“We may be opponents, but we are not enemies”

Cuando personas que calificaría de extrema izquierda vociferan “Renuncia Piñera”, en circunstancias que, nos guste o no, Sebastián Piñera fue elegido democráticamente y por una cantidad ingente de votos… Y cuando personas que podríamos calificar de extrema derecha o libertarios[1] exigen, en redes sociales, que el presidente Piñera debería ir a la cárcel.

… Entonces podemos hablar de lo que, en ciencia política, se llama polarización. Cuando esto ocurre, se puede sostener que Chile está al borde del abismo, si es que aún no ha dado el paso hacia adelante, lo que resulta mortal cuando estás al borde del precipicio. De la espiral del odio y la violencia que sufre desde hace bastante tiempo el primer mundo y que irrumpe con fuerza en Latinoamérica. Y, nos guste o no, Chile forma parte de “la Región” y no de Europa.

Es cierto que en Europa, el estado, el estado de derecho, las instituciones, la policía hace frente a tales grupos violentistas. En Europa, los grupos antisistémicos son más bien de ultra derecha (después de la caída del socialismo real, la extrema izquierda tiene pocos pitos que tocar en el mundo civilizado); pero se parecen mucho -se parecen demasiado- a los grupos de extrema izquierda latinoamericanos.

En Estados Unidos, las instituciones hacen frente a la extrema derecha. Pero, sin duda, la toma del poder por parte de Donald Trump ha dado alas a la extrema derecha chilena que, por alguna razón que escapa a todo raciocinio, se identifica e incluso se solidariza con Trump, que no quiere dejar el poder[2], a la usanza de los Castro, de Maduro, de Lukaschenka, de Morales o de tantos otros caudillos de la izquierda autocrática, autodenominada democracia popular (que de democracia poco y nada tiene).

En una sociedad civilizada y democrática, no sólo se acepta el cambio de gobierno que se entrega pacíficamente al sucesor elegido democráticamente -por lo general, por mayoría de votos-, sin derramamiento de sangre y sin tener que recurrir a la fuerza, que es monopolio del estado[3]. Es lo que aprenden -o deberían aprender- los niños chicos en Chile  y que se resume en la simple frase: “mayoría voto manda”. Es el principio de la alternancia en el poder, esencial a la democracia, como demostró Popper[4].

En una sociedad civilizada y democrática, los rivales políticos son rivales políticos, son contendientes, como llamaba Evelyn Matthei y Michelle Bachelet durante las elecciones presidenciales en que ambas mujeres se enfrentaron por el poder.

Es lo que ha señalado insistentemente Joe Biden: “We may be opponents, but we are not enemies”. Sí, somos oponentes; pero no somos enemigos. Supongo que esto es algo que muchos fanáticos políticos -no existen sólo los fanáticos religiosos, sino también los fanáticos políticos- no quieren o no pueden entender. Parecen imbuídos de ese pensamiento schmittiano, según el cual, no hay personas que piensan distinto a mí, sino sólo hay enemigos que hay que eliminar[5] [6].  

El sistema democrático de gobierno supone la existencia de una oposición. “Un verdadero demócrata, una verdadera demócrata, no sólo acepta la crítica y la oposición, como un mal necesario, sino que la promueve, la favorece, la defiende como una institución necesaria, buena e imprescindible”[7].

Sin embargo, “hay una diferencia esencial entre la crítica en una sociedad democrática y la critica totalitaria a la sociedad democrática”[8]. La crítica totalitaria pretende destruir el sistema democrático y la toma consensual de decisiones que le es propia, reemplazándolo por un mecanismo autoritario, en que no haya derecho alguno a contradecir a la autoridad[9]. Y en que todo quien la contradiga es declarado traidor o enemigo del pueblo.

Sólo regímenes autocráticos y totalitarios en menor o mayor medida, no soportan que haya opositotes. Miren no más a Bielorrusia, China o la misma Rusia. Para qué hablar de Venezuela. En la democracia, los opositores son entre sí, rivales políticos, que tienen, alguna vez proposiciones en común, y otras veces no. Pero que (casi) siempre llegan a un acuerdo, sin el cual, el sistema político y administrativo simplemente no funciona. Los gobiernos que ahogan o silencian a la oposición acaban en totalitarismos y nunca son democráticos.

Los oponentes políticos llegan al compromismo, para lo cual tienen que colaborar entre ellos en la realización de los proyectos sociales, económicos, educacionales o del tipo que sean. La colaboración, la cooperación es indispensable y supone el entendimiento. A su vez, el entendimiento supone el diálogo. Muchas veces, estamos de acuerdo en tales o cuales materias y desacuerdo en otras. Esto es lógico y es humano. La negociación política se hace entonces necesaria.

Pero la negociación política nunca puede pretender estar respaldada por grupos de ataque[10] del tipo 1930 en Europa o de los años 70 en Hispanoamérica. En el estado de derecho propio del sistema democrático, celebramos el imperio de la ley: la fuerza de la ley y no la ley de la fuerza.

La negociación política requiere el respeto y la mutua tolerancia. El reconocer que algunas veces se gana y otras se pierde. Pero incluso en esto debe haber un equilibro. Una oposición destructiva que no permite realizar ningún proyecto aparte del propio[11] es el inicio de una peligrosa polarización. Y la espiral de la polarización lleva finalmente, a la destrucción de la democracia.

Tenemos que estar muy conscientes de que hay respuestas que no podemos dar[12]. Y esto no es el dictado de una supuesta dictadura del political correctness, esto es civilización. Civilización es no decir todo lo que se nos pasa por la cabeza. Por eso, me atrevo a sostener que Trump es lo menos civilizado que nos podamos imaginar[13].

No podemos clamar por la muerte del rival político, ni exigir su renuncia: si alguien -un presidente, por ejemplo- fue elegido para un perído determinado, lo normal y lo democrático es que lo termine. Menos aún podemos convertirnos en una especie de Trump que quiere enviar a la cárcel a Clinton o en el caso del joven libertario chileno, que quiere que el Presidente Piñera acabe en la cárcel[14].

No todas las respuestas son aceptables[15], nuestras respuestas tienen que ubicarse siempre dentro del estado de derecho y respetar el rayado democrático de la cancha. De otra manera, se iniciaría -si es que aún no se ha iniciado- una deletérea espiral de la descalificación, de la deslegitimación del otro, que conduce al abismo del odio, del caos y la violencia, donde sólo ganan los grupos más extremos[16], cuyas únicas respuestas son matar y encarcelar. No olvidemos que la polarización es el semillero del extremismo y ambos se retroalimentan[17].

No podemos responder a la violencia con más violencia. Ni al extremismo con más extremismo. Hay que parar la espiral del odio. Convertir el círculo virtuoso en un círculo virtuoso. El oponente no es un enemigo, es una persona que piensa distinto que yo en algunas cosas e igual a mí en otras.


[1] Como me explicó un amigo argentino hace mucho tiempo: los libertarios son personas de extrema derecha que se disfrazan de liberales, sin serlo.

[2] Sobre el tema ver Trump y la alternancia en el poder

[3] Esta es una de las más valiosas conquistas de la sociedad democrática, donde el estado tiene y ejerce el monopolio de la fuerza, en La polarización es el semillero del extremismo

[4] Tema que trata especialmente en su libro “Alles Leben ist Problemlösen”, que tengo a la vista en su edición en papel. En inglés “All Life is Problem Solving”.

[5] “El rival político no es un enemigo. Es sólo un rival político; puede ser mi amigo en otras cosas, en otros planos de la vida: puede ser que le guste el mismo equipo de básquetbol (…). En el juego democrático de las ideas, el contendiente es un rival político y nada más, no un enemigo al que hay que aniquilar”, en Defendamos nuestra civilización o al menos sus cuatro fines, según Popper

[6] Carl Schmitt no sólo tiene gran influencia en la extrema derecha hispanoparlante, sino también en la izquierda latinoamericana, por ej., en Argentina, ver Die argentinische Opposition gegen die Regierung von Christina Kirchner »Chávez besitzt Öl und Kirchner nur Soja«

[7] “El sistema democrático de gobierno requiere una oposición que hace posible la alternancia en el poder., ya que la alternancia en el poder es condición sine qua non de la democracia”, en La crítica y el progreso en “La sociedad abierta” de Karl Popper

[8] Cfr. La crítica y el progreso en “La sociedad abierta” de Karl Popper. El original de Popper “Aber es gibt einen grundlegenden Unterschied zwischen einer demokratischen und einer totalitären Kritik an der Demokratie”, en Die offene Gesellschaft und ihre Feinde. Francke Verlag München, 4a. edición, 1975, pág. 254.

[9] Cfr.  Die argentinische Opposition gegen die Regierung von Christina Kirchner »Chávez besitzt Öl und Kirchner nur Soja« Interesante el texto en original: “der Dezisionismus, also die Abneigung gegenüber der parlamentarischen Debatte zugunsten der autoritären Entscheidung, sowie die Konzeption eines Freund-Feind-Schemas. Für den Kirchnerismus existieren keine politischen Widersacher mehr, mit denen fruchtbare Diskussionen geführt werden können, sondern nur noch Feinde, die es auszuschalten gilt”.

[10] “Las ‘armas’ de la política son la palabra, las estadísticas, las cifras y no los adoquines, ni las molotovs, ni tampoco las barricadas, los spray’”, en  La polarización es el semillero del extremismo

[11] “La oposición tiene que ser, eso sí, responsable, en lo posible constructiva y no destructiva. Capaz y dispuesta a llegar a acuerdos. El adversario político tiene que ser eso, un rival y nunca un enemigo”, en La crítica y el progreso en “La sociedad abierta” de Karl Popper

[12] Asimismo, es importante tener presente que los “demócratas que no distinguen entre una crítica amigable y una crítica enemiga de la democracia, son prisioneros del espíritu totalitario”, en La crítica y el progreso en “La sociedad abierta” de Karl Popper

[13] Lo menos civilizado y también lo menos republicano. Ver Trump es lo menos republicano que nos podamos imaginar

[14] Puedo repetir lo que escribí en noviembre del 2019: “En un sistema democrático liberal, como el que existe en Chile, el rival político no es nunca mi enemigo, sino sólo una persona que piensa distinto que yo en muchos temas -en otros, pensamos lo mismo- y con el que concurro en las urnas y en la tribuna política para debatir cuál es la mejor solución. La tribuna política por excelencia es el parlamento, el Congreso y no la calle. Las “armas” de la política son la palabra, las estadísticas, las cifras y no los adoquines, ni las molotovs, ni tampoco las barricadas, los sprays o la quema de estaciones del Metro”, en La polarización es el semillero del extremismo

[15] “para enfrentar a la extrema izquierda, no se necesita ser de extrema derecha”, en La polarización es el semillero del extremismo

[16] O, como advertía Felipe Berríos: “en los saltos sin las instituciones ganan los prepotentes, gana la extrema derecha o la extrema izquierda”, citado en  La polarización es el semillero del extremismo

[17] La polarización es el semillero del extremismo

Trump y la alternancia en el poder

La alternancia en el poder es una de las características esenciales de la democracia. La posibilidad de elegir a una persona distinta a la que está en el poder es fundamental en un sistema político democrático. El cambio de gobierno por medios pacíficos, y por tanto civilizados, es consustancial a la democracia[1]

Es la famosa idea de Popper, cuando asegura que “no importa quién gobierne, siempre y cuando puedas deshacerte del gobierno sin derramamiento de sangre”[2]. Es propio de un régimen democrático que el cambio de gobierno se efectúe en forma pacífica, que es lo mismo que decir “en forma civilizada”. 

Es tal vez por eso que me duele tanto que en Chile se pida que el presidente renuncie o que la antigua presidenta renunciara. No, el cambio no se hace exigiendo desde la calle y con la fuerza de los gritos o de las llamas, que la persona que fue elegida de acuerdo a las normas institucionales pre-fijadas, renuncie a su cargo. Ni tampoco que permanezca indefinidamente en él. Un presidente vitalicio es lo más contrario a la democracia que nos podamos imaginar[3].

Sí, la alternancia pacífica en el poder es propia de la democracia, es su característica sine qua non, esto es, sin la cual, la democracia deja de existir. Hablo de la democracia liberal representativa que existe hoy en los países civilizados -esto es, en países pacíficos- donde las diferencias de resuelven sin recurrir a la violencia[4]. Donde la persona que no piensa como yo es mi interlocutor, mi contendiente político; pero nunca mi enemigo. Y no ataco a esa persona ni físicamente, ni tampoco en las redes sociales, sino que hablo con respeto con todos y de todos.

Esto último es bastante distinto a lo que observo en redes sociales europeas, desde hace tiempo y en chilenos que actúan en redes sociales desde hace menos tiempo. En Europa se ha abordado el problema y través de las leyes contra el hate speech y de toda la legislación que se está creando contra la llamada criminalidad del odio. 

El cambio pacifico de gobierno tiene lugar en sistemas democráticos de gobierno. En democracias de verdad. No en democracias autodenominadas populares como los regímenes comunistas que existieron hasta fines del siglo pasado y que perviven en países como Corea del Norte o Cuba o que personas retrógradas tratan de renacer en Venezuela y en algunos otros lugares de Latinoamérica.

La alternancia en el poder peligra en democracias autodenominadas iliberales[5] como aquellas en que malos gobernantes, del tipo Viktor Orbán, pretende establecer en países como Hungría. O Kaczyński en experimentos autoritarios del tipo Polonia. O incluso en la pequeña y balcánica Eslovenia. 

Tampoco en falsas democracias o democraturas como la Rusia de Putin. Países todos que salieron del comunismo para caer en las redes de encantadores de serpientes -muchas veces postcomunistas- que les prometen un futuro mejor, pero un futuro basado en el pasado. Es como si se hubieran quedado pegados en los años 1940.

