¿Cuántas personas murieron en el bombardeo de Dresden?

En un día como hoy[1], un martes de carnaval pero hace 75 años, aviones británicos[2] bombardearon no sólo Dresden[3], sino otras ciudades alemanas. Pero como la publicidad nacional socialista se centró únicamente en el bombardeo de la ciudad barroca a orillas del río Elba, los otros bombardeos quedaron en el olvido. O bien se los recuerda bajo otra luz y no la del victimismo.

Es una barbaridad bombardear ciudades, de ello estoy convencida. La finalidad del bombardeo era destruir la infraestructura para evitar el envío de tropas alemanas y de suministros hacia el frente oriental, para ayudar así al Ejército Rojo que atacaba por el Este y que tenía grandes dificultades. Pocas semanas antes[4], en el marco de la conferencia de Yalta[5], generales soviéticos exigieron a los aliados occidentales bombardear ciudades consideradas importantes para el transporte de tropas y de suministros hacia el frente oriental. Décadas más tarde, un historiador de la RDA[6] sostuvo que el objetivo principal habría sido demostrar a los soviéticos el poderío occidental.

Objetivos del bombardeo eran la red de ferrocarriles que cruzaba Dresden y la destrucción de la industria de armamentos radicada en la ciudad. Asimismo, se trataba de desmoralizar a la población, sobre todo a los obreros industriales[7], que continuaban imparables trabajando en la industria bélica[8]. Para ello contaban con “esclavos”: judíos y trabajadores forzados procecentes de los países ocupados. No olvidemos que, en ese entonces, el nacional socialismo había ocupado casi la totalidad de Europa occidental y central. Gran Bretaña era el único país europeo importante que no había sucumbido, debido principalmente a su condición de isla.

No se puede ver el bombardeo como si hubiera sido una acción aislada de destrucción de una bella ciudad alemana, de Florencia del Elba. No hay que olvidar que la guerra fue iniciada por Alemania y que el año 1945 no se puede entender sin tener presente 1939, en que Alemania invadió Polonia[9]. El final de la guerra, no se puede entender sin su comienzo. No se puede dejar de lado los bombardeos sin sentido de ciudades británicas, incluyendo a la misma capital inglesa. Bombardeos que -desde el punto de vista militar- no tenían ningún sentido salvo aterrorizar a la población y preparar la invasión a la isla (el invierno 1940-1941). Como tampoco olvidar los bombardeos de Varsovia, Rotterdam, Belgrado o Coventry[10].

La cifra de 250 mil muertos fue una noticia falsa lanzada por el ministerio de propaganda a cuya cabeza se hallaba Goebbels. En aquel entonces, la policía alemana había cifrado el número de víctimas en 25 mil, a la que la desinformación nacional socialista simplemente agregó un cero. Como los nacional socialistas daban instrucciones a la prensa de los países ocupados, un diario sueco agregó a los 25.000 un cero más, llegando a los 250.000. En 1948, un delegado de la Cruz Roja, luego de entrevistar a prisioneros de guerra alemanes, fijó el número de muertos en 275 mil. Incluso he visto la demencial cifra de dos 2.500.000 muertos. La Comisión de historiadores que estudió acuciosamente el tema y entregó su fundado informe el 2010, concluyó que el número de muertos era de por lo menos 18 mil y de un máximo de 25 mil.

No olvidemos además que Dresden estaba super poblada, pues en ella se refugiaron cerca de 200 mil personas que huían de los soviéticos y que pensaban haber encontrado en esa ciudad, un refugio seguro. No todos los que murieron eran nazis y no todos los que murieron eran siquiera alemanes. Las bombas cayeron por igual sobre nacional socialistas, refugiados, judíos, trabajadores forzados y prisioneros de guerra.

El gobierno nazi no creía posible un ataque aéreo a Dresden, razón por la cual, la ciudad carecía de refugios para la población civil, que se vió obligada a refugiarse en sótanos o subterráneos de casas particulares lo que, muchas veces, se convirtieron en una verdadera trampa para los civiles. En efecto, la casa se desmoronaba, en medio de un mar de llamas, y la gente no podía salir de los subterráneos o simplemente el inmueble se les caía encima.

Para algunos de ellos, como Victor Klemperer[11], el bombardeo fue una tragedia; pero, al mismo tiempo, significó su salvación. Se sacó su estrella amarilla y huyó a Baviera con su señora. Pocos días después, el viernes debería ser deportado lo que significaba en realidad, ser ejecutado en la misma estación del ferrocarril de Dresden. Alemania estaba a punto de perder la guerra; pero a los nacional socialistas, lo único que parecía importarles era continuar con el genocidio.

Dresden es junto con Leipzig, una de las dos ciudades más importantes de Sajonia. Después de la guerra, ambas ciudadas quedaron en la llamada Zona de ocupación soviética. De acuerdo a la ideología imperante en el Bloque Oriental, Alemania del Este hizo suyas las cifras de muertos propagadas por los nacional socialistas… o fascistas, en su dicción. Al mismo tiempo divulgó su versión de la historia, de acuerdo a la cual, el bombardeo de Dresden habría sido pura devastación capitalista e imperialista. Los socialistas reales hablaban de la “ciudad inocente y del sinsentido de su destrucción”[12]. Este espúreo discurso pervive hoy en la extrema derecha alemana que ha hecho de Dresden una de sus ciudades más emblemáticas[13].

Los nacional socialistas sabían que, tarde o temprano, alguna ciudad alemana sería bombardeada y habían preparado un acucioso plan mediático para hacer aparecer el bombardeo como un ataque despiadado dirigido contra la población. Dresden era la ciudad ideal para victimizarla y presentarla como un centro de cultura que los aliados pretendían destruir, para acabar con la civilización alemana. Creo que proyectaban lo que ellos mismos habían hecho o planeaban hacer en los países enemigos.

Asimismo, la Comisión de historiadores que estudió minuciosamente fuentes de la época[14] llegó a la conclusión de que tampoco hubo ataques a tierra por parte de aviones aliados. La imagen de aviones volando a baja altura y disparando ráfagas de metralleta contra la población civil es -en el mejor de los casos- producto de la imaginación o de la confusión de algunos sobrevivientes del bombardeo. Es por lo demás, absurda, considerando que se trataba de ataques nocturnos.

Igualmente, las bombas de fósforo fueron otra invención de la propaganda nacional socialista adoptada posteriormente por la desinformación propia del Bloque socialista. Lo que algunas personas confundieron con bombas de fósforo fueron probablemente proyectiles luminosos.

Tanto los nazis, como los comunistas y en la década de los 90, los neonazis y hoy la extrema derecha han intentado e intentan presentar a Dresden como una ciudad víctima de un ataque aéroe sin sentido, ocurrido al final de la guerra. En torno al bombardeo se ha construido un mito en que Dresden aparece como una ciudad inocente, sin industria bélica, una ciudad llena de cultura que habría sido despiadadamente destruida por el imperialismo capitalista anglo-americano. Mientras más alto sea el número de víctimas, más conviene a estos grupos.


[1] El bombardeo tuvo lugar entre el 13 y el 15 de febrero de 1945. Comencé a escribir esta columna el día 12. Recién la puedo terminar hoy.

[2] …y a partir del 15 de febrero, también aviones estadounidenses.

[3] La primera vez que escuché hablar del bombardeo de Dresden fue en aquellos aciagos días en que recibía a diario la molesta visita de españoles de extrema derecha en mi blog o bien me enviaban largos y estúpidos mensajes por mail. Uno de los que más me visitaba y enviaba estiércol era un tipo zalamero que trataba de conquistarme para su causa espúrea y que además tenía blogs y páginas de pornografía.

[4] Tiene que haber sido en enero de 1945.

[5] En febrero de 1945.

[6] República democrática alemana.

[7] Quienes antes eran proletarios fervorosos partidarios del leninismo, hoy se habían convertido en fervorosos nacional socialistas. Después de 1945, abrazarían nuevamente el comunismo y hoy constituyen el caldo de cultivo de la extrema derecha en Alemania unificada.

[8] Entre ellas, piezas para tanques y grandas de mano.

[10] Recomiendo leer o ver el discurso del Presidente Steinmeier al respecto.

[11] Victor Klemperer, Tagebücher 1945, Aufbau Taschenbuch Verlag, 3a. edición, Berlín 1999, págs. 43 en adelante.

[12] “Die unschuldige Stadt und die Sinnlosigkeit der Zerstörung”.

[13] Es la ciudad de Pegida.

[14] Entre otros, los informes de la época, elaborados por la policía.

¿Es Chile un failed state?

Quinta normal

 

¿O lo será pronto? Hace pocos días, un amigo me mandó la foto de un afiche pegado en Quinta Normal, al parecer frente a la municipalidad. El panfleto llama a la “abolición de la policía”, que cataloga como “siervos de la burguesía”. Precisamente lo que he leído en el viejo libro de Wladimir Lenin titulado “Estado y Revolución”[1], una de los tres o cuatro obras más influyentes del antiguo marxismo-leninismo, una ideología del siglo 19 y que hizo estragos durante la primera mitad del siglo 20.

Policía y ejército (fuerzas armadas les llamamos hoy; pero no hay que olvidar que los escritos de Marx y de Lenin tienen más de 160 años y usan un lenguaje muy anticuado) son efectivamente siervos de la burguesía. La burguesía sería el estado actual de la historia, que sucedió al feudalismo y éste al esclavismo. Son los denominados “saltos de la historia” a los que se refiere Lenin y que conducirán finalmente al comunismo, pasando primero por el estado socialista que antecede al paraíso comunista. Esto, que debe ocurrir ahora, es el último “salto” de la humanidad en su camino hacia el comunismo.

En la Postguerra europea, cien años después de surgidas las ideas marxistas, Karl Popper[2] hacía ver que vivimos por fin, en una sociedad en paz, donde el estado ejerce el monopolio de la fuerza, de acuerdo a la ley. Es el llamado estado de derecho. En él no pululan bandas armadas que atemorizan a los ciudadanos que son ciudadanos y no súbditos o protegidos de algún señor feudal o de alguna banda de mafiosos. Popper señala que eso que, durante siglos, pareció una quimera, ahora ya es realidad. Por fin, existe un modelo de estado donde podemos vivir en paz. Lo que no significa que esta paz sea perfecta, ni que todos se comporten correctamente, para eso precisamente existen la policía y los tribunales de justicia.

Agregaría que también existe la prensa y los medios de comunicación, tan importantes hoy en día. De ahí la necesidad imperiosa de defender los medios de prensa que los totalitarios chilenos han empezado a denominar “medios hegemónicos”[3].

El “modelo” o el “sistema” propio de la burguesía es llamado por Marx capitalismo. Por eso, el afiche llama a “Acabar con el monopolio de violencia del Estado/capital, hacer frente a sus máquinas de guerra: la policía y destruir a estos espectros del imperio de la muerte; será el único camino hacia la liberación del género humano”. Esto que nos puede parecer propio de personas en estado de drogadicción es algo que creen algunos con una fe quasi religiosa.

Tal vez no sean muchos; pero se hacen notar. Su mentalidad de elegidos y de “evangelizadores” del materialismo histórico, los convierte en fanáticos de esta verdadera conspiranoia basada en viejas ideas que ya nadie cree en el mundo, salvo en su periferia latinoamericana o en Corea del Norte. El adoctrinamiento o la concientización del pueblo forma parte de los más importantes “deberes del proletariado en la revolución”, frase con la que Lenin subtituló el libro mencionado. Sí, todo lo demás se puede descuidar: la familia, el trabajo, el estudio. Incluso la propia salud se puede dejar de lado, todo sea por la revolución.  

Para Lenin, Marx y Engels, el estado burgués tiene que ser destruido y sustituido por un estado proletario. Esto es, para ellos y para todos quienes creen en esta religión secular -o más bien, en esta superstición- una verdad inalterable e irrefutable, inamovible e irreversible.

“La vida en la sociedad capitalista es un permanente estado de excepción para los Proletarios”, continúa el panfleto de Quinta Normal. Evidentemente, el discurso del “estado de excepción” nos demuestra una vez más la incorporación del pensamiento del facista Carl Schmitt[4], el más grande jurista de los nazis, al pensamiento marxista de la ultraizquierda latinoamericana. De esta incorporación me habían hablado ya amigos míos estudiosos del tema y además, he leído algunos ensayos de horrorizados izquierdistas europeos sobre el mismo.

