¿Cuántas personas murieron en el bombardeo de Dresden?

En un día como hoy[1], un martes de carnaval pero hace 75 años, aviones británicos[2] bombardearon no sólo Dresden[3], sino otras ciudades alemanas. Pero como la publicidad nacional socialista se centró únicamente en el bombardeo de la ciudad barroca a orillas del río Elba, los otros bombardeos quedaron en el olvido. O bien se los recuerda bajo otra luz y no la del victimismo.

Es una barbaridad bombardear ciudades, de ello estoy convencida. La finalidad del bombardeo era destruir la infraestructura para evitar el envío de tropas alemanas y de suministros hacia el frente oriental, para ayudar así al Ejército Rojo que atacaba por el Este y que tenía grandes dificultades. Pocas semanas antes[4], en el marco de la conferencia de Yalta[5], generales soviéticos exigieron a los aliados occidentales bombardear ciudades consideradas importantes para el transporte de tropas y de suministros hacia el frente oriental. Décadas más tarde, un historiador de la RDA[6] sostuvo que el objetivo principal habría sido demostrar a los soviéticos el poderío occidental.

Objetivos del bombardeo eran la red de ferrocarriles que cruzaba Dresden y la destrucción de la industria de armamentos radicada en la ciudad. Asimismo, se trataba de desmoralizar a la población, sobre todo a los obreros industriales[7], que continuaban imparables trabajando en la industria bélica[8]. Para ello contaban con “esclavos”: judíos y trabajadores forzados procecentes de los países ocupados. No olvidemos que, en ese entonces, el nacional socialismo había ocupado casi la totalidad de Europa occidental y central. Gran Bretaña era el único país europeo importante que no había sucumbido, debido principalmente a su condición de isla.

No se puede ver el bombardeo como si hubiera sido una acción aislada de destrucción de una bella ciudad alemana, de Florencia del Elba. No hay que olvidar que la guerra fue iniciada por Alemania y que el año 1945 no se puede entender sin tener presente 1939, en que Alemania invadió Polonia[9]. El final de la guerra, no se puede entender sin su comienzo. No se puede dejar de lado los bombardeos sin sentido de ciudades británicas, incluyendo a la misma capital inglesa. Bombardeos que -desde el punto de vista militar- no tenían ningún sentido salvo aterrorizar a la población y preparar la invasión a la isla (el invierno 1940-1941). Como tampoco olvidar los bombardeos de Varsovia, Rotterdam, Belgrado o Coventry[10].

La cifra de 250 mil muertos fue una noticia falsa lanzada por el ministerio de propaganda a cuya cabeza se hallaba Goebbels. En aquel entonces, la policía alemana había cifrado el número de víctimas en 25 mil, a la que la desinformación nacional socialista simplemente agregó un cero. Como los nacional socialistas daban instrucciones a la prensa de los países ocupados, un diario sueco agregó a los 25.000 un cero más, llegando a los 250.000. En 1948, un delegado de la Cruz Roja, luego de entrevistar a prisioneros de guerra alemanes, fijó el número de muertos en 275 mil. Incluso he visto la demencial cifra de dos 2.500.000 muertos. La Comisión de historiadores que estudió acuciosamente el tema y entregó su fundado informe el 2010, concluyó que el número de muertos era de por lo menos 18 mil y de un máximo de 25 mil.

No olvidemos además que Dresden estaba super poblada, pues en ella se refugiaron cerca de 200 mil personas que huían de los soviéticos y que pensaban haber encontrado en esa ciudad, un refugio seguro. No todos los que murieron eran nazis y no todos los que murieron eran siquiera alemanes. Las bombas cayeron por igual sobre nacional socialistas, refugiados, judíos, trabajadores forzados y prisioneros de guerra.

El gobierno nazi no creía posible un ataque aéreo a Dresden, razón por la cual, la ciudad carecía de refugios para la población civil, que se vió obligada a refugiarse en sótanos o subterráneos de casas particulares lo que, muchas veces, se convirtieron en una verdadera trampa para los civiles. En efecto, la casa se desmoronaba, en medio de un mar de llamas, y la gente no podía salir de los subterráneos o simplemente el inmueble se les caía encima.

Para algunos de ellos, como Victor Klemperer[11], el bombardeo fue una tragedia; pero, al mismo tiempo, significó su salvación. Se sacó su estrella amarilla y huyó a Baviera con su señora. Pocos días después, el viernes debería ser deportado lo que significaba en realidad, ser ejecutado en la misma estación del ferrocarril de Dresden. Alemania estaba a punto de perder la guerra; pero a los nacional socialistas, lo único que parecía importarles era continuar con el genocidio.

Dresden es junto con Leipzig, una de las dos ciudades más importantes de Sajonia. Después de la guerra, ambas ciudadas quedaron en la llamada Zona de ocupación soviética. De acuerdo a la ideología imperante en el Bloque Oriental, Alemania del Este hizo suyas las cifras de muertos propagadas por los nacional socialistas… o fascistas, en su dicción. Al mismo tiempo divulgó su versión de la historia, de acuerdo a la cual, el bombardeo de Dresden habría sido pura devastación capitalista e imperialista. Los socialistas reales hablaban de la “ciudad inocente y del sinsentido de su destrucción”[12]. Este espúreo discurso pervive hoy en la extrema derecha alemana que ha hecho de Dresden una de sus ciudades más emblemáticas[13].

Los nacional socialistas sabían que, tarde o temprano, alguna ciudad alemana sería bombardeada y habían preparado un acucioso plan mediático para hacer aparecer el bombardeo como un ataque despiadado dirigido contra la población. Dresden era la ciudad ideal para victimizarla y presentarla como un centro de cultura que los aliados pretendían destruir, para acabar con la civilización alemana. Creo que proyectaban lo que ellos mismos habían hecho o planeaban hacer en los países enemigos.

Asimismo, la Comisión de historiadores que estudió minuciosamente fuentes de la época[14] llegó a la conclusión de que tampoco hubo ataques a tierra por parte de aviones aliados. La imagen de aviones volando a baja altura y disparando ráfagas de metralleta contra la población civil es -en el mejor de los casos- producto de la imaginación o de la confusión de algunos sobrevivientes del bombardeo. Es por lo demás, absurda, considerando que se trataba de ataques nocturnos.

Igualmente, las bombas de fósforo fueron otra invención de la propaganda nacional socialista adoptada posteriormente por la desinformación propia del Bloque socialista. Lo que algunas personas confundieron con bombas de fósforo fueron probablemente proyectiles luminosos.

Tanto los nazis, como los comunistas y en la década de los 90, los neonazis y hoy la extrema derecha han intentado e intentan presentar a Dresden como una ciudad víctima de un ataque aéroe sin sentido, ocurrido al final de la guerra. En torno al bombardeo se ha construido un mito en que Dresden aparece como una ciudad inocente, sin industria bélica, una ciudad llena de cultura que habría sido despiadadamente destruida por el imperialismo capitalista anglo-americano. Mientras más alto sea el número de víctimas, más conviene a estos grupos.


[1] El bombardeo tuvo lugar entre el 13 y el 15 de febrero de 1945. Comencé a escribir esta columna el día 12. Recién la puedo terminar hoy.

[2] …y a partir del 15 de febrero, también aviones estadounidenses.

[3] La primera vez que escuché hablar del bombardeo de Dresden fue en aquellos aciagos días en que recibía a diario la molesta visita de españoles de extrema derecha en mi blog o bien me enviaban largos y estúpidos mensajes por mail. Uno de los que más me visitaba y enviaba estiércol era un tipo zalamero que trataba de conquistarme para su causa espúrea y que además tenía blogs y páginas de pornografía.

[4] Tiene que haber sido en enero de 1945.

[5] En febrero de 1945.

[6] República democrática alemana.

[7] Quienes antes eran proletarios fervorosos partidarios del leninismo, hoy se habían convertido en fervorosos nacional socialistas. Después de 1945, abrazarían nuevamente el comunismo y hoy constituyen el caldo de cultivo de la extrema derecha en Alemania unificada.

[8] Entre ellas, piezas para tanques y grandas de mano.

[10] Recomiendo leer o ver el discurso del Presidente Steinmeier al respecto.

[11] Victor Klemperer, Tagebücher 1945, Aufbau Taschenbuch Verlag, 3a. edición, Berlín 1999, págs. 43 en adelante.

[12] “Die unschuldige Stadt und die Sinnlosigkeit der Zerstörung”.

[13] Es la ciudad de Pegida.

[14] Entre otros, los informes de la época, elaborados por la policía.

Hitler, Stalin y el inicio de la II Guerra

La II Guerra Mundial empezó en septiembre de 1939 con la invación alemana a Polonia. Alemania se atrevió a invadir Polonia porque en agosto del ‘39 había firmado un tratado con la Unión Soviética: el llamado Pacto Hitler-Stalin (también conocido como Molotov-Ribbentrop, nombre de los ministros de relaciones exteriores de ambos regímenes). En él, ambas “potencias” se repartieron Europa central. Esto permitía a Alemania invadir Polonia por un lado, y a la URSS, hacerlo por el otro lado. Era un convenio en que ambos ganaban: territorios, influencia y recursos naturales (Alemania se aseguraba los campos de petróleo rumanos que necesitaba urgentemente para sus tanques).

El gran director polaco Andrzej Wajda muestra en su película “La masacre de Katyn”, nominada para el Oscar en 2008[1], una escena que Anne Applebaum describe en su último artículo en The Atlantic. En ella, grupos de polacos, que vienen huyendo perseguidos por alemanes desde occidente y por soviéticos desde oriente, se encuentran sobre un puente: “En la escena de apertura de la película polaca más famosa de las últimas dos décadas, una multitud de personas ansiosas y desesperadas, a pie, en bicicleta, conduciendo caballos, cargando bultos, camina hacia un puente. Para su inmensa sorpresa, ven a otro grupo de personas ansiosas y desesperadas que se dirigen hacia ellos, caminando en la dirección opuesta. ‘¿Qué están haciendo?’, grita un hombre. ‘¡Tienen que devolverse! ¡Los alemanes están detrás de nosotros!’. Pero desde el otro lado, otra persona contesta a gritos: ‘¡Los soviéticos nos atacaron al amanecer!’. Y ambos lados siguen caminando. Se produce confusión general”[2].

El Pacto secreto entre Hitler y Stalin fue negado por ambas partes, hasta que, después de la guerra, se encontró su texto en archivos alemanes. La URSS lo negó por muchas décadas más. La desinformación soviética sostenía que su existencia era una mera propaganda occidental. Creo que la única burda propaganda era la afirmación de su inexistencia.

Así se hallaba Polonia en 1939, acorralada entre dos totalitarismos que se habían puesto de acuerdo para repartírsela y con ella, a otros países. Tanto Hitler como Stalin pensaban que ellos, como “nacientes imperios” podían decidir los destinos de otros estados que consideraban pertenecer a su “esfera de influencia”[3], que era el campo donde podrían ejercer su hegemonía. El imperio nacional socialista duró 12 años, pese a que los nazis aseguraban que perduraría mil años, tema sobre el que hacen chistes los militares polacos en la mencionada “Masacre de Katyn”. El socialismo real sucumbió medio siglo, después de sembrar muerte, hambre y destrucción en todos los lugares por donde pasó.

Esto que todos sabemos, que aparece en todos los libros de historia y que podemos leer en Wikipedia y que es cultura general para cualquier persona procedente de un país civilizado, es lo mismo que recogió el Parlamento europeo en su resolución de 17 de septiembre de 2019[4]. La Resolución empieza haciendo ver que en ese año, “se conmemora el 80º aniversario del estallido de la Segunda Guerra Mundial, que provocó un sufrimiento humano sin precedentes y dio lugar a la ocupación de varios países europeos durante décadas”.

