Los derechos humanos frente al etnopluralismo

El etnopluralismo niega la validez universal de los derechos humanos fundamentales[1]. Reconocer y garantizar los derechos humanos sería algo que el estado nacional sólo puede garantizar a sus propios ciudadanos, a sus propios nacionales y no a los extranjeros. El derecho no sería  más que una creación cultural y, como tal, parte de una determinada cultura.

Los extranjeros provienen de otras culturas que tienen su propio derecho. Este “derecho propio” es algo que un extranjero lleva siempre consigo cuando -por alguna razón y por un tiempo- se traslada a vivir a otro país. En consecuencia, el derecho -incluídos los derechos fundamentales- no serían igual para todos, sino que estarían sujetos al origen de la persona que determinaría su estatuto jurídico.

En el fondo, volvemos a una suerte de derecho estatutario. De un “estatuto personal” (del que escuché hablar en otro tiempo y en otro lugar[2] y que pensaba que ya estaba superado en y por la historia. Denominaría a sus propugnadorea historiadores diletantes, que poco y nada sabían de Derecho. Planteaban la existencia de un supuesto estatuto personal que acompañaría a la persona sujeto donde quiera que ésta se encontrara.

Armin Pfahl-Traughber[3] explica que, para los etnopluralistas, el concepto de pueblo no se entiende en sentido político, sino sólo en sentido étnico[4]. Racial diría yo… organicista, colectivista y profundamente anti-individualista y anti-liberal. El hombre sólo existiría como parte de un todo organíco. Estamos pues ante un nuevo organicismo. Colectivismo le llama Pfahl-Traughber, ya que el individuo valdría algo sólo en cuanto es parte del colectivo. Por tanto, es lógico que no es el hombre -o la mujer- sujeto de derechos, sino el pueblo al que pertenecen.

O, desde un punto de vista “más metafísico”: el pueblo es el único “sujeto de la historia y que lucha por su autodeterminación”[5]. Para el etnopluralismo, el pueblo es el sujeto de derechos y no la persona individual. Para ellos, no existe el individuo, sino sólo el pueblo, el pueblo en que él nació[6]. Para mí, una persona vale no porque pertenezca a un grupo, sino que vale en sí misma.

Sí, el etnopluralismo desprecia el individualismo. Con esto, me temo que gana muchos puntos en nuestra sociedad, siempre dispuesta a criticarlo; pero, en realidad, sumamente individualista. Peor aún: la persona humana pierde su valor en sí y los hombres tienen tan sólo el mérito que les da el ser miembros del grupo étnico[7]. Como dice Schopenhauer: “la especie más barata de orgullo es el orgullo nacional: de aquel al que faltan cualidades individuales de las que podría estar orgulloso; pero que se aferra a las supuestas cualidades de su nación”[8].

No sólo desprecia el individualismo, sino también rechaza la globalización y especialmente el -por ellos odiado- concepto de humanidad. la citada revista Kontrakultur (ver nota 6) nos explica que, a la humanidad global que sería algo abstracto. La realidad humana sólo existe realmente como parte de una identidad etnocultural, organizada en un pueblo organizado y únicamente puede ser percibida como parte de un colectivo étnico-cultural.

Uno de sus más admirados autores, Carl Schmitt (no entiendo que este autor de los años 20, ha sido y es tan popular en el mundo hispanoparlante) dice claramente que: “quien habla de humanidad, quiere engañar”[9] [10]. El autor de “El Führer protege el Derecho” sostenía la existencia de un pluriverso, esto es, de pueblos cuyos integrantes son relativamente homogéneos. Es lo que yo llamo la trampa de la homogeneidad. Postulaba Schmitt que es inherente a la democracia la existencia una población homogénea y el rechazo y explusión de lo heterogéneo.

Con esto, no se opone diametralmente al pensamiento liberal. Especialmente, a Popper quien postula la sociedad abierta que es lo contrario a la Stammesgesellschaft o sociedad tribal, de clan, raza, estirpe o como quieran llamarla (la traducción es difícil)[11]. En consecuencia, se niega a los miembros de “otras culturas”[12], los mismos derechos fundamentales que tienen los integrantes del propio pueblo.

(En esta línea, se recurre muy comúnmente al pseudo-argumento: los cristianos no pueden construir iglesias en Arabia Saudita, por lo tanto, los musulmanes tampoco las podrían construir mezquitas en “territorio cristiano”. Una de las características fundamentales de la llamada nueva derecha europea es la negación de la libertad religiosa. Es esta una argumentación tan burda que no creo que sea necesario ni siquiera refutarla).

Si pensamos que Schmitt se refiere a personas, a personas humanas, individuales y distintas entre sí, me parece que su discurso cosifica a la gente. Sí, poco queda del ser humano en una sociedad que lo ve simplemente como un componente más. O, más bien -tratándose del “heterogéneo”- como un no-componente que hay que expulsar. Estamos demasiado cerca del totalitarismo del siglo 20 o más bien, entramos de lleno en él.

