Ocho mentiras sobre Venezuela

Sobre Venezuela se cuentan muchas mentiras. A continuación, me voy a referir a algunas de ellas:

Primero: Chávez era bueno. Maduro no lo es. Esto es como aquella historia: el marxismo es bueno; pero fue mal aplicado. O el nacional socialismo es bueno; pero se les ocurrió matar a los judíos y ahí quedó la crema. No, entre Chávez y Maduro no hay solución de continuidad.

El debacle fue iniciado ya en vida de Chávez. La única diferencia es que a Chávez le tocó un alto precio del petróleo y a Maduro, no. Cuando Chávez inició el camino hacia el socialismo del siglo 21, contaba aún con un país que no había sido destruido y cuya población todavía no huía hacia otros países. A Maduro le tocó continuar la des-obra de Chávez y del chavismo. En esto, siguió el mismo camino trazado por su inspirador. (Ese que se la apareció en forma de pajarito).

Segundo: La crisis económica no es consecuencia de la revolución socialista, sino que sería consecuencia de las medidas de castigo norteamericanas. No, la crisis de Venezuela no se debe a una intervención extranjera, ni a una guerra económica, sino que es de origen casero. Es hecha en casa, made in Venezuela[1].

Es evidente que la crisis económica es también consecuencia de la baja del precio del petróleo y esto es algo que escapa al control del gobierno chavista o de gobierno alguno. Sin embargo, hay que preguntarse: ¿por qué los “líderes” socialistas no aprovecharon el alto precio del petróleo para diversificar su economía? Y así, ¿no depender del precio del crudo? (Entre paréntesis, es el mismo problema de Rusia. No es el discípulo más que el maestro).

Y, a propósito de crudo, es una vergüenza que el petróleo crudo venezolano tenga que ser enviado a Estados Unidos y Venezuela, deba comprarlo de ese país ya refinado, porque ellos son incapaces de refinarlo. ¿No querían no seguir dependiendo del país del Norte?

Los chavistas desaprovecharon la bonanza que les deparaba el alto precio del petróleo, para diversificar la economía venezolana: se dejó de producir en el país, que comenzó a depender absolutamente de las importaciones de los bienes más elementales. Emblemática es la falta del papel confort en Venezuela, que llevó al presidente Maduro a sostener que los venezolanos deberían ir menos al baño[2].

Esta es una crisis -no sólo económica- sino que social, política, humanitaria y de abastecimiento… de desabastecimiento, no provocada desde afuera, sino muy “desde adentro”. No sólo por la incapacidad de los gobiernantes, sino que por un proyecto de sociedad que únicamente puede llevar al fracaso[3].

Tercero: los países de la Región apoyan a Maduro. No es cierto, la mayoría de los países latinoamericanos NO apoyan a Maduro. Es más, la mayoría de ellos, reconoció a Guaidó como presidente de Venezuela.

El Grupo de Lima[4] y la Organización de Estados Americanos no sólo no apoyan a Maduro, sino que apoyan abiertamente a su sucesor Juan Guaidó[5]. Con excepción de México[6], gracias a su nuevo presidente, que no es que apoya a Maduro; pero tampoco apoya a Guaidó.

México es un poco como la extrema derecha europea, que no apoya directamente a Maduro; pero sí lo hace indirectamente, al sostener que no hay que “interferir”. No tomar partido por Guaidó y bloquear en consecuencia, igual como bloquea Italia, las decisiones de la Unión Europea sobre Venezuela. La extrema derecha europea hace en esto el juego a sus financistas rusos, tan interesados en conservar a Maduro en el poder. Y se parece mucho al actual gobierno de izquierda mexicano.

Los países de la Región que apoyan a Maduro son Bolivia y Nicaragua (bajo el dominio del matrimonio Ortega). Y en el mundo, son Rusia, China y Corea del Norte. Saquen ustedes mism@s las consecuencias.

