El último ataque de Rusia a los ucranianos es una advertencia para Occidente

“El sábado por la noche, tres pequeñas embarcaciones navales ucranianas abandonaron el puerto ucraniano de Odessa y se dirigieron al puerto ucraniano de Mariupol. En el camino, tuvieron que pasar por el estrecho de Kerch, una franja de agua que se encuentra entre la península de Crimea ocupada por los rusos y el continente ruso. Los barcos ucranianos todo el derecho de estar allí: un grupo similar de barcos atravesó el estrecho hace apenas un mes, y un tratado de 2003[1] garantiza los derechos de ambas naciones a usar esas aguas[2]. Pero esta vez, en una provocación cuidadosamente organizada, los barcos rusos dispararon contra los barcos ucranianos, y luego los capturaron, junto con 23 miembros de la tripulación”[3].

Sí, la guerra entre Rusia y Ucrania continúa. La pregunta es ¿por qué ahora una aceleración del conflicto? Pregunta Appelbaum y responde: “esta pequeña aventura militar se produce tras las amplias protestas contra los cambios en las leyes rusas sobre pensiones, y está acompañada de una gran frustración debido al lento crecimiento de la economía” en Rusia. Sí, no olvidemos que el país más grande del mundo tiene una economía tan fuerte como la de Italia. Aunar al país frente a un “enemigo externo” y ofrecerle un patriótico “pan y circo” siempre ayuda a los gobiernos fracasados. La población se distrae una vez más, al menos, durante un tiempo.

El momento tampoco es bueno para Ucrania. El incidente puede haber sido provocado, pensando influir en la elección presidencial de marzo próximo, donde el Presidente actual no tiene muy buenas expectativas. “Quizás los rusos quieran inyectar un elemento polarizador en una sociedad ya dividida”. Después de observar lo que los medios rusos del estilo de Russia Today hacen en Europa occidental, nada más me puede extrañar.

O tal vez, “esta sea una respuesta a la decisión de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana de separarse de Rusia”. No hay que dejar de lado la importancia política (para bien o para mal) que la Iglesia Ortodoxa tiene en los países del Este de Europa (incluyendo a Polonia, pero este es otro tema). Appelbaum comenta que, tal vez Rusia intente “provocar un aplazamiento de la elección por completo”.

“En un sentido estricto, es posible que ya hayan logrado cambiar la atmósfera política. En una reunión nocturna el domingo, el presidente Poroschenko (…) pidió aplicar la ley marcial en una parte del país y el parlamento votó el lunes para imponerlo”. En efecto, la lo que llamaríamos más bien el estado de guerra, fue establecido en las regiones de Ucrania que están en peligro de ser afectadas por un conflicto armado o incluso por una eventual invasión rusa. Que nadie se asombre de que hable de invasión, ya hemos visto la invasión de los “hombrecitos verdes” en Crimea.

Hay que dejar claro que muchos ucranianos critican el establecimiento del estado de guerra o ley marcial y creo que están en su perfecto derecho de hacerlo y de temer que un poder gubernamental muy grande pueda afectar la transparencia y la limpieza de las elecciones. Pero a nadie se le pasa por la mente que Poroschenko haya querido provocar esta situación bélica frente a Rusia para sacar provecho electoral de ella. Sólo alguién que piense y actúe tan maquiavélicamente puede supones que otras personas también actúan así.

Poroshenko había solicitado al Congreso una ley marcial de dos meses de duración. El congreso sólo autorizó sólo 30 días (a partir de hoy y hasta el 27 de diciembre). Es la ventaja de la democracia representativa en que el presidente no puede hacer lo que quiera. sino que siempre está limitado por el Parlamento, por los parlamentarios con quienes tiene que llegar a acuerdos y a compromisos, incluso en casos extremos como el de peligro de guerra.

Una de las críticas más grandes hechas al presidente es establecer ahora, justo antes de las elecciones presidenciales el estado de guerra, en circunstancias que la guerra con Rusia tiene ya bastante tiempo. Se teme que el gobierno de Poroschenko influya en la campaña electoral. Sin embargo, “al parecer, la ley marcial sólo incluye la movilización militar y (…) no habrá restricciones en los medios de comunicación o en reuniones públicas, y que tampoco se aplazará la elección” de marzo del 2019.

Desde el punto de vista internacional, el momento no puede ser mejor para Rusia, puesto que los grandes países se hallan preocupados o abrumados por otros problemas. Es el caso de “Gran Bretaña, uno de los países que más se ha mostrado inflexible en cuanto a las sanciones a Rusia”, se encuentra en medio de una batalla política en torno al Brexit. Hoy, en Londres nadie se preocupará por Ucrania. Por su parte, “la administración del presidente Trump está dividida, distraída y se prepara para enfrentarse a la mayoría demócrata en la próxima de la Cámara de Representantes que, entre otras cosas, investigará sus vínculos ​​con Rusia”.

Por otra parte, me parece que no hay que dejar de lado la influencia de los nuevos partidos y grupos de extrema derecha y de extrema izquierda que siguen a pie juntillas las directrices de Moscú, de partida por la dependencia no sólo intelectual, sino también económica de muchos de ellos.

Anne Appelbaum concluye que “Cualesquiera sean los otros motivos para este ataque por etapas, este tipo de pasividad bien puede ser con lo que cuentan los rusos. Este es el modus operandi que han seguido en el pasado: dar unos pasos adelante, esperar la reacción. Si no hay una ninguna, moverse hacia adelante. Si hay reacción, esperar que las emociones se apaguen y luego seguir avanzando”. Esta táctica es aún más arriesgada y efectiva de la que tenían los soviéticos durante la Guerra fría, la estrategia marxista expresada a nivel vulgar en el slogan que tantas veces escuché en mi infancia: “Un paso adelante, dos pasos atrás”[4].