Ahora bien… ¿quién lo hubiera imaginado? También podemos inscribir al presidente norteamericano Donald Trump dentro de la lista de quienes desestiman, desprecian o desaprueban la alternancia en el poder. Trump no acepta dejar el poder si no es reelegido. A la usanza de los Castro en Cuba, de Evo Morales en Bolivia o de la dinastía norcoreana, Trump no pretende abandonar la Casa Blanca. Lo viene diciendo desde hace mucho tiempo y esta posibilidad que parecía una pesadilla, hoy está a punto de convertirse en una realidad. 

Es super fácil: si voy perdiendo las elecciones y temo no ser reelegido, simplemente sostengo que las elecciones son un fraude. Un fraude en la más vieja democracia del mundo[6], donde cada urna y cada local de votación y de conteo es observado por cientos de ojos atentos y controlado por probadas instituciones, dentro de un riguroso ordenamiento legal. 

Si no quiero dejar el poder, llamo a mis partidarios a tomar las armas y a hacer uso de ellas, para defender “mi” triunfo frente a aquellos que me lo quieren arrebatar. Así, a nadie puede extrañar el intento de asalto a un centro electoral por parte de tropas de civiles portadores de armas automáticas que ayer viernes, intentaron tomar el edificio en Phoenix, y durante la pasada noche, en otras ciudades norteamericanas.

La trama es muy sencilla: aseguro que gané las elecciones. E intento impedir el conteo de votos en estados donde es posible que pierda. Por ejemplo, mediante acciones judiciales que más que nada son meros resquicios legales a la antigua usanza marxista. Así, si hasta el 8 de diciembre no hay resultados claros, que he evitado judicialmente, los parlamentos estaduales pueden designar ellos mismos a los electores, sin importar cuál haya sido el resultado de la elección popular que he anulado mediante triquiñuelas o espúreas medidas dilatorias. 

Ningún dictador, ni aprendiz de dictador abandona jamás el poder voluntariamente. La alternancia en el poder es algo completamente ajeno a su mentalidad autoritaria y totalitaria. Siempre van a recurrir al fácil expediente del fraude electoral cometido en su contra. Dicen que les “robaron las elecciones” que ellos habrían ganado. Llaman al pueblo a defenderlos, incluso por la vía armada[7]. Lamentablemente, lo estamos observando hoy en vivo, live, minuto a minuto en una democracia que todos creíamos estable y consolidada. 

En una era en que el autoritarismo -tanto de derecha como de izquierda- se alza amenazante contra el avance hacia una sociedad cada vez más abierta y democrática, es reconfortante volver a leer a Popper, el filósofo austriaco que sufrió uno de los dos autoritarismos del siglo 20 y que observó al otro desde su cátedra universitaria londinense.

Popper señala que, cuando una sociedad avanza, surgen movimientos contrarios a la sociedad abierta, fuerzas anticivilizatorias de los más diversos colores y procedencias. Él los llama totalitarismos y explica que son tan antiguos y tan nuevos como la misma civilización[8] [9]. Creo que es lo que observamos hoy en los Estados Unidos… 


[1] No hay que olvidar que “La violencia más que la partera de la historia es la sepulturera de la democracia”.

[2] “Es kommt nicht darauf an, wer regiert, solange man die Regierung ohne Blutvergießen loswerden kann”, Alles Leben ist Problemlösen, Zur Theorie der Demokratie, página 208. En Google Books Capítulo 9, Teoría de la democracia. Tengo en mis manos el original en papel.

[3] Así como Trump es lo menos republicano que nos podamos imaginar

[4] “Pertenece a la esencia de la democracia la ausencia de violencia, tanto en la expresión y en el intercambio de ideas, como en la sucesión en el poder y en la implementación de cualquier cambio que la perfeccione”, “La violencia más que la partera de la historia es la sepulturera de la democracia”

[5] Ver el penúltimo párrado de mi artículo Carl Schmitt und seine neue Ordnung

[6] Okay, Gran Bretaña es la más vieja; pero es una monarquía constitucional.

[7] Recuerdo a otro aprendiz de dictador que sostuvo “llegado el momento, armas tendrá el pueblo”.

[8] Karl Popper, Die offene Gesellschaft und ihre Feinde, I. TB Francke, 4a. edición de 1975. Copyright de la primera edición en alemán, de 1957, pág. 12.

[9] Defendamos la sociedad abierta de sus enemigos

La violencia más que la partera de la historia es la sepulturera de la democracia

La democracia se basa en el intercambio libre de ideas, definición en que el adjetivo “libre” significa “sin violencia”. Exacto, ni siquiera una mera “amenaza” o posibilidad de violencia es democrática[1].

Estamos frente a una señal cierta del fin de una democracia cuando vemos a grupos apoderarse de las calles, de las ciudades y dominar así la vida de los ciudadanos, que pasan a ser prisioneros de su irresponsable juego político. Sintomática y aterradora es la frase del presidente del comunismo chileno cuando asegura que “puede que se pierda en el Parlamento, pero no en las calles”[2].

Los ciudadanos dejan de ser ciudadanos y se convierten en rehenes de grupos que quieren imponer cambios que sólo los benefician a ellos. Por pequeños que sean, estos grupos disfrazan su voluntad como si fuera la voluntad general. Para los extremistas, no somos más que rehenes que les sirven para exigir cambios a su antojo. Para el extremismo, la lucha no es más que la continuación de la política por medio de la fuerza.

Los violentistas se atribuyen la representación de la voluntad popular, pese a que no son más que una minoría mínima. Más que una una etérea “voluntad del pueblo”, la democracia significa la posibilidad de cambiar al gobierno de una forma pacífica, pre-establecida y sin derramamiento de sangre[3]. Esto es, a cambiarlo en las urnas y no por una supuesta e inaguantable “presión de la calle”.

O bien, como dice un autor neomarxista[4] “la democracia es un sistema en el que los partidos pueden perder las elecciones”. Incluso si creo que la mayoría eligió a la “persona equivocada”, como presidenta o presidenta, lo acepto y felicito a la ganadora o al ganador, como ha sido tradición en Chile, hasta ahora. Nada me parecía más criticable que los llamados a que Bachelet renunciara.

Chile ha sido gobernado durante 25 de los 30 años desde el regreso a la democracia, por la izquierda y la derecha ha reconocido varias veces que perdió las elecciones. Pero parece que basta que una segunda vez, el pueblo elija a un presidente que no es de izquierda para que, desde el comienzo de su mandato, se multipliquen los “Renuncia Piñera”.

Prefiero ni hablar de quienes llaman abiertamente a “matar a Piñera y a todos sus compañeros”[5]. Sí, la agresividad que se observa (que sufrimos) en las redes sociales de parte de chilenos sólo es comparable a la de los neonazis europeos. Se han preguntado ¿qué vendría después de la muerte de Piñera? Hace algunas semanas escribí una distopia sobre el “asesino de piñera”

Pero no generalicemos: no es la izquierda la violenta, es la ultra izquierda. Algunas personas de la izquierda llaman a acabar con la violencia[6]; sin embargo, se parecen a San Juan Bautista que predicaba en el desierto. Los extremistas tienen los oídos tapados y están en una especie de trance producto de una intoxicación ideológica. Sus cabecillas desconocedores del neomarxismo, se hallan prisioneros del antiguo leninismo, para el que la violencia era “la partera de la historia”[7].

En la democracia, nadie recurre a la fuerza para imponer sus planteamientos. Es democrático que la ultraizquierda no tome como rehén a la población, que no la intimide mediante la violencia para imponer de manera prepotente sus condiciones. La izquierda no debería tolerar a una autoproclamada “primera línea” -término militar- que anhela perfilarse como su brazo armado. Nada más absurdo, nada más antidemocrático. Los movimientos paramilitares son absolutamente inadmisibles en una democracia.

La ultraizquierda se hace la víctima y llora a moco tendido quejándose de que los “criminalizan”. Basta con ver en qué está convertida la ciudad, por ej. la llamada Plaza de la dignidad, que más indigna no puede ser[8]. Incendios y saqueos a la orden del día. Dicen que roban a los ricos para entregar a los pobres como si fueran Robin Hood, pero al mejor estilo de Pablo Escobar, el mayor hampón de la historia latinoamericana, admirado por algunos en una extraña glorificación del villano. Los ayudistas que los protegen se hacen igualmente co-responsables de la destrucción de la democracia[9].

En mi grupo de amigos y conocidos, lamentamos en octubre pasado, la muerte de un almacenero asesinado mientras defendía su negocio. Es gente humilde que no tiene un lobby y no sale en la prensa. Si su familia hubiera salido en los medios, verían en peligro sus vidas, según me contaron. Si esto no es violencia asesina, no sé cómo llamarlo.

Corresponde a la izquierda democrática distanciarse y marginar decididamente a la ultraizquierda. Quien colabora con el extremismo se hace co-responsable de la destrucción de la democracia. Asimismo, hay que darse cuenta que la acusación acerca de los 30 años de opresión que hace la extrema izquierda, es una acusación directa contra la izquierda que es la que ha estado en el poder.

Sí, así como creo que la derecha tiene que dejar de lado las ideas de extrema derecha[10], es indispensable que la izquierda se deslinde clara y completamente de la ultraizquierda. Pienso que la izquierda tiene la clave para que el estallido social de octubre no pase a la historia como el estallido de la violencia, ni del terrorismo de marzo. Que sería la antesala de la destrucción de la democracia en Chile, aunque algunos insistan en llamarla “refundación”.

Uno de los best sellers actuales en el mundo, es el de dos profesores de Harvard[11] que se preguntan “cómo mueren las democracias”. Analizan el caso de Estados Unidos bajo el gobierno de Trump y los casos de de Rusia y de Venezuela. Es curioso comprobar que el “estallido social” comenzó inmediatamente después de que el gobierno de Chile solidarizara con el pueblo venezolano y reconociera al Presidente Guaidó. Sí, las democracias pueden morir. “La democracia vive de condiciones que ella misma no se ha dado”[12] condiciones que pueden fallar, pueden dejar de existir en la sociedad. En ese caso, dejará también de existir la democracia.

Como dicen una amiga argentina y otra mexicana: Chile era el modelo para todos los demás países de la región[13], de ahí el ensañamiento ideológico en su contra y el intento de destruirlo que se esconde tras el populismo de los llamados a un cambio de modelo o de sistema. Yo prefiero permanecer dentro del sistema de la democracia liberal occidental y de la economía social de mercado. Ambas perfectibles.

En suma, la violencia más que partera de la historia es la sepulturera de la democracia. Pertenece a la esencia de la democracia la ausencia de violencia, tanto en la expresión y en el intercambio de ideas, como en la sucesión en el poder y en la implementación de cualquier cambio que la perfeccione. La violencia es lamentablemente propia de la extrema izquierda latinoamericana. Si la izquierda chilena democrática no se distancia de ella, no la margina, se hace culpable de la destrucción de la democracia.


[1] Cfr. Timothy Snyder, Unfreiheit, pág. 265. Capítulo 8, Igualdad u Oligarquía.

[3] Popper, citado en el ensayo “55 voces a favor de la democracia”.

[4] Adam Przeworski, conocido en Chile por sus estadías de estudio en el país.

[5] Ver screenshot, sólo como ejemplo.

[6] Por ej., el diputado socialista Naranjo en Twitter: “Como socialistas RECHAZAMOS los ataques sufridos a los monumentos de nuestros héroes de la patria y solidarizamos con la Armada, por los daños ocasionados al Monumento de los Héroes de IQUIQUE. BASTA DE VIOLENCIA IRRACIONA, ESTA SOLO AYUDA A LOS QUE ESTAN A FAVOR DEL RECHAZO.”

[8] Ver Reflexiones sobre una nueva constitución para Chile, por Javier Edwards, sobre el tema escribe Javier: “Del mismo modo que me parece absurdo y populista, innecesario, ponerle Plaza de la Dignidad al peladero en que se convirtió la inocente Plaza Baquedano, sino trabajamos de verdad en un plan de gobierno y legislativo que construya esa dignidad. Así, cada dictadura construye monumentos a la libertad, y la politiquería y la demagogia hablan de palabras como dignidad, justicia, equidad y quieren monumentos no políticas, leyes, normas y su aplicación”

[9] Sobre el término ayudista, ver la columna de Mario Waissbluth, Violencia y violentistas: al borde del precipicio

[10] El libertarianismo, por ej.

[11] Steven Levitsky and Daniel Ziblatt, “How Democracies Die”.

[12] “Die demokratie lebt von voraussetzungen die sie nicht selbst herstellen kann, Ernst-Wolfgang Böckenförde.

[13] Y una amiga argentina me dice que “Chile era el modelo para toda Latinoamérica y por eso, a la izquierda le interesa tanto destruirlo”. Ver Evo Morales vs Piñera

¿Es Chile un failed state?

Quinta normal

 

¿O lo será pronto? Hace pocos días, un amigo me mandó la foto de un afiche pegado en Quinta Normal, al parecer frente a la municipalidad. El panfleto llama a la “abolición de la policía”, que cataloga como “siervos de la burguesía”. Precisamente lo que he leído en el viejo libro de Wladimir Lenin titulado “Estado y Revolución”[1], una de los tres o cuatro obras más influyentes del antiguo marxismo-leninismo, una ideología del siglo 19 y que hizo estragos durante la primera mitad del siglo 20.

Policía y ejército (fuerzas armadas les llamamos hoy; pero no hay que olvidar que los escritos de Marx y de Lenin tienen más de 160 años y usan un lenguaje muy anticuado) son efectivamente siervos de la burguesía. La burguesía sería el estado actual de la historia, que sucedió al feudalismo y éste al esclavismo. Son los denominados “saltos de la historia” a los que se refiere Lenin y que conducirán finalmente al comunismo, pasando primero por el estado socialista que antecede al paraíso comunista. Esto, que debe ocurrir ahora, es el último “salto” de la humanidad en su camino hacia el comunismo.