Para Henning Eichberg[13] -considerado el fundador de la nueva nueva derecha alemana, en los años 1970- no existen los individuos, sino sólo hay alemanes, franceses o israelíes. No hay derechos individuales sino soolamente derechos de la colectividad. El etnopluralismo niega la universalidad de los derechos de la persona, los que no serían más que una construcción artificial de cada pueblo y, por tanto, no universal. Producto cultural, nada más. Sí, como cada pueblo es diferente a todos los otros, y se ha desarrollado de forma diversa a lo largo de la historia y en su propio hábitat o Lebensraum, el derecho no puede ser universal. De acuerdo al etnopluralismo, no puede hablarse de una universalidad de los derechos humanos.

En concreto, toda esta construcción ideológica se traduce en que la AfD[14], el movimiento identitario y los Pegida, exijan que a los refugiados no se les garantice el derecho a asilo político[15]. La CSU de Baviera no va tan lejos; pero con su exigencia de un “contingente” de refugiados cae exactamente en lo mismo. A la vez, que se grita de voz en cuello que los refugiados deben acatar y cumplir el derecho alemán…

Bueno, ¿en qué quedamos…? ¿Se aplica a los refugiados -o a los extranjeros en general- el derecho alemán? ¿Se les garantiza o no sus derechos como personas? ¿Deben cumplir los refugiados el derecho alemán? ¿Los alemanes, también? La respuesta es evidente. Si nos atenemos a lo que claramanente nos dice la Ley Fundamental[16], que garantiza el derecho a asilo a todos los perseguidos, sin distinción alguna, no hay la menor duda de cuál es la respuesta correcta. Un gran SÍ 🙂


[1] Ver mi columna de julio pasado sobre El etnocidio o la muerte del pueblo

[2] A ellos me referí en mi columna ¿En qué se parecen John Boehner y yo? cuando me refiero a los grupos del nacional catolicismo espanol tradicionalista, etc.

[3] Armin Pfahl-Traughber, sociólogo y politólogo alemán, especialista en el tema del extremismo y tendencias similares.

[5] Ver Zur Ideologie des “Ethnopluralismus”: Das Volk als Subjekt “Vielmehr begreift man im kollektivistischen Sinne das ‘Volk’ als Subjekt der Geschichte. Als Triebfeder der historischen Entwicklung gilt der Kampf der ‘Völker’ um ihre “Selbstbestimmung”.

[6] Ver la página Kontrakultur, de tendencia duginista (me refiero a Alexander Dugin, el denominado “ideólogo del Kremlin) pro-Putin Ethnopluralismus und die multipolare Welt: “Anders als eine diffuse Vorstellung von der Gleichheit aller Menschen ist nach ethnopluralistischer Auffassung der Mensch eben kein Wesen welches bindungslos und atomisiert in einer Welt des individualisierten „Nichts“ hineingeworfen wird, sondern immer nur im Zusammenhang mit seinen Bindungskräften betrachtet werden kann, die es aus seiner ethnokulturellen Zugehörigkeit speist.”

[7] Por eso mismo, vemos con demasiada frecuencia, a un montón de patanes que nunca han logrado nada por sí mismos; pero que, como parte del grupo, se sienten superiores a los demás.

[8] La traducción-resumen es mía. El original: “Die wohlfeilste Art des Stolzes hingegen ist der Nationalstolz. Denn er verrät in dem damit Behafteten den Mangel an individuellen Eigenschaften, auf die er stolz sein könnte, indem er sonst nicht zu dem greifen würde, was er mit so vielen Millionen teilt. Wer bedeutende persönliche Vorzüge besitzt, wird vielmehr die Fehler seiner eigenen Nation, da er sie beständig vor Augen hat, am deutlichsten erkennen. Aber jeder erbärmliche Tropf, der nichts in der Welt hat, darauf er stolz sein könnte, ergreift das letzte Mittel, auf die Nation, der er gerade angehört, stolz zu sein. Hieran erholt er sich und ist nun dankbarlich bereit, alle Fehler und Torheiten, die ihr eigen sind, mit Händen und Füßen zu verteidigen”. Hay una traducción en Wikiquote, pero no me parece buena. Mejor es el original alemán, que aparece muchas veces en internet, aquí, por ejemplo.

[9] “Wer Menschheit sagt, will betrügen”. Wikiquote

[10] Recuerdo que el Padre Osvaldo Lira sostenía jocosamente que “nadie ha visto a una señora gorda llamada Humanidad”.

[11] Uno de mis libros favoritos: Die offene Gesellschaft und ihre Feinde (1945). Tengo la edición de 1975.

[12] Como ya no se puede hablar de “razas”, los partidarios del etnopluralismo y de movimientos similares, recurren a la denominación de cultura que reemplaza y la de raza; pero viene a ser lo mismo. Sobre el término “raza”, los invito a leer mi columna Nos guste o no, en realidad todos somos africanos

[13] Sociólogo alemán al que me referí en mi artículo Un fantasma recorre Europa, el fantasma del etnopluralismo

[15] Sobre este tema, ver El universalismo y los refugiados

[16] §16a de la Ley Fundamental.

La vieja y la nueva derecha en Alemania ¿Qué nos diría Sebastian Haffner?

Para entender el presente, hay que conocer el pasado. Para pensar el futuro, es indispensable comprender el presente.

