¿Fue Carl Schmitt un nazi?

Se discute acerca de si Carl Schmitt fue o no nazi. Para contestar a esta interrogante, creo que es conveniente, leer y estudiar sus obras de esa época,cuando Schmitt era considerado el “jurista de la corona del régimen nacional socialista”[1]. Comienzo el análisis del opúsculo “Staat, Bewegung, Volk” (“Estado, Movimiento, Pueblo”), cuya primera edición apareció en diciembre de 1933[2], en la editorial Hanseatische Verlagsanstalt, proclive al nuevo régimen. En esta columna, me refiero al primer capítulo, titulado “La actual situación constitucional”.

El autor afirma que la totalidad del nuevo derecho público posterior a la revolución nacional socialista es un nuevo derecho que está parado sobre suelo propio. No basa pues su legitimidad en las “normas pre-revolucionarias” de la Constitución de Weimar. Disposiciones aisladas de la Constitución de Weimar están sólo vigentes en cuanto la Ley habilitante (Ermächtigunsgesetz, de 24 de marzo de 1933) así lo permita o bien, en cuanto el nuevo orden del derecho público recurra a ellas expresamente o en forma implícita (recepción silenciosa o stille Übernahme). No obstante, antes de la mencionada Ley habilitante -que le entregó todo el poder estatal a Hitler[3]– el Presidente del Reino, Paul von Hindenburg, mediante decreto de 12 de marzo de 1933, habría terminado[4] definitivamente con “el espíritu y los fundamentos” del sistema de Weimar, escribe Schmitt.

Con sus escasas 41 páginas, “Staat, Bewegung, Volk” es el primer opúsculo de la serie organiza titulada “El estado alemán de la actualidad”[5], algo así como el nuevo estado alemán o el “nuevo orden estatal”[6] post-revolucionario. Sí, el autor consideraba que la toma del poder por parte de los nacional socialistas era una verdadera revolución, habla de la “Revolución alemana”, que habría cortado todo vínculo con el “sistema” inmediatamente anterior, el de Weimar. “Para él, la catástrofe es el fin del estado de Bismarck, no la guerra. De ello sería culpable la democracia liberal, que fue incapaz de defender el estado haciendo uso de los artículos de excepción o de guerra”[7].

Schmitt afirma que el todo el antiguo mundo del pensamiento liberal democrático ha caído. Se acabó con la neutralidad y con la igualdad, que permitía la creación de nuevos partidos políticos y garantizaba la libertad de opinión, de acción, de hacer publicidad o de tener una opinión favorable a alguno de ellos. Explica que, en un sistema pluralista, todos los partidos políticos se combaten entre ellos y no existe voluntad política única, sino que los partidos se encuentran, en el mejor de los casos, en un “punto cero”. Por el contrario, el estado nacional socialista, basado en el principio de la dirección de un solo líder (el llamado Führerprinzip) supera el pluripartidismo de Weimar.

Critica las elecciones realizadas en la época de Weimar que habrían perdido todo su sentido. Eran sólo la opción plebisicitaria de cinco o seis partidos políticos incompatibles entre sí. Ahora, en el estado nacional socialista, con un solo partido político[8], el peligro de una ruptura de Alemania en muchos partidos, ha sido superada. Según Reinhard Mehring (experto en el pensamiento de Schmitt), el autor concibe al dictatorial partido único del nacional socialismo como una fuerza homogenizadora[9].

Schmitt se alegra, pues finalmente se distingue entre amigo y enemigo del estado. Entre el compañero que forma parte del mismo pueblo alemán y quienes pertenecen a “otra especie” (Artfremden)[10]. Es evidente a quienes se refería con este úlitmo calificativo. A sus colegas judíos frente a los cuales, fue tan zalamero décadas, mientras lo podían ayudar a obtener puestos como docente en universidades y escuelas profesionales. Cabe hacer notar que, pese a que los nazis tampoco consideraban a los eslavos como sus iguales, Schmitt debe excluir de entre las personas “de otra especie” a su segunda mujer, la serbia Duška Todorović. De su primera mujer, la croata Pawla Dorotić, Schmitt se había separado hacía ya tiempo.

“El nuevo mundo del derecho nacional socialista”, dice Schmitt, no puede ser entendido desde el sistema anterior, como tampoco puede ser justificado o fundado[11] sobre Weimar. Como se ve, el quiebre es total, se trata de una nueva fundación, de una nueva sociedad y del nuevo derecho de un nuevo estado. Para el nacional socialismo -continúa Schmitt- el intento de justificar o de refutar el nuevo derecho desde el punto de vista de la Constitución de Weimar, es o un “juego sin sentido” o un intento de volver al derecho anterior o de neutralizarlo o al menos, de relativizarlo.

Algunos juristas -critica- “no se pueden acostumbrar a la realidad del estado nacional socialista”[12] y califican las disposiciones del nuevo estado como aceptables o no aceptables según el derecho constitucional de Weimar. Cita un artículo de Medicus, en “Deutsches Recht”[13] de 1933 que sostendría esta tesis. Como si la Constitución de 1919 subsistiera en “el nuevo estado y bajo la nueva constitución del estado nacional socialista”[14]. Como si el nuevo derecho nacional socialista fuera una regulación temporal y transitoria, que se puede derogar mediante una ley del Parlamento (Reichstag). Tengo que recordar a los lectores que que la ley habilitante de 1933 tenía una vigencia de sólo cuatro años. No, el nuevo derecho constitucional nacional socialista no puede ser derogado. No es posible su derogación mediante una simple ley parlamentaria que pueda volver todo al estado anterior, a la vigencia de la Constitución de Weimar. No, la detestata Constitucion de Weimar no rige más. Es un “acto de sabotaje” sostener que la forma de pensar ya superada de la época de Weimar subsiste de alguna manera en la letra o en el espíritu en el nuevo estado. Sí, en los años que vendrán, los nazis, consideraron como enemigos del estado a quienes pensaban diferente de ellos o defendían un orden estatal liberal democrático.

Schmitt critica a sus colegas “positivistas” porque llaman a la ley de 24 de marzo Ley habilitante de acuerdo al art. 76 de la Constitución de Weimar. Explica que esa ley es más bien, una L e y  c o n s t i t u c i o n a l  t e m p o r a l  d e  l a  n u e v a  A l e m a n i a”[15]. (Supongo que Uds. conocen la forma que se usaba en esa época para poner algo de relieve separando las letras, la usa Schmitt en su folleto).

La ley habilitante sería la consecuencia de la elección de Parlamento o Reichstag de 5 de marzo de 1933. Esa elección habría sido en realidad, un plebiscito, por el que Hiltler- el Führer del movimiento nacional socialista- fue reconocido como Führer político del pueblo alemán. La mecionada ley que los positivistas denominan “ley habilitante”, debería ser llamada por su nombre oficial: “Ley para remediar la necesidad del pueblo y del Reino”. Esta ley -prosigue- habría sido un puente entre el viejo y el nuevo estado. Fue de gran “importancia práctica” para que la transición entre uno y otro estado, se llevara a cabo de acuerdo a la legalidad, lo que tuvo lugar “gracias al sentido de orden y disciplina alemanes”. Así, la “Revolución alemana” fue “legal”, esto es formalmente correcta. La relevancia práctica de la ley habilitante deriva de que la legalidad es necesaria para el funcionamiento del aparato estatal y de sus funcionarios.

De acuerdo a su propia legalidad, el sistema de Weimar puso su propio sello bajo la declaración de que había llegado a su fin. Fue la declaración de muerte del viejo sistema; pero no la de la de la fundación del nuevo. El nuevo estado no tiene ninguna imposición derivada del derecho anterior, ningún límite o regla hermenéutica procedente de Weimar. El justo derecho que nace de la “Revolución alemana” no depende de que un grupo de parlamentarios weimarianos haya decidido colaborar a que se lograra la mayoría de dos tercios en el Reichstag. Sería un sinsentido legitimar a posteriori un sistema sin fuerza y sin poder, como fue el anterior. El fundamento del derecho del estado nacional socialista no es un fundamento extranjero o extraño, ajeno al ser alemán, ni tampoco nos es “esencialmente hostil”… Como habría sido el derecho de Weimar, insinúa Schmitt, en su acérrimo anti-liberalismo democrático. El fundamento del derecho nacional socialista es uno propio. Alemán, no extranjero. Schmitt y otros juristas nacional socialistas sostenían que los juristas judíos habrían introducido doctrinas extranjeras en el derecho alemán.

Schmitt asevera que el representante del Führer, Rudolf Heß,  tiene razón cuando, en la convención del partido en Nürmberg, anuncia que esa convención de los nacional socialistas es, en realidad, el nuevo Reichstag (nombre del parlamento alemán). Cuando Heß pronucia la misma fórmula de la Constitución de Weimar “todo poder emana del pueblo”, no dice lo mismo que decía la constitución liberal democrática anterior, sino algo muy diferente. Algo que Schmitt celebra y no critica. Las únicas críticas están reservadas a Weimar y a la supuesta influencia extranjera en Alemania.

Estamos en un nuevo estado post-revolucionario y antiliberal. Iliberal, diríamos hoy con los nuevos populistas entre quienes Schmitt es tan admirado[16]. Conocido es el verdadero odio que profesaba Schmitt hacia el liberalismo. Curioso es que supuesto liberales en países latinos profesen admiración hacia Schmitt. Lo atribuyo a desconocimiento, a ignorancia culpable o simplemente a estupidez.

El Führer de todo el pueblo alemán es el canciller del Reino, Adolf Hitler. Su liderazgo (mala traducción de Führung, no se me ocurre otra) ejerce una supremacía política que no está sujeta a ninguna condición. Esta última es una ley fundamental del nuevo derecho del nuevo estado nacional socialista[17]. El Führer es también legislador y en este punto no caben “interpretaciones sofistas”[18] como las de Weimar (!). El Führer está por encima del presidente del Reich, cuya preminencia durante la última época de Weimar, Schmitt critica duramente. El liderazgo hitleriano (en la página diez del librito menciona dos veces a Adolf Hitler, con nombre y apellido, lo que nunca debería ocurrir en un artículo jurídico) va más allá de una simple competencia para dar directrices a sus funcionarios, como señalaba el art. 56 de Weimar[19] cuando mencionaba las funciones del canciller. Hitler no es sólo de facto, sino también de iure y de manera totalmente natural el Führer político del Reino y no es comparable con ningún otro canciller anterior, concluye.

Considera la división entre los poderes Ejecutivo y Legislativo como algo típicamente “liberal” y sostiene que ha sido definitivamente suprimida en el nuevo estado. En consecuencia, el gobierno ejerce un derecho verdadero y primigenio a dictar leyes, como asimismo establece el art. 1[20] del la “constitución temporal” de 24 de marzo de 1933. Esto es, lo que todos llamamos Ley habilitante. En suma, toda iniciativa legal corresponde, en primer lugar, al gobierno del Reich, al gobierno de Adolf Hitler. Contra la voluntad del canciller -transformado en Führer- los parlamentarios no pueden presentar ninguna iniciativa, ningún “proyecto de ley”, como garantizaba la Constitución de Weimar. Schmitt defiende la prerrogativa legislativa absoluta del Führer, según el nuevo derecho del nuevo estado.

De acuerdo a los principios nacional socialistas -que parece que Schmitt ha interiorizado raudamente- el gobierno del Reino reconoce la voluntad del pueblo expresada en una consulta popular; pero sólo si ha sido convocada por el mismo gobierno. Advierte que si el resultado “se ha vuelto equivocado”[21], se puede llamar a una nueva consulta. Hoy los plebiscitos están muy de moda entre los populistas de extrema derecha europeos. “La democracia directa que hoy, algunos grupos de extrema derecha propugnan no es sino expresión de esta ‘democracia’ encabezada por un Führer que dirige al pueblo y que a la vez y en una especie de proceso de retroalimentación, debe corrobarar o ratificar las deciciones de su líder”[22].

Después de leer el primer capítulo de “Estado, Movimiento, Pueblo” (“Staat, Bewegung, Volk”) no me cabe duda que el tono zalamero y de alabanza hacia el Führer y su “movimiento” (así llamaban los nacional socialistas al partido), expresa claramente la posición política que Schmitt abrazó luego de la llegada de los nazis al poder. El odio enconado frente al liberalismo y a la democracia representativa de Weimar encuentra por fin un medio ambiente apropiado donde desarrollarse. En 1933, Schmitt está decidido a participar activamente en la construcción de un nuevo estado, de una nueva sociedad, de un nuevo orden nacional socialista.


[2] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[3] El ejecutivo podía dictar leyes que pasaran a llevar la Constitución y no necesitaba del Legislativo para gobernar. Ver texto en Ermächtigungsgesetz

[4] “beseitigen” escribe Schmitt, usando un vocabulario propio de los nacional socialistas.

[5] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[6] El Nuevo Orden según Carl Schmitt en la página alemana Die Kolumnisten.

[8] Escribe Einparteistaat… Así era como se llamó también a los partidos únicos del mundo del socialismo real. Del comunismo.

[9] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[10] Invito a leer mi columna sobre el racismo Nos guste o no, en realidad todos somos africanos

[11] Carl Schmitt, “Staat, Bewegung, Volk. Drei Gliederung der politischen Einheit”, segunda edición, pág. 6.En adelante, citaré sólo la página.

[12] pág. 6.

[13] Deutsches Recht era una revista de los juristas nacional socialistas.

[14] pág. 6.

[15] pág. 7.

[18] pág. 10.

[19] “El canciller del Reino determina las pautas de la política y es responsable ante el Parlamento. Dentro de tales pautas, cada Ministro del Reino dirige la rama de negocios que se le ha confiado de manera independiente y bajo su propia responsabilidad frente al Parlamento”.

[20] Las leyes pueden ser aprobadas o mediante el mecanismo que contempla la Constitución del Reino o por el gobierno del Reino (…).

Reichsgesetze können außer in dem in der Reichsverfassung vorgesehenen Verfahren auch durch die Reichsregierung beschlossen werden (…).

[21] pág. 11.

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Franzani, Kast y los nazis

A mí me da lo mismo que el papá de José Antonio Kast haya sido nazi o no lo haya sido. A mí lo que me interesa es cómo es José Antonio Kast. Como es él como político, de eso depende si lo apoyo con mi voto, con mi opinión, con mis columnas o no.