“Este incidente puede o no terminar aquí, pero considéremoslo una advertencia: si no tenemos una estrategia más amplia para poner fin a esta guerra, ese será el patrón en los próximos años”. Sí, Putin parece poner a prueba a Occidente, quiere ver hasta donde puede llegar, tal como un niño pequeño que quiere poner a prueba a sus papás. Tiene toda la razón la autora polaca-norteamericana, por algo el título de su artículo del lunes en el Washington Post es El último ataque de Rusia a los ucranianos es una advertencia para Occidente.


[2] El artículo 1° establece; “El mar de Azov y el estrecho de Kerch son históricamente las aguas interiores de la Federación de Rusia y Ucrania”. Asimismo, el Artículo 2 N° 1 establece: “Los buques mercantes y buques de guerra, así como otros buques estatales que enarbolaban el pabellón de la Federación de Rusia o Ucrania, operados con fines no comerciales, disfrutan de libertad de navegación en el Mar de Azov y el Estrecho de Kerch”. Traduje el texto del Acuerdo: Tratado entre la Federación de Rusia y Ucrania sobre cooperación en el uso del mar de Azov y el estrecho de Kerch

[3] Russia’s latest attack on the Ukrainians is a warning to the West A continuación, siempre que cite entre comillas, será una cita a este artículo.

[4] Un paso adelante, dos pasos atrás es una obra de Lenin, de 1904.

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Defendamos la sociedad abierta de sus enemigos

El nacimiento de la sociedad abierta

En la introducción a su libro, “La sociedad abierta y sus enemigos”[1], Carl Popper hace ver que, cuando se pasa de una sociedad cerrada a una sociedad abierta, surgen movimientos reaccionarios que intentan echar abajo la civilización, para retormar al previo estado tribal. Asimismo, muestra que las ideas que hoy llamamos totalitarias son tan antiguas o tan jóvenes como nuestra propia civilización[2].

La sociedad cerrada se encuentra sometida a lo que él llama “fuerzas mágicas”. Por el contrario, la sociedad abierta supone y deja en libertad -yo diría que promueve- las capacidades críticas de las personas. De sentido crítico, hablaríamos hoy.

Nuestro autor habla del paso (Übergang) desde un orden social estamental (Stammesgesellschaftsordnung) o cerrado (geschlossene Gesellschaftsordnung) a uno abierto. Hago ver que Popper usa la denominación sociedad tribal o estamental y sociedad cerrada como sinónimos. (Esto último es un dato importante para ideólogos racistas o de ultra derecha que, sin embargo, se llenan la boca con el nombre de Popper o, en general, haciéndose pasar por liberales, lo que no son[3]).

Para él, la “civilización” (Zivilisation) es sinónimo de sociedad abierta, coincide con ella, es ella. Popper contrapone claramente la “civilización” frente a la “organización tribal”[4], estamental, a la familia extendida que algunos -prisioneros del etnopluralismo[5]– quieren ver en la nación, en la etnia, en su pueblo (Volk).

Este paso o Übergang no es un momento, no es un instante. Es un proceso (por eso, me parece muy apropiada la voz transición, usado por la traducción al castalleno). El proceso de tránsito de la sociedad tribal a la sociedad abierta es un shock, nos explica Popper. Y agrega que constituye el “nacimiento” (Geburt) de la civilización.

Los movimientos reaccionarios

En el proceso de tránsito desde una sociedad cerrada hacia una abierta puede haber retrocesos. Y de hecho, los hay. Popper los llama “movimientos reaccionarios” (reaktionäre Bewegungen).

Nuestra civilización es todavía un niño, se halla aún en su infancia[6], nos explica Popper gráficamente. Tiene que crecer, desarrollarse, desenvolverse. Evolucionar, pese a que, en su desarrollo, ha sido tantas veces traicionada por los líderes intelectuales de la humanidad. (De “rectores intelectuales” habla la traducción al castellano, denominación que me parece un tanto rebuscada).

De acuerdo a nuestro autor, los objetivos de la civilización son son: humanidad (Menschlichkeit), Racionalidad (Vernünftigkeit), Igualdad (Gleichheit) y libertad (Freiheit).

Concluyo que, si la civilización la sociedad abierta, se desenvuelve lo hará en el sentido de aumentar la humanidad, la racionalistad, la igualdad y la libertad, que son las coordinadas de una sociedad abierta. Todo lo que vaya en su contra, es un retroceso que nos vuelva atrás, a la sociedad cerrada, tribal, dominada por “fuerzas mágicas”.

Totalitarismo

Cuando una sociedad avanza surgen movimientos contrarios a la sociedad abierta, fuerzas anticivilizatorias de los más diversos colores y procedencias. Popper los llama totalitarismos y expone que son tan antiguos y tan nuevos como la misma civilización. El totalitarismo ha acompañado pues a la civilización desde su nacimiento, explica. En efecto, el surgimiento de las fuerzas reaccionarias o totalitarias coincide con el surgimiento de la sociedad abierta, de la civilización en ciernes.

Me atrevo a sostener que las “fuerzas mágicas” de hoy son principalmente las variadas teorías de la conspiración y toda la superstición y la mística barata que las rodea. Las fuerzas mágicas que se contraponen a la racionalidad. Sí, ese residuo arcaico que subyace oscuro bajo el brillo de nuestra sociedad. Las conspiranoias[7] e ideologías similares que se basan en primitivos esquemas de pensamiento, generalmente representados por una división de la realidad en dos bandos: el mío, que es el de los buenos y el de los malos, de los victimarios, quienes invaden a “mi pueblo” que es víctima, y acosan a “nuestras mujeres”.

Si lo anterior te parece conocido, es que has escuchado hablar a personas como Wilders, Orbán, Strache, Trump, Höcke, Bolsonaro, Le Pen, los ayatolas y otros “líderes del mundo de hoy”.