En la Postguerra europea, cien años después de surgidas las ideas marxistas, Karl Popper[2] hacía ver que vivimos por fin, en una sociedad en paz, donde el estado ejerce el monopolio de la fuerza, de acuerdo a la ley. Es el llamado estado de derecho. En él no pululan bandas armadas que atemorizan a los ciudadanos que son ciudadanos y no súbditos o protegidos de algún señor feudal o de alguna banda de mafiosos. Popper señala que eso que, durante siglos, pareció una quimera, ahora ya es realidad. Por fin, existe un modelo de estado donde podemos vivir en paz. Lo que no significa que esta paz sea perfecta, ni que todos se comporten correctamente, para eso precisamente existen la policía y los tribunales de justicia.

Agregaría que también existe la prensa y los medios de comunicación, tan importantes hoy en día. De ahí la necesidad imperiosa de defender los medios de prensa que los totalitarios chilenos han empezado a denominar “medios hegemónicos”[3].

El “modelo” o el “sistema” propio de la burguesía es llamado por Marx capitalismo. Por eso, el afiche llama a “Acabar con el monopolio de violencia del Estado/capital, hacer frente a sus máquinas de guerra: la policía y destruir a estos espectros del imperio de la muerte; será el único camino hacia la liberación del género humano”. Esto que nos puede parecer propio de personas en estado de drogadicción es algo que creen algunos con una fe quasi religiosa.

Tal vez no sean muchos; pero se hacen notar. Su mentalidad de elegidos y de “evangelizadores” del materialismo histórico, los convierte en fanáticos de esta verdadera conspiranoia basada en viejas ideas que ya nadie cree en el mundo, salvo en su periferia latinoamericana o en Corea del Norte. El adoctrinamiento o la concientización del pueblo forma parte de los más importantes “deberes del proletariado en la revolución”, frase con la que Lenin subtituló el libro mencionado. Sí, todo lo demás se puede descuidar: la familia, el trabajo, el estudio. Incluso la propia salud se puede dejar de lado, todo sea por la revolución.  

Para Lenin, Marx y Engels, el estado burgués tiene que ser destruido y sustituido por un estado proletario. Esto es, para ellos y para todos quienes creen en esta religión secular -o más bien, en esta superstición- una verdad inalterable e irrefutable, inamovible e irreversible.

“La vida en la sociedad capitalista es un permanente estado de excepción para los Proletarios”, continúa el panfleto de Quinta Normal. Evidentemente, el discurso del “estado de excepción” nos demuestra una vez más la incorporación del pensamiento del facista Carl Schmitt[4], el más grande jurista de los nazis, al pensamiento marxista de la ultraizquierda latinoamericana. De esta incorporación me habían hablado ya amigos míos estudiosos del tema y además, he leído algunos ensayos de horrorizados izquierdistas europeos sobre el mismo.

Que la vida en nuestra sociedad que estos aprendices de ideólogos califican como el “modelo capitalista” y que ellos pretenden abolir, sea un “permanente estado de excepción” significa que la vida social no está regida por el derecho, sino por la excepción y que el proletariado no está sujeto a la ley, sino que está sobre la ley, pues el proletariado es el soberano que rige en la excepción. En un estado de excepción como ellos lo conciben, no impera de la ley, sino la fuerza, la voluntad del proletariado que es exactamente igual a mi voluntad si yo me declaro proletaria. En el mejor de los casos, la nueva ley del proletariado será la voluntad de algún comandante o autodenominado líder máxismo, en un sistema jerárquico y vertical de mando, en que no hay derecho a pataleo. Si eso no es totalitarimo, no sé qué podría ser.

Nada de estado de derecho, de imperio de la ley, de legalismo. Luego empezarán las peleas entre ellos, debido a las múltiples divergencias doctrinarias o a los juegos de poder, a las riquezas que hay que reparir entre ellos o incluso a mujeres, como es tan propio de estas facciones. La Nóbel de Literatura, la alemana Herta Müller, que vivió el socialismo en carne propia escribe, “muchas veces hablamos del estado socialista; pero olvidamos que eran personas mediocres y malvadas quienes estaban al frente del estado y lo comandaban a su antojo y a su capricho”[5].

Da lo mismo quien se haga con el poder, sin duda, se impondrá la ley del más fuerte, la voluntad de quienes están armados. Como siempre, los más débiles serán quienes pierdan: las mujeres, los ancianos, los niños… No sé si se han dado cuenta, pero en las revoluciones, las mujeres siempre perdemos. Salvo que seamos “pareja” de alguno de sus jefes, como Jiang Qing, la última mujer de Mao, que fue condenada a muerte conmutada en cadena perpetua, pero recién después del fallecimiento del dictador chino. Me parece paradójico y muy “sumiso” que algunas mujeres insistan en que sin revolución, no se puede poner fin al machismo. Muy por el contrario: “donde más avances se ve en el tema igualdad de la mujer es precisamente en sociedades de economía de mercado y democracia liberal”[6].

Carl Popper hace ver que, “cuando una sociedad avanza, surgen movimientos contrarios a la sociedad abierta, fuerzas anticivilizatorias de los más diversos colores y procedencias. El autor austriaco los llama totalitarismos y expone que son tan antiguos y tan nuevos como la misma civilización. El totalitarismo ha acompañado a la civilización desde su nacimiento”[7]. Creo que hoy Chile está frente a movimientos totalitarios.

En efecto, según esta vieja conspiranoia marxista, en nuestra sociedad “burguesa” y democrática, existe una lucha permanente entre la clase trabajadora y la burguesía. La sociedad actual trataría de ahogar esa lucha de clases en una reconciliación artificial y dañina para la clase trabajadora, que debe iniciar la revolución planetaria y suprimir al estado defendido por la policía: en Chile, por los carabineros. Carabineros sería la institución de un estado injusto y opresor del proletariado.  

Según el segundo postulado de Lenin, el estado es, por definición, opresor, represivo y explotador[8]. Lo llama “un poder especial de represión”[9]. Así, “la represión anterior, ejercida por la clase burguesa contra la clase trabajadora se invierte ahora en el nuevo estado que ejerce una nueva represión, esta vez de los trabajadores contra la burguesía”[10]. No sé por qué me viene a la cabeza el antiguo grito de guerra de la época de Allende: “los momios al paredón y las momias al colchón”, una muestra más de sexismo revolucionario.

Está demás decir que nada de esto puede ser pacífico, puesto que, como decía Marx, la violencia es “la partera de la historia” y se halla omnipresente en toda revolución. La violencia es el instrumento revolucionario por excelencia, asegura Lenin y agrega que el Manifiesto comunista se refiere a la violencia revolucionaria como fatal, inevitable e indefectible. Dice que enseñar otra cosa, por ej. la no-violencia, es “traicionar” su doctrina[11].

Finalmente, el afiche de Quinta Normal concluye con un llamado: “Que nada ni nadie nos detenga, el momento es AHORA”. No sé por qué lo de que el momento este texto me recuerda una antigua canción de la época del rock argentino. Es curioso que el panfleto se refiera a “la policía” y no a los carabineros que ni siquiera les llaman “pacos”. No quiero ser conspiranoica; pero tal vez sea cierto que estos panfletos son importados. En su momento, me llamó igualmente la atención que los rayados en la Casa Centra de la Universidad Católica, hablaban de la “yuta” que es como se llama despectivamente a la policía argentina. ¿Será este el internacionalismo del mal?

Así, a la usanza del marxismo leninismo de fines del siglo 19 y primeras década del siglo 20, la ultraizquierda llama en Chile a la guerra permanente contra el estado, representado por la institución de Carabineros[12], que se ha convertido en “el gran enemigo” de estos aprendices de revolucionarios. Tal como Pablo Escobar -el narcoterrorista colombiano- declaró la guerra a los “tombas” que es como llamaba a los policías de ese país.

El objetivo de este nuevo y a la vez viejo fanatismo es destruir el estado (en esto se igualan a los libertarios de extrema derecha), en la ingenua creencia que, al hacerlo, se activará una gran revolución planetaria, al cabo de la cual, advenirá el paraíso terrrenal.

Esto que sólo causa risotadas en Europa, se encuentra aún escrito en los genes de los movimientos de ultraizquierda latinoamericanos en una mezcla increíble de ignorancia y de superstición. En otras latitudes, el marxismo se identifica hoy con Chernobyl, con los gulags y con la caída del muro, es sinónimo de fracaso, de opresión y de crímenes…[13] En Latinoamérica, en la periferia del mundo civilizado parece que falta dar la vuelta a muchas hojas del calendario, más bien a décadas… La ultraizquierda se ha quedado muy, pero muy, muy atrasada.

Imagínate qué pasaría si estos grupos que han declarado la guerra a los Carabineros, ganaran y efectivamente destruyeran a toda fuerza policial. En tal caso, Chile se convertirá en un failed state. Ponte tú que, estos grupos de la llamada “primera línea” lograran expulsar de vastos sectores de las ciudades a las fuerzas de orden. A esto apuntan con sus ataques a retenes y comisarías en sectores periféricos ¿Quién tomaría el poder?

En su teoría el proletariado, se iniciaría la revolución planetaria con la que tanto soñaban Marx, Engels, Lenin, Trotzky y Stalin. Pero en la práctica ¿quién tomaría el poder? Porque el proletariado es una entelequia, un ente ideal, pero inexistente. ¿Lo tomarían los narcos? ¿O alguna otra mafia? ¿O grupos de bandidos? ¿Algún comandante de alguna guerrilla? ¿Un aprendiz de Felix Dzerzhinski, el fundador de la policía secreta soviética? ¿Algún cartel de la droga del norte de Sudamérica? ¿Circuitos de hampones?¿O todos los anteriores?


[1] W. I. Lenin, “Staat Und Revolution”, Dietz Verlag Berlin Este, 1967. 9a edición (la primera edición es de 1948), Biblioteca del marxismo-leninismo, Rep. democrática alemana.

[2] En “La sociedad abierta y sus enemigos”.

[3] “Especialmente grave me parece el incendio del edificio de El Mercurio de Valparaíso, el diario más antiguo de habla hispana que aún existe, lo que es un orgullo para Chile. La libertad de prensa es uno de los valores más importantes y emblemáticos de toda sociedad libre y democrática. El hecho de que, precisamente un medio de comunicación antiguo, prestigioso y como tal, emblemático, haya sido incendiado por los manifestantes es gravísmo. Y nos dice mucho acerca del rumbo que ha tomado la protesta en Chile que de social, poco y nada le va quedando”, en La protesta originariamente social y el estado de excepción en Chile

[5] La abolicion del estado según Marx, Lenin y Engels La traducción es mía y no es textual.

[9] Lenin se felicita por habérsele ocurrido esta definición que, en su egomanía, califica de “grandiosa”, ver De la violenta revolución que conduce a la dictadura del proletariado

[12] Sobre el tema, invito a leer mi columna Los carabineros ya no son santos

[13] “El socialismo real sucumbió medio siglo, después de sembrar muerte, hambre y destrucción en todos los lugares por donde pasó”, Hitler, Stalin y el inicio de la II Guerra

La ley anti – encapuchados en Alemania

Muchas veces, mis amigos ayudistas[1] me proponen transformar a Chile en Alemania. Para ellos, Alemania y los países nórdicos -así llaman a los escandinavos- parecen ser el modelo a seguir. Sólo les puedo decir: ¡adelante! Pero, por favor: sigan el modelo real y no el ficticio que alguna propaganda anticuada les ha presentado, o Uds. mismos se han imaginado, como si Europa fuese un paraíso estatista o un estado benefactor que existe sólo en la mente de ciertos ideólogos pseudo-intelectuales sentados en su escritorio.

En algo muy real y concreto pueden seguir el ejemplo alemán y conviene hacerlo rápido, muy rápido: en la ley de encapuchados. En Alemania existe no sólo una ley anti-máscaras, sino también una ley anti-uniformes. Los uniformes sólo corresponden a militares, policías y bomberos. La ley prohíbe a los participantes en una demostración cubrir sus rostros o llevar objetos que tengan la finalidad de cubrirlos y, de esta forma, evitar ser identificados, como los pasamontañas o incluso las bufandas.

No se trata de una prohibición generalizada. En Alemania, me puedo poner una máscara del hombre o de la mujer araña o de Pikachu[2], como parece que hizo en Chile Pamela Jiles la semana pasada. Aunque me cuentan que, en realidad, quería disfrazarse de violentista encapuchada de “primera línea” y no de Pikachu. OK, entiendo.

La prohibición de enmascarse o de “encapucharse”, como se le llama en Chile, fue establecida en 1985, por la coalición liberal conservadora (formada por el partido liberal y por la democracia cristiana) encabezada por Helmut Kohl. En ese entonces, el enmascaramiento era considerado como una perturbación o alteración del orden público, si la persona que ocultaba su rostro formaba parte de una “multitud violenta” y la policía ordena la disolución de la multitud. Sólo en estos casos, estábamos frente a un delito.

En 1989, se reformó la ley eliminando las dos condiciones anteriores, de manera que el enmascaramiento fue elevado, en general, sin la necesidad de que la multitud fuera violenta, al rango de delito castigado por el derecho penal. Asimismo, el lugar del “encapuchamiento” se extendió a las vías de acceso, eso es, al camino hacia una protesta, marcha o manifestación.

Asimismo, en ese año, la ley fue ampliada, en el sentido que el mero transporte de utensilios para ocultar el rostro y con ello la propia identidad quedó igualmente contemplado dentro de la figura penal. En estos casos, la persona puede ser castigada penalmente por la comisión del delito en comento.

De esta forma, ya en la década de los ‘80 -en el marco del estado de derecho propio de una democracia liberal- el estado se defendía ante fuerzas destructivas, en aquel entonces, más bien de ultra izquierda. Hoy, la legislación se aplica tanto a la extrema izquierda, como a la extrema derecha y a grupos neonazis, cuyas estrategias violentistas y destructivas son extremadamente similares.

