La prostitución en Suecia – Y si copiamos su ejemplo…

Ayer, 25 de noviembre, conmemoramos el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Establecito como tal el 17 de diciembre de 1999 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Por esta razón, voy a hacer algo que nunca hago en este blog[1]: copiar un texto que no es mío. Al final del texto, se advierte que “Se autoriza copiar y distribuir esta información siempre y cuando el crédito y el texto se mantengan intactos”.

El artículo es norteamericano. Sus autoras proponen copiar la ley sueca en los Estados Unidos. Yo propongo “copiarla” en todos los países. Hasta donde sé, Francia ya la copió. En el mismo texto, de habla de otros países que han adoptado legislaciones similares. Curiosamente, dirán algunos, todos países con democracia liberal representativa y economía libre. 

Copio el texto, con mis agradecimientos, de La solución de Suecia para la prostitución: ¿Por qué nadie intentó esto antes? El original en inglés: Sweden’s Prostitution Solution: Why Hasn’t Anyone Tried This Before? El artículo es antiguo, no sé si de 2010 ó de 2012; pero creo que no ha perdido actualidad.

En un mar de siglos de clichés desesperados porque ‘siempre habrá prostitución’, el éxito de un país sobresale como un faro solitario que ilumina el camino. En apenas cinco años, Suecia ha disminuido drásticamente la cifra de mujeres dedicadas a las prostitución. En las calles de la ciudad capital, Estocolmo, la cantidad de prostitutas ha sido reducida en dos tercios y la de clientes en un 80 por ciento. En otras grandes ciudades suecas, el comercio sexual en las calles casi ha desaparecido. Y en buena medida también ha ocurrido esto con los famosos burdeles y salas de masaje que proliferaron en el país en las últimas tres décadas del siglo 20, cuando la prostitución era legal.

Adicionalmente, es nula la cantidad de mujeres extranjeras que ahora están siendo traficadas a Suecia para comercio sexual. El gobierno sueco estima que en los últimos años sólo entre 200 y 400 mujeres y niñas han sido traficadas cada año hacia este país, cifras que no son tan significativas en comparación con las 15,000 a 17,000 mujeres traficadas anualmente hacia la vecina Finlandia. Ningún otro país y ningún otro experimento social siquiera se acercan a los prometedores resultados que están siendo observados en Suecia.

¿Cuál compleja fórmula ha utilizado Suecia para lograr esta proeza? Sorprendentemente, su estrategia no es en absoluto compleja. De hecho, los principios de ésta parecen tan simples y anclados con tal firmeza en el sentido común que de inmediato nos llevan a preguntar: “¿Por qué nadie intentó esto antes?”

La trascendental legislación sueca de 1999

En 1999, luego de años de investigación y estudios, Suecia aprobó una ley que: a) penaliza la compra de servicios sexuales y b) despenaliza la venta de dichos servicios. La novedosa lógica detrás de esta legislación se estipula claramente en la literatura del gobierno sobre la ley:

“En Suecia la prostitución es considerada como un aspecto de la violencia masculina contra mujeres, niñas y niños. Es reconocida oficialmente como una forma de explotación de mujeres, niñas y niños, y constituye un problema social significativo… la igualdad de género continuará siendo inalcanzable mientras los hombres compren, vendan y exploten a mujeres, niñas y niños prostituyéndoles”.

Además de la estrategia legal de dos vías, un tercer y esencial elemento de la ley sueca sobre la prostitución provee que amplios fondos para servicios sociales integrales sean dirigidos a cualquier prostituta que desee dejar esa ocupación; también provee fondos adicionales para educar al público. Siendo así, la estrategia única de Suecia trata la prostitución como una forma de violencia contra las mujeres, en la cual se penaliza a los hombres que las explotan comprando servicios sexuales, se trata a las prostitutas, en su mayoría, como víctimas que requieren ayuda y se educa al público para contrarrestar el histórico sesgo masculino que por tanto tiempo ha embrutecido el pensamiento acerca de la prostitución. A fin de anclar sólidamente su visión en terreno legal firme, la ley sueca referida a la prostitución fue aprobada como parte de la legislación general de 1999 sobre la violencia contra las mujeres.

