Parece que la desigualdad no es la causa de la ira de Chile – La exploración de un filósofo

En mi columna de la semana pasada, planteé[1] que la protesta chilena había partido siendo social; pero había devenido en violenta[2]. Mi tesis era que “la desigualdad económica es en Chile un tema preocupante y que cada país con gran desigualdad es un país que camina al borde del abismo”. Sin embargo, el fin de semana, mi amigo Vicente Durán @vicdurcas me recomendó un artículo sobre el tema, con el llamativo título ¿Por qué estalla en ira una economía de mercado exitosa? Ideas sobre el caso de Chile

Su autor, Andrés Mejía Vergnaud @AndresMejiaV plantea una tesis completamente contraria a la mía. Señala que la tesis de la desigualdad “es una afirmación sin evidencia”. Y explica que, “como se supone que Chile es una sociedad desigual, entonces se asume que el descontento social debe estar ocasionado por esa desigualdad. No hay, sin embargo, una evidencia clara de que así sea, ni de que esa sea la motivación y el disparador de las protestas recientes”.

Entre paréntesis, gente que protestó y hasta marchó en la “marcha del millón” se mostraba la semana pasada en redes sociales, partidaria de que los filófofos gobernaran y lo nos políticos, ni menos abogados o ingenieros comerciales. Pues bien, el autor cuyo artículo comento, Andrés Mejía, es filósofo.

La tesis de la desigualdad como causante del estallido social fue uno de los planteamientos de mi artículo de 24 de octubre. Pero reconozco que la desigualdad es sólo una arista del problema y se convirtió en mi forma de explicarlo; pero puedo estar equivocada. Además, un fenómeno social no es nunca monocausal.

Carlos Peña escribía la semana pasada en El Mercurio: “Es verdad que en la sociedad chilena hay injusticia y hay desigualdad y no hay ninguna duda de que hay que corregirla, pero no es la desigualdad o la injusticia la que explican el fenómeno de estos días”[3]. Otro que no está de acuerdo con la tesis de la desigualdad como causa de la ira.

Mejía se pregunta: “¿Por qué se produce semejante estallido de ira social en Chile, un país que tiene una economía de mercado bastante exitosa, no solamente en indicadores fríos como crecimiento e inflación, sino en aquellos más humanos como reducción de la pobreza y movilidad social?”. Se refiere con esto a lo que yo llamaría las cifras socio-económicas. Creo que la economía está al servicio de las personas y no al revés.

Y pasa revista a las cifras, a los hechos y no a las “sensaciones subjetivas”, ni a lo que dice la gente. Parece que, a veces, repetimos tanto lo mismo que terminamos creyéndolo. Además, si todos lo repiten, nos metemos en la cámara del eco. Es mejor abrirse y escuchar otras voces. De la discusión suele salir la luz. Pero sólo de la discusión educada y tolerante, la de la cultura del debate y de los argumentos. No del hate speech.

El filósofo colombiano -que ve la situación con la objetividad de quien las mira desde afuera- sostiene que “el panorama de la desigualdad en Chile es más complejo de lo que suele afirmarse”. ¡Seguro! Prosigue: “la medida más usual de desigualdad, el índice Gini: para 2017 Chile tiene un índice Gini de 46.6 (de 0 a 100, donde a mayor número mayor desigualdad); una cifra no ideal pero tampoco catastrófica (Banco Mundial)”.

“Pero más que el número estático, Chile tiene una tendencia descendente en el índice Gini desde 1987 hasta hoy, como puede verse en el gráfico 1 (en 1987 era de 56.2)”. Explico brevemente que el coeficiente ideado por el italiano Conrado Gini mide la desigualdad de los ingresos dentro de un país[4]. Coloco un link al gráfico 1, que muestra el GINI chileno desde 1988 hasta 2016. En Chile, el índice de desigualdad, efectivamente ha bajado de forma persistente.

En otras palabras, en Chile y desde, por lo menos el año 1988, “la desigualdad viene bajando. Es un descenso con variaciones y altibajos, explicables, de acuerdo con este estudio, en ciclos propios de la transformación productiva del país”[5]. ¿Por qué les parece a tantos chilenos -incluyéndome a mí- que ocurre exactamente lo contrario? Probablemente, debido a la llamada paradoja de Tocqueville, según la cual, la reducción de la desigualdad eleva la sensibilidad acerca de su existencia. Mientras más igualdad, más nos molesta la existencia de un residuo de desigualdad. Y lo vemos más grande.