Populismo

En un momento en que surgen en el mundo movimientos populistas unos de izquierda y otros de derecha, pero todos siempre totalitarios, la lectura de Popper no sólo es una buena explicación de la realidad, sino que además, es -de alguna forma- tranquilizante. Concluyo que 1) los movimientos totalitarios no son nuevos, que han existido siempre y seguirán existiendo. 2) Los movimientos totalitarios surgen porque avanzamos, porque la civilización se hace más libre, más racional, más humana y más igualitaria.

El avance, el progreso trae consigo necesariamente resistencia. Mayor o menos, según mayor o menos sea la fuerza civilizatoria. Los movimientos reaccionarios son reticentes al avance, al perfeccionamiento de la sociedad libre.

Lo que no es muy tranquilizante es lo que Popper advierte acerca de la “traición” de los líderes de la humanidad. Lo que ellos dejan de lado, lo que descartan son precisamente los fines en pos de los cuales se mueve la civilización y que hacen posible la sociedad abierta. A saber: la humanidad (en sentido de humanismo), la racionalidad (en sentido de “lo que es razonable”, en contraposición a las “fuerzas mágicas”), la igualdad y la libertad. Cada delación a estos ideales es un retroceso, más pequeño o más grande; pero siempre un retroceso.

Sin embargo, no sólo los “líderes rectores de la humanidad” pueden traicionarla, sino también movimientos colectivos, partidos, organizaciones nacionales o internacionales, países enteros que se vuelven “iliberales”, jefes ideológicos, incluso magnates mundiales que ponen sus imperios periodísticos o económicos o ambos, al servicio de un retroceso totalitario. Y no exagero, una mirada a Europa y a Estados Unidos nos hace ver que la realidad puede ser peor que la peor de las imaginaciones.

Lo que podemos hacer

Pienso que es aún más urgente que cada uno, cada una de nosotros analice críticamente a quién y a qué da su apoyo, por quién vota, en qué movimiento o partido se inscribe. A quién da likes o corazones en las redes sociales. A quién defiende -o ataca- en conversaciones de sobremesa o en reuniones de amigos[8]. No podemos ser tontos útiles, no podemos dar nuestro apoyo a quienes lideran precisamente esos nuevos totalitarismos que, en realidad, son tan viejos como la civilización. Pero se presentan reiteradamente con nuevos ropajes.

No podemos recostarnos en el sofá a esperar que pase todo, cruzados de brazos, mientras movimientos totalitarios ganan terreno gracias a la apatía de quienes deberíamos defender nuestra civilización, nuestra sociedad abierta, pluralista y multicultural[9]. Seguridad, confianza, abandono en las manos de Dios, del destino, de la Historia o como quieran llamarlo, nunca es inactividad, indiferencia, ni dejadez. Muy por el contrario. El análisis popperiano tiene que ser un aliciente al poner aún más esmero y diligencia en la defensa de lo que nos es tan preciando como nuestro sistema libre de gobierno y de sociedad.

Pese a la gravedad del avance totalitario, la lectura y análisis de Popper nos lleva a conservar la serenidad, a guardar la calma y a mantener la confianza. La confianza en las instituciones, en lo logrado hasta ahora, en el camino civilizatorio que es imparable, pese a los retrocesos, más grandes o más pequeños. Hay que mirar lo logrado hasta ahora y no lo que falta aún por alcanzar. Depende de nosotros…[10].


[1] Karl Popper, Die offene Gesellschaft und ihre Feinde, I. TB Francke, 4a. edición de 1975. Copyright de la primera edición en alemán, de 1957.

[2] Obra recién mencionada, pág. 12.

[4] Lo que lo que queda aún más claro en la edición en castellano: La sociedad abierta y sus enemigos, pág. 15.

[6] Infancia es una palabra que usa la traducción en castellano. En alemán, dice que se halla en los zapatos de un niño.

[7] Invito a leer mi relato ficcional y distópico Ateísmo y antisemitismo

[8] Así conversamos con mis amigas: ¡Sácate la burka!

[10] Invito a leer mi columna Y si pasa algo…

La pedofilia en la Iglesia católica – Mi opinión

Esta semana, vi la película “El Club” (2015), de Pablo Larraín. En parte, me decidí a verla, porque se habla de ella en Alemania, sobre todo porque se la compara con la más conocida “Klerus” (2018), del polaco Wojciech Smarzowski.

En “El Club”, la música de Arvo Pärt suena aún más triste y melancólica. No, no es la intención del director Pablo Larraín, que sea una película triste, al menos no siempre. Al menos, eso creo. Pärt es uno de mis músicos contemporáneos favoritos; pero tengo que reconocer que los trozos escogidos para la cinta, en sintonía con el clima del pueblo o caleta de pescadores de La Boca es… es harto deprimente, como me comenta una amiga experta en cine.

El tema es igualmente deprimente. Pero que lo sea, no quiere decir que podamos o que debamos ignorarlo. Ignorar una realidad porque es deprimente es un “lujo sibarita” que no nos podemos permitir. Muy por el contrario, también -o sobre todo- los temas deprimentes tienen que ser objeto de nuestra atención. Más aún si es un tema tan doloroso pero sumamente importante como el abuso sexual de niños, cometido por quienes deberían haberlos protegido con más fuerza, con más dedicación, con más amor.

Con más amor y no con el abstruso egoísmo que busca el propio placer a costa de la vida, de la integridad y de la personalidad de menores de edad; niños, jóvenes, adolescentes. Esto es sibarismo máximo, Epicúreo manda saludos. Todo lo que la Iglesia católica -y el cristianismo en general- enseñó que no era bueno, que era muy malo; todo esto sale a relucir de su peor forma en el caso de abusos sexuales por parte de sacerdotes o, en general, de personeros de la Iglesia.