Un primer obstáculo en el camino

Es interesante observar que, a pesar de la extensa planificación que tuvo lugar en Suecia previo a la aprobación de la ley, durante los primeros dos años de vigencia de este novedoso proyecto casi no ocurrió nada. La policía efectuó muy pocos arrestos de clientes y la prostitución, que antes había sido legalizada en el país, continuó casi como si nada. Los pesimistas del mundo reaccionaron a la muy publicitada falla con un estridente recordatorio: “¿Ven? La prostitución siempre ha existido y siempre existirá”.

Pero los suecos, muy seguros del pensamiento detrás de su plan, no prestaron atención a las críticas. Rápidamente identificaron el problema y luego lo resolvieron. El punto de falla, donde los mejores esfuerzos se habían estancado, era que las fuerzas de seguridad no estaban haciendo su trabajo. Se determinó que los agentes de policía necesitaban capacitación a profundidad y orientación en lo que el público y la legislatura del país ya comprendían perfectamente. La prostitución es una forma de violencia masculina contra las mujeres. Los explotadores/compradores deben ser castigados y las víctimas/prostitutas necesitan recibir ayuda. El gobierno sueco invirtió cuantiosos fondos, de modo que policías y fiscales, desde los más altos niveles hasta los agentes que trabajaban en las calles, recibieron una intensa capacitación y el mensaje de que el país hablaba en serio. Fue entonces que Suecia empezó a ver resultados sin precedentes.

Hoy día no sólo el pueblo sueco continúa apoyando firmemente el enfoque del país a la prostitución (el 80 por ciento de la gente lo respalda, según los sondeos de opinión), sino también policía y fiscales se encuentran ahora entre sus más fuertes apoyos. Las fuerzas de seguridad de Suecia han descubierto que la ley sobre prostitución les beneficia en el manejo de todos los crímenes sexuales, en particular porque les habilita para virtualmente erradicar el elemento del crimen organizado, que es una plaga en otros países donde la prostitución ha sido legalizada o regulada.

La falla de las estrategias de legalización y/o regulación

El experimento de Suecia es un ejemplo único y solitario, en una población de tamaño significativo, de una política sobre prostitución que sí funciona. En el 2003, el gobierno de Escocia, con miras a reformar su propio enfoque a la prostitución, le encargó a la Universidad de Londres la elaboración de un análisis integral de resultados de políticas sobre prostitución en otros países. Además de revisar el programa sueco, el equipo de investigación seleccionó a Australia, Irlanda y los Países Bajos a fin de representar varias estrategias orientadas a legalizar y/o regular la prostitución. No revisó la situación en aquellos países donde la prostitución está totalmente penalizada, como es el caso en los Estados Unidos, pues el resultado de dicho enfoque es muy conocido. El mundo ya está bien familiarizado con las fallas y la futilidad del mecanismo de arrestar prostitutas y dejarlas en libertad para luego volver a arrestarlas.

Tal como lo reveló el estudio encargado a la Universidad de Londres, los resultados en los estados bajo revisión que habían legalizado o regulado la prostitución fueron tan desalentadores como la penalización tradicional, o tal vez aún más. En cada caso los resultados eran drásticamente negativos.

Según el estudio, la legalización y/o regulación de la prostitución condujeron a:

  • un drástico aumento en todas las facetas de la industria del sexo,
  • un marcado incremento en el involucramiento del crimen organizado en la industria del sexo,
  • un dramático aumento en la prostitución infantil,
  • una explosión en la cantidad de mujeres y niñas extranjeras traficadas hacia la región, así como
  • indicaciones de un incremento en la violencia contra las mujeres.

En el estado de Victoria, Australia, donde fue creado un sistema de prostíbulos legalizados y regulados, hubo tal explosión en la cantidad de éstos que la capacidad del sistema para regularlos fue de inmediato abrumada, y con igual rapidez esos establecimientos se convirtieron en un nido de crimen organizado, corrupción y crímenes relacionados. Además, las encuestas de las prostitutas que trabajan bajo sistemas de legalización y regulación revelan que ellas mismas continúan sintiéndose coaccionadas, forzadas e inseguras en este negocio.

