¿Fue Carl Schmitt un nazi?

Se discute acerca de si Carl Schmitt fue o no nazi. Para contestar a esta interrogante, creo que es conveniente, leer y estudiar sus obras de esa época,cuando Schmitt era considerado el “jurista de la corona del régimen nacional socialista”[1]. Comienzo el análisis del opúsculo “Staat, Bewegung, Volk” (“Estado, Movimiento, Pueblo”), cuya primera edición apareció en diciembre de 1933[2], en la editorial Hanseatische Verlagsanstalt, proclive al nuevo régimen. En esta columna, me refiero al primer capítulo, titulado “La actual situación constitucional”.

El autor afirma que la totalidad del nuevo derecho público posterior a la revolución nacional socialista es un nuevo derecho que está parado sobre suelo propio. No basa pues su legitimidad en las “normas pre-revolucionarias” de la Constitución de Weimar. Disposiciones aisladas de la Constitución de Weimar están sólo vigentes en cuanto la Ley habilitante (Ermächtigunsgesetz, de 24 de marzo de 1933) así lo permita o bien, en cuanto el nuevo orden del derecho público recurra a ellas expresamente o en forma implícita (recepción silenciosa o stille Übernahme). No obstante, antes de la mencionada Ley habilitante -que le entregó todo el poder estatal a Hitler[3]– el Presidente del Reino, Paul von Hindenburg, mediante decreto de 12 de marzo de 1933, habría terminado[4] definitivamente con “el espíritu y los fundamentos” del sistema de Weimar, escribe Schmitt.

Con sus escasas 41 páginas, “Staat, Bewegung, Volk” es el primer opúsculo de la serie organiza titulada “El estado alemán de la actualidad”[5], algo así como el nuevo estado alemán o el “nuevo orden estatal”[6] post-revolucionario. Sí, el autor consideraba que la toma del poder por parte de los nacional socialistas era una verdadera revolución, habla de la “Revolución alemana”, que habría cortado todo vínculo con el “sistema” inmediatamente anterior, el de Weimar. “Para él, la catástrofe es el fin del estado de Bismarck, no la guerra. De ello sería culpable la democracia liberal, que fue incapaz de defender el estado haciendo uso de los artículos de excepción o de guerra”[7].

Schmitt afirma que el todo el antiguo mundo del pensamiento liberal democrático ha caído. Se acabó con la neutralidad y con la igualdad, que permitía la creación de nuevos partidos políticos y garantizaba la libertad de opinión, de acción, de hacer publicidad o de tener una opinión favorable a alguno de ellos. Explica que, en un sistema pluralista, todos los partidos políticos se combaten entre ellos y no existe voluntad política única, sino que los partidos se encuentran, en el mejor de los casos, en un “punto cero”. Por el contrario, el estado nacional socialista, basado en el principio de la dirección de un solo líder (el llamado Führerprinzip) supera el pluripartidismo de Weimar.

Critica las elecciones realizadas en la época de Weimar que habrían perdido todo su sentido. Eran sólo la opción plebisicitaria de cinco o seis partidos políticos incompatibles entre sí. Ahora, en el estado nacional socialista, con un solo partido político[8], el peligro de una ruptura de Alemania en muchos partidos, ha sido superada. Según Reinhard Mehring (experto en el pensamiento de Schmitt), el autor concibe al dictatorial partido único del nacional socialismo como una fuerza homogenizadora[9].

Schmitt se alegra, pues finalmente se distingue entre amigo y enemigo del estado. Entre el compañero que forma parte del mismo pueblo alemán y quienes pertenecen a “otra especie” (Artfremden)[10]. Es evidente a quienes se refería con este úlitmo calificativo. A sus colegas judíos frente a los cuales, fue tan zalamero décadas, mientras lo podían ayudar a obtener puestos como docente en universidades y escuelas profesionales. Cabe hacer notar que, pese a que los nazis tampoco consideraban a los eslavos como sus iguales, Schmitt debe excluir de entre las personas “de otra especie” a su segunda mujer, la serbia Duška Todorović. De su primera mujer, la croata Pawla Dorotić, Schmitt se había separado hacía ya tiempo.

“El nuevo mundo del derecho nacional socialista”, dice Schmitt, no puede ser entendido desde el sistema anterior, como tampoco puede ser justificado o fundado[11] sobre Weimar. Como se ve, el quiebre es total, se trata de una nueva fundación, de una nueva sociedad y del nuevo derecho de un nuevo estado. Para el nacional socialismo -continúa Schmitt- el intento de justificar o de refutar el nuevo derecho desde el punto de vista de la Constitución de Weimar, es o un “juego sin sentido” o un intento de volver al derecho anterior o de neutralizarlo o al menos, de relativizarlo.

Algunos juristas -critica- “no se pueden acostumbrar a la realidad del estado nacional socialista”[12] y califican las disposiciones del nuevo estado como aceptables o no aceptables según el derecho constitucional de Weimar. Cita un artículo de Medicus, en “Deutsches Recht”[13] de 1933 que sostendría esta tesis. Como si la Constitución de 1919 subsistiera en “el nuevo estado y bajo la nueva constitución del estado nacional socialista”[14]. Como si el nuevo derecho nacional socialista fuera una regulación temporal y transitoria, que se puede derogar mediante una ley del Parlamento (Reichstag). Tengo que recordar a los lectores que que la ley habilitante de 1933 tenía una vigencia de sólo cuatro años. No, el nuevo derecho constitucional nacional socialista no puede ser derogado. No es posible su derogación mediante una simple ley parlamentaria que pueda volver todo al estado anterior, a la vigencia de la Constitución de Weimar. No, la detestata Constitucion de Weimar no rige más. Es un “acto de sabotaje” sostener que la forma de pensar ya superada de la época de Weimar subsiste de alguna manera en la letra o en el espíritu en el nuevo estado. Sí, en los años que vendrán, los nazis, consideraron como enemigos del estado a quienes pensaban diferente de ellos o defendían un orden estatal liberal democrático.

Schmitt critica a sus colegas “positivistas” porque llaman a la ley de 24 de marzo Ley habilitante de acuerdo al art. 76 de la Constitución de Weimar. Explica que esa ley es más bien, una L e y  c o n s t i t u c i o n a l  t e m p o r a l  d e  l a  n u e v a  A l e m a n i a”[15]. (Supongo que Uds. conocen la forma que se usaba en esa época para poner algo de relieve separando las letras, la usa Schmitt en su folleto).

La ley habilitante sería la consecuencia de la elección de Parlamento o Reichstag de 5 de marzo de 1933. Esa elección habría sido en realidad, un plebiscito, por el que Hiltler- el Führer del movimiento nacional socialista- fue reconocido como Führer político del pueblo alemán. La mecionada ley que los positivistas denominan “ley habilitante”, debería ser llamada por su nombre oficial: “Ley para remediar la necesidad del pueblo y del Reino”. Esta ley -prosigue- habría sido un puente entre el viejo y el nuevo estado. Fue de gran “importancia práctica” para que la transición entre uno y otro estado, se llevara a cabo de acuerdo a la legalidad, lo que tuvo lugar “gracias al sentido de orden y disciplina alemanes”. Así, la “Revolución alemana” fue “legal”, esto es formalmente correcta. La relevancia práctica de la ley habilitante deriva de que la legalidad es necesaria para el funcionamiento del aparato estatal y de sus funcionarios.

De acuerdo a su propia legalidad, el sistema de Weimar puso su propio sello bajo la declaración de que había llegado a su fin. Fue la declaración de muerte del viejo sistema; pero no la de la de la fundación del nuevo. El nuevo estado no tiene ninguna imposición derivada del derecho anterior, ningún límite o regla hermenéutica procedente de Weimar. El justo derecho que nace de la “Revolución alemana” no depende de que un grupo de parlamentarios weimarianos haya decidido colaborar a que se lograra la mayoría de dos tercios en el Reichstag. Sería un sinsentido legitimar a posteriori un sistema sin fuerza y sin poder, como fue el anterior. El fundamento del derecho del estado nacional socialista no es un fundamento extranjero o extraño, ajeno al ser alemán, ni tampoco nos es “esencialmente hostil”… Como habría sido el derecho de Weimar, insinúa Schmitt, en su acérrimo anti-liberalismo democrático. El fundamento del derecho nacional socialista es uno propio. Alemán, no extranjero. Schmitt y otros juristas nacional socialistas sostenían que los juristas judíos habrían introducido doctrinas extranjeras en el derecho alemán.

Schmitt asevera que el representante del Führer, Rudolf Heß,  tiene razón cuando, en la convención del partido en Nürmberg, anuncia que esa convención de los nacional socialistas es, en realidad, el nuevo Reichstag (nombre del parlamento alemán). Cuando Heß pronucia la misma fórmula de la Constitución de Weimar “todo poder emana del pueblo”, no dice lo mismo que decía la constitución liberal democrática anterior, sino algo muy diferente. Algo que Schmitt celebra y no critica. Las únicas críticas están reservadas a Weimar y a la supuesta influencia extranjera en Alemania.

Estamos en un nuevo estado post-revolucionario y antiliberal. Iliberal, diríamos hoy con los nuevos populistas entre quienes Schmitt es tan admirado[16]. Conocido es el verdadero odio que profesaba Schmitt hacia el liberalismo. Curioso es que supuesto liberales en países latinos profesen admiración hacia Schmitt. Lo atribuyo a desconocimiento, a ignorancia culpable o simplemente a estupidez.

El Führer de todo el pueblo alemán es el canciller del Reino, Adolf Hitler. Su liderazgo (mala traducción de Führung, no se me ocurre otra) ejerce una supremacía política que no está sujeta a ninguna condición. Esta última es una ley fundamental del nuevo derecho del nuevo estado nacional socialista[17]. El Führer es también legislador y en este punto no caben “interpretaciones sofistas”[18] como las de Weimar (!). El Führer está por encima del presidente del Reich, cuya preminencia durante la última época de Weimar, Schmitt critica duramente. El liderazgo hitleriano (en la página diez del librito menciona dos veces a Adolf Hitler, con nombre y apellido, lo que nunca debería ocurrir en un artículo jurídico) va más allá de una simple competencia para dar directrices a sus funcionarios, como señalaba el art. 56 de Weimar[19] cuando mencionaba las funciones del canciller. Hitler no es sólo de facto, sino también de iure y de manera totalmente natural el Führer político del Reino y no es comparable con ningún otro canciller anterior, concluye.

Considera la división entre los poderes Ejecutivo y Legislativo como algo típicamente “liberal” y sostiene que ha sido definitivamente suprimida en el nuevo estado. En consecuencia, el gobierno ejerce un derecho verdadero y primigenio a dictar leyes, como asimismo establece el art. 1[20] del la “constitución temporal” de 24 de marzo de 1933. Esto es, lo que todos llamamos Ley habilitante. En suma, toda iniciativa legal corresponde, en primer lugar, al gobierno del Reich, al gobierno de Adolf Hitler. Contra la voluntad del canciller -transformado en Führer- los parlamentarios no pueden presentar ninguna iniciativa, ningún “proyecto de ley”, como garantizaba la Constitución de Weimar. Schmitt defiende la prerrogativa legislativa absoluta del Führer, según el nuevo derecho del nuevo estado.

De acuerdo a los principios nacional socialistas -que parece que Schmitt ha interiorizado raudamente- el gobierno del Reino reconoce la voluntad del pueblo expresada en una consulta popular; pero sólo si ha sido convocada por el mismo gobierno. Advierte que si el resultado “se ha vuelto equivocado”[21], se puede llamar a una nueva consulta. Hoy los plebiscitos están muy de moda entre los populistas de extrema derecha europeos. “La democracia directa que hoy, algunos grupos de extrema derecha propugnan no es sino expresión de esta ‘democracia’ encabezada por un Führer que dirige al pueblo y que a la vez y en una especie de proceso de retroalimentación, debe corrobarar o ratificar las deciciones de su líder”[22].

Después de leer el primer capítulo de “Estado, Movimiento, Pueblo” (“Staat, Bewegung, Volk”) no me cabe duda que el tono zalamero y de alabanza hacia el Führer y su “movimiento” (así llamaban los nacional socialistas al partido), expresa claramente la posición política que Schmitt abrazó luego de la llegada de los nazis al poder. El odio enconado frente al liberalismo y a la democracia representativa de Weimar encuentra por fin un medio ambiente apropiado donde desarrollarse. En 1933, Schmitt está decidido a participar activamente en la construcción de un nuevo estado, de una nueva sociedad, de un nuevo orden nacional socialista.


[2] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[3] El ejecutivo podía dictar leyes que pasaran a llevar la Constitución y no necesitaba del Legislativo para gobernar. Ver texto en Ermächtigungsgesetz

[4] “beseitigen” escribe Schmitt, usando un vocabulario propio de los nacional socialistas.

[5] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[6] El Nuevo Orden según Carl Schmitt en la página alemana Die Kolumnisten.

[8] Escribe Einparteistaat… Así era como se llamó también a los partidos únicos del mundo del socialismo real. Del comunismo.

[9] Reinhard Mehring, “Carl Schmitt: Aufstieg und Fall”, pág. 341.

[10] Invito a leer mi columna sobre el racismo Nos guste o no, en realidad todos somos africanos

[11] Carl Schmitt, “Staat, Bewegung, Volk. Drei Gliederung der politischen Einheit”, segunda edición, pág. 6.En adelante, citaré sólo la página.

[12] pág. 6.

[13] Deutsches Recht era una revista de los juristas nacional socialistas.

[14] pág. 6.

[15] pág. 7.

[18] pág. 10.

[19] “El canciller del Reino determina las pautas de la política y es responsable ante el Parlamento. Dentro de tales pautas, cada Ministro del Reino dirige la rama de negocios que se le ha confiado de manera independiente y bajo su propia responsabilidad frente al Parlamento”.

[20] Las leyes pueden ser aprobadas o mediante el mecanismo que contempla la Constitución del Reino o por el gobierno del Reino (…).

Reichsgesetze können außer in dem in der Reichsverfassung vorgesehenen Verfahren auch durch die Reichsregierung beschlossen werden (…).

[21] pág. 11.

Advertisements

El “ejército alemán” y los nazis…

Nuevamente se plantea en Chile el tema de si el “ejército alemán” era lo mismo que los nazis. Sí, así más o menos en esos términos algo infantiles. En primer lugar, el “ejército alemán” es un término equívoco, porque a lo largo de la historia, ha habido muchos “ejércitos alemanes”, de manera que tenemos que delimitar de qué hablamos.