Mi papá fue trotzkysta, hizo trabajos para Corea del Norte y lamentablemente contribuyó a difundir la doctrina norcoerana en Latinoamérica[1]. La familia de mi mamá era del Norte, gente radical, bombera y masónica. Pero yo no soy ni radical, ni bombera (aunque me gustaría serlo), ni masónica. Ni tampoco trotzyksta. Mi abuelo paterno era político del partido conservador (o sea, lo contrario de mi abuelo materno), incluso alcalde conservador de su pueblo; pero yo no soy conservadora. Mi mamá era prima en no sé qué grado de Luciano Cruz[2] (el fundador del MIR), pero yo no soy terrorista.

De ninguna manera podemos ser juzgados o alguien se puede formar una opinión sobre nosotros basándonos en cómo fueron nuestros papás, nuestras mamás o nuestros abuelos o antepasados. No nos pueden castigar, ni siquiera medialmente por ello. Hacerlo sería paradojalmente volver a la época de los nazis. Sí, fueron los nacional socialistas quienes, basándose en un supuesto antiguo derecho germánico, crearon el espúreo concepto de la responsabilidad del clan, de la familia, de los antepasados[3]. Es un poco lo que hace la mafia, en que cada uno de los miembros de una familia responde por lo que hacen los demás. Totalmente absurdo. En una sociedad civilizada, la responsabilidad es personal.

La responsabilidad es personal y las opiniones, también. Yo respondo de mis acciones y no de las de mis papás o de mis abuelos. De mis opiniones y no de la de otros. Lo mismo con planteamientos, creencias, dichos y hechos. Tampoco responderé de la de mis hijos ni de la de mis nietos, bisnietos o tataranietos. Uno de mis ancestros -dicen- mató a muchos “moros” en el siglo 15 en España: pero yo defiendo a los musulmanes y combato la islamofobia. No somos responsables de las actuaciones de nuestros antepasados. No heredamos su forma de pensar o actuar.

Si un periodista pregunta a Kast si su papá fue un nazi y Kast sólo le dice que no fue un nazi y que está orgulloso de él, en vez de explicarle lo que explica después en un video que parece que filmó en su casa[4], entonces, tampoco puede quejarse. La labor de un periodista es ser inquisitivo y hacer “preguntas pesadas”. Si no, no sería un buen periodista. Un político no puede reaccionar con desagrado o mal humor o decirle que vaya a “estudiar historia”. Esa es una actitud sobrada con la que no se llega a ninguna parte. En este punto, podrían aprender la humildad de la canciller Merkel, una de las claves de su éxito.

Hay otro video que muestra una mejor respuesta de Kast a una pregunta sobre el tema que le hizo la periodista Patricia Politzer[5]. Le explica que su papá fue reclutado a los 18 años y que su abuelita que lo crió, vivía en una familia judía donde la mamá y los dos hijos fueron asesinados[6]. Kast prosigue que pertenece a un movimiento cuyo fundador estuvo en un campo de concentración[7]. Me pregunto ¿por qué Kast no le contestó así al periodista Franzani? En vez de alterarse tanto.

Hasta donde puedo indagar, el papá de José Antonio fue Michael Martin Kast Schindele y nació el 2 de abril de 1914[8], de manera, debe haber sido reclutado en 1941 ó en 42. Entonces, el político chileno tiene razón cuando explica (lamentablemente no frente al periodista Franzani, sino en privado) que “un joven de 17 ó 18 anos no tiene opción de decir que no va a la guerra, cuando hay un enrolamiento obligatorio, ya que lo fusilan al día siguiente”[9]. Efectivamente, un joven de 17 ó 18 años no tenía ninguna responsabilidad en la guerra de agresión[10] que el gobierno de su país había iniciado.

Es lamentable que no se lo haya explicado al periodista frente a las cámaras y que ahora todo el mundo se lance en contra de Ignacio Franzani que sólo cumplía con su deber profesional haciendo preguntas incisivas. La única explicación es que la mención de un posible pasado “nazi” de su familia sea un trigger, esto es un desencadenante o gatillo psicológico que provoca una reacción de parálisis y/o de defensa en José Antonio. Un mecanismo psicológoco que hace estallar en alguien una reacción que no es la mejor. Sé que a veces es difícil controlarse; pero un político profesional debería saber hacerlo o aprenderlo. Y no quedar virtualmente paralizado o bloqueado.

En suma, me da lo mismo que el papá de José Antonio Kast haya sido nazi o no. A mí lo que me interesa es cómo es José Antonio Kast. O sea, como es él como político, de eso depende si lo apoyo con mi voto, con mis tweets, con mi opinión, con mis columnas o no lo hago.


[2] Mi tatarabuelo Luciano Cruz Ocaranza es nuestro antepasado común.

[3] Ver el artículo sobre la Sippenhaft en Wikipedia.

[4] El video en el tweet de José Antonio Kast, de 25 de junio de 2018.

[6] ¿Habrá sido la empleada de la familia?

[7] Indudablemente se refiere a Schönstatt y a Josef Kentenich.

[9] Ver el video en el tweet de José Antonio Kast, de 25 de junio de 2018.

[10] Sobre la Wehrmacht y los nazis, ver mi artículo El “ejército alemán” y los nazis

El “ejército alemán” y los nazis…

Nuevamente se plantea en Chile el tema de si el “ejército alemán” era lo mismo que los nazis. Sí, así más o menos en esos términos algo infantiles. En primer lugar, el “ejército alemán” es un término equívoco, porque a lo largo de la historia, ha habido muchos “ejércitos alemanes”, de manera que tenemos que delimitar de qué hablamos.

Se trata de la Wehrmacht, contemporánea de los nazis o más bien, creación de los mismos. La Wehrmacht o el poder de defenderse[1] o de atacar, fue creada por el régimen nacional socialista en 1935. Ese año, el ex-cabo del Ejército de Baviera, el austriaco Adolfo Hitler había  concentrado totalmente el poder político sus manos.; totalmente o totalitariamente que viene a ser más o menos lo mismo. La famosa ley habilitante de 1933[2] lo había hecho posible. La ley que creó la Wehrmacht fue dictada el 16 de marzo de 1935[3].

Antes de la Wehrmacht -entre 1921 y 1935- existió el Reichswehr, el ejército para la defensa del Reino de la República de Weimar. Estaba organizado de acuerdo a las disposiciones y a las limitaciones impuestas en el Tratado de Versalles. Violadas secretamente, en concomitancia con la Unión Soviética, entonces de reciente creación. A partir de 1923, el Reichswehr apoyó la formación del Ejército Rojo y de sus soldados. A la vez que los soviéts proporcionaban al ejército alemán armas (incluso químicas), munición y adiestramiento para militares alemanes. Era un do ut des -doy para que des- entre alemanes y rusos.

Años más tarde, la misma Wehrmacht ocuparía Polonia conjuntamente con el Ejército Rojo. Paradas militares y encuentros de todo tipo tuvieron lugar entre los soldados de ambos ejércitos de tan dispar o más bien de tan similar ideología. Los nobles alemanes que encabezaban el “ejército alemán” no tenían ningún problema en confraternizar con sus aliados militares, los proletarios bolcheviques. Por si alguien adolece de incredulidad y no sabe leer alemán, hay abundantes videos históricos en youtube sobre esta alianza.

Cuando Hitler y Stalin rompieron su pacto[4] y cuando Alemania empezó a perder la guerra, la Werhmacht tuvo que retirarse de algunos territorios. Practicó entonces la estrategia de la “tierra quemada”, destruyendo todo lo que quedaba a su paso, sin respetar vidas humanas, ni ciudades, ni monumentos históricos, ni iglesias, ni castillos, ni nada.  

No, el “ejército alemán”, la Wehrmacht no es lo mismo que “los nazis”. Los nacional socialistas eran un partido único que encabezaba un régimen totalitario. La Wehrmacht -con sus tres ramas: tierra, mar y aire- era otra cosa. La Wehrmarcht era la fuerza armada al servicio del Partido Obrero Nacional Socialista y de su deletérea ideología.

Los militares de la Wehrmacht tenían que jurar obediencia absoluta y hasta la muerte al Führer. ¿Se imaginan no jurar lealtad al país, a la Patria, sino a una persona? ¿A un líder máximo? Obediencia de cadáver se denomina en alemán, porque -dicen- que es como la obediencia de una persona muerta, que no piensa por sí misma, sino que recibe órdenes y hace lo que le dicen. Autómatas que cumplían órdenes sin pensar y sin sentir, ese era el ideal de soldado de la Wehrmacht.

En clases de derecho penal militar, yo aprendí en Chile[5] que la obediencia militar es una obediencia reflexiva, en que el soldado piensa por sí mismo y puede representar órdenes. E incluso negarse a cumplirlas cuando éstas son un delito. La pseudo obediencia impuesta por los nazis a los soldados alemanes no era reflexiva, sino cadavérica.

No, la Wehrmacht no es lo mismo que los nazis; pero en la Wehrmacht había muchos nazis. Y otros que no lo eran. Algunos no eran nacional socialistas; pero apoyaban esa ideología. Otros pocos no estaban de acuerdo con ella. De estos últimos, algunos desertaron, a ellos los esperaba el pelotón de fusilamiento. O, como altenativa, las brigadas de castigo, compuestas de soldados cuya muerte era irrelevante, daba lo mismo que murieran o no, recibían misiones suicidas. Así trataba la Wehrmacht a sus miembros.

La Wehrmacht fue el brazo armado que los nazis usaron en su guerra de agresión. Invadió un sinnúmero de países y los sometió a un régimen de terror. Sí, la Wehrmacht fue la organización armada empleada para ocupar territorios, para explusar a sus habitantes o simplemente para matarlos sin piedad (judíos, gitanos) o para esclavizarlos, como ocurrió con los pueblos eslavos.

La Wehrmacht fue creada por los nacional socialistas y organizada por ellos, de acuerdo a sus intereses. Incluso de acuerdo a los intereses privados de algunos de sus miembros. Sin ir más lejos, el uniforme de la Wehrmacht fue confeccionado en la fábrica de un miembro del partido nazi, que se llenó los bolsillos de dinero vendiendo sus productos, primero a la SA, a la SS y a las Juventudes de Hitler y luego a la Wehrmacht[6]. Quienes creen que los nazis era “jóvenes idealistas” o algo por el estilo, se equivocan. Intereses económicos y el ánimo de ganar dinero usando influencias y métodos de corrupción marcan la economía de esa época y de los miembros del “movimiento”[7]. Unos se enriquecían mientras a los otros exigían grandes sacrificios.

La Wehrmacht cometió crímenes de guerra e infringió todas las normas de derecho humanitario que nos podamos imaginar[8]. Aparte de ello, demostró una crueldad inusitada frente a seres humanos. Consideraban que los “pueblos” estaban en una especie de competición por quién vence al otro[9]. Y la competición era a muerte… Todo el que no fuera de mi etnia (Volk) era considerado mi enemigo. La barbarie parecía haberse apoderado de Alemania, de Austria y de otros países de la zona. Quienes competían en estas olimpiadas de la muerte eran los soldados de la Wehrmacht.

Comprendo que a algunos chileno-alemanes esto les cueste aceptarlo. Sus abuelos, sus bisabuelos, sus papás fueron tal vez soldados alemanes (generalmente de grados bajos, pese a los fantasías megalómanas de algunos de ellos). Ellos o no hablaban de lo que habían vivido o idealizaban la guerra, la glorificaban, como si hubiera sido una guerra heroica y ellos, los héroes vencidos a la espera de la venganza. Y si los abuelos no glorificaron la guerra, lo hicieron sus hijos o lo hacen sus nietos o bisnietos.

Evidentemente, nadie puede pensar mal de sus antepasados a quienes quiere y hacia quienes siente un natural agradecimiento. El tema de la disyuntiva o de la dicotomía de los “hijos y nietos de la guerra” es hoy un importante tema para psicólogos y psiquiatras en Alemania. Esta dicotomía ha creado personalidades divididas, casi esquizofrénicas. Muchos de los soldados de la Wehrmacht eran jóvenes entonces y fueron simple carne de cañón para los nazis. Nada había de heroísmo, nada de patria, nada de ideales. Creo que aceptar esta realidad, ayudaría mucho…

 


[1] Del verbo sich wehren, esto es ofrecer resistencia, luchar, forcejear.

[4] Llamado Pacto Hitler-Stalin o Molotov-Ribbentrop, que era el nombre de los ministros de relaciones de ambos países.

[5] De acuerdo al Código de Justicia Militar, de 1944.

[6] La fábrica usó mano de obra esclava que la Wehrmacht ayudaba a traer desde el Este. De manera que esclavos confeccionaban el unforme de sus carceleros.

[7] Así llamaban los nazis al Partido: Bewegung.

[8] Los prisioneros de guerra de la Wehrmacht, sobre todo los del Este de Europa, no eran alimentados, ni atendidos y el objetivo era que murieran.

Havi Dreifuss y otros historiadores sobre el Holocausto en Polonia

Una de las voces más mesuradas en el debate acerca de la Ley sobre el Holocausto -debate que algunos ven como una verdadera guerra[1]– es la voz de Havi Dreifuss, profesora de la Universidad de Tel Aviv, quién “desde noviembre de 2010 dirige el Centro de Investigación sobre el Holocausto en Polonia, del Instituto Internacional para la Investigación del Holocausto Yad Vashem”[2]. En otras palabras, es una de las expertas, a nivel mundial, de lo que ocurrió en Polonia durante la ocupación alemana, en lo relativo al genocidio del pueblo judío.

Antes que nada, hace ver que “aquellos que intentan retratar lo que sucedió en términos de blanco y negro muchas veces cometen errores”[3]. Esa es su premisa fundamental y me parece que es un buen comienzo. Pienso que la mayoría de las cosas, no son ni blancas, ni negras, sino que más bien son grises, frase que escuché muchas veces a Jutta Burggraf. Es más, Dreifuss advierte que “las percepciones judías de sus vecinos polacos cambiaron drásticamente incluso en el transcurso de la guerra. ‘Si nos fijamos en lo que los judíos escribieron sobre su entorno polaco durante los años del Holocausto, se ve que hasta 1942 solían describir a los polacos de manera muy positiva, e incluso cuando había polacos que los perjudicaban, solían verlo como un fenómeno marginal. Desde mediados de 1942 en adelante, sin embargo, comienzan a referirse a los polacos en términos muy duros’”[4]. Me pregunto qué cambió en 1942. Tal vez que, el verano de 1942 comenzó la Acción Reinhardt[5], nombre clave para designar el asesinato sistemático de todos los judíos y “gitanos” del llamado Generalgouvernement, esto es, de los territorios de Polonia y de Ucrania ocupados por Alemania.