De acuerdo a la tesis de la desigualdad, cada día serían menos los ricos y más los pobres. La brecha entre ricos y pobres aumentaría permanentemente. Sobre este punto, Mejía nos explica: “También me llamó la atención encontrar que el porcentaje del ingreso recibido por el 1% más rico no va en aumento, sino que, tras haber llegado a una especie de meseta entre 1981 y 1990, ha tenido una tendencia descendente”. Ver el gráfico correspondiente.

Okay, tal vez el problema es la desigualdad de oportunidades. No vale la pena trabajar si igual no voy a surgir. Para qué esforzarme, si siempre me voy a quedar donde estoy y no puedo salir adelante. Mejía me contradice: “Chile muestra muy buenos indicadores en movilidad social. De hecho, es un líder en la OECD en este aspecto, y es por supuesto el líder en América Latina: Chile lidera la OECD en el porcentaje de personas que, viniendo de familias de bajos ingresos, están dentro del 25% de población de mayores ingresos”.

Sobre este otro punto, Mejía cita al geógrafo alemán Simon Kuestenmacher @simongerman600, quien sostiene: “If you are a poor kid trying to live the American dream (from rags to riches) may I suggest moving to Chile or Denmark?” Esto es: “Si eres un niño pobre que intenta vivir el sueño americano (desde los harapos hasta la riqueza), ¿puedo sugerirte irte a vivir a Chile o Dinamarca?” El gráfico de la OECD es este

Como contrapartida, la estadística de la OECD nos muestra que Chile es uno de los pocos países de la organización, donde es más probable que los hijos de familias de altos ingresos sean económicamente menos exitosos que sus propios padres. En este aspecto, Chile es sólo superado por Holanda, Irlanda y España. No sé qué opinen Uds., a mí no me parece negativo que esto sea así.

En otras palabras, en Chile, es más probable que puedas surgir -aunque vengas de una familia pobre- que en todos los otros países de la OECD. A la inversa, si tus papás tuvieron un buen pasar, es también probable que tú tengas menos éxito económico que ellos, si vives en Chile. Sólo si vives en Holanda, Irlanda o en España, esto es aún más factible.

Que Chile esté a la cabeza de la OECD en movilidad social, debería llenarnos de orgullo. Pero hay un punto que me preocupa: la pérdida del lugar privilegiado en la sociedad puede ser también la fuente de disturbios, de protestas, de resentimientos. Lo observamos claramente en los movimientos populistas europeos, donde este resentimiento es muy fuerte y es una de las causas más importantes del voto extremista. Gente que está en contra de los advenedizos, porque le pueden quitar el puesto privilegiado a los propios hijos. Incluso, en Europa hay una palabra para designar a quienes surgen: se les llama despectivamente parvenu, del francés parvenir[6]. En América, les llamados self made people y serlo es un motivo de orgullo.

Volviendo a Mejía: “Mi tercer problema con esta explicación es que en general no parece que la desigualdad, por sí sola, sea un factor determinante de estallido social: no creo que abunden los casos de explosiones de inconformidad o de disfuncionalidad política que sean atribuibles a la desigualdad por sí misma, como sí abundan aquellos atribuibles a la existencia de privilegios inamovibles, al desempleo alto y prolongado, y a las quiebras masivas de hogares. Los indicios anecdóticos, y también algunas evidencias experimentales, apuntan a que los humanos no rechazamos la desigualdad sino la injusticia en la distribución del ingreso y la riqueza: cuando la desigualdad se percibe como efecto de un proceso justo, no parece haber reacción en contra”.

A continuación, nuestro filósofo copia un gráfico de la pobreza en Chile, que muestra cómo tanto la pobreza como la extrema pobreza disminuyeron persistente y considerablemente desde el 2006 al 2017. Pueden ver el gráfico aquí

Llegados a este punto, hay que preguntar a Andrés Mejía cuál cree él que puede ser la causa de la ira de Chile. Él mismo dice que la suya es una exploración y no una respuesta. A mí me parece que su exploración es super interesante y muy fundada. Que da para reflexionar, para pensar y para un iniciar un diálogo constructivo. Sin hate speech, como el que he visto -incluso entre algunos de mis ex-compañeros de colegio- durante las últimas semanas.

