La pedofilia en la Iglesia católica – Mi opinión

Esta semana, vi la película “El Club” (2015), de Pablo Larraín. En parte, me decidí a verla, porque se habla de ella en Alemania, sobre todo porque se la compara con la más conocida “Klerus” (2018), del polaco Wojciech Smarzowski.

En “El Club”, la música de Arvo Pärt suena aún más triste y melancólica. No, no es la intención del director Pablo Larraín, que sea una película triste, al menos no siempre. Al menos, eso creo. Pärt es uno de mis músicos contemporáneos favoritos; pero tengo que reconocer que los trozos escogidos para la cinta, en sintonía con el clima del pueblo o caleta de pescadores de La Boca es… es harto deprimente, como me comenta una amiga experta en cine.

El tema es igualmente deprimente. Pero que lo sea, no quiere decir que podamos o que debamos ignorarlo. Ignorar una realidad porque es deprimente es un “lujo sibarita” que no nos podemos permitir. Muy por el contrario, también -o sobre todo- los temas deprimentes tienen que ser objeto de nuestra atención. Más aún si es un tema tan doloroso pero sumamente importante como el abuso sexual de niños, cometido por quienes deberían haberlos protegido con más fuerza, con más dedicación, con más amor.

Con más amor y no con el abstruso egoísmo que busca el propio placer a costa de la vida, de la integridad y de la personalidad de menores de edad; niños, jóvenes, adolescentes. Esto es sibarismo máximo, Epicúreo manda saludos. Todo lo que la Iglesia católica -y el cristianismo en general- enseñó que no era bueno, que era muy malo; todo esto sale a relucir de su peor forma en el caso de abusos sexuales por parte de sacerdotes o, en general, de personeros de la Iglesia.

La personalidad de Sandokan (en “El Club”) es representativa de tantos niños y jóvenes, cuya vida ha sido destruida[1]. Víctimas de abusos, víctimas de pedofilia, Víctimas de inescrupulosos egómanos que sólo se centran en su placer, incluso a costa de la ruina de menores de edad, indefensos, ante el máximo poder de sacerdotes o profesores. Si creemos que las víctimas están antes que los victimarios, Sandokan debería ser el personaje más importante de la película.

Desde tiempos inmemoriales, la Iglesia ha protegido a los niños. Los padres les han confiado a sus hijos, a sus hijas y la Iglesia, como institución, los ha acogido y custodiado. La Iglesia ha enseñado a respetar la dignidad de los niños[2]. A respetarlos como seres humanos, frente, por ej., al derecho romano o a las costumbres medievales (costumbres tales como casar a los niños apenas nacían con otros niños que ellos ni conocían[3]).

Asimismo, los personeros de la Iglesia (sacerdotes, laicos, hombres y mujeres) que han abusado sexualmente de niños cometen pecados siempre graves -tradicionalmente, se llamaban “pecados mortales”, lo que nos da una idea de su gravedad-. Pecados, en contra por lo menos de dos de los diez mandamientos que Dios entregó a Moisés. Contra el sexto y también contra el noveno mandamiento. De manera que lo que hacen estas personas no es menor, sino algo gravísimo.

Pero no es solamente un pecado, sino que es también un delito. Esto es, una “acción u omisión voluntaria penada por la ley”, como se dice escuetamente el Código Penal chileno[4]. Sí, si una persona -sacerdote, profesor o profesora, entrenador o entrenadora, pastor o pastora- abusa sexualmente de un menor de edad, aparte de cometer un pecado grave, comete un delito. No estamos pues sólo ante un tema de moral, de ética o puramente religioso o espiritual como puede ser odiar al prójimo, mentir a los padres o comer una casata entera de helado de pura gula… No, estamos frente a algo que es inmensamente más grave. Y que causa más daño a la víctima. Estamos frente a un delito.

Y ante uno que tiene que ser denunciado ante la justicia estatal y ser perseguido por ella. La medida reciente del Vaticano en el sentido de que toda denuncia acerca de un acto de pedofilia debe ser comunicado a la justicia ordinaria del respectivo país es, sin duda correcta. Lo malo es que llega muy tarde. Después de décadas de silencio, de complicidad, de mal entendido esprit de corp, de cobardía. El callar, el ocultar los actos pedófilos de sacerdotes y otros, dentro de la Iglesia fue absolutamente injusto y causó muchísimo dolor y sufrimiento extremo. Encubrir a un delincuente hace cómplice al encubridor del delito y por tanto, lo convierte en delincuente.

Hace años pregunté a un sacerdote español[5] de quien yo tenía una buena impresión qué habría hecho él si hubiera de un sacerdote pedófilo. Me respondió que habría que enviarlo a otro lugar, para que cambiara de ciudad. Su respuesta me convenció aún más de que generaciones enteras de sacerdotes católicos, poco y nada han entendido. No saben que un hombre pedófilo no va a cambiar su tendencia de un día para otro sólo porque lo mandan a otra ciudad o a otro país. Por el contrario: va a llegar a un sitio nuevo donde encontrará nuevas víctimas, ya que nadie sabe de su tendencia pedófila. Es como a un pez que cambian de pecera luego de que se ha comido todo el alimento de la primera. Ahora va a ingerir todo el de la segunda pecera.

No, no es amor a la Iglesia callar sobre la pedofilia. Eso no es defender a la Iglesia. En realidad, eso es odiarla, detestarla y hacerle daño. No se trata de ir inmediatamente a “contarle a los periodistas”, como pregunta el padre Silva al Padre García en “El Club”. A lo que él responde que no lo hará porque él ama a la Iglesia y “no le quiere hacer daño”. Pienso que este es un craso error. Callando, ocultando lo ocurrido y encubriendo a los abusadores, es como más daño han hecho ellos a la Iglesia. De manera que, si alguien la quiere de verdad, va a tener que ponerse las pilas y oponerse a muchos hombres oscuros y denunciar los hechos. Y, sobre todo, ayudar a las víctimas y creerles. Sé por experiencia[6], que lo que más duele a las víctimas de pedofilia dentro de la Iglesia es que no les crean. Hay que darles credibilidad, por ahí se empieza.

Hay que confiar en el derecho del país en el que se vive y denunciar prontamente a la justicia ordinaria los delitos cometidos bajo el alero eclesiástico. Hago ver que no estamos frente a delitos cometidos por personas que trabajan para la Iglesia; pero que los han cometido en su vida privada. No se trata ni de un robo de dulces en el supermercado, ni de hacerse pasar por otra persona para entrar a la zona VIP de un aeropuerto. Se trata de delitos graves cometidos en su calidad de pastores o profesores, sacerdotes, etc. De delitos que ho hubiera podido cometer si no hubiera abusado de la supuesta “calidad moral” de su profesión u ocupación. Es gente que se aprovecha de la Iglesia para cometer sus fechorías. Y sus encubridores no son mejores. O como dijo alguien, sería mejor colgarse una piedra al cuello y tirarse a un río[7].

Sí, dada la confianza de que goza la Iglesia como protectora, educadora, custodia de niños, sus padres le confiaron a sus hijos. No fueron “confiados” a esas personas por ser el Padre Lazcano, ni el Padre Vidal, ni menos el Padre Gatica. No, los niños les fueron confiados por ser miembros, representantes de la Iglesia, sacerdotes, profesores, educadores. Porque -repito- la Iglesia, desde tiempos inmemoriales ha protegido a los niños bajo su alero. Con ello se ha ganado la confianza y ha adquirido competencia en el ámbito de la educación y el cuidado de los niños. Con su pedofilia, estas personas se han aprovechado de la confianza y la han pisoteado con los dos pies y con sus dos manos.

Es más, se cree que muchos de quienes abusaron de menores en la Iglesia, entraron a ella, precisamente porque sabían que ahí había niños y que esos niños estaban más o menos desprotegidos dentro de la institución, ya que todos pensábamos que la Iglesia los custodiaba y protegía amorosamente. Y que eso era protección suficiente. Craso error, como se ha visto. A veces, hay que ser como los zorros y no como las ovejas.

Entre paréntesis, si haces algo muy bueno, eso no te da licencia para hacer algo muy malo. En psicología, psiquiatría o neurociencia, esto se llama licencia moral o moral licensing. Consiste en pensar que he hecho tanto bien, que“tengo tanto a mi favor, tanto a mi haber, que ahora puedo desquitarme y hacer algo malo”. Es como las hojas de un balance: a un lado el haber, al otro el débito. Nadie me puede decir que los “sacerdotes pedófilos” no sabían que estaban haciendo algo muy pero muy malo.

Es cierto que muchas personas se convierten en entrenadores de deporte, porque saben que así tienen también acceso a niños. Esto cierto y creo que no tiene mucho sentido el debate acerca de dónde se cometen más abusos, si dentro o fuera de la Iglesia. Puede ser que la mayoría de los delitos de pedofilia se cometa en el ámbito familiar y no en la Iglesia. Al parecer, es esta una triste realidad. Pero no es esto lo que estamos analizando y no tiene sentido contraponer la familia o el club de natación a la Iglesia y sus colegios.

La pedofilia es, en la Iglesia aún más grave -si cabe hablar así- ya que los niños fueron entregados a la Iglesia por la protección especial que ésta ha dado a los menores a lo largo de los siglos, lo que significa que se ha “ganado” una especial confianza. Y también, porque es la misma Iglesia la que enseña sin pausa que los delitos del tipo abuso sexual son una ofensa super grande, un pecado muy pero muy grave. Quien no entienda esto y use el argumento de que “todos lo hacen” o que “en otra parte es peor” adolece de una horrible doble moral y de una gran insensibilidad y falta absoluta de empatía.

Entre paréntesis, muchos sectores católicos conservadores (incluyendo a muchos laicos y laicas) han sido tradicionalmente los primeros en criticar los pecados y también los delitos de tipo sexual. Ahora son ellos los primeros en taparse los ojos y los oídos cuando se da a conocer este tipo de delitos cometidos por sacerdotes. Si esto no es el máximo de los fariseísmos, no sé cómo llamarlo.

Flaco favor le hacen a la Iglesia quienes ocultan la pedofilia, tratan de descalificar a la víctima y con ello, justifican lo injustificable. Hace algunos años, una amiga mexicana, me mostró una caricatura en que Jesucristo bajaba de la cruz para perseguir a los curas pedófilos con un látigo (como hizo con los mercaderes del templo). La caricatura es lo más claro y verdadero que he visto sobre el tema.

En suma, creo que tenemos que dejar de lado la doble moral. Lo que está mal, está mal. Hay que llamarlo por su nombre y denunciarlo[8]. Denunciarlo a la Iglesia, al estado y darlo a conocer a la opinión pública. Aquí juegan un papel relevante los periodistas serios y responsables, aquellos que no buscan el sensacionalismo y no les da lo mismo el sufrimiento de las víctimas. No hay que olvidar que la premisa fundamental es: las víctimas son más importantes y no pueden esperar. Hay que concentrarse en ellas, en acogerlas, en creerles, en ayudarlas y en apoyarlas, para que se haga justicia.


[1] El artículo de Wikipedia sobre la película, ni siquiera menciona a Sandokan. Sólo en el elenco.

[3] Por eso se habla de “consumación del matrimonio”, porque ya estaban casados por sus padres y con el acto sexual, durante la adolescencia, sólo “consumaban” el matrimonio.

[6] Por mi contacto con víctimas con las que he tratado y he intentado ayudar.

[7] Cfr. Lucas 17,2. El Evangelio habla de lanzarse al mar; pero el cardenal Meisner hablaba del río Rhin. Y no lo dijo una sola vez.

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Das Gegenteil einer offenen und freien Gesellschaft ist der Rechtspopulismus

Wir seien links oder sogar linksextrem. Ich soll ein “Gutmensch” sein, was so viel bedeutet wie extrem naiv oder einfach dumm. Das ist eine äußerst merkwürdige Stigmatisierung, denn ich bin lieber ein “Gutmensch” als ein “böser Mensch”. 