Quién desobedezca a la policía puede ser condenado a una pena de hasta un año o a una multa (1.500 euros en Schleswig-Holstein). Casi puedo decir que la multa duele incluso más a los alemanes. Asimismo, quien lleva consigo elementos para taparse la cara, por el sólo hecho de transportarlos a uno de estos eventos, puede ser condenado a una multa de hasta 511 euros.

La ley dice más o menos lo siguiente[3]: en el caso de concentraciones públicas al aire libre[4], en marchas o en otras manifestaciones públicas al aire libre o en el camino a ellas, está prohibido 1° participar en tales eventos usando un atavío o presentación personal que sea apropiada para o que pretenda evitar la constatación de la identidad personal, o dirigirse a tales eventos vestido/a de esa forma. 2° en tales eventos o en el camino a ellos, llevar objetos que sean adecuados para impedir que se pueda establecer la propia identidad.

La orden de disolver la manifestación es adoptada por la policía incluso cuando sólo una parte de los manifestantes se encapuchan y el resto no. Sí o sí se disuelve toda la manifestación, protesta, marcha o acto. Ello siempre puede llevar a una “escalada” de violencia[5]; pero se considera un riesgo que hay que correr. Los organizadores tienen que ser responsables y alejar de su gente a los encapuchados, lo que, en Alemania, generalmente ocurre.

La prohibición de usar las máscaras u otros objetos para ocultar el rostro, se ha extendido, en el último tiempo, a los estadios de fútbol. En ellos, a los dueños de los estadios (evidentemente, los estadios en Alemania son de propiedad privada) corresponde establecer la prohibión de enmascararse. En general, se acepta que, si no se producen incidentes, los “fans” pueden ponerse máscaras; sin embargo, ante la menor señal de violencia, la policía puede intervenir, para lo cual -desde hace un par de meses- las autoridades pueden enviar una suculenta cuenta a los clubes de fútbol por “sus servicios”. Lo que me parece muy razonable, ya que no veo por qué el contribuyente tenga que pagar por la irracionalidad de los hinchas.

La prohibición se puede extender a procesiones religiosas, a funerales, a matrimonios y a todo tipo de fiestas populares; pero generalmente no se hace, ya que no es necesario. Evidentemente, la prohibición tampoco se extiende a policías o a personas que pasen por la calle, pero que no participan en el evento en cuestión[6]. Esto es importante, considerando el frío que hace en Alemania durante el invierno que hace necesario el uso de pasamontañas. Y la presencia de algunas burkas aisladas en algunas ciudades[7].

De acuerdo a la doctrina alemana, los siguientes objetos se pueden considerar como parte del enmascaramiento: bufandas, capuchas, sombreros, anteojos de sol, pasamontañas, cascos con visores cerrados (de esos de moto o de bicicleta), narices de payaso, pelucas, máscaras e incluso maquillaje.

La jurisprudencia ha señalado que tiene que haber una voluntad de ocultar su rostro; pero esa intención subjetiva no necesita ser demostrada, sino que se colige de las circunstancias. En otras palabras, quien se dirige a una manifestación encapuchado o se encapucha durante la misma, demuestra en los hechos, que su voluntad es ocultar su identidad.

También en Alemania, hay gente que sostiene que una prohibición de llevar máscaras durante las protestas y manifestaciones es un atentado contra los derechos humanos y una muestra de la represión estatal. Pero mientras esos grupos no alcancen un porcentaje significativo del electorado, no hay posibilidades de que cambie la ley. Como en todo país desarrollado, en Alemania, las leyes no se derogan gracias a la “presión de la calle”, sino en el parlamento y quien no llegue al Bundestag, poco y nada puede hacer. Sobre todo porque en Alemania existe la cláusula del 5%, según ella, únicamente los partidos políticos que hayan obtenido al menos el 5% de los votos válidamente emitidos pueden obtener representación parlamentaria[8].

Los partidarios de la prohibición (la inmensa mayoría de la gente, que quiere vivir en paz) sostiene que la facilidad en la aplicación del derecho penal, que implica la prohibición de “encapucharse”, tiene muchísimo más peso que el deseo de permanecer en el anonimato por parte de los manifestantes[9]. Asimismo, agregan que quien se tapa el rostro tiene una “apariencia marcial” que no da precisamente la impresión de querer manifestarse pacíficamente. Eso es cierto: las pintas de los encapuchados no dan confianza, sino más bien, crean temor. Pienso que es esta su principal intención: atemorizar a la población.

Hay una sola excepción reconocida por los tribunales: el caso de manifestantes que sean filmados por rivales políticos o a agencias de inteligencia extranjeras[10] y se oculten temporalmente la cara frente a ellos. En tales casos, ha habido varias absoluciones en derecho penal. También si temen no por ellos mismos, sino por sus familias que viven en otros países. Pero insisto, la excepción se refiere sólo a los casos en que alguien cubra su rostro frente a los manifestantes de una contramanifestación quienes los filman para iniciar contra ellos campañas o “funas” en su contra. Lo que generalmente hacen los extremistas de derecha en Alemania que no veo muy lejos de nuestros extremistas de izquierda chilenos. Ni en sus prácticas, ni en su estética del fuego, ni en sus vestimentas.

Otra excepción es la vestimenta temática, que puede ser parte de performance en ciertas manifestaciones, por ej., máscaras de animales, en apoyo de los animales o trajes que protegen de la radicación, en contra del uso de la energía atómica. Sobre todo, ahora que la serie de HBO Chernobyl se ha convertido en una de las más populares de Alemania[11]. Igualmente, supongo que un disfraz de Pikachu como el que Pamela Jiles exhibió en el Congreso la semana pasada, también estaría exento de la prohibición.

A mi modo de ver, la prohibición de enmascarse o “ley contra el encapuchamiento” protege precisamente el derecho fundamental a reunirse y manifestarse pacíficamente. Este es un derecho que tenemos que resguardar todos. Es nuestro derecho garantizado por la Constitución. Cuando el estado, a través de la fuerza pública prohíbe el encapuchamiento contribuye directamente a asegurar este derecho humano a manifestarse en forma pacífica.

Quienes participan en un evento político o social de relevancia, como una marcha, una protesta o una manifestación en general, son quienes deberían tener el mayor interés en que su evento se iniciara, continuara y terminara en paz, sin encapuchados, sin violentistas de “primera línea”, ni saqueos, ni tampoco incendios o agresiones a carabineros o a transeúntes.

En un estado de derecho, la fuerza policial protege a quienes participan en una protesta pacífica de los violentistas que atentan contra la vida, la propiedad, la integridad y la libertad de las demás personas, tanto de las que participan en la marcha, como de las personas que pasan por allí, de periodistas y de la gente que vive o trabaja en el lugar en que tiene lugar la manifestación.

Adular a los violentistas o creer que la violencia es la única forma de cambiar las cosas es una barbaridad, una aberración y una estupidez y significa retornar a la época de las cavernas. Me atrevo a decir que la escalada de violencia encapuchada que tiene lugar hoy en Chile es lo que Popper clasificó como una fuerza anticivilizatoria, una expresión más del totalitarismo que acompaña el proceso de la civilización. En el fondo, es un movimiento reaccionario.


[1] Sobre el concepto de “ayudismo”, ver mi columna ¿Pamela Jiles, de qué estaba disfrazada?

[2] Pikachu es un Pokemon y realmente, que se ve igual a la Pamela o, más bien, ella igual a él.

[3] La traducción del § 17a del Versammlungsgesetz (ley sobre marchas y concentraciones) totalmente libre es mía. El original dice: “(1) Es ist verboten, bei öffentlichen Versammlungen unter freiem Himmel, Aufzügen oder sonstigen öffentlichen Veranstaltungen unter freiem Himmel oder auf dem Weg dorthin […] (2) Es ist auch verboten, 1. an derartigen Veranstaltungen in einer Aufmachung, die geeignet und den Umständen nach darauf gerichtet ist, die Feststellung der Identität zu verhindern, teilzunehmen oder den Weg zu derartigen Veranstaltungen in einer solchen Aufmachung zurückzulegen. 2. bei derartigen Veranstaltungen oder auf dem Weg dorthin Gegenstände mit sich zu führen, die geeignet und den Umständen nach dazu bestimmt sind, die Feststellung der Identität zu verhindern. (3) Absätze 1 und 2 gelten nicht, wenn es sich um Veranstaltungen im Sinne des § 17 handelt. Die zuständige Behörde kann weitere Ausnahmen von den Verboten der Absätze 1 und 2 zulassen, wenn eine Gefährdung der öffentlichen Sicherheit oder Ordnung nicht zu besorgen ist. (4) Die zuständige Behörde kann zur Durchsetzung der Verbote der Absätze 1 und 2 Anordnungen treffen. Sie kann insbesondere Personen, die diesen Verboten zuwiderhandeln, von der Veranstaltung ausschließen”.

[4] En alemán se dice “bajo el cielo libre”. Quiere decir: las que no se realizan en locales cerrados.

[6] En este punto y en otros muchos que toco en este artículo, ver el exclente informe del Bundestag Das versammlungsrechtliche Vermummungsverbot, cuya lectura recomiendo.

[10] Pienso en Rusia y en Turquía.

[11] Lo mismo se puede decir de las máscaras de Guy-Fawkes -tan de moda durante la crisis subprime- o de las mascarillas que expresan solidaridad los enfermos de SIDA.

Los carabineros ya no son santos

¡Olvídense de Teresa de los Andes, de Laura Vicuña y del Padre Hurtado! Los santos más populares de Chile han sido tres: Arturo Prat, Gabriela Mistral y los Carabineros. No sé que quede de la santidad popular de los dos primeros; pero los carabineros parecen no ser más santos ante los ojos del pueblo. O, al menos, ante los ojos de una parte del pueblo, tal vez pequeña, pero muy ruidosa.

En cuentas de activistas de ultraizquierda en redes sociales y en los “medios alternativos” -que más que informar muestran la realidad desde su visión sesgada y propagandística- observo un ataque despiadado hacia carabineros, ataque que se extiende a toda la gente que intenta defenderlos o, al menos, trata de ser objetiva con respecto a la fuerza policial chilena. Se organizan verdaderas “funas digitales” en su contra.

Los “cargos” que la extrema izquierda -o ultraizquierda, como se la denomina generalmente en Chile- hace a carabineros son exactamente los mismos que la extrema derecha europea hace a las policías europeas: corrupción, drogadicción, represión, comisión de delitos, amenazas, manipulación, sobornos, brutalidad, etc.,etc.[1]. ¿Qué pretenden los extremistas con la difamación despiadada de las fuerzas policiales? Sin duda, el desprestigio del estado y su consiguiente desestabilización, para luego suplantarlo por un nuevo orden.

Carabineros representa el monopolio de la fuerza que ejerce el estado en nuestro sistema liberal democrático y representativo de gobierno, que rige las “naciones civilizadas” desde la Ilustración. Sí, desde el siglo XVIII, la justicia por la propia mano ha sido sustituída paulatinamente por la justicia que nos ofrece el estado nacional. Los lynchamientos, las vendettas y la ley del talión no tienen cabida en un sistema civilizado de sociedad. El orden jurídico y su cumplimiento son obligatorios para todos y es precisamente la labor policial crucial para hacerlo cumplir.

Karl Popper, en su libro “La sociedad abierta y sus enemigos” (una de las obras más influyentes del siglo 20), sostiene que mantener el orden -lo que supone el castigo de los delitos y su prevención- dentro del estado nacional es un gran logro que anteriormente se consideraba una utopía[2]. Este castigo está a cargo de la policía y de la justicia penal que obviamente no es ni privada, ni paramilitar, sino estatal.

La policía representa en todos los países del mundo occidental el triunfo del estado de derecho sobre la anarquía y el caos, sobre la arbitrariedad y la injusticia. Antes, se consideraba una utopía crear instituciones que lograran asegurarar la paz social. Su creación y la prevención del crimen eran considerados como algo irrealizable[3]. La misión de la institución de Carabineros de Chile es asegurar el imperio de la ley por sobre la ley del más fuerte; esta última más que una ley, es una aberración y significa el regreso a la época de las cavernas. Pero si las cosas siguen como hasta ahora, parece que para allá vamos.

En un país civilizado, el castigo de los delitos y su prevención no está en manos de brigadas paramilitares, ni de grupos de narcotraficantes, ni tampoco de “jóvenes idealistas” en el mejor de los casos, deslumbrados por un pseudo ideal anarquista. Tales “organizaciones” no pueden decirme qué tengo que hacer con mi vida, donde tengo que ir o si tengo que “bailar para pasar”.

El último ataque armado a una tenencia de Carabineros en La Granja[4] obedece a una estrategia muy clara y sumamente peligrosa para una sociedad moderna y supuestamente civilizada. La táctica de esta revolución permanente, en que una bulliciosa minoría está empeñada, consiste en el hostigamiento permanente a carabineros.

Lo ocurrido en La Granja, me recuerda la balacera ocurrida la semana pasada en Villa Unión (nombre nada de apropiado para una ciudad dividida), en México en que paramilitares narcos atacaron con armas de fuego un local policial, dejando un saldo de 24 muertos, de ellos, 18 atacantes, dos transeúntes y cuatro policías. No sé si esta situación sea deseable para nuestro país, creo que no.

No sería bueno que Chile se convirtiera en una especie de “zona neutral”, al estilo de “The Man in the High Castle”. Pero me temo que se le parece cada vez más y, cada vez escucho más voces intelectualoides que parecen estar muy feliz con ello. Sobre todo jóvenes ayudistas, tal vez estudiantes y estudiantas que, luego de “avivar la cueca” de la Plaza Italia para abajo, regresan felices a sus casas, donde la nana les tiene lista la comida e ingieren un rico bocado, escuchando música extranjera a través de alguna plataforma de streaming. Cuando les corten la luz como consecuencia de algún atentado terrorista, vamos a ver si van a seguir tan felices.