Para no alargar más esta columna, dejaré la respuesta del filósofo para una próxima columna, probablemente a fines de esta semana o a comienzos de la próxima. Quienes no quieran esperar hasta entonces, pueden leer directamente el artículo al que me he referido:  ¿Por qué estalla en ira una economía de mercado exitosa? Ideas sobre el caso de Chile


[1] Aunque Ud. no lo crea, así se conjuga

[3] Carlos Peña: En la crisis, fortalecer al Estado, 24 de octubre de 2019.

[4] “… pero puede utilizarse para medir cualquier forma de distribución desigual”. Cfr. Coeficiente de Gini

[5] El estudio citado es The rise and fall of income inequality in Chile, de Francisco Parro y Loreto Reyes.

Defendamos la sociedad abierta de sus enemigos

El nacimiento de la sociedad abierta

En la introducción a su libro, “La sociedad abierta y sus enemigos”[1], Carl Popper hace ver que, cuando se pasa de una sociedad cerrada a una sociedad abierta, surgen movimientos reaccionarios que intentan echar abajo la civilización, para retormar al previo estado tribal. Asimismo, muestra que las ideas que hoy llamamos totalitarias son tan antiguas o tan jóvenes como nuestra propia civilización[2].

La sociedad cerrada se encuentra sometida a lo que él llama “fuerzas mágicas”. Por el contrario, la sociedad abierta supone y deja en libertad -yo diría que promueve- las capacidades críticas de las personas. De sentido crítico, hablaríamos hoy.

Nuestro autor habla del paso (Übergang) desde un orden social estamental (Stammesgesellschaftsordnung) o cerrado (geschlossene Gesellschaftsordnung) a uno abierto. Hago ver que Popper usa la denominación sociedad tribal o estamental y sociedad cerrada como sinónimos. (Esto último es un dato importante para ideólogos racistas o de ultra derecha que, sin embargo, se llenan la boca con el nombre de Popper o, en general, haciéndose pasar por liberales, lo que no son[3]).

Para él, la “civilización” (Zivilisation) es sinónimo de sociedad abierta, coincide con ella, es ella. Popper contrapone claramente la “civilización” frente a la “organización tribal”[4], estamental, a la familia extendida que algunos -prisioneros del etnopluralismo[5]– quieren ver en la nación, en la etnia, en su pueblo (Volk).

Este paso o Übergang no es un momento, no es un instante. Es un proceso (por eso, me parece muy apropiada la voz transición, usado por la traducción al castalleno). El proceso de tránsito de la sociedad tribal a la sociedad abierta es un shock, nos explica Popper. Y agrega que constituye el “nacimiento” (Geburt) de la civilización.

Los movimientos reaccionarios

En el proceso de tránsito desde una sociedad cerrada hacia una abierta puede haber retrocesos. Y de hecho, los hay. Popper los llama “movimientos reaccionarios” (reaktionäre Bewegungen).

Nuestra civilización es todavía un niño, se halla aún en su infancia[6], nos explica Popper gráficamente. Tiene que crecer, desarrollarse, desenvolverse. Evolucionar, pese a que, en su desarrollo, ha sido tantas veces traicionada por los líderes intelectuales de la humanidad. (De “rectores intelectuales” habla la traducción al castellano, denominación que me parece un tanto rebuscada).

De acuerdo a nuestro autor, los objetivos de la civilización son son: humanidad (Menschlichkeit), Racionalidad (Vernünftigkeit), Igualdad (Gleichheit) y libertad (Freiheit).

Concluyo que, si la civilización la sociedad abierta, se desenvuelve lo hará en el sentido de aumentar la humanidad, la racionalistad, la igualdad y la libertad, que son las coordinadas de una sociedad abierta. Todo lo que vaya en su contra, es un retroceso que nos vuelva atrás, a la sociedad cerrada, tribal, dominada por “fuerzas mágicas”.

Totalitarismo

Cuando una sociedad avanza surgen movimientos contrarios a la sociedad abierta, fuerzas anticivilizatorias de los más diversos colores y procedencias. Popper los llama totalitarismos y expone que son tan antiguos y tan nuevos como la misma civilización. El totalitarismo ha acompañado pues a la civilización desde su nacimiento, explica. En efecto, el surgimiento de las fuerzas reaccionarias o totalitarias coincide con el surgimiento de la sociedad abierta, de la civilización en ciernes.