Se trata de la Wehrmacht, contemporánea de los nazis o más bien, creación de los mismos. La Wehrmacht o el poder de defenderse[1] o de atacar, fue creada por el régimen nacional socialista en 1935. Ese año, el ex-cabo del Ejército de Baviera, el austriaco Adolfo Hitler había  concentrado totalmente el poder político sus manos.; totalmente o totalitariamente que viene a ser más o menos lo mismo. La famosa ley habilitante de 1933[2] lo había hecho posible. La ley que creó la Wehrmacht fue dictada el 16 de marzo de 1935[3].

Antes de la Wehrmacht -entre 1921 y 1935- existió el Reichswehr, el ejército para la defensa del Reino de la República de Weimar. Estaba organizado de acuerdo a las disposiciones y a las limitaciones impuestas en el Tratado de Versalles. Violadas secretamente, en concomitancia con la Unión Soviética, entonces de reciente creación. A partir de 1923, el Reichswehr apoyó la formación del Ejército Rojo y de sus soldados. A la vez que los soviéts proporcionaban al ejército alemán armas (incluso químicas), munición y adiestramiento para militares alemanes. Era un do ut des -doy para que des- entre alemanes y rusos.

Años más tarde, la misma Wehrmacht ocuparía Polonia conjuntamente con el Ejército Rojo. Paradas militares y encuentros de todo tipo tuvieron lugar entre los soldados de ambos ejércitos de tan dispar o más bien de tan similar ideología. Los nobles alemanes que encabezaban el “ejército alemán” no tenían ningún problema en confraternizar con sus aliados militares, los proletarios bolcheviques. Por si alguien adolece de incredulidad y no sabe leer alemán, hay abundantes videos históricos en youtube sobre esta alianza.

Cuando Hitler y Stalin rompieron su pacto[4] y cuando Alemania empezó a perder la guerra, la Werhmacht tuvo que retirarse de algunos territorios. Practicó entonces la estrategia de la “tierra quemada”, destruyendo todo lo que quedaba a su paso, sin respetar vidas humanas, ni ciudades, ni monumentos históricos, ni iglesias, ni castillos, ni nada.  

No, el “ejército alemán”, la Wehrmacht no es lo mismo que “los nazis”. Los nacional socialistas eran un partido único que encabezaba un régimen totalitario. La Wehrmacht -con sus tres ramas: tierra, mar y aire- era otra cosa. La Wehrmarcht era la fuerza armada al servicio del Partido Obrero Nacional Socialista y de su deletérea ideología.

Los militares de la Wehrmacht tenían que jurar obediencia absoluta y hasta la muerte al Führer. ¿Se imaginan no jurar lealtad al país, a la Patria, sino a una persona? ¿A un líder máximo? Obediencia de cadáver se denomina en alemán, porque -dicen- que es como la obediencia de una persona muerta, que no piensa por sí misma, sino que recibe órdenes y hace lo que le dicen. Autómatas que cumplían órdenes sin pensar y sin sentir, ese era el ideal de soldado de la Wehrmacht.

En clases de derecho penal militar, yo aprendí en Chile[5] que la obediencia militar es una obediencia reflexiva, en que el soldado piensa por sí mismo y puede representar órdenes. E incluso negarse a cumplirlas cuando éstas son un delito. La pseudo obediencia impuesta por los nazis a los soldados alemanes no era reflexiva, sino cadavérica.

No, la Wehrmacht no es lo mismo que los nazis; pero en la Wehrmacht había muchos nazis. Y otros que no lo eran. Algunos no eran nacional socialistas; pero apoyaban esa ideología. Otros pocos no estaban de acuerdo con ella. De estos últimos, algunos desertaron, a ellos los esperaba el pelotón de fusilamiento. O, como altenativa, las brigadas de castigo, compuestas de soldados cuya muerte era irrelevante, daba lo mismo que murieran o no, recibían misiones suicidas. Así trataba la Wehrmacht a sus miembros.

La Wehrmacht fue el brazo armado que los nazis usaron en su guerra de agresión. Invadió un sinnúmero de países y los sometió a un régimen de terror. Sí, la Wehrmacht fue la organización armada empleada para ocupar territorios, para explusar a sus habitantes o simplemente para matarlos sin piedad (judíos, gitanos) o para esclavizarlos, como ocurrió con los pueblos eslavos.

La Wehrmacht fue creada por los nacional socialistas y organizada por ellos, de acuerdo a sus intereses. Incluso de acuerdo a los intereses privados de algunos de sus miembros. Sin ir más lejos, el uniforme de la Wehrmacht fue confeccionado en la fábrica de un miembro del partido nazi, que se llenó los bolsillos de dinero vendiendo sus productos, primero a la SA, a la SS y a las Juventudes de Hitler y luego a la Wehrmacht[6]. Quienes creen que los nazis era “jóvenes idealistas” o algo por el estilo, se equivocan. Intereses económicos y el ánimo de ganar dinero usando influencias y métodos de corrupción marcan la economía de esa época y de los miembros del “movimiento”[7]. Unos se enriquecían mientras a los otros exigían grandes sacrificios.

La Wehrmacht cometió crímenes de guerra e infringió todas las normas de derecho humanitario que nos podamos imaginar[8]. Aparte de ello, demostró una crueldad inusitada frente a seres humanos. Consideraban que los “pueblos” estaban en una especie de competición por quién vence al otro[9]. Y la competición era a muerte… Todo el que no fuera de mi etnia (Volk) era considerado mi enemigo. La barbarie parecía haberse apoderado de Alemania, de Austria y de otros países de la zona. Quienes competían en estas olimpiadas de la muerte eran los soldados de la Wehrmacht.

Comprendo que a algunos chileno-alemanes esto les cueste aceptarlo. Sus abuelos, sus bisabuelos, sus papás fueron tal vez soldados alemanes (generalmente de grados bajos, pese a los fantasías megalómanas de algunos de ellos). Ellos o no hablaban de lo que habían vivido o idealizaban la guerra, la glorificaban, como si hubiera sido una guerra heroica y ellos, los héroes vencidos a la espera de la venganza. Y si los abuelos no glorificaron la guerra, lo hicieron sus hijos o lo hacen sus nietos o bisnietos.

Evidentemente, nadie puede pensar mal de sus antepasados a quienes quiere y hacia quienes siente un natural agradecimiento. El tema de la disyuntiva o de la dicotomía de los “hijos y nietos de la guerra” es hoy un importante tema para psicólogos y psiquiatras en Alemania. Esta dicotomía ha creado personalidades divididas, casi esquizofrénicas. Muchos de los soldados de la Wehrmacht eran jóvenes entonces y fueron simple carne de cañón para los nazis. Nada había de heroísmo, nada de patria, nada de ideales. Creo que aceptar esta realidad, ayudaría mucho…

 


[1] Del verbo sich wehren, esto es ofrecer resistencia, luchar, forcejear.

[4] Llamado Pacto Hitler-Stalin o Molotov-Ribbentrop, que era el nombre de los ministros de relaciones de ambos países.

[5] De acuerdo al Código de Justicia Militar, de 1944.

[6] La fábrica usó mano de obra esclava que la Wehrmacht ayudaba a traer desde el Este. De manera que esclavos confeccionaban el unforme de sus carceleros.

[7] Así llamaban los nazis al Partido: Bewegung.

[8] Los prisioneros de guerra de la Wehrmacht, sobre todo los del Este de Europa, no eran alimentados, ni atendidos y el objetivo era que murieran.

El caso Grenell, el embajador de Trump en Alemania

Qué pasaría si “un nuevo embajador chino es enviado a Washington. Arrogante y prepotente, proviene del ala extrema maoísta del partido comunista chino. Un mes después de su llegada, da una entrevista al Diario del Pueblo, observando con satisfacción el ascenso de la extrema izquierda en la política occidental”[1].

El texto anterior, con el que Anne Applebaum inicia su columna en el Washington Post no dejó de sorprenderme…En primer momento, hasta que, pocos minutos después, me di cuenta de qué se trataba. Richard Grenell, el embajador que Trump acaba de nombrar en Berlín, había hecho, una vez más una de las suyas y demostrado otra vez más que es el diplomático, menos diplomático[2] acreditado en Alemania.

Como si esto fuera poco, lo que había hecho, lo había hecho a través de una entrevista,  pero no una entrevista en un diario normal, sino que en Breitbart, la “página” de Steve Bannon, quien actualmente -y desde hace varias semanas- se encuentra en “viaje de nogocios” por Europa, entrevistándose con partidarios de grupos de la extrema derecha europea. (Breitbart ha sido el caldo de cultivo del nacionalismo supremacista en los Estados Unidos).

Grenell hace honor a su nombre: es bastante grell, chillón, estridente, shrill, garishly… Ya antes de asumir su cargo (a principios de mayo), manifestó su intención de conocer a Jens Spahn, el nuevo ministro de salud alemán, sólo porque ambos son homosexuales, lo que explicitó el entonces futuro embajador. Yo creo que la orientación sexual de alguien no debería ser tema de la política. No creo que Spahn se haya sentido demasiado alagado. Aunque nunca se sabe[3].

Apenas asumir su cargo, a comienzos de mayo Grenell twitteó: “German companies doing business in Iran should wind down operations immediately”[4]. Antes que nada, me pregunto si Twitter es el medio de expresión propio de un embajador. En tono de orden perentoria -como las daría el virrey a los súbditos de un territorio subalterno- Grenell escribía: “Las empresas alemanas que hacen negocios en Irán deberían cerrar las operaciones inmediatamente”. La “orden” cayó muy mal en Alemania, ya que, el embajador de los Estados Unidos no es un lugarteniente que representa al actual presidente norteamericano en Europa.

Un embajador no puede dar instrucciones a los ciudadanos de otro país. Así no funcionan las cosas en una democracia, ni en un estado de derecho. Ni en el derecho internacional. No de acuerdo a la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas. El embajador, por lo menos, se sobrepasó en sus funciones o atribuciones. Pero claro, Grenell es un hombre de Trump y se comporta en consecuencia. Lo conoció cuando Trump aún estaba en campaña y trabajó para lograr el puesto de embajador. Más que representar a su país como diplomático, representa a Trump como político.

Grenell reconoce que “Hay muchos conservadores en toda Europa que se han puesto en contacto conmigo para decir que sienten que hay un resurgimiento”. ¿En serio? ¿Quiénes serían? Probablemente los mismos que se quejan de que los intereses de sus estados nacionales no estén en el primer lugar hoy en Europa. Y de que la Unión Europea se haya convertido -como ellos dicen- en una especie de Unión Soviética. Lo que no deja de ser paradojal, ya que su ídolo Putin se queja de que la catástrofe más grande del siglo 20 fue el desmembramiento de la URSS.

De partida, cuando Grenell habla de “conservadores”, se refiere no a los que normalmente los liberal-conservadores llamamos “conservador”, sino a movimientos de extrema derecha que han surgido en Europa en el último tiempo. Conservador es una palabra que a estos grupúsculos le queda excesivamente grande. La ofenden con su uso. Son, en el mejor de los casos, ultra-conservadores. Los verdaderos conservadores europeos no son extremistas, ni radicales de derecha, ni menos nacionalistas o populistas de extrema derecha. Son gente como la misma Merkel, igualmente criticada con fuerza por Grenell.

Estos grupos -que el embajador ahora quiere fortalecer o robustecer, se caracterizan por ser pro-Putin, anti-europeos, anti-Unión Europea, anti-euro y anti-extranjeros (etnopluralistas[5]). Sí, son más anti-algo que pro-algo, están más en contra que a favor; pero son mucho más que simples partidos de protesta, considerarlos como tal es subestimarlos. En Alemania surgieron, más tarde que en otros países, especialmente luego de la llamada “crisis de los refugiados”, cuando el país abrió la frontera con Austria y dejó entrar a los miles de sirios que huían de la guerra y se hallaban en Hungría, donde no querían permanecer debido a los malos tratos por parte del gobierno del anti-liberal Viktor Orbán.

Grenell continúa: “Quiero empoderar absolutamente a otros conservadores en toda Europa, a otros líderes. Creo que hay una oleada de políticas conservadoras que se están afianzando debido a las políticas fallidas de la izquierda”. Perdón, pero “empoderar”, o más bien -en castellano- fortalecer, robustecer, patrocinar, apoyar, sustentar a ciertos sectores políticos de extrema derecha en Europa… A “otros líderes”, no a los que están hoy en el poder. Regime change… Perdón, pero ¿es esta la labor de un embajador? ¿No será más bien la de un activista político?[6]. Grenell podría renunciar a su puesto de embajador -pagado con los impuestos norteamericanos- y dedicarse al activismo político. Seguro que habrá alguien que lo financie.

Cito nuevamente a Applebaum, que se refiere al apoyo del embajador a sectores políticos de extrema derecha, pero en forma elíptica, lo que pone aún más de relieve la doble moral de este caso: “’Hay muchos marxistas en todo Occidente que se han puesto en contacto conmigo para decir que sienten que hay un resurgimiento’, dice, y agrega que espera, en su nuevo cargo, poder ‘empoderar’ a los partidos de la extrema izquierda”. O, como se lee en algunos editoriales alemanes de esta semana: “Imaginemos que un embajador chino en los EEUU llame a fortalecer las fuerzas comunistas”[7].

Este “es un momento emocionante para mí (…) tenemos mucho trabajo por hacer, pero creo que la elección de Donald Trump ha facultado a individuos y a pueblos[8] para decir que no pueden permitir que la clase política determine antes de que se lleve a cabo una elección, quién es va a ganar y quién debería ser el candidato’”. ¿A quién se refiere? A las elites, “los de arriba”, el establishment… Él dice que es anti-establishment. ¿Qué fue antes, Trump o el populismo europeo? ¿El tea party o la L’Action nationale? ¿Berlusconi o Bannon? En realidad, si consideramos que Grenell más que representar a su país, representa a Trump, no pueden sorprendernos sus declaraciones.

A propósito de candidatos, Grenell alaba sobremanera al canciller austriaco: “creo que Sebastian Kurz es un rockstar. Soy un gran fan suyo”. ¿Es este el lenguaje propio de un embajador? No sé si sea la mejor publicidad en favor de Kurz, quien aún trata de salvar las apariencias y de figurar como un demócrata cristiano al que no le quedó otra solución que aliarse con la extrema derecha. Cosa que no hizo muy a regañadientes.[9] 

Grenell no halaga a la canciller del país donde se halla acreditado. No, el trumpismo considera a Angela Merkel como representante de “fallidas políticas de izquierda”. Applebaum comenta que esas políticas fallidas son “las mismas políticas que han convertido a Alemania en la economía más fuerte de Europa”[10]. Paradojalmente, los Republicanos norteamericanos y los demócrata cristianos alemanes han sido tradicionalmente aliados. A partir de ahora, las cosas cambian.