El objetivo inmediato es que algún carabinero pierda la paciencia o se vea acorralado de tal forma que no vea otra salida y le dispare a alguien. Que ese alguien muera y sea estilizado como figura de la “resistencia” frente al estado opresor[5]. Da lo mismo si esa persona formaba o no parte del grupo de manifestantes o simplemente pasaba por la calle en esos momentos. Da lo mismo, si un carabinero le disparó directamente o fue víctima de una “bala loca”. Asimismo, si no logran provocar a un carabinero para que dispare, da lo mismo, siempre se lo pueden endosar el hecho a un uniformado.

Me parece que esto último fue lo que intentaron hacer con el Ejército durante los pocos días que duró el estado de excepción[6]. En este sentido es sintomático que la Fiscalía retirara los cargos por homicidio contra el joven militar detenido por la muerte de manifestante en Curicó, ya que probablemente el autor fue una persona que participaba en las manifestaciones[7]. Pero las cuentas de activistas y los “medios alternativos” divulgaron como un hecho que un militar habría matado a un manifestante… Es difícil imaginar una aplicación más clara de la teoría de la desinformación.

Es exactamente la misma estrategia de la extrema derecha europea, que también se llena la boca con la palabra “Resistencia”, que también es omnipresente en imágenes y en textos de las cuentas de los extremistas chilenos y de sus “ayudistas”. Los ayudistas -dice el político de izquierda Mario Waissbluth- “son los inocentes marchantes indignados, que sienten que la ‘primera línea’ los protege”. La primera línea estaría integrada por los “jóvenes violentistas”[8].

En resumen: el ataque verbal y físico a carabineros es algo que observo desde hace ya harto tiempo[9]; pero que desde octubre ha cobrado rasgos muy fuertes tiene una doble finalidad: 1) desprestigiar a Carabineros que es la fuerza del estado chileno para garantizar el estado de derecho 2) Lograr la muerte de al menos una persona, para utilizarla como palanca en la siembra del odio contra la fuerza pública.

En definitiva, de lo que se trata es de socavar, derruir y finalmente destruir el estado de derecho, del que Carabineros es un esencial garante. De debilitar, desprestigiar y desestabilizar al estado de Chile, del cual Carabineros, como institución, es su “representante”. Para finalmente derrocar al gobierno y sustituirlo por otro que se embarque en la empresa de construir o más bien de imponer otro tipo de estado, otro sistema político y otro modelo económico.

No, los carabineros no son ya más santos; en realidad, nunca lo fueron. Tal vez sea mejor así, es preferible que haya hombres y mujeres de carne y hueso trabajando por el bien común, por el “orden y patria”, garantía del estado de derecho, del imperio de la ley, que a supuestos santos que, en realidad, no existen. Sería preferible que, simplemente, volvieran a ser “un amigo en tu camino”.


[1] Como muestra, un botón: vean este meme (hay muchos como este, todos de la misma procedencia y con el mismo texto, sólo cambia la persona que “grita”), de una página que no sé si es de extrema derecha o de extrema izquierda, ya que ambos sectores son gemelos.

[3] Cfr. Karl Popper, Die offene Gesellschaft und ihre Feinde, tomo I, página 219.

[4] Ataque a Tenencia Rivera Lopez, 10ª Comisaría La Granja, dejó un saldo de tres carabineros heridos a bala.

[5] En Chemnitz, la antigua “Ciudad de Carlos Marx” (fue su nombre oficial durante casi medio siglo) a fines del verano pasado, fue asesinado, bajo circunstancias aún no aclaradas del todo, un cubano-alemán que no podía ser menos extremista de derecha. Sin embargo, la extrema derecha usó su muerte, primero ocultando su origen extranjero y luego, estilizándolo como una “víctima del pueblo alemán”. Sí, la extrema derecha europea y la extrema izquierda latinoamericana se parecen mucho.

El terrorista de Christchurch, Carl Schmitt y el melting pot

¿En qué se parecen el terrorista de Christchurch[1] y Carl Schmitt? En que ambos hablan del melting pot, de lo que en castellano llamamos crisol de culturas. Y ninguno de los dos lo hacen en buenos términos…

Para el primero, el objetivo fundamental es la separación racial y poner fin definitivo al “crisol de razas”. Su finalidad es que una supuesta “raza blanca” se separe absolutamente de las demás y logre la supremacía sobre las otras supuestas “razas”. Incluyendo la “raza” de los latinos, por si hay algún lector latino que se considere miembro de la “raza blanca”[2]. El asesino de Christchurch dice que hay que “eliminar físicamente” a los “invasores”. Es el lenguaje de los nazis que revive impulsado por la ideología de la White Supremacy.

En su “Manifiesto”[3] -que yo llamaría más propiamente un panfleto- describe la masacre de la ciudad neozelandesa de Christchurch- no como “un ataque a la diversidad, sino como un ataque en nombre de la diversidad”. Asesinar personas que viven fuera de su territorio es participar en el combate en que están empeñados los extremistas partidarios del etnopluralismo, en ese verdadero apartheid a nivel mundial[4] que se ha puesto de moda en sectores de extrema derecha e incluso entre ultra conservadores del llamado primer mundo.

Sí, el terrorista australiano[5] es un partidario del etnopluralismo (él dice que es un etnonacionalista, a confesión de parte relevo de prueba), ideología que pertenece al núcleo de la llamada nueva derecha, especialmente al movimiento identitario. Se puede decir que el etnopluralismo es el antónimo, es exactamente lo contrario al crisol de nacionalidades o melting pot.

Según el etnopluralismo, cada “pueblo” tiene derecho a vivir libre de influencia extranjera[6], influencia que se considera como una amenaza para la propia identidad cultural[7]. La gente que siente de esta manera, debe estar muy insegura de su propia identidad. En consecuencia, cada “pueblo” debería residir en un determinado territorio y no salir de él -salvo para hacer turismo- ni menos mezclarse con otros pueblos. Los matrimonios interculturales estarían prohibidos. Como señalé recién, sería un verdadero apartheid a nivel planetario.

El terrorista sostiene que hay que “garantizar que los diversos pueblos sigan siendo diversos, separados, únicos, sin diluir, sin restricciones de expresión y autonomía cultural o étnica”. Más etnopluralismo, imposible. La esencia del etnopluralismo es la creencia en que “cada pueblo tiene el derecho a mantener su sociedad libre de influencias externas”[8] [9]. Los pueblos tienen que estar solos, separados de los demás, sin “mezcla” de ningún tipo. El etnopluralismo es “un racismo sin razas, ya que en él se hallan elementos esenciales del racismo clásico el que, sin embargo, renuncia a la terminología propia del mismo, como el concepto de raza”[10] que ha sido dejado de lado por la ciencia del siglo 21[11].

A continuación, el asesino múltiple, se refiere a las razas, que hace sinónimo de cultura y hasta de religión. Se queja de personas como yo o como tú que, “Ni siquiera CREEN en la raza” y que tienen la desfachatez de decir que la raza no existe y, sobre todo, a aquellos a los que esto ni siquiera les importa. Prosigue diciendo que hay que “Asegurar que los pueblos del mundo permanezcan fieles a sus tradiciones y creencias y no se debiliten y corrompan por la influencia de los extranjeros”.

Los cristianos podemos dar testimonio de que el cristianismo es una religión universal y universalista. El universalismo cristiano se fundamenta en que el mensaje de salvación va dirigido a todos los hombres y mujeres, de todos los tiempos y de todas las etnias, sin considerar frontera alguna. De manera que estamos ante a una religión abierta a todos, independientemente de su origen étnico[12].

Pero, el terrorista no es no cristiano. Es más, sus ideas y su atentado es lo más contrario al cristianismo que pueda existir. Él mismo reconoce su posición frente al cristianismo: “Pregunta: ¿Era / es usted un cristiano? Respuesta: Eso es complicado. Cuando lo sepa, se lo diré”. Se lo puedo decir yo: claramente Ud. NO es cristiano. Usted se halla en las antípodas del mensaje de Jesús. Su panfleto y su actuación son exactamente lo contrario a la enseñanza de Cristo.

Se describe a sí mismo como un “un etnonacionalista ecofascista”. Y exige “Autonomía étnica para todos los pueblos con un enfoque en la preservación de la naturaleza y el orden natural”[13]. Rechaza lo que él llama la nueva “utopía multicultural”. A la supuesta “nueva utopía multicultural”, yo le llamaría “sociedad abierta”. Con Popper, pienso que el “tránsito de la sociedad tribal a la sociedad abierta es un shock” y en este proceso de tránsito surgen fuertes movimientos reaccionarios[14] que pretenden lograr un retroceso, echar hacia atrás los punteros del reloj o las hojas del calendario. En esta categoría se incluye el etnopluralismo o el etnonacionalismo, del cual este hombre es un representante, o más bien, una horrible marioneta.

En la supuesta entrevista que se hace a sí mismo, se pregunta “¿Qué te hace creer que hay diferencias raciales y que esas diferencias son importantes?” y se responde a sí mismo: “Investigación y datos. Haplogrupos, fenotipos y pruebas globalizadas. Con el tiempo, la verdad será revelada”. Los conspiranoicos como este asesino múltiple siempre te cuentan que ellos saben más que los demás, que conocen la verdad y nosotros no la conocemos. Insisten en que los demás no sabemos nada. Más adelante, dice que a nosotros nos lavaron el cerebro. Claro, ellos son los “iniciados”, los “iluminados”. Nosotros -pobres mortales- somos ignorantes. Pero, a la larga, “la verdad”, se conocerá o “será revelada” quién sabe por quién y todos les daremos la razón a ellos. Él asegura que él estará preso durante 27 años, luego se sabrá la verdad, él saldrá libre y le darán el Nóbel de la Paz[15].

El terrorista se refiere a Brasil. Dice que ese país “con toda su diversidad racial, está completamente fracturado como nación, donde la gente no puede llevarse bien, separarse y segregarse siempre que sea posible”. Yo diría que el problema de Brasil no es racial, ni racista. Una amiga brasilera me explica que su país, más que racista, es muy clasista (problema de la mayoría de los países de Latinoamérica, donde incluso los mismos self-made-people tienen la tendencia a volverse clasistas).

Carl Schmitt, en su librito sobre Derecho internacional se refiere explíticitamente a Brasil. Critica a Mello Franco[16], el delegado brasilero ante la Liga de las Naciones[17]. Explica que el brasilero no tiene derecho a “imponer sus ideas a Europa”, ideas que Schmitt critica duramente como “unvölkisch”, esto es, que van contra la idea de pueblo, en sentido racista y nacionalista. Sostiene que Mello Franco propugna la asimilación de los pueblos y el concepto de Schmelztiegel, melting pot o crisol de etnias[18]. Y que, con esto, Brasil quiere inmiscuirse en la política europea. Recordemos que Schmitt plantea la validez de la Doctrina Monroe[19] (América para los americanos) como asimismo, la validez de la doctrina de la hegemonía alemana en Europa[20], que considera su esfera de influencia.

Por ello, no me extraña en absoluto que, décadas más tarde, el diario alemán escrito por admiradores de Carl Schmitt, llamado Junge Freiheit[21] (“libertad joven” que, de joven y de libre, nada tiene), critique el “modelo brasilero” como “mezcla y nivelación al más bajo nivel de civilización”[22]. Parece que Brasil es, desde hace mucho, un anti-ejemplo para este tipo de gente. Me pregunto si dirán hoy lo mismo con Bolsonaro a la cabeza…

Un vistazo a Wikipedia nos otorga claridad sobre el tema. La enciclopedia explica que “Brasil ha sido el crisol de culturas por excelencia porque desde tiempos de la colonia, los criollos portugueses favorecieron la asimilación y la tolerancia de otras etnias, y los matrimonios interraciales eran más aceptables en Brasil que en las otras colonias del continente”[23]. Porque ha sido “el crisol de culturas por excelencia”, por eso, no les gusta. Aunque los expertos de escritorio de la extrema derecha primermundista y sus aliados ultraconservadores poco y nada saben de Brasil.

Schmitt cita lleno de admiración al “canciller del Reino Adolf Hitler”, quien en el Reichstag delineó “nuestro pensamiento de pueblo nacional socialista”[24] [25]. Pensamiento que garantiza el “derecho a la defensa para los pueblos alemanes” que viven fuera del Reich, para que no se asimilen[26], no sean “absorvidos” por los pueblos eslavos y, sobre todo, combate la idea del melting pot o Schmelztiegel, como se denomina en alemán[27].

Más adelante, Schmitt menciona nuevamente “los ideales del Schmelztiegel” o del melting pot[28], con los que parece obsesionado. Critica la “mezcla de pueblos” que tuvo lugar durante la decadencia del Imperio romano. Y la asimilación y melting pot actual de las grandes democracias occidentales. “Mientras los imperios occidentales se entregaban a los ideales de asimilación y del crisol”, el Reich defendía “la santidad de un orden de vida no universalista” y étnico[29], sostiene.

Volviendo al escrito del terrrorista, este confiesa que “La nación con los valores políticos y sociales más cercanos a mí es la República Popular de China”. Me pregunto si Schmitt estaría de acuerdo con esta aseveración. Y más adelante: “Como son tan fuertes, China se convertirá en la nación más dominante del mundo en este siglo, aunque carece de diversidad?” En otras palabras, le gusta China porque teóricamente no se ha mezclado con otros pueblos. Qué pena que el pobre terrorista haya nacido en Australia, que es un melting pot y no en la República popular China.  

En suma, hoy como ayer, hay gente que propugna, que anhela, que añora la soledad de los pueblos. El aislamiento de las etnias, de los grupos que tienen tales o cuales características corporales externas y poco importantes. Hay que hacerles frente.


