Hitler, Stalin y el inicio de la II Guerra

La II Guerra Mundial empezó en septiembre de 1939 con la invación alemana a Polonia. Alemania se atrevió a invadir Polonia porque en agosto del ‘39 había firmado un tratado con la Unión Soviética: el llamado Pacto Hitler-Stalin (también conocido como Molotov-Ribbentrop, nombre de los ministros de relaciones exteriores de ambos regímenes). En él, ambas “potencias” se repartieron Europa central. Esto permitía a Alemania invadir Polonia por un lado, y a la URSS, hacerlo por el otro lado. Era un convenio en que ambos ganaban: territorios, influencia y recursos naturales (Alemania se aseguraba los campos de petróleo rumanos que necesitaba urgentemente para sus tanques).

El gran director polaco Andrzej Wajda muestra en su película “La masacre de Katyn”, nominada para el Oscar en 2008[1], una escena que Anne Applebaum describe en su último artículo en The Atlantic. En ella, grupos de polacos, que vienen huyendo perseguidos por alemanes desde occidente y por soviéticos desde oriente, se encuentran sobre un puente: “En la escena de apertura de la película polaca más famosa de las últimas dos décadas, una multitud de personas ansiosas y desesperadas, a pie, en bicicleta, conduciendo caballos, cargando bultos, camina hacia un puente. Para su inmensa sorpresa, ven a otro grupo de personas ansiosas y desesperadas que se dirigen hacia ellos, caminando en la dirección opuesta. ‘¿Qué están haciendo?’, grita un hombre. ‘¡Tienen que devolverse! ¡Los alemanes están detrás de nosotros!’. Pero desde el otro lado, otra persona contesta a gritos: ‘¡Los soviéticos nos atacaron al amanecer!’. Y ambos lados siguen caminando. Se produce confusión general”[2].

El Pacto secreto entre Hitler y Stalin fue negado por ambas partes, hasta que, después de la guerra, se encontró su texto en archivos alemanes. La URSS lo negó por muchas décadas más. La desinformación soviética sostenía que su existencia era una mera propaganda occidental. Creo que la única burda propaganda era la afirmación de su inexistencia.

Así se hallaba Polonia en 1939, acorralada entre dos totalitarismos que se habían puesto de acuerdo para repartírsela y con ella, a otros países. Tanto Hitler como Stalin pensaban que ellos, como “nacientes imperios” podían decidir los destinos de otros estados que consideraban pertenecer a su “esfera de influencia”[3], que era el campo donde podrían ejercer su hegemonía. El imperio nacional socialista duró 12 años, pese a que los nazis aseguraban que perduraría mil años, tema sobre el que hacen chistes los militares polacos en la mencionada “Masacre de Katyn”. El socialismo real sucumbió medio siglo, después de sembrar muerte, hambre y destrucción en todos los lugares por donde pasó.

Esto que todos sabemos, que aparece en todos los libros de historia y que podemos leer en Wikipedia y que es cultura general para cualquier persona procedente de un país civilizado, es lo mismo que recogió el Parlamento europeo en su resolución de 17 de septiembre de 2019[4]. La Resolución empieza haciendo ver que en ese año, “se conmemora el 80º aniversario del estallido de la Segunda Guerra Mundial, que provocó un sufrimiento humano sin precedentes y dio lugar a la ocupación de varios países europeos durante décadas”.

Y prosigue: “Considerando que hace 80 años, el 23 de agosto de 1939, la Unión Soviética comunista y la Alemania nazi firmaron un Tratado de no Agresión, conocido como el Pacto Molotov-Ribbentrop, y sus protocolos secretos, por el que Europa y los territorios de Estados independientes se repartían entre estos dos regímenes totalitarios y se agrupaban en torno a esferas de interés, allanando así el camino al estallido de la Segunda Guerra Mundial (…) Como consecuencia directa del Pacto Molotov-Ribbentrop, al que le siguió el Tratado de Amistad y Demarcación nazi-soviético de 28 de septiembre de 1939, la República de Polonia fue invadida en primer lugar por Hitler y, dos semanas después, por Stalin, lo que privó al país de su independencia y conllevó una tragedia sin precedentes para el pueblo polaco; que la Unión Soviética comunista comenzó, el 30 de noviembre de 1939, una agresiva guerra contra Finlandia y, en junio de 1940, ocupó y se anexionó partes de Rumanía (territorios que nunca fueron devueltos) y se anexionó las repúblicas independientes de Lituania, Letonia y Estonia”.