Haaretz explica que, de acuerdo a la historiadora, “los campos de exterminio fueron establecidos donde estaban, no porque los alemanes vieran a los polacos como verdugos voluntarios, sino más bien, por razones logísticas, específicamente por la gran cantidad de judíos en el país”[6]. No sé si saben que la mayoría de los campos de exterminio nazi estaban en Polonia[7] [8]. (Sobre la ubicación del campo de concentración de Auschwitz, que ha sido motivo de gran controversia, Wikipedia nos explica que fue escogido este lugar porque su localización era favorable desde el punto de vista de las posibilidades de tráfico. Auschwitz había pertenecido al Imperio austro-húngaro en el siglo XIX y, desde ese tiempo, existía una línea ferroviaria entre Viena y Cracovia. Esta conexión ferroviaria simplificó la rápida deportación de judíos de muchas regiones de Europa hacia Auschwitz. Asismismo, el entorno escasamente poblado, con sus ríos como obstáculo natural para evitar los escapes. Además, los mismos ríos y otros obstáculos naturales ocultaban el acceso al lugar, lo que dificultaba la mirada pública al campo de Auschwitz”[9]).

“’Tenían razones prácticas para establecerlos en las partes orientales de lo que veían como territorio alemán’. Pero aunque los campos de exterminio no fueron una invención o iniciativa polaca, señala Dreifuss, eso no exime a los polacos de su responsabilidad por las atrocidades cometidas contra los judíos en su territorio. Aunque Polonia ha tratado de desempeñar el papel de rescatadora de judíos, durante los últimos años del Holocausto, ‘los rescatadores (rescuers) fueron la excepción y no la norma’”[10]. Duras palabras… ¿quién podrá escucharlas?[11] De partida, no lo harán los partidarios del partido político Derecho y Justicia, más conocido por su sigla PiS, en Polonia. Concluyo que muchos polacos fueron actores, perpetradores, perpetrators[12] y no sólo rescatadores, como se nos quiere hacer creer por parte del gobierno polaco y su ejército de trolls. Por algo, la entrevista a Dreifuss se titula en Haaretz “Los campos de la muerte no eran polacos, pero los polacos eran lo suficientemente malos con los judíos, aún sin los campos” de concentración y exterminio.

El diario israelí Haaretz resume las explicaciones de la profesora de la Universidad de Tel Aviv: “A lo largo de los años, Yad Vashem ha reconocido a más de 6.700 polacos como Justos entre las Naciones”, asi se llama a personas que no eran judías y que arriesgaron su vidas para rescatar judíos sin recibir compensación alguna. “Este es un número impresionante”, reconoce Dreifuss; “pero es importante recordar que en la mayoría de los casos, los judíos en Polonia y sus rescatadores escondían a judíos, no solamente de los nazis, sino también de sus vecinos polacos[13]. Muchos judíos en Polonia fueron asesinados no en los campos de exterminio, sino en manos de los mismos polacos”[14].

“Esto es algo que Polonia no quiere aceptar y es lo que aparentemente esta nueva ley trata de encubrir”. En efecto -prosigue la experta- “durante el Holocausto, en bastantes comunidades pequeñas en la región de Lomza en Polonia, los lugareños[15] asesinaron a sus vecinos judíos. Y Kielce no fue el único sitio [donde esto ocurrió], algunos judíos, los únicos sobrevivientes de sus familias, fueron asesinados por los polacos después de que terminó la guerra”[16] [17].

“Dreifuss señala que, de alrededor de 250.000 judíos polacos que intentaron escapar de la muerte y buscar refugio en el campo [se refiere a zonas rurales, donde era más fácil esconderse], sobrevivió menos del 10%. ‘La gran mayoría de ellos perecieron no por los esfuerzos alemanes, sino porque los mataron los lugareños o porque fueron entregados a los alemanes o la policía polaca, que luego los mató’”[18]. Sí, son duras estas palabras; pero sólo personas muy duras de corazón[19] serían capaces de no escucharlas o de sostener que todo es mentira o que los judíos se lo merecían por las sinrazones que sean… (por ej., por ser supuestamente comunistas).

Llegados a este punto, pienso que es interesante lo que escribe Times of Israel acerca de Szymon Datner, sobreviviente del Holocausto y quien fue, durante su vida, director del Instituto Histórico Judío de Varsovia y trabajó como historiador para el precursor del Instituto Nacional de Recuerdo de Polonia. El diario nos explica que “Datner calculó que 200.000 judíos murieron a manos de los polacos durante la Segunda Guerra Mundial. Al intentar huir de los transportes y campamentos alemanes, hallaron la muerte luego de ser entregados a las autoridades, a las que informaron donde estaban escondidos o, en otros casos, asesinados por sus vecinos polacos. De 1942 a 1945, de acuerdo con los cálculos de Datner, de los 250.000 judíos que intentaron escapar de los alemanes en la Polonia ocupada, solo sobrevivió entre el 10 y el 16%”[20]. Sus investigaciones fueron publicadas en la década de los ‘60 y ‘70 en la misma Polonia. Times of Israel advierte que hoy Datner podría ser encarcelado por escribir algo así.

Asimismo, Jan Grabowski, profesor de historia en la Universidad de Ottawa (hijo de un polaco de fe judía y de una polaca de la nobleza[21]) décadas después de los cálculos de Datner, señala que el equipo de investigación liderado por él y por la historiadora polaca Barbara Engelking y que ha trabajado durante los últimos cinco años en Polonia, puede confirmar que los cálculos de Datner son correctos[22]. Efectivamente, “en los últimos años, los investigadores han descubierto la creciente evidencia de un lado oscuro de las interacciones de judíos y polacos durante la Segunda Guerra Mundial. Y su trabajo ha sido recibido con críticas crecientes y rechazo total por parte de muchos polacos que tienen la impresión de que sus antepasados ​​actuaron de forma completamente honorable durante la guerra”[23]. No entiendo por qué los seres humanos tenemos esa tendencia a glorificar el pasado y a quienes vivieron en el pasado. Creo que hay que reconocer los errores del pasado para no repetirlos.

Por otra parte, de acuerdo al United States Holocaust Memorial Museum, “tanto polacos uniformados como también individuos, fueron cómplices de la condena a la muerte de sus vecinos judíos”[24]. Efectivamente: “Cuando las fuerzas alemanas llevaron a cabo los asesinatos, recurrieron a algunas agencias polacas, como las fuerzas policiales polacas y el personal ferroviario, para proteger guetos y deportar judíos a los centros de exterminio. Individuos polacos a menudo colaboraron en la identificación, en la denuncia y la persecución de judíos escondidos, con frecuencia aprovechando el chantaje que ello llevaba consigo, y participaron activamente en el saqueo/robo de propiedades judías”[25]. Como es obvio, de los “polacos uniformados” no se puede decir que actuaban como meros ciudadanos individuales.

Dreifuss habla -esta vez en Times of Israel- de una “participación profunda de los polacos de todos los sectores de la sociedad”. Explica que “algunas veces los judíos fueron capturados y entregados a los alemanes, o fueron atrapados y entregados a la Policía Azul (la policía polaca en la Polonia ocupada alemana). Y otras veces fueron asesinados por los mismos polacos”[26].

Como para que no quede duda de esto, Haaretz publica una foto que describe como “German and Polish police, Poland, 1943. Credit: Yulia Krasnodembsky, from ‘Hunt for the Jews'”

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¿Por qué? Preguntan a la historiadora de Yad Vaschem… Responde: “Las motivaciones de los polacos para asesinar o entregar a sus vecinos judíos fueron variadas…. No siempre fue antisemitismo. En muchas ocasiones fue avaricia, miedo, peleas, venganza. Hubo muchas razones diferentes. No se puede limitar o resumir los actos de las comunidades en las estadísticas. Hubo muchas razones para ayudar, y para dañar, a los judíos”[27]. (Un amigo mío cuyo papá era el único sobreviviente de su familia, al regresar a su casa, en Polonia, fue rechazado por sus vecinos polacos, que le dijeron que no lo conocían, ni a él, ni a su familia, que esa casa, nunca había sido suya, sino que pertenecía a una familia polaca, que ya se había aduñeado de la misma. Esto, pese a que él había vivido años allí con su se señora y sus hijos asesinados. El papá de mi amigo murió como displaced person en Alemania esperando poder emigrar a América. Ningún polaco me puede decir que estas cosas no ocurrieron).

Hoy, Polonia está secuestrada por oscuros fantasmas del pasado. Por un lado, el fantasma del antisemitismo ancestral, del antisemitismo de los pogromos centro-europeos. Y por otro, el fantasma de la época del socialismo real, con su intento de establecer una verdad histórica oficial y única, que no puede, que no debe ser contradecida, so pena de sufrir un castigo penal, algo tan propio de la tradición comunista. Estos dos fantasmas se expresan pues claramente en la llamada Ley sobre el Holocausto. Como señalan historiadores polacos a fines de enero, esta norma legal es “una herramienta para la manipulación ideológica, para la imposición de una política histórica oficial y es un intento sin precedentes de intervenir en el debate público sobre la historia polaca en un estado democrático”[28].

Jan Tomasz Gross escribe esta semana en el Financial Times “El aislamiento de mi patria entre las democracias occidentales se está volviendo claro. Temo por mi patria. Y no puedo imaginar el impacto en la gente de Polonia de otros doce años de gobierno PiS”[29]. Sí, todos tememos por Polonia…[30].  


[1] Desde comienzos de febrero, me veo expuesta a un permanente shitstorm por parte de usuarios de Twitter polacos; la mayoría de ellos no tiene nombre, ni apellido, ni foto de perfil y algunos, ni siquiera tienen seguidores, por lo que me atrevo a expresar la sospecha de que son simples trolls.

[3] Death Camps Weren’t ‘Polish’ – but Poles Were Bad Enough to Jews Without Them, Holocaust Historian Says (Los campos de la muerte no eran “polacos”, pero los polacos eran lo suficientemente malos para los judíos sin aún sin los campos, dice historiadora del Holocausto).

[5] En agunas partes, los alemanes escribían Reinhard y en otras, Reinhart. Hoy en día, los extremistas de derecha alemanes, tambien tienen grandes dificultades para escribir en alemán.

[8] Esto lo tematizó hace poco Menachen Levin en el artículo del Washington Times, Why Poland’s new Holocaust law is a mockery (Por qué la nueva ley del Holocausto de Polonia es una burla), al que me referí en una de mis columnas de febrero ¿Por qué los campos de exterminio estaban en el Este de Europa?

[9] “Die Lage war verkehrstechnisch günstig gewählt worden. Auschwitz hatte im 19. Jahrhundert zu Österreich-Ungarn gehört und in dieser Zeit die Bahnlinie Wien – Krakau erhalten. Dieser Bahnanschluss vereinfachte die rasche Deportation von Juden aus vielen Gebieten Europas nach Auschwitz. Die dünn besiedelte Umgebung mit ihren Flussläufen als natürlichen Näherungs- und Fluchthindernissen schotteten die Anlage ab, so dass öffentliche Einblicke erschwert wurden”. Wikipedia en alemán.

[11] Juan 6,60

[13] Aunque sea “sólo una película”, recuerdo que en la galardoneada, incluso con un Oscar, cinta polaca “Ida”, es el hijo de quien oculta a los judíos en el bosque quien mata a toda la familia, menos a la hija menor -Ida- que, por sus rasgos no judíos, él pensaba que podía salvarse más fácilmente, por lo que la entregó a un convento.

[15] “locals” en inglés, no se me ocurre una mejor traducción; acepto sugerencias.

[17] Antes de leer ningún libro o artículo sobre el tema y mucho antes de que comenzara esta polémica, escuché relatos de descendientes de sobrevivientes del Holocausto que regresaron a Polonia, que avalan completamente lo que explica Dreifuss.

[19] Higinio Paterna (de Aceprensa) escribe en Twitter (8 de agosto de 2017 a las 11,25): “1945: judíos son el 1% de la población d Polonia – 18,7% de funcionarios del sistema de represión son judíos – Incluyendo 50% de altos funcionarios”.

En una carta al director en un diario de LanzarotePaterna escribe recriminando a los judíos “¿dónde estaban los rabinos cuando medio millón de polacos fueron deportados, enviados a campos de concentración o asesinados con un tiro en la nuca?”. Incomprensibles sus palabras.  

[20] Complicity of Poles in the deaths of Jews is highly underestimated, scholars say (La complicidad de los polacos en la muerte de los judíos está muy subestimada, dicen los estudiosos).

[21] En su libro “Hunt for the Jews”, Grabowski describe episodios escalofriantes que se hallan documentados, que retratan a un residente polaco de Bagienica llamado Przędział, que descubrió a un par de judíos escondidos en el bosque cerca de su casa. Después de traicionarlos, Przędział exigió su recompensa a los ocupantes alemanes: 2 kg de azúcar. La recompensa variaba, en algunos lugares era 500 złoty por cada judío. En otros lugares consistían en dos abrigos, antes usados ​​por los judíos, por cada judío entraggado”. Complicity of Poles in the deaths of Jews is highly underestimated, scholars say (La complicidad de los polacos en la muerte de los judíos está muy subestimada, dicen los estudiosos).

[22] Cfr. Complicity of Poles in the deaths of Jews is highly underestimated, scholars say (La complicidad de los polacos en la muerte de los judíos está muy subestimada, dicen los estudiosos).

[30] Mi posición muy personal sobre el tema en Todo por el honor de Polonia

Todo por el honor de Polonia…

A fines de febrero, publiqué el texto de la controvertida ley polaca denominada oficialmente “Enmienda a la Ley del Instituto de Memoria Nacional”, que no hace sino reformar y reforzar una ley antigua. Concretamente, traduje el artículo 55a.número1[1]. Creo que es importante ir a las fuentes -sicut cervus desiderat ad fontes[2]– e informarse directamente lo que el texto legal polaco realmente dice. En este caso, la realidad supera a la más viva de las imaginaciones.