Que la vida en nuestra sociedad que estos aprendices de ideólogos califican como el “modelo capitalista” y que ellos pretenden abolir, sea un “permanente estado de excepción” significa que la vida social no está regida por el derecho, sino por la excepción y que el proletariado no está sujeto a la ley, sino que está sobre la ley, pues el proletariado es el soberano que rige en la excepción. En un estado de excepción como ellos lo conciben, no impera de la ley, sino la fuerza, la voluntad del proletariado que es exactamente igual a mi voluntad si yo me declaro proletaria. En el mejor de los casos, la nueva ley del proletariado será la voluntad de algún comandante o autodenominado líder máxismo, en un sistema jerárquico y vertical de mando, en que no hay derecho a pataleo. Si eso no es totalitarimo, no sé qué podría ser.

Nada de estado de derecho, de imperio de la ley, de legalismo. Luego empezarán las peleas entre ellos, debido a las múltiples divergencias doctrinarias o a los juegos de poder, a las riquezas que hay que reparir entre ellos o incluso a mujeres, como es tan propio de estas facciones. La Nóbel de Literatura, la alemana Herta Müller, que vivió el socialismo en carne propia escribe, “muchas veces hablamos del estado socialista; pero olvidamos que eran personas mediocres y malvadas quienes estaban al frente del estado y lo comandaban a su antojo y a su capricho”[5].

Da lo mismo quien se haga con el poder, sin duda, se impondrá la ley del más fuerte, la voluntad de quienes están armados. Como siempre, los más débiles serán quienes pierdan: las mujeres, los ancianos, los niños… No sé si se han dado cuenta, pero en las revoluciones, las mujeres siempre perdemos. Salvo que seamos “pareja” de alguno de sus jefes, como Jiang Qing, la última mujer de Mao, que fue condenada a muerte conmutada en cadena perpetua, pero recién después del fallecimiento del dictador chino. Me parece paradójico y muy “sumiso” que algunas mujeres insistan en que sin revolución, no se puede poner fin al machismo. Muy por el contrario: “donde más avances se ve en el tema igualdad de la mujer es precisamente en sociedades de economía de mercado y democracia liberal”[6].

Carl Popper hace ver que, “cuando una sociedad avanza, surgen movimientos contrarios a la sociedad abierta, fuerzas anticivilizatorias de los más diversos colores y procedencias. El autor austriaco los llama totalitarismos y expone que son tan antiguos y tan nuevos como la misma civilización. El totalitarismo ha acompañado a la civilización desde su nacimiento”[7]. Creo que hoy Chile está frente a movimientos totalitarios.

En efecto, según esta vieja conspiranoia marxista, en nuestra sociedad “burguesa” y democrática, existe una lucha permanente entre la clase trabajadora y la burguesía. La sociedad actual trataría de ahogar esa lucha de clases en una reconciliación artificial y dañina para la clase trabajadora, que debe iniciar la revolución planetaria y suprimir al estado defendido por la policía: en Chile, por los carabineros. Carabineros sería la institución de un estado injusto y opresor del proletariado.  

Según el segundo postulado de Lenin, el estado es, por definición, opresor, represivo y explotador[8]. Lo llama “un poder especial de represión”[9]. Así, “la represión anterior, ejercida por la clase burguesa contra la clase trabajadora se invierte ahora en el nuevo estado que ejerce una nueva represión, esta vez de los trabajadores contra la burguesía”[10]. No sé por qué me viene a la cabeza el antiguo grito de guerra de la época de Allende: “los momios al paredón y las momias al colchón”, una muestra más de sexismo revolucionario.

Está demás decir que nada de esto puede ser pacífico, puesto que, como decía Marx, la violencia es “la partera de la historia” y se halla omnipresente en toda revolución. La violencia es el instrumento revolucionario por excelencia, asegura Lenin y agrega que el Manifiesto comunista se refiere a la violencia revolucionaria como fatal, inevitable e indefectible. Dice que enseñar otra cosa, por ej. la no-violencia, es “traicionar” su doctrina[11].

Finalmente, el afiche de Quinta Normal concluye con un llamado: “Que nada ni nadie nos detenga, el momento es AHORA”. No sé por qué lo de que el momento este texto me recuerda una antigua canción de la época del rock argentino. Es curioso que el panfleto se refiera a “la policía” y no a los carabineros que ni siquiera les llaman “pacos”. No quiero ser conspiranoica; pero tal vez sea cierto que estos panfletos son importados. En su momento, me llamó igualmente la atención que los rayados en la Casa Centra de la Universidad Católica, hablaban de la “yuta” que es como se llama despectivamente a la policía argentina. ¿Será este el internacionalismo del mal?

Así, a la usanza del marxismo leninismo de fines del siglo 19 y primeras década del siglo 20, la ultraizquierda llama en Chile a la guerra permanente contra el estado, representado por la institución de Carabineros[12], que se ha convertido en “el gran enemigo” de estos aprendices de revolucionarios. Tal como Pablo Escobar -el narcoterrorista colombiano- declaró la guerra a los “tombas” que es como llamaba a los policías de ese país.

El objetivo de este nuevo y a la vez viejo fanatismo es destruir el estado (en esto se igualan a los libertarios de extrema derecha), en la ingenua creencia que, al hacerlo, se activará una gran revolución planetaria, al cabo de la cual, advenirá el paraíso terrrenal.

Esto que sólo causa risotadas en Europa, se encuentra aún escrito en los genes de los movimientos de ultraizquierda latinoamericanos en una mezcla increíble de ignorancia y de superstición. En otras latitudes, el marxismo se identifica hoy con Chernobyl, con los gulags y con la caída del muro, es sinónimo de fracaso, de opresión y de crímenes…[13] En Latinoamérica, en la periferia del mundo civilizado parece que falta dar la vuelta a muchas hojas del calendario, más bien a décadas… La ultraizquierda se ha quedado muy, pero muy, muy atrasada.

Imagínate qué pasaría si estos grupos que han declarado la guerra a los Carabineros, ganaran y efectivamente destruyeran a toda fuerza policial. En tal caso, Chile se convertirá en un failed state. Ponte tú que, estos grupos de la llamada “primera línea” lograran expulsar de vastos sectores de las ciudades a las fuerzas de orden. A esto apuntan con sus ataques a retenes y comisarías en sectores periféricos ¿Quién tomaría el poder?

En su teoría el proletariado, se iniciaría la revolución planetaria con la que tanto soñaban Marx, Engels, Lenin, Trotzky y Stalin. Pero en la práctica ¿quién tomaría el poder? Porque el proletariado es una entelequia, un ente ideal, pero inexistente. ¿Lo tomarían los narcos? ¿O alguna otra mafia? ¿O grupos de bandidos? ¿Algún comandante de alguna guerrilla? ¿Un aprendiz de Felix Dzerzhinski, el fundador de la policía secreta soviética? ¿Algún cartel de la droga del norte de Sudamérica? ¿Circuitos de hampones?¿O todos los anteriores?


[1] W. I. Lenin, “Staat Und Revolution”, Dietz Verlag Berlin Este, 1967. 9a edición (la primera edición es de 1948), Biblioteca del marxismo-leninismo, Rep. democrática alemana.

[2] En “La sociedad abierta y sus enemigos”.

[3] “Especialmente grave me parece el incendio del edificio de El Mercurio de Valparaíso, el diario más antiguo de habla hispana que aún existe, lo que es un orgullo para Chile. La libertad de prensa es uno de los valores más importantes y emblemáticos de toda sociedad libre y democrática. El hecho de que, precisamente un medio de comunicación antiguo, prestigioso y como tal, emblemático, haya sido incendiado por los manifestantes es gravísmo. Y nos dice mucho acerca del rumbo que ha tomado la protesta en Chile que de social, poco y nada le va quedando”, en La protesta originariamente social y el estado de excepción en Chile

[5] La abolicion del estado según Marx, Lenin y Engels La traducción es mía y no es textual.

[9] Lenin se felicita por habérsele ocurrido esta definición que, en su egomanía, califica de “grandiosa”, ver De la violenta revolución que conduce a la dictadura del proletariado

[12] Sobre el tema, invito a leer mi columna Los carabineros ya no son santos

[13] “El socialismo real sucumbió medio siglo, después de sembrar muerte, hambre y destrucción en todos los lugares por donde pasó”, Hitler, Stalin y el inicio de la II Guerra

Hitler, Stalin y el inicio de la II Guerra

La II Guerra Mundial empezó en septiembre de 1939 con la invación alemana a Polonia. Alemania se atrevió a invadir Polonia porque en agosto del ‘39 había firmado un tratado con la Unión Soviética: el llamado Pacto Hitler-Stalin (también conocido como Molotov-Ribbentrop, nombre de los ministros de relaciones exteriores de ambos regímenes). En él, ambas “potencias” se repartieron Europa central. Esto permitía a Alemania invadir Polonia por un lado, y a la URSS, hacerlo por el otro lado. Era un convenio en que ambos ganaban: territorios, influencia y recursos naturales (Alemania se aseguraba los campos de petróleo rumanos que necesitaba urgentemente para sus tanques).

El gran director polaco Andrzej Wajda muestra en su película “La masacre de Katyn”, nominada para el Oscar en 2008[1], una escena que Anne Applebaum describe en su último artículo en The Atlantic. En ella, grupos de polacos, que vienen huyendo perseguidos por alemanes desde occidente y por soviéticos desde oriente, se encuentran sobre un puente: “En la escena de apertura de la película polaca más famosa de las últimas dos décadas, una multitud de personas ansiosas y desesperadas, a pie, en bicicleta, conduciendo caballos, cargando bultos, camina hacia un puente. Para su inmensa sorpresa, ven a otro grupo de personas ansiosas y desesperadas que se dirigen hacia ellos, caminando en la dirección opuesta. ‘¿Qué están haciendo?’, grita un hombre. ‘¡Tienen que devolverse! ¡Los alemanes están detrás de nosotros!’. Pero desde el otro lado, otra persona contesta a gritos: ‘¡Los soviéticos nos atacaron al amanecer!’. Y ambos lados siguen caminando. Se produce confusión general”[2].

El Pacto secreto entre Hitler y Stalin fue negado por ambas partes, hasta que, después de la guerra, se encontró su texto en archivos alemanes. La URSS lo negó por muchas décadas más. La desinformación soviética sostenía que su existencia era una mera propaganda occidental. Creo que la única burda propaganda era la afirmación de su inexistencia.

Así se hallaba Polonia en 1939, acorralada entre dos totalitarismos que se habían puesto de acuerdo para repartírsela y con ella, a otros países. Tanto Hitler como Stalin pensaban que ellos, como “nacientes imperios” podían decidir los destinos de otros estados que consideraban pertenecer a su “esfera de influencia”[3], que era el campo donde podrían ejercer su hegemonía. El imperio nacional socialista duró 12 años, pese a que los nazis aseguraban que perduraría mil años, tema sobre el que hacen chistes los militares polacos en la mencionada “Masacre de Katyn”. El socialismo real sucumbió medio siglo, después de sembrar muerte, hambre y destrucción en todos los lugares por donde pasó.

Esto que todos sabemos, que aparece en todos los libros de historia y que podemos leer en Wikipedia y que es cultura general para cualquier persona procedente de un país civilizado, es lo mismo que recogió el Parlamento europeo en su resolución de 17 de septiembre de 2019[4]. La Resolución empieza haciendo ver que en ese año, “se conmemora el 80º aniversario del estallido de la Segunda Guerra Mundial, que provocó un sufrimiento humano sin precedentes y dio lugar a la ocupación de varios países europeos durante décadas”.

Y prosigue: “Considerando que hace 80 años, el 23 de agosto de 1939, la Unión Soviética comunista y la Alemania nazi firmaron un Tratado de no Agresión, conocido como el Pacto Molotov-Ribbentrop, y sus protocolos secretos, por el que Europa y los territorios de Estados independientes se repartían entre estos dos regímenes totalitarios y se agrupaban en torno a esferas de interés, allanando así el camino al estallido de la Segunda Guerra Mundial (…) Como consecuencia directa del Pacto Molotov-Ribbentrop, al que le siguió el Tratado de Amistad y Demarcación nazi-soviético de 28 de septiembre de 1939, la República de Polonia fue invadida en primer lugar por Hitler y, dos semanas después, por Stalin, lo que privó al país de su independencia y conllevó una tragedia sin precedentes para el pueblo polaco; que la Unión Soviética comunista comenzó, el 30 de noviembre de 1939, una agresiva guerra contra Finlandia y, en junio de 1940, ocupó y se anexionó partes de Rumanía (territorios que nunca fueron devueltos) y se anexionó las repúblicas independientes de Lituania, Letonia y Estonia”.

