De la violenta revolución que conduce a la dictadura del proletariado

Al final del capítulo primero de su “Estado y revolución”[1], Wladimir Lenin formula cinco postulados acerca del paso de la sociedad burguesa a la sociedad socialista que, en la teoría márxista, es el siguiente “salto” en la historia, en su camino hacia el comunismo[2]. En La abolición del estado, según Marx, Lenin y Engels, me referí al primer postulado, ahora, me gustaría analizar los postulados siguientes. No sin antes recomendar la lectura de mi primer artículo sobre el pensamiento del revolucionario ruso, titulado Lenin y el estado opresor, represivo y explotador

De acuerdo al segundo postulado, el estado es “un poder especial de represión” (eine besondre Repressionsgewalt). Lenin se felicita por esta definición, que caracteriza como “grandiosa”[3]. Explica que, en el estado anterior de la historia, el poder especial de la represión estatal era utilizado por un puñado de hombres, miembros de la burguesía contra el proletariado. Eran unos pocos ricachones reprimiendo a los trabajadores. Para Lenin, el estado, como lo conocemos actualmente, sólo puede ser represivo, no puede ser de otra forma. Se lo impide su naturaleza histórica.

Ese poder estatal represivo y que asegura la explotación de una clase por otra, debe ser sustituído por otro estado, que iniciará otra represión, que, esta vez, será ejercida por el proletariado contra la burguesía. Esto es lo que llamamos Dictadura del proletariado, explica Lenin. Y, tiene que quedar muy claro, continúa, que la abolición del poder de la burguesía y su sustitución por el poder represivo del proletariado, bajo ninguna circunstancia puede significar la muerte del estado. Para mí es muy claro: una supuesta represión reemplaza a la otra, que es muy real[4].

El estado burgués es abolido, suprimido o anulado. Pero no deja de existir instantáneamente. Engels describe el proceso de cómo el proletariado se apodera del poder estatal y transforma los medios de producción en colectivos o estatales. Así, el nuevo estado que ha surgido como consecuencia de la revolución, “estatiza” todos los medios de producción existentes. Es claro, en la lógica leninista, en un mundo sin clases, la propiedad privada ya no tiene sentido. Todo le pertenece al pueblo, a los trabajadores, a los proletarios. Al nuevo estado proletario[5] surgido automáticamente de la revolución.

De manera que la abolición o supresión del estado burgués consiste en el acto de toma de poder sobre los medios de producción en nombre de la sociedad. No olvidemos que el marxismo es un economicismo que reduce todo a la economía. Así, el estado que surge de la revolución ejerce su poder contra la burguesía, y lo hace en nombre del proletariado, después de confiscar todos los medios de producción.

Tercer postulado: Después de la revolución socialista y de que el nuevo estado ha expropiado todos los medios de producción, el estado se duerme (einschlafen) o se muere (absterben). Sabemos, agrega Lenin con absoluta seguridad, que la forma política del estado es, en ese momento, la democracia perfecta, la democracia absoluta o consumada. En otras palabras, la democracia plena sólo se alcanzaría en el socialismo.

Llegados a este punto, Lenin vuelve a ponerse de mal genio y critica a los “oportunistas” -así llama en forma reiterada a quienes disienten de sus postulados- que sostienen que el marxismo significa la muerte de la democracia. Dice que hay que darse cuenta de que la democracia es sólo un estado y que, en consecuancia, la democracia también debe desaparecer en cuanto desaparezca el estado.

Entonces, vuelve sobre la una idea anterior que repite una y otra vez: el estado burgués sólo puede ser suprimido por la revolución, el estado proletario -que Lenin identifica con la democracia perfecta- sólo puede morir. O quedarse dormido, como dice más arriba. Después de la revolución, muere el estado o el medio-estado proletario. (Halbstaat lo llama).

En el cuarto postulado, Lenin pierda toda una página despotricando contra anarquistas, nuevamente contra los oportunistas y contra los pequeño burgueses o “filisteos”[6]. Y luego, dedica otra página a los social demócratas y a un debate que tuvo lugar en la década de 1870, acerca del slogan de la social democracia denominado “estado popular libre” (freie Volksstaat). Al parecer, Engels habría aceptado hablar de un estado popular libre, tan sólo como una exigencia táctica frente a los socialdemócratas; pero en realidad, no creía en ningún estado popular libre, explica Lenin.

Lenin señala que todo estado capitalista es, por definición, represivo. Y por lo tanto, de ninguna manera es un estado es libre. Un estado capitalismta no sería jamás, un estado libre. Sostiene que, por muy democrático que sea un estado burgués, siempre ejercerá un poder de opresión sobre la clase trabajadora.

Hoy, neo- y filomarxistas hablan de un estado neoliberal que sería también y por definición un estado opresor, y que tendría por finalidad, perpetuar la explotación de los trabajadores por parte de los ricos del mundo. De ahí que se insista en la superación del modelo o del sistema capitalista y de su sustitución por otro, de preferencia, por uno colectivista. Para los anarquistas -”oportunistas” los llamaría Lenin- esto llevaría a la abolición del estado como lo conocemos actualmente. La discusión que tuvo lugar entre Marx y Engels, por una parte y la social democracia por otra, hace 149 años renace hoy en la periferia del mundo. Me refiero a Sudamérica y especialmente a Chile.

En su quinto postulado, el revolucionario ruso (que vivió entre 1870 y 1924) elogia la verdadera loa a la violencia revolucionaria que hace Engels (entre 1820 y 1895). Lenin cita al industrial alemán, quien describió a la violencia como a la “partera” (Geburtshelferin) de cada nueva sociedad y a su vez, quien “embaraza”[7] a la nueva sociedad con el germen de la sociedad que la sucederá en el curso de la historia.

Ustedes conocen la teoría marxista que explica la historia mediante “saltos”: de la esclavitud al feudalismo debido al levantamiento de los esclavos contra los esclavistas, lo que condujo al feudalismo. En él, los siervos de la gleba se levantaron contra los señores feudales, lo que condujo a la burguesía. En ella, los proletarios se levantarán contra los  burgueses en una revolución que conducirá al socialismo. Después sobreviene la muerte del estado  y adviene el comunismo.

El comunismo que, como status final de la humanidad, no sin razón, ha sido denominado el “paraíso en la tierra”. Por algo se dice que, durante el siglo 20, la ansiedad de lograr el paraíso terrenal, condujo a la creación de muchos infiernos, en que los más conocidos “paraísos” se llamaron “comunismo” y “victoria final” (el Endsieg de los nazis). Este último “paraíso”, gracias a Dios y a los aliados de la II Guerra, quedó inconcluso.

Así, en el origen de cada uno de estos saltos de la historia, encontramos la violencia considerada por Lenin, Engels y Marx como absolutamente necesaria para avanzar en la historia. Es la partera y, a su vez, quien la embaraza. La violencia es pues el instrumento revolucionario por excelencia para romper y acabar definitivamente con formas políticas rígidas y fenecidas, arenga Lenin.

En un debate que hoy ya no tiene sentido[8], Engels y Lenin critican duramente a la social democracia alemana y a su supuesto eclecticismo. Así, a la mortífera crítica a los anarquistas, a los oportunistas, a los pequeños burgueses y a los filisteos, se suma la crítica a muerte frente a los social demócratas que serían eclecticticos y asimismo, a todos los eclécticos que no observan al pie de la letra la doctrina marxista. Junto al oportunismo, el eclecticismo parece ser el gran enemigo.

La deletérea crítica a la social democracia alemana del siglo 19 está en la genética del marxismo-leninismo. Los social demócratas alemanes de aquel entonces representan a todos los social demócratas que han venido y vendrán. A generaciones que, posteriormente serán consideradas revisionistas y por tanto, peor incluso que los disidentes. Quienes han bebido la leche del marxismo primigenio, odian, detestan y combaten duramente a todas las formas de social democracia habidas y por haber.

Lenin concluye que, en las enseñanzas de Marx y Engels, la violencia de la revolución contra el estado burgués es absolutamente inevitable. Reitera que el estado burgués no “muere” en el proceso revolucionario, sino que sólo la dictadura del proletariado puede acabar con él. Aquí, Lenin llama, por primera vez “estado proletario” a la dictadura del proletariado, que surge como la cima o la cúspide de la revolución violenta. Cita el Manifiesto comunista que se refiere a la violencia revolucionaria como fatal, inevitable e indefectible (unausbleiblich).

Escribe que hay que enseñar a las masas a creer en la violencia de la revolución violenta e insiste que tal  enseñanza pertenece a la esencia del pensamiento de Marx y Engels. Y aclara que esto no es fanatismo. Dice que enseñar otra cosa, por ej. en la no-violencia, es “traicionar” su doctrina, que es en lo que, de acuerdo a Lenin, han caído, los nacionalistas socialistas y los discípulos de Kautzky, esto es, otras facciones marxistas, que interpretaban los escritos del barbudo de Tréveris de otra forma menos dogmática que Lenin.

En suma, la disolución del estado burgués por obra del proletariado es imposible sin violencia revolucionaria. A su vez, el estado del proletariado “morirá” después de surgir, sin que sea necesario abolirlo, ni menos aún suplantarlo por otro.

Después vendrá, inevitablemente, el paraíso comunista.


[1] La obra en comento es: W. I. Lenin, “Staat Und Revolution”, Dietz Verlag Berlin Oriental RDA, 1967, 9a edición (la primera edición es de 1948), Biblioteca del marxismo-leninismo. Continúo analizando el capítulo primero, de la pág. 7 a la 24. Hoy le toca al número 4, que va desde la pág. 18 a la 24. Páginas bastante intensas. Pero no todo el número, sino del postulado segundo al quinto. Al primer postulado me referí en el artículo anterior.

[2] Como expliqué en el artículo anterior, los saltos han sido desde la sociedad esclavista a la feudal y de esta a la burguesa. En la cual nos encontraríamos actualmente.

[3] Trump también considera que todo lo que él hace o twittea es “grandioso”. Ambos encarnan personalidades narcisistas.

[4] En mis oídos suenan aquello que gritaban los partidarios de Allende en Chile de la década de 1970: “Los momios al paredón, las momias al colchón”. Por si alguien no lo entiendo, el colchón significa violación.

[6] Filisteo era el “nombre reservado a las personas que Marx denominaba pequeño burguesas, esto es, gente inculta y de mirada estrecha. Da lo mismo lo que ellos prefieran y por lo que ellos voten, siempre van a estar equivocados”, en Lenin y el estado opresor, represivo y explotador

[7] “…die mit einer neuen schwanger geht”

[8] Relacionado con la llamada revolución alemana del siglo 19.

La abolición del estado, según Marx y Lenin… y Engels

Wladimir Lenin fue uno de los muchos revolucionarios del siglo 19 y comienzos del 20 que no pertenecían a la clase trabajadora; pero que se colocaron al frente del movimiento que denominaron revolución proletaria. El número final del primer capítulo de su libro “Estado y revolución”[1] nos da las claves para entender su teoría revolucionaria, propia de la primera mitad del siglo 20, considerado como una de las épocas más violentas[2] de toda la historia. También nos da claves para captar porqué hubo tanta violencia en aquel entonces. Y, tal vez, para entender ese extraño movimiento que ha surgido hoy en día en las periferias del mundo, y que pretende revivir las ideas de la primera época de la teoría marxista[3].