Y prosigue: “Considerando que hace 80 años, el 23 de agosto de 1939, la Unión Soviética comunista y la Alemania nazi firmaron un Tratado de no Agresión, conocido como el Pacto Molotov-Ribbentrop, y sus protocolos secretos, por el que Europa y los territorios de Estados independientes se repartían entre estos dos regímenes totalitarios y se agrupaban en torno a esferas de interés, allanando así el camino al estallido de la Segunda Guerra Mundial (…) Como consecuencia directa del Pacto Molotov-Ribbentrop, al que le siguió el Tratado de Amistad y Demarcación nazi-soviético de 28 de septiembre de 1939, la República de Polonia fue invadida en primer lugar por Hitler y, dos semanas después, por Stalin, lo que privó al país de su independencia y conllevó una tragedia sin precedentes para el pueblo polaco; que la Unión Soviética comunista comenzó, el 30 de noviembre de 1939, una agresiva guerra contra Finlandia y, en junio de 1940, ocupó y se anexionó partes de Rumanía (territorios que nunca fueron devueltos) y se anexionó las repúblicas independientes de Lituania, Letonia y Estonia”.

A quienes intentan presentar otra verdad, inspirados en que “la historia la escriben los vencedores” o slogans similares, se les llama normalmente revisionistas, aunque más que “revisar” la historia, lo que pretenden es escribirla de nuevo, de acuerdo a sus parámetros ideológicos, a lo que a ellos más les conviene para no quedar mal. Este es el caso de Wladimir Putin.

Pero este revisionismo histórico no empieza con Putin, más bien él es el heredero de la historia como la contaron los soviéticos en la época de la II Guerra Mundial o de la “Gran guerra”, como se la llamaba en Rusia de aquel entonces. Ya en esos años, se negaba que la URSS hubiese invadido Polonia, decían que los soviéticos habrían tendido una mano a los hermanos polacos para liberarlos del fascismo. Nada decían ni tampoco dicen acerca del tratado entre los fascistas y los comunistas que hizo posible la invasión.

La resolución del Parlamento europeo condena claramente la alianza entre Rusia y Alemania, entre los dos totalitarismos que destruyeron gran parte de Europa en el siglo 20. Y va aún más allá: “Considerando que, tras la derrota del régimen nazi y el fin de la Segunda Guerra Mundial, algunos países europeos pudieron reconstruirse y acometer un proceso de reconciliación, pero otros siguieron sometidos a dictaduras, a veces bajo la ocupación o la influencia directa de la Unión Soviética, durante medio siglo, y continuaron privados de libertad, soberanía, dignidad, derechos humanos y desarrollo socioeconómico”.

Tales verdades, expresadas en una resolución del Parlamento europeo es algo que enoja sobremanera a Putin ya que no cuadra con su celebración del “Día de la Victoria”. Putin usa la II Guerra como una justificación simbólica de su propio autoritarismo: quiere hacer que Rusia no sea grandiosa otra vez, sino que sea “grandiosa” precisamente como lo fue en 1945, cuando el Ejército Rojo ocupó Berlín[5].

Si no hubiera sido porque Hitler decidió atacar a la URSS en 1941, para así conquistar la “tierra negra” y fertil de Ucrania y convertirla en el “granero del III Reich”[6], probablemente, Stalin y Hitler hubieran seguido como aliados quien sabe cuanto tiempo. O habrían seguido juntos para siempre… No doce años, sino tal vez los mil años que el Führer había prometido o la eternidad que prometían los comunistas.

Desde la Resolución del Parlamento europeo, Putin se ha lanzado de lleno contra Polonia, a quien culpa de la guerra. Esto es más que revisionismo histórico, es más bien lisa y llanamente una mentira, una gran mentira. “A big lie”, como dice acertadamente Anne Applebaum. Y lo digo yo que he recibido innumerables ataques de ciudadanos polacos que igualmente hoy quieren cambiar la historia a su favor, como si todos los polacos hubieran defendido a los judíos y nadie hubiera denunciado a uno solo. Sobre el antisemitismo en Polonia escribí innumerables columnas el año pasado[7].

Sólo puedo decir: no al revisionismo histórico, ni de un lado, ni del otro. En Polonia de la pre-guerra había antisemitismo; pero este no fue -ni de lejos- el causante ni de la guerra, ni tampoco del Holocausto. El antisemitismo polaco era religioso, pero no racial; excluyente pero no eliminatorio. A su vez, hay que reconocer que el antisemitismo en Rusia era comparativamente mayor que el polaco y que sobrevivió a la Revolución rusa y fue muy grande durante el stalinismo, cuando hizo estragos, por ej. a través de la llamada “Conspiración de los médicos”.

Applebaum concluye que es probable que el objetivo principal de Putin sea socavar el estado y la posición de Polonia, que “es el miembro más grande y más importante de la OTAN de Europa del Este, con el ejército más grande y la economía más seria, es el país que originalmente propuso el tratado comercial europeo con Ucrania, tratado que provocó protestas y la dimisión del presidente pro-ruso en Ucrania el 2014, es el país que argumentó durante más de una década contra el oleoducto ruso-alemán Nord Stream 2, ahora paralizado por las sanciones de los EEUU. ¿Por qué Putin no querría socavar y desestabilizar la posición de Polonia? Al hacerlo, socava y desestabiliza toda la arquitectura posterior a la Guerra Fría. Y eso ha sido claramente el objetivo central de su política exterior durante dos décadas”[8].


[1] La pelicula ganadora fue Los Falsificadores, también muy buena y que comenté hace mucho tiempo en mi artículo Die Fälscher – The Counterfeiters – Los falsificadores

[3] Sobre la teoría del Großraum de moda en esa época, ver mi columna El nuevo orden en el derecho internacional, según Carl Schmitt

[6] Sobre el tema, recomiendo el estupendo libro de Timothy Snyder, “Road to unfreedom”. Está traducido al castellano. como “El camino hacia la no libertad”. Y al alemán como “Der Weg in die Unfreiheit”.

La abolición del estado, según Marx y Lenin… y Engels

Wladimir Lenin fue uno de los muchos revolucionarios del siglo 19 y comienzos del 20 que no pertenecían a la clase trabajadora; pero que se colocaron al frente del movimiento que denominaron revolución proletaria. El número final del primer capítulo de su libro “Estado y revolución”[1] nos da las claves para entender su teoría revolucionaria, propia de la primera mitad del siglo 20, considerado como una de las épocas más violentas[2] de toda la historia. También nos da claves para captar porqué hubo tanta violencia en aquel entonces. Y, tal vez, para entender ese extraño movimiento que ha surgido hoy en día en las periferias del mundo, y que pretende revivir las ideas de la primera época de la teoría marxista[3].

El movimiento socialista se debatía entonces -como ahora- entre innumerables peleas debido a divergencias doctrinarias o de interpretación de textos que los mismos revolucionarios consideraban como “científicas” y en calidad de tales, como demostradas e inamovibles. Como si la ciencia fuera inamovible… Sostenían que sus propias ideas eran científicas, demostradas e invariable y a quienes se atrevían a contradecirlos, denostaban como a verdaderos herejes. La demostración supuestamente científica consistía en analizar un proceso histórico, como la comuna de París, y extrapolar sus presuntos resultados a todos los procesos político-históricos de la historia y del mundo.

Lenin divide el capítulo I del libro que comentamos[4] en: primero, “El estado – un producto de la irreconciabilidad de las oposiciones de clase”. Segundo: “Formaciones especiales de hombres armados, cárceles, etc.” El tercero se refiere al “estado, instrumento de la explotación de la clase oprimida”. Analicé estos tres primeros números en mi artículo anterior Lenin y el estado opresor, represivo y explotador, del que esta columna es su continuación inexorable. El número 4 está dedicado a “La ‘muerte’ del estado y la revolución violenta”. Al primer postulado de este último número, que trata “de la abolición del estado, pero no de su muerte”, deseo dedicar esta columna.

El revolucionario ruso explica que hay una gran diferencia entre la muerte del estado, o más bien, entre el proceso de la muerte del estado (aussterben) y su supresión, abolición o anulación (Aufhebung o Abschaffung). La muerte y la abolición corresponden a dos momentos diferentes de la historia que anarquistas y otros oportunistas confunden. Contra ellos van dirigidas las duras diatribas leninistas que llenan páginas enteras de su libro. De diálogo frente a la diversidad de opiniones, nada. De tolerancia, cero.

La obra contiene una larga cita tomada de un escrito de Friedrich Engels contra su antiguo compañero revolucionario Eugen Dühring, otro socialista alemán. Entre paréntesis, Düring es considerado como el fundador del antisemitismo racista y uno de los precursores del nacional socialismo. El escrito, conocido como “el anti-Dühring” se titula en realidad: “La subversión de la ciencia del Sr. Dühring”[5][6]. Es curioso como muchos marxistas de la primera hora estaban tan fascinados con el término ciencia, que insistían en que sus teorías eran “científicas”, dándoles con ello, un valor del que carecían. En este caso, Engels resta toda calidad de ciencia a los planteamientos de Dühring.

Pero no nos alejemos del tema principal: la muerte o la abolición del estado, acerca de la cual, Lenin formula cinco postulados[7]. De acuerdo al primer postulado, cuando el proletariado asume el poder estatal, suprime al estado. En efecto, como consecuencia de la revolución, la clase proletaria toma el poder del estado: los trabajadores asumen el poder estatal y el estado deja de existir. Es abolido, suprimido o anulado.

Sin embargo, no deja de existir instantáneamente. Para explicarlo, Lenin cita a Engels, quien describe cómo el proletariado se apodera del poder estatal y transforma los medios de producción en estatales. El nuevo estado que ha surgido como consecuencia de la revolución, “estatiza” todos los medios de producción existentes. Es claro, en la lógica leninista, en un mundo sin clases, la propiedad privada ya no tiene sentido. Todo le pertenece al pueblo, a los trabajadores, a los proletarios. Al estado proletario…

Exacto, el estado burgués se anula a sí mismo y con ello, revoca todas las contradicciones y diferencias de clase pre-existentes. De esta manera, se acaba el estado -como lo conocemos- que era la expresión de la reconciliación de la lucha de clases, la que, de cualquier manera, era un engaño, ya que la reconcilicación no es posible, ni tampoco seria deseable ya que retrasaría el curso de la historia.

No hay que olvidar que, para Lenin, el estado burgués -nuestro estado- reconcilia artificialmente las dos clases que, de otra forma, se hallan en lucha permanente, hasta que una de ellas, la clase trabajadora, gane la pelea. Lo que, en la teoría marxista, ocurrirá indiscutida e inexorablemente y sin vuelta atrás.

El estado burgués -el estado democrático liberal- que intenta una reconciliación entre las clases que se hallan naturalmente en permamente enfrentamiento, trata de llevar a cabo una falsa reconciliación que es dañina para la clase trabajadora y para el proceso histórico y, por tanto, Lenin lo condena[8]. Condena la reconciliación de las clases que, en realidad, deben seguir enfrentándose y luchando sin pausa, ni tregua, ni menos misericordia. Sólo así avanza la historia de acuerdo a los postulados supuestamente científicos del materialismo dialéctico.

En efecto, de acuerdo a Engels, el estado fue necesario para mantener la explotación de una clase por la otra, mediante la mantención de sus condiciones de producción. Ese estado pretendía representar a toda la sociedad; pero, en realidad, sólo representaba a la clase que, en su tiempo, decía representar a toda la sociedad, lo que, en realidad, era una falsedad. En nuestra época, el estado representaría tan sólo a la burguesía y no a la clase trabajadora. En el pasado, habría representado a los esclavistas o a los señores feudales.