[3] En su Manifiesto, denominación con la que emula al terrorista noruego de extrema derecha y asesino en serie, Breivik, de quien dice haber recibido una “bendición”. Cuando cite entre comillas sin referencia expresa, me estaré remitiendo a este “escrito”.

[4] El concepto es de Liane Bednarz, en: AfD und Pegida – Angriff auf die liberale Gesellschaft Ella habla de “weltweite Apartheid”.

[5] Pese a que es australiano, llama la atención que hable tanto de Europa. Llo explica así: “¿Qué es un australiano, pero un borracho europeo? Es broma, pero Australia es una colonia europea, particularmente de acciones británicas y, por lo tanto, una extensión de Europa”. De su escrito en internet, la traducción es mía. En adelante, citaré su texto sin más referencia.

[6] Qué gran impacto ha tenido esta ideología en la población me tocó vivir una vez que mis hijos tocaban en el piano de la casa, música de películas de Walt Disney y un amigo mío alemán que estaba presente, los reprendió y les dijo que deberían tocar solamente música alemana.

[9] “Para garantizar que los diversos pueblos sigan siendo diversos, separados, únicos, sin diluir, sin restricciones de expresión y autonomía cultural o étnica”.

[13] Sobre un supuesto “orden natural”, ver mi columna El Nuevo Orden según Carl Schmitt

[15] “No solo espero ser liberado, sino que también espero un premio Nobel de la Paz. Como se le otorgó al terrorista Nelson Mandela una vez que su propio pueblo logró la victoria y tomó el poder”.

[16] Se trata de Afrânio Mello-Franco, quien, entre 1924 y 1926 fue delegado de su país ante la Sociedad o Liga de las Naciones, en Ginebra. No es normal que en un texto de análisis jurídico se mencione en esta forma a una persona; honra a Mello Franco que Schmitt lo mencione y lo critique tan duramente.

[17] También llamada Sociedad de las Naciones 

[18] Todo esto en la página 46 de su obrita de tan sólo 82 páginas.

[19] Schmitt dedica todo el capítulo segundo de su librito a la Doctrina Monroe.  

[20] Cfr. El nuevo orden en el derecho internacional, según Carl Schmit “Como dice Hannes Stein: Europa sería el gran espacio del Reich alemán, el continente estaría sometido a Alemania”.

[22] “Das brasilianische Modell würde völlige ethnische-kulturelle Vermischung und Nivellierung auf den simpelsten zivilisatorischen Nenner bedeuten”. El artículo es de 1999.

[23] “….Sin embargo, esto no significa que la sociedad brasileña ha estado exenta de luchas étnicas y de explotación de las minorías raciales y que algunos grupos hayan decidido separarse de la principal tendencia social de la vida del país. Los brasileños de ascendencia europea conforman casi 50% de la población del Brasil, aunque el número de personas de origen étnico mixto se ha ido convirtiendo en un segmento cada vez más grande de la población. Aproximadamente dos quintas partes de la población son mulatos (mezcla de europeo y africano) y mestizos (mezcla de europeo e indígena)” Del artículo de Wikipedia, sobre crisol de culturas

[24] “auf der Grundlage unseres nationalsozialistisches Volksgedankens”, pág. 46. El lenguaje es muy claro.

[25] A ver si alguien se atreve a decir que Carl Schmitt no fue un nazi. Ver también ¿Fue Carl Schmitt un nazi?

[26] Schmitt menciona positivamenteuna declaración conjunta polaco-alemana de 1937.

[27] Págs. 46 y 47.

[28] Pág. 51.

[29] Während die westlichen Imperien „Assimilierungs- und Schmelztiegelidealen” frönten, verteidigte das Reich „die Heiligkeit einer nichtuniversalistischen, volkhaften, völkerachtenden Lebensordnung”, en: Dan DinnerRASSISTISCHES VÖLKERRECHT* Elemente einer nationalsozialistischen Weltordnung

Extrema derecha y liberalismo

Es curioso que grupos de extrema derecha en todo el mundo, se den a sí mismos nombres que incluyen la palabra “libertad”, libertarios y hasta se hagan pasar por “liberales”. Incluso, en Alemania, existe un partido político que se autodenomina “Die Freiheit”, esto es, “la libertad”. Me parece una contradicción en los términos, ya que, al menos, a primera vista, nada hay más contrario a la libertad y al liberalismo que la extrema derecha.

Antes que nada, hay que precisar qué entendemos por extrema derecha, por derecha radical o por populismo de derecha o de extrema derecha (el populismo es siempre extremo).

En términos simples, la extrema derecha es la ideología que propicia ideas que son propias de la derecha más extrema. Tal ideario está reñido con el orden democrático, liberal y representativo que actualmente existe en la inmensa mayoría de los países del llamado “mundo libre”[1]. Sus partidarios pretenden superarlo o acabar con el sistema y aceptan hasta el uso de la fuerza para lograrlo (los populistas menos que los únicamente extremistas). Su ideal es un estado autoritario o incluso totalitario. Las bases de la sociedad que postulan están basadas en una doctrina nacionalista y/o racista. En todo caso, exluyente de quienes ellos deciden que no pertenecen “al pueblo”, término igualmente cargado de esta ideología. Una gran porción de xenofobia es parte fundamental de esta ideología en todas sus expresiones.

Algunos autores tratan de diferenciar entre extrema derecha y derecha radical; sin embargo, la única distinción que yo veo es que los segundos aún no llegan a ser tan extremistas con los primeros. Esta es, a mi modo de ver, una distinción en la intensidad, en el grado de compromiso con el credo extremista al que adhieren. Se distinguen en el cómo, más que en el qué.

En general, se dice que la derecha radical no pretende -al menos, no en un primer momento- destruir el sistema liberal democrático y representativo. A diferencia del extremismo, que desde un primer momento, plantea su sustitución. Ambos sectores se hallan, sin embargo, en la vía hacia el totalitarismo. Unos más, otros menos, es una cuestión de tiempo y de oportunidades, que ambos grupos se radicalicen. En el lenguaje corriente, estos dos términos se usan indistintamente y es lo que haré yo en esta columna. Tampoco veo que haya una gran diferencia con el populismo de extrema derecha tan en boga actualmente.

De partida, la libertad que los extremistas reclaman a viva voz es una libertad para ellos; pero no para los demás. Es una libertad para ignorar y pasar a llevar toda regla de convivencia social. Desprecian las normas que se ha dado la sociedad democrática, las normas que exigen respeto y tolerancia hacia los demás. Las desprecian como si fuera un molesto corset que no les permite hacer lo que ellos quieren. Exigen su supuesto respeto a su supuesta libertad; pero se niegan a respetar la libertad de los demás. La libertad y la dignidad de los demás.

En este punto -como en muchos otros- la derecha extrema se ha vuelto algo que la derecha tradicional nunca fue: anarquista. Se habla de grupos anarco-liberales. Aunque, a mi modo de ver, es un insulto a los liberales emplear siquiera la voz liberalismo para referirse al extremismo anarquista de extrema derecha. El anarquismo ha sido en la historia un movimiento más bien de izquierda; pero hoy en día, la extrema derecha y la extrema izquierda poco y nada se diferencian. No quiero repetir la manoseada consigna según la cual “los extremos se tocan”. No, más bien creo que las ideas políticas pueden ser agrupadas en forma de U, en la que los extremos de la letra herradura son precisamente la extrema derecha y la extrema izquierda.

Es increíble como algunos de mis amigos y conocidos izquierdistas se han pasado hoy a la extrema derecha, sin que se les mueva una pestaña. Antiguos de ellos, siguen siendo orgullosos marxistas; pero hoy abrazan ideas nacionalistas, xenófobas, antisemitas, islamófobas, conspiranoicas y racistas de todo tipo. A esto se refieren quienes, en tono de burla, hablan del nuevo socialismo nacionalista o nacionalismo socialista, aludiendo indirectamente a la ideología nacional socialista o nazi, como se la llama más frecuentemente[2].

Muy de la mano de lo anterior, observamos la tendencia antipluralista de la extrema derecha, cuyos adeptos están en contra de toda otra opinión, de toda forma de ser o color de la piel que no sea el propio. Es cierto que cada uno, cada una de nosotros, está convencido de que lo que yo pienso es lo correcto; pero a nadie se le pasaría por la mente plantear que lo que yo considero verdadero es la única verdad. La verdad es una palabra muy grande para agotarla en la vida política. Me temo que, donde estos grupos llegan al poder, intentan por todos los medios -sobre todo a través de la cultura y de la educación- imponer su visión unilateral de cómo deben ser las cosas, de cómo debe funcionar la sociedad, de lo que tenemos que creer e incluso de lo que debemos amar.

El grito de grupúsculos extremos alemanes “quien no ame Alemania, debe irse del país”[3] es ejemplar para esta circunstancia que describo. Por supuesto que ellos están convencidos que sólo ellos aman a Alemania. Si se fueran todos los demás y quedaran ellos solos, sin duda Alemania colapsaría y pasaría a ser el estado más subdesarrollado del planeta.

La ideología extremista es totalmente contraria a la sociedad abierta, de la que tanto nos habló Popper. De acuerdo a este egregio autor liberal, no tenemos por qué tolerar a los intolerantes. Es la llamada paradoja de la tolerancia[4], planteada por Popper precisamente para hacer frente al pensamiento totalitario, como es este de la de extrema derecha. Me atrevo a decir que el extremismo de derecha es hoy lo que Popper denominó fuerza anticivilizatoria, una expresión más de totalitarismo ha acompañado a la civilización desde su nacimiento[5]. Hay que evitar que “los enemigos de la sociedad abierta se apoderen del estado, acaben con la sociedad civil y conculquen los derechos fundamentales de sus ciudadanos”[6].

El liberalismo está a favor de un estado que permita el desarollo personal, individual de cada persona. Es individual y no colectivista. Es anti-colectivista; pero no individualista. No individualista en el sentido de un egoísmo y de un lavarse las manos frente a las necesidades de los más desvalidos de la sociedad: niños, ancianos, pobres. Su expresión económica, la economía social de mercado es una economía de mercado; pero también y sobre todo, es social. La libertad supone la igualdad y la libertad de las personas y esto se logra únicamente en un estado social.

El estado liberal es menos estado; pero es más respetuso de las preferencias individuales de sus ciudadanos, aunque sean equivocadas. A nadie se le ocurriría seguir un jucio a los actuales terraplanistas, que están tan de moda, aunque todos sabemos que la tierra no es plana. El gobierno gobierna; pero no ordena, no manda comportarse de tal o cual manera. No nos obliga, ni a ser veganos por un día (veggieday), ni a “amar” al estado.

Es un estado modesto, que no toma decisiones en nombre de sus miembros. Que no los obliga a nada en el plano moral o social. Pero que sí les exige que tengan el mismo respeto hacia las demás personas. Pide a los integrantes de la sociedad que igualmente respeten la forma de ser y las preferencias sociales o morales de los demás. No hacerlo sería convertirse en un estado muy parecido al de los ayatolas. Extremismo de derecha e islamismo se parecen mucho…[7]. Y no se parecen en nada al liberalismo.

La ideolología de la extrema derecha es guiada más por el darwinismo social que por el respeto a la libertad individual. La ley del más fuerte, dentro de la sociedad y entre los países parece ser su tenebrosa consigna. No el respeto a la libertad individual, que ha sido -desde siempre- la lumbrera del liberalismo. Sólo los más fuerte sobreviven, los más débiles merecen sucumbir. Horrorosa ideología que llevó a los más grandes genocidios del siglo 20. Para mí, la libertad supone la igualdad y la dignidad humanas.

El extremismo de derecha se aleja del postulado liberal según el cual todas las personas son iguales en dignidad y derechos (o, si no son iguales, al menos, merecen igual trato[8]). Por el contrario, la desigualdad y la discriminación son parte de este entramado social darwinista en que se niega la igualdad de las personas. La discriminación y la segregación son parte de su ADN. Incluso, muchos de los partidarios de estas tendencias, llegan hasta rechazar el antiguo postulado de la igualdad de oportunidades, que ha sido siempre un clásico del liberalismo.

La palabra libertad tiene mucho que ver con la palabra liberalidad. Liberalidad significa “ayudar o dar sin esperar nada a cambio”[9]. La conocida página de internet Wordreference nos dice que liberalidad es sinónimo de generosidad, desprendimiento, esplendidez, altruismo, dadivosidad, derroche, largueza, magnificencia[10]… etc. Por el contrario, sus antónimos son tacañería, avaricia[11]. Creo que esto nos dice mucho.

En lo económico, la extrema derecha es tacaña… Es avara y sólo desea un supuesto bien propio, sin importarle que eso pueda suponer el mal de los demás. La  tacañería me parece la virtud que acompaña al proteccionismo propio de esta ideología. Todo lo que sea aparentemente útil al propio país es bueno. Es la ideología narcisista y egómana de “mi país primero”. Los extremistas tanto de izquierda, como de derecha están a favor de un proteccionismo económico pasado de moda, del cual “my land first” es su más genuina expresión. Sí, este infantil “yo primero” es lo más propio de las ideologías de la derecha y de la izquierda populista o extremista. Los populistas de ambos extremos “de la herradura” son acérrimos enemigos del libre comercio. Esto los distingue radicalmente de la derecha clásica. Y obviamente, del liberalismo.

Hay más elementos que muestran la intrínseca contradicción entre el liberalismo y el extremismo o populismo de derecha, tales como el culto al líder, la retórica agresiva que descalifica de plano al contendor político, la crítica a las supuestas élites (en circunstancias que sus representantes provienen de esas mismas élites), la desconfianza o el abierto rechazo al sistema democrático, el propugnar una cultura y una educación estatal que “eduque” al pueblo en un cierto sentido, el verdadero odio a la prensa. Elementos que mencionamos tangencialmente en esta oportunidad; pero cuyo análisis más detenido, dejaremos para una otra columna.