El movimiento socialista se debatía entonces -como ahora- entre innumerables peleas debido a divergencias doctrinarias o de interpretación de textos que los mismos revolucionarios consideraban como “científicas” y en calidad de tales, como demostradas e inamovibles. Como si la ciencia fuera inamovible… Sostenían que sus propias ideas eran científicas, demostradas e invariable y a quienes se atrevían a contradecirlos, denostaban como a verdaderos herejes. La demostración supuestamente científica consistía en analizar un proceso histórico, como la comuna de París, y extrapolar sus presuntos resultados a todos los procesos político-históricos de la historia y del mundo.

Lenin divide el capítulo I del libro que comentamos[4] en: primero, “El estado – un producto de la irreconciabilidad de las oposiciones de clase”. Segundo: “Formaciones especiales de hombres armados, cárceles, etc.” El tercero se refiere al “estado, instrumento de la explotación de la clase oprimida”. Analicé estos tres primeros números en mi artículo anterior Lenin y el estado opresor, represivo y explotador, del que esta columna es su continuación inexorable. El número 4 está dedicado a “La ‘muerte’ del estado y la revolución violenta”. Al primer postulado de este último número, que trata “de la abolición del estado, pero no de su muerte”, deseo dedicar esta columna.

El revolucionario ruso explica que hay una gran diferencia entre la muerte del estado, o más bien, entre el proceso de la muerte del estado (aussterben) y su supresión, abolición o anulación (Aufhebung o Abschaffung). La muerte y la abolición corresponden a dos momentos diferentes de la historia que anarquistas y otros oportunistas confunden. Contra ellos van dirigidas las duras diatribas leninistas que llenan páginas enteras de su libro. De diálogo frente a la diversidad de opiniones, nada. De tolerancia, cero.

La obra contiene una larga cita tomada de un escrito de Friedrich Engels contra su antiguo compañero revolucionario Eugen Dühring, otro socialista alemán. Entre paréntesis, Düring es considerado como el fundador del antisemitismo racista y uno de los precursores del nacional socialismo. El escrito, conocido como “el anti-Dühring” se titula en realidad: “La subversión de la ciencia del Sr. Dühring”[5][6]. Es curioso como muchos marxistas de la primera hora estaban tan fascinados con el término ciencia, que insistían en que sus teorías eran “científicas”, dándoles con ello, un valor del que carecían. En este caso, Engels resta toda calidad de ciencia a los planteamientos de Dühring.

Pero no nos alejemos del tema principal: la muerte o la abolición del estado, acerca de la cual, Lenin formula cinco postulados[7]. De acuerdo al primer postulado, cuando el proletariado asume el poder estatal, suprime al estado. En efecto, como consecuencia de la revolución, la clase proletaria toma el poder del estado: los trabajadores asumen el poder estatal y el estado deja de existir. Es abolido, suprimido o anulado.

Sin embargo, no deja de existir instantáneamente. Para explicarlo, Lenin cita a Engels, quien describe cómo el proletariado se apodera del poder estatal y transforma los medios de producción en estatales. El nuevo estado que ha surgido como consecuencia de la revolución, “estatiza” todos los medios de producción existentes. Es claro, en la lógica leninista, en un mundo sin clases, la propiedad privada ya no tiene sentido. Todo le pertenece al pueblo, a los trabajadores, a los proletarios. Al estado proletario…

Exacto, el estado burgués se anula a sí mismo y con ello, revoca todas las contradicciones y diferencias de clase pre-existentes. De esta manera, se acaba el estado -como lo conocemos- que era la expresión de la reconciliación de la lucha de clases, la que, de cualquier manera, era un engaño, ya que la reconcilicación no es posible, ni tampoco seria deseable ya que retrasaría el curso de la historia.

No hay que olvidar que, para Lenin, el estado burgués -nuestro estado- reconcilia artificialmente las dos clases que, de otra forma, se hallan en lucha permanente, hasta que una de ellas, la clase trabajadora, gane la pelea. Lo que, en la teoría marxista, ocurrirá indiscutida e inexorablemente y sin vuelta atrás.

El estado burgués -el estado democrático liberal- que intenta una reconciliación entre las clases que se hallan naturalmente en permamente enfrentamiento, trata de llevar a cabo una falsa reconciliación que es dañina para la clase trabajadora y para el proceso histórico y, por tanto, Lenin lo condena[8]. Condena la reconciliación de las clases que, en realidad, deben seguir enfrentándose y luchando sin pausa, ni tregua, ni menos misericordia. Sólo así avanza la historia de acuerdo a los postulados supuestamente científicos del materialismo dialéctico.

En efecto, de acuerdo a Engels, el estado fue necesario para mantener la explotación de una clase por la otra, mediante la mantención de sus condiciones de producción. Ese estado pretendía representar a toda la sociedad; pero, en realidad, sólo representaba a la clase que, en su tiempo, decía representar a toda la sociedad, lo que, en realidad, era una falsedad. En nuestra época, el estado representaría tan sólo a la burguesía y no a la clase trabajadora. En el pasado, habría representado a los esclavistas o a los señores feudales.

Una vez que no hay más clase a la que reprimir y que se termina con la anarquía de la producción de bienes y de la existencia individual, una vez que todo se colectiviza y se acaban los excesos, ya no hay nada más que reprimir, de manera que una fuerza represiva, como es el estado, es totalmente innecesaria. En consecuencia, podemos abolir el estado.

El primer acto del nuevo estado, como representante de toda la sociedad, consiste en tomar posesión de todos los medios de producción. Este es, tanto el primer acto del nuevo estado, como también el último. Es el último acto de un nuevo estado que representa toda la sociedad y ya no a una clase opresora que se hacía pasar por “toda la sociedad” sin serlo. Ese nuevo estado es lo que hoy llamamos el estado del socialismo real, o simplemente estado socialista. Un concepto histórico propio de la Guerra Fría.

El nuevo estado ejerce el gobierno ya no más sobre las personas -como hacía el estado burgués- sino que administra las cosas y dirije los procesos de producción. Este estado no es abolido, sino que muere (stirbt ab) lentamente, debido a que, aparte de su actuación como organizador de los medios de producción, se ha vuelto superfluo en todos los otros aspectos de la vida y finalmente se hace innecesario, para acabar “durmiéndose”, esto es, muriendo poco a poco. Yo diría que es una especie de “dormición” del estado.

Engels critica duramente a los anarquistas (tan en boga a fines del siglo 19), que sostienen que el estado burgués o democrático debe ser abolido o suprimido ya. Lenin dice que este es mero oportunismo y fustiga duramente la doctrina anarquista acerca de la supresión del poder del estado. El estado posterior a la revolución va a acabar durmiéndose porque ya no será necesario. Pero el estado que surge con la revolución, cuando el proletariado toma el poder y expropia, confisca o estatiza todos los medios de producción, ese nuevo estado de los trabajadores no puede ser abolido. En este punto, los anarquistas se equivocan, como explicará más tarde[9].

En suma, el estado burgués no muere sino que es abolido. En el proceso de la revolución proletaria, es reemplazado por otro estado. Por el estado socialista. La represión anterior, ejercida por la clase burguesa contra la clase trabajadora se invierte ahora en el nuevo estado que ejerce una nueva represión, esta vez de los trabajadores contra la clase burguesa.

Demás está decir, que quiénes eran parte de la burguesía o no lo eran, fue algo que quedó al criterio, o más bien al capricho y descriterio de los autodenominados representantes del proletariado. Lo que explica por qué tanta gente fue catalogada como “enemigos del pueblo” o “traidores” y enviados a morir en el gulag. Como dice la Nóbel de Literatura Herta Müller[10], muchas veces hablamos del estado socialista; pero olvidamos que eran personas mediocres y malvadas quienes estaban al frente del estado y lo comandaban a su antojo y a su capricho[11].


[1] Obra de especial importancia en los estudios -generalmente obligatorios, por no decir forzados- de marxismo-leninismo en los países que formaban parte del llamado Bloque socialista soviético y que todos creíamos que habían pasado a la historia. Éste uno de los libros que más influyó e influye actualmente en el pensamiento neomarxista o filomarxista, pseudo-marxista o marxista popular, esto es, superficial y “facilito”.

[2] Cfr. Violence Vanquished Se refiere al cliché según el cual el siglo 20 es el más violento de la historia, olvidando la segunda mitad de la centuria.

[3] Me refiero a Sudamérica.

[4] W. I. Lenin, “Staat Und Revolution”, Dietz Verlag Berlin Oriental RDA, 1967, 9a edición (la primera edición es de 1948), Biblioteca del marxismo-leninismo. El primer capítulo va de la pág. 7 a la 24. El número 4, de la pág. 18 a la 24. Páginas bastante intensas.

[5] “Herrn Eugen Dühring’s Umwälzung der Wissenschaft”. Umwälzung es, en este sentido “dar vuelta”, invertir la ciencia.

[6] Para la elaboración de este “anti-escrito”, considerado uno de los tres más importantes de la doctrina marxista, Engels contó con la directa colaboración de Karl Marx, según cuenta el mismo Engels https://de.wikipedia.org/wiki/Anti-D%C3%BChring#Wirkung

[7] Como ya expliqué más arriba, en el último número del primer capítulo.

[9] Link a una columna que aún no he escrito.

[10] … quien vivió o sufrió ella misma el estado socialista en Rumania.

[11] Cfr. Schriftstellerin Herta Müller „Ich wusste immer, was ich nicht will“ La Nóbel de literatura habla de personas “brutales, sin educación y arrogantes”.

La ley anti – encapuchados en Alemania

Muchas veces, mis amigos ayudistas[1] me proponen transformar a Chile en Alemania. Para ellos, Alemania y los países nórdicos -así llaman a los escandinavos- parecen ser el modelo a seguir. Sólo les puedo decir: ¡adelante! Pero, por favor: sigan el modelo real y no el ficticio que alguna propaganda anticuada les ha presentado, o Uds. mismos se han imaginado, como si Europa fuese un paraíso estatista o un estado benefactor que existe sólo en la mente de ciertos ideólogos pseudo-intelectuales sentados en su escritorio.

En algo muy real y concreto pueden seguir el ejemplo alemán y conviene hacerlo rápido, muy rápido: en la ley de encapuchados. En Alemania existe no sólo una ley anti-máscaras, sino también una ley anti-uniformes. Los uniformes sólo corresponden a militares, policías y bomberos. La ley prohíbe a los participantes en una demostración cubrir sus rostros o llevar objetos que tengan la finalidad de cubrirlos y, de esta forma, evitar ser identificados, como los pasamontañas o incluso las bufandas.

No se trata de una prohibición generalizada. En Alemania, me puedo poner una máscara del hombre o de la mujer araña o de Pikachu[2], como parece que hizo en Chile Pamela Jiles la semana pasada. Aunque me cuentan que, en realidad, quería disfrazarse de violentista encapuchada de “primera línea” y no de Pikachu. OK, entiendo.

La prohibición de enmascarse o de “encapucharse”, como se le llama en Chile, fue establecida en 1985, por la coalición liberal conservadora (formada por el partido liberal y por la democracia cristiana) encabezada por Helmut Kohl. En ese entonces, el enmascaramiento era considerado como una perturbación o alteración del orden público, si la persona que ocultaba su rostro formaba parte de una “multitud violenta” y la policía ordena la disolución de la multitud. Sólo en estos casos, estábamos frente a un delito.

En 1989, se reformó la ley eliminando las dos condiciones anteriores, de manera que el enmascaramiento fue elevado, en general, sin la necesidad de que la multitud fuera violenta, al rango de delito castigado por el derecho penal. Asimismo, el lugar del “encapuchamiento” se extendió a las vías de acceso, eso es, al camino hacia una protesta, marcha o manifestación.

