Lo contrario de la extrema derecha no es la extrema izquierda. Es la democracia.

Se ha puesto de moda calificar, o más bien descalificar como de ultra izquierda, a quienes no estamos de acuerdo y nos enfrentamos -en la medida de nuestras posibilidades- a la extrema derecha europea (que poco y nada tiene que ver con lo que llamamos derecha en Chile). Como si todo lo que estuviera fuera de la propia ideología de extrema derecha, fuésemos de izquierda radical, extrema o de ultra izquierda.

Quienes nos descalifican son precisamente personas cuyo discurso es decididamente de extrema derecha, radical de derecha o al menos populista.

Por otra parte, tratan de presentar una especie de lucha entre la izquierda y la derecha. Una lucha que no existe. Las antípododas no se hallan en un extremo y en otro. Más bien, entre tales extremos, hay vasos comunicantes, tanto en lo personal como en lo ideológico. Sí, conozco a personas concretas, a grupos y sectores políticos que, sin solución de continuidad, han pasado de la extrema izquierda a la extrema derecha. Del colectivismo marxista al colectivismo “fascistoide”; tal como sus abuelos otrora se pasaron del nacional socialismo al socialismo marxista, como si nada… Sin siquiera cambiar el discurso político ¿para qué? bastaba cambiar la foto del führer, del vodsch o del caudillo o líder máximo que adornaba su casa.

La verdadera confrontación política tiene lugar entre el colectivismo totalitario y racista de la extrema derecha, entre su autoritarismo y los demócratas de todos los sectores. O más bien, de los tres sectores posibles: izquierda, conservadores y centro. Todos defensores de la democracia representativa liberal y no de una democracia popular como aquella a la que adhirieron tantos colectivismos del siglo 20. Ni tampoco de una llamada “democracia iliberal”, bajo cuyo manto se oculta un nuevo colectivismo.

Llo contrario de la extrema derecha no es la extrema izquierda. Lo contrario de la ultra derecha tampoco es la ultra izquierda. Lo contrario del populismo y de la radicalización de extrema derecha no es el populismo de izquierda, ni movimientos radicales de esta tendencia.

Lo contrario de la extrema derecha es la democracia.

Quienes decimos no al nacionalismo, no al racismo, no al etnopluralismo, no al movimiento identitario, no a la conspiranoia antisemita o islamófoba… No a todo lo que caracteriza a la extrema derecha. Todos nosotros no somos de ultra izquierda. Somos demócratas.

O más bien: algunos pueden ser de izquierda (no de ultra ni de extrema izquierda). Otros -como yo- somos más bien lo que en otra época se llamó liberal-conservador. Sí, algunos de nosotros somos más liberales. Otros, son más conservadores. Pero todos somos demócratas y partidarios de una sociedad abierta, libre y pluralista. Respetuosa de los derechos de las minorías, anti totalitaria y anti-colectivista. Y defendemos estos ideales.

En lo económico, somos partidarios de la economía social de mercado. El único sistema realmente compatible con la democracia como sistema político. Algunos ponen más acento en el mercado. Otros, más en lo social. Pero nadie duda que el dirigismo y el proteccionismo basado en la defensa de intereses particulares o nacionales -el ideal de la extrema derecha- no es el camino hacia la prosperidad. Muy por el contrario, dirigismo y el proteccionismo, al igual que la economía planificada, sólo pueden conducir al debacle económico y a la pobreza.

Algo tiene que quedar muy en claro: tenemos ideales… Nuestro discurso no es un discurso negativo. Estamos sí, en contra de la ultra o de la extrema derecha o del populismo de esa tendencia. Pero tenemos ideales, tenemos esperanza, tenemos fe y tal vez en estos puntos en lo que nos distinguimos tanto de ellos: no somos un grupo de pesimistas desesperanzados, deprimentes y llenos de rabia, ira y odio como la extrema derecha.

No anhelamos el advenimiento de una gran catástrofe, de una especie de nuevo big bang del que nazca un “nuevo orden” autoritario… No queremos que nos sobrevenga un gran desastre, ni que ocurra un gran atentado terrorista islámico o que las finanzas mundiales se desmoronen, ni soñamos con una guerra civil que permita iniciar una lucha de “resistencia” (a la que ellos llaman ya) y después de ella emerja la nueva sociedad con que sueñan. Una sociedad homogénea en que el Todo cubra con sus sombra al individuo, para “protegerlo” de toda heterogeneidad. No queremos ningún Leviatán. Hobbes murió hace siglos.