Una vez que no hay más clase a la que reprimir y que se termina con la anarquía de la producción de bienes y de la existencia individual, una vez que todo se colectiviza y se acaban los excesos, ya no hay nada más que reprimir, de manera que una fuerza represiva, como es el estado, es totalmente innecesaria. En consecuencia, podemos abolir el estado.

El primer acto del nuevo estado, como representante de toda la sociedad, consiste en tomar posesión de todos los medios de producción. Este es, tanto el primer acto del nuevo estado, como también el último. Es el último acto de un nuevo estado que representa toda la sociedad y ya no a una clase opresora que se hacía pasar por “toda la sociedad” sin serlo. Ese nuevo estado es lo que hoy llamamos el estado del socialismo real, o simplemente estado socialista. Un concepto histórico propio de la Guerra Fría.

El nuevo estado ejerce el gobierno ya no más sobre las personas -como hacía el estado burgués- sino que administra las cosas y dirije los procesos de producción. Este estado no es abolido, sino que muere (stirbt ab) lentamente, debido a que, aparte de su actuación como organizador de los medios de producción, se ha vuelto superfluo en todos los otros aspectos de la vida y finalmente se hace innecesario, para acabar “durmiéndose”, esto es, muriendo poco a poco. Yo diría que es una especie de “dormición” del estado.

Engels critica duramente a los anarquistas (tan en boga a fines del siglo 19), que sostienen que el estado burgués o democrático debe ser abolido o suprimido ya. Lenin dice que este es mero oportunismo y fustiga duramente la doctrina anarquista acerca de la supresión del poder del estado. El estado posterior a la revolución va a acabar durmiéndose porque ya no será necesario. Pero el estado que surge con la revolución, cuando el proletariado toma el poder y expropia, confisca o estatiza todos los medios de producción, ese nuevo estado de los trabajadores no puede ser abolido. En este punto, los anarquistas se equivocan, como explicará más tarde[9].

En suma, el estado burgués no muere sino que es abolido. En el proceso de la revolución proletaria, es reemplazado por otro estado. Por el estado socialista. La represión anterior, ejercida por la clase burguesa contra la clase trabajadora se invierte ahora en el nuevo estado que ejerce una nueva represión, esta vez de los trabajadores contra la clase burguesa.

Demás está decir, que quiénes eran parte de la burguesía o no lo eran, fue algo que quedó al criterio, o más bien al capricho y descriterio de los autodenominados representantes del proletariado. Lo que explica por qué tanta gente fue catalogada como “enemigos del pueblo” o “traidores” y enviados a morir en el gulag. Como dice la Nóbel de Literatura Herta Müller[10], muchas veces hablamos del estado socialista; pero olvidamos que eran personas mediocres y malvadas quienes estaban al frente del estado y lo comandaban a su antojo y a su capricho[11].


[1] Obra de especial importancia en los estudios -generalmente obligatorios, por no decir forzados- de marxismo-leninismo en los países que formaban parte del llamado Bloque socialista soviético y que todos creíamos que habían pasado a la historia. Éste uno de los libros que más influyó e influye actualmente en el pensamiento neomarxista o filomarxista, pseudo-marxista o marxista popular, esto es, superficial y “facilito”.

[2] Cfr. Violence Vanquished Se refiere al cliché según el cual el siglo 20 es el más violento de la historia, olvidando la segunda mitad de la centuria.

[3] Me refiero a Sudamérica.

[4] W. I. Lenin, “Staat Und Revolution”, Dietz Verlag Berlin Oriental RDA, 1967, 9a edición (la primera edición es de 1948), Biblioteca del marxismo-leninismo. El primer capítulo va de la pág. 7 a la 24. El número 4, de la pág. 18 a la 24. Páginas bastante intensas.

[5] “Herrn Eugen Dühring’s Umwälzung der Wissenschaft”. Umwälzung es, en este sentido “dar vuelta”, invertir la ciencia.

[6] Para la elaboración de este “anti-escrito”, considerado uno de los tres más importantes de la doctrina marxista, Engels contó con la directa colaboración de Karl Marx, según cuenta el mismo Engels https://de.wikipedia.org/wiki/Anti-D%C3%BChring#Wirkung

[7] Como ya expliqué más arriba, en el último número del primer capítulo.

[9] Link a una columna que aún no he escrito.

[10] … quien vivió o sufrió ella misma el estado socialista en Rumania.

[11] Cfr. Schriftstellerin Herta Müller „Ich wusste immer, was ich nicht will“ La Nóbel de literatura habla de personas “brutales, sin educación y arrogantes”.

¿Pamela Jiles, de qué estaba disfrazada?

Les prometo que al ver las fotos de la diputada Pamela Jiles creí que estaba vestida de conejita del Playboy y que era un llamado de atención feminista contra la cosificación de la mujer o algo así. Después supe que se trataba de su homenaje a la llamada “primera línea”. Claro que su disfraz de color amarillo con orejitas lila no es nada parecido a las capuchas que se ven en la llamada “primera línea” de las manifestaciones, marchas, protestas y otras acciones. No es parecido ni en su forma, ni en su color. Me atrevo a pensar que se trata de un intendo de “dulcificar” la capucha, ya que los pasamontañas reales que usa la “primera línea” no son tan sweet como el de Pamela, que más parece una jovencita que va a una fiesta en el colegio.

Eso me lleva a pensar que la última vez que vi a la Pamela fue en nuestro colegio, ella ya había egresado. Yo estaba con mi amigo Javier Edwards y llegó la Pamela, que inmediatamente comenzó a hablar en voz muy alta de política con Javier y sólo con él y en forma que hoy denominaría como exaltada. Yo era amiga de su hermana menor; pero a mí no me dió ni la hora. Me parecía que para ella, sólo existía mi amigo. Esta actitud la he vivido sólo con hombres y con mujeres que parecen ver sólo a hombres e ignoran a las mujeres en la vida práctica. Pero no quiero juzgar a nadie, tal vez fue simple casualidad o después de tantos años, Pamela ha cambiado su actitud frente a las mujeres.

Mario Waissbluth[1] describe a la llamada “primera línea” como integrada por “jóvenes violentistas [que], por su parte, se sienten por primera vez en su vida formando parte de un grupo con un propósito, aplaudidos además por muchos de los 1-2 millones de incontables ‘ayudistas’ de las marchas pacíficas, que pasaron de rechazarlos inicialmente a ayudarlos en tan solo un par de semanas, a aplaudirlos, llevarles víveres y medicamentos. Ahora son su ‘primera línea’ en las marchas”. A su vez, Waissbluth describe a los “ayudistas”, como “los inocentes marchantes indignados, que sienten que la ‘primera línea’ los protege. Otros son izquierdistas (como yo), desde moderados a extremos”. De manera que, parece haber una simbiosis entre los dos: ayudistas y “primera línea”.

Pero volvamos al tema feminista. A comienzos de mes, me encontré con un tweet que interpretó plenamente, ya que yo, en ese momento sufría: un ataque despiadado[2] en Twitter desde una cuenta que pertenece a un español machista[3] y deslenguado radicado en Chile, o es un troll o un social bot, esto es, un robot pagado por alguien. El tweet que me interpretó decía: “Igual me pone mal el doble discurso femenino, por un lado el apoyo al #ElVioladorEresTu y a la vez ‘Puta, maraca pero nunca Paca’. La sub-división de género y la discriminación va ganando”, El tweet de 2 de diciembre es de María Loreto @lorecuadra. Desde mi insumisión, se lo agradezco.

Sí, la descalificación “sumisa” abunda en redes sociales frente a cada mujer que no está de acuerdo con la “primera línea” o con los ayudistas exaltados. Cuentas de activistas que intentan presentar a todas las mujeres que no estamos de acuerdo con ellos como mujeres que se someten al sistema patriarcal neoliberal o alguna fantasmagoría de esta calaña. Me recuerda esa estupidez acerca de que todas las rubias votaron por Piñera[4]. Nada más absurdo; pero parece que es la extrema izquierda -anticuada y pechoña- la que está a favor del prejuicio y de la discriminación absurda y sin sentido. Tal es su fanatismo y exaltación, tal es su ensañamiento ideológico.

Hay un discurso de la ultraizquierda -o de extrema izquierda, como le llamamos en ciencia política- de acuerdo al cual, el machismo y la sociedad patriarcal serían superadas en el sistema socialista. Por ello, quienes protestan, ya sean de la “primera línea” o “ayudistas”, tendrían que seguir protestando y deconstruyendo el sistema para construir uno nuevo. Como dice una activista en Instagram, se trata de substituir el patriarcado actual por un matriarcado. ¿Sustituir un sistema opresivo por otro? Lo pueden hacer sin mí, yo no quiero oprimir a nadie en nombre de ninguna “superstición ideológica”[5].

Me pregunto si el socialismo era un matriarcado… Basta con ver las fotos de la plana mayor de los países socialistas, desde Stalin hasta Tito, pasando por Honecker y Ceaușescu, para darse cuenta que el socialismo era un patriarcado. Los führer del Bloque Oriental, de ninguna manera, eran feministas. Muy por el contrario, las fotos de los líderes socialistas -hombres de terno y negro, corbata café, sombrero estilo Al Capone y camisa blanca- nos muestran quiénes eran realmente los que mandaban en el socialismo: hombres de sombrero gris.

Pero hubo otro socialismo, es el llamado socialismo verde oliva. En él, no había hombres de sombrero gris y expresión huraña, sino machos de guayaberas, de uniforme verde y de rostros barbudos. Si, allí no tenían cabida quienes no mostraran una barba exuberante muy testosterónica. En Cuba, el “pensamiento nacional dominante siempre ha  [sido] sexuado masculino”[6]. Como explica Roberto Ampuero, “ser un hombre revolucionario en la isla era ser en primer lugar heterosexual, cojonudo, intransigente, valeroso, macho y recio, lo que debía demostrarse con la voz gruesa, el vocabulario soez, gestos viriles y la conquista incesante de hembras”[7].

Esta semana, celebramos los cien años de la fundación de la Asociación para el bienestar de los trabajadores (Awo), una de las tres organizaciones de beneficencia más importantes de Alemania[8], constituída en 1919 por la luchadora feminista Marie Juchacz. La organización tuvo su origen en la época de la República de Weimar, un sistema o modelo que hoy sería calificado como neoliberal, que colapsó precisamente por los ataques de los dos extremos del espectro político de la época, que poco se diferencian de los extremos actuales. Durante el período del nacional socialismo, Juchacz no se refugió en la URSS, sino que huyó a los EEUU. Después de la guerra, regresó a Alemania occidental y retomó la labor iniciada por la institución que había fundado.

Regresó al Occidente de su país y no a la República democrática alemana. ¿Por qué? Porque a este lado del mundo y sólo en este lado, Juchacz podía continuar su labor en favor de la mujer y con ello, de toda la sociedad. Era la época en que, en la República federal, Ludwig Erhardt implementaba la economía social de mercado que condujo al llamado “milagro alemán” y permitió el bienestar a la población, inimaginable en países socialistas o, en general, estatistas[9].

Al “otro lado” de Alemania, existía una gran desigualdad, pero que era negada permanente y sistemáticamente. Pienso que, donde se niega la realidad, no se puede mejorar nada y no hay espacio para la iniciativa individual o colectiva, ni siquiera en el ámbito del amor al prójimo. El trabajo de la feminista socialdemócrata[10] Marie Juchacz habría sido imposible en el mundo socialista. Sin embargo, los seguidores del totalitarismo lo que hacen es “negar los hechos cuando contradicen o ponen en aprietos o en tela de juicio su propia ideología”[11].

