De la violenta revolución que conduce a la dictadura del proletariado

Al final del capítulo primero de su “Estado y revolución”[1], Wladimir Lenin formula cinco postulados acerca del paso de la sociedad burguesa a la sociedad socialista que, en la teoría márxista, es el siguiente “salto” en la historia, en su camino hacia el comunismo[2]. En La abolición del estado, según Marx, Lenin y Engels, me referí al primer postulado, ahora, me gustaría analizar los postulados siguientes. No sin antes recomendar la lectura de mi primer artículo sobre el pensamiento del revolucionario ruso, titulado Lenin y el estado opresor, represivo y explotador

De acuerdo al segundo postulado, el estado es “un poder especial de represión” (eine besondre Repressionsgewalt). Lenin se felicita por esta definición, que caracteriza como “grandiosa”[3]. Explica que, en el estado anterior de la historia, el poder especial de la represión estatal era utilizado por un puñado de hombres, miembros de la burguesía contra el proletariado. Eran unos pocos ricachones reprimiendo a los trabajadores. Para Lenin, el estado, como lo conocemos actualmente, sólo puede ser represivo, no puede ser de otra forma. Se lo impide su naturaleza histórica.

Ese poder estatal represivo y que asegura la explotación de una clase por otra, debe ser sustituído por otro estado, que iniciará otra represión, que, esta vez, será ejercida por el proletariado contra la burguesía. Esto es lo que llamamos Dictadura del proletariado, explica Lenin. Y, tiene que quedar muy claro, continúa, que la abolición del poder de la burguesía y su sustitución por el poder represivo del proletariado, bajo ninguna circunstancia puede significar la muerte del estado. Para mí es muy claro: una supuesta represión reemplaza a la otra, que es muy real[4].

El estado burgués es abolido, suprimido o anulado. Pero no deja de existir instantáneamente. Engels describe el proceso de cómo el proletariado se apodera del poder estatal y transforma los medios de producción en colectivos o estatales. Así, el nuevo estado que ha surgido como consecuencia de la revolución, “estatiza” todos los medios de producción existentes. Es claro, en la lógica leninista, en un mundo sin clases, la propiedad privada ya no tiene sentido. Todo le pertenece al pueblo, a los trabajadores, a los proletarios. Al nuevo estado proletario[5] surgido automáticamente de la revolución.

De manera que la abolición o supresión del estado burgués consiste en el acto de toma de poder sobre los medios de producción en nombre de la sociedad. No olvidemos que el marxismo es un economicismo que reduce todo a la economía. Así, el estado que surge de la revolución ejerce su poder contra la burguesía, y lo hace en nombre del proletariado, después de confiscar todos los medios de producción.

Tercer postulado: Después de la revolución socialista y de que el nuevo estado ha expropiado todos los medios de producción, el estado se duerme (einschlafen) o se muere (absterben). Sabemos, agrega Lenin con absoluta seguridad, que la forma política del estado es, en ese momento, la democracia perfecta, la democracia absoluta o consumada. En otras palabras, la democracia plena sólo se alcanzaría en el socialismo.

Llegados a este punto, Lenin vuelve a ponerse de mal genio y critica a los “oportunistas” -así llama en forma reiterada a quienes disienten de sus postulados- que sostienen que el marxismo significa la muerte de la democracia. Dice que hay que darse cuenta de que la democracia es sólo un estado y que, en consecuancia, la democracia también debe desaparecer en cuanto desaparezca el estado.

Entonces, vuelve sobre la una idea anterior que repite una y otra vez: el estado burgués sólo puede ser suprimido por la revolución, el estado proletario -que Lenin identifica con la democracia perfecta- sólo puede morir. O quedarse dormido, como dice más arriba. Después de la revolución, muere el estado o el medio-estado proletario. (Halbstaat lo llama).

En el cuarto postulado, Lenin pierda toda una página despotricando contra anarquistas, nuevamente contra los oportunistas y contra los pequeño burgueses o “filisteos”[6]. Y luego, dedica otra página a los social demócratas y a un debate que tuvo lugar en la década de 1870, acerca del slogan de la social democracia denominado “estado popular libre” (freie Volksstaat). Al parecer, Engels habría aceptado hablar de un estado popular libre, tan sólo como una exigencia táctica frente a los socialdemócratas; pero en realidad, no creía en ningún estado popular libre, explica Lenin.

