Los carabineros ya no son santos

¡Olvídense de Teresa de los Andes, de Laura Vicuña y del Padre Hurtado! Los santos más populares de Chile han sido tres: Arturo Prat, Gabriela Mistral y los Carabineros. No sé que quede de la santidad popular de los dos primeros; pero los carabineros parecen no ser más santos ante los ojos del pueblo. O, al menos, ante los ojos de una parte del pueblo, tal vez pequeña, pero muy ruidosa.

En cuentas de activistas de ultraizquierda en redes sociales y en los “medios alternativos” -que más que informar muestran la realidad desde su visión sesgada y propagandística- observo un ataque despiadado hacia carabineros, ataque que se extiende a toda la gente que intenta defenderlos o, al menos, trata de ser objetiva con respecto a la fuerza policial chilena. Se organizan verdaderas “funas digitales” en su contra.

Los “cargos” que la extrema izquierda -o ultraizquierda, como se la denomina generalmente en Chile- hace a carabineros son exactamente los mismos que la extrema derecha europea hace a las policías europeas: corrupción, drogadicción, represión, comisión de delitos, amenazas, manipulación, sobornos, brutalidad, etc.,etc.[1]. ¿Qué pretenden los extremistas con la difamación despiadada de las fuerzas policiales? Sin duda, el desprestigio del estado y su consiguiente desestabilización, para luego suplantarlo por un nuevo orden.

Carabineros representa el monopolio de la fuerza que ejerce el estado en nuestro sistema liberal democrático y representativo de gobierno, que rige las “naciones civilizadas” desde la Ilustración. Sí, desde el siglo XVIII, la justicia por la propia mano ha sido sustituída paulatinamente por la justicia que nos ofrece el estado nacional. Los lynchamientos, las vendettas y la ley del talión no tienen cabida en un sistema civilizado de sociedad. El orden jurídico y su cumplimiento son obligatorios para todos y es precisamente la labor policial crucial para hacerlo cumplir.

Karl Popper, en su libro “La sociedad abierta y sus enemigos” (una de las obras más influyentes del siglo 20), sostiene que mantener el orden -lo que supone el castigo de los delitos y su prevención- dentro del estado nacional es un gran logro que anteriormente se consideraba una utopía[2]. Este castigo está a cargo de la policía y de la justicia penal que obviamente no es ni privada, ni paramilitar, sino estatal.

La policía representa en todos los países del mundo occidental el triunfo del estado de derecho sobre la anarquía y el caos, sobre la arbitrariedad y la injusticia. Antes, se consideraba una utopía crear instituciones que lograran asegurarar la paz social. Su creación y la prevención del crimen eran considerados como algo irrealizable[3]. La misión de la institución de Carabineros de Chile es asegurar el imperio de la ley por sobre la ley del más fuerte; esta última más que una ley, es una aberración y significa el regreso a la época de las cavernas. Pero si las cosas siguen como hasta ahora, parece que para allá vamos.

En un país civilizado, el castigo de los delitos y su prevención no está en manos de brigadas paramilitares, ni de grupos de narcotraficantes, ni tampoco de “jóvenes idealistas” en el mejor de los casos, deslumbrados por un pseudo ideal anarquista. Tales “organizaciones” no pueden decirme qué tengo que hacer con mi vida, donde tengo que ir o si tengo que “bailar para pasar”.

El último ataque armado a una tenencia de Carabineros en La Granja[4] obedece a una estrategia muy clara y sumamente peligrosa para una sociedad moderna y supuestamente civilizada. La táctica de esta revolución permanente, en que una bulliciosa minoría está empeñada, consiste en el hostigamiento permanente a carabineros.

Lo ocurrido en La Granja, me recuerda la balacera ocurrida la semana pasada en Villa Unión (nombre nada de apropiado para una ciudad dividida), en México en que paramilitares narcos atacaron con armas de fuego un local policial, dejando un saldo de 24 muertos, de ellos, 18 atacantes, dos transeúntes y cuatro policías. No sé si esta situación sea deseable para nuestro país, creo que no.

No sería bueno que Chile se convirtiera en una especie de “zona neutral”, al estilo de “The Man in the High Castle”. Pero me temo que se le parece cada vez más y, cada vez escucho más voces intelectualoides que parecen estar muy feliz con ello. Sobre todo jóvenes ayudistas, tal vez estudiantes y estudiantas que, luego de “avivar la cueca” de la Plaza Italia para abajo, regresan felices a sus casas, donde la nana les tiene lista la comida e ingieren un rico bocado, escuchando música extranjera a través de alguna plataforma de streaming. Cuando les corten la luz como consecuencia de algún atentado terrorista, vamos a ver si van a seguir tan felices.

El objetivo inmediato es que algún carabinero pierda la paciencia o se vea acorralado de tal forma que no vea otra salida y le dispare a alguien. Que ese alguien muera y sea estilizado como figura de la “resistencia” frente al estado opresor[5]. Da lo mismo si esa persona formaba o no parte del grupo de manifestantes o simplemente pasaba por la calle en esos momentos. Da lo mismo, si un carabinero le disparó directamente o fue víctima de una “bala loca”. Asimismo, si no logran provocar a un carabinero para que dispare, da lo mismo, siempre se lo pueden endosar el hecho a un uniformado.

Me parece que esto último fue lo que intentaron hacer con el Ejército durante los pocos días que duró el estado de excepción[6]. En este sentido es sintomático que la Fiscalía retirara los cargos por homicidio contra el joven militar detenido por la muerte de manifestante en Curicó, ya que probablemente el autor fue una persona que participaba en las manifestaciones[7]. Pero las cuentas de activistas y los “medios alternativos” divulgaron como un hecho que un militar habría matado a un manifestante… Es difícil imaginar una aplicación más clara de la teoría de la desinformación.

Es exactamente la misma estrategia de la extrema derecha europea, que también se llena la boca con la palabra “Resistencia”, que también es omnipresente en imágenes y en textos de las cuentas de los extremistas chilenos y de sus “ayudistas”. Los ayudistas -dice el político de izquierda Mario Waissbluth- “son los inocentes marchantes indignados, que sienten que la ‘primera línea’ los protege”. La primera línea estaría integrada por los “jóvenes violentistas”[8].