El modelo de la democracia liberal representativa y su par, la economía social de mercado no es perfecto; pero es el único sistema esencialmente perfectible que conocemos. El único en el que se otorga un premio a quienes hacen ver los errores existentes y a quienes tratan de corregirlos. El único que fue capaz de transitar desde una sociedad patriarcal a una en que existe cada vez más igualdad entre hombres y mujeres. En que el feminismo pudo desarrollarse y se continúa desarrollando libremente. Y te dan un premio por ello.

Por el contrario, un sistema socialista (de uno u otro lado de la herradura del espectro político) se considera a sí mismo como perfecto y en él se llama traidores a quienes hacen ver sus errores. El socialismo es un modelo estático y, por definición, imposible de ser mejorado o perfeccionado. En él, el feminismo no tenía cabida, sencillamente porque se consideraba un sistema perfecto, en que la mujer ya había alcanzado lo que tenía que alcanzar. Con ello, perpetuó el patriarcado.

Prefiero reconocer las desigualdades y que me den un premio por denunciarlas en vez de enviarme a algún gulag o a algún campo de trabajo, algo así como fueron las siniestras Unidades Militares de Ayuda a la Producción creadas en Cuba bajo la égida de Raúl Castro. Esto lo sostengo y me gustaría gritarlo, ya que soy feminista y no soy en lo más mínimo, ni sumisa, ni tampoco ingenua “donde más avances se ve en el tema igualdad de la mujer es precisamente en sociedades de economía de mercado y democracia liberal”[12]. Les confiero que prefiero a Marie Juchacz que a Pamela Jiles.


[2] Aquí uno de sus tweets, que guardé; pero había más.

[3] Iñaki, a quien habría que denunciar.

[5] De “supersticiones ideológica” habla Montaner -que no es santo de mi devoción- en este artículo La destrucción en Chile, que aparecido en Cubanet.

[7] Roberto Ampuero, “Detrás del muro”, 2015, pág. 203.

[8] Las otras son Caritas, de la Iglesia católica y la Diaconía, de la Iglesia evangelíca (luteranos y calvinistas).

[9] Se cuenta que Fidel Castro, en algún viaje a Alemania oriental, sostuvo que el milagro alemán era el de la RDA. Con Condorito, sólo puedo decir: PLOP!

[10] La socialdemocracia alemana fue muy combatida por los comunistas, ya desde la época de Weimar. En 1959, la SPD renegó de cualquier resto de marxismo y señaló que la base de sus ideales eran la ética cristiana, el humanismo y la filosofía clásica.

[11] Roberto Ampuero, “Detrás del muro”, 2015, pág. 18.

Navidad chilena en la RDA, al otro lado del Muro – Una historia del exilio

En 2013, me contaron públicamente esta historia en Twitter. La historia de una niñita chilena que vivía tras el “muro de Berlín”. Es una historia realmente conmovedora y los invito a leerla. Doy gracias a su autora (no menciono su nombre, salvo que ella me autorice a hacerlo y aunque sus tweets son públicos). Uní dos tweets, cuando van juntos y ella los separó sólo porque no cabía todo la idea en 140 caracteres, que eran standard en Twitter de ese año. No he quitado ni agregado nada, creo que así es muy vivo y muy auténtico su relato. Sólo he cambiado al orden de algunos tweets para que se entienda mejor. Le agradezco enormemente su sinceridad y que nos haya contado de su vida. El tema Navidad o Pascua, como le decimos en Chile y sólo en Chile, pega mucho para este mes de diciembre.

Si les contara que alguna vez fui una niñita que vivía trás el muro de Berlín, en el difunto socialismo, Vivíamos en Cottbus, no me acuerdo còmo se escribe. El exilio y otras yerbas extrañas de aquellos tiempos

…y porfiadamente trataba de convencer a sus maestros de que en la navidad se celebra en nacimiento de Jesús

Imagínate que terminé acusada de “fascista” a los 8 años, por niños chil, porque no quise participar en los pioneros; una lata

Peor cuando intenté convencerlos de que la navidad es el nacimiento de Jesús. Allá la celebraban como “fiesta de la familia”.

Guardamos algunas fotos de ese tiempo. Recuerdo el teatro, el parque y el difunto socialismo real, que en paz descanse.

En el tiempo que yo recuerdo nunca vi asiáticos ni menos negritos. Los raros éramos chilenos, húngaros, rusos, polacos…

Era un mundo raro aquel, el del difunto socialismo. Entonces aún había tropas rusas acuerteladas, porsia. Había solidaridad.

Lo que no significa que nos quisieran, creo yo. La escuela era a todo trapo. Como no hay escuelas públicas en América.
pero también profundo resentimiento de los alemanes hacia los refugiados, por los privilegios que teníamos: nos daban de todo.

La convivencia con los niños alemanes no era sencilla. Chilenos formábamos un suerte de ghetto. Había integración oficial.

Lo que yo recuerdo es que cada uno vivía en su submundito, en gran parte, separados por las barreras idiomáticas y culturales.
En realidad los húngaros, si bien eran más aceptados, también tenían su propio submundo. Los soldados rusos eran caso aparte.

La verdad no sé dónde estudiaban los niños de familias rusas, pero sí había uno que otro polaco en mi escuela; nada queridos.

Las familias rusas no eran muchas, que yo recuerde. Incluso tenían sus propios supermercados donde sacaban cuentas con abacos.

Esos supermercados (tiendas antiguas, más bien), eran pintorescos; vendían coliflores en latas y cosas raras para uno, jajaja.

De eso no supe. Recuerdo a las viejas señoras rusas con su pañuelo en la cabeza e idioma imposible, comprando sus coliflores.

Los soldados rusos vivían en sus cuarteles con prohibición de hacer amistad con alemanes o extranjeros. No hablaban alemán. Los domingos se dispersaban como palomas verdes por las calles en patota. Eran simpáticos con los niños, recuerdo…Tan solos

Me acuerdo también, que de la escuela nos llevaban algunas veces al cuartel, para algunas festividades nacionales, supongo,

Mi primera poesía en alemán me la aprendí justo para recitarla en una de esa sesiones de patriotismo en homenaje a los rusos.

Eran tiernos los soldaditos rusos. Se emocionaban hasta las lágrimas con las canciones y los poemas de los niños, aunque no aunque no entendían un carajo, y yo tampoco. Solo recuerdo que era de un pajarito que repetía: “gracias por el trabajo”.

Yo no me acuerdo casi nada de alemán. sí, me acuerdo que las lolas chilenas se volvían locas por los polacos y los rusos.

Esas famosas sesiones de “acercamiento” entre soldaditos y niños pioneros, terminaban en una sesiones de matiné en ruso, con la típica película checa, traducida al ruso y con subtítulos en alemán: o sea… Nunca entendí nada.

Creo que sí. Había checos, también eran minoría y no eran como tan mal vistos como los polacos.

No eran películas para niños. Eran como de guerra, cosas así. Lo único que me quedaba claro es que cuando llegaba el noticiero había que aplaudir cuando un mapa mostraba a la mayor parte del planeta pintado de rojo…

Los chilenos tenìamos buena calefacción, sin olor, en los dptos. que nos asignaban. En antiguas casas había calefa a carbón.

No nos mandó ningún partido. Llegamos nomás por influencia de el 2do esposo de mi abuelita, que hizo de todo para refugiarnos

Era un mundo muy raro en un tiempo muy raro. Lo que significa que estoy bien antigua, si viví tras el difunto muro de Berlín.

La mayoría de los niños que llegaban allá, nunca habían tenido tanto confort, ni tantos juguetes ni escuelas como esas. Sin embargo, las niñas se volvían locas por mi colección de cuentos de princesas y los disfraces de princesa. Los regalé todos

Claro. Había un sistema de asignación de empleos y los sueldos los asignaban x uno o x dos, si uno de los dos no trabajaba.  Mi padre es iluminador teatral y le asignaron lo más parecido: electricista del teatro. Allí aprendió a iluminar ópera.

EL comité chileno dudaba de él, hasta pensaban que podía ser un espía de Pinochet. Todo porque llegamos a la DDR solos.

Eso fue antes de que nos asignaran a vivir en Cottbus. ¿Puedes creer que al principio a mi papá lo trataban con desconfianza?

Lo usual era que las mamás también trabajaran fuera de casa, pero la mía estaba embarazada y no quiso. No fue bien aceptado,

De hecho, mi madre lo pasó pésimo en su embarazo, porque allá le decían que debía abortar por riesgo posible para su 3er parto

El sistema de salud alemán se tornó completamente hostil para ella porque no quiso abortar. Tuvo que atenderse clandestinamente

Solo te puedo contar cómo se veía ese mundo visto con ojos de niño chileno pequeño, en el exilio. El clima en la comunidad chilena era tanto o más politizado que todo el entorno descabellado del mundo de la “la guerra fría”.

Cuando por fin nos aceptaron como refugiados, nos llevaron a un hotel en otra ciudad, nos compraron ropa de abrigo y eso. No. Había un comité que distribuía a la gente, los trabajos y las viviendas.

También recuerdo los escasos días de sol de un verano mezquino. Creo que era verano el tiempo que vivimos en Frankfurt Oder.

a Frankfurt, todos los días. Pero no se podía pasar libremente, que yo me acuerde, eso escuchaba: había que pasar con permiso

Solo los viejos tenían permiso de pasar al otro lado y de traer cosas del otro Berlín. Solo quedaban viejas, en todo caso.

Recuerdo cómo los asaltaban los nietos en la estación del cruce del muro, porque les encargaban ropa y cosas del otro lado.

Los alemanes no tenían libre circulación, ni los extranjeros. Los chilenos podíamos cruzar el muro solo para ir al consulado.

Bonita historia y reflexión. Me he acordado de muchas cosas más de mi vida de niña en Alemania, cuando quieras, te cuento más

Bueno, te dejo con mis historias. Gracias por leerme y por tu buena onda. Saludos.
Hasta pronto. Me alegra si te hice reír Gracias por tu compañía; no he pegado ojo en toda la noche y realmente la agradezco.

¿Será el capitalismo el culpable del patriarcado? ¿O será al verrés?

El lunes pasado, conmemoramos el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. No creo que muchas mujeres puedan asegurar que nunca fueron víctima de violencia. Algunas más, otras menos, todas hemos sufrido alguna vez, violencia física o psíquica por el hecho de ser mujer. El hashtag #metoo es uno que creo que todas podemos suscribir.

En estos aciagos días -ya vamos en la quinta semana- de protestas, marchas, paros, saqueos, incendios y otros actos de vandalismo en Chile, al cabo de los cuales, parece que el país está al borde del precipicio y los violentistas, también. Al menos si le creemos Mario Waissbluth, en su columna de esta semana[1].

Sí, en el convulsionado Chile de hoy, hay quienes sostienen que tienen que seguir con las protestas, ya que su movimiento tiene que continuar presionando, porque sin presión no habría cambio favorable a la mujer, ya que, en un “sistema capitalista”, el patriarcado pervive, ya que el capitalismo “protege” al patriarcado.

