La lucha contra la corrupción es responsabilidad de todos

Esta semana, hemos conversado con amigos y amigas acerca del tema corrupción. Formulé la tesis -que en realidad no es mía- según la cual… Creo que tengo que comenzar esta columna semanal de otra manera: todo empezó cuando el primo de una amiga se quejaba de la corrupción de los políticos de su país, mientras él bajaba películas pirateadas de internet.

Es evidente que esto es , por lo menos, un caso de doble moral. Yo pensé en la famosa frase, según la cual, “cada país tiene los políticos que se merece”. En otras palabras, si una sociedad se comporta de esta manera, en la vida privada -por así decirlo- entonces, tampoco puede esperar que la “clase política”, que sale de esa misma sociedad, sea mejor, se comporte de otra manera.

De ninguma manera podemos caer en el “todos lo hacen”. Primero: no todos lo hacen. Segundo: aunque fuera así, no justifica nada; lo que está mal, está mal y es independiente del número de personas que lo hagan. Y tercero, de ninguna manera puede servir de excusa para no hacer nada y claudicar ante la lucha contra la corrupción.

Por otra parte, no desesperemos: hay que tener presente que una reducción de la corrupción eleva la sensibilidad acerca de su existencia. Sin embargo, siempre se puede más, diría yo; siempre se puede ser mejor.

En realidad, no me gusta hablar de corrupción, preferiría hablar de probidad , que es el antónimo de corrupción. Es significativo que el término probidad sea menos conocido que el de corrupción y que casi no lo usemos[1]. La probidad es la honradez, la honestidad, la integridad y rectitud de comportamiento[2]. Algo que debería estar presente tanto en la vida privada, como en la pública. ¿Dónde creen Uds. que los políticos aprenden las normas de comportamiento?

Es una cuestión de educación, de educación en los valores: en el valor de la justicia, del respeto a la propiedad privada y pública, material e intelectual, resperto a la persona, a la palabra empeñada. Desde los primeros años en la familia debería ser lo que aprendemos. Lo que nos enseñan. En el colegio, en la universidad[3]

Tamara Agnic publicó, a comienzos de este mes, una columna de opinión en el Diario Financiero, que me parece excelente y que expresa mi opinión sobre el tema, se titula Corrupción entre privados:

“Tampoco es posible entregar la responsabilidad de combatir la corrupción única y exclusivamente al Estado. Las malas prácticas no son un mal que únicamente atañe a las actuaciones de los agentes públicos. Se requiere, en consecuencia, acciones específicas y concretas por parte de toda la ciudadanía y, muy especialmente, por parte del sector empresarial para frenar la corrupción entre privados, la que a la larga puede ser más dañina para el funcionamiento del orden económico que aquella que se desarrolla en el ámbito del sector público. En efecto, estas atentan contra el buen funcionamiento de las reglas de mercado. Tenemos aquí un desafío como sociedad: cerrar el espacio de acción a la corrupción en todos los ámbitos”.

Sí, una economía social de mercado simplemente no funciona sin un alto nivel de probidad. Agnic continúa: “la corrupción entre privados resulta ser tremendamente dañina para la sana y correcta aplicación de las reglas del mercado (…) termina siendo un atentado a la libre competencia con resultados tan graves como la colusión, generando desconfianza en las relaciones comerciales y efectos indeseados en el sistema económico y en el funcionamiento de los mercados, acrecentando con ello la desconfianza generalizada en nuestro sistema”. Lamentablemente cierto.

Sería excelente que cada empresa tuviera una sección o departamento o, al menos un encargado de lo que hoy en día llamamos compliance[4]. Es por otra parte, lo que le sugerí a Carlos Larraín en mi carta de noviembre pasado “implementar un sistema de compliance en las empresas sería una respuesta más apropiada y con más futuro que defender lo indefendible”[5].

Les deseo a mis lectores, un buen y probo fin de semana.


[1] Cuando busco “probidad” en Google… Google me pregunta si me equivoqué y, en realidad, quería escribir “propiedad”.

[3] Un anti-ejemplo en esta carta aparecida en El Mercurio el día viernes 30 de Marzo de 2012: “El otro día, en la universidad, hacía cola en la cafetería. Como era el cambio de hora, había muchos alumnos. Tras varios minutos esperando mi turno, apareció otro profesor con un par de volúmenes de derecho procesal bajo el brazo. Dos alumnos que estaban delante mío lo saludaron afectuosamente, y el profesor respondió de igual manera. Tras conversar un rato, el profesor cogió un yogur de vainilla de la góndola del lado de la caja y un paquete de galletas. Y se los entregó a uno de esos alumnos, con un billete.