Una encuesta de prostitutas legales bajo la política de legalización en los Países Bajos muestra que el 79 por ciento de ellas dice querer salir de la industria del sexo. Y aunque cada uno de los programas de legalización/regulación prometieron ayuda para aquéllas que deseaban abandonar la prostitución, esa ayuda jamás se concretó en ningún grado significativo. En contraste, el gobierno sueco sí cumplió con proveer amplios fondos para servicios sociales destinados a ayudar a prostitutas que querían salir de la industria. El 60 por ciento de las trabajadoras sexuales en Suecia aprovechó los bien financiados programas y tuvo éxito en abandonar el comercio sexual.*

* El informe íntegro del gobierno de Escocia acerca de políticas sobre prostitución puede ser leído en www.scottish.parliament.uk

Entonces, ¿por qué nadie intentó esto antes?

Con el éxito de Suecia alumbrando el camino con tal claridad, ¿por qué otros países no están adoptando rápidamente ese plan? En realidad, algunos sí lo están haciendo. Tanto Finlandia como Noruega están a punto de seguir esos pasos. Y si Escocia escucha los consejos de su propio estudio, también irá en esa dirección. Pero la respuesta a la pregunta de por qué otros países no están apurándose a adoptar el plan de Suecia probablemente sea la misma que respondería por qué los gobiernos no han probado antes la solución sueca.

Considerar a las prostitutas como víctimas de coerción y violencia por parte de hombres requiere que un gobierno primero pase de ver la prostitución desde la óptica masculina a verla desde los ojos de las mujeres. Y los países, en su mayoría si no es que prácticamente todos, continúan viendo la prostitución y cualquier otro asunto desde una óptica predominantemente masculina.

Suecia, en contraste, ha sido líder en promover la igualdad de las mujeres durante mucho tiempo. En 1965, por ejemplo, penalizó la violación dentro del matrimonio. En los Estados Unidos, hasta en la década de 1980 había estados que aún no habían hecho ese reconocimiento fundamental del derecho de las mujeres a controlar su propio cuerpo. Suecia también destaca por tener la más elevada proporción de mujeres en todos los niveles del gobierno. En 1999, cuando aprobó la trascendental ley sobre prostitución, el Parlamento sueco estaba conformado casi en un 50 por ciento por mujeres.

La política sobre prostitución de Suecia fue originalmente diseñada y cabildeada por las organizaciones de albergues para mujeres. Luego la promovieron y lucharon por ella, en un esfuerzo bipartidario, las singularmente poderosas y numerosas parlamentarias suecas. Y el país no se ha detenido ahí. En el 2002 aprobó legislación adicional que complementaba la ley original sobre prostitución. Ese año, la Ley de Prohibición del Tráfico Humano para el Propósito de Explotación Sexual llenó algunos de los vacíos que había en la legislación previa y fortaleció aún más las facultades del gobierno para perseguir a la red que rodea y apoya la prostitución, como reclutadores, transportadores y anfitriones.

¿Por qué no copiamos aquí el éxito de Suecia?

Aunque quizás sea cierto que los Estados Unidos y otros países aún están mucho más inmersos que Suecia en la oscuridad patriarcal, no hay razón por la que no puedan impulsar ahora cambios de políticas como los que esa nación ha realizado. La belleza del asunto es que una vez que se ha abierto el terreno y la prueba del éxito ha sido establecida, tendría que ser mucho más fácil convencer a otros de ir por ese mismo camino.


¿Cerremos las fronteras?

Hace poco, durante una conversación de sobremesa, uno de los comensales -joven, viene del Este de Alemania- nos contó que él era partidario de controlar las fronteras, esto es, de cerrarlas e instalar estaciones de policía que revisen autos y pasaportes. Como era antes de la vigencia del Tratado de Schengen, antes de que las fronteras intraeuropeas estuvieran abiertas, para personas y para cosas.