Cabe hacer notar que, all regresar a su país, el lunes pasado, Guaidó no pudo ser arrestado por las autoridades gubernamentales, entre otras razones, porque los embajadores o encargados de negocios de la mayoría de los países de la Región y de la Unión Europea[7], estaban en el aeropuerto, para garantizar o asegurar su ingreso libre al país. (Los que sí fueron arrestados, fueron los funcionarios del aeropuerto que no sólo no lo arrestaron, sino que lo recibieron con un “Señor Presidente”). Después de todo, Guaidó es un parlamentario y la inmunidad parlamentaria es un principio esencial de la democracia representativa. ¿Será esto no tener apoyo de la Región Latinoamericana y de los países democráticos de Europa?

Recordemos que los países del Grupo de Lima retiraron o llamaron a consultas (que en la práctica es lo mismo) a sus embajadores en Venezuela, ya que “las elecciones en Venezuela no cumplieron los estándares internaciones de un proceso democrático y libre”[8]. Se refieren nada menos que a las elecciones de 2018, en que supuestamente ganó Maduro.

Asimismo, una de las posibles consecuencias de no poner fin a la crisis de Venezuela es que sí puede desestabilizar a toda la región[9]. Y no sólo por los tres millones de personas que han abandonado Venezuela huyendo[10] de la pobreza, de la violencia y del desabastecimiento. Suma que puede llegar a cinco millones en el curso de este año[11].

Cuarto: Los Estados Unidos quieren apoderarse del petróleo venezolano. Yo creo que no, porque los EEUU ya compran el petróleo venezolano. Quienes realmente han invertido grandes sumas de dinero en las empresas de petróleo venezolano son China y Rusia. De ahí su gran interés en mantener el status quo y a Maduro en el poder.

Ambos países temen perder los préstamos entregados a Venezuela. Préstamos no sólo en el ámbito del petróleo, sino también en el del armamento. El tema armamento es especialmente importante para Rusia -otra economía que sufre por la falta de diversificación y por la caída del precio del petróleo[12]– que ha concedido ingentes créditos a Venezuela para comprar armamento.

Quinto: La ayuda humanitaria está envenenada y los Estados Unidos quieren invadir el país junto con la ayuda humanitaria. Tengo que confesar que -en este punto- no soy imparcial, ya que, desde hace años, he colaborado en el envío de ayuda humanitaria a Venezuela. No sé cómo alguien podría envenenar a la población o invadir un país a través de la ayuda humanitaria. Invadirlo, ¿tal vez mediante un proceso de empequeñecimiento de soldados con las pastillas de Chiquitolina del Chapulín Colorado? ¿O quizás recurran a David Lynch? eek

No dejar ingresar la ayuda humanitaria es un acto de orgullo y de arrogancia extremas por parte de quienes no quieren aceptar donaciones de alimentos y medicinas provenientes del exterior sólo porque vienen “de afuera” y prefieren dejar morir a su propio pueblo que reconocer que se equivocaron y que su equivoación tiene consecuencias nefastas, más que nefastas, deletéreas para su propio pueblo.

Lo peor es que actualmente Venezuela cerró la frontera con Colombia, de manera que no se puede importart nada desde el país vecino; pero tampoco Venezuela puede exportar nada a través de Colombia, lo que significa que deja de recibir las tan necesarias divisas.

Sexto: Juan Guaidó carece de legitimidad. ¡Pero cómo va a carecer de legitimidad, si es el Presidente del Parlamento venezolano! ¿Puede haber más legitimidad?

“La Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela es el órgano unicameral que ejerce el poder legislativo en dicho país de manera constitucional, sin embargo el gobierno de Nicolás Maduro en 2017 asignó dicho poder a la Asamblea Nacional Constituyente mediante decreto oficial, ésto de manera temporal, acción que fue desconocida por el parlamento y parte de la comunidad internacional.​ Está conformada por 167 diputados. Nace después de la aprobación de la Constitución de 1999, reemplazando al anterior Congreso de la República, que era un órgano bicameral”[13].