Viele Leute, die mit der Welle des deutschen Rechtspopulismus nicht einverstanden sind, werden als “linksversiffter Gutmensch” gebrandmarkt. Wer sich nicht mit der rechtspopulistischen Extremrechtsbewegungen des jeweiligen Landes identifiziert, soll automatisch als “links” oder linksextrem definiert oder besser gesagt disqualifiziert werden.

Ich bin aber weder links noch grün. Auch nicht durch irgendeine Farbe “versifft”. Um mit Sascha Lobo in re.publica[1] zu sprechen: “Das Gegenteil von rechtsextrem ist nicht linksextrem, sondern nicht-rechtsextrem”[2]. Oder wie ich meine: Das Gegenteil von Rechtsextremismus oder von Rechtspopulismus ist nicht Linksextremismus oder Linkspopulismus. Nein, das Gegenteil der extremen Rechten ist die Demokratie. Ja, die liberale und repräsentative Demokratie, die – während des Kalten Krieges – die “freie Welt” so leidenschaftlich verteidigt hat.

“Gut und Böse”

Für die Populisten ist es sehr leicht, die Welt in zwei zu teilen: In “Gut und Böse”. In ihrem Kopfkino sind sie immer “die Guten”. Alle anderen werden als Böse denunziert: Als internationalistisch, universalistisch, kosmopolitisch, kapitalistisch oder neoliberal. In ihren Augen sind wir böse Menschen, die gegen das Volk handeln. Gegen das Volk im völkischen Sinne. Rechte und Neue Rechte seien die Stimme des Volkes und wir sind einfach die “Volksfeinde”.

Ja, sie spalten die Welt, die Gesellschaft, den Staat in zwei Teile. Sie entzweien uns und “entsorgen” Menschen, die nicht zu ihrer Weltanschauung passen. Dazu können wir nur Nein sagen. Wie das Motto einer vor Kurzem in Berlin stattgefundenen Demo sagen wir sehr laut und selbstsicher: “Wir sind Unteilbar”.

Rechte und Neue Rechte beklagen oft, dass wir sie “dämonisieren”. Sie können uns aber problemlos “verteufeln”. Sie können austeilen, aber nicht einstecken. Sie akzeptieren nicht das Kontern und spielen dann sofort das arme Opfer. Sie verunglimpfen alle, die ihnen widersprechen und bezeichnen sie als “grün versiffte Linke”. Das ist äußerst merkwürdig, da sie ständig behaupten, sie seien weder rechts noch links. Mit ihrer Aussage positionieren sie sich aber selbst im rechten Spektrum.

In ihrer eigenen Wahrnehmung meinen sie, über allem zu stehen, über links und über rechts und sowieso über der lauen politischen Mitte. Wenn das so wäre, frage ich mich, warum sie andauernd alle andere als links zu disqualifizieren versuchen.

Der Wunsch mancher Neuen Rechten, alle anderen als links auszusondern, scheint oft unter anderem darauf zurückzuführen zu sein, dass viele rechtsextreme Populisten von heute in Wirklichkeit an politischen und wirtschaftlichen Ideen festhalten, die früher als links galten und in Wirklichkeit links sind.

Ebenso unterstützen ehemalige Marx-Anhänger aktuelle rechtpopulistische Bewegungen. Das ist eigentlich kein Wunder, denn eine ganze Menge extremer Ideen wurden und werden von “beiden Seiten” vertreten. Mir fallen Themen wie Staatswirtschaft, Protektionismus, staatliche Überschuldung, diese für mich unerklärliche Sehnsucht nach wirtschaftlicher Autarkie, die Verachtung der sog. Eliten oder “die, da oben”, National-Patriotismus und die Ablehnung der Globalisierung und der sog. “Finanzelite” ein.

Mitglieder von der einen und der anderen Seite sind daher relativ austauschbar. Sogar das Thema Nationalismus scheint manche Linke mit einem (rechts)populistischen Drall nicht zu stören. Die wiederholten Einladungen von Alexander Gauland (AfD) an Sahra Wagenknecht (Die Linke), sich seiner Partei anzuschließen, sind bezeichnend dafür. Übrigens, Wagenknecht hat die oben genannte Berliner Veranstaltung mit dem Motto “Unteilbar” öffentlich abgelehnt.

Pluralismus und Freiheit

Für den Populismus soll die Gesellschaft nicht plural sein. Rechtspopulisten verabscheuen den Pluralismus und versuchen, ihn abszuschaffen, was eindeutig demokratiefeindlich ist[3]. Sie hassen unsere bunte, weltoffene und multikulturelle Welt. Ihre Weltanschauung ist verschlossen, kleinkariert und ziemlich düster.

Nein, die Gesellschaft soll weiter vielfältig und multikullturell bleiben. Pluralismus ist nicht tolerierbar sondern es ist wünschenswert. Vielfalt ist kein geringeres Übel. Wir lieben den Pluralismus, die Vielheit. Diversity ist für uns ein schönes Wort. Ja, wir sind “Unteilbar”, aber auch vielfältig. Uniformierung jeder Art ist uns zuwider. Das habe ich als Kind in Zeiten des Kalten Krieges gelernt, und ich weiß es nicht, warum das nicht mehr gelten soll.

Das bedeutet keineswegs, Karl Poppers Paradox der Toleranz zu vergessen. Wir dürfen die Intoleranten nicht tolerieren. Diejenigen, die die freie und offene Gesellschaft durch ein kollektivistisches, totalitäres und autoritäres Gesellschaftsmodell ersetzen wollen, können wirklich nicht toleriert werden. Mit Popper können wir uns laut sagen: “Im Namen der Toleranz sollten wir uns das Recht vorbehalten, die Intoleranz nicht zu tolerieren”[4][5].

Oder wie Aleida Assmann in der Paulskirche warnte: “Nicht jede Gegenstimme verdient Respekt”. In der Tat: “Sie verliert diesen Respekt, wenn sie darauf zielt, die Grundlagen für Meinungsvielfalt zu untergraben. Demokratie lebt nicht vom Streit, sondern vom Argument”[6].

Diversität, Gleichberechtigung, und Gender sind Begriffe, die unsere Freunde aus dem rechten Spektrum verschmähen. Sie wollen eine Gesellschaft, in der alle gleich sind. Gleich im Sinne einer Uniformierung. Nicht gleich vor dem Gesetz. Vor dem Gesetz sollen nicht alle gleich sein: Männer und Frauen nicht und Mitglieder des jeweiligen Volkes und Nicht-Mitglieder auch nicht. Leute, die wie sie denken, und Andersdenkende sollen auch nicht die gleichen Rechte haben. Das ist der Kern der sog. Illiberalität.

Mitglieder des einen Volkes sollen gleich sein. Innerhalb des Volkes herrscht Homogenität. Unter den Völkern herrscht Heterogenität. Das ist nichts anders als die Ideologie des Ethnopluralismus oder ein neues Apartheid auf Weltebene[7].

Mein Volk soll frei sein. Dass jedes Mitglied der Gesellschaft frei ist, ist für sie irrelevant. Ich denke anders: In einer offenen Gesellschaft kann der Einzelne sich in Freiheit entfalten. Anders als die Rechten meine ich, dass ich nicht auf meine individuelle Freiheit verzichten soll, weil “mein Volk” schon Freiheit genießt.

Die Neue Rechten sprechen viel zu viel über Freiheit, aber die Freiheit ist für sie nicht die individuelle Freiheit jedes Menschen, sondern die Freiheit der Gruppe, die Freiheit des Volkes (des eigenen Stammes). Nicht der Mensch ist frei, sondern das Volk. Ja, mehr als ein Hauch von Ethnopluralismus ist allgegenwärtig.

Liberal-konservativ gegen jeden Totalitarismus

Nein, wir sind nicht links geworden. Alle diejenigen, die in Zeiten des Kalten Krieges antikommunistisch waren (antikommunistisch, aber nicht Antikommunisten, denn Menschenfeindlichkeit ist immer schlecht). Alle diejenigen, die sich früher Liberal-konservativ  nannten, die die Freie Welt, die offene Gesellschaft verteidigt haben, haben sich nicht entstellt oder verstellt.

Das Gegenteil des Kommunismus ist nie der Faschismus gewesen. Das Gegenteil des Kommunismus war immer die Demokratie. Weltoffenheit, open society, die freie, liberale und plurale Gesellschaft, waren damals die Themen. Kommunismus und Faschismus sind Formen des Totalitarismus, gegen die Konservativ- und Liberal-Demokraten im 20. Jahrhunderts tapfer gekämpft haben.

Liberal-konservativen waren nie auf der Seite der Autokraten. Sie waren immer ihre Gegner. Nie auf der Seite eines ehemaligen KGB-Offiziers. Nie auf der Seite des Totalitarismus. Und es wäre ein echter Verrat an den damaligen Idealen, wenn wir uns auf die Seite der Neuen Rechten, der Populisten aus dem rechtsextremen Spektrum schlagen würden. Der Kampf unserer Eltern und Großeltern wäre sinnlos gewesen wenn ein Totalitarismus durch einen anderen ersetzt worden wäre.

Liberal-Konservativen haben dem Kommunismus den Stirn geboten, nicht um in einer “illiberalen” Gesellschaft osteuropäischer Prägung zu enden. Nein, wir haben das Recht und die Pflicht, unser freiheitliches und demokratisches System zu verteidigen. Wie es“der Westen” damals getan hat. Illiberalismus ist keine Alternative, Illiberalismus ist lediglich ein neuer Totalitarismus.

 Wir verteidigen heute die freie Gesellschaft. Genau wie zur Zeit des Kalten Krieges unsere Eltern und Großeltern die offene Gesellschaft gegen den Totalitarismus verteidigt haben. Machen wir uns keine Illusionen, die Widersacher der freiheitlichen demokratischen Grundordnung schlafen nicht, sie haben nur ihre Kleider gewechselt. Sie tragen heute keinen ungepflegten Bart oder lange Haare, sondern Karosakko und Hosenanzug. Und eventuell eine Glatze…

 

Karl Popper

Nach Popper ist die die Stammesgemeinschaft das Gegenteil der offenen Gesellschaft. Der Philosoph erinnert uns: “Liebe deinen Nächsten, sagt die Heilige Schrift, und nicht Liebe deinen Stamm”[8].

(Apropos: Der Staat ist nicht die Fortsetzung der Familie. Der Staat ist keine Großfamilie, kein Stamm und keine Ethnie. Familie und Staat sind wesentlich, essentiell andersartig. Der Staat ist kein Stamm und auch keine “große Familie”).

Das Gegenteil einer offenen und freien Gesellschaft ist eine Gesellschaft oder ein Volk, zu dem nur einige Menschen gehören dürfen. Eben diejenigen Menschen, die zum Stamm gehören. Also zum Volk im völkischen Sinne. Und wo alle andere aus ethnischen oder ideologischen Gründen “draußen bleiben müssen”.

Unsere weltoffene Gesellschaft ist an sich eine multikulturelle und viefältige Gemeinschaft, zu der jeder oder jede gehören kann, wenn er oder sie das Grundgesetz – also die Staatsverfassung – respektiert und verteidigt[9]. Das ist mehr oder weniger, was wir seit den 1970er Jahren Verfassungspatriotismus nennen. Eine wichtige politische Erfindung oder Entdeckung des 20. Jahrhunderts.

In einer pluralen Gesellschaft gibt es keine “Volksfeinde”. Jeder einzelne darf denken, was er oder sie will. Und infolgedessen auch handelt. Handeln immer aber innerhalb der weiten Planken der freiheitlichen demokratischen Grundordnung. Wir konkurrieren mit unseren Meinungen auf dem demokratischen Marktplatz der Ideen. Wir haben politische Konkurrenten, mit denen wir sehr gut befreundet sein können. Politik ist nicht alles und drängt sich nicht in alle Aspekten des Lebens. Wenn alles politisch wird, wenn die Politik “total” wird, ist der Totalitarismus nicht mehr ante portas, sondern er ist da.