Al anunciar el paso de la ley por el Parlamento, el Ministerio de Justicia explica: “Hoy, el Sejm (26 de enero de 2018) aprobó una ley, preparada por el Ministerio de Justicia, que protege el buen nombre de Polonia”[3]. De manera que el objetivo de la ley es defender el honor polaco. Me pregunto ¿de qué o de quién? Un poco más tarde, el 15 de febrero, el Presidente polaco Andrzej Duda firmó la ley y la envió al Tribunal Constitucional, para que revisara su constitucionalidad[4], puesto que el texto ha sido muy debatido en la misma Polonia, donde encontró gran resistencia. Sí, no crean que todos los ciudadanos polacos están de acuerdo con las estridentes medidas del gobierno del PiS[5]. No, en Polonia aún existe oposición.

En el mensaje que acompaña el texto legal -los considerandos, podríamos llamarlo- el ejecutivo habla de la necesidad de tener “herramientas legales efectivas que permitan oponer resistencia frente a la falsificación de la historia de Polonia y proteger la reputación de la República de Polonia y de la nación polaca”[6]. Estamos pues frente a una especie de historia oficial que no admite contradicción. El antiguo comunismo manda saludos desde el pasado….

Y prosigue “No podemos limitarnos solo a protestas verbales. El gobierno polaco tiene que comunicar a Polonia y al mundo que, tomaremos cada insulto en serio, y también toda difamamación del buen nombre de Polonia”[7]. Más adelante, señala que un “pilar muy importante” de la ley es “la protección del buen nombre de la República de Polonia y la Nación Polaca”[8].

Advierte que, “En el caso de entidades que infrinjan la reputación de la República de Polonia y de la nación polaca en el extranjero, se aplicarán los instrumentos de asistencia jurídica en materia civil y penal en los que Polonia es parte”[9]. El fin de semana vimos estos instrumentos en acción con la querella en contra de la revista argentina Página12[10]. Me temo que no será el último medio en ser demandado… Verdaderamente una especie de intento de ejercer una suerte de censura global[11].

Como se ve, se habla en forma ininterrumpida del honor, de la honra, de la reputación, del buen nombre, de la imagen de Polonia… Y de los polacos o más bien, de algunos polacos. Es como volver a la Edad Media o, en el mejor de los casos, al comienzo de la Edad Moderna, donde la honra -por ejemplo, en la literatura- era uno de los tópicos más importantes. Lo único que falta ahora es que propongan “mesar las barbas” o que volvamos a usar cinturones de castidad. Sólo puedo decir, una vez más, que “grandes crímenes se han cometido y se siguen cometiendo en nombre de esa antigua mentalidad de la defensa del honor…”[12].

Pero ¿frente a quién quieren defender la honra? Porque yo no veo, que, en ninguna parte del mundo, se quiere ofender, denigrar, abajar el honor, el buen nombre de Polonia. Muy por el contrario, Polonia y los polacos son uno de los países -hasta ahora- más queridos y admirados en el mundo. Por la lucha contra el comunismo, por el sindicato Solidaridad, por Lech Walesa (detestado por los actuales gobernantes), por Juan Pablo II o por las razones que sean… Sin embargo, me temo que, desde febrero del 2018, pocos podrán mirar a Polonia, con los mismos ojos. Las cosas han cambiado y no es culpa nuestra, sino responsabilidad, o más bien, irresponsabilidad absoluta del gobierno de Polonia… y de su ejército de trolls.

“Los cambios adoptados por el Sejm tienen como objetivo contrarrestar la carga injustificada y errónea de Polonia y los polacos con la responsabilidad de los crímenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial por el Tercer Reich alemán”[13], prosigue el gobierno encabezado por el partido “Derecho y Justicia” o PiS, que poco y nada respeta el estado de derecho en su propio país. Y parece estar empeñado en abandonar raudamente los altos standards democráticos que exige la Unión Europea a sus estados miembros. De abandonar el estado de derecho democrático representativo y liberal que tanto costó lograr al pueblo polaco en su lucha contra el totalitarismo propio del socialismo real. Parece que quisieran convertirse en un “sistema iliberal” siguiendo el ejemplo de Orbán[14], el aliado de Putin. Como dice un amigo, hay una sola ex-potencia que se beneficia de la división de Europa que el gobierno de Polonia propicia tan activamente… (con este teatro o más bien, con este lamentable circo polaco).

En mi artículo de mediados de febrero, traduje las palabras del periodista israelí Ronen Bergman, quien -en el marco de la Conferencia de Seguridad de München- preguntó al premier polaco acerca de la finalidad de la ley Holocausto: “¿Cuál es el propósito? ¿Cuál es el mensaje que están tratando de transmitir al mundo? Están creando la reacción opuesta y solo estás atrayendo más atención sobre estas atrocidades”[15].

Creo que Bergman no se equivoca. Gente que nunca se había metido mucho en el tema conoce hoy nombres como Kielce o Jedwabne -donde tuvieron lugar sendos pogromos ejecutados por polacos- y no nos cabe duda que, antes y después de la guerra, existió un gran antisemitismo en Polonia. Hoy conocemos el antisemitismo de 1968, que provocó un éxodo hacia Israel y otros países. No, no todos los polacos fueron como Irena Sendler o Karol Wojtyla.

Asimismo, inspirados precisamente en el debate en torno a la ley, hemos visto películas polacas sobre el tema, como Ida o Pokłosie que, de otra forma, probablemente, no habríamos visto. Y son películas polacas en que trata el tema del antisemitismo polaco, no son parte de una “campaña mundial contra el honor de Polonia”. Ni tampoco son una conspiración judía para ganar dinero, como me dijo una usuaria polaca de Twitter en estos últimos días. Sinceramente, estoy verdaderamente choqueada de la reacción destemplada de demasiados polacos que pululan en redes sociales y que no admiten ni si quiera cuestionar si no habrá habido algo de cierto en las investigaciones históricas acerca del antisemitismo en su país.

Hay gente que ha escrito sobre el tema y que no lo habría hecho, si no fuera por esta ley, como el rabino Menachem Levine -de familia polaca- quien sostiene que los campos de exterminio fueron instalados por los alemanes en Polonia, dado que temían una menor resistencia de parte de la población polaca debido a su ancestral antisemitismo[16]. (Entre paréntesis: los campos de concentración trabajo o exterminio fueron establecidos por los alemanes emborrachados de la ideología demoniaca del nacional socialismo y no por los polacos, nadie nunca sostendría que el Holocausto fue obra polaca, como asegura el gobierno de Polonia que creemos en el mundo, lo que es absolutamente falso. Pero claro, se trata de inventar mentiras para “defender el honor” de Polonia, que en realidad, nadie insulta u ofende. Hay que crear un enemigo externo, es el llamado síndrome de Galtieri).

Si esto fue o no así, es algo que tendrán que dilucidar los historiadores; pero no sobre la base de especulaciones o de sentimientos o impulsados por una pasada de moda “defensa del honor”, sino fundados en investigaciones concretas realizadas en archivos, después de revisar documentos y de leer y escuchar testimonios. Los verdaderos historiadores se dedican a estudiar, a visitar archivos, leerlos y fotocopiarlos para citarlos en sus investigaciones y no a lanzar elucubraciones mejor o peor escritas en que defiendan “el honor” de su propio país, sólo porque es su país, al tiempo que atacan a todos los demás y/o se auto-victimizan.

A propósito de buenos historiadores, toda esta tonta polémica inciada por el gobierno polaco y por sus huestes de trolls en las redes sociales, sólo ha servido para que yo encargue y lea cuanto antes los libros de Jan T. Gross, historiador y sociólogo de la Universidad de Princeton, otrora hijo predilecto de Polonia y hoy denostado por el nuevo gobierno (lamentablemente apoyado por cerca del 50% del electorado polaco, especialmente por la población rural), que se atrevió a examinar el fenómeno del antisemitismo polaco y a escribir libros sobre el tema.

Si el gobierno del PiS quería “defender la honra, el honor, la reputación, el buen nombre” de Polonia, sólo les puedo decir que ha logrado exactamente lo contrario. Dejo para otra columna los problemas que Polonia tiene ahora con Ucrania debido a esta ley, ya que sus primeros artículos se refieren a la historia de masacres aparentemente recíprocas entre polacos y ucranianos ocurridas en el pasado…

En suma, Polonia está dividida internamente entre partidarios del gobierno y de quienes no lo son (la clase más culta no lo es). En ese escenario, la creación de un enemigo externo le viene muy bien al partido PiS, en el poder. A su vez, el gobierno se “peleó” con la Unión Europea, y ahora también con Ucrania, con Israel, con la comunidad judía en el mundo, con los liberal-conservadores en el mundo, con los demócratas en el mundo, con los Estados Unidos. E incluso con Argentina por el tema de Página 12. Lo único que falta es que aislados como están -y tal como ocurrió con Orbán en Hungría- Putin les tienda la mano y ellos la tomen… Como dice el amigo que cité más arriba: hay una sola ex-potencia que se beneficia con la división de Europa, en que el gobierno de Polonia parece tan empeñado.


[1] Mi columna La Ley Holocausto, Ronen Bergman y la fría respuesta de Morawiecki El texto:

“Quien pública y contrariamente a los hechos asigne responsabilidad a la nación polaca o al estado polaco o corresponsabilidad por los crímenes nazis cometidos por el Tercer Reich (descritos) en el artículo 6 de la Carta del Tribunal Militar Internacional adjunta al Acuerdo Internacional sobre el tema enjuiciamiento y castigo de los principales criminales de guerra del Eje Europeo, firmado en Londres el 8 de agosto de 1945 (Revista de leyes de 1947, artículo 367), o por otros delitos que constituyen crímenes contra la paz, la humanidad o crímenes de guerra, o de otra manera reducir groseramente la responsabilidad de los autores reales estos crímenes, están sujetos a una multa o encarcelamiento de hasta tres años. La sentencia será hecha pública”.

[2] Como los siervos anhelan las fuentes (de agua), Salmo 42.

[3] Ustawa chroniąca dobre imię Polski uchwalona o La ley que protege el buen nombre de Polonia pasó.

[5] Me refiero al partido de gobierno llamado en polaco Prawo i Sprawiedliwość, esto es, Derecho y Justicia, abreviado PiS.

[6] MS: ustawa chroniąca dobre imię Polski uchwalona (komunikat) = Centro que actúa protegiendo el buen nombre de Polonia. Noticia de la Agencia de Prensa Polaca (en polaco: Polska Agencja Prasowa, abreviada PAP), que es la agencia noticiosa estatal del gobierno de Polonia.

[7] MS: ustawa chroniąca dobre imię Polski uchwalona (komunikat) = Centro que actúa protegiendo el buen nombre de Polonia. Noticia de la Agencia de Prensa Polaca (en polaco: Polska Agencja Prasowa, abreviada PAP), que es la agencia noticiosa estatal del gobierno de Polonia.

[8] MS: ustawa chroniąca dobre imię Polski uchwalona (komunikat) = Centro que actúa protegiendo el buen nombre de Polonia. Noticia de la Agencia de Prensa Polaca (en polaco: Polska Agencja Prasowa, abreviada PAP), que es la agencia noticiosa estatal del gobierno de Polonia.

[9] MS: ustawa chroniąca dobre imię Polski uchwalona (komunikat) = Centro que actúa protegiendo el buen nombre de Polonia. Noticia de la Agencia de Prensa Polaca (en polaco: Polska Agencja Prasowa, abreviada PAP), que es la agencia noticiosa estatal del gobierno de Polonia.

[13] Ustawa chroniąca dobre imię Polski uchwalona o La ley que protege el buen nombre de Polonia pasó.

[15] Traducción mía del texto en Polish PM: There were also Jewish perpetrators of the Holocaust“What is the purpose? What is the message that you are trying to convey the world? You are creating the opposite reaction and just attracting more attention to these atrocities”. El video ha sido publicado abundantemente en youtube y otros medios.

¿Por qué los campos de exterminio estaban en el Este de Europa?

Parece que Ronen Bergman tenía razón al advertir al premier polaco Morawiecki que la ley Holocausto creará la reacción opuesta y sólo atraerá más atención sobre estas atrocidades[1] y sobre las circunstancias que las acompañaron y las decisiones adoptadas en ese entonces. Una de ellas dice relación con la determinación nacional socialista de establecer los campos de exterminio en el Este, especialmente en Polonia.

En el marco del debate histórico serio y fundado, esta semana, apareció en el conservador Washington Times (Varsovia no lo puede acusar de izquierdista, ni de liberal y por tanto, contrario a la elite gobernante en Polonia) un equilibrado y mesurado artículo del rabino Menachem Levine, nieto de cuatro sobrevivientes del Holocausto en Polonia[2].

Antes que nada, Levine explica que “llamar a los campos de concentración ‘campos polacos’… es una tergiversación”, ya que “es un hecho histórico que los alemanes iniciaron, planearon y construyeron los campos de trabajo esclavo y de exterminio en Polonia”. Yo diría que esto es obvio que fueron campos organizados por Alemania nazi en territorio polaco[3]. Esto lo sabe todo el mundo y en todo el mundo. Y nadie lo pone en duda.

Polskie Radio (radio polaca) publicó un video que contradice al gobierno polaco… Por lo demás, como corresponde a una buena prensa libre en un país democrático. El video se titula Co Amerykanie wiedzą o obozach śmierci? Esto es: ¿Qué saben los estadounidenses sobre los campos de exterminio? En inglés y con subtítulos el polaco.

En él, los periodistas polacos entrevistan a ciudadanos norteamericanos de todos los tipos y de todas las edades y sin excepción, ellos sostienen que los campos de concentración, eran campos alemanes, organizados por alemanes y que fueron los nazis quienes planearon y llevaron a cabo el Holocausto. Absolutamente obvio. Es una mentira muy grande que, fuera de Polonia, se acuse a los polacos de ello. En realidad, esto es más que absurdo y no ocurre en ninguna parte. No parece más que una burda manera de hacerse la víctima.

Sí, la fijación del PiS de sostener que se culpa a Polonia del Holocausto lo veo más como un intento de auto-victimizarse, para crear un enemigo externo y así autopresentarse como la única fuerza defensora de Polonia y descalificar a la oposición dentro de Polonia, como antipatriota y vendida al extranjero. Recurso muy conocido de gobiernos populistas y temerosos de perder el apoyo popular. Mientras exista el enemigo externo, el pueblo se debe unir junto a su gobierno y apoyarlo, es la consigna. 