Quedé estupefacto. Llevaba 10 minutos esperando, y esta “lindura” de jurista se ahorraba la cola encomendando a sus propios “educandos” que le comprasen la merienda sin esperar turno.

Y pensé: “¿Esto es un profesor de derecho? ¿Este señor enseña de justicia y legalidad?”. Su gesto, sin duda, borraba de un plumazo cientos de sesudas horas de clase, pues enseñaba con su actuar uno de los peores males que estamos sufriendo: el abuso.

Reconozco que no me pude contener y le miré de mala forma. No le dije nada, pero creo que mis ojos bastaron. Pero él ni se inmutó. Y he ahí lo más grave, lector: ¡no se dio cuenta de lo que había hecho! Le pareció -a juzgar por su rostro- “natural y obvio”.

No nos quejemos después, cuando los alumnos salgan a la calle a pedir educación de calidad, que destrocen los bienes públicos, incendien micros y golpeen a carabineros. Ya han tenido, en las cafeterías, tremendos maestros del abuso. B. B. COOPER”.

Me faltan las palabras para comentar algo así.

[4] Es significativo que no haya artículo en Wikipedia en castellano sobre la voz compliance..

¡Distánciate!

Maryam Kamil Abdulsalam describe en el Huffington Post[1], su primera reacción después del último atentado de París. Dice que su primer pensamiento al escuchar lo ocurrido fue: “Por favor, que esta vez no sean, de nuevo, musulmanes”. Sin embargo, ella reconoce que este pensamiento es demasiado centrado en sí mismos (en los mismos musulmanes) y carente de empatía. Pienso que muchas veces nuestros primeros pensamientos son así.

La estudiante de derecho de Bonn describe su segunda reacción: distanciarse de inmediato. Con lo que, de alguna manera, culparía o acusaría a otros musulmanes, a quienes no se distancian explícitamente, de haber caído en un islamismo radical. Su tercer pensamiento es: quien se distancia, reconoce una cierta cercanía ideal a los autores del atentado.

Es como la historia del burro y el matrimonio, da lo mismo lo que hagas, siempre estará mal hecho.

A toda la gente que dice que los musulmanes tienen que “distanciarse” de los atentados, les puedo decir que me parece evidente que no puedo pedirle a mi vecina turca (una señora ya mayor, ni a su marido, ambos muy respetables), ni a los parientes musulmanes de las víctimas musulmanas de atentados terroristas en Nigeria, Afganistán, Paquistán, etc., ni al camarero musulmán que salvó la vida de dos mujeres en el bar Carillon durante los atentados de París, ni al policía francés musulmán que arriesgó su vida para que los terroristas no ingresaran al estadio, etc., etc., etc. que se distancien y condenen los actos terroristas. Ellos, con su vida y sus acciones, no tienen relación alguna con el terrorismo. Ni con el islámico, ni con el secular. Pedirles un distanciamiento sería realmente una ofensa, como dice di Lorenzo[2].

Mi amiga Liane Bednarz, escribió un artículo en el blog de Alan Posener, en que pide a los musulmanes honrados/honestos/razonables que levanten su voz ante los atentados de París[3]. Liane reconoce que este rechazo se ha expresado en el hashtag ‪#‎Notinmyname[4]‬. Ella deja muy claro que los musulmanes que no se distancian, no se hacen, en absoluto culpables, ya que ellos no tienen relación alguna con el terror[5]. Pero pide que se distancien, como hace todo el resto de la sociedad alemana. A mi modo de ver, la abogado de München tiene razón[6].

Cihan Süğür, presidente de los estudiantes turco-alemanes, también en el Huffington Post, dice que él no ve la razón para distanciarse[7]. Sostiene que el distanciamiento es veneno para la sociedad, que supone una culpa colectiva y construye una amenaza que no existe. Süğür dice que “ningún cristiano se distanció de Anders Behring Breivik, cuando él, en Oslo, el 2011, mató a 77 jóvenes en nombre del cristianismo”[8].