Todos, en la mesa, nos miramos con incredulidad. No puedo entender a esos jóvenes que añoran el pasado. Yo le conté que una amiga mía acababa de llegar de Praga en auto -con su hijo y su perro- y que el viaje había durado sólo cinco horas, de Praga a Bonn. Recuerdo que, justo antes de que los checos se incorporaran el Schengen, hice un viaje a Karlsbad o Carlovy Vary y debimos -con niños- esperar horas en la frontera, para que nos revisaran, en realidad, para nada, porque sólo habíamos comprado un Knödel donde “los vietnamitas” y un paquete de cigarrilos. No teníamos nada que declarar; pero debimos pasar largo tiempo en la frontera, mostrar nuestros pasaportes y el viaje tardó nueve horas de vuelta y siete de ida, y no cinco. (Y eso que Carlovy Vary está bastante más cerca que Praga).

Para particulares, como nosotros, esto no es gran cosa; pero imagínense lo que significa para camiones, buses de pasajeros, y transportes de todo tipo, incluyendo transportes urgentes. La pregunta es: ¿Queremos mercado común o no? El mercado común supone fronteras abiertas entre los miembros. Me temo que, aparte de otras razones, el rechazo o la aversión frente a la Unión Europea y frente al sistema de libre comercio, juega un papel importante entre quienes proponen controlar o incluso cerrar las fronteras.

Quienes siempre hemos vivido en la parte occidental de Alemania, no tenemos mayor experiencia con controles en la frontera y esto, desde hace muchas décadas. Nunca he vivido controles en mis viajes a Holanda, a Bélgica, ni a Luxemburgo. Viajes por el día, just for fun, a comer papas fritas belgas, a comprar dulce de leche en Luxemburgo, o ropa para niños o bicicletas en Flandes. A visitar a amigos en Bélgica u Holanda. A gozar el día disfrutando del aire marino y de una buena pizza de mariscos en Amberes, viendo jugar basquetbol a los multiculturales habitantes del puerto. A pasear un día feriado mirando antigüedades, libros viejos, el Museo de Rubens o cuadros de Rembrandt… Esa es nuestra vida normal y corriente en un continente sin fronteras. En una sociedad abierta. Nos acostumbramos a ella, la vemos como lo más natural del mundo. A veces, sería bueno que la viéramos como algo no tan natural, sino como algo que hay que defender.


Nuestro amigo sostiene que es importante saber quién entra al país, así como nos interesaría también saber quién entra a nuestra casa. De partida, la comparación entre un país y una casa de familia no es correcta, como tampoco la analogía entre la familia y el estado que muchas veces escucho de alemanes cercanos a la Alternativa para Alemania o AfD. No, el estado no es una “familia en grande”, como me decía otro amigo de esa tendencia (él es partidario que el estado obligue a la gente a bajar de peso, ya que los alemanes -según él- están cada día más gordos, debido al MacDonalds y a la comida rápida norteamericana. Que él no piense en la influencia de la cerveza, me da qué pensar…). No, la entidad del estado es totalmente distinta a la entidad de la familia o a un hogar de familia. Para mí, este es un tema elemental de primer año de filosofía del derecho.

Pero volviendo a la tesis según la cual, habría que instalar controles fronterizos para saber quién entra al país, debido a la abundante criminalidad que vendría del extranjero. Yo no creo que la criminalidad en Holanda, Bélgica, Suiza, Francia, Dinamarca, Austria o Luxemburgo sea más alta que la existente en Alemania…. En honor a la verdad, la gente del Este de Alemania se refiere a la criminalidad checa y polaca, que es la que tienen más cerca. Y, en honor a la verdad, en los países del ex-socialismo real, la criminalidad parece ser más alta que la de los países occidentales.  

Checos o polacos NO son, por naturaleza, “más criminales” que los alemanes. De ninguna manera se puede sostener algo así. Es una barbaridad siquiera pensarlo. Puede haber circunstancias relacionadas con déficits en el estado de derecho de sus respectivos países que favorezcan la criminalidad, lo que no es propio de un determinado pueblo, o de una determinada etnia o cultura, sino más bien de circunstancias históricas que habría que corregir. Por lo demás, ya se están corrigiendo, en gran parte, gracias a los altos standards que les exige la Unión Europea en estos aspectos (aunque actualmente vemos un retroceso en Polonia).