Wir haben keine Feinde, die wir “jagen” oder “zur Rechenschaft ziehen müssen”[10]. Oder die wir einfach “zerstören”[11] sollen, ein Begriff, den leider viele im Internet benutzen. Menschen zu jagen oder sie an der Grenze abzuschießen, ist einfach menschenfeindlich.

Ich darf Assmann noch mal zitieren: “Pöbeleien oder gar eine Eskalation polarisierender Symbole wie in Chemnitz führen in einen Zustand allgemeiner Verwirrung, legen die Demokratie lahm und machen sie betriebsunfähig für wichtige Aufgaben”[12]. Ist das, was sie wollen, wenn sie zum Widerstand[13] gegen den demokratischen Staat aurufen? Oder wenn sie versichern, dass wir schon im Bürgerkrieg leben und sogar Waffen zur Selbstverteidigung kaufen müssen?

Religionsfeindlichkeit

Die populistischen Gruppierungen der Neuen und der alten Rechten sind religionsfeindlich[14]. Das passt gar nicht zu der Selbststilisierung zu Verteidigern der freien Welt[15]. Die echten Verteidiger der freien Welt während des Kalten Krieges haben sehr hart für die Religionsfreiheit in den totalitären Regimen gekämpft. Man kann sagen, das war ihnen heilig.

Sollen wir heute die positive und auch die negative Religionsfreiheit aufopfern, nur weil die Neuen rechten den Islam verbieten und uns eine Art “Kultur-Christentum” aufnötigen wollen? Zusammen mit dem Islam würden sie am liebsten auch alle andere Religionen schmähen[16] und am liebsten verbieten? Übrig würde im besten Fall eine Art “Deutsche Kirche” nach historischem Muster bleiben.

Alles, was Rechtspopulisten gegen den Islam vorbringen, ist ihr Recht. Aber wenn Gruppierungen wie Pegida das Christentum auszunutzen versuchen, haben sie mit dem Christentum nichts am Hut. Und es ist gut, dass die beiden großen Kirchen diese Tatsache in aller Deutlichkeit und mit der notwendigen Schärfe klar und deutlich machen.

Pegidisten nennen sich Retter des Abendlandes. Aber wie Wolfgang Schäuble in seiner Rede zum Tag der deutschen Einheit erklärte: “Die Humanität verlangt von uns, Menschen zu helfen. Das ist christliches Abendland”[17]. In der Tat bedeutet christliches Abendland nicht, auf Flüchtlinge zu schießen oder sie im Meer sterben zu lassen. Ganz im Gegenteil[18].

Die Religionsvielfalt ist eine wesentliche Säule der pluralen Gesellschaft. Die offene Gesellschaft setzt die positive und negative Religionsfreiheit unbedingt voraus. Es handelt sich nicht nur um ein Verfassungskonzept. Religionsfreiheit setzt voraus, dass man die Religion oder Konfession des anderen respektiert, toleriert und sogar befördert. Der militante Atheismus hatte viel zu tun mit den alten Totalitarismen des 20. Jahrhunderts und nichts mit der freien Gesellschaft.

Ja, in einem Punkt muss ich den Rechten Recht geben: Ich muss anerkennen, dass heutzutage die Kategorien Links und Rechts nicht viel sagen. Weil “die Gräben längst nicht mehr zwischen Links und Rechts verlaufen”. Nein, sie verlaufen eher “zwischen Liberalen und Autokratie-Anhängern”[19]. Also zwischen der rechten Minderheit und der demokratischen Mehrheit der Gesellschaft.

Ich rede einmal in der Woche mit einer 95-Jährigen. Sie warnte mich vor dem neuen Aufstieg eines “kleinen Hitlers”, wie sie sich ausdrückt. Letzte Woche hat Papst Franziskus in Rom gewarnt, “jungen Menschen sollten die Geschichte des 20. Jahrhunderts mitsamt der beiden Weltkriege kennen, so dass sie nicht dieselben Fehler begingen und wüssten, wie Populismus sich ausbreite”[20].

Zusammenfassend: Egal ob du mehr liberal oder mehr konservativ bist. Das Gegenteil einer offenen und freien Gesellschaft ist eine populistische politische Ordnung. Liberal-konservative akzeptieren keinen Totalitarismus, sei es der braune oder der rote Totalitarismus. Eine totalitäre und unfreie, eine sog. “illiberale” Gesellschaftsordnung liegt eben in den Antipoden der freien, demokratischen und offene Gesellschaft. Die populistische Gefahr kommt heute in der ganzen Welt eben von der rechten Seite.


[1] Die AfD fordert, der Konferenz re:publica die öffentlichen Fördergelder zu entziehen.

[3] Lobo spricht über “die gezielte, demokratiefeindliche Abschaffung des Pluralismus”. Siehe “Lügenpresse” ist keine Medienkritik

[4] Karl Popper, “Die offene Gesellschaft und ihre Feinde”.

[5] “We should therefore claim, in the name of tolerance, the right not to tolerate the intolerant”.

[8] Karl Popper, Die offene Gesellschaft und ihre Feinde, 1975, S. 146.

[9] “Was uns zu Amerikanern macht, das ist die Verfassung”, sagte der irischstämmige Rechtsanwalt James Donovan zu dem deutschstämmigen CIA-Agenten Hoffman -in dem Film “Bridge of Spies”. Er hat Recht.

[10] Tweet von AfD Uwe Junge, MdL

[11] Sie sprechen oft von “Zerstörung” und beziehen sich auf Menschen, die sie zerstören wollen. Siehe screenshot als Beispiel.

[13] Oft schreiben sie “Wiederstand” 😉 Ja, deutsche Sprache, schwere Sprache 😉

[14] Wie der Präsident des Maram Stern Vorsitzender des Jüdischen Weltkongresses über die AfD eundeutig behauptet: RECHTSPOPULISMUS »Keinen Koscherstempel« Reaktionen auf angekündigte Gründung einer jüdischen Vereinigung in der AfD 

[15] Es gibt in Deutschland ein Blog mit dem Titel “Freie Welt”.

[17] “Die Humanität verlangt von uns, Menschen zu helfen. Das ist christliches Abendland. Das verbindet uns. Es ist der Kern des Sozialstaatsprinzips. Das gilt für Bürger in persönlichen Notlagen. Und es gilt für Menschen, die bei uns Schutz suchen”. 3. Oktober 2018 Rede von Bundestagspräsident Dr. Wolfgang Schäuble am „Tag der deutschen Einheit“ in Berlin

Lo contrario de la extrema derecha no es la extrema izquierda. Es la democracia.

Se ha puesto de moda calificar, o más bien descalificar como de ultra izquierda, a quienes no estamos de acuerdo y nos enfrentamos -en la medida de nuestras posibilidades- a la extrema derecha europea (que poco y nada tiene que ver con lo que llamamos derecha en Chile). Como si todo lo que estuviera fuera de la propia ideología de extrema derecha, fuésemos de izquierda radical, extrema o de ultra izquierda.

Quienes nos descalifican son precisamente personas cuyo discurso es decididamente de extrema derecha, radical de derecha o al menos populista.

Por otra parte, tratan de presentar una especie de lucha entre la izquierda y la derecha. Una lucha que no existe. Las antípododas no se hallan en un extremo y en otro. Más bien, entre tales extremos, hay vasos comunicantes, tanto en lo personal como en lo ideológico. Sí, conozco a personas concretas, a grupos y sectores políticos que, sin solución de continuidad, han pasado de la extrema izquierda a la extrema derecha. Del colectivismo marxista al colectivismo “fascistoide”; tal como sus abuelos otrora se pasaron del nacional socialismo al socialismo marxista, como si nada… Sin siquiera cambiar el discurso político ¿para qué? bastaba cambiar la foto del führer, del vodsch o del caudillo o líder máximo que adornaba su casa.

La verdadera confrontación política tiene lugar entre el colectivismo totalitario y racista de la extrema derecha, entre su autoritarismo y los demócratas de todos los sectores. O más bien, de los tres sectores posibles: izquierda, conservadores y centro. Todos defensores de la democracia representativa liberal y no de una democracia popular como aquella a la que adhirieron tantos colectivismos del siglo 20. Ni tampoco de una llamada “democracia iliberal”, bajo cuyo manto se oculta un nuevo colectivismo.

Lo contrario de la extrema derecha no es la extrema izquierda. Lo contrario de la ultra derecha tampoco es la ultra izquierda. Lo contrario del populismo y de la radicalización de extrema derecha no es el populismo de izquierda, ni movimientos radicales de esta tendencia.

Lo contrario de la extrema derecha es la democracia.

Quienes decimos no al nacionalismo, no al racismo, no al etnopluralismo, no al movimiento identitario, no a la conspiranoia antisemita o islamófoba… No a todo lo que caracteriza a la extrema derecha. Todos nosotros no somos de ultra izquierda. Somos demócratas.

O más bien: algunos pueden ser de izquierda (no de ultra ni de extrema izquierda). Otros -como yo- somos más bien lo que en otra época se llamó liberal-conservador. Sí, algunos de nosotros somos más liberales. Otros, son más conservadores. Pero todos somos demócratas y partidarios de una sociedad abierta, libre y pluralista. Respetuosa de los derechos de las minorías, anti totalitaria y anti-colectivista. Y defendemos estos ideales.

En lo económico, somos partidarios de la economía social de mercado. El único sistema realmente compatible con la democracia como sistema político. Algunos ponen más acento en el mercado. Otros, más en lo social. Pero nadie duda que el dirigismo y el proteccionismo basado en la defensa de intereses particulares o nacionales -el ideal de la extrema derecha- no es el camino hacia la prosperidad. Muy por el contrario, dirigismo y el proteccionismo, al igual que la economía planificada, sólo pueden conducir al debacle económico y a la pobreza.

Algo tiene que quedar muy en claro: tenemos ideales… Nuestro discurso no es un discurso negativo. Estamos sí, en contra de la ultra o de la extrema derecha o del populismo de esa tendencia. Pero tenemos ideales, tenemos esperanza, tenemos fe y tal vez en estos puntos en lo que nos distinguimos tanto de ellos: no somos un grupo de pesimistas desesperanzados, deprimentes y llenos de rabia, ira y odio como la extrema derecha.

No anhelamos el advenimiento de una gran catástrofe, de una especie de nuevo big bang del que nazca un “nuevo orden” autoritario… No queremos que nos sobrevenga un gran desastre, ni que ocurra un gran atentado terrorista islámico o que las finanzas mundiales se desmoronen, ni soñamos con una guerra civil que permita iniciar una lucha de “resistencia” (a la que ellos llaman ya) y después de ella emerja la nueva sociedad con que sueñan. Una sociedad homogénea en que el Todo cubra con sus sombra al individuo, para “protegerlo” de toda heterogeneidad. No queremos ningún Leviatán. Hobbes murió hace siglos.

Podemos conversar y aceptamos que otras personas tengan ideas diversas a las nuestras, dentro del marco del orden fundamental de libertad y democracia, que es nuestro “rayado de la cancha”. Ofrecemos diversas soluciones y debatimos acerca de cuál es la mejor. Lo que nos diferencia de populistas, extremistas, radicales es que ellos presentan los problemas y culpan a alguien, a algún chivo expiatorio… Sin dar soluciones.

O más bien, presentan una pseudo solución a todos los problemas imaginables. La solución consiste habitualmente que un grupo de personas desaparezca… Generalmente, los extranjeros en general, o un grupo de ellos en particular. O bien, una minoría dentro de la propia sociedad (gitanos, judíos, musulmanes, católicos).

Como personas, tenemos cada uno, cada una de nosotros, un valor intrínseco y no por haber nacido en un determinado “pueblo”, ni adherir a una cierta ideología.