A quienes intentan presentar otra verdad, inspirados en que “la historia la escriben los vencedores” o slogans similares, se les llama normalmente revisionistas, aunque más que “revisar” la historia, lo que pretenden es escribirla de nuevo, de acuerdo a sus parámetros ideológicos, a lo que a ellos más les conviene para no quedar mal. Este es el caso de Wladimir Putin.

Pero este revisionismo histórico no empieza con Putin, más bien él es el heredero de la historia como la contaron los soviéticos en la época de la II Guerra Mundial o de la “Gran guerra”, como se la llamaba en Rusia de aquel entonces. Ya en esos años, se negaba que la URSS hubiese invadido Polonia, decían que los soviéticos habrían tendido una mano a los hermanos polacos para liberarlos del fascismo. Nada decían ni tampoco dicen acerca del tratado entre los fascistas y los comunistas que hizo posible la invasión.

La resolución del Parlamento europeo condena claramente la alianza entre Rusia y Alemania, entre los dos totalitarismos que destruyeron gran parte de Europa en el siglo 20. Y va aún más allá: “Considerando que, tras la derrota del régimen nazi y el fin de la Segunda Guerra Mundial, algunos países europeos pudieron reconstruirse y acometer un proceso de reconciliación, pero otros siguieron sometidos a dictaduras, a veces bajo la ocupación o la influencia directa de la Unión Soviética, durante medio siglo, y continuaron privados de libertad, soberanía, dignidad, derechos humanos y desarrollo socioeconómico”.

Tales verdades, expresadas en una resolución del Parlamento europeo es algo que enoja sobremanera a Putin ya que no cuadra con su celebración del “Día de la Victoria”. Putin usa la II Guerra como una justificación simbólica de su propio autoritarismo: quiere hacer que Rusia no sea grandiosa otra vez, sino que sea “grandiosa” precisamente como lo fue en 1945, cuando el Ejército Rojo ocupó Berlín[5].

Si no hubiera sido porque Hitler decidió atacar a la URSS en 1941, para así conquistar la “tierra negra” y fertil de Ucrania y convertirla en el “granero del III Reich”[6], probablemente, Stalin y Hitler hubieran seguido como aliados quien sabe cuanto tiempo. O habrían seguido juntos para siempre… No doce años, sino tal vez los mil años que el Führer había prometido o la eternidad que prometían los comunistas.

Desde la Resolución del Parlamento europeo, Putin se ha lanzado de lleno contra Polonia, a quien culpa de la guerra. Esto es más que revisionismo histórico, es más bien lisa y llanamente una mentira, una gran mentira. “A big lie”, como dice acertadamente Anne Applebaum. Y lo digo yo que he recibido innumerables ataques de ciudadanos polacos que igualmente hoy quieren cambiar la historia a su favor, como si todos los polacos hubieran defendido a los judíos y nadie hubiera denunciado a uno solo. Sobre el antisemitismo en Polonia escribí innumerables columnas el año pasado[7].

Sólo puedo decir: no al revisionismo histórico, ni de un lado, ni del otro. En Polonia de la pre-guerra había antisemitismo; pero este no fue -ni de lejos- el causante ni de la guerra, ni tampoco del Holocausto. El antisemitismo polaco era religioso, pero no racial; excluyente pero no eliminatorio. A su vez, hay que reconocer que el antisemitismo en Rusia era comparativamente mayor que el polaco y que sobrevivió a la Revolución rusa y fue muy grande durante el stalinismo, cuando hizo estragos, por ej. a través de la llamada “Conspiración de los médicos”.

Applebaum concluye que es probable que el objetivo principal de Putin sea socavar el estado y la posición de Polonia, que “es el miembro más grande y más importante de la OTAN de Europa del Este, con el ejército más grande y la economía más seria, es el país que originalmente propuso el tratado comercial europeo con Ucrania, tratado que provocó protestas y la dimisión del presidente pro-ruso en Ucrania el 2014, es el país que argumentó durante más de una década contra el oleoducto ruso-alemán Nord Stream 2, ahora paralizado por las sanciones de los EEUU. ¿Por qué Putin no querría socavar y desestabilizar la posición de Polonia? Al hacerlo, socava y desestabiliza toda la arquitectura posterior a la Guerra Fría. Y eso ha sido claramente el objetivo central de su política exterior durante dos décadas”[8].