En resumen: el ataque verbal y físico a carabineros es algo que observo desde hace ya harto tiempo[9]; pero que desde octubre ha cobrado rasgos muy fuertes tiene una doble finalidad: 1) desprestigiar a Carabineros que es la fuerza del estado chileno para garantizar el estado de derecho 2) Lograr la muerte de al menos una persona, para utilizarla como palanca en la siembra del odio contra la fuerza pública.

En definitiva, de lo que se trata es de socavar, derruir y finalmente destruir el estado de derecho, del que Carabineros es un esencial garante. De debilitar, desprestigiar y desestabilizar al estado de Chile, del cual Carabineros, como institución, es su “representante”. Para finalmente derrocar al gobierno y sustituirlo por otro que se embarque en la empresa de construir o más bien de imponer otro tipo de estado, otro sistema político y otro modelo económico.

No, los carabineros no son ya más santos; en realidad, nunca lo fueron. Tal vez sea mejor así, es preferible que haya hombres y mujeres de carne y hueso trabajando por el bien común, por el “orden y patria”, garantía del estado de derecho, del imperio de la ley, que a supuestos santos que, en realidad, no existen. Sería preferible que, simplemente, volvieran a ser “un amigo en tu camino”.


[1] Como muestra, un botón: vean este meme (hay muchos como este, todos de la misma procedencia y con el mismo texto, sólo cambia la persona que “grita”), de una página que no sé si es de extrema derecha o de extrema izquierda, ya que ambos sectores son gemelos.

[3] Cfr. Karl Popper, Die offene Gesellschaft und ihre Feinde, tomo I, página 219.

[4] Ataque a Tenencia Rivera Lopez, 10ª Comisaría La Granja, dejó un saldo de tres carabineros heridos a bala.

[5] En Chemnitz, la antigua “Ciudad de Carlos Marx” (fue su nombre oficial durante casi medio siglo) a fines del verano pasado, fue asesinado, bajo circunstancias aún no aclaradas del todo, un cubano-alemán que no podía ser menos extremista de derecha. Sin embargo, la extrema derecha usó su muerte, primero ocultando su origen extranjero y luego, estilizándolo como una “víctima del pueblo alemán”. Sí, la extrema derecha europea y la extrema izquierda latinoamericana se parecen mucho.

Evo Morales vs Piñera

No sin cierta superficialidad, se compara a Evo Morales con Sebastián Piñera y se pide la renuncia del segundo, ya que el primero renunció. Con ello se compara Chile y Bolivia o más bien, la situación política muy complicada de ambos países. Pero ¿es esta una comparación válida? ¿Se puede comparar sin más ambos países, ambos presidentes, ambas situaciones?

Antes que nada, el presidente de Bolivia violó la constitución que él mismo se dió, elaborada por una asamblea constituyente designada por él mismo -por su gobierno- y aprobada en un plebiscito convocado y realizado durante su primer mandato. Si, en octubre de este año, Evo Morales ya llevaba tres mandatos e iba por el cuarto, en circunstancias que su propia constitución no acepta la reelección. Para eso, él trató de reformarla; pero no le resultó, ya que perdió en el plebiscito convocado para este efecto.

La Constitución de Evo, de 2009 -llamada pomposamente plurinacional- fue aprobada por simple mayoría y no por los dos tercios que establecía la constitución anterior. Sí, entre una y otra constitución tiene que haber continuidad y toda nueva carta fundamental debe ser elaborada y entrar en vigencia de acuerdo a las normas de la anterior. Lo que no se dió en Bolivia.

Hagamos un poco de historia: Morales fue elegido presidente por primera vez en el 2005, la asamblea constituyente fue designada el 2006 y la constitución, promulgada el 2009. El 2014, los jueces nombrados por él, decidieron “no contar” su primer período tras la antigua constitución como un periodo presidencial, para poder ser reelegido presidente. Así, Evo Morales se convirtió lentamente en un presidente vitalicio, en un rey sin corona, en un monarca sin cetro o bien, en un simple tirano hispanoamericano como otros muchos. Estamos pues ante un renacimiento del consabido caudillismo latinoamericano.

En 2016, Evo Morales intentó reformar la constitución, para permitir su reelección el 2019. Sin embargo, su proyecto de reforma constitucional fue rechazado claramente en un referéndum. El pueblo se decidió en su contra. En contra del rey sin delfín. En contra de quien se había atornillado en el poder y se consideraba imprescindible y se consideraba a sí mismo como el único que podía resolver los problemas de Bolivia: él y nadie más que él.

Como el poder corrompe[1], Evo quiso trocarle la nariz a la constitución y al pueblo y recurrió al tribunal constitucional que, por unanimidad de los jueces nombrados por él mismo, resolvió a su favor. Los jueces “sumisos” al régimen dictaminaron que Morales tenía el “derecho humano” a su reelección: sería una mera cuestión de DDHH reelegir a Morales. Así, mediante un resquicio legal, Evo hizo caso omiso de la constitución o más bien, la violó abiertamente.

Esta triquiñuela de Morales (que no hace honor a su nombre) no causa nada más que un sentimiento entre risa y repugnancia; pero en Bolivia, fue aceptada. Fue aceptada y, en octubre de 2019, se realizaron elecciones presidenciales. En ellas, parece no caber dudas a nadie de haber sido cometido un masivo fraude electoral.

La supuesta victoria del candidato del MAS, sigla detrás de la cual se esconde el partido de Morales, de su Movimiento Al Socialismo, no fue reconocida por observadores internacionales, ni tampoco por los observadores nacionales. La acusación de fraude era demasiado grande, el fraude demasiado evidente, en un estado controlado por el gobierno del Movimiento Al Socialismo.  

A continuación, comenzó una protesta de la sociedad civil que concluyó con la huída de Evo y de todos sus ministros a México y a otros países entre los cuales, al parecer, no se cuentan no Cuba, ni Venezuela, sus aliados políticos en la Región. Por favor, corríjanme si me equivoco en este punto y alguno de sus ministros ha decidido refugiarse en alguno de estos dos países posteriormenre a la publicación de esta columna.