Cuando los partidarios de la extrema derecha hablan de libertad, tenemos que dejarles en claro que: nuestra libertad es una libertad individual, de la persona, del individuo[1] -cuya dignidad es intangible- y no es una supuesta libertad de un colectivo étnico o ideológico.

Durante la época de la guerra fría, el sector “liberal-conservador” luchó denodadamente por estos ideales. Ahora que se acabó la guerra fría y que se desmoronó el Bloque oriental, no creo que sea el momento de tirar todos nuestros ideales por la borda, para irse corriendo detrás de un voladero de luces que nos quieren presentar como “la solución” a los complejos problemas que tenemos que resolver en el siglo 21.

No creo que sea el momento de abrazar una doctrina populista, extremista y racista que se parece mucho a la que combatimos, por su totalitarismo y su falta de respeto a la persona humana y a su libertad y autonomía individuales. No quiero parecer patética, pero los millones de víctimas de los gulag soviéticos nos gritan algo así como “que nuestra muerte no haya sido en vano”.


[1] De acuerdo a Boecio, la persona es “rationalis naturae individua substantia”. Esto es, sustancia individual de naturaleza racional.

The big plan

Esta semana estuve en Grecia. Un taxista griego de mediana edad, muy simpático, me explicó -sin que yo se lo preguntara, tan grande era su necesidad de expresarse- su teoría acerca de lo que pasa en Grecia… O debería decir, de lo que “verdaderamente” ocurre en Grecia. Algo que él sabía y yo no 😉

La crisis de Grecia -me explicó- es parte de un plan para que extranjeros compren Grecia a bajo precio. Para entregar a Grecia a “los extranjeros”. El taxista repetía, en cada frase que decía, el término big plan. Para él, todo era un big plan contra Grecia y contra los griegos.

La crisis, en realidad, no existió -me aseguró al taxista-. La crisis habría sido sólo una excusa, ya que todo estaba preparado de antemano. Todo friamente calculado, ideado “desde arriba”. Sólo le faltó decir que poderes malignos habían entrado en acción. Estamos pues frente a una conspiración del más alto nivel. Super bueno que el taxista me haya explicado la verdad que yo desconozco. Yo pobre ignorante e ingenua agradezco que un iniciado me haya abierto los ojos y explicado qué ocurre realmente en el mundo. O, por lo menos, en Grecia.

La Unión Europea es parte del plan o más bien, lo planeó todo. La UE no habría ayudado a Grecia a salir de la crisis. Muy por el contrario: la crisis de Greacia fue un invento de la Unión europea.

El objetivo de este big plan sería pues vender Grecia a extranjeros. No a empresas extranjeras concretas en el marco de una privatización de grandes e inoperables empresas estatales. No. Los aeropuertos fueron vendidos a Alemania, me explicó. Efectivamente, es de conocimiento público que la empresa alemana Fraport ha comprado algunos aeropuertos griegos o parte de ellos, realizando seguidamente uns fuerte inversión en su mejoramiento[1], expliqué al taxista sin que él me escuchara. Pero es propio de las teorías de la conspiración, mezclar hechos verdaderos con otros falsos.

Otras empresas -continúa el taxista- fueron compradas por los “americanos”, otras por los franceses y otras, por israelíes. Claro, Israel es infaltable en toda teoría de la conspiración.

Curiosamente, el simpático taxista no mencionó en la lista de compradores, ni a chinos, ni a rusos. Estos últimos notoriamente presentes en la región en que estábamos, donde había hasta vendedoras rusas atendiendo incluso pequeños negocios minoristas eran. Vendían de todo, hasta abrigos de piel, a 26 grados de temparatura (!). A diferencia de los israelíes, chinos y rusos generalmente están ausentes de las teorías conspiranoicas.

Pocas personas conocen la realidad y se atreven a llamarla por su nombre y a explicarla a desconocidos e ignorantes, como yo. La mayoría de las personas somos ingenuas y creemos lo que nos dicen los medios o el political correctness o estamos obnubilados por gases lanzados desde los aviones (teoría del chemtrail) y que nos impiden pensar. La crisis de Grecia no habría existido realmente, fue sólo una excusa… Todo planeado, friamiente calculado desde arriba y de antemano en the big plan.

Cuando la realidad es demasiado complicada o no nos gusta, entonces creamos una teoría de la conspiración más o menos fácil para explicar las cosas. Cuando no tenemos ganas de pensar más allá o de preguntar e investigar. Son teorías en que nosotros siempre somos “los buenos”, las víctimas, o ambos. Asimismo, siempre alguien “de afuera” es el culpable de los propios males, de los propios fracasos, de las propias crisis. Nunca soy yo la responsable, ni yo ni “los míos”.

Mi taxista creía, con una fe religiosa, en lo que me estaba diciendo… Probablemente no creía en Dios, pero sí creía que la Unión Europea había establecido un plan “para hacerse con Grecia” y a bajo precio. Él -ya inciado- estaba en ventaja sobre mí y sobre todos los demás mortales, ya que él conocía la verdad y era tan generoso que me la transmitía a mí.

De ninguna manera, el simpático taxista griego era capaz de ver a una empresa extranjera como a un inversionista. Era incapaz de mirar la compra de una empresa griega por una empresa extranjera como una inversión. No, para él, los inversionistas extranjeros son siempre malos y perjudican al país. A Grecia, a su país, donde todo tiene que pertenecer a griegos, aunque no tengan capital para mejorar la empresa o para subirla al nivel internacional.

Pienso que es evidente que si tú -como inversionista- compras una empresa, aparte de pagar el precio, le inyectas dinero para modernizarla, para refaccionar edificios, para mejorar la infraestructura, para dotarla de nuevo y eficiente software… Todo muy necesario en Grecia. No la compras por comprarla, para “tenerla en una vitrina”, quieres que trabaje y preste un servicio a la sociedad. Para ello, tienes que invertir, ponerla al día, crear puestos de trabajo.

Esto que, en otras latitudes entendemos perfectamente, parece que algunos griegos -entre ello, el taxista- son incapaces de comprender… O más bien, no quieren entenderlo. Prefieren permanecer en el pasado, aferrados a un pensamiento arcaico y autárquico.

Sí, recordé el antiguo miedo a las inversiones extranjeras de la época de la Guerra Fría. Ese miedo atávico a todo lo que viene de afuera y no “es nuestro”. Al “imperialismo yankee” o ahora, al supuesto imperialismo de la Unión Europea, que no es tal. Como si las inversiones fueran algo malo. Como si las empresas nacionales de un país pobre y en dificultades pudieran mejorar como por arte de magia. Pero sin que nadie invierta en ellas.

El taxista y lamentablemente, muchas otras personas en el mundo, no ven a los empresarios -extranjeros o nacionales- como inversionistas que se atreven a invertir y así mejoran la economía del país y crean puestos de trabajo, sino que los ven como imperialistas, enemigos que quieren acumular bienes por el gusto de acumularlos. Una especie de Rico McPato bañándose en su depósito de monedas.

Aunque los gobiernos griegos anteriores no fueron mucho mejores, a mí no me extraña que el gobierno actual de Grecia sea una alianza entre extrema izquierda y extrema derecha. Tales grupos -tradicionalmente nacionalistas y populistas- fomentan este tipo de pensamiento falsamente autárquico y, sobre todo, conspiranoico. Y la gente los elige. Aunque hay que reconocer que al gobierno no le quedó más alternativa para superar la crisis de Grecia -que fue y es real- que el trazado por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. La mayor crisis de Grecia no es la económica… La mayor crisis de Grecia es que haya tantos griegos que piensen como el taxista.


[1] La búsqueda en Google News de “Fraport, Grecia” nos da un sinnúmero de noticias de prensa sobre el tema.

¿Fue Carl Schmitt un nazi?

Se discute acerca de si Carl Schmitt fue o no nazi. Para contestar a esta interrogante, creo que es conveniente, leer y estudiar sus obras de esa época,cuando Schmitt era considerado el “jurista de la corona del régimen nacional socialista”[1]. Comienzo el análisis del opúsculo “Staat, Bewegung, Volk” (“Estado, Movimiento, Pueblo”), cuya primera edición apareció en diciembre de 1933[2], en la editorial Hanseatische Verlagsanstalt, proclive al nuevo régimen. En esta columna, me refiero al primer capítulo, titulado “La actual situación constitucional”.

El autor afirma que la totalidad del nuevo derecho público posterior a la revolución nacional socialista es un nuevo derecho que está parado sobre suelo propio. No basa pues su legitimidad en las “normas pre-revolucionarias” de la Constitución de Weimar. Disposiciones aisladas de la Constitución de Weimar están sólo vigentes en cuanto la Ley habilitante (Ermächtigunsgesetz, de 24 de marzo de 1933) así lo permita o bien, en cuanto el nuevo orden del derecho público recurra a ellas expresamente o en forma implícita (recepción silenciosa o stille Übernahme). No obstante, antes de la mencionada Ley habilitante -que le entregó todo el poder estatal a Hitler[3]– el Presidente del Reino, Paul von Hindenburg, mediante decreto de 12 de marzo de 1933, habría terminado[4] definitivamente con “el espíritu y los fundamentos” del sistema de Weimar, escribe Schmitt.

Con sus escasas 41 páginas, “Staat, Bewegung, Volk” es el primer opúsculo de la serie organiza titulada “El estado alemán de la actualidad”[5], algo así como el nuevo estado alemán o el “nuevo orden estatal”[6] post-revolucionario. Sí, el autor consideraba que la toma del poder por parte de los nacional socialistas era una verdadera revolución, habla de la “Revolución alemana”, que habría cortado todo vínculo con el “sistema” inmediatamente anterior, el de Weimar. “Para él, la catástrofe es el fin del estado de Bismarck, no la guerra. De ello sería culpable la democracia liberal, que fue incapaz de defender el estado haciendo uso de los artículos de excepción o de guerra”[7].

Schmitt afirma que el todo el antiguo mundo del pensamiento liberal democrático ha caído. Se acabó con la neutralidad y con la igualdad, que permitía la creación de nuevos partidos políticos y garantizaba la libertad de opinión, de acción, de hacer publicidad o de tener una opinión favorable a alguno de ellos. Explica que, en un sistema pluralista, todos los partidos políticos se combaten entre ellos y no existe voluntad política única, sino que los partidos se encuentran, en el mejor de los casos, en un “punto cero”. Por el contrario, el estado nacional socialista, basado en el principio de la dirección de un solo líder (el llamado Führerprinzip) supera el pluripartidismo de Weimar.

Critica las elecciones realizadas en la época de Weimar que habrían perdido todo su sentido. Eran sólo la opción plebisicitaria de cinco o seis partidos políticos incompatibles entre sí. Ahora, en el estado nacional socialista, con un solo partido político[8], el peligro de una ruptura de Alemania en muchos partidos, ha sido superada. Según Reinhard Mehring (experto en el pensamiento de Schmitt), el autor concibe al dictatorial partido único del nacional socialismo como una fuerza homogenizadora[9].

Schmitt se alegra, pues finalmente se distingue entre amigo y enemigo del estado. Entre el compañero que forma parte del mismo pueblo alemán y quienes pertenecen a “otra especie” (Artfremden)[10]. Es evidente a quienes se refería con este úlitmo calificativo. A sus colegas judíos frente a los cuales, fue tan zalamero décadas, mientras lo podían ayudar a obtener puestos como docente en universidades y escuelas profesionales. Cabe hacer notar que, pese a que los nazis tampoco consideraban a los eslavos como sus iguales, Schmitt debe excluir de entre las personas “de otra especie” a su segunda mujer, la serbia Duška Todorović. De su primera mujer, la croata Pawla Dorotić, Schmitt se había separado hacía ya tiempo.