[1] La pelicula ganadora fue Los Falsificadores, también muy buena y que comenté hace mucho tiempo en mi artículo Die Fälscher – The Counterfeiters – Los falsificadores

[3] Sobre la teoría del Großraum de moda en esa época, ver mi columna El nuevo orden en el derecho internacional, según Carl Schmitt

[6] Sobre el tema, recomiendo el estupendo libro de Timothy Snyder, “Road to unfreedom”. Está traducido al castellano. como “El camino hacia la no libertad”. Y al alemán como “Der Weg in die Unfreiheit”.

¿Será el capitalismo el culpable del patriarcado? ¿O será al verrés?

El lunes pasado, conmemoramos el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. No creo que muchas mujeres puedan asegurar que nunca fueron víctima de violencia. Algunas más, otras menos, todas hemos sufrido alguna vez, violencia física o psíquica por el hecho de ser mujer. El hashtag #metoo es uno que creo que todas podemos suscribir.

En estos aciagos días -ya vamos en la quinta semana- de protestas, marchas, paros, saqueos, incendios y otros actos de vandalismo en Chile, al cabo de los cuales, parece que el país está al borde del precipicio y los violentistas, también. Al menos si le creemos Mario Waissbluth, en su columna de esta semana[1].

Sí, en el convulsionado Chile de hoy, hay quienes sostienen que tienen que seguir con las protestas, ya que su movimiento tiene que continuar presionando, porque sin presión no habría cambio favorable a la mujer, ya que, en un “sistema capitalista”, el patriarcado pervive, ya que el capitalismo “protege” al patriarcado.

De entrada, descalifican a toda mujer que los contradiga, al menos, como “sumisa”. La sumisión es definida “como un cúmulo de comportamientos, costumbres y prácticas sexuales donde una persona accede que otro individuo pueda ejercer poder y dominio sobre este, dentro de un contexto sexual o más genérico, limitado o indefinido en el tiempo”[2]. Sí, es como para no creerlo: si no estás de acuerdo con la revolución molecular permanente y con la presión social callejera, eres una sumisa y tal vez algo más…[3]

Si se lograra la liberación femenina “acabando con el sistema”, hasta yo estaría quemando edificios, ya que yo también soy feminista y estoy a favor y anhelo sin pausa la emancipación de la mujer. Si el triunfo del feminismo, el fin de la pedofilia, de la ebofilia y de todo tipo de abusos sexuales, el fin de la cosificación de la mujer, del maltrato en cu contra, de su discriminación laboral y de todo tipo de aberraciones, dependiera de un cambio del “modelo neoliberal”. ¿Pero será esto así? O ¿será otra quimera de quienes se encuentran en una especie de ensañamiento ideológico permanente?

¿Será el patriarcado un mal protegido por nuestro sistema occidental, establecido en la época de la guerra fría, en el llamado “mundo libre”? ¿Será nuestro modelo “capitalista” y democrático liberal representativo el que propugna y propicia la opresión de la mujer? ¿Será nuestra sociedad democrática liberal la culpable de toda la violencia en contra nuestra? ¿Habrá que acabar con el capitalismo en Chile e instaurar una economía planificada para superar el machismo?

Una tesis es una proposición, un punto de vista que se puede poner en duda, ya que no es una verdad comprobada. Podemos probar una tesis o reprobarla, demostrarla o refutarla. Cuando confrontamos una tesis con la realidad, buscamos evidencia empírica que la afirme o la desvirtúe. Asimismo, ante a cada tesis, se puede formular una antitesis[4]. Ello, de acuerdo al principio de falsabilidad o racionalismo crítico, a cuya formulación Popper contribuyó esencialmente[5].

Como toda tesis, la aseveración de ciertos grupos en Chile de hoy, en el sentido que “el sistema capitalista y liberal-democrático protege el patriarcado” es una tesis que tiene que ser sometida a pruebas que la contradigan. Es lo que denominamos falsabilidad o refutabilidad.

Antes que nada, veamos qué pasa con las sociedades no capitalistas, no liberales y no democráticas. En ellas, debería no existir opresión alguna, cero patriarcado, nada de machismo. Por el contrario, debería reinar la igualdad entre hombre y mujer, y entre transexuales, bisexuale, homosexuales. Sin embargo, ¿existe tal igualdad en países no-capitalistas?