“¡Qué diferencia con Chile!” clama Ian Vásquez, el columnista de El Comercio de Perú, en su artículo que titula “Bolivia vs. Chile”. Escribe: “La alternancia del poder en Chile se ha dado desde el regreso de la democracia en 1990, siendo la izquierda la que ha gobernado la mayoría del tiempo. Durante ese período, la Constitución ha sido cambiada numerosas veces y legitimada por los partidos de izquierda”[2]. Efectivamente, la izquierda chilena ha gobernado 25 de los últimos 30 años; pero, paradojalmente, culpa de todo lo malo a la derecha.

En realidad, la diferencia entre Bolivia y Chile es abismal. Y no me refiero a las diferencias históricas, sino a las actuales. A diferencia del boliviano, el gobierno actual de Chile respeta la Constitución. Si la Constitución no permite la reelección, simplemente, no se presenta el candidato para una reelección inmediata. Las reglas del juego están claras y hay que seguirlas. En Chile, el rayado de la cancha siempre fue sagrado.

Chile es un país con un tribunal constitucional independiente. El tribunal constitucional boliviano era sumiso y se hallaba bajo el control del presidente Morales. En Chile, el gobierno puede esperar que el TC falle a su favor, pero no lo puede obligar. En Bolivia, lo pudo obligar a fallar a su favor.

En Chile, hasta ahora, se ha buscado el acuerdo entre los diversos partidos políticos, salvo ahora, en que la extrema izquierda busca una ruptura violenta, un cambio de sistema, como le llaman en su retórica altisonante. Me pregunto ¿cuál es el sistema que nos quieren imponer? ¿Reemplazar la democracia liberal representativa por una democracia popular a la antigua usanza de los regímenes comunistas de antaño?

Algunos sostienen que su propósito es reemplazar el sistema o el modelo chileno por el de Alemania o Suecia. Lamento decirles que tanto Alemania como Suecia tienen sistemas democrático-liberal-representativos en lo político y de libre mercado en lo económico. Y que en ambos países, la policía es muy efectiva y no acepta actos de vandalismo, ni saqueos, ni tampoco delincuencia, ni crímenes comunes disfrazados de “resistencia”.

A propósito del “sistema”, una amiga argentina me dice que “Chile era el modelo para toda Latinoamérica y por eso, a la izquierda le interesa tanto destruirlo”. A lo que una amiga mexicana comenta “Eso mismo platicaba con mi familia el domingo pasado”. Y otra amiga argentina agrega: “Tal cual, Chile era el modelo”. De ahí el mayor ensañamiento ideológico en su contra.

Un tema que también se plantea y uno no muy tranquilizante es que “el vandalismo y la violencia desatada, los saqueos y la destrucción urbana” son la pavimentación hacia la extrema derecha. No sin razón Patricio Navia comentaba: “después de las protestas del 2014, una mayoría terminó votando a Bolsonaro”[3]. En este caso, “el sistema” tendría un vuelco inesperado, de acuerdo a la tradicional ley del péndulo que tanto conocemos los chilenos y el modelo sería reemplazado por otro cuyos propulsores consideren totalmente opuesto al actual. Me pregunto si para allá vamos… Sólo puedo responder que lo contrario de la extrema izquierda no es la extrema derecha. Lo contrario de la extrema izquierda es la democracia.

Que me disculpen los países productores de plátanos; pero es propio de “repúblicas bananeras” exigir la renuncia del presidente en ejercicio, que fue elegido en elecciones democráticas. Y esto lo sostengo tanto frente a quienes hoy exigen la renuncia de Piñera, como frente a quienes exigían la renuncia de Bachelet. De la misma manera, es altamente antidemocrático y no merece ni siquiera el más breve análisis, sostener “si yo no voté a Piñera, él no es mi presidente”, como he leído y escuchado en estos aciagos días.

Vásquez explica que, “la izquierda extrema…denuncia además que el Gobierno ha tratado de mantener la seguridad y el orden público ante el vandalismo y violencia que algunos manifestantes han desatado”[4]. Pero ¿no es esto lo normal? Un gobierno sería super irresponsable si no lo hiciera. Lo que correponde a un gobierno es defender las instituciones, defender el estado de derecho. Los cambios se hacen sin ruptura, de acuerdo a la antigua divisa democrática: evolución y no revolución.

Al gobierno le corresponde mantener la seguridad y el orden público frente a la violencia y al vandalismo. En este punto, el comentarista peruano tiene toda la razón. En un estado de derecho no rige la ley del más fuerte, sino que impera la fuerza de la ley. Esta es una de las más valiosas conquistas de la sociedad democrática, donde el estado tiene y ejerce el monopolio de la fuerza y los ciudadanos no necesitan recurrir a la autodefensa porque es el estado quien los protege y defiende sus derechos[5].

El columnista de El Comercio de Lima explica que, “la izquierda extrema, que ahora quiere derrocar al presidente, dice que Chile ha vivido 30 años de fracaso, a pesar de los hechos que cuentan otra historia”[6]. Bueno, de los 30 años, 25 han sido de gobiernos de izquierda. Pero eso, ¡a quién le importa cuando se trata de tergiversar la historia y los hechos y de presentar un relato a mi antojo, un storytelling que me beneficie y que evite preguntas molestas! Pero, como decía Stalin, “persigue al mentiroso hasta el umbral de su mentira”.

 


[1] La sentencia es de John Emerich Edward Dalberg-Acton. Su original en inglés: “Power tends to corrupt, and absolute power corrupts absolutely”

[5] “Este es un ‘gran logro civilizatorio de la modernidad, así se logró suprimir la barbarie’” La polarización es el semillero del extremismo

Ocho mentiras sobre Venezuela

Sobre Venezuela se cuentan muchas mentiras. A continuación, me voy a referir a algunas de ellas:

Primero: Chávez era bueno. Maduro no lo es. Esto es como aquella historia: el marxismo es bueno; pero fue mal aplicado. O el nacional socialismo es bueno; pero se les ocurrió matar a los judíos y ahí quedó la crema. No, entre Chávez y Maduro no hay solución de continuidad.

