Nos guste o no, en realidad todos somos africanos

Hace unos cuatro o cinco años -nada ha cambiado desde entonces- una amiga española[1] nos contó que en España, las agencias de publicidad solicitaban con frecuencia, modelos “tipo europeo”. Nos explicó que esto significa que las y los modelos tenían que ser blanquitos y de rasgos que quienes vivimos en Alemania, llamaríamos más bien, noreuropeos. Incluso nos mostró un aviso en que se llamaba a niños de “tipo europeo”, lo que resulta aún más chocante.

¡Qué cantidad de complejos y de barbaridades pueden caber dentro de la mente humana! Seguro que muchas personas compran la ropa de las o de los modelos y juran que ellas o ellos se ven iguales tan sólo por ponerse esa ropa que se veía tan bien en las fotos de la publicidad. ¿Así funciona el mecanismo publicitario? ¿O no?

Hoy me topé con la foto de perfil de un amigo (digital) peruano en Twitter. Se ve bastante bien; con un tipo igualmente “europeo” y bastante blanco, con rasgos poco menos que eslavos y mirada de artista de Hollywood. No, nada malo en escoger una foto buena para perfil. Sólo una persona masoquista podría elegir una en que se vea mal. Pero… ¿verse bien es verse como se vería una persona del Norte de Europa? De partida, yo que vivo en el Norte de Europa, les aseguro que hay cientos de milles, sino millones de personas de tipo noreuropeo que se ve bastante mal 😉

He visto fotos del amigo peruano en otras redes sociales y realmente se ve mucho más morenito y de un tipo mucho más autóctono que en la foto “lavada” de su perfil de Twitter. ¿Qué quieren que les diga? Se ve mucho mejor morenito y de estilo criollo que en su emblanquecida y estilizada foto de Twitter. Ayer vi en el supermercado a una negrita enblanquecida… ¿No se cansan de imitar a Michel Jackson…?

Recuerdo que hace años, una co-estudiante española en una Universidad alemana estaba sentada a mi lado, era un hermoso día de verano y disfrutábamos del sol y del buen tiempo. Cuando de pronto, ella comenzó a emitir chillidos… Miraba nuestros brazos desnudos (andábamos con poleras o camisas de manga corta)… Y me decía:: “¡tú eres más blanca que yo!”

Según Joaquín García-Huidobro (lo escribió cuando no era tan famoso y escribía “sólo” un blog): “La Ilustración del siglo XVIII tuvo entre sus características el presentar un modelo de hombre mucho más estrecho que el que proponían otros estilos culturales, como por ejemplo el barroco. Para los ilustrados, el modelo de ser humano era el habitante de París, Londres o Berlín. Un hombre de maneras refinadas y espíritu racionalista, de tez blanca y amante de la ciencia”[2]. Sí, probablemente, Joaquín tiene razón y esta es la causa. O una de las causas de los complejos de mis amigos.

Yo no creo que haya seres humanos que, debido a la etnia a la que pertenecen, sean, genética o culturalmente, superiores a otros. No creo que haya gente más tonta sólo por tener tal color de piel, de ojos o de pelo. Creo que hay sociedades que sí te permiten desarrollarte intelectualmente, que te permiten ser más creativa, más creativo; más libre… Mientras más libre, más creativo. Que posibilitan que te desarrolles, que hagas rendir tus talentos, tus capacidades, tus cualidades. En tales sociedades, el patrón cultural “se hereda”, por así decirlo, ya que tu familia, tu colegio, tu ambiente, la sociedad entera, te educa en ese sentido.

Una sociedad buena es una sociedad que te permite pensar por tí misma, por ti mismo, que te invita a que desenvuelvas tu inteligencia, tu capacidad,  tu espíritu, tu intelectualidad, tu entendimiento, tu ingenio, tu personalidad toda. Esta es la única sociedad capaz de progresar como tal, que mejora, que se desarrolla. Y que no se queda anclada en une determinada etapa histórica. En otras palabras, una sociedad abierta.