Sí, con Trump, todo ha cambiado y ahora la alianza es con la extrema derecha, como ha indicado el embajador Grenell explícitamente. Claro, dicde que quiere “empoderar” a los líderes conservadores europeos. No, no es que Estados Unidos apoye la democracia y no a actores políticos en particular; no es que los países tengan que resolver ellos mismos quiénes los gobiernan[11]. No, Grenell dice que “empoderará” a los líderes de los movimientos y partidos que él considera que tienen el programa correcto, de acuerdo a la apreciación trumpiana de qué es lo correcto. Es más que evidente que esto es inmiscuirse en asuntos internos de otro país, de otros países, de otro continente.

Breitbart nos aclara la película aún más: “La estrategia ganadora, señaló Grenell, se enfoca hacia asuntos conservadores que mejoran la vida de la gente trabajadora común, de la mayoría silenciosa. Diciendo que habrá un ‘apoyo es masivo’ para los candidatos que pueden articular políticas ‘conservadoras consistentes’ sobre migración, rebajas de impuestos y recorte de la burocracia”.

A ver, si entendí bien: Grenell, el embajador de los Estados Unidos en Alemania, un enardecido partidario de Trump (a ello, probablemente es a lo que debe su puesto). Advierte que él trabajará apoyando (“empoderando”, dice, esto es: dando poder, como si no lo tuvieran) a los líderes y a los movimientos que él aún llama conservadores; pero que, en realidad, son de extrema derecha (ya que los conservadores son, por ej., los demócrata cristianos de Merkel), que surgen en Europa, lo que a él lo pone muy feliz, dice.

Apoyará a estos líderes y a estos movimientos en favor de lo que él llama la “mayoría silenciosa”, en tanto implementen “políticas conservadoras consistentes” (esto es, medidas políticas con las que Trump y sus amigos estén de acuerdo) contra la inmigración, a favor de rebajar los impuestos y empequeñecer el estado (porque de reducir la burocracia, en realidad, no se trata).

Que un ex-presidente del Parlamento europeo afirme que el embajador se comporta como un oficial colonial, es algo que no puede sorprender a nadie[12].


[3] El deseo de Grenell fue satisfecho por Spahn quien lo invitó a un tour guiado por él, por el edificio del Bundestag junto a sus respectivos maridos o parejas (Spahn está casad; Grenell no lo sé). No sé si ese encuentro fue una buena idea para Spahn que representa el ala ultra-conservadora de la democracia cristiana alemana. O no. Hay abundantes selfies de las dos parejas en la red, de manera que ya no hay vuelta atrás.

[4] “As @realDonaldTrump said, US sanctions will target critical sectors of Iran’s economy. German companies doing business in Iran should wind down operations immediately.” https://twitter.com/richardgrenell/status/993924107212394496?lang=de

[6] El Departamento de estado se defiende diciendo que un embajador también tiene derecho a la libertad de opinión.

[7] Varios diarios alemanes recogieron el mismo argumento elíptico de Applebaum. Ver: Donald Trumps Botschafter Richard Grenell ist in Berlin fehl am Platz y Kölner Stadtanzeiger pero en papel.  

[8] “empowered individuals and people”…

[9] Putin estuvo en estos días en Austria, me pregunto si Kurz seguirá los pasos de sus colegas cancilleres, en alemán Schröder y el ex canciller de Austria Alfred Gusenbauer que ahora “trabajan” para empresas o inversionistas rusos o hacen labores de lobby en su favor.

[11] Según dice Heather Nauert, desde abril del 2017, vocera del Departemento de Estado y ex-periodista de Fox News.

[12] Ärger über US-Botschafter Grenell “Wie ein rechtsextremer Kolonialoffizier” (4 de junio de 2018). La frase es del social demócrata Martin Schulz.

La democracia, la elección y el poder absoluto

Cobra especial actualidad en la Europa de hoy, un antiguo pensamiento, muy popular en mis años de universidad en Chile, que yo misma, repetí algunas veces y de cuya falsedad y peligrosidad estoy convencida.

Me refiero a sostener que la democracia se agota en la votación. Esto es: si se vota, hay democracia. No se necesita nada más que una elección. Noy hay democracia => si tiene lugar una elección => hay democracia. Este es el algoritmo.

La fórmula democracia = elección conlleva una crítica de la misma democracia, según la cual, la democracia sería una mera forma vacía, un simple procedimiento, de acuerdo al cual, se puede llegar a cualquier cosa. Un proceso vacío y meramente formal.

De partida, los críticos a la democracia -que nunca han sido pocos; pero hoy están sentados en el parlamento de muchos países del primer mundo- hacen ver que esto llevaría al más completo relativismo, sino a mayor escepticismo. El escepticismo -escuché muchas veces- sería la filosofía en que se basa la democracia, ya que no habría nada en qué creer, sólo en un mecanismo formal al que se le entrega el destino del país.

En cada elección se decidiría lo que es bueno y lo que es malo, lo que se podría revertir en la siguiente elección. “La aceptación y repudio sociales serán los criterios que nos lleven a favorecer ciertas conductas y a sancionar otras”[1], nos explica García-Huidobro, quien tienen una posición crítica respecto a esta postura.  

En otras palabras, se interpela la democracia, que se identifica con las elecciones, porque en las elecciones se podría decidir libremente acerca de todo. Y quien detenta el poder, por haber sido elegido, puede decidir acerca de cualquier cosa, puede adoptar nuevas medidas, cambiar la legislación a su antojo. En otras palabras, legitimación electoral equivale a legitimación democrática, puesto que democracia y elecciones se aceptan como sinónimos.

Esta forma de entender la democracia es, por lo menos, arcaica. Puede ser la manera en que se entendía a comienzos del siglo 18, al iniciarse la Revolución Francesa. Pero sostener, en el siglo 21, que quien gana las elecciones puede hacer todo lo que quiera, es al menos infantil. Cuál no sería miy sorpresa, al constatar que hoy, sectores de extrema derecha, siguen creyéndolo.

En otras palabras, la misma crítica que ellos hacen a la democracia, es lo que ellos entienden por democracia. Así es muy fácil: construyo un edificio que se va a caer y después critico a los constructores de edificios porque no saben construir.

La ciencia jurídica, la ciencia política y los pueblos, las sociedades han avanzado bastante desde 1789 y hoy hablamos de derechos de las minorías, de cláusulas pétreas o eternas en las constituciones estatales. O de orden fundamental de libertad y democracia, como hace la constitución alemana de 1949.

Asismismo, hoy en día, existe un entramado de tratados internacionales que protegen, por ej. los derechos fundamentales, el respeto a la división de poderes, los mecanismos de protección de los derechos políticos, etc., acuerdos que todo estado firmante debe respetar aunque cambie el gobierno.

Desde después de la II Guerra Mundial hablamos en el mundo de democracia valórica (y no relativista), de democracia militante[2] y hasta de democracia combativa[3], en el sentido, que “combate” a sus enemigos, se defiende de sus ataques, no permanece inerme ante ellos. Esta concepción “implica un reconocimiento a ciertos valores fundamentales para la existencia y subsistencia de la democracia, a los cuales adhiere o milita en forma irrestricta, tomándose las medidas de seguridad para impedir su destrucción”[4].

Se trata de no dar a los enemigos de la democracia, la posibilidad “legal” de destruirla[5]. Ellos no pueden carcomerla desde dentro, aprovechándose de una cierta impotencia, desvalimiento o falta de recursos para defenderse. Insisto: la democracia no puede ser un sistema neutro de reglamentación de la génesis y distribución del poder, que carece de elementos esenciales e inmodificables que, por lo demás, permiten su subsistencia como tal[6].

Ahora bien, esta forma de ver la democracia como un procedimiento formal y vacío de contenido es lo que da pie para criticarla, precisamente a quienes no le tienen demasiado aprecio… Esta misma forma de mirarla, presa de la misma mentalidad diciochesca que profesan o más bien que critican sus críticos, es la que ha renacido hoy en día en sectores más bien anti-democráticos o que no sienten cariño alguno por lo que ellos despectivamente llaman “democracia liberal”. Incluso, ellos se han empezado a llamar a sí mismos “iliberales”.

Así, los partidarios de una democracia iliberal -que parece ser una nueva manera de llamar a la pseuso-democracia dirigida o controlada por una camarilla, sea de izquierda o de derecha- parece que ellos mismos están cautivados por el concepto de democracia como sinónimo de elección, al cabo de la cual, quienes hayan ganado pueden hacer lo que quieran.  

El periodista polaco Bartosz Wielinski explicaba -en una entrevista de la semana pasada- lo que el partido actualmente en el poder en Polonia (parte del bloque de los “iliberales”), que lleva la significativa y equívoca denominación “Derecho y Justicia”[7], entiende por democracia y qué consecuencias se derivan de ello:

“El partido entiende la democracia como el resultado electoral. Piensan que si son elegidos por el pueblo, si tienen una mayoría –ellos tienen la mayoría en el Parlamento, pese a haber obtenido sólo el 37% de los votos–. Pero ellos lo entienden así: si tienen una mayoría entonces pueden hacer cualquier cosa en el Parlamento. Pueden pasar a llevar las normas parlamentarias, abusar de ellas. Pueden limitar la independencia del Poder Judicial. Sencillamente, pueden hacer todo lo que quieran. Esta es una comprensión curiosa y extraña de la democracia”[8].

Sí, la democracia se identifica con la elección y la elección -y por tanto, la misma democracia- no es más que un mecanismo vacío de contenido. Si gano la elección -cualquiera que sea el resultado formal, el porcentaje que obtengo en el “proceso eleccionario”, puedo hacer todo lo que quiera dentro del país, dentro del estado, “remodelarlo” a mi gusto. Total, tengo la legitimidad democrática que me da haber ganado la elección.

En otras palabras, los mismos grupos que criticaban la democracia como un mecanismo formal y vacío, hoy han adoptado tan en serio la falsa definición de democracia que ellos mismos daban, que cuando llegan el poder, la utilizan como si fuera verdadera, pero para sus propios fines. Como si una elección, les diera poder absoluto…

No sólo critican a quienes construyen un falso edificio, sino que se instalan en el falso edificio a vivir dentro de él, no cuidándolo, sino que todos los días, botan una de sus murallas, empiezan por los muros interiores, de arriba a abajo, para terminar -ese es su verdadero objetivo- destruyéndolo completamente. Prefiero construir un edificio asísmico.


[1] Joaquín García-Huidobro, “Tentación del poder. Expresión política de las creencias religiosas”, Editorial Andrés Bello, 1a. edición, Santiago 1986, pág. 72. Me regalas un ❤ en Instagram?

[2] Militant democracy, según Karl Loewenstein en su obra de 1937, citado por Salzborn, pág. 192.

[3] Streitbare Demokratie.

[4] Para saber cómo es el tema en Alemania, recomiendo darse una vuelta por El Orden fundamental de libertad y democracia

[5] Samuel Salzborn, “Angriff der Antidemokraten. Die völkische Rebellion der Neuen Rechten”, Beltz Juventa, Berna 2017, pág. 192.

[6] Ver opinión de Gerhard Anschütz, en El Orden fundamental de libertad y democracia

[8] “Die PiS versteht Demokratie rein als ein Wahlergebnis. Sie glauben, wenn sie vom Volk gewählt werden, wenn sie eine Mehrheit haben – sie haben die Mehrheit im Parlament, trotz sie nur 37 Prozent der Stimmen bekommen haben -, aber sie verstehen das so, wenn sie eine Mehrheit haben, dann können sie alles durchsetzen im Parlament. Sie können die Spielregeln im Parlament missbrauchen. Sie können die Justizunabhängigkeit beschränken. Sie können einfach alles. Das ist wirklich ein skurriles, kurioses Verständnis der Demokratie. Und jetzt versuchen sie, die Leute davon zu überzeugen, dass das, was in den Gerichten geschah, sehr falsch war, korrupt war, und somit muss es eine Säuberung geben. Die Gerichte müssen gereinigt werden”. En Geplante Justizreform “Das Justizwesen in Polen wird gleichgeschaltet”, la traducción es mía. 

Dawkins, Stein y Francisco

Una amiga mía me contó que los hijos de una amiga suya, le habían contado jocosamente que estaban feliz de que su mamá no fuera musulmana, “porque de serlo, ya se habría hecho volar por los aires con un cinturón explosivo”. Como conozco a la familia, no me puedo reir.

Hannes Stein, en una editorial de Die Welt de estos días, se pregunta si tal vez Dawkins tiene razón, cuando sostiene que la religión es una fuerza maligna, ideada por personas mentalmente enfermas[1]. Aunque el zóologo y ex-militante ateo británico hoy sólo agnóstico[2] (algunos lo llaman el “gran exorcista”) habla de la religión como un virus (esto me recuerda a Carlos Marx y su opio), me parece que más que nada, está desilusionado de Dios, como indica -por otra parte- el nombre original de su libro: “The God Delusion”.  

Claro, no es raro que estemos desilusionados de Dios, por todo lo que pasa en el mundo. El grito ¡Dónde estaba Dios en Auschwitz! resuena en nuestros oídos. Yo escucho también la respuesta: ¡Dónde estaba el hombre en Auschwitz! Y hoy: dónde estamos nosotros hoy cuando cientos de personas mueren en el Mediterráneo, en Yemen, en Myanmnar… ¿Dónde está Dawkins hoy? ¿Habrá hablado ya de los muertos en el mar que huyen de la guerra y de la pobreza extrema, como ha hecho Francisco? ¿Habrá visitado ya campos de refugiados sirios, como ha hecho Francisco? ¿Será necesario o suficiente prohibir las religiones para acabar con las guerras?[3]

La amiga de mi amiga empezó bien, queriendo ser una buena cristiana; pero, con el tiempo, se radicalizó[4]. Y lo hizo de la mano de temas que no son propios de la fe, sino más bien de la cultura, de temas “opinables”. Malas influencias ¿tal vez? Pero todos nos hemos visto a “malas influencias” -también a otras buenas- y no nos hemos radicalizado. Tenemos la libertad para decir que no y tomar nuestras propias decisiones

Me sorprende la cantidad de gente otrora razonable que se ha radicalizado[5] durante los últimos años. Y no me refiero a musulmanes, sino a ateos y a cristianos (incluso a “buenos cristianos”) y a gente que antaño podría haber sido calificada simplemente de conservadora o incluso de liberal-conservadora, un término muy popular a fines de la Guerra Fría y también un poco después. ¿Cómo se ha llegado a esto que vemos en el llamado primer mundo?

Quienes tenemos alguna fe decimos que las religiones siembran la paz. Incluso que el término Islam significa paz. Pero curiosamente, algunos -no todos- de los crímenes, de los genocidios más grandes de la humanidad se han cometido o en nombre de una religión o precisamente en contra de una religión. Y esto, desde las Cruzadas o mucho antes, hasta el actual genocidio de budistas contra los musulmanes Rohinya en Myanmar, pasando por la limpieza racial de serbios cristianos ortodoxos contra musulmanes en la década de 1990, para no mencionar los seis millones de judíos asesinados por alemanes antes y durante la Segunda Guerra… La lista es muy larga.

