Historia de un pogromo

Tarabas[1] es uno de mis libros preferidos de uno de mis autores preferidos: Joseph Roth. En él, el autor austro-húngaro, genio de la literatura de habla alemana e inspiración para muchos, describe un pogromo. Ese relato es fundamental en el libro y marca las dos etapas de la vida del protagonista… Marca el término de su primera vida y el paso a una vida de expiación y penitencia. Algo que parece que era común en Rusia de entonces. O en la esfera de influencia de los zares, para hablar más propiamente.

Nikolaus Tarabas proviene de una familia de terratenientes, en la parte rusa de la zona de la frontera entre Rusia y Austria-Hungría. Estudia en Petersburgo, donde se une a un grupo subversivo y debe huir del país, hacia Estados Unidos luego de un atentado al gobernador de Cherson. En un ataque de celos y de rabia mata a su joven enamorada y debe huir nuevamente, esta vez , de Estados Unidos. Vuelve a Rusia y se alista en el ejército; ha empezado la Gran Guerra.

En el colegio, aprendimos que la I Guerra terminó en 1918. Sin embargo, en el frente oriental, debido a la organización de los países que entonces emergieron y al vacío de poder, la guerra se prolongó por más tiempo. En el territorio de la que sería la Unión Soviética, una cruenta guerra civil se extendió hasta que Stalin logró poner relativo orden… hoy, todos sabemos a qué precio.

Muchos de los libros de Roth se ambientan en la frontera, ese territorio a ambos lados de la línea que marcaba el límite entre dos imperios: el de los Habsburgo y el de los Zares. Esa región que me imagino un poco como el lejano oeste; pero en el Este de Europa. Entre Europa occidental y Europa oriental[2].

Por ejemplo, en Job -otra de sus obras maestra- Joseph Roth habla de la vida en la región de la frontera, al lado ruso, especialmente de la vida de los judíos, como en otra de sus obras Hotel Savoy, ambientada en la ciudad de Łódź, hoy Polonia, en aquel entonces, Zarato de Polonia, esto es, en la zona de influencia zarista. La inestabilidad social, política y económica en Łódź es algo que trasciende toda la obra. Impresiona lo que cuenta de las bandas de ex-militares que regresan de Rusia hacia el Occidente y que deambulan sin futuro -me atrevería a decir que también sin pasado- y sin trabajo, pero con hambre. La frontera era -también en Polonia, de donde procede la palabra alemana Grenze[3]– una región en sí.

Roth sitúa la historia de Tarabas -salvo una corta introducción que se desarrolla entre Petersburg y Nueva York- en la frontera. Escribe a Stefan Zweig que tomó la historia de un diario de Ucrania, que le sirvió de inspiración. La palabra pogromo viene del ruso погром y designa el lynchamiento de judíos y la destrucción de sus bienes. Del ruso ha pasado a todos los idiomas y su significado se ha ampliado a otros grupos étnicos.

Muchas veces, nos preguntamos, cómo puede haber ocurrido un pogromo. ¿Qué pasa dentro de la cabeza de las personas que participan en él? ¿Por que se dejan llevar por otros, por quienes lo promueven, lo organizan, lo incitan, por quienes son sus cabecillas? El relato de Roth nos puede servir para entender cómo funciona este mecanismo del odio.

El progromo de la ciudad de Koropta es uno del tipo religioso, esto es, originado en el odio no racial, sino religioso a los judíos. El odio étnico -por ej., el de los nacional socialistas- es históricamente posterior al odio basado en sinrazones religiosas. Hoy existe un antisemitismo político, que se manifiesta en el odio a Israel, a los sionistas o a los políticos judíos que intentan hacer política en sus respectivos países y a quienes se acusa con frecuencia, de representar intereses foráneos o financieros, internacionales o extranjeros. Es una de las teorías de la conspiración más frecuente en nuestro tiempo.