Resulta que el capitalismo surgió en la Edad moderna, por allá por el siglo 18 y llegó a su cúspide a mediados del siglo XX, después del triunfo de los aliados sobre el fascismo y el nacional socialismo en Europa. No creo que nadie pueda sostener que la sociedad anterior a la Edad moderna no eran patriarcados.

Cabe preguntarse si los países europeos anteriores a 1945 eran estados con una sociedad abierta e igualitaria, en los que se había eliminado el patriarcado. Mi respuesta es clara: en Europa occidental, la sociedad anterior a 1945 era una  sociedad mucho más patriarcal, más machista y e inconmensurablemente más cerrada que la actual.

Por el contrario, ha sido precisamente el sistema capitalista y democrático el que, al menos, en Europa y Estados Unidos y Canadá, Australia y Nueva Zelanda, ha dado un gran impulso a la liberación de la mujer. Tal vez porque este es un sistema capaz de corregirse a sí mismo y de perfeccionarse. Un sistema que te premia si lo criticas. Te premia y no te castiga, como ocurre en el caso de estados totalitarios. Te premia, porque hemos aprendido que en la crítica se haya el comienzo de toda mejora. En la crítica que no destruye violentamente, sino que edifica. Esta es mi antítesis.

Volvamos atrás en el tiempo y preguntémonos, si “al otro lado”, al Este de Europa, el reino del socialismo real, existente hasta comienzos de los años 1990, acabó con el sistema patriarcal. Hay que mirar a Rusia y a los demás países soviéticos después de 1919 y a los estados de Europa oriental luego de 1945. La verdad es que en ninguno de ellos se logró una igualdad de género ni nada semejante. Ni entre 1919-1991, ni tampoco entre 1945-1991. Es más, en ellos, cual más cual menos, imperaba el machismo más absoluto.

En el mundo del socialismo real, sólo los varones -aquellos de uniforme militar, con el pecho lleno de condecoraciones de los más diversos colores y tamaños, o vestidos con ternos oscuros, corbata gris y sombrero negro, estilo Al Capone- se adueñaron del espacio político, del poder económico y de la intelectualidad que pusieron a su servicio. Ellos, los varones y sólo ellos, pues ningún espacio dejaron a las mujeres, salvo los jardines infantiles, alguna organización o juvenil, la salud (las enfermeras eran muy importantes en el Este, ya que muchos médicos no había) y las grandes cocinas de las empresas estatales.

Tal vez, la República democrática alemana fue el país del bloque oriental más “liberado”; pero aún en él, esta liberación era de la boca para afuera. Tengo la suerte de ser muy amiga de una profesora emérita que fue llamada a una Universidad muy importante de la ex-RDA luego de la Caída del Muro. En el marco de la Unidad alemana, a ella le tocó reorganizar la facultad en la que trabajaba[6]. Mi amiga es una de las más importantes expertas en gender en Alemania y que, por ello, estudió empíricamente la desigualdad hombre-mujer en la Alemania comunista y su veredicto es sumamente negativo para el sistema socialista. En ese modelo altamente no-capitalista, la igualdad hombre-mujer era una quimera. Y eso, en el país socialista más desarrollado en términos de igualdad de sexos. ¿Te imaginas cómo era en los otros?

La primera mujer que llegó a la cima del poder en un país europeo importante fue Thatcher, primera ministra de un país liberal, democrático y cuna del capitalismo, a la que ella misma inyectó aún más libertad económica y política. La segunda, fue la conservadora Merkel, en un país que algunos critican abiertamente por representar uno de los peores capitalismos: el capitalismo alemán. El francés Felix Guatteri, autor del Manual sobre la Revolución molecular escribe: “hoy es necesario distanciarse del mito de la primacía absoluta del capitalismo alemán y americano”[7].

Hoy, la laborista Jacinda Ardern, encabeza el gobierno neozelandés, es la segunda mujer al frente de un estado que da a luz durante su mandato. Precedida sólo por Benazir Bhutto, de Paquistán. La social demócrata Helle Thorning-Schmidt fue entre 2011 y 2015, primera ministra de Dinamarca. Todos, salvo Paquistán, países claramente “capitalistas” o “neoliberales”, como les llaman en términos despectivos. Yo prefiero llamarlos economía social de mercado o economía libre.

Es más, en el Bloque oriental, de economía planificada y no capitalista, imperaba no sólo el machismo más enconado, sino también una fuerte ñoñería. No sé si se sabe en Chile que los Honecker tuvieron que casarse, ya que su relación era un gran escándalo y habría sido una razón para poner fin a sus respectivas carreras, según les explicó el secretario general del Partido, Walter Ulbricht. Erich Honecker y Margot Feist se conocieron en la fiesta de cumpleaños de Stalin en Moscú, en 1948. Y al casarse, ya tenían una hija Sonja[8].