De entrada, descalifican a toda mujer que los contradiga, al menos, como “sumisa”. La sumisión es definida “como un cúmulo de comportamientos, costumbres y prácticas sexuales donde una persona accede que otro individuo pueda ejercer poder y dominio sobre este, dentro de un contexto sexual o más genérico, limitado o indefinido en el tiempo”[2]. Sí, es como para no creerlo: si no estás de acuerdo con la revolución molecular permanente y con la presión social callejera, eres una sumisa y tal vez algo más…[3]

Si se lograra la liberación femenina “acabando con el sistema”, hasta yo estaría quemando edificios, ya que yo también soy feminista y estoy a favor y anhelo sin pausa la emancipación de la mujer. Si el triunfo del feminismo, el fin de la pedofilia, de la ebofilia y de todo tipo de abusos sexuales, el fin de la cosificación de la mujer, del maltrato en cu contra, de su discriminación laboral y de todo tipo de aberraciones, dependiera de un cambio del “modelo neoliberal”. ¿Pero será esto así? O ¿será otra quimera de quienes se encuentran en una especie de ensañamiento ideológico permanente?

¿Será el patriarcado un mal protegido por nuestro sistema occidental, establecido en la época de la guerra fría, en el llamado “mundo libre”? ¿Será nuestro modelo “capitalista” y democrático liberal representativo el que propugna y propicia la opresión de la mujer? ¿Será nuestra sociedad democrática liberal la culpable de toda la violencia en contra nuestra? ¿Habrá que acabar con el capitalismo en Chile e instaurar una economía planificada para superar el machismo?

Una tesis es una proposición, un punto de vista que se puede poner en duda, ya que no es una verdad comprobada. Podemos probar una tesis o reprobarla, demostrarla o refutarla. Cuando confrontamos una tesis con la realidad, buscamos evidencia empírica que la afirme o la desvirtúe. Asimismo, ante a cada tesis, se puede formular una antitesis[4]. Ello, de acuerdo al principio de falsabilidad o racionalismo crítico, a cuya formulación Popper contribuyó esencialmente[5].

Como toda tesis, la aseveración de ciertos grupos en Chile de hoy, en el sentido que “el sistema capitalista y liberal-democrático protege el patriarcado” es una tesis que tiene que ser sometida a pruebas que la contradigan. Es lo que denominamos falsabilidad o refutabilidad.

Antes que nada, veamos qué pasa con las sociedades no capitalistas, no liberales y no democráticas. En ellas, debería no existir opresión alguna, cero patriarcado, nada de machismo. Por el contrario, debería reinar la igualdad entre hombre y mujer, y entre transexuales, bisexuale, homosexuales. Sin embargo, ¿existe tal igualdad en países no-capitalistas?

Resulta que el capitalismo surgió en la Edad moderna, por allá por el siglo 18 y llegó a su cúspide a mediados del siglo XX, después del triunfo de los aliados sobre el fascismo y el nacional socialismo en Europa. No creo que nadie pueda sostener que la sociedad anterior a la Edad moderna no eran patriarcados.

Cabe preguntarse si los países europeos anteriores a 1945 eran estados con una sociedad abierta e igualitaria, en los que se había eliminado el patriarcado. Mi respuesta es clara: en Europa occidental, la sociedad anterior a 1945 era una  sociedad mucho más patriarcal, más machista y e inconmensurablemente más cerrada que la actual.

Por el contrario, ha sido precisamente el sistema capitalista y democrático el que, al menos, en Europa y Estados Unidos y Canadá, Australia y Nueva Zelanda, ha dado un gran impulso a la liberación de la mujer. Tal vez porque este es un sistema capaz de corregirse a sí mismo y de perfeccionarse. Un sistema que te premia si lo criticas. Te premia y no te castiga, como ocurre en el caso de estados totalitarios. Te premia, porque hemos aprendido que en la crítica se haya el comienzo de toda mejora. En la crítica que no destruye violentamente, sino que edifica. Esta es mi antítesis.

Volvamos atrás en el tiempo y preguntémonos, si “al otro lado”, al Este de Europa, el reino del socialismo real, existente hasta comienzos de los años 1990, acabó con el sistema patriarcal. Hay que mirar a Rusia y a los demás países soviéticos después de 1919 y a los estados de Europa oriental luego de 1945. La verdad es que en ninguno de ellos se logró una igualdad de género ni nada semejante. Ni entre 1919-1991, ni tampoco entre 1945-1991. Es más, en ellos, cual más cual menos, imperaba el machismo más absoluto.

En el mundo del socialismo real, sólo los varones -aquellos de uniforme militar, con el pecho lleno de condecoraciones de los más diversos colores y tamaños, o vestidos con ternos oscuros, corbata gris y sombrero negro, estilo Al Capone- se adueñaron del espacio político, del poder económico y de la intelectualidad que pusieron a su servicio. Ellos, los varones y sólo ellos, pues ningún espacio dejaron a las mujeres, salvo los jardines infantiles, alguna organización o juvenil, la salud (las enfermeras eran muy importantes en el Este, ya que muchos médicos no había) y las grandes cocinas de las empresas estatales.

Tal vez, la República democrática alemana fue el país del bloque oriental más “liberado”; pero aún en él, esta liberación era de la boca para afuera. Tengo la suerte de ser muy amiga de una profesora emérita que fue llamada a una Universidad muy importante de la ex-RDA luego de la Caída del Muro. En el marco de la Unidad alemana, a ella le tocó reorganizar la facultad en la que trabajaba[6]. Mi amiga es una de las más importantes expertas en gender en Alemania y que, por ello, estudió empíricamente la desigualdad hombre-mujer en la Alemania comunista y su veredicto es sumamente negativo para el sistema socialista. En ese modelo altamente no-capitalista, la igualdad hombre-mujer era una quimera. Y eso, en el país socialista más desarrollado en términos de igualdad de sexos. ¿Te imaginas cómo era en los otros?

La primera mujer que llegó a la cima del poder en un país europeo importante fue Thatcher, primera ministra de un país liberal, democrático y cuna del capitalismo, a la que ella misma inyectó aún más libertad económica y política. La segunda, fue la conservadora Merkel, en un país que algunos critican abiertamente por representar uno de los peores capitalismos: el capitalismo alemán. El francés Felix Guatteri, autor del Manual sobre la Revolución molecular escribe: “hoy es necesario distanciarse del mito de la primacía absoluta del capitalismo alemán y americano”[7].

Hoy, la laborista Jacinda Ardern, encabeza el gobierno neozelandés, es la segunda mujer al frente de un estado que da a luz durante su mandato. Precedida sólo por Benazir Bhutto, de Paquistán. La social demócrata Helle Thorning-Schmidt fue entre 2011 y 2015, primera ministra de Dinamarca. Todos, salvo Paquistán, países claramente “capitalistas” o “neoliberales”, como les llaman en términos despectivos. Yo prefiero llamarlos economía social de mercado o economía libre.

Es más, en el Bloque oriental, de economía planificada y no capitalista, imperaba no sólo el machismo más enconado, sino también una fuerte ñoñería. No sé si se sabe en Chile que los Honecker tuvieron que casarse, ya que su relación era un gran escándalo y habría sido una razón para poner fin a sus respectivas carreras, según les explicó el secretario general del Partido, Walter Ulbricht. Erich Honecker y Margot Feist se conocieron en la fiesta de cumpleaños de Stalin en Moscú, en 1948. Y al casarse, ya tenían una hija Sonja[8].

Okay, me pueden decir, eso es pasado… Pero ¿qué ocurre ahora en los países de economía y régimen político no capitalista? Con Venezuela, con Cuba, países cuyas sociedades son altamente sexualizadas. Iba a contar algunas historias; pero no lo haré por cariño a mis amigas venezolanas y cubanas. (Un amigo me contó que a él, llegando a Cuba, el papá de una joven, se la ofreció por 50 dólares la semana. Conozco muchas historias como esta). La persecución de los “afeminados” (que fueron internados en campos de reeducación sexual) en la época de Fidel Castro en Cuba, es sintomática. Hasta donde se sabe, su hermano Raúl fue el encargado de implementar estas medidas homofóbicas[9].

En países no-capitalistas, como China, Corea del Norte o en Rusia. ¿Creen Uds. que la sociedad es super igualitaria y hay tantos líderes mujeres como hombres? Lamento defraudarlos: no es así. ¿O Uds. han visto que en la plana mayor de la República popular china, haya alguna mujer? ¿O en Rusia, donde un grupo de oligarcas acumula todo el poder económico y político? Donde las mujeres de los oligarcas son, en el mejor de los casos, algo así como un adorno. Entre paréntesis, no sé si saben que, en Rusia, si un marido golpea a su mujer, no puede ni siquiera ser castigado penalmente (salvo que la mate); pero que los besos en la calle son objeto de una multa.

En suma, la tesis, de acuerdo a la cual, el “sistema capitalista” protegería, sería la causa o ampararía al patriarcado es falsa. Por el contrario, en países no-capitalistas, el machismo abunda y no hay forma de criticar al sistema y por lo tanto, de superarlo. Históricamente, en la era pre-capitalista, el patriarcado fue muy fuerte y se puede decir que, con el inicio del sistema liberal en la Edad Moderna, la sociedad patriarcal comenzó a ser superada. Mi tesis: donde más avances se ve en el tema igualdad de la mujer es precisamente en sociedades de economía de mercado y democracia liberal.


[3] Para muestra, un botón: este tweet que me envió alguien, de entrada, que no me conoce y en vez de dialogar.

[4] …esto lo deben saber muy bien los filomarxistas, ya que en el marxismo existe la dináminca tesis-antitesis-síntesis

[5] En su libro “Logik der Forschung” (lógica de la investigación), de 1934 y que él consideró siempre su obra más importante, más que “La sociedad abierta y sus enemigos”.

[6] …en otra ocasión, puedo contarles cómo era espiada por sus nuevos colegas.

[7] “La nueva aristocracia mundial continuará recibiendo el apoyo que le brindan las altas jerarquías de las potencias internacionales. Sin embargo, no se identificará particularmente con ninguna de ellas. Del mismo modo que ayer era necesario acabar con el mito de las doscientas familias, hoy es necesario distanciarse del mito de la primacía absoluta del capitalismo alemán y americano. El objetivo actual no está concentrado en un solo punto. Los focos más virulentos del capitalismo se encuentran tanto en el Este como en el Oeste, así como en los países del Tercer Mundo”, en: Conspirar y respirar ‘La revolución molecular’, seminal texto de Félix Guattari, se lee cuatro décadas después como un sistema universal de lucha social y emancipación

[8] Erich estuvo casado tres veces. La primera cónyuge de Erich Honecker fue una mujer guardia de una cárcel. Después de su muerte debido a un tumor cerebral, Erich se volvió a casar con, Edith Baumann, una funcionaria juvenil del partido, con la que tuvo una hija: Erika. Estando casado con ella, conoció a Margot, en Moscú. Walter Ulbricht, el padre del socialismo de la RDA y secretario general del partido, o sea, el primer hombre del estado, conminó a Honecker a divorciarse de la funcionaria juvenil y a casarse con su amante y madre de su hija, Margot.

[9] Interesante es el artículo publicado en una página de izquierda: Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana “La asociación entre los cubanos gays, el afeminamiento y Estados Unidos produjo además el argumento de que los homosexuales eran incapaces de resistir la agresión estadounidense y, por lo tanto, que eran escollos en el proceso de crear al «hombre nuevo» del Che Guevara.”

El servidor del pueblo, el nuevo presidente de Ucrania

Volodymyr Zelensky o Wolodymyr Selenskyj (depende de la transliteración desde el alfabeto cirílico[1]) es el nuevo presidente de Ucrania. De profesión, comediante…

Un comediante y ex-cabaretista o cabaretero, conocido no por sus dotes de estadista, su integridad o por su carisma o ideario político, sino por su programa de televisión titulado “El Servidor del Pueblo”[2], una especie de House of Cards uncraniana; pero con rasgos humorísticos que Netflix acaba de comprar. En la serie, Zelensky -o Selenskyj- actúa como un profesor de colegio que, por circunstancias excepcionales llega a la presidencia del país.