Hace algunos meses, conversábamos del tema y una amiga doctora en biología nos recomendó un artículo muy bueno que es un resumen para biólogos -entendible también para no-biólogos- de por qué hoy no podemos hablar de razas. En él se nos deja muy claro por qué decimos que las razas humanas no existen. No es que “ya” no existan, es que no han existido nunca. Menos aún existen para que algunas personas se suban sobre los hombros de otras en en una inhumana escala de valor, desarrollo o inteligencia[3] que considera a algunos mejores que a otros. Esto es lo que queremos expresar cuando decimos que todas las personas son iguales en dignidad y derechos[4].

El artículo que nos recomendó la bióloga se titula “Menschenrassen”, esto es, razas humanas[5]. Pienso que leer un artículo de background con respecto al tema “raza” o etnia puede servir un poco para aclarar ideas. Su autor, Ulrich Kattmann, aclara que el concepto “raza”, “race” se usa algunas veces para designar al conjunto de los seres humanos y no pretende hacer una clasificaión entre ellos.

Desde el punto de vista de la biología, todos los seres humanos formamos una especie (Art en alemán; species en inglés), ya que nos podemos “aparear” indistintamente unos con otros. En otras palabras, todos los miembros de la población humana nos podemos reproducir sexualmente con cualquier otro. (El subcontinente sudamericano -y desde hace algunas décadas, también el norteamericano- da felizmente cuenta de esta realidad). Kattmann explica que el término “raza” ha sido sustituido por el de subespecies. Sin embargo, también el concepto de subespecie da problemas hoy en la zoología.

Las prohibiciones de casarse entre gente de diverso “color de piel” o de diferentes orígenes culturales o étnicos, me parece que son una horrible aberración. Los prejuicios y las advertencias de no acercarse mucho a personas de “otra raza” son absolutamente condenables. El llamado etnopluralismo de algunos grupos políticos europeos de hoy en día es igualmente rechazable. Los etnopluralistas rechazan toda sociedad multicultural, que identifican con la decadencia de su propia supuesta cultura. El etnopluralismo postula que las diferentes culturas o etnias (evitan hablar de raza) deben vivir separadas en un determinado territorio (evitan usar el término Lebensraum), sin “mezcla” entre ellas. O sea, podemos ir de visita o como turistas al extranjero; pero no mezclarnos con los extranjeros cuyo país visitamos, ni ellos con nosotros. De ahí su rechazo a los refugiados y a los extranjeros en general[6].

Me gustaría poner pues de manifiesto que el rechazo al término raza -o subespecie- no obedece simplemente a caprichosas razones de political correctness que nos impide utilizar vocablos que antes usábamos sin problema. No, ni siquiera los zoólogos emplean hoy “raza” ya que una raza es muy difícil de delimitar. Siempre que se clasifica en una subespecie, la clasificación es arbitraria, obedece a la voluntad de quien fijó ciertos criterios de clasificación a su voluntad, y tiene por objeto servir a ciertos fines que pueden variar, según quien determine los parámetros de la clasificación.

Los tradicionales criterios de clasificación de las subespecies o razas que forman parte de la “raza humana” son, de acuerdo al biólogo alemán ya citado, todos externos, en el sentido que dicen relación con formas superficiales del cuerpo humano. Estas formas (color de la piel, forma del pelo o del párpado) son características recientes en la historia humana y ofrecen una ventaja selectiva. Incluso muchas de las características son simplemente expresión de una preferencia sexual, esto es, de qué persona considero más atractiva… lo que no ha sido igual a lo largo de la historia. Pienso en las venus prehistóricas que mis amigos de hoy encontrarían sumamente poco y/o nada atractivas.

Por otra parte, las características que han servido de criterio de clasificación en los organigramas en que se nos ha querido meter durante siglos, aparecen tan “mezcladas” en las sociedades realmente existentes, que es difícil decir qué peculiaridad pertenece realmente a qué subespecie. Genes y factores ambientales han tenido igual participación en ello. Hoy, la población de cualquier país tiene tal combinación o riqueza genética que sería imposible realizar una clasificación basándose en características corporales externas.

Llegados a este punto, nos podemos preguntarnos qué nos dice la genética, pues bien, Kattmann hace ver que los estudios revelan que las secuencias de ADN de las personas que viven hoy sobre la tierra son, en un 99,9% idénticas. Agrega: todas las diferencias genéticas concebibles afectan sólo el 1‰ de nuestra sustancia genética[7]. En otras palabras, somos más parecidos de lo que algunos querrían hacernos creer. Nuestras diferencias son meramente externas superficiales y… sin importancia.