Podemos conversar y aceptamos que otras personas tengan ideas diversas a las nuestras, dentro del marco del orden fundamental de libertad y democracia, que es nuestro “rayado de la cancha”. Ofrecemos diversas soluciones y debatimos acerca de cuál es la mejor. Lo que nos diferencia de populistas, extremistas, radicales es que ellos presentan los problemas y culpan a alguien, a algún chivo expiatorio… Sin dar soluciones.

O más bien, presentan una pseudo solución a todos los problemas imaginables. La solución consiste habitualmente que un grupo de personas desaparezca… Generalmente, los extranjeros en general, o un grupo de ellos en particular. O bien, una minoría dentro de la propia sociedad (gitanos, judíos, musulmanes, católicos).

Como personas, tenemos cada uno, cada una de nosotros, un valor intrínseco y no por haber nacido en un determinado “pueblo”, ni adherir a una cierta ideología.

Cuando los partidarios de la extrema derecha hablan de libertad, tenemos que dejarles en claro que: nuestra libertad es una libertad individual, de la persona, del individuo[1] -cuya dignidad es intangible- y no es una supuesta libertad de un colectivo étnico o ideológico.

Durante la época de la guerra fría, el sector “liberal-conservador” luchó denodadamente por estos ideales. Ahora que se acabó la guerra fría y que se desmoronó el Bloque oriental, no creo que sea el momento de tirar todos nuestros ideales por la borda, para irse corriendo detrás de un voladero de luces que nos quieren presentar como “la solución” a los complejos problemas que tenemos que resolver en el siglo 21.

No creo que sea el momento de abrazar una doctrina populista, extremista y racista que se parece mucho a la que combatimos, por su totalitarismo y su falta de respeto a la persona humana y a su libertad y autonomía individuales. No quiero parecer patética, pero las millones de víctimas de los gulag soviéticos nos gritan algo así como “que nuestra muerte no haya sido en vano”.


[1] De acuerdo a Boecio, la persona es “rationalis naturae individua substantia”. Esto es, sustancia individual de naturaleza racional.

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Juan de Matienzo: una exigencia de justicia social

Si yo fuera supersticiosa (no lo soy), diría que es como un saludo de ultrarumba: me refiero al libro “Gobierno del Perú”, de Juan de Matienzo de Peralta, mi abuelo hace once generaciones. Esto es, mi abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo-abuelo. Leo en la genealogía de mi familia que Juan fue “Relator de la Real Chancillería, Oidor y Presidente de la Real Audiencia de Charcas y, luego, de Lima; autor de la obra Gobierno de Perú; colaborador del Virrey Toledo en sus Ordenanzas”. Al parecer, el único de sus libros que que se ha conservado completo a través de los siglos, se puede comprar ahora en Amazon[1] y a un precio relativamente razonable.

Desciendo de su hija, Agustina de Matienzo y Toro, mi abuela hace diez generaciones. De ella se sabe que se casó en 1567[2] con Hernando (Fernando) de Aguirre y Torres y Meneses[3], con el que tuvieron seis hijas: desciendo de Inés de Aguirre y Matienzo, quien “como primogénita y a falta de varón heredó las encomiendas de su padre en La Serena”. Heredó sus bienes sólo porque Agustina y Fernando no tuvieron un hijo hombre… esa sociedad patriarcal.

Sigo leyendo la historia de mi familia: Agustina se trasladó al Norte de Chile en algún momento de la historia y allí se casó con Fernando (o Hernando, los conquistadores no tenían muy claro si escribían con F o H) de Aguirre, hijo del conocido conquistador Francisco de Aguirre de la Rua de Meneses y de María de Torres y Meneses. (Los Meneses parece que abundaban en esa época). Hijo legítimo, habría que aclarar, porque los hijos ilegítimos de Francisco de Aguirre fueron incontables[4].

Un detalle pintoresco de la historia es que “Matienzo, oidor de la Audiencia de Charcas, informó que la orden que llevaba Almendras[5] era traer a Aguirre ‘preso o muerto’”[6]. En otras palabras, el oidor Matienzo ordena a uno de sus subordinados capturar y llevarle “vivo o muerto” a Francisco de Aguirre, esto es, al papá de quien luego será más tarde el suegro de su hija, con quien no parecía tener demasiada condescendencia. Otro detalle pintoresco es que a Fernando de Aguirre en su cargo de “corregidor, le correspondió formar y encabezar la tropa que rechazó al pirata Francis Drake en la bahía de Guayacán (La Herradura) el 19 de diciembre de 1578”[7]. Con lo cual, puedo decir que desciendo de una de las pocas personas que vencieron al pirata inglés.

