Trump: Lo que empezó como una broma, terminó como una pesadilla…

Hace más de un año, aseguraba a mi amigo Esteban Grinberg (@grimpi) que Trump era una broma, que nadie lo tomaría en serio en EEUU, menos aún por las declaraciones que acababa de hacer (en ese entonces, las primeras más conocidas) sobre los latinos en general y sobre los mexicanos, en particular. Trump es un empresario de la televisión, del glamour, casado varias veces con modelos, organizador de concursos de belleza, del Miss Mundo… No se puede tomar en serio a alguien así. Eso creía yo…

Menos que nadie, los norteamericanos lo podían tomar en serio. Ese glorioso pueblo de tantos amigos y amigas inteligentes, abiertos, intelectuales, cultos… Epa! Ahí parece que estuvo el error. Nosotros conocemos sólo a nuestros iguales, a lo que, como yo, tienen un PhD y o son buenos cristianos, muchas veces wasp, otras pocas, latinos o latinas o de raíces asiáticas. Pero parece que olvidamos que EEUU se compone de algo más.

Generalmente se dice que a Trump lo eligieron los red nack o el white trash. De partida, me niego a denominar basura a nadie… Menos aún, a quienes trabajan al sol y lo muestran en su cuello. Puede ser que toda la gente de la clase menos favorecida haya votado por Trump. Pero no fueron los únicos. Al parecer, al igual que en Europa del Norte, las ideas extremas están llegando “a la mitad de la sociedad”, a la clase media, a la gente mejor posicionada socialmente, a quienes ganan más dinero y envían a sus hijos e hijas a mejores colegios. A quienes viven en casas lindas y pueden reunirse los fines de semana alrededor de una mesa bien servida y mantener una conversación fluida e interesante.

Estos grupos no es que estén mal social, cultural o económicamente. No, su voto no es de protesta. Es un voto de miedo. “Cuando los espejismos, la rabia y el miedo hacen lo suyo” comentaba @EstherCroudo. No, ellos no rechazan el nuevo sistema, la elite o el establishment; ellos forman parte de él. Lo que temen es dejar de ser parte de él, que vengan otros y ocupen su lugar, que les quiten su primacía.

Es un poco lo que -en un lenguaje más de izquierda- Butler (Universidad de Berkeley) llama “el temor a perder los privilegios”[1]. No sufren este “corrimiento hacia la extrema derecha” (como aficionada a la astronomía, siempre pienso en el corrimiento hacia el rojo) porque estén en una mala situación. Es por el temor a perder su buena situación, su voto es un voto de temor, de miedo, de rechazo hacia otras personas que ellos sienten como una amenaza. Sienten como tal, aunque no lo sean. Es algo más bien post-fáctico. Que no se basa en hechos concretos, sino en percepciones, es subjetivo, es absolutamente relativista.

La profesora norteamericana, Seyla Benhabib (Universidad de Yale), en la Laudatio de Carolin Emcke, como ganadora del Precio de la Paz de los libreros alemanes 2016, lo expresa muy bien, cuando hace ver que tales sectores desafían el tradicional compromiso americano en favor del internationalismo, en nombre de una vuelta atrás en pos de una  ideología autoritaria, patrlarcal de los descendientes de europeos, que se oponen a los hombres y mujeres de piel más oscura, ya sean inmigrantes mexicanos o refugiados sirios[2].

El tema Trump es más que un tema político, es algo más profundo, cultural. Yo aprendí de Miguel Kast que, en EEUU había dos partidos y que daba lo mismo cuál de los dos estuviera en el poder, el camino de ese gran país, corría por el mismo cauce. No se jugaba una forma de vida en cada elección, como ocurría en ese entonces en la mayoría de los países latinoamericanos. Pero en esta última elección, observamos una radicalización de tal magnitud que pienso que se parece más a una elección en un país de centro o sudamérica de los años 70, que a una elección norteamericana tradicional o típica. Y lo que es peor: como dice Butler: Trump está liberando un odio desenfrenado. Un odio que alcanza y que abrazan sus fans, ya sean norteamericanos o bien, provenientes de otras latitudes[3].