A quienes intentan presentar otra verdad, inspirados en que “la historia la escriben los vencedores” o slogans similares, se les llama normalmente revisionistas, aunque más que “revisar” la historia, lo que pretenden es escribirla de nuevo, de acuerdo a sus parámetros ideológicos, a lo que a ellos más les conviene para no quedar mal. Este es el caso de Wladimir Putin.

Pero este revisionismo histórico no empieza con Putin, más bien él es el heredero de la historia como la contaron los soviéticos en la época de la II Guerra Mundial o de la “Gran guerra”, como se la llamaba en Rusia de aquel entonces. Ya en esos años, se negaba que la URSS hubiese invadido Polonia, decían que los soviéticos habrían tendido una mano a los hermanos polacos para liberarlos del fascismo. Nada decían ni tampoco dicen acerca del tratado entre los fascistas y los comunistas que hizo posible la invasión.

La resolución del Parlamento europeo condena claramente la alianza entre Rusia y Alemania, entre los dos totalitarismos que destruyeron gran parte de Europa en el siglo 20. Y va aún más allá: “Considerando que, tras la derrota del régimen nazi y el fin de la Segunda Guerra Mundial, algunos países europeos pudieron reconstruirse y acometer un proceso de reconciliación, pero otros siguieron sometidos a dictaduras, a veces bajo la ocupación o la influencia directa de la Unión Soviética, durante medio siglo, y continuaron privados de libertad, soberanía, dignidad, derechos humanos y desarrollo socioeconómico”.

Tales verdades, expresadas en una resolución del Parlamento europeo es algo que enoja sobremanera a Putin ya que no cuadra con su celebración del “Día de la Victoria”. Putin usa la II Guerra como una justificación simbólica de su propio autoritarismo: quiere hacer que Rusia no sea grandiosa otra vez, sino que sea “grandiosa” precisamente como lo fue en 1945, cuando el Ejército Rojo ocupó Berlín[5].

Si no hubiera sido porque Hitler decidió atacar a la URSS en 1941, para así conquistar la “tierra negra” y fertil de Ucrania y convertirla en el “granero del III Reich”[6], probablemente, Stalin y Hitler hubieran seguido como aliados quien sabe cuanto tiempo. O habrían seguido juntos para siempre… No doce años, sino tal vez los mil años que el Führer había prometido o la eternidad que prometían los comunistas.

Desde la Resolución del Parlamento europeo, Putin se ha lanzado de lleno contra Polonia, a quien culpa de la guerra. Esto es más que revisionismo histórico, es más bien lisa y llanamente una mentira, una gran mentira. “A big lie”, como dice acertadamente Anne Applebaum. Y lo digo yo que he recibido innumerables ataques de ciudadanos polacos que igualmente hoy quieren cambiar la historia a su favor, como si todos los polacos hubieran defendido a los judíos y nadie hubiera denunciado a uno solo. Sobre el antisemitismo en Polonia escribí innumerables columnas el año pasado[7].

Sólo puedo decir: no al revisionismo histórico, ni de un lado, ni del otro. En Polonia de la pre-guerra había antisemitismo; pero este no fue -ni de lejos- el causante ni de la guerra, ni tampoco del Holocausto. El antisemitismo polaco era religioso, pero no racial; excluyente pero no eliminatorio. A su vez, hay que reconocer que el antisemitismo en Rusia era comparativamente mayor que el polaco y que sobrevivió a la Revolución rusa y fue muy grande durante el stalinismo, cuando hizo estragos, por ej. a través de la llamada “Conspiración de los médicos”.

Applebaum concluye que es probable que el objetivo principal de Putin sea socavar el estado y la posición de Polonia, que “es el miembro más grande y más importante de la OTAN de Europa del Este, con el ejército más grande y la economía más seria, es el país que originalmente propuso el tratado comercial europeo con Ucrania, tratado que provocó protestas y la dimisión del presidente pro-ruso en Ucrania el 2014, es el país que argumentó durante más de una década contra el oleoducto ruso-alemán Nord Stream 2, ahora paralizado por las sanciones de los EEUU. ¿Por qué Putin no querría socavar y desestabilizar la posición de Polonia? Al hacerlo, socava y desestabiliza toda la arquitectura posterior a la Guerra Fría. Y eso ha sido claramente el objetivo central de su política exterior durante dos décadas”[8].


[1] La pelicula ganadora fue Los Falsificadores, también muy buena y que comenté hace mucho tiempo en mi artículo Die Fälscher – The Counterfeiters – Los falsificadores

[3] Sobre la teoría del Großraum de moda en esa época, ver mi columna El nuevo orden en el derecho internacional, según Carl Schmitt

[6] Sobre el tema, recomiendo el estupendo libro de Timothy Snyder, “Road to unfreedom”. Está traducido al castellano. como “El camino hacia la no libertad”. Y al alemán como “Der Weg in die Unfreiheit”.

La inestabilidad y el cambio en Chile

En su último libro “Road to unfreedom”[1], Timothy Snyder -el historiador norteamericano del momento- señala acertadamente que sólo en un estado estable y que funciona, sus ciudadanos pueden llevar a cabo un cambio. O muchos cambios. Es precisamente la estabilidad la que hace posible cambiar el cambio.

Este es mi problema frente al caso chileno: frente a la Asamblea Constituyente y a la eventual nueva nueva constitución. Creo que Chile se ha vuelto un país más que inestable, sumamente lábil e inseguro en todo sentido. Del legalismo del que nos gloriábamos o por el que éramos criticados, parece que pasamos raudamente al ilegalismo, al desgobierno. Del estado de derecho pasamos a la anarquía o, en el mejor de los casos, a un segundo período de “ensayos constitucionales”, como el del siglo 19; pero más de un siglo y medio después[2].

De las alabanzas del historiador alemán Heinrich August Winkler[3], quien calificaba a Chile como el único país occidental de Latinoamérica, de eso, poco y nada va quedando. Una de las características esenciales y conditio sine que non de la pertenencia a Occidente es la capacidad de resolver las diferencias políticas -tanto teóricas, como prácticas- en forma pacífica, sin violencia[4]. Después de la irrupción de la llamada “primera línea” y de sus “ayudistas” -verdaderos autores intelectuales del estallido de violencia- de occidental, poco y nada le va quedando al país.

Tengo que reconocer que, en un comienzo, yo era levemente proclive a una nueva constitución. Incluso me atreví a proponer una medida muy concreta para el eventual nuevo texto (el establecimiento de una barrera del 5% para que los partidos políticos puedan tener representación parlamentaria[5]) y creí que, con ello, contribuía a una proceso constitucional que, como me dijo un amigo nos identificaría a todos los chilenos con una nueva carta fundamental. Asimismo, pensaba que un gobierno serio y estable como el actual, conduciría el proceso constitucional por un buen camino y hacia buen puerto.

Sin embargo, me temo que, de a poco, estoy cambiando de parecer. Y no soy la única. Si una revisa las cifras de las encuestas de opinión[6], puede observar que la alternativa hacia el rechazo (el llamado #votorechazo) si bien es cierto no es aún mayoritaria, tiende a aumentar. Siempre he sostenido que las encuestas no se pueden ver como una simple foto de un instante, sino más bien hay que observarlas como una película, ya que la tendencia es lo decisivo.

Hace algunos días, recibí un mensaje de una compañera de Universidad de Javier Edwards[7], que contenía un escrito suyo acerca del tema rechazo o aprobación en el próximo plebiscito. Me pareció significativo que una persona como mi querido amigo Javier se pronunciara tan claramente en favor del rechazo. Entre otras cosas, porque él es una persona de ideas de izquierda. Me parece interesante comentar sus planteamientos.

Javier explica que “la estabilidad de la constitución es la estabilidad del país y sus ajustes deben recoger mayorías adecuadas para no convertirla en la herramienta de mayorías de turno o manipulaciones para perpetuar en el poder a algún gobernante inescrupuloso”. Así es. Las mayorías de turno son más bien un tool del populismo que una herramienta real de la democracia. Pienso que la estabilidad no es inmovilidad. Por el contrario, la inestabilidad es el verdadero origen de la inmovilidad. Me parece que la estabilidad de Chile actualmente deja mucho que desear.

En este sentido, el párrafo que Javier dedica a la Plaza Baquedano es muy significativo: “me parece absurdo y populista, innecesario, ponerle Plaza de la Dignidad al peladero en que se convirtió la inocente Plaza Baquedano, sino trabajamos de verdad en un plan de gobierno y legislativo que construya esa dignidad. Así, cada dictadura construye monumentos a la libertad, y la politiquería y la demagogia hablan de palabras como dignidad, justicia, equidad y quieren monumentos no políticas, leyes, normas y su aplicación”. Pienso que la Plaza Baquedano ha sido convertida más en una verdadera plaza de la indignidad.

Cuando un país es inestable, nadie -o poca gente- quiere cambiar algo, porque teme que será peor el cambio que el presente[8]. Y eso es lo que bien puede pasar en Chile si continúan las “protestas” y las acciones de la llamada “primera línea”: incendios, destrucciones, rayados, funas, saqueos, coacción y amenazas, además de otras barbaridades. Hasta ahora hablamos del estallido social; pero creo que estamos a punto de caer en un estallido terrorista.

En un clima inestable no se puede hacer reforma alguna, ni las necesarias ni las innecesarias. Ni sociales, ni políticas, ni económicas, ni institucionales, ni menos constitucionales. En un clima de inestabilidad, sólo se retrocede, en el peor de los casos -cuando se desquicia el estado de derecho- hasta la edad de las cavernas, donde prima la ley de la fuerza por sobre la fuerza de la ley.

Todas las reformas que se han hecho a la constitución actual en estos 30 años de vigencia en democracia, han sido hechos precisamente en un marco de estabilidad institucional y no de ruptura. No creo que sea necesario, ni conveniente, lanzar por la borda las reformas realizadas. Javier habla de “una mentira política”. Y señala que “su propósito, en algunos con ambiciones refundacionales, es un acto revolucionario para convertir a Chile en un proyecto viciado”. Fundar de nuevo el país es una utopía o más bien una distopía, un proyecto populista[9].

“El esfuerzo de una nueva constitución, innecesaria, el tiempo que llevará materializarla, la incertidumbre que generará, el impacto económico que ello tendrá, el debate oportunista de los políticos, todo pondrá en segundo lugar lo que realmente es necesario…”. Sí, Javier tiene razón: la incertidumbre es lo contrario de la inestabilidad y ésta durará al menos dos años, en los que la presión de la primera línea puede tornarse intolerable: más incendios, más barricadas, más saqueos, más actos de fuerza, más violaciones a la libertad individual[10]

Javier concluye: “Escribir una constitución no es un ejercicio de improvisación, ni podrá recoger todas las ideas de las cabezas más imaginativas (puedo anticipar un colorido circo de propuestas). En conciencia, y por el bien del país y de todos, para poner las prioridades en las verdaderas urgencias: votaré NO al cambio de constitución”. Yo no estoy decidida aún; pero no puedo negar que mi colega y amigo tiene bastante razón.

Puedo agregar que en un clima de agresión, de desgobierno, de crispación y de inestabilidad no conviene cambiar la Constitución. Nada bueno puede salir de ello. Ahora durante el verano, las cosas parecen más calmadas, tal vez porque “los jóvenes idealistas” se fueron de vacaciones au$piciada$ por papá y mamá; pero no creo que marzo vaya a ser un mes muy tranquilo, ni tampoco abril. Ojalá me equivoque, ojalá.


[1] “The Road to Unfreedom: Russia, Europe, America”, 2018. Leo que fue publicado en castellano bajo el título de “El camino hacia la no libertad”.

[3] Durante una charla-homenaje organizada por la embajada polaca en Berlín, hace algunos años.

[4] Esa gente que dice que todo cambio debe ser violento, creo que adolece de seguera histórica y está afectada por el pensamiento al que me referí en mi columna De la violenta revolución que conduce a la dictadura del proletariado, que invito a leer.

[5] “Sería interesante incorporar a la Constitución una cláusula de barrera de al menos un 5% para establecer un sistema de acuerdo al cual, “únicamente los partidos políticos que hayan obtenido al menos el 5% de los votos válidamente emitidos pueden obtener representación parlamentaria”, en mi columna La polarización es el semillero del extremismo

[8] O, como diría Shakespeare: “Rather bear the ills we have than fly to others that we not know of”.