Tarabas había sido nombrado capitán durante la Guerra (durante lo que hoy llamamos I Guerra Mundial). Un hombre fuerte que dirige a los suyos con mano de hierro. Que mata y hace matar. De alguna manera, no quiere aceptar que la guerra ha terminado, que la revolución ha triunfado y que él ya puede volver a su casa. En realidad, no puede volver, porque se aprovechó sexualmente de su prima Maria y su papá le advirtió que, si volvía con vida de la guerra, se tenía que casar con ella.

Su superior inmediato, el general Lakubait, es el abogado del papá de Tarabas. Lakubait -que lo reconoce de inmediato, a diferencia de su propio padre- le da el encargo de seguir en la ciudad donde estaba al término de la guerra, en Koropta y de tomar el mando de la misma con su tropa. Lakubait le instruye para que se deshaga de los soldados no confiables. Esto lo quiere hacer Tarabas emborrachándolos…

Su ayudante Konzew es, en realidad -el único en que el coronel Tarabas confía- es encargado de dar cerveza y otras bebidas alcohólicas en abundancia, a la tropa, dentro del cuartel. Algunos de los soldados, borrachos, deciden desertar y salen del cuartel rumbo a la ciudad misma. Los desertores son aquellos soldados en quienes “no se puede confiar”.

En la ciudad, entran a la posada-restaurant-hotel de un judío llamando Nathan Kristianpoller. Allí se encuentran con otros militares que no han desertado; pero que saben de la deserción y que no hacen nada, esperando que vengan las tropas de Tarabas a arrestarlos (sólo supongo que a arrestarlos). Los dos grupos comienzan a beber juntos y siguen emborrachándose.

El dueño de la posada es el judío Nathan Kristianpoller, una especie de puente entre los judíos y los cristianos. Estaba muy feliz ese día viernes, ya que pensaba que había vuelto la paz a su ciudad, que la guerra se había acabado. Ese viernes habían regresado los campesinos a Koropta y había tenido lugar -por primera vez, después de la guerra- el llamado mercado de los cerdos.

En él, los campesinos vendían sus productos y compraban los que les vendían los judíos. Además, acudían a la posada de Kristianpoller, quien se preparaba para celebrar el sábado (Sabbat o Schabbat,). Quiere escribir una carta a su familia para que regrese a Koropta, ya que se habían refugiado en la localidad de los abuelos, Kyrbitki, huyendo de la guerra. El posadero judío es un buen marido, un hombre bueno y un buen padre de familia, todo lo contrario de Tarabas[4].

En la posada de Nathan Kristianpoller, se reúnen algunos pocos militares que no han desertado y los desertores. Los primeros prestan a los segundos sus armas y comienzan un peligroso juego. Ambos grupos comienzan a disparar (a jugar a la puntería, diríamos hoy). Kristianpoller escucha los disparos, siente un muy mal presagio y huye raudamente por la ventana, escondiéndose en la casa -que estaba a oscuras- del fabricante de cristales, que se igualmente se preparaba para celebrar el sábado.

Uno de los desertores, Ramsin, probablemente ucraniano, toma un trozo de tiza y comienza a dibujar en la pared azul de la posada de Kristianpoller. Dibuja animales, después soldados de diferentes países y luego mujeres. Desnudas o semidesnudas. Los demás se paran detrás de él a observarlo. Quieren que se detenga y que no dibuje a las mujeres; pero al mismo tiempo, quieren que las dibuje. Me imagino que es como una forma de pornografía de principios de siglo 20.

Una vez dibujadas, los soldados y los desertores comienzan a disparar a las figuras con sus pistolas. Ramsin dispara bien; pero los demás no logran dar en el blanco. Dicen que hay un embrujo sobre la pared. Yo diría que estaban demasiado borrachos. Pero claro, ellos creen en los embrujos y en los sortilegios, en las maldiciones y en la magia.

De pronto, la pared donde estaban los dibujos sensuales de las mujeres y donde habían comenzado a disparar con sus rifles, se cae y surge algo que a los soldados les parece que es una imagen de la Virgen María. De piel muy clara y pelo muy negro, coronado con una diadema. Mira con cara amable, pero casi llorando. Típica imagen mariana centro-europea, diría yo. Nada de alegría, más que nada, sufrimiento. Su pecho no se ve, pero los soldados se lo imaginan.