[2] La cercanía entre grupos del Partido de izquierda alemán y la Alternativa para Alemania es sintomática.

[3] “Wer Deutschland nicht liebt soll Deutschland verlassen”.

[7] Sobre este tema, recomiendo el excelente libro de Julia Ebner “The Rage: The Vicious Circle of Islamist and Far-Right Extremism”, “Wut: was Islamisten und Rechtsextreme mit uns machen”, “La Rabbia: Connessioni tra estrema destra e fondamentalismo islamista”.

[8] Steven Pinker ha explicado algo parecido el último tiempo…

Defendamos la sociedad abierta de sus enemigos

El nacimiento de la sociedad abierta

En la introducción a su libro, “La sociedad abierta y sus enemigos”[1], Carl Popper hace ver que, cuando se pasa de una sociedad cerrada a una sociedad abierta, surgen movimientos reaccionarios que intentan echar abajo la civilización, para retormar al previo estado tribal. Asimismo, muestra que las ideas que hoy llamamos totalitarias son tan antiguas o tan jóvenes como nuestra propia civilización[2].

La sociedad cerrada se encuentra sometida a lo que él llama “fuerzas mágicas”. Por el contrario, la sociedad abierta supone y deja en libertad -yo diría que promueve- las capacidades críticas de las personas. De sentido crítico, hablaríamos hoy.

Nuestro autor habla del paso (Übergang) desde un orden social estamental (Stammesgesellschaftsordnung) o cerrado (geschlossene Gesellschaftsordnung) a uno abierto. Hago ver que Popper usa la denominación sociedad tribal o estamental y sociedad cerrada como sinónimos. (Esto último es un dato importante para ideólogos racistas o de ultra derecha que, sin embargo, se llenan la boca con el nombre de Popper o, en general, haciéndose pasar por liberales, lo que no son[3]).

Para él, la “civilización” (Zivilisation) es sinónimo de sociedad abierta, coincide con ella, es ella. Popper contrapone claramente la “civilización” frente a la “organización tribal”[4], estamental, a la familia extendida que algunos -prisioneros del etnopluralismo[5]– quieren ver en la nación, en la etnia, en su pueblo (Volk).

Este paso o Übergang no es un momento, no es un instante. Es un proceso (por eso, me parece muy apropiada la voz transición, usado por la traducción al castalleno). El proceso de tránsito de la sociedad tribal a la sociedad abierta es un shock, nos explica Popper. Y agrega que constituye el “nacimiento” (Geburt) de la civilización.

Los movimientos reaccionarios

En el proceso de tránsito desde una sociedad cerrada hacia una abierta puede haber retrocesos. Y de hecho, los hay. Popper los llama “movimientos reaccionarios” (reaktionäre Bewegungen).

Nuestra civilización es todavía un niño, se halla aún en su infancia[6], nos explica Popper gráficamente. Tiene que crecer, desarrollarse, desenvolverse. Evolucionar, pese a que, en su desarrollo, ha sido tantas veces traicionada por los líderes intelectuales de la humanidad. (De “rectores intelectuales” habla la traducción al castellano, denominación que me parece un tanto rebuscada).

De acuerdo a nuestro autor, los objetivos de la civilización son son: humanidad (Menschlichkeit), Racionalidad (Vernünftigkeit), Igualdad (Gleichheit) y libertad (Freiheit).

Concluyo que, si la civilización la sociedad abierta, se desenvuelve lo hará en el sentido de aumentar la humanidad, la racionalidad, la igualdad y la libertad, que son las coordinadas de una sociedad abierta. Todo lo que vaya en su contra, es un retroceso que nos vuelva atrás, a la sociedad cerrada, tribal, dominada por “fuerzas mágicas”.

Totalitarismo

Cuando una sociedad avanza surgen movimientos contrarios a la sociedad abierta, fuerzas anticivilizatorias de los más diversos colores y procedencias. Popper los llama totalitarismos y expone que son tan antiguos y tan nuevos como la misma civilización. El totalitarismo ha acompañado pues a la civilización desde su nacimiento, explica. En efecto, el surgimiento de las fuerzas reaccionarias o totalitarias coincide con el surgimiento de la sociedad abierta, de la civilización en ciernes.

Me atrevo a sostener que las “fuerzas mágicas” de hoy son principalmente las variadas teorías de la conspiración y toda la superstición y la mística barata que las rodea. Las fuerzas mágicas que se contraponen a la racionalidad. Sí, ese residuo arcaico que subyace oscuro bajo el brillo de nuestra sociedad. Las conspiranoias[7] e ideologías similares que se basan en primitivos esquemas de pensamiento, generalmente representados por una división de la realidad en dos bandos: el mío, que es el de los buenos y el de los malos, de los victimarios, quienes invaden a “mi pueblo” que es víctima, y acosan a “nuestras mujeres”.

Si lo anterior te parece conocido, es que has escuchado hablar a personas como Wilders, Orbán, Strache, Trump, Höcke, Bolsonaro, Le Pen, los ayatolas y otros “líderes del mundo de hoy”.

Populismo

En un momento en que surgen en el mundo movimientos populistas unos de izquierda y otros de derecha, pero todos siempre totalitarios, la lectura de Popper no sólo es una buena explicación de la realidad, sino que además, es -de alguna forma- tranquilizante. Concluyo que 1) los movimientos totalitarios no son nuevos, que han existido siempre y seguirán existiendo. 2) Los movimientos totalitarios surgen porque avanzamos, porque la civilización se hace más libre, más racional, más humana y más igualitaria.

El avance, el progreso trae consigo necesariamente resistencia. Mayor o menos, según mayor o menos sea la fuerza civilizatoria. Los movimientos reaccionarios son reticentes al avance, al perfeccionamiento de la sociedad libre.

Lo que no es muy tranquilizante es lo que Popper advierte acerca de la “traición” de los líderes de la humanidad. Lo que ellos dejan de lado, lo que descartan son precisamente los fines en pos de los cuales se mueve la civilización y que hacen posible la sociedad abierta. A saber: la humanidad (en sentido de humanismo), la racionalidad (en sentido de “lo que es razonable”, en contraposición a las “fuerzas mágicas”), la igualdad y la libertad. Cada delación a estos ideales es un retroceso, más pequeño o más grande; pero siempre un retroceso.

Sin embargo, no sólo los “líderes rectores de la humanidad” pueden traicionarla, sino también movimientos colectivos, partidos, organizaciones nacionales o internacionales, países enteros que se vuelven “iliberales”, jefes ideológicos, incluso magnates mundiales que ponen sus imperios periodísticos o económicos o ambos, al servicio de un retroceso totalitario. Y no exagero, una mirada a Europa y a Estados Unidos nos hace ver que la realidad puede ser peor que la peor de las imaginaciones.

Lo que podemos hacer

Pienso que es aún más urgente que cada uno, cada una de nosotros analice críticamente a quién y a qué da su apoyo, por quién vota, en qué movimiento o partido se inscribe. A quién da likes o corazones en las redes sociales. A quién defiende -o ataca- en conversaciones de sobremesa o en reuniones de amigos[8]. No podemos ser tontos útiles, no podemos dar nuestro apoyo a quienes lideran precisamente esos nuevos totalitarismos que, en realidad, son tan viejos como la civilización. Pero se presentan reiteradamente con nuevos ropajes.

No podemos recostarnos en el sofá a esperar que pase todo, cruzados de brazos, mientras movimientos totalitarios ganan terreno gracias a la apatía de quienes deberíamos defender nuestra civilización, nuestra sociedad abierta, pluralista y multicultural[9]. Seguridad, confianza, abandono en las manos de Dios, del destino, de la Historia o como quieran llamarlo, nunca es inactividad, indiferencia, ni dejadez. Muy por el contrario. El análisis popperiano tiene que ser un aliciente al poner aún más esmero y diligencia en la defensa de lo que nos es tan preciando como nuestro sistema libre de gobierno y de sociedad.

Pese a la gravedad del avance totalitario, la lectura y análisis de Popper nos lleva a conservar la serenidad, a guardar la calma y a mantener la confianza. La confianza en las instituciones, en lo logrado hasta ahora, en el camino civilizatorio que es imparable, pese a los retrocesos, más grandes o más pequeños. Hay que mirar lo logrado hasta ahora y no lo que falta aún por alcanzar. Depende de nosotros…[10].


[1] Karl Popper, Die offene Gesellschaft und ihre Feinde, I. TB Francke, 4a. edición de 1975. Copyright de la primera edición en alemán, de 1957.

[2] Obra recién mencionada, pág. 12.

[4] Lo que lo que queda aún más claro en la edición en castellano: La sociedad abierta y sus enemigos, pág. 15.

[6] Infancia es una palabra que usa la traducción en castellano. En alemán, dice que se halla en los zapatos de un niño.

[7] Invito a leer mi relato ficcional y distópico Ateísmo y antisemitismo

[8] Así conversamos con mis amigas: ¡Sácate la burka!

[10] Invito a leer mi columna Y si pasa algo…

Das Gegenteil einer offenen und freien Gesellschaft ist der Rechtspopulismus

Wir seien links oder sogar linksextrem. Ich soll ein “Gutmensch” sein, was so viel bedeutet wie extrem naiv oder einfach dumm. Das ist eine äußerst merkwürdige Stigmatisierung, denn ich bin lieber ein “Gutmensch” als ein “böser Mensch”. 

Viele Leute, die mit der Welle des deutschen Rechtspopulismus nicht einverstanden sind, werden als “linksversiffter Gutmensch” gebrandmarkt. Wer sich nicht mit der rechtspopulistischen Extremrechtsbewegungen des jeweiligen Landes identifiziert, soll automatisch als “links” oder linksextrem definiert oder besser gesagt disqualifiziert werden.

Ich bin aber weder links noch grün. Auch nicht durch irgendeine Farbe “versifft”. Um mit Sascha Lobo in re.publica[1] zu sprechen: “Das Gegenteil von rechtsextrem ist nicht linksextrem, sondern nicht-rechtsextrem”[2]. Oder wie ich meine: Das Gegenteil von Rechtsextremismus oder von Rechtspopulismus ist nicht Linksextremismus oder Linkspopulismus. Nein, das Gegenteil der extremen Rechten ist die Demokratie. Ja, die liberale und repräsentative Demokratie, die – während des Kalten Krieges – die “freie Welt” so leidenschaftlich verteidigt hat.

“Gut und Böse”

Für die Populisten ist es sehr leicht, die Welt in zwei zu teilen: In “Gut und Böse”. In ihrem Kopfkino sind sie immer “die Guten”. Alle anderen werden als Böse denunziert: Als internationalistisch, universalistisch, kosmopolitisch, kapitalistisch oder neoliberal. In ihren Augen sind wir böse Menschen, die gegen das Volk handeln. Gegen das Volk im völkischen Sinne. Rechte und Neue Rechte seien die Stimme des Volkes und wir sind einfach die “Volksfeinde”.

Ja, sie spalten die Welt, die Gesellschaft, den Staat in zwei Teile. Sie entzweien uns und “entsorgen” Menschen, die nicht zu ihrer Weltanschauung passen. Dazu können wir nur Nein sagen. Wie das Motto einer vor Kurzem in Berlin stattgefundenen Demo sagen wir sehr laut und selbstsicher: “Wir sind Unteilbar”.

Rechte und Neue Rechte beklagen oft, dass wir sie “dämonisieren”. Sie können uns aber problemlos “verteufeln”. Sie können austeilen, aber nicht einstecken. Sie akzeptieren nicht das Kontern und spielen dann sofort das arme Opfer. Sie verunglimpfen alle, die ihnen widersprechen und bezeichnen sie als “grün versiffte Linke”. Das ist äußerst merkwürdig, da sie ständig behaupten, sie seien weder rechts noch links. Mit ihrer Aussage positionieren sie sich aber selbst im rechten Spektrum.

In ihrer eigenen Wahrnehmung meinen sie, über allem zu stehen, über links und über rechts und sowieso über der lauen politischen Mitte. Wenn das so wäre, frage ich mich, warum sie andauernd alle andere als links zu disqualifizieren versuchen.

Der Wunsch mancher Neuen Rechten, alle anderen als links auszusondern, scheint oft unter anderem darauf zurückzuführen zu sein, dass viele rechtsextreme Populisten von heute in Wirklichkeit an politischen und wirtschaftlichen Ideen festhalten, die früher als links galten und in Wirklichkeit links sind.

Ebenso unterstützen ehemalige Marx-Anhänger aktuelle rechtpopulistische Bewegungen. Das ist eigentlich kein Wunder, denn eine ganze Menge extremer Ideen wurden und werden von “beiden Seiten” vertreten. Mir fallen Themen wie Staatswirtschaft, Protektionismus, staatliche Überschuldung, diese für mich unerklärliche Sehnsucht nach wirtschaftlicher Autarkie, die Verachtung der sog. Eliten oder “die, da oben”, National-Patriotismus und die Ablehnung der Globalisierung und der sog. “Finanzelite” ein.

Mitglieder von der einen und der anderen Seite sind daher relativ austauschbar. Sogar das Thema Nationalismus scheint manche Linke mit einem (rechts)populistischen Drall nicht zu stören. Die wiederholten Einladungen von Alexander Gauland (AfD) an Sahra Wagenknecht (Die Linke), sich seiner Partei anzuschließen, sind bezeichnend dafür. Übrigens, Wagenknecht hat die oben genannte Berliner Veranstaltung mit dem Motto “Unteilbar” öffentlich abgelehnt.

Pluralismus und Freiheit

Für den Populismus soll die Gesellschaft nicht plural sein. Rechtspopulisten verabscheuen den Pluralismus und versuchen, ihn abszuschaffen, was eindeutig demokratiefeindlich ist[3]. Sie hassen unsere bunte, weltoffene und multikulturelle Welt. Ihre Weltanschauung ist verschlossen, kleinkariert und ziemlich düster.