Si mal no recuerdo, cuando el pueblo venezolano votó a favor de los opositores al chavismo y el parlamento de Venezuela quedó en manos de la oposición -cosa que ocurre frecuentemente en los países democráticos-, entonces Maduro “le quitó” a la Asamblea Nacional todos sus poderes, entregándoselos a una supuesta Asamblea Nacional Constituyente, con “facultades plenipotenciarias”, cuyos miembros fueron designados por el mismo Maduro[14].

Todo esto, lo hizo Maduro mediante un decreto presidencial[15]. En otras palabras: pasó a llevar la Constitución mediante un decreto presidencial…! Me da dolor de estómago sólo al pensar en una barbaridad así. De la pirámide kelseniana de jerarquía normativa[16] parece que nunca escucharon…! No sólo no saben nada de economía, sino tampoco de derecho.

Es evidente que Guaidó es presidente “encargado” -esto es interino o temporal- de Venezuela como representante de la Asamblea, del Parlamento venezolano, elegido por el propio pueblo. De allí proviene su legitimidad. Legitimidad que, de todas maneras, es mayor que la de Maduro[17]. Sobre la supuesta legitimidad de Maduro, recordemos que “Los 14 países del Grupo de Lima desconocieron los resultados en Venezuela y llamaron a consultas a sus embajadores en Caracas”[18].

Séptimo: Maduro es el presidente legítimo y fue elegido democráticamente. Esto es muy relativo. Maduro fue elegido en una elección donde los principales candidatos de la oposición fueron “inhabilitados”. Había miles de presos políticos y la prensa estaba amordazada. “El Gobierno canadiense insistió que no pueden existir una democracia y elecciones libres en un contexto en el que hay prisioneros políticos, limitaciones a la libertad de prensa y arresto domiciliario para dirigentes de la oposición”[19].

“Los principales candidatos de la oposición no pudieron postularse por procesos administrativos y penales en su contra, incluyendo a Henrique Capriles, aspirante en las elecciones de 2012 y 2013, Leopoldo López, condenado a una pena de casi 14 años por las protestas de 2014, así como otros como María Corina Machado y el mayor general Miguel Rodríguez Torres, chavista disidente, hoy también encarcelado”[20].

Con respecto a la elección de Maduro, es importante conocer lo que dijo el Grupo de Lima. Un buen resumen en Wikipedia: “The Lima Group has overtly condemned the presidential elections called for by the Bolivarian government, describing them as unobserved, unjust and undemocratic. Days before the planned election date, the Lima Group – alongside the United States and the European Union – called for the cancellation of the election and prepared for responses should the election be held. Following the election which strengthened President Maduro’s position, the fourteen member nations of the Lima Group recalled their ambassadors from Venezuela”[21].

Como bien dijo el “canciller paraguayo, Eladio Loizaga indicó que las elecciones presidenciales en Venezuela no son “sinónimo de democracia” mientras haya «partidos opositores inhabilitados y presos políticos»”[22]Es cierto, las elecciones democráticas tienen que ser libres e informadas y de libres e informadas, poco y nada hubo en la elección de Maduro como presidente el 2018.

Octava mentira: apoyar a Guaidó llevará a una guerra civil. O al consabido “un millón de muertos”. Sí, este es uno de los más recurridos pseudo-argumentos para sostener que es mejor apoyar a Maduro, porque, de otra forma, habrá derramamiento de sangre y sobrevendrá la inestabilidad.

Entre paréntesis, es la típica argumentación de los ultraconservadores europeos para oponerse a todo cambio en otros países, porque “habrá inestabilidad”. En el fondo, es una manera de perpetuar la injusticia y negarse a aceptar cualquier cambio. Prefieren la tiranía a un intento de cambiar el sistema. En esto se unen la ultra izquierda y la ultra derecha. Con esta forma de pensar, todavía viviríamos en un régimen de monarquía absoluta en Europa. Hitler y Stalin continuarían en el poder. Y Muammar al-Gaddafi seguiría cantando bajo la lluvia[23].