Yo sí me distancié y lo condené una y otra vez en mi blog, como algo absolutamente no cristiano. Más bien, como anti-cristiano. Tengo 31 artículos con el tag Atentado de Oslo y Utøya[9]. Es evidente que Breivik, Gates of Vienna y su comparsa sí se las dan de muy cristianos y esa es para mí, razón suficiente para distanciarme completa y totalmente de ellos. Pienso que, en este caso, callar no es lo apropiado, callar es colaborar con el mal. Gran pecado de omisión.

En suma, quien quiera distanciarse -musulmán o no- de un atentado terrorista concreto, que lo haga. No se puede obligar a nadie a hacerlo; tampoco se lo puede impedir. No se puede asumir sin más que un no-distanciamiento implica estar de acuerdo. No obstante, me parece que no vale la pena hacer de este debate el debate central. Las víctimas del atentado, la lucha contra el terrorismo, eso es lo central.

Distinto es tener amigos o conocidos que están a favor del terror, del odio y de la violencia.  O cuyos ídolos lo están. En este caso, si yo no les digo nada, si me quedo calladita, para no hacerme problemas y sigo publicando fotos de gatos y de flores… cometo una omisión muy grande y peligrosa.

Ese no decir nada es cobardía y una muy grande. También tenemos que distanciarnos, por ej., de atentados a hogares de refugiados y de la verborrea xenófoba de tantos autores intelectuales de delitos racistas. Es lo que veo, día a día, que pasa en grupúsculos ultraconservadores. Paradojalmente – o no- los mismos grupitos que exigen un distanciamiento de parte de los musulmanes[10].

Es igualmente distinto lo que pasó en enero de este año, cuando alguno de nosotros pusimos #jesuicharlie o #jesuijuif en nuestros perfiles y fuimos criticados por estos mismos grupos que menciono. Decían que, como Charlie había publicado también caricaturas anti-cristianas, eran más o menos culpables de lo que les había pasado. Y por eso, ellos no estaban de acuerdo con nuestro #jesuicharlie. Algunos envolvían su rechazo al hashtag con una especie de defensa de la religión en general. Lo que no puede ser más cínico, ya que son ellos mismos, siempre los primeros en atacar al Islam. Esta posición es una bofetada a las víctimas de los atentados terroristas y es, de todo punto de vista, inaceptable.

Nuestros medios de comunicación[11] deberían -a mi modo de ver- darle mucho más tribuna, mucho más importancia a la condena de los atentados por parte del mundo musulmán. Lo que veo es que, cada vez que algún gremio musulmán condena el terrorismo, el antisemitismo u otra barbaridad, los diarios y revistas apenas le dan la hora. Y menos mal que tenemos internet, porque sin él sabríamos poco y nada acerca de estas declaraciones. Las noticias sensacionalistas parece que tienen más importancia: los sembradores del odio venden más que los sembradores de paz.

Las declaraciones de imames, de predicadores, de dirigentes, de profesores y profesoras universitarios (da lo mismo lo que Rhonheimer diga de ellos[12]) especialistas en Islam, de todo el mundo, de Occidente y de Oriente, del núcleo o de la periferia[13] son importantes y hay que leerlas, reproducirlas, compartirlas, difundirlas. Necesitamos mucho más empeño constante y permanente en combatir el terrorismo, la estupidez, la maldad y la ignorancia.

Me parece que es super necesario que las mismas familias musulmanas (y que sus vecinos y vecinas no musulmanes ayuden y no atornillen al revés con una segregación implícita o explícita) eduquen a sus hijos para que -como decían los hippies- hagan la paz y no la guerra[14]. Para que no se conviertan en otro Ebrahim B.

El libro de Ahmad Mansour, en que el psicólogo árabe se pregunta ¿Por qué tenemos que repensar nuestra lucha contra el extremismo religioso? ha sido ampliamente comentado este último tiempo en los medios de comunicación y puede ser una ayuda[15].

En estos días, circulaba un meme que dice lo siguiente[16]: Una parte de la sociedad exige un claro distanciamiento por parte de grupos de personas frente al terrorismo y a los actos de violencia. En consecuencia, quiero empezar yo:

Me distancio de los cobardes atentados terrorIstas contra los hogares de refugiados y de las amenazas contra las personas que están comprometidas con la ayuda a los refugiados[17]. Me distancio de los mensajes de odio (Hetzbotschaften) de los llamados “partidos populares” y de la radicalización de nuestra sociedad llevada a cabo por fuerzas de extrema derecha. Asimismo, me alejo de la tontería de quienes, preocupados por todo tipo de cosas, siguen ciegamente a estos movimientos”.