Asimismo, en ese año, la ley fue ampliada, en el sentido que el mero transporte de utensilios para ocultar el rostro y con ello la propia identidad quedó igualmente contemplado dentro de la figura penal. En estos casos, la persona puede ser castigada penalmente por la comisión del delito en comento.

De esta forma, ya en la década de los ‘80 -en el marco del estado de derecho propio de una democracia liberal- el estado se defendía ante fuerzas destructivas, en aquel entonces, más bien de ultra izquierda. Hoy, la legislación se aplica tanto a la extrema izquierda, como a la extrema derecha y a grupos neonazis, cuyas estrategias violentistas y destructivas son extremadamente similares.

Quién desobedezca a la policía puede ser condenado a una pena de hasta un año o a una multa (1.500 euros en Schleswig-Holstein). Casi puedo decir que la multa duele incluso más a los alemanes. Asimismo, quien lleva consigo elementos para taparse la cara, por el sólo hecho de transportarlos a uno de estos eventos, puede ser condenado a una multa de hasta 511 euros.

La ley dice más o menos lo siguiente[3]: en el caso de concentraciones públicas al aire libre[4], en marchas o en otras manifestaciones públicas al aire libre o en el camino a ellas, está prohibido 1° participar en tales eventos usando un atavío o presentación personal que sea apropiada para o que pretenda evitar la constatación de la identidad personal, o dirigirse a tales eventos vestido/a de esa forma. 2° en tales eventos o en el camino a ellos, llevar objetos que sean adecuados para impedir que se pueda establecer la propia identidad.

La orden de disolver la manifestación es adoptada por la policía incluso cuando sólo una parte de los manifestantes se encapuchan y el resto no. Sí o sí se disuelve toda la manifestación, protesta, marcha o acto. Ello siempre puede llevar a una “escalada” de violencia[5]; pero se considera un riesgo que hay que correr. Los organizadores tienen que ser responsables y alejar de su gente a los encapuchados, lo que, en Alemania, generalmente ocurre.

La prohibición de usar las máscaras u otros objetos para ocultar el rostro, se ha extendido, en el último tiempo, a los estadios de fútbol. En ellos, a los dueños de los estadios (evidentemente, los estadios en Alemania son de propiedad privada) corresponde establecer la prohibión de enmascararse. En general, se acepta que, si no se producen incidentes, los “fans” pueden ponerse máscaras; sin embargo, ante la menor señal de violencia, la policía puede intervenir, para lo cual -desde hace un par de meses- las autoridades pueden enviar una suculenta cuenta a los clubes de fútbol por “sus servicios”. Lo que me parece muy razonable, ya que no veo por qué el contribuyente tenga que pagar por la irracionalidad de los hinchas.

La prohibición se puede extender a procesiones religiosas, a funerales, a matrimonios y a todo tipo de fiestas populares; pero generalmente no se hace, ya que no es necesario. Evidentemente, la prohibición tampoco se extiende a policías o a personas que pasen por la calle, pero que no participan en el evento en cuestión[6]. Esto es importante, considerando el frío que hace en Alemania durante el invierno que hace necesario el uso de pasamontañas. Y la presencia de algunas burkas aisladas en algunas ciudades[7].

De acuerdo a la doctrina alemana, los siguientes objetos se pueden considerar como parte del enmascaramiento: bufandas, capuchas, sombreros, anteojos de sol, pasamontañas, cascos con visores cerrados (de esos de moto o de bicicleta), narices de payaso, pelucas, máscaras e incluso maquillaje.

La jurisprudencia ha señalado que tiene que haber una voluntad de ocultar su rostro; pero esa intención subjetiva no necesita ser demostrada, sino que se colige de las circunstancias. En otras palabras, quien se dirige a una manifestación encapuchado o se encapucha durante la misma, demuestra en los hechos, que su voluntad es ocultar su identidad.

También en Alemania, hay gente que sostiene que una prohibición de llevar máscaras durante las protestas y manifestaciones es un atentado contra los derechos humanos y una muestra de la represión estatal. Pero mientras esos grupos no alcancen un porcentaje significativo del electorado, no hay posibilidades de que cambie la ley. Como en todo país desarrollado, en Alemania, las leyes no se derogan gracias a la “presión de la calle”, sino en el parlamento y quien no llegue al Bundestag, poco y nada puede hacer. Sobre todo porque en Alemania existe la cláusula del 5%, según ella, únicamente los partidos políticos que hayan obtenido al menos el 5% de los votos válidamente emitidos pueden obtener representación parlamentaria[8].

Los partidarios de la prohibición (la inmensa mayoría de la gente, que quiere vivir en paz) sostiene que la facilidad en la aplicación del derecho penal, que implica la prohibición de “encapucharse”, tiene muchísimo más peso que el deseo de permanecer en el anonimato por parte de los manifestantes[9]. Asimismo, agregan que quien se tapa el rostro tiene una “apariencia marcial” que no da precisamente la impresión de querer manifestarse pacíficamente. Eso es cierto: las pintas de los encapuchados no dan confianza, sino más bien, crean temor. Pienso que es esta su principal intención: atemorizar a la población.

Hay una sola excepción reconocida por los tribunales: el caso de manifestantes que sean filmados por rivales políticos o a agencias de inteligencia extranjeras[10] y se oculten temporalmente la cara frente a ellos. En tales casos, ha habido varias absoluciones en derecho penal. También si temen no por ellos mismos, sino por sus familias que viven en otros países. Pero insisto, la excepción se refiere sólo a los casos en que alguien cubra su rostro frente a los manifestantes de una contramanifestación quienes los filman para iniciar contra ellos campañas o “funas” en su contra. Lo que generalmente hacen los extremistas de derecha en Alemania que no veo muy lejos de nuestros extremistas de izquierda chilenos. Ni en sus prácticas, ni en su estética del fuego, ni en sus vestimentas.

Otra excepción es la vestimenta temática, que puede ser parte de performance en ciertas manifestaciones, por ej., máscaras de animales, en apoyo de los animales o trajes que protegen de la radicación, en contra del uso de la energía atómica. Sobre todo, ahora que la serie de HBO Chernobyl se ha convertido en una de las más populares de Alemania[11]. Igualmente, supongo que un disfraz de Pikachu como el que Pamela Jiles exhibió en el Congreso la semana pasada, también estaría exento de la prohibición.

A mi modo de ver, la prohibición de enmascarse o “ley contra el encapuchamiento” protege precisamente el derecho fundamental a reunirse y manifestarse pacíficamente. Este es un derecho que tenemos que resguardar todos. Es nuestro derecho garantizado por la Constitución. Cuando el estado, a través de la fuerza pública prohíbe el encapuchamiento contribuye directamente a asegurar este derecho humano a manifestarse en forma pacífica.

Quienes participan en un evento político o social de relevancia, como una marcha, una protesta o una manifestación en general, son quienes deberían tener el mayor interés en que su evento se iniciara, continuara y terminara en paz, sin encapuchados, sin violentistas de “primera línea”, ni saqueos, ni tampoco incendios o agresiones a carabineros o a transeúntes.

En un estado de derecho, la fuerza policial protege a quienes participan en una protesta pacífica de los violentistas que atentan contra la vida, la propiedad, la integridad y la libertad de las demás personas, tanto de las que participan en la marcha, como de las personas que pasan por allí, de periodistas y de la gente que vive o trabaja en el lugar en que tiene lugar la manifestación.

Adular a los violentistas o creer que la violencia es la única forma de cambiar las cosas es una barbaridad, una aberración y una estupidez y significa retornar a la época de las cavernas. Me atrevo a decir que la escalada de violencia encapuchada que tiene lugar hoy en Chile es lo que Popper clasificó como una fuerza anticivilizatoria, una expresión más del totalitarismo que acompaña el proceso de la civilización. En el fondo, es un movimiento reaccionario.


[1] Sobre el concepto de “ayudismo”, ver mi columna ¿Pamela Jiles, de qué estaba disfrazada?

[2] Pikachu es un Pokemon y realmente, que se ve igual a la Pamela o, más bien, ella igual a él.

[3] La traducción del § 17a del Versammlungsgesetz (ley sobre marchas y concentraciones) totalmente libre es mía. El original dice: “(1) Es ist verboten, bei öffentlichen Versammlungen unter freiem Himmel, Aufzügen oder sonstigen öffentlichen Veranstaltungen unter freiem Himmel oder auf dem Weg dorthin […] (2) Es ist auch verboten, 1. an derartigen Veranstaltungen in einer Aufmachung, die geeignet und den Umständen nach darauf gerichtet ist, die Feststellung der Identität zu verhindern, teilzunehmen oder den Weg zu derartigen Veranstaltungen in einer solchen Aufmachung zurückzulegen. 2. bei derartigen Veranstaltungen oder auf dem Weg dorthin Gegenstände mit sich zu führen, die geeignet und den Umständen nach dazu bestimmt sind, die Feststellung der Identität zu verhindern. (3) Absätze 1 und 2 gelten nicht, wenn es sich um Veranstaltungen im Sinne des § 17 handelt. Die zuständige Behörde kann weitere Ausnahmen von den Verboten der Absätze 1 und 2 zulassen, wenn eine Gefährdung der öffentlichen Sicherheit oder Ordnung nicht zu besorgen ist. (4) Die zuständige Behörde kann zur Durchsetzung der Verbote der Absätze 1 und 2 Anordnungen treffen. Sie kann insbesondere Personen, die diesen Verboten zuwiderhandeln, von der Veranstaltung ausschließen”.

[4] En alemán se dice “bajo el cielo libre”. Quiere decir: las que no se realizan en locales cerrados.

[6] En este punto y en otros muchos que toco en este artículo, ver el exclente informe del Bundestag Das versammlungsrechtliche Vermummungsverbot, cuya lectura recomiendo.

[10] Pienso en Rusia y en Turquía.

[11] Lo mismo se puede decir de las máscaras de Guy-Fawkes -tan de moda durante la crisis subprime- o de las mascarillas que expresan solidaridad los enfermos de SIDA.

¿Pamela Jiles, de qué estaba disfrazada?

Les prometo que al ver las fotos de la diputada Pamela Jiles creí que estaba vestida de conejita del Playboy y que era un llamado de atención feminista contra la cosificación de la mujer o algo así. Después supe que se trataba de su homenaje a la llamada “primera línea”. Claro que su disfraz de color amarillo con orejitas lila no es nada parecido a las capuchas que se ven en la llamada “primera línea” de las manifestaciones, marchas, protestas y otras acciones. No es parecido ni en su forma, ni en su color. Me atrevo a pensar que se trata de un intendo de “dulcificar” la capucha, ya que los pasamontañas reales que usa la “primera línea” no son tan sweet como el de Pamela, que más parece una jovencita que va a una fiesta en el colegio.

Eso me lleva a pensar que la última vez que vi a la Pamela fue en nuestro colegio, ella ya había egresado. Yo estaba con mi amigo Javier Edwards y llegó la Pamela, que inmediatamente comenzó a hablar en voz muy alta de política con Javier y sólo con él y en forma que hoy denominaría como exaltada. Yo era amiga de su hermana menor; pero a mí no me dió ni la hora. Me parecía que para ella, sólo existía mi amigo. Esta actitud la he vivido sólo con hombres y con mujeres que parecen ver sólo a hombres e ignoran a las mujeres en la vida práctica. Pero no quiero juzgar a nadie, tal vez fue simple casualidad o después de tantos años, Pamela ha cambiado su actitud frente a las mujeres.