¿Puede ser la respuesta la supresión de la religión? ¿Será necesaria una ley que prohíba la religión? Como la que plantée en mi columna La ley que prohíbe la religión en Europa. Sin duda, esta no sería la solución. Prohibir la religión sería caer en el mismo fanatismo de los fanáticos religiosos que pretenden totalizar su libertad[6], que creen que “mi libertad” tiene que ser total y a mi pinta y todos tienen que bailar con mi música. Sí, defender la libertad supone defender no sólo mi libertad, sinio también la tuya[7].

La respuesta, la solución a las guerras de religión de la temprana edad moderna es la separación entre la Iglesia y el estado, explica Hannes Stein[8]. Este es un proceso que se inició en el Norte de Europa, luego de la Guerra de los Treinta Años, es cierto que con ella no se terminaron las guerras europeas; pero al menos, desapareció una de sus causas o al menos una de sus excusas.

No obstante, la relación entre lo religioso y lo político en la sociedad va mucho más allá de la relación iglesia-estado[9]. “El elemento religioso nunca debe confundirse con el político. Confundir el poder espiritual con el poder temporal significa someterse uno al otro”[10]. Estamos ante una especie de clericalismo, en que un grupo de laicos se une ecuménicamente y se autoconstituye en mentor intelectual de un movimiento político que dice representar al cristianismo. Yo estoy a favor de respetar irrestrictamente la autonomía de lo político.

Hoy, católicos y protestantes viven puerta a puerta y no se les ocurriría matarse unos a otros por haber sido bautizados en diferentes iglesias[11]. Paulatinamente, durante los siglos XVIII y XIX, los beneficios de una convivencia pacífica se expandieron también a los judíos europeos (y americanos) y a los pocos musulmanes que vivían en estas latitudes (en Polonia y Austria-Hungría, por ej.).

Si este mismo proceso -iniciado por cristianos noreuropeos en países con diversidad confesional- se expandiera a países de África y de Asia, habríamos ganado mucho. Habríamos dado muchos pasos hacia adelante. Siempre hay gente -también en el primer mundo- que quiere volver a la época de las Cruzadas. Lo que tenemos que combatir con todas nuestras fuerzas es un retorno al pasado de divisiones religiosas. Me temo que estamos frente a un enorme peligro latente. Una gran responsabilidad recae sobre nuestros hombros.


[1] Editorial de Die Welt, 24.10.2017, página 3. Online: Religiöser Wahn

[2] Hay que decir, por otra parte que Dawkins no rechaza de plano la existencia de Dios, sólo considera  como muy baja la posibilidad de su existencia. Ver de Alan Posener: Besonders bei Katholiken bin ich skeptisch, en Die Welt de 16.09.2007.

[4] Hace años, en un encuentro con ella, me retó y gritó en público, porque me atreví a defender a la mujer que trabaja fuera de la casa, lo que ella no aceptaba. Según ella, las mujeres deben quedarse en casa cuidando a sus niños.

[6] “…una forma particular de proclamación de la defensa de la “libertad religiosa”. La erosión de la libertad religiosa es claramente una grave amenaza dentro de un secularismo en expansión. Pero debemos evitar que su defensa se presente en los términos fundamentalistas de una “religión en total libertad”, percibida como un desafío virtual directo a la laicidad del estado”. En EVANGELICAL FUNDAMENTALISM AND CATHOLIC INTEGRALISM: A SURPRISING ECUMENISM 

[7] Me temo que el proceso mental es más o menos el descrito por el periodista polaco “Das Justizwesen in Polen wird gleichgeschaltet” en entrevista con la radio alemana DLF: “Die PiS versteht Demokratie rein als ein Wahlergebnis. Sie glauben, wenn sie vom Volk gewählt werden, wenn sie eine Mehrheit haben – sie haben die Mehrheit im Parlament, trotz sie nur 37 Prozent der Stimmen bekommen haben -, aber sie verstehen das so, wenn sie eine Mehrheit haben, dann können sie alles durchsetzen im Parlament. Sie können die Spielregeln im Parlament missbrauchen. Sie können die Justizunabhängigkeit beschränken. Sie können einfach alles. Das ist wirklich ein skurriles, kurioses Verständnis der Demokratie. Und jetzt versuchen sie, die Leute davon zu überzeugen, dass das, was in den Gerichten geschah, sehr falsch war, korrupt war, und somit muss es eine Säuberung geben. Die Gerichte müssen gereinigt werden”.

[8] Editorial de Die Welt, 24.10.2017, página 3. Online: Religiöser Wahn

[9] Joaquín García-Huidobro, “Tentación del poder”, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1986, pág. 75 y otras muchas páginas.

Defendamos nuestra civilización o al menos sus cuatro fines, según Popper

Para el ascenso de la la Alternativa para Alemania (AfD[1]) y para su ingreso al Parlamento alemán no hay una sola causa, sino muchas. Es más, para nada hay una sola causa, muy por el contrario, nuestro mundo es multicausal. El gran error de los conspiranoicos[2] -los que creen en teorías de la conspiración- es pensar, con una fe cuasi-religiosa, que los acontecimientos tienen una sola causa. Y una que sólo ellos conocen, con lo que están en ventaja sobre todos nosotros[3], pobres mortales ignorantes.

De partida, hay que aclarar que sólo un escaso 13% de la población de Alemania votó por la AfD. El 87% no votó por ella. La AfD no es “el pueblo”, como ellos vociferan en sus manifestaciones públicas, en las de sus aliados de Pegida y en las redes sociales. Desde hace décadas, el potencial del voto de extrema derecha oscila entre el 10 y el 15%, así que el 13% del 2017 no me sorprende. Sí, me sorprende el 27% que obtuvo la AfD en Sajonia 😦 Parece que Sachsen y otros nuevos Länder[4] sí tienen un problema. Para solucionar un problema, para superar una dificultad, primero hay que reconocer que existe.

A diferencia de lo que ocurre en otros países de Europa, en Alemania este 10 a 15% que adhiere a una ideología extrema, históricamente no ha votado por un partido de esa tendencia, sino que lo ha hecho por otras colectividades políticas tradicionales[5], puesto que se considera que un voto entregado a estos partidos es un “voto perdido” y es preferible influir en otros partidos.

Un reciente estudio de la Fundación Bertelsmann[6] muestra que, en las últimas elecciones de Parlamento federal en septiembre pasado, “la AfD logró movilizar a los no-votantes en circunscripciones electorales socialmente precarias”. Esto es, en sectores marginales (pobres), generalmente reacios a acudir a las urnas. Que la AfD haya motivado a votar a una cantidad significativa de personas se denomina “efecto AfD”.

(De acuerdo al estudio, el porcentaje de gente del sector socialmente más bajo que votó por la AfD llega a un alarmante 28%, el más alto de todos los sectores sociales, en tanto que quienes no votaron por la AfD alcanzó un 63%).

Otro de los resultados del estudio de la Fundación Bertelsmann es que dos terceras partes de los electores de la AfD son contrarios a la modernización. En consecuencia, se puede decir que ha surgido una nueva línea de conflicto en el electorado alemán: una línea que lo divide entre los escépticos frente a la modernización y los partidarios de la misma.

Quienes se inclinan en contra de la modernización y más bien toman partido por volver al pasado, se enfrentan al mundo actual, al progreso, al cambio, a la tecnología. Por el contrario, en todos los otros partidos (llamados tradicionales) predominan quienes prefieren avanzar[7] y no quedarse rezagados frente al desarrollo mundial.

En ningún caso estamos frente a un rompimiento violento, sino a una lenta evolución, a un reconocer que, los desafíos actuales son distintos a los de hace treinta, cincuenta o más años, y a aceptarlos. Me refiero a desafíos a los que se enfrenta Alemania, tales como la globalización, la inmigración, el libre comercio, la defensa militar europea (después de las advertencias de Trump), el euro, nuevas formas de ver la familia, nueva posición de la mujer en la sociedad, debate sobre el sexismo, el desconectar los reactores nucleares, una posición firme frente a Rusia y muchos otros temas.

Quienes se oponen a la vida moderna, a la forma de mirar y de sentir de nuestra sociedad son reacios a cambiar un ápice de su vida. Parece que desean que las cosas -tanto a nivel personal como social-  sigan igual o incluso que vuelvan a ser como antes. Plantean mantener el status quo, lo que, en el fondo, supone y conlleva no ceder ni en sus privilegios, ni en sus derechos adquiridos.

Sí, temen que vengan advenedizos y les quiten su posición social, tienen algo así como un miedo insano a caer en la escala social. En este sentido, tenemos que ver el rechazo a los refugiados y a los extranjeros en general a quienes ven como una eventual competencia (para ellos, algo muy real), a nivel social, laboral, estudiantil y de todo tipo. Los ven como un peligro. Pienso incluso en el arcaico reflejo de acusar a los extranjeros de “quitarnos a las mujeres”.

Entre las ideas pro-modernas se cuentan la igualdad entre hombres y mujeres (que incluye el trabajo de la mujer fuera de la casa[8]), la diversidad étnica y la multiculturalidad, el matrimonio homosexual, los colegios que duran todo el día (y no sólo durante la mañana), las guarderías infantiles, el término definitivo del servicio militar obligatorio, la Reforma de Bologna (que cambió el sistema universitario en toda Europa), los curricula vitae sin foto, la cuota femenina en las grandes empresas, hacer de la sociedad, una sociedad menos jerárquica y más igualitaria… y un gran etcétera.

Siempre me ha dado la impresión que hay demasiada gente que se aferra al pasado y le gustaría vivir eternamente en la década de 1950[9], tal vez porque es la época del “milagro económico alemán”. Esto, incluso en lo que relativo a las nuevas tecnologías, igualmente rechazadas… Salvo en lo que se refiere a Facebook, inicialmente mirado con gran recelo; pero que después se convirtió en el aglutinador de las personas con ideas antimodernas que, de otra forma, no se habrían encontrado nunca[10].

Cada uno, cada una habría seguido viviendo en su pueblo, encerrado en su pequeño mundo; pero internet -y especialmente Facebook- posibilitó su encuentro virtual y la organización de sus primeros encuentros en el mundo análogo[11]. Hasta ahora, el medio preferido para dar a conocer sus declaraciones públicas, es Facebook. Esto, probablemente cambiará ahora que tienen las vías de comunicación parlamentarias a su disposición.

El miedo a la modernización incluye o es consecuencia o bien causa del temor a la globalización[12], vista como un aspecto de lo que algunos llaman universalismo, que es igualmente combatido, como si fuera una gran amenaza para la población de Alemania. La Unión Europea, la OTAN son instituciones multinacionales o “universales” que, por eso mismo son miradas con recelo o bien claramente combatidas.

Todo esto me recuerda la tesis que Popper plantea en “La sociedad abierta y sus enemigos”[13]. Ya en la introducción[14], el autor se refiere a la transición (Übergang) de la sociedad tribal o cerrada hacia la sociedad abierta. Esto es, el paso desde una sociedad basada en la familia (Stammesgesellschaft), en la etnia, en la tribu en sentido amplio, en la ascendencia, en “la sangre” o en “los genes”, hacia una sociedad abierta. La sociedad abierta es, sin duda, una sociedad más más avanzada[15], más moderna. Popper la llama sociedad abierta, denominación muy clara y apropiada que es, en sí un proyecto y conlleva un programa.

Popper explica que el shock producido por la transición de la sociedad tribal a la sociedad abierta es uno de los factores que contribuyen al auge de movimientos reaccionarios que trabajan para lograr el regreso a la unidad o a la uniformidad de la sociedad cerrada, esto es, a las ataduras existentes con anterioridad entre los miembros de una sociedad, ataduras basadas en la pertenencia a una etnia[16]. Es lo que vemos hoy, entre los grupos tipo AfD, cuando basan sus slogans en un rechazo a los refugiados en particular y a los extranjeros en general.

Cuando impugnan todo lo externo, incluso la cultura que no sea la supuestamente propia. Hay que aclarar eso sí que, dado que el término “raza” ha caído hoy en desprestigio, es reemplazado hoy por el de “cultura”[17]. (Este rechazo no se dirige solamente en contra de una cultura árabe, musulmana o norafricana. Conozco gente que no escucha ni siquiera música norteamericana, ni usa jeans, ni ve películas de Hollywood. Conozco a un padre que cortó completamente el contacto con su hija porque ella se casó con un chino).

Para mí, esto que ocurre hoy día en Alemania y otros países del primer mundo (pienso en el tea party y en Trump; pienso también en Polonia y en Hungría e incluso en Rusia, aunque no sea parte del primer mundo), en que grupos reaccionarios se aferran con uñas y garras al pasado o a lo que ellos glorifican como pasado, ya que es más bien un “pasado inventado”. A esa arcadia o edad de oro que probablemente no haya existido jamás. En el fondo, se autoproclaman como “la voz del pasado”, sin pensar que lo más seguro es que el pasado no nos hablaría como ellos hacen, sino con una voz y con palabras muy pero muy diferentes[18] [19].

Así pues una imaginada edad de oro pretérita reemplaza la esperanza en un mejoramiento de la sociedad. Se abandona el mito del progreso indefenido que -hay que reconocerlo- era un poco ingenuo. Y nos llenanos de pesimismo cultural de la mano de quienes aman el pasado y son super pesimistas frente al futuro. Desconfianza en el futuro, rechazo a nuestro tiempo y una melancolía que los lleva a añorar aquellos gloriosos tiempos que no volverán. Esto es lo que los caracteriza, lo que subyace en su pensamiento y actuaciones, aunque no siempre lo reconozcan abiertamente.

Popper explica que las fuerzas reaccionarias, en su intento de volver al pasado, tratan de provocar una caída (Sturz) de la civilización… de nuestra civilización que se encuentra recién en sus comienzos y que se desarrollará en pos de sus cuatro fines u objetivos esenciales, a saber: a saber: humanidad, racionalidad, igualdad y libertad[20].

Sí, Karl Popper es un filósofo de la postguerra y uno de los pensadores que más ha contribuído a la democratización de las sociedades occidentales y tal vez no-occidentales (los límites de Occidente son difusos, dependiento del punto de vista del observador[21]) durante la segunda mitad del siglo 20. Sus cuatro elementos guía o fines de nuestra sociedad son hoy -a diferencia de lo que ocurría antes de la II Guerra- ampliamente aceptados, al menos de palabra.