[1] Junge Muslimin in Deutschland: Ich habe Angst = Joven musulmana en Alemania: Tengo miedo  http://www.huffingtonpost.de/maryam-kamil-Abdulsalam/eigentlich-wollte-ich-schweigen_b_8597568.html

[2] Ver mi artículo #ParisAttacks Última nota a pie de página.

[4] El hashtag tiene una página propia http://www.isisnotinmyname.com/

[5] Sie machen sich natürlich nicht mitschuldig, wenn sie schweigen, denn sie haben mit dem Terror nichts zu tun.

[6] De alguna manera pienso en el #prayfortrust del que Maryam habla en su blog

[7] Terror: Ich bin Moslem – und distanziere mich nicht http://www.huffingtonpost.de/cihan-sueguer/paris-distanziere-nicht_b_8564728.html

[8] Niemand hat von Christen Distanzierung erwartet, als Anders Behring Breivik 2011 in Oslo 77 junge Menschen im Namen des Christentums ermordete.

[9] Ver nota 7 de mi artículo La prohibición de matar en el Islam

En una época, fui rodeada, verdaderamente sitiada por islamófobos espanoles. A la cabeza del grupo, el deletéro AMDG (ciudadano espanol entonces residente en Alemania). Carlos A., como se llama realmente, fue citado por Breivik, el terrorista de extrema derecha que se las da de caballero cruzado, en su panfleto (me niego a llamarlo pomposamente “manifiesto”) islamófobo y xenófobo, donde Carlos A. fue mencionado creo que cuatro o más veces por Breivik. 

[10] Desde el lado más de izquierda, algunos nos criticaban, ya que solidarizarse con Francia, sería algo así como no solidarizarse con el Líbano, que, en esos días, sufrió un atentado aún mayor. Nada está más lejos de la realidad: la solidaridad no es ni exclusiva, ni excluyente. Es obvio que Francia nos toca muy de cerca, ya que está a corta distancia de Rhenania y estamos emocionalmente muy cercanos a los franceses. Pero esto, de ninguna manera significa que no sentimos también con las víctimas del terrorismo en otras latitudes. El terrorismo es siempre altamente condenable.

A una amiga mía siria (no-musulmana), la criticaron los propios sirios, cuando ella pintó su perfil con los colores franceses, porque ya no le importaría Siria… Por qué no se pintaba la cara con los colores sirios, le preguntaron. Ella se defendió diciendo que solidarizarse con Francia evidentemente no significa no amar a su país (en guerra). Lo mismo se puede decir, mutatis mutandi de Ucrania (cuyos colores también he usado como perfil.

[11] Medios de comunicación que están muy lejos de ser la prensa de la mentira o la Lügenpresse o los medios del political correctness, a que se refieren por igual, extremistas de derecha, de la extrema izquierda, de la nueva derecha, ultraconservadores o populistas de ambos lados, pero especialmente los de derecha los llaman así.

[12] Rhonheimer habla, en el artículo del NZZ citado en un artículo anterior, de “profesores bien pagados en universidades europeas y americanas” (norteamericanas, diría yo). “Meist gutbezahlte Professoren an amerikanischen und europäischen Universitäten”.

[14] Decían “haz el amor y no la guerra”. Yo digo “haz la paz y no la guerra” 😉

[15] Ahmad Mansour: “Generation Allah. Warum wir im Kampf gegen religiösen Extremismus umdenken müssen”. (Generación Alá. ¿Por qué tenemos que repensar nuestra lucha contra el extremismo religioso).

[16] Ein teil der Gesellschaft fordert eine klare Distanzierung von Menschengruppen zu terrorismus und Gewalttaten – Dann mache ich den Anfang: Ich distanziere mich von den feigen Terrorakten auf Flüchtlingsheime und Drohungen gegen Menschen, die sich für den Schütz von Flüchtlingen einsetzen. Ich distanziere mich von Hetzbotschaften sogennanter Volksparteien und einer Radikalisierung unserer Gesellschaft durch rechtsextreme Kräfte. Ferner distanziere ich mich von der Dummheit derjenigen, die aus Sorge um alles Mögliche solchen Bewegungen blind nachrennen.

[17] Se trata de voluntarios y voluntarias de diferentes edades, condición social e ideas políticas y religiosas. A quienes une el deseo de ayudar a los necesitados, en este caso a los refugiados que provienen de regiones en guerra, especialmente Siria e Irak.