[9] Aquí viene un enlace a mi artículo próximo acerca del populismo en el “estallido social” en Chile.

[10] Ver el testimonio de una amiga: Ayer sentí miedo

De la violenta revolución que conduce a la dictadura del proletariado

Al final del capítulo primero de su “Estado y revolución”[1], Wladimir Lenin formula cinco postulados acerca del paso de la sociedad burguesa a la sociedad socialista que, en la teoría márxista, es el siguiente “salto” en la historia, en su camino hacia el comunismo[2]. En La abolición del estado, según Marx, Lenin y Engels, me referí al primer postulado, ahora, me gustaría analizar los postulados siguientes. No sin antes recomendar la lectura de mi primer artículo sobre el pensamiento del revolucionario ruso, titulado Lenin y el estado opresor, represivo y explotador

De acuerdo al segundo postulado, el estado es “un poder especial de represión” (eine besondre Repressionsgewalt). Lenin se felicita por esta definición, que caracteriza como “grandiosa”[3]. Explica que, en el estado anterior de la historia, el poder especial de la represión estatal era utilizado por un puñado de hombres, miembros de la burguesía contra el proletariado. Eran unos pocos ricachones reprimiendo a los trabajadores. Para Lenin, el estado, como lo conocemos actualmente, sólo puede ser represivo, no puede ser de otra forma. Se lo impide su naturaleza histórica.

Ese poder estatal represivo y que asegura la explotación de una clase por otra, debe ser sustituído por otro estado, que iniciará otra represión, que, esta vez, será ejercida por el proletariado contra la burguesía. Esto es lo que llamamos Dictadura del proletariado, explica Lenin. Y, tiene que quedar muy claro, continúa, que la abolición del poder de la burguesía y su sustitución por el poder represivo del proletariado, bajo ninguna circunstancia puede significar la muerte del estado. Para mí es muy claro: una supuesta represión reemplaza a la otra, que es muy real[4].

El estado burgués es abolido, suprimido o anulado. Pero no deja de existir instantáneamente. Engels describe el proceso de cómo el proletariado se apodera del poder estatal y transforma los medios de producción en colectivos o estatales. Así, el nuevo estado que ha surgido como consecuencia de la revolución, “estatiza” todos los medios de producción existentes. Es claro, en la lógica leninista, en un mundo sin clases, la propiedad privada ya no tiene sentido. Todo le pertenece al pueblo, a los trabajadores, a los proletarios. Al nuevo estado proletario[5] surgido automáticamente de la revolución.

De manera que la abolición o supresión del estado burgués consiste en el acto de toma de poder sobre los medios de producción en nombre de la sociedad. No olvidemos que el marxismo es un economicismo que reduce todo a la economía. Así, el estado que surge de la revolución ejerce su poder contra la burguesía, y lo hace en nombre del proletariado, después de confiscar todos los medios de producción.

Tercer postulado: Después de la revolución socialista y de que el nuevo estado ha expropiado todos los medios de producción, el estado se duerme (einschlafen) o se muere (absterben). Sabemos, agrega Lenin con absoluta seguridad, que la forma política del estado es, en ese momento, la democracia perfecta, la democracia absoluta o consumada. En otras palabras, la democracia plena sólo se alcanzaría en el socialismo.

Llegados a este punto, Lenin vuelve a ponerse de mal genio y critica a los “oportunistas” -así llama en forma reiterada a quienes disienten de sus postulados- que sostienen que el marxismo significa la muerte de la democracia. Dice que hay que darse cuenta de que la democracia es sólo un estado y que, en consecuancia, la democracia también debe desaparecer en cuanto desaparezca el estado.

Entonces, vuelve sobre la una idea anterior que repite una y otra vez: el estado burgués sólo puede ser suprimido por la revolución, el estado proletario -que Lenin identifica con la democracia perfecta- sólo puede morir. O quedarse dormido, como dice más arriba. Después de la revolución, muere el estado o el medio-estado proletario. (Halbstaat lo llama).

En el cuarto postulado, Lenin pierda toda una página despotricando contra anarquistas, nuevamente contra los oportunistas y contra los pequeño burgueses o “filisteos”[6]. Y luego, dedica otra página a los social demócratas y a un debate que tuvo lugar en la década de 1870, acerca del slogan de la social democracia denominado “estado popular libre” (freie Volksstaat). Al parecer, Engels habría aceptado hablar de un estado popular libre, tan sólo como una exigencia táctica frente a los socialdemócratas; pero en realidad, no creía en ningún estado popular libre, explica Lenin.

Lenin señala que todo estado capitalista es, por definición, represivo. Y por lo tanto, de ninguna manera es un estado es libre. Un estado capitalismta no sería jamás, un estado libre. Sostiene que, por muy democrático que sea un estado burgués, siempre ejercerá un poder de opresión sobre la clase trabajadora.

Hoy, neo- y filomarxistas hablan de un estado neoliberal que sería también y por definición un estado opresor, y que tendría por finalidad, perpetuar la explotación de los trabajadores por parte de los ricos del mundo. De ahí que se insista en la superación del modelo o del sistema capitalista y de su sustitución por otro, de preferencia, por uno colectivista. Para los anarquistas -”oportunistas” los llamaría Lenin- esto llevaría a la abolición del estado como lo conocemos actualmente. La discusión que tuvo lugar entre Marx y Engels, por una parte y la social democracia por otra, hace 149 años renace hoy en la periferia del mundo. Me refiero a Sudamérica y especialmente a Chile.

En su quinto postulado, el revolucionario ruso (que vivió entre 1870 y 1924) elogia la verdadera loa a la violencia revolucionaria que hace Engels (entre 1820 y 1895). Lenin cita al industrial alemán, quien describió a la violencia como a la “partera” (Geburtshelferin) de cada nueva sociedad y a su vez, quien “embaraza”[7] a la nueva sociedad con el germen de la sociedad que la sucederá en el curso de la historia.

Ustedes conocen la teoría marxista que explica la historia mediante “saltos”: de la esclavitud al feudalismo debido al levantamiento de los esclavos contra los esclavistas, lo que condujo al feudalismo. En él, los siervos de la gleba se levantaron contra los señores feudales, lo que condujo a la burguesía. En ella, los proletarios se levantarán contra los  burgueses en una revolución que conducirá al socialismo. Después sobreviene la muerte del estado  y adviene el comunismo.

El comunismo que, como status final de la humanidad, no sin razón, ha sido denominado el “paraíso en la tierra”. Por algo se dice que, durante el siglo 20, la ansiedad de lograr el paraíso terrenal, condujo a la creación de muchos infiernos, en que los más conocidos “paraísos” se llamaron “comunismo” y “victoria final” (el Endsieg de los nazis). Este último “paraíso”, gracias a Dios y a los aliados de la II Guerra, quedó inconcluso.

Así, en el origen de cada uno de estos saltos de la historia, encontramos la violencia considerada por Lenin, Engels y Marx como absolutamente necesaria para avanzar en la historia. Es la partera y, a su vez, quien la embaraza. La violencia es pues el instrumento revolucionario por excelencia para romper y acabar definitivamente con formas políticas rígidas y fenecidas, arenga Lenin.

En un debate que hoy ya no tiene sentido[8], Engels y Lenin critican duramente a la social democracia alemana y a su supuesto eclecticismo. Así, a la mortífera crítica a los anarquistas, a los oportunistas, a los pequeños burgueses y a los filisteos, se suma la crítica a muerte frente a los social demócratas que serían eclecticticos y asimismo, a todos los eclécticos que no observan al pie de la letra la doctrina marxista. Junto al oportunismo, el eclecticismo parece ser el gran enemigo.

La deletérea crítica a la social democracia alemana del siglo 19 está en la genética del marxismo-leninismo. Los social demócratas alemanes de aquel entonces representan a todos los social demócratas que han venido y vendrán. A generaciones que, posteriormente serán consideradas revisionistas y por tanto, peor incluso que los disidentes. Quienes han bebido la leche del marxismo primigenio, odian, detestan y combaten duramente a todas las formas de social democracia habidas y por haber.

Lenin concluye que, en las enseñanzas de Marx y Engels, la violencia de la revolución contra el estado burgués es absolutamente inevitable. Reitera que el estado burgués no “muere” en el proceso revolucionario, sino que sólo la dictadura del proletariado puede acabar con él. Aquí, Lenin llama, por primera vez “estado proletario” a la dictadura del proletariado, que surge como la cima o la cúspide de la revolución violenta. Cita el Manifiesto comunista que se refiere a la violencia revolucionaria como fatal, inevitable e indefectible (unausbleiblich).

Escribe que hay que enseñar a las masas a creer en la violencia de la revolución violenta e insiste que tal  enseñanza pertenece a la esencia del pensamiento de Marx y Engels. Y aclara que esto no es fanatismo. Dice que enseñar otra cosa, por ej. en la no-violencia, es “traicionar” su doctrina, que es en lo que, de acuerdo a Lenin, han caído, los nacionalistas socialistas y los discípulos de Kautzky, esto es, otras facciones marxistas, que interpretaban los escritos del barbudo de Tréveris de otra forma menos dogmática que Lenin.

En suma, la disolución del estado burgués por obra del proletariado es imposible sin violencia revolucionaria. A su vez, el estado del proletariado “morirá” después de surgir, sin que sea necesario abolirlo, ni menos aún suplantarlo por otro.

Después vendrá, inevitablemente, el paraíso comunista.


[1] La obra en comento es: W. I. Lenin, “Staat Und Revolution”, Dietz Verlag Berlin Oriental RDA, 1967, 9a edición (la primera edición es de 1948), Biblioteca del marxismo-leninismo. Continúo analizando el capítulo primero, de la pág. 7 a la 24. Hoy le toca al número 4, que va desde la pág. 18 a la 24. Páginas bastante intensas. Pero no todo el número, sino del postulado segundo al quinto. Al primer postulado me referí en el artículo anterior.

[2] Como expliqué en el artículo anterior, los saltos han sido desde la sociedad esclavista a la feudal y de esta a la burguesa. En la cual nos encontraríamos actualmente.

[3] Trump también considera que todo lo que él hace o twittea es “grandioso”. Ambos encarnan personalidades narcisistas.

[4] En mis oídos suenan aquello que gritaban los partidarios de Allende en Chile de la década de 1970: “Los momios al paredón, las momias al colchón”. Por si alguien no lo entiendo, el colchón significa violación.

[6] Filisteo era el “nombre reservado a las personas que Marx denominaba pequeño burguesas, esto es, gente inculta y de mirada estrecha. Da lo mismo lo que ellos prefieran y por lo que ellos voten, siempre van a estar equivocados”, en Lenin y el estado opresor, represivo y explotador

[7] “…die mit einer neuen schwanger geht”

[8] Relacionado con la llamada revolución alemana del siglo 19.

La abolición del estado, según Marx y Lenin… y Engels

Wladimir Lenin fue uno de los muchos revolucionarios del siglo 19 y comienzos del 20 que no pertenecían a la clase trabajadora; pero que se colocaron al frente del movimiento que denominaron revolución proletaria. El número final del primer capítulo de su libro “Estado y revolución”[1] nos da las claves para entender su teoría revolucionaria, propia de la primera mitad del siglo 20, considerado como una de las épocas más violentas[2] de toda la historia. También nos da claves para captar porqué hubo tanta violencia en aquel entonces. Y, tal vez, para entender ese extraño movimiento que ha surgido hoy en día en las periferias del mundo, y que pretende revivir las ideas de la primera época de la teoría marxista[3].

El movimiento socialista se debatía entonces -como ahora- entre innumerables peleas debido a divergencias doctrinarias o de interpretación de textos que los mismos revolucionarios consideraban como “científicas” y en calidad de tales, como demostradas e inamovibles. Como si la ciencia fuera inamovible… Sostenían que sus propias ideas eran científicas, demostradas e invariable y a quienes se atrevían a contradecirlos, denostaban como a verdaderos herejes. La demostración supuestamente científica consistía en analizar un proceso histórico, como la comuna de París, y extrapolar sus presuntos resultados a todos los procesos político-históricos de la historia y del mundo.