Por último, pienso que, en tiempos de migraciones y de refugiados, resulta, por lo menos, ridiculo querer cerrarse y encerrarse frente a los demás… Menos ridículo y más perverso es querer revivir las teorías racistas -sin asidero científico- que tanto daño hicieron durante el siglo 20 y antes. Tampoco me parece aceptable el racismo cotidiano, ese racismo light que algunos intentan justificar, porque “todos lo hacen”. Menos aún, es admisible una prohibición social de casarse con alguien superficialmente distinto[8]. Después de todo, como dice el mismo Kattmann, “nos guste o no nos guste, en realidad somos todos africanos”[9].


[1] Que trabajaba en el rubro de la costura y publicidad… esto es, de la moda 😉

[2] La lección de Evo, en el blog Estagira.

[3] Pienso en el social darwinista social demócrata alemán Thilo Sarrazin.

[4] Artículo 1° de la Constitución política del Estado de Chile, capítulo 1: Bases de la Institucionalidad. Esto es, lo fundamental dentro de lo fundamental. Lo esencial. Cláusula pétrea, esto es irreformable del texto constitucional chileno.

[5] Menschenrassen, en la revista Spektrum, sección Diccionario de Biología.

[6] El etnopluralismo es hoy muy popular entre los movimientos de la derecha (nueva o vieja) extrema en Europa actual.

[7] Kattmann comenta que los humanos nos diferenciamos genéticamente entre nosotros mucho menos de lo que se diferencian los chimpancés, que son genéticamente muchos más distintos entre ellos, de acuerdo a la zona geográfica de la que proceden.

[8] Recuerdo la frase de Escrivá, cuando hablaba de “…blancos, negros, amarillos, de todos los colores, de todas las combinaciones que el amor humano puede hacer”.

[9] Supongo que todos saben que el ser humano proviene originalmente de África, desde donde se expandió por el resto del mundo.

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Los conservadores de hoy, enemigos de la sociedad abierta

En alguna oportunidad… Han pasado ya varios años de ello, mi amigo, el abogado argentino -reconocidamente liberal- Diego Goldman, me hizo ver que hay demasiados conservadores disfrazados de liberales. Generalmente, no me acuerdo de todas las cosas que le dicen los amigos; pero esta… Esta es una frase que no he podido olvidar, ya que la he visto confirmada una y otra vez. Primero en el mundo de habla latina y en el norteamericano y últimamente, también en el alemán.

Al comienzo de la edad moderna, nos dice Karen Horn („Ich halte derlei Flirts für einen üblen Fehler“), liberales y socialistas estaban juntos, unidos frente a los conservadores. Ambos, hijos de la Ilustración, se oponían a los privilegios, se levantaban contra el orden pre-existente y el estado estamentario, defendido por los conservadores.

En el transcurso del siglo 20, los parámetros políticos cambiaron y liberales y conservadores se unieron frente al totalitarismo socialista -tanto de la Unión Soviética, como de los países del Este de Europa, de China y de otros países-. En ese marco histórico, las diferencias entre liberales y conservadores fueron -por así decirlo- minimizadas. De ahí que se hable tanto de los liberal-conservadores, cuyos representantes por excelencia, durante la segunda mitad del siglo 20, serían Reagan y Thatcher.

Liberal-conservadores serían o, mejor, habrían sido aquellos que, en el espectro político de los países occidentales, se hayaban, más a la derecha o más bien, entre los partidarios de lo que en el Norte de Europa, llamamos “ideas burguesas” (en el Norte de Europa, preferimos evitar hablar de derecha en política, ya que este término tiene una connotación totalitaria).

Horn nos explica que el mismo Hayek advirtió del riesgo existente en esta unión entre conservadores y liberales frente a la amenaza común del totalitarismo. El punto de vista liberal -expone Hayek- se basa en el ánimo (Mut) y en la confianza que nos lleva a dejar que las cosas cambien, aunque no sepamos muy bien a dónde nos llevará este cambio1. Algo muy distinto a la posición de los conservadores, que es diametralmente opuesta2.