Los soldados y los desertores caen de rodillas ante la imagen. Sienten que alguien lo empuja hacia abajo. Asimismo, cuando caen de rodillas, tienen la impresión de levitar. Se acercan a la imagen, de rodillas o totalmente postrados en el suelo. La tratan de tocar. Es el atardecer y la imagen se desvanece lentamente, al tiempo que cae la noche. Quieren tocarla antes que desaparezca -temen- en la negrura de la noche.

Alguien entona una canción que todos conocen en esa región, por siglos, profundamente cristiana: “María, tu dulce”. Todos comiemzan a cantar. Terminan con esa canción y siguen con otras canciones marianas.

Los campesinos, al ver la imagen, deciden no regresar a sus casas, ubicadas en los pueblos vecinos a Koropta, sino pasar la noche cerca de la imagen descubierta. Entran a la posada, sueltan a sus caballos, se santiguan, alaban a Dios y se llenan de odio contra los judíos. Como si el amor y el odio no fueran antípodas irreconciliables e incompatibles. Parece que recordaran -se los imaginan- los sacrilegios del judío Kristianpoller contra la imagen de la Virgen, contra la Iglesia. Todos los oprobios de todos los judíos contra la Iglesia… Etcétera.

Ramsin -convertido en un líder diabólico- les grita que la posada antes debe haber sido una iglesia y que el judío Kristianpoller tapó -con su cal azulada- la imagen de la Virgen para convertir el templo en un negocio[5]. La ira -no sentida así desde que eran niños- se adueña de ellos. La sangre mezclada con alcohol, con mucho alcohol, hierbe en sus venas. Vociferan contra Kristianpoller y comienzan a buscarlo. Parece que todos los horrores de la guerra no fueran nada en comparación con el supuesto sacrilegio judío. El odio se apodera de soldados y de campesinos. El odio que alimenta las ansias de venganza. Parece que el odio contra los judíos, tapara toda la culpa propia. Alcohol, venganza, odio e ignorancia siempre han ido juntos…

Buscan a Kristianpoller detrás de la taberna, del mostrador, en las habitaciones de los oficiales (Tarabas era uno de los que vivía en la posada), dan vuelta las camas, abren roperos y baúles… Como no lo encuentran en la posada, los soldados van al barrio judío. Los campesinos, armados con mazos, guadañas, fustas, con hoces y cuchillos. Sus herramientas de trabajo convertidas por el odio en instrumentos de venganza y destrucción. Los soldados y los desertores tienen las armas de la guerra.

Vestidos con su ropa de fiesta, con sus caftanes, judíos hombres -ancianos, tullidos, mutilados- venían saliendo de su casa de oración (era viernes en la tarde). Qué contraste el de hombres sanos, fuertes, jóvenes y armados, frente a un grupo de ancianos y lisiados judíos que no se podían defender. ¡Qué desigualdad! Con la poca luz de las lámparas de petróleo, los atacantes veían en el grupo de desvalidos judíos y descendientes del demonio.

El líder de los campesinos era un tal Pasternak, campesino más rico que los demás. Él y Ramsin comenzaron a dar latigazos a los judíos. Una vez reunidos en el centro de la calle, les ordenaron ir a la posada. Allí, los obligaron a arrodillarse ante la supuesta imagen y rezar. Los escupieron y golpearon sin piedad. Su saliva quedó brillando sobre la ropa negra de los judíos. Los judíos tienen que cantar en honor de la Virgen María. Una especie de desagravio por el sacrilegio que habría cometido Kristianpoller al desacralizar la iglesia, la supuesta iglesia convertida en posada.