En las relativamente jóvenes democracias liberales de la postguerra, observó Popper el surgimiento de grupos que se negaban a seguir este camino de humanidad, racionalidad, igualdad y libertad, en otras palabras: de civilización. Grupos totalitarios, que pertenecen a una tradición que es tan antigua o tan nueva como nuestra misma civilización, escribe el influyente filósofo liberal.

No, los totalitarismos no se acaban de la noche a la mañana, requieren esfuerzo y sobre todo, mucha, mucha paciencia. Hay que estar atentos, ya que muchas veces, están entrelazados con grupos pseudoliberales[22], con quienes se mezclan, se esconden, se mimetizan, se disfrazan, según lo que más les convenga.

Hay un grupo en Facebook que se llama “Sé amable con la AfD”[23]. Sé amable aunque cueste, porque es la única alternativa. (Aunque hay que elegir bien el momento, supongo que no se puede hablar con alguien que ejecuta in fraganti un acto de violencia). No podemos caer en el mismo juego de los enemigos de nuestra sociedad. No podemos comenzar a odiar a quienes no piensan como nosotros -es lo que hacen ellos- ni podemos caer en su juego de animadversión schmittiana frente al rival político.

El rival político no es un enemigo. Es sólo un rival político; puede ser mi amigo en otras cosas, en otros planos de la vida: puede ser que le guste el mismo equipo de basquetbol o que le guste el pescado frito o las películas de Star Wars. En el juego democrático de las ideas, el contendiente es un rival político y nada más, no un enemigo al que hay que aniquilar[24].

La arcaica mentalidad del amigo y enemigo -que se extiende por todo el pensamiento de Carl Schmitt, uno de los autores preferidos de la nueva derecha europea[25]– “ha sido deletérea y ha traído y sigue trayendo, grandes males a las relaciones internacionales, a la política interna de un país o de una región del mundo. Y, me atrevería a decir, que también a las relaciones interpersonales”[26]. No, no hay un “enemigo total”, sólo hay personas que ven las cosas distinto a nosotros[27]. El límite de la aceptación de sus ideas es la dignidad humana que, bajo ninguna circunstancia, puede ser pasada a llevar.

En suma, siempre habrá grupos reaccionarios dentro de la sociedad. Su misma existencia nos indica que vamos por buen camino. En algunos países, estos sectores son más grandes que en otros. Lo importante es que no se conviertan en mayoría, no podemos permitir que “los enemigos de la sociedad abierta se apoderen del estado, acaben con la sociedad civil y conculquen los derechos fundamentales de sus ciudadanos”[28]. Su presencia es un aguijón que permanentemente nos advierte que no podemos ceder en los fundamentos de nuestra civilización. Popper nos señala nuestros fines: humanidad, racionalidad, igualdad y libertad.


[1] Alternative für Deutschland.

[2] Cortos pensamientos de 2015 sobre el tema: Arrogancia de los iluminados conspiranoicos

[3] Ver mi antiguo artículo (de 2007) Wolfgang Wippermann: el eje del mal

[4] Se llaman “nuevos Länder” a las regiones que formaban parte de la República democrática alemana o “Alemania comunista”, como le llamaba mi tía abuela.

[5] Cfr ¿Una pelea de familia? Ver nota 10

[7] Según el estudio, el 52% de los partidarios de la democracia cristiana / unión social cristiana están a favor de la modernización. Así como un 56% de los social demócratas y un 59% de los liberales. Un 62% de los partidarios del Partido de Izquierda (aunque esto me cuesta creerlo) y un 72% de los Verdes.

[8] Aunque parece increíble, es un tema que aún se discute en Alemania…

[9] La primera persona que me habló de quienes desean vivir en el pasado, concretamente en la década de 1950, fue Jutta Burggraf. Y lo hizo como una crítica, especialmente, a sectores cristianos conservadores en Alemania.

[10] En alemán, se llama a la AfD un “Facebookpartei”, un “partido de Facebook”. Se hace ver el paralelo con los Verdes de antaño que, se considera que surgió gracias a que sus iniciadores se comunicaban por fax, la tecnología de punta de entonces.

[11] Sobre sus inicios, recomiendo leer el excelente los capítulos correspondientes del libro del periodista del FAZ, Justus Bender “Was will die AfD?”, Pantheon, 2017, München.

[12] Como en muchos otros aspectos, la extrema derecha y la extrema izquierda se hallan unidas en el miedo a la globalización y a su consiguiente rechazo.

[13] Karl Popper, Die Offene Gesellschaft und ihre Feinde, Tomo I, Editorial Francke, Berna, München.

[14] Págs. 22 y siguientes.

[15] El estado nacional no es una continuación de la familia nuclear de mayores dimensiones, como se escucha de vez en cuando… La sociedad civil, la ciudad, el estado, la república, la nación es muchísimo más que una gran familia. Sus lazos son de una entidad totalmente diferente a los lazos que unen a una familia, a una tribu o a una etnia. La autoridad de quienes dirigen la sociedad no es la autoridad de un pater familias, esa me parece una arcaica visión de la organización social.

[16] Sin duda, esto es algo que Popper vivió en carne propia, como judío de Viena, de debió huir del nacional socialismo, de una ideología deletérea que predicaba el retorno a la unidad étnica inicial y la depuración de elementos que ellos consideraban foráneos. A mi modo de ver, el nacional socialismo fue una ideología de la sociedad estamental en grado extremo.

[19] Cfr Clemens Schneider explica, en Der Liberale ist ein Hoffender (El liberal es una persona que tiene esperanza, podríamos traducir libremente el título del artículo de Schneider) que, en la película Psicosis, de Hitchcock, lleva consigo el cadáver momificado de su mamá a la que, incluso da su voz para poder conservar así el pasado. La mamá de Bates no tiene una chispa de vida, tampoco es un ser con existencia propia. El pasado, del cual hablan y escriben los temerosos conservadores no es otra cosa que una momia sin vida y sin existencia, a la que el conservador da su voz. Ver Los conservadores de hoy, enemigos de la sociedad abierta

[20] Págs 22 y siguientes de la obra citada.

[21] Así, en Europa, Latinoamérica no es parte de Occidente. Lo que sería un gran agravio para muchos latinoamericanos.

Se dice que Chile es el país más “occidentalizado” de Latinoamérica (sin ser parte de Occidente), al menos es lo que piensa el historiador alemán Heinrich August Winkler, uno de los mayores estudiosos del concepto de Occidente de la actualidad.

[24] Cfr. La crítica y el progreso en “La sociedad abierta” de Karl Popper “El adversario político tiene que ser eso, un rival y nunca un enemigo”, nota número 8 de mi columna citada en esta nota.

[25] Recomiendo la obra magistral de Samuel Salzborn, “Angriff der Antidemokraten”, Beltz Juventa, Berna Suiza, 2017, especialmente el tercer capítulo dedicado a Carl Schmitt.

[27] Incluso no hay que olvidar que “en una democracia, la oposición es imprescindible”, ver  La crítica y el progreso en “La sociedad abierta” de Karl Popper

El nuevo orden en el derecho internacional, según Carl Schmitt

En la columna El nuevo orden según Carl Schmitt[1], me preguntaba a cómo sería el nuevo sistema político si los nazis hubieran ganado la guerra. Cómo habría sido el orden estatal interno, el derecho constitucional de un estado regido por los principios del nacional socialismo.

Después de leer el “librito” de Carl Schmitt, “Völkerrechtliche Großraumordnung”[2], me parece que entiendo cómo sería hoy el derecho internacional si los nacional socialistas hubieran ganado la guerra. Aunque, más que de derecho internacional, sería más apropiado hablar de derecho de los grandes espacios o Grossräume. En realidad, el derecho de los estados nacionales habría sido reemplazado por un derecho de las “potencias”, encargadas de decidir acerca del destino de un sinnúmero de países, de protectorados y de ex-países.

Reich y Raum… Reino y espacio son los elementos fundamentales sobre los que se construirá el nuevo derecho internacional, adelanta el autor. Sí, esta es la esencia del nuevo derecho internacional schmittiano[3]. Bernd Rüthers -uno de los mayores conocedores de Carl Schmitt en Alemania- habla del Großraum o gran espacio como el elemento dominante de la futura teoría del derecho internacional[4] o derecho de los pueblos.

De partida, en alemán, lo que en castellano denominamos derecho internacional, se llama Völkerrecht o “derecho de los pueblos”. Esta no es una distinción sin importancia. En lo que podríamos llamar la introducción[5] de su libro, Schmitt hace ver que Völkerrecht viene de Volk, o sea de pueblo, en sentido étnico. Cada pueblo, esto es, cada grupo étnico, tendría un “espacio territorial”. Para eso existe un Raumordnung, esto es, un orden de los espacios territoriales. En la teoría de la época, cada pueblo (en)cerrado sobre sí mismo, desarrolla en ese espacio su propia “cultura”, sin injerencia extranjera.

Más allá del concepto abstracto de estado, imperante al desarrollar sus ideas sobre el nuevo orden mundial, nuestro autor se refiere al concepto de Großraum, como principio del derecho internacional. A él está dedicada su obra “Völkerrechtliche Großraumordnung”, objeto de este artículo. Para Schmitt, sujeto del derecho internacional no es… no son las naciones, sino que es el Großraum, el gran espacio. Su teoría del derecho internacional es pues un intento de centrar la atención en los Großräume o grandes espacios.

Antes que nada, Schmitt nos dice lo que no es un Großraum. Un Großraum no está delimitado por fronteras naturales[6], ni tampoco es expresión de la teoría del equilibrio entre los estados[7]. (Ni de la teoría francesa del espacio vital[8], puedo agregar). Nos explica que la teoría de las fronteras naturales sirvió a Francia como fundamento de su política expansionista[9]; sin embargo, algunos aspectos de esa tesis, cobran nueva luz -dice Schmitt- en la línea de la “ciencia geopolítica” de Karl Haushofer[10].

La mención que Schmitt hace de Karl Haushofer es una mención de carácter positivo. Y esto no deja de ser significativo, puesto que Haushofer es uno de los cuatro autores principales en que se basaron los nazis para elaborar su teoría del Lebensraum o espacio vital. Los otros son Friedrich Ratzel, Alfred Rosenberg y el propio Carl Schmitt[11]. Hay que dejar en claro que el Großraum -como fundamento del nuevo derecho internacional- no es el Lebensraum del nacional socialismo, si bien, las ideas de Schmitt -y también las de Haushofer- fueron tomadas por el nazismo para edificar sobre ellas su deletérea doctrina geopolítica donde el espacio vital tuvo gran importancia.

La teoría de las fronteras naturales sería eminentemente geopolítica y geográfica y por tanto, propia del estado[12], pero inapropiada para un Großraum. De ella se pasa fácilmente a la teoría de lo que el italiano Valli denomina “el derecho de los pueblos a la tierra” o “derecho demográfico”. Este derecho puede explicar la exigencia de territorio para un pueblo cuya demografía aumenta -si se me permite traducir así-; pero no es un principio de derecho internacional en que se pueda basar el gran espacio, aclara Schmitt[13].

En su rebuscado lenguaje, Schmitt define el Großraum o gran espacio como el ámbito de la planificación, organización y actividad humanas, que nace de una tendencia actual de desarrollo que lo abarca todo. Es, “para nosotros” (“für uns”), sobre todo un espacio de poder/rendimiento/producción -o como quieran traducir Leistung- que está conectado/unido/conexo[14]Schmitt usa frases alambicadas, rebuscadas e ininteligibles. No sé si para mostrar superioridad o erudición o las dos cosas. 

Junto al concepto de Großraum, en derecho internacional, hay que considerar el de Reich, esto es, de Reino. Reino es una potencia guía o líder, esto es, que dirige y sostiene a los estados o pueblos dentro de su gran espacio. Las ideas políticas del Reino “irradian” (strahlen) dentro del Großraum. Sin embargo, este último y el Reich no son idénticos. Así como Argentina o Brasil no son parte de los Estados Unidos[15], explica Schmitt, quien dedica un capítulo entero a la llamada doctrina Monroe, como un precedente para justificar su teoría del Großraum[16]. En su análisis, Estados Unidos sería una especie de Reino y América sería su Großraum.  

Dentro del gran espacio, el reino tiene el derecho a intervenir. Al mismo tiempo, impera el principio de no intervención frente a potencias que no pertenecen a ese Großraum (raumfremde Mächte)[17]. Tal como las ideas políticas del reino irradian dentro de su gran espacio, así las ideas políticas de una potencia ajena al Großraum no pueden “irradiar” dentro de un gran espacio que no es el propio[18]. En la práctica, basándose en esta doctrina, habría resultado muy fácil impedir que las ideas de democracia, de liberalismo, de representación política y de libre mercado “irradiaran” hacia Europa.

De acuerdo a este nuevo orden de los grandes espacios y después de que los reinos se hayan dividido la tierra de una manera razonable (sinnvoll), el principio de no intervención desplegará su eficacia ordenadora en el nuevo derecho mundial[19]. Hannes Stein dice acertadamente que estas ideas suenan como sacadas de una película de ciencia ficción. Él se imagina a Tom Cruise que apunta a un alien con una pistola y le advierte que “A partir de aquí, impera para las potencias extranjeras la prohibición de intervención”[20].

Pese a que lo usa y titula así su librito, Schmitt no está conforme con el término Großraum. Aclara que un Reich no es un estado más grande que los demás, como tampoco el Großraum es un espacio pequeño que ha sido agrandado[21]. Adelanta que, cuando el mundo esté repartido entre los grandes espacios, entonces probablemente, se dará al Großraum un nuevo nombre[22]. Porque el Groß Raum no es un gran espacio, en comparación con un espacio pequeño[23], como un país. El Großraum es algo mucho más que eso. Schmitt se vuelve, en este punto, más bien esotérico.

Dice que el concepto de espacio es originalmente técnico, industrial, matemático[24]. Esto ya lo había adelantado en la introducción[25]. Pero él quiere referirse al concepto jurídico de gran espacio -no como simple territorio en que se organiza el derecho[26]– sino que es algo que va más allá, casi místico, diría yo.

A veces se quiere presentar a Schmitt como un representante de la realpolitik, nada más equivocado. Las ideas que el autor expone no son una fría y desgarradora, pero sincera descripción de la realidad. Él no es un nuevo Maquiavelo que explica y analiza lo que ve, sin fijarse en lo que debería ser o sin importarle el political correctness[27]. Él no constata que algo es así, no se adelante a los hechos, no aventura a decirnos lo que él cree que va a pasar, lo que debería ser, lo que será, y él lo encuentra bueno. Sus elucubraciones acerca del Großraum están muy lejos de ser un ejercicio de prospectiva, son el modelo de orden que él nos propone y cree que ya se ha empezado a realizar.