En realidad, nunca me ha gustado la genealogía, sobre todo porque muchos la utilizan para vanagloriarse de las reales o supuestas glorias de sus antepasados (generalmente más supuestas que reales). Alcurnia, nombre, pedigree… Cosas sin la menor importancia, ni en el pasado, ni en el presente, ni menos, en el futuro.

Sin embargo, tengo que reconocer que algunos de los párrafos de Juan de Matienzo me llenan… no diría que de orgullo, porque no es mérito mío ser su nieta once generaciones después; pero sí de un cierto agradecimiento e incluso, de admiración. Antes que nada, hay que considerar que mi abuelo hace once generaciones, es considerado hoy un proto-economista, esto es, uno de los estudiosos de los fenómenos que hoy se conocen como macro-económicos. Él los vivió -por así decirlo- y los estudió antes de que la economía fuera considerada una ciencia. En Wikipedia se habla sobre su pensamiento económico Y el economista rumano-argentino Oreste Popuescu escribió un libro donde se refiere a sus ideas económicas[8].

El capítulo 11[9] contiene una fuerte crítica a la situación que vivían -o más bien sufrían- los indios en el Perú del siglo XVI.Matienzo habla de los mitayos, esto es, los indios de la mita. La mita era una forma de organización del trabajo que venía de la época de los mayas y consistía en un tributo al estado inca (a los incas) en forma de trabajo. Fue adoptado por los conquistadores europeos, que aprovecharon esta forma pre-existente de organización laboral. Es la llamada ley de hierro de la oligarquía que yo explicaría simplemente con la frase: “los que están arriba siempre lo estarán, aunque haya un cambio de sistema político”. Consecuencialmente, los que están abajo, los mitayos, seguirán abajo, aunque se cambie de sistema. No creo que sea siempre así; pero muchas veces, ha ocurrido en la historia.

Matienzo explica que los mitayos sirven “a los corregidores y a los clerigos de la doctrina y a otros españoles para que los sirvan en su casa”. Los españoles deberían pagarles entre 25 y 30 pesos. El problema es que este dinero no es pagado a los indios mismos, sino a sus caciques, lo que, para él es “grande agravio y rrobo de los caciques”. Obvio, es una especie de esclavitud. Demás está decir que sólo una persona con gran prestigio y autoridad puede criticar el sistema que imperaba en el territorio. Más aún, si era el sistema que imperaba en la minería, de tanta importancia para los europeos.

Matienzo dice que los caciques “de adrede los mudan cada semana por que no cobren nada”. Esto es, para que evitar que se establezca una relación entre el empleador y el empleado, los caciques los cambian semanalmente a los indios de la mita. Esto ocurre tanto cuando trabajan en casas (casas particulares, diríamos hoy) como cuando realizan alguna obra de construcción: “lo mismo hacen quando dan mitayos a sus encomenderos quando hazen casas o alguna iglesia, aunque esta proveydo que no se haga”. En otras palabras, en las construcciones, debería estar prohibido relevar los indios cada semana. Los caciques lo hacen para cobrar ellos el sueldo de los indios de su mita.

“Tambien suelen dar mitayos y repartirlos en algunas ciudades para servicio de los españoles que no tienen Indios”. Dice Matienzo que es muy necesario que se pague a estos mismos mitayos, “aunque se muden cada semana”. Explica que habrá “hartos indios que de su voluntad se alquilen. Sabiendo que el provecho ha de eser para ellos”. En palabras de hoy, si los indios saben que el dinero será para ellos, entonces, tendrán un incentivo para trabajar. Uno de los principios de nuestra actual economía de libre mercado, uno de cuyos principales lemas es precisamente que trabajar debe valer la pena, “ser de provecho” para quién trabaja.

El oídor y presidente de la Audiencia de Charcas propone tres leyes sobre este tema: “1. Que los mitayos (…) se les pague el tiempo que sirviesen a ellos mismos”. Sí, a ellos mismos, por el tiempo efectivamente trabajado, y no a sus caciques, como era la mala costumbre de la época.

“2. (…) que los Indios que se dieren para hazer casas e iglesias se les pague en fin de cada semana lo que fuese tasado por la Justicia a ellos mismos y si las mugeres trabajaren se les pague la mitad”. Este debe ser el origen del gender gap o desigualdad de género en el plano laboral. Interesante es que las mujeres, al parecer, también trabajaban en la construcción, lo que, un par de siglos más tarde, sería impensable. Lo de la fijación del precio “por la justicia” es también muy interesante. La teoría del valor y precio justo”[10] fue un tema que interesó especialmente a Matienzo.