Mario Waissbluth[1] describe a la llamada “primera línea” como integrada por “jóvenes violentistas [que], por su parte, se sienten por primera vez en su vida formando parte de un grupo con un propósito, aplaudidos además por muchos de los 1-2 millones de incontables ‘ayudistas’ de las marchas pacíficas, que pasaron de rechazarlos inicialmente a ayudarlos en tan solo un par de semanas, a aplaudirlos, llevarles víveres y medicamentos. Ahora son su ‘primera línea’ en las marchas”. A su vez, Waissbluth describe a los “ayudistas”, como “los inocentes marchantes indignados, que sienten que la ‘primera línea’ los protege. Otros son izquierdistas (como yo), desde moderados a extremos”. De manera que, parece haber una simbiosis entre los dos: ayudistas y “primera línea”.

Pero volvamos al tema feminista. A comienzos de mes, me encontré con un tweet que interpretó plenamente, ya que yo, en ese momento sufría: un ataque despiadado[2] en Twitter desde una cuenta que pertenece a un español machista[3] y deslenguado radicado en Chile, o es un troll o un social bot, esto es, un robot pagado por alguien. El tweet que me interpretó decía: “Igual me pone mal el doble discurso femenino, por un lado el apoyo al #ElVioladorEresTu y a la vez ‘Puta, maraca pero nunca Paca’. La sub-división de género y la discriminación va ganando”, El tweet de 2 de diciembre es de María Loreto @lorecuadra. Desde mi insumisión, se lo agradezco.

Sí, la descalificación “sumisa” abunda en redes sociales frente a cada mujer que no está de acuerdo con la “primera línea” o con los ayudistas exaltados. Cuentas de activistas que intentan presentar a todas las mujeres que no estamos de acuerdo con ellos como mujeres que se someten al sistema patriarcal neoliberal o alguna fantasmagoría de esta calaña. Me recuerda esa estupidez acerca de que todas las rubias votaron por Piñera[4]. Nada más absurdo; pero parece que es la extrema izquierda -anticuada y pechoña- la que está a favor del prejuicio y de la discriminación absurda y sin sentido. Tal es su fanatismo y exaltación, tal es su ensañamiento ideológico.

Hay un discurso de la ultraizquierda -o de extrema izquierda, como le llamamos en ciencia política- de acuerdo al cual, el machismo y la sociedad patriarcal serían superadas en el sistema socialista. Por ello, quienes protestan, ya sean de la “primera línea” o “ayudistas”, tendrían que seguir protestando y deconstruyendo el sistema para construir uno nuevo. Como dice una activista en Instagram, se trata de substituir el patriarcado actual por un matriarcado. ¿Sustituir un sistema opresivo por otro? Lo pueden hacer sin mí, yo no quiero oprimir a nadie en nombre de ninguna “superstición ideológica”[5].

Me pregunto si el socialismo era un matriarcado… Basta con ver las fotos de la plana mayor de los países socialistas, desde Stalin hasta Tito, pasando por Honecker y Ceaușescu, para darse cuenta que el socialismo era un patriarcado. Los führer del Bloque Oriental, de ninguna manera, eran feministas. Muy por el contrario, las fotos de los líderes socialistas -hombres de terno y negro, corbata café, sombrero estilo Al Capone y camisa blanca- nos muestran quiénes eran realmente los que mandaban en el socialismo: hombres de sombrero gris.

Pero hubo otro socialismo, es el llamado socialismo verde oliva. En él, no había hombres de sombrero gris y expresión huraña, sino machos de guayaberas, de uniforme verde y de rostros barbudos. Si, allí no tenían cabida quienes no mostraran una barba exuberante muy testosterónica. En Cuba, el “pensamiento nacional dominante siempre ha  [sido] sexuado masculino”[6]. Como explica Roberto Ampuero, “ser un hombre revolucionario en la isla era ser en primer lugar heterosexual, cojonudo, intransigente, valeroso, macho y recio, lo que debía demostrarse con la voz gruesa, el vocabulario soez, gestos viriles y la conquista incesante de hembras”[7].

Esta semana, celebramos los cien años de la fundación de la Asociación para el bienestar de los trabajadores (Awo), una de las tres organizaciones de beneficencia más importantes de Alemania[8], constituída en 1919 por la luchadora feminista Marie Juchacz. La organización tuvo su origen en la época de la República de Weimar, un sistema o modelo que hoy sería calificado como neoliberal, que colapsó precisamente por los ataques de los dos extremos del espectro político de la época, que poco se diferencian de los extremos actuales. Durante el período del nacional socialismo, Juchacz no se refugió en la URSS, sino que huyó a los EEUU. Después de la guerra, regresó a Alemania occidental y retomó la labor iniciada por la institución que había fundado.

Regresó al Occidente de su país y no a la República democrática alemana. ¿Por qué? Porque a este lado del mundo y sólo en este lado, Juchacz podía continuar su labor en favor de la mujer y con ello, de toda la sociedad. Era la época en que, en la República federal, Ludwig Erhardt implementaba la economía social de mercado que condujo al llamado “milagro alemán” y permitió el bienestar a la población, inimaginable en países socialistas o, en general, estatistas[9].

Al “otro lado” de Alemania, existía una gran desigualdad, pero que era negada permanente y sistemáticamente. Pienso que, donde se niega la realidad, no se puede mejorar nada y no hay espacio para la iniciativa individual o colectiva, ni siquiera en el ámbito del amor al prójimo. El trabajo de la feminista socialdemócrata[10] Marie Juchacz habría sido imposible en el mundo socialista. Sin embargo, los seguidores del totalitarismo lo que hacen es “negar los hechos cuando contradicen o ponen en aprietos o en tela de juicio su propia ideología”[11].

El modelo de la democracia liberal representativa y su par, la economía social de mercado no es perfecto; pero es el único sistema esencialmente perfectible que conocemos. El único en el que se otorga un premio a quienes hacen ver los errores existentes y a quienes tratan de corregirlos. El único que fue capaz de transitar desde una sociedad patriarcal a una en que existe cada vez más igualdad entre hombres y mujeres. En que el feminismo pudo desarrollarse y se continúa desarrollando libremente. Y te dan un premio por ello.

Por el contrario, un sistema socialista (de uno u otro lado de la herradura del espectro político) se considera a sí mismo como perfecto y en él se llama traidores a quienes hacen ver sus errores. El socialismo es un modelo estático y, por definición, imposible de ser mejorado o perfeccionado. En él, el feminismo no tenía cabida, sencillamente porque se consideraba un sistema perfecto, en que la mujer ya había alcanzado lo que tenía que alcanzar. Con ello, perpetuó el patriarcado.

Prefiero reconocer las desigualdades y que me den un premio por denunciarlas en vez de enviarme a algún gulag o a algún campo de trabajo, algo así como fueron las siniestras Unidades Militares de Ayuda a la Producción creadas en Cuba bajo la égida de Raúl Castro. Esto lo sostengo y me gustaría gritarlo, ya que soy feminista y no soy en lo más mínimo, ni sumisa, ni tampoco ingenua “donde más avances se ve en el tema igualdad de la mujer es precisamente en sociedades de economía de mercado y democracia liberal”[12]. Les confiero que prefiero a Marie Juchacz que a Pamela Jiles.


[2] Aquí uno de sus tweets, que guardé; pero había más.

[3] Iñaki, a quien habría que denunciar.

[5] De “supersticiones ideológica” habla Montaner -que no es santo de mi devoción- en este artículo La destrucción en Chile, que aparecido en Cubanet.

[7] Roberto Ampuero, “Detrás del muro”, 2015, pág. 203.

[8] Las otras son Caritas, de la Iglesia católica y la Diaconía, de la Iglesia evangelíca (luteranos y calvinistas).

[9] Se cuenta que Fidel Castro, en algún viaje a Alemania oriental, sostuvo que el milagro alemán era el de la RDA. Con Condorito, sólo puedo decir: PLOP!

[10] La socialdemocracia alemana fue muy combatida por los comunistas, ya desde la época de Weimar. En 1959, la SPD renegó de cualquier resto de marxismo y señaló que la base de sus ideales eran la ética cristiana, el humanismo y la filosofía clásica.

[11] Roberto Ampuero, “Detrás del muro”, 2015, pág. 18.

Navidad chilena en la RDA, al otro lado del Muro – Una historia del exilio

En 2013, me contaron públicamente esta historia en Twitter. La historia de una niñita chilena que vivía tras el “muro de Berlín”. Es una historia realmente conmovedora y los invito a leerla. Doy gracias a su autora (no menciono su nombre, salvo que ella me autorice a hacerlo y aunque sus tweets son públicos). Uní dos tweets, cuando van juntos y ella los separó sólo porque no cabía todo la idea en 140 caracteres, que eran standard en Twitter de ese año. No he quitado ni agregado nada, creo que así es muy vivo y muy auténtico su relato. Sólo he cambiado al orden de algunos tweets para que se entienda mejor. Le agradezco enormemente su sinceridad y que nos haya contado de su vida. El tema Navidad o Pascua, como le decimos en Chile y sólo en Chile, pega mucho para este mes de diciembre.

Si les contara que alguna vez fui una niñita que vivía trás el muro de Berlín, en el difunto socialismo, Vivíamos en Cottbus, no me acuerdo còmo se escribe. El exilio y otras yerbas extrañas de aquellos tiempos

…y porfiadamente trataba de convencer a sus maestros de que en la navidad se celebra en nacimiento de Jesús

Imagínate que terminé acusada de “fascista” a los 8 años, por niños chil, porque no quise participar en los pioneros; una lata

Peor cuando intenté convencerlos de que la navidad es el nacimiento de Jesús. Allá la celebraban como “fiesta de la familia”.

Guardamos algunas fotos de ese tiempo. Recuerdo el teatro, el parque y el difunto socialismo real, que en paz descanse.

En el tiempo que yo recuerdo nunca vi asiáticos ni menos negritos. Los raros éramos chilenos, húngaros, rusos, polacos…

Era un mundo raro aquel, el del difunto socialismo. Entonces aún había tropas rusas acuerteladas, porsia. Había solidaridad.

Lo que no significa que nos quisieran, creo yo. La escuela era a todo trapo. Como no hay escuelas públicas en América.
pero también profundo resentimiento de los alemanes hacia los refugiados, por los privilegios que teníamos: nos daban de todo.

La convivencia con los niños alemanes no era sencilla. Chilenos formábamos un suerte de ghetto. Había integración oficial.

Lo que yo recuerdo es que cada uno vivía en su submundito, en gran parte, separados por las barreras idiomáticas y culturales.
En realidad los húngaros, si bien eran más aceptados, también tenían su propio submundo. Los soldados rusos eran caso aparte.

La verdad no sé dónde estudiaban los niños de familias rusas, pero sí había uno que otro polaco en mi escuela; nada queridos.

Las familias rusas no eran muchas, que yo recuerde. Incluso tenían sus propios supermercados donde sacaban cuentas con abacos.

Esos supermercados (tiendas antiguas, más bien), eran pintorescos; vendían coliflores en latas y cosas raras para uno, jajaja.

De eso no supe. Recuerdo a las viejas señoras rusas con su pañuelo en la cabeza e idioma imposible, comprando sus coliflores.

Los soldados rusos vivían en sus cuarteles con prohibición de hacer amistad con alemanes o extranjeros. No hablaban alemán. Los domingos se dispersaban como palomas verdes por las calles en patota. Eran simpáticos con los niños, recuerdo…Tan solos

Me acuerdo también, que de la escuela nos llevaban algunas veces al cuartel, para algunas festividades nacionales, supongo,

Mi primera poesía en alemán me la aprendí justo para recitarla en una de esa sesiones de patriotismo en homenaje a los rusos.

