Defendamos la sociedad abierta de sus enemigos

El nacimiento de la sociedad abierta

En la introducción a su libro, “La sociedad abierta y sus enemigos”[1], Carl Popper hace ver que, cuando se pasa de una sociedad cerrada a una sociedad abierta, surgen movimientos reaccionarios que intentan echar abajo la civilización, para retormar al previo estado tribal. Asimismo, muestra que las ideas que hoy llamamos totalitarias son tan antiguas o tan jóvenes como nuestra propia civilización[2].

La sociedad cerrada se encuentra sometida a lo que él llama “fuerzas mágicas”. Por el contrario, la sociedad abierta supone y deja en libertad -yo diría que promueve- las capacidades críticas de las personas. De sentido crítico, hablaríamos hoy.

Nuestro autor habla del paso (Übergang) desde un orden social estamental (Stammesgesellschaftsordnung) o cerrado (geschlossene Gesellschaftsordnung) a uno abierto. Hago ver que Popper usa la denominación sociedad tribal o estamental y sociedad cerrada como sinónimos. (Esto último es un dato importante para ideólogos racistas o de ultra derecha que, sin embargo, se llenan la boca con el nombre de Popper o, en general, haciéndose pasar por liberales, lo que no son[3]).

Para él, la “civilización” (Zivilisation) es sinónimo de sociedad abierta, coincide con ella, es ella. Popper contrapone claramente la “civilización” frente a la “organización tribal”[4], estamental, a la familia extendida que algunos -prisioneros del etnopluralismo[5]– quieren ver en la nación, en la etnia, en su pueblo (Volk).

Este paso o Übergang no es un momento, no es un instante. Es un proceso (por eso, me parece muy apropiada la voz transición, usado por la traducción al castalleno). El proceso de tránsito de la sociedad tribal a la sociedad abierta es un shock, nos explica Popper. Y agrega que constituye el “nacimiento” (Geburt) de la civilización.

Los movimientos reaccionarios

En el proceso de tránsito desde una sociedad cerrada hacia una abierta puede haber retrocesos. Y de hecho, los hay. Popper los llama “movimientos reaccionarios” (reaktionäre Bewegungen).

Nuestra civilización es todavía un niño, se halla aún en su infancia[6], nos explica Popper gráficamente. Tiene que crecer, desarrollarse, desenvolverse. Evolucionar, pese a que, en su desarrollo, ha sido tantas veces traicionada por los líderes intelectuales de la humanidad. (De “rectores intelectuales” habla la traducción al castellano, denominación que me parece un tanto rebuscada).

De acuerdo a nuestro autor, los objetivos de la civilización son son: humanidad (Menschlichkeit), Racionalidad (Vernünftigkeit), Igualdad (Gleichheit) y libertad (Freiheit).

Concluyo que, si la civilización la sociedad abierta, se desenvuelve lo hará en el sentido de aumentar la humanidad, la racionalistad, la igualdad y la libertad, que son las coordinadas de una sociedad abierta. Todo lo que vaya en su contra, es un retroceso que nos vuelva atrás, a la sociedad cerrada, tribal, dominada por “fuerzas mágicas”.

Totalitarismo

Cuando una sociedad avanza surgen movimientos contrarios a la sociedad abierta, fuerzas anticivilizatorias de los más diversos colores y procedencias. Popper los llama totalitarismos y expone que son tan antiguos y tan nuevos como la misma civilización. El totalitarismo ha acompañado pues a la civilización desde su nacimiento, explica. En efecto, el surgimiento de las fuerzas reaccionarias o totalitarias coincide con el surgimiento de la sociedad abierta, de la civilización en ciernes.

Me atrevo a sostener que las “fuerzas mágicas” de hoy son principalmente las variadas teorías de la conspiración y toda la superstición y la mística barata que las rodea. Las fuerzas mágicas que se contraponen a la racionalidad. Sí, ese residuo arcaico que subyace oscuro bajo el brillo de nuestra sociedad. Las conspiranoias[7] e ideologías similares que se basan en primitivos esquemas de pensamiento, generalmente representados por una división de la realidad en dos bandos: el mío, que es el de los buenos y el de los malos, de los victimarios, quienes invaden a “mi pueblo” que es víctima, y acosan a “nuestras mujeres”.

Si lo anterior te parece conocido, es que has escuchado hablar a personas como Wilders, Orbán, Strache, Trump, Höcke, Bolsonaro, Le Pen, los ayatolas y otros “líderes del mundo de hoy”.

Populismo

En un momento en que surgen en el mundo movimientos populistas unos de izquierda y otros de derecha, pero todos siempre totalitarios, la lectura de Popper no sólo es una buena explicación de la realidad, sino que además, es -de alguna forma- tranquilizante. Concluyo que 1) los movimientos totalitarios no son nuevos, que han existido siempre y seguirán existiendo. 2) Los movimientos totalitarios surgen porque avanzamos, porque la civilización se hace más libre, más racional, más humana y más igualitaria.

El avance, el progreso trae consigo necesariamente resistencia. Mayor o menos, según mayor o menos sea la fuerza civilizatoria. Los movimientos reaccionarios son reticentes al avance, al perfeccionamiento de la sociedad libre.

Lo que no es muy tranquilizante es lo que Popper advierte acerca de la “traición” de los líderes de la humanidad. Lo que ellos dejan de lado, lo que descartan son precisamente los fines en pos de los cuales se mueve la civilización y que hacen posible la sociedad abierta. A saber: la humanidad (en sentido de humanismo), la racionalidad (en sentido de “lo que es razonable”, en contraposición a las “fuerzas mágicas”), la igualdad y la libertad. Cada delación a estos ideales es un retroceso, más pequeño o más grande; pero siempre un retroceso.

Sin embargo, no sólo los “líderes rectores de la humanidad” pueden traicionarla, sino también movimientos colectivos, partidos, organizaciones nacionales o internacionales, países enteros que se vuelven “iliberales”, jefes ideológicos, incluso magnates mundiales que ponen sus imperios periodísticos o económicos o ambos, al servicio de un retroceso totalitario. Y no exagero, una mirada a Europa y a Estados Unidos nos hace ver que la realidad puede ser peor que la peor de las imaginaciones.

Lo que podemos hacer

Pienso que es aún más urgente que cada uno, cada una de nosotros analice críticamente a quién y a qué da su apoyo, por quién vota, en qué movimiento o partido se inscribe. A quién da likes o corazones en las redes sociales. A quién defiende -o ataca- en conversaciones de sobremesa o en reuniones de amigos[8]. No podemos ser tontos útiles, no podemos dar nuestro apoyo a quienes lideran precisamente esos nuevos totalitarismos que, en realidad, son tan viejos como la civilización. Pero se presentan reiteradamente con nuevos ropajes.

No podemos recostarnos en el sofá a esperar que pase todo, cruzados de brazos, mientras movimientos totalitarios ganan terreno gracias a la apatía de quienes deberíamos defender nuestra civilización, nuestra sociedad abierta, pluralista y multicultural[9]. Seguridad, confianza, abandono en las manos de Dios, del destino, de la Historia o como quieran llamarlo, nunca es inactividad, indiferencia, ni dejadez. Muy por el contrario. El análisis popperiano tiene que ser un aliciente al poner aún más esmero y diligencia en la defensa de lo que nos es tan preciando como nuestro sistema libre de gobierno y de sociedad.

Pese a la gravedad del avance totalitario, la lectura y análisis de Popper nos lleva a conservar la serenidad, a guardar la calma y a mantener la confianza. La confianza en las instituciones, en lo logrado hasta ahora, en el camino civilizatorio que es imparable, pese a los retrocesos, más grandes o más pequeños. Hay que mirar lo logrado hasta ahora y no lo que falta aún por alcanzar. Depende de nosotros…[10].


[1] Karl Popper, Die offene Gesellschaft und ihre Feinde, I. TB Francke, 4a. edición de 1975. Copyright de la primera edición en alemán, de 1957.

[2] Obra recinén mencionada, pág. 12.

[4] Lo que lo que queda aún más claro en la edición en castellano: La sociedad abierta y sus enemigos, pág. 15.

[6] Infancia es una palabra que usa la traducción en castellano. En alemán, dice que se halla en los zapatos de un niño.

[7] Invito a leer mi relato ficcional y distópico Ateísmo y antisemitismo

[8] Así conversamos con mis amigas: ¡Sácate la burka!

[10] Invito a leer mi columna Y si pasa algo…

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Lo contrario de la extrema derecha no es la extrema izquierda. Es la democracia.

Se ha puesto de moda calificar, o más bien descalificar como de ultra izquierda, a quienes no estamos de acuerdo y nos enfrentamos -en la medida de nuestras posibilidades- a la extrema derecha europea (que poco y nada tiene que ver con lo que llamamos derecha en Chile). Como si todo lo que estuviera fuera de la propia ideología de extrema derecha, fuésemos de izquierda radical, extrema o de ultra izquierda.

Quienes nos descalifican son precisamente personas cuyo discurso es decididamente de extrema derecha, radical de derecha o al menos populista.

Por otra parte, tratan de presentar una especie de lucha entre la izquierda y la derecha. Una lucha que no existe. Las antípododas no se hallan en un extremo y en otro. Más bien, entre tales extremos, hay vasos comunicantes, tanto en lo personal como en lo ideológico. Sí, conozco a personas concretas, a grupos y sectores políticos que, sin solución de continuidad, han pasado de la extrema izquierda a la extrema derecha. Del colectivismo marxista al colectivismo “fascistoide”; tal como sus abuelos otrora se pasaron del nacional socialismo al socialismo marxista, como si nada… Sin siquiera cambiar el discurso político ¿para qué? bastaba cambiar la foto del führer, del vodsch o del caudillo o líder máximo que adornaba su casa.

La verdadera confrontación política tiene lugar entre el colectivismo totalitario y racista de la extrema derecha, entre su autoritarismo y los demócratas de todos los sectores. O más bien, de los tres sectores posibles: izquierda, conservadores y centro. Todos defensores de la democracia representativa liberal y no de una democracia popular como aquella a la que adhirieron tantos colectivismos del siglo 20. Ni tampoco de una llamada “democracia iliberal”, bajo cuyo manto se oculta un nuevo colectivismo.

Lo contrario de la extrema derecha no es la extrema izquierda. Lo contrario de la ultra derecha tampoco es la ultra izquierda. Lo contrario del populismo y de la radicalización de extrema derecha no es el populismo de izquierda, ni movimientos radicales de esta tendencia.

Lo contrario de la extrema derecha es la democracia.

Quienes decimos no al nacionalismo, no al racismo, no al etnopluralismo, no al movimiento identitario, no a la conspiranoia antisemita o islamófoba… No a todo lo que caracteriza a la extrema derecha. Todos nosotros no somos de ultra izquierda. Somos demócratas.

O más bien: algunos pueden ser de izquierda (no de ultra ni de extrema izquierda). Otros -como yo- somos más bien lo que en otra época se llamó liberal-conservador. Sí, algunos de nosotros somos más liberales. Otros, son más conservadores. Pero todos somos demócratas y partidarios de una sociedad abierta, libre y pluralista. Respetuosa de los derechos de las minorías, anti totalitaria y anti-colectivista. Y defendemos estos ideales.

En lo económico, somos partidarios de la economía social de mercado. El único sistema realmente compatible con la democracia como sistema político. Algunos ponen más acento en el mercado. Otros, más en lo social. Pero nadie duda que el dirigismo y el proteccionismo basado en la defensa de intereses particulares o nacionales -el ideal de la extrema derecha- no es el camino hacia la prosperidad. Muy por el contrario, dirigismo y el proteccionismo, al igual que la economía planificada, sólo pueden conducir al debacle económico y a la pobreza.

Algo tiene que quedar muy en claro: tenemos ideales… Nuestro discurso no es un discurso negativo. Estamos sí, en contra de la ultra o de la extrema derecha o del populismo de esa tendencia. Pero tenemos ideales, tenemos esperanza, tenemos fe y tal vez en estos puntos en lo que nos distinguimos tanto de ellos: no somos un grupo de pesimistas desesperanzados, deprimentes y llenos de rabia, ira y odio como la extrema derecha.

No anhelamos el advenimiento de una gran catástrofe, de una especie de nuevo big bang del que nazca un “nuevo orden” autoritario… No queremos que nos sobrevenga un gran desastre, ni que ocurra un gran atentado terrorista islámico o que las finanzas mundiales se desmoronen, ni soñamos con una guerra civil que permita iniciar una lucha de “resistencia” (a la que ellos llaman ya) y después de ella emerja la nueva sociedad con que sueñan. Una sociedad homogénea en que el Todo cubra con sus sombra al individuo, para “protegerlo” de toda heterogeneidad. No queremos ningún Leviatán. Hobbes murió hace siglos.

Podemos conversar y aceptamos que otras personas tengan ideas diversas a las nuestras, dentro del marco del orden fundamental de libertad y democracia, que es nuestro “rayado de la cancha”. Ofrecemos diversas soluciones y debatimos acerca de cuál es la mejor. Lo que nos diferencia de populistas, extremistas, radicales es que ellos presentan los problemas y culpan a alguien, a algún chivo expiatorio… Sin dar soluciones.