Me atrevo a sostener que las “fuerzas mágicas” de hoy son principalmente las variadas teorías de la conspiración y toda la superstición y la mística barata que las rodea. Las fuerzas mágicas que se contraponen a la racionalidad. Sí, ese residuo arcaico que subyace oscuro bajo el brillo de nuestra sociedad. Las conspiranoias[7] e ideologías similares que se basan en primitivos esquemas de pensamiento, generalmente representados por una división de la realidad en dos bandos: el mío, que es el de los buenos y el de los malos, de los victimarios, quienes invaden a “mi pueblo” que es víctima, y acosan a “nuestras mujeres”.

Si lo anterior te parece conocido, es que has escuchado hablar a personas como Wilders, Orbán, Strache, Trump, Höcke, Bolsonaro, Le Pen, los ayatolas y otros “líderes del mundo de hoy”.

Populismo

En un momento en que surgen en el mundo movimientos populistas unos de izquierda y otros de derecha, pero todos siempre totalitarios, la lectura de Popper no sólo es una buena explicación de la realidad, sino que además, es -de alguna forma- tranquilizante. Concluyo que 1) los movimientos totalitarios no son nuevos, que han existido siempre y seguirán existiendo. 2) Los movimientos totalitarios surgen porque avanzamos, porque la civilización se hace más libre, más racional, más humana y más igualitaria.

El avance, el progreso trae consigo necesariamente resistencia. Mayor o menos, según mayor o menos sea la fuerza civilizatoria. Los movimientos reaccionarios son reticentes al avance, al perfeccionamiento de la sociedad libre.

Lo que no es muy tranquilizante es lo que Popper advierte acerca de la “traición” de los líderes de la humanidad. Lo que ellos dejan de lado, lo que descartan son precisamente los fines en pos de los cuales se mueve la civilización y que hacen posible la sociedad abierta. A saber: la humanidad (en sentido de humanismo), la racionalidad (en sentido de “lo que es razonable”, en contraposición a las “fuerzas mágicas”), la igualdad y la libertad. Cada delación a estos ideales es un retroceso, más pequeño o más grande; pero siempre un retroceso.

Sin embargo, no sólo los “líderes rectores de la humanidad” pueden traicionarla, sino también movimientos colectivos, partidos, organizaciones nacionales o internacionales, países enteros que se vuelven “iliberales”, jefes ideológicos, incluso magnates mundiales que ponen sus imperios periodísticos o económicos o ambos, al servicio de un retroceso totalitario. Y no exagero, una mirada a Europa y a Estados Unidos nos hace ver que la realidad puede ser peor que la peor de las imaginaciones.

Lo que podemos hacer

Pienso que es aún más urgente que cada uno, cada una de nosotros analice críticamente a quién y a qué da su apoyo, por quién vota, en qué movimiento o partido se inscribe. A quién da likes o corazones en las redes sociales. A quién defiende -o ataca- en conversaciones de sobremesa o en reuniones de amigos[8]. No podemos ser tontos útiles, no podemos dar nuestro apoyo a quienes lideran precisamente esos nuevos totalitarismos que, en realidad, son tan viejos como la civilización. Pero se presentan reiteradamente con nuevos ropajes.

No podemos recostarnos en el sofá a esperar que pase todo, cruzados de brazos, mientras movimientos totalitarios ganan terreno gracias a la apatía de quienes deberíamos defender nuestra civilización, nuestra sociedad abierta, pluralista y multicultural[9]. Seguridad, confianza, abandono en las manos de Dios, del destino, de la Historia o como quieran llamarlo, nunca es inactividad, indiferencia, ni dejadez. Muy por el contrario. El análisis popperiano tiene que ser un aliciente al poner aún más esmero y diligencia en la defensa de lo que nos es tan preciando como nuestro sistema libre de gobierno y de sociedad.

Pese a la gravedad del avance totalitario, la lectura y análisis de Popper nos lleva a conservar la serenidad, a guardar la calma y a mantener la confianza. La confianza en las instituciones, en lo logrado hasta ahora, en el camino civilizatorio que es imparable, pese a los retrocesos, más grandes o más pequeños. Hay que mirar lo logrado hasta ahora y no lo que falta aún por alcanzar. Depende de nosotros…[10].


[1] Karl Popper, Die offene Gesellschaft und ihre Feinde, I. TB Francke, 4a. edición de 1975. Copyright de la primera edición en alemán, de 1957.

[2] Obra recién mencionada, pág. 12.

[4] Lo que lo que queda aún más claro en la edición en castellano: La sociedad abierta y sus enemigos, pág. 15.

[6] Infancia es una palabra que usa la traducción en castellano. En alemán, dice que se halla en los zapatos de un niño.

