¿Es Chile un failed state?

Quinta normal

 

¿O lo será pronto? Hace pocos días, un amigo me mandó la foto de un afiche pegado en Quinta Normal, al parecer frente a la municipalidad. El panfleto llama a la “abolición de la policía”, que cataloga como “siervos de la burguesía”. Precisamente lo que he leído en el viejo libro de Wladimir Lenin titulado “Estado y Revolución”[1], una de los tres o cuatro obras más influyentes del antiguo marxismo-leninismo, una ideología del siglo 19 y que hizo estragos durante la primera mitad del siglo 20.

Policía y ejército (fuerzas armadas les llamamos hoy; pero no hay que olvidar que los escritos de Marx y de Lenin tienen más de 160 años y usan un lenguaje muy anticuado) son efectivamente siervos de la burguesía. La burguesía sería el estado actual de la historia, que sucedió al feudalismo y éste al esclavismo. Son los denominados “saltos de la historia” a los que se refiere Lenin y que conducirán finalmente al comunismo, pasando primero por el estado socialista que antecede al paraíso comunista. Esto, que debe ocurrir ahora, es el último “salto” de la humanidad en su camino hacia el comunismo.

En la Postguerra europea, cien años después de surgidas las ideas marxistas, Karl Popper[2] hacía ver que vivimos por fin, en una sociedad en paz, donde el estado ejerce el monopolio de la fuerza, de acuerdo a la ley. Es el llamado estado de derecho. En él no pululan bandas armadas que atemorizan a los ciudadanos que son ciudadanos y no súbditos o protegidos de algún señor feudal o de alguna banda de mafiosos. Popper señala que eso que, durante siglos, pareció una quimera, ahora ya es realidad. Por fin, existe un modelo de estado donde podemos vivir en paz. Lo que no significa que esta paz sea perfecta, ni que todos se comporten correctamente, para eso precisamente existen la policía y los tribunales de justicia.

Agregaría que también existe la prensa y los medios de comunicación, tan importantes hoy en día. De ahí la necesidad imperiosa de defender los medios de prensa que los totalitarios chilenos han empezado a denominar “medios hegemónicos”[3].

El “modelo” o el “sistema” propio de la burguesía es llamado por Marx capitalismo. Por eso, el afiche llama a “Acabar con el monopolio de violencia del Estado/capital, hacer frente a sus máquinas de guerra: la policía y destruir a estos espectros del imperio de la muerte; será el único camino hacia la liberación del género humano”. Esto que nos puede parecer propio de personas en estado de drogadicción es algo que creen algunos con una fe quasi religiosa.

Tal vez no sean muchos; pero se hacen notar. Su mentalidad de elegidos y de “evangelizadores” del materialismo histórico, los convierte en fanáticos de esta verdadera conspiranoia basada en viejas ideas que ya nadie cree en el mundo, salvo en su periferia latinoamericana o en Corea del Norte. El adoctrinamiento o la concientización del pueblo forma parte de los más importantes “deberes del proletariado en la revolución”, frase con la que Lenin subtituló el libro mencionado. Sí, todo lo demás se puede descuidar: la familia, el trabajo, el estudio. Incluso la propia salud se puede dejar de lado, todo sea por la revolución.  

Para Lenin, Marx y Engels, el estado burgués tiene que ser destruido y sustituido por un estado proletario. Esto es, para ellos y para todos quienes creen en esta religión secular -o más bien, en esta superstición- una verdad inalterable e irrefutable, inamovible e irreversible.

“La vida en la sociedad capitalista es un permanente estado de excepción para los Proletarios”, continúa el panfleto de Quinta Normal. Evidentemente, el discurso del “estado de excepción” nos demuestra una vez más la incorporación del pensamiento del facista Carl Schmitt[4], el más grande jurista de los nazis, al pensamiento marxista de la ultraizquierda latinoamericana. De esta incorporación me habían hablado ya amigos míos estudiosos del tema y además, he leído algunos ensayos de horrorizados izquierdistas europeos sobre el mismo.

Que la vida en nuestra sociedad que estos aprendices de ideólogos califican como el “modelo capitalista” y que ellos pretenden abolir, sea un “permanente estado de excepción” significa que la vida social no está regida por el derecho, sino por la excepción y que el proletariado no está sujeto a la ley, sino que está sobre la ley, pues el proletariado es el soberano que rige en la excepción. En un estado de excepción como ellos lo conciben, no impera de la ley, sino la fuerza, la voluntad del proletariado que es exactamente igual a mi voluntad si yo me declaro proletaria. En el mejor de los casos, la nueva ley del proletariado será la voluntad de algún comandante o autodenominado líder máxismo, en un sistema jerárquico y vertical de mando, en que no hay derecho a pataleo. Si eso no es totalitarimo, no sé qué podría ser.

Nada de estado de derecho, de imperio de la ley, de legalismo. Luego empezarán las peleas entre ellos, debido a las múltiples divergencias doctrinarias o a los juegos de poder, a las riquezas que hay que reparir entre ellos o incluso a mujeres, como es tan propio de estas facciones. La Nóbel de Literatura, la alemana Herta Müller, que vivió el socialismo en carne propia escribe, “muchas veces hablamos del estado socialista; pero olvidamos que eran personas mediocres y malvadas quienes estaban al frente del estado y lo comandaban a su antojo y a su capricho”[5].

Da lo mismo quien se haga con el poder, sin duda, se impondrá la ley del más fuerte, la voluntad de quienes están armados. Como siempre, los más débiles serán quienes pierdan: las mujeres, los ancianos, los niños… No sé si se han dado cuenta, pero en las revoluciones, las mujeres siempre perdemos. Salvo que seamos “pareja” de alguno de sus jefes, como Jiang Qing, la última mujer de Mao, que fue condenada a muerte conmutada en cadena perpetua, pero recién después del fallecimiento del dictador chino. Me parece paradójico y muy “sumiso” que algunas mujeres insistan en que sin revolución, no se puede poner fin al machismo. Muy por el contrario: “donde más avances se ve en el tema igualdad de la mujer es precisamente en sociedades de economía de mercado y democracia liberal”[6].

Carl Popper hace ver que, “cuando una sociedad avanza, surgen movimientos contrarios a la sociedad abierta, fuerzas anticivilizatorias de los más diversos colores y procedencias. El autor austriaco los llama totalitarismos y expone que son tan antiguos y tan nuevos como la misma civilización. El totalitarismo ha acompañado a la civilización desde su nacimiento”[7]. Creo que hoy Chile está frente a movimientos totalitarios.

En efecto, según esta vieja conspiranoia marxista, en nuestra sociedad “burguesa” y democrática, existe una lucha permanente entre la clase trabajadora y la burguesía. La sociedad actual trataría de ahogar esa lucha de clases en una reconciliación artificial y dañina para la clase trabajadora, que debe iniciar la revolución planetaria y suprimir al estado defendido por la policía: en Chile, por los carabineros. Carabineros sería la institución de un estado injusto y opresor del proletariado.  

Según el segundo postulado de Lenin, el estado es, por definición, opresor, represivo y explotador[8]. Lo llama “un poder especial de represión”[9]. Así, “la represión anterior, ejercida por la clase burguesa contra la clase trabajadora se invierte ahora en el nuevo estado que ejerce una nueva represión, esta vez de los trabajadores contra la burguesía”[10]. No sé por qué me viene a la cabeza el antiguo grito de guerra de la época de Allende: “los momios al paredón y las momias al colchón”, una muestra más de sexismo revolucionario.

Está demás decir que nada de esto puede ser pacífico, puesto que, como decía Marx, la violencia es “la partera de la historia” y se halla omnipresente en toda revolución. La violencia es el instrumento revolucionario por excelencia, asegura Lenin y agrega que el Manifiesto comunista se refiere a la violencia revolucionaria como fatal, inevitable e indefectible. Dice que enseñar otra cosa, por ej. la no-violencia, es “traicionar” su doctrina[11].

Finalmente, el afiche de Quinta Normal concluye con un llamado: “Que nada ni nadie nos detenga, el momento es AHORA”. No sé por qué lo de que el momento este texto me recuerda una antigua canción de la época del rock argentino. Es curioso que el panfleto se refiera a “la policía” y no a los carabineros que ni siquiera les llaman “pacos”. No quiero ser conspiranoica; pero tal vez sea cierto que estos panfletos son importados. En su momento, me llamó igualmente la atención que los rayados en la Casa Centra de la Universidad Católica, hablaban de la “yuta” que es como se llama despectivamente a la policía argentina. ¿Será este el internacionalismo del mal?

Así, a la usanza del marxismo leninismo de fines del siglo 19 y primeras década del siglo 20, la ultraizquierda llama en Chile a la guerra permanente contra el estado, representado por la institución de Carabineros[12], que se ha convertido en “el gran enemigo” de estos aprendices de revolucionarios. Tal como Pablo Escobar -el narcoterrorista colombiano- declaró la guerra a los “tombas” que es como llamaba a los policías de ese país.

El objetivo de este nuevo y a la vez viejo fanatismo es destruir el estado (en esto se igualan a los libertarios de extrema derecha), en la ingenua creencia que, al hacerlo, se activará una gran revolución planetaria, al cabo de la cual, advenirá el paraíso terrrenal.

Esto que sólo causa risotadas en Europa, se encuentra aún escrito en los genes de los movimientos de ultraizquierda latinoamericanos en una mezcla increíble de ignorancia y de superstición. En otras latitudes, el marxismo se identifica hoy con Chernobyl, con los gulags y con la caída del muro, es sinónimo de fracaso, de opresión y de crímenes…[13] En Latinoamérica, en la periferia del mundo civilizado parece que falta dar la vuelta a muchas hojas del calendario, más bien a décadas… La ultraizquierda se ha quedado muy, pero muy, muy atrasada.

Imagínate qué pasaría si estos grupos que han declarado la guerra a los Carabineros, ganaran y efectivamente destruyeran a toda fuerza policial. En tal caso, Chile se convertirá en un failed state. Ponte tú que, estos grupos de la llamada “primera línea” lograran expulsar de vastos sectores de las ciudades a las fuerzas de orden. A esto apuntan con sus ataques a retenes y comisarías en sectores periféricos ¿Quién tomaría el poder?

En su teoría el proletariado, se iniciaría la revolución planetaria con la que tanto soñaban Marx, Engels, Lenin, Trotzky y Stalin. Pero en la práctica ¿quién tomaría el poder? Porque el proletariado es una entelequia, un ente ideal, pero inexistente. ¿Lo tomarían los narcos? ¿O alguna otra mafia? ¿O grupos de bandidos? ¿Algún comandante de alguna guerrilla? ¿Un aprendiz de Felix Dzerzhinski, el fundador de la policía secreta soviética? ¿Algún cartel de la droga del norte de Sudamérica? ¿Circuitos de hampones?¿O todos los anteriores?


[1] W. I. Lenin, “Staat Und Revolution”, Dietz Verlag Berlin Este, 1967. 9a edición (la primera edición es de 1948), Biblioteca del marxismo-leninismo, Rep. democrática alemana.

[2] En “La sociedad abierta y sus enemigos”.