La personalidad de Sandokan (en “El Club”) es representativa de tantos niños y jóvenes, cuya vida ha sido destruida[1]. Víctimas de abusos, víctimas de pedofilia, Víctimas de inescrupulosos egómanos que sólo se centran en su placer, incluso a costa de la ruina de menores de edad, indefensos, ante el máximo poder de sacerdotes o profesores. Si creemos que las víctimas están antes que los victimarios, Sandokan debería ser el personaje más importante de la película.

Desde tiempos inmemoriales, la Iglesia ha protegido a los niños. Los padres les han confiado a sus hijos, a sus hijas y la Iglesia, como institución, los ha acogido y custodiado. La Iglesia ha enseñado a respetar la dignidad de los niños[2]. A respetarlos como seres humanos, frente, por ej., al derecho romano o a las costumbres medievales (costumbres tales como casar a los niños apenas nacían con otros niños que ellos ni conocían[3]).

Asimismo, los personeros de la Iglesia (sacerdotes, laicos, hombres y mujeres) que han abusado sexualmente de niños cometen pecados siempre graves -tradicionalmente, se llamaban “pecados mortales”, lo que nos da una idea de su gravedad-. Pecados, en contra por lo menos de dos de los diez mandamientos que Dios entregó a Moisés. Contra el sexto y también contra el noveno mandamiento. De manera que lo que hacen estas personas no es menor, sino algo gravísimo.

Pero no es solamente un pecado, sino que es también un delito. Esto es, una “acción u omisión voluntaria penada por la ley”, como se dice escuetamente el Código Penal chileno[4]. Sí, si una persona -sacerdote, profesor o profesora, entrenador o entrenadora, pastor o pastora- abusa sexualmente de un menor de edad, aparte de cometer un pecado grave, comete un delito. No estamos pues sólo ante un tema de moral, de ética o puramente religioso o espiritual como puede ser odiar al prójimo, mentir a los padres o comer una casata entera de helado de pura gula… No, estamos frente a algo que es inmensamente más grave. Y que causa más daño a la víctima. Estamos frente a un delito.

Y ante uno que tiene que ser denunciado ante la justicia estatal y ser perseguido por ella. La medida reciente del Vaticano en el sentido de que toda denuncia acerca de un acto de pedofilia debe ser comunicado a la justicia ordinaria del respectivo país es, sin duda correcta. Lo malo es que llega muy tarde. Después de décadas de silencio, de complicidad, de mal entendido esprit de corp, de cobardía. El callar, el ocultar los actos pedófilos de sacerdotes y otros, dentro de la Iglesia fue absolutamente injusto y causó muchísimo dolor y sufrimiento extremo. Encubrir a un delincuente hace cómplice al encubridor del delito y por tanto, lo convierte en delincuente.

Hace años pregunté a un sacerdote español[5] de quien yo tenía una buena impresión qué habría hecho él si hubiera de un sacerdote pedófilo. Me respondió que habría que enviarlo a otro lugar, para que cambiara de ciudad. Su respuesta me convenció aún más de que generaciones enteras de sacerdotes católicos, poco y nada han entendido. No saben que un hombre pedófilo no va a cambiar su tendencia de un día para otro sólo porque lo mandan a otra ciudad o a otro país. Por el contrario: va a llegar a un sitio nuevo donde encontrará nuevas víctimas, ya que nadie sabe de su tendencia pedófila. Es como a un pez que cambian de pecera luego de que se ha comido todo el alimento de la primera. Ahora va a ingerir todo el de la segunda pecera.

No, no es amor a la Iglesia callar sobre la pedofilia. Eso no es defender a la Iglesia. En realidad, eso es odiarla, detestarla y hacerle daño. No se trata de ir inmediatamente a “contarle a los periodistas”, como pregunta el padre Silva al Padre García en “El Club”. A lo que él responde que no lo hará porque él ama a la Iglesia y “no le quiere hacer daño”. Pienso que este es un craso error. Callando, ocultando lo ocurrido y encubriendo a los abusadores, es como más daño han hecho ellos a la Iglesia. De manera que, si alguien la quiere de verdad, va a tener que ponerse las pilas y oponerse a muchos hombres oscuros y denunciar los hechos. Y, sobre todo, ayudar a las víctimas y creerles. Sé por experiencia[6], que lo que más duele a las víctimas de pedofilia dentro de la Iglesia es que no les crean. Hay que darles credibilidad, por ahí se empieza.

Hay que confiar en el derecho del país en el que se vive y denunciar prontamente a la justicia ordinaria los delitos cometidos bajo el alero eclesiástico. Hago ver que no estamos frente a delitos cometidos por personas que trabajan para la Iglesia; pero que los han cometido en su vida privada. No se trata ni de un robo de dulces en el supermercado, ni de hacerse pasar por otra persona para entrar a la zona VIP de un aeropuerto. Se trata de delitos graves cometidos en su calidad de pastores o profesores, sacerdotes, etc. De delitos que ho hubiera podido cometer si no hubiera abusado de la supuesta “calidad moral” de su profesión u ocupación. Es gente que se aprovecha de la Iglesia para cometer sus fechorías. Y sus encubridores no son mejores. O como dijo alguien, sería mejor colgarse una piedra al cuello y tirarse a un río[7].

Sí, dada la confianza de que goza la Iglesia como protectora, educadora, custodia de niños, sus padres le confiaron a sus hijos. No fueron “confiados” a esas personas por ser el Padre Lazcano, ni el Padre Vidal, ni menos el Padre Gatica. No, los niños les fueron confiados por ser miembros, representantes de la Iglesia, sacerdotes, profesores, educadores. Porque -repito- la Iglesia, desde tiempos inmemoriales ha protegido a los niños bajo su alero. Con ello se ha ganado la confianza y ha adquirido competencia en el ámbito de la educación y el cuidado de los niños. Con su pedofilia, estas personas se han aprovechado de la confianza y la han pisoteado con los dos pies y con sus dos manos.