Menachem Levine explica, citando a Yad Vashem[4]: “No hay duda de que el término ‘campos de exterminio polacos’ es una tergiversación histórica. Yad Vashem continuará apoyando la investigación destinada a exponer la compleja verdad sobre la actitud de la población polaca hacia los judíos durante el Holocausto”.

Continúa: “También es cierto que Polonia y el pueblo polaco sufrieron bajo la Alemania nazi. En la ocupación que siguió a la invasión alemana de Polonia en septiembre de 1939, polacos murieron de hambre y fueron esclavizados con brutal ferocidad. Decenas de miles de polacos fueron expulsados ​​de sus tierras para dejar sitio a los alemanes, que acorralaron a los intelectuales y las élites políticas, prohibieron hablar en polaco en algunas áreas, y cerraron o destruyeron las instituciones culturales y educativas polacas. Además de los más de tres millones de judíos polacos asesinados en el Holocausto, se estima que los alemanes mataron al menos a 1,9 millones de civiles polacos no judíos durante la Segunda Guerra Mundial”.

Goldhagen explica que los campos de exterminio fueron construidos para exterminar a los judíos. Que en ellos hayan muerto también no judíos es algo secundario, marginal. Los campos de la muerte no hubieran existido si no hubiese sido por la intención principal del nacional socialismo de eliminar a todos los judíos y no a otros pueblos[5] que eran mirados más bien como fuerza de trabajo (como los eslavos).

“Además, cerca de 6.700 polacos fueron reconocidos por el Memorial del Holocausto Yad Vashem por rescatar judíos, que es el número más grande de un país. Ciertamente hubo polacos indescriptiblemente valientes y amables. Arriesgaron sus vidas y las vidas de sus seres queridos, al albergar a los judíos perseguidos en sus casas y graneros, bajo tierra y en bunker, y lo hicieron durante años.

“Sin embargo, Yad Vashem deja en claro que fueron los polacos quienes hicieron posible el Holocausto Nazi en Polonia”. ¿Cómo? Esto es realmente nuevo para mí… Levine continúa: “Sin la cooperación de la ciudadanía local, a veces observando pasivamente y muchas veces apoyando con entusiasmo, un programa de asesinato masivo habría sido imposible. ‘Las restricciones a las declaraciones de académicos y otros sobre la complicidad directa o indirecta del pueblo polaco con los crímenes cometidos en sus tierras durante el Holocausto son una distorsión grave’, dice Yad Vashem”.

Una cosa es que un número muy grande de polacos haya sido realmente heroico al defender a sus conciudadanos judíos y otra bien distinta es prohibir bajo una pena establecida en el derecho penal, que se investigue -en universidades e institutos de estudios históricos, sociológicos, económicos, en medios de prensa, etc.- la complicidad directa o indirecta del pueblo polaco o de una parte de él, en crímenes de guerra y/o en el Holocausto o en crímenes de lesa humanidad.

Levine hace ver que “Casi todos los campos de exterminio en la Europa ocupada fueron construidos en Polonia”. Es cierto, en mi articulo anterior mencioné dos ubicados en Bielorrusia[6]; pero es verdad, los nacional socialistas construyeron sus horribles campos de muerte fundamentalmente en territorio polaco. Me atrevo a decir que, si la guerra hubiera continuado, también habrían construido estas puertas que conectaban directamente con el infierno, también en territorio soviético.

Se me ocurren dos causas para ello: 1) los nacional socialistas no estaban seguros de la reacción de la población alemana -aunque profundamente antisemita- frente a campos de exterminio; además, querían alejar estos horribles mataderos de las bellas ciudades del Reich. 2) La mayoría de los judíos vivía en el Este de Europa, especialmente en Polonia y en ciudades del Occidente de la Unión Soviética, de manera que era más fácil “eliminarlos”, en su propio territorio, evitando el transporte. Los judíos alemanes (mucho menos en número) fueron transportados primero a guetos en el Este y luego, directamente a los campos de exterminio. 3) Polonia y el Este, en general, no estaba tan poblaco, de manera que había espacio para grandes campos de internación.

Levine nos da otra causa para la decisión nazi… “No hubo crematorios o cámaras de gas en la ocupada Francia, Bélgica, los Países Bajos, Grecia, Bulgaria, Luxemburgo, Noruega, Dinamarca, Checoslovaquia o cualquier otra nación invadida por las tropas nazis. Auschwitz, Birkenau, Chelmno, Majdanek, Sobibor, Treblinka y otros fueron construidos en Polonia. ¿Por qué?

“La respuesta es que los nazis sabían que Polonia había sido antisemita durante siglos y que los alemanes estaban convencidos de que los polacos no protestarían contra los campos de exterminio de judíos en su territorio. Como muestra la historia, estaban en lo cierto”. Sinceramente, esta “razón” realmente no me la esperaba. No puedo asegurar que esto haya sido así; habría que estudiar archivos alemanes para saberlo con certeza. Pero es una tesis interesante y Levine desarrolla el tema, da sus argumentos y la convierte en una explicación triste, pero plausible.

“Incluso antes de la invasión alemana en 1939, la hostilidad hacia los judíos era un pilar del régimen polaco y de la Iglesia católica polaca[7]. En la década de 1930, el boicot nacional a las empresas judías y la defensa de su confiscación fue promovido por el partido Endecja[8] en Polonia, que introdujo el término ’tienda cristiana’. La tienda de mi abuela sufrió a finales de 1930 del boicot, que la empobreció a ella y a ella familia, entre muchos otros en la comunidad judía. Los polacos ciertamente no necesitaban a los alemanes para enseñarles a odiar a los judíos”.

Ese partido Endecja -llamado oficialmente nacional democrático- existió entre mediados del siglo 19 y 1939. Wikipedia habla de “la postura antisemita del partido, que defendía la eliminación forzosa o la emigración en masa de la población judía de los territorios que consideraba polacos”[9]. Explica que -durante la década de 1930- el partido organizó acciones antisemitas, tales como boicot, manifestaciones e incluso ataques. “Las acciones más notorias fueron realizadas por un grupo disidente de radicales jóvenes nacional democráticos que formaban el llamado Campamento Radical Nacional, de inspiración fascista”[10].

“Conociendo los puntos de vista antisemitas polacos, los comandantes alemanes reclutaron policías polacos para proteger los guetos y los ferroviarios polacos para deportar a los judíos a los centros de exterminio. Individuos polacos traicionaron o persiguieron a judíos ocultos y participaron activamente en el saqueo de propiedades judías. Mi difunta abuela se disfrazó de católica polaca para salvar su vida y la de su hija pequeña. Durante ese tiempo, escuchó a muchos polacos discutir cómo cazaban judíos en los bosques para matarlos o entregarlos a los nazis”. Duras palabras… He escuchado testimonios directos de descendientes de judíos polacos que me han contado historias similares.

“Un ejemplo posterior al Holocausto, que presenta el caso del antisemitismo polaco sin participación nazi, es la trágica historia de los 200 judíos sobrevivientes que regresaron a sus hogares en Kielce después de la guerra. De vuelta en Kielce, comenzaron a reconstruir sus vidas. Establecieron una sinagoga, un centro comunitario y un orfanato. Todo esto se detuvo el 4 de julio de 1946, cuando una difamación (de sangre) se extendió por la ciudad, acusando falsamente a los judíos de secuestrar a un niño cristiano[11]. Para su venganza, los residentes polacos de Kielce descendieron al sector judío” de la ciudad.  “La policía y los soldados observaban mientras la turba atacaba a los judíos, asesinando a 42 sobrevivientes del Holocausto e hiriendo a muchos más. Los judíos restantes se dieron cuenta de que no tenían otra opción que huir del lugar en el que creían poder encontrar algo de paz y libertad: Polonia libre de los nazis. Claramente, estaban equivocados. Esos polacos eran antisemitas asesinos tanto si los nazis estaban allí como si no”. De la veracidad de estos relatos, tampoco me cabe la menor duda, también los he escuchado de descendientes de sobrevivientes.

Levine culmina su corto pero contundende relato: “Cuando era adolescente, viajé a Polonia para visitar los antiguos sitios judíos y ver los campos de exterminio. En ese momento, mis abuelos me preguntaron por qué querría regresar a un lugar empapado en sangre judía. Se referían no solo a las atrocidades nazis que tuvieron lugar en suelo polaco, sino también al país Polonia, que permitió y ayudó en el Holocausto”. Si bien, era difícil para la mayoría de los polacos -para el polaco común- oponerse al régimen de ocupación nazi, sobre todo en las ciudades, donde existía más control.

Por eso, puedo concluir que “la nueva ley que hace que sea ilegal acusar a Polonia de ser cómplice de los crímenes nazis en el Holocausto” no sólo una burla como la llama Levine, sino que es un intento de silenciar a historiadores, a la opinión pública, a los interesados en el quehacer europeo y mundial, sino que además, es una barbaridad y una gran injusticia, especialmente frente a hijos, nietos y a bisnietos de sobrevivientes del Holocausto. Creo que -a eso nos insta  Yad Vashem- tenemos que “continuar apoyando la investigación destinada a exponer la compleja verdad sobre la actitud de la población polaca hacia los judíos durante el Holocausto”[12]. Una ley mordaza, como en la época del comunismo, no sirve para nada.


[1] “¿Cuál es el propósito? ¿Cuál es el mensaje que están tratando de transmitir al mundo? Están creando la reacción opuesta y solo estás atrayendo más atención sobre estas atrocidades”, en La Ley Holocausto, Ronen Bergman y la fría respuesta de Morawiecki

[2] Why Poland’s new Holocaust law is a mockery En castellano: Por qué la nueva ley del Holocausto de Polonia es una burla.

[5] Daniel Jonah Goldhagen, “Hitlers willige Vollstrecker”, pág. 239. Editorial Bertelsmann 1996.

[7] Católicos occidentales, especialmente franceses -entre Francia y Polonia siempre hubo muy buenas relaciones- que viajaron a Polonia, dejaron constancia del antisemitismo de sus correligionarios polacos, no sin horror y una fuerte crítica.

[8] Narodowa Demokracja o democracia nacional o nacionalista.

[10] Antisemitic actions and incidents – boycotts, demonstrations, even attacks – organized or inspired by National Democrats occurred during the 1930s. The most notorious actions were taken by a splinter group of radical young former NDs who formed the fascist-inspired National Radical Camp (Obóz Narodowo-Radykalny), en Wikipedia en inglés

[11] La llamada muerte ritual de un niño cristiano, cuya sangre sería usada para ritos propios de los judíos, según una leyenda cristiana proveniente de la Edad Media y que seguía presente en el pueblo polaco de mediados del siglo 20.

La Ley Holocausto, Ronen Bergman y la fría respuesta de Morawiecki

“Art. 55a. 1. Quien pública y contrariamente a los hechos asigne responsabilidad a la nación polaca o al estado polaco o corresponsabilidad por los crímenes nazis cometidos por el Tercer Reich (descritos) en el artículo 6 de la Carta del Tribunal Militar Internacional adjunta al Acuerdo Internacional sobre el tema enjuiciamiento y castigo de los principales criminales de guerra del Eje Europeo, firmado en Londres el 8 de agosto de 1945 (Revista de leyes de 1947, artículo 367), o por otros delitos que constituyen crímenes contra la paz, la humanidad o crímenes de guerra, o de otra manera reducir groseramente la responsabilidad de los autores reales estos crímenes, están sujetos a una multa o encarcelamiento de hasta tres años. La sentencia será hecha pública”[1].

Desde que, hace algunos días, publiqué mi primer tweet relativo a la “ley Holocausto” o “nueva ley sobre la verdad histórica única sobre el Holocausto en Polonia”, me he visto enfrentada a una serie de usuarios de esa red social, con pocos o muy pocos seguidores (entre dos y 800) que defiende la ley. Gente desafiante, agresiva, incapaz de dialogar y que recurre incluso al insulto y a la ofensa[2].

Varios de ellos me han echado en cara que defienda a los judíos sin serlo. Esta mañana alguien[3] me preguntó “Why are you so fixed on Jews?” Mi respuesta es muy simple: hay que abandonar la actitud en que sólo se defiende los derechos del propio grupo. Cada uno, cada una de nosotros tiene que defender los derechos de los demás, como si fueran propios. La premisa es: conculcar los derechos de los demás equivale a conculcar los míos propios. Defender los derechos fundamentales del otro es defender mis propios derechos. Pienso que esto vale para todo sociedad y para toda circunstancia[4]. Ama a tu prójimo, nos dice la Escritura, no nos manda Ama sólo a los nacionales de tu país, nos recomienda Carl Popper[5].

Pero vamos por parte, la nueva ley polaca -que ya pasó las dos cámaras y fue firmada rápidamente por el presidente Andrzej Duda, quien la envió para su revisión al Tribunal Constitucional- prevé multas y hasta tres años de cárcel por el uso del término “campos de concentración polacos” o la mención de crímenes efectuados por la “nación polaca” durante el Holocausto.

En realidad, a nadie se le podría ocurrir que los campos de concentrarión, de trabajo o de exterminio del nacional socialismo hayan sido establecidos por el estado polaco. Evidentemente, fueron campos organizados por Alemania nazi en territorio polaco. No olvidemos que, en un primer momento, Alemania se dividió Polonia con la URSS, en el Pacto Hitler-Stalin y luego invadió totalmente Polonia. Si alguien dice alguna vez “campo polaco” es evidente que se refiere a que se encontraba en territorio polaco. Si alguien habla de un campo bielorruso, como Osaritschi o como Maly Trostinez, a nadie se le ocurriría que fueron los bielorrusos quienes los instalaron, sino que simplemente nos referimos a su ubicación geográfica. Hacer de esto un gran drama es más bien ridículo y realmente parece una obsesión.

El texto con que el gobierno polaco anunció que el Parlamento (Sejm) había aprobado la ley afirma que la ley protege el “buen nombre de Polonia”[6]. Continúa “El uso de términos mentirosos como ‘campos de concentración polacos’, ‘campos de exterminio polacos’ o ‘campos de exterminio polacos’ es un delito punible con hasta tres años de prisión”[7]. Realmente no sé qué decir, sólo me consta que los grandes crímenes se han cometido y se siguen cometiendo en nombre de esa antigua mentalidad de la defensa del honor…

Sostener que hay una especie de sucia campaña para denostar la honra, la buena reputación de Polonia es algo que a nadie normal se le podría pasar por la mente. Y es una victimización extrema. Incluso, algunos hablan del “antipolonismo” (palabra inventada por ellos) en contraposición a antisemitismo. OMG! Proponen incluso fundar una “liga antidifamación polaca”, a imitación de la jewish anti defamation league. Pretenden colocarse al mismo nivel que los judíos.