No, lo que él describe en su libro y en otras conferencias que dió sobre el tema antes y después de la publicación de Völkerrechtliche Großraumordnung, es lo que él vaticina que pasará en el mundo, cuando los Reinos se lo hayan repartido e imperen sobre sus respectivos espacios. Lograr este nuevo orden del derecho internacional no es para él algo indiferente, sino este nuevo orden es lo que él considera justo, correcto, a lo que él aspira y lo que, en suma, traerá la paz definitiva… la paz como él la ve.

La suya es una proposición para el futuro, un futuro que empezaba ya a realizarse. Un nuevo orden mundial, que había comenzado inmediatamente antes de la publicación de su obra -en abril de 1939[28]–  cuando Alemania nazi anexó Austria (marzo de 1938) y después, los llamados “Sudetes” (octubre de 1938), invadió Checoslovaquia (marzo de 1939) y después Memel (marzo de 1939).

Para dejarlo muy en claro: sus ideas sobre el orden de los grandes espacios en el derecho internacional fueron expuestas por Schmitt, por primera vez, en una conferencia en la Universidad de Kiel, en marzo de 1939. En ella planteó su tesis acerca de los grandes espacios, como elementos fundamentales del nuevo derecho internacional, publicada en abril de ese año por la misma universidad[29]. Ello ocurrió inmediatamente después de las invasiones y de las anexiones alemanas en el Este[30]. Más oportunismo, imposible.

¿Cómo serían las relaciones internacionales en el nuevo orden? El autor explica que serán los reinos -y no los estados- los creadores (usa la palabra poco alemana de “Kreatoren”) del derecho internacional[31]. Como es evidente, en la teoría schmittiana, los estados no tienen en absoluto derecho a la libre determinación[32]. Como hace ver Rüthers, “la filosofía de los grandes espacios en el derecho internacional es exactamente lo contrario a la autodeterminación de los pueblos”[33].

No es difícil imaginarse que las relaciones internacionales en este nuevo orden serán distintas a las que conocemos. Primero, existirán relaciones de comercio y de otro tipo (sonstiger Austausch) entre los grandes espacios, ya que éstos no serán bloques herméticamente cerrados. Segundo, las relaciones entre los reinos que guían cada Großraum. Tercero, relaciones entre los pueblos que viven en cada Großraum entre ellos. Cuarto, entre los pueblos de diferentes grandes espacios, pero guardando siempre el principio de no intervención de potencias extrañas. Asegura que el concepto de Völkerrecht (derecho internacional) es lo suficientemente elástico, como para comprender todas estas relaciones, tanto dentro de los Großräume, como entre ellos[34].  

Avanzaríamos así, hacia un derecho, que es lo contrario al llamado derecho mundial universalista e imperialista[35]. Así la actuación del Führer ha hecho del pensamiento acerca de nuestro Reich, una realidad histórica y le ha dado un gran futuro[36], concluye el capítulo 5, titulado “El concepto del Reich en el derecho internacional”[37]. La actuación del Führer (Tat des Führers) es, sin lugar a dudas, sus ocupaciones e invasiones y la formulación de la mencionada geopolítica del Lebensraum.

La superación del espacio vacío es el objetivo final de Schmitt[38]. Para hacerlo, se remonta a la llamada teoría del espacio (Raumtheorie)[39]; pero el autor va más allá de ella. En ese espacio vacío, el sujeto que conoce, toma conocimiento del objeto conocido para “localizarlo” (lokalisieren)[40], por “localizar”, entiende “ponerlo en un lugar” o algo así. El espacio es formado en los objetos y en el orden del tiempo y del espacio y es más que un registro en un espacio vacío que viene dado. Se refiere más bien a una situación o a un suceso actuales. Una dimensión profunda y no una categoría espacial meramente formal que merece ser superada[41].

Todo esto es algo incomprensible para los judíos. Ellos no pueden contribuir a esta teoría, como no pueden contribuir a crear nada, dice. Pero han sido el fermento de la disolución de órdenes espaciales concretos[42]. Sí, toda la obra de Schmitt está traspasada por el antisemitismo[43] y por los intentos de “desjudeizar” (entjuden) la ciencia jurídica de un supuesto “espíritu de los judíos”. Ellos serían per se, incapaces de pensar en términos de Großraum.

Soy igualmente incapaz de ello; es más, me causa repulsión tan sólo imaginarme grandes espacios planetarios repartidos entre autodenominados reinos. Grandes espacios continentales compuestos por pueblos sometidos a supuestos reinos líderes y guías. Rechazo la idea de pueblos que carecen de autoderminación, y a cuyos habitantes, les está prohibido pensar por sí mismos o aceptar ideas que sean distintas a las que “irradia” el pueblo guía.

Schmitt habla de grandes espacios concretos y llenos de sentido[44]. Advierte que frente tanto el imperialismo del Occidente capitalista como al imperalismo bolchevique del Este, se halla la sustancia de Europa[45]: una mayoría llena de sentido, en un Großraum concreto y lleno de sentido. En realidad, con esto más bien se refiere a una Europa sometida y controlada por el nacional socialismo. En el fondo, como dice Stein: Europa sería el gran espacio del Reich alemán, el continente estaría sometido a Alemania[46].

Esta es la revolución espacial (Raumrevolution) que había anunciado Hitler[47]. Schmitt habla de las guerras y revoluciones desatadas en la lucha por el nuevo orden[48]. Recordemos que nuestro autor habla reiteradamente del derecho a la guerra como distintivo de la soberanía de un estado y critica el derecho imperante en Europa al momento de elaborar su teoría como un derecho normativista que habría impuesto algo así como un estado no-guerra[49] [50].

Como sabemos, esta revolución del espacio iniciada por el nacional socialismo y alabada y propiciada por Schmitt, tomó otros caminos distintos a una dominación de Europa, convertida en un gran espacio, y dirigida por el Tercer Reich. En defintiva, Europa y el mundo fueron lamentablemente divididos; pero no como lo deseaba el autor[51], sino que el planeta quedó repartido -durante medio siglo- entre el mundo libre y el mundo esclavizado por una potencia basada en otra ideología totalitaria, también procedente de Alemania.  


[2] “Völkerrechtliche Großraumordnung: mit Interventionsverbot für raumfremde Mächte. Ein Beitrag zum Reichsbegriff im Völkerrecht”. Segunda o tercera edición (no me queda claro, ya que en la tapa dice que es la tercera edición; pero en la pág. 4 dice que es la segunda) inalterada de la edición de 1941, 1991. Las citas que sólo contienen páginas, se refieren a esta libro.

[3] Bernd Ruthers, “Entartetes Recht. Rechtslehren und Kronjuristen im Dritten Reich”, segunda edición mejorada, 1989, pág. 143. Cita de artículos de Schmitt en que plantea abiertamente este propósito.  

[4] “‘Großraumprinzip’ als das beherrschende Bauelement einer künftigen Theorie des Völkerrechts”, en “Carl Schmitt im Dritten Reich, Wissenschaft als Zeitgeist-Verstärkung?, 1989, pág. 85.

[5] Allgemeines, pág. 11.

[6] Pág. 17 y 18.

[7] Pág. 16 y 17.

[8] La teoría del espace vital fue una idea guía de la política francesa de expansión colonialista en Argelia. Cfr. Diskussion in Frankreich Las ideas francesas no se pueden comparar ni remotamente con las medidas de aniquilamiento y expansión de los pueblos eslavos, considerados como infrahumanos que llevó a cabo Alemania nazi en el Este y centro de Europa, en los territorios que hoy llamamos Bloodlands (Cfr. Timothy Snyder) y que los nazis consideraban su Lebensraum.

[9] Pág. 18.

[10] Pág. 16 y 17.

[12] Pág. 18

[13] Cfr. págs. 18 y 19.

[14] “Großraum ist ein aus einer umfassenden gegenwärtigen Entwicklungstendenz entstehender Bereich menschlicher Planung, Organisation und Aktivität. Großraum ist für uns vor allem ein zusammenhängender Leistungsraum.” Pág. 14.

[15] Pág. 49.

[16] Capítilo II. “Die Monreodoktrin als der Präzedenzfall eines völkerrechtlichen Großraumprinzips”, págs. 22 y siguientes.

[17] Pág, 48.

[18] Pág. 49.

[19] Pág, 49.

[20] Hannes Stein, “Carl der Kahle”, Die Welt de 26 de julio de 2017, pág. 22.

[21] Cfr. pág. 67.

[22] Cfr, pág. 75.

[23] Cfr. pág. 75.

[24] Pág. 77, 78.

[25] Pág 11 a 13.

[26] Pág. 77.

[27] Schmitt mismo se quería presentar como un Maquiavelo, por lo que llamaba la casa donde vivía en la localidad de Plettenberg, “San Casciano”, el nombre del refugio donde fue desterrado Maquiavelo. En el fondo, una forma de hacerse la víctima, al tiempo que se compara con un famoso de la historia

[28] Cfr. pág. 5. La obra fue publicada primero como artículo y se basa en una conferencia que dió en la Universidad (nórdica) de Kiel, en marzo de 1939. Como libro, apareció recién en 1941.

[29] Cfr. Rüthers, Carl Schmitt im Dritten Reich, cfr. pág. 85

[30] Y un poco antes del Pacto entre Hitler y Stalin en que los dos Führer se repartieron la mitad de Europa, en agosto de 1939. Su consecuencia: la invasión alemana a Polonia es de septiembre de 1939. Y la invasión soviética al Este de Polonia, igualmente, de septiembre de 1939.

[31] Cfr. pág. 65.

[32] Schmitt se refiere a la autodeterminacißon (Selbstbestimmungsrecht) en la introducción, págs. 11 y siguientes.

[33] Rüthers, Carl Schmitt im Dritten Reich, pág. 85.

[34] Cfr. pág. 62.

[35] Cfr. pág. 63.

[36] Cfr. pág. 63.

[37] Pág. 49 en adelante.

[38] Cfr. pág. 79.

[39] Cfr. pág. 77.

[40] Cfr. pág. 80.

[41] Cfr. pág. 80.

[42] Cfr. pág. 79.

[43] Sólo como un ejemplo, puedo citar la conferencia que organizó a comienzos de 1936 titulada “Toda la ciencia jurídica alemana en lucha contra el espíritu judío”, donde participó incluso Hans Frank. “Die Deutsche Rechtswissenschaft im Kampf gegen den jüdischen Geist”, DJZ 1936. Citado por Rüthers. “‘Klassikworte im Umschwung der Epochen’, JZ, pág. 498.  Su antisemitismo no disminuyó después de la guerra.

[44] “sinnerfüllte, konkrete Großräume”. Y lo hace en obras de 1938 y de 1944. Citado por Rüthers, “Entartetes Recht”, pág. 147.

[45] En “Mi Lucha”, Hitler se refería a las dos grandes amenazas sólo aparente contradictorias: el capitalismo internacional y el comunismo soviético, ambos contrarios al “espíritu del pueblo alemán”. Para él, los judíos jugaban en todas las ligas del internacionalismo, cosmopolitismo y universalismo. Cfr. George M. Friedrickson, “Rassismus”, pág. 162.

[46] Cfr. Hannes Stein, “Carl der Kahle”, Die Welt de 26 de julio de 2017, pág. 22.

[47] Cfr. Rüthers, “Entartetes Recht”, págs. 147 y 148.

[48] Ver pág, 65.

[49] Cfr. pág. 70.

[50] El Pacto Briand-Kellogg, de 1928, que nosotros admiramos tanto siendo estudiantes de derecho internacional y que proscribió la guerra como medio de solucionar los conflictos internacionales, supongo que sería para Schmitt -aunque no lo menciona, lo pasa en silencio- lo peor que podía haber.

[51] Cfr. Rüthers, “Entartetes Recht”, pág. 148.

Ernst Leitz el otro Schindler

Hoy me gustaría copiar aquí otro de los artículos que publiqué hace una eternidad, en La Segunda:

“Con riesgo considerable y en oposición a la política nazi, Ernst Leitz adoptó valientes medidas para trasladar a sus empleados judíos y a otras” personas fuera de Alemania. Son palabras de Abraham Foxman, de la Liga Antidifamación, al entregar a la nieta de Leitz la distinción Courage to Care Award a comienzos de mes.

Entre 1933 y 1943, Ernst Leitz hijo envío a aproximadamente 41 judíos alemanes (con sus familias, llegan a más de cien) a “trabajar” las dependencias de la firma Leica en Francia, Gran Bretaña, Hong Kong y los Estados Unidos.

Hasta ahora, nada se conocía públicamente acerca de la actuación de Ernst Leitz, durante el período nacional socialista. De acuerdo al lema de la familia Leitz, “haz el bien, pero no cuentes nada”, ni Ernst, ni sus hijos, quisieron hablar de ello, actitud muy de acuerdo con la mentalidad alemana de la época.

Gracias a la tenacidad, fundamentalmente de Frank Abraham Smith, rabino norteamericano en Inglaterra, y a la información que recogió el periodista y fotógrafo Norman Lipton, hoy conocemos algo de la valiente actuación de este empresario alemán, propietario de una de las firmas más prestigiosas del mundo en el campo de la óptica.

Hijo de Ernst Leitz padre, fundador de la Leica en la ciudad alemana de Wetzlar en 1869. La preocupación por sus trabajadores fue una constante durante la administración Leitz padre, quien era un brillante empresario con un gran sentido social. En 1885, estableció en la empresa un seguro médico. En 1899, una jubilación para sus trabajadores y un fondo que permitía a sus empleados, construir viviendas. Ya en aquel entonces, la Leica había introducido la jornada de ocho horas.

Leitz hijo asumió la dirección de la empresa en 1920. Miembro del Deutsche Demokratische Partei, partido de orientación liberal, bastante importante durante la República de Weimar. Si hay una colectividad alemana que se enfrentó a los nacional socialistas, fue ésta.

En el directorio del partido, conoció al comerciante Nathan Rosenthal. Pocos días después de la llamada Machtergreifung (1933), Rosenthal relató a Leitz las penurias de su hijo Paul en el colegio, como blanco de la persecusión antisemita… Sin pensarlo dos veces, Ernst Leitz lo contrató como aprendiz en su firma. En 1936, posibilitó que emigrara a los Estados Unidos, como empleado de la dependencia de Leica en Nueva York.

Asimismo, las autoridades nacional socialistas prohibieron a Nathan Rosenthal ejercer su profesión. Leitz arrendó las dependencias de la firma de Rosenthal, para que él y su familia tivieran algunos ingresos, y más tarde, los ayudó a emigrar.