“El nuevo mundo del derecho nacional socialista”, dice Schmitt, no puede ser entendido desde el sistema anterior, como tampoco puede ser justificado o fundado[11] sobre Weimar. Como se ve, el quiebre es total, se trata de una nueva fundación, de una nueva sociedad y del nuevo derecho de un nuevo estado. Para el nacional socialismo -continúa Schmitt- el intento de justificar o de refutar el nuevo derecho desde el punto de vista de la Constitución de Weimar, es o un “juego sin sentido” o un intento de volver al derecho anterior o de neutralizarlo o al menos, de relativizarlo.

Algunos juristas -critica- “no se pueden acostumbrar a la realidad del estado nacional socialista”[12] y califican las disposiciones del nuevo estado como aceptables o no aceptables según el derecho constitucional de Weimar. Cita un artículo de Medicus, en “Deutsches Recht”[13] de 1933 que sostendría esta tesis. Como si la Constitución de 1919 subsistiera en “el nuevo estado y bajo la nueva constitución del estado nacional socialista”[14]. Como si el nuevo derecho nacional socialista fuera una regulación temporal y transitoria, que se puede derogar mediante una ley del Parlamento (Reichstag). Tengo que recordar a los lectores que que la ley habilitante de 1933 tenía una vigencia de sólo cuatro años. No, el nuevo derecho constitucional nacional socialista no puede ser derogado. No es posible su derogación mediante una simple ley parlamentaria que pueda volver todo al estado anterior, a la vigencia de la Constitución de Weimar. No, la detestata Constitucion de Weimar no rige más. Es un “acto de sabotaje” sostener que la forma de pensar ya superada de la época de Weimar subsiste de alguna manera en la letra o en el espíritu en el nuevo estado. Sí, en los años que vendrán, los nazis, consideraron como enemigos del estado a quienes pensaban diferente de ellos o defendían un orden estatal liberal democrático.

Schmitt critica a sus colegas “positivistas” porque llaman a la ley de 24 de marzo Ley habilitante de acuerdo al art. 76 de la Constitución de Weimar. Explica que esa ley es más bien, una L e y  c o n s t i t u c i o n a l  t e m p o r a l  d e  l a  n u e v a  A l e m a n i a”[15]. (Supongo que Uds. conocen la forma que se usaba en esa época para poner algo de relieve separando las letras, la usa Schmitt en su folleto).

La ley habilitante sería la consecuencia de la elección de Parlamento o Reichstag de 5 de marzo de 1933. Esa elección habría sido en realidad, un plebiscito, por el que Hiltler- el Führer del movimiento nacional socialista- fue reconocido como Führer político del pueblo alemán. La mecionada ley que los positivistas denominan “ley habilitante”, debería ser llamada por su nombre oficial: “Ley para remediar la necesidad del pueblo y del Reino”. Esta ley -prosigue- habría sido un puente entre el viejo y el nuevo estado. Fue de gran “importancia práctica” para que la transición entre uno y otro estado, se llevara a cabo de acuerdo a la legalidad, lo que tuvo lugar “gracias al sentido de orden y disciplina alemanes”. Así, la “Revolución alemana” fue “legal”, esto es formalmente correcta. La relevancia práctica de la ley habilitante deriva de que la legalidad es necesaria para el funcionamiento del aparato estatal y de sus funcionarios.

De acuerdo a su propia legalidad, el sistema de Weimar puso su propio sello bajo la declaración de que había llegado a su fin. Fue la declaración de muerte del viejo sistema; pero no la de la de la fundación del nuevo. El nuevo estado no tiene ninguna imposición derivada del derecho anterior, ningún límite o regla hermenéutica procedente de Weimar. El justo derecho que nace de la “Revolución alemana” no depende de que un grupo de parlamentarios weimarianos haya decidido colaborar a que se lograra la mayoría de dos tercios en el Reichstag. Sería un sinsentido legitimar a posteriori un sistema sin fuerza y sin poder, como fue el anterior. El fundamento del derecho del estado nacional socialista no es un fundamento extranjero o extraño, ajeno al ser alemán, ni tampoco nos es “esencialmente hostil”… Como habría sido el derecho de Weimar, insinúa Schmitt, en su acérrimo anti-liberalismo democrático. El fundamento del derecho nacional socialista es uno propio. Alemán, no extranjero. Schmitt y otros juristas nacional socialistas sostenían que los juristas judíos habrían introducido doctrinas extranjeras en el derecho alemán.

Schmitt asevera que el representante del Führer, Rudolf Heß,  tiene razón cuando, en la convención del partido en Nürmberg, anuncia que esa convención de los nacional socialistas es, en realidad, el nuevo Reichstag (nombre del parlamento alemán). Cuando Heß pronucia la misma fórmula de la Constitución de Weimar “todo poder emana del pueblo”, no dice lo mismo que decía la constitución liberal democrática anterior, sino algo muy diferente. Algo que Schmitt celebra y no critica. Las únicas críticas están reservadas a Weimar y a la supuesta influencia extranjera en Alemania.

Estamos en un nuevo estado post-revolucionario y antiliberal. Iliberal, diríamos hoy con los nuevos populistas entre quienes Schmitt es tan admirado[16]. Conocido es el verdadero odio que profesaba Schmitt hacia el liberalismo. Curioso es que supuesto liberales en países latinos profesen admiración hacia Schmitt. Lo atribuyo a desconocimiento, a ignorancia culpable o simplemente a estupidez.

El Führer de todo el pueblo alemán es el canciller del Reino, Adolf Hitler. Su liderazgo (mala traducción de Führung, no se me ocurre otra) ejerce una supremacía política que no está sujeta a ninguna condición. Esta última es una ley fundamental del nuevo derecho del nuevo estado nacional socialista[17]. El Führer es también legislador y en este punto no caben “interpretaciones sofistas”[18] como las de Weimar (!). El Führer está por encima del presidente del Reich, cuya preminencia durante la última época de Weimar, Schmitt critica duramente. El liderazgo hitleriano (en la página diez del librito menciona dos veces a Adolf Hitler, con nombre y apellido, lo que nunca debería ocurrir en un artículo jurídico) va más allá de una simple competencia para dar directrices a sus funcionarios, como señalaba el art. 56 de Weimar[19] cuando mencionaba las funciones del canciller. Hitler no es sólo de facto, sino también de iure y de manera totalmente natural el Führer político del Reino y no es comparable con ningún otro canciller anterior, concluye.

Considera la división entre los poderes Ejecutivo y Legislativo como algo típicamente “liberal” y sostiene que ha sido definitivamente suprimida en el nuevo estado. En consecuencia, el gobierno ejerce un derecho verdadero y primigenio a dictar leyes, como asimismo establece el art. 1[20] del la “constitución temporal” de 24 de marzo de 1933. Esto es, lo que todos llamamos Ley habilitante. En suma, toda iniciativa legal corresponde, en primer lugar, al gobierno del Reich, al gobierno de Adolf Hitler. Contra la voluntad del canciller -transformado en Führer- los parlamentarios no pueden presentar ninguna iniciativa, ningún “proyecto de ley”, como garantizaba la Constitución de Weimar. Schmitt defiende la prerrogativa legislativa absoluta del Führer, según el nuevo derecho del nuevo estado.

De acuerdo a los principios nacional socialistas -que parece que Schmitt ha interiorizado raudamente- el gobierno del Reino reconoce la voluntad del pueblo expresada en una consulta popular; pero sólo si ha sido convocada por el mismo gobierno. Advierte que si el resultado “se ha vuelto equivocado”[21], se puede llamar a una nueva consulta. Hoy los plebiscitos están muy de moda entre los populistas de extrema derecha europeos. “La democracia directa que hoy, algunos grupos de extrema derecha propugnan no es sino expresión de esta ‘democracia’ encabezada por un Führer que dirige al pueblo y que a la vez y en una especie de proceso de retroalimentación, debe corrobarar o ratificar las deciciones de su líder”[22].

Después de leer el primer capítulo de “Estado, Movimiento, Pueblo” (“Staat, Bewegung, Volk”) no me cabe duda que el tono zalamero y de alabanza hacia el Führer y su “movimiento” (así llamaban los nacional socialistas al partido), expresa claramente la posición política que Schmitt abrazó luego de la llegada de los nazis al poder. El odio enconado frente al liberalismo y a la democracia representativa de Weimar encuentra por fin un medio ambiente apropiado donde desarrollarse. En 1933, Schmitt está decidido a participar activamente en la construcción de un nuevo estado, de una nueva sociedad, de un nuevo orden nacional socialista.


[2] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[3] El ejecutivo podía dictar leyes que pasaran a llevar la Constitución y no necesitaba del Legislativo para gobernar. Ver texto en Ermächtigungsgesetz

[4] “beseitigen” escribe Schmitt, usando un vocabulario propio de los nacional socialistas.

[5] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[6] El Nuevo Orden según Carl Schmitt en la página alemana Die Kolumnisten.

[8] Escribe Einparteistaat… Así era como se llamó también a los partidos únicos del mundo del socialismo real. Del comunismo.

[9] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[10] Invito a leer mi columna sobre el racismo Nos guste o no, en realidad todos somos africanos

[11] Carl Schmitt, “Staat, Bewegung, Volk. Drei Gliederung der politischen Einheit”, segunda edición, pág. 6.En adelante, citaré sólo la página.

[12] pág. 6.

[13] Deutsches Recht era una revista de los juristas nacional socialistas.

[14] pág. 6.

[15] pág. 7.

[18] pág. 10.

[19] “El canciller del Reino determina las pautas de la política y es responsable ante el Parlamento. Dentro de tales pautas, cada Ministro del Reino dirige la rama de negocios que se le ha confiado de manera independiente y bajo su propia responsabilidad frente al Parlamento”.

[20] Las leyes pueden ser aprobadas o mediante el mecanismo que contempla la Constitución del Reino o por el gobierno del Reino (…).

Reichsgesetze können außer in dem in der Reichsverfassung vorgesehenen Verfahren auch durch die Reichsregierung beschlossen werden (…).

[21] pág. 11.

Maersk en San Antonio

Sin duda no hay una sola causa para que Maersk haya cerrado su fábrica de contenedores refrigerados en San Antonio. Bien puede haber sido “la sobreproducción de contenedores en el mundo” o bien “la falta de materias primas a nivel regional”. O ambas. U otras causas.

Luego del anuncio de la naviera danesa, el Presidente de Asimet[1] se preguntó, no sé si romántica, poética o patéticamente “¿en qué fallamos como país”[2]. (Pienso en Enrique MacIver y su famoso discurso del año 1900[3]). Califica el impacto del cierre de la fábrica como un balde de agua fría. Prosigue en el mismo tono: “¿estarán dispuestos otros inversionistas extranjeros a arriesgar su capital en Chile?”.

¿Quieren saber cómo contestan los daneses a tales preguntas? Søren Leth Johannsen, director comercial de Maersk Container Industry, explica: “hay que recordar que los chilenos no son industriales como lo son los chinos. Son campesinos y mineros que han aprendido a soldar”[4]. Pero en el mundo de hoy, parece que soldar no es suficiente.

Una amiga mía que vive y trabaja en Alemania, comenta que los profesionales universitarios chilenos tienen muy buen nivel. Pero no así los obreros y el personal no-universitario. Esto es una pena y una injusticia frente a los miembros más pobres de la sociedad chilena. Capacitación y perfeccionamiento son las palabras claves. La educación dual sería la escalera para llegar a ser un país industrializado.

Mientras muchos exigen “educación universitaria gratuita”, capacitar y perfeccionar a los obreros, a los campesinos, a los trabajadores más sencillos no es tema en Chile. Y son estas las claves para “no fallar como país”.

Se plantea que otra de las razones para que Maersk se haya ido de San Antonio es la huelga de más de dos semanas que tuvo lugar en octubre pasado en la fábrica. En ella, los trabajadores exigían las mismas condiciones de trabajo de que gozan sus colegas de Maersk en Dinamarca (!). Parece que quisieron correr antes de aprender a caminar y la caída fue tremenda.