Lenin señala que todo estado capitalista es, por definición, represivo. Y por lo tanto, de ninguna manera es un estado es libre. Un estado capitalismta no sería jamás, un estado libre. Sostiene que, por muy democrático que sea un estado burgués, siempre ejercerá un poder de opresión sobre la clase trabajadora.

Hoy, neo- y filomarxistas hablan de un estado neoliberal que sería también y por definición un estado opresor, y que tendría por finalidad, perpetuar la explotación de los trabajadores por parte de los ricos del mundo. De ahí que se insista en la superación del modelo o del sistema capitalista y de su sustitución por otro, de preferencia, por uno colectivista. Para los anarquistas -”oportunistas” los llamaría Lenin- esto llevaría a la abolición del estado como lo conocemos actualmente. La discusión que tuvo lugar entre Marx y Engels, por una parte y la social democracia por otra, hace 149 años renace hoy en la periferia del mundo. Me refiero a Sudamérica y especialmente a Chile.

En su quinto postulado, el revolucionario ruso (que vivió entre 1870 y 1924) elogia la verdadera loa a la violencia revolucionaria que hace Engels (entre 1820 y 1895). Lenin cita al industrial alemán, quien describió a la violencia como a la “partera” (Geburtshelferin) de cada nueva sociedad y a su vez, quien “embaraza”[7] a la nueva sociedad con el germen de la sociedad que la sucederá en el curso de la historia.

Ustedes conocen la teoría marxista que explica la historia mediante “saltos”: de la esclavitud al feudalismo debido al levantamiento de los esclavos contra los esclavistas, lo que condujo al feudalismo. En él, los siervos de la gleba se levantaron contra los señores feudales, lo que condujo a la burguesía. En ella, los proletarios se levantarán contra los  burgueses en una revolución que conducirá al socialismo. Después sobreviene la muerte del estado  y adviene el comunismo.

El comunismo que, como status final de la humanidad, no sin razón, ha sido denominado el “paraíso en la tierra”. Por algo se dice que, durante el siglo 20, la ansiedad de lograr el paraíso terrenal, condujo a la creación de muchos infiernos, en que los más conocidos “paraísos” se llamaron “comunismo” y “victoria final” (el Endsieg de los nazis). Este último “paraíso”, gracias a Dios y a los aliados de la II Guerra, quedó inconcluso.

Así, en el origen de cada uno de estos saltos de la historia, encontramos la violencia considerada por Lenin, Engels y Marx como absolutamente necesaria para avanzar en la historia. Es la partera y, a su vez, quien la embaraza. La violencia es pues el instrumento revolucionario por excelencia para romper y acabar definitivamente con formas políticas rígidas y fenecidas, arenga Lenin.

En un debate que hoy ya no tiene sentido[8], Engels y Lenin critican duramente a la social democracia alemana y a su supuesto eclecticismo. Así, a la mortífera crítica a los anarquistas, a los oportunistas, a los pequeños burgueses y a los filisteos, se suma la crítica a muerte frente a los social demócratas que serían eclecticticos y asimismo, a todos los eclécticos que no observan al pie de la letra la doctrina marxista. Junto al oportunismo, el eclecticismo parece ser el gran enemigo.

La deletérea crítica a la social democracia alemana del siglo 19 está en la genética del marxismo-leninismo. Los social demócratas alemanes de aquel entonces representan a todos los social demócratas que han venido y vendrán. A generaciones que, posteriormente serán consideradas revisionistas y por tanto, peor incluso que los disidentes. Quienes han bebido la leche del marxismo primigenio, odian, detestan y combaten duramente a todas las formas de social democracia habidas y por haber.

Lenin concluye que, en las enseñanzas de Marx y Engels, la violencia de la revolución contra el estado burgués es absolutamente inevitable. Reitera que el estado burgués no “muere” en el proceso revolucionario, sino que sólo la dictadura del proletariado puede acabar con él. Aquí, Lenin llama, por primera vez “estado proletario” a la dictadura del proletariado, que surge como la cima o la cúspide de la revolución violenta. Cita el Manifiesto comunista que se refiere a la violencia revolucionaria como fatal, inevitable e indefectible (unausbleiblich).