Lenin divide el capítulo I del libro que comentamos[4] en: primero, “El estado – un producto de la irreconciabilidad de las oposiciones de clase”. Segundo: “Formaciones especiales de hombres armados, cárceles, etc.” El tercero se refiere al “estado, instrumento de la explotación de la clase oprimida”. Analicé estos tres primeros números en mi artículo anterior Lenin y el estado opresor, represivo y explotador, del que esta columna es su continuación inexorable. El número 4 está dedicado a “La ‘muerte’ del estado y la revolución violenta”. Al primer postulado de este último número, que trata “de la abolición del estado, pero no de su muerte”, deseo dedicar esta columna.

El revolucionario ruso explica que hay una gran diferencia entre la muerte del estado, o más bien, entre el proceso de la muerte del estado (aussterben) y su supresión, abolición o anulación (Aufhebung o Abschaffung). La muerte y la abolición corresponden a dos momentos diferentes de la historia que anarquistas y otros oportunistas confunden. Contra ellos van dirigidas las duras diatribas leninistas que llenan páginas enteras de su libro. De diálogo frente a la diversidad de opiniones, nada. De tolerancia, cero.

La obra contiene una larga cita tomada de un escrito de Friedrich Engels contra su antiguo compañero revolucionario Eugen Dühring, otro socialista alemán. Entre paréntesis, Düring es considerado como el fundador del antisemitismo racista y uno de los precursores del nacional socialismo. El escrito, conocido como “el anti-Dühring” se titula en realidad: “La subversión de la ciencia del Sr. Dühring”[5][6]. Es curioso como muchos marxistas de la primera hora estaban tan fascinados con el término ciencia, que insistían en que sus teorías eran “científicas”, dándoles con ello, un valor del que carecían. En este caso, Engels resta toda calidad de ciencia a los planteamientos de Dühring.

Pero no nos alejemos del tema principal: la muerte o la abolición del estado, acerca de la cual, Lenin formula cinco postulados[7]. De acuerdo al primer postulado, cuando el proletariado asume el poder estatal, suprime al estado. En efecto, como consecuencia de la revolución, la clase proletaria toma el poder del estado: los trabajadores asumen el poder estatal y el estado deja de existir. Es abolido, suprimido o anulado.

Sin embargo, no deja de existir instantáneamente. Para explicarlo, Lenin cita a Engels, quien describe cómo el proletariado se apodera del poder estatal y transforma los medios de producción en estatales. El nuevo estado que ha surgido como consecuencia de la revolución, “estatiza” todos los medios de producción existentes. Es claro, en la lógica leninista, en un mundo sin clases, la propiedad privada ya no tiene sentido. Todo le pertenece al pueblo, a los trabajadores, a los proletarios. Al estado proletario…

Exacto, el estado burgués se anula a sí mismo y con ello, revoca todas las contradicciones y diferencias de clase pre-existentes. De esta manera, se acaba el estado -como lo conocemos- que era la expresión de la reconciliación de la lucha de clases, la que, de cualquier manera, era un engaño, ya que la reconcilicación no es posible, ni tampoco seria deseable ya que retrasaría el curso de la historia.

No hay que olvidar que, para Lenin, el estado burgués -nuestro estado- reconcilia artificialmente las dos clases que, de otra forma, se hallan en lucha permanente, hasta que una de ellas, la clase trabajadora, gane la pelea. Lo que, en la teoría marxista, ocurrirá indiscutida e inexorablemente y sin vuelta atrás.

El estado burgués -el estado democrático liberal- que intenta una reconciliación entre las clases que se hallan naturalmente en permamente enfrentamiento, trata de llevar a cabo una falsa reconciliación que es dañina para la clase trabajadora y para el proceso histórico y, por tanto, Lenin lo condena[8]. Condena la reconciliación de las clases que, en realidad, deben seguir enfrentándose y luchando sin pausa, ni tregua, ni menos misericordia. Sólo así avanza la historia de acuerdo a los postulados supuestamente científicos del materialismo dialéctico.

En efecto, de acuerdo a Engels, el estado fue necesario para mantener la explotación de una clase por la otra, mediante la mantención de sus condiciones de producción. Ese estado pretendía representar a toda la sociedad; pero, en realidad, sólo representaba a la clase que, en su tiempo, decía representar a toda la sociedad, lo que, en realidad, era una falsedad. En nuestra época, el estado representaría tan sólo a la burguesía y no a la clase trabajadora. En el pasado, habría representado a los esclavistas o a los señores feudales.

Una vez que no hay más clase a la que reprimir y que se termina con la anarquía de la producción de bienes y de la existencia individual, una vez que todo se colectiviza y se acaban los excesos, ya no hay nada más que reprimir, de manera que una fuerza represiva, como es el estado, es totalmente innecesaria. En consecuencia, podemos abolir el estado.

El primer acto del nuevo estado, como representante de toda la sociedad, consiste en tomar posesión de todos los medios de producción. Este es, tanto el primer acto del nuevo estado, como también el último. Es el último acto de un nuevo estado que representa toda la sociedad y ya no a una clase opresora que se hacía pasar por “toda la sociedad” sin serlo. Ese nuevo estado es lo que hoy llamamos el estado del socialismo real, o simplemente estado socialista. Un concepto histórico propio de la Guerra Fría.

El nuevo estado ejerce el gobierno ya no más sobre las personas -como hacía el estado burgués- sino que administra las cosas y dirije los procesos de producción. Este estado no es abolido, sino que muere (stirbt ab) lentamente, debido a que, aparte de su actuación como organizador de los medios de producción, se ha vuelto superfluo en todos los otros aspectos de la vida y finalmente se hace innecesario, para acabar “durmiéndose”, esto es, muriendo poco a poco. Yo diría que es una especie de “dormición” del estado.

Engels critica duramente a los anarquistas (tan en boga a fines del siglo 19), que sostienen que el estado burgués o democrático debe ser abolido o suprimido ya. Lenin dice que este es mero oportunismo y fustiga duramente la doctrina anarquista acerca de la supresión del poder del estado. El estado posterior a la revolución va a acabar durmiéndose porque ya no será necesario. Pero el estado que surge con la revolución, cuando el proletariado toma el poder y expropia, confisca o estatiza todos los medios de producción, ese nuevo estado de los trabajadores no puede ser abolido. En este punto, los anarquistas se equivocan, como explicará más tarde[9].

En suma, el estado burgués no muere sino que es abolido. En el proceso de la revolución proletaria, es reemplazado por otro estado. Por el estado socialista. La represión anterior, ejercida por la clase burguesa contra la clase trabajadora se invierte ahora en el nuevo estado que ejerce una nueva represión, esta vez de los trabajadores contra la clase burguesa.

Demás está decir, que quiénes eran parte de la burguesía o no lo eran, fue algo que quedó al criterio, o más bien al capricho y descriterio de los autodenominados representantes del proletariado. Lo que explica por qué tanta gente fue catalogada como “enemigos del pueblo” o “traidores” y enviados a morir en el gulag. Como dice la Nóbel de Literatura Herta Müller[10], muchas veces hablamos del estado socialista; pero olvidamos que eran personas mediocres y malvadas quienes estaban al frente del estado y lo comandaban a su antojo y a su capricho[11].


[1] Obra de especial importancia en los estudios -generalmente obligatorios, por no decir forzados- de marxismo-leninismo en los países que formaban parte del llamado Bloque socialista soviético y que todos creíamos que habían pasado a la historia. Éste uno de los libros que más influyó e influye actualmente en el pensamiento neomarxista o filomarxista, pseudo-marxista o marxista popular, esto es, superficial y “facilito”.

[2] Cfr. Violence Vanquished Se refiere al cliché según el cual el siglo 20 es el más violento de la historia, olvidando la segunda mitad de la centuria.

[3] Me refiero a Sudamérica.

[4] W. I. Lenin, “Staat Und Revolution”, Dietz Verlag Berlin Oriental RDA, 1967, 9a edición (la primera edición es de 1948), Biblioteca del marxismo-leninismo. El primer capítulo va de la pág. 7 a la 24. El número 4, de la pág. 18 a la 24. Páginas bastante intensas.

[5] “Herrn Eugen Dühring’s Umwälzung der Wissenschaft”. Umwälzung es, en este sentido “dar vuelta”, invertir la ciencia.

[6] Para la elaboración de este “anti-escrito”, considerado uno de los tres más importantes de la doctrina marxista, Engels contó con la directa colaboración de Karl Marx, según cuenta el mismo Engels https://de.wikipedia.org/wiki/Anti-D%C3%BChring#Wirkung

[7] Como ya expliqué más arriba, en el último número del primer capítulo.

[9] Link a una columna que aún no he escrito.

[10] … quien vivió o sufrió ella misma el estado socialista en Rumania.

[11] Cfr. Schriftstellerin Herta Müller „Ich wusste immer, was ich nicht will“ La Nóbel de literatura habla de personas “brutales, sin educación y arrogantes”.

Lenin y el estado opresor, represivo y explotador

En estos días de vacaciones de Pascua y año nuevo, me entretuve leyendo el primer capítulo de una obra que, de acuerdo al testimonio de chilenos que vivieron en la República democrática alemana (que de democrática no tenía nada), constituía el libro más importante para aprender acerca del devenir de la historia, me refiero a “Estado y Revolución”, de Lenin[1].

El subtítulo del libro, aparecido originalmente en ruso, es “la doctrina del marxismo y los deberes del proletariado en la revolución”. Lenin se basa, sobre todo, en los escritos de Friedrich Engels. Se queja de que sus escritos estén mal traducidos al ruso y advierte que, debido a ello, él mismo traducirá del alemán[2].

El estado democrático es el objeto de sus divagaciones. Esto es, el estado que surge después o durante la lucha de clases, entre la clase trabajadora y la burguesía. Esto es, nuestro estado, en el cual vivimos actualmente.

Para Lenin, este estado reconcilia las dos clases que, de otra forma, estarían permanentemente en lucha, hasta que una de ellas, la clase trabajadora, ganara la pelea a la otra. Lo que, en la teoría marxista, ocurrirá indiscutida e inexorablemente y sin vuelta atrás.La reconciliación entre las clases que se encuentran naturalmente en permamente lucha, es una reconciliación artificial y dañina para la clase trabajadora y para el proceso histórico y, en consecuencia, Lenin la condena.

Para el jerarca ruso -intérprete autorizado de Marx y de Engels[3]– este estado es un estado opresor. Es más: todo estado es un estado opresor. Ya sea de los esclavistas, de los señores feudales o de la burguesía, contra los esclavos, contra los siervos de la gleba o bien, contra los trabajadores o proletariado[4].

Titula el número 3 del primer capítulo: “El estado – una herramienta de la explotación y de la opresión”[5]. En otras palabras, el estado, como lo conocemos, el estado democrático liberal representativo, tanto en su vertiente parlamentaria, como en la presidencialista, es siempre un estado explotador y opresor, lo es por definición, da lo mismo lo que haga.

Así es, para el marxismo, tanto el estado nazi como el europeo actual y el de los pocos países que fuera del mundo occidental tienen un sistema democrático de gobierno -Chile, por ejemplo- es un estado igualmente explotador, opresor y represivo por antonomasia.

Los llamados estados benefactores o welfare state[6] son igualmente opresores y explotadores, nada se saca con decirnos que en ellos, nadie se muere de hambre, que hay una política de redistribución de los ingresos o que el estado se preocupa de la salud y de la educación de sus habitantes. Eso no importa, el estado burgués, por muy social que sea, es siempre explotador, opresor y represivo.  

Los partidarios de este estado no són -como podría pensarse- sólo burgueses reaccionarios o ricachones[7], explotadores y opresores represivos de la clase trabajadora. No, Lenin critica como sostenedores de este estado, en primera línea a los revolucionarios sociales, a los mencheviques[8] y a la socialdemocracia. A veces, me da la impresión que los principales enemigos de los bolcheviques[9] eran los socialdemócratas. Creo que ello obedece a la lógica según la cual, todo movimiento que se radicaliza tiende a destruir por todos los medios, a sus compañeros de lucha moderados. O a sus ex-compañeros, como en este caso.

Lenin continúa: el estado, este estado es una envoltura del capitalismo[10], esto es un estado detrás del cual se esconde el capitalismo. Explica que el estado sirve a los intereses del capital y de los bancos y que usa la fuerza (Lenin se refiere a los grupos armados, hoy deberíamos hablar de la policía[11]) para perpetuar el capitalismo, negar la lucha de clases y ahogarla, agrega.