Es cierto que algunos criminales pasan de un país a otro, aprovechando que la policía ha sido -hasta ahora- competente sólo para operar dentro de su propio país y que, demasiadas veces, no hay un buen trabajo en conjunto entre los policías, la administración o la justicia de los dos estados, en orden a perseguir a los críminales que operan en la región fronteriza. Lo vivimos hace poco en mi ciudad, cuando una banda proveniente de Holanda pasó la frontera, robó cajeros automáticos en Alemania, para huir despavoridos de regreso a los Países Bajos. En mi ciudad, a nadie se le ocurrió proponer un cierrre de la frontera con Holanda, ni tampoco poner controles. Si hubiera casetas de control en la frontera, seguramente los criminales habrían huído por caminos rurales o por algún lugar del bosque.

Me parece que desviar policías que deberían resguardar la paz en las ciudades y combatir la criminalidad, hacia labores de control fronterizo sería un absurdo. La solución ni es cerrar las fronteras, ni poner casetas de control como los que había antes. Para ello, necesitaríamos mucho personal. Este personal, todos estos policías y funcionarios públicos, realizan una labor mucho más efectiva, enfrentándose a la criminalidad directamente donde actúan los criminales y no revisando pasaportes de ciudadanos honrados, ni abriendo maletas de pasajeros, ni carpot de autos.

Asimismo, el costo que tendrían controles fronterizos para la economía sería inmenso y podríamos decir adiós al libre comercio entre los países de la Unión Europea. Significaría cerrar las fronteras e instaurar la autarquía: cada país produciría sus propios productos para su propio mercado nacional y cerrado. Por lo demás, el sueño de la extrema derecha… y de la extrema izquierda, ambas unidas en su intento de cerrar las economías y retornar al proteccionismo naciolalista, como antaño. Un retroceso histótico que nadie en su sano juicio, puede desear. Pero a veces la gente no piensa en las consecuencias de los slogans nacionalistas que repite.

Todos esos policías que mi amigo se imagina con una linterna, revisando que particulares no lleven más de una botella de slivobitz o más de las cajas de cigarrillos permitidas, creo que sería mucho mejor, que se concentraran en trabajar coordinadamente con sus colegas del país vecino en la lucha contra la criminalidad. Contra el tráfico de drogas -el horrible crystal meth- o contra la prostitución. Prioridad absoluta es perseguir a criminales que operan en regiones fronterizas aprovechándose de los conflictos de competencia de la policía de uno y otro lado. La frontera no es una línea abstracta, es mucho más que eso: es una región.

La solución no es pues, cerrar las fronteras, ni destinar policías y otros funcionarios para controlarlas. La solución es la lucha conjunta, competente y coordinada de los policías de dos, tres o cuatro países contra la criminalidad. La mejor alternativa consiste en que la policía atraviese la frontera persiguiendo a presuntos criminales o investigando delitos, que pueda interrogar a testigos y detener a sospechosos, aunque se hallen fuera del propio territorio. En suma, que los policías tengan facultades para actuar en el país vecino, solos o en conjunto con sus colegas extranjeros. El número de policías siempre será limitado. Que estén empleados en tareas con sentido -en el combate directo y efectivo de la criminalidad y de los criminales- es preferible a que realicen labores sin sentido alguno.

Holanda, triunfo a lo Pirro

En un primer momento, todos nos alegramos… Fue una alegría de alivio. Geert Wilders no había ganado las elecciones en Holanda. Las había ganado Mark Rutte, el actual primer ministro. Rutte encabeza un gobierno del tipo “gran coalición”, esto es, de partidos que normalmente son contrarios. Su colectividad, el Partido Popular por la Libertad y la Democracia[1] -liberal conservador- se unió el 2012 con el Partido del Trabajo[2], quiere decir, de los trabajadores.