Paradójico es que en Florida haya ganado Trump, debido fundamentalmente a que -por expresarlo de alguna forma- los latinos de ascendencia cubana residentes en el paraíso de los jubilados (de jubilados de todo el mundo) votaron a favor de Clinton, “en menor medida de lo que se esperaba”. Fue, en parte, un castigo a Obama, a los demócratas por la apertura frente a Cuba. Una apertura que no tiene alternativa y que fue impulsada por el mismo Papa Francisco.

Me temo que Clinton confió demasiado en el voto de las minorías y que las minorías parece que no se interesan demasiado por tomar su futuro en sus manos o que están desesperanzadas, que no creen poder cambiar algo[4].

Por el contrario, entre los partidarios de Trump, los loser, los perdedores (relativos) del proceso de globalización sí están ilusamente convencidos de que un millonario como Trump sí los puede hacer ricos a ellos…  Todos seremos millonarios si un millonario es presidente. It’s the economy stupid.

Sí…. Lo que empezó como una broma, terminó como una pesadilla…

A mediados de este año, una amiga mía, profesora de una universidad holandesa y cientista política de nacionalidad norteamericana, me explicaba dos cosas… o más bien, tres: 1) que Trump no era aún siquiera candidato de los republicanos, sino sólo pre-candidato. Ella pensaba que los republicanos, el glorioso partido nunca escogería a un loco como su candidato….

…2) que las elecciones todavía no habían tenido lugar, que ella consideraba que Trump no tenía esperanzas de salir elegido presidente y que 3) ella pensaba que había que votar por un tercer candidato (el suyo era el verde, de la green party) porque, de otra forma, no se rompería nunca ese círculo cerrado de apenas dos partidos que se pelean el poder. Que EEUU necesitaba más pluralismo y diversidad políticas.

Hablando con otra amiga norteamericana que nos visitó este verano, uno de los peores escenarios posibles era que los partidarios de Sanders se negarana votar por Clinton. Incluyendo a su propio hijo. Lo que, al parecer, en definitiva ocurrió, ya que distritos otrora sanderianos se convirtieron el lugares donde ganó Trump. Probablemente o porque los partidarios de Sanders no fueron a votar[5] o porque votaron por Trump, en una manera de expresar su rechazo al establischment político del cual Clinton forma parte. Yo me pregunto si Trump no forma parte del establishment…. o de la oligarquía, si prefieren llamarlo así.

Otro grupo que terminó apoyando a Trump fue el de “las sectas”…. Perdón… de las iglesias o comunidades fundamentalistas, ya que los católicos no hablamos más de sectas. Por lo menos no más, después del Concilio Vaticano II -según me explicó Jutta Burggraf en alguna de nuestras -para mí- enriquecedoras conversaciones. Claro “secta” es un nombre despectivo.

Como quiera que sea, gran parte del “cinturón cristiano” de color blanco -incluyendo a los muchos latinos que se miran al espejo y juran que son blancos- e incluso muchos católicos norteamericanos, haciendo oídos sordos a las palabras del Papa Francisco que se mostró imparablemente anti trumpiano… Muchas de estas personas que viven pensando en el fin del mundo y creen que los 144 mil elegidos son ellos, también eligieron a Trump.

Dicen defender la familia y no perdonan nada a nadie, salvo a Trump. No les importa que tenga cinco hijos de tres mujeres diferentes. (A mí no me importaría yo hago la distinción arendtiana entre público y privado; pero a ellos, sí les importa). Ni que sea un empresario de espectáculos de cierta de dudosa reputación.