Okay, me pueden decir, eso es pasado… Pero ¿qué ocurre ahora en los países de economía y régimen político no capitalista? Con Venezuela, con Cuba, países cuyas sociedades son altamente sexualizadas. Iba a contar algunas historias; pero no lo haré por cariño a mis amigas venezolanas y cubanas. (Un amigo me contó que a él, llegando a Cuba, el papá de una joven, se la ofreció por 50 dólares la semana. Conozco muchas historias como esta). La persecución de los “afeminados” (que fueron internados en campos de reeducación sexual) en la época de Fidel Castro en Cuba, es sintomática. Hasta donde se sabe, su hermano Raúl fue el encargado de implementar estas medidas homofóbicas[9].

En países no-capitalistas, como China, Corea del Norte o en Rusia. ¿Creen Uds. que la sociedad es super igualitaria y hay tantos líderes mujeres como hombres? Lamento defraudarlos: no es así. ¿O Uds. han visto que en la plana mayor de la República popular china, haya alguna mujer? ¿O en Rusia, donde un grupo de oligarcas acumula todo el poder económico y político? Donde las mujeres de los oligarcas son, en el mejor de los casos, algo así como un adorno. Entre paréntesis, no sé si saben que, en Rusia, si un marido golpea a su mujer, no puede ni siquiera ser castigado penalmente (salvo que la mate); pero que los besos en la calle son objeto de una multa.

En suma, la tesis, de acuerdo a la cual, el “sistema capitalista” protegería, sería la causa o ampararía al patriarcado es falsa. Por el contrario, en países no-capitalistas, el machismo abunda y no hay forma de criticar al sistema y por lo tanto, de superarlo. Históricamente, en la era pre-capitalista, el patriarcado fue muy fuerte y se puede decir que, con el inicio del sistema liberal en la Edad Moderna, la sociedad patriarcal comenzó a ser superada. Mi tesis: donde más avances se ve en el tema igualdad de la mujer es precisamente en sociedades de economía de mercado y democracia liberal.


[3] Para muestra, un botón: este tweet que me envió alguien, de entrada, que no me conoce y en vez de dialogar.

[4] …esto lo deben saber muy bien los filomarxistas, ya que en el marxismo existe la dináminca tesis-antitesis-síntesis

[5] En su libro “Logik der Forschung” (lógica de la investigación), de 1934 y que él consideró siempre su obra más importante, más que “La sociedad abierta y sus enemigos”.

[6] …en otra ocasión, puedo contarles cómo era espiada por sus nuevos colegas.

[7] “La nueva aristocracia mundial continuará recibiendo el apoyo que le brindan las altas jerarquías de las potencias internacionales. Sin embargo, no se identificará particularmente con ninguna de ellas. Del mismo modo que ayer era necesario acabar con el mito de las doscientas familias, hoy es necesario distanciarse del mito de la primacía absoluta del capitalismo alemán y americano. El objetivo actual no está concentrado en un solo punto. Los focos más virulentos del capitalismo se encuentran tanto en el Este como en el Oeste, así como en los países del Tercer Mundo”, en: Conspirar y respirar ‘La revolución molecular’, seminal texto de Félix Guattari, se lee cuatro décadas después como un sistema universal de lucha social y emancipación

[8] Erich estuvo casado tres veces. La primera cónyuge de Erich Honecker fue una mujer guardia de una cárcel. Después de su muerte debido a un tumor cerebral, Erich se volvió a casar con, Edith Baumann, una funcionaria juvenil del partido, con la que tuvo una hija: Erika. Estando casado con ella, conoció a Margot, en Moscú. Walter Ulbricht, el padre del socialismo de la RDA y secretario general del partido, o sea, el primer hombre del estado, conminó a Honecker a divorciarse de la funcionaria juvenil y a casarse con su amante y madre de su hija, Margot.

[9] Interesante es el artículo publicado en una página de izquierda: Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana “La asociación entre los cubanos gays, el afeminamiento y Estados Unidos produjo además el argumento de que los homosexuales eran incapaces de resistir la agresión estadounidense y, por lo tanto, que eran escollos en el proceso de crear al «hombre nuevo» del Che Guevara.”