Asimismo, se refiere al sufragio universal que también critica. El sufragio universal -asegura- no sirve para nada, ya que se opone a la ley de la historia según la cual, en el marco de la lucha de las clases, el proletariado tiene que vencer a la burguesía, de acuerdo a las leyes “científicas” de la historia. En otras palabras, de lo mismo cual sea el resultado de las urnas. Una elección no es importante, lo único importante es que la lucha continúe y la clase trabajadora llegue al poder, da lo mismo lo que vote la gente. A mi modo de ver, ve el sufragio como una especie de calmante o un somnífero para la pobación. Un opio para el pueblo.

Lenin habla despectivamente de los “filisteos”[12], nombre reservado a las personas que Marx denominaba pequeño burguesas, esto es, gente inculta y de mirada estrecha. Da lo mismo lo que ellos prefieran y por lo que ellos voten, siempre van a estar equivocados.

En suma, para Lenin, siguiendo a Marx y especialmente a Engels, el estado en su forma actual, democrática, pluralista, liberal y representativa… Nuestro estado, debe ser superado, abolido, sobrepasado, ya que es, por definición, un estado opresor, represivo y explotador cuyo único fin es reconciliar a la clase burguesa con la trabajadora -aunque sabemos que una reconciliación real no existe-.

Por ello, nuestro estado democrático sólo impide el desarrollo “científico” de la historia cuya etapa posterior -que se nos viene irremediablemente encima- es la dictadura del proletariado, a la que dedicaré una columna próximamente, lo que, en mi propia planificación, es una realidad inexorable[13].


[1] W. I. Lenin, “Staat Und Revolution”, Dietz Verlag Berlin Este, 1967. 9a edición (la primera edición es de 1948), Biblioteca del marxismo-leninismo, Rep. democrática alemana. El primer capítulo va de la pág. 7 a la 24. El prólogo, de la 5 a la 6.

[2] Cfr. pág. 8.

[3] …que no era un ángel, sino el vástago de una familia de industriales que se habían enriquecido gracias a la industria textil. Su papá era venía de una familia religiosa pietista, más o menos, lo que en Chile, llamaríamos “canutos”. Su revolución me parece más bien una rebelión, un quiebre con su propia familia.

[5] Pág. 14.

[6] Curiosamente o no, tanto los marxistas como los libertarios -esto es, tanto la extrema izquierda como la extrema derecha- critican por igual a los estados de beneficencia.

[7] Como la familia de Friedrich Engels.

[8] Simplificando: los social demócratas rusos de la época.

[9] Simplificando nuevamente: el grupo radicalizado, al cual pertenecía Lenin y que terminó por imponerse por la fuerza.

[10] Hülle des Kapitalismus, pág. 26.

[11] “La policía representa en todos los países del mundo occidental el triunfo del estado de derecho sobre la anarquía y el caos, sobre la arbitrariedad y la injusticia”, en mi artículo acerca del triste caso de Chile Los carabineros ya no son santos

[13] Aquí reservo un espacio para un link a mi inexorable columna: La abolición del estado, según Marx y Lenin… y Engels

La ley anti – encapuchados en Alemania

Muchas veces, mis amigos ayudistas[1] me proponen transformar a Chile en Alemania. Para ellos, Alemania y los países nórdicos -así llaman a los escandinavos- parecen ser el modelo a seguir. Sólo les puedo decir: ¡adelante! Pero, por favor: sigan el modelo real y no el ficticio que alguna propaganda anticuada les ha presentado, o Uds. mismos se han imaginado, como si Europa fuese un paraíso estatista o un estado benefactor que existe sólo en la mente de ciertos ideólogos pseudo-intelectuales sentados en su escritorio.

En algo muy real y concreto pueden seguir el ejemplo alemán y conviene hacerlo rápido, muy rápido: en la ley de encapuchados. En Alemania existe no sólo una ley anti-máscaras, sino también una ley anti-uniformes. Los uniformes sólo corresponden a militares, policías y bomberos. La ley prohíbe a los participantes en una demostración cubrir sus rostros o llevar objetos que tengan la finalidad de cubrirlos y, de esta forma, evitar ser identificados, como los pasamontañas o incluso las bufandas.

No se trata de una prohibición generalizada. En Alemania, me puedo poner una máscara del hombre o de la mujer araña o de Pikachu[2], como parece que hizo en Chile Pamela Jiles la semana pasada. Aunque me cuentan que, en realidad, quería disfrazarse de violentista encapuchada de “primera línea” y no de Pikachu. OK, entiendo.

La prohibición de enmascarse o de “encapucharse”, como se le llama en Chile, fue establecida en 1985, por la coalición liberal conservadora (formada por el partido liberal y por la democracia cristiana) encabezada por Helmut Kohl. En ese entonces, el enmascaramiento era considerado como una perturbación o alteración del orden público, si la persona que ocultaba su rostro formaba parte de una “multitud violenta” y la policía ordena la disolución de la multitud. Sólo en estos casos, estábamos frente a un delito.

En 1989, se reformó la ley eliminando las dos condiciones anteriores, de manera que el enmascaramiento fue elevado, en general, sin la necesidad de que la multitud fuera violenta, al rango de delito castigado por el derecho penal. Asimismo, el lugar del “encapuchamiento” se extendió a las vías de acceso, eso es, al camino hacia una protesta, marcha o manifestación.

Asimismo, en ese año, la ley fue ampliada, en el sentido que el mero transporte de utensilios para ocultar el rostro y con ello la propia identidad quedó igualmente contemplado dentro de la figura penal. En estos casos, la persona puede ser castigada penalmente por la comisión del delito en comento.

De esta forma, ya en la década de los ‘80 -en el marco del estado de derecho propio de una democracia liberal- el estado se defendía ante fuerzas destructivas, en aquel entonces, más bien de ultra izquierda. Hoy, la legislación se aplica tanto a la extrema izquierda, como a la extrema derecha y a grupos neonazis, cuyas estrategias violentistas y destructivas son extremadamente similares.

Quién desobedezca a la policía puede ser condenado a una pena de hasta un año o a una multa (1.500 euros en Schleswig-Holstein). Casi puedo decir que la multa duele incluso más a los alemanes. Asimismo, quien lleva consigo elementos para taparse la cara, por el sólo hecho de transportarlos a uno de estos eventos, puede ser condenado a una multa de hasta 511 euros.

La ley dice más o menos lo siguiente[3]: en el caso de concentraciones públicas al aire libre[4], en marchas o en otras manifestaciones públicas al aire libre o en el camino a ellas, está prohibido 1° participar en tales eventos usando un atavío o presentación personal que sea apropiada para o que pretenda evitar la constatación de la identidad personal, o dirigirse a tales eventos vestido/a de esa forma. 2° en tales eventos o en el camino a ellos, llevar objetos que sean adecuados para impedir que se pueda establecer la propia identidad.

La orden de disolver la manifestación es adoptada por la policía incluso cuando sólo una parte de los manifestantes se encapuchan y el resto no. Sí o sí se disuelve toda la manifestación, protesta, marcha o acto. Ello siempre puede llevar a una “escalada” de violencia[5]; pero se considera un riesgo que hay que correr. Los organizadores tienen que ser responsables y alejar de su gente a los encapuchados, lo que, en Alemania, generalmente ocurre.

La prohibición de usar las máscaras u otros objetos para ocultar el rostro, se ha extendido, en el último tiempo, a los estadios de fútbol. En ellos, a los dueños de los estadios (evidentemente, los estadios en Alemania son de propiedad privada) corresponde establecer la prohibión de enmascararse. En general, se acepta que, si no se producen incidentes, los “fans” pueden ponerse máscaras; sin embargo, ante la menor señal de violencia, la policía puede intervenir, para lo cual -desde hace un par de meses- las autoridades pueden enviar una suculenta cuenta a los clubes de fútbol por “sus servicios”. Lo que me parece muy razonable, ya que no veo por qué el contribuyente tenga que pagar por la irracionalidad de los hinchas.

La prohibición se puede extender a procesiones religiosas, a funerales, a matrimonios y a todo tipo de fiestas populares; pero generalmente no se hace, ya que no es necesario. Evidentemente, la prohibición tampoco se extiende a policías o a personas que pasen por la calle, pero que no participan en el evento en cuestión[6]. Esto es importante, considerando el frío que hace en Alemania durante el invierno que hace necesario el uso de pasamontañas. Y la presencia de algunas burkas aisladas en algunas ciudades[7].

De acuerdo a la doctrina alemana, los siguientes objetos se pueden considerar como parte del enmascaramiento: bufandas, capuchas, sombreros, anteojos de sol, pasamontañas, cascos con visores cerrados (de esos de moto o de bicicleta), narices de payaso, pelucas, máscaras e incluso maquillaje.

La jurisprudencia ha señalado que tiene que haber una voluntad de ocultar su rostro; pero esa intención subjetiva no necesita ser demostrada, sino que se colige de las circunstancias. En otras palabras, quien se dirige a una manifestación encapuchado o se encapucha durante la misma, demuestra en los hechos, que su voluntad es ocultar su identidad.

También en Alemania, hay gente que sostiene que una prohibición de llevar máscaras durante las protestas y manifestaciones es un atentado contra los derechos humanos y una muestra de la represión estatal. Pero mientras esos grupos no alcancen un porcentaje significativo del electorado, no hay posibilidades de que cambie la ley. Como en todo país desarrollado, en Alemania, las leyes no se derogan gracias a la “presión de la calle”, sino en el parlamento y quien no llegue al Bundestag, poco y nada puede hacer. Sobre todo porque en Alemania existe la cláusula del 5%, según ella, únicamente los partidos políticos que hayan obtenido al menos el 5% de los votos válidamente emitidos pueden obtener representación parlamentaria[8].

Los partidarios de la prohibición (la inmensa mayoría de la gente, que quiere vivir en paz) sostiene que la facilidad en la aplicación del derecho penal, que implica la prohibición de “encapucharse”, tiene muchísimo más peso que el deseo de permanecer en el anonimato por parte de los manifestantes[9]. Asimismo, agregan que quien se tapa el rostro tiene una “apariencia marcial” que no da precisamente la impresión de querer manifestarse pacíficamente. Eso es cierto: las pintas de los encapuchados no dan confianza, sino más bien, crean temor. Pienso que es esta su principal intención: atemorizar a la población.

Hay una sola excepción reconocida por los tribunales: el caso de manifestantes que sean filmados por rivales políticos o a agencias de inteligencia extranjeras[10] y se oculten temporalmente la cara frente a ellos. En tales casos, ha habido varias absoluciones en derecho penal. También si temen no por ellos mismos, sino por sus familias que viven en otros países. Pero insisto, la excepción se refiere sólo a los casos en que alguien cubra su rostro frente a los manifestantes de una contramanifestación quienes los filman para iniciar contra ellos campañas o “funas” en su contra. Lo que generalmente hacen los extremistas de derecha en Alemania que no veo muy lejos de nuestros extremistas de izquierda chilenos. Ni en sus prácticas, ni en su estética del fuego, ni en sus vestimentas.

Otra excepción es la vestimenta temática, que puede ser parte de performance en ciertas manifestaciones, por ej., máscaras de animales, en apoyo de los animales o trajes que protegen de la radicación, en contra del uso de la energía atómica. Sobre todo, ahora que la serie de HBO Chernobyl se ha convertido en una de las más populares de Alemania[11]. Igualmente, supongo que un disfraz de Pikachu como el que Pamela Jiles exhibió en el Congreso la semana pasada, también estaría exento de la prohibición.

A mi modo de ver, la prohibición de enmascarse o “ley contra el encapuchamiento” protege precisamente el derecho fundamental a reunirse y manifestarse pacíficamente. Este es un derecho que tenemos que resguardar todos. Es nuestro derecho garantizado por la Constitución. Cuando el estado, a través de la fuerza pública prohíbe el encapuchamiento contribuye directamente a asegurar este derecho humano a manifestarse en forma pacífica.

Quienes participan en un evento político o social de relevancia, como una marcha, una protesta o una manifestación en general, son quienes deberían tener el mayor interés en que su evento se iniciara, continuara y terminara en paz, sin encapuchados, sin violentistas de “primera línea”, ni saqueos, ni tampoco incendios o agresiones a carabineros o a transeúntes.

En un estado de derecho, la fuerza policial protege a quienes participan en una protesta pacífica de los violentistas que atentan contra la vida, la propiedad, la integridad y la libertad de las demás personas, tanto de las que participan en la marcha, como de las personas que pasan por allí, de periodistas y de la gente que vive o trabaja en el lugar en que tiene lugar la manifestación.