Eran tiernos los soldaditos rusos. Se emocionaban hasta las lágrimas con las canciones y los poemas de los niños, aunque no aunque no entendían un carajo, y yo tampoco. Solo recuerdo que era de un pajarito que repetía: “gracias por el trabajo”.

Yo no me acuerdo casi nada de alemán. sí, me acuerdo que las lolas chilenas se volvían locas por los polacos y los rusos.

Esas famosas sesiones de “acercamiento” entre soldaditos y niños pioneros, terminaban en una sesiones de matiné en ruso, con la típica película checa, traducida al ruso y con subtítulos en alemán: o sea… Nunca entendí nada.

Creo que sí. Había checos, también eran minoría y no eran como tan mal vistos como los polacos.

No eran películas para niños. Eran como de guerra, cosas así. Lo único que me quedaba claro es que cuando llegaba el noticiero había que aplaudir cuando un mapa mostraba a la mayor parte del planeta pintado de rojo…

Los chilenos tenìamos buena calefacción, sin olor, en los dptos. que nos asignaban. En antiguas casas había calefa a carbón.

No nos mandó ningún partido. Llegamos nomás por influencia de el 2do esposo de mi abuelita, que hizo de todo para refugiarnos

Era un mundo muy raro en un tiempo muy raro. Lo que significa que estoy bien antigua, si viví tras el difunto muro de Berlín.

La mayoría de los niños que llegaban allá, nunca habían tenido tanto confort, ni tantos juguetes ni escuelas como esas. Sin embargo, las niñas se volvían locas por mi colección de cuentos de princesas y los disfraces de princesa. Los regalé todos

Claro. Había un sistema de asignación de empleos y los sueldos los asignaban x uno o x dos, si uno de los dos no trabajaba.  Mi padre es iluminador teatral y le asignaron lo más parecido: electricista del teatro. Allí aprendió a iluminar ópera.

EL comité chileno dudaba de él, hasta pensaban que podía ser un espía de Pinochet. Todo porque llegamos a la DDR solos.

Eso fue antes de que nos asignaran a vivir en Cottbus. ¿Puedes creer que al principio a mi papá lo trataban con desconfianza?

Lo usual era que las mamás también trabajaran fuera de casa, pero la mía estaba embarazada y no quiso. No fue bien aceptado,

De hecho, mi madre lo pasó pésimo en su embarazo, porque allá le decían que debía abortar por riesgo posible para su 3er parto

El sistema de salud alemán se tornó completamente hostil para ella porque no quiso abortar. Tuvo que atenderse clandestinamente

Solo te puedo contar cómo se veía ese mundo visto con ojos de niño chileno pequeño, en el exilio. El clima en la comunidad chilena era tanto o más politizado que todo el entorno descabellado del mundo de la “la guerra fría”.

Cuando por fin nos aceptaron como refugiados, nos llevaron a un hotel en otra ciudad, nos compraron ropa de abrigo y eso. No. Había un comité que distribuía a la gente, los trabajos y las viviendas.

También recuerdo los escasos días de sol de un verano mezquino. Creo que era verano el tiempo que vivimos en Frankfurt Oder.

a Frankfurt, todos los días. Pero no se podía pasar libremente, que yo me acuerde, eso escuchaba: había que pasar con permiso

Solo los viejos tenían permiso de pasar al otro lado y de traer cosas del otro Berlín. Solo quedaban viejas, en todo caso.

Recuerdo cómo los asaltaban los nietos en la estación del cruce del muro, porque les encargaban ropa y cosas del otro lado.

Los alemanes no tenían libre circulación, ni los extranjeros. Los chilenos podíamos cruzar el muro solo para ir al consulado.

Bonita historia y reflexión. Me he acordado de muchas cosas más de mi vida de niña en Alemania, cuando quieras, te cuento más

Bueno, te dejo con mis historias. Gracias por leerme y por tu buena onda. Saludos.
Hasta pronto. Me alegra si te hice reír Gracias por tu compañía; no he pegado ojo en toda la noche y realmente la agradezco.

¿Será el capitalismo el culpable del patriarcado? ¿O será al verrés?

El lunes pasado, conmemoramos el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. No creo que muchas mujeres puedan asegurar que nunca fueron víctima de violencia. Algunas más, otras menos, todas hemos sufrido alguna vez, violencia física o psíquica por el hecho de ser mujer. El hashtag #metoo es uno que creo que todas podemos suscribir.

En estos aciagos días -ya vamos en la quinta semana- de protestas, marchas, paros, saqueos, incendios y otros actos de vandalismo en Chile, al cabo de los cuales, parece que el país está al borde del precipicio y los violentistas, también. Al menos si le creemos Mario Waissbluth, en su columna de esta semana[1].

Sí, en el convulsionado Chile de hoy, hay quienes sostienen que tienen que seguir con las protestas, ya que su movimiento tiene que continuar presionando, porque sin presión no habría cambio favorable a la mujer, ya que, en un “sistema capitalista”, el patriarcado pervive, ya que el capitalismo “protege” al patriarcado.

De entrada, descalifican a toda mujer que los contradiga, al menos, como “sumisa”. La sumisión es definida “como un cúmulo de comportamientos, costumbres y prácticas sexuales donde una persona accede que otro individuo pueda ejercer poder y dominio sobre este, dentro de un contexto sexual o más genérico, limitado o indefinido en el tiempo”[2]. Sí, es como para no creerlo: si no estás de acuerdo con la revolución molecular permanente y con la presión social callejera, eres una sumisa y tal vez algo más…[3]

Si se lograra la liberación femenina “acabando con el sistema”, hasta yo estaría quemando edificios, ya que yo también soy feminista y estoy a favor y anhelo sin pausa la emancipación de la mujer. Si el triunfo del feminismo, el fin de la pedofilia, de la ebofilia y de todo tipo de abusos sexuales, el fin de la cosificación de la mujer, del maltrato en cu contra, de su discriminación laboral y de todo tipo de aberraciones, dependiera de un cambio del “modelo neoliberal”. ¿Pero será esto así? O ¿será otra quimera de quienes se encuentran en una especie de ensañamiento ideológico permanente?

¿Será el patriarcado un mal protegido por nuestro sistema occidental, establecido en la época de la guerra fría, en el llamado “mundo libre”? ¿Será nuestro modelo “capitalista” y democrático liberal representativo el que propugna y propicia la opresión de la mujer? ¿Será nuestra sociedad democrática liberal la culpable de toda la violencia en contra nuestra? ¿Habrá que acabar con el capitalismo en Chile e instaurar una economía planificada para superar el machismo?

Una tesis es una proposición, un punto de vista que se puede poner en duda, ya que no es una verdad comprobada. Podemos probar una tesis o reprobarla, demostrarla o refutarla. Cuando confrontamos una tesis con la realidad, buscamos evidencia empírica que la afirme o la desvirtúe. Asimismo, ante a cada tesis, se puede formular una antitesis[4]. Ello, de acuerdo al principio de falsabilidad o racionalismo crítico, a cuya formulación Popper contribuyó esencialmente[5].

Como toda tesis, la aseveración de ciertos grupos en Chile de hoy, en el sentido que “el sistema capitalista y liberal-democrático protege el patriarcado” es una tesis que tiene que ser sometida a pruebas que la contradigan. Es lo que denominamos falsabilidad o refutabilidad.

Antes que nada, veamos qué pasa con las sociedades no capitalistas, no liberales y no democráticas. En ellas, debería no existir opresión alguna, cero patriarcado, nada de machismo. Por el contrario, debería reinar la igualdad entre hombre y mujer, y entre transexuales, bisexuale, homosexuales. Sin embargo, ¿existe tal igualdad en países no-capitalistas?

Resulta que el capitalismo surgió en la Edad moderna, por allá por el siglo 18 y llegó a su cúspide a mediados del siglo XX, después del triunfo de los aliados sobre el fascismo y el nacional socialismo en Europa. No creo que nadie pueda sostener que la sociedad anterior a la Edad moderna no eran patriarcados.

Cabe preguntarse si los países europeos anteriores a 1945 eran estados con una sociedad abierta e igualitaria, en los que se había eliminado el patriarcado. Mi respuesta es clara: en Europa occidental, la sociedad anterior a 1945 era una  sociedad mucho más patriarcal, más machista y e inconmensurablemente más cerrada que la actual.

Por el contrario, ha sido precisamente el sistema capitalista y democrático el que, al menos, en Europa y Estados Unidos y Canadá, Australia y Nueva Zelanda, ha dado un gran impulso a la liberación de la mujer. Tal vez porque este es un sistema capaz de corregirse a sí mismo y de perfeccionarse. Un sistema que te premia si lo criticas. Te premia y no te castiga, como ocurre en el caso de estados totalitarios. Te premia, porque hemos aprendido que en la crítica se haya el comienzo de toda mejora. En la crítica que no destruye violentamente, sino que edifica. Esta es mi antítesis.

Volvamos atrás en el tiempo y preguntémonos, si “al otro lado”, al Este de Europa, el reino del socialismo real, existente hasta comienzos de los años 1990, acabó con el sistema patriarcal. Hay que mirar a Rusia y a los demás países soviéticos después de 1919 y a los estados de Europa oriental luego de 1945. La verdad es que en ninguno de ellos se logró una igualdad de género ni nada semejante. Ni entre 1919-1991, ni tampoco entre 1945-1991. Es más, en ellos, cual más cual menos, imperaba el machismo más absoluto.

En el mundo del socialismo real, sólo los varones -aquellos de uniforme militar, con el pecho lleno de condecoraciones de los más diversos colores y tamaños, o vestidos con ternos oscuros, corbata gris y sombrero negro, estilo Al Capone- se adueñaron del espacio político, del poder económico y de la intelectualidad que pusieron a su servicio. Ellos, los varones y sólo ellos, pues ningún espacio dejaron a las mujeres, salvo los jardines infantiles, alguna organización o juvenil, la salud (las enfermeras eran muy importantes en el Este, ya que muchos médicos no había) y las grandes cocinas de las empresas estatales.

Tal vez, la República democrática alemana fue el país del bloque oriental más “liberado”; pero aún en él, esta liberación era de la boca para afuera. Tengo la suerte de ser muy amiga de una profesora emérita que fue llamada a una Universidad muy importante de la ex-RDA luego de la Caída del Muro. En el marco de la Unidad alemana, a ella le tocó reorganizar la facultad en la que trabajaba[6]. Mi amiga es una de las más importantes expertas en gender en Alemania y que, por ello, estudió empíricamente la desigualdad hombre-mujer en la Alemania comunista y su veredicto es sumamente negativo para el sistema socialista. En ese modelo altamente no-capitalista, la igualdad hombre-mujer era una quimera. Y eso, en el país socialista más desarrollado en términos de igualdad de sexos. ¿Te imaginas cómo era en los otros?

La primera mujer que llegó a la cima del poder en un país europeo importante fue Thatcher, primera ministra de un país liberal, democrático y cuna del capitalismo, a la que ella misma inyectó aún más libertad económica y política. La segunda, fue la conservadora Merkel, en un país que algunos critican abiertamente por representar uno de los peores capitalismos: el capitalismo alemán. El francés Felix Guatteri, autor del Manual sobre la Revolución molecular escribe: “hoy es necesario distanciarse del mito de la primacía absoluta del capitalismo alemán y americano”[7].

Hoy, la laborista Jacinda Ardern, encabeza el gobierno neozelandés, es la segunda mujer al frente de un estado que da a luz durante su mandato. Precedida sólo por Benazir Bhutto, de Paquistán. La social demócrata Helle Thorning-Schmidt fue entre 2011 y 2015, primera ministra de Dinamarca. Todos, salvo Paquistán, países claramente “capitalistas” o “neoliberales”, como les llaman en términos despectivos. Yo prefiero llamarlos economía social de mercado o economía libre.