Es más, se cree que muchos de quienes abusaron de menores en la Iglesia, entraron a ella, precisamente porque sabían que ahí había niños y que esos niños estaban más o menos desprotegidos dentro de la institución, ya que todos pensábamos que la Iglesia los custodiaba y protegía amorosamente. Y que eso era protección suficiente. Craso error, como se ha visto. A veces, hay que ser como los zorros y no como las ovejas.

Entre paréntesis, si haces algo muy bueno, eso no te da licencia para hacer algo muy malo. En psicología, psiquiatría o neurociencia, esto se llama licencia moral o moral licensing. Consiste en pensar que he hecho tanto bien, que“tengo tanto a mi favor, tanto a mi haber, que ahora puedo desquitarme y hacer algo malo”. Es como las hojas de un balance: a un lado el haber, al otro el débito. Nadie me puede decir que los “sacerdotes pedófilos” no sabían que estaban haciendo algo muy pero muy malo.

Es cierto que muchas personas se convierten en entrenadores de deporte, porque saben que así tienen también acceso a niños. Esto cierto y creo que no tiene mucho sentido el debate acerca de dónde se cometen más abusos, si dentro o fuera de la Iglesia. Puede ser que la mayoría de los delitos de pedofilia se cometa en el ámbito familiar y no en la Iglesia. Al parecer, es esta una triste realidad. Pero no es esto lo que estamos analizando y no tiene sentido contraponer la familia o el club de natación a la Iglesia y sus colegios.

La pedofilia es, en la Iglesia aún más grave -si cabe hablar así- ya que los niños fueron entregados a la Iglesia por la protección especial que ésta ha dado a los menores a lo largo de los siglos, lo que significa que se ha “ganado” una especial confianza. Y también, porque es la misma Iglesia la que enseña sin pausa que los delitos del tipo abuso sexual son una ofensa super grande, un pecado muy pero muy grave. Quien no entienda esto y use el argumento de que “todos lo hacen” o que “en otra parte es peor” adolece de una horrible doble moral y de una gran insensibilidad y falta absoluta de empatía.

Entre paréntesis, muchos sectores católicos conservadores (incluyendo a muchos laicos y laicas) han sido tradicionalmente los primeros en criticar los pecados y también los delitos de tipo sexual. Ahora son ellos los primeros en taparse los ojos y los oídos cuando se da a conocer este tipo de delitos cometidos por sacerdotes. Si esto no es el máximo de los fariseísmos, no sé cómo llamarlo.

Flaco favor le hacen a la Iglesia quienes ocultan la pedofilia, tratan de descalificar a la víctima y con ello, justifican lo injustificable. Hace algunos años, una amiga mexicana, me mostró una caricatura en que Jesucristo bajaba de la cruz para perseguir a los curas pedófilos con un látigo (como hizo con los mercaderes del templo). La caricatura es lo más claro y verdadero que he visto sobre el tema.

En suma, creo que tenemos que dejar de lado la doble moral. Lo que está mal, está mal. Hay que llamarlo por su nombre y denunciarlo[8]. Denunciarlo a la Iglesia, al estado y darlo a conocer a la opinión pública. Aquí juegan un papel relevante los periodistas serios y responsables, aquellos que no buscan el sensacionalismo y no les da lo mismo el sufrimiento de las víctimas. No hay que olvidar que la premisa fundamental es: las víctimas son más importantes y no pueden esperar. Hay que concentrarse en ellas, en acogerlas, en creerles, en ayudarlas y en apoyarlas, para que se haga justicia.


[1] El artículo de Wikipedia sobre la película, ni siquiera menciona a Sandokan. Sólo en el elenco.

[3] Por eso se habla de “consumación del matrimonio”, porque ya estaban casados por sus padres y con el acto sexual, durante la adolescencia, sólo “consumaban” el matrimonio.

[6] Por mi contacto con víctimas con las que he tratado y he intentado ayudar.

[7] Cfr. Lucas 17,2. El Evangelio habla de lanzarse al mar; pero el cardenal Meisner hablaba del río Rhin. Y no lo dijo una sola vez.

Das Gegenteil einer offenen und freien Gesellschaft ist der Rechtspopulismus

Wir seien links oder sogar linksextrem. Ich soll ein “Gutmensch” sein, was so viel bedeutet wie extrem naiv oder einfach dumm. Das ist eine äußerst merkwürdige Stigmatisierung, denn ich bin lieber ein “Gutmensch” als ein “böser Mensch”. 

Viele Leute, die mit der Welle des deutschen Rechtspopulismus nicht einverstanden sind, werden als “linksversiffter Gutmensch” gebrandmarkt. Wer sich nicht mit der rechtspopulistischen Extremrechtsbewegungen des jeweiligen Landes identifiziert, soll automatisch als “links” oder linksextrem definiert oder besser gesagt disqualifiziert werden.

Ich bin aber weder links noch grün. Auch nicht durch irgendeine Farbe “versifft”. Um mit Sascha Lobo in re.publica[1] zu sprechen: “Das Gegenteil von rechtsextrem ist nicht linksextrem, sondern nicht-rechtsextrem”[2]. Oder wie ich meine: Das Gegenteil von Rechtsextremismus oder von Rechtspopulismus ist nicht Linksextremismus oder Linkspopulismus. Nein, das Gegenteil der extremen Rechten ist die Demokratie. Ja, die liberale und repräsentative Demokratie, die – während des Kalten Krieges – die “freie Welt” so leidenschaftlich verteidigt hat.