O más bien, presentan una pseudo solución a todos los problemas imaginables. La solución consiste habitualmente que un grupo de personas desaparezca… Generalmente, los extranjeros en general, o un grupo de ellos en particular. O bien, una minoría dentro de la propia sociedad (gitanos, judíos, musulmanes, católicos).

Como personas, tenemos cada uno, cada una de nosotros, un valor intrínseco y no por haber nacido en un determinado “pueblo”, ni adherir a una cierta ideología.

Cuando los partidarios de la extrema derecha hablan de libertad, tenemos que dejarles en claro que: nuestra libertad es una libertad individual, de la persona, del individuo[1] -cuya dignidad es intangible- y no es una supuesta libertad de un colectivo étnico o ideológico.

Durante la época de la guerra fría, el sector “liberal-conservador” luchó denodadamente por estos ideales. Ahora que se acabó la guerra fría y que se desmoronó el Bloque oriental, no creo que sea el momento de tirar todos nuestros ideales por la borda, para irse corriendo detrás de un voladero de luces que nos quieren presentar como “la solución” a los complejos problemas que tenemos que resolver en el siglo 21.

No creo que sea el momento de abrazar una doctrina populista, extremista y racista que se parece mucho a la que combatimos, por su totalitarismo y su falta de respeto a la persona humana y a su libertad y autonomía individuales. No quiero parecer patética, pero los millones de víctimas de los gulag soviéticos nos gritan algo así como “que nuestra muerte no haya sido en vano”.


[1] De acuerdo a Boecio, la persona es “rationalis naturae individua substantia”. Esto es, sustancia individual de naturaleza racional.

¿Cerremos las fronteras?

Hace poco, durante una conversación de sobremesa, uno de los comensales -joven, viene del Este de Alemania- nos contó que él era partidario de controlar las fronteras, esto es, de cerrarlas e instalar estaciones de policía que revisen autos y pasaportes. Como era antes de la vigencia del Tratado de Schengen, antes de que las fronteras intraeuropeas estuvieran abiertas, para personas y para cosas.

Todos, en la mesa, nos miramos con incredulidad. No puedo entender a esos jóvenes que añoran el pasado. Yo le conté que una amiga mía acababa de llegar de Praga en auto -con su hijo y su perro- y que el viaje había durado sólo cinco horas, de Praga a Bonn. Recuerdo que, justo antes de que los checos se incorporaran el Schengen, hice un viaje a Karlsbad o Carlovy Vary y debimos -con niños- esperar horas en la frontera, para que nos revisaran, en realidad, para nada, porque sólo habíamos comprado un Knödel donde “los vietnamitas” y un paquete de cigarrilos. No teníamos nada que declarar; pero debimos pasar largo tiempo en la frontera, mostrar nuestros pasaportes y el viaje tardó nueve horas de vuelta y siete de ida, y no cinco. (Y eso que Carlovy Vary está bastante más cerca que Praga).

Para particulares, como nosotros, esto no es gran cosa; pero imagínense lo que significa para camiones, buses de pasajeros, y transportes de todo tipo, incluyendo transportes urgentes. La pregunta es: ¿Queremos mercado común o no? El mercado común supone fronteras abiertas entre los miembros. Me temo que, aparte de otras razones, el rechazo o la aversión frente a la Unión Europea y frente al sistema de libre comercio, juega un papel importante entre quienes proponen controlar o incluso cerrar las fronteras.

Quienes siempre hemos vivido en la parte occidental de Alemania, no tenemos mayor experiencia con controles en la frontera y esto, desde hace muchas décadas. Nunca he vivido controles en mis viajes a Holanda, a Bélgica, ni a Luxemburgo. Viajes por el día, just for fun, a comer papas fritas belgas, a comprar dulce de leche en Luxemburgo, o ropa para niños o bicicletas en Flandes. A visitar a amigos en Bélgica u Holanda. A gozar el día disfrutando del aire marino y de una buena pizza de mariscos en Amberes, viendo jugar basquetbol a los multiculturales habitantes del puerto. A pasear un día feriado mirando antigüedades, libros viejos, el Museo de Rubens o cuadros de Rembrandt… Esa es nuestra vida normal y corriente en un continente sin fronteras. En una sociedad abierta. Nos acostumbramos a ella, la vemos como lo más natural del mundo. A veces, sería bueno que la viéramos como algo no tan natural, sino como algo que hay que defender.


Nuestro amigo sostiene que es importante saber quién entra al país, así como nos interesaría también saber quién entra a nuestra casa. De partida, la comparación entre un país y una casa de familia no es correcta, como tampoco la analogía entre la familia y el estado que muchas veces escucho de alemanes cercanos a la Alternativa para Alemania o AfD. No, el estado no es una “familia en grande”, como me decía otro amigo de esa tendencia (él es partidario que el estado obligue a la gente a bajar de peso, ya que los alemanes -según él- están cada día más gordos, debido al MacDonalds y a la comida rápida norteamericana. Que él no piense en la influencia de la cerveza, me da qué pensar…). No, la entidad del estado es totalmente distinta a la entidad de la familia o a un hogar de familia. Para mí, este es un tema elemental de primer año de filosofía del derecho.

Pero volviendo a la tesis según la cual, habría que instalar controles fronterizos para saber quién entra al país, debido a la abundante criminalidad que vendría del extranjero. Yo no creo que la criminalidad en Holanda, Bélgica, Suiza, Francia, Dinamarca, Austria o Luxemburgo sea más alta que la existente en Alemania…. En honor a la verdad, la gente del Este de Alemania se refiere a la criminalidad checa y polaca, que es la que tienen más cerca. Y, en honor a la verdad, en los países del ex-socialismo real, la criminalidad parece ser más alta que la de los países occidentales.  

Checos o polacos NO son, por naturaleza, “más criminales” que los alemanes. De ninguna manera se puede sostener algo así. Es una barbaridad siquiera pensarlo. Puede haber circunstancias relacionadas con déficits en el estado de derecho de sus respectivos países que favorezcan la criminalidad, lo que no es propio de un determinado pueblo, o de una determinada etnia o cultura, sino más bien de circunstancias históricas que habría que corregir. Por lo demás, ya se están corrigiendo, en gran parte, gracias a los altos standards que les exige la Unión Europea en estos aspectos (aunque actualmente vemos un retroceso en Polonia).

Es cierto que algunos criminales pasan de un país a otro, aprovechando que la policía ha sido -hasta ahora- competente sólo para operar dentro de su propio país y que, demasiadas veces, no hay un buen trabajo en conjunto entre los policías, la administración o la justicia de los dos estados, en orden a perseguir a los críminales que operan en la región fronteriza. Lo vivimos hace poco en mi ciudad, cuando una banda proveniente de Holanda pasó la frontera, robó cajeros automáticos en Alemania, para huir despavoridos de regreso a los Países Bajos. En mi ciudad, a nadie se le ocurrió proponer un cierrre de la frontera con Holanda, ni tampoco poner controles. Si hubiera casetas de control en la frontera, seguramente los criminales habrían huído por caminos rurales o por algún lugar del bosque.

Me parece que desviar policías que deberían resguardar la paz en las ciudades y combatir la criminalidad, hacia labores de control fronterizo sería un absurdo. La solución ni es cerrar las fronteras, ni poner casetas de control como los que había antes. Para ello, necesitaríamos mucho personal. Este personal, todos estos policías y funcionarios públicos, realizan una labor mucho más efectiva, enfrentándose a la criminalidad directamente donde actúan los criminales y no revisando pasaportes de ciudadanos honrados, ni abriendo maletas de pasajeros, ni carpot de autos.

Asimismo, el costo que tendrían controles fronterizos para la economía sería inmenso y podríamos decir adiós al libre comercio entre los países de la Unión Europea. Significaría cerrar las fronteras e instaurar la autarquía: cada país produciría sus propios productos para su propio mercado nacional y cerrado. Por lo demás, el sueño de la extrema derecha… y de la extrema izquierda, ambas unidas en su intento de cerrar las economías y retornar al proteccionismo naciolalista, como antaño. Un retroceso histótico que nadie en su sano juicio, puede desear. Pero a veces la gente no piensa en las consecuencias de los slogans nacionalistas que repite.

Todos esos policías que mi amigo se imagina con una linterna, revisando que particulares no lleven más de una botella de slivobitz o más de las cajas de cigarrillos permitidas, creo que sería mucho mejor, que se concentraran en trabajar coordinadamente con sus colegas del país vecino en la lucha contra la criminalidad. Contra el tráfico de drogas -el horrible crystal meth- o contra la prostitución. Prioridad absoluta es perseguir a criminales que operan en regiones fronterizas aprovechándose de los conflictos de competencia de la policía de uno y otro lado. La frontera no es una línea abstracta, es mucho más que eso: es una región.

La solución no es pues, cerrar las fronteras, ni destinar policías y otros funcionarios para controlarlas. La solución es la lucha conjunta, competente y coordinada de los policías de dos, tres o cuatro países contra la criminalidad. La mejor alternativa consiste en que la policía atraviese la frontera persiguiendo a presuntos criminales o investigando delitos, que pueda interrogar a testigos y detener a sospechosos, aunque se hallen fuera del propio territorio. En suma, que los policías tengan facultades para actuar en el país vecino, solos o en conjunto con sus colegas extranjeros. El número de policías siempre será limitado. Que estén empleados en tareas con sentido -en el combate directo y efectivo de la criminalidad y de los criminales- es preferible a que realicen labores sin sentido alguno.

Defendamos nuestra civilización o al menos sus cuatro fines, según Popper

Para el ascenso de la la Alternativa para Alemania (AfD[1]) y para su ingreso al Parlamento alemán no hay una sola causa, sino muchas. Es más, para nada hay una sola causa, muy por el contrario, nuestro mundo es multicausal. El gran error de los conspiranoicos[2] -los que creen en teorías de la conspiración- es pensar, con una fe cuasi-religiosa, que los acontecimientos tienen una sola causa. Y una que sólo ellos conocen, con lo que están en ventaja sobre todos nosotros[3], pobres mortales ignorantes.

De partida, hay que aclarar que sólo un escaso 13% de la población de Alemania votó por la AfD. El 87% no votó por ella. La AfD no es “el pueblo”, como ellos vociferan en sus manifestaciones públicas, en las de sus aliados de Pegida y en las redes sociales. Desde hace décadas, el potencial del voto de extrema derecha oscila entre el 10 y el 15%, así que el 13% del 2017 no me sorprende. Sí, me sorprende el 27% que obtuvo la AfD en Sajonia 😦 Parece que Sachsen y otros nuevos Länder[4] sí tienen un problema. Para solucionar un problema, para superar una dificultad, primero hay que reconocer que existe.

A diferencia de lo que ocurre en otros países de Europa, en Alemania este 10 a 15% que adhiere a una ideología extrema, históricamente no ha votado por un partido de esa tendencia, sino que lo ha hecho por otras colectividades políticas tradicionales[5], puesto que se considera que un voto entregado a estos partidos es un “voto perdido” y es preferible influir en otros partidos.

Un reciente estudio de la Fundación Bertelsmann[6] muestra que, en las últimas elecciones de Parlamento federal en septiembre pasado, “la AfD logró movilizar a los no-votantes en circunscripciones electorales socialmente precarias”. Esto es, en sectores marginales (pobres), generalmente reacios a acudir a las urnas. Que la AfD haya motivado a votar a una cantidad significativa de personas se denomina “efecto AfD”.

(De acuerdo al estudio, el porcentaje de gente del sector socialmente más bajo que votó por la AfD llega a un alarmante 28%, el más alto de todos los sectores sociales, en tanto que quienes no votaron por la AfD alcanzó un 63%).

Otro de los resultados del estudio de la Fundación Bertelsmann es que dos terceras partes de los electores de la AfD son contrarios a la modernización. En consecuencia, se puede decir que ha surgido una nueva línea de conflicto en el electorado alemán: una línea que lo divide entre los escépticos frente a la modernización y los partidarios de la misma.

Quienes se inclinan en contra de la modernización y más bien toman partido por volver al pasado, se enfrentan al mundo actual, al progreso, al cambio, a la tecnología. Por el contrario, en todos los otros partidos (llamados tradicionales) predominan quienes prefieren avanzar[7] y no quedarse rezagados frente al desarrollo mundial.

En ningún caso estamos frente a un rompimiento violento, sino a una lenta evolución, a un reconocer que, los desafíos actuales son distintos a los de hace treinta, cincuenta o más años, y a aceptarlos. Me refiero a desafíos a los que se enfrenta Alemania, tales como la globalización, la inmigración, el libre comercio, la defensa militar europea (después de las advertencias de Trump), el euro, nuevas formas de ver la familia, nueva posición de la mujer en la sociedad, debate sobre el sexismo, el desconectar los reactores nucleares, una posición firme frente a Rusia y muchos otros temas.

Quienes se oponen a la vida moderna, a la forma de mirar y de sentir de nuestra sociedad son reacios a cambiar un ápice de su vida. Parece que desean que las cosas -tanto a nivel personal como social-  sigan igual o incluso que vuelvan a ser como antes. Plantean mantener el status quo, lo que, en el fondo, supone y conlleva no ceder ni en sus privilegios, ni en sus derechos adquiridos.