Dieter Türk, uno de los directores de la Leica, escribió una carta de recomendación en beneficio de un comerciante judío pronto a abandonar el país. Ésta cayó en manos de la Gestapo (Geheime Staatspolizei, la policía estatal secreta) y las autoridades quitaron a Türk el permiso de trabajo, lo que significaría la pobreza para él y su familia. Leitz, sin embargo, dispuso que se continuara pagando su sueldo, lo que ocurrió durante el resto del periodo nazi.

En aquel entonces, la Leica, como otras empresas alemanas, recibió trabajadores forzados, que procedían generalmente de países eslavos, a quienes los nazis consideraban como infrahumanos. Los Leitz recibieron ucranianos. La hija de Ernst, Elsie se preocupó de ellos y de que no les faltara nada material, en la medida de lo posible en un país en guerra.

Esta circunstancia, unida a sus intentos (sin éxito) de ayudar a una amiga de origen judío a emigrar a Suiza, le costó cuatro meses de cárcel y probablemente, habría seguido en prisión durante el resto de la guerra, si no hubiese sido porque Ernst hizo lo imposible para que la dejaran en libertad.

Después de la II Guerra, Ernst Leitz supo que los nacional socialistas no se habían atrevido a estatizar su empresa, debido a que sus exportaciones significaban importantes divisas para el país y también a que temían que los trabajadores de la firma defenderían a Leitz por todos los medios. No obstante, habían planeado su expropiación luego de la “victoria final”.

Curiosamente, el acta de las autoridades de la postguerra, en que se comprueba que Leitz no había sido un nazi (en el año 42 tuvo que ingresar al Partido obrero nacional socialista), se perdió. En ella, se documentaban algunas de sus actuaciones que calificaría de heroicas.

Sin embargo, se supone fundadamente que muchos de quienes lo conocieron estaban al tanto de todo lo ocurrido, como insinúa otro liberal, el entonces presidente federal Theodor Heuss, en 1951, en el discurso que pronunció con motivo del cumpleaños número 80 de Ernst Leitz. Heuss hace ver que Leitz “había tomado sobre sí las cargas que se colocaron sobre otros”.

Su vida nos demuestra que, dentro de la sociedad más injusta y en las condiciones más adversas, se prueban los hombres y mujeres libres.

Voto chileno en el extranjero – Mi experiencia en las primarias del 2017

Dos intensas horas de viaje de ida -lloviendo a cántaros- y otras dos de vuelta -muy tarde y con sueño-. Una noche en “cama ajena”… y menos mal que tengo amigos en esa ciudad que me ofrecieron una cama fue agradable, en un sector tranquilo de la ciudad[1], sino, habría tenido que irme a un hotel ($$$). Sin embargo, todo el esfuerzo valió la pena.  

Sí, valió la pena pasar más dos horas del día sábado en el Consulado de Chile y 12 horas y media (hubo gente que se tuvo que quedar más tiempo) del domingo sin poder abandonar la oficina. Incluso, sin poder salir de la sala donde estaba instalada la mesa número uno -mesa única- sin que quedaran en ella, dos de mis compañeros vocales[2].

Sí, reitero que valió la pena. Sin duda, hicimos historia. ¿Qué significa “hacer historia”? En este caso, significa simplemente que, por primera vez en la historia de Chile, se aplicó la Ley de reforma Constitucional N° 20.748[3], que “reguló el ejercicio del sufragio de los ciudadanos chilenos que residan en el extranjero”[4]. Por lo tanto, casa vez que se escriba acerca del sufragio en Chile, van a mencionar este hecho.

Somos medio millón de ciudadanos y ciudadanas en el extranjero. No estamos en Chile, por diversas razones y generalmente, no porque queramos, sino por estudio, trabajo o razones familiares. Pienso que, a estas alturas, ponerse a debatir sobre si es bueno o no que votemos los ciudadanos que vivimos en el extranjero, no tiene mucho sentido. Sin embargo, el hecho de que no todos se hayan inscrito es una especie de “selección natural”, en el sentido que: quienes nos interesamos por los temas que afectan a la sociedad chilena, nos inscribimos, nos informamos y vamos a votar. Por su parte, a quienes esto ya les es muy difícil, porque están muy desvinculados de Chile, simplemente no se inscribieron o no van a ir a votar. Después de todo, el voto es voluntario.

Fue muy grato ver a jóvenes, muchos de ellos, estudiantes en Alemania, ir a votar. No tengo una estadística; pero puedo decir que la mayoría de quienes votaron en el Consulado donde me tocó ser vocal, eran jóvenes, algó así como el 75 ó el 80%. Un grupo grande de genete joven llegó “en patota” desde una ciudad. Nos contaron que se habían puesto de acuerdo en las redes sociales y compraron un pasaje de grupo, que es más barato. Verdaderamente ejemplar.

Por otro lado, es igualmente elogiable, que algunas abuelitas y abuelitos acudieran a la urna (era una sola, por eso, no escribo “a las urnas”, como de dice generalmente). Familias enteras, donde uno o dos de sus miembros eran chilenos. Mamás con hijos en edad de votar y también, papás de otros niños mucho más chicos, incluso guaguas. Y una compatriota embarazada que nos contó que se había quedado a dormir en la casa de una amiga de otro país de Sudamérica, para poder acudir a votar. Si esto no es ejemplar 🙂

Evidentemente, mucha gente no fue a votar a las primarias, simplemente porque no pudo. De ninguna manera por ser floja o estar desinteresada, como he leído en algunas críticas que se hacen, como para desprestigiar el voto en el extrerior o el mecanismo de las primarias del que, creo que podemos estar orgullosos, ya que significa una sola cosa: más democracia.

Algunos no fueron a votar porque no pudieron. Tú no tienes ni plata, ni tiempo sin límite y algunos amigos prefieren guardar la plata y la energía para la elección presidencial y, eventualmente, para la segunda vuelta. La vida en Alemania no es fácil y mandarte cambiar todo un fin de semana, significa dejar muchas cosas sin hacer. Si tienes niños chicos, es casi imposible hacerlo. Los trenes son muy caros, los buses son muy incómodos. Y está el factor tiempo: viajar cuantro, cinco o seis horas de ida y otras tanteas de vuelta no es algo que tú hagas así no más. Si no tienes una familia que te apoye, es imposible viajar o arriesgas una pelea grande.

Ser vocal, tampoco es fácil. Aunque vivas dentro de la misma ciudad. Los domingos en Alemania, andan pocos buses y pocos trenes. Además, desde hace años, el país está surcado por diversas “obras en el camino” y se cierran calles y rutas. De hecho, uno de los vocales de mi mesa, tuvo que pedalear 20 kilómetros de ida y otros 20 de vuelta en bicicleta, porque no quería arriesgarse a llegar tarde o a no poder llegar por un problema que había de buses y trenes. Ese vocal es mi héroe del año 2017. 

Como me escribe un amigo fueron “momentos inolvidables, grata la convivencia con compatriotas cumpliendo un derecho civico”. Sí, así fue no más. Las empanadas que donó alguien para la hora de almuerzo fueron un momento top del día (no podíamos salir del edificio y aunque hubiéramos podido, estaba todo cerrado). Pero lo mejor fue la buena onda de todos, especialmente grata fue la amabilidad del secretario de la mesa que saludó prácticamente a todos los votantes, dándoles la mano. Asimismo, en forma espontánea y sin que nadie lo dijera, aplaudimos a todas y cada una de las personas que acudió a votar. Hacerlo fue una reacción irresistible, algo que hiciemos al unísono, que nos salió del alma y sin afectación alguna[5].

Nuestro trabajo como vocales tuvo muchas luces; pero donde hay luz hay también sombras. Triste fue comprobar que personas que habían viajado, desde lejos, a votar, no aparecían en el padrón de electores, esto es, en la lista que se había confeccionado con el nombre de todas aquellas personas inscritas voluntariamente antes del 3 de mayo. La razón de ello es que no leyeron -debo reconocer que yo tampoco lo leí- un mail de Servel en que se aclaraba: “¿Quiénes pueden votar en Primarias? Si actualizaste tu domicilio hacia el extranjero o solicitaste tu inscripción en el Registro Electoral antes del 3 de mayo y te encuentras en los padrones de Mesa, ¡puedes votar en estas Primarias!”. Tal vez, habría sido necesario explicar que “si te inscribiste después del 3 de mayo, entonces no puedes participar en las primarias”. Sólo en las presidenciales de noviembre próximo y en la eventual segunda vuelta. Sí, triste era comprobarlo y más triste era decírselo. La expresión de sorpresa negativa -por llamarlo de alguna manera- del afectado era innegable y nos entristecía a todos.

Más sombrío aún es el caso en que una persona quería votar por un candidato de la cédula única; pero sólo podía hacerlo por uno de la lista B, ya que se hallaba registrada como militante de un partido político del llamado “Frente Amplio”. El problema es que esa persona no estaba afiliada -nos aseguró y le creo- a ninguna colectividad política de ese sector; pero aparecía como su militante. Esto es muy, pero muy grave, ya que significa que algunos partidos nuevos, en su desesperación por constituirse, al parecer, recurrieron a la suplantación de personas, al uso indebido de la firma y los datos de alguien, para hacerlo aparecer como fundador/a de su partido y así poder participar en el concurso electoral. Todo vale, piensan algunos… Todo vale, incluso el juego sucio, la mentira y el engaño. Dependiendo del número de firmas falsificadas, tal vez, estas agrupaciones ni siquiera podrían haber participado en las primarias. Recurriendo a este verdadero fraude y quitaron el derecho a voto a un compatriota, a una compatriota. Realmente, este hecho empañó todo el proceso. Demostró que parece que hay gente que aún no capta las reglas básicas y más elementales de la democracia. Que en en fondo, las rechaza…

Reprobables fueron también los llamados de algunos a votar por el candidato Ossandón para impedir que ganara Sebastían Piñera, al que parece que le tienen más miedo o consideran menos susceptible de ser vencido. Incluso, circulaba en las redes sociales una poesía super irrespetuosa e intolerante en que se impelía a votar por Ossandón y no “por el ladrón”. El llamado anti-voto. Otra gente que no capta las reglas más básicas de la democracia. Conversando, a posteriori sobre el tema, algunas personas me decían que ellos no veían “nada de malo en esto”. No sé qué decirles… El voto de una persona de izquierda por un candidato de derecha sólo para impedir que gane otro, se basa en una mentira. Se trató de tergiversar la decisión popular de manera artificiosa y mediante un engaño. Si alguien no lo entiende y ve el proceso democrático sólo como un mecanismo que se puede manipular al antojo, entonces, no ha captado nada de lo que significa la democracia. Ni tampoco lo que es el estado de derecho. O, tal vez, deseen estas personas una “democracia iliberal” como hace el mandatario húgaro Viktor Orbán, de extema derecha.

También reprobable fue la campaña de la extrema derecha en contra de Felipe Kast. Tan baja como el poema de la extrema izquierda contra Piñera. Una vez más, podemos decir que los extremos se parecen mucho y que existe una personalidad extremista, da lo mismo si es de extrema izquierda o de extrema derecha, sectores -por lo demás- entre los que existe una gran cantidad de vasos comunicantes.

Al final de la jornada, luego de contar los votos y dar los resultados, ceremonia republicana a la que asistió público, los vocales de mesa, los miembros de la junta electoral y un vocal que nos había acompañado durante todo el día, tuvimos que quedarnos trabajando cerca de dos horas o más después de haber cerrado la mesa. Lo que era grave, ya que Chile y Alemania jugaban la final de la Copa de Confederaciones en el estadio Krestovskyi. Quedarnos a contar los lápices, a echar a los sobres los respectivos votos, firmar cajas que había que enviar a Chile por valija diplomática, significaba quedarse sin ver el partido. Gracias a Dios, alguien sacrificó heroicamente su volumen de internet y pude ver -de reojo- el primer tiempo y el lamentable único gol del partido.

Nos fuimos a la casa -o a algún public viewing a ver el partido, cansados, pero felices. Como escribe mi amigo, fue algo “muy emocionante y al mismo tiempo me siento orgulloso haberlo logrado”. También yo lo veo así 🙂


[1] Circunstancia muy importante para una persona de sueño ligero, como yo. Problamente en mi vida anterior fui animal preferido por algún carnívoro depredador.

[2] Los minutos en el baño -indispensables para toda persona humana- y en la cocina para tomar agua o un café o un rico kuchen que alguien había llevado, estaban contados.

[4] “El 3 de mayo de 2014 se publicó la Ley de reforma Constitucional N° 20.748, la cual reguló el ejercicio del sufragio de los ciudadanos chilenos que residan en el extranjero. Esta reforma tuvo su origen en la moción presentada por las entonces senadoras Isabel Allende Bussi y Soledad Alvear, y los senadores Alberto Espina, Hernán Larraín Fernández y Patricio Walker Prieto. Se agregó un nuevo inciso al artículo 13 de la Constitución”, Voto de chilenos en el extranjero, en Wikipedia.

[5] Demás está decir que, en nuestra función, fuimos total y absolutamente imparciales. Obvio y lógico. Ninguno de nosotros expresó ni una sola palabra en cuanto a preferencia política.

¿Por qué algunos hombres de la AfD se casan con mujeres extranjeras? Y viceversa

Justus Bender, periodista del prestigioso y conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), cuenta en su libro[1] que, en eventos de la AfD, varios hombres le contaron que ellos estaban casados con extranjeras. Me quedé pensando: ¿por qué algunos hombres de la AfD se casan con mujeres extranjeras? Leyendo su libro y escuchando uno de sus podcast[2], me acordé de una chica centroamericana que conocí alguna vez. Tendría unos 30 años, y estaba casada con un alemán que trabajaba en la policía de prisiones. Tenían varios hijos pequeños y estaba esperando uno más[3].

Fue hace pocos años, en el último o penúltimo curso de retiro al que asistí. Ella habló mucho -y eso que el retiro era en silencio- sobre la Alternativa para Alemania (la llamada AfD). Nos advertía a las demás participantes del retiro, en voz alta y fuerte, que “la AfD no es nazi”. Se quejaba que, en la sociedad y en “los medios”, se la calificara como tal. Su marido, nos explicó, era del partido, de la AfD.Nadie en el retiro la contradijo, nadie le pidió que se callara, ya que era un retiro en silencio. 

Como de costumbre, inicié una ronda de preguntas en Twitter. La primera pregunta fue ¿por qué algunos hombres de la AfD se casan con mujeres extranjeras? Por qué ciertos hombres escogen a mujeres extranjeras, pese a que el partido pretende logar una “Alemania para los alemanes” y se queja de la presencia de extranjeros en las calles de Alemania, como hizo Meuthen en el último congreso del partido en Colonia[4].