“Gut und Böse”

Für die Populisten ist es sehr leicht, die Welt in zwei zu teilen: In “Gut und Böse”. In ihrem Kopfkino sind sie immer “die Guten”. Alle anderen werden als Böse denunziert: Als internationalistisch, universalistisch, kosmopolitisch, kapitalistisch oder neoliberal. In ihren Augen sind wir böse Menschen, die gegen das Volk handeln. Gegen das Volk im völkischen Sinne. Rechte und Neue Rechte seien die Stimme des Volkes und wir sind einfach die “Volksfeinde”.

Ja, sie spalten die Welt, die Gesellschaft, den Staat in zwei Teile. Sie entzweien uns und “entsorgen” Menschen, die nicht zu ihrer Weltanschauung passen. Dazu können wir nur Nein sagen. Wie das Motto einer vor Kurzem in Berlin stattgefundenen Demo sagen wir sehr laut und selbstsicher: “Wir sind Unteilbar”.

Rechte und Neue Rechte beklagen oft, dass wir sie “dämonisieren”. Sie können uns aber problemlos “verteufeln”. Sie können austeilen, aber nicht einstecken. Sie akzeptieren nicht das Kontern und spielen dann sofort das arme Opfer. Sie verunglimpfen alle, die ihnen widersprechen und bezeichnen sie als “grün versiffte Linke”. Das ist äußerst merkwürdig, da sie ständig behaupten, sie seien weder rechts noch links. Mit ihrer Aussage positionieren sie sich aber selbst im rechten Spektrum.

In ihrer eigenen Wahrnehmung meinen sie, über allem zu stehen, über links und über rechts und sowieso über der lauen politischen Mitte. Wenn das so wäre, frage ich mich, warum sie andauernd alle andere als links zu disqualifizieren versuchen.

Der Wunsch mancher Neuen Rechten, alle anderen als links auszusondern, scheint oft unter anderem darauf zurückzuführen zu sein, dass viele rechtsextreme Populisten von heute in Wirklichkeit an politischen und wirtschaftlichen Ideen festhalten, die früher als links galten und in Wirklichkeit links sind.

Ebenso unterstützen ehemalige Marx-Anhänger aktuelle rechtpopulistische Bewegungen. Das ist eigentlich kein Wunder, denn eine ganze Menge extremer Ideen wurden und werden von “beiden Seiten” vertreten. Mir fallen Themen wie Staatswirtschaft, Protektionismus, staatliche Überschuldung, diese für mich unerklärliche Sehnsucht nach wirtschaftlicher Autarkie, die Verachtung der sog. Eliten oder “die, da oben”, National-Patriotismus und die Ablehnung der Globalisierung und der sog. “Finanzelite” ein.

Mitglieder von der einen und der anderen Seite sind daher relativ austauschbar. Sogar das Thema Nationalismus scheint manche Linke mit einem (rechts)populistischen Drall nicht zu stören. Die wiederholten Einladungen von Alexander Gauland (AfD) an Sahra Wagenknecht (Die Linke), sich seiner Partei anzuschließen, sind bezeichnend dafür. Übrigens, Wagenknecht hat die oben genannte Berliner Veranstaltung mit dem Motto “Unteilbar” öffentlich abgelehnt.

Pluralismus und Freiheit

Für den Populismus soll die Gesellschaft nicht plural sein. Rechtspopulisten verabscheuen den Pluralismus und versuchen, ihn abszuschaffen, was eindeutig demokratiefeindlich ist[3]. Sie hassen unsere bunte, weltoffene und multikulturelle Welt. Ihre Weltanschauung ist verschlossen, kleinkariert und ziemlich düster.

Nein, die Gesellschaft soll weiter vielfältig und multikullturell bleiben. Pluralismus ist nicht tolerierbar sondern es ist wünschenswert. Vielfalt ist kein geringeres Übel. Wir lieben den Pluralismus, die Vielheit. Diversity ist für uns ein schönes Wort. Ja, wir sind “Unteilbar”, aber auch vielfältig. Uniformierung jeder Art ist uns zuwider. Das habe ich als Kind in Zeiten des Kalten Krieges gelernt, und ich weiß es nicht, warum das nicht mehr gelten soll.

Das bedeutet keineswegs, Karl Poppers Paradox der Toleranz zu vergessen. Wir dürfen die Intoleranten nicht tolerieren. Diejenigen, die die freie und offene Gesellschaft durch ein kollektivistisches, totalitäres und autoritäres Gesellschaftsmodell ersetzen wollen, können wirklich nicht toleriert werden. Mit Popper können wir uns laut sagen: “Im Namen der Toleranz sollten wir uns das Recht vorbehalten, die Intoleranz nicht zu tolerieren”[4][5].

Oder wie Aleida Assmann in der Paulskirche warnte: “Nicht jede Gegenstimme verdient Respekt”. In der Tat: “Sie verliert diesen Respekt, wenn sie darauf zielt, die Grundlagen für Meinungsvielfalt zu untergraben. Demokratie lebt nicht vom Streit, sondern vom Argument”[6].

Diversität, Gleichberechtigung, und Gender sind Begriffe, die unsere Freunde aus dem rechten Spektrum verschmähen. Sie wollen eine Gesellschaft, in der alle gleich sind. Gleich im Sinne einer Uniformierung. Nicht gleich vor dem Gesetz. Vor dem Gesetz sollen nicht alle gleich sein: Männer und Frauen nicht und Mitglieder des jeweiligen Volkes und Nicht-Mitglieder auch nicht. Leute, die wie sie denken, und Andersdenkende sollen auch nicht die gleichen Rechte haben. Das ist der Kern der sog. Illiberalität.

Mitglieder des einen Volkes sollen gleich sein. Innerhalb des Volkes herrscht Homogenität. Unter den Völkern herrscht Heterogenität. Das ist nichts anders als die Ideologie des Ethnopluralismus oder ein neues Apartheid auf Weltebene[7].