¿Qué se puede decir cuando un país elige a un comediante como a su presidente? Y a uno sin la más mínima experiencia política, salvo su actuación en una comedia político-humorística. Para mí es claro: Ucrania se halla en la etapa de los ensayos políticos, en que la democracia liberal, representativa y parlamentaria (régimen que el país se dió a sí mismo hace algunos años) se encuentra en un período de estabilización. Ucrania es como un niño que balbucea, pero que aún no puede caminar.

A Ucrania, la democracia liberal representativa le queda aún grande. Su traje democrático no es un traje a la medida, sino uno en que Ucrania todavía tiene que crecer. Mientras crece, se puede permitir elegir con abrumadora mayoría de 73% a un comediante ídolo del pueblo, que aparece en una serie de televisión, donde actúa como un presidente que lucha contra la corrupción y anda en bicicleta.

No se puede negar que el voto en favor de Zelensky fue, en gran parte, un voto de protesta. No sólo contra el presidente Poroschenko, que logró sólo 24% en la segunda vuelta, sino contra “los políticos” ucranianos. En esto, Ucrania se parece a los electores de otras latitudes que gritan a voz en cuello “que se vayan todos” o slogans parecidos. En circunstancias que las personas que ellos quieren que se vayan vienen de sus mismas familias, de sus mismas ciudades, de sus mismos colegios, egresan es sus mismas universidades o institutos profesionales y viven en sus mismos barrios. En otras palabras, quieren irse ellos mismos. Sólo puedo decir: cada pueblo tiene los políticos que se merece, los que salen de su mismo seno, y no otros.

En la serie de televisión, el nuevo presidente, encarna a un hombre sencillo, al profesor de colegio Wassyl Holoborodko, que, en una de sus clases, lanza una fuerte diatriba en contra de “los políticos”. Sus alumnos la filman y la suben a youtube. El video se vuelve viral y el sencillo profesor es elegido Presidente y se ve confrontado a la oligarquía y a la corrupción de los empleados del Fondo Monetario internaciona, FMl. ¿Les parece conocido?

Luego, es desplazado por un oligarca que logra llegar a la presidencia y lo encierra en la cárcel. A su vez, este oligarca es reemplazado por una política nacionalista (¿será esta una alusión a Julia Tymoschenko). Holoborodko sale de la cárcel, logra salvar a Ucrania de la catástrofe económica y financiera y une al país. ¿Cómo lo hace? No se sabe. Bueno, al menos, “El Servidor del Pueblo” tiene final feliz, no como House of Cards.

Detrás de todo esto, está el ansia de un salvador, de un mesías político que redima a Ucrania. Un nuevo rey, un nuevo gran duque, un zar reloaded. Nunca en la historia, Ucrania había tenido democracia. Como muchos otros países del Este de Europa, Ucrania tuvo monarquía, monarquía absoluta, caos, caos absoluto, sufrió desmembramientos, lo partieron los grandes imperios de la época (Austria-Hungría, el de los Zares, Prusia) y antes estuvo por completo o en parte bajo la dominación de los jazaros, del Gran Ducado de Lituania y hasta de los Mongoles de la Horda Dorada.

Los últimos regímenes que dominaron su territorio y marcaron su historia durante el siglo 20 fueron el nacional socialista y el comunista. Para los nacional socialistas, los rutenos y otros pueblos que vivían en Ucrania eran infrahumanos, esclavos eslavos, carne de cañón, travnickis y trabajadores esclavos[3]. Un pueblo sin derecho a nada, evidentemente, tampoco a elegir a sus gobernantes. Poco después, los soviets proclamaron igualdad, pero no la ejercieron. De elecciones libres, secretas e informadas, en la URSS, no se sabía nada.

En suma, los ucranianos votaron a Zelensky porque ven en él, al líder, al Vozhd[4] -para usar la palabra eslava- que los puede liberar de la corrupción y terminar la guerra con Rusia en el Este del país. Zelensky prometió acabar con estos males y con muchos más. Sin embargo, como no tiene programa, no sabemos cómo lo hará. Sí, Zelensky es un anti-político o, al menos, un político apolítico, que no sólo prescindió de grandes manifestaciones, de debates televisados, sino también de un programa de gobierno. En otras palabras, la gente lo votó a ciegas. Poniendo en él su confianza absoluta, le dió un cheque en blanco.

Sí, aunque parezca increíble, Zelensky llegó a la presidencia con el 73% de los sufragios; pero sin programa de gobierno. Otra prueba más de la infancia institucional en que se haya Ucrania. Así, cada elector, cada electora, puede proyectar lo que quiera como “programa” del candidato. Lo que a mí me gusta, lo que yo quiero que ocurra, eso lo proyecto como lo que realizará Zelensky siendo presidente. Lo más probable es que Zelensky no tenga idea de cómo resolver los problemas de Ucrania, ni de cumplir sus vagas promesas electorales. Sólo espero que se rodee de los asesores más apropiados y menos corruptos.

Parte de la victoria en la lucha contra la corrupción que Zelensky ha anunciado consiste en poner fin al imperio de los oligarcas. Se dice que en Ucrania no impera la ley, sino los oligarcas. Como también en Rusia, Bielorrusia y otras ex-repúblicas soviéticas. Los oligarcas son multimillonarios, gente que ganó mucho dinero adquiriendo empresas que fueron privatizadas al final del periódo comunista y comienzos del capitalista (dudo que se pueda hablar de un sistema de libre mercado). Generalmente, eran personas que, de alguna manera pertenecían a la nomenclatura de la época soviética o tenían conexiones con ella.

El fin de la oligarquía es algo que me temo que los ucranianos van a tener que seguir esperando, ya que Zelensky es el “protegido” del oligarca Ihor Kolomojskyj o Kolomoyskyi[5], para quien trabaja(ba). El oligarca lo ha hecho grande en la televisión y en el mundo de los espectáculos, su abogado es el abogado de Zelensky (quien estudió derecho y hasta terminó la carrera; pero nunca ha trabajado como abogado) y hasta tienen los mismos guardaespaladas privados.

El otro tema importante para los ucranianos es el fin de la guerra híbrida con Rusia. Zelensky es un ucraniano de habla rusa (entre paréntesis, igual que Poroschenko), vivió al menos cinco años en Moscú, con su grupo de teatro o más bien, de cabaret. Y apenas balbucea el ucraniano, lo que no es problema ya que casi todos los ucranianos pueden hablar ruso. Se supone que, por ello, Zelensky tiene una antena apropiada para captar las ondas provenientes del Kremlin. Pues bien, inmediatamente después de asumir la presidencia, el presidente ruso Wladimir Putin anunció que entregaría pasaportes rusos a los habitantes del Este de Ucrania. Zelensky reaccionó anunciando que, en ese caso, él entregaría pasaportes ucranianos a todos los habitantes de Rusia. Su respuesta pone en evidencia su profesión: cómico.

Pese a todo, le deseamos a Zelensky el mayor de los éxitos, el fin de la corrupción y de la guerra. Que se acerque a Europa y que Ucrania se libere de su supuesta pertenencia a una igualmente supuesta zona de influencia rusa. Aunque las “zonas de influencia” ya no existen, hay algunos parece que aún viven en la década de 1930 en que más que estados libres y soberanos, sólo existían estados pertenecientes a “zonas de influencia”[6].

Y a Ucrania, le deseo el advenimiento de una era de probidad, de paz y de libre mercado, sin carteles, ni monopolios, ni oligarcas todopoderosos. Una época de meritocracia en que no sea necesario el padrinazgo -o madrinazgo- de un oligarca para surgir en la economía y en la política, ni tampoco en la cultura, ni en la vida de la sociedad civil, ni en el mundo de la comedia y del espectáculo. Una nueva época en que no haya que pedir prestados guardaespaldas a algún multimillonario para poder sobrevivir. El fin de los balbuceos, de los ensayos y de los comediantes. Que la sociedad civil vaya creciendo y el traje de la democracia le quede a la medida y no cinco tallas más grande.


[1] Владимир Александрович Зеленский

[2] El trailer de la serie, con subtítulos en alemán.

[3] Zwangsarbeiter

[4] Vozhd 

[5] La Radio Free Europe descubrió que Zelensky visitó al menos 14 veces al oligarca Kolomoiskys, entre los años 2017 y 2018, en si exilio en Ginebra y en Tel-Aviv. También después de anuncar su candidatura presidencial. Si esto no es dependencia, no sabría como llamarlo.

[6] No estamos en el mundo de Carl Schmitt, ni de los nazis, en que había Reinos y países a ellos somentidos… Ver El nuevo orden en el derecho internacional, según Carl Schmit

A doce años de la muerte de Lennart Meri

Hace doce años que murió Lennart Meri. Y hace once, que publiqué esta columna en el diario chileno La Segunda. Guardé copia de ella (después que La Segunda sacó la página con nuestras columnas: Zona de Opinión de La Segunda) en un blog que titulé Columnas en La Segunda

Lennart Meri : El comunismo ha muerto, pero nadie ha visto su cadáver

La frase es de Lennart Meri, fallecido hace un año, el 14 de marzo de 2006, en Tallin. Presidente de Estonia entre 1992 al 2001. Fue pronunciada en una conferencia de prensa, en Alemania, en 1990.

Como muchos otros estonios, letonios y lituanos, Meri fue deportado a Siberia, en 1941, en trenes- cárcel (vagones con barrotes, como esos en que se traslada a los animales) con su mamá y su hermano.

En una de sus célebres conferencias, que tuvo lugar en Suecia en 1999, hacía ver que “el comunismo es difícil de definir, pero fácil de describir”.

En esa ocasión, Meri explicaba que en aquellos vagones que trasladaban a los deportados del Báltico a los campos de concentración de Siberia y Asia Central, estaba prohibido cantar. Ello se debía -continúa- a que los militares polacos asesinados en Katyn, entonaban cantos cristianos en los vagones que los conducían a la muerte, lo que desmoralizaba a los soldados soviéticos que estuvieron cerca de no cumplir su misión… y atemorizaba a los comunistas. Para que no volviera a ocurrir lo que los católicos polacos habían estado a punto de lograr, las autoridades ateas prohibieron el canto a los luteranos estonios…

Al partir, su papá Georg Meri -diplomático estonio y traductor de Shakespeare- le dijo “cuida a tu mamá y tu hermano, ahora eres el hombre de la casa”, tenía doce años. Fue la última vez que lo vió.

Sí, él y su familia fueron víctima de una de dos ideologías más deletéreas del s. XX. En efecto, Meri explica que los dos estados totalitarios tenían diferentes uniformes, pero sus soldados eran gemelos. No hay mayor diferencia entre el “ser infrahumano” del nacional socialismo y la “nación hostil” (vrazhdebnaya natsiya) del comunismo, entre una represión y la otra. Entre el Führer y el Vozhd, continúa.

Al igual que tantos intelectuales del “otro lado de la cortina de hierro”, Meri comprendió que si su nación quería sobrevivir al totalitarismo, su única oportunidad estaba en la cultura, la palabra escrita y hablada. Así, Meri se convirió en un gran estudioso de la lengua fino-úgrica (también llamada fino-húngara). Él, como otros, no recurrió a las armas; pero en el fondo “la palabra” fue un arma infinitamente más eficaz y más temida que las kalashnikov soviéticas.

Meri fue un patriota estonio, pero no un nacionalista. Además de su propio idioma, hablaba fluidamente otros cinco. Uno de sus alumnos -o debería decir discípulos- el joven politólogo norteamericano Ross Mayfield cuenta que él conoció Chichén Itzá (en la península de Yucatán) gracias a Meri.

