“Enemigos naturales”

Casi no se puede creer; pero lo confirman demasiados medios como para que sea un fake: Trump dijo que kurdos y turcos eran “natural enemies” y explicó que los EEUU no tienen que interponerse en medio de “guerras tribales”[1]. Como si esto fuera poco, algunos días más tarde, agregó que kurdos y turcos son como dos niños que pelean en el patio del colegio y hay que dejarlos pelear y no meterse: ‘Let them fight and then you pull them apart’. Me pregunto si puede haber algo más sarcástico, más ignorante o más malvado.

No hay etnias, pueblos, grupos humanos que puedan ser consideradas como “enemigos naturales”. ¿Esto no lo sabe el Presidente del país más poderoso de la tierra? ¿No tiene consejeros que se lo hagan ver? ¿Qué clase de biologismo o de social darwinismo es este? Como si la genética creara anticuerpos entre unos hombres, entre unas mujeres y otros.

Es como si dijéramos que alemanes y franceses o que polacos y alemanes o ingleses y franceses son entre sí “enemigos naturales”. Era lo que se decía en 1914 y después, en 1936. Tendrían que continuar peleando entre ellos, como si fueran adolescentes, en una especie de eterna ordalía sin sentido, ni razón alguna. El nacionalismo, el darwinismo social, el biologismo -en el pasado la causa de tantas guerras, de muerte y sufrimiento- son parte de una mentalidad felizmente superada.

En mi grupo de amigas, tengo la suerte de conocer a dos mujeres jóvenes, ambas estudiantes de administración de empresas, una kurda y otra turca, mejores amigas desde la época del colegio, inseparables y encantadoras. ¿Tengo que suponer que estas dos chicas jóvenes, amigas de toda la vida se comportan de una manera antinatural? ¿Agenética o antisocial? ¿Que su amistad atenta contra la conservación de sus propias etnias? Estoy segura de que si hiciéramos un examen genético, su herencia sería prácticamente la misma.

Tampoco la historia puede comprobar la supuesta enemistad entre kurdos y turcos. La rivalidad entre ellos no es ni genética, ni epigenética, ni tampoco tiene siglos de antigüedad. La rivalidad tiene, a lo sumo cien años de vida… O cien años de muerte, que sería la definición más apropiada, ya que la enemistad no es nunca signo de vida, sino de muerte.

Trump asegura que “un historiador” habría dicho que kurdos y turcos “han estado luchando durante cientos de años”[2]. Nada más falso. El historiador y periodista turco Mustafa Akyol señala acertadamente en su columna en el NYT: “No estoy seguro de quién es ese historiador, pero como alguien que ha estudiado esta historia en particular, puedo asegurarles que la tensión entre turcos y kurdos no tiene siglos. En realidad tiene aproximadamente un siglo de antigüedad y es el resultado de una fuerza muy moderna: del nacionalismo”[3].

Akyol explica que, a comienzos del siglo XVI, el Imperio Otomano -fundado en el oeste de Anatolia por turcos sunitas- comenzó a expandirse hacia el Este, donde se topó con el Imperio persa, a la sazón, chiíta. Los kurdos, que eran un pueblo tribal (la mayoría musulmán sunita; pero también yesida[4]) quedó “atrapado” en medio de este conflicto entre los dos imperios y muy pronto se unió a los otomanos. “Durante los siguientes cuatro siglos, vivieron bajo el mismo estado con turcos, árabes, bosnios, armenios, griegos y judíos, porque el Imperio Otomano, como el vecino Imperio de los Habsburgo, era un mosaico multiétnico y multirreligioso”[5].

Quién sabe de dónde saca Donald Trump sus ideas. Probablemente de algún canal de televisión de segunda o de tercera categoría o de viejos libros de colegio o de lo que sus ancestros le comunicaron oralmente. Ideas simplonas de lucha entre supuestos “enemigos naturales”. Mentalidad de otro tiempo, en que el héroe era quien conquistaba territorios, al estilo de Catalina la Grande o del mismo Imperio Otomano.

Es evidente que el mundo -y especialmente- los bloques más poderosos como Estados Unidos y Europa[6] tenemos una responsabilidad frente a la crisis de Siria. Negarlo y sostener que turcos y kurdos deben resolver sus problemas por medio de una pelea, como la que tienen lugar en el patio de un colegio es por lo menos una irresponsabilidad. No podemos caer ni en la apatía, ni en la indolencia, ni en el desinterés. Sobre todo cuando fueron los mismos Estados Unidos, quienes aprovecharon y armaron a las milicias kurdas en la lucha contra el Islamic State, lucha que el YPG ganó… al menos temporalmente, ya que nadie sabe lo que puede ocurrir ahora.


[1] “We interject ourselves into tribal wars and they’re not the kind of thing that you settle the way we would like to see it settled. It doesn’t work that way. Hopefully, that will all be very strong and strongly done”.

[2] “one historian said they’ve been fighting for hundreds of years”.

[3] “I am not sure who that historian was, but as someone who has studied this particular history, I can assure you that the tension between Turks and Kurds is not centuries old. It is actually about one century old, and it’s the result of a very modern force: nationalism”, en Mustafa AkyolNo, Kurds and Turks Are Not ‘Natural Enemies,’ Mr. Trump

[4] …o ezida.

[6] De Rusia de Putin prefieron ni hablar, ya que este país -potencia regional,Obama tenía razón- sólo echa leña al fuego en el conflicto de Siria y no contribuye en nada a una solución, muy por el contrario. Se puede decir que Putin pesca en un río revuelto; que él mismo ha ayudado a revolver.