¿No habría sido más apropiado compararse no con los daneses, sino con los chinos? Porque los contenedores refrigerados de Maersk serán producidos ahora en Qingdao, China[5], en la planta originaria de esa empresa y que funciona desde 1998, la que, “pese a las cambiantes condiciones del mercado, ha demostrado su capacidad para producir productos de alta calidad”. Allí Maersk consolidará su producción.

“Con el cierre en Chile, Maersk Container Industry tendrá su sede central con investigación y desarrollo en Dinamarca y dos plantas de producción en China para refrigeración y transporte”[6]. Tal vez, algún día, Chile pueda albergar la central de investigación y desarrollo de una gran empresa. Para eso, necesitaríamos menos abogados y más químicos, físicos y biólogos y buenos técnicos de todas las especialidades[7].

Apropósito de China, paralela a la noticia del cierre de San Antonio, trascendió que la competencia china de Maersk, Cosco Shipping, se instalaría en Perú[8]. Tal vez, incluso, habría sido más apropiado que los sindicatos chilenos se comparara no con los daneses sino con los peruanos.

Otra amiga mía, opina que los peruanos pueden hacer el mismo trabajo que los trabajadores chilenos; pero más barato. De ahí la importancia de agregar un valor al trabajo de los chilenos. Lo que sólo puede ser posible mediante el aprendizaje, la capacitación y el perfeccionamiento permanente. Un perfeccionamiento que dura toda la vida, como decimos en alemán[9].

Los ejecutivos daneses de Maersk insisten en que la decisión no la tomaron debido a la huelga de octubre pasado. Les creo. Dicen que ellos nunca estarían en contra de una huelga, ni de la formación de sindicatos. También les creo. Sobre todo de cara a la opinión pública danesa y noreuropea en general. Hacen bien, una huelga es una cosa buena cuando las exigencias de los huelguistan no son desmesuradas.

El director ejecutivo de Maersk dice, con mucha empatía: “Lamentablemente, esta decisión afecta a nuestros 1.209 colegas calificados en San Antonio y estamos comprometidos a apoyarlos y cumplir nuestras obligaciones”[10].

La instalación de Maersk en Chile fue, en su momento, una sensación[11]. Fue un gran salto que acabó en un inmenso costalazo. Desde Chile, la naviera planeaba suministrar “contenedores refrigerados directamente a lo que se llamó el centro de exportación en la costa oeste de América Latina”. La idea era “colocar la fábrica justo donde está la demanda”[12]. San Antonio debería convertirse en un centro de exportaciones de la Costa Oeste sudamericana, hacia el otro lado del Pacífico.

La idea era llevar los contenedores refrigerados de fundo en fundo, recogiendo los productos agrícolas, transportarlos a los barcos que hacían la ruta a Asia y otros destinos. Así evitaban que los contenedores refrigerados que construían en China, viajaran vacíos a Sudamérica. Ello suponía el desarrollo de una cadena de suministros a nivel local, desde el mismo territorio chileno o desde los países vecinos (en este caso, especialmente Colombia, Ecuador y Perú).

Maersk habla de “la dificultad permanente para obtener, a nivel regional, los proveedores de insumos esenciales para la fabricación de contenedores”[13]. Esto también falló, aumentando más aún el costo de aprovisionamiento de las necesarias materias primas[14]. ¿Fue un problema de infraestructura? ¿De proveedores? ¿Realizará alguien alguna investigación sobre el tema? ¿Alguna universidad?

“Como consecuencia del exceso de capacidad en el mercado de contenedores Maersk ha reconocido que la fábrica en Chile no es competitiva”, explica su comunicado de prensa[15]. Los chilenos estamos acostumbrados a ser los primeros de la Región; pero eso no basta, la competividad es hoy global. No basta estar en la OECD. El esfuerzo tiene que ser diario por mejorar y corregir los errores.

Nadie se puede dormir en los laureles. Un ingeniero comercial con un postgrado en una buena universidad norteamericana, nada puede hacer sin buenos trabajadores que co-laboren con él. Creo que hay que re-pensar el trabajo en Chile. Necesitamos más capacitación, más perfeccionamiento permanente y más respeto por la dignidad del trabajo. A los obreros que ven en una huelga el “santo remedio” para todo, les diría: si queremos que nos paguen más, seamos mejores.


[1] Asociación de Industriales Metalúrgicos y Metalmecánicos.

[3] En su famoso Discurso sobre la Crisis de la República -más conocido aún desde que Gonzalo Vial lo citó en su “Historia de Chile“, MacIver quien el año 1900, se preguntaba: “¿Qué ataja el poderoso vuelo que había tomado la República y que había conducido a la más atrasada de las colonias españolas a la altura de la primera de las naciones hispanoamericanas?”

[4] Mærsk-investering i Chile lider nu samme skæbne som Tinglev-fabrik (JydskeVestkysten es el diario más grande de Dinamarca).

[6] Cfr. Mærsks containerforretning skal fyre 1200 ansatte i Chile “Con el cierre en Chile, Maersk Container Industry tendrá su sede central con investigación y desarrollo en Dinamarca y dos plantas de producción en China para refrigeración y transporte”. Tal vez, algún día, Chile pueda albergar la central de investigación y desarrollo de una gran empresa.

[9] Lebenslanges lernen.

[13] Maersk cierra su fábrica en Chile El “90% de los insumos para esta industria deben importarse a Chile”, se queja la empresa.

Franzani, Kast y los nazis

A mí me da lo mismo que el papá de José Antonio Kast haya sido nazi o no lo haya sido. A mí lo que me interesa es cómo es José Antonio Kast. Como es él como político, de eso depende si lo apoyo con mi voto, con mi opinión, con mis columnas o no.

Mi papá fue trotzkysta, hizo trabajos para Corea del Norte y lamentablemente contribuyó a difundir la doctrina norcoerana en Latinoamérica[1]. La familia de mi mamá era del Norte, gente radical, bombera y masónica. Pero yo no soy ni radical, ni bombera (aunque me gustaría serlo), ni masónica. Ni tampoco trotzyksta. Mi abuelo paterno era político del partido conservador (o sea, lo contrario de mi abuelo materno), incluso alcalde conservador de su pueblo; pero yo no soy conservadora. Mi mamá era prima en no sé qué grado de Luciano Cruz[2] (el fundador del MIR), pero yo no soy terrorista.

De ninguna manera podemos ser juzgados o alguien se puede formar una opinión sobre nosotros basándonos en cómo fueron nuestros papás, nuestras mamás o nuestros abuelos o antepasados. No nos pueden castigar, ni siquiera medialmente por ello. Hacerlo sería paradojalmente volver a la época de los nazis. Sí, fueron los nacional socialistas quienes, basándose en un supuesto antiguo derecho germánico, crearon el espúreo concepto de la responsabilidad del clan, de la familia, de los antepasados[3]. Es un poco lo que hace la mafia, en que cada uno de los miembros de una familia responde por lo que hacen los demás. Totalmente absurdo. En una sociedad civilizada, la responsabilidad es personal.

La responsabilidad es personal y las opiniones, también. Yo respondo de mis acciones y no de las de mis papás o de mis abuelos. De mis opiniones y no de la de otros. Lo mismo con planteamientos, creencias, dichos y hechos. Tampoco responderé de la de mis hijos ni de la de mis nietos, bisnietos o tataranietos. Uno de mis ancestros -dicen- mató a muchos “moros” en el siglo 15 en España: pero yo defiendo a los musulmanes y combato la islamofobia. No somos responsables de las actuaciones de nuestros antepasados. No heredamos su forma de pensar o actuar.

Si un periodista pregunta a Kast si su papá fue un nazi y Kast sólo le dice que no fue un nazi y que está orgulloso de él, en vez de explicarle lo que explica después en un video que parece que filmó en su casa[4], entonces, tampoco puede quejarse. La labor de un periodista es ser inquisitivo y hacer “preguntas pesadas”. Si no, no sería un buen periodista. Un político no puede reaccionar con desagrado o mal humor o decirle que vaya a “estudiar historia”. Esa es una actitud sobrada con la que no se llega a ninguna parte. En este punto, podrían aprender la humildad de la canciller Merkel, una de las claves de su éxito.

Hay otro video que muestra una mejor respuesta de Kast a una pregunta sobre el tema que le hizo la periodista Patricia Politzer[5]. Le explica que su papá fue reclutado a los 18 años y que su abuelita que lo crió, vivía en una familia judía donde la mamá y los dos hijos fueron asesinados[6]. Kast prosigue que pertenece a un movimiento cuyo fundador estuvo en un campo de concentración[7]. Me pregunto ¿por qué Kast no le contestó así al periodista Franzani? En vez de alterarse tanto.

Hasta donde puedo indagar, el papá de José Antonio fue Michael Martin Kast Schindele y nació el 2 de abril de 1914[8], de manera, debe haber sido reclutado en 1941 ó en 42. Entonces, el político chileno tiene razón cuando explica (lamentablemente no frente al periodista Franzani, sino en privado) que “un joven de 17 ó 18 anos no tiene opción de decir que no va a la guerra, cuando hay un enrolamiento obligatorio, ya que lo fusilan al día siguiente”[9]. Efectivamente, un joven de 17 ó 18 años no tenía ninguna responsabilidad en la guerra de agresión[10] que el gobierno de su país había iniciado.

Es lamentable que no se lo haya explicado al periodista frente a las cámaras y que ahora todo el mundo se lance en contra de Ignacio Franzani que sólo cumplía con su deber profesional haciendo preguntas incisivas. La única explicación es que la mención de un posible pasado “nazi” de su familia sea un trigger, esto es un desencadenante o gatillo psicológico que provoca una reacción de parálisis y/o de defensa en José Antonio. Un mecanismo psicológoco que hace estallar en alguien una reacción que no es la mejor. Sé que a veces es difícil controlarse; pero un político profesional debería saber hacerlo o aprenderlo. Y no quedar virtualmente paralizado o bloqueado.

En suma, me da lo mismo que el papá de José Antonio Kast haya sido nazi o no. A mí lo que me interesa es cómo es José Antonio Kast. O sea, como es él como político, de eso depende si lo apoyo con mi voto, con mis tweets, con mi opinión, con mis columnas o no lo hago.


[2] Mi tatarabuelo Luciano Cruz Ocaranza es nuestro antepasado común.

[3] Ver el artículo sobre la Sippenhaft en Wikipedia.

[4] El video en el tweet de José Antonio Kast, de 25 de junio de 2018.

[6] ¿Habrá sido la empleada de la familia?

[7] Indudablemente se refiere a Schönstatt y a Josef Kentenich.

[9] Ver el video en el tweet de José Antonio Kast, de 25 de junio de 2018.

[10] Sobre la Wehrmacht y los nazis, ver mi artículo El “ejército alemán” y los nazis

El “ejército alemán” y los nazis…

Nuevamente se plantea en Chile el tema de si el “ejército alemán” era lo mismo que los nazis. Sí, así más o menos en esos términos algo infantiles. En primer lugar, el “ejército alemán” es un término equívoco, porque a lo largo de la historia, ha habido muchos “ejércitos alemanes”, de manera que tenemos que delimitar de qué hablamos.

Se trata de la Wehrmacht, contemporánea de los nazis o más bien, creación de los mismos. La Wehrmacht o el poder de defenderse[1] o de atacar, fue creada por el régimen nacional socialista en 1935. Ese año, el ex-cabo del Ejército de Baviera, el austriaco Adolfo Hitler había  concentrado totalmente el poder político sus manos.; totalmente o totalitariamente que viene a ser más o menos lo mismo. La famosa ley habilitante de 1933[2] lo había hecho posible. La ley que creó la Wehrmacht fue dictada el 16 de marzo de 1935[3].

Antes de la Wehrmacht -entre 1921 y 1935- existió el Reichswehr, el ejército para la defensa del Reino de la República de Weimar. Estaba organizado de acuerdo a las disposiciones y a las limitaciones impuestas en el Tratado de Versalles. Violadas secretamente, en concomitancia con la Unión Soviética, entonces de reciente creación. A partir de 1923, el Reichswehr apoyó la formación del Ejército Rojo y de sus soldados. A la vez que los soviéts proporcionaban al ejército alemán armas (incluso químicas), munición y adiestramiento para militares alemanes. Era un do ut des -doy para que des- entre alemanes y rusos.