[3] “Especialmente grave me parece el incendio del edificio de El Mercurio de Valparaíso, el diario más antiguo de habla hispana que aún existe, lo que es un orgullo para Chile. La libertad de prensa es uno de los valores más importantes y emblemáticos de toda sociedad libre y democrática. El hecho de que, precisamente un medio de comunicación antiguo, prestigioso y como tal, emblemático, haya sido incendiado por los manifestantes es gravísmo. Y nos dice mucho acerca del rumbo que ha tomado la protesta en Chile que de social, poco y nada le va quedando”, en La protesta originariamente social y el estado de excepción en Chile

[5] La abolicion del estado según Marx, Lenin y Engels La traducción es mía y no es textual.

[9] Lenin se felicita por habérsele ocurrido esta definición que, en su egomanía, califica de “grandiosa”, ver De la violenta revolución que conduce a la dictadura del proletariado

[12] Sobre el tema, invito a leer mi columna Los carabineros ya no son santos

[13] “El socialismo real sucumbió medio siglo, después de sembrar muerte, hambre y destrucción en todos los lugares por donde pasó”, Hitler, Stalin y el inicio de la II Guerra

La abolición del estado, según Marx y Lenin… y Engels

Wladimir Lenin fue uno de los muchos revolucionarios del siglo 19 y comienzos del 20 que no pertenecían a la clase trabajadora; pero que se colocaron al frente del movimiento que denominaron revolución proletaria. El número final del primer capítulo de su libro “Estado y revolución”[1] nos da las claves para entender su teoría revolucionaria, propia de la primera mitad del siglo 20, considerado como una de las épocas más violentas[2] de toda la historia. También nos da claves para captar porqué hubo tanta violencia en aquel entonces. Y, tal vez, para entender ese extraño movimiento que ha surgido hoy en día en las periferias del mundo, y que pretende revivir las ideas de la primera época de la teoría marxista[3].

El movimiento socialista se debatía entonces -como ahora- entre innumerables peleas debido a divergencias doctrinarias o de interpretación de textos que los mismos revolucionarios consideraban como “científicas” y en calidad de tales, como demostradas e inamovibles. Como si la ciencia fuera inamovible… Sostenían que sus propias ideas eran científicas, demostradas e invariable y a quienes se atrevían a contradecirlos, denostaban como a verdaderos herejes. La demostración supuestamente científica consistía en analizar un proceso histórico, como la comuna de París, y extrapolar sus presuntos resultados a todos los procesos político-históricos de la historia y del mundo.

Lenin divide el capítulo I del libro que comentamos[4] en: primero, “El estado – un producto de la irreconciabilidad de las oposiciones de clase”. Segundo: “Formaciones especiales de hombres armados, cárceles, etc.” El tercero se refiere al “estado, instrumento de la explotación de la clase oprimida”. Analicé estos tres primeros números en mi artículo anterior Lenin y el estado opresor, represivo y explotador, del que esta columna es su continuación inexorable. El número 4 está dedicado a “La ‘muerte’ del estado y la revolución violenta”. Al primer postulado de este último número, que trata “de la abolición del estado, pero no de su muerte”, deseo dedicar esta columna.

El revolucionario ruso explica que hay una gran diferencia entre la muerte del estado, o más bien, entre el proceso de la muerte del estado (aussterben) y su supresión, abolición o anulación (Aufhebung o Abschaffung). La muerte y la abolición corresponden a dos momentos diferentes de la historia que anarquistas y otros oportunistas confunden. Contra ellos van dirigidas las duras diatribas leninistas que llenan páginas enteras de su libro. De diálogo frente a la diversidad de opiniones, nada. De tolerancia, cero.

La obra contiene una larga cita tomada de un escrito de Friedrich Engels contra su antiguo compañero revolucionario Eugen Dühring, otro socialista alemán. Entre paréntesis, Düring es considerado como el fundador del antisemitismo racista y uno de los precursores del nacional socialismo. El escrito, conocido como “el anti-Dühring” se titula en realidad: “La subversión de la ciencia del Sr. Dühring”[5][6]. Es curioso como muchos marxistas de la primera hora estaban tan fascinados con el término ciencia, que insistían en que sus teorías eran “científicas”, dándoles con ello, un valor del que carecían. En este caso, Engels resta toda calidad de ciencia a los planteamientos de Dühring.

Pero no nos alejemos del tema principal: la muerte o la abolición del estado, acerca de la cual, Lenin formula cinco postulados[7]. De acuerdo al primer postulado, cuando el proletariado asume el poder estatal, suprime al estado. En efecto, como consecuencia de la revolución, la clase proletaria toma el poder del estado: los trabajadores asumen el poder estatal y el estado deja de existir. Es abolido, suprimido o anulado.

Sin embargo, no deja de existir instantáneamente. Para explicarlo, Lenin cita a Engels, quien describe cómo el proletariado se apodera del poder estatal y transforma los medios de producción en estatales. El nuevo estado que ha surgido como consecuencia de la revolución, “estatiza” todos los medios de producción existentes. Es claro, en la lógica leninista, en un mundo sin clases, la propiedad privada ya no tiene sentido. Todo le pertenece al pueblo, a los trabajadores, a los proletarios. Al estado proletario…

Exacto, el estado burgués se anula a sí mismo y con ello, revoca todas las contradicciones y diferencias de clase pre-existentes. De esta manera, se acaba el estado -como lo conocemos- que era la expresión de la reconciliación de la lucha de clases, la que, de cualquier manera, era un engaño, ya que la reconcilicación no es posible, ni tampoco seria deseable ya que retrasaría el curso de la historia.

No hay que olvidar que, para Lenin, el estado burgués -nuestro estado- reconcilia artificialmente las dos clases que, de otra forma, se hallan en lucha permanente, hasta que una de ellas, la clase trabajadora, gane la pelea. Lo que, en la teoría marxista, ocurrirá indiscutida e inexorablemente y sin vuelta atrás.

El estado burgués -el estado democrático liberal- que intenta una reconciliación entre las clases que se hallan naturalmente en permamente enfrentamiento, trata de llevar a cabo una falsa reconciliación que es dañina para la clase trabajadora y para el proceso histórico y, por tanto, Lenin lo condena[8]. Condena la reconciliación de las clases que, en realidad, deben seguir enfrentándose y luchando sin pausa, ni tregua, ni menos misericordia. Sólo así avanza la historia de acuerdo a los postulados supuestamente científicos del materialismo dialéctico.

En efecto, de acuerdo a Engels, el estado fue necesario para mantener la explotación de una clase por la otra, mediante la mantención de sus condiciones de producción. Ese estado pretendía representar a toda la sociedad; pero, en realidad, sólo representaba a la clase que, en su tiempo, decía representar a toda la sociedad, lo que, en realidad, era una falsedad. En nuestra época, el estado representaría tan sólo a la burguesía y no a la clase trabajadora. En el pasado, habría representado a los esclavistas o a los señores feudales.

Una vez que no hay más clase a la que reprimir y que se termina con la anarquía de la producción de bienes y de la existencia individual, una vez que todo se colectiviza y se acaban los excesos, ya no hay nada más que reprimir, de manera que una fuerza represiva, como es el estado, es totalmente innecesaria. En consecuencia, podemos abolir el estado.

El primer acto del nuevo estado, como representante de toda la sociedad, consiste en tomar posesión de todos los medios de producción. Este es, tanto el primer acto del nuevo estado, como también el último. Es el último acto de un nuevo estado que representa toda la sociedad y ya no a una clase opresora que se hacía pasar por “toda la sociedad” sin serlo. Ese nuevo estado es lo que hoy llamamos el estado del socialismo real, o simplemente estado socialista. Un concepto histórico propio de la Guerra Fría.

El nuevo estado ejerce el gobierno ya no más sobre las personas -como hacía el estado burgués- sino que administra las cosas y dirije los procesos de producción. Este estado no es abolido, sino que muere (stirbt ab) lentamente, debido a que, aparte de su actuación como organizador de los medios de producción, se ha vuelto superfluo en todos los otros aspectos de la vida y finalmente se hace innecesario, para acabar “durmiéndose”, esto es, muriendo poco a poco. Yo diría que es una especie de “dormición” del estado.

Engels critica duramente a los anarquistas (tan en boga a fines del siglo 19), que sostienen que el estado burgués o democrático debe ser abolido o suprimido ya. Lenin dice que este es mero oportunismo y fustiga duramente la doctrina anarquista acerca de la supresión del poder del estado. El estado posterior a la revolución va a acabar durmiéndose porque ya no será necesario. Pero el estado que surge con la revolución, cuando el proletariado toma el poder y expropia, confisca o estatiza todos los medios de producción, ese nuevo estado de los trabajadores no puede ser abolido. En este punto, los anarquistas se equivocan, como explicará más tarde[9].

En suma, el estado burgués no muere sino que es abolido. En el proceso de la revolución proletaria, es reemplazado por otro estado. Por el estado socialista. La represión anterior, ejercida por la clase burguesa contra la clase trabajadora se invierte ahora en el nuevo estado que ejerce una nueva represión, esta vez de los trabajadores contra la clase burguesa.

Demás está decir, que quiénes eran parte de la burguesía o no lo eran, fue algo que quedó al criterio, o más bien al capricho y descriterio de los autodenominados representantes del proletariado. Lo que explica por qué tanta gente fue catalogada como “enemigos del pueblo” o “traidores” y enviados a morir en el gulag. Como dice la Nóbel de Literatura Herta Müller[10], muchas veces hablamos del estado socialista; pero olvidamos que eran personas mediocres y malvadas quienes estaban al frente del estado y lo comandaban a su antojo y a su capricho[11].


[1] Obra de especial importancia en los estudios -generalmente obligatorios, por no decir forzados- de marxismo-leninismo en los países que formaban parte del llamado Bloque socialista soviético y que todos creíamos que habían pasado a la historia. Éste uno de los libros que más influyó e influye actualmente en el pensamiento neomarxista o filomarxista, pseudo-marxista o marxista popular, esto es, superficial y “facilito”.

[2] Cfr. Violence Vanquished Se refiere al cliché según el cual el siglo 20 es el más violento de la historia, olvidando la segunda mitad de la centuria.

[3] Me refiero a Sudamérica.

[4] W. I. Lenin, “Staat Und Revolution”, Dietz Verlag Berlin Oriental RDA, 1967, 9a edición (la primera edición es de 1948), Biblioteca del marxismo-leninismo. El primer capítulo va de la pág. 7 a la 24. El número 4, de la pág. 18 a la 24. Páginas bastante intensas.

[5] “Herrn Eugen Dühring’s Umwälzung der Wissenschaft”. Umwälzung es, en este sentido “dar vuelta”, invertir la ciencia.

[6] Para la elaboración de este “anti-escrito”, considerado uno de los tres más importantes de la doctrina marxista, Engels contó con la directa colaboración de Karl Marx, según cuenta el mismo Engels https://de.wikipedia.org/wiki/Anti-D%C3%BChring#Wirkung

[7] Como ya expliqué más arriba, en el último número del primer capítulo.

[9] Link a una columna que aún no he escrito.

[10] … quien vivió o sufrió ella misma el estado socialista en Rumania.

[11] Cfr. Schriftstellerin Herta Müller „Ich wusste immer, was ich nicht will“ La Nóbel de literatura habla de personas “brutales, sin educación y arrogantes”.

¿Primavera de Chile o el frío invierno?