Philipp Kurowski? me da una respuesta muy interesante: “Si tú te fijas, sólo están en contra de los hombres extranjeros. ¿Conoces el concepto de androfobia?”[5]. No, la verdad es que no la conocía.La androfobia es s la fobia contra los varones[6], no frente a las mujeres. Linksevangelikal? responde jocosamente: “debemos suponer que, entonces, a las mujeres de la AfD no les gustan ni los hombres, ni las mujeres extranjeros”[7] 🙂

Kurowski? continúa: “nadie, en AfD tiene algo contra las mujeres extranjeras siempre que cuidan a los niños, a los ancianos y a los enfermos y que mimen a sus hombres”. Y agrega que “todas estas son actividades no son propias de las mujeres emancipadas y que trabajan fuera de la casa”[8]. Claro, esos mismos sectores se quejan de la emancipación de la mujer alemana, que ya no es la buena ama de casa, figura tan tradicional en la cultura de Alemania del pasado. 

En esta misma línea de pensamiento y en otro foro, una joven amiga alemana me dice que -para este tipo de hombres- la mujer alemana[9] es una mujer “mala” que castra al hombre y lo exclaviza[10]. En otras palabras, varones a la antigua, partidarios de los roles tradicionales, buscan a mujeres dispuestas a realizar labores tradicionales y las únicas que están dispuestas, son mujeres extranjeras. Lo que yo he visto es que, algunas veces, algunos hombres, piensan que las mujeres extranjeras efectuarán estas labores; pero, en realidad, no lo hacen. Y es aquí donde surgen los problemas[11].

Kurowski continúa explicándome que los hombres extranjeros son vistos como una competencia, tanto en el mercado laboral como en el “mercado matrimonial”. Y agrega que el hecho que sostengan que los hombres extranjeros son “una amenaza contra nuestras mujeres” es una expresión del propio miedo”[12].

El diputado de la AfD en Berlín Andreas Wild[13], responde a otro twittero: “Ud. es todavía joven y cambiará de opinión cuando todas las mujeres atractivas tengan una relación con los migrantes”. Perdón… las mujeres alemanas atractivas… Y las que el diputado de la AfD considera no atractivas… ¿esas mujeres sí pueden irse con los extranjeros? ¿Qué clase de sexismo más horrible es este? Es, por lo menos, el atavismo según el cual “los extranjeros nos quitan las mujeres”. En Twitter, alguien se refiere al sexo-nacionalismo 🙂

Klaus Jarchow? sostiene simplemente que estos hombres necesitan una persona que haga el aseo en su casa, alguien que se encargue de la limpieza…[14]. Después de haber observado a algunos matrimonios -y no sólo con mujeres extranjeras- me temo que Klaus lamentablemente, no está demasiado lejos de la realidad.

Igualmente, en Twitter, virtual_s_i_m? comenta que aquí se mezcla el sexismo con el racismo y ambos se potencian. El rol de la mujer, en sectores de derecha europea, es más bien pasivo. Sí, la mujer sería pasiva y por tanto, inofensiva y sumisa; sólo así no significa un peligro para el hombre que es activo[15].

En una oportunidad, una conocida mía criticaba a una amiga mía extranjeras -que no estaba presente en la conversación- debido a que “salía mucho” y por tanto, no se habría preocupado de sus hijos, ni de su casa y marido…[16]. O sea, mi amiga criticada no era una mujer “para adentro”, “casera” y sumisa, el ideal femenino, para quienes les gustaría volver a la década de 1950. Según la periodista Bettina Hoffmann, la AfD tiene una imagen de la mujer que, en el mejor de los casos, corresponde al siglo pasado[17].

Mi amiga S. me da otra explicación: “es más fácil vivir con alguien que no habla muy bien el idioma. Así, no se pueden ambos comunicar al mismo nivel y no se verá tan fácilmente confrontado con las propias debilidades intelectuales y humanas”. Sí, es cierto, muchas extranjeras no tienen idea de alemán al casarse, algunas nunca lo aprenden, o bien, saben sólo lo suficiente para comprar en el supermercado, cocinar y limpiar. Pero no para leer el diario, ni un libro, ni un buen artículo periodístico. Creen todo lo que les cuenta el marido… Nunca le dirían que su opinión política es errada.

S. continúa: “Además, esas mujeres, muchas veces, tienen problemas con la visa, de manera que quedan en una situación de dependencia. Esa mujer no va a escapar tan fácilmente, y prefiere contenerse, ocultando su situación, para no ponerse en peligro”[18]. Triste realidad…

Hasta ahora, las respuestas han contestado la pregunta ¿por qué hombres de la AfD se casan con mujeres extranjeras? Pero el tema, tiene otra dimensión, que plantea Linksevangelikal?: ¿por qué mujeres extranjeras “se meten” con estos hombres? ¿Por qué se involucran con quienes desprecian lo que me hace lo que soy?[19].

Buena pregunta de Linksevangelikal? quien, nos hace ver que hay mujeres con un background migratorio, como algunas señoras procedentes de Rusia, muchas de ellas tienen también la tendencia política favorable AfD[20]. No olvidemos que incluso hay un importante grupo organizado de ruso-alemanes dentro de ese partido[21]. Justo ayer salió un artículo en el mismo FAZ sobre el tema, titulado “los rusos son los mejores alemanes”[22].

Hay mujeres que piensan que casándose con un “buen cristiano” tienen la vida arreglada. Porque ellas creen que un buen cristiano será un hombre bueno, como muchas veces son los buenos cristianos en sus países: misericordiosos. Me temo que este pueda ser el caso de la centroamericana que menciono más arriba. Pero resulta que ellas no saben que, para algunos europeos, el cristianismo es más bien, una ideología con la que ellos pretenden diferenciarse de los demás. Una barrera frente a otros. Un mecanismo de identificación nacionaliista. Y son lo menos misericordiosos que hay.

Mia amiga O. me dice que puede ser que ellas piensen que con él tienen su futuro económico asegurado. Sí, también puede ser. Y el de su familia en el país de origen, por las remesas de dinero que pueden enviarles a alguna zona montañosa y pobre del planeta.

Mi amiga A. me dice que “porque muchas veces te casas rapido y te das cuenta muy tarde”. También es cierto… Una amiga mía se casó (el matrimonio acabó muy mal y deepués de la separación, todo fue aún peor) luego de dos meses de conocer a una alemán de pelo ya blanco; pero de ojos azules, precisamente porque le gustaban sus ojos azules… Conozco a miles de hombres de ojos azules que no sé si podrían hacer feliz a alguien.

Finalmente, mi amiga S. me habla del fenómeno llamado en inglés Racial Fetishism. De acuerdo a Wikipedia[23], “el fetichismo racial consiste en fetichizar a una persona o a una cultura o grupo étnico que no es el propio”. Un fetiche es, en este sentido, el esteretipo de un cuerpo -también puede ser de una cultura o bien de una forma de ser- que se convierte en objeto de una patológica satisfacción sexual. “El fetichismo racial implica el deseo de una persona de otra cultura a menudo porque son diferentes, y por lo tanto ‘exóticos’”. OMG! Esto lo he visto muchas veces en Alemania. El gran interés por “las mujeres asiáticas, por las mujeres de color y por las latinas, consideradas exóticas, son ejemplos de fetichismo racial”.

El “síndrome del ‘fetichismo asiático’  nace del deseo masculino de dominación y del estereotipo de las mujeres asiáticas como individuos abiertos a la dominación”. Hace un par de días, en Twitter, me interpeló un alemán de extrema derecha que tenía en su perfil, fotos de mujeres tailandesas. Wikipedia continúa explicando: “Ellos ven a las mujeres de su propia raza como demasiado orientadas hacia la carrera y muy fuertes. Las mujeres asiáticas son la antítesis de su percepción de las mujeres” alemanas[24].

Las mujeres de color y las latinas son vistas como hipersexuales. Las mujeres negras representarían la “fiebre de la selva” salvaje. Continúa Wikipedia: las latinas simbolizan la fecundidad y el deseo sexual. Por eso, no es raro que un hombre que quiera tener muchos hijos, busque una latina. No olvidemos que la AfD dice expresamente que cada mujer debería tener, al menos, tres niños. Las latinas son consideradas “un poco díscolas”; pero es preferible una “díscola” a una Emanze, palabra despectiva que describe con desprecio a una mujer emancipada alemana[25]. “Emanze” es un término despectivo lamentablemente, muy usado en Alemania, al igual que el de Rabenmutter o madre desnaturalizada.

Mi amiga S. me dice que el fetichismo racial no es un fenómeno muy estudiado en Alemania, hasta ahora. Pero creo que hacerlo sería sumamente necesario. Muchas veces, se habla del tema, como si fuera algo bueno y demostrara la apertura de los hombres frente a los extranjeros… más bien a las extranjeras. Me temo que de apertura poco y nada hay. De convertir a la mujer en objeto, de eso, hay mucho.

El fetichismo racial no es un tema inocuo, sino uno que ha hecho sufrir a mucha gente, si te casas con alguien que no te ama a ti, sino características raciales de tu cuerpo o de tu cultura (hipersexualidad, fecundidad, incluso ser “buena madre”, mujer sumisa al servicio de su marido), de alguna manera eres considerada intercambiable[26], sobre todo si te han encontrado a través de una agencia o después de unas cortas vacaciones.

Debe ser aún peor si descubres que la imagen que tú tenías de él es igualmente falsa. Y que, en realidad, él desprecia a los extranjeros… Abiertamente o en forma encubierta, Incluyéndote a ti, aunque te necesita. 

Esta columna es una primer intento de respuesta. Si tú tienes más ideas o tesis, te pido que las escribas en el foro de este artículo -aquí abajito- o en Twitter (@MartaSalazar) o bien en la página de mi blog en Facebook


 

[1] Was will die AfD? Eine Partei verändert Deutschland (¿Qué quiere la AfD? Un partido cambia a Alemania?). De la editorial Pantheom, del grupo editorial Random House. 2017. Su cirección en Twitter es @JustusBender

[3] Las circunstancias están un poco “cambiadas”, para -como dicen en las películas- “proteger a los inocentes” 😉

[4] “Gerade in jüngster Zeit aber gehe ich aber sehr bewusst durch die Straßen meines Landes, meiner Stadt. Und wenn ich an einem Samstagmittag im Zentrum meiner Stadt unterwegs bin, mit offenen Augen, wissen Sie, was ich dann sehe? Ich sage das wirklich ohne jede Übertreibung: Ich sehe noch vereinzelt Deutsche”.

[5] Wenn du drauf achtest: Sie haben nur was gegen ausländische Männer. Gibt es den Begriff #Androphobie schon? (Respuesta de @PhiKuro, de 25 de mayo 2017).

[6] Androphobie. Ver significado 1 en Wiktionary “sehr ausgeprägte (krankhafte) Angst oder Abneigung vor Männern”.

[7] “Weiter gedacht: #AfD-Frauen hingegen mögen sowohl keine ausländischen Frauen als auch keine ausländischen Männer, wenn ich das richtig sehe”. (Respuesta de @konvivenz, de 26 de mayo).

[8] “Niemand in der AfD hat etwas dagegen, dass ausländische Frauen hier auf Kinder aufpassen, Alte & Kranke pflegen und Männer “verwöhnen”. Alles Lücken in ihrem traditionellen Weltbild, die durch emanzipierte, berufstätige Frauen hier entstehen”.

[9] Bió-alemán se dice de la persona que procede de una familia originariamente alemana, esto es, sin ascendientes extranjeros.

[10] “…die biodeutsche Frau ist eine böse, entmannende Feministin. Sie verwandelt sich direkt in Gollum und versklavt den Mann”.

[11] Hace años, conocí a una cubana que me contó que su marido la había traído a Alemania para que cuidara a su mamá ya anciana… Lo que ella, en realidad, no quería hacer. La semana pasada un amigo mío casado con una extranjera me contó que, cuando él se casó, su propio papá quería que la nuera cuidara a la suegra.

[12] Nuevamente, el 25 de mayo: “Männer dagegen sind Konkurrenz: auf dem Arbeitsmarkt, auf dem Heiratsmarkt. Die Bdrohung für “unsere Frauen” ist ganz eigene Angst”.

[13] Andreas Wild, MdA @AndreasWildAfD: “Sie sind noch jung. Vielleicht ändern Sie Ihre Meinung, wenn alle für Sie attraktiven Frauen, in einer Beziehung mit Migranten sind” (Tweet de 25 de febrero de 2017).

[14] “Sie brauchten eine “Putze”, nehme ich mal an”. (Respuesta de @Chat_Atkins, de 25 de mayo)..

[15] “Da multipliziert sich Sexismus mit Rassismus. Wo ich dir recht gebe: Frauenbild d Rechten red. Frau auf 1 Rolle, d passiv. Harmlos, unterwürfig ist. Daher passiv u weniger “gefährlich” in Ggsatz zu “aktivem” Mann (zB in d Trope “Frauen wegnehmen”)” (Respuesta de @_S_i_m_X, de 26 de mayo).

[16] Fue una de las tantas “las conversaciones de sobremesa y las de mesa, las de pasillo y las del paseo”. Ver ¿En qué se parecen John Boehner y yo? 

[17] AfD Ein Frauenbild aus dem vorigen Jahrhundert, columna de Bettina Hoffmann.

[18] “Es ist einfacher, mit jemandem zusammenzusein, der die Sprache nicht richtig kann. Da muss man nicht auf Augenhöhe kommunizieren und wird nicht so schnell mit den eigenen intellektuellen und menschlichen Schwächen konfrontiert. Außerdem sind diese Frauen häufig aufgrund von Visumsangelegenheiten in einer Art Abhängigkeitssituation. Die Frau läuft dann nicht so schnell weg und verkneift sich sicher auch viel, um ihre Lage nicht zu gefährden”.

[19] “Warum lassen sich ausländische Frauen auf solche Männer ein? Warum mit Partnern einlassen, die verachten, was mich ausmacht, was ich bin?”.

[20] “Manche Frauen mit Migrationshintergrund haben wohl auch eine gewisse Nähe zur AfD, etwa russlanddeutsche Frauen”.

[21] Organizados, como siempre, en Facebook: Russlanddeutsche in der AfD

[23] Me refiero al artículo en inglé sobre Racial fetishism, que cito en los párrafos siguientes.

[24] Wikipedia se refiere a las norteamericanas; pero, en este caso, veo exactamente el mismo fenómeno.

[25] Recuerdo el caso de un alemán que, me contaron en una convivencia, que se había casado recién con una española y los comentarios de las demás señoras fue “qué bueno, porque con una alemana los hombres, ya no se pueden casar, porque son emancipadas. Pero con una española, las españolas son tan católicas, con ellas sí se puede casar…”. Hago notar que todas las señoras presentes y que se expresaban en tales términos, eran alemanas.

[26] De interchangeable women habla el artículo 5 Signs You’re About to Be Racially Fetishized que me recomendó mi amiga S.