Sí, temen que vengan advenedizos y les quiten su posición social, tienen algo así como un miedo insano a caer en la escala social. En este sentido, tenemos que ver el rechazo a los refugiados y a los extranjeros en general a quienes ven como una eventual competencia (para ellos, algo muy real), a nivel social, laboral, estudiantil y de todo tipo. Los ven como un peligro. Pienso incluso en el arcaico reflejo de acusar a los extranjeros de “quitarnos a las mujeres”.

Entre las ideas pro-modernas se cuentan la igualdad entre hombres y mujeres (que incluye el trabajo de la mujer fuera de la casa[8]), la diversidad étnica y la multiculturalidad, el matrimonio homosexual, los colegios que duran todo el día (y no sólo durante la mañana), las guarderías infantiles, el término definitivo del servicio militar obligatorio, la Reforma de Bologna (que cambió el sistema universitario en toda Europa), los curricula vitae sin foto, la cuota femenina en las grandes empresas, hacer de la sociedad, una sociedad menos jerárquica y más igualitaria… y un gran etcétera.

Siempre me ha dado la impresión que hay demasiada gente que se aferra al pasado y le gustaría vivir eternamente en la década de 1950[9], tal vez porque es la época del “milagro económico alemán”. Esto, incluso en lo que relativo a las nuevas tecnologías, igualmente rechazadas… Salvo en lo que se refiere a Facebook, inicialmente mirado con gran recelo; pero que después se convirtió en el aglutinador de las personas con ideas antimodernas que, de otra forma, no se habrían encontrado nunca[10].

Cada uno, cada una habría seguido viviendo en su pueblo, encerrado en su pequeño mundo; pero internet -y especialmente Facebook- posibilitó su encuentro virtual y la organización de sus primeros encuentros en el mundo análogo[11]. Hasta ahora, el medio preferido para dar a conocer sus declaraciones públicas, es Facebook. Esto, probablemente cambiará ahora que tienen las vías de comunicación parlamentarias a su disposición.

El miedo a la modernización incluye o es consecuencia o bien causa del temor a la globalización[12], vista como un aspecto de lo que algunos llaman universalismo, que es igualmente combatido, como si fuera una gran amenaza para la población de Alemania. La Unión Europea, la OTAN son instituciones multinacionales o “universales” que, por eso mismo son miradas con recelo o bien claramente combatidas.

Todo esto me recuerda la tesis que Popper plantea en “La sociedad abierta y sus enemigos”[13]. Ya en la introducción[14], el autor se refiere a la transición (Übergang) de la sociedad tribal o cerrada hacia la sociedad abierta. Esto es, el paso desde una sociedad basada en la familia (Stammesgesellschaft), en la etnia, en la tribu en sentido amplio, en la ascendencia, en “la sangre” o en “los genes”, hacia una sociedad abierta. La sociedad abierta es, sin duda, una sociedad más más avanzada[15], más moderna. Popper la llama sociedad abierta, denominación muy clara y apropiada que es, en sí un proyecto y conlleva un programa.

Popper explica que el shock producido por la transición de la sociedad tribal a la sociedad abierta es uno de los factores que contribuyen al auge de movimientos reaccionarios que trabajan para lograr el regreso a la unidad o a la uniformidad de la sociedad cerrada, esto es, a las ataduras existentes con anterioridad entre los miembros de una sociedad, ataduras basadas en la pertenencia a una etnia[16]. Es lo que vemos hoy, entre los grupos tipo AfD, cuando basan sus slogans en un rechazo a los refugiados en particular y a los extranjeros en general.

Cuando impugnan todo lo externo, incluso la cultura que no sea la supuestamente propia. Hay que aclarar eso sí que, dado que el término “raza” ha caído hoy en desprestigio, es reemplazado hoy por el de “cultura”[17]. (Este rechazo no se dirige solamente en contra de una cultura árabe, musulmana o norafricana. Conozco gente que no escucha ni siquiera música norteamericana, ni usa jeans, ni ve películas de Hollywood. Conozco a un padre que cortó completamente el contacto con su hija porque ella se casó con un chino).

Para mí, esto que ocurre hoy día en Alemania y otros países del primer mundo (pienso en el tea party y en Trump; pienso también en Polonia y en Hungría e incluso en Rusia, aunque no sea parte del primer mundo), en que grupos reaccionarios se aferran con uñas y garras al pasado o a lo que ellos glorifican como pasado, ya que es más bien un “pasado inventado”. A esa arcadia o edad de oro que probablemente no haya existido jamás. En el fondo, se autoproclaman como “la voz del pasado”, sin pensar que lo más seguro es que el pasado no nos hablaría como ellos hacen, sino con una voz y con palabras muy pero muy diferentes[18] [19].

Así pues una imaginada edad de oro pretérita reemplaza la esperanza en un mejoramiento de la sociedad. Se abandona el mito del progreso indefenido que -hay que reconocerlo- era un poco ingenuo. Y nos llenanos de pesimismo cultural de la mano de quienes aman el pasado y son super pesimistas frente al futuro. Desconfianza en el futuro, rechazo a nuestro tiempo y una melancolía que los lleva a añorar aquellos gloriosos tiempos que no volverán. Esto es lo que los caracteriza, lo que subyace en su pensamiento y actuaciones, aunque no siempre lo reconozcan abiertamente.

Popper explica que las fuerzas reaccionarias, en su intento de volver al pasado, tratan de provocar una caída (Sturz) de la civilización… de nuestra civilización que se encuentra recién en sus comienzos y que se desarrollará en pos de sus cuatro fines u objetivos esenciales, a saber: a saber: humanidad, racionalidad, igualdad y libertad[20].

Sí, Karl Popper es un filósofo de la postguerra y uno de los pensadores que más ha contribuído a la democratización de las sociedades occidentales y tal vez no-occidentales (los límites de Occidente son difusos, dependiento del punto de vista del observador[21]) durante la segunda mitad del siglo 20. Sus cuatro elementos guía o fines de nuestra sociedad son hoy -a diferencia de lo que ocurría antes de la II Guerra- ampliamente aceptados, al menos de palabra.

En las relativamente jóvenes democracias liberales de la postguerra, observó Popper el surgimiento de grupos que se negaban a seguir este camino de humanidad, racionalidad, igualdad y libertad, en otras palabras: de civilización. Grupos totalitarios, que pertenecen a una tradición que es tan antigua o tan nueva como nuestra misma civilización, escribe el influyente filósofo liberal.

No, los totalitarismos no se acaban de la noche a la mañana, requieren esfuerzo y sobre todo, mucha, mucha paciencia. Hay que estar atentos, ya que muchas veces, están entrelazados con grupos pseudoliberales[22], con quienes se mezclan, se esconden, se mimetizan, se disfrazan, según lo que más les convenga.

Hay un grupo en Facebook que se llama “Sé amable con la AfD”[23]. Sé amable aunque cueste, porque es la única alternativa. (Aunque hay que elegir bien el momento, supongo que no se puede hablar con alguien que ejecuta in fraganti un acto de violencia). No podemos caer en el mismo juego de los enemigos de nuestra sociedad. No podemos comenzar a odiar a quienes no piensan como nosotros -es lo que hacen ellos- ni podemos caer en su juego de animadversión schmittiana frente al rival político.

El rival político no es un enemigo. Es sólo un rival político; puede ser mi amigo en otras cosas, en otros planos de la vida: puede ser que le guste el mismo equipo de basquetbol o que le guste el pescado frito o las películas de Star Wars. En el juego democrático de las ideas, el contendiente es un rival político y nada más, no un enemigo al que hay que aniquilar[24].

La arcaica mentalidad del amigo y enemigo -que se extiende por todo el pensamiento de Carl Schmitt, uno de los autores preferidos de la nueva derecha europea[25]– “ha sido deletérea y ha traído y sigue trayendo, grandes males a las relaciones internacionales, a la política interna de un país o de una región del mundo. Y, me atrevería a decir, que también a las relaciones interpersonales”[26]. No, no hay un “enemigo total”, sólo hay personas que ven las cosas distinto a nosotros[27]. El límite de la aceptación de sus ideas es la dignidad humana que, bajo ninguna circunstancia, puede ser pasada a llevar.

En suma, siempre habrá grupos reaccionarios dentro de la sociedad. Su misma existencia nos indica que vamos por buen camino. En algunos países, estos sectores son más grandes que en otros. Lo importante es que no se conviertan en mayoría, no podemos permitir que “los enemigos de la sociedad abierta se apoderen del estado, acaben con la sociedad civil y conculquen los derechos fundamentales de sus ciudadanos”[28]. Su presencia es un aguijón que permanentemente nos advierte que no podemos ceder en los fundamentos de nuestra civilización. Popper nos señala nuestros fines: humanidad, racionalidad, igualdad y libertad.


[1] Alternative für Deutschland.

[2] Cortos pensamientos de 2015 sobre el tema: Arrogancia de los iluminados conspiranoicos

[3] Ver mi antiguo artículo (de 2007) Wolfgang Wippermann: el eje del mal

[4] Se llaman “nuevos Länder” a las regiones que formaban parte de la República democrática alemana o “Alemania comunista”, como le llamaba mi tía abuela.

[5] Cfr ¿Una pelea de familia? Ver nota 10

[7] Según el estudio, el 52% de los partidarios de la democracia cristiana / unión social cristiana están a favor de la modernización. Así como un 56% de los social demócratas y un 59% de los liberales. Un 62% de los partidarios del Partido de Izquierda (aunque esto me cuesta creerlo) y un 72% de los Verdes.

[8] Aunque parece increíble, es un tema que aún se discute en Alemania…

[9] La primera persona que me habló de quienes desean vivir en el pasado, concretamente en la década de 1950, fue Jutta Burggraf. Y lo hizo como una crítica, especialmente, a sectores cristianos conservadores en Alemania.

[10] En alemán, se llama a la AfD un “Facebookpartei”, un “partido de Facebook”. Se hace ver el paralelo con los Verdes de antaño que, se considera que surgió gracias a que sus iniciadores se comunicaban por fax, la tecnología de punta de entonces.

[11] Sobre sus inicios, recomiendo leer el excelente los capítulos correspondientes del libro del periodista del FAZ, Justus Bender “Was will die AfD?”, Pantheon, 2017, München.

[12] Como en muchos otros aspectos, la extrema derecha y la extrema izquierda se hallan unidas en el miedo a la globalización y a su consiguiente rechazo.

[13] Karl Popper, Die Offene Gesellschaft und ihre Feinde, Tomo I, Editorial Francke, Berna, München.

[14] Págs. 22 y siguientes.

[15] El estado nacional no es una continuación de la familia nuclear de mayores dimensiones, como se escucha de vez en cuando… La sociedad civil, la ciudad, el estado, la república, la nación es muchísimo más que una gran familia. Sus lazos son de una entidad totalmente diferente a los lazos que unen a una familia, a una tribu o a una etnia. La autoridad de quienes dirigen la sociedad no es la autoridad de un pater familias, esa me parece una arcaica visión de la organización social.

[16] Sin duda, esto es algo que Popper vivió en carne propia, como judío de Viena, de debió huir del nacional socialismo, de una ideología deletérea que predicaba el retorno a la unidad étnica inicial y la depuración de elementos que ellos consideraban foráneos. A mi modo de ver, el nacional socialismo fue una ideología de la sociedad estamental en grado extremo.

[19] Cfr Clemens Schneider explica, en Der Liberale ist ein Hoffender (El liberal es una persona que tiene esperanza, podríamos traducir libremente el título del artículo de Schneider) que, en la película Psicosis, de Hitchcock, lleva consigo el cadáver momificado de su mamá a la que, incluso da su voz para poder conservar así el pasado. La mamá de Bates no tiene una chispa de vida, tampoco es un ser con existencia propia. El pasado, del cual hablan y escriben los temerosos conservadores no es otra cosa que una momia sin vida y sin existencia, a la que el conservador da su voz. Ver Los conservadores de hoy, enemigos de la sociedad abierta

[20] Págs 22 y siguientes de la obra citada.

[21] Así, en Europa, Latinoamérica no es parte de Occidente. Lo que sería un gran agravio para muchos latinoamericanos.

Se dice que Chile es el país más “occidentalizado” de Latinoamérica (sin ser parte de Occidente), al menos es lo que piensa el historiador alemán Heinrich August Winkler, uno de los mayores estudiosos del concepto de Occidente de la actualidad.

[24] Cfr. La crítica y el progreso en “La sociedad abierta” de Karl Popper “El adversario político tiene que ser eso, un rival y nunca un enemigo”, nota número 8 de mi columna citada en esta nota.

[25] Recomiendo la obra magistral de Samuel Salzborn, “Angriff der Antidemokraten”, Beltz Juventa, Berna Suiza, 2017, especialmente el tercer capítulo dedicado a Carl Schmitt.

[27] Incluso no hay que olvidar que “en una democracia, la oposición es imprescindible”, ver  La crítica y el progreso en “La sociedad abierta” de Karl Popper

Popper y el mandamiento del amor al prójimo

Ama a tu prójimo”, dice la Sagrada Escritura y no “Ama a los de tu estirpe“, Karl Popper[1].