Reitero que es la permanencia de Maduro en el poder es la causa de la inestabilidad, de la violencia y lo que realmente puede llevar a una guerra civil. Si Maduro amara a los pobres, renunciaría[24]. Si Maduro amara a su país, renunciaría y evitaría así, no sólo más muertos, sino la pobreza… Sin el chavismo, Venezuela podría recuperarse económica, social y moralmente.

Tengo que advertir, eso sí, que no se trata de que se vaya Maduro, sino de que se vaya al chavismo. Flaco favor sería que Maduro renunciara; pero que otro chavista ocupara su lugar. Venezuela tiene que volver a la normalidad democrática y dejar ya de experimentar con ideologías políticas pretéritas, pasadas de moda y fracasadas. Para eso, es indispensable el cambio. Un cambio que sí se puede.


[4] Sobre el Grupo de Lima, en Wikipedia.

[5] “During the 2019 Venezuelan presidential crisis, the Representative of Peru in the United Nations Security Council condemned what was described as an “illegitimate socialist regime”, stating “We have received 700,000 Venezuelan refugees and migrants due to the crisis that is the responsibility of Maduro”, 2019 Venezuelan presidential crisis, en Wikipedia.

[6] Me gustaría citar aqui diarios mexicanos; pero técnicamente no se puede hacer. Lo que es absurdo, ya que poner un link no es copiar contenidos.

[7] Emblemático es el caso del embajador alemán en Caracas, que fue declarado persona non grata, por parte del gobierno chavista, después de esta entrevista: Embajadores europeos en Venezuela asisten al aeropuerto internacional para respaldar a Guaidó

[12] Es curioso que un país tan grande como Rusia, tenga una economía que es tan pequeña como la economía de Italia.

[17] Como por lo demás, recalcó esta mañana el parlamentario europeo y ex-presidente (2012-2107) del Comité de Asuntos exteriores del Parlamento europeo, Elmar Brok: Deutscher Botschafter soll Venezuela verlassen Brok: „Guaidó hat als einziger demokratische Legitimation“

[24] Esto lo debería escuchar la señora Barrientos, del Partido de Izquierda, de Alemania, que dió una entrevista en que señaló que Guaidó no quiere volver a Venezuela porque quiera hacer algo bueno para los pobres, sino sólo porque quiere “provocar”. „Er kehrt ja nicht zurück, weil er was Gutes will, gerade für die Armen in Venezuela, sondern weil er provozieren will“, .Barrientos (Die Linke) zu Venezuela Guaidó „kehrt nicht zurück, weil er Gutes will“

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Somos muchos abogados y poetas; pero muy pocos químicos, físicos y biólogos

Aún no he terminado el libro de Bill Bryson, A Short History of Nearly Everything o Una breve historia de casi todo, del 2003. Pero me llama la atención que -hasta ahora- no haya citado a ningún científico con apellido español. En el registro de nombres al final de la obra, tampoco aparece ninguno.

No hay ningún Salazar, ningún Sánchez, ningún Alderete, ni Valdivia, ningún González, Pérez o Gómez. Pese a que España fue una gran potencia (en el siglo 16) y era el Imperio donde no se ponía el sol. Y pese a que los latinoamericanos somos millones e incluso somos una minoría importantísima en los Estados Unidos (en ella, cifro mis esperanzas).

¿Por qué…? Reviso la lista de los Nóbel, buscando apellidos familiares. El primero es Luis Walter Álvarez (estadounidense, abuelo cubano-espanol) recibió en 1968 el Nóbel de química… Uffff, nos salvamos… Los hispanics norteamericanos son nuestra esperanza: Sí se puede, Yes we can!