Adular a los violentistas o creer que la violencia es la única forma de cambiar las cosas es una barbaridad, una aberración y una estupidez y significa retornar a la época de las cavernas. Me atrevo a decir que la escalada de violencia encapuchada que tiene lugar hoy en Chile es lo que Popper clasificó como una fuerza anticivilizatoria, una expresión más del totalitarismo que acompaña el proceso de la civilización. En el fondo, es un movimiento reaccionario.


[1] Sobre el concepto de “ayudismo”, ver mi columna ¿Pamela Jiles, de qué estaba disfrazada?

[2] Pikachu es un Pokemon y realmente, que se ve igual a la Pamela o, más bien, ella igual a él.

[3] La traducción del § 17a del Versammlungsgesetz (ley sobre marchas y concentraciones) totalmente libre es mía. El original dice: “(1) Es ist verboten, bei öffentlichen Versammlungen unter freiem Himmel, Aufzügen oder sonstigen öffentlichen Veranstaltungen unter freiem Himmel oder auf dem Weg dorthin […] (2) Es ist auch verboten, 1. an derartigen Veranstaltungen in einer Aufmachung, die geeignet und den Umständen nach darauf gerichtet ist, die Feststellung der Identität zu verhindern, teilzunehmen oder den Weg zu derartigen Veranstaltungen in einer solchen Aufmachung zurückzulegen. 2. bei derartigen Veranstaltungen oder auf dem Weg dorthin Gegenstände mit sich zu führen, die geeignet und den Umständen nach dazu bestimmt sind, die Feststellung der Identität zu verhindern. (3) Absätze 1 und 2 gelten nicht, wenn es sich um Veranstaltungen im Sinne des § 17 handelt. Die zuständige Behörde kann weitere Ausnahmen von den Verboten der Absätze 1 und 2 zulassen, wenn eine Gefährdung der öffentlichen Sicherheit oder Ordnung nicht zu besorgen ist. (4) Die zuständige Behörde kann zur Durchsetzung der Verbote der Absätze 1 und 2 Anordnungen treffen. Sie kann insbesondere Personen, die diesen Verboten zuwiderhandeln, von der Veranstaltung ausschließen”.

[4] En alemán se dice “bajo el cielo libre”. Quiere decir: las que no se realizan en locales cerrados.

[6] En este punto y en otros muchos que toco en este artículo, ver el exclente informe del Bundestag Das versammlungsrechtliche Vermummungsverbot, cuya lectura recomiendo.

[10] Pienso en Rusia y en Turquía.

[11] Lo mismo se puede decir de las máscaras de Guy-Fawkes -tan de moda durante la crisis subprime- o de las mascarillas que expresan solidaridad los enfermos de SIDA.

¿Pamela Jiles, de qué estaba disfrazada?

Les prometo que al ver las fotos de la diputada Pamela Jiles creí que estaba vestida de conejita del Playboy y que era un llamado de atención feminista contra la cosificación de la mujer o algo así. Después supe que se trataba de su homenaje a la llamada “primera línea”. Claro que su disfraz de color amarillo con orejitas lila no es nada parecido a las capuchas que se ven en la llamada “primera línea” de las manifestaciones, marchas, protestas y otras acciones. No es parecido ni en su forma, ni en su color. Me atrevo a pensar que se trata de un intendo de “dulcificar” la capucha, ya que los pasamontañas reales que usa la “primera línea” no son tan sweet como el de Pamela, que más parece una jovencita que va a una fiesta en el colegio.

Eso me lleva a pensar que la última vez que vi a la Pamela fue en nuestro colegio, ella ya había egresado. Yo estaba con mi amigo Javier Edwards y llegó la Pamela, que inmediatamente comenzó a hablar en voz muy alta de política con Javier y sólo con él y en forma que hoy denominaría como exaltada. Yo era amiga de su hermana menor; pero a mí no me dió ni la hora. Me parecía que para ella, sólo existía mi amigo. Esta actitud la he vivido sólo con hombres y con mujeres que parecen ver sólo a hombres e ignoran a las mujeres en la vida práctica. Pero no quiero juzgar a nadie, tal vez fue simple casualidad o después de tantos años, Pamela ha cambiado su actitud frente a las mujeres.

Mario Waissbluth[1] describe a la llamada “primera línea” como integrada por “jóvenes violentistas [que], por su parte, se sienten por primera vez en su vida formando parte de un grupo con un propósito, aplaudidos además por muchos de los 1-2 millones de incontables ‘ayudistas’ de las marchas pacíficas, que pasaron de rechazarlos inicialmente a ayudarlos en tan solo un par de semanas, a aplaudirlos, llevarles víveres y medicamentos. Ahora son su ‘primera línea’ en las marchas”. A su vez, Waissbluth describe a los “ayudistas”, como “los inocentes marchantes indignados, que sienten que la ‘primera línea’ los protege. Otros son izquierdistas (como yo), desde moderados a extremos”. De manera que, parece haber una simbiosis entre los dos: ayudistas y “primera línea”.

Pero volvamos al tema feminista. A comienzos de mes, me encontré con un tweet que interpretó plenamente, ya que yo, en ese momento sufría: un ataque despiadado[2] en Twitter desde una cuenta que pertenece a un español machista[3] y deslenguado radicado en Chile, o es un troll o un social bot, esto es, un robot pagado por alguien. El tweet que me interpretó decía: “Igual me pone mal el doble discurso femenino, por un lado el apoyo al #ElVioladorEresTu y a la vez ‘Puta, maraca pero nunca Paca’. La sub-división de género y la discriminación va ganando”, El tweet de 2 de diciembre es de María Loreto @lorecuadra. Desde mi insumisión, se lo agradezco.

Sí, la descalificación “sumisa” abunda en redes sociales frente a cada mujer que no está de acuerdo con la “primera línea” o con los ayudistas exaltados. Cuentas de activistas que intentan presentar a todas las mujeres que no estamos de acuerdo con ellos como mujeres que se someten al sistema patriarcal neoliberal o alguna fantasmagoría de esta calaña. Me recuerda esa estupidez acerca de que todas las rubias votaron por Piñera[4]. Nada más absurdo; pero parece que es la extrema izquierda -anticuada y pechoña- la que está a favor del prejuicio y de la discriminación absurda y sin sentido. Tal es su fanatismo y exaltación, tal es su ensañamiento ideológico.

Hay un discurso de la ultraizquierda -o de extrema izquierda, como le llamamos en ciencia política- de acuerdo al cual, el machismo y la sociedad patriarcal serían superadas en el sistema socialista. Por ello, quienes protestan, ya sean de la “primera línea” o “ayudistas”, tendrían que seguir protestando y deconstruyendo el sistema para construir uno nuevo. Como dice una activista en Instagram, se trata de substituir el patriarcado actual por un matriarcado. ¿Sustituir un sistema opresivo por otro? Lo pueden hacer sin mí, yo no quiero oprimir a nadie en nombre de ninguna “superstición ideológica”[5].

Me pregunto si el socialismo era un matriarcado… Basta con ver las fotos de la plana mayor de los países socialistas, desde Stalin hasta Tito, pasando por Honecker y Ceaușescu, para darse cuenta que el socialismo era un patriarcado. Los führer del Bloque Oriental, de ninguna manera, eran feministas. Muy por el contrario, las fotos de los líderes socialistas -hombres de terno y negro, corbata café, sombrero estilo Al Capone y camisa blanca- nos muestran quiénes eran realmente los que mandaban en el socialismo: hombres de sombrero gris.

Pero hubo otro socialismo, es el llamado socialismo verde oliva. En él, no había hombres de sombrero gris y expresión huraña, sino machos de guayaberas, de uniforme verde y de rostros barbudos. Si, allí no tenían cabida quienes no mostraran una barba exuberante muy testosterónica. En Cuba, el “pensamiento nacional dominante siempre ha  [sido] sexuado masculino”[6]. Como explica Roberto Ampuero, “ser un hombre revolucionario en la isla era ser en primer lugar heterosexual, cojonudo, intransigente, valeroso, macho y recio, lo que debía demostrarse con la voz gruesa, el vocabulario soez, gestos viriles y la conquista incesante de hembras”[7].

Esta semana, celebramos los cien años de la fundación de la Asociación para el bienestar de los trabajadores (Awo), una de las tres organizaciones de beneficencia más importantes de Alemania[8], constituída en 1919 por la luchadora feminista Marie Juchacz. La organización tuvo su origen en la época de la República de Weimar, un sistema o modelo que hoy sería calificado como neoliberal, que colapsó precisamente por los ataques de los dos extremos del espectro político de la época, que poco se diferencian de los extremos actuales. Durante el período del nacional socialismo, Juchacz no se refugió en la URSS, sino que huyó a los EEUU. Después de la guerra, regresó a Alemania occidental y retomó la labor iniciada por la institución que había fundado.

Regresó al Occidente de su país y no a la República democrática alemana. ¿Por qué? Porque a este lado del mundo y sólo en este lado, Juchacz podía continuar su labor en favor de la mujer y con ello, de toda la sociedad. Era la época en que, en la República federal, Ludwig Erhardt implementaba la economía social de mercado que condujo al llamado “milagro alemán” y permitió el bienestar a la población, inimaginable en países socialistas o, en general, estatistas[9].

Al “otro lado” de Alemania, existía una gran desigualdad, pero que era negada permanente y sistemáticamente. Pienso que, donde se niega la realidad, no se puede mejorar nada y no hay espacio para la iniciativa individual o colectiva, ni siquiera en el ámbito del amor al prójimo. El trabajo de la feminista socialdemócrata[10] Marie Juchacz habría sido imposible en el mundo socialista. Sin embargo, los seguidores del totalitarismo lo que hacen es “negar los hechos cuando contradicen o ponen en aprietos o en tela de juicio su propia ideología”[11].

El modelo de la democracia liberal representativa y su par, la economía social de mercado no es perfecto; pero es el único sistema esencialmente perfectible que conocemos. El único en el que se otorga un premio a quienes hacen ver los errores existentes y a quienes tratan de corregirlos. El único que fue capaz de transitar desde una sociedad patriarcal a una en que existe cada vez más igualdad entre hombres y mujeres. En que el feminismo pudo desarrollarse y se continúa desarrollando libremente. Y te dan un premio por ello.

Por el contrario, un sistema socialista (de uno u otro lado de la herradura del espectro político) se considera a sí mismo como perfecto y en él se llama traidores a quienes hacen ver sus errores. El socialismo es un modelo estático y, por definición, imposible de ser mejorado o perfeccionado. En él, el feminismo no tenía cabida, sencillamente porque se consideraba un sistema perfecto, en que la mujer ya había alcanzado lo que tenía que alcanzar. Con ello, perpetuó el patriarcado.

Prefiero reconocer las desigualdades y que me den un premio por denunciarlas en vez de enviarme a algún gulag o a algún campo de trabajo, algo así como fueron las siniestras Unidades Militares de Ayuda a la Producción creadas en Cuba bajo la égida de Raúl Castro. Esto lo sostengo y me gustaría gritarlo, ya que soy feminista y no soy en lo más mínimo, ni sumisa, ni tampoco ingenua “donde más avances se ve en el tema igualdad de la mujer es precisamente en sociedades de economía de mercado y democracia liberal”[12]. Les confiero que prefiero a Marie Juchacz que a Pamela Jiles.


[2] Aquí uno de sus tweets, que guardé; pero había más.

[3] Iñaki, a quien habría que denunciar.

[5] De “supersticiones ideológica” habla Montaner -que no es santo de mi devoción- en este artículo La destrucción en Chile, que aparecido en Cubanet.

[7] Roberto Ampuero, “Detrás del muro”, 2015, pág. 203.

[8] Las otras son Caritas, de la Iglesia católica y la Diaconía, de la Iglesia evangelíca (luteranos y calvinistas).

[9] Se cuenta que Fidel Castro, en algún viaje a Alemania oriental, sostuvo que el milagro alemán era el de la RDA. Con Condorito, sólo puedo decir: PLOP!

[10] La socialdemocracia alemana fue muy combatida por los comunistas, ya desde la época de Weimar. En 1959, la SPD renegó de cualquier resto de marxismo y señaló que la base de sus ideales eran la ética cristiana, el humanismo y la filosofía clásica.

[11] Roberto Ampuero, “Detrás del muro”, 2015, pág. 18.

¿Será el capitalismo el culpable del patriarcado? ¿O será al verrés?