Fuera de Chile, se ha empezado a hablar de una supuesta primavera de Chile. En analogía con la llamada primavera árabe que tuvo lugar entre 2010 y 2013. Lamentablemente, la primavera árabe no condujo a la ansiada democracia en la mayoría de los países donde surgió. Salvo en Túnez, el único país que, afortunadamente, ha logrado establecer un sistema democrático relativamente estable.

La guerra en Siria -que comenzó el 2011- ha destruído al país, provocado miles de muertos y millones de refugiados que ha tenido que huir de un país en guerra civil es otro conflicto que comenzó con su primavera árabe. Pese al poco éxito, creo que no se puede impedir a una sociedad la búsqueda de la libertad y de la democracia, de la tolerancia y del pluralismo.

La supuesta primavera de Chile más parece un frío invierno que una floreciente primavera. Y esto, desde un comienzo, cuando el vandalismo aún era una protesta social. El próximo verano tampoco se ve mejor en el país. Sobre todo considerando los tres meses de vacaciones que se nos vienen encima. Diciembre, enero y febrero no se vislumbran como meses de descanso, sino más  bien de crispación.

En todo sentido, falla en Chile la analogía con la primavera árabe. Nuestro país es una democracia, que funciona -o debería escribir, funcionaba- relativamente bien. Y esto, desde hace por lo menos tres décadas[1]. Con un estado de derecho, donde el imperio de la ley prevalece sobre la violación masiva del orden jurídico[2]. Al menos, hasta ahora. En otras palabras, donde regía el imperio de la ley y no la ley del más fuerte[3].

Chile tiene una economía estable -o debería decir, tenía- y en crecimiento permanente, tal vez no exponencial, pero crecimiento, como corresponde a un país que -según me dice una amiga venezolana que no vive en Venezuela- ya es un país desarrollado. Sí, en el mundo, somos considerados un país desarrollado. Tal vez lo éramos… dudo que seguiremos siéndolo.

El colombiano Andrés Mejía describe a Chile como “un país que tiene una economía de mercado bastante exitosa, no solamente en indicadores fríos como crecimiento e inflación, sino en aquellos más humanos como reducción de la pobreza y movilidad social”[4]. Son los llamados indicadores socio-económicos que, en Chile, han sido, hasta ahora, bastante buenos. Agrega: El crecimiento ha permitido reducir tanto la pobreza como la extrema pobreza persistente y considerablemente desde el 2006 al 2017[5].

Continúa: “Chile muestra muy buenos indicadores en movilidad social. De hecho, es un líder en la OECD en este aspecto, y es por supuesto el líder en América Latina: Chile lidera la OECD en el porcentaje de personas que, viniendo de familias de bajos ingresos, están dentro del 25% de población de mayores ingresos”[6]. Esto es un gran logro. Es el sueño americano del self made man, de la self made woman.

En otras palabras, “Chile es uno de los pocos países de la organización, donde es más probable que los hijos de familias de altos ingresos sean económicamente menos exitosos que sus propios padres[7]”. Por ello, Simon Kuestenmacher twittea: “If you are a poor kid trying to live the American dream (from rags to riches) may I suggest moving to Chile or Denmark?”[8] No creo que el experto alemán sostenga hoy lo mismo…

Sin embargo, es claro que, sin respeto a la propiedad privada -también a la propiedad intelectual- no puede haber desarrollo económico, ni prosperidad, ni superación de la pobreza y elevación del bienestar, como lo han demostrado las innumerables economías planificadas que se expandieron por el mundo durante el siglo XX. Tanto las fascistas, como las comunistas.

Sin respeto a la propiedad, tampoco podemos hablar de estado de derecho. Sin posibilidades de resguardarla, decae el estado de derecho y termina por desaparecer. Es lo que pasa hoy en Chile: los saqueos, la destrucción de inmuebles, los incendios de fábricas, supermercados, iglesias, de hospitales, de casas centrales de universidades y del Metro, la destrucción de hoteles y de colegios socavan el estado de derecho, ya que son un ataque directo al derecho de propiedad, individual, social y colectivo.

O, como escribe una amiga parece “que un grupo quiere gobernar sin ganar las elecciones…”[9]. Me explica que, ”tienen un objetivo claro, apoderarse del gobierno, sin ganar las elecciones democráticas y mantener presente el miedo”. Lo que describe mi amiga es la esencia de todo sistema antidemocrático.

No hay que olvidar que, detrás de cada incendio, de cada destrucción, de cada saqueo, hay personas -familias enteras- que se quedan sin fuente de trabajo y sin ingresos. No sé cómo tienen ropa para hablar de los pobres… A los “revolucionarios sociales” nada les importan los pobres… Ni tampoco las mujeres[10]. Parece que su único objetivo fuera la desestabilización, el poner fin al estado de derecho y a la democracia.

Sin estado de derecho no existe la democracia. Tal vez, sólo las antiguamente llamadas “democracias populares” que de democracia, sólo tenían el nombre; pero no una democracia liberal representativa, sea en su versión presidencialista (Francia, Estados Unidos) o en su versión parlamentaria, como en la mayoría de los países de Europa.

Sin derecho a mi libre autodeterminación,no puede haber estado de derecho, como tampoco sin respeto a mi integridad física y psíquica. Llegados a este punto, recuerdo lo que una amiga mía escribió en Facebook a comienzos de noviembre:

“Ayer -pasando por el centro de Santiago- un grupo de manifestantes detuvo el tránsito, comenzaron a golpear el auto en el que viajaba y a cantar ‘El que baila pasa’. Fue imperativo. No había otra opción más que bajarse a bailar!! Lejos de ser un momento de diversión como muchos lo exponen en redes sociales, lo viví como un momento de mucha tensión. A muchos les puede parecer que no es para tanto, que mi temor no se condice con el temor que viven otras personas… Probablemente!! Absolutamente!! Pero en lo que si podemos convenir es que es infinitamente desolador estar en minoría ante un grupo de personas cuyas motivaciones, razones y estados de ánimo desconoces y que te obligan a bailar para su diversión”.

¿Puede ser esta la primavera de Chile? ¿Puede ser que nos conformemos con quedar sometidos al capricho de una turba que se dice representar al pueblo? ¿A los pobres? ¿Sometidos a gente que, en su ensañamiento ideológico, los defiende y justifica? Me temo que no. Me temo que está comenzando un invierno y uno muy duro, con nieve, hielo, frío y oscuridad.

La alternancia en el poder es un elemento esencial de toda democracia[11]; pero parece que para la extrema izquierda, la alternancia en el poder es sólo un estorbo. Un obstáculo que hay que remover en su viaje al totalitarismo. Hay que tener en cuenta que “la alternancia del poder en Chile se ha dado desde el regreso de la democracia en 1990, siendo la izquierda la que ha gobernado la mayoría del tiempo. Durante ese período, la Constitución ha sido cambiada numerosas veces y legitimada por los partidos de izquierda”[12].

“A mi modo de ver, arrogarse la facultad de representar al pueblo al tiempo que se la niega a quienes realmente han sido elegidos tiene un nombre muy simple: populismo”[13]. El populismo es una lacra que acaba por destruir la democracia si no se lo para a tiempo. A su vez, pasarse el estado de derecho por cualquier parte y llamar a luchar en las calles, aunque se haya perdido en las elecciones puede recibir dos nombres: extremismo o terrorismo. O ambos.

Hay primavera sólo cuando sales de un régimen absolutista, totalitario o dictatorial y te diriges hacia uno democrático y libre y no al revés. Y este “revés” totalitario y dictaorial es lo que yo veo que anhelan los grupos revolucionarios en Chile. Sembrar el caos, el odio y la violencia, destruir la economía, y el estado de derecho. Acabar con el imperio de la ley y sustituirlo por la fuerza. Y esto, después de haber quemado Chile, de haber destruido su economía, que ya está por el suelo, sobre todo las pymes que son la columna vertebral del país. Sólo puedo decir: de primavera de Chile, nada. Pleno invierno, en el mejor de los casos.


[1] Un amigo mío tiene otra postura. Según él me dice: “Y acaso los 30 años de post dictadura en que se destruye la tierra, se roban las aguas, talan los bosques, se olvidan culturas no es vandalismo???? Las zonas de sacrificio, costos de salud y educación no son saqueo??” Su comentario en: https://www.instagram.com/p/B5TaICpoagV/ 

[2] Invito a leer mi ingenua columna de fines de octubre La protesta originariamente social y el estado de excepción en Chile Desde entonces, cuánta agua ha pasado bajo el puente…

[8] Su tweet

[11] “la alternancia en el poder es, pues, condición sine qua non de la democracia”, en: Enrique Suárez-Íñiguez, Teoría de la democracia. Una propuesta integradora

La globalización del populismo

Los de arriba y la conspiranoia

Hay diversas formas de populismo y hay diferentes maneras de definir el populismo, tan de moda en nuestros días. Una de las definiciones más simples y a la vez, más certeras es aquella según la cual, los populistas se atribuyen la representación exclusiva del pueblo. Sólo ellos serían los representantes únicos del pueblo, y esto, aunque las urnas digan lo contrario y demuestren que son, en el mejor de los casos, una minoría. Una minoría creciente o decreciente, según el país.

Si los populistas dicen representar al pueblo en forma exclusiva, debemos suponer que hay otras personas que han usurpado la representación popular y se la han adjudicado en forma inadecuada, falsa, inapropiada o más bien usurpatoria. Personas que se han apoderado del poder y no lo dejan. Las llamadas elites, “los de arriba”, meras sanguijuelas que chupan y se apoderan de lo que, en realidad, corresponde al pueblo: poder, bienes, bienestar.

Engañan al pueblo y le ocultan la verdad, en todo orden de cosas, para que el pueblo no se dé cuenta de sus mentiras. Surgen así las más variopintas teorías de la conspiración, de manera que podemos aseverar que la conspiranoia es un elemento esencial del populismo actual.

En cada populismo, hay un fuerte elemento de odio hacia los supuestos “enemigos del pueblo”, hacia “los que están arriba”, hacia los presuntos “ricos”, “poderosos” o “marionetas”. En circunstancias que los mismos populistas generalmente pertenecen -por su posición social- a grupos privilegiados de la sociedad en que viven.

Rechazo a la globalización: denominador común de populistas de izquierda y de derecha

El rechazo a la globalización es común denominador de todo populismo, tanto del de izquierda como del de derecha.

Actualmente, a nivel mundial, el populismo de derecha es más popular -valga la redundancia- que el de izquierda y, me parece que, más peligroso, ya que, de alguna manera, se ha sabido camuflar mejor y se ha introducido en grupos intelectuales o espirituales[1] que otrora eran un baluerte de la sociedad.

En diferentes y variados países, ha alcanzado incluso el poder. Afortunadamente, los países con una democracia estable y con un firme estado de derecho pueden hacerle frente mejor que estados que carecen de una tradición democrática. En esto, los países del Este de Europa llevan las de perder[2].

El populismo es esencialmente un movimiento antiglobalización; pero que actualmente, se expande por el mundo en una nueva globalización: esta vez, en una globalización del populismo[3].

No podemos restar importancia al populismo de izquierda, de partida porque muchas veces la izquierda y la derecha populistas se unen en una especie de “nuevo frente amplio” o transversal, de gran odiosidad, como vemos actualmente en Italia o Grecia[4]. El populismo de izquierda ha resurgido especialmente en algunos países del sur de Europa y de Latinoamérica.