Escribe que hay que enseñar a las masas a creer en la violencia de la revolución violenta e insiste que tal  enseñanza pertenece a la esencia del pensamiento de Marx y Engels. Y aclara que esto no es fanatismo. Dice que enseñar otra cosa, por ej. en la no-violencia, es “traicionar” su doctrina, que es en lo que, de acuerdo a Lenin, han caído, los nacionalistas socialistas y los discípulos de Kautzky, esto es, otras facciones marxistas, que interpretaban los escritos del barbudo de Tréveris de otra forma menos dogmática que Lenin.

En suma, la disolución del estado burgués por obra del proletariado es imposible sin violencia revolucionaria. A su vez, el estado del proletariado “morirá” después de surgir, sin que sea necesario abolirlo, ni menos aún suplantarlo por otro.

Después vendrá, inevitablemente, el paraíso comunista.


[1] La obra en comento es: W. I. Lenin, “Staat Und Revolution”, Dietz Verlag Berlin Oriental RDA, 1967, 9a edición (la primera edición es de 1948), Biblioteca del marxismo-leninismo. Continúo analizando el capítulo primero, de la pág. 7 a la 24. Hoy le toca al número 4, que va desde la pág. 18 a la 24. Páginas bastante intensas. Pero no todo el número, sino del postulado segundo al quinto. Al primer postulado me referí en el artículo anterior.

[2] Como expliqué en el artículo anterior, los saltos han sido desde la sociedad esclavista a la feudal y de esta a la burguesa. En la cual nos encontraríamos actualmente.

[3] Trump también considera que todo lo que él hace o twittea es “grandioso”. Ambos encarnan personalidades narcisistas.

[4] En mis oídos suenan aquello que gritaban los partidarios de Allende en Chile de la década de 1970: “Los momios al paredón, las momias al colchón”. Por si alguien no lo entiendo, el colchón significa violación.

[6] Filisteo era el “nombre reservado a las personas que Marx denominaba pequeño burguesas, esto es, gente inculta y de mirada estrecha. Da lo mismo lo que ellos prefieran y por lo que ellos voten, siempre van a estar equivocados”, en Lenin y el estado opresor, represivo y explotador

[7] “…die mit einer neuen schwanger geht”

[8] Relacionado con la llamada revolución alemana del siglo 19.

Lenin y el estado opresor, represivo y explotador

En estos días de vacaciones de Pascua y año nuevo, me entretuve leyendo el primer capítulo de una obra que, de acuerdo al testimonio de chilenos que vivieron en la República democrática alemana (que de democrática no tenía nada), constituía el libro más importante para aprender acerca del devenir de la historia, me refiero a “Estado y Revolución”, de Lenin[1].

El subtítulo del libro, aparecido originalmente en ruso, es “la doctrina del marxismo y los deberes del proletariado en la revolución”. Lenin se basa, sobre todo, en los escritos de Friedrich Engels. Se queja de que sus escritos estén mal traducidos al ruso y advierte que, debido a ello, él mismo traducirá del alemán[2].

El estado democrático es el objeto de sus divagaciones. Esto es, el estado que surge después o durante la lucha de clases, entre la clase trabajadora y la burguesía. Esto es, nuestro estado, en el cual vivimos actualmente.

Para Lenin, este estado reconcilia las dos clases que, de otra forma, estarían permanentemente en lucha, hasta que una de ellas, la clase trabajadora, ganara la pelea a la otra. Lo que, en la teoría marxista, ocurrirá indiscutida e inexorablemente y sin vuelta atrás.La reconciliación entre las clases que se encuentran naturalmente en permamente lucha, es una reconciliación artificial y dañina para la clase trabajadora y para el proceso histórico y, en consecuencia, Lenin la condena.

Para el jerarca ruso -intérprete autorizado de Marx y de Engels[3]– este estado es un estado opresor. Es más: todo estado es un estado opresor. Ya sea de los esclavistas, de los señores feudales o de la burguesía, contra los esclavos, contra los siervos de la gleba o bien, contra los trabajadores o proletariado[4].

Titula el número 3 del primer capítulo: “El estado – una herramienta de la explotación y de la opresión”[5]. En otras palabras, el estado, como lo conocemos, el estado democrático liberal representativo, tanto en su vertiente parlamentaria, como en la presidencialista, es siempre un estado explotador y opresor, lo es por definición, da lo mismo lo que haga.

Así es, para el marxismo, tanto el estado nazi como el europeo actual y el de los pocos países que fuera del mundo occidental tienen un sistema democrático de gobierno -Chile, por ejemplo- es un estado igualmente explotador, opresor y represivo por antonomasia.