El debacle fue iniciado ya en vida de Chávez. La única diferencia es que a Chávez le tocó un alto precio del petróleo y a Maduro, no. Cuando Chávez inició el camino hacia el socialismo del siglo 21, contaba aún con un país que no había sido destruido y cuya población todavía no huía hacia otros países. A Maduro le tocó continuar la des-obra de Chávez y del chavismo. En esto, siguió el mismo camino trazado por su inspirador. (Ese que se la apareció en forma de pajarito).

Segundo: La crisis económica no es consecuencia de la revolución socialista, sino que sería consecuencia de las medidas de castigo norteamericanas. No, la crisis de Venezuela no se debe a una intervención extranjera, ni a una guerra económica, sino que es de origen casero. Es hecha en casa, made in Venezuela[1].

Es evidente que la crisis económica es también consecuencia de la baja del precio del petróleo y esto es algo que escapa al control del gobierno chavista o de gobierno alguno. Sin embargo, hay que preguntarse: ¿por qué los “líderes” socialistas no aprovecharon el alto precio del petróleo para diversificar su economía? Y así, ¿no depender del precio del crudo? (Entre paréntesis, es el mismo problema de Rusia. No es el discípulo más que el maestro).

Y, a propósito de crudo, es una vergüenza que el petróleo crudo venezolano tenga que ser enviado a Estados Unidos y Venezuela, deba comprarlo de ese país ya refinado, porque ellos son incapaces de refinarlo. ¿No querían no seguir dependiendo del país del Norte?

Los chavistas desaprovecharon la bonanza que les deparaba el alto precio del petróleo, para diversificar la economía venezolana: se dejó de producir en el país, que comenzó a depender absolutamente de las importaciones de los bienes más elementales. Emblemática es la falta del papel confort en Venezuela, que llevó al presidente Maduro a sostener que los venezolanos deberían ir menos al baño[2].

Esta es una crisis -no sólo económica- sino que social, política, humanitaria y de abastecimiento… de desabastecimiento, no provocada desde afuera, sino muy “desde adentro”. No sólo por la incapacidad de los gobiernantes, sino que por un proyecto de sociedad que únicamente puede llevar al fracaso[3].

Tercero: los países de la Región apoyan a Maduro. No es cierto, la mayoría de los países latinoamericanos NO apoyan a Maduro. Es más, la mayoría de ellos, reconoció a Guaidó como presidente de Venezuela.

El Grupo de Lima[4] y la Organización de Estados Americanos no sólo no apoyan a Maduro, sino que apoyan abiertamente a su sucesor Juan Guaidó[5]. Con excepción de México[6], gracias a su nuevo presidente, que no es que apoya a Maduro; pero tampoco apoya a Guaidó.

México es un poco como la extrema derecha europea, que no apoya directamente a Maduro; pero sí lo hace indirectamente, al sostener que no hay que “interferir”. No tomar partido por Guaidó y bloquear en consecuencia, igual como bloquea Italia, las decisiones de la Unión Europea sobre Venezuela. La extrema derecha europea hace en esto el juego a sus financistas rusos, tan interesados en conservar a Maduro en el poder. Y se parece mucho al actual gobierno de izquierda mexicano.

Los países de la Región que apoyan a Maduro son Bolivia y Nicaragua (bajo el dominio del matrimonio Ortega). Y en el mundo, son Rusia, China y Corea del Norte. Saquen ustedes mism@s las consecuencias.

Cabe hacer notar que, all regresar a su país, el lunes pasado, Guaidó no pudo ser arrestado por las autoridades gubernamentales, entre otras razones, porque los embajadores o encargados de negocios de la mayoría de los países de la Región y de la Unión Europea[7], estaban en el aeropuerto, para garantizar o asegurar su ingreso libre al país. (Los que sí fueron arrestados, fueron los funcionarios del aeropuerto que no sólo no lo arrestaron, sino que lo recibieron con un “Señor Presidente”). Después de todo, Guaidó es un parlamentario y la inmunidad parlamentaria es un principio esencial de la democracia representativa. ¿Será esto no tener apoyo de la Región Latinoamericana y de los países democráticos de Europa?

Recordemos que los países del Grupo de Lima retiraron o llamaron a consultas (que en la práctica es lo mismo) a sus embajadores en Venezuela, ya que “las elecciones en Venezuela no cumplieron los estándares internaciones de un proceso democrático y libre”[8]. Se refieren nada menos que a las elecciones de 2018, en que supuestamente ganó Maduro.

Asimismo, una de las posibles consecuencias de no poner fin a la crisis de Venezuela es que sí puede desestabilizar a toda la región[9]. Y no sólo por los tres millones de personas que han abandonado Venezuela huyendo[10] de la pobreza, de la violencia y del desabastecimiento. Suma que puede llegar a cinco millones en el curso de este año[11].

Cuarto: Los Estados Unidos quieren apoderarse del petróleo venezolano. Yo creo que no, porque los EEUU ya compran el petróleo venezolano. Quienes realmente han invertido grandes sumas de dinero en las empresas de petróleo venezolano son China y Rusia. De ahí su gran interés en mantener el status quo y a Maduro en el poder.

Ambos países temen perder los préstamos entregados a Venezuela. Préstamos no sólo en el ámbito del petróleo, sino también en el del armamento. El tema armamento es especialmente importante para Rusia -otra economía que sufre por la falta de diversificación y por la caída del precio del petróleo[12]– que ha concedido ingentes créditos a Venezuela para comprar armamento.

Quinto: La ayuda humanitaria está envenenada y los Estados Unidos quieren invadir el país junto con la ayuda humanitaria. Tengo que confesar que -en este punto- no soy imparcial, ya que, desde hace años, he colaborado en el envío de ayuda humanitaria a Venezuela. No sé cómo alguien podría envenenar a la población o invadir un país a través de la ayuda humanitaria. Invadirlo, ¿tal vez mediante un proceso de empequeñecimiento de soldados con las pastillas de Chiquitolina del Chapulín Colorado? ¿O quizás recurran a David Lynch? eek

No dejar ingresar la ayuda humanitaria es un acto de orgullo y de arrogancia extremas por parte de quienes no quieren aceptar donaciones de alimentos y medicinas provenientes del exterior sólo porque vienen “de afuera” y prefieren dejar morir a su propio pueblo que reconocer que se equivocaron y que su equivoación tiene consecuencias nefastas, más que nefastas, deletéreas para su propio pueblo.