[7] Invito a leer mi relato ficcional y distópico Ateísmo y antisemitismo

[8] Así conversamos con mis amigas: ¡Sácate la burka!

[10] Invito a leer mi columna Y si pasa algo…

“Corrupción a la carta”, recensión del libro de Tamara Agnic y Susana Sierra

“La lucha contra la corrupción se enfrenta a una paradoja peculiar: escándalos más visibles llevan a la gente a suponer que la situación está empeorando, cuando la realidad es que el escándalo es una muy buena señal de que la tolerancia a las malas prácticas ha disminuido”, escriben las autoras del libro “Corrupción a la carta”[1].

Sí, esta paradoja me lleva a pensar en la llamada paradoja de Tocqueville, según la cual, “la reducción de la desigualdad eleva la sensibilidad acerca de su existencia”. Haciendo una analogía, podemos decir que “la toma de conciencia del fenómeno de la corrupción aumenta la sensibilidad frente a su existencia y a la necesidad de combatirla”.

En otras palabras, no es la corrupción la que ha aumentado -no necesariamente- sino la percepción de la misma. Hoy somos más concientes de qué es corrupción y somos más diligentes a combatirla… y a denunciarla. Nos “escandalizamos” más de las malas prácticas propias de la corrupción. Aunque, a veces, debamos reflexionar un rato, o recurrir a una persona amiga y preguntarle qué opina. Vemos con más facilidad la mota de polvo, como si fuera ampliada con un vidrio de aumento[2].

Las autoras del libro citado explican que “esta paradoja es consecuencia de un error común…: la generalización… Cuando los escándalos llevan a creer que la corrupción es algo que todos hacen…”[3]. Se comienza a pensar, por ejemplo que “todos los políticos son corruptos”. Olvidando, diría yo, que “los políticos” salen de la misma sociedad[4]. O, en otras palabras: “la sociedad tiene los políticos que se merece”, como dice el adagio popular.

Esta paradoja de la corrupción tiene dos lados: el primero es el que acabamos de ver, el pensar que este mal es aún mayor, ya que, vemos la mota de polvo con el aumento de una potente lupa, por así decirlo, ya que nuestra conciencia se ha hecho más fina. Mientras menos corrupción, más la vemos.

El segundo lado es más negativo- y nos puede llevar a paralizarnos.- pues consiste en ver la corrupción como algo tan generalizado que me lleve a justificar que yo también cometa actos corruptos, si total, “todos lo hacen”. Así, “se pierde la fe en la propia capacidad de hacer algo” frente a la corrupción[5].

O tal vez, recurra al “todos lo hacen, yo también puedo”, con lo que se cae en el círculo vicioso de la corrupción, del que hay que salir y salir cuanto antes, entrando al llamado círculo virtuoso. Es significativo que en alemán -un idioma muy expresivo- se hable de Teufelskreis, esto es, círculo del demonio y de Engelkreis, esto es, de círculo de los ángeles.  

No, nadie se puede lavar las manos frente a la corrupción[6], la lucha enconada en su contra es responsabilidad de todos. Si queremos políticos y empresarios probos (la probidad[7] es, por así decirlo, lo contrario a la corrupción), tenemos que empezar por nosotros mismos. El tradicional lema “pobre pero honrado” es un himno a la probidad que ha acuñado la sabiduría popular. Pero es, además, una injusticia pensar que quien no es honrado se enriquiecerá más; cuando, en realidad, quien no es honesto, no debería tener la menor posibilidad de enriquecerse.

Una amiga me contaba que sus hermanas le comentaban qué corruptos eran los políticos que gobernaban su país; pero, inmediatamente, se alegraban de haber comprado una película pirata que vendían en la calle. Mi amiga se preguntaba si sus hermanas contribuían o no a hacer de su país, un país más probo y menos corrupto comprando copias ilegales que venden en la calle… La respuesta parece muy clara: decididamente no.

“Si como sociedad queremos enfrentar el problema de la corrupción y evitar que las malas prácticas coopten el funcionamiento de nuestras instituciones, políticas y económicas, es necesario reconocer que cada uno de nosotros contribuye, en alguna medida, a la proliferación de la corrupción”[8] y… a contrario sensu, podemos y debemos contribuir más bien a la “proliferación”, el avance, al triunfo de la probidad[9]. También podríamos hablar de integridad, voz igualmente usada como antónimo de corrupción.