La pregunta es si un gobierno ultra nacionalista (apoyado por sectores abiertamente extremistas) como es el gobierno actual de Polonia[8] prefiere usar la ley para crear un “enemigo externo”: la Unión europea, Israel, Alemania, Gran Bretaña, EEUU, el Occidente que ellos tanto desprecian, “el sionismo internacional”, o quién sabe quién. Polonia contra el mundo, si total, como dicen es “Cristo entre las naciones”. Sorry, pero compararse con el Redentor es como mucho.

Como adelanté, la ley no se queda ahí, sino que, como dice “el presidente de Polonia, Andrzej Duda, … intenta desterrar esta imagen errónea del país mediante una peligrosa medida: penar con multas y hasta tres años de prisión a quienes ‘contrariamente a los hechos’ sostengan públicamente que el país tuvo un rol en el Holocausto, según explicó el gobierno polaco”[9] [10]. (Entre parántesis, recién, en Twitter, me escribe alguien “alemanes y ucranianos mataron a los judíos, los polacos sólo los salvaron”[11]). Estamos frente a una “verdad histórica oficial” como la de la época del comunismo polaco… Perdón, del comunismo en Polonia 😉

Okay, veamos… Si entendí correctamente el texto legal, de lo que se trata es negar que algún polaco, algunos polacos o grupo de ellos (por ej., un pueblito completo o un grupo policial o de otro tipo) haya tenido participación en el Holocausto, entregando o, al menos denunciando a algún judío o a un grupo de ellos, por ej., una familia o partisanos judíos, etc. De “responsabilidad de la nación polaca o del estado polaco o corresponsabilidad por los crímenes nazis” habla la ley.

Hace poco, el vicepresidente… hoy es ex-vicepresidente, porque fue recientemente destituido… El hoy ex-vicepridente del Parlamento europeo, el polaco Ryszard Czarnecki del partido PiS que gobierna en Polonia, llamó szmalcownik a una colega suya, a la diputada polaca Roza Thun, integrante de la fracción de los partidos populares, demócrata cristianos o conservadores en el Parlamento europeo[12]. Szmalcownik se llamaba a los polacos que denunciaban o entregaban judíos a los nazis o extorsionaban a quienes los protegían. El diputado va a tener que cuidarse de llamar “colaboradora con los nazis” a una connacional suya, porque le puede caer todo el peso de la nueva ley 😜

Este fin de semana, durante la Conferencia de la Seguridad de München, alguien entendió la ley igual que yo… De acuerdo a su tenor literal, que es muy claro. Luego de los discursos del premier polaco y del canciller austriaco, un periodista israelí se puso de pie y preguntó al primero: “Vengo de Israel. Soy periodista israelí y colaborador del New York Times. Siento ser un poco personal. Mis padres nacieron en Polonia, mi difunta madre y mi padre.

“Mi madre recibió un premio del Ministerio de educación de Polonia cuando tenía cinco años por su buen polaco[13]. Luego comenzó la guerra y perdieron gran parte de sus respectivas familias, porque sus vecinos… sus vecinos polacos, los denunciaron a la Gestapo que tenían judíos en sus manos[14].

“Mi madre pudo salvar a gran parte de su familia porque, durante la noche, escuchó que sus vecinos iban a denunciar que tenían judíos en la vecindad, a las SS, a la mañana siguiente.

“Después de la guerra, mi madre juró que nunca hablaría polaco por el resto de su vida, ni siquiera una palabra. Si entiendo correctamente, después de la promulgación de esta ley, seré considerado un criminal en su país por decir esto. ¿Cuál es el propósito? ¿Cuál es el mensaje que están tratando de transmitir al mundo? Están creando la reacción opuesta y solo estás atrayendo más atención sobre estas atrocidades”[15].

Gracias a Dios, la asamblea reunida en la sala plenaria del hotel Bayerischer Hof hizo algo que nunca hace: aplaudió al periodista, al que se ve en los videos notoriamente removido[16]. Esto me devuelve la confianza en la humanidad. Después de esta escena capaz de poner la piel de gallina a la persona más dura, vino otra escena que -al menos a mí- me puso muy triste, como creo que entristecería a cualquier persona normal que se ponga -como hace habitualmente la gente normal- en la piel del periodista israelí Ronen Bergman[17].

El premier Mateusz Morawiecki trató de arreglar las cosas, pero metió la pata aún más, lo que trató de ser corregido a posteriori por el gobierno polaco, diciendo que no quiso decir lo que dijo. Con Pilatos, le diría: “lo dicho, dicho está”:

Morawiecki: “Es extremadamente importante entender primero que, por supuesto, no será penado ni será considerado un crimen decir que hubo autores polacos, ya que hubo autores judíos, ya que había perpetradores[18] rusos y ucranianos, no solo perpetradores alemanes”[19]. ¿Entendí bien? ¡¿Hubo autores o perpetradores judíos del Holocausto!?

¡¿O sea que judíos fueron autores de su propio genocidio?!  Wow… creo que supera hasta las mayores barbaridades que había leído en Twitter. Es como acusar a las víctimas que han tenido que cavar su propia tumba antes de ser acribillados, de ser coautores de su propia muerte. Por lo demás, esto fue lo que sufrieron los judíos en los bosques de Lituania[20]. No, los judíos no fueron autores de su propio Holocausto. Sostenerlo es abiertamente señal del peor antisemitismo, cultivado, por otra parte, por un revisionismo histórico profundamente antisemita.

La maldad llega a tal extremo que un usuario de Twitter me recomienda una página donde aparecen los supuestos criminales judíos culpables de su propia muerte… Otra persona anuncia en Twitter que Hanna Arendt habló de colaboradores entre las eiltes judías a lo que respondo que “Hanna Arendt spoke about ‘collaborator’, but not about ‘Jewish Holocaust ‘perpetrators'”[21] como hizo el premier polaco el domingo en München.

Esta es gente que -llena de fanatismo- intenta tergiversar la historia para hacerla calzar en su sesgado y tendencioso discurso nacionalista en que polacos se estilizan a sí mismos como víctimas. Como me comenta un amigo, tratan de ponerse al mismo nivel que los judíos; pero olvidan que las víctimas nunca son “perpetrators”. Posener hace ver que “todos los judíos debian morir sin excepción alguna; a diferencia de polacos, lituanos, letonios, estonios, ucranianos, rusos, húngaros, croatas, bosniacos, rumanos, holandeses y franceses y otros que participaron en el asesinato de judíos”[22].

Ronen Bergman, el periodista que se atrevió a formular la pregunta el domingo en München, escribe: “Más tarde, se me acercaron altos funcionarios alemanes de diferentes organizaciones gubernamentales, quienes me agradecieron por decir lo que ellos no pudieron decir”[23].

Y continúa Bergman: “Pero el premier ministro polaco no estaba confundido ni impresionado, y ni siquiera me ofreció ninguna simpatía. Él estaba frente a un hombre con un nudo en la garganta que habla de cómo su familia fue exterminada en el Holocausto, y él me mira como si estuviera examinando algún tipo de molestia”[24].

Sí, así es como me sentí yo misma al ver la transmisión el día domingo…  Me dió entre pena y vergüenza ajena. El premier polaco parece no tener empatía alguna… En München mostró una frialdad castigadora de quien observa desde arriba y despacha con una respuesta impensada a alguien o a algo molesto. En este caso a Ronen Bergman, hijo de Mirian Bergman, una sobreviviente del Holocausto en Polonia…que, decidió no hablar polaco nunca más en su vida, pese a que lo hablaba tan bien que ganó un premio por ello.


[1] Texto de la ley Gracias a @ewa_gontarz por su ayuda para encontrarlo. “Art. 55a. 1. Kto publicznie i wbrew faktom przypisuje Narodowi Polskiemu lub Państwu Polskiemu odpowiedzialność lub współodpowiedzialność za popełnione przez III Rzeszę Niemiecką zbrodnie nazistowskie określone w art. 6 Karty Międzynarodowego Trybunału Wojskowego załączonej do Porozumienia międzynarodowego w przedmiocie ścigania i karania głównych przestępców wojennych Osi Europejskiej, podpisanego w Londynie dnia 8 sierpnia 1945 r. (Dz. U. z 1947 r. poz. 367), lub za inne przestępstwa stanowiące zbrodnie przeciwko pokojowi, ludzkości lub zbrodnie wojenne lub w inny sposób rażąco pomniejsza odpowiedzialność rzeczywistych sprawców tych zbrodni, podlega grzywnie lub karze pozbawienia wolności do lat 3. Wyrok jest podawany do publicznej wiadomości.”.

[2] Llamar hijo de p… (con el perdón de las prostitutas) al historiador Jan T. Gross, por ej. (screenshot del tweet), desde hace tiempo, odiado por nacionalistas extremistas debido a sus exhaustivas investigaciones sobre el antiesemitismo en Polonia.

[3] Uno que se escuda en el anonimato de un número @M307698973

[6] Ustawa chroniąca dobre imię Polski uchwalona o La ley que protege el buen nombre de Polonia pasó.

[7] Ustawa chroniąca dobre imię Polski uchwalona o La ley que protege el buen nombre de Polonia pasó.

[8] Para que no crean que estoy exagerando, una página tan seria como Infobae escribe acertadamente “La decisión no puede entenderse sin recordar el derrotero del PiS, un partido populista de derecha y nacionalista fundado en 2001 que tuvo un breve paso por el gobierno entre 2005 y 2007 antes de imponerse con una notable mayoría en 2015”., Cómo Polonia intenta desligar su responsabilidad en el Holocausto con una insólita ley

[10] “Expresamos nuestra profunda convicción de que los cambios mencionados anteriormente llevarán a la eliminación del discurso público de declaraciones que sugieren la participación, organización o responsabilidad de la nación polaca y del Estado polaco por la comisión de los crímenes del Tercer Reich Alemán”, de Ustawa chroniąca dobre imię Polski uchwalona o La ley que protege el buen nombre de Polonia pasó..

[12] El PiS forma parte de la fracción autodenominada conservadora y reformista, de tendencia nacional-conservadora y populista, de la que forma parte la nacionalista e islamófoba Alternativa para Alemania,

[13] Esto muesta su “asimilación” y el amor al idioma polaco.

[14] Muchos judíos se oucltaron entre polacos, por muchas razones, los polacos podían denunciarlos.

[15] Polish Prime Minister Morawiecki draws ire with claim of Jewish Holocaust ‘perpetrators’ 

Transcripción en  En Polish PM: There were also Jewish perpetrators of the Holocaust 

“I come from Israel. I’m an Israeli journalist and a contributing writer for the New York Times. Sorry for being a little personal. Both my parents were born in Poland—my late mother and my father.

“My mother received a prize from the Polish Ministry of Education when she was five for good polish (“good polish” no lo recoge el artículo de YNet, pero me parece importante por eso lo agrego). Then the war started and they lost much of their (respective) families, because their neighbors—their Polish neighbors—snitched to the Gestapo that they were holding Jews.

“My mother was able to save much of her family because she heard during the night that her neighbors were going to tell that they have Jews in their vicinity to the SS the next morning.

“After the war, my mother swore that she would never speak Polish for the rest of her life, not even a single word. If I understand correctly, after this law is legislated I will be considered a criminal in your country for saying this. What is the purpose? What is the message that you are trying to convey the world? You are creating the opposite reaction and just attracting more attention to these atrocities”.

[16] Incluso lo comenta en su artículo, cuya lectura recomiendo mucho In the name of my mother, the Holocaust survivor: “When I was done, everyone applauded”.

[17] Recomiendo seguirlo en Twitter: @ronenbergman ‏

[18] Aunque Ud. no lo crea… La palabra perpetrador, ra sí existe en castellano.

[19] Morawiecki said, “It’s extremely important to first understand that of course it won’t be punishable or seen as a crime to say that there were Polish perpetrators as there were Jewish perpetrators, as there were Russian and Ukrainian perpetrators, not only German perpetrators. “Polish embassies had to react 260 times in 2017 alone with regards to the expression ‘Polish death camps’ or ‘Polish concentration camps.’ Well, ladies and gentlemen, there were no Polish death camps or concentration camps. There were German Nazi death camps. “The mere fact that we have to explain it today stems from our history. For 50 years after the Second World War—45 to be exact—we couldn’t defend our case. There was no Polish independent state”.

[20] Cfr. Alan Posener, Die unselige Traditionslinie des polnischen Antisemitismus = La non santa tradición del antisemitismo polaco.

[22] “Die Juden sollten ausnahmslos sterben. Das unterscheidet sie von den Polen, Litauern, Letten, Esten, Ukrainern, Russen, den Ungarn, Kroaten, Bosniern, Rumänen, von den Holländern, Franzosen und anderen, die sich am Judenmord beteiligten”. En Die unselige Traditionslinie des polnischen Antisemitismus = La non santa tradición del antisemitismo polaco.

[23] “Later, I was approached by senior German officials from different government organizations, who thanked me for saying what they are unable to say” In the name of my mother, the Holocaust survivor 

[24] But the Polish prime minister was neither confused nor impressed, and didn’t even offer me any sympathy. He is faced by a man with a lump in his throat talking about how his family was exterminated in the Holocaust, and he stares as me at if he is examining some kind of nuisance”. In the name of my mother, the Holocaust survivor

El nuevo orden en el derecho internacional, según Carl Schmitt

En la columna El nuevo orden según Carl Schmitt[1], me preguntaba a cómo sería el nuevo sistema político si los nazis hubieran ganado la guerra. Cómo habría sido el orden estatal interno, el derecho constitucional de un estado regido por los principios del nacional socialismo.

Después de leer el “librito” de Carl Schmitt, “Völkerrechtliche Großraumordnung”[2], me parece que entiendo cómo sería hoy el derecho internacional si los nacional socialistas hubieran ganado la guerra. Aunque, más que de derecho internacional, sería más apropiado hablar de derecho de los grandes espacios o Grossräume. En realidad, el derecho de los estados nacionales habría sido reemplazado por un derecho de las “potencias”, encargadas de decidir acerca del destino de un sinnúmero de países, de protectorados y de ex-países.