Los judíos tenían que cantar algo que era teóricamente el Ave María. Ramsin -el desertor convertido en líder- los obligó a postrarse sobre la tierra. Les dice que los van a llevar a sus casas, así que se tienen que levantar. Acosados por soldados, desertores y campesinos que los golpean sin piedad, la masa de judíos indefensos abandona la posada en dirección al barrio judío. Custodiado por la turbamulta enardecida que los sigue golpeando y escupiendo.

Ya en el barrio judío, la turba ordena apagar la pequeña luz de las casas judías y luego volverla a encender, ya que a los judíos les estaba prohibido volver a encender la luz por ser día sábado, de descanso. Algunos campesinos sacaron las velas de los candelabros y encendieron con ellas todos los textiles que se le pasaron por delante.

Mujeres, niños, ancianos y hombres salen huyendo, pero no pueden ir muy lejos. Son golpeados por los soldados, desertores y campesinos. Los niños y las mujeres gritan y lloran, clamando el nombre de sus maridos.  Lo que hacía que soldados y campesinos se rieran a carcajadas. Gritaban: ¿¡Dónde está Kristianpoller!? Los judíos respondían que no lo sabían.

En eso, un soldado con un cuerpo muy grande y fuerte; pero una cabeza tan chica como una nuez, atraído por una bella y joven mujer judía, gritó ¡Esta es la mujer del canalla Kristianpoller? Lo que, evidentemente, era falso; pero daba lo mismo. Alzó un mazo corto de madera y golpeó la cabeza de la joven. Su velo o pañuelo de cabeza blanco quedó lleno de sangre.

La sangre fue una especie de detonante que despertó los deseos imparables de dar golpes, de patear, de herir, de ver más sangre. Soldados y campesinos comenzaron a golpear a cuanto judío había a su alrededor. Daba lo mismo si eran niños, mujeres, ancianos, sanos o enfermos, los atacantes querían ver sangre,  cataratas rojas salían de los cuerpos.

Tarabas estaba terriblemente borracho, por eso, no capta nada cuando le van a avisar al cuartel lo que pasa en la ciudad. Konzew sale con un grupo de soldados e intenta poner orden, en distintos idiomas. Pero es asesinado con el cuchillo de un campesino por Ramsin, el cabecilla de los desertores. El fiel soldado ruso que había peleado valientemente contra alemanes y austriacos es asesinado por un desertor con un cuchillo, en un pogromo.

A todo esto, ya ardían algunas casas de los judíos a ambos lados de la calle. Un soldado hizo una amtorcha con un palo y un pedazo de género (un mantel que había sacado de alguna casa judía). Lo untó en una de las lámparas de petróleo y con él, encendió los tejados de madera de las casas pobres.

El espectáculo de las llamas debe haber sido impresionante, ya que campesinos y soldados cesaron de golpear a los judíos y miraban ensimismados el fuego. Incluso comenzaron a consolar a los judíos y a mostrarles sus propias heridas… Mira, mira las llamas, les ordenaban. Pero ellos sólo veían sus casas destruídas. Los judíos de Koropota -como tantos otros judíos en la historia- no podían entender por qué Dios los castigaba de nuevo. Había muerto el zar y había muerto el faraón; pero a ellos, los seguían castigando los nuevos detentadores del poder.

Finalmente, las balas despiertan a Tarabas, quien sube a su caballo e intenta poner orden e impedir que prosiga el pogromo. Los campesinos abandonan rápidamente la ciudad en dirección a los pueblos cercanos y los desertores huyen. Tarabas ordena a los judíos regresar a las casas que aún no fueron destruidas por el fuego y permanecer dentro de ellas. Pone guardias que las protegen.

El alcohol, el milagro, los cantos, las velas, los rezos, la religión, el deseo, el sexo… Todo ello había movido a la turbamulta ignorante, estúpida y llena de odio a iniciar -una vez más en la historia- un progromo. Otro más. Si alguien se pregunta cómo y qué lleva a tanta gente a participar en sucesos tan irracionales como un progromo, a adherir a algo tan demencial como el antisemitismo, me parece que, para entenderlo, puede servir este relato de Joseph Roth. De alguna manera, toda forma de antisemitismo es un pogromo en cuotas. Y cada pogromo que ha ocurrido en la historia, es una especie de ensayo del Holocausto. Que no se repita.