Es más, en el Bloque oriental, de economía planificada y no capitalista, imperaba no sólo el machismo más enconado, sino también una fuerte ñoñería. No sé si se sabe en Chile que los Honecker tuvieron que casarse, ya que su relación era un gran escándalo y habría sido una razón para poner fin a sus respectivas carreras, según les explicó el secretario general del Partido, Walter Ulbricht. Erich Honecker y Margot Feist se conocieron en la fiesta de cumpleaños de Stalin en Moscú, en 1948. Y al casarse, ya tenían una hija Sonja[8].

Okay, me pueden decir, eso es pasado… Pero ¿qué ocurre ahora en los países de economía y régimen político no capitalista? Con Venezuela, con Cuba, países cuyas sociedades son altamente sexualizadas. Iba a contar algunas historias; pero no lo haré por cariño a mis amigas venezolanas y cubanas. (Un amigo me contó que a él, llegando a Cuba, el papá de una joven, se la ofreció por 50 dólares la semana. Conozco muchas historias como esta). La persecución de los “afeminados” (que fueron internados en campos de reeducación sexual) en la época de Fidel Castro en Cuba, es sintomática. Hasta donde se sabe, su hermano Raúl fue el encargado de implementar estas medidas homofóbicas[9].

En países no-capitalistas, como China, Corea del Norte o en Rusia. ¿Creen Uds. que la sociedad es super igualitaria y hay tantos líderes mujeres como hombres? Lamento defraudarlos: no es así. ¿O Uds. han visto que en la plana mayor de la República popular china, haya alguna mujer? ¿O en Rusia, donde un grupo de oligarcas acumula todo el poder económico y político? Donde las mujeres de los oligarcas son, en el mejor de los casos, algo así como un adorno. Entre paréntesis, no sé si saben que, en Rusia, si un marido golpea a su mujer, no puede ni siquiera ser castigado penalmente (salvo que la mate); pero que los besos en la calle son objeto de una multa.

En suma, la tesis, de acuerdo a la cual, el “sistema capitalista” protegería, sería la causa o ampararía al patriarcado es falsa. Por el contrario, en países no-capitalistas, el machismo abunda y no hay forma de criticar al sistema y por lo tanto, de superarlo. Históricamente, en la era pre-capitalista, el patriarcado fue muy fuerte y se puede decir que, con el inicio del sistema liberal en la Edad Moderna, la sociedad patriarcal comenzó a ser superada. Mi tesis: donde más avances se ve en el tema igualdad de la mujer es precisamente en sociedades de economía de mercado y democracia liberal.


[3] Para muestra, un botón: este tweet que me envió alguien, de entrada, que no me conoce y en vez de dialogar.

[4] …esto lo deben saber muy bien los filomarxistas, ya que en el marxismo existe la dináminca tesis-antitesis-síntesis

[5] En su libro “Logik der Forschung” (lógica de la investigación), de 1934 y que él consideró siempre su obra más importante, más que “La sociedad abierta y sus enemigos”.

[6] …en otra ocasión, puedo contarles cómo era espiada por sus nuevos colegas.

[7] “La nueva aristocracia mundial continuará recibiendo el apoyo que le brindan las altas jerarquías de las potencias internacionales. Sin embargo, no se identificará particularmente con ninguna de ellas. Del mismo modo que ayer era necesario acabar con el mito de las doscientas familias, hoy es necesario distanciarse del mito de la primacía absoluta del capitalismo alemán y americano. El objetivo actual no está concentrado en un solo punto. Los focos más virulentos del capitalismo se encuentran tanto en el Este como en el Oeste, así como en los países del Tercer Mundo”, en: Conspirar y respirar ‘La revolución molecular’, seminal texto de Félix Guattari, se lee cuatro décadas después como un sistema universal de lucha social y emancipación

[8] Erich estuvo casado tres veces. La primera cónyuge de Erich Honecker fue una mujer guardia de una cárcel. Después de su muerte debido a un tumor cerebral, Erich se volvió a casar con, Edith Baumann, una funcionaria juvenil del partido, con la que tuvo una hija: Erika. Estando casado con ella, conoció a Margot, en Moscú. Walter Ulbricht, el padre del socialismo de la RDA y secretario general del partido, o sea, el primer hombre del estado, conminó a Honecker a divorciarse de la funcionaria juvenil y a casarse con su amante y madre de su hija, Margot.

[9] Interesante es el artículo publicado en una página de izquierda: Mariela Castro, los homosexuales y la política cubana “La asociación entre los cubanos gays, el afeminamiento y Estados Unidos produjo además el argumento de que los homosexuales eran incapaces de resistir la agresión estadounidense y, por lo tanto, que eran escollos en el proceso de crear al «hombre nuevo» del Che Guevara.”

Evo Morales vs Piñera

No sin cierta superficialidad, se compara a Evo Morales con Sebastián Piñera y se pide la renuncia del segundo, ya que el primero renunció. Con ello se compara Chile y Bolivia o más bien, la situación política muy complicada de ambos países. Pero ¿es esta una comparación válida? ¿Se puede comparar sin más ambos países, ambos presidentes, ambas situaciones?

Antes que nada, el presidente de Bolivia violó la constitución que él mismo se dió, elaborada por una asamblea constituyente designada por él mismo -por su gobierno- y aprobada en un plebiscito convocado y realizado durante su primer mandato. Si, en octubre de este año, Evo Morales ya llevaba tres mandatos e iba por el cuarto, en circunstancias que su propia constitución no acepta la reelección. Para eso, él trató de reformarla; pero no le resultó, ya que perdió en el plebiscito convocado para este efecto.

La Constitución de Evo, de 2009 -llamada pomposamente plurinacional- fue aprobada por simple mayoría y no por los dos tercios que establecía la constitución anterior. Sí, entre una y otra constitución tiene que haber continuidad y toda nueva carta fundamental debe ser elaborada y entrar en vigencia de acuerdo a las normas de la anterior. Lo que no se dió en Bolivia.

Hagamos un poco de historia: Morales fue elegido presidente por primera vez en el 2005, la asamblea constituyente fue designada el 2006 y la constitución, promulgada el 2009. El 2014, los jueces nombrados por él, decidieron “no contar” su primer período tras la antigua constitución como un periodo presidencial, para poder ser reelegido presidente. Así, Evo Morales se convirtió lentamente en un presidente vitalicio, en un rey sin corona, en un monarca sin cetro o bien, en un simple tirano hispanoamericano como otros muchos. Estamos pues ante un renacimiento del consabido caudillismo latinoamericano.

En 2016, Evo Morales intentó reformar la constitución, para permitir su reelección el 2019. Sin embargo, su proyecto de reforma constitucional fue rechazado claramente en un referéndum. El pueblo se decidió en su contra. En contra del rey sin delfín. En contra de quien se había atornillado en el poder y se consideraba imprescindible y se consideraba a sí mismo como el único que podía resolver los problemas de Bolivia: él y nadie más que él.

Como el poder corrompe[1], Evo quiso trocarle la nariz a la constitución y al pueblo y recurrió al tribunal constitucional que, por unanimidad de los jueces nombrados por él mismo, resolvió a su favor. Los jueces “sumisos” al régimen dictaminaron que Morales tenía el “derecho humano” a su reelección: sería una mera cuestión de DDHH reelegir a Morales. Así, mediante un resquicio legal, Evo hizo caso omiso de la constitución o más bien, la violó abiertamente.

Esta triquiñuela de Morales (que no hace honor a su nombre) no causa nada más que un sentimiento entre risa y repugnancia; pero en Bolivia, fue aceptada. Fue aceptada y, en octubre de 2019, se realizaron elecciones presidenciales. En ellas, parece no caber dudas a nadie de haber sido cometido un masivo fraude electoral.

La supuesta victoria del candidato del MAS, sigla detrás de la cual se esconde el partido de Morales, de su Movimiento Al Socialismo, no fue reconocida por observadores internacionales, ni tampoco por los observadores nacionales. La acusación de fraude era demasiado grande, el fraude demasiado evidente, en un estado controlado por el gobierno del Movimiento Al Socialismo.  

A continuación, comenzó una protesta de la sociedad civil que concluyó con la huída de Evo y de todos sus ministros a México y a otros países entre los cuales, al parecer, no se cuentan no Cuba, ni Venezuela, sus aliados políticos en la Región. Por favor, corríjanme si me equivoco en este punto y alguno de sus ministros ha decidido refugiarse en alguno de estos dos países posteriormenre a la publicación de esta columna.

“¡Qué diferencia con Chile!” clama Ian Vásquez, el columnista de El Comercio de Perú, en su artículo que titula “Bolivia vs. Chile”. Escribe: “La alternancia del poder en Chile se ha dado desde el regreso de la democracia en 1990, siendo la izquierda la que ha gobernado la mayoría del tiempo. Durante ese período, la Constitución ha sido cambiada numerosas veces y legitimada por los partidos de izquierda”[2]. Efectivamente, la izquierda chilena ha gobernado 25 de los últimos 30 años; pero, paradojalmente, culpa de todo lo malo a la derecha.

En realidad, la diferencia entre Bolivia y Chile es abismal. Y no me refiero a las diferencias históricas, sino a las actuales. A diferencia del boliviano, el gobierno actual de Chile respeta la Constitución. Si la Constitución no permite la reelección, simplemente, no se presenta el candidato para una reelección inmediata. Las reglas del juego están claras y hay que seguirlas. En Chile, el rayado de la cancha siempre fue sagrado.

Chile es un país con un tribunal constitucional independiente. El tribunal constitucional boliviano era sumiso y se hallaba bajo el control del presidente Morales. En Chile, el gobierno puede esperar que el TC falle a su favor, pero no lo puede obligar. En Bolivia, lo pudo obligar a fallar a su favor.

En Chile, hasta ahora, se ha buscado el acuerdo entre los diversos partidos políticos, salvo ahora, en que la extrema izquierda busca una ruptura violenta, un cambio de sistema, como le llaman en su retórica altisonante. Me pregunto ¿cuál es el sistema que nos quieren imponer? ¿Reemplazar la democracia liberal representativa por una democracia popular a la antigua usanza de los regímenes comunistas de antaño?

Algunos sostienen que su propósito es reemplazar el sistema o el modelo chileno por el de Alemania o Suecia. Lamento decirles que tanto Alemania como Suecia tienen sistemas democrático-liberal-representativos en lo político y de libre mercado en lo económico. Y que en ambos países, la policía es muy efectiva y no acepta actos de vandalismo, ni saqueos, ni tampoco delincuencia, ni crímenes comunes disfrazados de “resistencia”.

A propósito del “sistema”, una amiga argentina me dice que “Chile era el modelo para toda Latinoamérica y por eso, a la izquierda le interesa tanto destruirlo”. A lo que una amiga mexicana comenta “Eso mismo platicaba con mi familia el domingo pasado”. Y otra amiga argentina agrega: “Tal cual, Chile era el modelo”. De ahí el mayor ensañamiento ideológico en su contra.

Un tema que también se plantea y uno no muy tranquilizante es que “el vandalismo y la violencia desatada, los saqueos y la destrucción urbana” son la pavimentación hacia la extrema derecha. No sin razón Patricio Navia comentaba: “después de las protestas del 2014, una mayoría terminó votando a Bolsonaro”[3]. En este caso, “el sistema” tendría un vuelco inesperado, de acuerdo a la tradicional ley del péndulo que tanto conocemos los chilenos y el modelo sería reemplazado por otro cuyos propulsores consideren totalmente opuesto al actual. Me pregunto si para allá vamos… Sólo puedo responder que lo contrario de la extrema izquierda no es la extrema derecha. Lo contrario de la extrema izquierda es la democracia.