En términos sencillos, podemos decir que el populismo de izquierda impugna la globalización, en el sentido de intercambio y comercio de bienes, servicios y capital entre los estados. Por su parte, los populistas de derecha, reniegan la movilidad de las personas entre los diversos países, continentes o regiones. En ambos casos, hay un rechazo a la globalización en alguna de sus expresiones.

El rechazo a la Unión Europea de los populistas del Viejo Continente se explica ya que la UE es una de las mejores expresiones de globalización actualmente existentes, que permite y fomenta tanto el tráfico de bienes, de servicios y de capital, como también el libre tránsito de personas entre los países miembros. Algo así, es obvio que será rechazado por el populismo.

Una de las causas del éxito del Brexit en el referéndum del 2016 se debió al rechazo a los extranjeros procedentes de países de la Unión Europea, especialmente de polacos y españoles, países que, en ese entonces, se hallaban en dificultades económicas. Y, también, al supuesto pago de millones de euros a la UE, en circunstancias que el sistema de salud británico no funcionaba satisfactoriamente. Ambos populismos estuvieron muy presente en el Brexit. La indecisión de los Laboristas se debió fundamentalmente a que Jeremy Corbyn acusaba a la UE de ser neoliberal. (Aparte de conspiranoias antisemitas que circulaban entre el laborismo).

Rechazo al pluralismo

Tal vez la característica decisiva del populismo es su rechazo al pluralismo, a la diversidad, a lo heterogéneo. La búsqueda de la homogeneidad del pueblo que dicen representar y su intento de conservarla a toda costa. Homogeneidad étnica y homogeneidad de pensamiento o doctrinaria, ideológica, cultural o como quieran llamarla. Todos deben pensar igual. Y actuar igual.

Yo diría que el populismo está inspirado en un ánimo totalitario. La opinión de los populistas es considerada la única correcta, la única verdadera, la única popular. Y cuando hablo de opinión, me refiero a la opinión en todos los aspectos de la vida: literatura, cultura, forma de vida, política, economía, incluso espiritualidad…[5].

Sólo ellos son los lectores de la voluntad popular, los representantes únicos y genuinos del pueblo. Sus demiurgos, sus conductores. A mi modo de ver, estamos frente a una nueva versión del viejo totalitarismo ideológico o a un renacer de viejas ideologías totalizantes de antaño envueltas en un nuevo ropaje. Por eso, se habla actualmente del nuevo populismo[6].

El populismo de derecha rechaza pues el intercambio de personas. Sus adherentes sostienen que la población debe ser “homogénea”. De ahí el rechazo a la migración y a los extranjeros en general. (Algunos populistas, admiten a pocos extranjeros, que siempre deben ser la excepeción; pero exigen que éstos se asimilen íntegramente[7]).

Para los populistas, sólo hay una forma de pensar correcta: la propia. Existe una sola forma de ser humano: la mía. Lo más contrario a esta homogeneidad es el llamado melting pot[8], tan detestado por el populismo de derecha, ya desde Carl Schmitt o desde antes, Schmitt incluye la crítica al llamado melting pot,”mezcla de razas” o crisol de culturas en su teoría del derecho internacional[9]. Tan importante era el tema para él.

Según el modelo del moderno populismo, habría una competencia permanente entre los pueblos. Entre los estados, las naciones, los continentes, las “culturas”. (El término cultura ha reemplazado al de raza, para evitar ser tildados de racistas). Lo más importante es el triunfo del propio pueblo sobre los demás. Su victoria en todo orden de cosas: científico, cultural y hasta deportivo[10].

Una de las victorias de la propia raza es su reproducción. El aumento del número de sus individuos. De manera que en el marco del etnopluralismo[11] que le es propio, el populismo no sólo rechaza “la mezcla de razas”, sino que propugna un aumento de la “propia raza” o cultura, para hablar en términos etnopluralistas.

La premisa según la cual la población propia debe aumentar explica -en su enfermizo darwinismo social- su odio a la homosexualidad. Por ello, grupos populistas de extrema derecha detestan a los homosexuales, hablan del lobby gay y propugnan la permanencia de la mujer en su hogar, como madre al servicio de la familia. Su concepto de la familia es más bien propio del familismo o familialismo (en que la familia pasa a ser una especie de religión) que de una familia sana y normal.

Conclusión

En suma, el rechazo a la globalización caracteriza al populismo actual o nuevo populismo. El rechazo a todo lo que la globalización lleva consigo. A la sociedad multicultural y a la inmigración. Al multilateralismo de los tratados internacionales internacionales de libre comercio. A la libre circulación de las personas y de los bienes. En torno a este rechazo, surgen las más descabelladas teorías de la conspiración.

La libre circulación de personas, bienes y capital, el libre comercio entre las naciones son los dos aspectos más detestados por el populismo de uno y otro lado del espectro político. Los parámetros tradicionales de izquierda y derecha no han dejado de existir, como sostienen los populistas, sino que tenemos que replantear sus coordenadas y reconocer su transversalidad.

El rechazo a lo que los populistas llaman elites, al pluralismo y a la heterogeneidad social son igualmente características del populismo. Como también la homofobia y la arrogancia de quien pretende ser propietario de la verdad. Una sociedad homogénea basada en pseudo ideales populistas es lo más contrario a la sociedad abierta que nos podamos imaginar[12]


[1] A modo de ejemplo, invito a leer mi columna ¿En qué se parecen John Boehner y yo?

[3] Me permito mencionar a modo de ejemplo a: Estados Unidos, Filipinas, Turquía, Brasil, Italia, Hungría, Polonia, Rusia.

[4] En Alemania, las recientes Montagsdemos. Ver, en este apartado del artículo de Wikipedia, como a la ultraizquierda se le unían los nazis, sin que estos últimos rechazaran que se sumaran a sus protestas de los días lunes.

[5] No sé por qué recuerdo una de las últimas frases que escuché al Padre Osvaldo Lira: “Hay una sola forma de cagar católica”. No Padre Lira, no hay una sola forma, hay muchas.

[6] Ver de The Guardian The new populism

[7] Esta fue la opinión de Höcke al ser confrontado por una periodista alemana hija de extranjeros.

[10] Pienso en el doping obligatorio de los deportistas del Bloque Oriental, que, la mayoría de las veces, ni siquiera sabían que estaban consumiendo drogas para aumentar su rendimiento físico.

[11] Sobre el etnopluralismo, invito a leer mi columna: Un fantasma recorre Europa, el fantasma del etnopluralismo

 

Defendamos la sociedad abierta de sus enemigos

El nacimiento de la sociedad abierta

En la introducción a su libro, “La sociedad abierta y sus enemigos”[1], Carl Popper hace ver que, cuando se pasa de una sociedad cerrada a una sociedad abierta, surgen movimientos reaccionarios que intentan echar abajo la civilización, para retormar al previo estado tribal. Asimismo, muestra que las ideas que hoy llamamos totalitarias son tan antiguas o tan jóvenes como nuestra propia civilización[2].

La sociedad cerrada se encuentra sometida a lo que él llama “fuerzas mágicas”. Por el contrario, la sociedad abierta supone y deja en libertad -yo diría que promueve- las capacidades críticas de las personas. De sentido crítico, hablaríamos hoy.

Nuestro autor habla del paso (Übergang) desde un orden social estamental (Stammesgesellschaftsordnung) o cerrado (geschlossene Gesellschaftsordnung) a uno abierto. Hago ver que Popper usa la denominación sociedad tribal o estamental y sociedad cerrada como sinónimos. (Esto último es un dato importante para ideólogos racistas o de ultra derecha que, sin embargo, se llenan la boca con el nombre de Popper o, en general, haciéndose pasar por liberales, lo que no son[3]).

Para él, la “civilización” (Zivilisation) es sinónimo de sociedad abierta, coincide con ella, es ella. Popper contrapone claramente la “civilización” frente a la “organización tribal”[4], estamental, a la familia extendida que algunos -prisioneros del etnopluralismo[5]– quieren ver en la nación, en la etnia, en su pueblo (Volk).

Este paso o Übergang no es un momento, no es un instante. Es un proceso (por eso, me parece muy apropiada la voz transición, usado por la traducción al castalleno). El proceso de tránsito de la sociedad tribal a la sociedad abierta es un shock, nos explica Popper. Y agrega que constituye el “nacimiento” (Geburt) de la civilización.

Los movimientos reaccionarios

En el proceso de tránsito desde una sociedad cerrada hacia una abierta puede haber retrocesos. Y de hecho, los hay. Popper los llama “movimientos reaccionarios” (reaktionäre Bewegungen).

Nuestra civilización es todavía un niño, se halla aún en su infancia[6], nos explica Popper gráficamente. Tiene que crecer, desarrollarse, desenvolverse. Evolucionar, pese a que, en su desarrollo, ha sido tantas veces traicionada por los líderes intelectuales de la humanidad. (De “rectores intelectuales” habla la traducción al castellano, denominación que me parece un tanto rebuscada).

De acuerdo a nuestro autor, los objetivos de la civilización son son: humanidad (Menschlichkeit), Racionalidad (Vernünftigkeit), Igualdad (Gleichheit) y libertad (Freiheit).

Concluyo que, si la civilización la sociedad abierta, se desenvuelve lo hará en el sentido de aumentar la humanidad, la racionalistad, la igualdad y la libertad, que son las coordinadas de una sociedad abierta. Todo lo que vaya en su contra, es un retroceso que nos vuelva atrás, a la sociedad cerrada, tribal, dominada por “fuerzas mágicas”.

Totalitarismo

Cuando una sociedad avanza surgen movimientos contrarios a la sociedad abierta, fuerzas anticivilizatorias de los más diversos colores y procedencias. Popper los llama totalitarismos y expone que son tan antiguos y tan nuevos como la misma civilización. El totalitarismo ha acompañado pues a la civilización desde su nacimiento, explica. En efecto, el surgimiento de las fuerzas reaccionarias o totalitarias coincide con el surgimiento de la sociedad abierta, de la civilización en ciernes.

Me atrevo a sostener que las “fuerzas mágicas” de hoy son principalmente las variadas teorías de la conspiración y toda la superstición y la mística barata que las rodea. Las fuerzas mágicas que se contraponen a la racionalidad. Sí, ese residuo arcaico que subyace oscuro bajo el brillo de nuestra sociedad. Las conspiranoias[7] e ideologías similares que se basan en primitivos esquemas de pensamiento, generalmente representados por una división de la realidad en dos bandos: el mío, que es el de los buenos y el de los malos, de los victimarios, quienes invaden a “mi pueblo” que es víctima, y acosan a “nuestras mujeres”.

Si lo anterior te parece conocido, es que has escuchado hablar a personas como Wilders, Orbán, Strache, Trump, Höcke, Bolsonaro, Le Pen, los ayatolas y otros “líderes del mundo de hoy”.

Populismo

En un momento en que surgen en el mundo movimientos populistas unos de izquierda y otros de derecha, pero todos siempre totalitarios, la lectura de Popper no sólo es una buena explicación de la realidad, sino que además, es -de alguna forma- tranquilizante. Concluyo que 1) los movimientos totalitarios no son nuevos, que han existido siempre y seguirán existiendo. 2) Los movimientos totalitarios surgen porque avanzamos, porque la civilización se hace más libre, más racional, más humana y más igualitaria.