[1] Original: Tarabas. Ein Gast auf dieser Erde, publicado en un diario antifascista de París, entre enero y marzo de 1934. Y ese mismo año en Amsterdam. Roth había emigado a Francia en enero de 1933. Para variar, no hay artículo en castellano en Wikipedia.

[2] Heinrich August Winkler habla de la formación de Occidente y su delimitación frente a Oriente, bajo la influencia de la Iglesia occidental, frente a la Oriental.

[3] De acuerdo a Adam Krzeminski en diálogo con Heinrich August Winkler. Ver película en youtube Salon InMItte 13 02 2015  Lo confirma Wikipedia: Grenze

[4] Katharina Ochse: Joseph Roths Auseinandersetzung mit dem Antisemitismus, pág 191 y siguientes.

[5] En otra de sus obras, Roth cuenta que la posada “El águila blanca” había estado durante más de 150 años en la familia de Kristianpoller.

La Alternativa para Alemania (AfD) y los Verdes de la primera época

Muchas veces se compara la Alternative für Deutschland (Alternativa para Alemania o AfD) con los Verdes. Con los Verdes de la primera época, cuando el partido se estaba aún constituyendo. Se dice que los Verdes son hoy un partido aceptado, normal y democrático, que admite el parlamentarismo y que la AfD llegará también a serlo. Sí, llegaría también a serlo si la ayudamos: si aceptamos a sus dirigentes y simpatizantes como partícipes normales del acontecer político y no los “demonizamos” (término empleado con frecuencia[1]).

Se insinúa que los Verdes de la primera época -en su radicalidad y en su extremismo- habrían sido similares a los AfD de hoy. Y que, debido a que fueron aceptados, se habrían convertido en un partido más. Lo mismo ocurriría -opinan estos bien intencionados- con los populistas de derecha de la AfD y grupos cercanos. La AfD podría servir para aglutinarlos a todos y llevarlos así al terreno democrático. Con el  paso del tiempo, se tornarían “normales”, una colectividad política más, serían un partido más, aceptado y aceptable por todos.

Según esta teoría, parece que todos los partidos, nacerían extremos y se irían calmando con el tiempo, siendo aceptados por la población como un actor más del juego político.

Esta es una actitud sumamente relativista. Da como todo lo mismo. Qué más da que un partido sea extremista. Tenemos que darles acogida, no rechazarlos, no demonizarlos y pronto serán un partido integrado en el parlamento y totalmente normal. Y me dicen a mí que soy ingenua 😛

Los relativistas defensores de esta teoría son quienes critican al Comité central de los Católicos alemanes por no invitarlos a su reunión anual que acaba de tener lugar en la ciudad de Leipzig. Dicen que no hay que aislarlos, ni segregarlos, hay que invitarlos a todas partes y hablar con ellos. Con la fuerza del discurso, se irían, lentamente acercando a nosotros y -gracias a alguna extraña fuerza oculta- se convertirán en demócratas.

Yo también creo que el diálogo. pienso que el debate es bueno, que de una discusión abierta puede salir la luz. Sin embargo, tampoco soy ingenua y me baso en mi experiencia. Tengo bastantes amigos (ex-amigos) y conocidos, miembros y simpatizantes (algunos han estado o están en puestos como dirigentes de la AfD) de este partido y otros tantos amigos y conocidos de la nueva derecha y sólo les puedo decir que, por excepción, se puede hablar con ellos, ya que están carcomidos por el fanatismo.

Pienso que la AfD no se puede comparar con los Verdes de la primera época. Andreas Püttmann tiene razón, cuando hace ver que se equivocan quienen lo sostienen, puesto que el partido Verde, pese a trazos de extrema izquierda en un primer período, siempre fue una colectividad antiautoritaria y democrática-liberal, que se insertó, desde un comienzo en la tradición parlamentaria de Alemania.[2].