En momentos, en que una Europa recibe a refugiados de la guerra de Siria, una minoría muy ruidosa los rechaza e incluso ataca. Incluso y pese a los acuerdos de la Unión Europea, algunos estados del Este del continente, se niegan a acogerlos. Para qué hablar de Trump y su Muslim Ban…[2] Creo que, ante este panorama, puede servir traer un poco a la memoria el pensamiento de Popper. Más aún cuando un sector de quienes los rechaza, recurre a Popper e incluso a la Biblia en su intento de justificar su comportamiento.

La frase es de “La sociedad abierta y sus enemigos”, el libro más conocida de Karl Popper, una obra emblemática del pensamiento democrático y libre del siglo 20. Popper es unpensador liberal agnóstico que, generalmente, no hablaba de religión. Rechazaba, para sí, tanto el “ateísmo arrogante”, como la fe judía o la cristiana[3]. (Venía de una familia de “judíos asimiliados” de Viena).

El filósofo liberal explica que este pensamiento del amor al prójimo y no a la estirpe, a la propia familia, a la nación o a la etnia en la que se nace, es el núcleo de todas las enseñanzas de nuestra civilización. Ningún otro pensamiento ha tenido, en la historia del desarrollo moral de la humanidad, una eficacia más grande que la de esta idea[4].

Kant la recogió en su máxima de la razón práctica: obra de tal manera que la humanidad, tanto de tu persona, como de la persona de los demás, no sea nunca un medio que utilizas, sino un fin[5] [6]. En otras palabras, todo ser humano -incluyéndome a mí misma- es un fin y nunca puede ser usado, nunca nos podemos aprovechar de los demás, ni verlos como un medio para lograr cualquier cosa. No, todas las personas, cada persona es un fin y no un medio, no es una cosa. Este es el principio que debe guiar nuestro actuar.

Popper describe el mandamiento del amor al prójimo como expresión de individualismo en combinación con el altruismo y agrega que esta doctrina central del cristianismo se ha convertido en el fundamento de nuestra civilización occidental[7]. En este sentido, se puede decir que la civilización occidental está fundada en el cristianismo. Soy yo, como individuo, quien actúa; mi actuación es siempre altruista. El altruismo hace que me comporte de manera que mi actuación beneficie o pueda beneficar a otros. Es -por decirlo de una manera fácil- lo contrario del egoísmo. El altruísmo es la palabra no religiosa para designar el amor al prójimo.

Es evidente que el cristianismo que llama a amar al prójimo y no sólo “a los nuestros”. Es lo que se llama al universalismo cristiano[8]. De ninguna manera, el cristianismo puede ser rebajado y utilizado como un elemento de identidad nacional, ni menos aún, en esta misma línea espúrea, usarlo como una barrera que se coloca frente a los demás, Por ej., frente a refugiados, homosexuales, extranjeros o creyentes de otras religiones. O no creyentes.

Siguiendo la idea de Popper, pienso que, en momentos en que algunos (pocos, pero muy bulliciosos) vuelven a rechazar a otras personas, a grupos de personas, hay que actuar como nos recomienda Leon Botstein: dejar de lado la actitud en que sólo se defiende los derechos del propio grupo. Cada uno, cada una de nosotros, tiene que defender los derechos de todos los demás como si fueran los propios derechos. Los derechos de toda persona, aunque sea diferente o perteneza a una minoría[9]. O precisamente por ello[10].

Esta lección de humanidad es la piedra de toque de la civilización occidental. Por el contrario: vociferar por las calles en contra de extranjeros, refugiados, asilados, inmigrantes, de blancos, negros o amarillos no sólo no es occidental, sino que tampoco es civilizado.


[1] “Liebe deinen Nächsten”, sagt die heilige Schrift, und nicht “Liebe deinen Stamm”, Karl Popper. Die offene Gesellschaft und ihre Feinde. Francke Verlag München, 4a. edición, 1975. Pág. 146.

[3] Popper äußerte sich nur selten über Religion. (…) Demnach beschrieb er sich selbst als Agnostiker und lehnte für sich den seiner Ansicht nach arroganten Atheismus ebenso ab wie den jüdischen und den christlichen Glauben. Wikipedia

[4] “Und er ist der Kern aller ethischen Lehren, die aus unserer Zivilisation erwuchsen und sie anregten. Zum Beispiel ist er auch Kants zentrale praktische Lehre (‘Handle so, daß du, die Menschheit sowohl in deiner Person als auch in der Person jedes anderen jederzeit zugleich als Zweck, nie als bloßes Mittel gebrauchst.’). Kein anderer Gedanke hat in der moralischen Entwicklung des Menschen eine so mächtige Wirksamkeit entfaltet”. Págs. 146 y 147.

[5] Idem.

[6] Otras traducciones del llamado imperativo categórico, en Wikipedia: Formulaciones.

[7] Dieser mit dem Altruismus vereinigte Individualismus ist die Grundlage unserer abendländischen Zivilisation geworden. Er ist die zentrale Lehre des Christentums. Pág. 146.

[8] Ver mi columna El universalismo y los refugiados

En su también insigne obra sobre el racismo (“Rassismus”, pág. 68, de 2004. En inglés “Racism. A short History”, Princeton 2002.) George M. Fredrickson hace ver que la finalidad principal del Nuevo Testamento es la Salvación de toda la humanidad. Por otra parte, la creencia en la descendencia de Adán y Eva nos hace hermanos y hermanas. Es muy interesante el capítulo I sobre religión y racismo.

[9] Ver mi columna Y si pasa algo…

[10] No sé por qué pienso en el poema de Martin Niemöller:

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando finalmente vinieron a buscarme a mí, no había nadie más que pudiera protestar.

El poema tiene innumerables versiones y variaciones; pero esta es la original

La crítica y el progreso en “La sociedad abierta” de Karl Popper

Crítica

Hace unos días, vi una conferencia en que un intelectual judío alemán de izquierda, le dice a otro intelectual igualmente judío-alemán pero conservador[1]: “antes yo estaba contra el sistema y ahora, me veo defendiédolo”. Sí, tal vez es lo que nos pasa a muchos no conformistas, a personas de espíritu crítico y que lo cuestionábamos todo. Y seguimos cuestionándolo. Pero hoy, parece que hoy -obligados por las circunstancias, defendemos más de lo que criticamos. Rebus sic stantibus, podríamos argumentar…

Como -hace ya muchas décadas- nos hizo ver Karl Popper “hay una diferencia esencial entre la crítica en una sociedad democrática y la critica totalitaria a la sociedad democrática”[2]. O sea, hay que distinguir… distinguir entre los tipos de crítica. Lo que vemos ahora, en nuestro día a día europeo, es una crítica autoritaria a la sociedad liberal. Frente  a esa crítica, que consideramos injusta[3] y sumamente peligrosa, muchos de nosotros, nos vemos en la necesidad de defenderla.

Es cierto que los enemigos de la democracia no son muchos (entre 10 a 15% dependiendo del país); pero, como dice Ovidio, “combate la enfermedad desde un comienzo, no prepares la medicina cuando el mal se ha hecho ya muy fuerte, debido a tu vacilación”[4].

El filósofo liberal continúa: “la crítica de Sócrates era democrática; de hecho, era una crítica del tipo que es necesaria para la supervivencia de la democracia”. Que una crítica sea necesaria para la supervicencia del sistema es algo que soprenderá a algunos. Como me comenta un amigo: la crítica es el motor del progreso. Sin este enfrentarse y pensar críticamente sobre algo, no avanzamos.

Si estamos siempre conformes con lo que tenemos, nunca podremos superarnos, ni llegar más lejos. Permaneceremos siempre en el mismo lugar. No vamos a poder crecer como personas, ni como sociedad, ni mejoraremos el sistema. No progresaremos, no seremos mejores. Es un poco aquello que la sabiduría popular ha acuñado en la frase: “el que no avanza, retrocece”, que no es una frase ni de Lenin, ni de Marx, sino que nada menos que de San Agustín[5].

Que, en una democracia, la oposición es imprescindible, es algo que igualmente se puede derivar -a contrariu sensu- de la premisa de Popper según la cual, los “demócratas que no distinguen entre una crítica amigable y una crítica enemiga de la democracia, están prisioneros del espíritu totalitario”[6]. Yo diría que son pseudo demócratas.

Un verdadero demócrata, una verdadera demócrata, no sólo acepta la crítica y la oposición, como un mal necesario, sino que la promueve, la favorece, la defiende como una institución necesaria, buena e imprescindible. El sistema democrático de gobierno requiere una oposición que hace posible la alternancia en el poder., ya que “la alternancia en el poder es, pues, condición sine qua non de la democracia”[7]. Como se repite tantas veces, para Popper, es la alternancia en el poder llevada a cabo en forma pacífica -o sin derramamiento de sangre- lo que distingue  un sistema democrático de uno que no lo es.  

La oposición tiene que ser, eso sí, responsable, en lo posible constructiva y no destructiva. Capaz y dispuesta a llegar a acuerdos. El adversario político tiene que ser eso, un rival y nunca un enemigo[8]. Algunas veces, estaremos de acuerdo; otras veces, no. Pero nunca se puede perder el respeto por el oponente.

En general, la crítica no va dirigida sólo “al sistema” como tal, sino también, a los partidarios de diversas tendencias políticas dentro de la sociedad plural  y abierta. La crítica es -por así decirlo- intrasistemática, se halla dentro del sistema y no pretende destruirlo. Por lo tanto, la crítica tiene que ser, no sólo tolerada como un mal menor, sino que la podemos tranquilamente fomentarla; promocionar, alabar, elogiar a quienes la hacen, ya por el solo hecho de hacerla, aunque no estemos de acuerdo con ellos.

En otras palabras, es bueno que no estemos todos de acuerdo y que discutamos. El mismo común denominador: el sistema o rayado de la cancha y muchos numeradores diversos al otro lado de la línea divisoria. Esto es lo sano y debería ser lo normal. Ver el mismo objeto desde distintos puntos de vista es enriquecedor: de un lado se le ve cócavo y, desde el otro convexo[9]. De un lado, es un seis, del otro, es un nueve.  “Estamos divididos en el color; pero unidos en lo fundamental”[10].

En esta misma línea, lo que no podemos admitir es la crítica de los intolerantes, de aquellos que quieren destruir, que están en contra del sistema democrático liberal de gobierno. Ello, porque “en nombre de la tolerancia, tenemos que reservarnos el derecho a no tolerar la intolerancia”[11]. Ojo que Popper no dice que no podemos tolerar a los intolerantes, como se traduce muchas veces erróneamente en castellano[12], sino a la intolerancia. A las personas, siempre las tenemos que aceptar. Su maldad, no[13].

No podemos caer en el error de los intolerantes: “Un régimen totalitario naturalmente nunca puede ver cualquier crítica como amigable, ya que cualquier crítica de la autoridad coloca el principio de autoridad en tela de juicio”[14]. Y creo que no es necesario trasportarse idealmente a un régimen totalitario, hay demasiadas personas con mentalidad totalitaria o autoritaria[15].

Los autoritarios de hoy mucho tienen que ver con las personas con mentalidad servil que existieron en el pasado. Sí, aunque ellos hablen, sin parar, de libertad y pretendan levantarse contra supuestas elites que consideran opresoras y a las que, generalmente, ellos mismos pertenecen o han salido de ellas. Lo que temen realmente es perder sus privilegios, su posición excepcional dentro de la sociedad.

Progreso

Popper nos explica que tanto Platón, como los historicistas (Historizisten) creían en la existencia de una ley del destino (Schicksalgesetz) cuya vigencia y rigor no se pueden detener. Según esta ley, a medida que pasa el tiempo, las sociedades decaen, declinan y se desmoronan. Es la ley de la decadencia histórica[16]: el tiempo trae consigo inexorablemente “los males del cambio y de la decadencia”[17]. Le degeneración racial lleva a la decadencia de las costumbres y de ahí a la declinación del estado como tal, hay sólo un paso[18].

El cambio se ve siempre como un mal y como una señal de decadencia. Cualquier semejanza con la realidad actual es pura coincidencia[19]. Platón sostiene que la ley de la declinación, del decaímiento es muy difícil de parar, ya que es una “ley del destino”[20]. Me pregunto cuánto de esto hay en la tendencia actual que denominamos pesimismo cultural [21] [22].

Sin embargo y contradiciendo al historicismo estricto, “Platón es de la opinión que nos es posible romper la ley de hierro del destino y evitar así la decadencia”[23]. En otras palabras, la ley de hierro del destino, según la cual, las sociedades humanas se acercan cada vez más -a medida que pasa el tiempo- a su ruina y que los historicistas reconocen como un proceso inevitable y fatal, puede ser rota, quebrada, detenida… Puede ser detenido el proceso que no sería pues totalmente irrevocable. Platón da una esperanza y ofrece un programa:

El filósofo griego explica que nuestro mundo en movimiento no es ni siquiera real, sino que es una copia de un mundo anterior, perfecto e inamovible que no podemos ver[24]. (Recordemos el mito de la caverna). Si el estado perfecto es el antiguo, el pre-existente, todos los estados -o sistemas políticos- que le sucedieron, son degenerados o, al menos imperfectos[25]. Es más, este estado es real, y no fantástico, ya que, debido a su estabilidad, es de una realidad superior, ya que no está sometido al cambio de la realidad social que es efímera[26].