Reich y Raum… Reino y espacio son los elementos fundamentales sobre los que se construirá el nuevo derecho internacional, adelanta el autor. Sí, esta es la esencia del nuevo derecho internacional schmittiano[3]. Bernd Rüthers -uno de los mayores conocedores de Carl Schmitt en Alemania- habla del Großraum o gran espacio como el elemento dominante de la futura teoría del derecho internacional[4] o derecho de los pueblos.

De partida, en alemán, lo que en castellano denominamos derecho internacional, se llama Völkerrecht o “derecho de los pueblos”. Esta no es una distinción sin importancia. En lo que podríamos llamar la introducción[5] de su libro, Schmitt hace ver que Völkerrecht viene de Volk, o sea de pueblo, en sentido étnico. Cada pueblo, esto es, cada grupo étnico, tendría un “espacio territorial”. Para eso existe un Raumordnung, esto es, un orden de los espacios territoriales. En la teoría de la época, cada pueblo (en)cerrado sobre sí mismo, desarrolla en ese espacio su propia “cultura”, sin injerencia extranjera.

Más allá del concepto abstracto de estado, imperante al desarrollar sus ideas sobre el nuevo orden mundial, nuestro autor se refiere al concepto de Großraum, como principio del derecho internacional. A él está dedicada su obra “Völkerrechtliche Großraumordnung”, objeto de este artículo. Para Schmitt, sujeto del derecho internacional no es… no son las naciones, sino que es el Großraum, el gran espacio. Su teoría del derecho internacional es pues un intento de centrar la atención en los Großräume o grandes espacios.

Antes que nada, Schmitt nos dice lo que no es un Großraum. Un Großraum no está delimitado por fronteras naturales[6], ni tampoco es expresión de la teoría del equilibrio entre los estados[7]. (Ni de la teoría francesa del espacio vital[8], puedo agregar). Nos explica que la teoría de las fronteras naturales sirvió a Francia como fundamento de su política expansionista[9]; sin embargo, algunos aspectos de esa tesis, cobran nueva luz -dice Schmitt- en la línea de la “ciencia geopolítica” de Karl Haushofer[10].

La mención que Schmitt hace de Karl Haushofer es una mención de carácter positivo. Y esto no deja de ser significativo, puesto que Haushofer es uno de los cuatro autores principales en que se basaron los nazis para elaborar su teoría del Lebensraum o espacio vital. Los otros son Friedrich Ratzel, Alfred Rosenberg y el propio Carl Schmitt[11]. Hay que dejar en claro que el Großraum -como fundamento del nuevo derecho internacional- no es el Lebensraum del nacional socialismo, si bien, las ideas de Schmitt -y también las de Haushofer- fueron tomadas por el nazismo para edificar sobre ellas su deletérea doctrina geopolítica donde el espacio vital tuvo gran importancia.

La teoría de las fronteras naturales sería eminentemente geopolítica y geográfica y por tanto, propia del estado[12], pero inapropiada para un Großraum. De ella se pasa fácilmente a la teoría de lo que el italiano Valli denomina “el derecho de los pueblos a la tierra” o “derecho demográfico”. Este derecho puede explicar la exigencia de territorio para un pueblo cuya demografía aumenta -si se me permite traducir así-; pero no es un principio de derecho internacional en que se pueda basar el gran espacio, aclara Schmitt[13].

En su rebuscado lenguaje, Schmitt define el Großraum o gran espacio como el ámbito de la planificación, organización y actividad humanas, que nace de una tendencia actual de desarrollo que lo abarca todo. Es, “para nosotros” (“für uns”), sobre todo un espacio de poder/rendimiento/producción -o como quieran traducir Leistung- que está conectado/unido/conexo[14]Schmitt usa frases alambicadas, rebuscadas e ininteligibles. No sé si para mostrar superioridad o erudición o las dos cosas. 

Junto al concepto de Großraum, en derecho internacional, hay que considerar el de Reich, esto es, de Reino. Reino es una potencia guía o líder, esto es, que dirige y sostiene a los estados o pueblos dentro de su gran espacio. Las ideas políticas del Reino “irradian” (strahlen) dentro del Großraum. Sin embargo, este último y el Reich no son idénticos. Así como Argentina o Brasil no son parte de los Estados Unidos[15], explica Schmitt, quien dedica un capítulo entero a la llamada doctrina Monroe, como un precedente para justificar su teoría del Großraum[16]. En su análisis, Estados Unidos sería una especie de Reino y América sería su Großraum.  

Dentro del gran espacio, el reino tiene el derecho a intervenir. Al mismo tiempo, impera el principio de no intervención frente a potencias que no pertenecen a ese Großraum (raumfremde Mächte)[17]. Tal como las ideas políticas del reino irradian dentro de su gran espacio, así las ideas políticas de una potencia ajena al Großraum no pueden “irradiar” dentro de un gran espacio que no es el propio[18]. En la práctica, basándose en esta doctrina, habría resultado muy fácil impedir que las ideas de democracia, de liberalismo, de representación política y de libre mercado “irradiaran” hacia Europa.

De acuerdo a este nuevo orden de los grandes espacios y después de que los reinos se hayan dividido la tierra de una manera razonable (sinnvoll), el principio de no intervención desplegará su eficacia ordenadora en el nuevo derecho mundial[19]. Hannes Stein dice acertadamente que estas ideas suenan como sacadas de una película de ciencia ficción. Él se imagina a Tom Cruise que apunta a un alien con una pistola y le advierte que “A partir de aquí, impera para las potencias extranjeras la prohibición de intervención”[20].

Pese a que lo usa y titula así su librito, Schmitt no está conforme con el término Großraum. Aclara que un Reich no es un estado más grande que los demás, como tampoco el Großraum es un espacio pequeño que ha sido agrandado[21]. Adelanta que, cuando el mundo esté repartido entre los grandes espacios, entonces probablemente, se dará al Großraum un nuevo nombre[22]. Porque el Groß Raum no es un gran espacio, en comparación con un espacio pequeño[23], como un país. El Großraum es algo mucho más que eso. Schmitt se vuelve, en este punto, más bien esotérico.

Dice que el concepto de espacio es originalmente técnico, industrial, matemático[24]. Esto ya lo había adelantado en la introducción[25]. Pero él quiere referirse al concepto jurídico de gran espacio -no como simple territorio en que se organiza el derecho[26]– sino que es algo que va más allá, casi místico, diría yo.

A veces se quiere presentar a Schmitt como un representante de la realpolitik, nada más equivocado. Las ideas que el autor expone no son una fría y desgarradora, pero sincera descripción de la realidad. Él no es un nuevo Maquiavelo que explica y analiza lo que ve, sin fijarse en lo que debería ser o sin importarle el political correctness[27]. Él no constata que algo es así, no se adelante a los hechos, no aventura a decirnos lo que él cree que va a pasar, lo que debería ser, lo que será, y él lo encuentra bueno. Sus elucubraciones acerca del Großraum están muy lejos de ser un ejercicio de prospectiva, son el modelo de orden que él nos propone y cree que ya se ha empezado a realizar.

No, lo que él describe en su libro y en otras conferencias que dió sobre el tema antes y después de la publicación de Völkerrechtliche Großraumordnung, es lo que él vaticina que pasará en el mundo, cuando los Reinos se lo hayan repartido e imperen sobre sus respectivos espacios. Lograr este nuevo orden del derecho internacional no es para él algo indiferente, sino este nuevo orden es lo que él considera justo, correcto, a lo que él aspira y lo que, en suma, traerá la paz definitiva… la paz como él la ve.

La suya es una proposición para el futuro, un futuro que empezaba ya a realizarse. Un nuevo orden mundial, que había comenzado inmediatamente antes de la publicación de su obra -en abril de 1939[28]–  cuando Alemania nazi anexó Austria (marzo de 1938) y después, los llamados “Sudetes” (octubre de 1938), invadió Checoslovaquia (marzo de 1939) y después Memel (marzo de 1939).

Para dejarlo muy en claro: sus ideas sobre el orden de los grandes espacios en el derecho internacional fueron expuestas por Schmitt, por primera vez, en una conferencia en la Universidad de Kiel, en marzo de 1939. En ella planteó su tesis acerca de los grandes espacios, como elementos fundamentales del nuevo derecho internacional, publicada en abril de ese año por la misma universidad[29]. Ello ocurrió inmediatamente después de las invasiones y de las anexiones alemanas en el Este[30]. Más oportunismo, imposible.

¿Cómo serían las relaciones internacionales en el nuevo orden? El autor explica que serán los reinos -y no los estados- los creadores (usa la palabra poco alemana de “Kreatoren”) del derecho internacional[31]. Como es evidente, en la teoría schmittiana, los estados no tienen en absoluto derecho a la libre determinación[32]. Como hace ver Rüthers, “la filosofía de los grandes espacios en el derecho internacional es exactamente lo contrario a la autodeterminación de los pueblos”[33].

No es difícil imaginarse que las relaciones internacionales en este nuevo orden serán distintas a las que conocemos. Primero, existirán relaciones de comercio y de otro tipo (sonstiger Austausch) entre los grandes espacios, ya que éstos no serán bloques herméticamente cerrados. Segundo, las relaciones entre los reinos que guían cada Großraum. Tercero, relaciones entre los pueblos que viven en cada Großraum entre ellos. Cuarto, entre los pueblos de diferentes grandes espacios, pero guardando siempre el principio de no intervención de potencias extrañas. Asegura que el concepto de Völkerrecht (derecho internacional) es lo suficientemente elástico, como para comprender todas estas relaciones, tanto dentro de los Großräume, como entre ellos[34].  

Avanzaríamos así, hacia un derecho, que es lo contrario al llamado derecho mundial universalista e imperialista[35]. Así la actuación del Führer ha hecho del pensamiento acerca de nuestro Reich, una realidad histórica y le ha dado un gran futuro[36], concluye el capítulo 5, titulado “El concepto del Reich en el derecho internacional”[37]. La actuación del Führer (Tat des Führers) es, sin lugar a dudas, sus ocupaciones e invasiones y la formulación de la mencionada geopolítica del Lebensraum.

La superación del espacio vacío es el objetivo final de Schmitt[38]. Para hacerlo, se remonta a la llamada teoría del espacio (Raumtheorie)[39]; pero el autor va más allá de ella. En ese espacio vacío, el sujeto que conoce, toma conocimiento del objeto conocido para “localizarlo” (lokalisieren)[40], por “localizar”, entiende “ponerlo en un lugar” o algo así. El espacio es formado en los objetos y en el orden del tiempo y del espacio y es más que un registro en un espacio vacío que viene dado. Se refiere más bien a una situación o a un suceso actuales. Una dimensión profunda y no una categoría espacial meramente formal que merece ser superada[41].

Todo esto es algo incomprensible para los judíos. Ellos no pueden contribuir a esta teoría, como no pueden contribuir a crear nada, dice. Pero han sido el fermento de la disolución de órdenes espaciales concretos[42]. Sí, toda la obra de Schmitt está traspasada por el antisemitismo[43] y por los intentos de “desjudeizar” (entjuden) la ciencia jurídica de un supuesto “espíritu de los judíos”. Ellos serían per se, incapaces de pensar en términos de Großraum.

Soy igualmente incapaz de ello; es más, me causa repulsión tan sólo imaginarme grandes espacios planetarios repartidos entre autodenominados reinos. Grandes espacios continentales compuestos por pueblos sometidos a supuestos reinos líderes y guías. Rechazo la idea de pueblos que carecen de autoderminación, y a cuyos habitantes, les está prohibido pensar por sí mismos o aceptar ideas que sean distintas a las que “irradia” el pueblo guía.

Schmitt habla de grandes espacios concretos y llenos de sentido[44]. Advierte que frente tanto el imperialismo del Occidente capitalista como al imperalismo bolchevique del Este, se halla la sustancia de Europa[45]: una mayoría llena de sentido, en un Großraum concreto y lleno de sentido. En realidad, con esto más bien se refiere a una Europa sometida y controlada por el nacional socialismo. En el fondo, como dice Stein: Europa sería el gran espacio del Reich alemán, el continente estaría sometido a Alemania[46].

Esta es la revolución espacial (Raumrevolution) que había anunciado Hitler[47]. Schmitt habla de las guerras y revoluciones desatadas en la lucha por el nuevo orden[48]. Recordemos que nuestro autor habla reiteradamente del derecho a la guerra como distintivo de la soberanía de un estado y critica el derecho imperante en Europa al momento de elaborar su teoría como un derecho normativista que habría impuesto algo así como un estado no-guerra[49] [50].

Como sabemos, esta revolución del espacio iniciada por el nacional socialismo y alabada y propiciada por Schmitt, tomó otros caminos distintos a una dominación de Europa, convertida en un gran espacio, y dirigida por el Tercer Reich. En defintiva, Europa y el mundo fueron lamentablemente divididos; pero no como lo deseaba el autor[51], sino que el planeta quedó repartido -durante medio siglo- entre el mundo libre y el mundo esclavizado por una potencia basada en otra ideología totalitaria, también procedente de Alemania.  


[2] “Völkerrechtliche Großraumordnung: mit Interventionsverbot für raumfremde Mächte. Ein Beitrag zum Reichsbegriff im Völkerrecht”. Segunda o tercera edición (no me queda claro, ya que en la tapa dice que es la tercera edición; pero en la pág. 4 dice que es la segunda) inalterada de la edición de 1941, 1991. Las citas que sólo contienen páginas, se refieren a esta libro.

[3] Bernd Ruthers, “Entartetes Recht. Rechtslehren und Kronjuristen im Dritten Reich”, segunda edición mejorada, 1989, pág. 143. Cita de artículos de Schmitt en que plantea abiertamente este propósito.  

[4] “‘Großraumprinzip’ als das beherrschende Bauelement einer künftigen Theorie des Völkerrechts”, en “Carl Schmitt im Dritten Reich, Wissenschaft als Zeitgeist-Verstärkung?, 1989, pág. 85.

[5] Allgemeines, pág. 11.

[6] Pág. 17 y 18.

[7] Pág. 16 y 17.