Por el contario, un partido autoritario, anti-islamista (crecientemente anti-católico) y racista[3], que está en contra de la integración de los refugiados, que los combate (incluso con las armas de fuego, si pudiera[4]) y pretende la asimilación de los extranjeros (voy a buscar mi Dirndl), un partido anti-globalización, que combate la Unión Europea y busca la salvación cerca de Putin, sinceramente, no veo como se pueda integrar en el espectro liberal y democrático de Alemania del siglo 21. Ni a nivel interno, ni menos aún, en el plano internacional.

Un partido -por inexpertos que sean sus dirigentes- que, en gran parte, representa un “pensamiento” (si es que a eso se le puede llamar pensamiento) racista y nacionalista, que compara nuestra democracia con una dictadura es quien realmente “difama” con su odio nuestra sociedad abierta. Un grupo político que difunde teorías de la conspiración y llama a la resistencia contra nuestro sistema político democrático-liberal y occidental, que difunde el odio y que bagateliza el uso de la violencia, es decididamente, de un calibre muy distinto al del que nunca fueron los Verdes en toda su historia[5].

En el fondo, el intento de presentarlos como los nuevos Verdes, es una tentativa de convertir a la nueva derecha en “presentable”, respetable, válido, en algo admisible. Lo que, a todas luces no es.

La AfD y, en general, la llamada nueva derecha en Alemania pretende cambiar Alemania[6]. Y cambiarla en un sentido que a ninguno de nosotros nos puede gustar. Menos que nada a los extranjeros en Alemania. Los extranjeros que son llamados “invasores” o simplemente “bárbaros”, olvidando que, en la época de la invasión del Imperio Romano, los bárbaros eran los llamados “germanos”; pero… ¡a quién le interesa la historia…! Para la AfD, el modelo occidental ha perdido su atractivo. Ellos buscan un nuevo modelo de sociedad.

No se trata de renovar la sociedad, ni de reformarla, ni mejorarla. Esa era la idea de los Verdes y realmente, se puede decir que lo lograron. Hoy todos somos ecologistas y defendemos el medio ambiente. Incluso el Papa Francisco[7]. Se trata más bien de una vuelta atrás. De restringir las libertades y derechos individuales, instaurar un estado autoritatio con un Führer a la cabeza y una democracia no-parlamentaria, donde las decisiones del jefe máximo puedan ser corroboradas por plebiscitos. La exigencia de la AfD de realizar plebiscitos y referenda, tiene poco y nada que ver con la democracia directa o con la democracia de base; pero sí mucho más que ver, con una democracia fingida, en que un líder máximo decide lo que hay que hacer -apoyado por un partido único- y hace corfirmar sus decisiones mediante pseudo elecciones o pseudo plebiscitos. Alemania tiene experiencia con ese sistema…

La nueva derecha en Alemania -de la que la AfD forma parte importante, como su miembro más exitoso- desprecia nuestra forma de vivir, que considera decadente. Difama los partidos políticos que llama partidos antiguos, sistemáticos o de consenso, como si el consenso fuera malo[8]. Ellos serían los disidentes, así se llaman a sí mismos, se comparan con los disidentes de la época soviética. Y comparan la Unión Europea con la Unión soviética… Confunden la democracia con la dictadura. Como twitteó alguna vez el ex-marido de Frauke Petry: si confundes a democracia con la dictadura, la que pierde es la libertad[9].

Pretenden acabar con el por ellos odiado parlamentarismo o régimen parlamentario que exige las coaliciones, precisamente llegar a un consenso, a un acuerdo y hace indispensables los compromisos, incluso con el rival político. Algo que la nueva derecha no aceptaria. Para ellos, todo compromiso es debilidad, para ellos todo es blanco o es negro, los tonos grises no existen. Pese a que su mentalidad es verdaderamente gris.