Mein Volk soll frei sein. Dass jedes Mitglied der Gesellschaft frei ist, ist für sie irrelevant. Ich denke anders: In einer offenen Gesellschaft kann der Einzelne sich in Freiheit entfalten. Anders als die Rechten meine ich, dass ich nicht auf meine individuelle Freiheit verzichten soll, weil “mein Volk” schon Freiheit genießt.

Die Neue Rechten sprechen viel zu viel über Freiheit, aber die Freiheit ist für sie nicht die individuelle Freiheit jedes Menschen, sondern die Freiheit der Gruppe, die Freiheit des Volkes (des eigenen Stammes). Nicht der Mensch ist frei, sondern das Volk. Ja, mehr als ein Hauch von Ethnopluralismus ist allgegenwärtig.

Liberal-konservativ gegen jeden Totalitarismus

Nein, wir sind nicht links geworden. Alle diejenigen, die in Zeiten des Kalten Krieges antikommunistisch waren (antikommunistisch, aber nicht Antikommunisten, denn Menschenfeindlichkeit ist immer schlecht). Alle diejenigen, die sich früher Liberal-konservativ  nannten, die die Freie Welt, die offene Gesellschaft verteidigt haben, haben sich nicht entstellt oder verstellt.

Das Gegenteil des Kommunismus ist nie der Faschismus gewesen. Das Gegenteil des Kommunismus war immer die Demokratie. Weltoffenheit, open society, die freie, liberale und plurale Gesellschaft, waren damals die Themen. Kommunismus und Faschismus sind Formen des Totalitarismus, gegen die Konservativ- und Liberal-Demokraten im 20. Jahrhunderts tapfer gekämpft haben.

Liberal-konservativen waren nie auf der Seite der Autokraten. Sie waren immer ihre Gegner. Nie auf der Seite eines ehemaligen KGB-Offiziers. Nie auf der Seite des Totalitarismus. Und es wäre ein echter Verrat an den damaligen Idealen, wenn wir uns auf die Seite der Neuen Rechten, der Populisten aus dem rechtsextremen Spektrum schlagen würden. Der Kampf unserer Eltern und Großeltern wäre sinnlos gewesen wenn ein Totalitarismus durch einen anderen ersetzt worden wäre.

Liberal-Konservativen haben dem Kommunismus den Stirn geboten, nicht um in einer “illiberalen” Gesellschaft osteuropäischer Prägung zu enden. Nein, wir haben das Recht und die Pflicht, unser freiheitliches und demokratisches System zu verteidigen. Wie es“der Westen” damals getan hat. Illiberalismus ist keine Alternative, Illiberalismus ist lediglich ein neuer Totalitarismus.

 Wir verteidigen heute die freie Gesellschaft. Genau wie zur Zeit des Kalten Krieges unsere Eltern und Großeltern die offene Gesellschaft gegen den Totalitarismus verteidigt haben. Machen wir uns keine Illusionen, die Widersacher der freiheitlichen demokratischen Grundordnung schlafen nicht, sie haben nur ihre Kleider gewechselt. Sie tragen heute keinen ungepflegten Bart oder lange Haare, sondern Karosakko und Hosenanzug. Und eventuell eine Glatze…

 

Karl Popper

Nach Popper ist die die Stammesgemeinschaft das Gegenteil der offenen Gesellschaft. Der Philosoph erinnert uns: “Liebe deinen Nächsten, sagt die Heilige Schrift, und nicht Liebe deinen Stamm”[8].

(Apropos: Der Staat ist nicht die Fortsetzung der Familie. Der Staat ist keine Großfamilie, kein Stamm und keine Ethnie. Familie und Staat sind wesentlich, essentiell andersartig. Der Staat ist kein Stamm und auch keine “große Familie”).

Das Gegenteil einer offenen und freien Gesellschaft ist eine Gesellschaft oder ein Volk, zu dem nur einige Menschen gehören dürfen. Eben diejenigen Menschen, die zum Stamm gehören. Also zum Volk im völkischen Sinne. Und wo alle andere aus ethnischen oder ideologischen Gründen “draußen bleiben müssen”.

Unsere weltoffene Gesellschaft ist an sich eine multikulturelle und vielfältige Gemeinschaft, zu der jeder oder jede gehören kann, wenn er oder sie das Grundgesetz – also die Staatsverfassung – respektiert und verteidigt[9]. Das ist mehr oder weniger, was wir seit den 1970er Jahren Verfassungspatriotismus nennen. Eine wichtige politische Erfindung oder Entdeckung des 20. Jahrhunderts.

In einer pluralen Gesellschaft gibt es keine “Volksfeinde”. Jeder einzelne darf denken, was er oder sie will. Und infolgedessen auch handelt. Handeln immer aber innerhalb der weiten Planken der freiheitlichen demokratischen Grundordnung. Wir konkurrieren mit unseren Meinungen auf dem demokratischen Marktplatz der Ideen. Wir haben politische Konkurrenten, mit denen wir sehr gut befreundet sein können. Politik ist nicht alles und drängt sich nicht in alle Aspekten des Lebens. Wenn alles politisch wird, wenn die Politik “total” wird, ist der Totalitarismus nicht mehr ante portas, sondern er ist da.

Wir haben keine Feinde, die wir “jagen” oder “zur Rechenschaft ziehen müssen”[10]. Oder die wir einfach “zerstören”[11] sollen, ein Begriff, den leider viele im Internet benutzen. Menschen zu jagen oder sie an der Grenze abzuschießen, ist einfach menschenfeindlich.

Ich darf Assmann noch mal zitieren: “Pöbeleien oder gar eine Eskalation polarisierender Symbole wie in Chemnitz führen in einen Zustand allgemeiner Verwirrung, legen die Demokratie lahm und machen sie betriebsunfähig für wichtige Aufgaben”[12]. Ist das, was sie wollen, wenn sie zum Widerstand[13] gegen den demokratischen Staat aurufen? Oder wenn sie versichern, dass wir schon im Bürgerkrieg leben und sogar Waffen zur Selbstverteidigung kaufen müssen?

