El “asesino de piñera” #distopia

A un año de las protestas de 2019, vemos como Chile se ha convertido en un país totalmente diferente a lo que cualquier persona se hubiese podido imaginar en marzo de 2018, cuando Sebastián Piñera asumió, por segunda vez, la presidencia de Chile. El entonces “modelo” para toda la región es hoy un país que parece ser un anti-ejemplo. Hoy, en octubre de 2020, Chile es el “hombre enfermo” del subcontinente. Y no se vislumbran posibilidades de recuperarse.

En mayo de 2020, durante su discurso anual en el Congreso, un joven de 19 años, un verdadero millennial, asesinó al Presidente Piñera. Se le acercó a él durante la lectura del discurso y lo acuchilló frente a las cámaras de televisión que transmitían en cadena para todo el país y para el mundo, a través de internet.

Cristóbal Farías Espinoza viene de una familia de emprendedores exitosos, de verdaderos self made people. Sus padres estudiaron ambos ingeniería comercial en una prestigiosa universidad privada, ambos con beca. Educaron a sus cuatro hijos -de los cuales, Cristóbal es el menor y el único nacido en el postmilenio- en un ambiente de trabajo y de esfuerzo. Nada de flojear, todos tenían que estudiar, trabajar en la casa y hacer deporte.

Los padres, según han contado los hermanos, conversaban mucho con sus hijos; pero Cristóbal se les escapó de las manos. Según ha trascendido, sus padres y hermanos están destruidos y pensando en emigrar. No entienden cómo Cristóbal se radicalizó y ellos no pudieron hacer nada en contra. Tampoco comprenden cómo fue capaz de asesinar. Aunque suponen que es un proceso que empezó mucho antes.

El joven de rasgos finos y pelo rizado, de barba tupida, pero siempre muy cuidada, había estudiado en el Vitacura High School, un colegio donde enseñaban inglés desde pre-kinder. Era buen alumno y le gustaba el arte. Cristóbal se decidió a estudiar filosofía en una universidad tradicional. Él renegaba de las universidades privadas y decía querer conocer a la gente que vivía “de la Plaza Italia para abajo”, según escribió en redes sociales. Al parecer, su paulatina radicalización tuvo lugar en internet, en las mismas redes sociales.

Periodistas han revisado cientos de comentarios suyos en una página de Instagram llamada “asesino de piñera”, cuya foto de perfil es nada menos que la imagen de un payaso, lo que nos hace pensar en la película “El Joker”, que tanto éxito tuvo el 2019. La auto descripción de la página es: “Matando a piñera junto a sus compañeros actuales y anteriores se soluciona todo”. La página ofrecía un chat por whatsapp al cual Samuel se adhirió y comenzó a participar intensamente.

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Cristóbal había tenido ciertos problemas en el colegio, según ha trascendido. Sus compañeros revelaron a la prensa que era un niño solitario que no participaba en las actividades comunes. Igualmente, trascendió que, durante la época de colegio, tuvo una depresión adolescente. Consultada al respecto, su psiquiatra aclara que ella no puede decir nada sobre el caso, debido a su sagrado secreto profesional; pero la secretaria de su consulta vendió a la prensa fotos de su expediente, donde la psiquiatra diagnostica una personalidad altamente narcisista.

El asesinato de un Presidente chileno -algo que nunca antes había ocurrido en la historia del país- produjo una grave crisis, casi o prácticamente, una guerra civil. Se suspendió todo lo relacionado con la Asamblea Constituyente y con una eventual nueva constitución y se llamó a elecciones para septiembre de 2020. Ese invierno es conocido como el invierno del terror. En septiembre, se realizaron elecciones, en un ambiente de desorden y de acusaciones recíprocas de cohecho, fraude electoral, etc. Pero a nadie le cabe duda alguna de que el vencedor sería el candidato de la extrema derecha. Y así fue. La prensa tituló “un giro a la derecha” y lo llamó “el nuevo Bolsonaro” o el “Duterte chileno”.