El lunes pasado, conmemoramos el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. No creo que muchas mujeres puedan asegurar que nunca fueron víctima de violencia. Algunas más, otras menos, todas hemos sufrido alguna vez, violencia física o psíquica por el hecho de ser mujer. El hashtag #metoo es uno que creo que todas podemos suscribir.

En estos aciagos días -ya vamos en la quinta semana- de protestas, marchas, paros, saqueos, incendios y otros actos de vandalismo en Chile, al cabo de los cuales, parece que el país está al borde del precipicio y los violentistas, también. Al menos si le creemos Mario Waissbluth, en su columna de esta semana[1].

Sí, en el convulsionado Chile de hoy, hay quienes sostienen que tienen que seguir con las protestas, ya que su movimiento tiene que continuar presionando, porque sin presión no habría cambio favorable a la mujer, ya que, en un “sistema capitalista”, el patriarcado pervive, ya que el capitalismo “protege” al patriarcado.

De entrada, descalifican a toda mujer que los contradiga, al menos, como “sumisa”. La sumisión es definida “como un cúmulo de comportamientos, costumbres y prácticas sexuales donde una persona accede que otro individuo pueda ejercer poder y dominio sobre este, dentro de un contexto sexual o más genérico, limitado o indefinido en el tiempo”[2]. Sí, es como para no creerlo: si no estás de acuerdo con la revolución molecular permanente y con la presión social callejera, eres una sumisa y tal vez algo más…[3]

Si se lograra la liberación femenina “acabando con el sistema”, hasta yo estaría quemando edificios, ya que yo también soy feminista y estoy a favor y anhelo sin pausa la emancipación de la mujer. Si el triunfo del feminismo, el fin de la pedofilia, de la ebofilia y de todo tipo de abusos sexuales, el fin de la cosificación de la mujer, del maltrato en cu contra, de su discriminación laboral y de todo tipo de aberraciones, dependiera de un cambio del “modelo neoliberal”. ¿Pero será esto así? O ¿será otra quimera de quienes se encuentran en una especie de ensañamiento ideológico permanente?

¿Será el patriarcado un mal protegido por nuestro sistema occidental, establecido en la época de la guerra fría, en el llamado “mundo libre”? ¿Será nuestro modelo “capitalista” y democrático liberal representativo el que propugna y propicia la opresión de la mujer? ¿Será nuestra sociedad democrática liberal la culpable de toda la violencia en contra nuestra? ¿Habrá que acabar con el capitalismo en Chile e instaurar una economía planificada para superar el machismo?

Una tesis es una proposición, un punto de vista que se puede poner en duda, ya que no es una verdad comprobada. Podemos probar una tesis o reprobarla, demostrarla o refutarla. Cuando confrontamos una tesis con la realidad, buscamos evidencia empírica que la afirme o la desvirtúe. Asimismo, ante a cada tesis, se puede formular una antitesis[4]. Ello, de acuerdo al principio de falsabilidad o racionalismo crítico, a cuya formulación Popper contribuyó esencialmente[5].

Como toda tesis, la aseveración de ciertos grupos en Chile de hoy, en el sentido que “el sistema capitalista y liberal-democrático protege el patriarcado” es una tesis que tiene que ser sometida a pruebas que la contradigan. Es lo que denominamos falsabilidad o refutabilidad.

Antes que nada, veamos qué pasa con las sociedades no capitalistas, no liberales y no democráticas. En ellas, debería no existir opresión alguna, cero patriarcado, nada de machismo. Por el contrario, debería reinar la igualdad entre hombre y mujer, y entre transexuales, bisexuale, homosexuales. Sin embargo, ¿existe tal igualdad en países no-capitalistas?

Resulta que el capitalismo surgió en la Edad moderna, por allá por el siglo 18 y llegó a su cúspide a mediados del siglo XX, después del triunfo de los aliados sobre el fascismo y el nacional socialismo en Europa. No creo que nadie pueda sostener que la sociedad anterior a la Edad moderna no eran patriarcados.

Cabe preguntarse si los países europeos anteriores a 1945 eran estados con una sociedad abierta e igualitaria, en los que se había eliminado el patriarcado. Mi respuesta es clara: en Europa occidental, la sociedad anterior a 1945 era una  sociedad mucho más patriarcal, más machista y e inconmensurablemente más cerrada que la actual.

Por el contrario, ha sido precisamente el sistema capitalista y democrático el que, al menos, en Europa y Estados Unidos y Canadá, Australia y Nueva Zelanda, ha dado un gran impulso a la liberación de la mujer. Tal vez porque este es un sistema capaz de corregirse a sí mismo y de perfeccionarse. Un sistema que te premia si lo criticas. Te premia y no te castiga, como ocurre en el caso de estados totalitarios. Te premia, porque hemos aprendido que en la crítica se haya el comienzo de toda mejora. En la crítica que no destruye violentamente, sino que edifica. Esta es mi antítesis.

Volvamos atrás en el tiempo y preguntémonos, si “al otro lado”, al Este de Europa, el reino del socialismo real, existente hasta comienzos de los años 1990, acabó con el sistema patriarcal. Hay que mirar a Rusia y a los demás países soviéticos después de 1919 y a los estados de Europa oriental luego de 1945. La verdad es que en ninguno de ellos se logró una igualdad de género ni nada semejante. Ni entre 1919-1991, ni tampoco entre 1945-1991. Es más, en ellos, cual más cual menos, imperaba el machismo más absoluto.

En el mundo del socialismo real, sólo los varones -aquellos de uniforme militar, con el pecho lleno de condecoraciones de los más diversos colores y tamaños, o vestidos con ternos oscuros, corbata gris y sombrero negro, estilo Al Capone- se adueñaron del espacio político, del poder económico y de la intelectualidad que pusieron a su servicio. Ellos, los varones y sólo ellos, pues ningún espacio dejaron a las mujeres, salvo los jardines infantiles, alguna organización o juvenil, la salud (las enfermeras eran muy importantes en el Este, ya que muchos médicos no había) y las grandes cocinas de las empresas estatales.

Tal vez, la República democrática alemana fue el país del bloque oriental más “liberado”; pero aún en él, esta liberación era de la boca para afuera. Tengo la suerte de ser muy amiga de una profesora emérita que fue llamada a una Universidad muy importante de la ex-RDA luego de la Caída del Muro. En el marco de la Unidad alemana, a ella le tocó reorganizar la facultad en la que trabajaba[6]. Mi amiga es una de las más importantes expertas en gender en Alemania y que, por ello, estudió empíricamente la desigualdad hombre-mujer en la Alemania comunista y su veredicto es sumamente negativo para el sistema socialista. En ese modelo altamente no-capitalista, la igualdad hombre-mujer era una quimera. Y eso, en el país socialista más desarrollado en términos de igualdad de sexos. ¿Te imaginas cómo era en los otros?

La primera mujer que llegó a la cima del poder en un país europeo importante fue Thatcher, primera ministra de un país liberal, democrático y cuna del capitalismo, a la que ella misma inyectó aún más libertad económica y política. La segunda, fue la conservadora Merkel, en un país que algunos critican abiertamente por representar uno de los peores capitalismos: el capitalismo alemán. El francés Felix Guatteri, autor del Manual sobre la Revolución molecular escribe: “hoy es necesario distanciarse del mito de la primacía absoluta del capitalismo alemán y americano”[7].

Hoy, la laborista Jacinda Ardern, encabeza el gobierno neozelandés, es la segunda mujer al frente de un estado que da a luz durante su mandato. Precedida sólo por Benazir Bhutto, de Paquistán. La social demócrata Helle Thorning-Schmidt fue entre 2011 y 2015, primera ministra de Dinamarca. Todos, salvo Paquistán, países claramente “capitalistas” o “neoliberales”, como les llaman en términos despectivos. Yo prefiero llamarlos economía social de mercado o economía libre.

Es más, en el Bloque oriental, de economía planificada y no capitalista, imperaba no sólo el machismo más enconado, sino también una fuerte ñoñería. No sé si se sabe en Chile que los Honecker tuvieron que casarse, ya que su relación era un gran escándalo y habría sido una razón para poner fin a sus respectivas carreras, según les explicó el secretario general del Partido, Walter Ulbricht. Erich Honecker y Margot Feist se conocieron en la fiesta de cumpleaños de Stalin en Moscú, en 1948. Y al casarse, ya tenían una hija Sonja[8].

Okay, me pueden decir, eso es pasado… Pero ¿qué ocurre ahora en los países de economía y régimen político no capitalista? Con Venezuela, con Cuba, países cuyas sociedades son altamente sexualizadas. Iba a contar algunas historias; pero no lo haré por cariño a mis amigas venezolanas y cubanas. (Un amigo me contó que a él, llegando a Cuba, el papá de una joven, se la ofreció por 50 dólares la semana. Conozco muchas historias como esta). La persecución de los “afeminados” (que fueron internados en campos de reeducación sexual) en la época de Fidel Castro en Cuba, es sintomática. Hasta donde se sabe, su hermano Raúl fue el encargado de implementar estas medidas homofóbicas[9].

En países no-capitalistas, como China, Corea del Norte o en Rusia. ¿Creen Uds. que la sociedad es super igualitaria y hay tantos líderes mujeres como hombres? Lamento defraudarlos: no es así. ¿O Uds. han visto que en la plana mayor de la República popular china, haya alguna mujer? ¿O en Rusia, donde un grupo de oligarcas acumula todo el poder económico y político? Donde las mujeres de los oligarcas son, en el mejor de los casos, algo así como un adorno. Entre paréntesis, no sé si saben que, en Rusia, si un marido golpea a su mujer, no puede ni siquiera ser castigado penalmente (salvo que la mate); pero que los besos en la calle son objeto de una multa.

En suma, la tesis, de acuerdo a la cual, el “sistema capitalista” protegería, sería la causa o ampararía al patriarcado es falsa. Por el contrario, en países no-capitalistas, el machismo abunda y no hay forma de criticar al sistema y por lo tanto, de superarlo. Históricamente, en la era pre-capitalista, el patriarcado fue muy fuerte y se puede decir que, con el inicio del sistema liberal en la Edad Moderna, la sociedad patriarcal comenzó a ser superada. Mi tesis: donde más avances se ve en el tema igualdad de la mujer es precisamente en sociedades de economía de mercado y democracia liberal.


[3] Para muestra, un botón: este tweet que me envió alguien, de entrada, que no me conoce y en vez de dialogar.

[4] …esto lo deben saber muy bien los filomarxistas, ya que en el marxismo existe la dináminca tesis-antitesis-síntesis

[5] En su libro “Logik der Forschung” (lógica de la investigación), de 1934 y que él consideró siempre su obra más importante, más que “La sociedad abierta y sus enemigos”.

[6] …en otra ocasión, puedo contarles cómo era espiada por sus nuevos colegas.

[7] “La nueva aristocracia mundial continuará recibiendo el apoyo que le brindan las altas jerarquías de las potencias internacionales. Sin embargo, no se identificará particularmente con ninguna de ellas. Del mismo modo que ayer era necesario acabar con el mito de las doscientas familias, hoy es necesario distanciarse del mito de la primacía absoluta del capitalismo alemán y americano. El objetivo actual no está concentrado en un solo punto. Los focos más virulentos del capitalismo se encuentran tanto en el Este como en el Oeste, así como en los países del Tercer Mundo”, en: Conspirar y respirar ‘La revolución molecular’, seminal texto de Félix Guattari, se lee cuatro décadas después como un sistema universal de lucha social y emancipación

[8] Erich estuvo casado tres veces. La primera cónyuge de Erich Honecker fue una mujer guardia de una cárcel. Después de su muerte debido a un tumor cerebral, Erich se volvió a casar con, Edith Baumann, una funcionaria juvenil del partido, con la que tuvo una hija: Erika. Estando casado con ella, conoció a Margot, en Moscú. Walter Ulbricht, el padre del socialismo de la RDA y secretario general del partido, o sea, el primer hombre del estado, conminó a Honecker a divorciarse de la funcionaria juvenil y a casarse con su amante y madre de su hija, Margot.

[9] Interesante es el artículo publicado en una página de izquierda: Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana “La asociación entre los cubanos gays, el afeminamiento y Estados Unidos produjo además el argumento de que los homosexuales eran incapaces de resistir la agresión estadounidense y, por lo tanto, que eran escollos en el proceso de crear al «hombre nuevo» del Che Guevara.”