Muchos juran que Trump terminará con los abortos en EEUU, lo que él nunca ha prometido. Lo único que anunció es que no designará a jueces de la Corte Suprema a personas que estén en contra del tema armas, ni que estén a favor del aborto. Buena mezcla: no al aborto; pero sí a la muerte por las armas de fuego[6].  A propósito de familia… que Trump ponga a trabajar a todos sus hijos y a su yerno, en puestos políticos claves, me hace recordad en el nepotismo del rumano Ceaușescu[7], de la época del comunismo. Hoy en la mañana, supimos incluso que su ex-cónyuge Ivana (otra modelo, pero ya retirada) asegura que su ex- le prometió la embajada en Praga, en su país de origen.

Cuando salió elegido Trump, comenté en Twitter algo así como “pobre Merkel, entre dos hombres… como Trump y Putin”. En esta misma línea, el New York Times de ayer, publica un muy buen artículo que titulado Donald Trump’s Election Leaves Angela Merkel as the Liberal West’s Last Defender, esto es: la elección de Trump convierte a Merkel en la única defensora de los valores occidentales. Sí, lamentablemente así es. Con esto, La Unión Europea se convierte en un actor aún más importante.

Después de la elección de Trump, Merkel se puede olvidar de la jubilación prematura. Puede dejar completamente de lado sus ganas de irse a la casa y de abandonar la cancillería de Alemania, país que, contrariamente a sus deseos, se ha convertido en el más influyente de Europa. Pienso que Ursula von der Leyen sería una buena sucesora de Merkel, que hay alternativa. Sin embargo, hay algo que sólo Merkel puede hacer: enfrentarse a Putin. Incluso cuando él lleva sus dos perros a las reuniones, precisamente para que Merkel se asuste… La pobre sufre de cinofobia o miedo a los perros, lo que Putin sabe perfectamente.

Fue bien impresionante el rayado de la cancha de Merkel frente a Trump[8] el mismo día que supimos el resultado de la elección[9]. El mismo día en que la mencionada von der Leyen expresó que estábamos en estado de schock. Lo que es, a todas luces, minimizar nuestros sentimientos… Desde la elección de Trump, no he escuchado a ningún político alemán -ni a nadie- repetir lo que decía antes de la elección: que Merkel debe retirarse y dejar su lugar a otra persona, que no repita el error de Kohl.

En su declaración-felicitación-advertencia, Merkel parte diciendo que los Estados Unidos son una antigua democracia y que tanto Alemania como EEUU “están profundamente unidos por valores comunes” y los enumera: 1) democracia 2) libertad 3) respeto al derecho (esto es, estado de derecho, al rule of law, primacía de la ley) 4) respeto a la dignidad de la persona, independiente de su origen, del color de la piel, de su religión, de su sexo, de su orientación sexual o de lo que piense en política. Algo bastante distinto a lo que Trump ha vociferado contra las mujeres, los latinos, etc.

Sobre la base de estos valores, Merkel ofrece al presidente electo una estrecha colaboración. Claro, como dice Christopher Clark, Europa tiene un gran soft power. La partnership con Estados Unidos es y seguirá siendo un pilar fundamental de la política exterior alemana, agrega la canciller.

Y esto, para hacer frente a los grandes desafíos de nuestra época que son: 1.- la aspiración al bienestar económico y social 2.- la política climática, esto es, de protección del clima (contra el cambio climático que Trump niega… ya que dice que es “un invento de los chinos para perjudicar a EEUU”) 3.- La lucha contra el terrorismo, contra la pobreza, el hambre y la enfermedad 4.- el empeño por la paz y la libertad, no sólo en Europa[10], sino en todo el mundo.

A mí me parece que esto que dice Merkel y que ella pone como condiciones, es un buen programa para vivir estos cuatro años de la administración Trump [11].