Los llamados estados benefactores o welfare state[6] son igualmente opresores y explotadores, nada se saca con decirnos que en ellos, nadie se muere de hambre, que hay una política de redistribución de los ingresos o que el estado se preocupa de la salud y de la educación de sus habitantes. Eso no importa, el estado burgués, por muy social que sea, es siempre explotador, opresor y represivo.  

Los partidarios de este estado no són -como podría pensarse- sólo burgueses reaccionarios o ricachones[7], explotadores y opresores represivos de la clase trabajadora. No, Lenin critica como sostenedores de este estado, en primera línea a los revolucionarios sociales, a los mencheviques[8] y a la socialdemocracia. A veces, me da la impresión que los principales enemigos de los bolcheviques[9] eran los socialdemócratas. Creo que ello obedece a la lógica según la cual, todo movimiento que se radicaliza tiende a destruir por todos los medios, a sus compañeros de lucha moderados. O a sus ex-compañeros, como en este caso.

Lenin continúa: el estado, este estado es una envoltura del capitalismo[10], esto es un estado detrás del cual se esconde el capitalismo. Explica que el estado sirve a los intereses del capital y de los bancos y que usa la fuerza (Lenin se refiere a los grupos armados, hoy deberíamos hablar de la policía[11]) para perpetuar el capitalismo, negar la lucha de clases y ahogarla, agrega.

Asimismo, se refiere al sufragio universal que también critica. El sufragio universal -asegura- no sirve para nada, ya que se opone a la ley de la historia según la cual, en el marco de la lucha de las clases, el proletariado tiene que vencer a la burguesía, de acuerdo a las leyes “científicas” de la historia. En otras palabras, de lo mismo cual sea el resultado de las urnas. Una elección no es importante, lo único importante es que la lucha continúe y la clase trabajadora llegue al poder, da lo mismo lo que vote la gente. A mi modo de ver, ve el sufragio como una especie de calmante o un somnífero para la pobación. Un opio para el pueblo.

Lenin habla despectivamente de los “filisteos”[12], nombre reservado a las personas que Marx denominaba pequeño burguesas, esto es, gente inculta y de mirada estrecha. Da lo mismo lo que ellos prefieran y por lo que ellos voten, siempre van a estar equivocados.

En suma, para Lenin, siguiendo a Marx y especialmente a Engels, el estado en su forma actual, democrática, pluralista, liberal y representativa… Nuestro estado, debe ser superado, abolido, sobrepasado, ya que es, por definición, un estado opresor, represivo y explotador cuyo único fin es reconciliar a la clase burguesa con la trabajadora -aunque sabemos que una reconciliación real no existe-.

Por ello, nuestro estado democrático sólo impide el desarrollo “científico” de la historia cuya etapa posterior -que se nos viene irremediablemente encima- es la dictadura del proletariado, a la que dedicaré una columna próximamente, lo que, en mi propia planificación, es una realidad inexorable[13].


[1] W. I. Lenin, “Staat Und Revolution”, Dietz Verlag Berlin Este, 1967. 9a edición (la primera edición es de 1948), Biblioteca del marxismo-leninismo, Rep. democrática alemana. El primer capítulo va de la pág. 7 a la 24. El prólogo, de la 5 a la 6.

[2] Cfr. pág. 8.

[3] …que no era un ángel, sino el vástago de una familia de industriales que se habían enriquecido gracias a la industria textil. Su papá era venía de una familia religiosa pietista, más o menos, lo que en Chile, llamaríamos “canutos”. Su revolución me parece más bien una rebelión, un quiebre con su propia familia.

[5] Pág. 14.

[6] Curiosamente o no, tanto los marxistas como los libertarios -esto es, tanto la extrema izquierda como la extrema derecha- critican por igual a los estados de beneficencia.

[7] Como la familia de Friedrich Engels.

[8] Simplificando: los social demócratas rusos de la época.

[9] Simplificando nuevamente: el grupo radicalizado, al cual pertenecía Lenin y que terminó por imponerse por la fuerza.

[10] Hülle des Kapitalismus, pág. 26.