Descubro otro nombre hispanic: Santiago Ramón y Cajal. Español, Nóbel de Medicina en 1906. Luego, Severo Ochoa, en 1959, español; pero que emigró primero a Alemania y después a los EEUU, donde se nacionalizó. Para volver a Espana en su vejez, a los 80 años. Son personas que no triunfaron en sus países y debieron emigrar. Probablemente, si no hubiesen emigrado, se habrían quedado sin Nóbel.

¿Por qué el matemático y físico mexicano Raúl Rojas González (elegido profesor universitario del año 2015 en Alemania) debió emigrar para triunfar? ¿Por qué no podía haberse quedado en México desarrollando sus robots que juegan fútbol, sus aviones y sus autos no tripulados. En este caso, su auto no tripulado no se llamaría Spirit of Berlin, sino tal vez Espíritu de la Ciudad de México 😉

De los cinco argentinos ganadores de un Nóbel, dos de ellos recibieron el de la Paz y tres, Nóbeles científicos: Houssay (de ascendencia francesa) ganó el de Medicina en 1947. Leloir que nació en París en 1906, el de química en 1970. Ambos investigaron en Argentina y no emigraron al extranjero (salvo para estudios o perfeccionamiento). César Milstein (hijo de ucranianos que habían emigrado a Argentina), recibió el Nóbel de Medicina en 1984. Había emigrado a Gran Bretaña, trabajó toda su vida en la Universidad de Cambridge y se nacionalizó británico.

En Economía, tampoco hay ninguno. ¿Por qué será?

Pero hay más Nóbeles en literatura: empezando por uno -para mí- desconocido: José Echegaray, en 1904. En 1945, nuestra injustamente olvidada Gabriela Mistral, la que quería ser reina, la de los piecesitos de niño azulados de frío… La que defendió a las indias americanas cuando fueron tildadas de “monas” (femenino del mono, esto es, del simio) por una horda de varones españoles, presididos por MIguel de Unamuno [1].

En 1956, Juan Ramón Jiménez, que debió emigrar, en 1936 a América (Estados Unidos, Cuba y  Puerto Rico, donde falleció). En 1971, Pablo Neruda que alababa a las mujeres cuando callaban, porque estaban como ausentes… El colombiano Márquez en 1982[2]. En 1989, el tremendista Celá. El ’90, el diplomático mexicano Octavio Paz. El ’98, Saramago. 2010 Vargas Llosa papá. Contar los Nóbel de la Paz es una tarea que dejo a los lectores.

Claves para entender esta predilección nuestra por las humanidades, en desmedro de la ciencia natural, me parece encontrarla en los libros de nuestro insigne historiador chileno, Jaime Eyzaguirre[3]. A esto, me referí el 2010. Como dije en aquel entonces: “Entre el hidalgo y el gentleman, prefiero al científico“.

Eyzaguirre sostiene (Revista Criterio 2288) que: “El gentleman ‘arquetipo de la nueva cultura, un producto de utilitarismo de Bentham, y del puritanismo, para el cual el éxito económico llega a ser signo de predestinación pone en poseer la materia toda la fuerza de sus sentidos… realiza una búsqueda anhelante… y especuladora de esas riquezas que le darán más prestancia y bienestar. Por eso, el gentleman, a pesar de todos sus estudiados modales, es en el fondo un mercader; mientras el hidalgo, no obstante su raída exterioridad, es un señor. Porque propio del mercader es saber ganar; y propio en cambio del señor, es saber perder” .

Qué tiene de malo ser un “mercader”, un comerciante[4]. No entiendo ese desprecio por el libre comercio. Por el trabajo duro, en que nos ensuciamos las manos y acarreamos sacos de nueces o resmas de papel. Para qué hablar de los artesanos, de quienes trabajan con sus manos. O tal vez con palas… El comercio una a los pueblos. Un pueblo que comercia, se trata, se conoce, de casan entre ellos. El comercio ha sido siempre en la historia, un vehículo de paz. Interrumpido por guerras que generalmente eran ocasionadas por anhelos de dominación política, propios de los gobernantes y no del pueblo comerciante.