“3. (…) que la Justicia de orden como se den Indios para guarda de los ganados pagandoles sus trabajos a ellos mismos y no a sus caciques”.

4. Que a los indios que sirvan en la minería y en las ciudades “pagándoles si alquiler como a los demás”. Matienzo llama alquiler al sueldo o salario, a la retribución que se debe por el trabajo realizado[11].

En suma, Matienzo propone reformar todo el sistema económico del reino, reemplazando la mita por un orden económico en que el empleador pague directamente al trabajador o a la trabajadora su sueldo (al final de cada semana). Y no que pague a un intermediario que es el cacique, ya que esto es un “gran agravio y un robo” que se hace a los indios pobres, quienes no reciben la correcta retribución por el trabajo realizado, puesto que los caciques indios recurren a un ardid (cambiar a los trabajadores cada semana) para que no les paguen directamente a ellos, sino a sus jefes indios, los caciques.

Si Matienzo viviera hoy, sería un partidario de la libertad económica, de la autonomía individual, de la economía social de mercado; y este corto pero contundente capítulo de su libro, podría llamarse algo así como “una exigencia de justicia”.


[2] Dos primos míos -que no se conocen entre sí- independiente el uno del otro, confeccionaron sendos árboles genealógicos: uno dice que se casaron en Perú y el otro, en La Serena. Esto se explica porque la Capitanía General de Chile era, en esa época, parte del Virreynato del Perú.

[4] Cuando fue amonestado por esta circunstancia, se cuenta que contestó: se hace “más servicio a Dios en hacer mestizos que el pecado que en ello se cometía”. Se imaginan lo desconforme que estoy mi antepasado. Menos mal que hoy vivimos en otros tiempos.

[5] Martín Almendras, un conquistador, de quien se lee en Wikipedia: “Eran más de 100 soldados que venían comandados por Martín de Almendras, pero él fue muerto por los indígenas calchaquíes en Humahuaca”, Segundo gobierno del Tucumán (1563-1567)

[8] El capítulo titulado Juan de Matienzo and Tomás de Mercado, en el libro Studies in the History of Latin American Economic Thought Popuescu escribe sobre la obra de Matienzo: “In order to carry out such a commitment, the work must have been arduous and one assumes that it would have required intense dedication, through many years of effort; much reading and deep meditation (…). But Matienzo had accumulated a great reserve of experience in scientific research carried out the decade before.” (Para llevar a cabo tal compromiso, el trabajo debe haber sido arduo y se supone que habría requerido una intensa dedicación, a través de muchos años de esfuerzo; mucha lectura y meditación profunda (…) Pero Matienzo había acumulado una gran reserva de experiencia en investigación científica llevada a cabo la década anterior.).

[9] Págs 27 y 28.

[10] Teoría del valor y precio justo en el pesamiento de Juan de Matienzo.

[11] Cfr. pág. 26.

Humboldt en Tenerife o una petición a favor de la libertad humana / Sus ideas sobre economía

En 1799, el gran científico Alexander v. Humboldt pasó poco menos de una semana en la Isla de Tenerife. Seis días, exactamente. Durante esta corta estadía, el último de los sabios universales estudió la isla, su geografía, economía, mentalidad, botánica, agricultura de acuerdo a los conocimientos que él tenía.

No olvidemos que el mitad alemán-mitad francés, Alexander v. Humboldt (no era barón, como algunas veces erróneamente se cree) había estudiado en Alemania formalmente dos “carreras”. A saber, lo que ahora llamaríamos economía (en la Academia de comercio[1], Hamburgo) y lo que hoy llamaríamos ingeniería de minas (en Freiberg). Aparte claro, de todos sus estudios complementarios, más o menos como autodidacta o guiado de la mano de algún gran bortánico.

En su obra “Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente”[2], Humboldt habla de los habitantes de la región costera cercaca a Orotava, en la Isla de Tenerife. (En aquella época el Valle de Orotava tenía un puerto propio, llamado el Puesto de Orotava, que es hoy el Puerto de la Cruz). Alaba a los habitantes de la Costa; pero reconoce que su bienestar material, lamentablemente, no está en armonía con su laboriosidad, ni con la la riqueza de esa tierra[3].