Años más tarde, la misma Wehrmacht ocuparía Polonia conjuntamente con el Ejército Rojo. Paradas militares y encuentros de todo tipo tuvieron lugar entre los soldados de ambos ejércitos de tan dispar o más bien de tan similar ideología. Los nobles alemanes que encabezaban el “ejército alemán” no tenían ningún problema en confraternizar con sus aliados militares, los proletarios bolcheviques. Por si alguien adolece de incredulidad y no sabe leer alemán, hay abundantes videos históricos en youtube sobre esta alianza.

Cuando Hitler y Stalin rompieron su pacto[4] y cuando Alemania empezó a perder la guerra, la Werhmacht tuvo que retirarse de algunos territorios. Practicó entonces la estrategia de la “tierra quemada”, destruyendo todo lo que quedaba a su paso, sin respetar vidas humanas, ni ciudades, ni monumentos históricos, ni iglesias, ni castillos, ni nada.  

No, el “ejército alemán”, la Wehrmacht no es lo mismo que “los nazis”. Los nacional socialistas eran un partido único que encabezaba un régimen totalitario. La Wehrmacht -con sus tres ramas: tierra, mar y aire- era otra cosa. La Wehrmarcht era la fuerza armada al servicio del Partido Obrero Nacional Socialista y de su deletérea ideología.

Los militares de la Wehrmacht tenían que jurar obediencia absoluta y hasta la muerte al Führer. ¿Se imaginan no jurar lealtad al país, a la Patria, sino a una persona? ¿A un líder máximo? Obediencia de cadáver se denomina en alemán, porque -dicen- que es como la obediencia de una persona muerta, que no piensa por sí misma, sino que recibe órdenes y hace lo que le dicen. Autómatas que cumplían órdenes sin pensar y sin sentir, ese era el ideal de soldado de la Wehrmacht.

En clases de derecho penal militar, yo aprendí en Chile[5] que la obediencia militar es una obediencia reflexiva, en que el soldado piensa por sí mismo y puede representar órdenes. E incluso negarse a cumplirlas cuando éstas son un delito. La pseudo obediencia impuesta por los nazis a los soldados alemanes no era reflexiva, sino cadavérica.

No, la Wehrmacht no es lo mismo que los nazis; pero en la Wehrmacht había muchos nazis. Y otros que no lo eran. Algunos no eran nacional socialistas; pero apoyaban esa ideología. Otros pocos no estaban de acuerdo con ella. De estos últimos, algunos desertaron, a ellos los esperaba el pelotón de fusilamiento. O, como altenativa, las brigadas de castigo, compuestas de soldados cuya muerte era irrelevante, daba lo mismo que murieran o no, recibían misiones suicidas. Así trataba la Wehrmacht a sus miembros.

La Wehrmacht fue el brazo armado que los nazis usaron en su guerra de agresión. Invadió un sinnúmero de países y los sometió a un régimen de terror. Sí, la Wehrmacht fue la organización armada empleada para ocupar territorios, para explusar a sus habitantes o simplemente para matarlos sin piedad (judíos, gitanos) o para esclavizarlos, como ocurrió con los pueblos eslavos.

La Wehrmacht fue creada por los nacional socialistas y organizada por ellos, de acuerdo a sus intereses. Incluso de acuerdo a los intereses privados de algunos de sus miembros. Sin ir más lejos, el uniforme de la Wehrmacht fue confeccionado en la fábrica de un miembro del partido nazi, que se llenó los bolsillos de dinero vendiendo sus productos, primero a la SA, a la SS y a las Juventudes de Hitler y luego a la Wehrmacht[6]. Quienes creen que los nazis era “jóvenes idealistas” o algo por el estilo, se equivocan. Intereses económicos y el ánimo de ganar dinero usando influencias y métodos de corrupción marcan la economía de esa época y de los miembros del “movimiento”[7]. Unos se enriquecían mientras a los otros exigían grandes sacrificios.

La Wehrmacht cometió crímenes de guerra e infringió todas las normas de derecho humanitario que nos podamos imaginar[8]. Aparte de ello, demostró una crueldad inusitada frente a seres humanos. Consideraban que los “pueblos” estaban en una especie de competición por quién vence al otro[9]. Y la competición era a muerte… Todo el que no fuera de mi etnia (Volk) era considerado mi enemigo. La barbarie parecía haberse apoderado de Alemania, de Austria y de otros países de la zona. Quienes competían en estas olimpiadas de la muerte eran los soldados de la Wehrmacht.

Comprendo que a algunos chileno-alemanes esto les cueste aceptarlo. Sus abuelos, sus bisabuelos, sus papás fueron tal vez soldados alemanes (generalmente de grados bajos, pese a los fantasías megalómanas de algunos de ellos). Ellos o no hablaban de lo que habían vivido o idealizaban la guerra, la glorificaban, como si hubiera sido una guerra heroica y ellos, los héroes vencidos a la espera de la venganza. Y si los abuelos no glorificaron la guerra, lo hicieron sus hijos o lo hacen sus nietos o bisnietos.

Evidentemente, nadie puede pensar mal de sus antepasados a quienes quiere y hacia quienes siente un natural agradecimiento. El tema de la disyuntiva o de la dicotomía de los “hijos y nietos de la guerra” es hoy un importante tema para psicólogos y psiquiatras en Alemania. Esta dicotomía ha creado personalidades divididas, casi esquizofrénicas. Muchos de los soldados de la Wehrmacht eran jóvenes entonces y fueron simple carne de cañón para los nazis. Nada había de heroísmo, nada de patria, nada de ideales. Creo que aceptar esta realidad, ayudaría mucho…

 


[1] Del verbo sich wehren, esto es ofrecer resistencia, luchar, forcejear.

[4] Llamado Pacto Hitler-Stalin o Molotov-Ribbentrop, que era el nombre de los ministros de relaciones de ambos países.

[5] De acuerdo al Código de Justicia Militar, de 1944.

[6] La fábrica usó mano de obra esclava que la Wehrmacht ayudaba a traer desde el Este. De manera que esclavos confeccionaban el unforme de sus carceleros.

[7] Así llamaban los nazis al Partido: Bewegung.

[8] Los prisioneros de guerra de la Wehrmacht, sobre todo los del Este de Europa, no eran alimentados, ni atendidos y el objetivo era que murieran.

El ateísmo actual y las conspiranoias de extrema derecha

Esta semana, me encontré con la frase de una joven mujer alemana que explica, en los pocos caracteres en que se puede escribir en Twitter, lo que yo he visto en los grupos de ateos en Alemania durante los últimos años. En efecto, Josephine B. o @JozeyStarchild escribe en la red del pajarito:

“Cosas que me molestan del ateísmo: muchos ateos no dejan de hablar sobre el valor de la ciencia y de la racionalidad; pero cierran los dos ojos cuando se habla de la ‘ciencia de las razas’ y de las teorías de la conspiración en nuestras comunidades de las redes sociales e incluso presentan a ambas comos ciencias”[1].

(Cuando habla de las razas, podría haberlo traducido como racismo; pero preferí ser fiel al original Rassenkunde o “ciencia de las razas”).


Evidentemente lo que dice Josephine no vale para todos los lugares, ni para todos los tiempos, ni para todos los ateos; pero sí vale plenamente para un sector significativo de ellos en el primer mundo, a comienzos del siglo 21. No sé bien a partir de cuánd el ateísmo de los países ricos comenzó a moverse en este sentido. O siempre fue así. Lo desconozco, ya que, aunque crecí en un ambiente ateo, no soy “experta” en el tema.

Desconozco si fue con Dawkins -un zoólogo británico que de militante ateo, se ha convertido en agnóstico que anuncia o anunciaba que la religión es una “fuerza maligna, ideada por personas mentalmente enfermas”[2]– fue antes o después. O no fue con él y él es inocente. Lo único que puedo ver es que gran parte de sus seguidores, o al menos quienes se llenan la boca con su nombre, se han ido por esta corriente política, cultural o cómo quieran llamarla. Y los grupos o comunidades virtuales de que habla Josephine, han sido raptados por gente de esta laya.

Hoy en día, se puede decir que los grupos ateos de Facebook (que se ha convertido en un lugar verdaderamente muy desagradable) u otras redes sociales se hallan no sé si infiltrados; pero sí llenos, de personas que dudosamente podría calificar de liberales o de democráticas. Gente que de open society, de sociedad abierta, poco y nada entienden o muchas veces, son más bien sus más abiertos enemigos. Diría que muchos de ellos (muchos ya que son generalmente hombres y generalmente supremacistas) son sus abiertos o sus encubiertos detractores.

Desde hace algún tiempo, asistimos al desenmascaramiento de grupos cristianos fundamentalistas como contrarios a la democracia liberal. Sin embargo, creo que ahora, alguien, en lo posible “desde dentro”, debería dedicarse a la noble tarea de mostrar cuánto de antidemocrático, de anti-liberal, de anti-científico, cuanto de conspiranoico y de enemigo de la sociedad abierta, hay hoy en el ateísmo, en los grupos ateístas y en el ateísmo popular europeo y tal vez también estadounidense (podríamos empezar con el movimiento libertario).

Facilitaría el análisis, saber que, tanto entre cristianos de extrema derecha, como entre ateos de la misma tendencia política, un importante denominador común en su lucha contra la democracia liberal y contra la sociedad abierta, pluralista y multicultural es el hecho de que ambos son grupos conspiranoicos. Esto es, para ellos, más que el convencimiento sobre la realidad, prima la creencia en una o en más de una teoría de la conspiración.

Para los “ateístas” de esta nueva generación, que denostan de la fe, las teorías de la conspiración parecen haberse convertido en un nuevo conjunto de creencias religiosas o pseudo-religiosas. Muchos de ellos vienen de familias o de sociedades creyentes y al rechazar la fe heredada, parecen rebelarse contra sus padres, en una nueva edición de la guerra generacional que ya creíamos superada, por no decir pasada de moda. Al dejar de lado las creencias que aprendieron en su niñez, abrazan una nueva fe y en ella, no pocas veces, sino que, en la mayoría de ellas, se encuentran elementos conspiranoicos, e incluso una completa teoría de la conspiración como su fundamento.

Asimismo, muchas veces, las teorías de la conspiración se refieren abiertamente a creencias religiosas. Como aquella sobre los protocolos de los sabios de Sión u otras conspiranoias antisemitas[3]. En el pasado, las teorías acerca de los planes secretos del Vaticano eran grito y plata entre los ateos. Hoy, el Vaticano ya no importa tanto; más de moda están aquellas teorías acerca de los demonios pre-islámicos como la tan popular teoría actúal del demonio Jinn, que se identifica con el pueblo judío.

Las teorías sobre “los de arriba”, sobre las supuestas elites que viven en las capitales del primer mundo (no sé por qué pienso en la película “Los juegos del hambre”), desde donde dominan todo, campean también en estos grupos de las redes sociales y forman la base del populismo de extrema derecha que se hiergue como una ingente amenaza para nuestra sociedad democrática[4]. Una amenaza que podría destruirla… En tal caso, en nombre del pueblo, se sometería al mismo pueblo a una nueva tiranía tanto o más cruel que aquellas horribles del siglo 20.

En la mayoría de los países del primer mundo, los grupos ateos no son tan importantes, ni tan significativos, ni se hallan tan organizados ni conectados como aquellos de los sectores cristianos fundamentalistas con quienes -es lo que postulo aquí- comparten sus negativos ideales anti-democracia liberal, anti-sociedad abierta y anti-sociedad multicultural. Pese a ello, invitaría a mis amigos y amigas ateos y democráticos a que se preocuparan del tema. Urge hacerlo.