[8] La teoría del espace vital fue una idea guía de la política francesa de expansión colonialista en Argelia. Cfr. Diskussion in Frankreich Las ideas francesas no se pueden comparar ni remotamente con las medidas de aniquilamiento y expansión de los pueblos eslavos, considerados como infrahumanos que llevó a cabo Alemania nazi en el Este y centro de Europa, en los territorios que hoy llamamos Bloodlands (Cfr. Timothy Snyder) y que los nazis consideraban su Lebensraum.

[9] Pág. 18.

[10] Pág. 16 y 17.

[12] Pág. 18

[13] Cfr. págs. 18 y 19.

[14] “Großraum ist ein aus einer umfassenden gegenwärtigen Entwicklungstendenz entstehender Bereich menschlicher Planung, Organisation und Aktivität. Großraum ist für uns vor allem ein zusammenhängender Leistungsraum.” Pág. 14.

[15] Pág. 49.

[16] Capítilo II. “Die Monreodoktrin als der Präzedenzfall eines völkerrechtlichen Großraumprinzips”, págs. 22 y siguientes.

[17] Pág, 48.

[18] Pág. 49.

[19] Pág, 49.

[20] Hannes Stein, “Carl der Kahle”, Die Welt de 26 de julio de 2017, pág. 22.

[21] Cfr. pág. 67.

[22] Cfr, pág. 75.

[23] Cfr. pág. 75.

[24] Pág. 77, 78.

[25] Pág 11 a 13.

[26] Pág. 77.

[27] Schmitt mismo se quería presentar como un Maquiavelo, por lo que llamaba la casa donde vivía en la localidad de Plettenberg, “San Casciano”, el nombre del refugio donde fue desterrado Maquiavelo. En el fondo, una forma de hacerse la víctima, al tiempo que se compara con un famoso de la historia

[28] Cfr. pág. 5. La obra fue publicada primero como artículo y se basa en una conferencia que dió en la Universidad (nórdica) de Kiel, en marzo de 1939. Como libro, apareció recién en 1941.

[29] Cfr. Rüthers, Carl Schmitt im Dritten Reich, cfr. pág. 85

[30] Y un poco antes del Pacto entre Hitler y Stalin en que los dos Führer se repartieron la mitad de Europa, en agosto de 1939. Su consecuencia: la invasión alemana a Polonia es de septiembre de 1939. Y la invasión soviética al Este de Polonia, igualmente, de septiembre de 1939.

[31] Cfr. pág. 65.

[32] Schmitt se refiere a la autodeterminacißon (Selbstbestimmungsrecht) en la introducción, págs. 11 y siguientes.

[33] Rüthers, Carl Schmitt im Dritten Reich, pág. 85.

[34] Cfr. pág. 62.

[35] Cfr. pág. 63.

[36] Cfr. pág. 63.

[37] Pág. 49 en adelante.

[38] Cfr. pág. 79.

[39] Cfr. pág. 77.

[40] Cfr. pág. 80.

[41] Cfr. pág. 80.

[42] Cfr. pág. 79.

[43] Sólo como un ejemplo, puedo citar la conferencia que organizó a comienzos de 1936 titulada “Toda la ciencia jurídica alemana en lucha contra el espíritu judío”, donde participó incluso Hans Frank. “Die Deutsche Rechtswissenschaft im Kampf gegen den jüdischen Geist”, DJZ 1936. Citado por Rüthers. “‘Klassikworte im Umschwung der Epochen’, JZ, pág. 498.  Su antisemitismo no disminuyó después de la guerra.

[44] “sinnerfüllte, konkrete Großräume”. Y lo hace en obras de 1938 y de 1944. Citado por Rüthers, “Entartetes Recht”, pág. 147.

[45] En “Mi Lucha”, Hitler se refería a las dos grandes amenazas sólo aparente contradictorias: el capitalismo internacional y el comunismo soviético, ambos contrarios al “espíritu del pueblo alemán”. Para él, los judíos jugaban en todas las ligas del internacionalismo, cosmopolitismo y universalismo. Cfr. George M. Friedrickson, “Rassismus”, pág. 162.

[46] Cfr. Hannes Stein, “Carl der Kahle”, Die Welt de 26 de julio de 2017, pág. 22.

[47] Cfr. Rüthers, “Entartetes Recht”, págs. 147 y 148.

[48] Ver pág, 65.

[49] Cfr. pág. 70.

[50] El Pacto Briand-Kellogg, de 1928, que nosotros admiramos tanto siendo estudiantes de derecho internacional y que proscribió la guerra como medio de solucionar los conflictos internacionales, supongo que sería para Schmitt -aunque no lo menciona, lo pasa en silencio- lo peor que podía haber.

[51] Cfr. Rüthers, “Entartetes Recht”, pág. 148.

Ernst Leitz el otro Schindler

Hoy me gustaría copiar aquí otro de los artículos que publiqué hace una eternidad, en La Segunda:

“Con riesgo considerable y en oposición a la política nazi, Ernst Leitz adoptó valientes medidas para trasladar a sus empleados judíos y a otras” personas fuera de Alemania. Son palabras de Abraham Foxman, de la Liga Antidifamación, al entregar a la nieta de Leitz la distinción Courage to Care Award a comienzos de mes.

Entre 1933 y 1943, Ernst Leitz hijo envío a aproximadamente 41 judíos alemanes (con sus familias, llegan a más de cien) a “trabajar” las dependencias de la firma Leica en Francia, Gran Bretaña, Hong Kong y los Estados Unidos.

Hasta ahora, nada se conocía públicamente acerca de la actuación de Ernst Leitz, durante el período nacional socialista. De acuerdo al lema de la familia Leitz, “haz el bien, pero no cuentes nada”, ni Ernst, ni sus hijos, quisieron hablar de ello, actitud muy de acuerdo con la mentalidad alemana de la época.

Gracias a la tenacidad, fundamentalmente de Frank Abraham Smith, rabino norteamericano en Inglaterra, y a la información que recogió el periodista y fotógrafo Norman Lipton, hoy conocemos algo de la valiente actuación de este empresario alemán, propietario de una de las firmas más prestigiosas del mundo en el campo de la óptica.

Hijo de Ernst Leitz padre, fundador de la Leica en la ciudad alemana de Wetzlar en 1869. La preocupación por sus trabajadores fue una constante durante la administración Leitz padre, quien era un brillante empresario con un gran sentido social. En 1885, estableció en la empresa un seguro médico. En 1899, una jubilación para sus trabajadores y un fondo que permitía a sus empleados, construir viviendas. Ya en aquel entonces, la Leica había introducido la jornada de ocho horas.

Leitz hijo asumió la dirección de la empresa en 1920. Miembro del Deutsche Demokratische Partei, partido de orientación liberal, bastante importante durante la República de Weimar. Si hay una colectividad alemana que se enfrentó a los nacional socialistas, fue ésta.

En el directorio del partido, conoció al comerciante Nathan Rosenthal. Pocos días después de la llamada Machtergreifung (1933), Rosenthal relató a Leitz las penurias de su hijo Paul en el colegio, como blanco de la persecusión antisemita… Sin pensarlo dos veces, Ernst Leitz lo contrató como aprendiz en su firma. En 1936, posibilitó que emigrara a los Estados Unidos, como empleado de la dependencia de Leica en Nueva York.

Asimismo, las autoridades nacional socialistas prohibieron a Nathan Rosenthal ejercer su profesión. Leitz arrendó las dependencias de la firma de Rosenthal, para que él y su familia tivieran algunos ingresos, y más tarde, los ayudó a emigrar.

Dieter Türk, uno de los directores de la Leica, escribió una carta de recomendación en beneficio de un comerciante judío pronto a abandonar el país. Ésta cayó en manos de la Gestapo (Geheime Staatspolizei, la policía estatal secreta) y las autoridades quitaron a Türk el permiso de trabajo, lo que significaría la pobreza para él y su familia. Leitz, sin embargo, dispuso que se continuara pagando su sueldo, lo que ocurrió durante el resto del periodo nazi.

En aquel entonces, la Leica, como otras empresas alemanas, recibió trabajadores forzados, que procedían generalmente de países eslavos, a quienes los nazis consideraban como infrahumanos. Los Leitz recibieron ucranianos. La hija de Ernst, Elsie se preocupó de ellos y de que no les faltara nada material, en la medida de lo posible en un país en guerra.

Esta circunstancia, unida a sus intentos (sin éxito) de ayudar a una amiga de origen judío a emigrar a Suiza, le costó cuatro meses de cárcel y probablemente, habría seguido en prisión durante el resto de la guerra, si no hubiese sido porque Ernst hizo lo imposible para que la dejaran en libertad.

Después de la II Guerra, Ernst Leitz supo que los nacional socialistas no se habían atrevido a estatizar su empresa, debido a que sus exportaciones significaban importantes divisas para el país y también a que temían que los trabajadores de la firma defenderían a Leitz por todos los medios. No obstante, habían planeado su expropiación luego de la “victoria final”.

Curiosamente, el acta de las autoridades de la postguerra, en que se comprueba que Leitz no había sido un nazi (en el año 42 tuvo que ingresar al Partido obrero nacional socialista), se perdió. En ella, se documentaban algunas de sus actuaciones que calificaría de heroicas.

Sin embargo, se supone fundadamente que muchos de quienes lo conocieron estaban al tanto de todo lo ocurrido, como insinúa otro liberal, el entonces presidente federal Theodor Heuss, en 1951, en el discurso que pronunció con motivo del cumpleaños número 80 de Ernst Leitz. Heuss hace ver que Leitz “había tomado sobre sí las cargas que se colocaron sobre otros”.

Su vida nos demuestra que, dentro de la sociedad más injusta y en las condiciones más adversas, se prueban los hombres y mujeres libres.

El narcisismo de Ernst Nolte

nolte con floresLa personalidad erudita y -a mi modo de ver- narcisista de Nolte me explica un poco lo que ocurrió después de la publicación de su artículo en el FAZ: llovieron las críticas y en vez de escuchar a los demás, el profesor Nolte se empecinó en su posición. Y fue más allá: la radicalizó. Mientras más atacado era, más defendía lo que era y es indefendible[1].

Los narcisos aman el elogio; pero no soportan la contradicción, ni la crítica que siempre ven como una ofensa personal, como una afrenta. (Kränkung, en alemán). Sí, un narciso es una mimosa. Adicto al elogio ilimitado; pero que enferma frente a la crítica, por mínima que sea.

Nolte no dejaba pasar oportunidad para poner de manifiesto que él era “objetivo” e intentaba “hacer justicia”. Objetividad y sed de una supuesta “justicia objetiva” es lo que habitualmente buscan las personas de personalidad narcisista. La objetividad de la justicia se ve garantizada por el hecho de que el narcisista -medida de todas las cosas- nos dice qué es objetivo y qué no. Imaginar más subjetividad es imposible.

Por otra parte, pienso que la absoluta objetividad que Nolte exige al estudiar p.ej., el nacional socialismo -u otro totalitarismo- en realidad, no existe o más bien, no debería existir. No puedo ser “objetiva” frente al mal, ni frente a Auschwitz, ni frente al gulag. Esto es, en el fondo, una especie de realitvismo absoluto, disfrazado de objetividad. Por otra parte, que un historiador o filósofo alemán intente relativizar el nacional socialismo frente al comunismo, tampoco es correcto. Ni menos decir que la causa del nacional socialismo fue el bolchevismo[2].

Nolte dice que se le acusa de postular und fanatismo de la objetividad[3] y que lo único que quería era “conocer”. Pienso que no puedo ser “objetiva”, ni sentir simpatía frente a los autores de crímenes de lesa humanidad. Prefiero tener empatía frente a las víctimas, que es algo que generalmente hace falta al narciso que parece sentir una rara predilección ante los poderosos, los que logran subyugar a los demás.

Sostiene que incluso no se que puede negar al nacional socialismo una simpatía fundamental (man darf den Nationalsozialismus eine grundlegende Sympathie nicht absprechen[4]). No será ir demasiado lejos exigir que, para preservar la objetividad hay que sentir simpatía por el nacional socialismo. ¿Habrá que sentir empatía por un fenómeno que tuvo lugar en la historia para poder comprenderlo? Creo que no. En el fondo, este planteamiento equivale a una relativización de la simpatía. O de la empatía. La empatía frente a una ideología totalmente inhumana es una contradictio in adiectio.

Se achaca a Nolte su frialdad de corazón[5], lo que es una de las características de la personalidad narcisista. A él sólo le interesaban las ideas. Las ideas abstractas, no las personas concretas. En su descargo, se puede decir que su formación académica fue en filosofía y no en historia. Lo que puede ayudar a entender; pero no disculpar… Nolte fue un filósofo que nunca estudió historia. O un historiador que estudió filosofía[6].

Un académico con la personalidad de un Nolte se halla muy lejos de ver la investigación como un diálogo enriquecedor. Como contraposición de opiniones. Tal vez por eso mismo, la polémica de los historiadores o Historikerstreit es una de las controversias más infértiles que alguien se pueda imaginar, aunque es glorificada hasta hoy -por los grupos de extrema derecha[7]– como la última gran controversia. El narcisismo y la megalomamía se dan la mano.


[1] Sobre el tema, invito a leer mi columna Los dos Nolte. Breve consideración sobre Ernst Nolte

[2] “En el FAZ, Nolte sostenía cosas tan sin sentido como que Auschwitz sería consecuencia lógica del gulag[10] soviético y que el Holocausto, el exterminio sistemático de los judíos europeos, habría sido originado por la lucha de clases, por la muerte del enemigo de clase en la Unión Soviética. Postula la existencia de un “nexo causal” (kausaler Nexus) entre el comunismo (el “bolcheviquismo”) y el nacional socialismo. En otras palabras, el nacional socialismo, no sería un fenómeno en sí, sino que habría sido causado por el miedo de la burguesía frente al comunismo. Sería una reacción de defensa. Ambas tesis son realmente insostenibles”. De mi columna Los dos Nolte. Breve consideración sobre Ernst Nolte

[3] Cfr. video reportaje Ernst Nolte – Ein deutscher Streitfall minuto 28.

[4] Cfr. video reportaje Ernst Nolte – Ein deutscher Streitfall minuto 14 en adelante.

[5] Cfr. video reportaje Ernst Nolte – Ein deutscher Streitfall minuto 29.

[7] Cfr. podcast favorable a la extrema derecha alemana  “Von rechts gelesen”