[1] Judith Butler en entrevista con Die Zeit: “Aquellos que reivindican el privilegio de ser blancos, por ejemplo, también reclaman que son ‘excluidos’ por los migrantes, pero en realidad lo que les preocupa es perder su privilegio. Ese es y tiene que ser el contexto a través del cual entendemos todos estos gestos, movimientos y reclamos verbales.” No sabía que en este periódico aparecen entrevistas en castellano. Esta es una de ellas: ENTREVISTA A JUDITH BUTLER: “TRUMP ESTÁ LIBERANDO UN ODIO DESENFRENADO” 

[2] “Das amerikanische Bekenntnis zum Internationalismus wird gleichzeitig durch die Rückkehr einer autoritären, patriarchalen Ideologie der »weißen Europäischen Abstammung« herausgefordert, die sich offen gegen die braunen und schwarzen Menschen dieser Welt stemmt – seien sie Syrer oder Mexikaner”.

[3] Incluyendo a latinos, como chilenos y argentinos. Incluso gente de tez morena. Revisar mi página principal en Facebook se ha vuelto algo más o menos desagradable, ya que demasiadas personas escriben y postean mensajes en Facebook que antes no habrían escrito, con contenido sexista, machista, de un racismo abierto o escondido, con rabia, con desprecio hacia otros y cosas de un estilo que uds. (no) se pueden imaginar.

[4] O tal vez, no saben ni hablar inglés, como está colombiana, cuyo video se ha hecho viral en internet: Latina a favor de Trom… (quiere decir Trump) Realmente, da vergüenza ajena.

[5] Ver la foto que me envió un amigo desde el aeropuerto de Detroit la semana pasada y que subí aInstagram: Dont vote! And look what wie got…!

[6] Una vez más, recomiendo leer, de Jutta Burrgraf: Ser y parecer defensores de la vida

[10] En concreto, sobre las repercusiones para Europa de la elección de Trump, ver el artículo de Alan Posener: Donald Trump und seine deutschen Freunde, sobre Trump y sus amigos alemanes.

[11] Luego de haber terminado de escribir este artículo, una amiga enlaza un texto en que el autor -el chileno Sergio Urzúa- se pregunta igualmente qué hacer frente a Trump y -en un plano más personal- responde Trump como oportunidad

Integración, empatía y cultura de la bienvenida

Parece que hay muchos ciudadanos preocupados en Alemania. Son demasiados los ciudadanos peligrosos.

Karen Horn, en su excelente artículo Charity must be the first response to the immigration drama (ver Nuestros hermanos los refugiados) hace una lista con las preguntas más comunes de los ciudadanos “preocupados” frente a la ola de refugiados o al tsunami, como le llaman ellos en su lenguaje alarmista:

¿Cuáles son las dimensiones de la inmigración a la que pueden hacer frente a las sociedades europeas? ¿Qué va a ser de nosotros? ¿A dónde conducirá Europa esta inmigración? ¿Y a dónde llevará esto a Occidente? ¿Qué pasará con nuestra forma de vida evolucionada, con nuestras leyes, normas e instituciones sociales? ¿no se transformarán dramáticamente con la llegada de los refugiados? ¿Cómo hacer frente a este cambio masivo? ¿Vamos a tener la fuerza para defender nuestro sistema legal frente a la sharia? ¿Qué pasa con el capital y la cohesión sociales? ¿Estamos frente al choque de civilizaciones que predijo Huntington? ¿Y si los inmigrantes son un caballo de Troya de los yihadistas?

Horn asevera que estas son “preguntas importantes”; pero que, frente a estas preguntas importantes, abundan las respuestas histéricas. Sí, lo compruebo día a día..

Me permito mencionar otro peligro: como no hay una sola minoría étnica, política o religiosa (como los musulmanes pueden ser de varios tipos: alevitas, shiitas, sunitas, etc., hay entre ellos una lucha muy grande, similar a la Guerra de los 30 años en Europa…) que no sea perseguida, es probable que traigan consigo sus luchas. Sus conflictos que no aprendieron -en sus países- a resolver mediante mecanismos pacíficos de solución de controversias. Frente a estos problemas importados, hay que estar muy atentos1. Por otra parte, los refugiados sirios vienen huyendo del genocidio islamista y del genocida secular Assad, hace ver Wolffsohn. Apuesto que su hambre de vivir en libertad y en democracia es grande2.