El autor francés Renaud Camus -todo un dandy- con su tesis del etmopluralismo goza de incomprensible popularidad entre estos grupos. Para él, “los de arriba” han “entregado, sin ofrecer resistencia, nuestro territorio a los invasores”. Los invasores somos los extranjeros. De acuerdo al etnopluralismo, cada pueblo debe permanecer puro, esto es, con poca y nada “mezcla” con “otros pueblos”. En otras palabras, un alemán sólo puede casarse con una alemana y una alemana, sólo con un alemán[10].

En suma, la Alternativa no se puede comparar con los Verdes de la primera época. Ambos idearios e ideales son total y completamente diferentes. El ADN de los verdes era anti-autoritario, profundamente democrático y abierto a todos. El de la AfD es profundamente autoritario, antidemocrático y defiende una sociedad cerrada y encerrada sobre sí misma. La AfD es etnopluralista y parte importante de sus miembros es abiertamente xenófoba o identitaria. La idea o el concepto de la persona humana que subyace en ambos pensamientos es completamente diferente. El concepto de persona humana en la AfD es absolutamente incompatible con el ideal cristiano. El de los Verdes, no.


[1] Una ex-amiga que entonces militaba en la AfD y cuyo marido era dirigente me decía día por medio que nos los demonizara, ni los difamara, ni demonizara a Putin, a quien ella defendía.

[2] Cfr. “Sie verkennen, dass die Öko-Partei, trotz linksradikaler Einsprengsel in der Frühzeit, im Kern einer antiautoritären, liberal-demokratischen Tradition zuzurechnen sind, in die sie parlamentarisch denn auch bald hineinfanden”. Püttmann: Abgrenzen statt annähern

[3] Ver las palabras llenas de desprecio de Gauland sobre el alemán y cristiano Jérôme Boateng, nacido y criado por su mamá alemana en Alemania; pero que, debido a que su papá es ganés, es más morenito que Gauland. Si esto no es racismo, no sé cómo llamarlo, Por otra parte, implica el rechazo de matrimonios entre gente de diversas nacionalidades. Algo propio del etnopluralismo 

No me quiero imaginar lo que siente su mamá cuando escucha este tipo de ataques racistas contra su propio hijo. Pero supongo que esto no les interesa mucho, ya que no he visto gente menos empática que la nueva derecha alemana.

Un resumen en inglés en: AfD provokes anger with racist comments about German national team player Boateng

[4] Ver declaraciones de Petry y von Storch sobre disparar a los refugiados.

[5] Cfr. “Eine in Teilen völkisch-nationalistische bis offen rassistische, Demokratie mit Diktaturvergleichen diffamierende politische Gruppierung, in der Verschwörungstheorien, Widerstandspathos, Hass und Gewaltverharmlosung wabern, ist von anderem Kaliber, als die Grünen es je waren. Sie mag im Bauchladen ihrer Protestanliegen manches Diskutable transportieren, doch das kann die »No-Gos« nicht aufwiegen”. Püttmann: Abgrenzen statt annähern

[6] Sobre la temática la AfD quiere cambiar el país, ver: Liane Bednarz: “Die AfD will ein anderes Land”

[7] Con su encíclica Laudato si.

[8] Les recuerdo el discurso de Petry en la reciende convención del partido en Stuttgart, donde ella hablóa abiertamente del tema. En youtube: https://www.youtube.com/watch?v=JWCTT2KXfLM

[9] Cfr. “Wo Demokratie als Diktatur der Mehrheit verstanden wird, bekommt die Freiheit kein Bein an die Erde” https://twitter.com/sven_petry/status/726650504042954752

[10] En el último curso de retiro del Opus Dei al que asistí. Me chocó ver a una centroamericana hablando durante todo el retiro sobre la AfD, a la cual defendía, ya que su marido pertenecía a ella. Reclamaba, en voz muy alta (pese a que el retiro era en silencio) que se tildara al partido de nazi. Yo pensaba: si la nueva derecha y el etnopluralismo estuviera en el poder, ella no habría podido casarse con su marido alemán. Pero claro, ella sólo repitía lo que escuchaba en su casa.