Nein, die Gesellschaft soll weiter vielfältig und multikullturell bleiben. Pluralismus ist nicht tolerierbar sondern es ist wünschenswert. Vielfalt ist kein geringeres Übel. Wir lieben den Pluralismus, die Vielheit. Diversity ist für uns ein schönes Wort. Ja, wir sind “Unteilbar”, aber auch vielfältig. Uniformierung jeder Art ist uns zuwider. Das habe ich als Kind in Zeiten des Kalten Krieges gelernt, und ich weiß es nicht, warum das nicht mehr gelten soll.

Das bedeutet keineswegs, Karl Poppers Paradox der Toleranz zu vergessen. Wir dürfen die Intoleranten nicht tolerieren. Diejenigen, die die freie und offene Gesellschaft durch ein kollektivistisches, totalitäres und autoritäres Gesellschaftsmodell ersetzen wollen, können wirklich nicht toleriert werden. Mit Popper können wir uns laut sagen: “Im Namen der Toleranz sollten wir uns das Recht vorbehalten, die Intoleranz nicht zu tolerieren”[4][5].

Oder wie Aleida Assmann in der Paulskirche warnte: “Nicht jede Gegenstimme verdient Respekt”. In der Tat: “Sie verliert diesen Respekt, wenn sie darauf zielt, die Grundlagen für Meinungsvielfalt zu untergraben. Demokratie lebt nicht vom Streit, sondern vom Argument”[6].

Diversität, Gleichberechtigung, und Gender sind Begriffe, die unsere Freunde aus dem rechten Spektrum verschmähen. Sie wollen eine Gesellschaft, in der alle gleich sind. Gleich im Sinne einer Uniformierung. Nicht gleich vor dem Gesetz. Vor dem Gesetz sollen nicht alle gleich sein: Männer und Frauen nicht und Mitglieder des jeweiligen Volkes und Nicht-Mitglieder auch nicht. Leute, die wie sie denken, und Andersdenkende sollen auch nicht die gleichen Rechte haben. Das ist der Kern der sog. Illiberalität.

Mitglieder des einen Volkes sollen gleich sein. Innerhalb des Volkes herrscht Homogenität. Unter den Völkern herrscht Heterogenität. Das ist nichts anders als die Ideologie des Ethnopluralismus oder ein neues Apartheid auf Weltebene[7].

Mein Volk soll frei sein. Dass jedes Mitglied der Gesellschaft frei ist, ist für sie irrelevant. Ich denke anders: In einer offenen Gesellschaft kann der Einzelne sich in Freiheit entfalten. Anders als die Rechten meine ich, dass ich nicht auf meine individuelle Freiheit verzichten soll, weil “mein Volk” schon Freiheit genießt.

Die Neue Rechten sprechen viel zu viel über Freiheit, aber die Freiheit ist für sie nicht die individuelle Freiheit jedes Menschen, sondern die Freiheit der Gruppe, die Freiheit des Volkes (des eigenen Stammes). Nicht der Mensch ist frei, sondern das Volk. Ja, mehr als ein Hauch von Ethnopluralismus ist allgegenwärtig.

Liberal-konservativ gegen jeden Totalitarismus

Nein, wir sind nicht links geworden. Alle diejenigen, die in Zeiten des Kalten Krieges antikommunistisch waren (antikommunistisch, aber nicht Antikommunisten, denn Menschenfeindlichkeit ist immer schlecht). Alle diejenigen, die sich früher Liberal-konservativ  nannten, die die Freie Welt, die offene Gesellschaft verteidigt haben, haben sich nicht entstellt oder verstellt.

Das Gegenteil des Kommunismus ist nie der Faschismus gewesen. Das Gegenteil des Kommunismus war immer die Demokratie. Weltoffenheit, open society, die freie, liberale und plurale Gesellschaft, waren damals die Themen. Kommunismus und Faschismus sind Formen des Totalitarismus, gegen die Konservativ- und Liberal-Demokraten im 20. Jahrhunderts tapfer gekämpft haben.

Liberal-konservativen waren nie auf der Seite der Autokraten. Sie waren immer ihre Gegner. Nie auf der Seite eines ehemaligen KGB-Offiziers. Nie auf der Seite des Totalitarismus. Und es wäre ein echter Verrat an den damaligen Idealen, wenn wir uns auf die Seite der Neuen Rechten, der Populisten aus dem rechtsextremen Spektrum schlagen würden. Der Kampf unserer Eltern und Großeltern wäre sinnlos gewesen wenn ein Totalitarismus durch einen anderen ersetzt worden wäre.

Liberal-Konservativen haben dem Kommunismus den Stirn geboten, nicht um in einer “illiberalen” Gesellschaft osteuropäischer Prägung zu enden. Nein, wir haben das Recht und die Pflicht, unser freiheitliches und demokratisches System zu verteidigen. Wie es“der Westen” damals getan hat. Illiberalismus ist keine Alternative, Illiberalismus ist lediglich ein neuer Totalitarismus.

 Wir verteidigen heute die freie Gesellschaft. Genau wie zur Zeit des Kalten Krieges unsere Eltern und Großeltern die offene Gesellschaft gegen den Totalitarismus verteidigt haben. Machen wir uns keine Illusionen, die Widersacher der freiheitlichen demokratischen Grundordnung schlafen nicht, sie haben nur ihre Kleider gewechselt. Sie tragen heute keinen ungepflegten Bart oder lange Haare, sondern Karosakko und Hosenanzug. Und eventuell eine Glatze…

 

Karl Popper

Nach Popper ist die die Stammesgemeinschaft das Gegenteil der offenen Gesellschaft. Der Philosoph erinnert uns: “Liebe deinen Nächsten, sagt die Heilige Schrift, und nicht Liebe deinen Stamm”[8].

(Apropos: Der Staat ist nicht die Fortsetzung der Familie. Der Staat ist keine Großfamilie, kein Stamm und keine Ethnie. Familie und Staat sind wesentlich, essentiell andersartig. Der Staat ist kein Stamm und auch keine “große Familie”).

Das Gegenteil einer offenen und freien Gesellschaft ist eine Gesellschaft oder ein Volk, zu dem nur einige Menschen gehören dürfen. Eben diejenigen Menschen, die zum Stamm gehören. Also zum Volk im völkischen Sinne. Und wo alle andere aus ethnischen oder ideologischen Gründen “draußen bleiben müssen”.

Unsere weltoffene Gesellschaft ist an sich eine multikulturelle und vielfältige Gemeinschaft, zu der jeder oder jede gehören kann, wenn er oder sie das Grundgesetz – also die Staatsverfassung – respektiert und verteidigt[9]. Das ist mehr oder weniger, was wir seit den 1970er Jahren Verfassungspatriotismus nennen. Eine wichtige politische Erfindung oder Entdeckung des 20. Jahrhunderts.

In einer pluralen Gesellschaft gibt es keine “Volksfeinde”. Jeder einzelne darf denken, was er oder sie will. Und infolgedessen auch handelt. Handeln immer aber innerhalb der weiten Planken der freiheitlichen demokratischen Grundordnung. Wir konkurrieren mit unseren Meinungen auf dem demokratischen Marktplatz der Ideen. Wir haben politische Konkurrenten, mit denen wir sehr gut befreundet sein können. Politik ist nicht alles und drängt sich nicht in alle Aspekten des Lebens. Wenn alles politisch wird, wenn die Politik “total” wird, ist der Totalitarismus nicht mehr ante portas, sondern er ist da.

Wir haben keine Feinde, die wir “jagen” oder “zur Rechenschaft ziehen müssen”[10]. Oder die wir einfach “zerstören”[11] sollen, ein Begriff, den leider viele im Internet benutzen. Menschen zu jagen oder sie an der Grenze abzuschießen, ist einfach menschenfeindlich.

Ich darf Assmann noch mal zitieren: “Pöbeleien oder gar eine Eskalation polarisierender Symbole wie in Chemnitz führen in einen Zustand allgemeiner Verwirrung, legen die Demokratie lahm und machen sie betriebsunfähig für wichtige Aufgaben”[12]. Ist das, was sie wollen, wenn sie zum Widerstand[13] gegen den demokratischen Staat aurufen? Oder wenn sie versichern, dass wir schon im Bürgerkrieg leben und sogar Waffen zur Selbstverteidigung kaufen müssen?

Religionsfeindlichkeit

Die populistischen Gruppierungen der Neuen und der alten Rechten sind religionsfeindlich[14]. Das passt gar nicht zu der Selbststilisierung zu Verteidigern der freien Welt[15]. Die echten Verteidiger der freien Welt während des Kalten Krieges haben sehr hart für die Religionsfreiheit in den totalitären Regimen gekämpft. Man kann sagen, das war ihnen heilig.

Sollen wir heute die positive und auch die negative Religionsfreiheit aufopfern, nur weil die Neuen rechten den Islam verbieten und uns eine Art “Kultur-Christentum” aufnötigen wollen? Zusammen mit dem Islam würden sie am liebsten auch alle andere Religionen schmähen[16] und am liebsten verbieten? Übrig würde im besten Fall eine Art “Deutsche Kirche” nach historischem Muster bleiben.

Alles, was Rechtspopulisten gegen den Islam vorbringen, ist ihr Recht. Aber wenn Gruppierungen wie Pegida das Christentum auszunutzen versuchen, haben sie mit dem Christentum nichts am Hut. Und es ist gut, dass die beiden großen Kirchen diese Tatsache in aller Deutlichkeit und mit der notwendigen Schärfe klar und deutlich machen.

Pegidisten nennen sich Retter des Abendlandes. Aber wie Wolfgang Schäuble in seiner Rede zum Tag der deutschen Einheit erklärte: “Die Humanität verlangt von uns, Menschen zu helfen. Das ist christliches Abendland”[17]. In der Tat bedeutet christliches Abendland nicht, auf Flüchtlinge zu schießen oder sie im Meer sterben zu lassen. Ganz im Gegenteil[18].

Die Religionsvielfalt ist eine wesentliche Säule der pluralen Gesellschaft. Die offene Gesellschaft setzt die positive und negative Religionsfreiheit unbedingt voraus. Es handelt sich nicht nur um ein Verfassungskonzept. Religionsfreiheit setzt voraus, dass man die Religion oder Konfession des anderen respektiert, toleriert und sogar befördert. Der militante Atheismus hatte viel zu tun mit den alten Totalitarismen des 20. Jahrhunderts und nichts mit der freien Gesellschaft.

Ja, in einem Punkt muss ich den Rechten Recht geben: Ich muss anerkennen, dass heutzutage die Kategorien Links und Rechts nicht viel sagen. Weil “die Gräben längst nicht mehr zwischen Links und Rechts verlaufen”. Nein, sie verlaufen eher “zwischen Liberalen und Autokratie-Anhängern”[19]. Also zwischen der rechten Minderheit und der demokratischen Mehrheit der Gesellschaft.

Ich rede einmal in der Woche mit einer 95-Jährigen. Sie warnte mich vor dem neuen Aufstieg eines “kleinen Hitlers”, wie sie sich ausdrückt. Letzte Woche hat Papst Franziskus in Rom gewarnt, “jungen Menschen sollten die Geschichte des 20. Jahrhunderts mitsamt der beiden Weltkriege kennen, so dass sie nicht dieselben Fehler begingen und wüssten, wie Populismus sich ausbreite”[20].

Zusammenfassend: Egal ob du mehr liberal oder mehr konservativ bist. Das Gegenteil einer offenen und freien Gesellschaft ist eine populistische politische Ordnung. Liberal-konservative akzeptieren keinen Totalitarismus, sei es der braune oder der rote Totalitarismus. Eine totalitäre und unfreie, eine sog. “illiberale” Gesellschaftsordnung liegt eben in den Antipoden der freien, demokratischen und offene Gesellschaft. Die populistische Gefahr kommt heute in der ganzen Welt eben von der rechten Seite.


[1] Die AfD fordert, der Konferenz re:publica die öffentlichen Fördergelder zu entziehen.

[3] Lobo spricht über “die gezielte, demokratiefeindliche Abschaffung des Pluralismus”. Siehe “Lügenpresse” ist keine Medienkritik

[4] Karl Popper, “Die offene Gesellschaft und ihre Feinde”.

[5] “We should therefore claim, in the name of tolerance, the right not to tolerate the intolerant”.

[8] Karl Popper, Die offene Gesellschaft und ihre Feinde, 1975, S. 146.

[9] “Was uns zu Amerikanern macht, das ist die Verfassung”, sagte der irischstämmige Rechtsanwalt James Donovan zu dem deutschstämmigen CIA-Agenten Hoffman -in dem Film “Bridge of Spies”. Er hat Recht.

[10] Tweet von AfD Uwe Junge, MdL

[11] Sie sprechen oft von “Zerstörung” und beziehen sich auf Menschen, die sie zerstören wollen. Siehe screenshot als Beispiel.

[13] Oft schreiben sie “Wiederstand” 😉 Ja, deutsche Sprache, schwere Sprache 😉

[14] Wie der Präsident des Maram Stern Vorsitzender des Jüdischen Weltkongresses über die AfD eundeutig behauptet: RECHTSPOPULISMUS »Keinen Koscherstempel« Reaktionen auf angekündigte Gründung einer jüdischen Vereinigung in der AfD 

[15] Es gibt in Deutschland ein Blog mit dem Titel “Freie Welt”.

[17] “Die Humanität verlangt von uns, Menschen zu helfen. Das ist christliches Abendland. Das verbindet uns. Es ist der Kern des Sozialstaatsprinzips. Das gilt für Bürger in persönlichen Notlagen. Und es gilt für Menschen, die bei uns Schutz suchen”. 3. Oktober 2018 Rede von Bundestagspräsident Dr. Wolfgang Schäuble am „Tag der deutschen Einheit“ in Berlin