Mi primer libro de Sebastian Haffner fue un regalo de Jutta Burggraf: Germany. Jekyll and Hyde, en que Haffner/Pretzel hace un sociograma de la sociedad alemana de la época del nacional socialismo y explica -para el público británico- cómo y por qué el pueblo alemán cayó en las redes del totalitarismo nazi.

Desde ese, mi primer libro, he leído muchos otras obras del pensador alemán. Una de ellas es Anmerkungen zu Hitler[1], traducido al inglés como The Meaning of Hitler, desconozco si hay traducción al castellano[2].

Nuestro autor explica que “la República de Weimar no fue destruida por una crisis económica, ni por el desempleo”. Estos factores contribuyeron a su ruina. Sin embargo, un estado no se desmorona debido a una crisis económica, ni siquiera a un desempleo masivo. Como no ocurrió con los Estados Unidos durante la Gran Depresión entre 1930 y 1933, con sus trece millones de personas sin trabajo.

“La República de Weimar fue destruida por la decidida determinación de la derecha de Weimar de abolir el estado parlamentario en favor de uno estado autoritario cuya concepción no tenían clara”. Sí, la República de Weimar no fue destruida por los nacional socialistas, que la encontraron ya destruida cuando Hitler se convirtió en canciller federal. Hitler y sus nazis se limitaron a sacae del poder a quienes la habían destruido.

Hay que tener presente que el libro en comento es de 1978, esto es, apareció durante la República de Bonn. Su autor explica: “La diferencia más grande entre Bonn y Weimar es que la fuerza -de la derecha alemana que rechazaba el estado- y que destruyó la República de Weimar, no existe más”. Se refieren al estado liberal, parlamentario, democrático, occidental de Weimar.

En otras palabras, la derecha alemana que rechazaba el orden estatal de Weimar -se encuentra, en la República de Bonn- incorporada a las fuerzas políticas constitucionales y que apoyan la existencia de la República que surgió después de la II Guerra.

Haffner explica que la derecha alemana que, en su competencia con Hitler -competencia que finalmente perdió- finalmente se “convirtió” y aceptó el régimen parlamentario de Bonn y la democracia parlamentaria, pluralista y liberal. La misma que había rechazado en Weimar, con terribles consecuencias, ya que algunos de los representantes de la llamada Revolución Conservadora, en su intento de ser oposición, fueron asesinados por los nazis que -por así decirlo- los sobrepararon. Otros se incorporaron al estado nacional socialista sin más.

Haffner habla de una conversión. En otras palabras, la derecha alemana aprendió que era mejor medirse, en el juego de interacción y de cambio entre gobierno y oposición, incluso con partidos de izquierda incorporados todos al juego parlamentario, que intentar competir con un líder populista de un estado autoritario y demagógico. Así, vemos a las fuerzas políticas destructoras de Weimar -antiliberales, antidemocráticas y antiparlamentarias- incorporadas al juego democrático de Bonn.

La derecha alemana pasó pues de ser la competencia del nacional socialismo, a aceptar ser gobierno o ser oposición, en un fair play democrático, cuyas reglas se hallaban establecidas en la Constitución de 1949. ¿Cómo se operó este cambio de los partidarios de la Revolución conservadora, de ser un grupúsculo antiliberal, antidemocrático y antiparlamentario, a incluirse dentro del juego democrático de la Post guerra en Alemania?

Haffner explica: “La fundación de la Unión demócrata cristiana alemana, como una fusión del Zentrum católico y de los antiguos partidos de la derecha, marcan este cambio”. Explica que estamos frente a un verdadero Sinneswandel, que lleva consigo un rechazo o distanciamiento de todo lo anterior. Compara este suceso de importancia secular con la transformación de la Social democracia, desde ser un partido revolucionario a convertirse en uno parlamentario, que acepta el juego democrático.

La República federal tuvo algo de lo que Weimar carecía: una derecha democrática. La República de Bonn no era sólo sostenida por una coalición de centro-izquierda, sino por todo el espectro político. Salvo grupúsculos radicales.

En consecuencia, el camino que -en la década de los 30- abrió paso a Hitler, quedó, cerrado. en Bonn. Y esto, desde su esctructura interna. De manera que Bonn fue un estado democrático mucho más fuerte que Weimar.

Me pregunto cómo analizaría Haffner la situación actual en Alemania, en que, en la República de Berlín, existe une nueva derecha alemana[3], antidemocrática, antiliberal, antiemancipación, antifeminista, autoritaria, anti-americana, anti-internacionalista, anti-OTAN, anti-occidental y pro-Putin. Que, aunque tenga sólo el 10 o 15% del electorado, es muy peligrosa. Ya por la llamada dinámica del extremismo de derecha, que empieza siendo relativamente moderado, para radicalizarse cada día más. A ella me referí en mi artículo de la semana pasada: El surgimiento de una nueva derecha en Alemania


[1] El texto on line, en PDF en Anmerkungen zu HItler

[2] Al parecer, fue traducido al castellano el 2003, bajo el título Anotaciones sobre Hitler.

[3] AfD, Pegida, Sezession y otros.