Lo peor es que actualmente Venezuela cerró la frontera con Colombia, de manera que no se puede importart nada desde el país vecino; pero tampoco Venezuela puede exportar nada a través de Colombia, lo que significa que deja de recibir las tan necesarias divisas.

Sexto: Juan Guaidó carece de legitimidad. ¡Pero cómo va a carecer de legitimidad, si es el Presidente del Parlamento venezolano! ¿Puede haber más legitimidad?

“La Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela es el órgano unicameral que ejerce el poder legislativo en dicho país de manera constitucional, sin embargo el gobierno de Nicolás Maduro en 2017 asignó dicho poder a la Asamblea Nacional Constituyente mediante decreto oficial, ésto de manera temporal, acción que fue desconocida por el parlamento y parte de la comunidad internacional.​ Está conformada por 167 diputados. Nace después de la aprobación de la Constitución de 1999, reemplazando al anterior Congreso de la República, que era un órgano bicameral”[13].

Si mal no recuerdo, cuando el pueblo venezolano votó a favor de los opositores al chavismo y el parlamento de Venezuela quedó en manos de la oposición -cosa que ocurre frecuentemente en los países democráticos-, entonces Maduro “le quitó” a la Asamblea Nacional todos sus poderes, entregándoselos a una supuesta Asamblea Nacional Constituyente, con “facultades plenipotenciarias”, cuyos miembros fueron designados por el mismo Maduro[14].

Todo esto, lo hizo Maduro mediante un decreto presidencial[15]. En otras palabras: pasó a llevar la Constitución mediante un decreto presidencial…! Me da dolor de estómago sólo al pensar en una barbaridad así. De la pirámide kelseniana de jerarquía normativa[16] parece que nunca escucharon…! No sólo no saben nada de economía, sino tampoco de derecho.

Es evidente que Guaidó es presidente “encargado” -esto es interino o temporal- de Venezuela como representante de la Asamblea, del Parlamento venezolano, elegido por el propio pueblo. De allí proviene su legitimidad. Legitimidad que, de todas maneras, es mayor que la de Maduro[17]. Sobre la supuesta legitimidad de Maduro, recordemos que “Los 14 países del Grupo de Lima desconocieron los resultados en Venezuela y llamaron a consultas a sus embajadores en Caracas”[18].

Séptimo: Maduro es el presidente legítimo y fue elegido democráticamente. Esto es muy relativo. Maduro fue elegido en una elección donde los principales candidatos de la oposición fueron “inhabilitados”. Había miles de presos políticos y la prensa estaba amordazada. “El Gobierno canadiense insistió que no pueden existir una democracia y elecciones libres en un contexto en el que hay prisioneros políticos, limitaciones a la libertad de prensa y arresto domiciliario para dirigentes de la oposición”[19].

“Los principales candidatos de la oposición no pudieron postularse por procesos administrativos y penales en su contra, incluyendo a Henrique Capriles, aspirante en las elecciones de 2012 y 2013, Leopoldo López, condenado a una pena de casi 14 años por las protestas de 2014, así como otros como María Corina Machado y el mayor general Miguel Rodríguez Torres, chavista disidente, hoy también encarcelado”[20].

Con respecto a la elección de Maduro, es importante conocer lo que dijo el Grupo de Lima. Un buen resumen en Wikipedia: “The Lima Group has overtly condemned the presidential elections called for by the Bolivarian government, describing them as unobserved, unjust and undemocratic. Days before the planned election date, the Lima Group – alongside the United States and the European Union – called for the cancellation of the election and prepared for responses should the election be held. Following the election which strengthened President Maduro’s position, the fourteen member nations of the Lima Group recalled their ambassadors from Venezuela”[21].

Como bien dijo el “canciller paraguayo, Eladio Loizaga indicó que las elecciones presidenciales en Venezuela no son “sinónimo de democracia” mientras haya «partidos opositores inhabilitados y presos políticos»”[22]Es cierto, las elecciones democráticas tienen que ser libres e informadas y de libres e informadas, poco y nada hubo en la elección de Maduro como presidente el 2018.

Octava mentira: apoyar a Guaidó llevará a una guerra civil. O al consabido “un millón de muertos”. Sí, este es uno de los más recurridos pseudo-argumentos para sostener que es mejor apoyar a Maduro, porque, de otra forma, habrá derramamiento de sangre y sobrevendrá la inestabilidad.

Entre paréntesis, es la típica argumentación de los ultraconservadores europeos para oponerse a todo cambio en otros países, porque “habrá inestabilidad”. En el fondo, es una manera de perpetuar la injusticia y negarse a aceptar cualquier cambio. Prefieren la tiranía a un intento de cambiar el sistema. En esto se unen la ultra izquierda y la ultra derecha. Con esta forma de pensar, todavía viviríamos en un régimen de monarquía absoluta en Europa. Hitler y Stalin continuarían en el poder. Y Muammar al-Gaddafi seguiría cantando bajo la lluvia[23].

Reitero que es la permanencia de Maduro en el poder es la causa de la inestabilidad, de la violencia y lo que realmente puede llevar a una guerra civil. Si Maduro amara a los pobres, renunciaría[24]. Si Maduro amara a su país, renunciaría y evitaría así, no sólo más muertos, sino la pobreza… Sin el chavismo, Venezuela podría recuperarse económica, social y moralmente.

Tengo que advertir, eso sí, que no se trata de que se vaya Maduro, sino de que se vaya al chavismo. Flaco favor sería que Maduro renunciara; pero que otro chavista ocupara su lugar. Venezuela tiene que volver a la normalidad democrática y dejar ya de experimentar con ideologías políticas pretéritas, pasadas de moda y fracasadas. Para eso, es indispensable el cambio. Un cambio que sí se puede.