Tampoco puedo adherir a la mentalidad errada de despreciar a los loser o perdedores; ni quiero elogiar al perdedor como superior al ganador. De castigar con altanería al que logra algún triunfo. Para mí, no hay nadie que sea perdedor, el “fracasado” no existe. Cada persona sigue su camino y llega a su destino, a veces por rutas escabrosas o en zig-zag.

En mi opinión, la frase de Eyzaguirre tiene que ser vista en el contexto hispanista en que está escrita: en el marco de un elogio ilimitado a España (tradicional) y de desprecio a quienes el historiador considera sus enemigos o al menos, sus rivales en la historia: Alemania y Gran Bretaña, especialmente… Y los Estados Unidos, país que, para los hispanistas, como cabeza del mundo anglosajón, liberal y no católico del siglo 20 era/es/fue su eterno antagonista[5]. El Gentleman sería el ideal británico. El científico, según yo, sería el ideal alemán, francés e incluso, en parte el italiano. Ante todos ellos, los hispanistas trataban de hacer aparecer a lo que ellos consideraben el ideal español del hidalgo, como superior.

El hidalgo podía pensar, podía escribir, ser un literato, un filósofo (si era cura, podía ser teólogo); pero le estaba vedado trabajar con las manos, ser un artesano, un campesino, un maestro… El abolengo, la herencia, los ancentros, era algo que lo hacía infinitamente superior. El self-made-man (¿la self-made-woman no existe?) es más bien considerado en la detestable categoría del “nuevo rico”. Para los hispanistas, triunfa la familia; no el individuo, sospechoso de ser liberal, protestante, etc., etc.

Creo que el problema es profundo y que Joaquín García-Huidobro lo ha entendido muy bien en su libro “Una locura bastante razonable” (la locura razonable es el cristianismo), concretamente, en la pág. 48 se refiere a este tema. Hace un recuento breve de lo que el mundo latino ha descuidado: 1) la liturgia 2) la Biblia y 3) el trabajo.

Es, a propósito del trabajo donde el profesor de la Universidad de Los Andes se refiere a nuestro tema[6]: Una “consideración positiva del trabajo incluye el trabajo manual y el comercio, cosa que era incomprensible en el mundo del Quijote. Una persona tan lúcida como el historiador Jaime Eyzaguirre hace una dura comparación entre el gentleman y el hidalgo, mostrando la superioridad de éste. Sin embargo, cuando se leen atentamente esas páginas de la Fisonomía histórica de Chile[7], cabe apreciar en ellas una dosis importante de esa incomprensión latina por el mundo del norte. El hidalgo no es superior al gentleman, aunque tampoco inferior, como piensan los que se sienten acomplejados de nuestra herencia hispánica. Es simplemente distinto”.

Me parece que es clave la distinción que hace Joaquín entre trabajo manual y comercio y lo que yo llamaría trabajo intelectual o filosófico. Asimismo, pienso que, en un mundo felizmente globalizado, como el nuestro, tantas distinciones entre gentleman o hidalgos, tienen poco o, más bien, nada de sentido y hay que superarlas.

Como escribe Andrés Oppenheimer, en su libro Crear o morir “somos todos  filósofos, sociólogos y poetas” (pag. 55). En otras palabras, en Latinoamérica, tenemos demasiados humanistas; pero muy pocos científicos. El periodista argentino que vive desde los ‘70 en Estados Unidos, continúa: “63% de los dos millones de jóvenes que egresan anualmente de las universidades de Latinoamérica y el Caribe se gradúan en carreras de ciencias sociales y humanidades, mientras que apenas 18% egresan con licenciaturas en ingeniería, ciencias exactas y ciencias naturales”. (pág. 56).