El avance, el progreso trae consigo necesariamente resistencia. Mayor o menos, según mayor o menos sea la fuerza civilizatoria. Los movimientos reaccionarios son reticentes al avance, al perfeccionamiento de la sociedad libre.

Lo que no es muy tranquilizante es lo que Popper advierte acerca de la “traición” de los líderes de la humanidad. Lo que ellos dejan de lado, lo que descartan son precisamente los fines en pos de los cuales se mueve la civilización y que hacen posible la sociedad abierta. A saber: la humanidad (en sentido de humanismo), la racionalidad (en sentido de “lo que es razonable”, en contraposición a las “fuerzas mágicas”), la igualdad y la libertad. Cada delación a estos ideales es un retroceso, más pequeño o más grande; pero siempre un retroceso.

Sin embargo, no sólo los “líderes rectores de la humanidad” pueden traicionarla, sino también movimientos colectivos, partidos, organizaciones nacionales o internacionales, países enteros que se vuelven “iliberales”, jefes ideológicos, incluso magnates mundiales que ponen sus imperios periodísticos o económicos o ambos, al servicio de un retroceso totalitario. Y no exagero, una mirada a Europa y a Estados Unidos nos hace ver que la realidad puede ser peor que la peor de las imaginaciones.

Lo que podemos hacer

Pienso que es aún más urgente que cada uno, cada una de nosotros analice críticamente a quién y a qué da su apoyo, por quién vota, en qué movimiento o partido se inscribe. A quién da likes o corazones en las redes sociales. A quién defiende -o ataca- en conversaciones de sobremesa o en reuniones de amigos[8]. No podemos ser tontos útiles, no podemos dar nuestro apoyo a quienes lideran precisamente esos nuevos totalitarismos que, en realidad, son tan viejos como la civilización. Pero se presentan reiteradamente con nuevos ropajes.

No podemos recostarnos en el sofá a esperar que pase todo, cruzados de brazos, mientras movimientos totalitarios ganan terreno gracias a la apatía de quienes deberíamos defender nuestra civilización, nuestra sociedad abierta, pluralista y multicultural[9]. Seguridad, confianza, abandono en las manos de Dios, del destino, de la Historia o como quieran llamarlo, nunca es inactividad, indiferencia, ni dejadez. Muy por el contrario. El análisis popperiano tiene que ser un aliciente al poner aún más esmero y diligencia en la defensa de lo que nos es tan preciando como nuestro sistema libre de gobierno y de sociedad.

Pese a la gravedad del avance totalitario, la lectura y análisis de Popper nos lleva a conservar la serenidad, a guardar la calma y a mantener la confianza. La confianza en las instituciones, en lo logrado hasta ahora, en el camino civilizatorio que es imparable, pese a los retrocesos, más grandes o más pequeños. Hay que mirar lo logrado hasta ahora y no lo que falta aún por alcanzar. Depende de nosotros…[10].


[1] Karl Popper, Die offene Gesellschaft und ihre Feinde, I. TB Francke, 4a. edición de 1975. Copyright de la primera edición en alemán, de 1957.

[2] Obra recién mencionada, pág. 12.

[4] Lo que lo que queda aún más claro en la edición en castellano: La sociedad abierta y sus enemigos, pág. 15.

[6] Infancia es una palabra que usa la traducción en castellano. En alemán, dice que se halla en los zapatos de un niño.

[7] Invito a leer mi relato ficcional y distópico Ateísmo y antisemitismo

[8] Así conversamos con mis amigas: ¡Sácate la burka!

[10] Invito a leer mi columna Y si pasa algo…

La crítica y el progreso en “La sociedad abierta” de Karl Popper

Crítica

Hace unos días, vi una conferencia en que un intelectual judío alemán de izquierda, le dice a otro intelectual igualmente judío-alemán pero conservador[1]: “antes yo estaba contra el sistema y ahora, me veo defendiéndolo”. Sí, tal vez es lo que nos pasa a muchos no conformistas, a personas de espíritu crítico y que lo cuestionábamos todo. Y seguimos cuestionándolo. Pero hoy, parece que hoy -obligados por las circunstancias, defendemos más de lo que criticamos. Rebus sic stantibus, podríamos argumentar…

Como -hace ya muchas décadas- nos hizo ver Karl Popper “hay una diferencia esencial entre la crítica en una sociedad democrática y la critica totalitaria a la sociedad democrática”[2]. O sea, hay que distinguir… distinguir entre los tipos de crítica. Lo que vemos ahora, en nuestro día a día europeo, es una crítica autoritaria a la sociedad liberal. Frente  a esa crítica, que consideramos injusta[3] y sumamente peligrosa, muchos de nosotros, nos vemos en la necesidad de defenderla.

Es cierto que los enemigos de la democracia no son muchos (entre 10 a 15% dependiendo del país); pero, como dice Ovidio, “combate la enfermedad desde un comienzo, no prepares la medicina cuando el mal se ha hecho ya muy fuerte, debido a tu vacilación”[4].

El filósofo liberal continúa: “la crítica de Sócrates era democrática; de hecho, era una crítica del tipo que es necesaria para la supervivencia de la democracia”. Que una crítica sea necesaria para la supervicencia del sistema es algo que soprenderá a algunos. Como me comenta un amigo: la crítica es el motor del progreso. Sin este enfrentarse y pensar críticamente sobre algo, no avanzamos.

Si estamos siempre conformes con lo que tenemos, nunca podremos superarnos, ni llegar más lejos. Permaneceremos siempre en el mismo lugar. No vamos a poder crecer como personas, ni como sociedad, ni mejoraremos el sistema. No progresaremos, no seremos mejores. Es un poco aquello que la sabiduría popular ha acuñado en la frase: “el que no avanza, retrocece”, que no es una frase ni de Lenin, ni de Marx, sino que nada menos que de San Agustín[5].

Que, en una democracia, la oposición es imprescindible, es algo que igualmente se puede derivar -a contrariu sensu- de la premisa de Popper según la cual, los “demócratas que no distinguen entre una crítica amigable y una crítica enemiga de la democracia, están prisioneros del espíritu totalitario”[6]. Yo diría que son pseudo demócratas.

Un verdadero demócrata, una verdadera demócrata, no sólo acepta la crítica y la oposición, como un mal necesario, sino que la promueve, la favorece, la defiende como una institución necesaria, buena e imprescindible. El sistema democrático de gobierno requiere una oposición que hace posible la alternancia en el poder., ya que “la alternancia en el poder es, pues, condición sine qua non de la democracia”[7]. Como se repite tantas veces, para Popper, es la alternancia en el poder llevada a cabo en forma pacífica -o sin derramamiento de sangre- lo que distingue  un sistema democrático de uno que no lo es.  

La oposición tiene que ser, eso sí, responsable, en lo posible constructiva y no destructiva. Capaz y dispuesta a llegar a acuerdos. El adversario político tiene que ser eso, un rival y nunca un enemigo[8]. Algunas veces, estaremos de acuerdo; otras veces, no. Pero nunca se puede perder el respeto por el oponente.

En general, la crítica no va dirigida sólo “al sistema” como tal, sino también, a los partidarios de diversas tendencias políticas dentro de la sociedad plural  y abierta. La crítica es -por así decirlo- intrasistemática, se halla dentro del sistema y no pretende destruirlo. Por lo tanto, la crítica tiene que ser, no sólo tolerada como un mal menor, sino que la podemos tranquilamente fomentarla; promocionar, alabar, elogiar a quienes la hacen, ya por el solo hecho de hacerla, aunque no estemos de acuerdo con ellos.

En otras palabras, es bueno que no estemos todos de acuerdo y que discutamos. El mismo común denominador: el sistema o rayado de la cancha y muchos numeradores diversos al otro lado de la línea divisoria. Esto es lo sano y debería ser lo normal. Ver el mismo objeto desde distintos puntos de vista es enriquecedor: de un lado se le ve cócavo y, desde el otro convexo[9]. De un lado, es un seis, del otro, es un nueve.  “Estamos divididos en el color; pero unidos en lo fundamental”[10].

En esta misma línea, lo que no podemos admitir es la crítica de los intolerantes, de aquellos que quieren destruir, que están en contra del sistema democrático liberal de gobierno. Ello, porque “en nombre de la tolerancia, tenemos que reservarnos el derecho a no tolerar la intolerancia”[11]. Ojo que Popper no dice que no podemos tolerar a los intolerantes, como se traduce muchas veces erróneamente en castellano[12], sino a la intolerancia. A las personas, siempre las tenemos que aceptar. Su maldad, no[13].

No podemos caer en el error de los intolerantes: “Un régimen totalitario naturalmente nunca puede ver cualquier crítica como amigable, ya que cualquier crítica de la autoridad coloca el principio de autoridad en tela de juicio”[14]. Y creo que no es necesario trasportarse idealmente a un régimen totalitario, hay demasiadas personas con mentalidad totalitaria o autoritaria[15].

Los autoritarios de hoy mucho tienen que ver con las personas con mentalidad servil que existieron en el pasado. Sí, aunque ellos hablen, sin parar, de libertad y pretendan levantarse contra supuestas elites que consideran opresoras y a las que, generalmente, ellos mismos pertenecen o han salido de ellas. Lo que temen realmente es perder sus privilegios, su posición excepcional dentro de la sociedad.

Progreso

Popper nos explica que tanto Platón, como los historicistas (Historizisten) creían en la existencia de una ley del destino (Schicksalgesetz) cuya vigencia y rigor no se pueden detener. Según esta ley, a medida que pasa el tiempo, las sociedades decaen, declinan y se desmoronan. Es la ley de la decadencia histórica[16]: el tiempo trae consigo inexorablemente “los males del cambio y de la decadencia”[17]. Le degeneración racial lleva a la decadencia de las costumbres y de ahí a la declinación del estado como tal, hay sólo un paso[18].

El cambio se ve siempre como un mal y como una señal de decadencia. Cualquier semejanza con la realidad actual es pura coincidencia[19]. Platón sostiene que la ley de la declinación, del decaímiento es muy difícil de parar, ya que es una “ley del destino”[20]. Me pregunto cuánto de esto hay en la tendencia actual que denominamos pesimismo cultural [21] [22].

Sin embargo y contradiciendo al historicismo estricto, “Platón es de la opinión que nos es posible romper la ley de hierro del destino y evitar así la decadencia”[23]. En otras palabras, la ley de hierro del destino, según la cual, las sociedades humanas se acercan cada vez más -a medida que pasa el tiempo- a su ruina y que los historicistas reconocen como un proceso inevitable y fatal, puede ser rota, quebrada, detenida… Puede ser detenido el proceso que no sería pues totalmente irrevocable. Platón da una esperanza y ofrece un programa:

El filósofo griego explica que nuestro mundo en movimiento no es ni siquiera real, sino que es una copia de un mundo anterior, perfecto e inamovible que no podemos ver[24]. (Recordemos el mito de la caverna). Si el estado perfecto es el antiguo, el pre-existente, todos los estados -o sistemas políticos- que le sucedieron, son degenerados o, al menos imperfectos[25]. Es más, este estado es real, y no fantástico, ya que, debido a su estabilidad, es de una realidad superior, ya que no está sometido al cambio de la realidad social que es efímera[26].