[4] Sobre el Grupo de Lima, en Wikipedia.

[5] “During the 2019 Venezuelan presidential crisis, the Representative of Peru in the United Nations Security Council condemned what was described as an “illegitimate socialist regime”, stating “We have received 700,000 Venezuelan refugees and migrants due to the crisis that is the responsibility of Maduro”, 2019 Venezuelan presidential crisis, en Wikipedia.

[6] Me gustaría citar aqui diarios mexicanos; pero técnicamente no se puede hacer. Lo que es absurdo, ya que poner un link no es copiar contenidos.

[7] Emblemático es el caso del embajador alemán en Caracas, que fue declarado persona non grata, por parte del gobierno chavista, después de esta entrevista: Embajadores europeos en Venezuela asisten al aeropuerto internacional para respaldar a Guaidó

[12] Es curioso que un país tan grande como Rusia, tenga una economía que es tan pequeña como la economía de Italia.

[17] Como por lo demás, recalcó esta mañana el parlamentario europeo y ex-presidente (2012-2107) del Comité de Asuntos exteriores del Parlamento europeo, Elmar Brok: Deutscher Botschafter soll Venezuela verlassen Brok: „Guaidó hat als einziger demokratische Legitimation“

[24] Esto lo debería escuchar la señora Barrientos, del Partido de Izquierda, de Alemania, que dió una entrevista en que señaló que Guaidó no quiere volver a Venezuela porque quiera hacer algo bueno para los pobres, sino sólo porque quiere “provocar”. „Er kehrt ja nicht zurück, weil er was Gutes will, gerade für die Armen in Venezuela, sondern weil er provozieren will“, .Barrientos (Die Linke) zu Venezuela Guaidó „kehrt nicht zurück, weil er Gutes will“

Somos muchos abogados y poetas; pero muy pocos químicos, físicos y biólogos

Aún no he terminado el libro de Bill Bryson, A Short History of Nearly Everything o Una breve historia de casi todo, del 2003. Pero me llama la atención que -hasta ahora- no haya citado a ningún científico con apellido español. En el registro de nombres al final de la obra, tampoco aparece ninguno.

No hay ningún Salazar, ningún Sánchez, ningún Alderete, ni Valdivia, ningún González, Pérez o Gómez. Pese a que España fue una gran potencia (en el siglo 16) y era el Imperio donde no se ponía el sol. Y pese a que los latinoamericanos somos millones e incluso somos una minoría importantísima en los Estados Unidos (en ella, cifro mis esperanzas).

¿Por qué…? Reviso la lista de los Nóbel, buscando apellidos familiares. El primero es Luis Walter Álvarez (estadounidense, abuelo cubano-espanol) recibió en 1968 el Nóbel de química… Uffff, nos salvamos… Los hispanics norteamericanos son nuestra esperanza: Sí se puede, Yes we can!

Descubro otro nombre hispanic: Santiago Ramón y Cajal. Español, Nóbel de Medicina en 1906. Luego, Severo Ochoa, en 1959, español; pero que emigró primero a Alemania y después a los EEUU, donde se nacionalizó. Para volver a Espana en su vejez, a los 80 años. Son personas que no triunfaron en sus países y debieron emigrar. Probablemente, si no hubiesen emigrado, se habrían quedado sin Nóbel.

¿Por qué el matemático y físico mexicano Raúl Rojas González (elegido profesor universitario del año 2015 en Alemania) debió emigrar para triunfar? ¿Por qué no podía haberse quedado en México desarrollando sus robots que juegan fútbol, sus aviones y sus autos no tripulados. En este caso, su auto no tripulado no se llamaría Spirit of Berlin, sino tal vez Espíritu de la Ciudad de México 😉

De los cinco argentinos ganadores de un Nóbel, dos de ellos recibieron el de la Paz y tres, Nóbeles científicos: Houssay (de ascendencia francesa) ganó el de Medicina en 1947. Leloir que nació en París en 1906, el de química en 1970. Ambos investigaron en Argentina y no emigraron al extranjero (salvo para estudios o perfeccionamiento). César Milstein (hijo de ucranianos que habían emigrado a Argentina), recibió el Nóbel de Medicina en 1984. Había emigrado a Gran Bretaña, trabajó toda su vida en la Universidad de Cambridge y se nacionalizó británico.

En Economía, tampoco hay ninguno. ¿Por qué será?

Pero hay más Nóbeles en literatura: empezando por uno -para mí- desconocido: José Echegaray, en 1904. En 1945, nuestra injustamente olvidada Gabriela Mistral, la que quería ser reina, la de los piecesitos de niño azulados de frío… La que defendió a las indias americanas cuando fueron tildadas de “monas” (femenino del mono, esto es, del simio) por una horda de varones españoles, presididos por MIguel de Unamuno [1].

En 1956, Juan Ramón Jiménez, que debió emigrar, en 1936 a América (Estados Unidos, Cuba y  Puerto Rico, donde falleció). En 1971, Pablo Neruda que alababa a las mujeres cuando callaban, porque estaban como ausentes… El colombiano Márquez en 1982[2]. En 1989, el tremendista Celá. El ’90, el diplomático mexicano Octavio Paz. El ’98, Saramago. 2010 Vargas Llosa papá. Contar los Nóbel de la Paz es una tarea que dejo a los lectores.

Claves para entender esta predilección nuestra por las humanidades, en desmedro de la ciencia natural, me parece encontrarla en los libros de nuestro insigne historiador chileno, Jaime Eyzaguirre[3]. A esto, me referí el 2010. Como dije en aquel entonces: “Entre el hidalgo y el gentleman, prefiero al científico“.

Eyzaguirre sostiene (Revista Criterio 2288) que: “El gentleman ‘arquetipo de la nueva cultura, un producto de utilitarismo de Bentham, y del puritanismo, para el cual el éxito económico llega a ser signo de predestinación pone en poseer la materia toda la fuerza de sus sentidos… realiza una búsqueda anhelante… y especuladora de esas riquezas que le darán más prestancia y bienestar. Por eso, el gentleman, a pesar de todos sus estudiados modales, es en el fondo un mercader; mientras el hidalgo, no obstante su raída exterioridad, es un señor. Porque propio del mercader es saber ganar; y propio en cambio del señor, es saber perder” .