Debemos detener todo cambio, ya que todo movimiento es malo. Por el contrario, la tranquilidad, el sosiego, el reposo o como se lo quiera llamar, es divino[27]. Para Platón, todo lo que promueva inamovilidad y acreciente el poder del estado, es derecho, es justicia. Popper llama a esto una barbarie, una barbaridad[28].

El ideal platónico es un estado perfecto que no conoce el cambio. Es perfecto precisamente porque no cambia, por eso es el estado ideal que propone fundar[29]. Sostiene que la ley del cambio y la decadencia se puede detener si se evita toda variación, reforma, modificación. Su idea es que el estado permanezca para siempre igual. Que sea un estado petrificado[30] en una edad de oro[31], en una arcadia (utopía romántica e idílica), que durará mil años[32]. Esto de los mil años me parece peligrosamente conocido…[33] 

Para Platón, la perfeccción se encuentra en la falta de movimiento. Las cosas que cambian son imperfectas. Sólo las inamovibles, las inmóviles, las inmutables son perfectas[34]. Pienso que, muy por el contrario, es más que obvio que, si todo tiene que seguir igual, no puede haber avance, ni progreso. Sin movimiento, sin cambio, no hay mejora, desarrollo, ni auge, tampoco ascenso, sólo estagnación, sino retroceso. Ya lo decía San Agustín[35] y lo que el santo africano sostenía respecto a la vida espiritual, se aplica también a la vida social y política, para qué hablar de la económica.

Sí, siempre ha habido personas que se aferran al pasado e ideas como las platónicas les sirven de excusa para justificar su resistencia al normal devenir del tiempo. Gente que ve en todo cambio, algo peligroso, que no ve las oportunidades, sino sólo el mal y pone avisos de “peligro” en todas partes. No distinguen, no disciernen. Temen todo cambio y luchan por mantenerlo todo como está, aduciendo erróneamente, que el mundo debería ser presidido por una especie de ley inmutable[36], por un orden pre-establecido que ellos conocerían. Serían una especie de demiurgos que nos indican lo que tenemos que hacer o no hacer. Permanecen anclados en el pretérito, sin entender el devenir de la historia, ni aceptar, ni reconocer progreso alguno.

Si todo está gobernado por una ley inamovible, entonces, el progreso no sólo está demás, sino que contradice la norma suprema de la inamovilidad. Esto, que parece absurdo es la base de teorías ultraconservadoras, reaccionarias, autoritarias actuales, que no sólo quieren mantener las cosas como están, sino que intentan volver al pasado o hacernos great again, con acento en el again[37].  

Me parece que quienes piensan así, por lo menos carecen en absoluto del don de discernimiento, puesto que no todo cambio es bueno, ni tampoco todo cambio es malo, hay que saber distinguir. Esta capacidad de discernirnimiento es -por otra parte- la quintaesencia del pensamiento conservador, que se diferencia esencialmente de las ideas autoritarias, tradicionalistas, totalitarias o ultraconservadoras a las que nos enfrentamos hoy[38].

Nada tiene que ver con un sano conservadurismo de raíz liberal-conservadora[39], sino que más parece una expresión romántica de una ética tribal[40]. Recordemos que -para Popper- lo contrario de la sociedad abierta, su antónimo es la sociedad tribal[41] (Stammesgesellschaft), basada en los ancestros, en la familia, o más que en la familia, en la tribu, de ahí su nombre. Tal distinción cobra hoy una gran relevancia en Europa, donde grupos autoritarios -una minoría muy bulliciosa- rechaza a quienes desean o se ven obligados -como refugiados de guerra- a integrarse a la sociedad europea[42]. Por tal razón, se ha vuelto a hablar de la sociedad abierta y a releer la obra de Popper.  

Hace dos años encontré el libro de Popper, “La sociedad abierta”, en un anticuario de Celle (en Niedersachsen) por un precio módico. Le he leído, releído y hecho leer, siempre con mucho provecho. Lo recomiendo 🙂


[1] Si mal no recuerdo, los intelectuales eran Micha Brumlik y Michael Wolffsohn; pero como no encuentro la cita, prefiero no escribir sus nombres en el texto de este artículo, ya que puede ser que me equivoque.

[2] “Aber es gibt einen grundlegenden Unterschied zwischen einer demokratischen und einer totalitären Kritik an der Demokratie”, pág. 254. En adelante, las citas de Karl R. Popper son de su libro Die offene Gesellschaft und ihre Feinde. Francke Verlag München, 4a. edición, 1975.

[3] Vienen a mi memoria las palabras de Chesterton en 1932: “en este momento la democracia esta siendo atacada y, lo que es más, atacada injustamente”. En Democracia y Capitalismo G. K. CHESTERTON No sin razón, muchos sostienen que vivimos una especie de deja vu, en que regresamos a la década de 1930. Los defensores del autoritarismo actual recurren a los autores de esa época, en quienes se inspiran. Lo que no deja de ser terriblemente significativo.

[4] Principiis obsta. Sero medicina parata, cum mala per longas convaluere moras.

[5] “Avanzad, hermanos míos; examinaos continuamente sin engañaros, sin adularos ni pasaros la mano. Nadie hay contigo en tu interior ante el que te avergüences o te jactes. Allí hay alguien, pero uno al que le agrada la humildad; sea él quien te ponga a prueba. Ponte a prueba también tú mismo. Desagrádete siempre lo que eres si quieres llegar a lo que aún no eres, pues donde hallaste complacencia en ti, allí te quedaste. Mas si has dicho: «Es suficiente», también pereciste. Añade siempre algo, camina continuamente, avanza sin parar; no te pares en el camino, no retrocedas, no te desvíes. Quien no avanza, queda parado; quien vuelve a las cosas de las que se había alejado, retrocede; quien apostata, se desvía. Mejor va un cojo por el camino que un corredor fuera de él. Vueltos al Señor”. Del SERMÓN 169 Traductor: Pío de Luis, OSA

[6] “Demokraten, die nicht den Unterschied zwischen einer freundschaftlichen und einer feindseligen Kritik der Demokratie sehen, sind selbst in totalitärem Geiste befangen”, pág 254.

[10] Cfr. Europa endlich mal lieb haben “In Berlin sagt Silvan Wagenknecht: Wir sind vielleicht in der Farbe getrennt, aber in der Sache vereint”. #pulseofeurope

[11] “Im Namen der Toleranz sollten wir uns das Recht vorbehalten, die Intoleranz nicht zu tolerieren”.

[12] En inglés se refiere a las personas y no a la intolerancia: “We should therefore claim, in the name of tolerance, the right not to tolerate the intolerant”. 

[13] El liberalismo de Popper es liberalismo y, de ninguna manera es esa caricatura intolerante y totalitaria de los libertarios que han surgido en algunos países. Me refiero grupos que se hacen pasar por liberales, en circunstancias que son reaccionarios misatrópicos. La dignidad de la persona está en el centro del liberalismo.

[14] “Ein totalitäres Regime kann natürlich überhaupt keine Kritik als freundschaftlich ansehen, denn jede Kritik einer Autorität muß das Autoritätsprinzip selbst in Frage stellen”, pág. 254.

[16] “Gesetz des historischen Verfalls”, pág. 46.

[17] “Übel der Veränderung und des Verfalls”, pág. 46.

[18] Cfr. pág. 46.

[19] “Any resemblance to reality is pure coincidence”, como se dice en las películas 😉

[20] Schicksalgesetz, pág. 47.

[21] “Cultural pessimism arises with the conviction that the culture of a nation, a civilization, or humanity itself is in a process of irreversible decline”, en Wikipedia 

[22] El pesimismo cultural, es una inclinación, una postura o creencia que observo, sin excepción y abundantemente, en los grupos autoritarios actuales. E incluso entre grupúsculos cristianos ultraconservadores, pese a que el pesimismo cultural es lo más contrario al cristianismo que pueda existir. Este convencimiento de que estamos en un proceso irreversible de decadencia.

[23] “Platon war der Ansicht, daß es uns möglich sei, das eherne Schcksalsgesetz zu durchbrechen und den Verfall durch das Anhalten aller Veränderung zu verhindern; dies zeigt, daß seinen historischen Neigungen wohlbestimmte Grenzen gesetz waren”. Pág. 47.

[24] Pág. 124.

[25] “Der vollkommene Staat ist sozusagen der erste Vorfahren, der Ahnherr der späteren Staaten, die gleichsam die degenerierten Nachkommen dieses vollkommenen oder besten oder “idealen’ Staaten darstellen”, pág. 51.

[26] “eines idealen Staates, der nicht bloße Phantasie, noch ein Traum, noch eine ‘Vorstellung in unserem Geiste’ ist, sondern dem angesichts seiner Stabilität höhere Wirklichkeit zukommt als jenen verfallenden, dem Wechsel unterworfenen Gesellschaftsordnungen, die in jedem Augenblick vergehen kännen”, pág. 52.

[27] “Bewegung ist übel, Ruhe göttlich”, pág. 126.

[28] La palabra Barbarei es en alemán mucho más fuerte y significativa que la “barbaridad” en castellano. Pág. 151.

[29] “die Gründung eines Staates zu verwirklichen,der nicht verfällt”, der sich nicht verändert, und der eben deshalb von den Übeln aller anderen Staaten frei ist. Der von den Übeln der Veränderung und des Verfalls freie Staat ist der beste und vollkommenste Staat. Er ist der Staat des goldenen Zeitlaters, das keine Bewegung kannte”. Pág. 46.

[30] “Er ist der zum Stillstand gebrachte, der versteinerte Staat”, pág. 46.

[31] “der Staat des goldenen Zeitalters”, pág. 46.

[32] “Die Prophezeihung der Wiederkehr des Goldenen Zeitalters, eines neuen tausendjähriges Reiches, die wir im ‘Staatsman’ finden”, pág. 46.

[33] Hitler anució oficialmente, el 1° de septiembre de 1933 que el estado que él dirigía, el llamado „Drittes Reich“ (tercer Reino) duraría mil años. Wippermann, Benz y otros, citados en Wikipedia

[34] Pág. 47.

[35] Ver nota 5.

[36] Cfr. pág. 38. O 28 en el ejemplar en GoogleBooks en castellano. “Oft scheint es, als versuchten sie sich über den Verlust einer stabilen Welt zu trösten, indem sie an der Annahme eines unverämderlichen Gesetzes festhalten, das die Veränderung beherrscht”.

[38] En realidad, más conservadores moderados debería levantar su voz frente a la derecha (europea) autoritaria y que intenta imjustamente apropiarse del término conservador. Un buen intento de hacerles frente en: “Die Rechten dürfen sich den Konservativismus nicht aneignen”, en Das Konservative muss vor den Rechten geschützt werden (Lo consevador tiene que ser defendido de la derecha).

[39] Invito a leer mi columna Los conservadores de hoy, enemigos de la sociedad abierta Donde escribo conservador, léase autoritario, en el sentido en que lo describí en  Liberales y autoritarios en vez de izquierda y derecha

[40] Popper habla de una “romantische Stammesethik”. Pág. 42.

[41] Cfr. pág 15 en GoogleBooks en castellano.

[42] “quien siente miedo frente al cambio -que actualmente se expresa, sobre todo, en el pluralismo y en la apertura de nuestra sociedad- se encuentra en peligro permanente de ser paralizado por ese miedo (…) En el caso de los conservadores, este ideal positivo se encuentra en el pasado, al menos en el pasado como ellos se lo imaginan. Con su mirada nostálgica y melancólica, dirigida hacia una supuesta edad de oro es lo que reemplaza la esperanza de un mejoramiento de la sociedad”. Ideas del autor liberal Clemens Schneider, en mi columna Los conservadores de hoy, enemigos de la sociedad abierta 

 

Liberales y autoritarios en vez de izquierda y derecha

Ideólogos de las más diversas tendencias no se han dado aún cuenta de que la diferencia ya no es más entre derecha e izquierda, sino entre liberalismo y autoritarismo[1], Sabine Adler.

No es que la diferencia entre derecha e izquierda haya perdido todo su sentido. No. Pero, a nivel mundial, tiene ahora otro. No se puede comparar lo que llamamos derecha, por ej., en Chile, con lo que se llama derecha en el Norte de Europa.

Después del término de la Guerra fría, la derecha tiene que ser conceptualizada de otra forma, al menos en el primer mundo y en Rusia. Lo que antes llamábamos derecha -la alianza entre conservadores y liberales que hacían frente al mundo totalitario del comunismo- ya no existe.

Para nosotros en Latinoamérica, la “derecha” sigue siendo una alianza entre liberales y conservadores. En Europa, esa unión dejó de existir o se encuentra reducida a su mínima expresión[2]. En Europa, Merkel es la mejor encarnación del mundo conservador. O si prefieren, liberal-conservador del estilo que líderes como Reagan y Thatcher representaron alguna vez.