Debemos detener todo cambio, ya que todo movimiento es malo. Por el contrario, la tranquilidad, el sosiego, el reposo o como se lo quiera llamar, es divino[27]. Para Platón, todo lo que promueva inamovilidad y acreciente el poder del estado, es derecho, es justicia. Popper llama a esto una barbarie, una barbaridad[28].

El ideal platónico es un estado perfecto que no conoce el cambio. Es perfecto precisamente porque no cambia, por eso es el estado ideal que propone fundar[29]. Sostiene que la ley del cambio y la decadencia se puede detener si se evita toda variación, reforma, modificación. Su idea es que el estado permanezca para siempre igual. Que sea un estado petrificado[30] en una edad de oro[31], en una arcadia (utopía romántica e idílica), que durará mil años[32]. Esto de los mil años me parece peligrosamente conocido…[33] 

Para Platón, la perfeccción se encuentra en la falta de movimiento. Las cosas que cambian son imperfectas. Sólo las inamovibles, las inmóviles, las inmutables son perfectas[34]. Pienso que, muy por el contrario, es más que obvio que, si todo tiene que seguir igual, no puede haber avance, ni progreso. Sin movimiento, sin cambio, no hay mejora, desarrollo, ni auge, tampoco ascenso, sólo estagnación, sino retroceso. Ya lo decía San Agustín[35] y lo que el santo africano sostenía respecto a la vida espiritual, se aplica también a la vida social y política, para qué hablar de la económica.

Sí, siempre ha habido personas que se aferran al pasado e ideas como las platónicas les sirven de excusa para justificar su resistencia al normal devenir del tiempo. Gente que ve en todo cambio, algo peligroso, que no ve las oportunidades, sino sólo el mal y pone avisos de “peligro” en todas partes. No distinguen, no disciernen. Temen todo cambio y luchan por mantenerlo todo como está, aduciendo erróneamente, que el mundo debería ser presidido por una especie de ley inmutable[36], por un orden pre-establecido que ellos conocerían. Serían una especie de demiurgos que nos indican lo que tenemos que hacer o no hacer. Permanecen anclados en el pretérito, sin entender el devenir de la historia, ni aceptar, ni reconocer progreso alguno.

Si todo está gobernado por una ley inamovible, entonces, el progreso no sólo está demás, sino que contradice la norma suprema de la inamovilidad. Esto, que parece absurdo es la base de teorías ultraconservadoras, reaccionarias, autoritarias actuales, que no sólo quieren mantener las cosas como están, sino que intentan volver al pasado o hacernos great again, con acento en el again[37].  

Me parece que quienes piensan así, por lo menos carecen en absoluto del don de discernimiento, puesto que no todo cambio es bueno, ni tampoco todo cambio es malo, hay que saber distinguir. Esta capacidad de discernirnimiento es -por otra parte- la quintaesencia del pensamiento conservador, que se diferencia esencialmente de las ideas autoritarias, tradicionalistas, totalitarias o ultraconservadoras a las que nos enfrentamos hoy[38].

Nada tiene que ver con un sano conservadurismo de raíz liberal-conservadora[39], sino que más parece una expresión romántica de una ética tribal[40]. Recordemos que -para Popper- lo contrario de la sociedad abierta, su antónimo es la sociedad tribal[41] (Stammesgesellschaft), basada en los ancestros, en la familia, o más que en la familia, en la tribu, de ahí su nombre. Tal distinción cobra hoy una gran relevancia en Europa, donde grupos autoritarios -una minoría muy bulliciosa- rechaza a quienes desean o se ven obligados -como refugiados de guerra- a integrarse a la sociedad europea[42]. Por tal razón, se ha vuelto a hablar de la sociedad abierta y a releer la obra de Popper.  

Hace dos años encontré el libro de Popper, “La sociedad abierta”, en un anticuario de Celle (en Niedersachsen) por un precio módico. Le he leído, releído y hecho leer, siempre con mucho provecho. Lo recomiendo 🙂


[1] Si mal no recuerdo, los intelectuales eran Micha Brumlik y Michael Wolffsohn; pero como no encuentro la cita, prefiero no escribir sus nombres en el texto de este artículo, ya que puede ser que me equivoque.

[2] “Aber es gibt einen grundlegenden Unterschied zwischen einer demokratischen und einer totalitären Kritik an der Demokratie”, pág. 254. En adelante, las citas de Karl R. Popper son de su libro Die offene Gesellschaft und ihre Feinde. Francke Verlag München, 4a. edición, 1975.

[3] Vienen a mi memoria las palabras de Chesterton en 1932: “en este momento la democracia esta siendo atacada y, lo que es más, atacada injustamente”. En Democracia y Capitalismo G. K. CHESTERTON No sin razón, muchos sostienen que vivimos una especie de deja vu, en que regresamos a la década de 1930. Los defensores del autoritarismo actual recurren a los autores de esa época, en quienes se inspiran. Lo que no deja de ser terriblemente significativo.

[4] Principiis obsta. Sero medicina parata, cum mala per longas convaluere moras.

[5] “Avanzad, hermanos míos; examinaos continuamente sin engañaros, sin adularos ni pasaros la mano. Nadie hay contigo en tu interior ante el que te avergüences o te jactes. Allí hay alguien, pero uno al que le agrada la humildad; sea él quien te ponga a prueba. Ponte a prueba también tú mismo. Desagrádete siempre lo que eres si quieres llegar a lo que aún no eres, pues donde hallaste complacencia en ti, allí te quedaste. Mas si has dicho: «Es suficiente», también pereciste. Añade siempre algo, camina continuamente, avanza sin parar; no te pares en el camino, no retrocedas, no te desvíes. Quien no avanza, queda parado; quien vuelve a las cosas de las que se había alejado, retrocede; quien apostata, se desvía. Mejor va un cojo por el camino que un corredor fuera de él. Vueltos al Señor”. Del SERMÓN 169 Traductor: Pío de Luis, OSA

[6] “Demokraten, die nicht den Unterschied zwischen einer freundschaftlichen und einer feindseligen Kritik der Demokratie sehen, sind selbst in totalitärem Geiste befangen”, pág 254.

[10] Cfr. Europa endlich mal lieb haben “In Berlin sagt Silvan Wagenknecht: Wir sind vielleicht in der Farbe getrennt, aber in der Sache vereint”. #pulseofeurope

[11] “Im Namen der Toleranz sollten wir uns das Recht vorbehalten, die Intoleranz nicht zu tolerieren”.

[12] En inglés se refiere a las personas y no a la intolerancia: “We should therefore claim, in the name of tolerance, the right not to tolerate the intolerant”. 

[13] El liberalismo de Popper es liberalismo y, de ninguna manera es esa caricatura intolerante y totalitaria de los libertarios que han surgido en algunos países. Me refiero grupos que se hacen pasar por liberales, en circunstancias que son reaccionarios misatrópicos. La dignidad de la persona está en el centro del liberalismo.

[14] “Ein totalitäres Regime kann natürlich überhaupt keine Kritik als freundschaftlich ansehen, denn jede Kritik einer Autorität muß das Autoritätsprinzip selbst in Frage stellen”, pág. 254.

[16] “Gesetz des historischen Verfalls”, pág. 46.

[17] “Übel der Veränderung und des Verfalls”, pág. 46.

[18] Cfr. pág. 46.

[19] “Any resemblance to reality is pure coincidence”, como se dice en las películas 😉

[20] Schicksalgesetz, pág. 47.

[21] “Cultural pessimism arises with the conviction that the culture of a nation, a civilization, or humanity itself is in a process of irreversible decline”, en Wikipedia 

[22] El pesimismo cultural, es una inclinación, una postura o creencia que observo, sin excepción y abundantemente, en los grupos autoritarios actuales. E incluso entre grupúsculos cristianos ultraconservadores, pese a que el pesimismo cultural es lo más contrario al cristianismo que pueda existir. Este convencimiento de que estamos en un proceso irreversible de decadencia.

[23] “Platon war der Ansicht, daß es uns möglich sei, das eherne Schcksalsgesetz zu durchbrechen und den Verfall durch das Anhalten aller Veränderung zu verhindern; dies zeigt, daß seinen historischen Neigungen wohlbestimmte Grenzen gesetz waren”. Pág. 47.

[24] Pág. 124.

[25] “Der vollkommene Staat ist sozusagen der erste Vorfahren, der Ahnherr der späteren Staaten, die gleichsam die degenerierten Nachkommen dieses vollkommenen oder besten oder “idealen’ Staaten darstellen”, pág. 51.

[26] “eines idealen Staates, der nicht bloße Phantasie, noch ein Traum, noch eine ‘Vorstellung in unserem Geiste’ ist, sondern dem angesichts seiner Stabilität höhere Wirklichkeit zukommt als jenen verfallenden, dem Wechsel unterworfenen Gesellschaftsordnungen, die in jedem Augenblick vergehen kännen”, pág. 52.

[27] “Bewegung ist übel, Ruhe göttlich”, pág. 126.

[28] La palabra Barbarei es en alemán mucho más fuerte y significativa que la “barbaridad” en castellano. Pág. 151.

[29] “die Gründung eines Staates zu verwirklichen,der nicht verfällt”, der sich nicht verändert, und der eben deshalb von den Übeln aller anderen Staaten frei ist. Der von den Übeln der Veränderung und des Verfalls freie Staat ist der beste und vollkommenste Staat. Er ist der Staat des goldenen Zeitlaters, das keine Bewegung kannte”. Pág. 46.

[30] “Er ist der zum Stillstand gebrachte, der versteinerte Staat”, pág. 46.

[31] “der Staat des goldenen Zeitalters”, pág. 46.

[32] “Die Prophezeihung der Wiederkehr des Goldenen Zeitalters, eines neuen tausendjähriges Reiches, die wir im ‘Staatsman’ finden”, pág. 46.

[33] Hitler anució oficialmente, el 1° de septiembre de 1933 que el estado que él dirigía, el llamado „Drittes Reich“ (tercer Reino) duraría mil años. Wippermann, Benz y otros, citados en Wikipedia

[34] Pág. 47.

[35] Ver nota 5.

[36] Cfr. pág. 38. O 28 en el ejemplar en GoogleBooks en castellano. “Oft scheint es, als versuchten sie sich über den Verlust einer stabilen Welt zu trösten, indem sie an der Annahme eines unverämderlichen Gesetzes festhalten, das die Veränderung beherrscht”.

[38] En realidad, más conservadores moderados debería levantar su voz frente a la derecha (europea) autoritaria y que intenta imjustamente apropiarse del término conservador. Un buen intento de hacerles frente en: “Die Rechten dürfen sich den Konservativismus nicht aneignen”, en Das Konservative muss vor den Rechten geschützt werden (Lo consevador tiene que ser defendido de la derecha).

[39] Invito a leer mi columna Los conservadores de hoy, enemigos de la sociedad abierta Donde escribo conservador, léase autoritario, en el sentido en que lo describí en  Liberales y autoritarios en vez de izquierda y derecha

[40] Popper habla de una “romantische Stammesethik”. Pág. 42.

[41] Cfr. pág 15 en GoogleBooks en castellano.