El 2010, Rutte había encabezado un gobierno de coalición entre su partido y la democracia cristiana[3]. Este gobiernode minoría fue tolerado por el partido de Wilders. Wilders y Rutte se conocen desde la época en que ambos militaban en la misma colectividad. Y antes de que Wilders se tiñera el pelo rubio[4] y se lo alisara. Y antes de que se pusiera lentes de contacto de color azul. En ambientes conservadores, yo aprendí que la vida privada de un político se proyecta en lo que es su vida pública. Si esto es verdad, no habla muy bien de Wilders.

Wilders es hijo de un papá holandés y de una mamá “moluca”, como los holandeses han llamado, durante siglos en tono despectivo, a los habitantes de sus colonias de esa región del mundo. Quién sabe qué pasó durante su infancia y juventud, qué experiencias tuvo para convertirse en un aprendiz de ario, cambiando su color de pelo, el de ojos e incoando un gran desprecio por los extranjeros en Holanda. Especialmente, por los extranjeros que más hay: los musulmanes. O personas procedentes de mayoría musulmana -aunque no pertenezcan a esa religión, qué más da… el Muslim Ban de Trump[5], afecta también a personas procedentes de países de mayoría musulmana, sean de fe que sean… o de ninguna. Wilders me recuerda a Bernardo Marx, el personaje de Aldous Huxley en Brave New World. Bernardo tiene la inteligencia de un alpha; pero el especto de un gamma, por lo que sufre lo indecible. Y reacciona rechazando a la sociedad[6].

Todos respiramos con alivio, ya que las penúltimas encuestas daban como ganador a Wilders. Y no a Rutte. Las últimas, sí nos anunciaban que Rutte sería el ganador[7]. Pero tanto las últimas como las penúltimas encuestas, nos anunciaban que los resultados serían muy peleados. Lo único que nos tranquilizaba era que todos los partidos políticos holandeses habían anunciado que no formarían una coalición con el Partdo por la libertad[8], de Geert Wilders[9]. Una de las ventajas del sistema parlamentario es precisamente que una colectividad política no puede gobernar sola, sino que tiene que buscar aliados, pactar y aceptar compromisos. En otras palabras, y a diferencia de Francia con su sistema presidencial, no había peligro de gobierno de extrema derecha en Holanda. Lo que no significa que el peso político de una gran mayoría a favor de la extrema derecha no hubiese sido demasiado grande para cualquier gobierno.  

Ayer, conversando con un amigo holandés, él me decía que había sido Erdogan quien había “salvado” a Rutte. Mi amigo no deja de tener razón. Rutte jugó un poco el juego de la extrema derecha. Primero escribió esa carta a los refugiados en que les decía que, si no aceptaban las reglas holandesas, se tenían que ir del país. Después habló contra el populismo malo, insinuando que el suyo era un populismo aceptable. Y luego, vino el enfrentamiento con la ministra de la familia de Turquía, a la que la policía imedía ingresar al consulado turco, pese a estar a solo 30 metros de la entrada. Esta última medida tomada por el alcalde de Rotterdam, a la sazón, musulmán y de ascendencia marroquí[10].

La prohibición de ingreso al país del ministro de relaciones exteriores turco. Y un gran etcétera. Pero yo pienso que más que lo que hizo o no hizo el gobierno de Rutte y Rutte mismo, lo que más lo ayudó a ganar las elecciones, fue lo que hizo el presidente turco. Erdogan -en uno de sus habituales exabruptos- llamó a los holandeses -a todos los holandeses- no sólo a su gobierno: fascistas, nazis, cobardes y llenos de miedo. Ankara cerró la embajada holandesa en Turquía, prohibió la entrada al embajador holandés al país.