[11] “La policía representa en todos los países del mundo occidental el triunfo del estado de derecho sobre la anarquía y el caos, sobre la arbitrariedad y la injusticia”, en mi artículo acerca del triste caso de Chile Los carabineros ya no son santos

[13] Aquí reservo un espacio para un link a mi inexorable columna: La abolición del estado, según Marx y Lenin… y Engels

Holanda, triunfo a lo Pirro

En un primer momento, todos nos alegramos… Fue una alegría de alivio. Geert Wilders no había ganado las elecciones en Holanda. Las había ganado Mark Rutte, el actual primer ministro. Rutte encabeza un gobierno del tipo “gran coalición”, esto es, de partidos que normalmente son contrarios. Su colectividad, el Partido Popular por la Libertad y la Democracia[1] -liberal conservador- se unió el 2012 con el Partido del Trabajo[2], quiere decir, de los trabajadores.

El 2010, Rutte había encabezado un gobierno de coalición entre su partido y la democracia cristiana[3]. Este gobiernode minoría fue tolerado por el partido de Wilders. Wilders y Rutte se conocen desde la época en que ambos militaban en la misma colectividad. Y antes de que Wilders se tiñera el pelo rubio[4] y se lo alisara. Y antes de que se pusiera lentes de contacto de color azul. En ambientes conservadores, yo aprendí que la vida privada de un político se proyecta en lo que es su vida pública. Si esto es verdad, no habla muy bien de Wilders.

Wilders es hijo de un papá holandés y de una mamá “moluca”, como los holandeses han llamado, durante siglos en tono despectivo, a los habitantes de sus colonias de esa región del mundo. Quién sabe qué pasó durante su infancia y juventud, qué experiencias tuvo para convertirse en un aprendiz de ario, cambiando su color de pelo, el de ojos e incoando un gran desprecio por los extranjeros en Holanda. Especialmente, por los extranjeros que más hay: los musulmanes. O personas procedentes de mayoría musulmana -aunque no pertenezcan a esa religión, qué más da… el Muslim Ban de Trump[5], afecta también a personas procedentes de países de mayoría musulmana, sean de fe que sean… o de ninguna. Wilders me recuerda a Bernardo Marx, el personaje de Aldous Huxley en Brave New World. Bernardo tiene la inteligencia de un alpha; pero el especto de un gamma, por lo que sufre lo indecible. Y reacciona rechazando a la sociedad[6].

Todos respiramos con alivio, ya que las penúltimas encuestas daban como ganador a Wilders. Y no a Rutte. Las últimas, sí nos anunciaban que Rutte sería el ganador[7]. Pero tanto las últimas como las penúltimas encuestas, nos anunciaban que los resultados serían muy peleados. Lo único que nos tranquilizaba era que todos los partidos políticos holandeses habían anunciado que no formarían una coalición con el Partdo por la libertad[8], de Geert Wilders[9]. Una de las ventajas del sistema parlamentario es precisamente que una colectividad política no puede gobernar sola, sino que tiene que buscar aliados, pactar y aceptar compromisos. En otras palabras, y a diferencia de Francia con su sistema presidencial, no había peligro de gobierno de extrema derecha en Holanda. Lo que no significa que el peso político de una gran mayoría a favor de la extrema derecha no hubiese sido demasiado grande para cualquier gobierno.  

Ayer, conversando con un amigo holandés, él me decía que había sido Erdogan quien había “salvado” a Rutte. Mi amigo no deja de tener razón. Rutte jugó un poco el juego de la extrema derecha. Primero escribió esa carta a los refugiados en que les decía que, si no aceptaban las reglas holandesas, se tenían que ir del país. Después habló contra el populismo malo, insinuando que el suyo era un populismo aceptable. Y luego, vino el enfrentamiento con la ministra de la familia de Turquía, a la que la policía imedía ingresar al consulado turco, pese a estar a solo 30 metros de la entrada. Esta última medida tomada por el alcalde de Rotterdam, a la sazón, musulmán y de ascendencia marroquí[10].

La prohibición de ingreso al país del ministro de relaciones exteriores turco. Y un gran etcétera. Pero yo pienso que más que lo que hizo o no hizo el gobierno de Rutte y Rutte mismo, lo que más lo ayudó a ganar las elecciones, fue lo que hizo el presidente turco. Erdogan -en uno de sus habituales exabruptos- llamó a los holandeses -a todos los holandeses- no sólo a su gobierno: fascistas, nazis, cobardes y llenos de miedo. Ankara cerró la embajada holandesa en Turquía, prohibió la entrada al embajador holandés al país.