[42] “quien siente miedo frente al cambio -que actualmente se expresa, sobre todo, en el pluralismo y en la apertura de nuestra sociedad- se encuentra en peligro permanente de ser paralizado por ese miedo (…) En el caso de los conservadores, este ideal positivo se encuentra en el pasado, al menos en el pasado como ellos se lo imaginan. Con su mirada nostálgica y melancólica, dirigida hacia una supuesta edad de oro es lo que reemplaza la esperanza de un mejoramiento de la sociedad”. Ideas del autor liberal Clemens Schneider, en mi columna Los conservadores de hoy, enemigos de la sociedad abierta 

 

Liberales y autoritarios en vez de izquierda y derecha

Ideólogos de las más diversas tendencias no se han dado aún cuenta de que la diferencia ya no es más entre derecha e izquierda, sino entre liberalismo y autoritarismo[1], Sabine Adler.

No es que la diferencia entre derecha e izquierda haya perdido todo su sentido. No. Pero, a nivel mundial, tiene ahora otro. No se puede comparar lo que llamamos derecha, por ej., en Chile, con lo que se llama derecha en el Norte de Europa.

Después del término de la Guerra fría, la derecha tiene que ser conceptualizada de otra forma, al menos en el primer mundo y en Rusia. Lo que antes llamábamos derecha -la alianza entre conservadores y liberales que hacían frente al mundo totalitario del comunismo- ya no existe.

Para nosotros en Latinoamérica, la “derecha” sigue siendo una alianza entre liberales y conservadores. En Europa, esa unión dejó de existir o se encuentra reducida a su mínima expresión[2]. En Europa, Merkel es la mejor encarnación del mundo conservador. O si prefieren, liberal-conservador del estilo que líderes como Reagan y Thatcher representaron alguna vez.

Pero Merkel -la líder del mundo libre según Politico[3]– es duramente criticada por los conservadores de la antigua escuela, anteriores a la caída del Muro de Berlín, como izquierdista, partidaria del multiculturalismo -que ella misma ha criticado-, socialista y un gran etcétera de calificaciones, todas negativas.

Un sector conservador, pequeño pero influyente -debido a su prestigio social, a sus recursos económicos o a su tradición cristiana, se ha aliado a grupos extremos que ya no podrían calificarse de conservadores, sino más bien como de populistas de derecha o de extrema derecha nacionalista. Tal grupo anatemiza a todos los demás, como izquierdistas, como hombres buenos (para ellos es una ofensa), como liberales de izquierda o simplemente como liberales.

Los parámetros han cambiado y lo han hecho en forma radical. Es por ello que muchos de nosotros, aún cuando mantenemos los mismos principios que hace veinte años, se nos tilda en Europa y otras latitudes, de izquiedistas, incluso de comunistas (esto último, especialmente de parte de españoles que consideran que ser “de derechas” es poco menos o poco más, que ser fascista y postear fotos de Mussolini en Facebook, su medio de expresión preferido).

Hace poco, critiqué la desigualdad del acceso a la educación en Chile, por lo que fui -a mi vez- criticada, como si una especie de darwinismo social fuera lo propio del pensamiento liberal conservador. Lo propio del pensamiento liberal-conservador que yo conocí, es precisamente la igualdad de oportunidades. El que el talento y las virtudes te permitan surgir, triunfar. Las virtudes, el esfuerzo y la constancia y no la cuenta bancaria de tus papás. Es lo que se llama la meritocracia.

Volviendo al tema inicial, izquierda y derecha, esos términos que poco dicen a nivel mundial, sí nos pueden aclarar mucho, a nivel local, ya que son una apropiada orientación dentro de la política local, nacional o regional. Pero es sumamente difícil aplicarlos sin más, a la hora de comparar países o continentes.

Asistimos hoy a espectáculos tan curiosos -por llamarlos de alguna forma suave- como que un ex-comunista soviético y ex-oficial de (des)información de la KGB -encargado de la represión de disidentes- sea el mejor padrino del movimiento de extrema derecha en Europa Oriental. Su patrocinio se implementa en tres niveles: dinero, medios y plataforma cultural pseudo religiosa.

A nivel europeo, encontramos a partidos como Syriza, el Partido socialista de Grecia, populista de izquierda, e integrado por grupúsculos comunistas, ecosocialistas, maoístas e incluso trotzkistas que, en cabezado por Alexis Tsipras, se halla en el gobierno en una extraña alianza con la extrema derecha nacional denominada ANEL, cuyo líder -y ministro de defensa griego- es su vez, aprendiz del ideólogo del Kremlin, Alexander Dugin.

Navid Kermani comenta que el slogan “Primero España” se ha convertido en una consigna de la izquierdista Podemos[4]. Kermani nos dice con razón que la izquierda, que siempre había sido pro-Europea y trans-nacional, parece haber dejado de serlo y que muchos izquierdistas pretenden refugiarse tras las fronteras nacionales, en el nacionalismo. A mi modo de ver, la unión entre socialismo y nacionalismo ha sido siempre deletérea.

Sin ir más lejos, en Alemania, la AfD se nutre de electorado de izquierda y de extrema izquierda. Y una de las líderes del Partido de izquierda -la más importante- sostiene posiciones de extrema derecha frente a los refugiados y a la inmigración, e incluso ha alabado a Trump en el Bundestag… Esto ha llevado a que el líder de la AfD, Alexander Gauland, la invite a dejar el Partido de Izquierda y a pasar a integrar su partido de extrema derecha.

En Alemania, en las Protestas de los días lunes (Montagsdemo) se unen tanto la extrema derecha populista como la extrema izquierda. E igualmente, grupos populistas de ambos extremos, que hacen de diferentes teorías conspiranoicas, una verdadera religión. Es una alianza demencial.

En su discurso ante la Cámara de los Comunes, frente a los atentados terroristas[5] de la semana pasada, la conservadora Theresa May sostiene con admirable firmeza we are not afraid y explica cuáles son los valores democráticos: libertad, libertad de expresión, derechos humanos y estado de derecho[6]. Sí, esos son los valores fundamentales de una sociedad democrática.

Cuando Trump fue elegido Presidente (pese a tener dos millones de votos menos que Clinton), la conservadora Merkel, en una declaración pública, habló de los valores comunes a Occidente, estos son: 1) democracia 2) libertad 3) respeto al derecho (estado de derecho, rule of law, primacía de la ley) 4) respeto a la dignidad de la persona, independiente de su origen, del color de la piel, de su religión, sexo, orientación sexual o lo que piense en política.

Sobre la base, y sólo sobre la base de estos valores, Merkel ofrece al nuevo presidente norteamerciano su colaboración para hacer frente a los grandes desafíos de nuestra época y enumera: 1) la aspiración al bienestar económico y social 2) la política climática, esto es, de protección del clima, están contra el cambio climático 3) la lucha contra el terrorismo, pobreza, hambre y enfermedad 4) el empeño por la paz y la libertad en todo el mundo[7].

Las de May y las de Merkel son las coordenadas en que nos movemos hoy los partidarios de la democracia y de la libertad en el mundo. Quienes defendemos el sistema político y social libre y pluralista, con respeto a los derechos fundamentales y a la dignidad humana. Habría que agregar la alternancia en el poder, piedra fundamental, cimiento del sistema democrático de gobierno.

Quienes adheremos irrestrictamente al mundo libre somos además, más felices, porque podemos interactuar con todo el mundo, sin tantas “trancas” como las que obligan a los partidarios del autoritarismo a indagar primero qué piensa la otra persona para saber si puede o no acercarse a ella. Lamentablemente, el lema de Carl Schmitt sobre los amigos y los enemigos se ha colado hasta en las más elementales relaciones interpersonales[8].

Si postulamos y defendemos nuestro sistema democrático y pluralista de gobierno, con alternancia en el poder y garantía para los derechos fundamentales, sabemos que podemos criticar el sistema. Como hace ver Popper, la critica tiene que ser democrática, ya que “hay una diferencia esencial entre la crítica en una sociedad democrática y la critica totalitaria a la sociedad democrática”[9].

Continúa Popper: “Un régimen totalitario naturalmente nunca puede ver cualquier crítica como amable, ya que cualquier crítica de la autoridad coloca el principio de autoridad en tela de juicio”[10]. Ya, la autoridad… de ahí la denominación autoritarismo. (Un intento de crítica en un sistema totalitario es imposible o trae consecuencias desastrosas a quien la realice, quien no lo crea, pregunte a Navalny y a todos los rusos arrestados ayer por protestar frente al gobierno de Putin).

El filósofo liberal explica: que “la crítica de Sócrates era democrática; de hecho, era una crítica del tipo que es necesaria para la supervivencia de la democracia”[11]. No sé qué piensen ustedes; pero yo estoy convencida que la crítica es el motor del progreso. Y que, en la democracia, la oposición es imprescindible.

Quiero ir un poco más allá y poner de manifiesto que la crítica no va dirigida sólo “al sistema” como tal, sino también, a los partidarios de diversas tendencias políticas dentro de la sociedad pluralista, abierta y variopinta. En una sociedad cerrada, esto es autoritaria, ello no es posible y toda crítica es rechazada con mal humor. O simplemente, se la califica como calumna o difamación, como hacen muchos autoritarios hoy en día. Quienes adhieren al totalitarismo, ven toda crítica o incluso sólo una simple interrogante o cuestionamiento como un terrible vilipendio o una gran ofensa.

Sí, los postulados de Merkel y de May son nuestras coordenadas. Pero estamos abiert@s a más. Tal vez, una de las mayores exigencias de nuestro tiempo, sea, por ej., lograr la igualdad entre hombres y mujeres, tan desprestigiada por los partidarios del autoritarismo[12], como si no fuera una expresión de la igualdad de todos los seres humanos.

Sí, nos abrimos como un abanico, independientemente de si antes, éramos de derecha o de izquierda. La guerra fría ya pasó[13] y con ella, las cartas se han vuelto a mezclar.


[1] “Ideologen unterschiedlicher Couleur haben immer noch nicht erkannt, dass die Gräben längst nicht mehr zwischen Links und Rechts verlaufen, sondern zwischen Liberalen und Autokratie-Anhängern”, Bundestagswahl 2017 Angst vor Fake News, Lügen und Verleumdungen (Elección de Parlamento de 2017. Miedo a las fake news, a las mentiras y a la calumnia).

[2] Invito a leer el artículo de Karen Horn „Ich halte derlei Flirts für einen üblen Fehler“ (Considero que este tipo de flirts son un error muy grande), citado abundantemente en mi columna Los conservadores de hoy, enemigos de la sociedad abierta, que invito a releer.

[4] “Denken Sie an die Linkenbewegung dort, in Spanien etwa, wo Podemos mit dem Slogan auch auftritt “Spanien zuerst”, en: Navid Kermani “Europa blockiert sich selbst”

[5] El terrorismo es totalmente contrario a la sociedad libre y democrática y lo más parecido al autoritarismo.

[6] “Mr Speaker, yesterday an act of terrorism tried to silence our democracy. But today we meet as normal – as generations have done before us, and as future generations will continue to do – to deliver a simple message: we are not afraid. And our resolve will never waiver in the face of terrorism. And we meet here, in the oldest of all Parliaments, because we know that democracy – and the values it entails – will always prevail.

“Those values – free speech, liberty, human rights and the rule of law – are embodied here in this place, but they are shared by free people around the world. A terrorist came to the place where people of all nationalities and cultures gather to celebrate what it means to be free. And he took out his rage indiscriminately against innocent men, women and children”.