En otras palabras, Erdogan hizo todo lo que él considera correcto para crear un enemigo externo, ante quien los turcos “cierren las filas”. Es el tan conocido síndrome de Galtieri. Y a la vez, como efecto secundario, los holandeses se unen también frente al mandatario extranjeros que los insulta, los trata de nazis -pese a que ellos fueron uno de los países que más sufrió bajo la ocupación alemana durante la II Guerra- y, de hecho, expulsa a su embajador. Sería muy sarcástico hablar de una sitaución en que todos ganan o win win…

Mi amigo holandés me hacía ver que la de Rutte es una victoria a lo Pirro, ya que los dos partidos de gobierno perdieron muchos de los 150 escaños en el Parlamento. Sí, los liberales de Rutte, el VVD, perdió 5,28% de los votos frente a la elección anterior. Y su aliado en el gobierno, la social democracia (PvdA) perdió 19,14%… una verdadera hecatombe. Esto es, de sus 38 asientos en el Parlamento, se quedó sólo con nueve. El Partido Popular por la Libertad y la Democracia, conserva 33 de 41, lo que igualmente no está muy bien; pero es relativamente aceptable.

Con un 21,33% el VVD es el partido con los mejores resultados en la elección parlamentaria de esta semana. Le sigue el partido de Wilders con 13,1%. Luego la democracia cristiana (que en Europa es un partido conservador) con 12,5%. Los liberales de izquierda D66, con 12%. El Partido socialista con 9,2%. Los Verdes de izquierda con 8,9%. La social democracia con 5,7%. La Unión cristiana -esto es, el partido calvinista, obtuvo 3,4%. El Partido por los animales 3,1%. Y los otros, 10,8%.

Sí, en Holanda hay muchos partidos, demasiados. Pero esta es la tendencia en todo el mundo. Lo malo es que en el país naranjo, no hay barrera del 5% bajo la cual, los partidos simplemente no entran al Congreso. En Alemania y otros países, si obtienes menos de un 5% simplemente quedas fuera de la representación y tus votos “se pierden”. Esto no ocurre en Holanda, de manera que el próximo gobierno estará pormado por, al menos tres partidos, sino cuatro. Probablemente, el próximo gobierno será una aliana entre los liberales conservadores, la democracia cristiana (repito que es un partido conservador) y los liberales de izquierda o social liberales.  

Despúes del triunfo de Trump en EEUU y del Brexit, lo que más tememos en Europa es el surgimiento de movimientos de extrema derecha. Tanto Trump, como el Brexit han servido para hacer pensar un poco a los electores de las consecuencias de decisiones políticas radicales. Se habla de un “positivo” efecto Trump. La elección de van der Bellen en Austria -y no de Hofer-, de Rutte en Holanda -y no de Wilders- son una prueba de que los electores europeo-occidentales, por molestos que estén frente a la política tradicional, tampoco se quiere embarcar en una aventura populista europeo-oriental, del tipo Orbán en Hungría o Kaczynski en Polonia… Menos aún en una pesadilla americana del tipo Trump.

La siguiente elección complicada tendrá lugar en Francia, entre abril y mayo…


[1] Volkspartij voor Vrijheid en Democratie (VVD).

[2] Partij van de Arbeid (PvdA).

[3] Christdemokratischen Appell (CDA).

[4] Por lo que, en Holanda, se lo llama jocosamente: el (caballeo) cruzado del agua oxigenada.

[6] Transcribo algunas frases de Huxley sobre Bernardo Marx: “Entrar en contacto con seres de las castas más bajas, era, para Marx, una situación angustiosa”. “Los encuentros con las capas inferiores, le recordaban dolorosamente su propia deficiencia o insuficiencia corporal”. “Todo encuentro con un gamma le humillaba a sí mismo. Se preguntaba si el gamma que tenía frente a él, le trataría con el debido respeto”. En qué caminos enfermizos nos metemos los seres humanos…

[8] Entre paréntesis, es curioso que los movimientos de extrema derecha se autodenominen con tanta frenciencia, colectividades a favor de la libertad. En circunstancias que, en el fondo, son lo menos defensores de las libertades que hay. Yo diría que más bien son exactamente lo contrario.

[9] Partij voor de Vrijheid (PVV).

[10] Hay muchas cronologías de los hechos, pero creo que esta, de Huffington Post, es una de las mejores: Diplomatische Eskalation: Chronologie des Streits zwischen der Türkei und den Niederlanden