El fantasma de la introducción de la sharia es algo que vengo oyendo desde hace años. Ciertos amigos o ex-amigos míos alarmistas me advierten (por mail, en Facebook, en convivencias, a la hora del té etc.) que pronto tendré que usar el velo islámico. Como dice Liane Bednarz en una notable entrevista, a ella no la han obligado a usar chador, ni se aplica la sharia en la vida legal alemana. Puedo decir que en mi ciudad vive un porcentaje inmenso de musulmanes y que nadie me ha obligado a usar burka 😉

El periodista y dramaturgo alemán Richard C. Schneider, hijo de sobrevivientes del Holocausto, escribe en un excelente artículo titulado Auch wir waren Flüchtlinge, publicado en el semanario judío Tachles, que, si bien, no se puede comparar la ola de refugiados actual con la de los judíos en tiempo del nacional socialismo, no hay que olvidar que “también nosotros fuimos refugiados”.

Y explica: los estados que reciben a los refugiados deben aprender de los errores de las últimas décadas y evitarlos. Hay que integrar a estas personas y no dejarlas abandonadas a sí mismas; enseñarles los valores fundamentales que tenemos en Europa, que los refugiados se empapen de estos valores y los hagan suyos (einschwören), los hagan parte de su código ético, y no permitir que surjan sociedades paralelas. Schneider tiene dudas de que los estados europeos sean capaces de hacerlo. Si, dudas legitimas…

Me parece que el mayor peligro contra nuestro sistema social, legal, político y constitucional proviene hoy, no de los refugiados, sino de los grupos extremos. En Alemania, más de la extrema derecha o de los conservadores extremos que de la extrema izquierda (ver ¿Una pelea de familia?). Pienso que la ley tiene que ser respetada por todos: por los inmigrantes y también por los “alemanes de nacimiento” o sociedad mayoritaria. Y, evidentemente, también por ciudadanos europeos de países del sur que han llegado a Alemania en busca de una vida económicamente mejor. Sí, hay que defender el sistema occidental de gobierno; pero no sólo frente a los refugiados, quienes no tienen interés en atacarlo.

La nueva derecha y otros grupos, con su ideología antidemocrática, antifeminista, antiliberal, homofóbica, islamofóbica y conspiranoica son quienes constituyen un peligro real para nuestro sistema político. Paradojalmente, ellos mismos son quienes nos advierten una y otra vez, del peligro de los refugiados (aunque hay algunos que parecen empezar a ayudarlos y, en consecuencia, advierto un quiebre en ese grupo). Estos mismos sectores políticos, culturales y religiosos más contrarios a nuestra sociedad abierta (para hablar con Popper) y tolerante son quienes más nos exhortan a estar prevenidos frente a los refugiados que pondrían en peligro nuestro sistema político y social, el mismo que ellos desprestigian permanentemente.

No creo en la honestidad en la defensa de nuestro sistema democrático, de parte de quienes permanente niegan la democracia, la liberación de la mujer, el respeto hacia los homosexuales, la libertad de nuestra prensa y sostienen que vivimos en una dictadura y que vamos para peor. No creo que los manisfestantes de Heidenau, ni los de Pegida, Legida, Dügida, ni tampoco los Asylkritiker de la AfD o grupos similares, quienes rechazan la cultura de la bienvenida, sean los más idóneos, ni para defender nuestro sistema, ni menos para intentar mostrarnos que los refugiados lo destruirán. ¡Oh paradoja! Que los refugiados destruirán el sistema que ellos mismos atacan.

Inculcar amablemente los valores de nuestra sociedad europeo-occidental, democrática, abierta y tolerante no es sólo una misión del estado, no es sólo algo que se debe hacer “desde arriba”, sino que es una tarea de toda la sociedad, de todos nosotros (ver Alemania luminosa). El estado no solamente no puede impedirlo, sino que tiene que facilitarlo, fomentarlo, impulsarlo. En este punto, el estado no puede ser neutral. Pero la sociedad no puede desentenderse y dejar todo el trabajo a funcionarios públicos y a oficinas estatales. Pongámonos las pilas, que la labor es de todos y el tiempo apremia.