Esto se debe -nos explica Humboldt- a que la tierra no pertenece a los campesinos que la trabajan. Ellos no son sus propietarios. En efecto, debido al sistema feudal imperante, el producto del trabajo le pertenece a los nobles. Este sistema, añade el sabio, con razón, es el que ha hecho infeliz a Europa y que impide que el pueblo de Canarias pueda surgir[4].

Más adelante, Humboldt dice que no se puede juzgar a los isleños (así se denomina a los habitantes de Tenerife) sólo por lo que se puede apreciar en Tenerife mismo, sino por lo que ellos han logrado en los países hacia donde han emigrado, Menciona explícitamente la estepa de Caracas, la región alta de la Cordillera de los Andes y las zonas calurosas de las Filipinas. Dice que en esas regiones, los colonizadores han logrado desarrollar su fuerza y su trabajo, que son su verdadera riqueza[5].

Por el contrario, no lo pueden hacer en Tenerife, donde se enfrentan a barreras insuperables que les impiden desarrollarse[6]. En Tenerife carecen de la libertad de que gozan en los nuevos territorios donde han emigrado. La libertad que -de acuerdo a Humboldt- no es un fin en sí misma, sino una condición o un medio para el desarrollo de la persona[7]. Por otra parte, la libertad es una condición de la propiedad[8] privada.

Obvio, donde hay obstáculos al trabajo, al desarrolo personal,  donde el trabajo no es recompensado, es evidente que no se puede surgir.

Sí, Humboldt tiene razón: en un sistema que no permite a las personas desarrollarse libremente y sin obstáculos, donde el trabajo no conduce a la propiedad y donde se trabaja para sí mismo y no para una tercera persona que no ha adquirido la propiedad, sino que la ha recibido por pertenecer a una cierta casta, en un sistema así, no puede haber progreso individual, ni económico, ni cultural. Ni como persona, diríamos hoy.

Por el contrario, sólo bajo un sistema de respeto al trabajo, a la propiedad privada y que no pone obstáculos, ni barreras al desarrollo individual, donde se premia la laboriosidad… Sólo en un sistema político-económico de tales características, será posible lograr el bienestar. Donde la autoridad permita el desarrollo de la verdadera riqueza humana.

Ese sistema se llama hoy economía social de mercado.


[1] Handelsakademie.

[2] Reise in die Äquinoktial-Gegenden des Neuen Kontinents, Editorial Cotta, Stuttgart 1861-1862, 1862.

[3] Reise in die Äquinoktial-Gegenden des Neuen Kontinents, Editorial Cotta, Stuttgart 1861-1862, 1862. Citado Alfred Gebauer, Alexander von Humboldt. Seine Woche auf Teneriffa 1799: Beginn der Südamerika-Reise. Sein Leben, sein Wirken. Pág. 59.

[4] Reise in die Äquinoktial-Gegenden des Neuen Kontinents, Editorial Cotta, Stuttgart 1861-1862, 1862. Citado Alfred Gebauer, Alexander von Humboldt. Seine Woche auf Teneriffa 1799: Beginn der Südamerika-Reise. Sein Leben, sein Wirken.Pág. 59.

[5] Reise in die Äquinoktial-Gegenden des Neuen Kontinents, Editorial Cotta, Stuttgart 1861-1862, 1862. Citado Alfred Gebauer, Alexander von Humboldt. Seine Woche auf Teneriffa 1799: Beginn der Südamerika-Reise. Sein Leben, sein Wirken. Pág. 152.

[6] Reise in die Äquinoktial-Gegenden des Neuen Kontinents, Editorial Cotta, Stuttgart 1861-1862, 1862. Citado Alfred Gebauer, Alexander von Humboldt. Seine Woche auf Teneriffa 1799: Beginn der Südamerika-Reise. Sein Leben, sein Wirken. Pág. 152.

[7] “Freiheit nicht als Zweck, sondern vielmehr als Mittel zur Bildung des Menschen”. Cfr. Jens Petersen: Wilhelm von Humboldts Ideen im Lichte der angloamerikanischen Rechtsphilosophie (file:///C:/Users/E6420/Documents/Humbolfd%20wirtschaft.pdf). Pág. 257.

[8] “Freiheit ist zugleich Voraussetzung des Eigentums”. Cfr. Jens Petersen: Wilhelm von Humboldts Ideen im Lichte der angloamerikanischen Rechtsphilosophie (file:///C:/Users/E6420/Documents/Humbolfd%20wirtschaft.pdf). Pág. 65