En otras palabras, Erdogan hizo todo lo que él considera correcto para crear un enemigo externo, ante quien los turcos “cierren las filas”. Es el tan conocido síndrome de Galtieri. Y a la vez, como efecto secundario, los holandeses se unen también frente al mandatario extranjeros que los insulta, los trata de nazis -pese a que ellos fueron uno de los países que más sufrió bajo la ocupación alemana durante la II Guerra- y, de hecho, expulsa a su embajador. Sería muy sarcástico hablar de una sitaución en que todos ganan o win win…

Mi amigo holandés me hacía ver que la de Rutte es una victoria a lo Pirro, ya que los dos partidos de gobierno perdieron muchos de los 150 escaños en el Parlamento. Sí, los liberales de Rutte, el VVD, perdió 5,28% de los votos frente a la elección anterior. Y su aliado en el gobierno, la social democracia (PvdA) perdió 19,14%… una verdadera hecatombe. Esto es, de sus 38 asientos en el Parlamento, se quedó sólo con nueve. El Partido Popular por la Libertad y la Democracia, conserva 33 de 41, lo que igualmente no está muy bien; pero es relativamente aceptable.

Con un 21,33% el VVD es el partido con los mejores resultados en la elección parlamentaria de esta semana. Le sigue el partido de Wilders con 13,1%. Luego la democracia cristiana (que en Europa es un partido conservador) con 12,5%. Los liberales de izquierda D66, con 12%. El Partido socialista con 9,2%. Los Verdes de izquierda con 8,9%. La social democracia con 5,7%. La Unión cristiana -esto es, el partido calvinista, obtuvo 3,4%. El Partido por los animales 3,1%. Y los otros, 10,8%.

Sí, en Holanda hay muchos partidos, demasiados. Pero esta es la tendencia en todo el mundo. Lo malo es que en el país naranjo, no hay barrera del 5% bajo la cual, los partidos simplemente no entran al Congreso. En Alemania y otros países, si obtienes menos de un 5% simplemente quedas fuera de la representación y tus votos “se pierden”. Esto no ocurre en Holanda, de manera que el próximo gobierno estará pormado por, al menos tres partidos, sino cuatro. Probablemente, el próximo gobierno será una aliana entre los liberales conservadores, la democracia cristiana (repito que es un partido conservador) y los liberales de izquierda o social liberales.  

Despúes del triunfo de Trump en EEUU y del Brexit, lo que más tememos en Europa es el surgimiento de movimientos de extrema derecha. Tanto Trump, como el Brexit han servido para hacer pensar un poco a los electores de las consecuencias de decisiones políticas radicales. Se habla de un “positivo” efecto Trump. La elección de van der Bellen en Austria -y no de Hofer-, de Rutte en Holanda -y no de Wilders- son una prueba de que los electores europeo-occidentales, por molestos que estén frente a la política tradicional, tampoco se quiere embarcar en una aventura populista europeo-oriental, del tipo Orbán en Hungría o Kaczynski en Polonia… Menos aún en una pesadilla americana del tipo Trump.

La siguiente elección complicada tendrá lugar en Francia, entre abril y mayo…


[1] Volkspartij voor Vrijheid en Democratie (VVD).

[2] Partij van de Arbeid (PvdA).

[3] Christdemokratischen Appell (CDA).

[4] Por lo que, en Holanda, se lo llama jocosamente: el (caballeo) cruzado del agua oxigenada.

[6] Transcribo algunas frases de Huxley sobre Bernardo Marx: “Entrar en contacto con seres de las castas más bajas, era, para Marx, una situación angustiosa”. “Los encuentros con las capas inferiores, le recordaban dolorosamente su propia deficiencia o insuficiencia corporal”. “Todo encuentro con un gamma le humillaba a sí mismo. Se preguntaba si el gamma que tenía frente a él, le trataría con el debido respeto”. En qué caminos enfermizos nos metemos los seres humanos…

[8] Entre paréntesis, es curioso que los movimientos de extrema derecha se autodenominen con tanta frenciencia, colectividades a favor de la libertad. En circunstancias que, en el fondo, son lo menos defensores de las libertades que hay. Yo diría que más bien son exactamente lo contrario.

[9] Partij voor de Vrijheid (PVV).

[10] Hay muchas cronologías de los hechos, pero creo que esta, de Huffington Post, es una de las mejores: Diplomatische Eskalation: Chronologie des Streits zwischen der Türkei und den Niederlanden