Clemens Schneider escribe, en Der Liberale ist ein Hoffender (donde habla de la esperanza del liberal): quien siente miedo frente al cambio -que actualmente se expresa, sobre todo, en el pluralismo y en la apertura de nuestra sociedad- se encuentra en peligro permanente de ser paralizado por ese miedo. Sí, necesitamos siempre algo positivo hacia donde podamos enfocar nuestras expectativas.

En el caso de los conservadores, este ideal positivo se encuentra en el pasado, al menos en el pasado como ellos se lo imaginan. Con su mirada nostálgica y melancólica, dirigida hacia una supuesta edad de oro es lo que reemplaza la esperanza de un mejoramiento de la sociedad.

El pesimismo cultural -tan propio de los conservadores, al menos, actualmente en Europa- los lleva a convertirse en un personaje del tipo Norman Bates quien, en la película Psicosis, de Hitchcock, lleva consigo el cadáver momificado de su mamá a la que, incluso da su voz para poder conservar así el pasado. La mamá de Bates no tiene una chispa de vida, tampoco es un ser con existencia propia. El pasado, del cual hablan y escriben los temerosos conservadores no es otra cosa que una momia sin vida y sin existencia, a la que el conservador da su voz, concluye Schneider. Yo me pregunto: si el pasado hablara, ¿hablaría realmente con esa voz? Me parece que la respuesta es negativa.

Schneider sostiene que el Bates de hoy en Europa, se atemoriza ante la extranjerización (Überfremdung) de la sociedad debido a la migración, siente gran temor frente a la destrucción de la familia provocada por la “locura del gender” (Genderwahn) y al lobby homosexual (Homolobby) y tiene la preocupación que el “political correctness” limite su libertad de opinión (Meinungsfreiheit). Qué razón tiene Schneider…! Es una acertada descripción de la realidad.

Nuestro autor concluye con mucha razón que estos conservadores de hoy en Europa (los de la época de Hayek pueden haber sido diferentes; pero les aseguro que los de ahora son así) se encuentran entre los enemigos de la sociedad abierta. En esto, yo diferenciaría un poco: hay un grupo de conservadores que no metería dentro de este grupo, como Liane Bednarz; pero es un grupo reducido.

Después de caracterizar a los conservadores, este autor se refiere al modelo de Frankenstein. Explica que, tal como los conservadores quieren mantener con vida a un hombre muerto (o a una mujer, como la mamá de Bates), hay otros que pretenden, a partir de la materia muerta, crear un hombre nuevo. Estos son quienes pretenden educar a sus conciudadanos con prohibiciones y a codazos. Quienes desconfían tanto del mercado, como de los individuos y prefieren el control a la espontaneidad. Quienes permiten sólo el futuro que ellos mismos han planificado. En otras palabras, los socialistas.

Es interesante lo que Hayek observa en el post scriptum de Los fundamentos de la libertad: “los conservadores han hecho suyas casi todas las ideas socialistas”3. Sí, no me cabe duda de ello.

Lamentablemente, en Alemania estamos presenciando un verdadero rapto de instituciones liberales por parte de ultra-conservadores, empezando por la misma Hayek-Gesellschaft (ver ¿Una pelea de familia?). Creo que es necesario -es urgente- volver a la direferenciación. Sí, diferenciarse, distanciarse, alejarse. separarse…

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1 Der liberale Standpunkt beruht auf Mut und Zuversicht, auf einer Bereitschaft, der Veränderung ihren Lauf zu lassen, auch wenn wir nicht voraussagen können, wohin sie führen wird.

2 “He aquí la primera gran diferencia que separa a los liberales y conservadores. Lo típico del conservador, según una y otra vez se ha hecho notar, es el temor a la mutación, el miedo a lo nuevo, simplemente por ser nuevo; la postura del liberal, por el contrario, es abierta y confiada, atrayéndole, en principio, todo lo que sea libre cambio y evolución, aún constándole que, a veces, se procede un poco a ciegas”. Camino de libertad: Friedrich A. Hayek, Centro de Estudios Públicos, Santiago de Chile, 1981, págs 127 y 128.

3 “Camino de libertad…” citado, p. 126.