Que me disculpen los países productores de plátanos; pero es propio de “repúblicas bananeras” exigir la renuncia del presidente en ejercicio, que fue elegido en elecciones democráticas. Y esto lo sostengo tanto frente a quienes hoy exigen la renuncia de Piñera, como frente a quienes exigían la renuncia de Bachelet. De la misma manera, es altamente antidemocrático y no merece ni siquiera el más breve análisis, sostener “si yo no voté a Piñera, él no es mi presidente”, como he leído y escuchado en estos aciagos días.

Vásquez explica que, “la izquierda extrema…denuncia además que el Gobierno ha tratado de mantener la seguridad y el orden público ante el vandalismo y violencia que algunos manifestantes han desatado”[4]. Pero ¿no es esto lo normal? Un gobierno sería super irresponsable si no lo hiciera. Lo que correponde a un gobierno es defender las instituciones, defender el estado de derecho. Los cambios se hacen sin ruptura, de acuerdo a la antigua divisa democrática: evolución y no revolución.

Al gobierno le corresponde mantener la seguridad y el orden público frente a la violencia y al vandalismo. En este punto, el comentarista peruano tiene toda la razón. En un estado de derecho no rige la ley del más fuerte, sino que impera la fuerza de la ley. Esta es una de las más valiosas conquistas de la sociedad democrática, donde el estado tiene y ejerce el monopolio de la fuerza y los ciudadanos no necesitan recurrir a la autodefensa porque es el estado quien los protege y defiende sus derechos[5].

El columnista de El Comercio de Lima explica que, “la izquierda extrema, que ahora quiere derrocar al presidente, dice que Chile ha vivido 30 años de fracaso, a pesar de los hechos que cuentan otra historia”[6]. Bueno, de los 30 años, 25 han sido de gobiernos de izquierda. Pero eso, ¡a quién le importa cuando se trata de tergiversar la historia y los hechos y de presentar un relato a mi antojo, un storytelling que me beneficie y que evite preguntas molestas! Pero, como decía Stalin, “persigue al mentiroso hasta el umbral de su mentira”.

 


[1] La sentencia es de John Emerich Edward Dalberg-Acton. Su original en inglés: “Power tends to corrupt, and absolute power corrupts absolutely”

[5] “Este es un ‘gran logro civilizatorio de la modernidad, así se logró suprimir la barbarie’” La polarización es el semillero del extremismo

La polarización es el semillero del extremismo

Sin duda, las manifestaciones y disturbios que han tenido lugar en noviembre de 2019 van a ser objeto de análisis, de controversia y de diferentes interpretaciones durante mucho tiempo. Me gustaría abordar en esta ocasión un aspecto que me parece ser omnipresente, tanto en la protesta como en la contraprotesta: la polarización y el consiguiente populismo.

Sostengo la tesis que la violencia reiterada, persistente y exhaustante puede fácilmente pavimentar el camino a la elección de un presidente de extrema derecha. Patricio Navia se refiere acertadamente al caso de Brasil en que “ después de las protestas del 2014, una mayoría terminó votando a Bolsonaro”[1]. En este misma línea y no con menos razón, Marcelo Ruiz comenta: “El movimiento estudiantil del 2014 termino liquidado por el vandalismo y la violencia desatada. Lo mismo ocurrirá con las demandas sociales, que quedarán sumergidas por los saqueos y las destrucción urbana. Además, es la pavimentación a Kast”[2].

No se puede negar que en Chile, tendríamos potenciales candidatos de extrema derecha o bien, de candidatos que serían apoyados por la extrema derecha. A ello y no a otra parte, puede llevar la extrema polarización actual. Con ello, Chile se enfilaría entre los países que han sucumbido a la tentación del populismo de extrema derecha, tales como Filipinas, Brasil, Hungría y algún otro… Sí, malos ejemplos a seguir hay hoy en día, muchos en el mundo. Se puede decir que un fantasma recurre hoy el mundo: el fantasma del populismo[3].

Sí, esa creencia cuasi religiosa -o religiosa- en que “yo y la gente que piensa como yo somos los únicos buenos y tenemos siempre la razón; los demás son malos y están equivocados”. En consecuencia, los puedo descalificar sin más. Parece que, en el propio sector y sólo en él, existe la imposibilidad ontológica de hacer el mal, de equivocarse. Tal es la arrogancia, la presución y la soberbia de quienes “protestan” y al mismo tiempo, realizan actos de vandalismo o simplemente cometen crímenes.

La suya es una mirada en blanco y negro, que no distingue matices y que desconoce la existencia del gris. Su lógica consecuencia es el sectarismo. Son semejantes a los maniqueos de la Antigüedad, que “creían que había una eterna lucha entre dos principios opuestos e irreductibles, el Bien y el Mal”[4]. Los que protestan son todos buenos y los que defendemos la institucionalidad, somos totalmente malos. No sé por qué me recuerdan al llamado a la guerra total de Goebbels.

Esta dicotomía maniquea conduce a justificar incluso de la destrucción del “enemigo”[5], que no es considerado un rival, un contendor, sino que pasa a ser un “elemento” al que no reconozco como persona, al que niego su calidad humana.

En un sistema democrático liberal, como el que existe en Chile[6]– el rival político no es nunca mi enemigo, sino sólo una persona que piensa distinto que yo en muchos temas -en otros, pensamos lo mismo- y con el que concurro en las urnas y en la tribuna política para debatir cuál es la mejor solución. La tribuna política por excelencia es el parlamento, el Congreso y no la calle. Las “armas” de la política son la palabra, las estadísticas, las cifras y no los adoquines, ni las molotovs, ni tampoco las barricadas, los sprays o la quema de estaciones del Metro.

Cuando lees en una red social tan inofensiva como Instragram, que chilenos que antes parecían cuerdos y hasta amables y que sólo publicaban fotos de comida, ahora escriben frases tales como “la insurrección es el más sagrado de los derechos y el más indispensabe de los deberes”. Y alguien contesta: “cuando la tiranía es ley, la revolución es orden”. Parece que creen que son actores de alguna serie épica de Netflix.

Ante consignas tan altisonantes, no sé si reírme o llorar. Me temo que los tiempos no están para reírse. Me consuela comprobar que los autores de las frases tienen pocos followers; pero ya se ha visto que no es necesario tener una gran representación, ni muchos seguidores para organizar acciones de vandalismo, ni para lograr hashtags trendys en Twitter. Sólo basta que un sinnúmero de personas reales -las menos-, de trolls y de social bots publiquen un cierto #hashtag a la misma hora. (En Chile, me he dado cuenta que esto ocurre en horas de la madrugada. Probablemente, cuando hay menos gente online y es más fácil conseguir una priorización de un determinado hashtag).

El Partido Comunista chileno tuvo apenas cerca de un 1,2% (elecciones de senadores) ó un 4,5% (elecciones de diputados) de apoyo en las urnas[7]. En realidad, es una vergüenza reconocer, que en Chile aún hay comunistas, dado que el comunismo es, en el mundo civilizado, es una ideología pasada de moda y que más bien se asocia a crueles policías secretas, al Muro de Berlín, a Tschernobyl y a Norcorea. Por otra parte, ninguno de los partidos del Frente Amplio pasa más allá del 3,73% (senado) o 5,7% (diputados)[8]. La primera cifra correponde a los humanistas que creo que no están ni ahí con las manifestaciones violentas. Del resto de los partidos no sé.

A mi modo de ver, en Chile hay demasiados partidos políticos, circunstancia que es un catalizador de inestabilidad y de ingobernabilidad. Sería interesante incorporar a la Constitución una cláusula de barrera de al menos un 5% para establecer un sistema de acuerdo al cual, “únicamente los partidos políticos que hayan obtenido al menos el 5% de los votos válidamente emitidos pueden obtener representación parlamentaria”[9]. Alguien me decía hace poco que él apoyaba las marchas y protestas porque quería una democracia como la alemana para Chile. Ya, por aquí podemos empezar. (Entre paréntesis el artículo 8° que fue derogado era también una copia de la Constitución de Alemania[10]).

Cuando un amigo me cuenta que, como su oficina está “en pleno Paseo Bulnes, como a tres cuadras de la Alameda” y agrega que, manifestantes “casi incendiaron mi auto, le pedí a unos anarquistas que me dejaran irme, y lo hicieron”. ¡Mi amigo tuvo mucha suerte! Otros no la han tenido[11][12]. Pero, ¿puede ser una cuestión de suerte quedar al capricho de gente que decide si quema tu auto o no? ¿Tal vez la próxima vez no será tu auto lo que quemen? Mi amigo quedó sometido a la decisión de un grupo de personas cuya única autoridad es que tienen la fuerza y el poder.

En un estado de derecho no rige la ley del más fuerte, sino que impera la fuerza de la ley. Esta es una de las más valiosas conquistas de la sociedad democrática, donde el estado tiene y ejerce el monopolio de la fuerza y los ciudadanos no necesitan recurrir a la autodefensa porque es el estado quien los protege y defiende sus derechos. Este es un “gran logro civilizatorio de la modernidad, así se logró suprimir la barbarie”[13]. Por esto mismo, los acontecimientos de Reñaca esta semana, en que un grupo de vecinos debió defenderse a sí mismos de los manifestantes, en medio de conjuras contra “los políticos”, es especialmente grave[14].

Me parece que esto es precisamente lo que desean los manifestantes -y es lo que están logrando- debilitar al estado de Chile, socavar las bases del estado en Chile, de su institucionalidad, dejarlo mal parado. Es sintomático que, frente a la casa de una amiga en la comuna de Providencia, manifestantes quemaran una bandera chilena en la calle[15]. Nada que ver con las banderas chilenas de los participantes de la Marcha del Millón, que más bien desfilaban por la paz. Algunos desfilaban por la paz, porque observé que, en esa marcha, cada uno desfilaba por lo que quería y todos por cosas distintas. En ella, cada grupo y cada persona proyectaban sus deseos.

Paradojalmente, las ideas de quienes protestan son estatistas, ya que anhelan la actuación del famoso “papá-estado”; pero al mismo tiempo quieren destruirlo. O tal vez, ¿pretenden destruir el actual estado para reemplazarlo por uno a su pinta? En el estado-substituto sueñan que ellos serán los únicos que decidan y den las órdenes a los demás. De democracia, nada. Puro sectarismo.

Hay gente que vive en pos de una utopía, tras la cual corre descontroladamente, arrasando a su paso y sin piedad todo lo que se les pone por delante: gente, cosas, derechos de los demás, instituciones, personas. Ellos, una minoría escogida o más propiamente autodesignada. Ellos saben más que los demás y, como fuente de la sabiduría, se arrogan el derecho a asumir y a ejercer todos los poderes y a representar la voluntad popular. Más populismo, imposible.

En su extraordinario video, Felipe Berríos nos advertía a comienzos de semana: “en los saltos sin las instituciones ganan los prepotentes, gana la extrema derecha o la extrema izquierda”[16]. Esto es precisamente lo que está pasando en Chile. Existe una creciente polarización que va en aumento y que conduce al extremismo, a que se prefiera un extremo político, ya que se cree que es la única forma de acabar con el caos o con el sistema, dependiendo de si son manifestantes o ciudadanos cansados de tanta violencia. La baja aprobación de la mesurada gestión del gobierno del Presidente Piñera -que habla en todos sus últimos discursos de la humildad y de haber escuchado a la gente- apoya mi tesis.