Pero Merkel -la líder del mundo libre según Politico[3]– es duramente criticada por los conservadores de la antigua escuela, anteriores a la caída del Muro de Berlín, como izquierdista, partidaria del multiculturalismo -que ella misma ha criticado-, socialista y un gran etcétera de calificaciones, todas negativas.

Un sector conservador, pequeño pero influyente -debido a su prestigio social, a sus recursos económicos o a su tradición cristiana, se ha aliado a grupos extremos que ya no podrían calificarse de conservadores, sino más bien como de populistas de derecha o de extrema derecha nacionalista. Tal grupo anatemiza a todos los demás, como izquierdistas, como hombres buenos (para ellos es una ofensa), como liberales de izquierda o simplemente como liberales.

Los parámetros han cambiado y lo han hecho en forma radical. Es por ello que muchos de nosotros, aún cuando mantenemos los mismos principios que hace veinte años, se nos tilda en Europa y otras latitudes, de izquiedistas, incluso de comunistas (esto último, especialmente de parte de españoles que consideran que ser “de derechas” es poco menos o poco más, que ser fascista y postear fotos de Mussolini en Facebook, su medio de expresión preferido).

Hace poco, critiqué la desigualdad del acceso a la educación en Chile, por lo que fui -a mi vez- criticada, como si una especie de darwinismo social fuera lo propio del pensamiento liberal conservador. Lo propio del pensamiento liberal-conservador que yo conocí, es precisamente la igualdad de oportunidades. El que el talento y las virtudes te permitan surgir, triunfar. Las virtudes, el esfuerzo y la constancia y no la cuenta bancaria de tus papás. Es lo que se llama la meritocracia.

Volviendo al tema inicial, izquierda y derecha, esos términos que poco dicen a nivel mundial, sí nos pueden aclarar mucho, a nivel local, ya que son una apropiada orientación dentro de la política local, nacional o regional. Pero es sumamente difícil aplicarlos sin más, a la hora de comparar países o continentes.

Asistimos hoy a espectáculos tan curiosos -por llamarlos de alguna forma suave- como que un ex-comunista soviético y ex-oficial de (des)información de la KGB -encargado de la represión de disidentes- sea el mejor padrino del movimiento de extrema derecha en Europa Oriental. Su patrocinio se implementa en tres niveles: dinero, medios y plataforma cultural pseudo religiosa.

A nivel europeo, encontramos a partidos como Syriza, el Partido socialista de Grecia, populista de izquierda, e integrado por grupúsculos comunistas, ecosocialistas, maoístas e incluso trotzkistas que, en cabezado por Alexis Tsipras, se halla en el gobierno en una extraña alianza con la extrema derecha nacional denominada ANEL, cuyo líder -y ministro de defensa griego- es su vez, aprendiz del ideólogo del Kremlin, Alexander Dugin.

Navid Kermani comenta que el slogan “Primero España” se ha convertido en una consigna de la izquierdista Podemos[4]. Kermani nos dice con razón que la izquierda, que siempre había sido pro-Europea y trans-nacional, parece haber dejado de serlo y que muchos izquierdistas pretenden refugiarse tras las fronteras nacionales, en el nacionalismo. A mi modo de ver, la unión entre socialismo y nacionalismo ha sido siempre deletérea.

Sin ir más lejos, en Alemania, la AfD se nutre de electorado de izquierda y de extrema izquierda. Y una de las líderes del Partido de izquierda -la más importante- sostiene posiciones de extrema derecha frente a los refugiados y a la inmigración, e incluso ha alabado a Trump en el Bundestag… Esto ha llevado a que el líder de la AfD, Alexander Gauland, la invite a dejar el Partido de Izquierda y a pasar a integrar su partido de extrema derecha.

En Alemania, en las Protestas de los días lunes (Montagsdemo) se unen tanto la extrema derecha populista como la extrema izquierda. E igualmente, grupos populistas de ambos extremos, que hacen de diferentes teorías conspiranoicas, una verdadera religión. Es una alianza demencial.

En su discurso ante la Cámara de los Comunes, frente a los atentados terroristas[5] de la semana pasada, la conservadora Theresa May sostiene con admirable firmeza we are not afraid y explica cuáles son los valores democráticos: libertad, libertad de expresión, derechos humanos y estado de derecho[6]. Sí, esos son los valores fundamentales de una sociedad democrática.

Cuando Trump fue elegido Presidente (pese a tener dos millones de votos menos que Clinton), la conservadora Merkel, en una declaración pública, habló de los valores comunes a Occidente, estos son: 1) democracia 2) libertad 3) respeto al derecho (estado de derecho, rule of law, primacía de la ley) 4) respeto a la dignidad de la persona, independiente de su origen, del color de la piel, de su religión, sexo, orientación sexual o lo que piense en política.

Sobre la base, y sólo sobre la base de estos valores, Merkel ofrece al nuevo presidente norteamerciano su colaboración para hacer frente a los grandes desafíos de nuestra época y enumera: 1) la aspiración al bienestar económico y social 2) la política climática, esto es, de protección del clima, están contra el cambio climático 3) la lucha contra el terrorismo, pobreza, hambre y enfermedad 4) el empeño por la paz y la libertad en todo el mundo[7].

Las de May y las de Merkel son las coordenadas en que nos movemos hoy los partidarios de la democracia y de la libertad en el mundo. Quienes defendemos el sistema político y social libre y pluralista, con respeto a los derechos fundamentales y a la dignidad humana. Habría que agregar la alternancia en el poder, piedra fundamental, cimiento del sistema democrático de gobierno.

Quienes adheremos irrestrictamente al mundo libre somos además, más felices, porque podemos interactuar con todo el mundo, sin tantas “trancas” como las que obligan a los partidarios del autoritarismo a indagar primero qué piensa la otra persona para saber si puede o no acercarse a ella. Lamentablemente, el lema de Carl Schmitt sobre los amigos y los enemigos se ha colado hasta en las más elementales relaciones interpersonales[8].

Si postulamos y defendemos nuestro sistema democrático y pluralista de gobierno, con alternancia en el poder y garantía para los derechos fundamentales, sabemos que podemos criticar el sistema. Como hace ver Popper, la critica tiene que ser democrática, ya que “hay una diferencia esencial entre la crítica en una sociedad democrática y la critica totalitaria a la sociedad democrática”[9].

Continúa Popper: “Un régimen totalitario naturalmente nunca puede ver cualquier crítica como amable, ya que cualquier crítica de la autoridad coloca el principio de autoridad en tela de juicio”[10]. Ya, la autoridad… de ahí la denominación autoritarismo. (Un intento de crítica en un sistema totalitario es imposible o trae consecuencias desastrosas a quien la realice, quien no lo crea, pregunte a Navalny y a todos los rusos arrestados ayer por protestar frente al gobierno de Putin).

El filósofo liberal explica: que “la crítica de Sócrates era democrática; de hecho, era una crítica del tipo que es necesaria para la supervivencia de la democracia”[11]. No sé qué piensen ustedes; pero yo estoy convencida que la crítica es el motor del progreso. Y que, en la democracia, la oposición es imprescindible.

Quiero ir un poco más allá y poner de manifiesto que la crítica no va dirigida sólo “al sistema” como tal, sino también, a los partidarios de diversas tendencias políticas dentro de la sociedad pluralista, abierta y variopinta. En una sociedad cerrada, esto es autoritaria, ello no es posible y toda crítica es rechazada con mal humor. O simplemente, se la califica como calumna o difamación, como hacen muchos autoritarios hoy en día. Quienes adhieren al totalitarismo, ven toda crítica o incluso sólo una simple interrogante o cuestionamiento como un terrible vilipendio o una gran ofensa.

Sí, los postulados de Merkel y de May son nuestras coordenadas. Pero estamos abiert@s a más. Tal vez, una de las mayores exigencias de nuestro tiempo, sea, por ej., lograr la igualdad entre hombres y mujeres, tan desprestigiada por los partidarios del autoritarismo[12], como si no fuera una expresión de la igualdad de todos los seres humanos.

Sí, nos abrimos como un abanico, independientemente de si antes, éramos de derecha o de izquierda. La guerra fría ya pasó[13] y con ella, las cartas se han vuelto a mezclar.


[1] “Ideologen unterschiedlicher Couleur haben immer noch nicht erkannt, dass die Gräben längst nicht mehr zwischen Links und Rechts verlaufen, sondern zwischen Liberalen und Autokratie-Anhängern”, Bundestagswahl 2017 Angst vor Fake News, Lügen und Verleumdungen (Elección de Parlamento de 2017. Miedo a las fake news, a las mentiras y a la calumnia).

[2] Invito a leer el artículo de Karen Horn „Ich halte derlei Flirts für einen üblen Fehler“ (Considero que este tipo de flirts son un error muy grande), citado abundantemente en mi columna Los conservadores de hoy, enemigos de la sociedad abierta, que invito a releer.

[4] “Denken Sie an die Linkenbewegung dort, in Spanien etwa, wo Podemos mit dem Slogan auch auftritt “Spanien zuerst”, en: Navid Kermani “Europa blockiert sich selbst”

[5] El terrorismo es totalmente contrario a la sociedad libre y democrática y lo más parecido al autoritarismo.

[6] “Mr Speaker, yesterday an act of terrorism tried to silence our democracy. But today we meet as normal – as generations have done before us, and as future generations will continue to do – to deliver a simple message: we are not afraid. And our resolve will never waiver in the face of terrorism. And we meet here, in the oldest of all Parliaments, because we know that democracy – and the values it entails – will always prevail.

“Those values – free speech, liberty, human rights and the rule of law – are embodied here in this place, but they are shared by free people around the world. A terrorist came to the place where people of all nationalities and cultures gather to celebrate what it means to be free. And he took out his rage indiscriminately against innocent men, women and children”.

[7] Ver mi artículo de noviembre pasado Merkel frente a Trump: el rayado de la cancha 

[8] Sí, me parece que esta mentalidad del amigo-enemigo, que se extiende en toda la obra schmittiana , ha sido deletérea y ha traído y sigue trayendo, grandes males a las relaciones internacionales, a la política interna de un país o de una región del mundo. De más está decir que una persona adherente del mundo libre, de lo que Sabine Adler llama el liberalismo que hace frente al autoritarismo, jamás podría ser fan de Schmitt. Este para mí, es un criterio de diferenciación esencial. Invito a leer mi columna El nuevo orden según Carl Schmitt

[9] “Aber es gibt einen grundlegenden Unterschied zwischen einer demokratischen und einer totalitären Kritik an der Demokratie”, pág. 254.

[10] “Ein totalitäres Regime kann natürlich überhaupt keine Kritik als freundschaftlich ansehen, denn jede Kritik einer Autorität muß das Autoritätsprinzip selbst in Frage stellen”, pág. 254.

[11] “Die Kritik des Sokrates war demokratisch; in der Tat, sie war eine Kritik von jener Art, die notwendig ist für den Weiterbestand der Demokratie”, pág. 254.

[12] Esta semana, uno de ellos (uno más o menos importante), me mandó a la cocina, a cocinar, en vez de estar debatiendo con él en Twitter. E incluso me llamó (sin saber nada de mí, sólo por mi condición de mujer) una mamá frustrada

[13] Aunque, a algunos les gustaría revivirla: La nueva guerra fría

Nos guste o no, la burka no se puede prohibir

A mí no me gusta la burka; pero me gusta más que no se pueda prohibir.

Cito al ministro del Interior de Alemania Thomas de Maziere, “No se puede prohibir todo lo que reprobamos”[1]. O, para hablar con el vicepresidente de la social democracia, Ralf Stegner, “A mi tampoco me gusta la burka; pero no podemos prohibir todo lo que no nos gusta”[2].

A mí tampoco me gusta, creo que se puede decir mucho en contra de la burka y de cualquier pañuelito que tape la cara en verano (los pasamontañas son sólo para el invierno) y cuando no hay tormenta de arena… Sin embargo, no es el estado (ni la comuna, ni la ciudad, ni casi nadie) quien pueda prohibir una prenda de vestir. Si no estamos de acuerdo, podemos convencer; pero no prohibir. Sensibilizar y educar; pero no sancionar, me parece que es lo correcto..

Cito nuevamente al Papa Benedicto (idealizado hoy en día, por algunos de quienes son partidarios de la prohibición del burka… o de la burka, como deseen llamarla/o). “En lo tocante al burka, no veo razón alguna para una prohibición general. Se afirma que algunas mujeres no llevan el burka de forma libre y voluntaria, y que se trata propiamente de una violacion de la mujer. Por supuesto, con eso no se puede estar de acuerdo. Pero si libre y voluntariamente quieren llevarlo, no sé por qué hay que prohibírselo”[3].

O en mi traducción del aleman: “Los cristianos son/somos tolerantes y, por ende, permitimos a los otros lo que a ellos les parece que es totalmente normal (…). En lo relativo a la burka, no veo ningún motivo para una prohibición general. Se dice que algunas mujeres no la usan en forma voluntaria y esto es, realmente una violación de la mujer. Naturalmente, no podemos estar de acuerdo con ello. Sin embargo, si llevan la burka de manera voluntaria, no sé por qué se la debería prohibir.”[4]

Okay, hay que relativizar esta afirmación. Sí hay un código de vestirse que puede ser sancionado jurídicamente en algunas ocasiones. Por ej., ante un tribunal no se puede usar nada que tape la cara. En manifestaciones, en protestas, en marchas o, en general, en acciones políticas públicas, tampoco. Las leyes anti-máscaras o la prohibición de “enmascararse” son antiguas y han sido -hasta ahora- correctas. Entre paréntesis, una de las leyes anti-máscaras más antigua es norteamericana que se dictó para prohibir que los miembros del ku klux klan se taparan la cara[5].