[7] Ver mi artículo de noviembre pasado Merkel frente a Trump: el rayado de la cancha 

[8] Sí, me parece que esta mentalidad del amigo-enemigo, que se extiende en toda la obra schmittiana , ha sido deletérea y ha traído y sigue trayendo, grandes males a las relaciones internacionales, a la política interna de un país o de una región del mundo. De más está decir que una persona adherente del mundo libre, de lo que Sabine Adler llama el liberalismo que hace frente al autoritarismo, jamás podría ser fan de Schmitt. Este para mí, es un criterio de diferenciación esencial. Invito a leer mi columna El nuevo orden según Carl Schmitt

[9] “Aber es gibt einen grundlegenden Unterschied zwischen einer demokratischen und einer totalitären Kritik an der Demokratie”, pág. 254.

[10] “Ein totalitäres Regime kann natürlich überhaupt keine Kritik als freundschaftlich ansehen, denn jede Kritik einer Autorität muß das Autoritätsprinzip selbst in Frage stellen”, pág. 254.

[11] “Die Kritik des Sokrates war demokratisch; in der Tat, sie war eine Kritik von jener Art, die notwendig ist für den Weiterbestand der Demokratie”, pág. 254.

[12] Esta semana, uno de ellos (uno más o menos importante), me mandó a la cocina, a cocinar, en vez de estar debatiendo con él en Twitter. E incluso me llamó (sin saber nada de mí, sólo por mi condición de mujer) una mamá frustrada

[13] Aunque, a algunos les gustaría revivirla: La nueva guerra fría

Los derechos humanos frente al etnopluralismo

El etnopluralismo niega la validez universal de los derechos humanos fundamentales[1]. Reconocer y garantizar los derechos humanos sería algo que el estado nacional sólo puede garantizar a sus propios ciudadanos, a sus propios nacionales y no a los extranjeros. El derecho no sería  más que una creación cultural y, como tal, parte de una determinada cultura.

Los extranjeros provienen de otras culturas que tienen su propio derecho. Este “derecho propio” es algo que un extranjero lleva siempre consigo cuando -por alguna razón y por un tiempo- se traslada a vivir a otro país. En consecuencia, el derecho -incluídos los derechos fundamentales- no serían igual para todos, sino que estarían sujetos al origen de la persona que determinaría su estatuto jurídico.

En el fondo, volvemos a una suerte de derecho estatutario. De un “estatuto personal” (del que escuché hablar en otro tiempo y en otro lugar[2] y que pensaba que ya estaba superado en y por la historia. Denominaría a sus propugnadorea historiadores diletantes, que poco y nada sabían de Derecho. Planteaban la existencia de un supuesto estatuto personal que acompañaría a la persona sujeto donde quiera que ésta se encontrara.

Armin Pfahl-Traughber[3] explica que, para los etnopluralistas, el concepto de pueblo no se entiende en sentido político, sino sólo en sentido étnico[4]. Racial diría yo… organicista, colectivista y profundamente anti-individualista y anti-liberal. El hombre sólo existiría como parte de un todo organíco. Estamos pues ante un nuevo organicismo. Colectivismo le llama Pfahl-Traughber, ya que el individuo valdría algo sólo en cuanto es parte del colectivo. Por tanto, es lógico que no es el hombre -o la mujer- sujeto de derechos, sino el pueblo al que pertenecen.

O, desde un punto de vista “más metafísico”: el pueblo es el único “sujeto de la historia y que lucha por su autodeterminación”[5]. Para el etnopluralismo, el pueblo es el sujeto de derechos y no la persona individual. Para ellos, no existe el individuo, sino sólo el pueblo, el pueblo en que él nació[6]. Para mí, una persona vale no porque pertenezca a un grupo, sino que vale en sí misma.

Sí, el etnopluralismo desprecia el individualismo. Con esto, me temo que gana muchos puntos en nuestra sociedad, siempre dispuesta a criticarlo; pero, en realidad, sumamente individualista. Peor aún: la persona humana pierde su valor en sí y los hombres tienen tan sólo el mérito que les da el ser miembros del grupo étnico[7]. Como dice Schopenhauer: “la especie más barata de orgullo es el orgullo nacional: de aquel al que faltan cualidades individuales de las que podría estar orgulloso; pero que se aferra a las supuestas cualidades de su nación”[8].

No sólo desprecia el individualismo, sino también rechaza la globalización y especialmente el -por ellos odiado- concepto de humanidad. la citada revista Kontrakultur (ver nota 6) nos explica que, a la humanidad global que sería algo abstracto. La realidad humana sólo existe realmente como parte de una identidad etnocultural, organizada en un pueblo organizado y únicamente puede ser percibida como parte de un colectivo étnico-cultural.

Uno de sus más admirados autores, Carl Schmitt (no entiendo que este autor de los años 20, ha sido y es tan popular en el mundo hispanoparlante) dice claramente que: “quien habla de humanidad, quiere engañar”[9] [10]. El autor de “El Führer protege el Derecho” sostenía la existencia de un pluriverso, esto es, de pueblos cuyos integrantes son relativamente homogéneos. Es lo que yo llamo la trampa de la homogeneidad. Postulaba Schmitt que es inherente a la democracia la existencia una población homogénea y el rechazo y explusión de lo heterogéneo.

Con esto, no se opone diametralmente al pensamiento liberal. Especialmente, a Popper quien postula la sociedad abierta que es lo contrario a la Stammesgesellschaft o sociedad tribal, de clan, raza, estirpe o como quieran llamarla (la traducción es difícil)[11]. En consecuencia, se niega a los miembros de “otras culturas”[12], los mismos derechos fundamentales que tienen los integrantes del propio pueblo.

(En esta línea, se recurre muy comúnmente al pseudo-argumento: los cristianos no pueden construir iglesias en Arabia Saudita, por lo tanto, los musulmanes tampoco las podrían construir mezquitas en “territorio cristiano”. Una de las características fundamentales de la llamada nueva derecha europea es la negación de la libertad religiosa. Es esta una argumentación tan burda que no creo que sea necesario ni siquiera refutarla).

Si pensamos que Schmitt se refiere a personas, a personas humanas, individuales y distintas entre sí, me parece que su discurso cosifica a la gente. Sí, poco queda del ser humano en una sociedad que lo ve simplemente como un componente más. O, más bien -tratándose del “heterogéneo”- como un no-componente que hay que expulsar. Estamos demasiado cerca del totalitarismo del siglo 20 o más bien, entramos de lleno en él.

Para Henning Eichberg[13] -considerado el fundador de la nueva nueva derecha alemana, en los años 1970- no existen los individuos, sino sólo hay alemanes, franceses o israelíes. No hay derechos individuales sino soolamente derechos de la colectividad. El etnopluralismo niega la universalidad de los derechos de la persona, los que no serían más que una construcción artificial de cada pueblo y, por tanto, no universal. Producto cultural, nada más. Sí, como cada pueblo es diferente a todos los otros, y se ha desarrollado de forma diversa a lo largo de la historia y en su propio hábitat o Lebensraum, el derecho no puede ser universal. De acuerdo al etnopluralismo, no puede hablarse de una universalidad de los derechos humanos.

En concreto, toda esta construcción ideológica se traduce en que la AfD[14], el movimiento identitario y los Pegida, exijan que a los refugiados no se les garantice el derecho a asilo político[15]. La CSU de Baviera no va tan lejos; pero con su exigencia de un “contingente” de refugiados cae exactamente en lo mismo. A la vez, que se grita de voz en cuello que los refugiados deben acatar y cumplir el derecho alemán…

Bueno, ¿en qué quedamos…? ¿Se aplica a los refugiados -o a los extranjeros en general- el derecho alemán? ¿Se les garantiza o no sus derechos como personas? ¿Deben cumplir los refugiados el derecho alemán? ¿Los alemanes, también? La respuesta es evidente. Si nos atenemos a lo que claramanente nos dice la Ley Fundamental[16], que garantiza el derecho a asilo a todos los perseguidos, sin distinción alguna, no hay la menor duda de cuál es la respuesta correcta. Un gran SÍ 🙂


[1] Ver mi columna de julio pasado sobre El etnocidio o la muerte del pueblo

[2] A ellos me referí en mi columna ¿En qué se parecen John Boehner y yo? cuando me refiero a los grupos del nacional catolicismo espanol tradicionalista, etc.

[3] Armin Pfahl-Traughber, sociólogo y politólogo alemán, especialista en el tema del extremismo y tendencias similares.

[5] Ver Zur Ideologie des “Ethnopluralismus”: Das Volk als Subjekt “Vielmehr begreift man im kollektivistischen Sinne das ‘Volk’ als Subjekt der Geschichte. Als Triebfeder der historischen Entwicklung gilt der Kampf der ‘Völker’ um ihre “Selbstbestimmung”.

[6] Ver la página Kontrakultur, de tendencia duginista (me refiero a Alexander Dugin, el denominado “ideólogo del Kremlin) pro-Putin Ethnopluralismus und die multipolare Welt: “Anders als eine diffuse Vorstellung von der Gleichheit aller Menschen ist nach ethnopluralistischer Auffassung der Mensch eben kein Wesen welches bindungslos und atomisiert in einer Welt des individualisierten „Nichts“ hineingeworfen wird, sondern immer nur im Zusammenhang mit seinen Bindungskräften betrachtet werden kann, die es aus seiner ethnokulturellen Zugehörigkeit speist.”

[7] Por eso mismo, vemos con demasiada frecuencia, a un montón de patanes que nunca han logrado nada por sí mismos; pero que, como parte del grupo, se sienten superiores a los demás.

[8] La traducción-resumen es mía. El original: “Die wohlfeilste Art des Stolzes hingegen ist der Nationalstolz. Denn er verrät in dem damit Behafteten den Mangel an individuellen Eigenschaften, auf die er stolz sein könnte, indem er sonst nicht zu dem greifen würde, was er mit so vielen Millionen teilt. Wer bedeutende persönliche Vorzüge besitzt, wird vielmehr die Fehler seiner eigenen Nation, da er sie beständig vor Augen hat, am deutlichsten erkennen. Aber jeder erbärmliche Tropf, der nichts in der Welt hat, darauf er stolz sein könnte, ergreift das letzte Mittel, auf die Nation, der er gerade angehört, stolz zu sein. Hieran erholt er sich und ist nun dankbarlich bereit, alle Fehler und Torheiten, die ihr eigen sind, mit Händen und Füßen zu verteidigen”. Hay una traducción en Wikiquote, pero no me parece buena. Mejor es el original alemán, que aparece muchas veces en internet, aquí, por ejemplo.

[9] “Wer Menschheit sagt, will betrügen”. Wikiquote

[10] Recuerdo que el Padre Osvaldo Lira sostenía jocosamente que “nadie ha visto a una señora gorda llamada Humanidad”.

[11] Uno de mis libros favoritos: Die offene Gesellschaft und ihre Feinde (1945). Tengo la edición de 1975.

[12] Como ya no se puede hablar de “razas”, los partidarios del etnopluralismo y de movimientos similares, recurren a la denominación de cultura que reemplaza y la de raza; pero viene a ser lo mismo. Sobre el término “raza”, los invito a leer mi columna Nos guste o no, en realidad todos somos africanos

[13] Sociólogo alemán al que me referí en mi artículo Un fantasma recorre Europa, el fantasma del etnopluralismo

[15] Sobre este tema, ver El universalismo y los refugiados

[16] §16a de la Ley Fundamental.