En otras palabras, tenemos demasiados abogados (entre quienes me cuento, aunque soy fanática de la ciencia), muchos periodistas, muchos administradores públicos; pero pocos biólogos, pocos físicos, astrofísicos, astrónomos, geólogos, pocos matemáticos, o químicos, bioquímicos, farmacéuticos y los que hay -digamos las cosas como son- tienen poco prestigio social, lo que en una sociedad clasista, es una marca negativa muy grande. Curiosamente, entre nosotros, los científicos (salvo que sean médicos y ganen mucha plata) son considerados perdedores, mirados como loser, en circunstancias que ellos, realmente deberían ser muy admirados, y considerados los mayores triunfadores.

“La falta de una buena educación en matemáticas, ciencia y tecnología ha contribuido al atraso tecnológico de los países latinoamericanos, a su excesiva dependencia de las exportaciones de materias primas y —en la segunda década del siglo XXI, cuando dejaron de crecer los precios de estas últimas— a su desaceleración económica. Ahora, es cuestión de crear una obsesión nacional por la educación, con especial énfasis en las matemáticas y en las ciencias, para diversificar sus fuentes de ingresos e insertarse en la nueva economía del conocimiento” (pág. 31). Así es: Oppenheimer tiene toda la razón. Fanaticémonos por la ciencia -por lo demás, tan entretenida-, por la matemática, hagamos de Baldor (otro hispanic emigrado a los Estados Unidos) nuestro héroe[8].

Aumentemos las horas de matemáticas en los colegios[9]. Necesariamente, tendremos que disminuir otras. Demos la oportunidad de elegir ramos científiicos, más horas de ellos. Más laboratorios. Cuesta plata; pero es la mejor inversión. Motivemos a los niños en estos temas, hagámoslos investigar, descubrir fósiles. Entusiasmemos a los papás y mamás en estos temas. No todo es responsabilidad del estado, del sistema, del ministro de educación, del colegio; la familia puede hacer mucho bien incentivando a los hijos, nietos y sobrinos en la predilección por la ciencia y la matemática. Que estas no sean sólo actividades para “gringos locos”, sino para todo hijo de vecino. Llevémoslos al museo de historia natural y no sólo al mall.  

Admiremos socialmente a quienes estudian carreras científicas. Olvidemos los antiguos prejuicios venidos con los conquistadores: el hidalgo no es superior a todos los demás. Ni a los comerciantes, ni tampoco a los científicos. Cuando el hijo o la hija de una familia tradicional hispanoamericana (no tenemos que ir muy lejos, me puedo imaginar la escena live en Santiago), anuncie que quiere estudiar bioquímica o astrofísica y toda su familia se alegre, haga una fiesta y la apoye, habremos superado una de las más fuertes barreras: la barrera social. Sí, la barrera social existe, podemos tener los mejores curricula, los mejores profesores, los mejores alumnos; pero no vamos a sacar nada, si no la superamos.

Entre paréntesis, cuando escucho que las mujeres tenemos que estudiar algo facilito, me da dolor de estómago. Es cierto: no podemos ser hidalgas; pero si podemos ser científicas o matemáticas. Incluso astronauta[10]. Pero claro, este es otro tema.


[1] “Más tarde, en 1932, ya famosa e idolatrada, cónsul en Génova, descalificó a Mussolini. Fue despachada de inmediato de su cargo, luego del reclamo oficial del Gobierno italiano. La enviaron a España, y la rebelde, en medio de una comida de intelectuales más o menos regada, alabó la mezcla española-india en Latinoamérica, pero criticó los afanes ultraconservadores de la dictadura de Primo de Rivera. Un escritor fascistoide se burló de ella y, entre copa y copa, le espetó: ‘Lo que sucede es que esta señora no sabe que, si los españoles tomaron indias, fue porque allá no había monas’. Gabriela no pudo contener la ira y recurrió a Miguel de Unamuno en busca de apoyo. El escritor vasco fue aún más cruel con los indígenas, ¡qué mueran!, fue su respuesta. Desde luego la culpable de todo resultó ser la poetisa y de inmediato fue trasladada a Portugal”. Anecdotario de sobre Gabriela Mistral

La “anécdota” (no me gusta que se le llame simplemente “anécdota”, como para quitarle importancia) está recogida en el libro de Volodia Teitelboim: Gabriela Mistral, pública y secreta, en la página 46, el cap. “La Bomba”, sobre la experiencia racista que la ilustre poetisa sufrió en España.