Pienso que tampoco se debería usar en colegios, ni en universidades, ni en general, en establecimientos educacionales. Creo que los bancos y otras insituciones financieras tiene el perfecto derecho a prohibirlo en sus inmuebles y cajeros automáticos, tal como prohíben que los conductores de motocicletas ingresen con casco a sus edificios. Pero esta prohibición de uso de la burka o de otra forma de taparse la cara, es aceptable, e incluso recomendable por razones de seguridad pública, en determinados inmuebles o en situaciones, en aeropuertos, estaciones de tren, estadios, eventos deportivos (salvo que sean de ski, por el frío), en cuarteles militaresn (salvo que pertenezcas a un comando de fuerzas especiales). También, si manejas auto, es preferible no taparse la cara, por una infinidad de razones.

Algo muy distinto ocurre en parques, plazas, calles, etc. La Corte Europea de derechos humanos sentenció[6] que la prohibición francesa, de 2011, de taparse la cara por parte de mujeres musulmanas, es de acuerdo a derecho, puesto que el no mostrar la cara puede mermar la convivencia, ya que ver la cara de la otra persona juega un papel importante en la interacción social[7]. Esto es sin duda una -por decirlo suavemente- un invento bastante innovador de la Corte, ya que define un objetivo social impreciso que tendría la ley prohibitiva francesa como algo claramente definido[8].

Dos juezas de la Corte (la alemana Angelika Nußberger y la sueca Helena Jäderblom, lo que no deja de ser significativo) expresan en un voto de minoría[9], que la prohibición es iliberal. Recuerdo lo que nos dice Barbara John, en el sentido que, si estamos convencidos de la atractividad de nuestra sociedad, no le daremos tanta importancia a cada costumbre de otras personas, por absurda o sin sentido que nos parezca[10].

Como Uds. pueden suponer es también lo que pienso yo, como expresé ya en mi columna ¡Sácate la burka! Si hubiese una obligación o mandato de convivir permanentemente con los demás, en calles, plazas y parques, llegaríamos al absurdo de prohibir el uso de audífonos mientras caminas por la calle, mientras corres o haces deporte. Por ej. O se prohibiría leer un libro, el diario, una revista, el IPad, hablar por teléfono o hablar con la persona que está a tu lado y no con todas las demás.

Las dos juezas dicen que la democracia implica aceptar la pluralidad, también en la forma de vestirse. Yo diría que la pluralidad dentro de la sociedad “prohíbe” imponer a nadie un dress code determinado, válido para una sociedad determinada. Hacen ver que no hay ninguna razón para suponer que las mujeres que se tapan la cara, sienten desprecio por quienes se encuentran por la calle o pretenden ofenderlos de alguna forma[11].

No hay obligación de comunicarse con nadie, de entablar conversación con desconocidos (como se le inculca tan insistentemente a los niños) por la calle. Es cierto que la comunicación es esencial en nuestra sociedad; pero también es elemental el derecho a no comunicarte, a la vida privada, a ser un outsider[12]. El llamando right to be an outsider 🙂 Nadie tiene el deber de entrar en comunicación, en lugares públicos, en contra de sus deseos, aclara el voto de minoría.

Nuestra sociedad liberal no es un ámbito de sociabilidad[13] ilimitado, sino que es también un lugar donde tienes el derecho a no entablar comunicación con todos. En el fondo, advierten las dos juezas, con la prohibición, se sacrifica un derecho fundamental individual, en aras de un principio abstracto hacen ver Nußberger y Jäderblom.

Si bien es cierto que la convivencia, este “vivir juntos”, requiere la posibilidad de intercambio interpersonal, en que mostrar la cara tiene un papel importante en la interacción humana, no se puede sostener que, a la inversa, la interacción humana sea imposible si no se muestra la cara o toda la cara. Pensemos en casos, perfectamente arraigados en la cultura europea como las actividades de ski y el motociclismo con cascos o el uso de trajes durante el carnaval. Como demuestran estos casos, la gente puede relacionarse sin mirar necesariamente en sí los ojos. Expresa el citado voto de minoría. Como amante de los deportes acuáticos, pienso también en los buzos.

Paradojalmente, en algunos países como Francia y Bélgica, se prohíbe y, en otros, se prentende prohibir el uso de la burka o del Niqab -que usan mujeres provenientes de algunos países musulmanes, no de todos- en calles, plazas y parques, justo en una época en que se generaliza el no cortarse la barba, con lo que también se oculta la cara[14]. Asimismo, los mismos que insisten en prohibir la burka son quienes más critican a GogleEarth y quienes pixean sus casas y edificios y los rostros de los paseantes (lo que no está mal). Y ¿qué me dicen del scanner corporal que te deja virtualmente desnuda al pasar frente a la pantalla en el aeropuerto? De alguna manera, su argumentaicón es inconsistente.

Nußberger y Jäderblom señalan, en su voto de minoría que se coloca así a la mujer -que es la afectada por la medida, lo que es para mí, aún peor- en un gran dilema: o romper con su fe religiosa, con su cultura y su convicción personal o ser fiel a su tradición y quedarse en la casa sin salir. O salir y enfrentar una sanción penal. Las dos juezas sostienen que es preferible la sensibilización y la educación (de paciencia y de comprensión, hablaría yo) y no tantas sanciones, amenazas y prohibiciones.

No sé qué opinen Uds.; pero pienso que la prohibición francesa no ayuda en nada ni a la integración, ni tampoco a la convivencia, a ese vivir juntos que el legislador francés pretende defender. Creo -y lo he visto en muchas amigas mías procedentes de países musulmanes- que nuestra forma de vivir abierta, liberal, tolerante, pluralista, multicultural tiene una fuerza de atracción muy grande, inmensamente más grande que las prohibiciones y las exigencias de asimilación forzada.


[1] “Man kann nicht alles verbieten, was man ablehnt”. No coloco link, porque la cita es super conocida y ha sido ampliamente citada por los medios.

[2] “Mir gefällt das mit der Vollverschleierung auch nicht (…) Aber man kann nun wirklich nicht alles, was einem nicht gefällt, verbieten”. En entrevista con ARD SPD-Vize Stegner: Burka-Verbot nicht grundgesetzkonform

[3] Citado en Benedicto 16 sobre la burka. Agradezco nuevamente a Ljudmila Hribar, por facilitarme el texto del libro en castellano. Ljudmila es la autora del blog JUAN PABLO II, maestro, padre, pastor, amigo….beato, santo! que recomiendo.

[4] En ¡Sácate la burka! Texto original en alemán: “Christen sind tolerant, und insofern lassen sie auch den anderen ihr Selbstverständnis. (…) Was die Burka angeht, sehe ich keinen Grund für ein generelles Verbot. Man sagt, manche Frauen würden die Burka gar nicht freiwillig tragen und sie sei eigentlich eine Vergewaltigung der Frau. Damit kann man natürlich nicht einverstanden sein. Wenn sie sie aber freiwillig tragen wollen, weiss ich nicht, warum man sie ihnen verbieten muss”.

[5] Ver artículo en Wikipedia en castellano

[7] Citado en Die Burka verleiht die Freiheit, Außenseiter zu sein: “Der Gesichtsschleier könne das Zusammenleben beeinträchtigen, weil das offene Gesicht eine wichtige Rolle für die soziale Interaktion spiele”.

[8] Critica Wolfgang Janisch, autor del artículo de la Süddeutsche recién citado: Die Burka verleiht die Freiheit, Außenseiter zu sein

[11] Citado por Maximilian Steinbeis en su artículo del blog de derecho constitucional Burkaverbot: Grundrechtsschutz auf Proportionalitäts-Fläschchen gezogen

[12] “It can hardly be argued that an individual has a right to enter into contact with other people, in public places, against their will. Otherwise such a right would have to be accompanied by a corresponding obligation. This would be incompatible with the spirit of the Convention. While communication is admittedly essential for life in society, the right to respect for private life also comprises the right not to communicate and not to enter into contact with others in public places – the right to be an outsider”. Texto citado por Maximilian Steinbeis en su artículo del blog de derecho constitucional Burkaverbot: Grundrechtsschutz auf Proportionalitäts-Fläschchen gezogen

[13] Raum der Geselligkeit lo denomina Anna von Notz en el Verfassungsblog: Der unendliche Raum der Geselligkeit

[14] Cfr. Jost Müller-Neuhof en Tagesspiegel: Rechts-Kolumne “EinSPRUCH” Kein Recht für Außenseiter

La Alternativa para Alemania (AfD) y los Verdes de la primera época

Muchas veces se compara la Alternative für Deutschland (Alternativa para Alemania o AfD) con los Verdes. Con los Verdes de la primera época, cuando el partido se estaba aún constituyendo. Se dice que los Verdes son hoy un partido aceptado, normal y democrático, que admite el parlamentarismo y que la AfD llegará también a serlo. Sí, llegaría también a serlo si la ayudamos: si aceptamos a sus dirigentes y simpatizantes como partícipes normales del acontecer político y no los “demonizamos” (término empleado con frecuencia[1]).

Se insinúa que los Verdes de la primera época -en su radicalidad y en su extremismo- habrían sido similares a los AfD de hoy. Y que, debido a que fueron aceptados, se habrían convertido en un partido más. Lo mismo ocurriría -opinan estos bien intencionados- con los populistas de derecha de la AfD y grupos cercanos. La AfD podría servir para aglutinarlos a todos y llevarlos así al terreno democrático. Con el  paso del tiempo, se tornarían “normales”, una colectividad política más, serían un partido más, aceptado y aceptable por todos.

Según esta teoría, parece que todos los partidos, nacerían extremos y se irían calmando con el tiempo, siendo aceptados por la población como un actor más del juego político.

Esta es una actitud sumamente relativista. Da como todo lo mismo. Qué más da que un partido sea extremista. Tenemos que darles acogida, no rechazarlos, no demonizarlos y pronto serán un partido integrado en el parlamento y totalmente normal. Y me dicen a mí que soy ingenua 😛

Los relativistas defensores de esta teoría son quienes critican al Comité central de los Católicos alemanes por no invitarlos a su reunión anual que acaba de tener lugar en la ciudad de Leipzig. Dicen que no hay que aislarlos, ni segregarlos, hay que invitarlos a todas partes y hablar con ellos. Con la fuerza del discurso, se irían, lentamente acercando a nosotros y -gracias a alguna extraña fuerza oculta- se convertirán en demócratas.

Yo también creo que el diálogo. pienso que el debate es bueno, que de una discusión abierta puede salir la luz. Sin embargo, tampoco soy ingenua y me baso en mi experiencia. Tengo bastantes amigos (ex-amigos) y conocidos, miembros y simpatizantes (algunos han estado o están en puestos como dirigentes de la AfD) de este partido y otros tantos amigos y conocidos de la nueva derecha y sólo les puedo decir que, por excepción, se puede hablar con ellos, ya que están carcomidos por el fanatismo.

Pienso que la AfD no se puede comparar con los Verdes de la primera época. Andreas Püttmann tiene razón, cuando hace ver que se equivocan quienen lo sostienen, puesto que el partido Verde, pese a trazos de extrema izquierda en un primer período, siempre fue una colectividad antiautoritaria y democrática-liberal, que se insertó, desde un comienzo en la tradición parlamentaria de Alemania.[2].

Por el contario, un partido autoritario, anti-islamista (crecientemente anti-católico) y racista[3], que está en contra de la integración de los refugiados, que los combate (incluso con las armas de fuego, si pudiera[4]) y pretende la asimilación de los extranjeros (voy a buscar mi Dirndl), un partido anti-globalización, que combate la Unión Europea y busca la salvación cerca de Putin, sinceramente, no veo como se pueda integrar en el espectro liberal y democrático de Alemania del siglo 21. Ni a nivel interno, ni menos aún, en el plano internacional.

Un partido -por inexpertos que sean sus dirigentes- que, en gran parte, representa un “pensamiento” (si es que a eso se le puede llamar pensamiento) racista y nacionalista, que compara nuestra democracia con una dictadura es quien realmente “difama” con su odio nuestra sociedad abierta. Un grupo político que difunde teorías de la conspiración y llama a la resistencia contra nuestro sistema político democrático-liberal y occidental, que difunde el odio y que bagateliza el uso de la violencia, es decididamente, de un calibre muy distinto al del que nunca fueron los Verdes en toda su historia[5].

En el fondo, el intento de presentarlos como los nuevos Verdes, es una tentativa de convertir a la nueva derecha en “presentable”, respetable, válido, en algo admisible. Lo que, a todas luces no es.