Y no por sostener esto, somos hippies -como se queja el politólogo inglés Anthony Glees-. Demos gracias a Dios que Alemania se pone del lado bueno de la fuerza y que los alemanes han aprendido a por poner buena cara y hacer un gesto amable ante una situación de necesidad, como dijo Merkel y quedó grabado en este memorable video. Hoy en día, hay algunos que propagan la idea de que “quien tiene empatía, tiene poco entendimiento”, nada más falso, ni más absurdo.

El estado no fomenta esta cultura de la bienvenida y de la integración, sino que más bien la impide cuando, por ej. envía a los refugiados a barrios geográficamente cerrados, cuando no los deja salir del hogar en que los recluyen ni menos aún cuando permite cerrar las puertas de los mejores colegios (generalmente, privados) a los hijos de extranjeros, que son nuestro futuro. Cuando la clase más burguesa organiza acciones contra hogares de refugiados en su cercanía, porque bajará el precio de sus caros departamentos, tampoco contribuye a la transmisión de los valores occidentales.

¿Cómo sabemos que los refugiados son incapaces de interiorizar nuestro sistema democrático, abierto y respetuoso? ¿Acaso podemos conocer el futuro? Una de las lecciones fundamentales de la tradición del liberalismo occidental es que el conocimiento humano no puede nunca ser sobre el estado final de algo. Como señala Friedrich v. Hayek, todo conocimiento es “local”, esto es, se halla disperso en la multitud de individuos que provocan un cambio en la sociedad. Es la interacción voluntaria de esos individuos la que hace posible el progreso social. Que no se puede prever ya que es el “resultado de la acción humana y no del diseño humano”. Sería conveniente, eso sí, que la política pública evite obstruir este proceso creativo del orden espontáneo3.

Exacto, toda planificación en este sentido, es falible. No podemos predecir el futuro. Quién pretenda hacerlo no cuenta con el imponderable de la libertad humana. Prefiero confiar en el ser humano. Por otra parte, se equivocan quienes ven en todo refugiado sirio, iraquí, afgano o kurdo a un musulmán. Muchos de ellos son ateos, otros cristianos, algunos zoroastrianos y también yazidis.

La ministra -y posible futura canciller- von der Leyen hizo una apuesta a favor: “en veinte años, los alemanes van a estar feliz de haber acogido a los refugiados”4, y Rupert Neudeck, otra: los sirios serán los nuevos vietnamitas, debido a su hambre de cultura y a su espíritu de trabajo5,.

Contrariamente a la propaganda del NPD y de la AfD, según la cual, no somos la oficina social del mundo (wir sind nicht das Sozialamt der Welt), la mayoría de los inmigrantes quiere venir a países como Alemania, Austria o Suecia, no porque en ellos se les dé más ayuda social. Lo que los atrae es, en primer lugar, la buena situación económica y, con ella, la positbilidad de triunfar social y económicamente, y no los regalos del estado. No conozco gente más liberal en sus planteamientos económicos que los pequeños empresarios iraníes, sirios o afganos. En toda conversación con ellos, se aprende más sobre la economía de mercado que en cualquier libro sobre libre comercio. Sin embargo, como tampoco se puede surgir en un ambiente culturalmente adverso a los refugiados, como el de Dinamarca -pese a la buena situación económica- los refugiados pasan de largo hacia Suecia.

Von der Leyen dice que los refugiados son un enriquecimiento para Alemania, cuya población envejecida (vivimos en el invierno demográfico) necesita gente nueva. Como dice Michael Wolffsohn, no tenemos la cantidad suficiente de hijos, ni llegan suficientes inmigrantes a Alemania, de manera que los refugiados son un regalo del cielo6, para mejorar nuestra situación demográfica -al menos, para aliviarla- y asegurar así nuestro futuro bienestar. Aunque, obviamente no existen los refugiados ideales. Aclara que el modelo de Rusia (tan alabado por sectores de extrema derecha y del conservatismo europeo, incluso por cristianos al margen derecho de las iglesias) es un ejemplo negativo de un país que se cierra y, en vez de mirar hacia adelante, mira hacia atrás. Me pregunto: ¿qué ve la extrema izquierda en Putin? De izquierda no tiene nada.