Meri -continúa Mayfield- fue uno de los pocos políticos europeos que han sido capaces de mirar más allá de sus propias fronteras nacionales… al margen -digo yo- de toda la locuacidad que exhibe la Unión Europea.

En uno de los períodos más crítico de la historia reciente, cuando estuvimos a punto de presenciar un enfrentamiento armado al Norte de Europa, en 1991, en la antesala de la autodisolución del imperio soviético, Lennart Meri era ministro de relaciones exteriores de la Rep. Socialista soviética de Estonia, país que se había atrevido a declarar su independencia. Se temía que Moscú reaccionara como en 1956 en Hungría y en 1963 en Praga, esto es, con la fuerza de las armas… y de los tanques.

No deja de ser significativo -a la luz de la prohibición de cantar en los vagones-cárcel- que el movimiento que condujo a la independencia estonia se conozca como la revolución cantando (Singing Revolution), precisamente porque el arma estonia era la palabra, la palabra cantada.

Gorbachov advirtió que no se puede detener el curso de la historia (sobre todo si está basada en un acuerdo internacional como el espúreo pacto Hitler-Stalin) y, en contra de la opinión de muchos de sus correligionarios, reconoció la independencia de Estonia y con ello, inició el proceso de desmembración de la URSS, del cual muchos aún no han podido recuperarse, como lo puso de manifiesto el reciente discurso de Wladimir Putin en la 43 Conferencia de Seguridad en München.

Inmediatamente después de la independencia, Lennart Meri, escritor, productor de películas y dramaturgo -al que no le fue permitido dedicarse al estudio de la historia, pues se le consideraba peligroso para la estabilidad política- fue elegido presidente de su país.

La frase de Meri, que sirve de título a esta columna, tiene un significado especial para nosotros en el mundo occidental. Karol Wojtyla (otro sobreviviente de los dos grandes totalitarismos del siglo pasado) escribe en su libro “Memoria e Identidad”, citando a un político occidental: “sabemos que el comunismo cayó al fin a causa de la insuficiencia socioeconómica de su sistema. Pero esto no significa que haya sido desechado realmente como ideología y como filosofía. En ciertos círculos de Occidente se continúa considerando su ocaso como un perjuicio y se lamenta su pérdida”. considerando su ocaso como un perjuicio y se lamenta su pérdida”.

 

 

¿Cuál es la finalidad de la nueva ley sobre la historia del Holocausto en Polonia?

Reconocemos el proyecto de ley como una herramienta para la manipulación ideológica, la imposición de una política histórica oficial y un intento sin precedentes de intervenir en el debate público sobre la historia polaca en un estado democrático. La verdad histórica no se puede decretar de antemano, porque surge de una investigación confiable basada en el material de origen. La ley adoptada en esta forma es un instrumento que puede usarse para comparar la popularización y la discusión de los resultados de la investigación científica independiente, mostrando la compleja verdad sobre el Holocausto. Su difusión no puede estar sujeta a control y presión política. (Texto de la declaración del Centro de investigación sobre el Holocausto de los judíos, acerca la modificación de la Ley del Instituto de Memoria Nacional, en Polonia[1] [2]).

La directora del Centro de Investigación sobre el Holocausto en Polonia, del Instituto Internacional para la Investigación del Holocausto Yad Vashem, Havi Dreifuss afirma que, en países normales, la investigación histórica no tiene que ser aceptada o rechazada por el estado[3], como parece ser el caso de hoy en Polonia. La pregunta que nos hacemos es ¿ha dejado Polonia de ser un país normal?

Lo que pasó esta semana, me ha dado bastante qué pensar. Me refiero a la decisión de la justicia  irlandesa que rechazó la extradición de un ciudadano polaco (Artur Celmer, acusado de narcotráfico), debido a que “los recientes cambios legislativos en el sistema judicial polaco han sido tan inmensos (so immense) que el tribunal superior de Irlanda se ve obligado a concluir que el estado de derecho en Polonia ha sido sistemáticamente dañado (systematically damaged), socavando la confianza mutua (mutual trust) que se halla en la base del proceso de la orden de detención europea”[4], la vía por la cual Polonia solicitó la extradición. Duras palabras de la sonriente jueza irlandesa Aileen Donnelly.

Ahora corresponderá resolver al Tribunal europeo de Justicia (en Luxemburgo) a quien Irlanda envió el caso, en consulta. Es probable que los otros 50 casos de extradición solicitada por Polonia a Irlanda se suspendan. Más aún, Gary FitzGerald, director del Centro Irlandés para el Derecho Europeo en el Trinity College de Dublín, advierte que no sería sorprendente si otros países otros países de la Unión Europea decidieran no extraditar a Polonia en espera de la resolución del Tribunal europeo[5].

Laurent Pech, profesor de Derecho europeo en la Universidad de Middlesex se refiere al desmantelamiento de la independencia del poder judicial, independencia que es uno de los componentes clave del estado de derecho[6] . En primer año de derecho, aprendimos que la división de poderes y la consiguiente independencia de los tribunales de justicia es uno de los pilares básicos del estado de derecho. Del estado de derecho como lo conocemos en los países de tradición liberal democrática representativa, lo que ciertos países del Grupo de Visegrad, hoy rechazan y prefieren hablar de una cierta “democracia iliberal”. No sé por qué recuerdo a las “democracias populares” del socialismo real.

Cabe preguntarse ¿qué repercusiones puede tener esta circunstancia, este virtual secuestro de la justicia polaca[7], que se traduce en este daño tan inmenso a los tribunales polacos, si consideramos que son esos mismos tribunales los encargados de juzgar, de acuerdo a la mencionada ley que comentamos, la Ley del Instituto de Memoria Nacional, llamada en inglés, simplemente Holocaust Law.

No sin razón, la historiadora Havi Dreifuss quien, debido a sus investigaciones[8], viaja frecuentemente a Polonia, teme hacerlo ahora, bajo la vigencia de la nueva legislación, aunque ésta, supuestamente, exime a los académicos y a los artistas de responsabilidad penal. “Para mí, lo más problemático en esta ley es crear una atmósfera de miedo en Polonia al hablar de estos temas”[9].

Dreifuss elogia a sus colegas polacos, ahora más en peligro que ella y que todos quienes estamos fuera del alcance de los tribunales polacos polaca, salvo que también nos quieran extraditar. “Polonia tiene estudiosos maravillosos que realmente cambiaron nuestra comprensión de muchos aspectos del Holocausto. El hecho que ellos y sus estudiantes  -especialmente los estudiantes- no son parte de la exención, entonces tendrán que pensar dos veces antes de trabajar en estos temas, lo que es algo muy problemático”[10] [11].

El caso del diario argentino Página 12[12] es, no sé si llamarlo ridículo o grotesco, aunque creo que estos calificativos son muy suaves para describir la realidad[13] . Menos mal que la jurisdicción de los tribunales polacos no llega a Argentina, no va más allá de sus fronteras, ya que, de otra forma, estaríamos frente a un intento de establecer una “censura global”[14], con muchas víctimas inocentes. Me refiero a víctimas reales y no fictivas, del intento de acabar con la libertad de prensa e imponer una única verdad oficial.

El historiador polaco-norteamericano Jan Tomasz Gross[15] -expulsado de la Universidad de Varsovia en 1968, encarcelado durante varios meses y que debío abandonar el país debido a la campaña antisemita de ese año[16]– nos explica que su patria “choca actualmente con la Unión Europea, debido a la destrucción de la independencia judicial en Polonia (…) Y ahora la nueva ley ha desatado una disputa diplomática con Israel por la falsificación de la historia del Holocausto”.

Con Renan Berger, nos preguntamos ¿Cuál es el propósito de esta ley? ¿Cuál es el mensaje que el gobierno polaco trata de transmitir al mundo?[17] ¿Realmente se trata de “defender el honor polaco”?[18] ¿De quién? Con el mismo Berger, nos respondemos: en realidad, lo que verdaderamente están haciendo es “crear la reacción opuesta y sólo están llamando la atención sobre todas estas atrocidades”[19]. Sí, toda esta discusión nos lleva a investigar más sobre el tema y a no dejarnos amedrentar por amenazas en redes sociales. Parece que es verdad que de lo malo, siempre se puede sacar algo bueno. Esta ley más parece combatir el honor polaco que defenderlo. Honor que -por lo demás- nadie en el mundo ha ofendido, como quiere hacer creer el gobierno polaco.

¿Cuál es el verdadero objetivo de esta ley? Historiadores polacos explican que esta es “una herramienta para la manipulación ideológica, para la imposición de una política histórica oficial y es un intento sin precedentes de intervenir en el debate público sobre la historia polaca en un estado democrático”[20].

Por su parte, Dreifuss señala: “Muchos judíos en Polonia, agrega, fueron asesinados no en los campos de exterminio, sino en manos de los polacos. ‘Esto es algo que Polonia no quiere aceptar y aparentemente lo que esta nueva ley trata de encubrir’”[21]. Podemos decir que el encubrimiento es uno de los propósitos de la ley.

Siempre me ha llamado la atención la forma en que algunos polacos reaccionan cuando se ven enfrentados a las atrocidades o a la crueldad que otros polacos cometieron contra los judíos y contra otras minorías en Polonia durante la II Guerra o, en general, en el pasado. Las niegan. Para mí, dice mucho que, durante la II Guerra se denominaba szmalcownik, a polacos que denunciaban o entregaban judíos a los nazis o extorsionaban a quienes los protegían[22]. Si hasta la lengua polaca ha acuñado una palabra para designar esta acción, concluyo que sí existió y no fue una gran excepción como nos quieren hacer creer los apologetas de una Polonia inmaculada o “Cristo entre las naciones”, como se autodenominan en un arranque increíble de soberbia que los hace compararse con el Salvador.

Gross hace ver que la ley no pretende proteger la reputación de Polonia, sino que su “objetivo final es falsificar la historia[23]. Creo que tiene toda la razón. “Las autoridades polacas quieren amordazar cualquier debate sobre la complicidad de los polacos en la persecución de ciudadanos judíos, por lo que es ilegal discutir el asunto”[24]. Hay que considerar lo absurdo sostener la ilegalidad de un debate, de una investigación histórica, del estudio académico. “Las autoridades polacas quieren bloquear cualquier debate sobre la complicidad de los polacos en la persecución de ciudadanos judíos, por lo que es ilegal discutir el tema públicamente y contra los hechos”[25].

Por su parte, el periodista polaco Maciek Wisniewski (quién, entre otros medios, escribe para Le Monde Diplomatique), dice que lo que, “en realidad pretende es sanitizar la historia al gusto de los ultranacionalistas en el poder”[26]. Sanitizar, me explican consiste en “Dejar algo muy limpio, libre de microbios. Es un anglicismo, viene de sanitize, que significa limpieza o pureza extrema”[27]. Para mí, esta es, una forma de tergiversar la historia, para “quedar bien”, un poco lo que hacían muchos alemanes en la década de 1950. Los países del socialismo real, no tuvieron la posibilidad de discutir sobre la historia, ya que toda discusión que se escapara del marco de la intepretación única, oficial y estatal de la historia, estaba prohibida. En el fondo, el gobierno actual de Polonia, vuelve a lo mismo que el país vivió durante el comunismo.

Barbora Černušáková escribe en Time: “lo que está en juego no son los hechos ocurridos en torno a la Segunda Guerra Mundial, sino la libertad de expresión y la aplicación desmedida de la ley para reprimir las opiniones disidentes. Al ilegalizar todo pronunciamiento, declaración escrita o imagen que parezcan dañar ‘la reputación de la República de Polonia y la Nación polaca’ o que sugieran que hubo responsabilidad o complicidad polacas en los ‘crímenes nazis’, restringe aún más el derecho a la libertad de expresión y tendrá un efecto negativo más general”[28].