La AfD y, en general, la llamada nueva derecha en Alemania pretende cambiar Alemania[6]. Y cambiarla en un sentido que a ninguno de nosotros nos puede gustar. Menos que nada a los extranjeros en Alemania. Los extranjeros que son llamados “invasores” o simplemente “bárbaros”, olvidando que, en la época de la invasión del Imperio Romano, los bárbaros eran los llamados “germanos”; pero… ¡a quién le interesa la historia…! Para la AfD, el modelo occidental ha perdido su atractivo. Ellos buscan un nuevo modelo de sociedad.

No se trata de renovar la sociedad, ni de reformarla, ni mejorarla. Esa era la idea de los Verdes y realmente, se puede decir que lo lograron. Hoy todos somos ecologistas y defendemos el medio ambiente. Incluso el Papa Francisco[7]. Se trata más bien de una vuelta atrás. De restringir las libertades y derechos individuales, instaurar un estado autoritatio con un Führer a la cabeza y una democracia no-parlamentaria, donde las decisiones del jefe máximo puedan ser corroboradas por plebiscitos. La exigencia de la AfD de realizar plebiscitos y referenda, tiene poco y nada que ver con la democracia directa o con la democracia de base; pero sí mucho más que ver, con una democracia fingida, en que un líder máximo decide lo que hay que hacer -apoyado por un partido único- y hace corfirmar sus decisiones mediante pseudo elecciones o pseudo plebiscitos. Alemania tiene experiencia con ese sistema…

La nueva derecha en Alemania -de la que la AfD forma parte importante, como su miembro más exitoso- desprecia nuestra forma de vivir, que considera decadente. Difama los partidos políticos que llama partidos antiguos, sistemáticos o de consenso, como si el consenso fuera malo[8]. Ellos serían los disidentes, así se llaman a sí mismos, se comparan con los disidentes de la época soviética. Y comparan la Unión Europea con la Unión soviética… Confunden la democracia con la dictadura. Como twitteó alguna vez el ex-marido de Frauke Petry: si confundes a democracia con la dictadura, la que pierde es la libertad[9].

Pretenden acabar con el por ellos odiado parlamentarismo o régimen parlamentario que exige las coaliciones, precisamente llegar a un consenso, a un acuerdo y hace indispensables los compromisos, incluso con el rival político. Algo que la nueva derecha no aceptaria. Para ellos, todo compromiso es debilidad, para ellos todo es blanco o es negro, los tonos grises no existen. Pese a que su mentalidad es verdaderamente gris.

El autor francés Renaud Camus -todo un dandy- con su tesis del etmopluralismo goza de incomprensible popularidad entre estos grupos. Para él, “los de arriba” han “entregado, sin ofrecer resistencia, nuestro territorio a los invasores”. Los invasores somos los extranjeros. De acuerdo al etnopluralismo, cada pueblo debe permanecer puro, esto es, con poca y nada “mezcla” con “otros pueblos”. En otras palabras, un alemán sólo puede casarse con una alemana y una alemana, sólo con un alemán[10].

En suma, la Alternativa no se puede comparar con los Verdes de la primera época. Ambos idearios e ideales son total y completamente diferentes. El ADN de los verdes era anti-autoritario, profundamente democrático y abierto a todos. El de la AfD es profundamente autoritario, antidemocrático y defiende una sociedad cerrada y encerrada sobre sí misma. La AfD es etnopluralista y parte importante de sus miembros es abiertamente xenófoba o identitaria. La idea o el concepto de la persona humana que subyace en ambos pensamientos es completamente diferente. El concepto de persona humana en la AfD es absolutamente incompatible con el ideal cristiano. El de los Verdes, no.


[1] Una ex-amiga que entonces militaba en la AfD y cuyo marido era dirigente me decía día por medio que nos los demonizara, ni los difamara, ni demonizara a Putin, a quien ella defendía.

[2] Cfr. “Sie verkennen, dass die Öko-Partei, trotz linksradikaler Einsprengsel in der Frühzeit, im Kern einer antiautoritären, liberal-demokratischen Tradition zuzurechnen sind, in die sie parlamentarisch denn auch bald hineinfanden”. Püttmann: Abgrenzen statt annähern

[3] Ver las palabras llenas de desprecio de Gauland sobre el alemán y cristiano Jérôme Boateng, nacido y criado por su mamá alemana en Alemania; pero que, debido a que su papá es ganés, es más morenito que Gauland. Si esto no es racismo, no sé cómo llamarlo, Por otra parte, implica el rechazo de matrimonios entre gente de diversas nacionalidades. Algo propio del etnopluralismo 

No me quiero imaginar lo que siente su mamá cuando escucha este tipo de ataques racistas contra su propio hijo. Pero supongo que esto no les interesa mucho, ya que no he visto gente menos empática que la nueva derecha alemana.

Un resumen en inglés en: AfD provokes anger with racist comments about German national team player Boateng

[4] Ver declaraciones de Petry y von Storch sobre disparar a los refugiados.

[5] Cfr. “Eine in Teilen völkisch-nationalistische bis offen rassistische, Demokratie mit Diktaturvergleichen diffamierende politische Gruppierung, in der Verschwörungstheorien, Widerstandspathos, Hass und Gewaltverharmlosung wabern, ist von anderem Kaliber, als die Grünen es je waren. Sie mag im Bauchladen ihrer Protestanliegen manches Diskutable transportieren, doch das kann die »No-Gos« nicht aufwiegen”. Püttmann: Abgrenzen statt annähern

[6] Sobre la temática la AfD quiere cambiar el país, ver: Liane Bednarz: “Die AfD will ein anderes Land”

[7] Con su encíclica Laudato si.

[8] Les recuerdo el discurso de Petry en la reciende convención del partido en Stuttgart, donde ella hablóa abiertamente del tema. En youtube: https://www.youtube.com/watch?v=JWCTT2KXfLM

[9] Cfr. “Wo Demokratie als Diktatur der Mehrheit verstanden wird, bekommt die Freiheit kein Bein an die Erde” https://twitter.com/sven_petry/status/726650504042954752

[10] En el último curso de retiro del Opus Dei al que asistí. Me chocó ver a una centroamericana hablando durante todo el retiro sobre la AfD, a la cual defendía, ya que su marido pertenecía a ella. Reclamaba, en voz muy alta (pese a que el retiro era en silencio) que se tildara al partido de nazi. Yo pensaba: si la nueva derecha y el etnopluralismo estuviera en el poder, ella no habría podido casarse con su marido alemán. Pero claro, ella sólo repitía lo que escuchaba en su casa.

¡Sácate el kaftán!

En febrero pasado, escribí una columna titulada ¡Sácate la burka!  En ella, contaba de una conversación con una amiga que está a favor de la prohibición del burka… El fin de semana, mi amiga volvió a tocar el tema y a postular que se debe prohibir la burka e incluso el velo islámico. Los kaftanes[1] y en general, toda vestimenta musulmana.

Mi amiga dice que, si una va a Irán -por ej.- tiene que ponerse un velo. Claro, por eso mismo, yo no voy a Irán. No, en serio, estoy consciente que esta respuesta no es solución. Entre paréntesis, si yo fuera a ver al Papa, tampoco me pondría esos velos que he visto que usan las mujeres que lo visitan; iría con pantalones y de cualquier color, como hace Merkel cuando lo visita en Roma[2]. Okay, concedo que ese no es el tema…

Mi primera respuesta es: no es una cuestión de reciprocidad. No respeto los derechos de otra persona porque en su país respeten los míos. Tampoco pido que se respete mis derechos en otras latitudes, tan sólo porque en el mío, se respeten.

El respeto de los derechos de las personas no supone reciprocidad. Sino que es universal. Se basa en una situación de correlación. Hay un universalismo de los derechos fundamentales, al que me referí en El universalismo y los refugiados y que no está sujeto a la reciprocidad.

Mi segunda respuesta: Irán no es mi modelo de país (espero que, en el futuro, las cosas cambien). Que cambien en Irán; pero que no cambien en el mundo occidental, libre, en nuestra sociedad liberal, abierta, tolerante, democrática, etc.

Volviendo al tema de la burka, el velo, el kaftán o los jeans, espero que no cambien en nuestra sociedad que no tiene un código de vestimenta obligatorio. No quiero vestirme ni con un traje de Mao, ni con un uniforme verde oliva, ni que me obliguen a ponerme un velo islámico o a mis hijos, un kaftán. Si quieren ponérselo voluntariamente, son, eso sí libres para hacerlo… Y no solamente durante el carnaval. Por eso, vivimos en una sociedad libre, abierta y respetuosa de las minorías.

Tenemos que tener la seguridad suficiente, el convencimiento, el señorío como para decir, para clamar al cielo, para gritar que en una sociedad abierta como la nuestra, no puede haber un código de vestimenta, no quiero reglamentos para verstirme, rechazo toda dress code (Kleiderordnung) a nivel social, estatal. No quiero que me prohíban usar jeans, hoodies o zapatillas de deporte. Ni que prohíban los pantalones para las mujeres, ni las camisas sin manga, ni que se nos obligue a usar medias en verano. No, eso no es occidental. No es libre. No es lo muestro.

La carta de triunfo de nuestra sociedad es que nadie nos obliga a vestirnos de tal o de cual manera. Podemos usar jeans, corbata (los hombres y también las mujeres), zapatos altos o mocasines bajos, ballerinas, buzos de deporte, pantalones cortos, faldas largas o minis. Nos guiamos por la moda, o no; por la comodidad, por el propio gusto o por lo que nos dé la gana. Una ordenanza para vestirnos de cual o de tal manera sería una claudicación. A mi modo de ver, esto abarca también la educación[3].

Es un poco lo que dice la política Barbara John en entrevista en Die Welt[4]. Si estamos convencidos de la atractividad de nuestra sociedad, no le daremos tanta importancia a cada costumbre de otras personas, por absurda o sin sentido que me parezca. No por la presencia de algunas burkas, se destruye nuestra sociedad, un par de kaftanes no significa que nuestra sociedad abierta esté en peligro. Nosotros estamos por encima de esas nimiedades.

Por supuesto que hay cosas que no se pueden aceptar, como la segregación de la mujer, o los matrimonios obligados. Venga de quién venga…

Yo creo que nuestra forma de vivir abierta, liberal, tolerante, pluralista, multicultural sí tiene una fuerza de atracción muy grande, inmensamente más grande que las prohibiciones y las exigencias de asimilación forzada y por tanto, falsa.

Les hago ver que, a comienzos del siglo 20, en Chile, existían las llamadas drapeadas del manto negro, que parece que era la última moda en Santiago de 1911… aunque más parecen del siglo 14. Estas mujeres de la alta sociedad, usaban algo que yo diría que se parece mucho a la burka, pero dejando la cara -y sólo la cara- libre. Que yo sepa, nadie las obligó a sacarse el drapeado y hoy, en Chile, ya nadie lo usa y está totalmente olvidado. Sí, nuestra liberalidad es más efectiva que cualquier prohibición.

En suma, por lo mismo que nuestra sociedad es una sociedad libre, no puede imponer un código de vestimenta a las personas -ni a quienes integran esa sociedad, ni a los visitantes, turistas, o extranjeros-. Una ordenanza para vestirnos de tal o de cual manera sería una claudicación, una verdadera traición a la libertad. Que Irán se quede con su código de vestimenta, nosotros no lo necesitamos.


[1] Les recuerdo que, antes de la II Guerra y del Holocausto, se hablaba de los Kaftan-Juden, para referirse con odio y desprecio a los judíos especialmente procedentes del Centro y Este de Europa. Que venían llegando -por así decirlo- y aún no se habían asimilado a la cultura alemana.

[2]  Al Papa Francisco, ya cuatro veces.

[3] En alguna ocasión recibí un reto público, por parte de una española, en mi centro de la Obra, porque defendí que las mujeres alemanas se vistieran como quisieran. Ella me refutó abierta y publicamente (ella daba una charla) y me preguntó si yo quería que mi hija se vistiera así… Me quedé pensando: yo quiero que mis hijos se vistan cómo les dé la gana… 

[4] “Bei Muslimen verhalten wir uns wie Pubertierende”

John: Ja, und deshalb sollten wir uns fragen, ob wir wirklich auf jede unwesentliche Eigentümlichkeit, jede Absonderlichkeit, jeden Spleen, die es in allen Kulturen und in allen Religionen gibt, mit der Gesetzesmaschinerie und der gesellschaftlichen Verteufelung reagieren wollen? Was für ein Mangel an Souveränität. Ich bin von der Attraktivität der persönlichen Freiheit, die offene Gesellschaften auszeichnet, überzeugt.

Wenn wir so weitermachen – ängstlich und kleinmütig – und uns auf jeden Normabweichler stürzen, als hätte er Macht und Einfluss, die wesentlichen Werte nur durch seine Anwesenheit und seine Praktiken abzuschaffen, stellen wir uns ein Armutszeugnis aus. Wir verhalten uns wie Pubertierende, unsicher. Dafür gibt es keinen Grund.

Das heißt nicht, dass es keine Abgrenzung geben muss gegenüber bestimmten Praktiken und Verhaltensweisen – etwa wenn Mädchen zwangsverheiratet oder beschnitten werden sollen. Aber wir kommen nicht weiter, wenn wir mit der Lupe nach Abgrenzungen suchen.