En suma, en medio de una creciente polarización, la protesta chilena muestra claramente elementos propios del populismo. Lo que puede conducir a la elección de un gobierno de extrema derecha, que una mayoría considere la única respuesta clara al extremismo anarquista de izquierda, que se ha convertido en un verdadero vandalismo. La polarización es el semillero del extremismo y ambos se retroalimentan.

Pienso, sin embargo, que para enfrentar a la extrema izquierda, no se necesita ser de extrema derecha, sino ser un demócrata o una demócrata.


[1] Su tweet de 5 de noviembre: “No se olviden que en Brasil, después de las protestas del 2014, una mayoría terminó votando a Bolsonaro. Nada como  el miedo a que el país se hunda en el caos para hacer subir como la espuma la popularidad de candidatos de extrema derecha”.

[2] @RuizFernandezDJ, el 5 de noviembre.

[3] El Manifiesto Comunista advertía: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”. El Manifiesto fue publicado en 1848 en Londres, financiado por el millonario empresario textil alemán, Friedrich Engels.

[5] Sobre la dicomtomía amigo-enemigo en Carl Schmitt (tan presenta en la extrema izquierda latinoamericana, como en la extrema derecha europea) me referí tangencialmente en El nuevo orden según Carl Schmitt

[6] Chile no es ni una democracia iliberal (extremismo de derecha), ni una democracia popular (extremismo de izquierda). Ver mi columna Teillier: “puede que se pierda en el Parlamento, pero no en las calles”

[10] Ver un antiguo artículo de Teodoro Ribera, en Estudio Públicos: ALCANCES Y FINALIDAD DEL ART. 89 DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DEL 80, donde explica el concepto de democracia militante o protegida y, sobre todo fójense en el Orden fundamental de libertad y democracia.

[11] Recuerdo que a mi amigo Ricardo Pössel le quemaron el auto en una protesta estudiantil, claro que eso fue bajo un gobierno anterior y en una protesta anterior.

[12] El hermano de la señora que trabaja en la casa de una amiga, no lo tuvo… Ver la primera frase de mi columna La protesta originariamente social y el estado de excepción en Chile

[13] Carlos Peña: En la crisis, fortalecer al Estado, 24 de octubre de 2019.

[15] Por whatsapp, mi amiga me cuenta que, frente a su casa, están “quemando la bandera, después de arrancar el semáforo y robarse los adoquines de la casa del lado para tirárselos a carabineros”. Pueden ver aquí la parte del video en que se ve mejor lo que mi amiga describe.

¿Dónde estaba Dios en Auschwitz?

Muchas veces la gente pregunta “¿dónde estaba Dios en Auschwitz?” Es una pregunta retórica y que intenta provocar. De alguna manera, es un reto a Dios, equivale a recriminarlo porque permitió Auschwitz. “¿Dónde estabas tú, Dios, en Auschwitz?” O tal vez no existes o no te importa lo que le pase a la gente. Aunque también puede ser que sea un grito similar a aquel de Jesús antes de morir: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?”[1]

Cuando me han hecho la pregunta a mí, he contestado con otra pregunta retórica: “¿dónde estaba el hombre en Auschwitz?”

Auschwitz representa toda la barbarie nacional socialista o más bien toda la barbarie demoníaca intrínseca del nacional socialismo. Un amigo judío que no sólo ha estado en Auschwitz, sino que en los otros campos de concentración de más al Este, me dice que en Majadanek o en Treblinka se siente aún más la extrema maldad de los campos de exterminio. Auschwitz los representa a todos, porque es el más conocido.

Si mi interlocutor o interlocutora es alemán o alemana (la pregunta es hecha generalmente por hombres; nunca he escuchado, ni leído que una mujer la formule), les respondo con una pregunta: “¿dónde estuvo tu abuelo o tu bisabuelo en la época de los nazis?” La mía no es una pregunta retórica. ¿Dónde estaban tus abuelos cuando construyeron el complejo de Auschwitz, con sus fábricas de armamento y con sus cámaras de gas, sus crematorios y sus rampas de selección? ¿Dónde estabas tú?

Entre 1940 y 1945, en Auschwitz, “trabajaron” 10 mil personas para la SS, como guardia o como capataz[2]. Hago ver que los campos de concentración del III Reich fueron entre siete mil (la cifra conservadora tradicional) y 42 mil quinientos, la cifra que se maneja hoy[3]. De manera que podemos imaginarnos a cuánto llegaba el total de personas que “trabajaba” en labores relacionadas con los campos de concentración y exterminio. De partida, me parece raro que algún alemán o alemana de la época no haya visto nunca un campo de concentración o de trabajo cerca de su casa, ya que había tantos repartidos por todo el Reino[4].

Es que claro que resulta mucho más fácil culpar a otra persona -en este caso, nada menos que al mismo Dios- antes que asumir responsabilidad, la propia o la de su propio pueblo. Es mucho más fácil decir que Dios no estaba antes de preguntarse por qué un pueblo culto, erudito, musical, ilustrado y, en general, educado, nada hizo para evitar el genocidio nacional socialista.

Hoy mismo, en Alemania, han resurgido con fuerza movimientos extremos, xenófobos y antidemocráticos y mucha gente prefiere mirar hacia otro lado en vez de hacerles frente. Es justo a esas personas a quienes yo les preguntaría  “¿dónde habrías estado tú cuando se construyó Auschwitz?”

Y me permito hacer una pregunta similar a los lectores de mi columna de todo el mundo, en momentos como el actual, en que el populismo y el extremismo se expanden por demasiadas regiones del orbe[5]. Y una enfermiza polarización pretende presentarnos sólo los extremos como las únicas alternativas posibles.


[1] Marcos 15, 34

[4] Sobre el concepto de Reino en el III Reich, ver mi columna El nuevo orden en el derecho internacional, según Carl Schmitt

[5] Invito a leer mi columna Y si pasa algo…

¿El nuevo gigante egoísta?

En un acomodado sector de mi ciudad, hay una casa muy grande, de paredes blancas y rodeada de un jardín hermoso. De un antejardín con árboles frutales y de un prado en la parte interior del terreno, protegido de las miradas de la calle.

La casa es de dos pisos y en cada uno de ellos se ve siempre todo muy ordenado y limpio. Las ventanas impecables. A través de ellas, se alcanza a apreciar el buen gusto de la persona que vive en la casa. Muebles bonitos y nuevos, libros, todo muy picco bello.

Lo extraño de esta casa, es que nunca se ve a nadie. Es tipo casa deshabitada; pero no abandondada, sino en muy buen estado. Hace poco, pasé por ahí al mediodía y vi un vehículo con el logo de una empresa de limpieza de oficinas, estacionado frente a la entrada.

La casa es amplia, debe tener por lo menos 200 mts. cuadrados construidos y mucho más de jardín. Se ve moderna y confortable. Debe haber costado un “ojo de la cara”. Si yo tuviera una casa así, la gozaría, haciendo fiestas, reuniones, asados, noches de cine y de conversa, en general, invitando gente.

Pero nunca -o más bien, casi nunca, se ve a persona humana alguna en la casa. Se podría pensar que la gente está de vacaciones o de viaje de negocios, o que trabaja y estudia todo el día. O que es invisible.

Una vez, una sola vez en todos estos años, he visto a una persona adentro. Un hombre de mediana edad. Delgado, bien vestido. Me miró un segundo desde una ventana y luego siguió haciendo lo que tenía que hacer: estaba en la cocina, supongo que cocinando. Pensé: hasta los fantasmas tienen que comer.

Sí, hay mucha gente, en nuestra sociedad que parece fantasma. Trabaja todo el día -lo que no tiene nada de malo- y luego se refugia en su casa. Está solo o sola (observo que a las mujeres, esto les pasa menos). El trabajo es, para ellos, una salida, la única que tienen. Perdieron la capacidad de disfrutar de las cosas pequeñas y de las cosas grandes de la vida. No trabajan para vivir, sino que viven para trabajar.

Sobre todo, perdieron la capacidad de gozar de las demás personas, de disfrutar su compañía. Se convirtieron, poco a poco y casi sin darse cuenta en humanófobos que se refugian en el trabajo para huir de su soledad. No tienen relaciones sociales, porque no tienen tiempo, ni ganas para tenerlas, ni menos, para cultivar amistad, cosa que tal vez nunca aprendieron. No tienen amigos, ni amigas, porque no tienen tiempo, ni interés, ni capacidad para hacer, ni para mantener una amistad.

Y no es que no se interesen por otros temas aparte de su trabajo, es que no tienen con quién compartir intereses. Nadie -o casi nadie- va solo al teatro, al cine, ni a un concierto, ni a un partido de fútbol o de basquetbol. A lo sumo, pueden ir al gimnasio a levantar pesas, una de las pocas ocupaciones físicas que no requieren de un partner.

Sin embargo, no creo que su trabajo sea algo que los satisfaga, al menos, no plenamente, aunque tengan éxito en él, como probablemente lo tienen el dueño de la casa. No todos tienen éxito en el trabajo; pero para todos ellos, el trabajo es una escapatoria. Es como una caverna virtual del hombre moderno, que reeplaza a la cueva del hombre prehistórico. Un escondite intelectual, donde refugiarse y olvidar su soledad. ¡Ay de ellos cuando les llegue el momento de jubilarse!

Sí, mirado desde el punto de vista de la evolución, su casa es su cueva. Es algo así como el lugar donde nuestros antepasados, los homo sapiens sapiens, se refugiaban después de cazar – la caza era su trabajo-. En la caverna comían, dormían, criaban a sus niños, hacían fogatas, se refugiaban del sol y del calor, de la nieve y del frío. Y hasta dibujaban. La gran diferencia consiste en que los hombres y mujeres prehistóricos vivían en grupo; pero mi vecino vive solo.

Algunas veces, he pensado que es un poco como el gigante egoísta[1]. Pero esto puede ser una injusticia de mi parte, ya que es posible que a él, desde un comienzo, sí le gustaría tener contacto con otras personas y ver a los niños de la vecindad entrar a su jardín. Pero puede ser que no pueda, que sea incapaz de tener contacto con otras personas, aún deseándolo. Esa es mi tesis: que es incapaz de acercarse a otras personas. Y creo que hay muchas personas como él en el primer mundo.

Si nuestros antepasados hubieran vivido cada uno solo en una caverna, no habrían sobrevivido. Ellos se ayudaban y apoyaban mutuamente, cazaban en conjunto, y con sus perros, que, ya desde entonces, eran “el mejor amigo del hombre”. Muy por el contrario, mi vecino, el moderno cazador vive solo. Está aislado. Nadie vive con él, nadie lo visita y probablemente, él no invita a nadie.

La cooperación que llevó a nuestros ancestros a desarrollarse y progresar, ha sido reemplazada por el aislamiento. Por algo, muchos dicen que demasiados hombres modernos -habitantes del primer mundo- son verdaderos lobos esteparios. Que las personas se aíslen, no es progreso, sino retroceso. Recuerdo que ya Aristótoles nos hacía ver que el hombre es un animal social. Si deja de ser social, dejará de ser humano.

Al igual que el filósofo griego, pienso que “el individuo solo se puede realizar plenamente en sociedad y que posee la necesidad de vivir con otras personas”, es más, estoy segura de ello. Robinson Crusoe no es el ideal. Y también, con Aristótoles, estoy convendica que “aquellos que son incapaces de vivir en sociedad o que no la necesitan por su propia naturaleza, es porque son bestias o dioses”[2]. O más bien, son bestias que se consideran dioses.


[2] Ambas citas de su obra “Política”, en Wikipedia: Zoon politikón