Y lo que es peor, Gross advierte que “se cierne un desastre mayor”, pues, con el pretexto de defender los derechos soberanos de Polonia, las autoridades aceptan los prejuicios xenófobos y antisemitas de algunos sectores de la población y, al mismo tiempo, exacerban tales sentimientos[29]. Esto se aprecia en las manisfestaciones públicas de lo que nosotros llamamos extrema derecha (aunque la izquierda europea es también profundamente antisemita) y en la quema de muñecos que representan a judíos-cliché, como vimos hace pocos meses en Polonia. “Los medios controlados por PiS han despertado aún más las emociones, al sugerir que fuerzas externas -en particular, los judíos- quieren evitar que Polonia diga la verdad sobre su propia historia”[30]. En las últimas semanas, incluso popularizaron el hashtag #StopJewishLies

Maciek Wisniewski escribe en Página 12, que la sola mención de la Masacre de Jedwabne, “impide seguir calificando el antisemitismo polaco –parte integral de la anatomía del nacionalismo local, étnico e inherentemente excluyente– como algo marginal o inofensivo. Contradice la visión dominante que sólo fuimos víctimas (del nazismo, del comunismo, de la historia en general)[31]”. Para algunos, Polonia no seria nada más que una víctima. Me pregunto cuántos crímenes se han cometido en la historia en virtud de la victimización.

“No es sorprendente que uno pueda ver el aumento del antisemitismo en las redes sociales, en la televisión y en la prensa que apoya al gobierno. Una sociedad movilizada en torno a una propaganda tan mentirosa se volverá cada vez más xenófoba, hasta que los polacos más abiertos de mente encuentren en su hogar un lugar inhóspito para vivir”[32], dice Gross y creo que habla por experiencia propia. ¿Le podrá extrañar a alguien si pronto empezáramos a recibir a los primeros asilados o refugiados polacos? Al igual que recibimos ya a los primeros turcos. El historiador de Princeton habla sobre la “fuerza destructiva de un gobierno dispuesto a aprovechar los peores instintos de una población para mantenerse en el poder”[33].

“Una Polonia monoétnica, podría ser el turno de la élite educada para emigrar, con un impacto incalculable en el capital social del país”[34]. Todos quienes pertenecemos a la generación Juan Pablo II y leímos “Cruzando el Umbral de la Esperanza”, sabemos que Polonia nunca fue ni mono-étnica, ni mono-religiosa, ni menos mono-cultural. Sobre Polonia, él nos explica: “A lo largo de los siglos de su milenaria historia, Polonia ha vivido la experiencia de ser un estado de muchas nacionalidades y de muchas confesiones cristianas, y no sólo cristianas. Tales tradiciones hicieron y hacen que un aspecto positivo de la mentalidad de los polacos sea la tolerancia y la apertura hacia la gente que piensa de modo distinto, que habla otras lenguas, que cree, reza o celebra los mismos misterios de la fe de modo diferente”[35]. ¡Qué diría Karol Wojtyla si supiera hoy de la ley sobre la historia del Holocausto!


[6] Cfr. Laurent Pech (@ProfPech), profesor de Derecho europeo en la Universidad de Middlesex. En Ireland refuses extradition over concern at Polish justice reforms

[7] Mi columna anterior: “Hoy, Polonia está secuestrada por oscuros fantasmas del pasado. Por un lado, el fantasma del antisemitismo ancestral, del antisemitismo de los pogromos centro-europeos. Y por otro, el fantasma de la época del socialismo real, con su intento de establecer una verdad histórica oficial y única, que no puede, que no debe ser contradecida, so pena de sufrir un castigo penal, algo tan propio de la tradición comunista. Estos dos fantasmas se expresan pues claramente en la llamada Ley sobre el Holocausto”, en Havi Dreifuss y otros historiadores sobre el Holocausto en Polonia 

[8] Desde noviembre de 2010 dirige el Centro de Investigación sobre el Holocausto en Polonia, del Instituto Internacional para la Investigación del Holocausto Yad Vashem, Havi Dreifuss y otros historiadores sobre el Holocausto en Polonia

[11] Sí, dentro de Polonia y entre los sectores con más cultura de la sociedad polaca, hay una gran resistencia a las medidas autoritarias del gobierno del PiS, dirigido tras bambalinas por Jarosław Kaczyński. Gross hace ver acertadamente que “Jaroslaw Kaczynski, líder del PiS. Su partido busca una mayoría constitucional en el parlamento que le permita establecer un régimen legalmente autoritario y asegurar su poder por un largo tiempo”.

[12] Ver, entre otros artículos sobre el tema: Por el buen nombre de Polonia y Revisionismo con fuerza de ley

[13] La declaración de una supuesta “liga de antidifamación de Polonia” es realmente de un cinismo que da vergüenza ajena. El “sueño del pibe” de algunos grupos conservadores siepre ha sido tener una liga antidifamación de ellos mismos, para contrarrestar la famosa Liga antidifamación judía.  

[15] Los innumerables usuarios polacos de Twitter denigran a Gross de la peor manera. Entre otras cosas, sostienen que no es historiador (tal vez porque tiene un doctorado en sociología en Yale), en circunstancias que es profesor de historia en la prestigiosa Universidad de Princeton y profesor invitado en las universidades de Harvard, Stanford, California en Berkeley, Columbia, Paris, Viena, Cracovia y Tel-Aviv.

[16] El mismo Gross nos explica que “La última vez que un gobierno polaco usó el antisemitismo en su propaganda oficial, hace 50 años, cuando el Partido Comunista estaba en el poder, la limpieza étnica resultante llevó a miles de sobrevivientes del Holocausto y sus hijos a emigrar de Polonia”. Poland’s death camp law is designed to falsify history

[18] Todo por el honor de Polonia nota 3 que cita Ustawa chroniąca dobre imię Polski uchwalona o La ley que protege el buen nombre de Polonia pasó.

[25] Poland’s death camp law is designed to falsify history (La ley del campo de exterminio de Polonia está diseñada para falsificar la historia)

[27] Agradezco a @federicoalves su tweet explicándome el significado de esta palabra..

[35] Juan Pablo II, “Cruzando en Umbra de la esperanza”, capítulo 22 “A la búsqueda de la unidad perdida” (Una mejor traducción habría sido: En busca de la unidad perdida).

Lennart Meri, a once años de su muerte

Puliqué esta frase como columna de opinión en marzo del 2007, en el diario chileno La Segunda. En ese entonces, a sólo un año de la muerte del presidente de Estonia. La guardé en mi blog Columnas en la La Segunda Lennart Meri: El comunismo ha muerto, pero nadie ha visto su cadáver Muchas de mis apreciaciones de entonces, hoy han sido superadas por la historia. No en vano, han pasado diez años desde entonces. 

La frase es de Lennart Meri “El comunismo ha muerto, pero nadie ha visto su cadáver”, fue pronunciada en una conferencia de prensa, en Alemania, en 1990. Meri, fallecido hace un año, el 14 de marzo de 2006, en Tallin. Presidente de Estonia entre 1992 y el 2001.

Como muchos otros estonios, letonios y lituanos, Meri fue deportado a Siberia, en 1941, en trenes- cárcel (vagones con barrotes, como esos en que se traslada a los animales) con su mamá y su hermano.

En una de sus célebres conferencias, que tuvo lugar en Suecia en 1999, hacía ver que “el comunismo es difícil de definir, pero fácil de describir”.

En esa ocasión, Meri explicaba que en aquellos vagones que trasladaban a los deportados del Báltico a los campos de concentración de Siberia y Asia Central, estaba prohibido cantar. Ello se debía -continúa- a que los militares polacos asesinados en Katyn, entonaban cantos cristianos en los vagones que los conducían a la muerte, lo que desmoralizaba a los soldados soviéticos que estuvieron cerca de no cumplir su misión… y atemorizaba a los comunistas. Para que no volviera a ocurrir lo que los católicos polacos habían estado a punto de lograr, las autoridades ateas prohibieron el canto a los luteranos estonios…

Al partir, su papá Georg Meri -diplomático estonio y traductor de Shakespeare- le dijo “cuida a tu mamá y tu hermano, ahora eres el hombre de la casa”, tenía doce años. Fue la última vez que lo vió.

Sí, él y su familia fueron víctima de una de dos ideologías más deletéreas del s. XX. En efecto, Meri explica que los dos estados totalitarios tenían diferentes uniformes, pero sus soldados eran gemelos. No hay mayor diferencia entre el “ser infrahumano” del nacional socialismo y la “nación hostil” (vrazhdebnaya natsiya) del comunismo, entre una represión y la otra. Entre el Führer y el Vozhd, continúa.

Al igual que tantos intelectuales del “otro lado de la cortina de hierro”, Meri comprendió que si su nación quería sobrevivir al totalitarismo, su única oportunidad estaba en la cultura, la palabra escrita y hablada. Así, Meri se convirió en un gran estudioso de la lengua fino-úgrica (también llamada fino-húngara). Él, como otros, no recurrió a las armas; pero en el fondo “la palabra” fue un arma infinitamente más eficaz y más temida que las kalashnikov soviéticas.

Meri fue un patriota estonio, pero no un nacionalista. Además de su propio idioma, hablaba fluidamente otros cinco. Uno de sus alumnos -o debería decir discípulos- el joven politólogo norteamericano Ross Mayfield cuenta que él conoció Chichén Itzá (en la península de Yucatán) gracias a Meri.

Meri -continúa Mayfield- fue uno de los pocos políticos europeos que han sido capaces de mirar más allá de sus propias fronteras nacionales… al margen -digo yo- de toda la locuacidad que exhibe la Unión Europea.

En uno de los períodos más crítico de la historia reciente, cuando estuvimos a punto de presenciar un enfrentamiento armado al Norte de Europa, en 1991, en la antesala de la autodisolución del imperio soviético, Lennart Meri era ministro de relaciones exteriores de la Rep. Socialista soviética de Estonia, país que se había atrevido a declarar su independencia. Se temía que Moscú reaccionara como en 1956 en Hungría y en 1963 en Praga, esto es, con la fuerza de las armas… y de los tanques.

No deja de ser significativo -a la luz de la prohibición de cantar en los vagones-cárcel- que el movimiento que condujo a la independencia estonia se conozca como la revolución cantando (Singing Revolution), precisamente porque el arma estonia era la palabra, la palabra cantada.

Gorbachov advirtió que no se puede detener el curso de la historia (sobre todo si está basada en un acuerdo internacional como el espúreo pacto Hitler-Stalin) y, en contra de la opinión de muchos de sus correligionarios, reconoció la independencia de Estonia y con ello, inició el proceso de desmembración de la URSS, del cual muchos aún no han podido recuperarse, como lo puso de manifiesto el reciente discurso de Wladimir Putin en la 43 Conferencia de Seguridad en München.

Inmediatamente después de la independencia, Lennart Meri, escritor, productor de películas y dramaturgo -al que no le fue permitido dedicarse al estudio de la historia, pues se le consideraba peligroso para la estabilidad política- fue elegido presidente de su país.

La frase de Meri, que sirve de título a esta columna, tiene un significado especial para nosotros en el mundo occidental. Karol Wojtyla (otro sobreviviente de los dos grandes totalitarismos del siglo pasado) escribe en su libro “Memoria e Identidad”, citando a un político occidental: “sabemos que el comunismo cayó al fin a causa de la insuficiencia socioeconómica de su sistema. Pero esto no significa que haya sido desechado realmente como ideología y como filosofía. En ciertos círculos de Occidente se continúa considerando su ocaso como un perjuicio y se lamenta su pérdida”.