Cuando en una reunión de curso, un papá ofrece sacar fotocopias para toda la clase en la oficina donde trabaja y nadie -salvo yo- le dice nada… Como me tocó presenciar en Alemania hace poco. ¿Alguien piensa que los alemanes son los seres más honestos del mundo? No, es sólo que en Alemania hay más controles, después de todo, una de las frases favoritas de los alemanes es: “la confianza es buena; el control es mejor”. Si la repiten tanto, por algo será.

Ninguno de nosotros es infalible por naturaleza; de alguna manera “todos somos corruptos”[10] o -más bien- todos somos corruptibles, esto es, somos susceptibles de ser corrompidos. Por tal razón, las autoras prefieren no hablar de “personas corruptas”. No quiero convertirme en una especie de Sancho Panza que se lleva repitiendo máximas, pero el saber popular, por algo ha acuñado el lema de acuerdo a la que “la ocasión hace al ladrón”. Mejor no dar ocasión…

“‘Corrupción’ es una palabra que hace algunos años sonaba extraña en Chile, no iba con nosotros, era un problema de otras personas, de otros países”[11]. De alguna manera, Chile se durmió probo y se despertó corrupto[12]. “El año 2015 terminamos de desencantarnos y despertamos a una realidad muy dura … Esto nos llevó hasta el otro extremo: de pensar que no éramos nada de corruptos, a pensar que todo estaba perdido; comenzamos a compararnos con los peores, a darnos por vencidos. Había mucho pesimismo en el aire… Esta reacción tan violenta tampoco ayuda a mejorar la situación…”[13].

Sin embargo, no hay que perder de vista que el mejoramiento de la sociedad es una tarea de todos[14]. Es el “granito de arena” de que habla Tamara en la mencionada entrevista de La Red[15]. La corrupción no es inevitable[16], no es un hecho de la causa, ni una marca del destino, ni nada que se le parezca. Muy por el contrario, eso nos queda muy claro -si no lo teníamos antes- después de leer el libro.

El libro de Agnic y Sierra es absolutamente y totalmente recomendable, una excelente reflexión acerca de cómo podemos contribuir todos, desde nuestro personal y limitado ámbito de acción, a combatir la corrupción o -poniéndolo en positivo- a elevar el nivel de probidad de la sociedad en que vivimos. Además, es un libro optimista, realista sí y mucho; pero muy optimista y eso es bueno 🙂


[1] Tamara Agnic, Susana Sierra, “Corrupción a la carta: las malas prácticas sobre la mesa”, Ediciones B, Chile, 2017, pág. 11.

[2] Tomo la analogía de Santa Teresa de Ávila, la leí -hace muchos años en su autobiografía. Decía que mientras más avanzáramos en la vida interior, más veíamos lo que no estaba bien, como si viéramos una mota de polvo con una lupa.

[3] Pág. 11.

[4] “…pensé en la famosa frase, según la cual, “cada país tiene los políticos que se merece”. En otras palabras, si una sociedad se comporta de esta manera, en la vida privada -por así decirlo- entonces, tampoco puede esperar que la “clase política”, que sale de esa misma sociedad, sea mejor, se comporte de otra manera.” La lucha contra la corrupción es responsabilidad de todos 

[5] Pág. 11.

[6] Cfr. pág. 159.

[7] “La etimología de probidad nos remite a la lengua latina, más precisamente al término probitas. La probidad es la honestidad y la rectitud: una persona honrada, por lo tanto, es aquella que tiene probidad. Puede decirse que la probidad está vinculada a la honradez y la integridad en el accionar. Quien actúa con probidad no comete ningún abuso, no miente ni incurre en un delito. Lo contrario a la probidad es la corrupción, que implica un desvío de las normas morales y de las leyes. La probidad, en definitiva, es una virtud”, en definición.de

[8] Pág. 159.

[9] Ya contaba en mi artículo anterior sobre el tema  La lucha contra la corrupción es responsabilidad de todos que “Cuando busco ‘probidad’ en Google… Google me pregunta si me equivoqué y, en realidad, quería escribir “propiedad”.

[10] Pág. 159.

[11] Pág. 165.

[12] Dice Juan José Lavín, el periodista de La Red en la entrevista que hace a Tamara Agnic en Entrevista Verdadera – Tamara Agnic – Viernes 12 de Mayo 2017. Otra entrevista muy buena en  Entrevista a Tamara Agnic Co-Autora del Libro “Corrupción a la Carta”

[13] Pág. 165.

[14] Cfr. pág. 168.

[16] Cfr. Tamara Agnic Corrupcion-entre-privados