[1] #Atheismus-Dinge die mich nerven: Viele Atheisten hören nicht auf über den Wert von Wissenschaft und Rationalität zu reden, aber drücken beide Augen zu, wenn Rassenkunde und Verschwörungstheorien in unseren Communities ALS Wissenschaft zelebriert werden. Das gilt vor allem in > https://twitter.com/JozeyStarchild/status/995935382863843328

[3] Sobre ella, escribí un relato Ateísmo y antisemitismo, que invito a leer. Está escrito en forma de distopía; pero las ideas conspiraoicas, las tomé de una comunidad actual de ateísmo en Facebook

[4] A su surgimiento, se refierió el embajador norteamericano en Alemania, esta semana. Ver El caso Grenell, el embajador de Trump en Alemania

El caso Grenell, el embajador de Trump en Alemania

Qué pasaría si “un nuevo embajador chino es enviado a Washington. Arrogante y prepotente, proviene del ala extrema maoísta del partido comunista chino. Un mes después de su llegada, da una entrevista al Diario del Pueblo, observando con satisfacción el ascenso de la extrema izquierda en la política occidental”[1].

El texto anterior, con el que Anne Applebaum inicia su columna en el Washington Post no dejó de sorprenderme…En primer momento, hasta que, pocos minutos después, me di cuenta de qué se trataba. Richard Grenell, el embajador que Trump acaba de nombrar en Berlín, había hecho, una vez más una de las suyas y demostrado otra vez más que es el diplomático, menos diplomático[2] acreditado en Alemania.

Como si esto fuera poco, lo que había hecho, lo había hecho a través de una entrevista,  pero no una entrevista en un diario normal, sino que en Breitbart, la “página” de Steve Bannon, quien actualmente -y desde hace varias semanas- se encuentra en “viaje de nogocios” por Europa, entrevistándose con partidarios de grupos de la extrema derecha europea. (Breitbart ha sido el caldo de cultivo del nacionalismo supremacista en los Estados Unidos).

Grenell hace honor a su nombre: es bastante grell, chillón, estridente, shrill, garishly… Ya antes de asumir su cargo (a principios de mayo), manifestó su intención de conocer a Jens Spahn, el nuevo ministro de salud alemán, sólo porque ambos son homosexuales, lo que explicitó el entonces futuro embajador. Yo creo que la orientación sexual de alguien no debería ser tema de la política. No creo que Spahn se haya sentido demasiado alagado. Aunque nunca se sabe[3].

Apenas asumir su cargo, a comienzos de mayo Grenell twitteó: “German companies doing business in Iran should wind down operations immediately”[4]. Antes que nada, me pregunto si Twitter es el medio de expresión propio de un embajador. En tono de orden perentoria -como las daría el virrey a los súbditos de un territorio subalterno- Grenell escribía: “Las empresas alemanas que hacen negocios en Irán deberían cerrar las operaciones inmediatamente”. La “orden” cayó muy mal en Alemania, ya que, el embajador de los Estados Unidos no es un lugarteniente que representa al actual presidente norteamericano en Europa.

Un embajador no puede dar instrucciones a los ciudadanos de otro país. Así no funcionan las cosas en una democracia, ni en un estado de derecho. Ni en el derecho internacional. No de acuerdo a la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas. El embajador, por lo menos, se sobrepasó en sus funciones o atribuciones. Pero claro, Grenell es un hombre de Trump y se comporta en consecuencia. Lo conoció cuando Trump aún estaba en campaña y trabajó para lograr el puesto de embajador. Más que representar a su país como diplomático, representa a Trump como político.

Grenell reconoce que “Hay muchos conservadores en toda Europa que se han puesto en contacto conmigo para decir que sienten que hay un resurgimiento”. ¿En serio? ¿Quiénes serían? Probablemente los mismos que se quejan de que los intereses de sus estados nacionales no estén en el primer lugar hoy en Europa. Y de que la Unión Europea se haya convertido -como ellos dicen- en una especie de Unión Soviética. Lo que no deja de ser paradojal, ya que su ídolo Putin se queja de que la catástrofe más grande del siglo 20 fue el desmembramiento de la URSS.

De partida, cuando Grenell habla de “conservadores”, se refiere no a los que normalmente los liberal-conservadores llamamos “conservador”, sino a movimientos de extrema derecha que han surgido en Europa en el último tiempo. Conservador es una palabra que a estos grupúsculos le queda excesivamente grande. La ofenden con su uso. Son, en el mejor de los casos, ultra-conservadores. Los verdaderos conservadores europeos no son extremistas, ni radicales de derecha, ni menos nacionalistas o populistas de extrema derecha. Son gente como la misma Merkel, igualmente criticada con fuerza por Grenell.

Estos grupos -que el embajador ahora quiere fortalecer o robustecer, se caracterizan por ser pro-Putin, anti-europeos, anti-Unión Europea, anti-euro y anti-extranjeros (etnopluralistas[5]). Sí, son más anti-algo que pro-algo, están más en contra que a favor; pero son mucho más que simples partidos de protesta, considerarlos como tal es subestimarlos. En Alemania surgieron, más tarde que en otros países, especialmente luego de la llamada “crisis de los refugiados”, cuando el país abrió la frontera con Austria y dejó entrar a los miles de sirios que huían de la guerra y se hallaban en Hungría, donde no querían permanecer debido a los malos tratos por parte del gobierno del anti-liberal Viktor Orbán.

Grenell continúa: “Quiero empoderar absolutamente a otros conservadores en toda Europa, a otros líderes. Creo que hay una oleada de políticas conservadoras que se están afianzando debido a las políticas fallidas de la izquierda”. Perdón, pero “empoderar”, o más bien -en castellano- fortalecer, robustecer, patrocinar, apoyar, sustentar a ciertos sectores políticos de extrema derecha en Europa… A “otros líderes”, no a los que están hoy en el poder. Regime change… Perdón, pero ¿es esta la labor de un embajador? ¿No será más bien la de un activista político?[6]. Grenell podría renunciar a su puesto de embajador -pagado con los impuestos norteamericanos- y dedicarse al activismo político. Seguro que habrá alguien que lo financie.

Cito nuevamente a Applebaum, que se refiere al apoyo del embajador a sectores políticos de extrema derecha, pero en forma elíptica, lo que pone aún más de relieve la doble moral de este caso: “’Hay muchos marxistas en todo Occidente que se han puesto en contacto conmigo para decir que sienten que hay un resurgimiento’, dice, y agrega que espera, en su nuevo cargo, poder ‘empoderar’ a los partidos de la extrema izquierda”. O, como se lee en algunos editoriales alemanes de esta semana: “Imaginemos que un embajador chino en los EEUU llame a fortalecer las fuerzas comunistas”[7].

Este “es un momento emocionante para mí (…) tenemos mucho trabajo por hacer, pero creo que la elección de Donald Trump ha facultado a individuos y a pueblos[8] para decir que no pueden permitir que la clase política determine antes de que se lleve a cabo una elección, quién es va a ganar y quién debería ser el candidato’”. ¿A quién se refiere? A las elites, “los de arriba”, el establishment… Él dice que es anti-establishment. ¿Qué fue antes, Trump o el populismo europeo? ¿El tea party o la L’Action nationale? ¿Berlusconi o Bannon? En realidad, si consideramos que Grenell más que representar a su país, representa a Trump, no pueden sorprendernos sus declaraciones.

A propósito de candidatos, Grenell alaba sobremanera al canciller austriaco: “creo que Sebastian Kurz es un rockstar. Soy un gran fan suyo”. ¿Es este el lenguaje propio de un embajador? No sé si sea la mejor publicidad en favor de Kurz, quien aún trata de salvar las apariencias y de figurar como un demócrata cristiano al que no le quedó otra solución que aliarse con la extrema derecha. Cosa que no hizo muy a regañadientes.[9] 

Grenell no halaga a la canciller del país donde se halla acreditado. No, el trumpismo considera a Angela Merkel como representante de “fallidas políticas de izquierda”. Applebaum comenta que esas políticas fallidas son “las mismas políticas que han convertido a Alemania en la economía más fuerte de Europa”[10]. Paradojalmente, los Republicanos norteamericanos y los demócrata cristianos alemanes han sido tradicionalmente aliados. A partir de ahora, las cosas cambian.

Sí, con Trump, todo ha cambiado y ahora la alianza es con la extrema derecha, como ha indicado el embajador Grenell explícitamente. Claro, dicde que quiere “empoderar” a los líderes conservadores europeos. No, no es que Estados Unidos apoye la democracia y no a actores políticos en particular; no es que los países tengan que resolver ellos mismos quiénes los gobiernan[11]. No, Grenell dice que “empoderará” a los líderes de los movimientos y partidos que él considera que tienen el programa correcto, de acuerdo a la apreciación trumpiana de qué es lo correcto. Es más que evidente que esto es inmiscuirse en asuntos internos de otro país, de otros países, de otro continente.

Breitbart nos aclara la película aún más: “La estrategia ganadora, señaló Grenell, se enfoca hacia asuntos conservadores que mejoran la vida de la gente trabajadora común, de la mayoría silenciosa. Diciendo que habrá un ‘apoyo es masivo’ para los candidatos que pueden articular políticas ‘conservadoras consistentes’ sobre migración, rebajas de impuestos y recorte de la burocracia”.

A ver, si entendí bien: Grenell, el embajador de los Estados Unidos en Alemania, un enardecido partidario de Trump (a ello, probablemente es a lo que debe su puesto). Advierte que él trabajará apoyando (“empoderando”, dice, esto es: dando poder, como si no lo tuvieran) a los líderes y a los movimientos que él aún llama conservadores; pero que, en realidad, son de extrema derecha (ya que los conservadores son, por ej., los demócrata cristianos de Merkel), que surgen en Europa, lo que a él lo pone muy feliz, dice.

Apoyará a estos líderes y a estos movimientos en favor de lo que él llama la “mayoría silenciosa”, en tanto implementen “políticas conservadoras consistentes” (esto es, medidas políticas con las que Trump y sus amigos estén de acuerdo) contra la inmigración, a favor de rebajar los impuestos y empequeñecer el estado (porque de reducir la burocracia, en realidad, no se trata).

Que un ex-presidente del Parlamento europeo afirme que el embajador se comporta como un oficial colonial, es algo que no puede sorprender a nadie[12].


[3] El deseo de Grenell fue satisfecho por Spahn quien lo invitó a un tour guiado por él, por el edificio del Bundestag junto a sus respectivos maridos o parejas (Spahn está casad; Grenell no lo sé). No sé si ese encuentro fue una buena idea para Spahn que representa el ala ultra-conservadora de la democracia cristiana alemana. O no. Hay abundantes selfies de las dos parejas en la red, de manera que ya no hay vuelta atrás.

[4] “As @realDonaldTrump said, US sanctions will target critical sectors of Iran’s economy. German companies doing business in Iran should wind down operations immediately.” https://twitter.com/richardgrenell/status/993924107212394496?lang=de

[6] El Departamento de estado se defiende diciendo que un embajador también tiene derecho a la libertad de opinión.

[7] Varios diarios alemanes recogieron el mismo argumento elíptico de Applebaum. Ver: Donald Trumps Botschafter Richard Grenell ist in Berlin fehl am Platz y Kölner Stadtanzeiger pero en papel.  

[8] “empowered individuals and people”…

[9] Putin estuvo en estos días en Austria, me pregunto si Kurz seguirá los pasos de sus colegas cancilleres, en alemán Schröder y el ex canciller de Austria Alfred Gusenbauer que ahora “trabajan” para empresas o inversionistas rusos o hacen labores de lobby en su favor.

[11] Según dice Heather Nauert, desde abril del 2017, vocera del Departemento de Estado y ex-periodista de Fox News.

[12] Ärger über US-Botschafter Grenell “Wie ein rechtsextremer Kolonialoffizier” (4 de junio de 2018). La frase es del social demócrata Martin Schulz.