Religionsfeindlichkeit

Die populistischen Gruppierungen der Neuen und der alten Rechten sind religionsfeindlich[14]. Das passt gar nicht zu der Selbststilisierung zu Verteidigern der freien Welt[15]. Die echten Verteidiger der freien Welt während des Kalten Krieges haben sehr hart für die Religionsfreiheit in den totalitären Regimen gekämpft. Man kann sagen, das war ihnen heilig.

Sollen wir heute die positive und auch die negative Religionsfreiheit aufopfern, nur weil die Neuen rechten den Islam verbieten und uns eine Art “Kultur-Christentum” aufnötigen wollen? Zusammen mit dem Islam würden sie am liebsten auch alle andere Religionen schmähen[16] und am liebsten verbieten? Übrig würde im besten Fall eine Art “Deutsche Kirche” nach historischem Muster bleiben.

Alles, was Rechtspopulisten gegen den Islam vorbringen, ist ihr Recht. Aber wenn Gruppierungen wie Pegida das Christentum auszunutzen versuchen, haben sie mit dem Christentum nichts am Hut. Und es ist gut, dass die beiden großen Kirchen diese Tatsache in aller Deutlichkeit und mit der notwendigen Schärfe klar und deutlich machen.

Pegidisten nennen sich Retter des Abendlandes. Aber wie Wolfgang Schäuble in seiner Rede zum Tag der deutschen Einheit erklärte: “Die Humanität verlangt von uns, Menschen zu helfen. Das ist christliches Abendland”[17]. In der Tat bedeutet christliches Abendland nicht, auf Flüchtlinge zu schießen oder sie im Meer sterben zu lassen. Ganz im Gegenteil[18].

Die Religionsvielfalt ist eine wesentliche Säule der pluralen Gesellschaft. Die offene Gesellschaft setzt die positive und negative Religionsfreiheit unbedingt voraus. Es handelt sich nicht nur um ein Verfassungskonzept. Religionsfreiheit setzt voraus, dass man die Religion oder Konfession des anderen respektiert, toleriert und sogar befördert. Der militante Atheismus hatte viel zu tun mit den alten Totalitarismen des 20. Jahrhunderts und nichts mit der freien Gesellschaft.

Ja, in einem Punkt muss ich den Rechten Recht geben: Ich muss anerkennen, dass heutzutage die Kategorien Links und Rechts nicht viel sagen. Weil “die Gräben längst nicht mehr zwischen Links und Rechts verlaufen”. Nein, sie verlaufen eher “zwischen Liberalen und Autokratie-Anhängern”[19]. Also zwischen der rechten Minderheit und der demokratischen Mehrheit der Gesellschaft.

Ich rede einmal in der Woche mit einer 95-Jährigen. Sie warnte mich vor dem neuen Aufstieg eines “kleinen Hitlers”, wie sie sich ausdrückt. Letzte Woche hat Papst Franziskus in Rom gewarnt, “jungen Menschen sollten die Geschichte des 20. Jahrhunderts mitsamt der beiden Weltkriege kennen, so dass sie nicht dieselben Fehler begingen und wüssten, wie Populismus sich ausbreite”[20].

Zusammenfassend: Egal ob du mehr liberal oder mehr konservativ bist. Das Gegenteil einer offenen und freien Gesellschaft ist eine populistische politische Ordnung. Liberal-konservative akzeptieren keinen Totalitarismus, sei es der braune oder der rote Totalitarismus. Eine totalitäre und unfreie, eine sog. “illiberale” Gesellschaftsordnung liegt eben in den Antipoden der freien, demokratischen und offene Gesellschaft. Die populistische Gefahr kommt heute in der ganzen Welt eben von der rechten Seite.


[1] Die AfD fordert, der Konferenz re:publica die öffentlichen Fördergelder zu entziehen.

[3] Lobo spricht über “die gezielte, demokratiefeindliche Abschaffung des Pluralismus”. Siehe “Lügenpresse” ist keine Medienkritik

[4] Karl Popper, “Die offene Gesellschaft und ihre Feinde”.

[5] “We should therefore claim, in the name of tolerance, the right not to tolerate the intolerant”.

[8] Karl Popper, Die offene Gesellschaft und ihre Feinde, 1975, S. 146.

[9] “Was uns zu Amerikanern macht, das ist die Verfassung”, sagte der irischstämmige Rechtsanwalt James Donovan zu dem deutschstämmigen CIA-Agenten Hoffman -in dem Film “Bridge of Spies”. Er hat Recht.

[10] Tweet von AfD Uwe Junge, MdL

[11] Sie sprechen oft von “Zerstörung” und beziehen sich auf Menschen, die sie zerstören wollen. Siehe screenshot als Beispiel.

[13] Oft schreiben sie “Wiederstand” 😉 Ja, deutsche Sprache, schwere Sprache 😉

[14] Wie der Präsident des Maram Stern Vorsitzender des Jüdischen Weltkongresses über die AfD eundeutig behauptet: RECHTSPOPULISMUS »Keinen Koscherstempel« Reaktionen auf angekündigte Gründung einer jüdischen Vereinigung in der AfD 

[15] Es gibt in Deutschland ein Blog mit dem Titel “Freie Welt”.

[17] “Die Humanität verlangt von uns, Menschen zu helfen. Das ist christliches Abendland. Das verbindet uns. Es ist der Kern des Sozialstaatsprinzips. Das gilt für Bürger in persönlichen Notlagen. Und es gilt für Menschen, die bei uns Schutz suchen”. 3. Oktober 2018 Rede von Bundestagspräsident Dr. Wolfgang Schäuble am „Tag der deutschen Einheit“ in Berlin