur Welt, noch kommen genügend Einwanderer. Wir haben also ein demographisches Defizit. Darum werden wir unseren Lebensstandard auf Dauer nicht halten können. Jetzt kommen diese viele Menschen. Das mag manchen gefallen und manchen nicht. Aber sie lösen das schwerwiegende demographische Problem der Bundesrepublik. Zumindest mildern sie es. 

Ver 1) https://www.facebook.com/michael.wolffsohn/posts/1721392544748615 y 2) http://www.dw.com/de/wolffsohn-migration-ist-ein-geschenk-des-himmels/a-18724641

Tomé estas ideas, del excelente artículo de la pensadora liberal Karen Horn: Charity must be the first response to the immigration drama 

4 Ver también: „Wir würden unsere wesentlichen Werte verraten“

“sie sind den Deutschen in ihrer mittelständischen Orientierung und bildungshungrigen Art schnell ganz nah gewesen.

Michael Wolffsohn Neuankömmlinge sind ein Geschenk des Himmels http://www.handelsblatt.com/politik/deutschland/professor-tacheles/kommentar-zur-fluechtlingspolitik-neuankoemmlinge-sind-ein-geschenk-des-himmels/12203120.html

Nuestros hermanos los refugiados

Puede ser que no nos gusten los refugiados… Que no nos gusten ni sus ojos, ni su pelo, ni su nariz, ni sus manos, ni sus piernas, ni sus pies… Puede ser que no nos guste la ropa tan colorida de sus mujeres o tal vez no nos guste que algunas de ellas no usen ropa colorida, ni que a sus hombres les guste tanto el blanco, o que les guste el negro… Puede ser que no nos guste su comida, ni sus shishas, ni su idioma, ni su religión, que nos guste ni Alá ni Zoroastro, ni el arcaico Dios cristiano de los caldeos, ni tampoco la perla de los yazidis 1. Que no nos gusten los colores de su piel, ni de sus ojos, ni de su pelo, ni sus peinados, ni sus cejas, ni sus pestanas… Ni el maquillaje de sus mujeres, alheña, arjeña o henna de sus mujeres.

Puede ser que los refugiados nos caigan muy mal. Una amiga me dice que amigos suyos de Hungría le contaron que los refugiados son super desagradables y violentos. ¿Será así? ¿¡Debemos suponer, en consecuencia, que merecen entonces el trato que les dan en el país de los Hunos!? Me pregunto si depende de como nos caiga una persona, si la consideramos como persona, si la tratamos como un ser humano igual a nosotros y no como animal 2. Si reconocemos sus derechos fundamentales y su dignidad humana. La Ley fundamental de Alemania, en su primer artículo -que es programa- nos dice que “La dignidad humana es intangible”. ¿Lo vivimos?

No depende de si los refugiados nos caen bien o no. En realidad, ni los conocemos. Salvo una joven amiga que hace dos días, recibió por una noche. a ocho de ellos, en su departamento de estudiante, en Viena.

Esta manaña, la página de la Iglesia católica en Alemania (la página oficial, no alguna página privada que de católica sólo tiene el nombre y más se parece a una nueva secta) publicó una corta entrevista al cardenal Reinhard Marx, arzobispo de München y, junto con el cardenal Woelki, arzobispo de Colonia, uno de los dos más importantes de Alemania 3.

Más serio que nunca, el cardenal habla en este video, titulado “nuestra identidad cristiana estaría en peligro si no ayudáramos a los refugiados”, sobre lo que en la Iglesia, se llama la filiación divina. Explica que los cristianos creemos que cada ser humano es hijo de Dios. “Cada persona es imagen de Dios: da lo mismo si es negro o es blanco, si es musulmán o cristiano, viejo o joven, enfermo o sano, rico o pobre. Cada uno es hijo de Dios. Esta fraternidad universal es una verdadera revolución”.

Ojo, no somos sólo hermanos y hermanas de otros cristianos, sino de todos los hombres y de todas las mujeres, del mundo. Vivir esta realidad -concluye Marx- nos da una gran fuerza que nos ayuda y nos lleva a vivir la integración. En otras palabras este saberse hermana de los refugiados, puede ser un importante motor de su integración en la sociedad, en la sociedad alemana, en primer término. Lo que no significa asimilación, sino un dar y un recibir.

El cardenal continúa: no seríamos cristianos, si no viviéramos esta realidad, si no aceptáramos, si no ayudáramos y acogiéramos a los refugiados. Sí, el arzobispo se refiere a la integración de los refugiados en la sociedad alemana. Es la cultura de la acogida, de la bienvenida. No una incultura del rechazo. Es expresión de la cultura de la vida de la que hablaba Juan Pablo II.

Las palabras del cardenal Marx me recordaron lo que leí hace un par de días: de la publicista Karen Horn, en su excelente artículo Charity must be the first response to the immigration drama, con el que estoy totalmente de acuerdo y me interpreta plenamente: “tal vez, el fundamento más noble de los principios de mayor relevancia, que nos llevan a acoger a los refugiados, es recordar, una vez más que todos somos hermanos y hermanas”. (Perhaps the noblest of these rules, highly relevant right now, is the one reminding us that we are all brothers and sisters).

El cardenal Marx nos llama a vivir la radicalidad del Evangelio. Que es tanto como decir: la radicalidad del humanismo. La publicista liberal Horn, basada en Smith, Ferguson y Hayek, nos llama a acoger a los refugiados y a lanzarnos en la aventura de su integración, ya que somos todos hermanas y hermanos.

Sólo puedo decir: esta es Alemania luminosa

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1 No hay artículo sobre ellos en Wikipedia en castellano. Aquí en portugués

2 Esta semana, un grupo de verdes austriacas (eran casi sólo o sólo mujeres) viajaron a Hungría y filmaron a los policías húngaros, les lanzan paquetes con comida a los refugiados. Vénalo Uds. mismos: es una verdadera alimentación de los animales. https://www.youtube.com/watch?v=H62JweQXdE0

Entre paréntesis, uno de los problemas más grandes de los refugiados en Hungría es que los policías no hablan inglés… y los sirios, sí.

3 El cardenal Woelki describió, en entrevista de 20 de agosto de este año, los criterios católicos frente a los refugiados: Kardinal Woelki kritisiert selektive Flüchtlingsauswahl der Slowakei “Das ist skandalös”.