[2] …el de la Saga de los Buendía, donde hay un incesto tras otro, descrito como si fuera lo más normal del mundo.

[3] Fui ayudante de María Angélica Figuera, quien a su vez, fue ayudante de Jaime Eyzaguirre y su sucesora en la cátedra de Historia del Derecho, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

[4] Mi bisabuelo materno era comerciante en el Norte de Chile. Sus ascendientes, mineros, dueños de minas de oro (lamentablemente, todas extinguidas en el siglo 18 ó en el 19). Mi papá, ingeniero comercial de la Universidad de Chile y pequeño empresario. Mi abuelo paterno administraba un fundo o varios en el Sur y -por la casa en que vivía: una manzana completa en medio de la ciudad- deduzco que descendía de una familia de encomenderos. Hay abogados entre mis antecesores: Rodrigo de Rojas y Pleigo, juez oficial de la Real Audiencia de La Serena, por allá por el lejano año de 1620. Diego de Rojas, Hernando Bravo de Villalba (Licenciado en Leyes en la Universidad de Salamanca), o Gaspar de Alderete. Etc.

Uno de mis abuelos de hace n generaciones es el gran Juan de Matienzo de Peralta, quien, además de una notable carrera jurídica, de la que cuenta Wikipedia: oídor y presidente de la Audiencia de Charcas y de Lima, fue un economista… Bueno, un protoeconomista. Se puede comprar libros suyos, incluso en Amazon.

Pero en definitiva: muchos abogados, un protoeconomista y ningún científico.

Se puede decir que el primer científico de mi familia fue mi tío Herbert Wroblewski Cruz, que tuvo la suerte de estudiar en la Deutsche Schule de Santiago y recibir una educación científica y matemática mejor a la chilena de entonces.

[5] Recuerdo los “200 millones de cowboys”, que constituirían la población de los EEUU, como decía el Cura Lira. Hoy son más de 300 millones.

[6] Texto en “Contra un cristianismo manco”, publicado en uno de mis blogs.

[7] La primera edición de esta obra es de julio de 1948 en México. La segunda, de marzo de 1958, en Santiago. La tercera de abril de 1973. Desde entonces, suguen nuevas ediciones casi todos los años o año por medio.

[8] Uno de los libros más populares en mi colegio. Pero claro, décadas después de egresar, me doy cuenta que no estuve en un colegio común y corriente.

[9] En diciembre de 2010, el entonces ministro de educación chileno Joaquín “Lavín anunció una reforma educacional que pretendía reforzar los subsectores de Matemáticas y Lenguaje, por medio del aumento de horas semanales de éstos, para así ayudar al aumento de los resultados en el SIMCE y la PSU.16 Sin embargo, para llevar a cabo este proyecto, anunció el recorte de las horas de Historia de 4 a 3 semanales, lo que generó un fuerte rechazo en un sector de los profesores, además de las Facultades de Historia de diversas universidades,17 y de la Concertación y el Partido Comunista. A pesar de ello, siguió siendo el segundo ministro mejor evaluado, según lo mostrado por varias encuestas. La medida finalmente se revocó”, copiado de Wikipedia.

Sólo puedo decir: lamentablemente, la reforma -era una recomendación de la OECD- no se implementó. A mi modo de ver, Chile no capta todavía lo que significa ser país miembro de la OECD. Espero que lo capte algún día.

[10] La Astronauta italiana Samantha Cristoforetti