Horn se refiere al determinismo colectivista, según el cual, los musulmanes nunca podrán ser integrados con éxito en nuestra sociedad, que su religión no será capaz de modernizarse, y que inevitablemente erosionará la civilización occidental. Explica que, “sobre la base del prejuicio y del resentimiento étnico, se calculan supuestas cuotas óptimas de absorción, que luego se anuncian bajo el sello del realismo responsable de una supuesta planificación a largo plazo”.

Sí, ese intento de planificarlo todo, es producto de la arrogancia intelectual. Es el viejo determinismo y el biologismo tan propio de grupos que hoy se llaman “críticos del asilo”, un eufemismo para designar a quienes están contra los refugiados. Tan propios de la nueva derecha, de la extrema derecha y otros. Para qué olvidar el darwinismo social de Sarrazín, el máximo representante de la popularización de tales tesis en Alemania.

Prefiero apostar por la propuesta de la bienvenida y no por la de los llamados críticos del asilo y detractores de la cultura de la bienvenida. Prefiero apostar por el hombre y no en su contra. Sabiendo que la paz es frágil y que hay que defenderla. Que habrá caídas y retrocesos… Pero prefiero esta fragilidad a una falsa seguridad de quienes cierran sus frontetas, construyen muros y se aíslan; prefiero nuestra sociedad abierta.

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1 Hay que evitar que los consejos del alemán Pierre Vogel en Facebook, acerca de cómo ganar salafistas entre los refugiados https://www.facebook.com/PierreVogelOffiziell/posts/688735087872894

2 Wolffsohn: “Migration ist ein Geschenk des Himmels” (La migración es un regalo del cielo) http://www.dw.com/de/wolffsohn-migration-ist-ein-geschenk-des-himmels/a-18724641

El profesor Wolffsohn explica que el Islam reformista se abrirá paso en la comunidad musulmana de Alemania, ya que los refugiados huyen precisamente de un Islam asesino, del Islam genocida. Ellos no huyen a Europa para implementar aquí un islam fundamentalista (Zum Einen wird sich innerhalb der muslimischen Gemeinschaft eine Entwicklung hin zu einem Reformislam anbahnen. Denn diese Menschen entfliehen ja dem real existierenden, sprich: massenmordenden Islam. Sie sind nicht nach Europa gekommen, um hier einen islamischen Fundamentalismus zu etablieren).

Es kommen in Deutschland und Westeuropa weder genügend Kinder zur Welt, noch kommen genügend Einwanderer. Wir haben also ein demographisches Defizit. Darum werden wir unseren Lebensstandard auf Dauer nicht halten können. Jetzt kommen diese viele Menschen. Das mag manchen gefallen und manchen nicht. Aber sie lösen das schwerwiegende demographische Problem der Bundesrepublik. Zumindest mildern sie es. 

Ver 1) https://www.facebook.com/michael.wolffsohn/posts/1721392544748615 y 2) http://www.dw.com/de/wolffsohn-migration-ist-ein-geschenk-des-himmels/a-18724641

Tomé estas ideas, del excelente artículo de la pensadora liberal Karen Horn: Charity must be the first response to the immigration drama 

4 Ver también: „Wir würden unsere wesentlichen Werte verraten“

“sie sind den Deutschen in ihrer mittelständischen Orientierung und bildungshungrigen Art schnell ganz nah gewesen.

Michael Wolffsohn Neuankömmlinge sind ein Geschenk des Himmels http://www.handelsblatt.com/politik/deutschland/professor-tacheles/kommentar-zur-fluechtlingspolitik-neuankoemmlinge-sind-ein-geschenk-des-himmels/12203120.html