Qué tiene de malo ser un “mercader”, un comerciante[4]. No entiendo ese desprecio por el libre comercio. Por el trabajo duro, en que nos ensuciamos las manos y acarreamos sacos de nueces o resmas de papel. Para qué hablar de los artesanos, de quienes trabajan con sus manos. O tal vez con palas… El comercio una a los pueblos. Un pueblo que comercia, se trata, se conoce, de casan entre ellos. El comercio ha sido siempre en la historia, un vehículo de paz. Interrumpido por guerras que generalmente eran ocasionadas por anhelos de dominación política, propios de los gobernantes y no del pueblo comerciante.

Tampoco puedo adherir a la mentalidad errada de despreciar a los loser o perdedores; ni quiero elogiar al perdedor como superior al ganador. De castigar con altanería al que logra algún triunfo. Para mí, no hay nadie que sea perdedor, el “fracasado” no existe. Cada persona sigue su camino y llega a su destino, a veces por rutas escabrosas o en zig-zag.

En mi opinión, la frase de Eyzaguirre tiene que ser vista en el contexto hispanista en que está escrita: en el marco de un elogio ilimitado a España (tradicional) y de desprecio a quienes el historiador considera sus enemigos o al menos, sus rivales en la historia: Alemania y Gran Bretaña, especialmente… Y los Estados Unidos, país que, para los hispanistas, como cabeza del mundo anglosajón, liberal y no católico del siglo 20 era/es/fue su eterno antagonista[5]. El Gentleman sería el ideal británico. El científico, según yo, sería el ideal alemán, francés e incluso, en parte el italiano. Ante todos ellos, los hispanistas trataban de hacer aparecer a lo que ellos consideraben el ideal español del hidalgo, como superior.

El hidalgo podía pensar, podía escribir, ser un literato, un filósofo (si era cura, podía ser teólogo); pero le estaba vedado trabajar con las manos, ser un artesano, un campesino, un maestro… El abolengo, la herencia, los ancentros, era algo que lo hacía infinitamente superior. El self-made-man (¿la self-made-woman no existe?) es más bien considerado en la detestable categoría del “nuevo rico”. Para los hispanistas, triunfa la familia; no el individuo, sospechoso de ser liberal, protestante, etc., etc.

Creo que el problema es profundo y que Joaquín García-Huidobro lo ha entendido muy bien en su libro “Una locura bastante razonable” (la locura razonable es el cristianismo), concretamente, en la pág. 48 se refiere a este tema. Hace un recuento breve de lo que el mundo latino ha descuidado: 1) la liturgia 2) la Biblia y 3) el trabajo.

Es, a propósito del trabajo donde el profesor de la Universidad de Los Andes se refiere a nuestro tema[6]: Una “consideración positiva del trabajo incluye el trabajo manual y el comercio, cosa que era incomprensible en el mundo del Quijote. Una persona tan lúcida como el historiador Jaime Eyzaguirre hace una dura comparación entre el gentleman y el hidalgo, mostrando la superioridad de éste. Sin embargo, cuando se leen atentamente esas páginas de la Fisonomía histórica de Chile[7], cabe apreciar en ellas una dosis importante de esa incomprensión latina por el mundo del norte. El hidalgo no es superior al gentleman, aunque tampoco inferior, como piensan los que se sienten acomplejados de nuestra herencia hispánica. Es simplemente distinto”.

Me parece que es clave la distinción que hace Joaquín entre trabajo manual y comercio y lo que yo llamaría trabajo intelectual o filosófico. Asimismo, pienso que, en un mundo felizmente globalizado, como el nuestro, tantas distinciones entre gentleman o hidalgos, tienen poco o, más bien, nada de sentido y hay que superarlas.

Como escribe Andrés Oppenheimer, en su libro Crear o morir “somos todos  filósofos, sociólogos y poetas” (pag. 55). En otras palabras, en Latinoamérica, tenemos demasiados humanistas; pero muy pocos científicos. El periodista argentino que vive desde los ‘70 en Estados Unidos, continúa: “63% de los dos millones de jóvenes que egresan anualmente de las universidades de Latinoamérica y el Caribe se gradúan en carreras de ciencias sociales y humanidades, mientras que apenas 18% egresan con licenciaturas en ingeniería, ciencias exactas y ciencias naturales”. (pág. 56).

En otras palabras, tenemos demasiados abogados (entre quienes me cuento, aunque soy fanática de la ciencia), muchos periodistas, muchos administradores públicos; pero pocos biólogos, pocos físicos, astrofísicos, astrónomos, geólogos, pocos matemáticos, o químicos, bioquímicos, farmacéuticos y los que hay -digamos las cosas como son- tienen poco prestigio social, lo que en una sociedad clasista, es una marca negativa muy grande. Curiosamente, entre nosotros, los científicos (salvo que sean médicos y ganen mucha plata) son considerados perdedores, mirados como loser, en circunstancias que ellos, realmente deberían ser muy admirados, y considerados los mayores triunfadores.

“La falta de una buena educación en matemáticas, ciencia y tecnología ha contribuido al atraso tecnológico de los países latinoamericanos, a su excesiva dependencia de las exportaciones de materias primas y —en la segunda década del siglo XXI, cuando dejaron de crecer los precios de estas últimas— a su desaceleración económica. Ahora, es cuestión de crear una obsesión nacional por la educación, con especial énfasis en las matemáticas y en las ciencias, para diversificar sus fuentes de ingresos e insertarse en la nueva economía del conocimiento” (pág. 31). Así es: Oppenheimer tiene toda la razón. Fanaticémonos por la ciencia -por lo demás, tan entretenida-, por la matemática, hagamos de Baldor (otro hispanic emigrado a los Estados Unidos) nuestro héroe[8].

Aumentemos las horas de matemáticas en los colegios[9]. Necesariamente, tendremos que disminuir otras. Demos la oportunidad de elegir ramos científiicos, más horas de ellos. Más laboratorios. Cuesta plata; pero es la mejor inversión. Motivemos a los niños en estos temas, hagámoslos investigar, descubrir fósiles. Entusiasmemos a los papás y mamás en estos temas. No todo es responsabilidad del estado, del sistema, del ministro de educación, del colegio; la familia puede hacer mucho bien incentivando a los hijos, nietos y sobrinos en la predilección por la ciencia y la matemática. Que estas no sean sólo actividades para “gringos locos”, sino para todo hijo de vecino. Llevémoslos al museo de historia natural y no sólo al mall.  

Admiremos socialmente a quienes estudian carreras científicas. Olvidemos los antiguos prejuicios venidos con los conquistadores: el hidalgo no es superior a todos los demás. Ni a los comerciantes, ni tampoco a los científicos. Cuando el hijo o la hija de una familia tradicional hispanoamericana (no tenemos que ir muy lejos, me puedo imaginar la escena live en Santiago), anuncie que quiere estudiar bioquímica o astrofísica y toda su familia se alegre, haga una fiesta y la apoye, habremos superado una de las más fuertes barreras: la barrera social. Sí, la barrera social existe, podemos tener los mejores curricula, los mejores profesores, los mejores alumnos; pero no vamos a sacar nada, si no la superamos.

Entre paréntesis, cuando escucho que las mujeres tenemos que estudiar algo facilito, me da dolor de estómago. Es cierto: no podemos ser hidalgas; pero si podemos ser científicas o matemáticas. Incluso astronauta[10]. Pero claro, este es otro tema.


[1] “Más tarde, en 1932, ya famosa e idolatrada, cónsul en Génova, descalificó a Mussolini. Fue despachada de inmediato de su cargo, luego del reclamo oficial del Gobierno italiano. La enviaron a España, y la rebelde, en medio de una comida de intelectuales más o menos regada, alabó la mezcla española-india en Latinoamérica, pero criticó los afanes ultraconservadores de la dictadura de Primo de Rivera. Un escritor fascistoide se burló de ella y, entre copa y copa, le espetó: ‘Lo que sucede es que esta señora no sabe que, si los españoles tomaron indias, fue porque allá no había monas’. Gabriela no pudo contener la ira y recurrió a Miguel de Unamuno en busca de apoyo. El escritor vasco fue aún más cruel con los indígenas, ¡qué mueran!, fue su respuesta. Desde luego la culpable de todo resultó ser la poetisa y de inmediato fue trasladada a Portugal”. Anecdotario de sobre Gabriela Mistral

La “anécdota” (no me gusta que se le llame simplemente “anécdota”, como para quitarle importancia) está recogida en el libro de Volodia Teitelboim: Gabriela Mistral, pública y secreta, en la página 46, el cap. “La Bomba”, sobre la experiencia racista que la ilustre poetisa sufrió en España.

[2] …el de la Saga de los Buendía, donde hay un incesto tras otro, descrito como si fuera lo más normal del mundo.

[3] Fui ayudante de María Angélica Figuera, quien a su vez, fue ayudante de Jaime Eyzaguirre y su sucesora en la cátedra de Historia del Derecho, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

[4] Mi bisabuelo materno era comerciante en el Norte de Chile. Sus ascendientes, mineros, dueños de minas de oro (lamentablemente, todas extinguidas en el siglo 18 ó en el 19). Mi papá, ingeniero comercial de la Universidad de Chile y pequeño empresario. Mi abuelo paterno administraba un fundo o varios en el Sur y -por la casa en que vivía: una manzana completa en medio de la ciudad- deduzco que descendía de una familia de encomenderos. Hay abogados entre mis antecesores: Rodrigo de Rojas y Pleigo, juez oficial de la Real Audiencia de La Serena, por allá por el lejano año de 1620. Diego de Rojas, Hernando Bravo de Villalba (Licenciado en Leyes en la Universidad de Salamanca), o Gaspar de Alderete. Etc.

Uno de mis abuelos de hace n generaciones es el gran Juan de Matienzo de Peralta, quien, además de una notable carrera jurídica, de la que cuenta Wikipedia: oídor y presidente de la Audiencia de Charcas y de Lima, fue un economista… Bueno, un protoeconomista. Se puede comprar libros suyos, incluso en Amazon.

Pero en definitiva: muchos abogados, un protoeconomista y ningún científico.

Se puede decir que el primer científico de mi familia fue mi tío Herbert Wroblewski Cruz, que tuvo la suerte de estudiar en la Deutsche Schule de Santiago y recibir una educación científica y matemática mejor a la chilena de entonces.

[5] Recuerdo los “200 millones de cowboys”, que constituirían la población de los EEUU, como decía el Cura Lira. Hoy son más de 300 millones.

[6] Texto en “Contra un cristianismo manco”, publicado en uno de mis blogs.

[7] La primera edición de esta obra es de julio de 1948 en México. La segunda, de marzo de 1958, en Santiago. La tercera de abril de 1973. Desde entonces, suguen nuevas ediciones casi todos los años o año por medio.

[8] Uno de los libros más populares en mi colegio. Pero claro, décadas después de egresar, me doy cuenta que no estuve en un colegio común y corriente.

[9] En diciembre de 2010, el entonces ministro de educación chileno Joaquín “Lavín anunció una reforma educacional que pretendía reforzar los subsectores de Matemáticas y Lenguaje, por medio del aumento de horas semanales de éstos, para así ayudar al aumento de los resultados en el SIMCE y la PSU.16 Sin embargo, para llevar a cabo este proyecto, anunció el recorte de las horas de Historia de 4 a 3 semanales, lo que generó un fuerte rechazo en un sector de los profesores, además de las Facultades de Historia de diversas universidades,17 y de la Concertación y el Partido Comunista. A pesar de ello, siguió siendo el segundo ministro mejor evaluado, según lo mostrado por varias encuestas. La medida finalmente se revocó”, copiado de Wikipedia.

Sólo puedo decir: lamentablemente, la reforma -era una recomendación de la OECD- no se implementó. A mi modo de ver, Chile no capta todavía lo que significa ser país miembro de la OECD. Espero que lo capte algún día.

[10] La Astronauta italiana Samantha Cristoforetti